Hola! lo siento, lo siento de verdad; ayer tuve un compromiso del cual no me pude escapar; pero aquí esta lo prometido, el ultimo capitulo de esta historia; quiero agradecer a todos los que me han acompañado a lo largo de este tiempo mientras escribía, de verdad muchas gracias por sus comentarios y apoyo, ha sido gracias a ellos que he podido seguir escribiendo y lo seguiré haciendo, estoy preparando la segunda temporada de Noche Roja y próximamente podrán leer mi nuevo fic "Mágico Destino"

Sin mas los dejo con el ultimo capitulo, espero lo disfruten y sea de su agrado.


Capítulo 49.

- pa-pá, ma-má. – eran sus primeras palabras y estaban cargadas de tanto significado para sus madres, pues no solo eran sus primeras palabras, sino que además eran dirigidas a ellas, no podían estar más felices.

Continuara…

- Ese había sido otro día más que memorable para ella ahora como madre; se había sumergido tanto en sus pensamientos que Natsuki había tenido que darle una codazo para sacarla de su ensoñación. - ¿Qué pasa? – cuestiono viendo a Natsuki.

- número uno, ya casi llegamos a la iglesia y vamos con buen tiempo. – decía la peliazul con una sonrisa en el rostro. – y numero dos te has perdido de toda la conversación entre nuestras esposas así que por tu bien a todo lo que pregunten, tu solo di que sí. – Haruka y ella se habían hecho muy buenas amigas y cuñadas, tanto que hasta se cubrían entre sí, pero eso no quitaba que la rubia la reprendiera siempre que metía la pata con Shizuru, porque después de todo, la castaña seguía siendo como una hermana para la rubia.

- gracias. – respondía la rubia en el mismo tono bajo para que sus esposas no se dieran cuenta de nada.

- ¿entonces amor? ¿Te parece bien todo? – cuestiono Michiru viendo a su viento con una sonrisa, este sería el cuarto cumpleaños de su hija y deseaba que fuera inolvidable, justo como los otros tres, pues quería crearle buenos recuerdos a su hija.

- amor todo lo que tu decidas está bien para mí. – respondía la rubia con una sonrisa, hacia tiempo que había aprendido las respuestas correctas para esas preguntas donde no ponía atención.

- amor, pero quiero que te involucres en esto, quiero que juntos planeemos todo, que vayamos juntos a comprar todo lo necesario, el pastel… - pero la aguamarina ya no pudo continuar porque su pequeña la había interrumpido.

- patel. – dijo la pequeña Hotaru al escuchar a su madre decir esa palabra, desde que había comenzado con sus primeras palabras, ahora repetía todo lo que decían los demás y se graba los nombres de las cosas que más le gustaban.

- si hime-chan, mamá dijo pastel. – respondía Haruka a su hija pues siempre que decía una palabra ella la alentaba. – amor lo haremos todo juntos, lo prometo, te acompañare a donde sea. – decía Haruka a su esposa con una sonrisa coqueta.

- hemos llegado. – informo el chofer cortando todo comentario que fuera hacer Michiru.

El chofer bajo del auto y abrió la puerta para que sus ocupantes descendieran, Haruka bajo y tomo a su hija en brazos para después ayudar a bajar a Michiru y lo mismo hizo Natsuki; una vez que todos estuvieron fuera del auto, Haruka le pidió al chofer que estacionara el auto, pues sabía que la ceremonia sería un poco larga, solo esperaba que su pequeña se comportara con sus tías, pues ella tenía que estar al lado del novio como el padrino y Michiru era una de las damas.

- tranquilo, todo va a salir bien, ni que el que se fuera a casar fueras tú, Natsuki y yo nos haremos cargo de Hotaru. – decía Shizuru con una sonrisa, pues sabía muy bien leer a Haruka y sabía cuál era su preocupación.

- eso espero. – respondió la rubia y sonrió pues de verdad no quería que los invitados, amigos y familia se dieran cuenta que la futura heredera del imperio Tenoh, no era más que una consentida, cosa que ella misma había fomentado.

