4º La tragedia de Haymitch

Haymitch miraba a Peeta y a Katniss abrazados en el sofá. Ambos se habían quedado dormidos tras mucho llorar a lo largo de la noche, al igual que Effie, que descansaba en la mecedora que ellos mismos le habían regalado a Katniss cuando nació Rye. Viendo los rostros de aquellas tres personas a las que tanto quería y que, sorprendentemente se habían convertido en su familia, se maldijo.

Él podía haber impedido todo eso, podía haberlos avisado hacía semanas, pero si lo hacía se arriesgaba a que su hijo Julius fuera asesinado. Y todo había sido culpa suya, por haberse vuelto demasiado confiado.

Tras la guerra contra los externos, la paz reinaba de verdad en todo Panem, y él, al tener a su mujer y a su hijo junto a él, se había acostumbrado a la tranquilidad y a no estar siempre pendiente de que algo fuera a atacar. De esa forma fue como perdió de vista a Julius. Se lo había llevado de pesca, como tantas otras veces, y como ya era costumbre en él, se habían dejado el machete o cualquier otra arma en casa, bajo llave.

Todo estaba tranquilo, no había ninguna señal de que alguien más estuviera por allí. Haymitch lanzó el sedal con el anzuelo bien colocado hacia el centro del lago, su hijo lo imitó como pudo, aunque no llegó ni la mitad de lejos, puesto que era mucho más pequeño. Estuvieron horas de aquella manera, hasta que Julios vio un pequeño conejo y quiso seguirlo.

Haymitch, divertido por la emoción de su hijo ante un animalito tan pequeño e inofensivo, dejó la caña bien anclada a la orilla y caminó con calma en la misma dirección en la que había ido el niño. Caminó unos minutos tranquilamente, pero al no escuchar ningún sonido, ni ver al pequeño corretear, empezó a asustarse.

Lo llamó sin descanso, comenzando a correr, recorriendo los alrededores sin parar, pero no había rastro de él. Tras horas buscando, ya desesperado, corrió a casa de los Mellar, que era los que estaban más cerca. Peeta y Katniss no dudaron en correr al bosque para ayudar a buscar al pequeño Julius, mientras que Dan del ion fue enviada a buscar ayuda junto a su hermano.

La búsqueda no sirvió de mucho, no se encontró ningún cuerpo, y con el paso de los días, la esperanza de Haymitch y Effie por encontrarlo se fue desvaneciendo.

Una noche, Haymitch bajó a la cocina, como hacía cada noche desde la desaparición de su hijo, sacó una botella de whisky que tenis escondida y empezó a beber. La desesperación le hizo recaer en ese antiguo vicio que tanto le había costado dejar, pero estaba tan angustiado y se sentía tan culpable que eso era lo único que le hacía dejar de pensar.

Llevaba la mitad de la botella cuando escuchó una voz infantil que se le hizo familiar. Convencido de que había sido producto del alcohol, continuó con su bebida, pero de nuevo volvió a escucharla, y en esta ocasión, junto a la puerta de la cocina. La voz no dejaba de llamarlo, no dejaba de pedirle ayuda.

Pensando que quizá fuera su hijo que había conseguido encontrar el camino de vuelta a casa, corrió a la puerta de entrada, pero al abrir no encontró a nadie. Dispuesto a cerrar la puerta de un portazo, enfadado consigo mismo por necio, volvió a escuchar la voz, que se alejaba de la casa y se dirigía a uno de los almacenes abandonados.

Se encaminó hacia allí de inmediato, necesitaba saber si era real la voz o tan solo un producto de su imaginación. Llegó al almacén y se adentró. Estaba todo a oscuras y apenas se veía nada.

-¡Papá, ven, ayúdame!

-¡Julius! ¿Dónde estás?- Preguntó desesperado, caminando hacia donde escuchaba la voz pero si poder ver nada.

-No se mueva de donde está- Le indicó una voz femenina. Haymitch detuvo su avance de inmediato.

-Solo quiero a mi hijo, le juro que no quiero nada más.

-Ya lo sé, fui yo quien se llevó al niño en el bosque- Dijo tranquilamente aquella voz su hijo ha estado conmigo desde entonces, y seguirá a mi lado hasta que haga lo que yo le diga.

-¿Qué es lo que quiere de mí?

