22.- Siguientes pasos.
La pelirroja cerró con seguro la puerta de la sala que rentó, dejó su abrigo sobre la mesa, tomó el control remoto para encender el Home Theater, haciendo que la música invadiera un poco el lugar. Mientras el corredor la miraba en toda acción, aun no tenía idea de qué era lo que había sucedido y ¿Qué era ese sitio?
-Estoy harta de ser llamada Gaijin, y que llamen así con la misma mala gana a todos los que amo… - Ella comenzó a hablar, acercándose al enorme sofá que rodeaba la mesa de la sala. Se sentó y sin poder aguantarlo más, sus lágrimas finalmente asomaron. –Parece que cualquier cosa que haga es la misma nada. Por más esfuerzo que le ponga, siempre los que queremos hacer todo por el camino que creemos correcto, somos los primeros en flaquear frente a los demás.- Se refería a que conocía a mucha gente a la que la vida se le daba tan fácil, consiguiendo empleos a través de amigos, un título universitario sin ningún esfuerzo, una vida llena de lujos con engaños y trampas en el fondo. Preferencias al ser naturalmente nacido japonés. –Soy respetuosa, tengo valores, admito que tengo mis horribles reacciones y defectos, pero…. Ya basta…. - Puso los codos en la mesa y luego las manos en su rostro, secando sus lágrimas de vez en vez, pero no paraban de llegar.
Francesco la miró un momento, reaccionó a su llanto y se sentó junto a ella, pasando un brazo alrededor de sus hombros para atraerla, colocando la cabeza de la pelirroja sobre su pecho.
-Oww, amore, tranquila. Pero cuéntame ¿Qué pasó? Aún estoy en la nada. Esa mujer en el trabajo te dijo algo malo ¿Verdad? – Interrogó él.
-Ella dijo que tú eras un Gaijin… - Le dijo la pelirroja, aferrándose a su pecho.
-Oh…. – Él llevó los ojos de arriba abajo y de un lado a otro. - Bueno ¿Eso qué es? – Preguntó luego de pestañear un par de veces.
-Un extranjero, pero de modo ofensivo, dijo que no quería que alguien como tu tocara las cosas de la cocina, que sería algo así como una falta de respeto a los clientes y a los trabajadores tu repentina petición. – Sorbió un poco por la nariz y pronto quitó otro par de lágrimas de su rostro. – Lo siento, reaccioné mal, lo único que se me ocurrió fue salir de allí, no aguantaba más.
-Entonces todo es culpa mía, si pierdes tu trabajo…. Perdóname…. Sólo quería hacer la tarde divertida, y pasarla a tu lado, creí que era una buena idea…. – Suspiró. – Aquí todo me sale mal, si hubiese participado en el GP de Japón, creo que hubiese sido la única cosa en lo que tendría un premio. – El Italiano se lamentó mucho por eso y por todo lo demás.
-Francesco… - Kaori levantó la vista para buscar su mirada y le sonrió un poco. – No te preocupes, sólo…. Es cuestión de buscar otra cosa, aún tengo algo de dinero ahorrado para la colegiatura de los niños, me durará un par de meses más, en el transcurso puedo conseguir otro empleo. –
-Sólo arruino tu vida…. – Susurró él.
-¡No! No, no digas eso…. – Lo abraza fuerte. – Estoy feliz de que estés conmigo, por favor no te sientas así…. Yo te apoyo, no estás sólo en este lugar. – Deja el abrazo y rápidamente busca una de las manos de él, entrelazando sus dedos, presionando suavemente. –Nos podemos ayudar mutuamente… ¿No? -
Él le devuelve el abrazo, suspirando profundamente, sintiendo que debía ya hacer algo concreto, comenzar a actuar como cabeza de familia, deja de pensar que las cosas eran sólo para él. Aunque ya lo tenía asumido, sólo que nada en el orden correcto.
-Yo me encargo…. – Dijo de repente cuando ella dejó de abrazarlo y buscó su mano.
-¿Qué? ¿A qué te refieres? – Preguntó Kaori un poco confundida.
-Yo voy a darles el sustento a los niños, todo lo que necesitan, la colegiatura, la comida, la ropa…. Todo. Ya no tendrás que preocuparte por eso, yo puedo darles todo lo que ellos requieren, y más. Tengo un sueldo grande, gano más dinero de lo que ganarían 10 personas trabajando una mensualidad. – Apretó un poco más la mano que sujetaba la de ella, mientras tenían los dedos entrelazados y la miraba directamente a los ojos.
-¿Lo dices en serio? – Volvió a preguntar.
