21.- "Gaijin, gaijin..."

Después de hacer su pedido, la pelirroja se marchó a la cocina para traer todo. Mientras esperaban, Harumi le contó a Francesco que ellas se conocían hace tiempo a través de Chuki. El Italiano comenzaba a pensar que el asunto alrededor de todos los involucrados giraba en torno a la periodista ¿Qué era ella en este cuento? ¿La Diosa del Destino que manejaba los hilos de cada uno? Era increíble si uno lo pensaba de esa manera…. Hasta daba miedo.

-Aquí está. – Kaori traía la bandeja con el pedido de ambos, un par de expresos y tostadas, más un trozo de pastel de fresas para Harumi, cada cosa con su respectivo servicio, cucharillas y tenedores para cada uno. – Buen provecho. – Sonrió, y luego dio la media vuelta para marcharse.

-Kaori ¿No te quedas con nosotros? – Preguntó el corredor, como si fuera un asunto fácil.

-Francesco…. – Antes de dar media vuelta, la pelirroja dio un enorme suspiro, entonces mantuvo su sonrisa casi con esfuerzo, mirándolo. – Estoy trabajando, si mi jefe me ve charlando a gusto contigo, me despedirá, no tendré que darle de comer y vestir a los niños si no tengo mi sueldo, como todo será culpa tuya, te mataré antes de que yo muera de hambre. Ahora, con permiso. – Finalmente ella se va de regreso a la cocina.

Él la mira, nada sorprendido, era como si se estuviera acostumbrando a ese mal genio. Sólo se encoge de hombros y bebe su café.

-Ella, es muy "linda" ¿Verdad? Señor Bernoulli. – Comenta Harumi.

-Ella ama a Francesco. – Dice, dejando antes un momento su taza de café, miró a su acompañante y sonrió sin preocupación. –Y Francesco la ama también. –

-Lo entiendo…. Es increíble que seas padre de los gemelos. – Dijo la japonesa, Chuki le había contado a sus hermanas todo sobre Kaori y Francesco, a la vez Suki e Ichigo comentaron el tema con sus amigos, más que nadie, Suki, que era la más chismosa de las dos, por esa razón Yojimbo estaba enterado del asunto y no podía soportar la presencia de Francesco.

Aunque las palabras de Chuki cuando dijo que no le había dicho a nadie fuera, de su historia con Kaori, sonaba como un juramento. Pero era obvio que ese tipo de cosas no se lo iba a esconder a Shu, o a su madre y hermanas. En todo caso, las hermanas de la periodista, no habían prometido nada a Francesco de guardar silencio. Y tal parece que a Mizuki-san le habían distorsionado un poco la historia, ya que para ella este par estaba felizmente casado.

-Todos los que he conocido estos días, hablan de ello como si fuera algo malo, pero, ese par de niños ha sido de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Tengo tanto que hacer por ellos, no es nada fácil reorganizarse y al parecer nadie más entiende eso, algunas personas piensan que todo debe caer del cielo. – El corredor se refería a la gente que estos días estuvieron en su camino, su nombre estaba tan manchado y pisoteado por quienes conocían a Kaori y a los gemelos, porque nadie le dio siquiera la oportunidad de presentarse dignamente. El Italiano lo entendía, entendía sobremanera los por qué de aquellos, pero también pedía una chance para él, la cual no se le daba aún.

Media hora después de una charla amena entre ambos, Harumi se disculpó con Francesco, diciendo que tenía que marcharse a la estación, pero que disfrutó mucho ese instante. Luego de que la muchacha se fuera, el Italiano miró a su alrededor. La chica de gafas ya no estaba, tampoco el hombre joven de la mesa solitaria, así también el mayor que repartía los periódicos.

La mayoría de las meseras se retiró a su descanso y aprovecharon de salir a hacer algunas cosas, otras se quedaron en la sala de la parte de atrás. Kaori apareció para acompañar al corredor.

-Hola… - Ella se sentó donde antes estuvo Harumi. -¿No tienes más planes maravillosos qué realizar, que aún sigues aquí?-

-Sí, tengo algo en mente. – Él sonrió, apenas vio que se sentaba para hacerle compañía. – Me quedaré aquí contigo toda la jornada. –

La mujer puso expresión de sorpresa, crispó un poco los dedos sobre el mantel de la mesa e hizo la espalda hacia atrás, apoyada en el respaldo de la silla.

-¿Qué? ¿Estás loco? No puedes quedarte todo el día aquí ¿No quieres conocer las tiendas de Osaka? Hay mucho que ver allá afuera. Me puedes esperar haciendo compras o algo. – Alzó un brazo una y otra vez, apuntando hacia la puerta, intercalando la vista entre allá y él, como queriendo enseñarle desde ahí todo lo que podía ir a disfrutar.

Edificios departamentales llenos de baratijas, o tiendas exclusivas de marcas internacionales, todo un pequeño gran mundo era el centro de Osaka.