- anda, ve a hacerle compañía al novio que debe estar nervioso y relajate. – decía Shizuru mientras estiraba los brazos para que Haruka le diera a su sobrina, la castaña sabía lidiar muy bien tanto con su hija como con su sobrina y el tenerlas tranquilas durante la ceremonia no sería un reto para ella.

Haruka el entrego a la niña a su prima, le dio un beso en la frente y le pidió que se portara bien, después de eso, hizo caso a Shizuru y fue a darle ánimos al novio como le había dicho su prima; al cabo de veinte minutos otro hombre entro en la habitación donde estaban y les informo que la novia estaba por llegar y era tiempo de tomar sus lugares, los invitados entraron en la iglesia y el novio tomo su lugar, aun lado de él estaba Haruka y cuando todos estuvieron en sus lugares, una hermosa melodía comenzó a sonar, las damas fueron las primeras en pasar y cuando estuvieron en sus lugares la novia hizo acto de presencia caminando del brazo de su padre, vistiendo ese hermoso vestido blanco, recorrió el pasillo con una sonrisa en el rostro y cuando estuvo por fin junto al novio, fue su padre quien deposito su mano en la de quien en poco tiempo seria su esposo.

La ceremonia había sido muy hermosa a criterio de Michiru y Shizuru, porque a pesar de que Haruka estaba justo parado aun lado del novio, no había prestado nada de atención por estar al pendiente de que nadie viera de más a Michiru y además de cuidar que su pequeña estuviera quieta; en la recepción todo eran risas y conversaciones, la rubia se había tenido que librar de una que otra conversación sobre negocios, pues estaba en una fiesta, en compañía de su hija, asi no le apetecía hablar de negocios justo en ese momento, además había descubierto algo muy curioso con respecto a Hotaru.

- hola. – saludo una voz, tenía prácticamente desde que se terminó la ceremonia tratando de encontrar la manera de hablar con la rubia que tenía delante y ahora no iba a desaprovechar esa oportunidad.

- Haruka al escuchar la voz, sintió una ligera molestia, pues se le hacía conocida y eso no era buena señal, volteó a ver de dónde provenía el saludo y no se equivocó, si la conocía. – hola, buenas noches. – saludo lo más cortes que pudo, pues delante suyo estaba la chica que se le había insinuado hacia bastante tiempo y Michiru había corrido de su casa.

- tanto tiempo Haruka. – decía la mujer con una voz que para ella era la más sensual que tenía, ningún hombre se le resistía cuando usaba esa voz y el que tenía delante no iba a hacer la acepción.

- sí, así es, unos años nada más. – respondía de manera cortante pues no quería hacer conversación con esa mujer, no, sabiendo que le podría causar problemas con su esposa.

- me alegra ver que aún me recuerda. – dijo la mujer y se fue acercando a Haruka de una manera depredadora, pero una vocecita la detuvo efectivamente.

- no, papá, mío. – dijo Hotaru al ver que esa mujer se le acercaba a su padre, ninguna mujer salvo ella, su madre, sus tías y prima podían acercarse a su padre, no iba a permitir que nadie lo apartara de su lado.

- oh vaya. – respondió la mujer al ver a la pequeña, pero no le dio importancia, pues si, tenía un parecido con el hombre frente a ella pero no era la gran cosa, tal vez solo era una sobrina o algo. - ¿y está pequeña señorita quién es? – cuestionaba esperando que dijera que no la conocía.

- Hotaru. – dijo Haruka y cargo a su hija, tenía así toda la noche, no había dejado que ninguna mujer se le acercara y solo la tenía pegada de su pantalón. – es mi hija. – respondió a la pegunta que hizo la mujer.

- ¿tu hija? – cuestiono incrédula, pero ahora que lo recordaba cuando había ido para hacer negocios con los Tenoh, la mujer que la corrió de aquella casa estaba embarazada y recordaba que Haruka la había presentado como su esposa.

- mío, papá. – volvía a decir Hotaru y se aferraba a la camisa de su papá. – tu, mala, vete. – decía viendo a la mujer y se escondía en el cuello de su padre.

- tiene su carácter, la niña. – decía la mujer viendo a la pequeña ahora con una sonrisa fingida, pues cuando no era la madre, era la hija quien se interponía en su camino y ella no quería dejar ir a ese hombre.

