23.- Conociéndonos, Tú, Yo y Ellos.
5:00 de la tarde, y más de cuatro horas dentro de los centros comerciales de Osaka, desde después del mediodía.
Ambos se divirtieron mucho ese día, compartiendo un almuerzo, conociendo gustos de cada uno por la ropa, los colores, los muebles y la comida.
Kaori se sentía como una niña, nunca había tenido tantas bolsas de compras en las manos, dentro había de todo, ropa, zapatos, perfumes para ella, para sus hijos, juguetes, dulces, algunos adornos para la casa y más chucherías. Francesco también llevaba sus cosas en varios paquetes, se había cambiado de ropa dentro de un probador, ahora vestía un jean azul, una playera negra con un saco marrón claro, lo combinó con zapatillas caras de marca internacional. Era un estilo casual pero a la vez elegante.
-Ya quiero ver la cara que pondrán los niños cuando vean todo esto. Sólo espero que no perdamos la mitad de las bolsas en el metro tren, jaja. – Comentó Kaori, mientras caminaba delante de Francesco.
-¿El metro tren? No, iremos en taxi hasta tu casa. O mejor, iremos en taxi de aquí a la escuela y nos iremos en el mismo a tu casa. –
-Eso es un poco caro…. – Susurró ella y se dio vuelta a mirarlo, caminó un par de pasos de espaldas.
-Kaori, no seas orgullosa, no me molesta, y será más cómodo para todos ¿Sabes? Me he dado cuenta que con tal de eludirme de cualquier cosa, pones excusas insignificantes de por medio. Me hace sentir un poco inútil. – Se lo dijo en un tono un poco decepcionado, pero no estaba enojado.
-¿En serio? Oh, perdón, no quise…. No me di cuenta. No lo volveré a hacer. – Ella se disculpó, deteniéndose un momento frente a él.
-Está bien, y me alegro. – Le sonrió levemente.
-Por cierto…. Te ves muy guapo…. – Intentó alegrarlo con un halago.
-Gracias, ya lo sabía. – Sonrió con orgullo. Funcionó.
-Me pareció escuchar a Luccia…. Oh, y espero que te hayas comprado ropa interior y la traigas puesta. -
-Jaja, por supuesto, no te preocupes por eso.- A pesar de la risa, era en serio.
-Um… Oye, gracias por todo. –
-Un placer, cara mia…. –
Ella se sonrojó tímidamente, y luego de un momento, ambos miraron en las dos direcciones, buscando un taxi que pudiera llevarlos en su recorrido.
Encontraron un vehículo minutos después, la verdad es que Francesco tenía razón, no importa cuán caro saliera, era mucho más cómodo viajar así, con las bolsas en la cajuela y sentados sin peso en los brazos.
Al llegar a la escuela, pidieron al chofer del taxi, que se estacionó en la acera de enfrente, que esperara un momento para llevarlos a todos a casa.
Kaori y Francesco bajaron y se quedaron afuera del edificio a esperar, cerca del enorme muro de cemento, al lado de los portones grandes donde relucía la placa de bronce del nombre del establecimiento educacional. La placa ponía: "Naniwa Elementary School."
El lado de primaria era una estructura apartada del lado de la escuela secundaria, sólo unidos por una reja tipo pérgola que daba visibilidad a ambos patios descubiertos. Los niños menores tenían prohibido hablar con los mayores durante las horas de almuerzo y descanso, aunque sólo una de las horas coincidía, que era el descanso más largo durante la comida.
Un rítmico pero lento y casi aburrido tono de campanas, dio aviso a la salida, eran las 5:45 pm. Tan preciso como siempre, y los niños comenzaron a salir, unos con prisa, otros en grupo que pasarían a comer un helado o comprar golosinas antes de llegar a casa, otros más calmados y sin tener nada más en mente que llegar a hacer los deberes o descansar. Una maestra o maestro los esperaba en los portones para decirles siempre las mismas palabras: "Vayan con cuidado camino a casa, nos vemos mañana."
Lucciano y Luccia siempre salían juntos, estaban en el mismo salón, así que bajaban las escaleras desde el tercer piso, se cambiaban los zapatos de escuela a los zapatos normales, tomaban sus bolsos para ir al encuentro de su mamá, ellos sabían que Kaori los estaba esperando fuera, como todos los días.
-Cuidado al volver a casa, niños. Nos vemos mañana. – Dijo la maestra que los despedía desde su lugar en los portones, inclinando ligeramente la cabeza con una sonrisa. Se despedía de la misma manera con todos los alumnos.
