Hola tommodachis!!
Me van a disculpar todos ustedes por no contestar sus reviews en esta ocasión, pero les juro k no tengo tiempo! Tengo que estudiar los exámenes globales de lengua, matemáticas, ingles, biología, física y química y educación fisica. Todos son esta semana y por estudiarlos apenas me da tiempo a escribir…. Es por ello que dedico todo el tiempo libre que tengo a escribir y a releerme este fic, para así poder continuarlo mejor. Pero si dedicaba la hora acostumbrada a contestar sus reviews, les juro que mi tiempo se evaporaba, asi k era o publicarlo ahora sin contestarlos, o esperar a la semana que viene.
Decidi que era mejor colgar ya el capp para que lo disfruten, y espero de corazón que asi sea y que comprendan los malos momentos que estoy llevando esta semana.
Ahora los dejo, de evras no tengo tiemo para alargarme más, pero k sepan todos ustedes que me lei y relei cada uno de sus comentarios y k me hicieron muy feliz, y me duele en el alma no poder contestarlos!
Por favor, oajal me comprendan y espero k dusfreten este capp, echo con poco tiempo pero con mucho amor!!
Besitos, hasta la próxima, tratare k sea lo antes posible, By
No se tardaron mucho en llegar al comedor, que extrañamente se encontraba vacío, a excepción de Mahado y Mana, esta última con una cara de sueño que ni ella misma se aguantaba.
- Dormiste bien hoy, por lo que veo – ironizó Mai.
- Perfectamente – afirmo la aprendiza de maga – Al menos hasta que este estúpido se presento en mi habitación a las seis de la mañana para "aprovechar las mejores horas" de entrenamiento.
- Si ayer no hubiese insistido en quedarnos bailando hasta el amanecer... – se defendió él – ahora no tendrías tanto sueño.
- Si tu fuese una persona normal en lugar de un sacerdote viejo y amargado – contraataco ella, mientras la pareja restante comenzaba a sentirse ignorada – yo ahora no tendría tanto sueño.
- Si tu fuese mejor alumna habrías aprendido ya a manejar los hechizos lunares – reprochó Mahado – y yo no tendría que haberte despertado.
- Si tu fueses mejor profesor – recalcó ella – yo ya habría dominado esos hechizos.
- Por favor... – se burló el joven – si apenas eres capaz de realizar un simple hechizo de transformación.
- Por supuesto que soy capaz – se defendió la chica.
- Lo dudo – negó el con pose de superioridad-
- Ahora verás! – pronunció Mana mientras de la nada hacia aparecer su varita y con un simple movimiento de esta exclamo – Ceraberto!
Un intenso silencio se formo en ese momento, para después...
- Trataste de convertirme en rata? – pregunto furioso Mahado.
- Solo de colocarte bigotes – respondió ella sácanosle la lengua, enfadada porque el hechizo no hubiera funcionado.
- Chicos... – la voz de Mai sonó a lo lejos y ninguno le presto atención.
- Igual ya ves como no funciono – se burló nuevamente de su alumna – Yo tenía razón, ni si quiera eres capaz de realizar un hechizó tan simple.
- Eres un... – Mana estaba furiosa, había fracasado frente a su maestro..., no; había fracasado frente al idiota que había irrumpido su hermoso sueño, sueño en el que además ellas y él mismo se encontraban... espera, eso no importaba, lo importante era que él... – eres un imb...
- Ya!! – sus tímpanos parecieron estallar al contacto con ese inmenso gritó, y sus caras reflejaron sorpresa al descubrir a la propietaria de este... Mai – Acaso no me escuchan par de idiotas infantiles!! – exclamo furioso mientras sus ojos destellaban fuego – Ineptos!! – reprochó – convirtieron a Jono en una rata!
Y solo en ese instante, los ojos de ambos jóvenes posaron su vista en el pequeño animalito que Mai portaba entre sus manos.
Efectivamente, era una rata.
Solo que..., una rata rubia?
