Hola como han estado, espero sinceramente que bien, pues reportandome con un nuevo capitulo, he de confesar que este es el penúltimo capitulo, la historia sera de 49 capítulos, lo haré mas largo así que no se preocupen; por cierto y cambiando de tema quiero decirles que el hecho de que publique cada semana no es porque quiera tenerlos con la espera o porque le de largas, lo hago así porque es ese el tiempo que toma escribir un nuevo capitulo, tango que trabajar y hacer otras actividades pero aun así hago todo lo posible porque cada semana tengan un capitulo nuevo, se que no tengo que dar explicaciones pero lo creí necesario.
Sin mas me despido y espero que disfruten de este nuevo capitulo.
Capítulo 48.
- una vez que las cuatro chicas estuvieron dentro de la casa, las luces se encendieron y una multitud salía de Kami sabe dónde y gritaban. – ¡BIENVENIDAS! – su familia y amigos estaban ahí para recibirlas con una hermosa sorpresa, en el recibidor había un cartel que decía ¡bienvenidas Hotaru y Hikari!
Continuara…
- oh por Kami. – exclamo Michiru al ver todo lo que su familia y amigos habían hecho para ellas.
Las bebés habían comenzado a llorar asustadas a causa de los gritos de bienvenida que se habían escuchado, Michiru y Shizuru hacían de todo para tratar de calmarlas, pues parecía que todos querían tener su turno para tomar a ambas niñas en sus brazos, Haruka y Natsuki habían llevado a sus esposas a la sala para que se sentaran bajo las miradas y comentarios de los ahí presentes.
- muchas gracias, esto sí que ha sido una grata sorpresa. – comenzaba Shizuru una vez que estuvo sentada y su pequeña había dejado de llorar.
- sí, Shizuru tiene razón, muchas gracias, pero no tenían por qué molestarse. – complementaba Michiru quien también había logrado tranquilizar a la pequeña Hotaru.
- no es ninguna molestia Michiru, al contrario, lo hacemos con mucho gusto, después de todo, tanto tu como Shizuru-san son las primeras del grupo que se casan y son madres. – decía Rei con una sonrisa en el rostro, pues en cuanto le habían dicho lo que había acontecido no lo pensó dos veces para organizar esa bienvenida.
- si Michiru, Rei tiene razón ¿Quién sabe? Tal vez la siguiente sea yo y les toque hacerme una fiesta a mí. – decía Serena viendo a Darien que se había puesto más que rojo por el comentario que había hecho su novia.
- hay Serena, deja de decir tonterías, mira cómo has puesto al pobre de Darien. – reprendía Rei como si de una niña pequeña se tratara.
- dejame en paz Rei, tu siempre estas molestándome. – decía Serena mientras le mostraba la lengua a su amiga.
- eso es porque eres muy torpe. – respondía Rei de igual manera mostrándole la lengua a Serena a lo que todos comenzaron a reír pues no había oportunidad que esas dos no tomaran para ponerse a pelear.
Después de las risas por lo que habían hecho tanto Serena como Rei habían comenzado con los cuestionamientos hacia las nuevas mamás, sobre todo las chicas que tenían mucha curiosidad sobre ese tema y no se cortaban ni un pelo en cuestionar ¿Cómo había sido? ¿Les dolió? ¿Qué sintieron? Una y mil preguntas eran lanzadas hacia Michiru y Shizuru quienes buscaban apoyo en las mujeres mayores, bueno en una de ellas, porque ni Youko ni Midori habían sido madres todavía.
- bien, haber niñas. – comenzaba Saeko para ayudar un poco a sus niñas. – dar a luz a un hijo es lo más maravilloso que le puede pasar a una mujer, es la cúspide de su vida o cuando menos yo lo vi así cuando nació Natsuki, no he de mentirles, duele y mucho, pero después de todo ese dolor viene lo más gratificante de todo, poder ver a tu hija y tenerla en tus brazos, es una sensación indescriptible y cada mujer lo experimenta de diferente manera, como por ejemplo, yo estuve más de doce horas en labor de parto, mientras que Michiru y Shizuru solo estuvieron un par, así que no importa cuánto pregunten, cuando les toque su turno no será nada comparado con lo que les he dicho o con lo que les puedan decir Michiru y Shizuru. – decía Saeko cortando con la fase de preguntas de una manera más que elegante y sutil.
- Michiru ¿me dejas cargarla? – cuestiono Rei acercándose a su amiga, pues desde que la habían visto llegar tenía muchos deseos de cargar a la niña.
- claro que si Rei. – respondía Michiru con una sonrisa. – ven acercate. – pidió a su amiga para depositar a su hija en sus brazos. – listo, coge su cabeza… muy bien. – le dijo una vez que la niña estuvo en sus brazos.
- es tan pequeña. – decía Rei ya con lágrimas en los ojos, no podía describir lo que sentía al ver a la niña. – y Hotaru en un nombre muy hermoso. – decía la pelinegra.
- oye Michiru. – llamaba Serena pues había algo en la bebé que llamaba mucho su atención y ella con su curiosidad nata no podía aguantar más para preguntar,
- ¿sí? ¿Qué pasa Serena? – respondió Michiru, intuyendo que muy seguramente su rubia amiga haría uno de sus famosos comentario.
- ¿Cómo es que la niña es pelinegra y sus ojos son de color violeta? – cuestionaba pues para ella no tenía sentido, la había visto a la bebe en los de Michiru y había podido ver el color de sus ojos; ademas la hija de Shizuru y Natsuki había nacido castaña y de ojos verdes, obviamente porque sus madres tenían esos rasgos ¿entonces porque la niña de Michiru y Haruka no? – ¿no será que se las cambiaron en le hospital? – volvía a cuestionar, pues para ella eso era lo más lógico que pudiera haber pasado.
- ¡hay Serena! – reprendían Rei, Lita y Amy a su amiga que no se cortaba ni un poco con sus ocurrencias.
