Capítulo 47.

- Haruka tenemos que ir al hospital. – dijo Michiru con preocupación pues ella sentía que era muy pronto, pero Haruka no se movía. – Haruka, SE ME ROMPIO LA FUENTE, TENEMOS QUE IR AL HOSPITAL. – grito para ver si de esa manera su esposa reaccionaba.

Continuara…

- ¿eh? ¿No podemos ir en la mañana? – cuestionaba la rubia pues aún estaba medio dormida y no estaba procesando muy bien la información que su sirena le estaba brindando.

- NO. – grito exasperada la aguamarina. – DESPIERTA DE UNA MALDITA VEZ, TENEMOS QUE IR AL HOSPITAL, AHORA. – exigía Michiru con molestia, pues los dolores comenzaban hacer insoportables.

- Haruka se quedó petrificada por la forma en la que su esposa le estaba hablando, pero poco a poco comenzó a hilar las palabras que le decía Michiru, hospital, fuente, rota. – oh por Kami. – fue lo único que dijo. – oh por Kami. – repitió levantándose de la cama. – la bebé, ya viene la bebé. – dijo mientras se ponía una pantufla y la otra no.

- Haruka. – hablaba Michiru mientras veía a su viento ir de un lado a otro en la habitación pero sin hacer nada.

- ¿será seguro llevarte en coche? ¿Debería llamar a una ambulancia? – cuestionaba la rubia con angustia y desesperación sin saber qué hacer, pues no quería que por una mala decisión suya le pasara algo malo a su bebé o a Michiru.

- Haruka. – llamaba Michiru para tratar de atraer la atención de su esposa. - ¡Haruka! – llamo más enérgicamente atrayendo así la atención de su viento. – toma las llaves de tu auto y llevame al hospital ahora mismo, porque te juro que si tengo a mi bebé aquí en la casa sin ningún médico cerca te vas a arrepentir Haruka Tenoh. – sentencio la aguamarina con un tono de voz muy similar al que Shizuru utilizaba para amedrentar a Natsuki.

- Haruka había tenido que tragar fuerte por la impresión que Michiru le había causado con esas palabras, para ser sincera había tenido miedo de su esposa. – si mi amor, en seguida. – informo la rubia tomando las llaves del buro y saliendo de la habitación a toda prisa hacia el garaje olvidándose de Michiru por completo, iba bajando las escaleras cuando recordó a su esposa y tuvo que regresar por ella. – lo siento. – se disculpó con un poco de temor ya que ahora no sabía que esperar de su esposa.

- me vuelves a olvidar y te juro que dormirás en la bañera. – sentencio la aguamarina sujetándose su abultado estómago, quien parecía dispuesta a iniciar una pelea por todo, pero Haruka efectivamente estaba controlándose.

- no lo volveré a hacer mi amor. – aseguro la rubia, estaba nerviosa y Michiru parecía que no tenía la intención de darle tregua pues al parecer tenía muchos deseos de discutir.

Iban a comenzar a bajar las escaleras cuando una muy pálida Kuga había pasado junto a ellas a toda prisa sin ni siquiera verlas; poco a poco comenzaron a bajar las escaleras hasta que un grito proveniente de la planta alta llamo su atención y paró efectivamente la carrera de la peli-azul.

- ¡Natsuki! MÁS VALE QUE VUELVAS INMEDIATAMENTE. – sentencio la castaña que al igual que Michiru se le había roto la fuente y parecía que en cualquier momento iba a entrar en labor de parto.

Natsuki escucho el grito e inmediatamente volvió sobre sus pasos para encontrarse con su esposa con el ceño fruncido y más que molesta por haberla olvidado, así que con cuidado y al igual que hiciera Haruka comenzó a ayudar a su esposa a bajar las escaleras.

- ¿tú también Kuga? – cuestiono Haruka unos escalones más abajo de donde estaba Natsuki.

- ¿Michiru también está…? – hablo Natsuki pues no podía creer que justamente el mismo día las dos chicas se pusieran de parto, esperaba tener el apoyo de Haruka en esa situación pero ahora estaba sola, jodidamente sola, pues su castaña parecía que a toda costa quería hacerla enojar.

- sí, también entro en labor de parto. – dijo Haruka terminando de bajar las escaleras y dejando a Michiru por un momento para ayudar a Natsuki.

- si quieres nos ponemos a tomar él te Haruka, digo, después de todo, SOLO ESTOY A PUNTO DE TENER A TU HIJA. – hablaba Michiru molesta con la rubia, pues ahora parecía que ya no estaba tan nerviosa y hasta ayudaba a su prima, mientras ella seguía sufriendo a causa de los tremendos dolores que le provocaba su pequeñita.

- quedate con ellas, voy por el coche. – hablo la rubia dirigiéndose a Kuga, pues no quería responderle a Michiru, no quería iniciar una pelea precisamente ese día que debía ser otro momento feliz en su matrimonio, pero debía de ser paciente pues justo en ese momento no era su Michiru quien le hablaba, sino todo el cumulo de emociones que tenía a causa del parto.

Dejo a Michiru al cuidado de Natsuki y salió de la casa al garaje para sacar el auto e irse las cuatro al hospital, solo que antes de hacerlo, tenía que sacar esa ira que estaba reteniendo, porque sabía que de no hacerlo terminaría explotando y diciéndole algo a Michiru de lo que después se arrepentiría, así que imito la acción que hiciera ese día en la casa de la playa y sin decir agua va, había soltado un fuerte puñetazo a la pared del garaje ocasionando que de sus nudillos brotara algo de sangre, a lo que no le dio importancia, respiro profundo y se sentido mejor, había funcionado, se limpió la sangre y se subió al coche, lo encendió y una vez que lo tuvo en la entrada toco el claxon para que Natsuki ayudara a Shizuru, mientras ella se bajaba y corría en dirección a ayudar a Michiru.

- ¿tan difícil es encender un coche? – cuestiono la aguamarina con molestia, dolía, dolía mucho y la única manera que estaba encontrando para olvidarse de ese dolor era enojándose con Haruka.

- lo siento. – respondió la rubia, respirando profundamente, su esposa sí que estaba buscando la manera de tener una pelea.

La ayudo a subir al auto en la parte de atrás junto con Shizuru y trato de ayudarla a colocarle el cinturón de seguridad a lo que Michiru se negó con brusquedad y ella simplemente no dijo nada, cerró la puerta y corrió hacia la puerta del conductor mientras apretaba los puños; subió al coche y lo arranco, iba lo más rápido que podía, durante el trayecto le había pedido a Natsuki quien iba de copiloto llamara al hospital para avisar que iban en camino, ya después se encargaría de avisar a la familia, primero tenía que asegurarse de llegar al hospital.

- listo, Tenoh, ya he avisado que vamos en camino, nos estarán esperando, dicen que puedes estacionarte en la zona de ambulancias. – informo la peli-azul terminando la llamada.

- muy bien, perfecto, gracias Kuga. – decía Haruka concentrada en el camino.

- no, al contrario… - pero antes de que dijera algo más dirigió su vista hacia la mano de Haruka, sangraba, eso no hizo más que recordarle el día que la encontró golpeando la pared sin cesar. – pero que te… - pero antes de que dijera algo Haruka la había acallado.