Un pequeño silencio se formo tras el impacto de la revelación, y aun sin poder evitarlo en sus bocas apareció una pequeña sonrisa burlona.
- Ra! Atem tendría k ver esto – comentó la aprendiza de maga sin poder contenerse.
- Si... – aceptó el otro tratando de guardar la compostura – parece que al fin lograste que un hechizó te saliera bien... – comentó burlonamente, pero luego su rostro se tornó serio – A propósito..., dónde esta el faraón?
- No lo se – respondió Mana a su maestro con su rostro también más maduro – desde ayer en al noche no lo volví a ver.
- La última vez que yo lo vi fue cuando abandono la fiesta en busca de Anzu – comentó Mai ante la mirada apeladora del sacerdote.
Un incomodo silencio se formó entonces, y extrañas miradas preocupadas llenaron la sala.
Sin embargo, instantes después, un ruido cercano a la puerta provocó que todos giraran la vista hacía ella.
Instantes después, la imponente figura de una sacerdotisa emergía ante ellos.
- Isis! – exclamó Mahado al verla entrar y siendo de ese modo el primero en romper el silenció – no te esperábamos... - e inmediatamente después pregunto – sabes donde se encuentra el faraón?
- Yo también me alegro de verte, Mahado – respondió ella un tanto sarcástica – respecto al faraón, lo envié a una misión.
- Solo? – preguntó preocupado – debiste decírmelo, le habría acompañado, de otro modo podría resultar peligroso.
- No – negó ella – no lo envié solo; de echo fue con la única persona que podría serle de ayuda.
Y tras esas enigmáticas palabras, se acomodo a la mesa ignorando las extrañas miradas que solo ella era capaz de provocar.
Mientras tanto, una pequeña rata de pelaje amarillento se retorcía en las manos de Mai sin que esta apenas se enterase de ello.
"Por qué siempre yo? – se preguntaba Jono resignado ante su "pequeño" problema con rabo"
Pero por el momento, nadie parecía percatarse de ello.
Lejos de allí un brioso corcel cabalgaba presuroso entre la arena del desierto, y sobre él, montaban dos jóvenes, uno de ellos con un extraño pelo tricolor y unos exóticos ojos morados que lo hacían realmente atractivo y el otro era un hermosa joven de extraña piel blanca, cuyos ojos parecían asemejarse a cristales de mar.
- Atem, a dónde vamos? – preguntó curiosa Anzu, mientras su pelo volaba libre debido a las corrientes de aire, y su espalda era sostenida por el pecho del joven que iba tras ella.
- Es un secreto – contestó el con una de sus magnificas sonrisas, mientras apretaba la brida del cabello para acelerar el paso de este – Es un lugar al que solía escapar yo de pequeño..., fue – dudó un momento, le resultaba duró hablar del tema – fue mi madre quien me lo mostró por primera vez.
Como toda respuesta a sus palabras Anzu apretó su cuerpo aun más a él, tratando de brindarle el calor y la fuerza necesarias para superar sus palabras.
Era cierto que la chica no sabía con exactitud lo ocurrido con la madre de Atem, pero aun así sabía de sobras lo que era perder a un padre, y el dolor que se siente por ello.
Agradeciendo el abrazó, el faraón se limito a apretar aun más de la brida, y no faltó mucho hasta que llegaran a su destino.
- Ra! Atem esto... esto es precioso – fue todo lo que puedo expresar la maravillada chica una vez el joven la ayuda a desmontar del caballo.
- Me alegro k te guste – fue todo lo que el respondió.
Se encontraban en un pequeño pero perfecto oasis, rodeados de palmeras que se alzaban imponentes en un rezo oculto de alcanzar al mismísimo sol.
El aire se volvía en tonos color arcoiris al recibir las lágrimas que una imponente cascada emanaba.
El agua de la misma, iba a parar hasta un pequeño estanque, rodeado de fina arena, nada que ver con la común en el desierto, para, finalmente, concluir en un precioso río, cuya profundidad no era mucha, pero si las suficiente para nadar sobre él.