- jajajaja, no Serena, claro que no nos cambiaron a nuestra hija, Haruka estuvo ahí cuando nació. – decía Michiru divertida con las preguntas de su amiga.
- así es Serena, en muchos de los casos cuando un bebé nace no lo hace con los mismo rasgos distintivos que sus padres, esto algunas veces tiende a saltarse una generación y los bebés nacen con los rasgos distintivos de sus abuelos o hasta bisabuelos, todo se basa en la genética, así que si Hotaru nació con los rasgos distintivos de alguno de sus abuelos o bisabuelos, es más que probable que sus hijos nazcan con algunos rasgos de Haruka y de Michiru. – explicaba Amy de una manera tranquila y relajada bajo la atenta mirada de Sho, Saeko, Midori y Youko que no pudieron evitar que una sonrisa se formara en sus rostros, esa chica tenía un muy buen potencial.
- ni yo misma lo hubiera explicado mejor. – decía Saeko con una sonrisa, sabía que Natsuki estaba estudiando farmacobiologia para hacerse cargo de las farmacias y los laboratorios a futuro, pero ella quería heredar sus conocimientos de genética a alguien y parecía que había encontrado a la candidata perfecta.
- ¿eh? ¿Gene… que? Hay Amy no entendí nada de lo que dijiste. – decía Serena con un poco de frustración en su voz.
- eso es porque eres una torpe. – comenzaba Rei a reñirla, parecía que no podían estar ni un minuto sin iniciar una pelea.
- ¿así? ¿Entonces imagino que tu si entendiste todo lo que Amy dijo verdad Rei? – cuestionaba Serena a su amiga con una sonrisa maliciosa.
- claro que sí, yo no soy una tonta como tú. – decía la pelinegra aunque la verdad era que estaba igual que Serena, no había entendido ni una sola palabra de lo que su peli-azul amiga había dicho.
- entonces explicame. – la reto la rubia, no iba a permitir que Rei se siguiera burlando de ella, está vez le iba a dar su merecido.
- no lo hare, seria perder mi tiempo tratando de que entiendas algo así. – trataba de zafarse Rei de lo que había dicho Serena, pues obviamente no podría explicar lo que había tratado de decir Amy.
- ¿no quieres? o ¿no puedes Rei? – reto otra vez la rubia oji-azul está ves no iba a permitir que Rei se siguiera burlando de ella sin consecuencias, ella también sabía cómo defenderse.
- ya, ya chicas, dejen de pelear. – pedía Michiru con una sonrisa, siempre le agradarían sus amigas y sus peleas, siempre lograban sacarle una sonrisa. – veras Serena, mi madre es pelinegra ¿lo recuerdas? – comenzaba a explicar a Michiru de la manera más sencilla para que Serena entendiera, vio que su amiga asintió y siguió con su explicación. – bien, pues Hotaru nació con ese rasgo de mi madre; la madre de Haruka tiene ojos violetas y es de ahí de donde los heredo Hotaru. – terminaba de explicar tranquilamente.
- ahhh, ahora entiendo. – decía Serena con una sonrisa mientras se acercaba a Rei para que la dejara cargar a la niña.
- ¿y Michiru, tú y Haruka van a poder solos con Hotaru? – cuestionaba Lita con preocupación pues había leído que los primeros meses era un caos y más si los padres eran primerizos.
- sí, Haruka y yo nos haremos cargo. – decía Michiru con seguridad pues ella creía que no sería tan difícil, además de que Haruka estaría con ella todo el tiempo pues su suegro le había dado unos meses lejos de la empresa.
- de eso nada. – respondía Saeko quien estaba con Hikari en los brazos. – Youko y yo estaremos aquí con ustedes por unas semanas en lo que se acostumbran. – informaba la peliazul mayor, pues ella sabía cómo eran esas cosas y sabía que las chica se volverían locas estando solas, sabía que estaban los empleados, pero como había pasado con los antojos y con todo lo referente a sus mujeres ni Natsuki ni Haruka habían permitido que nadie más ayudara y sabía que sería lo mismo con sus hijas.
- pero Saeko-san, eso no es necesario, nosotros somos lo suficientemente capaces de hacernos cargo. – alegaba la castaña que no había dicho nada hasta el momento.
- si kaasan, Shizuru tiene razón, nosotros somos capaces. – alegaba Natsuki que tampoco no estaba de acuerdo en que su madre y Youko estuvieran en la mansión.
- yo pienso que deberían aceptar la ayuda, en el hospital estaban las enfermeras y se sentían seguras, pero va hacer muy diferente ahora que van a estar solas y créanme, después de tres meses rogaran por ayuda. – decía Hiro pues él lo había experimentado de la peor forma con su actual esposa, que por cierto hacia mucho que no la veía y eso le agradaba.
- ¿tú también padre? Soy lo suficientemente capaz de cuidar de mi esposa y de mi hija, no necesitamos ayuda. – decía Haruka ya comenzando a molestarse por lo que todos estaban sugiriendo.
- y nadie está diciendo lo contrario yerno, pero de verdad van a necesitar ayuda, así que acéptenla. – pedía Dorian con una sonrisa, como le gustaría que su esposa estuviera ahí y fuera ella quien ayudara a su hija.
- además, ustedes no pueden tener sexo hasta después de un mes ¿así que de que se preocupan? – hablaba Youko quien no se había metido en la discusión pero lograba entender por dónde iba toda la negativa de los jóvenes.
Y la doctora había logrado su cometido, las cuatro jóvenes estaban más que rojas por lo que había dicho Youko, después de todo era ese el principal motivo por lo cual no querían que les ayudaran pero ahora que sabían que no podían hacer nada de nada hasta después de un mes, pues ya no había más motivos por los cuales negarse a la ayuda que les brindaban.
- está bien. – accedió resignada la castaña, pues ella creía que sería capaz de hacer el amor con su esposa esa noche, ¿Por qué el doctor no les había dicho que no podían hacer nada hasta después de un mes?
