20 PREGUNTAS CON ALEXANDER LIGHTWOOD
PARTE II
Eran las once de la noche y Godfrey, que estaba en el baño, oyó que alguien tocaba a la puerta de su habitación. Instantáneamente sonrió. Aquél tenía que ser Alec. Salió del baño, cruzó la gran suite y abrió la puerta.
Alec vestía una camisa de tela azul marino vaquera arremangada hasta los codos, botas terminadas en punta y vaqueros negros. Su pelo estaba adorablemente alborotado y sus mejillas, cómo no, sonrojadas.
—¿Vienes a seguir castigándome o estoy perdonado? —preguntó Godfrey a modo de saludo.
Alec se sonrojó todavía más.
—Creo que… estás perdonado… por hoy. Ehm… ¿puedo pasar?
El asiático se hizo a un lado dejándole espacio.
—Ponte cómodo —le sugirió. Sonrió al darse cuenta de que Alec dudaba entre sentarse en la cama o en los sofás que había en un lateral de la suite—. Oh, lo siento. Tengo los asientos llenos de papeles. Soy un completo desastre. Aunque si quieres, claro, los quito para que te puedas sentar.
Alec negó con la cabeza y finalmente tomó asiento en el sillón de delante de la cama.
—Bueno, ¿y qué has hecho hoy? —le preguntó, viendo que Alec seguía callado y su incomodidad era clara. No dejaba de mirarse las puntas los zapatos. Godfrey fue hacia la mesilla, llenó las dos copas de champagne que reposaban sobre ésta y las cogió. Se sentó junto a Alec y le ofreció la copa.
—He ido con Izzy y Simon, su novio, al cine.
—¿Te has divertido?
—Todo lo que un hermano mayor puede divertirse al tener a su lado a su hermana dándose el lote durante toda una terrible película de ciencia ficción.
—Ya veo —Godfrey miró a los ojos a Alec—. ¿Te ocurre algo? Pareces…
—Incómodo. Lo sé. Soy neurótico de nacimiento. Lo siento.
—Oh, no es para tanto. Todo el mundo se pone algo nervioso a veces…
—Godfrey, he estado durante tres cuartos de hora recorriendo todo el pasillo de habitaciones porque no me atrevía a tocar a tu puerta. Dudaba aun cuando tú me has insistido en que viniera esta noche. ¿De verdad piensas que no soy un neurótico, inseguro, y…?
—Pienso que eres absolutamente sexy y estás arrebatador esta noche —le cortó—. A la gente tan pálida no le suele quedar bien vestir con tonos tan oscuros. Pero a ti… te sientan increíblemente bien.
Ambos se sonrieron. Alec volvió a agachar la cabeza.
—Vaya, gracias. A mí me gusta como llevas el pelo. Te queda mejor cuando no lo llevas moldeado con gel.
—Ah, ¿te refieres a cuando me he pasado toda la tarde tirándome de los pelos por el nerviosismo ante una reunión importante?
—Su… pongo. ¿Ha ido bien? ¿No te habré quitado tiempo para preparar tu reunión… ehm… pasando esta mañana contigo, no?
Por el amor de Dios, cuando piensas que después de ese sonrojo inocente no puede haber nada más sexy en el mundo, va y se muerde el labio mientras habla indirectamente de haber pasado la mañana practicando sexo contigo, pensó Godfrey.
—Descuida, he tenido el tiempo suficiente. Y sí, creo que ha ido bastante bien. Pero ahora… ¿por qué no jugamos a algo para relajar tensiones?
—¿A qué juego quieres jugar?
Godfrey, contente, se dijo a sí mismo. Pero es que la pregunta de Alec resultaba tan sugerente… aun cuando éste no se había dado cuenta de los dobles significados de sus palabras.
—¿Qué te parece jugar al juego de las 20 preguntas? Habías dicho que se te ocurrían algunas para hacerme, ¿no?
Alec pareció pensárselo.
—¿Qué tipo de preguntas?
—Todas las que quieras saber mis respuestas —respondió con el tono más sugerente que pudo.
—Supongo que… está bien. Pero empiezas tú porqué tú has propuesto el juego.
—De acuerdo. Dime, ¿cuál es tu mayor afición?
