Disclaimer: Alexander Lightwood pertenece a Cassandra Clare. El nombre de Godfrey Gao se emplea como eso, simplemente un nombre. En ningún momento se pretende hacer ver que las acciones o palabras expresadas en la historia pertenezcan a la persona real.

Aviso: Escena de sexo entre dos hombres.


20 PREGUNTAS CON ALEXANDER LIGHTWOOD

PARTE III

¿Y te apetecería ser dominado ahora mismo por mí? Porque yo me muero de ganas por hacerlo.

Godfrey se inclinó sobre Alec para besarle. Lo hizo con todo el fuego que se había ido fraguando en su interior durante la cita. Alec respondió de buen grado, y casi gimió al notar que Godfrey separaba sus labios de los suyos.

Oh sí. Domíname —y volvió a lanzarse a besarle.

Fue Alec el que se separó del beso en esta ocasión. Con una sonrisa torcida en los labios, empujó ligeramente el cuerpo del asiático para tenerle tumbado en la cama, agarró sus muñecas con fuerza aunque con cierta delicadeza a la vez y las guió de modo que las manos quedaban en el cabecero de la cama. Con una mano, las apretó contra éste y con la otra, acarició el rostro de su amante.

En ese caso —le susurró al oído—, esta noche soy yo quien decide dónde y cómo besarte.

Y dicho esto, Alec se quitó de encima de Godfrey y se levantó de la cama.

—¿Cómo? —preguntó Godfrey, sin comprender.

—Ssh, quédate quieto.

Alec fue hacia el fondo de la suite y rebuscó entre las cosas que Godfrey tenía sobre una de las sillas. Como la habitación era tan grande, desde la cama fue incapaz de ver lo que buscaba Alec. Al poco rato, éste vino con una pieza de tela en las manos. ¿Qué?, se preguntó Godfrey. Alec tenía una sonrisilla de chico malo en los labios. Y entonces, cuando se la acercó y empezó a atarle al cabezal de la cama con las muñecas juntas, supo qué era. La corbata que se había quitado poco antes de que él viniera.

—¿Te hace daño? —preguntó dulcemente Alec, lo que hizo a Godfrey sonreír. Una de las cosas que más le gustaban de Alec era lo cuidadoso que era con él, aunque se hubiesen conocido la noche anterior— No pretendo hacértelo, sólo quiero que tengas las manos quietas…

Godfrey negó con la cabeza.

—No, así está bien.

Alec se colocó tumbado sobre Godfrey y se puso a morderle por todo el cuello, algunas veces con más dulzura, otras con más fuerza, pero todas causándole escalofríos de placer al asiático. Poco a poco su boca fue bajando hasta llegar al cuello de la camisa.

—Espero que no le tengas mucha estima a la camisa —murmuró y, acto seguido, le arrancó el primer botón con la boca, escupiéndolo lejos de la cama. Una vez quitado el botón, le besó en los labios. Repitió esta operación, quitar un botón con la boca y besarle después, hasta dejarle con la camisa completamente abierta.

Cuando tuvo el torso del asiático desnudo, pasó su lengua por éste, deteniéndose en los pezones para mordérselos . Esta acción ganó gemidos por parte de Godfrey, que se incrementaron al notar que Alec volvía a apartarse de él.

—Tranquilo, mi niño travieso —dijo Alec, sonriendo—, pero es que tus pantalones me sobran.

El apelativo que le había puesto Alec le hizo sonreír a Godfrey. No, Alec no era del tipo de tíos que te llaman "mi putita", pero "mi niño travieso" no estaba nada mal. Parecía como si fuera el profesor y él el alumno que se portaba mal. Oh, sí, eso le excitaba hasta unos límites insospechados. Y claro, eso fue algo que se hizo físicamente muy evidente en cuanto Alec lo tuvo sólo en calzoncillos.

—Parece que alguien está muy excitado aquí… —dijo en un tono recriminador, y se mordió el labio— ¿Qué voy a hacer contigo?

—Tómame. Ahora mismo —respondió Godfrey con tono suplicante.

Alec se volvió a colocar sobre él, para esta vez cogerle del pelo y acercar su rostro hacia el suyo.

—Paciencia… —le susurró al oído.