- gracias por la ayuda. – también contesto Haruka de la misma manera que su prima, pues nadie le había dicho nada de eso y hasta ahora se venía a enterar frente a su familia y amigos, que vergüenza.
La bienvenida de las niñas fue todo un éxito, la familia convivía y los amigos no paraban de divertirse a lo grande, unos cargaban a las bebés, mientras las mamás estaban conversando y las otras mamás eran asaltadas a preguntas por sus amigos, más Haruka, pues ninguno de sus amigos sabía que era una mujer y no paraban de pedirle consejos de cómo hacerlo, ya que ellos lograban ver las miradas que le brindaba Michiru y de acuerdo con ellos esa era un clara señal de una mujer más que satisfecha, Haruka solo podía poner una cara de pena y alegaba que eso era muy íntimo como para estarlo divulgando además de que respetaba mucho a su esposa y no le haría eso; a los chicos no les quedó más remedio que resignarse pues Haruka era todo un caballero y la ronda preguntas terminaba.
Una vez que la noche había caído uno a uno tanto familia como amigos se fueron despidiendo de las parejas y las bebés, pues ya era hora de partir, sabían que tanto las mamás como las niñas muy seguramente estarían muy cansadas y querrían descansar lo antes posible, así que lo mejor era irse temprano, claro prometiendo que volverían a visitarlas para saber cómo iba todo.
Como habían prometido tanto Youko como Saeko se habían quedado, Haruka había pedido a Mariel les preparara unas habitaciones mientras ella iba y llevaba a su esposa a su habitación para que descansara y el primer reto se venía para la pareja, pues Michiru ya tenía más de una hora y simplemente no podía dormir a la pequeña Hotaru y ella estaba más que cansada.
- amor, dámela. – pidió la rubia que se estaba durmiendo en una silla.
- pero Haruka, tú también estas cansada y en el hospital eras tú quien la dormía siempre. – decía Michiru con un puchero en los labios pues no quería que Haruka resintiera toda la carga.
- no importa, estoy bien mi sirena, anda, dame a Hotaru y recuestate. – pidió de la manera más calmada, con una mano sostuvo a Hotaru y con la otra arropo a Michiru. – ahora vuelvo, iré a dormir a Hotaru a su cuarto, tu descansa. – pidió con una sonrisa.
- ¿Haruka crees que este bien dejarla sola en su habitación? Solo tiene dos días de nacida y no quisiera que estuviera sola. – decía Michiru con angustia, por la separación que iba a tener de su hija. – tengo miedo que algo malo le pase.
- amor, tenemos que acostumbrarla a dormir sola, yo también estoy preocupado pero ya escuchaste a Saeko-san y Youko-san tiene que dormir en su habitación. – explicaba Haruka de manera calmada.
- pero… pero ¿Qué pasa si llora? ¿Y si tiene hambre y no la escuchamos llorar? ¿Y si nos quedamos dormidas y se asusta y llora? – soltaba Michiru pregunta tras pregunta, pues ella estaba imaginando un sinfín de escenarios y cada uno era peor que el anterior.
- amor, calmate, la escucharemos porque estamos puerta con puerta y si eso no te convence puedo dejar la puerta de nuestra habitación abierta y también la puerta de la habitación de Hotaru. – decía Haruka para tratar de tranquilizar a su espora, aunque no estaba muy segura de poderlo logar.
- no, no quiero Haruka, dámela, dámela. – pedía Michiru a su esposa mientras estiraba los brazos para que le entregara a su bebé.
- Haruka simplemente suspiro y regreso sobre sus pasos para entregar a su hija a su esposa. – aquí está, calmate, está bien amor, nada malo va a pasarle, tu y yo estamos aquí para cuidar de ella, además ¿Quién crees que se metería en la mansión para hacerle daño si solo la familia y amigos saben de su nacimiento? – decía Haruka para hacer entender a Michiru que en la mansión nada malo podía pasarle a su hija.
- ¿me prometes que nada malo va a pasarle? – cuestiono Michiru viendo a Haruka a los ojos mientras abrazaba con más fuerza a su pequeña.
- lo prometo, nada malo va a pasarle, yo la protegeré, siempre estaré ahí para ella. – prometía Haruka, pues sabía que los miedos de Michiru no se irían a menos que hiciera una promesa de siempre proteger a su hija.
- está bien, llevala a su habitación, pero te juro que si algo malo le pasa Haruka Tenoh… - decía Michiru pero no pudo terminar con su amenaza porque Haruka se había acercado y la había cayado efectivamente besándola.
- lo pagare muy caro, lo sé. – decía Haruka separándose del beso. – ahora, será mejor me entregues a nuestra hija para dormirla que ya ha pasado su hora de dormir hace mucho y tu duerme, ahora vuelvo. – le pidió la rubia mientras caminaba hacia la salida y apagaba la luz para dirigirse al cuarto de su pequeña que justo como había dicho estaba en frente del suyo. – muy bien, hora de dormir mi pequeña hime-chan. – decía Haruka mientras se sentaba en la silla mecedora que se encontraba dispuesta en la habitación de su hija que además Michiru se había empeñado en comprar.
Haruka continuo meciéndose junto con su hija hasta que finalmente ambas habían caído más que dormidas, Haruka no supo si se había dormido ella primero o había sido su hija, pero tenía una facilidad nata para dormirla, lo que a Michiru le tomaba dos horas o simplemente acababa rindiéndose a ella le tomaba solo treinta minutos; Michiru despertó en la madrugada porque había sentido frio y en busca de su fuente de calor se dio cuenta que su viento no estaba en la habitación ¿se habría ido a dormir a la sala? Pensaba la aguamarina.
- pero no estamos peleadas. – decía mientras se incorporaba en la cama. – ¿Y si ella está molesta porque no podemos…? - decía y se ponía de pie colocándose antes su pantuflas. – no, Haruka no es así, ella no me haría eso. – salió de la habitación y lo primero que hizo fue entrar a la habitación de su hija para saber cómo estaba, grande fue su sorpresa al encontrarse con su viento en la silla con su hija en brazos también profundamente dormida, una sonrisa se dibujó en sus labios y fue la habitación por su celular para hacer una foto.