El cuerpo de Alec pareció relajarse. Pobre, seguro que se esperaba una pregunta comprometida sobre sexo. Godfrey se tuvo que contener para no reírse. Alec de momento podía relajarse, pues las preguntas de ese tipo vendrían después.
—Uhm… me gusta hacer deporte, cocinar y… —se sonrojó e hizo una pausa. ¿Querría decir practicar sexo?— Pero creo que mi principal afición es leer. Ahora me toca preguntarte a ti, ¿no?
Godfrey asintió.
—¿Cuál consideras que es la mayor locura que has cometido en tu vida?
Godfrey rió.
—Uhm… han sido tantas —volvió a reírse—. No, no es cierto. Pero veamos… quizás en la fiesta de mi dieciocho cumpleaños es donde hice más. En primer lugar, hice pellas en la escuela para poder ir con unos amigos a hacer puénting. Aquélla fue una experiencia única. Después, compramos botellas y botellas de alcohol para la fiesta de la noche. Aquella noche… puf, jamás he bebido tanto en mi vida. Acabé despertándome como en las películas, rodeado de gente a la que no conocía, botellas vacías, envoltorios… en fin, suciedad por toda la casa y… oh dios mío, cuando me miré en el espejo, además de tener unas pintas terribles, ¡tenía un tatuaje!
—¿Te refieres a ese dragón pequeño de la parte superior de tu espalda?
—Así es —Godfrey asintió—. Bueno, supongo que podría haber sido peor. Podría haber escogido que me tatuaran unas manos en el trasero, como James Cook de la antigua serie Skins.
—Ese dragón es bonito.
—Y tú Alec, ¿nunca has tenido ganas de hacerte un tatuaje?
La expresión del rostro de Alec fue de lo más extraña. Era una mezcla de sentimientos, parecía como si quisiera decirle algo, sintiera dolor por ello, todo ello sumido en unos pensamientos muy sombríos. Finalmente y sin mirarle, negó con la cabeza.
—Nunca. Les tengo miedo a las agujas.
Godfrey supo al instante que Alec mentía. Pero no le dijo nada. Al fin y al cabo, era una pregunta en apariencia bien simple. Si le mentía es que ocultaría un significado oscuro y doloroso para Alec, ¿no?
—Bueno... pasemos a la siguiente pregunta. ¿Qué es lo que encuentras tan apasionante de leer? No es que me parezca algo raro, a mí también me gusta y mucho… sólo es que lo has dicho con un brillo en los ojos especial, como si…
—Es un modo de escapar del mundo real —le cortó Alec, y continuó hablando, pensativo—. Puedo ser otros personajes, vivir otras vidas… y olvidarme por un rato de que soy Alexander Gideon Lightwood.
¿Qué es lo que podía tener de tan malo ser él mismo?, se preguntó Godfrey. A cada pregunta que hacía, en lugar de desentrañar su personalidad, parecía que Alec le resultaba más enigmático que anteriormente.
—¿Es ese tu nombre completo? ¿Alec viene de Alexander?
—Sí, pero no me llames así —respondió con un tono un tanto duro.
Genial, Godfrey. Cada vez complicas las cosas más. A ver si este juego va a empeorar las cosas en lugar de mejorarlas…
—Si tuvieses que cambiar radicalmente tu modo de vida, ¿qué es lo que más te costaría dejar atrás?
La pregunta de Alec rompió el torrente de pensamientos de Godfrey y lo dejó por unos instantes sin habla.
—Veamos… un cambio radical de mi modo de vida sin duda supondría que tendría que estar siempre en el mismo sitio. Y creo que eso es lo que más me volvería loco. Uhm… sí. Lo que más echaría de menos sería el cambio constante. Es algo que suele estresar mucho a la gente pero para mí… es aquello que ordena mi vida. Soy raro, lo sé.
Ninguno dijo nada por un lapso de tiempo. Alec pareció pensar y asimilar la respuesta.
—Dime un lugar donde siempre lo pases genial —dijo de pronto el asiático.
—Los parques de atracciones. Me vuelven completamente loco. En el buen sentido, claro está —Alec sonrió mostrando todos sus brillantes y blancos dientes.
—Sinceramente, no te imagino en un parque de atracciones —respondió Godfrey, contento de al fin haber conseguido alegrar a Alec con una pregunta.