En la misma posición, Alec bajó sus manos de los cabellos del asiático para pasarlas por la espalda, arañándola y llegando a los calzoncillos, metiéndolas por dentro. Separó ligeramente las nalgas de su amante, y puso el índice en su entrada. Pero en vez de penetrarla, se puso a besarle lentamente. Godfrey apartó sus labios del beso, para implorarle:

—Alec, por favor…

Pero en vez de acceder a su súplica, Alec sacó las manos de sus calzoncillos.

—Te he dicho que te toca esperar —le recordó, con dureza fingida en su voz.

Sin embargo, puso sus manos en el elástico de los calzoncillos.

—¿Quieres que te los quite? Debes estar realmente apretado ahí dentro.

Godfrey asintió.

Con toda la calma y lentitud del mundo, Alec se los bajó y se los quitó, lanzándolos lejos. Miró la erección liberada de su compañero con una satisfacción total.
Cogió el miembro excitado del asiático, pero en vez de metérselo en la boca o acariciarlo entre sus manos, lo que hizo fue lamer la delicada piel cercana a éste, mordiéndola ligeramente a veces. Alec notaba cómo lo excitaba cada vez más y más, y parecía disfrutarlo enormemente. Godfrey soltaba ligeros gemidos de placer, sí, disfrutaba, pero deseaba parar todo ese juego y que Alec lo tuviera en su boca, o que se metiera dentro de él. Pero parecía que para eso debía esperar mucho. Parecía que, al decirle a Alec "domíname", había activado el botón de "llévame loco y juega con mi orgasmo durante toda una noche".

Transcurrido un rato en el que Alec alternaba entre jugar con esta zona y morder y chupar sus pezones, a Godfrey le sorprendió notar que, de pronto, el joven de ojos azules le pasaba la lengua a lo largo de todo su miembro. Godfrey sintió que en ese mismo momento iba a eyacular como un adolescente, pero intentó contenerse, sabiendo que Alec le estaba retando a eso, a que se contuviese.
Cuando llegó a la punta de su pene, en lugar de meterse el miembro por la boca, Alec lo abrazó con su lengua y realizó movimientos circulares. Y justo cuando sentía que toda su contención se le iba a escapar, Alec paró de golpe. Godfrey, que tenía los ojos cerrados, los abrió de golpe.

—¿Cómo?

Alec se limitó a sonreír y se pasó la lengua por los labios.

Oh, Dios, es tan sexy, pensó Godfrey por enésima vez aquella noche.

Alec pasó a quitarse con una lentitud claramente premeditada la camisa, los zapatos y los pantalones. Godfrey sonrió al ver las marcas de mordeduras y arañazos que aún poseía su amante. Todas aquellas zonas de su piel decían, "Godfrey ha estado aquí" y aquello a Godfrey le volvía completamente loco.

—Quítate también el bóxer.

Alec negó con la cabeza. Le separó las piernas y se sentó entre éstas. Con la mano derecha agarró el pene de Godfrey y con la otra le cogió de la nuca atrayéndole hacia él. Sus rostros se quedaron frente a frente, de modo que sus narices y sus alientos se chocaban. Alec empezó a subir y bajar su mano por el miembro de Godfrey. Lo hacía lenta, muy lentamente. Primero jugueteaba con el pulgar en sus testículos, luego abrazaba toda su anchura, subía haciendo la máxima fricción posible y cuando llegaba a la punta, con el pulgar en ésta hacía un movimiento rotatorio. Después volvía a bajar. Cuando iba a bajar por segunda vez, Godfrey dijo:

—Alec, no puedo aguantar más… —su voz salió en un sonido gutural.

Alec sonrió, y dejó la mano quieta pero en el mismo lugar. Con la otra soltó delicadamente la nuca de Godfrey, dejándole de nuevo tumbado en la cama.

—¿Dónde tienes el lubricante? —preguntó.

Godfrey sonrió. Parecía que al fin Alec se iba a dignar a penetrarle.

—En la pila del baño. Ayer lo debimos dejar tirado por la habitación y lo han debido encontrar los del servicio de limpieza y puesto allí.

Alec se marchó y volvió en seguida. Dejó el bote en la mesilla de noche, y después se inclinó sobre la cama y se puso a desatar a Godfrey.

—Levántate de la cama y siéntate a los pies de ésta.