- tranquila hime-chan. – decía Haruka a su hija mientras pasaba su mano de arriba hacia abajo por la espalda de su hija, volteó a ver a la mujer y respondió. – sí, se parece a su madre. – dijo haciendo alusión a lo que había pasado hacia años en la mansión. – ahora si me disculpa, mi hija no está cómoda, que disfrute de la fiesta. – volvió a hablar la rubia, hizo una pequeña reverencia y se marchó lejos de esa mujer.

Una vez que estuvieron lejos de esa mujer, Hotaru salió de su escondite en el cuello de su padre y comenzó a jugar con un globo que había pillado sin que su padre se diera cuenta, al instante había comenzado a reír y a jugar de nuevo, como si nada hubiera pasado hacia unos minutos.

- claro, ya estas feliz otra vez. – decía Haruka para sí misma al ver a su hija con una sonrisa en sus labios divertida con el globo. – Hotaru. – hablo a su hija y le quito el globo por un momento para que le prestara atención. – hime-chan, dime ¿Quién te ha enseñado a hacer eso? ¿Ha sido mamá? – cuestionaba la rubia pero su hija solo la miraba divertida y sin responderle. – Hotaru ha sido mamá ¿Quién te ha enseñado hacer eso? – volvía a cuestionar pero su hija simplemente la miraba como si no entendiera lo que estaba diciendo. – Hotaru dime ¿Quién te ha enseñado a hacer eso? – volvió a cuestionar y una voz bastante familiar a su espalda la asusto.

- ¿Quién le ha enseñado a hacer que a nuestra hija? – cuestiono Michiru con una sonrisa, pues se aliviaba de ver a Haruka y a su hija, pues un segundo los tiene en su campo de visión y al otro desaparecen.

- bueno amor veras, es algo muy gracioso. – decía Haruka con una sonrisa y le comenzó a relatar a su esposa lo que Hotaru estaba haciendo con las mujeres que se le acercaban para hablar, ya fuera de negocios o por cortesía.

- la aguamarina no pudo evitar que una carcajada saliera de sus labios al escuchar lo que su pequeña estaba haciendo, ahora ella también quería saber dónde había prendido Hotaru a hacer eso. – jajajajajaja, no puedo creer que hago eso. – decía Michiru divertida.

- pues lo hace amor, al principio pensé que se lo habías enseñado tú, pero… esto más bien parece obra de Shizuru. – decía Haruka con una sonrisa, pues no le molestaba para nada que su hija fuera celosa, solo que ahora tenía a dos chicas cuidándola.

- sí, tienes razón, parece muy su estilo, pero no creo que le haya enseñado a hacer eso a nuestra hija, si acaso lo haría con la suya. – respondía Michiru divertida por las caras de confusión que hacia Haruka tratando de entender a su pequeña.

- oh Haruka, que bueno que por fin te encuentro. – decía un Hiro con una sonrisa al ver a su hija, su nuera y por supuesto a su nieta. – ven, hay alguien que quiero que conozcas.

- ¿papá, ahora? Michiru y yo estábamos conversando acerca de algo importante, además está es la boda de Serena y Darien, no es nuestra fiesta y no quiero estar de social, quiero estar con mi familia. – decía con un poco de fastidio en la voz, pues no podía creer que en cualquier evento al que asistieran su padre siempre la arrastrara a conocer más gente.

- oh vamos Haruka, suenas como un abuelo, solo será un momento, ahora volvemos. – le decía a Michiru para que lo ayudara a convencer a su testaruda hija.

- ve, Hotaru y yo estaremos aquí. – decía Michiru con una sonrisa para animar a Haruka a ir, ya después le cobraría ese favor a su suegro.

- está bien. – decía Haruka resignada. – pero trata de hablar con ella ¿sí? Trata de que te diga quien le ha enseñado a hacer eso. – pedía la rubia mientras era arrastrada por su padre hacia un grupo de personas.