Anzu se encontraba maravillada ante ese paradisíaco paisaje, y agradecida se arrojo a los brazos de Atem envolviendo su cuello con sus manos, en un cálido y gratificante abrazo.
- Esto es increíble, jamás imagine que existiera un lugar así, y mucho menos que pudiera compartirlo contigo – todavía abrazada dirigió sus labios a los del joven para que se entrelazaran brevemente, luego apoyando la cabeza sobre su pecho, añadió – muchísimas gracias.
- No tienes porque darlas – respondió él correspondiendo a su abrazo – soy feliz de poder estar aquí, contigo. Además considéralo mi modo de disculparme por lo mal que me porté conmigo.
- Sss – lo acalló ella – olvidamos eso. Nada de pensamientos triste por un día, de acuerdo? – él asintió sonriente – Mejor vamos a darnos un baño, si?
Y ante el asombro de un muy perplejo faraón, Anzu se desprendió de su abrazó y saltó al agua.
Tras uno segundos tras su caída, emergió sonriente, con el pelo en tonalidades algo más oscuras, a causa del agua y el vestido ceñido por completo a sus muy bien formadas curvas.
- Vienes? – preguntó desde el agua.
- No lo dudes – respondió él mientras se despojaba de la capa, sin apartar la vista del cuerpo mojado de su esposa.
De un saltó se sumergió por completo en el río, para emerger de nuevo de él, esta vez con todo su cuerpo cubierto de pequeñas gotitas cristalinas.
Sin apenas tiempo a tomar a aire sintió como unos suaves labios se posaban sobre los suyos, y casi instintivamente devolvió el beso, hasta que sus lenguas volvieron a juntarse, ya como viejas amigas.
Una vez el beso termino, Atem hizo ademán de comenzar otro, pero la chica sonriente comenzó a alejarse de él nadando de espaldas.
- No me cojeras! – se burlo ella con sorna, mientras dejaba el nado de espaldas y comenzaba a bucear lejos de él.
- Eso lo veremos – dijo él aceptando el reto, e inmediatamente después comenzó una furiosa persecución.
Como niños comenzaron a encorrerse, nadando, buceando, saliendo del agua en carrera para después volverse a sumergir tomando impulso con un pequeño salto.
El mundo no existía, tan solo ellos, felices, retirados de todo lo malo, de toso lo que odiaban, de todo lo que les haría daño.
Risas felices, enfados infantiles, gruñidos protestones, sonrisas sinceras.
Solo estaban ellos, ellos, el agua que los cubría, y el amor que lo unía.
- Te pille! – exclamo al fin Atem mientras la tomaba por la cintura evitando su huida.
Se encontraba debajo de la cascada, y el agua les cubría algo por encima del pecho.
- Hiciste trampa! – se pico ella.
- Yo nunca hago trampa – respondió el joven firmemente.
- Ni siquiera por uno de mis besos? – preguntó ella mientras acercaba lentamente la boca entreabierta a la suya propia.
- Por uno de esos haría lo que fuera – acepto el seriamente.
Sus bocas se acercaban, la tensión de sus músculos disminuía, cerro los ojos...
- Picaste! – negó ella mientras comenzaba a alejarse de él, solo que esta vez Atem no iba a permitir que llegará muy lejos.
Rápidamente atrapo su cuerpo y aprisionándola contra la pared de roca que se ocultaba tras al cascada, coloco sus brazos por encima de su cuerpo, manteniéndola inmovilizada.
- Eres mía – fue todo lo que dijo, y la beso.
Sus labios de nuevo se juntaron, el uno sobre el otro; de nuevo sus lenguas se introdujeron en sus bocas, recorriendo cada milímetro, acariciando cada esquina; finalmente sus leguas se unieron, acariciándose mutuamente, saciando su sed, compartiendo su alma.