Godfrey así lo hizo. Alec se puso justo delante de él y se quitó el bóxer, dejando a la vista su enorme erección. Godfrey en seguida alargó el brazo para cogérsela, pero Alec tenía unos increíbles reflejos.

—¿Te he dicho acaso que puedas hacer eso? —preguntó Alec en cuanto interceptó su muñeca.

Godfrey se limitó a negar con la cabeza y a poner sus brazos a cada lado de su cuerpo.

—Rodéame la cintura con los brazos —dijo Alec, con la voz autoritaria que desde hacía rato había adoptado. Pero después su voz cambió, perdiendo toda la seguridad de antes—Godfrey…

—¿Sí? —preguntó, extrañado por el cambio de tono del voz de Alec. Se miraron a los ojos.

—¿Puedo follarte la boca? —preguntó, y se sonrojó ligeramente. Godfrey no pudo hacer otra cosa que sonreír. Alec podía cambiar de "maestro del sexo" a "chico tímido e inseguro hasta la médula" en cuestión de segundos. Así que le respondió para infundirle valor:

—Me volvería loco que follaras mi boca con tu enorme pene.

Alec se enrojeció todavía más, pero a su cuerpo pareció volverle el valor. Se giró ligeramente para poder atar las muñecas de Godfrey detrás de su propia espalda. Después colocó su pene en la entrada de la boca de Godfrey y lo introdujo con lentitud, para ver hasta dónde llegaba sin producirle disgusto al asiático.
Godfrey dio gracias a la muchísima práctica que tenía en aquella disciplina y se sintió muy orgulloso al ver la sorpresa en los ojos de Alec. Nunca nadie ha aguantado hasta tan adentro, ¿no? Fue lo que le habría dicho en el caso de que no tuviera la boca ocupada con su enorme pene.
Alec se quedó unos segundos sin moverse, parecía que disfrutaba con el hecho de simplemente tener su miembro dentro de la cálida boca de Godfrey. El asiático apretó los labios alrededor de su miembro, y pareció que esa fue la señal que tuvo Alec para moverse. Lo hacía despacio, como parecía que siempre él lo hacía, y siempre llegaba hasta el fondo.
Godfrey disfrutó de lo lindo de los gemidos que profería Alec.

—Oh Godfrey, esto es increíble —llegó a decir, lo que le hizo apretar más sus labios a éste—. Esto es algo que jamás había sentido…

Godfrey quería que Alec terminase en su boca, quería sentirse inundado por él. Pero en el momento en el que Alec iba a eyacular, retiró definitivamente su pene, dejándole sólo probar su líquido preseminal. Después le desató.

Se miraron a los ojos, ambos con miradas llenas de deseo. Alec estaba a punto de decir algo, pero en el último momento pareció cambiar de parecer, soltó la corbata y rodeó a Godfrey con los brazos, haciéndole incorporarse, y empezó a besarle apasionadamente. Él en seguida le correspondió, pues hacía rato que echaba de menos los labios del moreno.
Alec fue el primero en separarse, y en sus ojos Godfrey percibió incredulidad, como si nunca hubiese esperado aquella reacción de sí mismo. Después se agachó y volvió a tomar la corbata.

—Voy a volver a atarte al cabecero de la cama. Te quiero follar a cuatro patas.

Godfrey sonrió y se colocó de forma que le facilitase la tarea a su "amo". Pensó en llamarle así a Alec, para ver su reacción, pero desechó la idea.

Notó las cálidas manos de Alec separarle las nalgas y le sorprendió sentir la lengua de su amante en éstas. Tampoco se detuvo mucho, pero al final lo que hizo fue darle un beso en su entrada que a Godfrey le pareció el gesto más tierno del mundo que un dominante podía tener. Poco después notó el índice de Alec meterse dentro de él, y gimió por el largo rato que lo había estado anhelando. Le quería implorar que le follase en aquel mismo momento, sin siquiera prepararle, pero sabía que Alec no lo aceptaría. En vez de eso, se tomó todo el tiempo del mundo para meterle y sacarle durante un buen rato su dedo índice, haciendo círculos con el pulgar en la piel cercana a la entrada anal, para después añadir un segundo dedo y continuar.

—Alec por favor, te lo suplico, tómame ya…

—Un dedo más y lo haré.

—Pues métemelo ya, por favor.

