Hola!!
Ya regrese de vacaciones, me tardo un pokito, pero ya estoy aki, así k aka os dejo un nuevo capp, como prometí!
Muchísimas gracias a todos por vuestros reviews, lamento no poder responderlos en esta ocasión epro esk voy con el tiempo justo, igual MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS!!
Esa misma tarde en el palacio, dos jóvenes sufrían las consecuencias de una sangrienta y peligrosa batalla de comida. Solo que, es esta ocasión, las "consecuencias" no parecían ser demasiado molestas.
- Sabes a zumo de manzana – canturreo una voz femenina mientras saboreaba el lóbulo de la oreja de su compañero.
- Y tu sabes a deliciosa tarta de chocolate – replicó otra voz algo más grave, mientras se deleitaba en el cuello de su amada, provocando de este modo k una oculta risa escapara de la garganta de ella.
- Sabes la primera vez k me trajeron aquí, soñé que hacíamos esto – relato ella.
- Y también te imaginaste cubierta de mermelada? – se intereso él.
- No, eso no – respondió la joven mordiendo el labio sugerentemente, pero debo decir k tu sabor a fresas y mosto y realmente atractivo.
- Mas k yo? – la tentó él.
- Eso nunca – negó ella en un delicioso susurro, mientras sus labios temblaban hasta encontrarse en un apasionado beso.
Ambos se encontraban en una amplia estancia, con el agua cubriendo la mayor parte de sus cuerpos. Anzu ya había estado allí anteriormente, de echo la "bruja" k se encargo de recibirla la acompañó hasta allí con intención de... bueno sus oscuras intenciones nunca quedaron muy calaras.
Pero si en aquella ocasión Anzu se había deleitado en aquellas impresionantes paredes de mármol, en aquellas pálidas esculturas adornadas con oro blanco, en cada una de las diferentes imágenes que adornaban la estancia, y ante todo en aquella agua tibia tan cristalina como las mismas lagrimas..., digamos que ahora, disfrutando de todo ello junto al hombre que amaba, no concebía manera de ser más feliz.
El profundo beso dio paso a algo más.
Las manos de Atem se escurrían por todo su cuerpo tratando de memorizarlo, de descubrir hasta el más pequeño de los detalles.
Anzu se deleitaba en esas caricias al mismo tiempo que ella tomaba y jugueteaba con los endurecidos pezones del chico.
Sus labios comenzaron a recorrer su cuerpo, desde sus pechos, hasta su miembro más erecto.
El agua acompañaba sus movimientos mientras él mordisqueaba sus pechos, provocándole pequeños gemidos de placer, mientras guiaba sus manos hasta ese cálida cueva, hasta ese puntito en especial que la hacia perder el control.
Buceando, dispuesta a enloquecerle, Anzu sumergió su cabeza en el agua, y por primera vez, introdujo su miembro eréctil en su boca, saboreándolo, introduciéndolo y devolviendo lo afuera en repetidas ocasiones.
Aun desde el agua podía escuchar los roncos gemidos de placer k el joven provocaba, y disfrutando de ellos, procuró consumir sus recursos de oxígeno al máximo.
Cuando sus pulmones no resistieron más, emergió del agua, pero el la esperaba para atrapar su boca en sus cálidos labios, agradecido, feliz, descontrolado, todo suyo.
Sin poder contenerse, él hundió la mano en su clítoris una vez más, provocando su completo descontrol, su insaciable sed. Y solo cuando vió el deseo inscrito en su rostro, introdujo su pené al completo dentro de ella, colmándole de placer, de emoción.
Las sacudidas comenzaron, y debieron admitir que hacerlo dentro del agua era una experiencia innovadora, completamente nueva, desconocida.
El agua elevaba sus cuerpos y les restaba peso.
Ellos se aferraban el uno al otro fuertemente, dispuestos a nunca soltarse y las exclamaciones de placer eran liberadas por ambos, pero escuchadas por nadie.
Finalmente Anzu sintió como el orgasmo la alcanzaba, colmándola de placer, estallando en mil volutas de intensidad, e instantes después un liquido caliente llenaba su interior.
Atem se había derramado.
Jadeantes y exhaustos, permanecieron largo tiempo abrazados, permitiendo k el agua sostuviera sus cuerpos, y dejando a estos flotar, mientras sus corazones latían a uno, sus almas mezclaban su esencia, y su amor se hacia indestructible.
Hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
En otro lugar del palacio, una escena muy diferente ocurría.
Estaba furioso, la rabia se reflejaba en su rostro, y un único pensamiento cubría su mirada.
"Me vengaré de esto"
Conteniendo la respiración y con movimientos muy poco delicados, un joven de cabellos morenos caminaba por los pasillos del palacio, presuroso por llegar a su destino.
Instantes más tarde, su mano se detenía en el pomo de la puerta y la abría bruscamente.
- Niña de los mil demonios, dónde te metiste? – su voz retumbo en la habitación, asustando incluso a las piedras, sobresaltando a cierta personita que en esos instantes se encontraba en una de las estancias comunicadas con l habitación principal.
Asustada por semejante secándolo, se apresuró en ir a comprobar al causa del mismo.
- Se puede saber qué Rayos esta ocurriendo aquí? – preguntó enfadada mientras avanzaba hasta el centro de la estancia.
El muchacho no tardó en reconocer su voz, y exasperado se preparo para cantarle todo lo que se merecía.
- Cómo qué pasa? – preguntó enfadado Mahado – te parece poco k me rociases de co...
No pudo continuar, mientras hablaba se había ido girando hasta localizar a la chica con sus ojos, sin embargo, ahora que la tenía enfrente, las palabras escapaban a su boca.
Ante él se encontraba la misma joven a la k el venía dispuesto a renegar, sin embargo en esta ocasión, no vestía el común traje de aprendiz de maga, ni siquiera algunos de aquellos elegantes vestidos que muy casualmente usaba, y los que, debía añadir, la hacían ver sumamente hermosa.
No; en esta ocasión su cuerpo se encontraba cubierto tan solo por una pequeña toalla en vuelta alrededor, dejando al descubierto sus extremidades y la parte baja del cuello, por el que además, discurría mojada su preciosa cabellera.
Todo esto unido hacían llegar a uno a la conclusión de k la chica apenas había concluido de bañarse, debido quizás a los innumerable restos de comida que habían ido a parar a su cuerpo.
Sin embargo aquel alto y magnifico joven, se hallaba tan perdido en la imagen que tenía ante él que era incapaz de llegar a esa sencilla conclusión, no obstante, la chica pudo notar la confusión en su mirada, y se apresuró a explicar.
- Qué...? – inquirió él.
- Es que..., recién terminé de darme un baño... – se excusó Mana, sin embargo la duda pudo con ella – en todo caso, qué haces tu aquí? – se defendió ella – por si no lo has notado esta es mi habitación – expresó señalando alrededor con su cabeza – y ni siquiera te molestaste en llamar y asegurarte si estaba indispuesta.
No obstante, y pese a k todo indicaba lo contrario, Mahado apenas había reaccionado con la respuesta, su anterior rencor había desaparecido y ahora se encontraba hipnotizado con la figura que tenía ante él.
Tras unos momentos, la joven no pudo mas sino apreciar esta mirada, y un leve sonrojo se poso en su mirada.
"Si tan solo él... – pensó tristemente – No importa."
- Mahado – llamó, tratando de liberarlo de su ensimismamiento – querías algo?
Le costó unos minutos reaccionar ante esa pregunta, y pareció transcurrir una eternidad desde que esta llegaba a sus oídos hasta que finalmente su cerebro exponía el significado.
- ... – "yo... por qué fue qué vine aquí...? - se preguntó a si mismo - No recuerdo..., pero algo había... Oh! Si claro, ya recordé " – Pues claro! – pronunció volviendo de golpe a la realidad. Se puede saber a qué vino eso de rociarme enterito de comida? – pregunto en tono recriminarte, sin embargo, el momento había pasado y la furia apenas permanecía en su voz.
- Te lo tuviste bien merecido! – expresó Mana con su habitual desparpajo sacando la lengua al aire – La próxima vez que te desaparezcas, que no te olvide avisar...
El comentario de Mana sonó inocente para el mundo, sin embargo trajo de vuelta demasiadas cosas que el sacerdote había preferido olvidar. Asuntos inquietantes que por un momento había logrado olvidar. Pero eso ya no era posible. Tenía su destino en la palma de su mano, y la decisión y había sido tomada, horas antes..., esa misma mañana. Y ni había vuelta atrás.
