19.- Atacado por la espalda.
El siguiente día no demoró demasiado en llegar, eran casi las 7:00 a.m. los niños fueron a despertar a Francesco muy temprano. Apenas abrieron la puerta de la habitación, gritaron al unísono.
-¡Buenos días!-
El corredor dio un brinco y repentinamente despertó, el libro de fotos que tenía encima, se deslizó al suelo.
-¡Oh! Buenos días, bambini. – Luego de desperezar un poco la mente, el Italiano saludó a los gemelos con una gran sonrisa. -¿Qué son esos trajes? – Los observó detenidamente con mucha curiosidad, ambos estaban arreglados como para salir a algo importante.
-Vamos a la escuela, es día Lunes. – Dijo Luccia. – Estos son nuestros uniformes ¿Te gustan? – Ella se da la media vuelta luciendo su blusa roja oscura y su falda verde a cuadrillé, llevaba una corbata verde con rayas negras en diagonal.
-Me encantan, todo te queda muy bien, piccolina hermosa. – Francesco se sienta sobre el futon, pero sin salir de las cobijas, para admirar el pequeño desfile que su hija presentó. -¿Y qué tal tú, Lucky? ¿No das una vuelta?-
-No, yo no hago esas cosas. – Lucciano sacudió la cabeza, negando. Llevaba el cabello amarrado en una pequeña coleta baja, su uniforme era totalmente negro, excepto por una línea que bordeaba el cuello, el forro del interior y los botones que eran rojos. Se acercó por el lado derecho del futon y recogió el álbum de fotografías, le sacudió algunas pelusas que se le quedaron pegadas, finalmente lo puso en su lugar en el mueble.
-Lucciano ¿Te pasa algo?- Francesco notó bastante seriedad en ese actuar del niño.
-No, pero no me gusta ver cosas importantes en el suelo. Oh, a propósito, mamá dijo que vayas a desayunar, era por esa razón que vinimos. –
-Perdón, Lucky, no me di cuenta. Tenía el libro entre las manos y luego…. – Miró sus manos y después el piso.
-Está bien, papá, no pasa nada. Date prisa por favor. – El pequeño le volvió a sonreír, pronto se fue corriendo a la sala donde estaba su madre, tomando el desayuno.
El Italiano miró un poco atónito a Luccia.
-¿De verdad está bien? – Preguntó él a la niña.
-Todo bien papá, a veces Lucciano se comporta un poco extraño, pero no te preocupes. – Ella se acerca y le da a su padre un beso en la mejilla. –Te quiero. –
-Papá también te quiere, tesoro. – Le sonrió ampliamente complacido, nada mejor que eso para comenzar el día. –Ahora voy, me vestiré y los acompaño en un segundo. – Confirmó Francesco a Luccia.
Ella asintió con la cabeza y salió de la habitación, cerrando antes la puerta.
A los 10 minutos, el corredor estaba en la sala, donde todos se habían reunido a desayunar.
-Buenos días a todos. – Se sentó en un lugar vacío, que estaba junto a Lucciano y frente a Kaori. El anciano Jin no estaba allí. Qué alivio para Francesco, aun así nadie usó la cabecera de la mesa.
-Buenos días ¿Dormiste bien? – Preguntó la pelirroja. Mientras se ponía se pie y le servía el desayuno, un poco de café con galletas de avena y tostadas, esa mañana quiso hacer algo diferente para él.
-Wow…. – Él se le quedó viendo con la boca abierta antes de responder.- Sí, muy bien gracias…. Kaori ¿Y esa ropa? –
Ella se miró, no se encontraba nada fuera de lo común, con un vestido corto entallado, no más arriba de las rodillas, de color violeta, un delantal blanco amarrado al cuello y dos cordones más a la cintura con bolsillos para guardar una libreta de anotaciones y zapatos a juego sin tacón, los que la esperaban en la entrada de la puerta principal.
-Es mi uniforme de trabajo. Creo que te mencioné que trabajo en un café restaurante. – Ella volvió a sentarse, bebiendo pronto de su té, al dejarlo miró el reloj, luego a los gemelos. Luccia que estaba a su lado, y Lucciano en frente. – Niños ¿Terminaron? Debemos irnos en diez minutos, si ya acabaron, vayan, laven sus dientes y traigan sus cosas para la escuela.