- ahora mi amor ¿me dirás quien te ha enseñado a hacer eso? – cuestionaba Michiru a su hija, quien se aferró a su pierna y miraba fijamente hacia una dirección. - ¿Qué ves? – cuestiono y dirigió su mirada hacia la misma dirección que su hija y se sorprendió al ver a la misma mujer que años atrás había corrido de su casa. – oh, así que ha sido a ella a quien le has hecho el desplante. – decía Michiru mientras cargaba a su hija. – Hotaru tiene un detector de zorras, debería de prestarle más atención. – se dijo para sí misma la aguamarina.

La velada transcurrió sin problemas o contratiempos, toda la fiesta fue un completo éxito, Serena se veía radiante y que decir de Darien, que parecía el hombre más feliz por estar por fin unido a la mujer que tanto amaba, tanto Shizuru como Michiru derramaron unas pocas lágrimas al recordar el día de su boda y lo felices que ahora eran con sus esposas y sus hijas, solo esperaban que la nueva pareja fueran igual de felices que ellas, pues no había regalo más grande que estar al lado de la persona que amas y tener la certeza de que será así por el resto de sus vidas.

Tres años después…

Era un día común y corriente en la residencia de la familia Tenoh, todos habían terminado de desayunar y cada quien hacia sus labores en la casa, todos excepto Haruka y Natsuki quienes aún dormían de lo más cómodas, pues el día anterior sus esposas las habían dejado agotadas, ahora que las niñas ya tenían seis años cumplidos, tanto Shizuru y Michiru no perdían el tiempo con sus esposas pues las niñas ya no requerían tanta atención y ahora todo ese tiempo se lo podían dedicar a su matrimonio y más ahora que las niñas asistirían a la escuela en una semana, pues habían hecho el preescolar en la mansión Tenoh con maestros privados, esto porque ni Shizuru ni Michiru querían que las niñas a esa edad sufrieran el acoso de la prensa, pero ahora tenían que asistir a la escuela para que pudieran relacionarse con niñas de su edad y fueran más sociables; el silencio de la mansión fue roto por el sonido del teléfono sonando, una de las maid lo contesto y fue a entregárselo a Michiru, al parecer Serena y Darien habían vuelto de los Estados Unidos y se querían reunir con ellos, a lo que Michiru con gusto les dijo que los esperaba para comer y sin perder tiempo informo a Shizuru y ambas se pusieron manos a la obra, tenían tres años sin verlos, pues poco después de la boda, Darien había recibido una oferta de trabajo en Estados Unidos y se habían mudado ahí y ahora volvían, tenían que avisar a las chicas.

En menos de tres horas ya estaba todo organizado, hasta las chicas estaban invitadas, pues todos se habían vuelto inseparables, ya cada una con sus respectivas familias e hijos pero aun así seguían siendo buenos amigos todos; todo el ajetreo de la parte de abajo no demoro mucho en sacar de sus sueños a cierta rubia y a una peliazul, que con el ceño fruncido se habían levantado de la cama para dirigirse hacia la planta baja de su casa y ver qué era lo que estaba sucediendo.

- ¿se puede saber que es todo esto? – cuestionaron ambas con el mismo tono molesto-adormilado, pues no les gustaban que las despertaran temprano y menos en el día que les tocaba descanso.

-mami. – había hablado la pequeña Hikari y había corrió hacia las piernas de su madre peliazul.

- papi. – hablo también la pequeña Hotaru de ahora seis años e imito a su prima abrazando las piernas de su padre.

- hola amor, buenos días. – dijo Michiru que llevaba una charola con aperitivos hacia la sala.

- hola hime-chan. – respondió la rubia acariciando la cabeza de su hija y despeinándola un poco. - ¿amor que es todo esto? Buenos días. – cuestiono y respondió el saludo, pues Michiru la había reprendido la última vez que la había ignorado porque Hotaru estaba aprendiendo eso de ella.

- Serena y Darien han vuelto y vendrán a comer, junto con todos las chicas. – respondía Shizuru entrando en la estancia con otra charola de bocadillos.

- ¡¿Qué?! – respondieron Haruka y Natsuki al mismo tiempo, pues ellas tenían pensado pasarse todo el día en pijamas jugando Xbox con sus hijas en el cuarto de juegos que habían acondicionado.