- no es nada, olvidalo, por favor. – le pidió aun sin despegar la vista del camino, no podía permitir que Michiru supiera lo que había hecho, la aguamarina sabría perfectamente porque lo había hecho y muy seguramente se pondría peor.

- ya estamos por llegar. – informo Natsuki haciendo caso a la petición de Haruka y olvidando el tema, por ahora, ya después le cuestionaría que había pasado, pues su esposa le había contado que antes Haruka hacia ese tipo de cosas para liberar tensión o cuando estaba muy molesta y no quería herir a nadie con sus palabras, por lo que terminaba hiriéndose así misma golpeando alguna pared o lo que se le pasara por enfrente, pero de acuerdo a lo que Shizuru le había dicho, hacía mucho tiempo que había dejado de hacerlo.

Como había informado Natsuki estaban por llegar, Haruka ya tenía a la vista las luces del hospital, se metió por la pista de las ambulancias y se estación y justo como Kuga le informara su tío ya las estaba esperando con dos sillas de ruedas y un sequito de enfermeras, internos y dos médicos, le pareció raro no ver a Midori o a Youko, ni siquiera Saeko estaba ahí, pero no le dio importancia, ya que cuando las enfermeras ayudaron a bajar a su esposa está les grito, bueno cuando menos eso la consolaba, no era la única a la que Michiru estaba echando bronca esa noche.

Bajo del coche y se acercó a su tío, quien solo le dio una palmada en la espalda, dándole a entender que todo estaría bien y después la empujo levemente para encaminarla a entrar y siguiera a Michiru quien ya iba más adelante; Sho vio como Haruka corría para alcanzar a su esposa y se dirigió a recepción para pedirle a la enfermera que contactara con su familia y con los Kaioh para informarles lo que estaba pasando para después seguir a su sobrinas y estar pendiente de ellas.

Mientras Sho hacia eso, Haruka ya había alcanzado a Michiru y ahora la llevaba de la mano, para su buena fortuna Michiru no la había insultado y le había aceptado el gesto con una sonrisa.

- tengo miedo. – susurro la aguamarina, el dolor persistía pero ahora era por episodios, así que ya estaba más calmada. – es muy pronto. – dijo con temor.

- shhhh, tranquila, nada malo va a pasar, todo va a salir bien, lo prometo. – aseguro la rubia con seguridad misma que quería transmitir a su esposa, estaba más que asustada, incluso se atrevía a decir que más que Michiru, pero debía ser fuerte.

- promete que estarás conmigo en todo momento. – pidió la aguamarina tomando con mayor fuerza la mano de Haruka, pues sabía muy bien lo que había hecho y a pesar de todo Haruka no se apartaba de su lado.

- lo prometo, estaré todo el tiempo a tu lado, jamás me separe de ti. – aseguro a su esposa con una sonrisa para que se sintiera segura, quería que estuviera relajada, que dejara de preocuparse, sabía que eso era imposible pero cuando menos quería intentarlo, después de todo, ella había sido quien había embarazado a Michiru.

Llegaron a una habitación donde pusieron a Michiru en una camilla, le ayudaron a colocarse la bata y le colocaron monitores a ella y a su vientre para monitorear al bebé, la enfermera salió diciendo que en unos momento vendría su doctor dejando a la pareja sola, Haruka seguía sujetando la mano de Michiru mientras la aguamarina permanecía callada viendo a la nada, pues le habían suministrado un calmante solo para menguar los dolores, ya que muy seguramente el parto seria natural; después de unos quince minutos apareció un doctor con un bigote más que grande y que a Haruka le pareció gracioso.

- buenas noches señora Tenoh, mi nombre es Shiro Takeushi y seré su médico. – informaba el hombre de manera amable. – ahora si me permite, debo ver cuanto a dilatado. – dijo el hombre mientras tomaba un banquito y se sentaba a los pies de la camilla donde Michiru se encontraba.

- ¿Qué? No, no, no mi médica es Youko Sagisawa, llámela a ahora mismo. –exigía Michiru con autoridad.

- el doctor la había ignorado y aun así había subido las piernas de la chica y había revisado su dilatación. – la doctora Sagisawa no se encuentra. – respondió el hombre con tranquilidad, era obstetra y sabía muy bien cómo se ponían las primerizas cuando su doctora no estaba para ayudarlas.

- pues llámela, esperare por ella. – decía Michiru, a pesar de que el efecto del sedante estaba pasando y a ella le estaban comenzando unas tremendas ganas de empujar.

- no me explique bien, la doctora Sagisawa salió de viaje, no la podemos llamar porque no sabemos a dónde fue y usted no tiene tiempo para esperar por ella, está completamente dilatada, su bebe ya viene. – informo el doctor con seguridad, pues ahora venía el berrinche.

- no, Haruka dile que no, has algo, no dejes que él me toque, busca a Youko. – pedía la aguamarina con angustia en la voz, pues ese hombre con su horrible bigote no le inspiraba confianza alguna.

- amor… - trataba de razonar Haruka pero fue cortada por el doctor.

- señora Tenoh ¿no lo entiende? Su bebé ya viene, tenemos que comenzar ahora o su bebé corre el riesgo de asfixiarse. – informaba el doctor de manera seria y fría para hacerle entender a la aguamarina que esto no era ningún juego.

Y mientras Michiru se decidía si dejar o no que ese doctor bigotudo la ayudara atraer a su bebé al mundo o no, en otra habitación estaban Natsuki y Shizuru; la castaña estaba sufriendo porque su suegra no se dignaba a parecer y los dolores eran insoportables así que estaba molesta y además estaba triturando la mano de Natsuki porque la oji-azul se la había cogido para brindarle su apoyo, pero cada que Shizuru tenía una contracción apretaba cada vez con mayor fuerza la mano de su esposa quien solo podía callar y soportarlo; después de cierto tiempo una doctora apareció.

- hola señora Kuga, soy la doctora Lucy Holmes, vengo a revisarla. – informo la doctora mientras tomaba el banco que estaba ahí dispuesto y se colocaba a los pies de la camilla; termino la revisión y se incorporó mientras se quitaba los guantes. – bien señora Kuga ya está completamente dilatada, tenemos que pasarla a la sala de parto de inmediato. – informo la doctora.

- ¿Qué? Pero mi doctora no está aquí. – respondió Shizuru con preocupación, pues ella estaba segura que sería su suegra quien le asistiría en el parto. – llame a mi doctora, Kuga, Saeko Kuga. – informo con seguridad para hacerle saber a la doctora que no se movería de ahí.

- la doctora Kuga salió de viaje junto con las doctoras Sagisawa y Sugiura, no podemos esperar. – informo la doctora.

- ¡¿Qué?! No, ¡Natsuki HAS ALGO! ¡LLAMA A TU MADRE AHORA MISMO! QUE VUELVA. – exigía la castaña gritando, pues ella quería a su suegra, no quería a nadie más.

- Shizuru… no… no creo que eso sea algo conveniente… no sabemos dónde está mi madre, creo que lo más inteligente… – pero la castaña no le permitió terminar lo que fuera que iba a decir.

- ¿ME ESTAS DICIENDO ESTUPIDA? – grito la castaña más que molesta por la palabras de su esposa. – ¿ES ESO Natsuki? ¿DESDE CUANDO PIENSAS QUE SOY ESTUPIDA? – cuestionaba Shizuru con ira.

