1º El comienzo

-¡Dandelion! ¡Rye! ¡Bajad inmediatamente!- Los llamó su madre desde el final de las escaleras, mirando la hora en el reloj que había junto a la chimenea del salón- ¡Si no os dais prisa llegaréis tarde!

-¡Ya vamos!- Respondieron los dos niños desde el piso superior.

-¿De mal humor ya de buena mañana, señora Mellark?- Le susurró la voz de su esposo mientras rodeaba su cintura con los brazos fuertes y llenos de harina.

-No, mi mal humor se evaporó el día que me casé contigo.

-¿De verdad?- Rio Peeta al escucharla- Creo que en realidad fue un poco después.

-Está bien, quizá fue después de nacer Danddy.

-Eso es más creíble- Volvió a reír, girándola para darle un tierno beso en los labios.

-Oh, por favor, ¿Cómo pueden tardar tanto en coger sus chaquetas?- Se exasperó Katniss, viendo que se les hacía tarde.

-Déjame a mí- Peeta miró hacia el piso superior y con voz potente dijo- ¡Voy a contar hasta cinco, y cuando haya acabado espero que los dos estéis aquí, con las chaquetas puestas y listos para ir al colegio!- Sonrió mientras le guiñaba un ojo a Katniss- ¡Uno!- Empezaron a escucharse pasos acelerados en el piso superior- ¡Dos!- Se escucharon dos puertas abrirse y cerrarse rápidamente- ¡Tres!- Las voces de los niños comenzaron a escucharse nerviosas- ¡Cuatro!- De inmediato, los dos niños aparecieron en lo alto de las escaleras y bajaron a toda velocidad, parando junto a su padre- Cinco.

-No puedo con ellos.

Y sin decir más, Katniss cogió su abrigo y salió de la casa. Comenzó a caminar a paso lento, sabiendo que de inmediato, los dos niños y Peeta la alcanzarían. En menos de dos minutos, los tres estaban junto a ella.

Peeta tomó su mano y la apretó con cariño mientras sus hijos iban unos pasos por delante de ellos. Katniss fijó la mirada en aquellos dos pequeños, sus hijos.

Tras la guerra contra los externos, la paz había llegado a Panem de nuevo, y ella por fin había perdido el miedo que había tenido años atrás, por esa razón pudo aceptar el embarazo de su segundo hijo.

Pero a pesar de lo mucho que los quería y de lo que ella se esforzaba por hacer las cosas bien, los niños pocas veces la obedecían, siempre corrían y chillaban sin parar, haciendo que se desesperara y los castigara. Pensaba que algo estaba haciendo mal, y ese pensamiento se hacía más fuerte cuando llegaba Peeta y, con toda su dulzura, les decía una sola vez que hicieran las cosas y los pequeños obedecían sin rechistar.

-¿Vas a contarme que te ocurre?

-Ya sabes que me ocurre- Le respondió, sin apartar la mirada de los niños.

-¿Otra vez con ese pensamiento absurdo?- Peeta hizo que ella parara en seco- Katniss, los niños te adoran, Rye está muy apegado a ti, jamás se ha separado de tu lado salvo cuando yo lo llevo conmigo a la panadería, y verás cómo cuando hoy vuelva del colegio no querrá soltar tus brazos-Le acarició la mejilla- Y Danddy está deseando ser un poco más mayor para poder acompañarte al bosque- Katniss lo miró como si tuviera dos cabezas- Si hasta se ha hecho su propio arco y practica en el patio trasero cuando tú no estás.

-¿Qué? ¿Cómo sabe hacerse un arco? ¿Quién le ha enseñado a dispararlo?

-No sabe dispararlo, nunca acierta, de hecho, apenas es capaz de lanzar la flecha, pero lo intenta, porque tú eres su modelo a seguir- La mirada de Peeta era tan sincera y radiante que a Katniss se le hacía difícil no creerle.

-¿Entonces por qué se comportan así conmigo? ¿Por qué nunca consigo que me obedezcan? ¡Tú no tienes ni que levantar la voz!

-Porque aún son pequeños, para ellos yo soy la figura autoritaria de la casa, y tú eres la que siempre está con ellos en sus horas de juego- La abrazó- Te aseguro que te adoran Katniss, solo tienes que dejar de atormentarte y permitir que ellos se comuniquen contigo.

-No sé cómo hacer eso, Peeta, sabes que estas cosas no se me dan bien.