-Verá, dentro de algunas semanas atacaré todos los colegios de Panem y me llevaré a los niños, después haré que muchos de los padres de esos niños se adentren en un jueguecito que estoy preparando para recuperarlos- Le explicó con calma.

-¿Y dónde entro yo en todo eso? ¿Qué tiene que ver mi hijo?

-Por lo que tengo entendido, su familia y la del sinsajo están muy unidas- Haymitch asintió- Pues lo que quiero que haga es que se asegure que al día siguiente de que me lleve a todos los niños el sinsajo se preste voluntaria para participar en mis juegos.

-No puedo hacer eso, Katniss es como mi propia hija, no podría hacerle algo así.

-En ese caso ya puede ir despidiéndose de su hijo- Lo amenazó- La única garantía que tiene de que él continúe con vida es asegurarse de que el sinsajo entra en esos juegos y de que llega hasta el final- Haymitch estaba pálido, lo que le pedía era hacer lo mismo que cuando era mentor en los juegos del hambre- Y para asegurarse de que llega al final, tendrá que hacerlo desde dentro, es decir, tendrá que participar en esos mismos juegos.

-¿Si la ayudo recuperaré a Julius?

-Si hace lo que le he pedido y no le cuenta a nadie lo que le he revelado, le devolveré a su hijo, de lo contrario, no volverá a verlo.

- Está bien- Dijo con pesar, sintiendo como estaba traicionando a dos de sus seres más queridos, pero no sabía que más hacer ¿Que les ocurrirá a los niños? ¿Y a Katniss?

-Eso depende de cómo actúen sus padre, ellos decidirán si viven o mueren sus hijos en los juegos- Le respondió divertida- Y por el sinsajo, no se preocupe, la quiero viva, tengo planes para ella, aunque no estoy tan segura de que les sucederá a sus hijos.

Para Haymitch aquellas palabras significaron que había firmado la sentencia de muerte de muchos de aquellos niños o de sus padres, y en especial las de Dan del ion y Rye, pero ¿qe otra cosa podía hacer?

-¿Puedo ver a Julius?

-Claro- Río la voz femenina, haciendo que se encendiera una luz y mostrando al niño junto a ella, el pequeño estaba asustado, tenía las manos esposadas y algo de sangre en su frente, manchando así sus cabellos rubios- Como ve, el niño está bien, así que espero que cumpla su parte de trato, y no le diga nada de esto a nadie, ni tan siquiera a su esposa. ¿Entendido?- Haymitch asintió- Siendo así, nosotros nos vamos- Apagó la luz de nuevo.

-¡Espere! ¿Quién es usted?

-Mi nombre es Andrómeda Snow- Y sin más desapareció de allí.

Después de aquel encuentro, Haymitch se alejó de todos, pero obedeció las órdenes de la nieta de Snow, en su interior se dijo que cualquier padre hubiera hecho lo mismo en su lugar. La única que permanecía junto a él era Effie, que pensaba que el motivo de su aislamiento era el sentimiento de culpa por la desaparición de su hijo.

De esa forma pasaron los días y las semanas, hasta que les llegó la noticia de lo ocurrido en el colegio. Haymitch se alteró al saberlo, estaba muy nervioso, el momento había llegado. Convenció a Effie de ir a ver a Katniss y a Peeta para apoyarlos, pues ellos sabían lo que era perder a un hijo, y esta, orgullosa de ese sentimiento tan paternal de su marido, accedió de inmediato, deseando poder ayudar a sus dos vencedores, como aun continuaba llamándolos.

Y ahí se encontraban, en la sala de estar, esperando a que amaneciera para dirigirse hacia la escuela y ver que ocurría.

Cuando Katniss notó los primeros rayos de sol colarse por la ventana y tocar su mejilla, como si de un resorte se tratara, se levantó inmediatamente del sofá, haciendo que Peeta se despertara también.

-Voy al colegio.

-Espera- Le indicó Peeta, tomándola del brazo para que se calmara.

Haymitch movió suavemente a Effie, despertándola, en cuanto ella se hubo espabilado, los cuatro se dirigieron al colegio. Por el camino vieron al resto de padres encaminarse al mismo lugar, todos apesadumbrados, temiendo lo que pudiera ocurrir a partir de ese momento.