-¡Hasta mañana Sensei! (Nota: La palabra Sensei en Japón se aplica a varios tipos de maestros, personas que te enseñan, desde los maestros de artes marciales, hasta a los profesores y a los médicos.) – Fue la respuesta al unísono de los gemelos, y ya fuera del edificio, miraron para ambos lados.
Una mirada a la derecha, junto de la placa de bronce, hizo a ambos sonreír, al descubrir que sus padres estaban allí, juntos.
-¡Mamá! ¡Papá! – Gritaron otra vez al mismo tiempo, y corrieron al encuentro.
Luccia saltó contenta, sobretodo se abrazó a la cintura de Francesco. Lucciano por su parte se quedó a un lado de su Kaori y le tomó una mano.
-Papá, viniste a vernos a la escuela, estoy muy feliz. Pensé que nos esperarías en casa del abuelo. – La niña no podía parar de celebrar esa reunión.
-¿En casa de tu abuelo? Jaja…. Si, digo, no. –Miró un segundo hacía arriba e hizo una pequeña sonrisa presionando un poco sus dientes, al recordar lo que había pasado esa mañana con Jin. - Bueno…. Decidí que tenía que conocer el lugar donde ustedes estudian por si acaso mamá necesita ayuda para alguna próxima vez. –Respondió mirando a Luccia.
-Que buena idea, eres muy inteligente. – Dijo la pequeña, sin soltar a Francesco.
-Tú lo has dicho, piccolina, y ¿Sabes lo mejor? Que lo has heredado. – El corredor abrazó a su hija, con un brazo a la altura de sus hombros y ambos hicieron una vanidosa sonrisa, aprobándose mutuamente la charla.
-Uy ¿Podrían dejar de fanfarronear ustedes dos? El taxi no nos esperará por la eternidad. – Kaori les paró la función.
-Está bien, no te enojes…. – El Italiano después de decir eso, se agachó a la altura de Luccia y le susurró un par de frases. – No te preocupes, princesa, ella sólo está celosa de nuestra perfecta armonía.
-Cierto, eso debe ser. – La niña lo apoyó totalmente.
-¡Dije vámonos, y ahora! – Kaori los había oído.
-Que mal genio…. – Murmuró Francesco. –Pero me gusta.
-¿Taxi? ¿Nos iremos en taxi, mamá? – Preguntó Lucciano.
-Así es, tu padre contrató transporte para que nos lleve a casa, así que viajaremos cómodamente. – La pelirroja respondió, presionando suavemente la mano de Lucky, y se puso en marcha con él hasta la acera de enfrente, para no hacer esperar más al chofer.
Mientras Francesco se fue con Luccia, la subió a la parte de atrás con su madre y su hermano, y él se fue de copiloto.
-Oye Kaori ¿Quieres que pasemos a buscar el equipaje a casa de tu abuelo? – Preguntó el corredor Italiano, mirando desde el espejo retrovisor.
-¿Eh? No, creo que yo lo haré mañana, a menos que tengas algo importante que sacar de tu maleta ahora mismo. Pero con lo que compraste, lo dudo. – Respondió la pelirroja, dando la mirada también por el espejo.
-No, no tengo nada que sacar, aquí llevo mis documentos y la visa, así que no hay problema. – Su tono era relajado, y otra razón de haber dicho eso era que no tenía ganas de ver a Jin, al menos por el resto del día.
-¿Qué compraste, papá? – Curioseó Luccia.
-Te lo enseñaré cuando lleguemos a tu casa ¿Está bien? –
-¡Sí!- Se movió un poco inquieta.
Media hora después, el taxi llegó al barrio residencial donde estaba la casa de Kaori y los gemelos, el chofer estacionó junto a una típica casa de fachada occidental, con un pequeño jardín rodeado por una cerca de madera blanca, de metro y medio de altura. Un pequeño pasillo de concreto separaba dos secciones del jardín, con césped que parecía acabado de cortar y regar.
Francesco pagó la carrera al taxista, y Kaori ayudó desde la cajuela a bajar las bolsas y los paquetes de compras.
-Niños ¿Me ayudan con esto, por favor? – Pidió la pelirroja.
-¡Wow! Cuántas cosas ¿Qué es todo esto? ¿Es todo lo que papá compró? – Volvió a preguntar la niña.
-Lo sabrás a su momento, ahora por favor, llevemos estas cosas adentro. – Repitió Kaori, dando los paquetes menos pesados a los pequeños, cuando se paró en el pasillo frente a la puerta principal, miró a ambos lados del jardín. – Parece que Soujiro-san estuvo aquí para cortar el césped, pensé que le había dicho que venga mañana, porque no estaba segura de qué día iba a regresar a casa. Bueno, de todos modos le pagaré. – Después de su pensamiento en voz alta, dejó las bolsas que llevaba en el suelo y comenzó a buscar su llave en el bolsillo de su abrigo.