—Créeme, me encanta. Izzy y yo nunca habíamos ido hasta… hasta hace bien poco. Fuimos a Alton Towers y Simon no era capaz de reconocernos de lo enloquecidos que estábamos.
—Sin duda alguna, sería algo que me gustaría ver. Bueno, te toca preguntarme.
—¿Cuál es tu mayor sueño?
—Uhm… mi mayor sueño… supongo… —se lo pensó por un rato—. Bueno, no sé si se puede considerar como un sueño pero lo que me gustaría es que cuando fuese viejo viejo viejo, con el rostro todo lleno de arrugas, estar satisfecho con la vida que he llevado y sin miedo a la muerte —hizo una pausa en la que pareció pensárselo bien— Uhm… sí, ese es mi mayor sueño.
Cuando terminó de decirlo, se esperó una cara de asombro o de extrañeza por parte de Alec. Pero en lugar de eso, pareció encontrar aprobación.
—Bueno, te he preguntado por un lugar donde siempre te lo pases bien así que… dime un lugar donde siempre, siempre, siempre lo pases mal.
—Fácil respuesta —dijo Alec en seguida—. Cuando voy de compras con mi hermana. Es decir, cuando voy a comprar ropa.
—¿Por qué? —Godfrey no se lo podía explicar, y menos con lo bien que vestía Alec.
—Me resulta un completo suplicio… si fuera por mí, siempre llevaría jerseys y pantalones negros y holgados, pero ella tiró toda mi antigua ropa de cuando vivíamos en Nueva York. En realidad la maleta no apareció en el aeropuerto, pero estoy seguro al 100% que mi hermana por un "despiste" se le olvidó facturarla. Y desde entonces siempre me estira hasta las tiendas, me tiene horas y horas probándome ropa y me etiqueta los conjuntos que debo llevar, porque soy un desastre completo y no quiere que cometa "delitos de moda".
Godfrey rió, y a sus risas se le unió Alec.
—Suena una chica muy especial, tu hermana. En un sentido bueno, claro está.
—Lo es. Es la mejor.
Godfrey sonrió. Siempre deseó tener hermanos y llevarse así de bien con ellos. Pero habiendo perdido todo contacto con sus familiares dudaba mucho que, en el caso de haber tenido hermanos, hubiera tenido una relación tan estrecha como la que Alec mantenía con Isabelle.
—Cuéntame… algo que te encantaría hacer pero nunca tienes tiempo para ello —le dijo el cazador de sombras.
—Veamos… la verdad es que con el trabajo no tengo tiempo para muchas cosas… me gustaría ir más al gimnasio para poder tener un cuerpo tan espectacular como el tuyo, aunque dudo mucho que lo consiguiera por mucho que me matara. En fin, los genes son malos, y a mí me tocó estar gordo.
—¡Pero si no estás gordo! —exclamó Alec.
En realidad, Godfrey sabía que gordo gordo, no estaba. Pero decir que estaba gordo era algo mucho más rápido que decir "no tengo un cuerpo esbelto y favorecido por la genética como el tuyo, sino un vientre sin forma y con tendencia a rellenarse si no se controla el apetito".
No supo cómo fue, pero de pronto Alec estaba haciéndole costillas, tumbándole en la cama colocándose él encima. Y Godfrey, por supuesto, no podía parar de reír.
—¡Alec! Jajaja ¡Para ya! Jajaja ¡No seas malo! Jajaja ¡Me voy a ahogar!
—¡Reconócelo! ¡Di que no estás gordo! —le dijo Alec con tono divertido. Parecía disfrutar dominándole.
—¡Está bien, está bien! Jajaja No estoy gordo, jajaja, pero ahora déjame ya.
Al final Alec lo dejó y, para desgracia de Godfrey, se quitó de encima de él.
—Veamos… ¿tú tienes cosquillas? —en un movimiento muy veloz, Godfrey se abalanzó sobre Alec y empezó a cosquillear sus costados. Alec tenía el rostro en tensión y no reía. Pero cuando subió y llegó a las axilas, no pudo contenerse más y estalló en carcajadas. Al poco, incluso dos lagrimones le rodaban por las mejillas.
—Ya has visto que las tengo. Ahora sé bueno y déjame… y termina de responder a tu pregunta.