-Shh…. Calla… Tengo todo bajo control. – Mira a un lado y después al otro, como asegurándose de algo. – Oye ¿Puedo hablar con tu jefe? Quiero preguntarle algo.

La pelirroja no sabía lo que él pretendía, al querer hablar con su jefe, así tan tranquilo, pero su mirada hacía notar que algo había en su mente. Ella se puso de pie.

-Está…. Allá atrás, en su oficina…. ¿Por qué? – Kaori apunta a la puerta del pasillo que da a la cocina, al área de descanso y a la oficina del mandamás.

-Ven conmigo. – Francesco se levanta de su asiento, la toma de la mano y van juntos atrás.

-¿Qué? No, espera…. - Aún pensaba que estaba loco, pero no supo por qué en ese momento comenzó a seguirle el juego.

Cuando llegan a la puerta de la oficina, todas las compañeras de trabajo de Kaori dejan lo que hacían y van a dar un vistazo a la pareja.

-¿Qué están haciendo? – Susurra una de las chicas, asomada tras el marco de la puerta de la sala de descanso.

-No tengo idea… ¿Quién es ese hombre? – Responde otra, asomada un poco más atrás, tan curiosa como su amiga.

-Es el novio de Kaori-san. – Dice Kumiko, un poco emocionada, con una enorme sonrisa.

-¿Cómo lo sabes? – Interroga la chica asomada en el marco, pero esta vez mira a Kumiko.

-Lo escuché de nuestra compañera Izumi, quien comprende inglés y estaba charlando con el chico que estuvo hace poco en la mesa 7 ¿Verdad Izumi? Diles. – Mira a la chica nombrada, quien estaba almorzando Onigiris rellenos (bolas de arroz) y a la vez viendo una revista de modas. Rápidamente agitó la cabeza en afirmación, tragándose la comida que tenía en la boca.

-Es cierto, él le dio un par de besos en las mejillas y luego dijo que eran novios. – Respondió Izumi con los ojos bien abiertos, trataba de concentrarse en su revista y en su comida pero, sus oídos estaban dispuestos a lo que sucedía en el pasillo.

Francesco y Kaori estuvieron en la oficina del jefe cerca de 15 minutos, él hombre ni siquiera entendía Inglés, por lo que la pelirroja tuvo que traducir algunas frases. Al salir, la pareja se dirigió a la sala de descanso, pero antes, ella dijo algo.

-Dios ¿Por qué te gusta hacer el payaso siempre? Casi me muero de risa allí dentro, menos mal que me contuve, quizás si repetía lo que tú realmente decías en inglés, estoy segura que mi jefe iba a despedirme. –

-Oye, tranquila, es genial que no entienda el idioma. Pero ¿Qué cuando lo ves no piensas lo mismo que yo sobre su peinado? ¿Quién se peina así en esta época moderna? Es como si su peinador fuera un tazón de ensalada. Tal vez es tan tacaño consigo mismo que no puede evitar no gastar en eso…. – El Italiano iba parloteando algunas cosas que dijo al dueño del café entre Inglés e Italiano.

Kaori se rió suavemente, indicando que ella también había pensado algo así sobre ese cabello, no le gustaba como se veía, ella amaba el pelo largo y con cierto estilo.

Ambos finalmente se detuvieron en la puerta donde antes estuvieron sus compañeras asomadas, ahora no había nadie, todas estaban sentadas y haciendo cualquier otra cosa. Era evidente que estaban simulando no oír nada ni saber nada. La pelirroja iba a presentarles al corredor, quien luego de entrar él le tomó la mano, acto seguido el grupo de mujeres abalanzaron sus miradas curiosas sobre ellos.

-Chicas, yo…. – Kaori habló a sus compañeras, en japonés.

-¡Ah! Kaori-san ¡Felicidades! – Kumiko fue la primera en hablar. La chica de oscuro cabello corto, tez pálida y mirada de enormes y bellos ojos marrones, sonrió grande, ella era la menor de todas allí, y la más nueva, tendría más o menos 18 o 19 años, tan dulce de carácter y delicada como un muñeco de felpa, a todo mundo le encantaba su manera de ser, nunca molestaba a nadie, sólo verla daban ganas de abrazarla muy apretado. Los clientes disfrutaban mucho su atención.

-¿Qué? ¿Felicidades? ¿Por qué? – La pelirroja se puso muy nerviosa, sobre todo cuando Francesco le tomó la mano, su rostro cambió de color rápidamente, estando delante de todas las chicas, ni siquiera se atrevió a soltarlo, es más por los nervios, presionó un poco más.

-¡Auch! Kaori, me estás estrujando la mano…. – Se quejó el Italiano entre dientes, para no verse mal, tratando de salvar sus dedos que estaban muy entrelazos con los de ella.

-Eres una nena…. – Susurró ella y dejó ir un poco el apretón. Aun mirando a Kumiko y su expresión que la confundía bastante ¿Qué sabía la chica ahora de lo que no estaba enterada?

Francesco sacudió la mano disimuladamente tras su espalda para aliviarse. ¿Le había dicho, nena? Pero si ella había presionado con fuerza.

