CAPÍTULO 2: GLAD YOU CAME

"The sun goes down
The stars come out
And all that counts
Is here and now
My universe will never be the same
I'm glad you came"

John cantaba en silencio, con sus auriculares conectados a su ipod podía desconectarse del mundo entero por horas. Lo cual era perfecto puesto que el viaje duraba horas. Abrió la ventana y dejó entrar la brisa de la mañana, olor a mar, cálida pero refrescante.

Su hermana manejaba demasiado rápido, no podía apreciar el paisaje de esa manera por lo que mejor cerró los ojos y dejó que los kilómetros de carretera junto al mar avanzaran. Llegarían a medio día.

No podía alejar el pensamiento de que estaba huyendo, ¿de qué otra manera habría aceptado un viaje con su hermana? No era que se llevaran mal, todo lo contrario, pero serían días de estar rodeado de personas que se sentían muy adultas por el sólo hecho de ir a la universidad. Y qué decir del mejor amigo de su hermana, insufrible porque ahora era parte de la policía metropolitana. Detestable.

Pero era eso o quedarse en su casa. Había dejado su computadora, lo único que lo unía al resto del mundo era su celular y había cambiado el número. El nuevo sólo se lo había dado a Molly, la única que no lo miraba como bicho raro después de lo que pasó.

No había sido su intención, no era algo que hubiera planeado pero ahora resultaba que todos creían que era un pervertido o algo peor. Simplemente había sido un malentendido. O algo así. Le había dado tantas vueltas que no estaba muy seguro. De su parte era un malentendido pero si recordaba momento por momento no podía asegurar de que Jim hubiera actuado inocentemente.

No quería pensar en eso, le daban ganas de gritar y eso sería algo inadecuado dentro del coche con su hermana. Ella querría saber qué le pasaba y él no le iba a contar nada. Confiaba en ella pero no quería contarle nada, no por el momento.

Cuando llegaron a la casa no era algo que hubiera esperado. Era pequeña y destartalada pero seguro que sería del agrado del conglomerado de amigos de su hermana, muy ambientalistas todos ellos. Por lo menos había luz y agua, lo cual era lo mínimo. John se apropió de un cuarto pero daba por hecho de que cuando llegaran los demás tendría que compartir.

El cuarto tenía una ventana inmensa por lo tanto mucha iluminación y lo más importante, vista al mar. John la abrió al instante y sonrió. Si pudiera escapar para siempre a este lugar podría olvidar las tonterías de los días previos y empezar de nuevo.

Suspiró. Que cosa tan poco probable estaba deseando.

La cama era muy grande, queriendo cabían a la perfección cinco personas. John se dejó caer encima de la colcha y simplemente miró el techo. Nada interesante, no había traído ni siquiera un libro.

Su celular vibró.

No te molestes John pero Molly me dio tu nuevo número. Amigo, qué pasó? Las cosas que Jim está diciendo son incompatibles contigo, nadie le cree nada.

John leyó el mensaje de Mike pero no lo respondió. No tenía ganas de entablar una conversación. Así que nadie le creía a Jim. ¿Entonces por qué todos habían publicado cosas horribles en su Facebook?

Cuando John por fin bajó de su cuarto escuchó voces en la cocina. Una era de Harry, su hermana, la otra de su mejor amigo, Greg. Se habían conocido cuando a los dos los arrestaron por comprar alcohol siendo menores de edad y de ahí en adelante se convirtieron en inseparables. Durante algún tiempo sus padres pensaron que podrían entablar una relación romántica pero eso sólo evidenciaba lo poco que sus padres conocían a su hermana.

Harry era lesbiana pero nadie lo sabía, era algo que no compartía con nadie. Hola buenos días, gusto en conocerlo, soy lesbiana. El pensamiento hizo reír a John. OK vale, es algo que no andas diciendo a la gente por la calle pero Harry simplemente lo callaba y lo empujaba hasta un rincón oscuro de su vida donde nadie jamás se iba a enterar. Vivía una de las más grandes mentiras de las que la historia tuviera registros.

Pero John la entendía, le daba miedo ser sincera y cómo culparla, si le contaba a alguien todo mundo lo sabría y la aislarían, como a un bicho raro. Justo como le había pasado a él.

El recuerdo de Jim lo hizo estremecerse, pero no de una buena manera.

Entró a la cocina.

-¡John! –gritó Greg y se levantó de la silla para saludarlo. Lo atrapó en un fuerte abrazo antes de que el pudiera siquiera responderle.