Cuando Francesco se despidió del taxista, se dio cuenta que todos llevaban algo menos él, entonces ayudó a Luccia.
-Deja que yo lleve eso, princesa, una dama no debe llevar tantas cosas, más cuando tienes a papá para que te salve. – Después de decir eso, le sacó los paquetes de las manos, aunque eran los menos pesados.
-Gracias papá. – Le sonrió la niña.
-¡Ja! ¡Ja!– Kaori se rio con sarcasmo, ella era la que más bolsas había cargado, pero ya no había necesidad de buscar un caballero, porque abrió la puerta de la casa y estaba llevando todo dentro.
Francesco y Luccia se miraron y se encogieron de hombros, Lucciano estaba detrás de su madre, llevando algunas cosas. Todo lo dejaron sobre el sofá color negro que estaba en la sala de estar, y otras cosas sobre la mesita de centro. No sin antes quitarse los zapatos de calle y ponerse un par de pantuflas cada uno. El Italiano no había olvidado esa regla, pero él era el único que no tenía pantuflas, así que tuvo que ir descalzo por la casa.
Sólo al entrar pudo ver que era una casa modesta de clase media, igual que la casa de su madre en Porto Corsa, ese ambiente familiar le hizo sentir muy relajado, y más porque todo era estilo occidental.
Excepto por el pequeño espacio en la entrada donde se dejaban los zapatos, la sala de estar estaba junto a un pequeño comedor, sin divisiones por muros, también con cocina estilo Americano, la habitación de Kaori estaba a unos pasos por un pasillo hacia el lado izquierdo, y dentro de la habitación ella tenía otra en una puerta siguiente, que era la de su propio baño, al que denominaba SU "Santuario" porque era el único lugar de la casa donde disfrutaba unos instantes de sus pensamientos, de su mundo interior, con un baño de burbujas o una ducha rápida. Este baño también era estilo oriental.
Los niños también tenían su propio baño, que estaba en el piso de arriba, y cada uno con su habitación. El cuarto de más al fondo en el primer piso, que supuestamente correspondía a los invitados, ella lo había transformado en lavandería, allí mismo se ubicaba un cordel que atravesaba el lugar, Kaori secaba ahí la ropa los días de lluvia.
Toda la casa con papel tapiz de tonos pastel, amarillo, lavanda y azul cielo.
-Linda casa. – Comentó el Italiano.
-Muchas gracias, luego te enseñaré las otras habitaciones. Ponte cómodo. – Ofreció ella a Francesco.
-Gracias. – Él se acomodó en un sillón, junto al sofá que estaba ocupado por todas las compras.
Kaori miró a los niños mientras colgaba su abrigo rojo en la percha junto a la pared del living comedor. Revelando un vestuario completamente nuevo, una blusa negra escotada y abajo una falda de jean, del mismo color de su abrigo, no lo habían notado porque su abrigo le cubría el conjunto.
- ¿Tienen hambre?
-¡Sí! Yo tengo mucha hambre. – Respondió inmediatamente Lucciano.
-Yo también. – Siguió Luccia. -¡Ah! Mamá, te ves muy linda.
-Sí, pero ¿Qué pasó con tu ropa de trabajo? Siempre vuelves con ella. – Reparó Lucky, al igual que su hermana, en el nuevo atuendo de su madre.
-Su padre me lo regaló ¿No les parece bonito? Y mi ropa de trabajo está en una de las bolsas…. – Comenzó a apretar los dientes e hizo nacer una pequeña sonrisa. – O al menos, lo que queda de ella. – Susurró. –
Francesco se aclaró la garganta. Él también traía encima algo nuevo, pero ninguno de los niños le dijo nada, quizás porque asumían que su papá se cambiaría antes de salir de casa de Jin. Aunque más que nada hizo ese ruido indirecto advirtiendo a Kaori para que sus hijos no se metan aún en los paquetes de compras, el vestido de trabajo de la pelirroja estaba hecho girones, por un asunto descuidado que había sucedido en la cabina de Karaoke, si ellos lo encontraban era obvio que iban a comenzar a hacer miles de preguntas.
Mejor, ella cambió el tema.
-Muy bien, ahora, vayan a lavarse y a cambiarse de ropa, yo haré la cena. Y tengo mucho qué hacer, porque vienen invitados. – Anunció la pelirroja.
-¿Invitados? – Preguntaron los niños al mismo tiempo, mirando muy curiosos a su madre.