- señoras por favor, cálmense, se están olvidando de lo verdaderamente importante, su hijo, el ya viene y no puede esperar. – informo la doctora y salió de la habitación para llamar a unas enfermeras y que trasladaran a la castaña a la sala de parto.

En una de las salas de parto del hospital la otra pareja ya estaba en labor de parto, Michiru no había puesto más pegas después de que el doctor dijera que su bebé podría asfixiarse si no lo sacaba, así que ahí estaba desde hacía como treinta minutos, pujando y respirando pero su bebé no tenía ningún deseo de salir y el dolor era más que insoportable, sentía como si la estuvieran partiendo en dos, ya no quería sentir ese dolor, quería que el bebé saliera ya, había preguntado a Saeko porque su madre aun no le dirigía la palabra, la madre de Natsuki le había dicho que efectivamente dolía, pero jamás le dijo a qué magnitud.

- Haruka ya no puedo, me duele. – decía con lagunas lágrimas a punto de salir de sus hermosos ojos azules.

- lo se hermosa, lo sé, pero ya falta poco, un último esfuerzo y podremos ver a nuestra hija. – decía Haruka dándole ánimos a su sirena, tal vez ella no sentía el dolor que Michiru estaba experimentando pero el verla sufrir era como si partieran su alma.

- vamos señora Tenoh, logro ver su cabeza. – decía el doctor para animar a que la joven siguiera. – puje… puje… vamos… un poco más. – decía el doctor guiando a Michiru. – logro ver un hombro. – decía el hombre. – ya falta poco señora Tenoh, vamos. – pedía el doctor. – vamos, solo un poco más, sé que duele, pero piense que pronto tendrá a su hermoso bebé en los brazos. – motivaba el hombre pues en su oficio tenía que aprender hacerlo. – tengo un segundo hombro, vamos señora Tenoh, un último esfuerzo y tendrá a su bebé, solo un poco más y podrá abrazarlo.

- UUUAAAAHHHH. – grito y pujo Michiru con todas sus fuerzas.

- listo aquí está. – dijo el doctor cortando el ombligo de la bebe. – es una hermosa niña. – se la entregó a la enfermera para después colocarla en una mesa donde un pediatra ya estaba ahí para revisarla.

- ¿Haruka? – cuestiono Michiru con angustia, pues Saeko le había dicho que los bebés nacían llorando.

- aquí estoy mi amor, lo has hecho maravillosamente. – respondió la rubia besando la frente de su esposa y colocándose a su lado.

- ¿Dónde está nuestra hija? ¿Por qué no llora? – cuestiono con angustia y lágrimas en los ojos, pues se sentía culpable por haber demorado tanto en tomar su decisión.

- ¿doctor? – cuestiono la rubia angustiándose al igual que su esposa.

Y mientras la familia Tenoh-Kaioh sufría por saber el estado de su bebé, la familia Kuga-Fujino había entrado en la sala de parto y la castaña había comenzado con la labor de traer a su hija al mundo, el dolor era insoportable y el tener a Natsuki a su lado no hacia otra cosa más que recordale que era por ella por la que estaba en esa situación, si no se hubiera acostado con la peli-azul ese día ahora no estaría pasando por ese dolor que prácticamente la partía en dos.

- vamos señora Kuga tiene que pujar. – comenzó la doctora tomando la posición a los pies de la camilla.

- no, no puedo, duele. – decía la castaña con temor.

- tiene que comenzar a pujar por favor señora Kuga. – pedía la doctora con serenidad pues al parecer le iba a costar trabajo convencer a esa castaña.

- no, mire el bebé ya estado en mi vientre por casi nueve meses, puede quedarse ahí, no tiene por qué salir. – pedía la castaña con angustia.

- la doctora simplemente sonrió y negó con la cabeza. – me temo mucho que eso ya no depende de mí, sus bebé quiere nacer para conocer a sus mamás. – decía la doctora. – y entre más tiempo demoremos, corremos el riesgo de poner en riesgo la vida de su hijo.

- vamos amor, puja. – pidió la oji-verde pues no quería que su bebé corriera peligro.

La castaña no lo pensó dos veces y comenzó a pujar, además de que ya no podía soportar más, su cuerpo le pedía empujar, así que comenzó a hacerle más caso a su cuerpo, gritando y soportando el dolor pujaba y respiraba de forma más que ruidosa mientras la doctora la invitaba para que siguiera de esa manera, mientras Natsuki sujetaba su mano y también la animaba a pujar.

- vamos señora Kuga, siga así, va muy bien. – decía la doctora mientras la castaña daba un fuerte empuje.

- tu puedes Shizuru, puja amor, sé que duele, pero tú puedes amor, piensa en nuestra hija. – decía la peli-azul tratando de animar a su esposa.

- Natsuki… – decía Shizuru con dificultad. – te juro que… – trataba de decir. – te hare… tener al… siguiente para que… sepas cuanto… duele. – decía la castaña mientras pujaba.

- jejeje. – fue lo único que pudo decir la oji-verde poniéndose blanca por el comentario que había hecho su esposa.

- señora Kuga, su bebé ya casi está aquí, vamos haga un último esfuerzo. – pedía la doctora que ya veía la cabeza del bebé. – vamos, puje… puje… y le aseguro que muy pronto podrá coger a su bebé. – animaba la doctora casi gritando, sabía que a las primerizas tenía que incentivarlas para lograr que cooperaran con ella. – usted puede señora Kuga, un empujón más. – pedía Lucy mientras veía entre las piernas de Shizuru. – ya tengo un hombro señora Kuga, sé que duele, pero concéntrese en su bebé, piense en él. – pedía pues veía que la castaña ya comenzaba a llorar.

- UMMMMM. – pujaba Shizuru con mayor fuerza, pues ya no quería sentir ese dolor, su hija tenía que nacer ya.

- eso es, excelente señora Kuga, vamos, un empujón más, va muy bien. – animaba la doctora cuando obtuvo el segundo hombro.

Shizuru hizo caso a la doctora y con todas sus fuerzas pujo de nuevo, sintió un dolor aun mayor que los anteriores y después nada… se había quedado en blanco hasta que un llanto la trajo de nuevo a la realidad…

- muchas felicidades. – comenzaba la doctora. – es una niña muy hermosa y saludable. – explicaba con tranquilidad mientras caminaba hacia Natsuki para ponerla en sus brazos.

- Kami. – susurro la pali-azul tomando a su hija en brazos. – amor, es maravillosa, tu, eres maravillosa. – decía Natsuki con lágrimas en los ojos al ver a su hija, que a simple vista tenía su poco cabello de color castaño.

- quiero verla. – susurro Shizuru con cansancio, Natsuki se acercó a ella y le deposito al bebé en sus brazos. – Kami, eres preciosa mi amor. – comenzaba la castaña ya con lágrimas en los ojos. – te amo mucho mi princesa. – decía mientras le daba un beso en su frente.

- por favor, deben despedirse por ahora de su hija, necesita estar unas horas en la incubadora, después de todo aun le faltada medio mes para salir de cuentas y es mejor prevenir. – explicaba la doctora con tranquilidad.

- adiós mi amor. – dijo Shizuru dándole a la bebé a Natsuki para que se despidiera de ella.