El beso termino tan lentamente como había empezada, y solo fue entonces que las suaves palabras de la joven recorrieron su mundo hasta perderse en un susurro.
- Y tu de quién eres? – interrogo.
- Sabes que soy, y siempre seré tuyo – respondió el sinceramente mientras su boca se curvaba en una breve sonrisa provocada por la audacia de la joven.
Sus labios volvieron a juntarse, la presión que anteriormente ofrecía el cuerpo del joven sobre el de ella fue desapareciendo, permitiendo a Anzu rodear con sus brazos el cuerpo del joven.
Se amaban, incluso estaban casados, qué mas importaba?
De algún modo, sin romper la escala de besos y caricias, lograron abandonar el estanque hasta tumbarse en la arena.
Lentamente sus ropas mojadas fueron desapareciendo, quedando únicamente sus cuerpos desnudos ante ellos.
Con delicadeza, Atem comenzó a besar el pie de ella, ascendiendo lentamente por su pierna, acercándose peligrosamente a la parte interna de sus muslos, continuando hasta llegar a su ombligo, recorriendo su terso estomago, deteniéndose en sus pechos, subiendo por su cuello, hasta finalmente regresar a su boca y dejar tras de si, únicamente, diversos rastros de amor.
Colocándose sobre él, comenzó a acariciar sus pezones, a aplicar tensión sobre ellos, a lamerlos como si de un dulce se tratara, a soplar sobre ellos diversas corrientes de aire fresco, provocando que se erizaban a un más de lo que ya lo estaban.
Sus caricias continuaron por la parte baja del estomago, deteniéndose en su miembro para acariciarlo suavemente, con ternura, con amor.
Sus labios se posaron sobre él para llenarlo de besos, mientras su lengua lo recorría de extremo a extremo, sin perderse nada.
Los jadeos de Atem acompañaban su trabajo, hasta que finalmente el joven no pudo resistir más y la atrajo hacia si, besando sus labios compartiendo su aliento.
Colocando bajo él, regresó de nuevos a sus pechos, a estrujarlos, a saborearlos. Sus dientes apretaban sus pezones, mientras su lengua trataba de dejar clara prueba de su paso por ellos.
Girando su cuerpo, comenzó a besarla desde atrás, provocando en ella distintas y agradables sensaciones.
Sin embargo, por un momento se detuvo, su vista fija en un extraño símbolo que ella traía a su espalda, y k por alguna razón se le hacía familiar.
- Qué es este símbolo? – preguntó él sudoroso mientras su mano lo acariciaba lentamente.
- Fue extraño – reconoció ella jadeante – nunca supe como llegó ahí.
Sin embargo ese no era momento de preocupaciones, y mientras Anzu atraía al joven hasta sus labios, este guiaba su mano hasta encontrar el clítoris de ella, apretándolo, y provocando que un ronco gemido escapara de sus labios.
Comprendiendo el significado de este, y mientras la chica pellizcaba duramente sus pezones, él introdujo toda su miembro en el interior de esta, provocando un pequeño grito placer por su parte, y por él mismo.
Comenzando las embestidas pudo apreciar que ella ya no deseaba que fuera tan dulce como la noche anterior, cuando aun era virgen, y cumpliendo sus deseos, comenzó a introducirse en su cuerpo fuertemente.
Agradecida, Anzu se abrazó a él y se unió a los movimientos de su cuerpo, provocando de ese modo más placer para ambos.
Los gemidos de placer escapaban de sus gargantas casi sin que ellos se percatasen de ello.
En nivel de las embestidas crecía, el éxtasis se aproximaba a ellos.
Atem alcanzó finalmente el orgasmo, derramándose en el interior de la joven, que sintió como su cuerpo se llenaba de su esencia, para momentos después, ser alcanzada de lleno por el placer más supremo.
Jadeantes y exhaustos, ambos dejaron reposar a sus cuerpos, aun unidos, mientras sus manos se entrelazaban y el sueño llenaba sus mente.
