24.- Te quiero, papá.

En el segundo piso de la casa, Luccia le enseñaba todos los rincones de su habitación a Francesco, paredes de color lila suave, su cama junto a la ventana cubierta con velos blancos, tenía una manta con imágenes de hadas, algo típico del gusto de una niña pequeña, un panel lleno de dibujos muy simples, algunos juguetes de felpa y un par de muñecas sentadas en una repisa, un estante de un metro con libros de cuentos, a los pies de la cama un baúl para sus zapatos, al lado un armario con su ropa, por último un pequeño escritorio para hacer los deberes, el cajón estaba lleno con sus libros de texto y sus cuadernos de la escuela.

-¿Te gusta? – Preguntó la niña a su padre, quien estaba sentado en el suelo de la habitación, sobre una alfombra redonda, mirando todo lo que ella indicaba.

-Es hermosa, digna de una princesa como tú. – Él celebraba todo lo que hacía su hija, de verdad pensaba que ella era perfecta.

La pequeña se abalanzó contenta, a los brazos de Francesco, rodeando su cuello, riendo y sentándose sobre su regazo. Se sentía tan bien que él esté allí, era como si lo hubiese conocido mucho antes de hace un par de días.

-Te quiero. – Dijo la niña, acurrucándose un momento con él.

-Yo también te quiero, tesoro. – Le da un beso en la mejilla y la abraza fuerte. - ¿Tienes tarea qué hacer?

-No, hoy no nos dejaron deberes por volver de vacaciones, pero los días venideros nos llenaran de trabajo escolar, seremos nuevamente esclavos del sistema educacional. – Ella interpretó esas últimas frases como si se tratara de una obra de drama. Colocando uno de sus brazos sobre la frente.

Francesco quedó sorprendido, ni él sabía a esa edad lo que significaba ser esclavo del sistema educacional, pero supuso que estaba salvo antes de tiempo ya que ni siquiera fue a la universidad.

-No es tan malo, piccolina…. Créeme…. – Le afirmó, acariciando su cabeza. – Oye, iré a ayudar a mamá con la cena ¿Por qué no te cambias de ropa y te lavas como dijo ella? Los esperamos abajo, prometo que será una buona cena. – Enseñó la diestra y juntó el pulgar con sus dedos índice y mayor, para próximamente besarlos, era una expresión Italiana que significaba que la comida estaría para chuparse los dedos.

Luccia se bajó del regazo de Francesco y sonrió complacida.

-Está bien, sé que todo irá bien, mamá cocina rico, ella va a dejar muy felices los estómagos de todo mundo esta noche. – Se emocionó.

-Oh, claro que sí, sin duda. – Le sonrió y pronto se puso de pie para salir de la habitación de Luccia.

Cuando el Italiano se fue, ella cerró la puerta del cuarto para cambiarse de ropa. Pasando por el mismo pasillo en la habitación contigua, estaba Lucciano, curiosamente muy silencioso, aunque se oían ruidos como de papel siendo rasgado o cortado. Francesco no quiso molestarlo, francamente sentía un poco de temor a sus reacciones, a veces pensaba que el niño estaba un poco resentido con él y sólo quería alejarse. Era algo que por cierta parte lo ponía triste.

Al sólo apoyar una mano en el barandal de la escalera, sintió unos pasitos tras de sí, y un par de pequeños tirones en su chaqueta.

-¿Eh? – Curioso miró para atrás, por sobre su hombro, y se encontró con Lucky, aun con la mano sujetando la tela de la ropa de Francesco. Su mirada daba al suelo, parecía que quería algo. Así que dio la media vuelta desistiendo de bajar y se puso de rodillas a la altura del niño. -¿Qué pasa, Lucciano? ¿Querías decirme algo? –

Lucky tímidamente asintió con la cabeza un par de veces y luego puso sus lindos ojos azules sobre los oscuros de su padre.

-¿Qu…. Quieres ver mi habitación también? – Preguntó un poco nervioso.

El corredor Italiano sintió como se le iluminó el rostro, quizás fue obra de algo inesperado, o sus pensamientos e inquietudes fueron escuchados por alguien. Este era un gran paso, entonces su hijo no quería alejarlo ¿Sería sólo su imaginación? Pronto lo descubriría, ahora mismo sonrió tan ampliamente como le fue posible.

-¡Sí! Me encantaría.

Lucciano se animó con la respuesta, y de la mano se fueron juntos al cuarto del niño, sólo al entrar se notaba que tenía menos cosas que Luccia, su cama también estaba cerca de la ventana, su habitación de paredes verde pálido tenía pegados algunos recortes y posters alusivos al fútbol soccer y a las carreras de coches, también había un diploma colgado cerca de la puerta, era por participar en un torneo infantil de artes marciales. Junto al armario estaba la percha para su uniforme de escuela, un escritorio y un velador que se componía de un cajón para chucherías y una puerta donde guardaba toda su colección de revistas de Fórmula Racing.

Francesco miró alrededor, era obvio que Lucky disfrutaba de los deportes, al menos tenían algo en común, hora de agregar otro visto bueno a lo que podía ser una buena relación padre e hijo.

-Tienes un gran espacio para ti, Lucciano. Eso es genial ¿No crees? – Francesco le habló con simpatía. Pero él sólo movió la cabeza en forma afirmativa. -¿Te gusta el fútbol? A mí también. –

-Sí…. – Respondió el niño, era como si estuviese pensando en otra cosa, mirando en cualquier dirección, excepto a él. Más que nada estaba analizando al Italiano. A los niños les encanta poner a prueba a los adultos. –Oye, papá… - Comenzó una conversación.

-¿Si? –

-¿De verdad ya no te gusta esa mujer de cabello negro? – Lanzó una pregunta curiosa, esta vez miraba a su padre.

-Pues, claro que no ¿Por qué? – Respondió en serio, y rápido, extrañándose de aquello tan de repente, aunque por alguna razón se arrepintió de haber preguntado "¿Por qué?" Miedo a la respuesta tal vez.

- Es que hice una cosa para ti. – Lucciano corrió a su escritorio y tomó algo de allí encima, era un papel, que le dio al corredor. – Toma. Espero que te guste.-

Era una hoja de una de las revistas de Fórmula Racing de su colección, específicamente el número que Kaori leyó semanas antes, la página era la que contenía una foto donde había salido Francesco con Gina, aquella donde anunciaban su matrimonio en Interlagos. Pero Lucciano arregló eso, y quitó a Gina de la imagen, colocando en su lugar una foto de su mamá cuando estaba con su ex novio, una de aquellas divididas, él había sacado esta foto al recoger el álbum de la casa de su abuelo, antes de irse a la escuela, la metió en su mochila sin que nadie se diera cuenta. Obviamente el lado donde aparecían el ex novio y Gina, habían ido a dar al cubo de basura.

Ese era el ruido que oyó antes Francesco de rasgado y recortado de papel, el niño preparó un collage, y era simplemente perfecto, era hermoso. La foto la había visto antes, en la casa de su abuelo, entonces Lucky no estaba enojado con su papá por haber visto el álbum botado en el suelo, él estaba planeando todo eso desde antes y no quería levantar ninguna sospecha. Que astuto.

El corredor Italiano estaba tan aliviado, todo lo que pensó antes, todo era producto de su imaginación. Su hijo si lo quería y más que eso, esto demostraba que los quería a todos juntos como una familia.

-Gracias Lucciano. – Le sonrió su padre y tomó el regalo. – Me encanta. –

-Te permito que me llames Lucky. Sí tú quieres.- Dio como opción.

-Está bien, Lucky, y ¿Cómo te gusta más? Lucciano o Lucky? – Había oído un par de veces a su madre llamarle así, él también lo había hecho, aunque no entendía bien ¿Por qué? Pero pensó que por ser hijo suyo, aquel quedaba como un diminutivo excelente. "Lucky" Significaba "Suertudo" en Inglés, y al ser parte de Francesco, claramente era perfecto. Imaginando que a futuro Lucciano sería un hombre totalmente exitoso.

-Bueno, me gustan ambos, pero casi siempre todos los que me tienen aprecio me llaman Lucky, todo empezó cuando comencé a jugar fútbol en la escuela e hice dos goles en el primer partido entre un amistoso local, el entrenador y el maestro de gimnasia dijeron que yo traía buena suerte. – Hizo un pequeño silencio y después continuó. - Pero si no quieres, y te gusta más mi nombre completo, puedes seguir diciéndome así. – Explicó el pequeño.

El corredor sonrió, sin soltar el presente, se le acercó, abrazándolo con un brazo.

-Te quiero, Lucky. – Acarició un poco su cabellera de rizos oscuros, que aún se conservaba en una pequeña coleta tras su espalda. Su cabello se fundía con el de Francesco, cuando puso su cabeza junto a la de él para darle un beso en la frente, por tener ambos del mismo tono de negro. El mayor se sorprendió al sentir de repente los brazos del niño alrededor de su cintura.

-Te quiero papá. – Refregó su diminuta nariz sobre el vientre de su padre. – Quédate con nosotros para siempre, si lo haces, te prometo que me portaré bien. –

De verdad que aprender a querer a una persona era cosa de mucho tiempo y aunque realmente Lucciano lo meditó bastante a su corta edad con respecto a Francesco, pues Lucky era quien más deseaba tener una figura paterna, al comprobar una vez más por la acción y lo que le dictaba el corazón, que el amor del Italiano por ellos era realmente sincero, pudo finalmente aceptar que tenía un padre, que era cierto y que era confiable.

Por su lado, el corredor se sentía pleno, y lo estrechó con ambos brazos.

-Claro…. Yo hice una promesa y así será. –

-Gracias. – Lucciano sonrió muy feliz.

Francesco deshizo el abrazo y miró al niño.

-Voy abajo, ayudaré a tu madre ¿Te pones guapo para la cena? Aunque no creo que sea difícil para ti. – Le dijo el Italiano en tono juguetón.

-Jeje, sólo me cambiaré de ropa. – Lucky no era igual que Luccia y claro, no le respondió con tal vanidad.

-Oh, sí, está bien, eso también servirá. Bueno, te veo abajo. – Revolvió un poco el cabello del niño y salió de la habitación, con su regalo en la mano.

Bajó rápido las escaleras y se dirigió a la cocina, como todo allí estaba junto, era fácil encontrar donde ir.

-Regresé. – Él le dijo a Kaori, quien estaba mirando unos paquetes de comida, decidiendo qué hacer, mientras el agua se hervía en las ollas.

-Um, no sé qué preparar, había comprado los ingredientes para hacer lasagna, también tengo ravioli, carne, arroz y… ¿Sabes? Ahora que lo pienso, no es correcto cocinar comida Italiana para personas de Italia que visitan otro país donde lógicamente no buscan comer algo de su lugar de origen. Es tonto. – Ella estaba un poco desesperada.

-Jajaja…. Oye, tranquila, no creo que a Giuseppe le moleste eso, él ni siquiera se espera una cena, quizás sólo una taza de café. – Francesco le puso las manos en los hombros para masajearlos un poco, olvidando un segundo que traía la hoja de papel. – Relájate. Escucha, tengo una idea ¿Qué tal si hacemos algo de ambos sitios y lo llamamos "Comida Japoitaliana"-

-¿"Comida Japoitaliana"? Ja, suena tan internacional. Oye ¿Qué es esto? – Le quita el papel de las manos, aunque el masaje estaba delicioso y ese movimiento hizo que se acabara, la pelirroja se arrepintió por un segundo. Luego le dio un vistazo al collage de Lucciano. - ¿Y esto?

-Pues, es un regalo que hizo Lucky para mí ¿No te gusta? A mí me encanta. – Respondió el corredor.

-E…. Esa fotografía, era donde estaba con…. Pero Lucciano ¿Cómo? – Kaori comenzó a balbucear y se sonrojó un poco, más que nada porque esperaba que Francesco no hubiese visto esa foto con su ex novio, le daba tanta vergüenza porque aún después de mucho tiempo la conservó, sin embargo todo lo transcurrido esa época eran sólo sueños frustrados.

-Él dijo que quería que estuviéramos juntos los cuatro, para siempre. Por eso hizo esto, supongo que es como un mensaje y yo quería mostrártelo. – Él suspiro. – Sé que ese chico que estaba a tu lado en esta foto te hizo feliz en algún momento, supongo que es el ex novio de quien me hablaste esa vez. Perdón, no pude evitar dar un vistazo al álbum que estaba en tu habitación, allá en casa de tu abuelo.

-No, está bien. Te juro que lo había olvidado, que eso estaba ahí, tengo más cosas de las que ocuparme como para estar pendiente de algo que ya no me importa. Sólo me da un poco de vergüenza que lo hayas visto, eso es todo y aún más si mi pequeño también lo vio. – Bajó la intensificación de su voz al final, dando a conocer lo que sentía, caminó un par de pasos hasta la mesa del comedor depositando la hoja sobre ésta.

-No tienes que darme explicaciones. – Francesco la seguía con la mirada mientras se movía.

-Bueno…. – Ella dio un gran suspiro, volviendo donde antes estaba. -¿Sabes lo que lamento? Haber desperdiciado mi primer beso y perder la virginidad con él. Pero en fin. De vuelta al asunto culinario. – Puso las manos en las caderas, viendo un libro de cocina abierto sobre una tabla de picar.

-¿Con eso quieres decirme algo?- Él intentó entender ¿Por qué le contaba eso ahora? Quizás era su forma de defenderse después de pasar esas penas.

Kaori puso inmediatamente sus ojos sobre los del Italiano, lo que lo hizo asustarse un poco al querer oír la respuesta, eso fue tan…. Rápido.

-Es que…. – Ella volvió a sonrojarse, era difícil admitir lo que iba a revelarle. – Bueno… es que eres mil veces mejor que él haciendo esas cosas. Pero, nadie tiene una bola de cristal…. – Al final sonrió con timidez.

-Oh, ya veo…. Lo sé, todas dicen lo mismo. – Le devolvió la sonrisa, pero la de él era entre burlona y vanidosa.

-¡Uy! ¡Vete de aquí! ¡Vete arriba con los niños! – La pelirroja cambió inmediatamente la expresión a una molesta, pero estaba fingiendo. Y le dio de empujones para que salga de su espacio.

Francesco comenzó a reírse, previendo que ella reaccionaría de esa forma. Pero no le permitió apartarlo, al contrario él logró acercarse más y abrazarla.

-Eres muy gruñona…. – Dijo el Italiano sin parar de mirarla. – Kaori, cierra los ojos. –

-¿Eh? – Ella no se resistió a su abrazo, pero si le dio un poco de curiosidad su petición. – ¿Para qué?

-Sólo hazlo. – Insistió.

La pelirroja suspiró, y manteniéndose así, cerró los ojos como él se lo pidió. Esperaba que no fuera una broma.

Pero no lo era, Francesco acercó su nariz apegándola a la de ella, y luego rozó sus labios con los suyos.

-Ahora, sin abrir los ojos, imagina, que te doy tu primer beso, el primero de la vida y el más significativo. – Le susurró.

Kaori no dijo nada, pero su rostro volvió a quedar acalorado, intentó relajarse e imaginar que ambos estaban en cualquier otro sitio, tal vez un parque.

Cuando comenzó a sentir que el presionaba sus labios contra los de suyos, su corazón latió fuerte y rápido, más cuando intensificó esto con el toque de su lengua abriéndose paso entre sus dientes para encontrarse con la de ella.

La pasión de ese beso no era nada comparable con lo que sucedió la primera vez, en ese momento ¿Qué era la primera vez? Aquel beso de antaño no significaba absolutamente nada.

Mientras estaban en eso, Kaori sacó de su bolsillo el ticket de tren, y lo arrugó manteniéndolo en su mano derecha. Francesco paró el beso, escuchando el ruido del papel, así que ella abrió los ojos otra vez, lentamente.

-Gracias…. – Le dijo la pelirroja con la voz adormilada y una sonrisa boba, como si estuviera de vuelta del mundo de sueños.

-Fue un placer. – Sonrió él, y notó su mano diestra empuñada. – No me vas a golpear ¿O sí?

-¡Oh! No, no…. Claro que no, es algo que tenía en el bolsillo e iba a arrojar a la basura. –A Kaori sinceramente le importó poco lo del ticket nuevo, él no pudo haberlo comprado, ni siquiera salió de la casa de los Todoroki ese día, no sabía hablar en japonés ¿Cómo iba a comprarlo? Imagino que todo el favor se lo hizo Chuki, o tal vez Shu. Además, lo que contaba era, que él estaba ahí, ahora. –Oye ¿Por qué no te das una ducha antes de cenar y te pones tu ropa nueva? Oh, a propósito, mi abuelo trajo el equipaje desde su casa, así que ahí en la puerta están tus cosas, puedes acomodarlas donde quieras.

-Oh, así que cuando oí la campana del timbre, había sido él. – Agregó Francesco. – Bueno, sí, la verdad es que quiero tomar una ducha desde la mañana ¿Dónde está el baño? – Miró de un lado a otro.

-Ven. – Ella pasó por su lado para ir a su habitación que estaba a unos pasos, abrió la puerta y lo invitó a entrar. – Está es mi habitación ¿Ves la puerta que está ahí al fondo? –Apuntó junto a un espejo de cuerpo entero. Es el baño. –

-Bonita cama ¿Dos plazas? ¿Esperabas a alguien? – Le sonrió el corredor.

-¡Cállate y ve a ducharte! Voy a hacer la cena. –

Kaori volvió a la estufa y Francesco la miró irse con molestia, parece que le estaba gustando esto de hacerla enojar, pero en cierto modo. Apostaba cualquier cosa que si la hacía enojar de verdad, el mundo explotaría. Finalmente él se encerró en el baño para asearse y relajarse un poco.

Continuará...

Disclaimer:

-Kaori, Lucciano y Luccia son personajes que me pertenecen originalmente a mi como está historia. (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.