-Por supuesto, soy su padre, prometí que los cuidaría. Y a ti también ¿Por qué no descansas de trabajar un par de meses y dedicas más tiempo a los niños? Deja que me encargue de todo. – Él estaba bastante decidido.
Pero Kaori lo miró extraño, y un poco triste, dejó de tomarle la mano para mirar hacia otro lado de la habitación.
-Francesco…. ¿Dices un par de meses? Lo dices como si fuera tan fácil para mí, como si todo estuviera definido ya…. ¿No tienes que hablar primero con tu jefe y tus amigos? ¿Qué hay de tu madre? Por favor, no me he querido hacer falsas ilusiones. Es tan hermoso tenerte aquí al fin y todo…. Pero…. Ni siquiera hemos formalizado nada entre nosotros, y supongo que todo depende de lo que tu gente te diga. ¿Sabes? Tengo miedo, lo he estado pensando mucho desde ayer que llegamos a Osaka. – Otra vez estaba a punto de llorar, pero soportó, tragó saliva y continuó hablando, ahora le miró. – Tengo miedo de que te vayas nuevamente, que no cumplas tu promesa, miedo de quedarme sola otra vez, con el sólo recuerdo de lo que fue tu presencia. Miedo a tus largas temporadas de Formula Racing, que en esos viajes te des cuenta, que verdaderamente no me amas porque…. Allí estás siempre rodeado de mujeres hermosas y sé que es fácil para una persona que le ha gustado flirtear tanto como tú, encontrar a alguien más o que se fijen en ti, porque eres un hombre muy atractivo. Por favor, no lo tomes a mal…. Pero, digamos que apenas nos estamos conociendo. Un par de meses, y si…. ¿Luego me quedo sin nada? No quiero estar a la deriva. – Terminó ella.
A él le dolió que haya sido tan sincera, por un lado la comprendía, aunque por otro…. Este cuento de hadas, se estaba tornando negro con todo eso. Con tanta cosa estaban opacando el esplendor de lo realmente importante.
¿Qué había hecho? ¿Pasar todos esos años buscándola no había sido suficiente para ella? Que ofensa. Él siempre fue un hombre que no se rendía fácilmente, cuando quería algo, lo obtenía. Y con esta historia, no iba a ser diferente.
La vida le estaba dando una lección, luego de tantas conquistas que sólo fueron una jugarreta de juventud. El destino le dejó con una persona con diferentes valores que las demás. Las chicas con las que había estado antes, por más fama y fortuna que tuvieran, estaban dispuestas a entregarse por las mismas razones que él, resumido en una palabra: Apariencia.
-Comprendo tus miedos, yo también los tengo. Aun así me ofende que no quieras comprender que si te amo, que si he madurado desde los 6 últimos años. La esencia de Francesco no se ha perdido, ahí está, pero ahora él es un hombre que busca más que nada las cosas en serio. En cuanto a sentar cabeza ¿Quieres que todo comience a ser un poco más formal? Entonces…. Primero que nada…. – De pronto, él se arrodilló frente a ella, le tomó una mano y sin quitarle la vista de encima, pronunció lo debido. – Oficialmente, sé mi novia.
Ella odió tener que ser dura con sus palabras, ella tampoco era un ángel celestial, también tenía sus malas acciones habidas y tal vez por haber, cometer errores y aprender de ellos era parte de la vida.
La pelirroja le miró asombrada, cuando se puso de rodillas ¿Qué hacer? Ella pidió que las cosas comenzaran a ser como corresponden, entonces, debía dar el siguiente paso en esto.
-Sí, está bien…. Sí quiero…. – Mientras sostenía su mano, ella le dio un pequeño tirón que lo invitaba a ponerse en pie, Kaori también se paró, y le sonrió, acariciando los dedos con su pulgar, como un pequeño masaje, un pequeño cariño. –Te amo, Francesco. Es en serio.-
-Yo también te amo, espero que esta vez, te quede claro y por eso, debemos sellar esto de la manera que debe ser. – Él quitó despacio su mano de la de ella, y suavemente puso ambas sobre el rostro de la pelirroja, acariciando sus mejillas y poco a poco tras su cuello, hasta donde alcanzaban sus dedos. Prontamente sonrió, cerró los ojos e inclinó su cabeza hacia adelante, dejando que sus labios se encontraran por reflejo, por costumbre.
La ocasión de un beso que fue más que apasionante, era como si no la hubiese besado hace mucho, y era cierto, fueron casi dos días que no sentía su dulce aliento, su roce, sus lenguas jugueteando, tratándose cada vez con más intensidad, intentando que sus dientes no muerdan más allá de una fugaz caricia, la que con cada segundo crecía insaciable como el fuego.