-Por el momento, quiero que sonrías y disfrutes de llevar a los niños al colegio- Juntó sus frentes- Es el primer día de Rye, y estoy seguro de que estás emocionada aunque no lo quieras demostrar- Katniss dibujó una pequeña sonrisa- ¿Eso es una sonrisa? ¿Ha sido mi imaginación?- Katniss empezó a reír- Así me gusta- Cogió su nuca con la mano, acercándola a él- No dejes nunca de sonreír, por favor, me encanta tu sonrisa- Y la besó.

Mientras duraba el beso, Katniss decidió que Peeta tenía razón y que debía no centrarse en lo que no conseguía cuando estaba sola con sus hijos, y disfrutar de ese día que para su pequeño era tan importante.

Un poco más animada, tomó de nuevo la mano de Peeta y juntos caminaron tras los niños de camino al colegio. Al llegar a la puerta, Katniss no pudo evitar echarse a llorar, ver como Dandelion tomaba la mano de su hermano y lo acompañaba al interior, cuidando de él, le recordó al primer día de colegio de Prim y sintió como su corazón se oprimía.

Peeta le pasó un brazo por encima del hombro, dándole fuerzas, sabiendo exactamente como se sentía. Los dos se miraron, se sonrieron y juntos despidieron a sus hijos con la mano.

Como cada mañana, Peeta fue a hacerse cargo de la panadería, mientras que Katniss, por primera vez sola y sin nada que hacer desde el nacimiento de Rye, decidió salir de caza, deseando poder despejarse y sentir un poco de paz.

Cuando quiso darse cuenta, había pasado prácticamente todo el día, y no se había percatado de la hora que era. Con premura, salió corriendo en dirección a su casa, esperando que nadie hubiera notado su ausencia.

Al traspasar la puerta se quedó petrificada ante la escena. En el salón estaba Dandelion saltando en el sofá, Rye estaba gritando con desesperación mientras daba vueltas corriendo alrededor de la mesa, y Peeta, intentando cogerlo mientras le pedía a Danddy que parara, ningún éxito.

-¿Pero qué está ocurriendo aquí?

Al escucharla, los tres se quedaron quietos y en completo silencio. Peeta la miró aliviado, pidiéndole que con la mirada que hiciera algo. Entonces miró a su hija, que la observaba silenciosa y nerviosa. Después miró a su hijo y lo vio con su carita llena de lágrimas y sus mocos colgando por el sofoco que había cogido.

Sin saber por qué, el pequeño Rye salió corriendo hacia su madre y saltó a sus brazos, sin casi dejarle tiempo a reaccionar.

-Mami- Empezó a llorar de nuevo, apretando fuerte el abrazo de su madre.

-¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras?

-He vuelto del cole y tú no estabas- Dijo con su vocecita quebrada por el llanto- ¿Por qué no estabas mami? Siempre estás en casa y hoy no estabas.

-He salido a cazar y se me ha pasado la hora, lo siento mucho, cariño- Le dijo suavemente mientras acariciaba sus suaves cabellos castaños- Se me ocurre una cosa, ¿por qué no subimos tú y yo y preparamos un baño para ti y para tu hermana mientras ella y papá recogen este desastre?- El pequeño asintió, restregándose sus ojitos- Sube tú primero mientras dejo mis cosas en su sitio.

El niño bajó de los brazos de su madre y subió al piso superior, Katniss dejó sus cosas de caza en el armario que tenía en el salón, y después fue hasta su hija, que permanecía quieta sobre el sofá. La tomó en brazos, se sentó en el sofá y la sentó sobre sus rodillas.

-¿Y qué es lo que te ha ocurrido a ti, señorita?

-Estaba jugando- Se encogió de hombros.

-Ya lo he visto, pero también estabas desobedeciendo a papá.

-Lo sé- Bajó la mirada avergonzada- Lo siento.

-Anda, patito, dale un beso y un abrazo a tu padre y ayúdale a recoger, después sube a darte un baño, ¿de acuerdo?

La pequeña asintió, miró a su madre, que le dedicó una gran sonrisa, y de inmediato bajó de su regazo para ir junto a su padre y cumplir el mandato que le había hecho su madre.

Una hora después, los dos niños estaban bañados, cenados y con el pijama puesto, listos para irse a la cama. Peeta cogió a Rye, que después de que su madre lo bañara se había calmado y volvía a ser el mismo niño alegre y tranquilo de siempre. Katniss tomó la mano de Dandelion y la acompañó hasta su habitación, la arropó y besó su frente.

-Mamá, ¿algún día me llevarás a cazar contigo?