- así que por favor ¿pueden ir tú y Natsuki a darse una ducha y ponerse presentables? – pedía una Michiru con el ceño fruncido al escuchar como ambas mujeres habían contestado a lo que Shizuru había dicho.

- pero… - volvieron a decir al mismo tiempo, pero fueron cortadas por Shizuru quien ahora también fruncía el ceño.

- no hay pero que valga, vayan ya, que no deben de tardar en llegar y una vez que terminen ayudan a las niñas para que también estén listas. – dijo sin más y tanto ella como Michiru había vuelto a la cocina para seguir haciendo sus cosas.

- no es justo. – decían Hotaru y Hikari al mismo tiempo y se cruzaban de brazos justo como estaban sus dos madres ahora, pues tampoco les hacía gracia.

- bueno, será mejor que vayamos a hacer lo que nos han pedido sino queremos que se molesten. – decía Haruka con una sonrisa, pues sabía que a Hotaru no le gustaba ir de fiesta en fiesta, pues en eso era igual que ella.

- vamos, Hikari, no querrás que tu madre nos castigue sin Xbox. – decía la peliazul a su hija, pues también era bien sabido que la pequeña castaña no era muy sociable.

- Jo ¿no tenemos alternativa? – decía Hotaru, ella prefería estar sola en casa con sus madres, sus tías y su prima a tener la casa llena de gente o acudir alguna de esas fiestas donde solo iba gente que le habla por el apellido que tenía.

- me temo mucho que no hime-chan, ya escuchaste a mamá, así que si no queremos que se enfade y nos eche la bronca será mejor que nos vayamos ya a bañar. – decía Haruka divertida con la situación, ya que gracias a ese carácter introvertido que Hotaru tenía, sabía que no tendría por qué preocuparse de algún niño que quisiera pasarse de listo.

Así que tanto Hikari, Hotaru, Haruka y Natsuki, se había ido a sus respectivas habitaciones a ducharse para estar listas antes de que los invitados de honor llegaran pues como buenas anfitrionas tenían que estar ahí para recibirlos, además que sus madres y esposas se los habían dejado más que claro; en un abrir y cerrar de ojos la casa estuvo llena de gente, claro que solo eran amigos que ahora consideraban familia, pues Hotaru y Hikari crecieron llamando tías a Amy, Lita, Rei, Setsuna y cuando cada una se casó y tuvo sus propios hijos pues los comenzaron a llamar primos, eran una gran familia, al cabo de treinta minutos, cuando todos los invitados había llegado, los invitados de honor hicieron acto de aparición en la mansión Tenoh, tenían a una maid vigilando que les hizo una señal indicando que eran ellos los que habían llegado y nada más al abrir la puerta fueron recibidos por un…

- ¡BIENVENIDOS! – de parte de todos los que estaban en la mansión Tenoh esperando su llegada.

Todos se sorprendieron al ver que la pareja no venía sola, pues Darien cargaba a una pequeña niña con cabello rosa no mayor de tres años que se había escondido en su cuello y se aferrado a su camisa a causa de la efusiva bienvenida.

- chicas. – había sido Serena la primera que había hablado y con lágrimas en los ojos recorrió la distancia para abrazar a sus amigas que hacía años no veía.

Darien hizo lo suyo y también comenzó a saludar a los que se habían reunido para darles la bienvenida, pues tres años se dicen fáciles pero la verdad era que tres años lejos de sus amigos, de su hogar, a pesar de tener a Serena con él y después a su hija, si le había parecido algo duro, fue por eso que cuando Serena le había insinuado lo de volver, no lo había pensado dos veces y había accedió a hacerlo; después de todos los saludos y algunas presentaciones, todos tenían curiosidad acerca de la niña que aun cargaba Darien, así que Haruka fue la que hizo la pregunta.

- ¿y esa niña? ¿Ahora te dedicas a niñero? – cuestiono con diversión para no hacer muy notorio que deseaba saber si era su hija o no.

- bueno… ella es Serena… nuestra hija. – respondió Darien con las mejillas sonrojadas, pues a pesar de que Serena tenía contacto con sus amigas y el con Haruka, Setsuna, Reito y Sakura nunca les habían dicho acerca de Rini, como la llamaban de cariño.