-Por su novio. Nosotras tenemos entendido que era madre soltera, pero por fin encontró a alguien. – La muchacha estaba tan feliz por su sempai.

-¿Cómo es eso de "Por fin"? – Dijo Kaori en voz baja, con los ojos entrecerrados y una sonrisa fingida…. Se sentía como la vieja solterona que nunca encontraría una pareja. Claro, como la mayor parte de sus compañeras eran casadas o en otro caso, tenían un pretendiente, se sintió como el bicho raro de su sociedad, más aún. Eran pocos los hombres japoneses dentro del país que se atrevían a estar con una Gaijin, por temor a los comentarios de las familias, además ella había decidido en cierto modo, esperar al corredor. –Bueno, la verdad es que yo quería, presentarles a…. –

-Francesco, es un placer, damas. – Interrumpió en un impulso. Pero casi nadie le entendió, la mayor parte de las chicas allí presentes no entendía Inglés, por ende, menos Italiano. Hubo un pequeño silencio.

Kaori entonces continuó, en Japonés.

-El señor Bernoulli dice que es un placer conocerlas, él nos va a acompañar hoy, el jefe le dio permiso para cocinar algo especial y servirlo al público a la hora del almuerzo.- Explicó la pelirroja a las otras chicas.

-¿Qué? ¿Dices que el gaijin va a usar mi cocina? – Sorprendida una mujer de cabello castaño, amarrado atrás en un moño estilo tomate, de más edad que las demás, incluso más grande que Kaori, se molestó al oír eso. – No señor, no voy a trabajar con él. –

-¿Quién dijo que va a trabajar con él Mamiya-san? – La pelirroja reparó firmemente en el diálogo de aquella, por suerte el Italiano no entendía nada. La miró a los ojos para enfrentarla, otra vez la palabra Gaijin había sido usada de manera despectiva. –Lo hace sonar como si él estuviera tratando de quitarle el trabajo, Francesco sólo hará esto una vez, porque ha venido aquí desde muy lejos para tratar de encajar, pero si no le dan la oportunidad aunque sea por este par de horas, me darán a pensar muy mal de algunas. Sobre todo de usted, Mamiya-san, que es la mayor de todas nosotras, debería dar un buen ejemplo. –

Las demás se quedaron en completo silencio, las chicas más jóvenes pensaban que sería exótico que sirvieran algo del viejo continente, aunque sea por un día.

-Un día, una hora, un segundo, no voy a permitir que él toque mi cocina y los utensilios, yo soy muy apegada a mi gente, no permitiré que me pasen a llevar de este modo. – Se defendió la mayor. Su mente cerrada sorprendió al resto de las presentes. –Y tú tampoco, nunca me simpatizaste, Gaijin ¿Crees que por tu apariencia occidental eres superior a nosotros? Aquí todos ustedes vienen a ofrecernos sus cosas como si fueran Dioses, pero son la peor lacra del mundo. -

-¿Piensa que servir café y sándwiches es muy tradicional? ¿Cómo puede….? – Kaori sin hablar más, tomó firmemente la mano de Francesco y lo llevó afuera de esa sección, no sin antes tomar su abrigo rojo que estaba colgado por ahí. A punto de llorar, pero la rabia le impedía derramar allí mismo algunas lágrimas.

El corredor no entendía nada, pensaba que todo era extraño, no pudo decir una sola palabra, oyendo que las mujeres allá discutían en el idioma natal, aunque se dio cuenta por la expresión y el actuar de la pelirroja, que le fue muy mal.

Entonces ambos salieron del recinto y ella lo llevó unas cuadras lejos del lugar. Allí fue cuando él frenó su marcha para pedir una explicación.

-Kaori, espera ¿Qué pasó? ¿Está bien que salgas así de tu trabajo? Pueden despedirte. – Como ella lo llevaba de la mano, la obligó a detenerse con él.

-No me importa…. – Respondió ella sin darse la vuelta a mirarlo, siendo que su voz se quebraba y revelaba más su estado en ese instante.

-¿De verdad no te importa? Hace rato hablabas de no descuidar nada por los niños ¿Qué pasó allí adentro?- Él trataba de verle la cara, pero Kaori se lo impedía, moviéndose a su lado contrario o cubriéndose con el cabello, para que no la viera.

Repentinamente la mujer le soltó la mano y caminó rápido más lejos.

-Oye…. – El Italiano sintió que lo dejaban, aunque no iba a quedarse con eso y la siguió. Le hablaba mientras caminaba detrás. –Kaori, por favor, no seas infantil, luego dices que yo soy…. ¿Kaori? –

Ella estaba detenida repentinamente frente a un local de Karaoke, tuvo una idea, volvió a tomar de la mano a Francesco, arrendó una cabina por una hora y se metieron ahí. Como era un lugar quieto y en que nadie molestaba, era perfecto para platicar sin gente alrededor.

Continuará...

-Kaori es un personaje que me pertenece a mi, así como esta historia, y todas las meseras son inventadas igual. XD (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR