26.- Entre la Espada y la Pared.

Así que Francesco tuvo que contarle toda la historia a Fausto, éste y Salvatore se quedaron con la boca abierta, al parecer Evan también estaba sorprendido, pero no al nivel de demostrar algún gesto facial.

-Eso no puede ser cierto. – Dijo Fausto.

-¿Por qué no? Tú mismo dijiste que el niño se parecía mucho a él. – Le recordó Giuseppe un comentario anterior.

-Sí, pero nunca me imaginé algo así, mi piloto súper estrella, con una simple mujer de un barrio residencial de Osaka, eso no vende, ni junta ni pega. A mí me parece que aquí hay algo raro y ella sólo quiso engatusarte para que le des dinero u algo así, quizás se acostó con cualquier sujeto en tu ausencia y ahora dice que esos niños son tuyos para amarrarte aquí. Ahora quién sea puede engañar a otro con mucha preparación, tal vez ella les dio un papel bien memorizado a esas pobres criaturas. Cualquier chica loca por su ídolo llegaría hasta los extremos, les han pasado cosas así a muchas figuras importantes. – Bugatti habló sin parar y sin tomar filtro de sus palabras.

-Oye, no voy a permitir que hables así de Kaori, tampoco de los gemelos, ellos son muy sencillos, está bien, pero así y tal están las cosas, yo los adoro, y sé que son míos. Y te puedo asegurar con mi vida que ella no es como tú predicas. – Defendió Francesco, estaba a punto de levantarse del sillón para encarar al sostenedor, sin importar que lo despidiera.

-Dile que haga un examen de ADN a esos niños. Escucha bien, no sólo estás poniendo en peligro tu carrera como piloto profesional, también están en juego los trabajos de todos tus compañeros de equipo. Yo puedo terminar con esto sí sólo chasqueo los dedos. Aún estás en la cima como el mejor de Europa, no lo eches a perder por algo que podría ser falso.- Hizo una pequeña pausa y vio que todos estaban un poco asustados. – Mira, disculpa la rudeza, pero lo que te digo es cierto, sólo quiero cuidarte, no mates años de profesionalismo por un par de semanas con una desconocida. – Fausto se puso de pie cuando acabó de hablar.

-¡Ella no es una desconocida! ¡Yo la amo!- Francesco también se levantó de su asiento tan rápido como pudo, gritando a Bugatti frente a frente. -¿Quieres una prueba de ADN? Entonces la vas a tener y si te puedo cerrar la boca después de eso, tendrás que pedir disculpas personalmente a Kaori y a los niños.

Fausto suspiró, no se intimidó con lo dicho, sabía que podía tener a Francesco Bernoulli en la palma de su mano jugando bien sus cartas.

-Te doy una semana para respaldarte. Buenas noches. – Rápidamente el hombre de traje gris se dirigió a la puerta, como buen hombre de negocios no iba a dejar que nada de eso le afecte, además ¿Qué podría hacer una mujer de baja categoría como Kaori a alguien como él con semejante poder financiero? Aunque si tenía que disculparse con ella si los resultados salían positivos, lo haría, de todos modos se llevaría al corredor de regreso con ellos.

-¿Ya te vas, Fausto? – Pregunta muy tranquilo Giuseppe.

-Tomaré un taxi de regreso al hotel, no me gusta quedarme en lugares tan reducidos, nos vemos allá. – Bugatti calzó sus zapatos finos y se retiró sin pena ni gloria, por ahora.

El corredor se sentó nuevamente, se sentía abatido, no podía con esto era quedarse con su familia o volver con su equipo, si no lo hacía corría el riesgo de arrastrar a todos los miembros.

-Es la primera vez, que me siento entre la espada y la pared, pero ahora creo que tengo la espada penetrándome directo en el corazón. – Francesco se pasó una mano por el cabello, afligido por las palabras de Fausto ¿Por qué tenía que discriminar tanto a Kaori y a su entorno? No era necesario. Miró a Giuseppe tratando de encontrar consuelo. – Giuseppe…. Estos días han sido un infierno, sino fuera por esta mujer y sus hijos, creo que habría caído más en batalla aún. Yo no creo que mis niños sean una mentira y tampoco es mi intención arrastrarlos a todos, ni a ellos ni a ustedes, conmigo.

-Yo no me preocuparía demasiado por debatir, has lo que te dice sobre la prueba de ADN, no llevará mucho tiempo. – Respondió Motorosi.

-¿Tú tampoco crees que ellos sean mis hijos? – Francesco le miró un poco extrañado.

-No dije eso. – Cruzó sus brazos el viejo corredor y suspiró. – Sino fuera porque es difícil conseguir un buen agente hubiésemos pateado a Bugatti, pero, arriesgamos demasiado y bueno, no podemos faltar a más carreras tampoco. Aquí es donde entramos con la participación de Evan. –

-¿Qué tiene que ver Evan Maserati aquí? Pensé que sólo estaba acompañando un par de días a Carlo. – Interrogó el alumno a su maestro y miró a los primos Maserati.

-La verdad, me llamaron para reemplazarte en la carrera de este fin de semana en Inglaterra, y tal vez en dos países más, hasta el próximo mes. – Intervino Evan.

-Pero tú no corres autos Fórmula, eres un corredor de prototipos. – Francesco le habló en tono un poco irritable ¿Cómo pretendía Evan aprender sobre Monoplazas en una semana o menos?

-Soy corredor profesional, para mí no es difícil aprender, he corrido en diferentes pistas, incluso en Monza, también en las peligrosas calles atestadas. No soy un novato y tú lo sabes, no vengo a tomar tu puesto, sólo a brindarte un poco de ayuda. Ahora que sé toda la historia que tienes con esta familia, estoy más que decidido a ayudarte, no sé por qué, pero creo firmemente en que esos niños te necesitan tanto como tú los necesitas a ellos ¿Estoy equivocado?- El hombre de ojos ámbar hablaba muy en serio. – De todos modos sólo pueden ser esas pocas veces, porque luego debo retornar a mis propias pistas.-

-Ciccio, te estamos dando más tiempo para que hagas lo que creas correcto, nosotros no nos impactamos como Fausto porque ya sabíamos todo, además de saber guardar compostura, y no nos importa si te has enamorado, no es un error, es asunto tuyo, aunque será difícil mostrárselo al mundo. Hemos burlado a los medios deportivos por ahora, pero cuando la prensa farándula sepa todo esto, acosarán a Kaori y a los niños hasta cuando estén tomando un baño, no creo que eso les agrade mucho a ninguno. – Dijo Carlo. – Ahora, déjanos todo a nosotros sobre Fausto, que piense que nos tiene controlados y se quedará tranquilo por un tiempo. –

-Perdón por entrometerme…. – Habló tímidamente Salvatore. – señor Bernoulli… ¿Por qué no cuando pase todo esto, confirmando su examen de ADN y eso, lleva a la dama y a los niños a Porto Corsa? Seguro será bueno para usted respirar el aire de su propio lugar de origen para descansar y pensar mejor. Digo, mientras estamos con el señor Maserati este mes en la pista, aparte calmará las aguas del señor Bugatti. En mi humilde opinión eso le hará bien, incluso saber que piensa su sabia madre. – Respiró un poco el enorme hombre y se pasó la lengua por los labios antes de proseguir. – Hasta me imagino que ella estaría feliz de conocer a sus nietecitos. – Sonrió grande y se rio suavemente.

Francesco afirmó con la cabeza y semi sonrió a Salvatore, también afirmaba lo dicho por Evan.

-Muchas gracias, Sal…. – Luego miró a los demás. – Gracias a todos, creo que todo esto servirá para aclarar mucho mejor mi mente, no saben lo estresado que he estado.

-Eso queremos, que te aclares, que te relajes, que hables con esa chica y encontremos buenas soluciones convenientes para todos. – Volvió a hablar Giuseppe. – Siempre sí, debemos llevarte de regreso.

-Sí, entiendo. – Nada más dijo Francesco.

En tanto, arriba Kaori hizo dormir a los niños, dejando la puerta de sus habitaciones como siempre a medio cerrar, ahora bajaba la escalera sigilosamente, casi en el primer piso, se sentó en uno los escalones de la mitad, donde los invitados no podían verla, lo único que escuchó claramente, fue la última frase de Motorosi. "Debemos llevarte de regreso." Lo que la hizo dar un jadeo y prontamente taparse la boca.

-No, no…. Lo sabía…. Lo sabía. – Comenzó a susurrar la pelirroja para sí misma, sintió que el corazón se le aceleraba queriendo hacerse pedazos en el proceso. Como un coche a toda velocidad a punto de estrellarse contra un muro. – Me va dejar sola otra vez…. Y a los niños…. Sabía que no debía ilusionarme con todo esto. – No quería llorar, porque ellos notarían su rostro afligido y recorrido por las lágrimas. Mejor esperó un par de segundos y bajó finalmente, hizo un poco de ruido al pisar cada escalón para que ellos lo notaran. –Hola…. Perdón la interrupción, es que oí la puerta y pensé que se habían marchado. – Acercándose lentamente, se quedó parada cerca, entre el sofá y el sillón donde estaba Francesco e intentó sonreír, no lo logró. –Iba a…. beber una taza de té…. ¿Quisieran una? -

-Muchas gracias Kaori, lamentamos rechazar aquello, pero debemos regresar al hotel, tenemos mucho que hacer antes de la próxima carrera. – Giuseppe se levantó del asiento y le sonrió.

-Sí, está bien… - Ella caminó hasta la cocina, puso agua en el hervidor eléctrico y lo encendió, todo lo hizo en silencio, sus ojos marrones se veían muy apagados.

-Parece que está muy cansada. – Susurró Carlo a los demás. – Por eso, mejor nos retiramos… ¿Qué vas a hacer Ciccio? ¿Te quedarás aquí? – Preguntó a Francesco, aunque su respuesta era obvia.

El corredor afirmó con la cabeza una vez.

-Este ambiente me relaja, me siento como en casa con mamá. Hablaré con Kaori y los llamaré por cualquier cosa. –

-Como quieras…. Oh, me llevaré esto. – Carlo tomó la revista que Fausto dejó sobre la mesa, mejor si la pelirroja no veía este tipo de cosas si querían tener una plática tranquila.

-Nos vemos, intenta pasar una buena noche. – Deseó Motorosi a su alumno, dando dos pequeños golpes sobre uno de sus hombros. – Luego habló a Kaori que estaba en la cocina Americana. – Hasta pronto señorita, muchas gracias por todo. – Se dirigió a la puerta principal.

Evan fue tras él, mientras Kaori salía para despedirlos.

-Gracias por la visita. – Ella hizo una reverencia.

-Gracias a ti por la buena atención. – Le dijo Giuseppe mientras se colocaba los zapatos y luego abría la puerta para salir. –

-Cuídese mucho señorita, supongo que nos volveremos a ver pronto. – Se despidió Evan y salió tras del jefe.

-Fue un placer. – El tercero en salir fue Sal, quien siguió las acciones de los otros.

-Hasta luego. – Sonrió Carlo, que fue el último que iba saliendo, pero antes observó a Francesco y luego a Kaori. – Oye ¿Qué le viste a este tonto? Además de todo lo que ven las otras chicas.- Susurró sólo para que la pelirroja escuchara.

-¿Eh? – Ella levantó la mirada hacia Carlo.

-Tú sabes, muchos chicos son más sensibles en Japón, dicen que, aquí los hombres no son extremadamente infieles, no digo que él lo será contigo porque se ve que está enamorado, sólo tengo curiosidad. – Mantuvo su sonrisa por esos segundos y suspiró. – No te preocupes, olvida lo que acabo de preguntar.

-Él es auténtico conmigo. – Respondió Kaori. Antes que Carlo saliera.

-¿Cómo?- Interrogó el mecánico, borrando un poco su gesto burlón, convirtiéndolo en algo un poco más serio y curioso.

-No espero que lo entienda, pero en estos pocos días ha sido como nadie antes, conmigo y con los niños. Quizás no fue a quien me imaginaba para tener una relación y todo esto para ustedes debe ser increíble, sin embargo Francesco se ha portado como todo un hombre tomando esta responsabilidad, incluso mejor que cualquier hombre de este país.-

La pelirroja explicó como pudo en pocas palabras, ni siquiera ella tenía una certeza de cómo responder correctamente a eso, pero fue sincera.

El hombre ideal de las chicas japonesas era alguien como Shu, un hombre apegado a sus reglas y tradiciones pero al mismo tiempo de pensamiento moderno, respetuoso y de pocas palabras en la vida diaria más que en la pista, dispuesto a estar de acuerdo con ciertas decisiones que su mujer disponga.

Tal vez Kaori alguna vez por eso y otras razones envidió mucho a su amiga Chuki, detestando su propia suerte, aunque ahora, todo comenzaba a ser diferente.

-Nunca pensé que él iba a regresar, yo jamás le dije nada sobre los niños porque sentí que podía hacerlo todo sola y que él continuara con su vida de ganador. – Ella tragó saliva, acabando de hablar, porque sabía que iba a llorar si seguía. Tomó un respiro más profundo para decir la última cosa. –Lo siento.

-Está bien, muchas gracias por cuidarlo. – Carlo puso una mano en el hombro de Kaori, mostrando una sonrisa más suave que la anterior, era como un pequeño consuelo.

Finalmente el hombre de ojos claros salió por la puerta, llevaba un gesto conforme en el rostro.

Caminaron un par de metros lejos de la casa el grupo entero, se detuvieron en una esquina para llamar al taxista que hablaba inglés y dijo que los llevara de regreso a su hotel. No vieron a Fausto alrededor, supusieron que ya se había marchado.

-Giuseppe. – Comenzó Carlo. – No creo que esa mujer esté tramando un show dramático para quedarse con Ciccio. – Le miró un poco cómplice.

-Ni yo. – Dijo el viejo corredor. – Imagino que, todo este proceso será difícil…. Pero ¿Qué es el amor sin obstáculos y sufrimiento en el camino? Aquí se va a demostrar su fortaleza, veremos cómo están las cosas antes que nos vayamos a Inglaterra el viernes. – Luego sacó su celular del bolsillo de su pantalón para llamar el taxi.

-Yo sigo pensando que esos niños son muy agradables, me recuerdan a mis propios hijos. – Salvatore estaba con los ánimos muy en positivo por todo este asunto, más porque él tenía su propia familia que era grande. Una esposa que adoraba y cinco hijos viviendo en villa Carsoli, cerca de Porto Corsa en Italia. Durante las temporadas no podía verlos a menudo y los extrañaba sobremanera, pero les telefoneaba todos los días y les enviaba regalos de diferentes partes del mundo.

Los demás rieron suavemente, comprendiendo lo que decía Sal, varios de ellos venían de una familia grande. Evan era hijo único, pero los Maserati eran muchos y se veía sólo en las reuniones familiares, por su parte Carlo tenía 5 hermanos mayores, todos varones, cada uno con su propia vida formada, pero trabajando en el mismo rubro.

De todos modos esperaban que la solución a este asunto fuera buena y lo más pronto posible.

Continuará...

Disclaimer:

-Kaori, Evan y Fausto son personajes que me pertenecen a mí, como esta historia. (c) Shadoru.
-Los otros personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.