- sí, llama Serena, pero de cariño le decimos Rini. – habla también Serena cargando a su hija para presentarla a sus amigos.

Todos los adultos saludaron a la pequeña y se presentaron como sus tíos como ya era costumbre, después fue el turno de los pequeños, cada padre hizo que sus hijos se presentaran con la pequeña Rini y entablan amistad pues ahora eran familia; uno a uno cada niño fue pasando a presentarse, siendo Hotaru la última en hacerlo después de Hikari ya que ellas eran las mayores.

- hola, mucho gusto, Hotaru Tenoh Kaioh. – se presentó de la manera más elegante y cortes posible, después de todo era una Tenoh y una Kaioh, Michiru se había esmerado mucho en la educación de su hija.

- anda saludala. – decía Serena para animar a su hija, pues la pequeña apenas comenzaba a hablar y era un poco tímida en algunas ocasiones, justo como ahora que no quería darle al mano a pequeña Hotaru.

La pequeña Rini no hacia otra cosa que mirar a la heredera de la familia Tenoh y ver la mano que le era ofrecida, casi no conocía a niñas de su edad y está vez no era la excepción pero había algo en esa pelinegra que le llamaba mucho la atención.

- así que sin dejar de ver esos ojos violetas la pequeña Rini tomo la mano que le era ofrecida. – hoda. – saludaba con su limitado lenguaje.

- hola. – saludaba Hotaru que no sabía que le pasaba pero esa pequeña le llamaba la atención.

- Hotaru, vamos al cuarto de juegos, quiero retarte en el Xbox. – decía Azuma el hijo de Setsuna con una sonrisa, era un año más pequeño que Hotaru.

- voy. – respondió la pelinegra, pero antes de que pudiera avanzar sintió un peso extra, al parecer la pequeña Rini aún no soltaba su mano, volteó y vio la mirada más tierna que había visto o al menos eso pensó ella.

- Rini, suelta a Hotaru, tiene que ir a jugar. – decía Darien que no estaba muy contento porque su hija aún continuaba sujetando la mano de Hotaru.

- vayan ustedes, ahora voy yo. – volvió a hablar la pequeña pelinegra pues en la cara de la pequeña oji-rubí podía ver una muda petición. – ¿te gustaría ver el jardín? – cuestiono Hotaru a lo que la pequeña Rini solo asintió y así cogidas de la mano de dirigieron hacia el jardín de la mansión Tenoh.

- que tiernas. – dijo Serena para ver a su esposo que no estaba muy contento que digamos.

- sí que lo son. – secundo Rei con una sonrisa, pues ella tenía poco tiempo de casada y ahora también ya sabía lo que era tener un hijo.

- no quiero que armes un alboroto Haruka, ha sido tu hija quien la invitado al jardín. – decía Michiru en voz baja pues la cara de su viento lo decía todo, no estaba muy contenta que digamos.

- pero fue esa niña quien no le soltó la mano. – alegaba la rubia viendo hacia el jardín con el ceño fruncido por lo que estaba haciendo esa pequeña recién llegada a su hime-chan.

- son solo niñas amor ¿Qué puede pasar? – dijo la aguamarina restándole importancia para que Haruka se relajara y dejara de estar con esa cara de molestia todo el tiempo, pues no quería que sus invitados se dieran cuenta que su esposa estaba celosa de una niña de tres años; ya estaba comenzando a compadecer a la persona que se fijara en su hija en unos años más.

Después de que Haruka tuvo que reconocer que Michiru tenía razón y se estaba comportando de manera infantil, aunque nunca aparto la mirada de su hija a pesar de estar en las conversaciones y atendiendo a sus invitados siempre tenía un ojo en su princesa, sabía que era tonto, pero no quería descuidarse, pues según su criterio nadie se merecía a su hija; la velada transcurrió entre risas, conversaciones, anécdotas, todos pusieron al día a Serena con lo que había pasado en esos tres años que ella estuvo lejos de su hogar y cuando dieron las nueve de la noche uno a uno los invitados se fueron retirando pues para algunos niños era hora de dormir, todos se despidieron de Serena, Darien y la pequeña Rini acordando verse nuevamente pues aún había mucho que contar; así que en poco tiempo la mansión Tenoh había quedado solo con sus dueños y con los invitados de honor.