- nos vemos mi princesa. – se despidió Kuga besando también la frente de su hija y entregándole a su hija a la doctora.

- en seguida será llevada a una habitación señora Kuga, para que descanse. – informaba la doctora con la bebé en sus brazos. – ah y por cierto, veo que aún no han pensado en un nombre para su hija, les sugiero que piensen en él mientras su hija está en la incubadora. – sugirió la doctora con una sonrisa en sus labios haciendo sonrojar a las dos madres.

- gracias. – dijo Natsuki, armándose de valor para hablar, pues era verdad lo que había dicho la doctora, ni siquiera habían pensado en un nombre para su bebé, aunque tenía una ligera idea de cuál sería el indicado, ya lo hablaría con Shizuru, pero estaba segura que su castaña aceptaría.

Y así la primogénita de la familia Kuga-Fujino llego al mundo, Natsuki sabía que tenía que salir e informar a su familia política que muy seguramente ya estaba ahí, pero tenía que asegurarse de que Shizuru estuviera en una habitación antes, además de que quería ir con Haruka y ver cómo le había ido a Michiru; si, mientras Natsuki y Shizuru tenían su momento de dicha, Haruka y Michiru pasaban un susto de muerte.

- tranquilas. – dijo otra voz que ni siquiera se habían percatado que estaba en la sala de parto, pero justo después de decir eso se escuchó un llanto. – su hija nació prematura y esperaron mucho para iniciar el parto, pero ya está bien. – dijo otro doctor.

- señor Tenoh, le presento, él es el doctor Drew Azuma pediatra del hospital, le pedí su ayuda debido a que su hija es prematura. – informaba el obstetra, pues ni siquiera había tenido la delicadeza de informarles a sus pacientes.

- gracias. – fue lo que dijo Haruka mientras estiraba los brazos para que el pediatra le diera a su hija. – hola mi vida. – hablaba Haruka a su hija una vez que la tuvo en los brazos. - ¿sabes? Tu mamá y yo estábamos muy ansiosos por conocerte. – le decía mientras caminaba hacia Michiru. – imagino que tú estabas igual ¿verdad mi amor?

- quiero verla. – pidió Michiru con urgencia pues quería tener a su hija entre sus brazos de una vez por todas.

- mira mi amor. – dijo Haruka mientras le pasaba a su hija a su esposa. – mira lo que hicimos. – decía Haruka con lágrimas en los ojos, pues no podía estar más feliz.

- es hermosa. – decía Michiru abrazando a su hija y besando su frente. – eres hermosa. – ahora le decía a su hija.

- ¿ya viste? Tiene cabello negro. – informaba Haruka, la madre de Michiru tenía el cabello del mismo color.

- sí, me pregunto ¿Qué color de ojos tendrá? – decía Michiru viendo a su hija con la esperanza de que abriera lo ojos y poder saber de qué color los tenía.

- lamento mucho interrumpir, pero nos tenemos que llevar a su hija unas horas a la incubadora, está muy sana, pero aun así no queremos correr ningún riesgo. – informaba el pediatra de manera tranquila, pues odiaba hacer eso, separar a unos padres primerizos de su hijo.

- está bien. – cedió Michiru muy rápido, pues no quería poner en riesgo a su hija, no más de lo que ya lo había hecho. – te veo en un rato mi cielo. – dijo depositando un beso en la frente de su hija.

- te quiero bebé, te estaremos esperando. – le dijo Haruka a su hija y le dio un beso en su mejilla aun en los brazos de Michiru.

El pediatra tomo a la bebé de los brazos de Michiru y la coloco en la incubadora, para después despedirse de Haruka y Michiru informándoles que dentro de unas horas la podrían tener de nuevo consigo.

- señora Tenoh, en seguirá será llevada a una habitación para que descanse. – informo el obstetra.

- gracias. – agradeció la rubia estirando su mano hacia el doctor.

- no hay nada que agradecer señor Tenoh, es mi trabajo. – respondió el medico estrechando la mano que se le ofrecía.

Poco después de que el doctor se fuera, unas enfermeras entraron para ayudar a Michiru y trasladarla a otra habitación, le pidieron a Haruka que saliera y la rubia no puso ningún objeción, después de todo tenía que ir a avisar a su padre, a su abuelo y a la familia de Michiru; camino hasta llegar a una sala de espera y se sorprendió al ver a su familia y a la familia de su sirena ahí.

- Haruka. – llamo Hiro al ver a su hijo con el celular en la mano. – mira que eres desconsiderado hijo, de no ser por tu tío Sho, nosotros ni enterados. – reclamaba Hiro, aunque claro todo esto era en broma.

- lo siento, no tenía cabeza para nada. – se excusaba Haruka pasando una de sus manos por su nuca.

- no te preocupes hijo, sabemos muy bien lo que es eso. – decía Dorian recordando cómo se había puesto cuando Michiru iba a nacer. – ¿y bien? ¿Qué fue? ¿Niño o niña? – cuestionaba el hombre, pues la pareja no quiso revelar el sexo del bebé.

- es una niña hermosa. – respondió Haruka con una sonrisa en sus labios al recordar a su hija. – tiene el cabello negro. – informaba para ver si lograba alguna reacción en su suegra que no terminaba por aceptarla, ni a ella, ni a Michiru, ni a su matrimonio, la señora no había hecho ningún comentario al respecto, simplemente fingía que no existían y las ignoraba olímpicamente.

- ¿oh enserio? – respondió Dorian al ver que su esposa ni se inmutaba con lo que Haruka había dicho.

- sí, aunque no pudimos ver qué color de ojos tenía. – decía Haruka con una expresión pensativa en el rostro.

- ¿y Michiru? ¿Cómo está? – cuestiono Hiro, pues al ser su nuera primeriza esperaba que se encontrara bien.

- ella está bien papá, gracias por preguntar, ahora mismo debe de estar en su habitación descansando, la bebé estará unas horas en la incubadora porque ha sido prematura, pero cuando la puedan ver les avisare, no se preocupen, de acuerdo con el pediatra está muy sana, solo es para prevenir. – decía Haruka con seguridad para no alarmar a su familia, porque no había nada por lo que alarmarse, todo había salido mejor que bien.

- señor Tenoh. – llamo una enfermera acercándose al grupo de personas que estaban conversando.

- sí. – respondieron Haruka, Hiro y Takuma al mismo tiempo, después de todo los tres eran los señores Tenoh.

- la enfermera se confundió por un momento, leyó la tabla donde traía anotado el nombre y lo leyó. – señor Haruka Tenoh. – dijo la mujer.

- soy yo. – respondió Haruka con una sonrisa en los labios por lo que le habían hecho a la enfermera.

- su esposa pregunta por usted. – informaba la enfermera. – está en la habitación trescientos veinticuatro. – informo de manera amable.

- ahora voy, muchas gracias. – respondió Haruka inclinándose hacia la enfermera.

- anda, ve, nosotros iremos después, seguramente quiere hablar contigo. – decía Hiro acercándose a su hija y dándole un empujón para que comenzara a caminar.

- les avisare cuando puedan pasar. – dijo Haruka antes de comenzar a caminar y dirigirse a la habitación de su esposa.