-Es posible- Le respondió, acariciando su mejilla- Dentro de unos años, cuando sepas manejar ese arco que te has hecho- La niña la miró sorprendida de que supiera ese dato- ¿Es por eso por lo que estabas tan desobediente esta tarde?

-Si- Dijo con algo de pesar- Pensé que te habías ido y nos habías dejado aquí.

-¿Y por qué iba a hacer eso?

-En el cole escuché a unas niñas mayores que yo que tú querías a otro chico que no es papá, que antes de la guerra tú ibas a cazar con él siempre que podías, y que era raro que después de la guerra no hubieras vuelto con él y te hubieras quedado con papá- Le narró la niña, realmente preocupada- Y pensé que te habías ido con él y por eso no estabas en casa cuando hemos llegado del colegio.

-Ese chico se llamaba Gale, y es cierto que salía a cazar con él- Le explicó, dejando a la niña impactada- Él era mi amigo, pero nunca podría haber estado con él.

-¿Por qué?

-Porque mi corazón es solo de tu padre- Le dijo, dejando a la niña maravillada- Pero además hay otro motivo por el que nunca os dejaría.

-¿Y cual es, mamá?

-Que os quiero más que a nada en el mundo, y haría cualquier cosa por vosotros- Sonrió, y la niña la imitó de inmediato- Jamás os abandonaré, pase lo que pase, siempre iré hasta donde estéis, nada me impedirá nunca protegeros y cuidaros.

-¿Me lo prometes?

-Te lo prometo- Volvió a besar su frente- Ahora a dormir, señorita, que mañana hay colegio.

La niña se acurrucó entre sus mantas y cerró sus ojitos azules. Katniss se levantó y salió, dejando la puerta entornada. Peeta la esperaba a unos pasos de la puerta, mirándola tan maravillado como la había mirado su hija hacía unos minutos. Le tendió la mano y una vez las tuvieron unidas, Peeta la condujo a su dormitorio.

-¿Ves lo que ocurre cuando no estás?- Se rio Peeta- Te necesitamos a cada instante, aunque a veces no lo parezca.

-La verdad, ha sido un shock encontraros de esa manera, jamás pensé que tú no podrías con ellos.

-Te lo he dicho esta mañana, los niños te adoran- La cogió por la espalda y besó su cuello- Y yo también.

Entre besos y caricias llegaron hasta la cama y dieron rienda suelta a su pasión, como cada noche, sin sospechar lo que estaba por pasar.

A la mañana siguiente, llevaron de nuevo a los niños al colegio, y en esa ocasión, Katniss prometió acompañar a Peeta a por ellos. La mañana transcurrió con normalidad, y después de comer, Katniss fue a la panadería, esperó a que saliera su esposo, y juntos se dirigieron al colegio.

Cuando llegó la hora de salida, no apareció nadie por la puerta, no se escuchaba ningún sonido, ni niños, ni maestros, nada, absolutamente nada. Preocupados, los padres empezaron a cuchichear y a ponerse nerviosos. Katniss sintió un cosquilleo en la nuca y supo de inmediato que algo iba mal.

Sin pensarlo dos veces, corrió al interior del colegio, seguido por Peeta, y por el resto de padres. Avanzó por los pasillos, llamando a sus hijos en alto, sin obtener ninguna respuesta. Y de pronto se quedó helada en su sitio. Los demás padres chocaron con ella y al ver la escena, el pánico se apoderó de todos.

Los maestros de escuela estaban apilados en mitad del patio de recreo, unos sobre otros, con sangre rodeándolos por todas partes.

-¡Rye! ¡Dandelion!- Los llamó a voz en grito.

Cada padre comenzó a llamar a sus hijos, desesperados por encontrar a alguien. Sin embargo, nadie recibió respuesta. Recorrieron todo el colegio hasta que llegaron al salón de actos, donde había una imagen de cada uno de los niños amordazados y enjaulados, reflejada en la pared.

De pronto, apareció la imagen de una joven muchacha, que sonreía con maldad mirando hacia el frente, hacia la cámara, hacia todos aquellos padres que estaban en el salón.

-Mi nombre es Andrómeda Snow, y he venido a vengarme por la muerte de mi abuelo.

Siento el retraso, he estado de exámenes, pero ya he terminado hasta dentro de unas semanas, así que espero poder escribir el próximo este fin de semana, y para compensar la falta de actualización, intentaré subirlo como tarde el lunes.

Gracias por vuestra paciencia.