Después de hacer la foto se acercó a Haruka para despertarla y pedirle que fuera a la cama con ella, amaba a su hija pero ella también quería a su viento con ella y no era justo que Hotaru la acaparara solo para sí.
- amor despierta. – pedía Michiru mientras movía suavemente el hombro de Haruka.
- ¿Qué pasa? – decía con la voz más que adormilada mientras solo abría un ojo.
- te quedaste dormida con Hotaru en brazos en su habitación, anda, dejala en la cuna y ven conmigo. – pidió con una sonrisa en los labios.
- de acuerdo. – respondió la rubia con una sonrisa mientras se levantaba de la silla con su hija en los brazos y la depositaba con toda la delicadeza en su cuna, ella y Michiru querían que durmiera inicialmente con ellas pero Saeko se había negado a esa idea alegando que la niña tenía que dormir sola para no mal acostumbrarla.
- vamos. – dijo Michiru una vez que Haruka dejara a su hija en la cuna, la tomo de la mano y la guio hasta su habitación, le dijo que se acostara y como hacía tiempo no lo hacía se acurruco en el pecho de su esposa. – buenas noches amor.
- buenas noches mi sirena. – respondía Haruka ya más dormida que despierta, pues sus dos amores no le estaban permitiendo dormir sus hora acostumbradas de sueño y eso la estaba matando.
No llevaban ni diez minutos en la cama cuando una muy molesta Hotaru había comenzado a llorar y seguida de ella la pequeña Hikari le había hecho compañía en su llanto, Michiru fue la primera en despertar y no queriendo despertar a su viento se levantó lo más sigilosamente que había podido de la cama para ir a ver a su niña; al llegar a la habitación la abrazo e instintivamente Hotaru buscaba sus pechos.
- así que tienes hambre. – dijo Michiru mientras se sentaba en la misma silla en la que encontrara a Haruka antes y se disponía a alimentar a su pequeña, no supo cuánto tiempo paso pero se había quedado dormida, fueron unos movimientos en su hombro los que la despertaron. – mmm Haruka. – dijo al sentir el movimiento, pues estaba teniendo un sueño muy bueno con su amado viento.
- amor, deberías irte a la cama. – pedía Haruka quien se había despertado porque necesitaba hacer una necesidad y no había encontrado a Michiru en la cama, así que no se le ocurrió otro lugar para encontrar a su esposa más que en la habitación de su hija.
- ¿Qué hora es? – cuestiono Michiru con voz adormilada y abriendo un poco los ojos, pues podía ver el sol a través de la ventana del cuarto de Hotaru.
- son las ocho de la mañana, anda, vete a descansar, yo dejare a Hotaru en la cuna. – pedía la rubia mientras le quitaba a la bebé que dormía plácidamente de los brazos.
- ¿pero y tú? – cuestionaba la aguamarina mientras le entregaba a su hija a su esposa, la oji-azul sabía cuánto amaba Haruka dormir y ahora no lo estaba haciendo mucho que digamos y sabía que era por ella y por Hotaru porque siempre estaba cuidando de ellas, primero cumpliendo todos sus antojos sin importarle lo poco que dormía y ahora velando su sueño y el de su hija ¿es que podría haber alguien más maravilloso que Haruka? Michiru simplemente lo dudaba.
- yo ya dormí mucho, anda ve, te prometo que cuando despierte porque tiene hambre otra vez, iré a despertarte. – decía Haruka con una sonrisa en el rostro, no había dormido mucho, pero sabía que si no le decía eso a Michiru ella no se iría a dormir y claramente lo necesitaba, no quería dejar a su esposa sola en eso, sabía que ella no podía alimentar a la pequeña por obvias razones, pero si podía cuidar de ella y dormirla cuando no tuviera hambre.
- está bien amor. – respondió Michiru mientras se levantaba de la silla mecedora y caminaba hacia la salida para ir a su habitación, recostarse en su cama y dormir.
- bien mi amor, tienes que dormir un poco más para que mamá descanse ¿está bien? – decía Haruka en un susurro mientras dejaba a su pequeña en el cuna y depositaba un tierno beso en su frente.
Ella se había quedado un poco más en la habitación de su hija para velar su sueño y pudo dormir un poco en esa silla mecedora en la que se había dormido la noche anterior, fueron unos golpes en la puerta los que lograron despertarla efectivamente, se levantó de la silla vigilando siempre la cuna para que la pequeña no se fuera a despertar y se dirigió hacia la puerta para abrirla.
- Haruka-sama disculpe que lo moleste pero… afuera hay una aglomeración de reporteros que no paran de hacer preguntas y tratar de colarse a la mansión; quieren saber acerca de su hija. – explicaba uno de los guardias de seguridad que por petición de otros tuvo que ir a dar la noticia al rubio.
- espero que no les hayan dicho nada. – hablaba Haruka con un poco de molestia en la voz.
- por supuesto que no Haruka-sama, jamás haríamos algo así, nuestra lealtad es para con usted. – decía con solemnidad el hombre bajando un poco la cabeza.
- agradezco tu lealtad y tus palabras, gracias por venir a avisarme, por favor, vuelve a la puerta, hablare con mi padre de esto y le daremos solución. – resolvió Haruka, pues en algún momento su padre le había dicho que la prensa ya no los molestaria, además de que lo había comprobado cuando Michiru estuvo embarazada.
- hai, Haruka-sama. – respondía el hombre inclinándose y yéndose de la habitación hacia la puerta de la entrada de nuevo, pues sabía que en cualquier momento cualquiera de esos reporteros desquiciados podría intentar colarse a la mansión y el mismo quería estar pendiente de que eso no pasara.
Haruka tomo su celular del bolsillo de su pijama y marco el número de su padre, le tenía que dar algunas respuestas del porque la prensa estaba en su puerta queriendo a como diera lugar una foto o alguna declaración acerca de su hija; espero tres tonos y contestaron.