Durante el pequeño trayecto que iba de la sala de espera donde estaba su familia a la habitación de su esposa no paro de pensar en ¿Qué era lo que Michiru quería hablar con ella? ¿Seguiría insistente en pelear? Esperaba que no o era acaso ¿Qué ya se había fastidiado? Pero si ni siquiera llevaban ni un año de casadas, Michiru no podía dejarla, no cuando ya no sabía cómo vivir sin ella, no ahora cuando su hija había llegado al mundo y la había cogido en brazos; llego hasta la habitación de su esposa, se paró frente a la puerta, respiro profundo, tomo perilla de la puerta y abrió de una, encontrándose con su sirena recargada en la cabecera de la cama y viendo hacia fuera con la mirada perdida.

- hola. – saludo entrando para llamar la atención de la aguamarina. – la enfermera me dijo que querías verme ¿sucede algo? ¿Nuestra hija está bien? – cuestiono no queriendo sacar a relucir sus temores.

- hola. – respondió Michiru viendo como su viento mantenía una distancia entre ellas. – si le pedí que te llamara y no, no sucede nada, nuestra hija está bien, aún sigue en la incubadora; te pedí venir porque… necesitamos hablar. – se sentía culpable, porque la había tratado muy mal, culpable por la distancia que Haruka estaba poniendo, culpable por el daño que se había hecho su viento solo por protegerla a ella.

- claro, dime. – respondió con aparente calma, aunque en su interior un sinfín de escenarios pasaban por su cabeza y cada uno era más aterrador que el otro.

- quiero disculpame por cómo me comporte contigo Haruka, no fui justa, estaba asustada y sentía mucho dolor, aunque sé que eso no es excusa para la forma en la que te trate y lo que te hice hacer. – decía la aguamarina bajando la cabeza por la pena y tristeza que sentía.

- hey. – dijo Haruka y se acercó a ella para levantarle la cara sujetando su barbilla. – no tienes nada de que disculparte, yo estoy bien, es comprensible que estuvieras así Michiru, las hormonas, el miedo, el dolor, todo eso fue un factor estresante para ti, yo sé que no dijiste todo eso en serio o con el afán de hacerme sentir mal. – decía Haruka ya más tranquila al saber que lo que su sirena sentía era solo culpa.

- pero… pero te lastimaste. – lo había sentido cuando Haruka le dio la mano de camino a la habitación donde la examinarían, había sentido el líquido caliente de la mano de su viento y había visto la sangre, se había lastimado porque muy seguramente la había sacado de sus casillas y ella por no decirle algo para herirla se había herido a sí misma.

- oh. – se había dado cuenta, bueno pues a inventar una excusa, porque no permitiría que Michiru se sintiera culpable. - ¿hablas de esto? – dijo mientras mostraba su mano. – me lo hice con el coche. – comenzaba a explicar. – cuando entre al garaje el coche estaba muy pegado a la pared y no medí la distancia, así que al abrir la puerta me golpee, ni siquiera me di cuenta, creo que tenía mucha adrenalina. – solo esperaba que su sirena se creyera su mentira y no le cuestionara más, la amaba demasiado como pra dejar que se culpara.

- ¿me darías una vuelta por el área verde el hospital? – sabía de sobra que Haruka no admitiría lo que había hecho, ¿Por qué? Porque no quería hacerla sentir mal y ella no quería iniciar una pelea por algo así, por lo que lo mejor era dejar el tema por la paz.

- mmm no sé si eso sea buena idea. – respondía Haruka, pero al ver la cara de decepción que ponía Michiru se apresuró a decir. – pero dejame le envió un mensaje al tío Sho para preguntarle. – tomo su celular y rápidamente comenzó a redactar el mensaje para saber si Michiru podía salir; en menos de dos minutos Sho le respondió que lo podía hacer siempre y cuando fuera en una silla de ruedas y solo fuera por poco tiempo. – bien, parece que no hay problema, pero te llevare en una silla de ruedas y será por poco tiempo ¿está bien?

- de acuerdo. – accedió la aguamarina con una sonrisa en los labios, Haruka siempre procuraba complacerla en todo.

- muy bien, pues voy por la silla de ruedas. – decía Haruka mientras caminaba hacia la salida. – ah y ni siquiera pienses en moverte, ahora que venga te ayudo, tu solo… que date ahí y no te muevas. – le advirtió de forma divertida mientras salía de la habitación.

- que afortunada soy por tenerte a mi lado. – susurro la oji-azul una vez que se quedó sola en la habitación.

Haruka había salido de la habitación y no había demorado nada en encontrar la dichosa silla de ruedas, así que rápidamente regreso a la habitación de su esposa y mientras lo hacía recordó algo bastante importate, su hija, su bebé no tenía un nombre ¿Cómo se les había podido olvidar eso? Tenía que hablarlo con Michiru, su hija debía de tener un nombre, aprovecharía ese tiempo que su bebé estaría en la incubadora para escogerle uno; llego hasta la puerta de la habitación y volvió a entrar.

- ya estoy aquí. – informo acercando la silla de ruedas a la cama de su sirena quien la recibía con una sonrisa en el rostro.

- bienvenido mi amor. – le respondió con una sonrisa, sin duda era afortunada por tener a Haruka a su lado, era como si hubieran nacido la una para la otra ¿Por qué? Porque todo encajaba a la perfección, sus labios, sus manos, sus cuerpos, todo encajaba.

- bien, vamos haya. – hablo Haruka ayudando a Michiru para subirla a la silla de ruedas y que no se hiciera daño, le diría lo del nombre ya que estuvieran en el área verde para hablarlo con tranquilidad, aun no podía creer que algo así se les olvidara, adquirieron toneladas de ropa, una cuna, peluches, juguetes, Kami hasta decoraron una habitación y nunca recordaron pensar en un nombre.

Una vez que Michiru estuvo cómoda en la silla de ruedas, Haruka se colocó a su espalda y comenzó a empujar la silla dirigiéndose hacia el área verde del hospital, que sin duda era hermosa, incluso su tío había hecho construir un arroyo artificial para mayor relajación de sus pacientes; no hablaron de nada mientras se dirigían ahí, pero no era un silencio molesto o incomodo, sino todo lo contrario, era reconfortante, como si cada una supiera lo que la otra quería decir, no hacían falta palabras para expresarse; en menos de lo que Michiru se imaginó ya estaban en el área verde, era muy hermosa, justo como le había dicho la enfermera.

- ¿quieres ver el arroyo? – cuestiono la rubia para así tener un ambiente aún más relajado como para hablar acerca del nombre de su hija.

- sí, me gustaría. – respondió Michiru con emoción, pues eso era lo que más le llamaba la atención de todo; Haruka la condujo durante unos minutos y después se abrió frente a ella un pequeño claro donde se podía apreciar el arroyo. – es hermoso. – susurro.

- sí que lo es. – respondía Haruka. – pero no más que tú. – volvió a hablar colocándose frente a Michiru y dándole un beso en los labios. – ¿sabes? Ahora que he ido por la silla de ruedas me he dado cuenta de que hemos olvidado algo muy importante acerca de nuestra hija. – comenzaba la rubia la explicar.

- ¿Qué? – cuestiono Michiru un poco confundida, pues ella recordaba que habían adquirido todo lo necesario y hasta más de lo necesario.

- ¿en serio no recuerdas? – cuestiono la rubia con diversión y viendo como Michiru negaba. – un nombre amor, no hemos buscado un nombre para nuestra hija. – informo la oji-verde con una sonrisa.