-Hola –dijo y Greg lo soltó riéndose. Volvió al lado de Harry para seguir en su conversación de la que John no se quería enterar pero no le quedó otro remedio. Se sirvió un plato de cereal con leche porque al parecer era lo único que había de comida.

-Perdón hermanito, más tarde iremos a hacer las compras como se debe –dijo Harry a modo de disculpa, el cereal y la leche venían de su casa, era lo que había agarrado antes de salir para tener algo que echarse al estómago al llegar.

-No hay problema –respondió John y se sentó del otro lado de la mesa.

Su celular vibró.

John, cerraste tu Facebook?

De nuevo no respondió el mensaje de Mike. Claro que había cerrado su Facebook después de la avalancha de mensajes horribles que había recibido. Sus compañeros de escuela lo odiaban por algo que no era cierto. Le creían a un hipócrita más que a él y eso que a John lo conocían desde siempre. Malditos todos.

La cuenta ya no existía pero el recuerdo de sus palabras se había quedado grabado en la memoria de John.

-Espero no te moleste que lo haya invitado –dijo Greg y Harry hizo una mueca rara.

-¡Claro que no! –gritó entre risas.- Alice, Dan, Nat y Meg tendrán que apretujarse en un cuarto.

-No creo que sea problema –rio Greg y Harry lo miro como compartiendo un secreto.

-Tú y …

-Mycroft –dijo rápidamente Greg.

-Y Mycroft –pronunció Harry como desconcertada por el nombre extraño- en otro cuarto y yo me quedo con John.

Casi escupe el cereal.

-No hemos compartido cuarto desde la infancia y no quiero volver a hacerlo ahora –dijo John con determinación. No quería compartir cuarto con su hermana, se negaba rotundamente.

-Espera Harry, estoy omitiendo una información importante –dijo Greg y eso evitó que Harry se levantara para ir a golpear a John, maldito chamaco, ¿qué tenía de malo compartir cuarto con ella?

-Mycroft viene con su hermano y su prima, no pudo evitarlo, lo siento –dijo él. Harry se quedó pensando por un segundo y dijo.

-Bueno, la única solución es que la prima y yo nos quedemos en el cuarto y el hermano y John duerman en los sillones de la sala.

Ambos amigos asintieron como complacidos por lo que acababa de decir Harry.

-Yo dormiré afuera –dijo John y se levantó, se puso los audífonos y se dejó llevar por la canción.

-Te van a comer los moscos –dijo su hermana.

-Te va a llevar la marea –dijo Greg

Pero John no los escuchó, no le importaba, lo quería era estar solo y olvidarse de todo y que todos lo olvidaran.

"You cast a spell on me, spell on me
You hit me like the sky fell on me, fell on me
And I decided you look well on me, well on me
So let's go somewhere no one else can see, you and me"

John estaba sentado en una roca mirando la manera en que las olas iban y venían y simplemente había dejado su mente en blanco. Cuando el coche apareció aún estaba lejos y se tardó varios minutos en bajar por la carretera y luego por el camino de terracería hasta la casa. Era un coche caro pero John no lo reconoció a la primera, al tenerlo más cerca se dio cuenta de que era un Jaguar y casi se le cae la baba en el lugar. Era precioso.

Los vio descender del coche casi en cámara lenta, eran como de otro mundo. El hombre que venía manejando era varios años más grande que su hermana y tenía un porte de gran importancia imposible de negar. La mujer que venía a su lado era tal vez de la misma edad que su hermana pero a pesar de vestir un sencillo short y una blusa blanca, transpiraba una sensualidad inherente.

Harry se iba a morir, seguro.

Pero fue la tercera persona que descendió del auto, de la parte trasera, la que capturó la mirada de John por el tiempo más prolongado. Y fue cuando lo supo, sin temor a equivocarse, estaba seguro.

El amor a primera vista existía.

Sus miradas se cruzaron y John pensó que nadie miraba tan intensamente como él. Se sentía expuesto, como si todos sus secretos estuvieran escritos en su rostro, sobre su piel y ese chico los pudiera ver, leer prácticamente, por debajo de su ropa.

Entonces John se sintió avergonzado. Si es que la sensación era correcta, él podía saber con tan sólo mirarlo, todo lo que él quería ocultar. Lo que pasó con Jim, la pena, la tristeza, los mensajes de odio y el querer escapar muy lejos de su realidad.