-¡Sí mamá! – Respondieron juntos, era curioso que muchas frases cortas las dijeran como si estuvieran dentro de un pelotón del ejército, pero ya era costumbre. Ambos salieron de allí para ir a lavarse.
-Oh ¿Así que no pueden demostrarse cariño en público, pero si pueden hacer que las mujeres se vean sensuales a propósito en público? Y yo pensé que había machismo y sexismo en mi país. – Levantó el Italiano su taza de café y bebió, era obvio que esa frase la tiró como una bomba llena de sarcástica ironía.
-¿Crees que no puedo ser sensual de manera natural? – Le preguntó la pelirroja, con una media sonrisa, retirando las tazas, platos y vasos sucios de la mesa, dejándolos sobre una bandeja que estaba en el tatami (Nota: Tatami: Es el tipo de suelo que ponen en las casas Japonesas).
-No me refería a eso. Sino que es como si hicieran todo esto a propósito, sólo para gustos personales de "alguien", que impuso estas "reglas" hace muchos años, y que ahora ese "alguien" está muerto, pero aun así lo llevan a cabo. – Él enmarcaba muchas palabras con la voz, y con los dedos, los cuales levantaba en forma de comillas.
-Jajaja, ya, entendí. Yo no pedí venir aquí en todo caso, yo nací en otro lugar, quizás si me hubiese criado en Europa o en América, sería otra canción. – Kaori sacó un par de galletas de avena con una servilleta, para posteriormente untarlas en su té y comérselas, sin la servilleta, claro.
-¿De dónde vienes? – Preguntó él.
-Del espacio…. – Sonrió la pelirroja y un instante terminó su desayuno, puso su taza de té sobre la bandeja y levantó todo del tatami, una vez de pie, dejó todo sobre un mueble. –Tengo que irme. -
-¿Por qué me dices eso? Oh… Oye, oye, espera ¿Dónde vas? – Él dio el último y gran sorbo a su taza de café, levantandose rápidamente de su sitio.
-Ya te lo dije ¿Es que no prestas atención a nada de lo que te platico? Voy a llevar a los niños a la escuela y yo debo ir a trabajar. – Iba caminando por el pasillo para tomar su abrigo rojo de tela ligera en la entrada y ponerse los zapatos.
Francesco la seguía mientras ella hacía todo eso, estaba un poco preocupado.
-¿Qué voy a hacer yo toda la mañana? – Preguntó el corredor.
-Francesco. – Ella dio la media vuelta para mirarlo y suspiró antes de hablar. - Ya no eres un niño ¿Cómo no se te ocurre algo? ¿No esperarás que planee tu día? –
-Pero si Giuseppe siempre lo hace, toda mi vida me han planeado los días porque…. Lo único que hago es entrenar, grabar comerciales, dar entrevistas, ser estupendo…. Todo programado en una agenda.- La mira un poco angustiado. –Y no me diste mi beso de buenos días. –
-Ay, Francesco… - Kaori se estaba exasperando, miró hacia arriba un par de segundos, empezando a conocerse el uno al otro, él era muy mañoso igual que un niño malcriado, no tenía dos hijos, tenía tres, y este era el peor. Se acercó y le dio un fugaz beso en la mejilla. –Buenos días. –
-Oh, Kaori…. Eres mala. – Le dijo él, en tono un poco caprichoso.
-No, sólo que me pongo nerviosa y luego de mal humor si mi horario se me va al demonio ¿No te pasa lo mismo? A propósito y ahora que mencionas a Giuseppe ¿No tenías que reunirte con él hoy? – Seguía mirándolo, ahora estaba exasperándose más. Caminó un par de metros de regreso por el pasillo y gritó. - ¡Lucciano, Luccia, vámonos! –
-Es verdad…. Tenía que llamarle…. – Susurró.
Se oyó que por las escaleras los gemelos bajaron corriendo, estaban listos y sólo calzaron sus zapatos en la entrada.
-Listo, mamá. – Dijo Lucky, reportando a ambos, volteando para mirar a su padre. –Nos vemos después, papá. Ten un buen día.
-Hasta luego papi. – Le sonrió Luccia y abrió la puerta principal, ambos hermanos esperaron afuera a su madre.