- oh por Kami. – dijo llevándose las manos a la boca, pues era verdad, no habían pensado en un nombre, nunca lo habían hablado. – Haruka ¿Cómo se nos pudo olvidar eso? Kami que descuidados. – decía Michiru con una sonrisa al ver que Haruka se reía.

- ¿verdad? Yo pensé lo mismo. – hablaba la heredera Tenoh mientras caminaba por el pasto y de pronto paso por un área donde había algunas luciérnagas y estas comenzaron a brillar y a volar.

- Hotaru. – susurro la aguamarina viendo a las luciérnagas volar mientras desprendían su luz, una luz cálida, ese nombre le gustaba, Hotaru se le hacía perfecto para su hija.

- sí, son luciérnagas, que hermosas, hacia tiempo que no veía una. – decía la rubia mientras veía como las luciérnagas se iban. – ¿te parece si pensamos en un nombre para nuestra hija? – cuestiono volviendo su vista hacia su esposa.

- Hotaru. – volvió a decir Michiru pero está vez viendo directo a los ojos verdes de su viento. – me gusta Hotaru. – repitió.

- Hotaru ¿eh? Es muy lindo. – respondió Haruka mientras se acercaba a su esposa. – me gusta. – susurro una vez que estuvo cerca de ella. – es perfecto ¿te parece si le preguntamos a nuestras hija si le gusta? – cuestiono, con una sonrisa.

- claro que sí. – respondió Michiru también con una sonrisa en su rostro, nunca pensó que elegir el nombre para su hija seria así de fácil, pero ahí estaban, sin problemas habían elegido un nombre más que perfecto; con una de sus manos talló su brazo, estaba un poco frio.

- ¿quieres que volvamos? – cuestiono la rubia quitándose su bata y colocándosela a Michiru, pues había salido en pijama. – está haciendo algo de frio y no quiero que te vayas a enfermar. – además de que se notaba que la aguamarina estaba muy cansada y necesitaba dormir.

- si por favor. – respondió con una sonrisa y antes de que Haruka se posicionara en la parte de atrás para empujar la silla la sujeto de la mano y la halo hacia ella. – te amo. – susurro y halo más a Haruka para poder besarla.

- y yo a ti. – respondió la rubia después del beso con una sonrisa boba en el rostro.

Así que mientras el matrimonio Tenoh-Kaioh estaba de maravilla y había solucionado sus problemas de una manera digamos "sencilla" gracias a que Haruka amaba mucho a su esposa y por ella era capaz de soportar todo, la situación no había pasado a mayores; así que ahora regresaban a la habitación que le había sido asignada a Michiru conversando de cosas sin importancia y no perdiendo el tiempo para decirse lo mucho que se amaban.

En la habitación que le había sido asignada a Shizuru; estaba el matrimonio Kuga-Fujino en silencio pensando que nombre le pondrían a su hija, pues simplemente no lograban ponerse de acuerdo, cada que una sugería uno a la otra no le gustaba y viceversa ya tenían algo de tiempo con lo mismo y simplemente no lograban encontrar el nombre adecuado para su pequeña o eso era hasta que Natsuki recordó la primera vez que visito la casa Fujino hacia algún tiempo, pues recordaba que su castaña necesitaba algo de ahí y la había acompañado, la casa estaba limpia y bien arreglada, pues su castaña le había dicho que esa casa era de su madre y no quería desatenderla, recordaba que Shizuru había ido escaleras arriba a buscar lo que necesitaba y ella se había quedado en la estancia recorriendo el lugar con la mirada o eso era hasta que cierto cuadro sobre la chimenea le había llamado la atención…

Flashback…

- ¿te gusta? – le había cuestionado Shizuru cuando llego junto a ella y la encontró viendo el cuadro.

- ¿Quiénes son? – había cuestionado, pues era un cuadro muy hermoso, en él se veía a una mujer castaña de ojos verdes muy parecidos a los de Tenoh con una niña castaña de ojos color rubí en sus piernas, ambas estaban sonriendo y se veían muy felices.

- somos mi madre y yo. – le había respondido Shizuru con melancolía en la voz, pues sabía de sobra que el tema de su madre era un tema delicado.

- era muy bella. – respondía aun ensimismada en el cuadro. – Shizuru ¿Cómo se llamaba tu madre? – había cuestionado pues a pesar de saber que era un tema delicado, de verdad tenía curiosidad.

- Hikari. – le había respondido viendo el retrato.

Fin flashback.

- Hikari. – susurro la peliazul, era un nombre muy bonito y de esa manera sabía que su hija de alguna manera se sentiría conectada con su otra abuela.

- ¿Qué dijiste Natsuki? – cuestiono la castaña al escuchar el nombre que había dicho su cachorra, no podía creer lo que había escuchado.

- Hikari. – respondió convencida la oji-verde. – quiero que nuestra hija lleve el nombre de tu madre, si a ti te parece bien. – como Haruka le había dicho hacia algún tiempo, en algunas ocasiones la mejor forma de ganar era perdiendo.

- ¿Natsuki lo dices en serio? – cuestiono la castaña incrédula con lo que escuchaba, pues ella no había querido sugerir ese nombre porque no quería imponerse.

- sí, es enserio. – respondió segura. – amor, sé que le has dado muchas vueltas a ese nombre, es perfecto, era el nombre de tu madre y de alguna manera a pesar de que no está aquí presente para conocer a su nieta, quiero que nuestra hija se sienta unida a ella. – decía la peli-azul, sin duda debía hablar más con Haruka, pues la sonrisa que tenía su castaña lo decía todo, pero… ¿Qué era eso? ¿Lágrimas? ¿Había metido la pata de nuevo? – oi, Shizuru, no llores, si no te gusta, no te preocupes, pensaremos en otro y… - pero no pudo terminar porque la castaña se había colgado de su cuello.

- me encanta que pienses de esa manera. – decía la castaña escondida en el cuello de su esposa. – me encanto lo que dijiste, te amo Natsuki y sí, sí quiero que nuestra hija lleve el nombre de mi madre. – respondía la castaña, saliendo de su escondite y besando a su cachorra.

- yo también te amo. – dijo Natsuki una vez que el beso había terminado.

Las horas pasaban lentas para ambas parejas, en algún momento Haruka había ido a ver a Shizuru y a preguntar cómo había salido todo, pues con todo lo que había pasado ni siquiera había tiempo de pensar en su prima, así que había aprovechado que Michiru se había quedado dormida y había ido en busca de su prima, por suerte todo había salido bien y tanto Shizuru como su sobrinita estaban bien; había hablado un poco con su prima, se habían dicho los nombres que habían escogido para sus hija y Haruka se conmovió al saber lo que había hecho Natsuki, pues había sido un muy lindo gesto de su parte; después de cierto tiempo decidió que era mejor que regresara a la habitación pues no quería dejar a Michiru mucho tiempo sola, se despidió de Shizuru y le dijo que después volvía para saber cómo seguía, al salir se topó con Natsuki y también se despidió de ella; volvió a la habitación y se topó con que su sirena seguía durmiendo plácidamente y Haruka no pudo evitar sonreír ante lo tierna que se veía su mujer, entro en la habitación, tomo la silla que había dispuesta y se sentó cerca de la cama sujetando la mano de su esposa, al poco tiempo de hacer esto el sueño la vencido.