- ¿ya viste la hora que es? – cuestiono Hiro, pues eso era inusual en su hija, podía aceptarlo de Shizuru pero no de Haruka quien amaba dormir y odiaba más que a nada el levantarse temprano.
- sí, lo sé, pero no he podido dormir mucho, al parecer Hotaru quería que su madre o yo permaneciéramos en su habitación con ella. – explicaba Haruka con voz cansada pues a pesar de que Saeko dijo que era mejor que durmiera en su habitación sola, su hija se las había ingeniado para tenerla a ella y a Michiru con ella toda la noche. – pero no es por eso por lo que te llamo. – dijo rápidamente pues se estaba desviando del tema inicial de su llamada.
- ¿ha no? ¿Entonces porque es? – cuestiono Hiro de manera divertida, él se había desvelado con sus hijos a diferencia de su esposa que los dejaba con una nana, el si había sufrido las desveladas que muy seguramente Haruka iba a sufrir.
- ¿me quieres decir porque tengo una horda de reporteros en la puerta de mi casa? ¿Qué no se suponía que tú y el abuelo habían arreglado eso? – cuestiono con un poco de molestia pero sin elevar mucho la voz ya que Hotaru aun dormía y no quería salir de la habitación para hablar ya que corría el riesgo de que Michiru la escuchara y se pusiera nerviosa.
- lo hicimos. – aseguro Hiro de manera seria. – no puedo creer que no hayan cumplido con su parte del trato. – decía Hiro comenzando a molestarse, pues la cantidad que habían desembolsado para que no molestaran a sus hijas no había sido pequeña y ahora su hija lo llamaba y le decía que tenía a la prensa en su casa.
- pues creelo papá, porque los tengo apostados en la entrada y de cuerdo a uno de los guardias hasta han tratado de entrar a la mansión para obtener alguna información. – decía Haruka con molestia, pues no quería ahora tener que lidiar con la prensa, no con la falta de sueño que traía.
- ¿Por qué no sales y dices que todo ha ido bien y que la bebé está sana? – sugería Hiro de manera tranquila, pues él estaba seguro que eso era lo que la prensa deseaba, además de que estaba sospechando que esos reporteros no eran japoneses. – además no creo que esos reporteros sean locales, hicimos un trato Haruka y no creo que lo hayan roto. – aseguraba, pues bien sabía la prensa que romper un trato con ellos era la ruina y más considerando el acuerdo que Takuma les había hecho firmar, no se arriesgarían por muy buena que fuera la noticia.
- ¿estás seguro que si salgo y digo eso se irán? – cuestionaba Haruka no muy convencida. – papá yo lo único que quiero es que dejen a mi familia en paz, Hotaru está muy pequeña como para comenzar a salir en fotos y esas cosas. – decía Haruka, pues no quería someter a su hija al escrutinio de la prensa.
- mira, tu intenta con eso, si no funciona me llamas y ya después veré que puedo hacer. – respondía Hiro con seguridad, pues sabía a lo que Haruka se refería, quería proteger a su pequeña familia y el la apoyaría.
- está bien, te marcare en un rato. – dijo Haruka y termino la llamada para dirigirse a su habitación, tomar algo de ropa para quitarse el pijama y salir a dar la cara a la prensa, claro que cuidando de no despertar a Michiru, pues sabía que su esposa no estaba llevando muy bien el tener a su hija lejos aunque solo fueran dos metros y ahora con lo de la prensa se pondría peor.
Una vez que estuvo presentable para la prensa, salió de su habitación, bajo las escaleras y se encontró con Mariel, le pidió que se quedara en la habitación de su hija mientras el salía y hablaba con la prensa a lo que la maid acato la petición de inmediato, Haruka camino hasta la entrada y una vez que estuvo cerca fue capaz de escuchar el alboroto que se había armado con su sola presencia.
- hola. – comenzaba a hablar cerca de la entrada. – les agradezco mucho el haber venido, solo he salido para decirles que… - pero no logro terminar porque uno de los reporteros la había interrumpido, no dejándola terminar con su discurso que venía ensayando desde que salió de la mansión.
- ¿es verdad que su hijo ya ha nacido? – cuestiono el reportero que la interrumpió.
- como les decía, quiero agradecer que estén aquí. – comenzaba de nuevo ignorando la pregunta del reportero. – mi familia se encuentra bien, Michiru está descansando y nuestra hija está durmiendo, ha nacido muy sana; así que les pido de favor que dejen de estar sitiando mi casa y se retiren, no hay nada más que decir. – termino Haruka, pues para ella esa había sido una explicación más que suficiente, no iba a revelar más a la prensa porque sabía que eso solo les daría más de que hablar.
¿Presentara a su hijo a la prensa? ¿Piensa vender las fotos de la exclusiva? ¿A qué televisora piensa venderlas? ¿Ya tiene una cantidad fija de lo que cobrara por las fotos? Pregunta tras pregunta eran lanzadas hacia ella, preguntas que no hacían otra cosa más que molestarla porque era más que evidente que ella no tenía pensado hacer negocio con el nacimiento de su hija, ella no quería que saliera en la prensa por todos los cielos; ¿puede darnos una cifra de la cantidad en la que venderá el evento? ¿Es verdad que su hijo ha nacido con un color de ojos diferente a los suyos y a los de su esposa? ¿Está seguro que la señora Tenoh le dijo la verdad y el niño es suyo? Con cada pregunta que escuchaba su humor se ponía cada vez peor, pues no podía creer la cantidad de estupideces que esas personas eran capaces de decir, por Kami, ella misma había dicho "hija" hace unos momentos y ellos no dejaban de cuestionar acerca de un niño; era más que obvio que no iba a sacar nada de ahí, tenía que volver y hablarlo con su padre.