John se levantó de la piedra y echó a caminar por la playa, alejándose de la casa. Como si la mirada del chico estuviera clavada en su espalda, lo acompañó hasta que se perdió de vista, allá dónde daba vuelta a la izquierda la carretera. John tuvo que pelear consigo mismo para no regresar y actuar conforme le dictaba esa emoción de amor que lo embargaba. Pero no, fue más fuerte su deseo de escapar.

No regresó hasta pasada la hora de la comida. Sentía hambre pero había estado comiendo lo mínimo durante los días previos, tal vez podría escabullirse y comer una manzana o lo que fuera que hubieran ido a comprar durante su ausencia.

Entró a la cocina y creyó que la casa estaba vacía pero al instante apareció él en la puerta que daba a la sala. John sintió que su mundo sufría una sacudida. Así, tan cerca, era más que obvia la tremenda atracción que sentía hacía aquel chico. Las ganas de saltarle encima las tuvo que disimular abriendo el refrigerador.

-No hay nada más que leche –dijo el chico y su voz le recorrió la espalda, como si le hubiera susurrado en el oído. John casi deja escapar un gemido. ¡Por los dioses era una voz que incitaba a las más bajas pasiones! Sintió miedo de voltear y enfrentarlo, ¿cuánto tiempo podría negar los deseos que su sola presencia le provocaba?

Pero también debía centrarse, aquel chico no tenía la culpa de la lujuria que le despertaba.

Además, no quería convertirse en el pervertido que todos decían que era.

Su celular vibró justo en ese momento y John se sintió agradecido porque pudo cerrar la puerta del refri y sacar el aparato de la bolsa de las bermudas y entretener sus manos en aquello.

Molly y yo estamos planeando irte a buscar. Tu mamá ya nos dio la dirección y las instrucciones para llegar. Mi papá estuvo de acuerdo en prestarme el coche. Así que será mejor que no te sorprendas.

¡No!

John marcó al número de Mike en el instante.

-¡John! –le contestó su amigo, había dicho su nombre como si fuera un milagro que le hubiera marcado después de tantos días de estarse escondiendo.

-No vengan –dijo con seriedad John.- No los quiero ver.

-Escucha, yo sé que las cosas están mal, yo sé que no me porté bien al no escucharte cuando quisiste explicarme lo que sucedió pero …

-¡No los quiero ver! –gritó John dejando salir todo el horror que sentía dentro de su cuerpo, toda esa desesperación de haberse sentido aislado y de no tener a nadie para desahogarse.

Cortó la llamada y aventó el celular al fregadero. Sentía acumularse dentro de sí una tremenda furia, quería por fin gritar y sacar todo eso que estaba destruyéndolo.

-Grita –dijo la voz profunda y hermosa del chico que seguía parado en la puerta de la cocina.

John lo miró, tranquilo, hasta se podría decir que un poco aburrido, pero poco, como si aquello que estuviera sucediendo no fuera del todo ajeno a él. Aunque lo era, era ajeno porque era un desconocido y hoy era la primera vez que lo veía pero aun así a John no le preocupó explotar frente a él.

-¡Mi mejor amigo quiere venir a verme porque siente culpa! ¡Culpa por haber creído los rumores que se esparcieron en la escuela! ¡Culpa por no haberme defendido cuando en mi salón me gritaron las cosas más horribles! ¡Cuando en mi Facebook aparecieron mil mensajes de odio contra mí!

John quería desaparecer, quería volverse transparente, quería que todo mundo se olvidara de haberlo conocido.

-Los odio a todos.

Estaba viendo al piso, con los puños cerrados, por eso no lo vio venir. Él era más alto que John por lo tanto al abrazarlo, lo cubrió por completo.

Fue lo máximo que la resistencia de John alcanzó. Al sentir los delgados brazos alrededor de su cuerpo se dejó ir, comenzó a llorar con todas sus fuerzas y apretó la tela de la playera del chico entre sus manos. Sentía las manos de él en su espalda y sus dedos trazando círculos interminables en la misma. Eso lo fue tranquilizando.

Eso y su respiración en su oreja.

Pudieron pasar horas, John no estaba seguro pero cuando dejo de llorar de todos modos no lo soltó, el chico seguía unido a él en ese abrazo y John se sentía muy a gusto siendo abrazado.