No supo en qué momento se había quedado dormida pero despertó porque alguien la estaba llamando y además movía su hombro, podía escuchar una voz que no le era familiar pero la escuchaba bastante distante, como si estuviera en otra habitación o algo así; poco a poco comenzó a ser más consciente de lo que estaba pasando, fue capaz de escuchar la voz más clara y claro que la estaban moviendo así que despertó de inmediato.

- ¿qué pasa? – respondió medio adormilada, levantando la cabeza de la cama de Michiru y viendo hacia la dirección de donde ella creía que venía la voz.

- señor Tenoh. – volvió hablar la persona y volvió a mover el hombro de Haruka para tratar de que despertara.

- Haruka abrió más los ojos y enfoco bien a quien le habla, pudo ver que era una enferma la que la estaba llamando. – ¿paso algo? ¿Mi hija está bien? – cuestiono preocupada pues tanto ella como Michiru se habían dormido y ya no supieron nada acerca de su hija ¿Qué clase de madres eran?

- debería de despertar a su esposa. – respondió la enfermera con seriedad, ella tenía años trabajando en el hospital y estaba acostumbrada a los padres primerizos que se asustan de todo.

- ¿le paso algo a mi hija? – cuestiono con preocupación pues al ver a la enfermera con ese semblante y además escuchar cómo le pedía que despertara a Michiru solo le indicaba que algo malo había pasado.

- señor Tenoh, a su hija no le pasa nada, mírela. – decía la enfermera mostrando un cunero donde estaba la niña. – está perfectamente, pero no debe de tardar en despertar y seguramente tendrá hambre. – informaba con una sonrisa en sus labios.

- a Haruka le brillaron los ojos al ver a su hija plácidamente dormida y con esa ropita que le habían puesto, se veía muy hermosa. – ahora mismo la despertare. – informo sin dejar de ver a su hija.

- ¿ya tienen un nombre? Lo necesitamos para llenar el certificado de nacimiento. – informo la enferma.

- Hotaru. – respondió Haruka con una sonrisa y viendo a un a su hija dormir. – Hotaru Tenoh Kaioh ese es su nombre. – informaba a la enfermera.

- bien. – respondió la mujer cuando termino de escribir. – los dejo con su hija, muchas felicidades, en unas horas más seguramente les darán el alta. – informo la mujer y salió de la habitación dejando a la familia sola.

- Michiru. – susurro la rubia para despertar a su mujer. – amor, despierta. – pidió, sabía que estaba muy cansada pero su hija había comenzado a moverse en el cunero y muy seguramente se despertaría pronto.

- mmmm ¿Qué pasa? – cuestiono la aguamarina aun con los ojos cerrados.

- tenemos una visita. – informo Haruka con una sonrisa en el rostro.

- ¿una visita? ¿Quién? – respondió Michiru despertando, pues no se sentía muy presentable como para recibir visitas.

- nuestra hija. – informo la rubia y se hizo a un lado para mostrarle a Michiru el cunero donde estaba su hija dormida. – perdona si te desperté amor, pero vino la enfermera a traerla y dijo que Hotaru despertaría pronto y que muy seguramente tendría hambre ¿te sientes con fuerzas para alimentarla? – cuestiono con preocupación, pues no quería poner en riesgo a ninguno de sus dos amores, porque eso eran, sus dos chicas, lo más importante que tenía en la vida. – si no es así puedo pedirle a una enfermera que prepare una formula o… - decía Haruka pero Michiru la corto.

- no es necesario amor, lo hare yo, estoy bien. – y justo cuando dijo eso la bebé comenzó a llorar. – dámela, vamos, antes de que despierte a todo el hospital. – dijo Michiru divertida pues su pequeña tenía unos pulmones tremendos.

- sí. – respondió Haruka y se acercó al cunero a tomar a su hija. – shhhh, shhhh, tranquila mi amor, todo está bien hime-chan. – decía Haruka mientras se acercaba a Michiru. – aquí tienes mi sirena. – le dijo mientras le depositaba a la niña en sus brazos.

- gracias amor. – dijo Michiru y como si fuera algo que hubiera hecho toda la vida se acomodó a Hotaru en sus brazos, desabrocho algunos botones de la bata que traía puesta, saco su pecho y con cuidado acerco a Hotaru a él, la bebé como si supiera que hacer busco el pecho y cuando lo tuvo comenzó a alimentarse.

- ¿estás bien? – cuestiono Haruka al ver que su sirena hacia algunos gestos.

- si amor estoy muy bien, no te preocupes. – y era verdad estaba muy bien, solo sentía una especie de cosquillas y un poco de dolor cuando Hotaru se estaba alimentando, no sabía cómo explicarlo a Haruka y por eso se limitó a decirle que estaba bien.

- la enfermera dijo que en unas horas muy posiblemente nos darían el alta. – pues ya no quería estar en el hospital era un lugar que prefería no frecuentar, le traía unos no muy gratos recuerdos.

- eso está muy bien amor, así podremos irnos a casa con nuestra hija, que por fin está aquí, por fin la podemos abrazar y mirala Haruka, es perfecta, es hermosa, Kami, ansiaba tanto conocerte mi vida. – decía Michiru a su hija mientras le acariciaba su cabecita y besaba su frente.

- si lo es, es todo lo que siempre soñamos y más. – respondía Haruka viendo a su hija, pensaba que le daría un poco de pena ver como Michiru alimentaba a su hija pero no había sido así y lo agradecía, no quería que su mujer tuviera una idea errónea si la veía girar la mirada. – amor, nuestros padres siguen ahí afuera muy seguramente ¿Qué dices? ¿Quieres que pasen? Desean conocer a su nieta. – cuestionaba la rubia, pues quería que toda la familia fuera participe de su dicha.

- si amor, diles que pasen, es justo que conozcan a la nueva integrante de la familia. – decía Michiru con alegría en la voz, ya quería ver la cara que pondrían Serena y la chicas cuando vieran a su hija, muy seguramente su rubia amiga gritaría de la emoción al ver a la pequeña y las otras chicas la reprenderían, una sonrisa apareció en su rostro al imaginárselo.

- de acuerdo mi amor, iré a decirles que pueden venir, ahora vuelvo. – dijo y se despidió de sus dos chicas, de Michiru con un beso en los labios y de Hotaru besando su frente.

Camino por el mismo pasillo hacia la misma sala, sabía que su familia estaría aun ahí, tal vez muy seguramente su suegra no estaría, pero su padre, su abuelo y su suegro ellos sí que estarían, además quería aprovechar para pasar a la habitación de Shizuru y ver como estaban las cosas con ella también, seguramente su padre ya había pasado a verla y a saber cómo estaba pero ella también quería pasar a ver a su hermana otra vez; llego a la sala y justo como había predicho los tres hombres estaban ahí a la espera de noticias.

- hola. – saludo para llamar la atención de los hombres, que de inmediato levantaron la mirada para ver de dónde provenía la voz. – vamos, ya pueden pasar a ver a su nieta y bisnieta, Michiru está con ella ahora, la está alimentando. – informaba con una sonrisa que simplemente no podía borrar de su rostro.