-Hasta luego, tesoros, que les vaya muy bien.- Movió él la mano en señal de despedida.
-Francesco ¿Puedes hacerme un favor? – Preguntó Kaori.
-Entonces ahora te soy de utilidad…. – Hizo el ofendido.
-Está bien, no te preocupes…. Lo haré yo cuando regrese. – No le gustó el mucho el jueguito, y menos con el tiempo corriendo.
-No, espera…. Dime. Yo lo haré. – No quería que ella se enoje, parece que era muy en serio.
-Bien, escucha, pero escúchame bien por favor. Necesito que tomes esta nota, y se la dejes a mi abuelo, él salió muy temprano, pero debe estar a punto de volver. Luego recojas nuestro equipaje, de la habitación de los niños y el tuyo…. Y te vas a esta dirección por favor. – Le entrega dos papeles en la palma de su mano. - Cuando termine de trabajar, nos iremos directamente a nuestra casa. Así que te ruego que no pierdas las indicaciones, si tienes tiempo ahora, podrías hacerlo de inmediato y te ahorras un par de horas, depende si tienes que verte con tu jefe o no. –
-Pero, me dijiste que irías conmigo a ver a Giuseppe…. ¿A qué hora sales de trabajar? ¿Cuál es el horario de los niños? - Tenía varias preguntas más en mente, pero Kaori lo interrumpió.
-Lo haré, avísame, pregunta los horarios a mi abuelo, y el teléfono está al final de este pasillo, cuando estés listo sólo llámame. Tenemos que irnos. – Ella se acerca y le da un beso en los labios muy rápido, suavizando el tono de voz. – Gracias. Perdón por lo gruñona, pero es que debemos ir al subterráneo y los trenes son muy precisos, la escuela de los niños está un poco lejos.-
-Está bien, te entiendo…. Sé que también tienes mucho qué hacer. - Cuando él reaccionó, se dio cuenta de que… - Espera ¿Me quedaré solo con tu abuelo? No me culpes si lo único que queda es mi cadáver después del mediodía. –
-Relájate…. – Mira su reloj pulsera. – ¡Ay no! Me voy, te quiero. – Cierra la puerta y deja al Italiano ahí, de pie en el pasillo.
-… Yo también… - Dice él luego de que todos se van. – Bueno…. Francesco, estás solo, en un país completamente extraño, con reglas que no entiendes, cualquier movimiento que consideres normal puede ser usado en tu contra. – Suspiró. Caminó por el pasillo y dejó los papeles que Kaori le dio, en la mesa donde estaba el teléfono que ella había mencionado antes.
Luego se movió a buscar los equipajes al piso de arriba. Cuando entró a la habitación, estaba ordenada, las camas estiradas, las ventanas a medio abrir para que se ventile. Ellos habían hecho todo bastante rápido o se levantaron demasiado temprano. Estaba impecable.
Francesco dejó todo en orden luego de una hora, las maletas en la entrada, el cuarto que ocupó, limpio y no teniendo más que hacer, se sentó otra vez frente al kotatsu, llamó a Giuseppe para confirmar su reunión.
-¿Qué te parece mejor en la noche? ¿Sabes? Quiero ir con ellos, para que los conozcan, y su horario de salida es más tarde, no lo he confirmado pero supongo que a las 8 estará bien…. Ahá…. Escucha, te daré una dirección, espero estar en lo correcto. Dame un segundo. – Se mueve hasta la mesa del teléfono local de la casa, buscando el papel que le dio Kaori. – Aquí…. – Luego susurra fuera del auricular para que su mentor no logre escuchar. – Demonios…. Está todo en japonés. – Balbucea un poco y después se estabiliza y vuelve al celular. – Giuseppe, te volveré a llamar en un par de minutos…. No entiendo…. Un par de letras aquí. – Cuelga e intenta mantener la calma.