- muchas gracias por todo. – decía Darien con su hija en brazos que había caído dormida hacia como veinte minutos, no podía creer que su pequeña hubiera estado casi todo el día pegada de la pequeña Tenoh.

- sí, muchas gracias, ha sido grandioso el poder ver a todos y más aún el poder ver a sus hijos, toda una nueva generación. – complementaba Serena con una sonrisa, pues hacia mucho que no se sentía tan feliz, en Estados Unidos había conocido gente sí, pero sus amigas eran sus amigas y nadie podía ocupar su lugar.

- no tienen nada que agradecer, todo lo hicimos con mucho gusto, además somos familia. – decía Michiru con una sonrisa, pues para ella Serena y todas las chicas eran parte de su familia.

- Michiru tiene razón, esto que hemos hecho ha sido con mucho gusto, no tienen nada que agradecer y espero que podamos repetirlo nuevamente, juntarnos todos, no quiero perder el contacto, después de todo, nuestros hijos al parecer van a crecer juntos. – decía Haruka con una sonrisa aunque un poco forzada pues aun recordaba como su hija había pasado casi todo el día pegada de esa niña que ahora estaba dormida en los brazos de padre, pero Michiru le había advertido, nada de escenas así que se estaba comportando lo mejor posible.

- sí, tienes razón Haruka-san. – respondía Darien también con una sonrisa forzada pues la palabras de Haruka solo le confirmaban que él no era el único que había notado como sus hijas se habían relacionado.

- bien, creo que es tiempo de irnos, Rini ya se ha dormido e imagino que ustedes ya deben de estar cansados. – dijo Serena levantándose del sofá y caminando junto a su esposo hacia la puerta.

Las chicas junto con sus hijas acompañaron a la pareja y a su hija a la salida, se despidieron de ellos y posteriormente se fueron cada quien a su habitación, Haruka seguía refunfuñando por lo cerca que habían estado Hotaru y Rini, mientras Michiru solo podía reír y callar, porque no quería problemas con su amado viento; después de esa fiesta de bienvenida se encontraron otras veces con Serena y su familia, así como también con las otras chicas y así la semana que tenían las niñas para disfrutar de sus vacaciones sin escuela había terminado y ya era tiempo de ingresar a la escuela.

Hotaru y Hikari ya estaban más que listas para su primer día de escuela, sus madres las llevarían ya que tanto Haruka como Natsuki estaban trabajando, pero habían prometido que estarían ahí en la entrada pues no se querían perder el primer día de escuela de sus pequeñas; y era verdad, pues al llegar a la escuela tanto Haruka como la peliazul ya se encontraban ahí a la espera de su familia, las saludaron y les desearon un muy buen día asegurándoles que a la salida ahí estarían para recogerlas junto con sus madres; Haruka se sentía un poco nerviosa por dejar a su hija en la escuela y además a su sobrina, pero sabía que era por el bien de las niñas y no podían tenerlas todo el tiempo metidas en la mansión, tenían que salir a conocer el mundo y conocer más gente aunque fuera precisamente eso lo que Haruka quería evitar; después de despedirse de las niñas y su esposa, Haruka, Natsuki y Shizuru se fueron juntas hacia la empresa Tenoh para apresurarse con los pendientes y poder estar libres para ir por sus hijas, pues no se querían perder ningún momento de su vida.

Se habían puesto manos a la obra nada más llegar a la empresa para poder cumplir con la promesa que le habían hecho a las niñas, no les iban a decepcionar, tenían que está ahí a la hora de salía para recogerlas, sabían que Michiru podía hacerlo, pero ellas querían estar ahí para disfrutarlo también, ya que era un momento importante para sus hijas, como lo había sido la entrada; por ese motivo habían hecho todo el paleo, juntas y demás en tiempo record para poder cumplir con la promesa hecha a sus hijas; así que ahí estaban conduciendo a gran velocidad por la ciudad para llegar a tiempo con sus niñas; en menos de lo que habían pensado ya estaban en la entrada, no eran las últimas madres pero tampoco eran las primeras, pues Michiru ya estaba ahí y sus hijas ya esperaban por ellas.