—¿Quién domina a quién? Godfrey, esto lleva su tiempo, debo prepararte, no quiero hacerte daño.

—Alec, la tienes grande, pero ya está bien.

El aludido rió.

—Si sigues así, sólo conseguirás que lo alargue más…

Maldito Alec, pensó un desesperadísimo Godfrey no sin cariño.

Pacientemente (no podía hacer otra cosa, en realidad), esperó a que Alec terminara con el segundo dedo, y añadiera un tercero. Después, con la punta del pene en su entrada, le preguntó:

—¿Quieres que…? —comenzó a preguntar Alec.

—¡Disfrutas jugando conmigo, sabes que…! —Godfrey le cortó, pero sus palabras se esfumaron, pues sintió como Alec se metió con toda su anchura y su longitud dentro de él.

Godfrey sintió que se desvanecería en ese mismo momento.

—Por eso me habías estado… —empezó a murmurar, pero no fue capaz de continuar.

Alec sacó su miembro de dentro de él y volvió a metérselo y repitió la acción cada vez con más velocidad, hasta alcanzar un ritmo vertiginoso.

Superado el dolor inicial, Godfrey no pudo hacer más que gemir de placer. El estilo perrito le volvía loco, y parecía que a Alec también. Además, entre todos los mete y saca Alec se dedicaba a pellizcar de vez en cuando sus pezones, acariciar sus nalgas, sus muslos. Cuando se puso a masajear su próstata, el placer ya fue extremo.

—No puedo más… voy a eyacular.

—Hazlo —susurró Alec, sin dejar de penetrarle. Su mano se deslizó al excitadísimo pene de su compañero y lo acarició.

Finalmente Godfrey eyaculó, sintiendo el que creyó fue el mayor orgasmo de toda su vida. El gemido que emitió fue bien alto y sus piernas temblaron. Sentía que se desmayaría de puso éxtasis en aquel mismo momento. Pero no, debía esperar a Alec, debía dar la talla.

—Córrete dentro de mí, quiero sentirme inundado por ti —le suplicó, esperando que esta vez su amante le complaciera.

Y así fue, unas cuantas sacudidas después Alec se derramó dentro de él, emitiendo un sonido animal mucho más alto de los que había estado profiriendo anteriormente.

Alec se retiró lentamente de dentro de él. Después, deshizo las ataduras las ataduras de Godfrey. Una vez liberadas las muñecas de Godfrey, Alec las besó tiernamente.
Godfrey y Alec estaban sentados en la cama, uno en frente del otro y mirándose intensamente.

—Ha sido… —comenzaron a decir al mismo tiempo.

Godfrey rió, pero sus risas fueron acalladas por Alec, que se lanzó literalmente a él, tumbándole de nuevo y besándole apasionadamente.

Muchos besos después, ambos estaban tumbados en la cama, desnudos uno en frente del otro y mirándose con sonrisas en la boca.

—La experiencia más intensa que he sentido —dijo el asiático, recordando la frase que había enunciado muchos minutos antes a medio acabar.

Alec pareció contrariado, pero luego pareció recordarlo y entenderlo. Sonrió.

—Espero que hayas tomado nota, el próximo día te toca a ti —dijo y se giró. ¿Para evitar que vea que está sonrojado?, pensó inevitablemente Godfrey.

—Por supuesto, pero si no, tengo un buen profesor que me podrá dar consejo —le respondió, susurrándole en la oreja, y le besó en la oreja.

Transcurrieron unos minutos en silencio.

—Buenas noches, Godfrey.

—¿Te quedas a dormir?

—Estoy muy cansado y… —comenzó a excusarse Alec.

Godfrey alargó su brazo rápidamente para atraer el cuerpo de Alec hacia el suyo.

—No hace falta que te excuses. Puedes quedarte a dormir tantas veces como quieras, Alec. Y ahora, descansa.

Y dicho esto, le besó en la frente.

Al rato, Alec cayó dormido en el regazo del asiático. Éste sonrió, le acarició el rostro y inconscientemente siguió con su dedo índice el trazo de la runa de poder angélico que Alec tenía marcada en la parte superior derecha de su pecho.


¿Merece algún review? Me gustaría saber vuestra opinión, es la primera vez que escribo algo de esta temática. Ave atque vale!