-¿Y ahora qué hago? No sé leer estos garabatos. – El corredor da un enorme suspiro mirando los papeles. Ni idea de cuál era cuál. Decidió dejarlos en el mismo lugar de donde los había tomado antes. – Creo que mejor me daré un baño… Aún tengo puesta la ropa de ayer, esta mañana nada le ha salido bien a Francesco. – Antes de dirigirse al cuarto de baño, buscó entre sus ropas para asegurarse de que no se le quedaba ningún documento importante dentro, debería llevarlos al salir y movilizarse por la ciudad. –Tal vez podría contratar un traductor-intérprete por hoy, no es mala idea…. Sí, Francesco, eres un genio ¿Uh? ¿Qué es esto? – Topó con algo en el bolsillo de su camisa, era el billete de tren que le había dado Chuki. – Pensé que…. Lo había dejado en otro sitio, supongo que ya no me sirve para nada… lo botaré. –
Volteó para ver si encontraba un cubo basurero en la habitación.
-¿Dónde está ahora el cubo de basura? Esta casa es tan complicada.
-Dentro de ese mueble en la esquina a tu derecha, junto a la ventana. – Le dijo una voz detrás.
-¡Ah!- Exaltado el Italiano volteó, ni siquiera notó a qué hora había entrado… era Jin, no escuchó ni un sonido de su parte, quizás ¿Desde qué momento estaba parado allí oyendo sus tontos pensamientos en voz alta? –Señor Ikegami…. Perdón, su casa para mí, parece un puzzle, en comparación a lo que estoy acostumbrado. Y gracias. – Después de ir donde el anciano indicó, abrió la puerta del mueble a ras del suelo y dentro justamente estaba el cubo basurero, allí depositó el billete de tren. -¿Por dónde entró? No oí la puerta.
-Está bien…. Vine por la puerta de atrás ¿No me digas que en Italia las casas no tienen puerta trasera? Para mi es tan natural. – Quiso burlarse un poco el hombre mayor.
-La tenemos, no siempre, puesto que en los vecindarios las calles son bastante estrechas…. Pero si, existen. Como sea, tengo un par de preguntas ¿Me puede ayudar?- Francesco lo miró, interrogante.
-Depende, si no tengo que ser tu niñero puede ser lo que sea. Por esa parte me trae un poco de los nervios que alguien como tu esté con Kaori, fuera de tu talento en la pista, tienes fama de niño mimado e irresponsable trato con la gente. Pero allá ustedes, ya hasta hicieron hijos y ahora están juntos otra vez, por algo será. –
-Es sólo una simple pregunta. – El corredor se estaba hartando un poco de aquellos comentarios. Cambió rapidamente su expresión de interrogante a ofendido.–Pensé que lo que me había dicho ayer era en serio…. Al menos yo si voy en serio. – Francesco tampoco se iba a quedar en silencio y seguir soportando. –Será muy su territorio señor Ikegami, pero yo también merezco respeto. No le mentí cuando le dije que amo a Kaori, que yo no sabía de la existencia de los niños hasta que ella se decidió a hablar. No tiene idea de nada más allá de esta historia…. – Pausó un segundo y continuó. – Sé que la vio sufrir, sé que la vio caer y regresar a la batalla, pero yo tampoco dejé de buscar ¿Cree que merezco tanto más castigo que el haber estado sin ellos todos estos años? Sí, supongo que sí, pero la he pagado bastante. Tuve que dejar lo que mejor sé hacer para venir especialmente por ellos y no me arrepiento. –
-¿Qué es lo que mejor sabes hacer? ¿Engatusar jovencitas de pueblos lejanos? Dime la verdad ¿Cuántos más hijos tienes por ahí?–
-Ya basta, no voy a seguir aguantando esto…. – Gruñó el Italiano, marchándose de esa habitación, tomó los papeles que estaban en la mesa del teléfono y se fue directamente a la entrada para tomar las cosas y salir de allí.
Miró un segundo el equipaje, no podría con todo eso, lo pensó mejor, simplemente tomó sus documentos desde su maleta, ya que finalmente estaban allí, junto con algo de dinero, los guardó entre su camisa, se puso los zapatos y salió de la casa, indignado, furioso.
Buscó un camino para llegar al centro de esa ciudad, pero no sabía ni leer, ni hablar japonés, eso le jugaba en contra ¿Dónde ir ahora? ¿Qué hacer? Con la cabeza nublada por la rabia sólo caminó por el vecindario, sin aun un punto fijo donde arribar.
Disclaimer:
-Kaori, Jin, Lucciano y Luccia son personajes que me pertenecen originalmente a mi, así como este fic. (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.