Los hombres no pudieron evitar que una sonrisa se formara en sus rostros al escuchar las palabras de Haruka, habían estado esperando por horas esa noticia, rogándole a Kami-sama que su nieta y bisnieta estuviera bien y sus ruegos habían sido escuchados; durante el camino a la habitación de Michiru, Haruka le cuestiono a su padre si había pasado por la habitación de Shizuru para saber cómo estaba, a lo que Hiro contesto que efectivamente, le dijo que había visto a Shizuru y a su nieta lo que hizo sonreír a la rubia; dejo a los hombres en la habitación de su esposa y les dijo que ahora venía, pues tenía que ir a ver como estaba su hermana, al llegar a la habitación toco la puerta y fue Natsuki quien le abrió con una bebé en brazos, era una hermosa niña, aparentemente castaña.

- ¿Cómo están? – cuestiono en voz baja al ver que Shizuru dormía plácidamente, seguramente aún estaba cansada.

- las dos están muy bien. – respondía la peli-azul moviéndose de un lado a otro con su hija. – Shizuru le acaba de dar de comer y yo estoy tratando de que duerma ¿quieres cargarla? – cuestiono pues Haruka no dejaba de ver a su hija.

- claro. – respondió con una sonrisa, después de tomo era su sobrina, se acercó a Natsuki y tomo a la niña en sus brazos. – es hermosa, tiene tus ojos Kuga. – dijo Haruka con la bebé en brazos.

- sí y el cabello de Shizuru. – respondió la oji-verde Kuga con seguridad y una sonrisa adornando sus labios pues ella pensaba que su hija era más que perfecta. - ¿y ustedes? ¿Cómo lo están llevando? – cuestiono pues no había tenido tiempo de pasarse a la habitación de Michiru para saber cómo estaba.

- todo está bien, antes de venir aquí, deje a mi padre, a mi abuelo y a Dorian en la habitación para que vieran a Michiru y a Hotaru. – respondía Haruka con una sonrisa en el rostro.

- ¿a quién se parece? – cuestiono Kuga, pues su hija tenía rasgos suyos y de Shizuru. – una vez que Shizuru despierte pasare a ver a Michiru y a mi nueva sobrina. – decía Natsuki, ¿Quién diría que la princesa de hielo se iba a derretir?

- de entrada tiene el cabello negro, sus ojos aun no los vemos y claro eres bienvenida. – respondió Haruka acercándose a Natsuki para que tomara la niña. – tengo que irme, pero antes. – dijo y saco su celular para hacerle fotos a la bebé. – para Michiru. – aclaro. – dile a Shizuru que después volveré. – dijo y después salió de la habitación para dirigirse a la de su esposa.

Al llegar con su esposa la encontró sonriendo al ver como su padre le hacía caras a su nieta bajo la mirada divertida de Hiro y Takuma, jamás había visto esa faceta de Dorian, se acercó a Michiru y le dio un beso en los labios mientras sacaba su celular y le mostraba las fotos de su sobrina a Michiru, así como también le informo que tanto la niña como Shizuru se encontraban bien; después de cierto tiempo sus padres dejaron la habitación ya que la aguamarina había vuelto a caer dormida y la pequeña también parecía cansada, se fueron no sin antes decirle a la rubia que Hiro se quedaría por lo que se llegara a ofrecer mientras Dorian y Takuma se encargaban de informar al resto de la familia y amigos que las nuevas integrantes de la familia Tenoh habían nacido; una vez que se sus padres se marcharon Haruka se había dado a la tarea de dormir a su hija para dejar descansar a Michiru y pudiendo así ver el color de ojos de su hija, violeta, justo el mismo color que tenía su madre, sonrió, la vida tenía un sentido del humor único; aprovecho también para preguntarle a su hija si le gustaba el nombre de Hotaru a lo que la niña simplemente le sonrió; cuando por fin lo logro dormir a su pequeña ella también se quedó dormida en la silla junto a la cama de su esposa.

Todo lo ajetreado de los partos había sido durante la madrugada, así que por la mañana había sido el ajetreo de ver a las bebés ya con sus madres y la noche había vuelto a caer, tanto Shizuru como Michiru permanecieron otro día en el hospital para al día siguiente ser dadas de alta, ya querían estar en su casa, con sus cosas y sobretodo disfrutar de sus hija en la comodidad de su hogar, durante la noche Saeko, Midori y Youko habían regresado a Japón encontrándose con la noticia de que sus pacientes ya habían nacido, Midori se había puesto histérica diciendo que esas niñas no eran como todas las demás y que requerían cuidados especiales, así que sin perder mucho tiempo se habían dirigido al hospital, pero ni Haruka ni mucho menos Natsuki habían permitido que entraran en la habitación pues tanto Shizuru como Michiru dormían al igual que sus hijas y alegando que sus esposas e hijas necesitaban descansar y que además ninguna de las doctoras estuvieron cuando las necesitaban las habían corrido prácticamente y a las doctoras no les quedó más remedio que ir a la sala a esperar a que sus pacientes despertaran y que no estuvieran muy molestas con ellas.

Por fin un nuevo día había llegado, por fin las chicas serian dadas de alta y llevadas a casa, Michiru estaba más que impaciente y Shizuru no se diga, el día anterior habían hablado de su experiencia de parto y muy entrada la noche mientras alimentaban a sus hijas habían recibido la visita de las doctoras "desaparecidas" a las cuales habían reprendido por marcharse sin avisar a donde y por haberlas dejado solas, las doctoras se habían disculpado y ellas de una manera comprensible habían aceptado las disculpas; el doctor había llegado hacia como unos treinta minutos con el alta y ahora Michiru iba con su hija en brazos en una silla de ruedas que era empujada por Haruka, habían quedado con Shizuru y Natsuki en el estacionamiento, Hiro iba a enviar una auto por ellas pues no quería que manejaran alegando que no habían estado durmiendo bien.

Al llegar al estacionamiento efectivamente un auto ya esperaba por ellas, no tuvieron que esperar mucho por Shizuru y Natsuki que llegaron pocos minutos después, al parecer la peli-azul había tenido un percance al cambiar el pañal de su hija, cosa que hizo reír tanto a Michiru como a Haruka mientras que Natsuki parecía un tomate por lo roja que se había puesto; una vez que el chofer cuestiono que si estaban listas, emprendieron el viaje a la mansión Tenoh; el viaje no había demorado tanto y eso que había un poco de trafico pero por fin ya estaban ahí, Haruka y Natsuki ayudaron a sus respectivas esposas a bajar del auto y después cargando a sus hijas; caminaron hacia la entrada de la casa donde parecía no haber nadie porque no se escuchaba ningún ruido. Haruka le dio a su hija a su esposa para aproximarse a la puerta para abrila; grande fue su sorpresa al abrir la puerta y ver que efectivamente la casa estaba desierta, entro en ella y ayudo a Michiru a entrar pues todo estaba oscuro, Natsuki había hecho lo mismo con Shizuru ¿Dónde estaba todo el mundo?

- una vez que las cuatro chicas estuvieron dentro de la casa, las luces se encendieron y una multitud salía de Kami sabe dónde y gritaban. –¡BIENVENIDAS! – su familia y amigos estaban ahí para recibirlas con una hermosa sorpresa, en el recibidor había un cartel que decía ¡bienvenidas Hotaru y Hikari!

Continuara…