Godfrey asintió, se quitó de encima del cazador de sombras y se sentó en la cama al lado de Alec, que permaneció tumbado.
—Ah sí, algo que me encantaría hacer. Pues… quizás aprender a cocinar. Pienso que debe ser algo gratificante, pero como no tengo ni idea, paso poco tiempo en casa y siempre estoy en bares y restaurantes… nunca me he puesto a hacerlo. Sí, me gustaría aprender a cocinar.
—Yo podría enseñarte algo, ¿sabes?
Y, de nuevo, Alec le hacía proposiciones con un doble sentido muy apetecible que le hacían morderse el labio.
—¿Qué es lo que odias más de tu físico? —le preguntó, para intentar cortar el torrente de pensamientos eróticos que no venían a cuento en aquel momento.
—Fácil. Mi piel tan clara, especialmente porque me sonrojo… mucho más de lo que me gustaría y se hace muy evidente. Y tampoco me ha gustado mucho ser tan alto… siempre tengo que estar mirando a la gente un poco hacia abajo, y eso me desagrada.
—Si te sirve de algo, te diré que a mí no me desagrada que seas más alto que yo. Es… no sé realmente por qué, sexy.
Alec rió.
—¿Qué parte del cuerpo es la que te atrae más de una persona? —le preguntó.
—En realidad no tengo preferencias por algo en concreto, es un conjunto. No sabría qué decirte… hay chicos altos que no me gustan nada, o chicos con el pelo negro que tampoco… pero en cambio, tú me gustas. Y mucho.
Y, oh sí, Alec se sonrojó.
—Me toca —dijo Godfrey—. ¿Qué es lo que físicamente te gusta más de ti mismo?
—Buff… —en este caso, Alec tuvo serias dificultades para responder y tardó un rato. Finalmente dijo:— mi pelo. Es negro. Me gusta el negro.
Y claro, Godfrey se rió.
—¿Hay algo que te haga avergonzarte de ti mismo? —le preguntó Alec.
Godfrey se lo pensó durante un rato.
—No se me ocurre nada, la verdad. Uhm… no es exactamente que me avergüence pero, por decirte algo… a veces no puedo contener mi risa. Ya te habrás dado cuenta de que me gusta mucho reír —dijo y rió, inconscientemente—. Pues a veces me empiezo a reír donde no "tocaría". Por ejemplo, en una reunión de negocios, en medio de una conferencia… etc. No lo hago a mala idea, créeme. Sólo es que encuentro las cosas más divertidas que el resto de la gente. Y muchas veces no puedo parar y… sí, a veces me da rabia no poder hacerlo porque sé que debo. Sí… esa es mi respuesta. Veamos, ahora te pregunto yo a ti. ¿Qué rasgo principal de ti que crees que no se pueda apreciar en un primer momento?
Alec permaneció en silencio durante unos segundos.
—No creo que haya ninguno. Creo que soy bastante transparente.
¿Transparente? ¡Pero si eres un completo enigma!, le quería decir Godfrey, pero se contuvo.
—Bueno… si no se te ocurre… no pasa nada. Pregúntame ahora tú.
—Dime ahora algo de lo que estés muy orgulloso de ti mismo.
—Creo que soy un puro optimista, pocas veces me derrumbo. Pocas veces lloro, también. Pienso que lo peor del mundo es la muerte, es lo único que tiene solución. Mientras que sigas con vida, todo se puede arreglar.
—Sin duda, es algo de lo que estar orgulloso —le respondió Alec—. Bueno, ¿y qué pregunta tienes ahora para mí?
—Veamos, necesito una respuesta rápida, con lo primero que te venga a la mente. Cierra los ojos. Si pudieras ahora mismo ir a cualquier lugar del mundo a hacer cualquier cosa, ¿adónde irías y qué harías? Abre los ojos y responde.
Alec lo hizo, y dijo en seguida:
—La Ópera de Viena. Uhm… es obvio a lo que iría, ¿no?
Alec seguía tumbado a su lado, así que Godfrey bajó su mirada para encontrarle con sus ojos.
—¿En serio? ¿Te gusta la ópera? Eres una caja de sorpresas, Alec.