Harry había entrado a la casa y había escuchado llorar a su hermano. Sin pensarlo dos veces se lanzó a la cocina pero antes de revelar su presencia se detuvo a mirar la escena. Ambos chicos estaban casi en trance y sólo se escuchaban los sollozos apagados de John. Greg la tomó por el brazo y la hizo regresar a la sala. Mycroft y Clara, también habían visto aquello y se lanzaban miradas interrogantes.

Greg hizo que todos salieran de la casa, se quedaron sentados en el porche, el ocaso estaba cerca y comenzaba a sentirse un poco de frío.

-¿Qué le pasa a tu hermano? –preguntó Greg

A Harry se le hizo un nudo el estómago.

-No lo sé, no me ha dicho nada.

Los cuatro se quedaron en silencio y Harry se sintió miserable porque un extraño estaba confortando a su hermano cuando ella no había podido ni siquiera hablar con él.

"Turn the lights out now
Now I'll take you by the hand
Hand you another drink
Drink it if you can
Can you spend a little time,
Time is slipping away,
Away from us so stay,
Stay with me I can make,
Make you glad you came"

El chico tomó a John de la mano, haciendo que soltara su ropa. Lo condujo fuera de la casa, hacía la playa. Ya era tarde, el sol estaba desciendo por el cielo y los tonos rojos contrastaban con el cabello negro y la piel blanca de él. John tenía sueño, se sentía cansado al extremo y lo único que deseaba era sentarse y que él dejara que reposara su cabeza en su hombro.

Se sentaron en la playa y no había mucho que decir. John no sabía cómo explicarle lo que le había sucedido y tampoco sabía cómo agradecerle por haber estado ahí cuando se derrumbó su fachada de normalidad. Cualquier otra persona lo habría dejado sólo, finalmente era un extraño y no tenía ninguna obligación para con John.

-Sherlock –dijo él y John de nuevo sintió el escalofrío en su espalda, el tono de su voz era demasiado para él.- Ahora ya no soy un extraño.

-Gracias –dijo John y después de días en los que no había podido pronunciar más que unas cuantas palabras, se sentía bien haber sacado todo lo que estaba guardando.

-No me agradezcas John –dijo él y permanecieron en silencio. Los días podían continuar de esa manera y John podría olvidar las cosas malas a tal grado que no le importara ya lo que elegían creer los demás.- La gente es estúpida así que no esperes gran cosa de ellos.

John sonrió, de verdad, no la mueca fingida que les puso a sus padres antes de salir con Harry.

-Tú no eres estúpido John, sólo es que tienes demasiados sentimientos –aclaró el chico llamado Sherlock.

El sol se había ocultado por completo y el color del cielo se apagaba, las estrellas comenzaban a brillar y por primera vez en mucho tiempo John comenzó a creer aquello de que no hay mal que por bien no venga. Aquí estaba junto a alguien que jamás espero conocer y que sin esperar nada a cambio lo había sujetado cuando estuvo a punto de caer.

Cuando las luces de la casa se encendieron y su reflejo no alcanzaba a iluminarlos, John tomó una decisión. Se puso de rodillas en la arena y acercó su cabeza a la de Sherlock y un instante después lo estaba besando. Sólo fue un contacto de labios pero sintió que él sonreía. Al segundo siguiente John volvió a sentarse a su lado y ninguno de los dos dijo nada.

Pero Sherlock tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él.

"The sun goes down
The stars come out
And all that counts
Is here and now
My universe will never be the same
I'm glad you came
I'm glad you came"

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Sherlock cerró la libreta y con cuidado de no hacer ruido, la regresó de nuevo a la gaveta. Después, volvió a la sala y otra vez sintió ganas de tocar su violín. Mientras interpretaba la canción su mente divagaba en las imágenes que John había creado en su mente.

Hubiera sido bueno que John y él se conocieran siendo adolescentes, aunque no fuera posible por la diferencia de edad entre ambos. Pero la canción que había escogido John esta vez podía ser muy simple sin embargo tenía algo de cierto, su universo jamás sería el mismo, había cambiado todo y lo había hecho para bien. Por lo tanto de verdad sentía esa felicidad de tener a John en su vida, aunque a veces no lo demostrara.

Y aunque a veces no podía dormir, no encontraba mejor manera de pasar las noches que abrazando a John, por lo que regreso a la cama y al verlo enredado en la sábana y roncando, Sherlock sonrió.


Gracias por leer!

Esta vez usé la canción de The Wanted "Glad you came". Yo sé que es una boyband pero la canción me encanta jejeje

Y el Teenlock se escribe solo... soy adicta a leerlo y ahora a escribirlo!

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