No dijo nada más y simplemente se alejó de la puerta y de esa locura de reporteros que tenía en su entrada, era más que evidente que la situación se tendría que solucionar de otra manera, porque hablando de manera tranquila no iba a conseguir nada; entro en la casa más que molesta y aprovechando que Mariel seguía con su hija tomo su celular y marco el número de su padre para explicarle como resultado su salida a dar declaración a la prensa; Hiro de igual manera se molestó por las palabras de su hija, no podía creer hasta donde era capaz de llegar esa gente con tal de vender alguna noticia, pero él no lo iba a permitir, era su nieta por todos los cielos; le pidió a Haruka que no saliera más y que lo mismo le dijera a Shizuru y a Natsuki, así como también le dijo que él y Takuma se harían cargo a partir de ahí.
En menos de cuatro horas ya no tenían reporteros en la entrada de la casa, por suerte ni Michiru ni Shizuru se habían dado cuenta de lo que estaba pasando, ya que únicamente se habían levantado para darles de comer a sus respectivas hijas y después se habían ido a dormir nuevamente y tanto Haruka como Natsuki agradecían eso; Hiro había ido y le había explicado a Haruka que como algunos reporteros habían tratado de meterse a la mansión y todo estaba filmado gracias a las cámaras de seguridad no había habido ningún problema al interponer una demanda por acoso y allanamiento de morada, así que de esa manera se habían desecho de los reporteros.
Solo habían pasado dos semanas desde la llegada de las bebés a la casa Tenoh y las mamás ya no podían más, habían sido noches completas sin dormir porque las niñas tenían cólicos, porque no podían eructar, porque tenían hambre, porque no querían estar en su habitación solas y nada más eran dejadas en la cuna no demoraban ni diez minutos en llorar nuevamente pidiendo atención; tanto Haruka como Michiru, Shizuru y Natsuki tenían unas ojeras que no podían con ellas, sus pequeñas no les estaban dando tregua para nada, tenían mucha más energía que ellas cuatro juntas, por suerte Saeko y Youko aún estaban en la mansión y les ayudaban unas horas para que ellas pudieran dormir; lástima que solo fuera por poco tiempo ya que Hotaru al no sentir la presencia de ninguna de sus madres en su habitación se ponía a llorar y no había poder humano que la callara hasta que Haruka o Michiru iban a verla.
Y así el mes que les habían puesto para que pudieran intimar había pasado sin ellas ser conscientes de ello, pues Hotaru demandaba toda su atención y los días fueron pasando uno a uno hasta que el mes se había cumplido. Esa noche Haruka había acostado a Hotaru como siempre lo hacía durante ese mes, había vuelto a su habitación y se había acostado aun lado de su esposa mientras pasaba uno de sus brazos por la cintura de Michiru, en menos de dos minutos ya estaba más que dormida, estaba muy cansada, pues a pesar de que no estaba acudiendo a la empresa aun así tenía que revisar papeles de juntas, de presupuestos y entregar un informe y todo esto con las horas de sueño más que reducidas; ella había sentido que solo había cerrado los ojos un momento cuando unos movimientos en la cama la hicieron despertar.
- mmm ¿Qué sucede? – cuestiono con los ojos aun cerrados, solo esperaba que no le dijera su esposa que era hora de levantarse porque sin duda se pondría a llorar.
- tengo que darle de comer a Hotaru. – susurro Michiru acerándose a su esposa y besando su frente.
- ¿está llorando? ¿Qué no la acabo de dormir? – cuestionaba aun sin poder abrir los ojos por el cansancio y el sueño que tenía.
- no mi amor, no está llorando y no, no la acabas de dormir, eso fue hace horas. – respondía Michiru con una sonrisa, ella también estaba cansada, pero sabía que era Haruka quien se estaba llevando la peor parte, porque ella podía dormir más tiempo y Haruka tenía que hacer bastantes cosas una vez que amanecía.
- ¿entonces como sabes que tiene hambre? – cuestionaba la rubia un poco confundida por lo que su esposa le había dicho.
- porque me duelen lo pechos, por eso sé que le toca comer, pero tú no te preocupes, duerme. – susurraba Michiru y le dio un beso en los labios a su viento antes de levantarse de la cama y dirigirse hacia la habitación de su hija.
Por otro lado o mejor dicho en otra habitación estaba Shizuru y Natsuki durmiendo tranquilamente cuando un llanto proveniente de la habitación frente a la suya las hizo despertar a ambas, su pequeña requería atención; Shizuru vio el dulce rostro de su amor arrugar su ceño al escuchar como su pequeña lloraba, se levantó de la cama y sintió como Natsuki hacia lo mismo.
- Natsuki ¿a dónde vas? – cuestionaba la castaña un poco extrañada.
- Hikari está llorando. – respondió la peliazul con voz adormilada y buscando su pantuflas para levantarse.
- dejalo amor, ya voy yo. – decía Shizuru con una sonrisa, Natsuki se había desvivido por ella y por Hikari día y noche, cuidando de su hija para que ella pudiera descansar y dormir bien.
- no, yo voy, tu duerme Shizuru. – respondía Natsuki aun buscando sus pantuflas.
- Natsuki, te digo ya voy yo. – decía Shizuru viendo como Natsuki se ponía de pie e ignoraba lo que le estaba diciendo.
- no te preocupes Shizuru ahora vuelvo. – decía Natsuki mientras caminaba hacia la puerta sin hacer caso de lo que Shizuru le decía.
- Natsuki, Hikari muy probablemente tiene hambre ¿segura que quieres ir? – decía la castaña de manera divertida pues a Natsuki le deba pena ver como alimentaba a su hija.
- oh. – fue lo único que respondió la peliazul deteniéndose antes de girar la perilla de la puerta.
- lo ves, anda, vuelve a la cama que ya voy yo, tu descasa mi amor. – decía Shizuru mientras se encaminaba a tomar la mano de Natsuki para devolverla a la cama, jamás pensó que su cachorra seria así una vez que su hija llegara al mundo.