Su semblante se torno triste.
- Mahado... – susurró Mana apenada por la profunda pena que reflectaban ahora esos ojos que tanto amaba, y sin tener apenas en cuenta que tan solo iba cubierta por una pequeña toalla se acerco a él y le abrazó – Mahado... que ocurre?
Un instante de silencio mientras ella lo rodeaba entre sus brazos, un instante de silencio mientras aspiraba el aroma de su cabello mojado, un instante de silencio mientras sentía el cuerpo de ella posado en el suyo.
Sin embargo los instantes finalizaron, y él hubo de hablar.
- Mana yo... – su voz siempre serena tembló al hablar, y por un momento deseo k todo fuera distinto, que Bakura jamás hubiera existido y k el nunca se viera obligado a enfrentarlo. Pero algunas cosas, son imposibles. Esa misma mañana había permaneció recluido en el templo de Ra en busca de consejos, los mismo dioses le habían informado de lo que debía hacer. Al menos si deseaba que sus amigos permaneciera a salvo. – Mana... – su voz ya no temblaba, ni sonaba indecisa, pero la ternura impresa en ella asustó más a la joven que cualquier otra cosa.
- Qué ocurre? – pregunto de nuevo en un gemido de angustia.
- No es nada – tranquilizó él, calmado, suave, sereno – solo quiero que me prometas..., que serás feliz, que aprovecharás al máximo los largos años de vida que te quedan.
Ahora si el miedo estaba inyectado en los ojos de la chica, e incluso las lagrimas cristalinas parecían asomar de sus ojos.
- ... – fue incapaz de hablar, de responder, el habla la había abandonado.
- Prométemelo – insistió él, y ella incapaz de hablar se contento con asentir en un leve gesto de cabeza. Él sonrió – Se que serás las gran maga que siempre deseaste ser – afirmó el con una gran convicción en sus palabras – y quiero que sepas, que pase lo que pase, siempre me sentiré orgulloso de ti.
Estas ultimas palabras pronunció mirándole fijamente a los ojos, como si a través de estos, él quería que viera la verdad que había impresa.
No obstante una vez termino de hablar ella fue incapaz de sostener su mirada, pues las lagrimas circulaban por su rostro presas de un extraño sentimiento.
Era como si el se estuviese despidiendo.
No! La verdad era que el se estaba despidiendo.
"Pero por qué? – pensó ella desesperada, mas no había respuesta, y las lagrimas se deslizaban por su rostro fruto de este pensamiento, de el pesar que este provocaba. Del miedo a que él la abandonara, del tormento por ese amor inconfesado"
Sintió como una suave mano se posaba sobre su barbilla alzando su rostro, y pudo escuchar las palabras que el pronunciaba, pese a no captar su significado al instante propio.
- No llores – su voz se oí atan melodiosa, casi como un susurro en la noche oscura, tan leve como la suave brisa, tan poderoso como el viento atroz – recuerdo lo k me prometiste.
Solo entonces Mana cobró valor para devolverle la mirada, y con los ojos azules fijos en los suyos, sintió como el hombre acercaba los labios a su propia frente, y con tristeza dedujo que él se disponía a despedirla como lo que ella era, su alumna más brillante, su hermanita pequeña.
No obstante, y en un segundo que pareció una eternidad, él cambio la dirección de los labios, y se deslizó por su frente bajando verticalmente y casi acariciando su piel, hasta que finalmente, se detuvo en sus labios.
Mana creyó que el infinito se presentaba ante ella, que el mundo quedaba a sus pies, que ambos volaban y todo lo demás, preocupaciones, miedos, malestar, quedaba en la nada.
Y tan rápidamente como llegó se desvaneció.
Y en el momento en que ella abrió los ojos, él había desaparecido.
"Ha sido un sueño – pensó. Sin embargo aun podía sentir los labios de Mahado sobre los suyos propios, acariciándolos, saboreándolos, dándoles vida. – Fue real – no había duda."
Varios minutos transcurrieron mientras ella permanecí allí, de pie descifrando lo sucedido, derramando lagrimas sin saber si era pena o tristeza.
Finalmente aceptó la verdad, él se había ido.
Pero, a dónde?