-Sí, el jefe de su papá vendrá a hacernos una visita, así que quiero que ustedes dos se porten bien, como una dama y un caballero. Y si tienen tarea que hacer, por favor, empiecen antes de comer, no quiero que se acuesten tarde.-
-¡Sí mamá! – Volvieron a hablar ambos al mismo tiempo y Lucciano subió a su habitación.
Luccia fue saltando hasta donde estaba Francesco y le tomó una mano.
-Papá, ven conmigo, quiero mostrarte mi habitación. -
-Oh, será un placer acompañarte mi bella princesa. – Sonrió el corredor, y de la mano siguió a su hija hasta la escalera hacia el segundo piso. – Ya regreso, Kaori, vendré a ayudarte con la cena ¿Sí? – Dijo él a la pelirroja antes de ir arriba.
-Está bien…. – Respondió ella, supuso que Francesco quedó con las ganas de cocinar lo que pretendía en el café restaurante al mediodía. Y ella también tenía curiosidad por probar la sazón culinaria de Francesco.
Antes de que Kaori pudiera ir por los ingredientes de su cena, alguien tocó el timbre. La pelirroja fue a atender la puerta principal, no pensó que fuera Giuseppe, porque aún era muy temprano para la reunión.
-¿Quién podrá ser? – Ella puso gesto entre curioso y bajó las cejas, no tenía muchas ganas de recibir visitas que le interrumpieran su trabajo en casa, tenía aún mucho que hacer.
Abrió, y se encontró con Jin, que traía las maletas que quedaron en su casa.
-¡Abuelo! Qué sorpresa, pasa por favor. – Kaori le invitó, se notaba gustosa de verlo.
El anciano tenía expresión seria, levantó una mano, enseñando la palma abierta frente a ella, como diciendo: "para":
-No, gracias, sólo vine a entregarte lo que dejaron en mi casa, y si te preguntaste por el pasto acabado de cortar, no lo hizo Soujiro-san, lo hice yo. – Explicó Jin.
Soujiro-san era un viejo amigo de Jin, que vivía en el mismo barrio que Kaori, él siempre hacía trabajos cotidianos de los que sus vecinos no se ocupaban a menudo. La pelirroja no era buena jardinera, entonces de vez en vez Soujiro-san venía y arreglaba el césped.
-Muchas gracias abuelo, entonces ¿Hace cuánto que estás por aquí? Si te encargaste del jardín entonces, me imagino que llegaste hace mucho ¿No?- Ella estaba un poco curiosa de la actitud del hombre mayor.
-Sí, hace como dos horas, estuve con Soujiro-san tomando un poco de té y hablando de los viejos tiempos. Desde la ventana de su casa, los vi llegar, así que vine. Pero sinceramente no quiero entrar, porque sé que estúpido ese está ahí dentro. – Jin se refería a Francesco.
-Por favor abuelo, no seas así con Francesco, él se ha portado muy bien conmigo y con los niños. Sigo entendiendo tu punto pero…. –
-Entonces dile que te explique esto. – Él interrumpió, y le entregó a la pelirroja el ticket de tren que el corredor botó a la basura esa mañana. Lo había cogido luego que salió enfadado de su casa.
-Es un ticket de ida desde Suzuka a Osaka ¿Y eso qué? – Ella no entendía.
-Cuando te fuiste hoy con los niños, él se deshizo de esto, está completamente nuevo, no creo que el inspector del tren haya pasado por alto a un pasajero, y menos a alguien como él ¿O tenía dos boletos? ¿Y por qué tenía dos? -
Cierto ¿Por qué? Kaori aún no comprendía nada, pero si lo que su abuelo decía era verdad, por un lado, ella le restó importancia. Tomó el ticket de la mano de Jin y lo guardó en un bolsillo.
-Bueno, hablaré con él al respecto…. ¿De verdad no quieres pasar? – Volvió a preguntar.
-No, pequeña, acabo de llamar un taxi, esperaré en casa de Soujiro-san, dale mis saludos a los niños por mí ¿Sí? Nos vemos después. -
-Sí, muchas gracias por todo, abuelo. – La pelirroja se despidió de Jin y cerró la puerta cuando puso las maletas en la casa y él se marchó, se quedó pensando en lo que había dicho por lo del ticket, pero no pensaba que fuera un gran asunto, que como todo, tenía una explicación razonable. Entonces, Kaori volvió a su primer deber de esa tarde: La cocina.
Continuará...
Disclaimer:
-Kaori, Lucciano, Luccia y Jin, son personajes que me pertenecen originalmente a mi (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.