Shizuru dejo a Natsuki en la cama y ella fue a ver a su pequeña que muy seguramente ya habría despertado a todos en la mansión, sabía que sería más fácil si tuvieran una nana, pero ni ella ni mucho menos Michiru les había agradado la idea, ni tampoco a sus parejas, después de todo ella y la aguamarina habían crecido con una nana, a diferencia de sus respectivas esposas; ellas querían que sus hijas tu vieran a sus madres con ellas no a una nana, querían brindarles el amor que ellas no pudieron recibir de sus respectivas progenitoras y además querían tener una verdadera familia; llego al cuarto de su hija y la encontró llorando y moviendo sus manitas y piecitos, la tomo en sus brazos y Hikari instintivamente comenzó a buscar en su pecho.
- oh mi princesa, sabía que tenías hambre. – dijo Shizuru, acomodo a su pequeña, desabotono su pijama para dejar libre su pecho y se lo acerco a su hija, quien no demoro mucho en tomarlo con sus pequeños labios y comenzar a comer.
Tres meses después…
Ahora la pequeña Hotaru tenía cuatro meses, pero aun así seguía sin darles tregua a sus madres, pues no había momento del día mientras la pequeña estuviera despierta que no quisiera estar en los brazos de Michiru o en los de Haruka; tanto la rubia como la aguamarina terminaban más que agotadas al final de día que no casi no tenía tiempo para ellas, para su matrimonio; la última que vez que habían intimado había sido en el asiento trasero del auto de Haruka y eso porque Youko prácticamente las había echado de casa alegando que les hacía falta divertirse y más que nada que no podían descuidar su matrimonio, les había dicho que ella y Midori se encargarían de Hotaru, mientras ellas salían pues ahora su pequeña ya tenía cuatro meses y estaba muy bien de salud, pues estaba creciendo en un hogar donde solo había amor y era muy bien cuidada por sus dos madres, Hiro, Takuma y Dorian que no hacían otra cosa que llenarla de mimos, regalos y amor; Serena y las chicas no se quedaban atrás, al igual que Shizuru y Natsuki y lo mismo ocurría con Hikari, quien también recibía mucho amor de parte de sus dos madres, de su abuela Saeko, de su abuelo Hiro, de Takuma y de sus tías; ese día Hotaru se había dormido más temprano que de costumbre, pues Haruka había comenzado con su rutina para cansar a su pequeña y así tener más tiempo para estar con su mujer, lástima que su plan no tuviera en cuenta el cansancio de su esposa, pues al llegar a su habitación está estaba más que dormida, así que esa noche tampoco habría acción.
Cuatro meses después…
Y así siguió ocurriendo, apenas tenían tiempo para ellas los primeros meses que Hotaru estuvo en casa y lo mismo ocurría con Shizuru y Natsuki, las peleas obviamente no se hicieron esperar pero nunca fue nada grave, solo pequeñas discusiones que al final del día terminaban por arreglar, ya sea que cediera una u otra, pues sabían que se amaban y solo estaban hablando por cansancio o frustración; y así habían llegado hasta los ocho meses de las pequeñas, tanto Hikari como Hotaru ahora pasaban más parte del tiempo recorriendo la mansión en sus andaderas que en los brazos de sus madres, además de esto había algo que tanto Shizuru como Michiru habían notado y era que sus esposas eran más que posesivas con sus niñas, si de una fiesta se trataba y alguien las abrazaba por mucho tiempo iban por ellas sin importarles quien las trajera; sin duda ese comportamiento no estaba bien pero se veían tan tiernas todas celosas que no tenían corazón para reprenderlas.
Apenas tenían ocho meses y ya era toda una odisea darles de comer a ambas niñas, pues siempre hacían un tiradero en el comedor, además de que ya comenzaban a correr en la andadera y eran el terror de las maid pues les encantaba estar tras ellas ensuciando lo que ellas ya habían limpiado, ninguna de las niñas se comportaba bien o eso creían Shizuru y Michiru, hasta que llegaban Haruka y Natsuki, una vez que sus esposas estaban en casa las niñas comían sin hacer un desastre y se comportaban muy bien, solo a la hora del baño siempre salían más mojadas Haruka y Natsuki que las pequeñas pero disfrutaban cada etapa de ser padres juntos; ni Michiru ni mucho menos Haruka habían aceptado la idea de una nana, Michiru había seguido con sus estudios pero sin descuidar a su hija, Haruka le ayudaba a estudiar y cuando estaba libre del trabajo le ayudaba a cuidar a Hotaru para que ella pudiera hacer su tarea, Shizuru había dejado la empresa por un tiempo pues quería ser madre de tiempo completo a lo que Haruka no se opuso, todos estaban llevando una vida bastante tranquila y normal, estaban gozando la dicha que una familia puede brindar y sobre todo, estaban disfrutando estar al lado de la persona que amaban.
Tres años después…
- amor ¿has visto mi reloj? – cuestionaba una Haruka vestida con un elegante smoking mientras buscaba en su buro y en el tocador de su mujer.
- mi cielo tu reloj. – decía Michiru mientras salía del baño con el objeto en sus manos y se lo entregaba a Haruka con una sonrisa en los labios.
- estas hermosa. – decía Haruka con una sonrisa al ver a Michiru con ese elegante vestido azul turquesa que le quedaba justo a la medida. - ¿Qué te parece si les enviamos el regalo y te secuestro? – cuestionaba la rubia con una sonrisa en el rostro mientras se colocaba el reloj.
- y tu estas muy guapa pero no, tenemos que ir, son nuestros amigos y además eres el padrino, así que anda que vamos tarde. – decía Michiru quien se aproximaba a la puerta para abrirla ya que estaban tocando.
- aquí está su pequeña. – decía Natsuki con una sonrisa entregando a Hotaru a su madre, pues ella había tenido libre ese día y le había tocado arreglar a las niñas. – ¿ya están listos? – cuestionaba pues su esposa y ella ya estaban más que listas, al igual que le pequeña Hikari.