Miles de ideas cruzaron por su mente, cada una de ellas mas disparatadas que la anterior, y aunque algunas de ellas podían cobrar sentido si se le otorgaba, en el fondo de su corazón sabía que ninguna de ella era la acertada.
Su vinculo con él era demasiado fuerte como para ser roto por engaños, por meras ilusiones.
Ella le amaba, y ese último beso, el haber probado sus labios, había formado una única conexión, imposible de vencer.
Tan solo cuando se percató de ello, la respuesta la alcanzó de golpe, como si siempre hubiera estado allí, como si el la hubiera depositado allí con sus labios, con la esperanza de que ella la encontrara.
Y ella no le había decepcionado.
hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
- Tonto! – protestaba la rubia de un modo no muy convincente – estate quieto; este no es el lugar apropiado para eso.
- Claro k lo es – contradijo Jono a su lado, mientras sus labios recorrían el cuello de la chica y sus manos la sostenían por la cintura – Cualquier lugar es apropiado para estar contigo.
Sus ultimas palabras parecieron relajar a la joven, quien todavía con el cabello mojado a causa de su anterior ducha, se había encontrado a Jono en uno de los pasillos y el muchacho no había tardado en acorralarla contra la pared mientras sus labios se acomodaban en su cuerpo.
Lentamente, Mai fue relajando su cuerpo y permitiendo a sus manos devolver las caricias al muchacho, mientras su boca corría presurosa hacia la de su compañero.
Sus lenguas se encontraron y una lucha de pasión dio comienzo, sus manos recorrían sus cuerpos sobre la ropa, imaginando que esta era inexistente.
Sin embargo...
- Jono! Mai! – inmediatamente ambos se separaron, y la chica lanzó una mirada de reproche a su novio, indicándole que ella tenía razón al decir k ese no era el lugar apropiado. Sin embargo el chico se limito a ocultar su sonrisa, había valido la pena.
- Mana qué ocurre? – preguntó Mai preocupada al ver es aspecto agitado que traía su amiga.
- Mahado... – prenunció la joven tratando de mantener al respiración constante – se ha ido... – las caras de confusión de sus amigos la obligaron a añadir – para enfrentarse a Bakura.
A partir de ahí todo fue distinto. Los rostros alegres de ambos mutaron hasta convertirse en reflejos de pura preocupación.
- Cómo que se ha ido? – interrogo Jono asustado – El solo? Pero es una locura.
Mana se limito a sacudir la cabeza pesarosa.
- Debemos encontrarle! – exclamó Mai y Mana sonrió débilmente agradecida. No esperaba menos de sus amigos – Hace mucho que se ah ido?
- Media hora, quizá un poco menos – respondió la aprendiza de maga, reprendiéndose mentalmente por no haber sido lo bastante rápida.
- Entonces aun tenemos alguna posibilidad – alentó Jono, dando brillo de esperanza al corazón de la joven.
- Así es – afirmó Mai algo más realista – pero debemos darnos prisa, y avisar al resto para que nos acompañe. Nosotros solos poco podríamos hacer.
De acuerdo con las palabras de la joven, el trío decidió dividirse.
Mana se dirigió a avisar a los sacerdotes y Jono y Mai fueron a buscar a Atem y a Anzu.
Una vez todos se hubieran reunido en la sala del trono, Mana les explicó la situación, y las respuestas no se hicieron esperar. Algunos de ellos mostraron escepticismo y miedo, la mayoría coincidió en que había que salir en su busca. Sin embargo hubo cierta persona que se mantuvo en silencio durante toda la conversación.
Anzu podía oír como las voces de su alrededor discutían sobre el posible lugar en el que Mahado y Bakura se enfrentaran, pero ni siquiera Mana era capaz de adivinar la respuesta. Su vinculo no era tan poderoso.
No obstante, a pesar de que oía, su mente estaba muy distante de encontrarse pendiendo las conversaciones, más bien se hallaba perdida en antiguos recuerdos, pero nada olvidados.
"La situación es complicada – razonaba en contra si misma – Mahado ha ido a enfrentarse a Bakura, y no tengo idea de donde acontecerá ese enfrentamiento. Sin embargo recuerdo la historia que Isizu nos contó, sobre como un leal siervo del faraón se sacrifico por este, fusionándose con su propio mago hasta dar lugar al mago oscuro, y de ese modo, poder servir por siempre a su faraón.