Francesco llevó sus brazos hasta la cintura de ella y la abrazó fuerte, pegándola a su cuerpo.
Kaori se quejó un poco, pero fue por aquel repentino abrazo que le quitó un segundo la acción de respirar, aunque sin dejar que sus labios se separaran. Rodeó el cuello del Italiano con ambos brazos, dejando caer un par de lágrimas que esta vez eran de felicidad.
Él la sintió sollozar, por lo que el beso no continuó. Su expresión se tornó preocupada por la pelirroja, y quitó sus lágrimas con el canto de sus manos.
-¿Qué te pasa? – Preguntó el corredor, con su tono acorde a su rostro. -¿Estás triste aún?-
Ella agachó un poco la cabeza, y negó.
-No, todo lo contrario, aunque algunos de mis temores no se han disipado, ahora mismo me siento muy feliz. Y no quiero que esto acabe jamás. – Kaori respondió, y le quitó los brazos del cuello. Esta vez secó completamente su rostro y levantó la cabeza para verlo a los ojos. –Perdón por llorar. -
-No tienes que pedir disculpas por eso. – Él respondió con su encantadora sonrisa acompañada de una suave risa. Acto seguido tomó el control remoto del Home Theater que estaba en la mesa y subió un poco más el volumen, buscó cualquier canción que tuviera una melodía más romántica que la música tropical que estuvo sonando todo ese instante y que no iba con el ambiente que él buscaba.
Después de eso, se sentó nuevamente en ese largo sofá que rodeaba la mesa, y tomó la mano de Kaori y la jaló un poco con él, pero ella no se movió demasiado.
-Ven aquí. – Sonrió con picardía. – Siéntate aquí. – Con su mano libre palmeó un par de veces una de sus piernas.
-¿Eh? ¿Por qué? El sofá es bastante grande, no necesito sentarme en tus piernas. – Dijo ella, notando lo que había hecho, lo de la melodía romántica le pareció lindo en todo caso.
-No mates la atmosfera del momento, Kaori… ¿No te parecía exótico hacerlo aquí?- Preguntó sin vergüenza, sin inmutarse. – ¿O no fue por esa razón que rentaste este lugar?
-¿Qué? ¿QUÉ? – La pelirroja pensó haber escuchado mal. -¿Q…. Quieres que lo hagamos aquí?- Su rostro se volvió tan rojo que hasta podía ver el color expandiéndose más allá de su cabeza.
¿Por qué él siempre tenía que salir con sus locuras? Aunque ella ya había escuchado antes de que muchas parejas se encerraban en Karaokes para tener sexo. Incluso era más barato que pagar una habitación de motel. –Pero no lo rente por eso, quería tener un momento de relajo nada más. – Respondió un poco choqueada.
-Oh, ya veo…. Pero de todos modos, nos queda media hora, hay que aprovechar esto. – Jaló a la pelirroja hacía él, mientras mantenía aún su mano agarrada.
Kaori, sorprendida, cayó frente a él, con ambas piernas, una al lado de la otra por sobre las del corredor, y sus manos se apoyaron en el respaldo del sofá, a la altura de la cabeza de Francesco.
-Que insaciable eres, y no sé por qué me permito caer en tu juego de seducción, esto no debería pasar…. - Le dijo ella casi en un susurro, mirando un momento a otro lado.
-¿Qué te puedo decir? Francesco tiene todas las "I" a su favor: Insaciable, Inteligente, Interesante, Increíble, Insuperable, Imparable, Ingenioso, Impactante, Ideal…. –
-Idiota, Impredecible, Impertinente, Irritable…. – Kaori le ayudó con un par, con sus ojos sobre los de él otra vez.
-Ja-Ja… Muy graciosa. – Respondió, al tiempo que la rodeaba con sus brazos y la acercaba más a su cuerpo. Sin parar de mostrar esa Insinuante sonrisa. -¿Sabes? Desde la mañana que quería estar así contigo, te prometí despertar cada día junto a ti, pero la última noche no fue posible ¿Cómo quieres entonces que comience a cumplir mis promesas? Además, verte con ese uniforme, me vuelve loco. Me recuerda la primera vez que te vi…. Con el uniforme de mucama. – Habló, al tiempo que estaba masajeando su espalda, un masaje donde escondía la real intención de llegar hasta el cierre del vestido para quitárselo de una vez.
-¿Así que te gustan las uniformadas? Pensé que preferías a las mujeres con más categoría, desde doctoras, actrices hasta políticas. – Ella le sonrió.