—No es en realidad que me guste la ópera. En una ocasión —de nuevo pareció sumirse en sus pensamientos, y las siguientes palabras pareció decirlas de forma inconsciente— estuve allí, y en el entreacto recibimos —Godfrey no sabía a quién se refería— una llamada de mi madre, diciendo que debíamos volver a Nueva York inmediatamente. Así que nos fuimos habiendo visto sólo el primer acto de Madame Butterfly. Es curioso, nunca pensé que me gustaría algo como la ópera, pero la encontré realmente hermosa… pero nunca supe el final.
—Podrías ir algún día. En fin, ahora vives en Inglaterra, estás mucho más cerca de Viena que antes. Creo que podrías ir en una hora. Los europeos lo tienen tan condenadamente fácil, ¿no crees?
—Sí, tienes razón. Godfrey, ¿prefieres la espontaneidad o la rutina?
—Digamos que prefiero una rutina espontánea —sonrió—. El equilibrio siempre es lo mejor. ¿No crees? Uhm… ¿adónde vas cuando quieres desconectar de todo, Alec?
—Cuando quiero desconectar de todo… me pongo a correr. Corro por la ciudad hasta que estoy exhausto y suelo detenerme en un puente. El Támesis me relaja. Aunque también… Simon Izzy y yo tenemos una casita en Gales, en la zona costera de Meirionnydd. Es un lugar realmente muy tranquilo y muy solitario. Yo, que siempre he vivido en grandes ciudades, es un cambio drástico… y eso me ayuda a desconectar con todo. Bueno, eso y… uhm… —el rostro de Alec se tornó del color de un tomate maduro— acostarme con desconocidos.
Aunque tímido, Alec siempre era muy directo. Godfrey intentó mantenerse inexpresivo para ocultar su sorpresa. No supo si lo consiguió, pero de todos modos Alec no le miraba, pues tenía la mirada puesta en el techo.
Al estar tumbado boca arriba la camiseta se le había subido ligeramente, dejando ver su pálida y delicada piel en la cintura. En ella tenía un leve arañazo, recordatorio de lo que había pasado entre ellos la noche anterior.
—Alec, si no me preguntas algo ahora mismo tu décima pregunta no podré mantener mi mente libre de pensamientos relacionados con tu cuerpo desnudo bajo mi dominio.
El aludido se incorporó al instante y se sentó en la cama frente a Godfrey.
—¿Fantaseas con dominarme? —preguntó, alzando una ceja.
Oh dios, es tan y tan sexy.
—Para ser sincero, fantaseo mucho más con ser dominado por ti.
Alec, aunque tenía las mejillas en llamas, no apartó su mirada de Godfrey.
—¿Y te apetecería ser dominado ahora mismo por mí? Porque yo me muero de ganas por hacerlo.
Godfrey se inclinó sobre Alec para besarle. Lo hizo con todo el fuego que se había ido fraguando en su interior durante la cita. Alec respondió de buen grado, y casi gimió al notar que Godfrey separaba sus labios de los suyos.
—Oh sí. Domíname —y volvió a lanzarse a besarle.
Fue Alec el que se separó del beso en esta ocasión. Con una sonrisa torcida en los labios, empujó ligeramente el cuerpo del asiático para tenerle tumbado en la cama, agarró sus muñecas con fuerza aunque con cierta delicadeza a la vez y las guió de modo que las manos quedaban en el cabecero de la cama. Con una mano, las apretó contra éste y con la otra, acarició el rostro de su amante.
—En ese caso —le susurró al oído—, esta noche soy yo quien decide dónde y cómo besarte.
¿Opiniones? No tenía pensado que la historia llevara a esta situación… lo juro, han sido Godfrey y Alec que tienen vida propia. Ahora, mi pregunta es… ¿queréis saber lo que pasa después de esta frase de mi querido Alexander o que pasemos a otra cita en la que se hacen las preguntas que les han quedado? Haré lo que me digáis. Esta noche… podéis dominarme, jajajaja.
Se me olvidaba decir: Alton Towers es un parque de atracciones de Reino Unido, está al norte de Inglaterra, a hora y media de Manchester. Yo fui hace dos años cuando pasé el verano allí y pasé uno de los mejores días de mi vida. Adoro los parques de atracciones, lo confieso.
P.D Ahora mismo me pongo con el siguiente capítulo de La última runa de Clary, a ver si lo consigo terminar para mañana.