Pero, realmente es Mahado ese leal sirviente?
Si; no hay más opciones. Atem tiene dos amigos k le seguirán hasta la muerte, Mahado y Jono, y soy incapaz de imaginar a Jono como la reencarnación del mago oscuro.
No; decididamente ese ha de ser Mahado. Y si no me equivoco, esa lucha tendrá lugar en la cueva donde se entrena a los futuros guardianes, así k todo lo k debo hacer es avisar a Atem y compañía, de cuál es el lugar, luego seguro que ellos saben donde se encuentra, y con un poco de suerte lograremos salvar a Mahado"
No le costó mucho llegar a esa conclusión, tal vez segundos, o menos, sin embargo cuando se disponía a avisar a Atem de ello, algo en su interior la detuvo.
"Realmente debo hacerlo? O es acaso el destino de Mahado fusionarse con el mago oscuro, y de ese modo proteger al faraón por el resto de su vida? Y si trato de salvarlo, y logró, pero a causa de ello miles de inocentes mueren, incluso el propio Atem, sin su guardián para protegerle?"
Las duda le carcomían la mente, y no se creía capaz de encontrar la respuesta correcta.
Sin embargo su mirada se poso en Mana, quien a pesar de mostrarse serena, sus ojos delataban una gran tristeza, y miedo. Miedo a perderle. También se fijo en Atem y la desesperación de este por saber a su amigo perdido. Luego se fijo en el resto de personas que habitaban la sala, todas asustadas, pero al mismo tiempo con un brillo de esperanza.
Finalmente se examino a si misma; decidió olvidarse de todo y escrutar su verdadero ser.
La decisión estaba tomada.
- Atem! – llamó, y todas las miradas se posaron en ella – Creo k se donde se encuentra Mahado, y debemos darnos prisa para salvarlo – una mezcla de escepticismo y alivio recorrió la sala, pero el joven de cabello tricolor, confiaba plenamente en su esposa - La cueva de los guardianes, dónde se entrena a los futuros sirvientes del faraón. La lucha tendrá lugar allí.
- Estas segura? – pregunto Jono preocupado y extrañado. Anzu se limitó a asentir.
- Entonces porgamos en marcha – sentenció Atem, concluyendo así la discusión – Shadi avisa al sacerdote Seth de lo ocurrido y pídele que se una a nosotros – ordenó en su tono más autoritaria, ignorando las muestras de disgusto del rubio – Aknadi, es mi deseo que permanezcas en el palacio a las espera de posibles intrusos. – el anciano maestro asintió - Los demás dirigios a los establos y ensillad vuestros caballos. Partiremos en cinco minutos.
Rápidamente el salón se fue vaciando. Todos se apresuraban por cumplir las ordenes del faraón. Finalmente solo quedaron en la sala Atem y Anzu.
- Anzu escucha – murmuró Atem captando la atención de al chica y colocándose frente a ella al mismo tiempo k la tomaba de la mano – Quiero que permanezcas aquí, en el palacio, ayudando a Aknadi por si acaso aparece algún intruso, de acuerdo? – pregunto esperanzado.
- No – fue su rotunda negativa – no vas a retenerme aquí, a salvo en estas cuatro paredes mientras tú, y el resto lucháis contra un asesino a riego de perder vuestras vidas. – suspiro, decisión - No lo haré.
- Ra! Anzu –Atem parecía exaltado por al tozudez de su esposa, sin embargo comprendió k la furia no era el mejor modo de convencerla – Por favor – suplicó – si te pasara algo, no me lo perdonaría jamás.
- Y crees k yo si? –replicó la joven – Cómo crees que me sentiría yo si me quedará aquí sin hacer nada y la proximidad vez que volviera a verte fuese solo un cadáver? – el sentimiento cargaba sus palabras, ella estaba decidida a acompañarle, y a diferencia de antaño, esta vez les sería de ayuda.
Delicadamente abrazo a su esposo en un gesto lleno de amor y ternura, que pese a sus primeras intenciones, él no fue capaz de rechazar.
- Te amo – susurró a su oído – te amo, y no dejaré que nadie nos separe. Compartiremos el mismo destino, pase lo k pase.
- No quiero perderte – fue la sincera respuesta de su esposo.
- Y no lo harás – aseguró la joven de cabellos morenos y ojos azules – Te lo prometo.
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