-Depende de la uniformada…. Porque, las aeromozas son preciosas, pero las chicas del ejército, creo que son demasiado rígidas. –
-¿De qué rayos estás hablando? – Kaori rio, con cierta intensidad.
-De mujeres con uniforme…. Hablando de eso, este vestido es un desafío…. – Aún intentaba bajar el cierre, extrañamente no podía encontrarlo.
-Déjalo, yo lo hago…. Por cierto, no tiene cierre, se quita desde aquí…. – La pelirroja le enseñó que en su pecho había un lazo, del que tiró la punta dejando al descubierto un poco de piel, dando a conocer que su brasier era púrpura con una malla negra que rodeaba sus pechos, haciéndolo verse casual pero sensual, y poco más abajo del lazo, había un par de botones marrones en vertical.
-Oh, vaya, los vestidos vienen cada vez más complejos…. Aunque, es un lindo brasier. Bueno, yo haré lo demás. – Posó sus manos sobre los botones, que estorbaban el siguiente paso, lamiéndose los labios cada vez que se esforzaba por quitarlos de sus ojales. Hasta que lo logró.
-¿Media hora es suficiente para ti? –Sus dedos recorrían las caderas de él en horizontal, más específicamente por el contorno de su pantalón, buscando deshacer la hebilla de su cinturón y todo lo demás.
-Um, podría cobrar un poco más, esta noche, cuando estemos en tu casa…. – Susurró.
-Quiero ver si te sobra energía…. – Esta vez iba bajando el cierre y se dio cuenta de algo. Miró hacia abajo y sus mejillas se tornaron más rojas. - ¿P…. Por qué no traes ropa interior? – Sonrió avergonzada.
-Porque hace calor. – Francesco guiñó un ojo, respondiendo tan simple como eso. Pero sus palabras tenían doble sentido. –Y no creo que te sea desconocido…. –
La pelirroja se rio despacio y comenzó a besar sus labios otra vez, mientras sus sensaciones iban en aumento, tenía que admitir que le gustaba impregnarse de su exótico perfume Francés y más.
El tiempo acabó, justo a lo dicho, media hora después, y salieron de allí, el Home Theater se apagó automáticamente.
La pareja caminó fuera del lugar como si nada, aunque si hubiesen sido fumadores tal vez llevarían un par de cigarros en sus bocas, como las típicas parodias de cuando los amantes acaban el acto sexual, se relajaban con tabaco en el post.
Kaori, llevaba puesto su abrigo rojo, tomada del brazo de su "nuevo" novio. Quiso olvidar sus problemas y sentirse más feliz que nunca.
Aunque Francesco, estaba preocupado por algo y comenzó una conversación.
-¿No vas a volver al café restaurante? –
La pelirroja meneó la cabeza en negación, estaba decidida a no regresar y ya hace minutos que iban por el camino contrario al café.
-No quiero que creas que soy cobarde por no regresar, es sólo que, no quiero pensar en nada más por ahora. En nada de problemas. –Aclaró.- Lo arreglaré todo mañana después de traer a los niños a la escuela, lo prometo.
-Está bien…. ¿Eso significa que me dejarás solo otra vez por la mañana? – El corredor replicó con cierto tono caprichoso otra vez.
-Puedes venir conmigo si quieres…. – Respondió ella, acomodando su cabeza, en el brazo del Italiano. –No sea que vuelvas a escaparte y a deambular como cachorro abandonado.
Francesco sonrió.
Y mientras iban caminando tranquilamente por el centro de Osaka, se le ocurrió una idea.
-Oye, nos quedan un par de horas antes de que los niños salgan de la escuela ¿Verdad?
-¿Eh? Sí ¿Por qué? – Preguntó curiosa.
-Ven, vámonos de compras. – Amplió su sonrisa.
-¿De compras? – Ella levantó una ceja.
–Quiero dar una sorpresa a los niños, y a ti también te compraré muchas cosas bonitas, también para mi, que estoy con las mismas prendas desde ayer. Anda, tenemos muchas horas por delante. Aprovecharemos de almorzar algo y pasar buenos ratos.
Francesco esta vez tomó la mano de Kaori, y ella nuevamente comenzó a seguirle el juego. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces la había seducido con sus ideas, ella no era buena para ir de compras y casi no tenía el tiempo. Pero se planteó disfrutarlo, corriendo con él a los edificios llenos de tiendas.
Continuará...
Disclaimer:
-Kaori es un personaje que me pertenece a mi igual que esta historia. (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.