- muchas gracias Natsuki. – decía Michiru con una sonrisa. – y si ya estamos listos, vamos, Haruka ahora viene. – decía mientras salía de la habitación junto con su hija y acompañaba a Natsuki a la estancia donde Shizuru y Hikari estaban.
En menos de cinco minutos Haruka ya estaba bajando las escaleras para partir hacia la boda, pues se les hacia un poco tarde; una vez que bajo las escaleras beso a su mujer, cargo a su hija, saludo a su prima-hermana con un beso en la mejilla, a su cuñada con un apretón de manos y beso la mejilla de su sobrina; no podía pedir más, era feliz, tenía una esposa única, una hija encantadora, una familia maravillosa y era feliz, por fin era feliz.
- bien ¿están todas listas? – cuestiono la rubia con su hija en brazos, mientras les regalaba una sonrisa a su familia, estaba comenzando a pensar si esa sonrisa no sería permanente, pues algunas veces le dolía la cara de tanto reír.
- ¿y tú nos preguntas eso? – respondió Shizuru con una sonrisa. – estábamos listas antes que tú. – decía con fingido tono de molestia.
- oh, perdone usted la demora. – contestaba la rubia, mientras comenzaba a caminar hacia la salida. - ¿ustedes pidieron el auto? – cuestiono, pues desde que Hotaru había nacido eran pocas la veces que le tocaba manejar pues su hija quería estar en sus brazos.
- he sido yo amor, ya sabes cómo se pone tu hija cuando conduces ¿y no queremos un accidente verdad? – respondía Michiru con una sonrisa, pues ella también estaba comenzado a extrañar los paseos por la orilla de la playa en el coche.
Haruka no dijo más, pues sabía que su esposa tenía razón, hija se ponía muy hiperactiva cuando la veía conducir, solo esperaba que eso parara cuando su pequeña fuera un poco más grande; subieron al auto y Haruka le indico al conductor hacia dónde dirigirse, pues tenía que llegar a la iglesia a tiempo o de lo contrario muy seguramente el novio la mataría, pues ella era el padrino y traía consigo los anillos, el silencio no tenía cabida en el coche, pues siempre había algo que relatar, ya fuera de las niñas o del trabajo, Haruka y Shizuru hacia un año que habían comenzado a hacerse cargo de la empresa Tenoh, Natsuki y Michiru habían terminado ambas sus carreras universitarias, Natsuki había decidió unir su empresa con la empresa Tenoh y así ella pudiera trabajar con su esposa, para poder reducir sus horas de trabajo y cada una pudiera compartir suficiente tiempo con Hikari, Michiru había decido seguir con la música, Haruka le había puesto una escuela para que se dedicara a ella y a la pintura, pero aun así grandes empresas promotoras de la música clásica la buscaban para que ofreciera conciertos y diera giras, a lo que Haruka no se opuso, pero claro siempre encontraba un viaje de negocios justo en el país donde Michiru tenía gira y justo los días que tenía que estar la aguamarina ahí; después de hablar de todo un poco, fue Shizuru quien saco un tema que estaban retrasando sin tomar una decisión.
- ¿y bien? ¿Ya han pensado que vamos hacer? Las niñas ya van a cumplir cuatro años en algunos meses y no hemos planeado nada para su fiesta. – comenzaba la castaña pues ese tipo de eventos habían comenzado a planearlos con tiempo debido al trabajo de las cuatro.
- fieta. – decía la pequeña Hotaru que estaba en las piernas de Haruka con una sonrisa mientras aplaudía.
-así es mi amor, una fiesta. – decía Haruka mientras alzaba a su pequeña y le besaba la frente, amaba a su hija, adoraba a sus dos chicas y no había nada que ella no hiciera por ellas; aun recordaba la vez que Hotaru dijo su primera palabra.
Dos años antes…
Era el día del cumpleaños de su princesa, había decidido que ese día no acudiría a trabajar y se lo había dicho a su padre, quien no había puesto ningún inconveniente pues adoraba a su nieta que incluso el no iría a la oficina, se levantó de la cama y seguido de ella lo hizo Michiru quien había sentido el movimiento de la cama.
- lo siento amor ¿te desperté? – cuestiono, pues no quería despertar a su esposa, solo pensaba ir a ver si su hija ya estaba despierta para desearle un feliz cumpleaños.
- no, está bien, yo también quiero desearle feliz cumpleaños a nuestra hija. – respondió Michiru con una sonrisa pues conocía muy bien a su esposa y sabía sus intenciones.
- me conoces incluso mejor yo misma. – volvió a hablar Haruka, pues después de que Hotaru dejara de llorar y despertar cada dos por tres, ella iba a su habitación a verla dormir, incluso Michiru tenía que ir por ella y llevarla de regreso a su habitación.
Michiru no había respondido a eso y solo había estirado la mano hacia su viento para que se la tomara y así juntas ir a la habitación de su hija, Haruka no lo pensó dos veces y tomo la mano que se le ofrecía, juntas salieron de su habitación para dirigirse a la de su hija, que prácticamente estaba conectada con la puerta de su habitación; aunque no lo parecía ambas ansiaban verla, se habían acostumbrado a sus risas, a su llanto, todo de ella les parecía maravilloso, pues hacia un año de su llegada a sus vidas, un año de risas, de llantos, de desvelos, de peleas, de frustración, pero un año que no cambiarían por nada en este mundo, pues ese año, les había enseñado la dicha de ser padres; al abrir la puerta ambas sonrieron al ver a su hija, pues su pequeña ya estaba despierta y parada con ayuda de los barrotes de su cuna, mirando hacia la puerta y al ver entrar a su padres una sonrisa se dibujó en sus pequeños labios y dijo unas palabras que provocaron lágrimas en sus madres.
- pa-pá, ma-má. – eran sus primeras palabras y estaban cargadas de tanto significado para sus madres, pues no solo eran sus primeras palabras, sino que además eran dirigidas a ellas, no podían estar más felices.
Continuara…