Nada más entrar al salón de actos vieron que en la pantalla del escenario se mostraba la imagen de todos los niños, que no dejaban de gritar y lloriquear, pidiendo volver con sus padres. Instantes después, apareció el rostro de Andrómeda sonriente, dispuesta a hacerlos sufrir sin compasión.

-Espero que hayáis descansado bien, lo necesitaréis- Dijo nada más aparecer- Como veis, los niños se encuentran bien, por el momento al menos, eso dependerá de vosotros- Les explicó- He decidido seguir el ejemplo de mi abuelo y hacer una especie de juegos que serán retransmitidos al todo Panem, pero no será igual que los juegos del hambre- Su mirada reflejaba diversión- Cada distrito elegirá a tres de vosotros, me da lo mismo que sean hombres o mujeres, para participar en los juegos, y al igual que en los juegos de antaño, tendrán que sobrevivir e intentar matar al resto- Les informó, dejando a todos sin respiración- Pero no solo será eso, cada día habrá varias pruebas que deberán superar, si las superan, salvarán a uno o varios niños de sus distritos, si no la superan, esos niños que debían ser salvados, morirán, así que elegir bien a quienes enviáis a mis juegos, porque las vidas de vuestros niños dependerá de ellos- El silencio era sepulcral- Tenéis unos minutos para decidirlo, en cuanto estén elegidos, estos deberán salir al patio, un aerodeslizador los recogerá y los llevará a su destino, los demás volver a vuestras casas y dentro de tres días regresad para el inicio de los juegos.

La conexión se cortó, dejando la pantalla en negro. Nadie se movía o decía nada, todos estaban muy tensos, y asustados. Así que fue Katniss la que comenzó a hablar.

-¿Nadie va a decir nada? ¿Nadie se va a presentar voluntario?- Preguntó decepcionada, al ver que las gentes del 12 no tenían el coraje que hacía falta para enfrentarse a aquello- ¡Son vuestros hijos, maldita sea!

-¿Es qué tú te vas a presentar voluntaria?

-¡Por supuesto!- Respondió a la mujer que había preguntado- ¡Me presenté por mi hermana hace años, y me presentaré por mis hijos!- El silencio volvió a reinar en la estancia- No puedo creerme que ninguno de vosotros sea capaz de salir y enfrentarse a esto, son vuestros hijos- Lágrimas de rabia se acumularon en sus ojos- Debería avergonzaros no ser capaces de hacerlo, y solo espero que luego no recriminéis a los tres que vayamos si no podemos salvar a alguno de vuestros hijos, ya que vosotros mismos no habéis sido capaces de hacer nada por ellos.

-Katniss tiene razón, deberían sobrar los voluntarios- Añadió Peeta, cogiendo la mano de su esposa- Yo también voy a ir, porque no sería capaz de quedarme de brazos cruzados sabiendo que mis hijos están en manos de esa lunática.

-Yo también iré- Dijo Haymitch, aunque Julius no esté, necesito ayudar, quizá así pueda perdonarme a mí mismo.

Effie los abrazó a los tres, y los acompañó hasta el patio, ignorando al resto de padres, que los miraban realmente avergonzados. Tal como había dicho Andrómeda, un aerodeslizador los recogió y se los llevó sin más. Effie volvió a entrar en el salón de actos y se dirigió a los demás.

-No sé si conseguirán volver y si lo hacen a cuantos de vuestros hijos habrán conseguido salvar, pero espero que recordéis siempre que vivan o mueran los niños, vosotros no movisteis un dedo por ellos- Los miró desafiantes- No merecéis los hijos que tenéis, así que si en algún momento tenéis oportunidad de ayudarlos, espero que hagáis lo que realmente tenéis que hacer.

Sin más se marchó, dirigiéndose a su hogar, a esperar esos tres días que les había dado la nieta de Snow. Deseando con todo su ser que todo aquello se solucionara antes de que hubiera demasiadas muertes, pero sobretodo, esperando no perder a ninguno de sus seres queridos.

Siento mucho el retraso, he estado muy liada, hemos tenido fiestas en la ciudad y la nena es fallera, así que he estado llevándola a todos los actos.

Espero que la espera haya valido la pena. Y si me queréis dejar vuestra opinión os lo agradeceré.

Nos leemos pronto