Se bajaron del auto y se fueron directo hacia donde Michiru y sus hijas esperaban por ellas para preguntarles como había estado su día y regresar a casa juntas como la familia que eran, nada les hacía más feliz que compartir esos momentos con su familia.

- hola hime-chan ¿Qué tal te fue? – cuestiono Haruka nada más llegar al lado de su esposa, su hija y su sobrina que esperaban por ellas.

- Hotaru levanto la vista y le mostro a su padre las lágrimas que estaba derramando desde que había salido de la escuela. - ¿nos vas a dejar? ¿Ya no vas a estar con nosotras? – cuestionaba la pequeña pelinegra con lágrimas en los ojos.

- ¿pero qué dices? – cuestiono Haruka terminando con la distancia que la separaba de su hija y abrazándola. - ¿Por qué dices eso hime-chan? – cuestiono pues ella y Michiru no habían discutido y hasta donde ella sabía todo estaba bien, volteó a ver a Michiru para encontrar alguna respuesta pero la aguamarina solo se encogió de hombros.

- snif… snif… es que, snif… me dieron esto para ti. – dijo la pequeña aun con lágrimas en los ojos, se separó de su padre y de su mochila saco más de una docena de papelitos todos con números telefónicos y nombres de mujeres. – dijeron que les llamaras y… snif… snif… yo no quiero que nos dejes. – decía llorando más y arrojándose a los brazos de su padre.

- Haruka sujeto fuertemente a su hija y comenzó a pasar su mano de arriba hacia abajo en su pequeña espalda, tal vez su hija pareciera muy madura pero en el fondo aún era una niña pequeña. – tranquila mi amor, puedes tirar todo eso, no los necesito, yo solo tengo ojos para mis dos chicas, jamás las dejaría, no importa la cantidad de números que te puedan dar. – decía Haruka a su hija para tratar de tranquilizarla.

- ¿lo prometes? – decía Hotaru, pues ella había sido testigo del divorcio de su tía Mai y como su hija había sufrido mucho con todo eso, pues su papá ahora salía con otra mujer.

- lo prometo, jamás las dejaría, ustedes son lo más importante para mí, así que no dejes que ese tipo de cosas te afecte hime-chan, porque hagan lo que hagan jamás ocuparan el lugar de mis dos chicas. – decía Haruka limpiando las lágrimas de su hija y besando sus mejillas para calmarla, pues cuando su hija lloraba sentía que algo en ella se quebraba.

- está bien papá, te amo. – dijo la pequeña pelinegra sonriendo pues ahora estaba segura que jamás tendría que pasar por lo mismo que había pasado su pequeña prima.

Por otro lado la familia Fujino-Kuga estaba pasando por la misma situación, solo con la variante que Hikari no era tan sentimental como Hotaru, así que ella con una sonrisa en los labios le había entregado los números telefónicos a su peli-azul madre bajo la atenta mirada de su madre castaña que no lo había tomado nada bien, pues nadie se atrevía hacer eso, Natsuki era suya y de nadie más, así que sin miramientos comenzó a repartir miradas asesinas tanto a madres como ha maestras por igual, Kuga había atinado a hacer lo más inteligente, tomo a su hija de la mano y la subió al coche y le pido al chofer que arrancara, por ahora era mejor huir de su mujer pues estaba en modo asesino y no quería correr ningún riesgo, ya que llegara a la mansión y estuviera más tranquila hablaría con ella.

- ¡Natsuki! – grito la castaña con un poco de molestia pues su esposa se había ido sin ella y lo peor con su hija y sin ni siquiera decirle.

- tranquila, Kuga hizo lo que cualquiera en su lugar haría al verte así. – dijo Haruka acercándose a su prima, quien le dio una mirada interrogante por no sabía a qué se refería. – huir, estabas mirando a todo el mundo como si quisiera matarlas. – conocía muy bien a su prima y solo se ponía así cuando estaba celosa.

- Hikari le dio muchos papelitos con números de mujeres a Natsuki ¿puedes creerlo? – decía levantando la voz la castaña y haciendo ademes con las manos.

- lo creo, estoy comenzando a pensar que en esta escuela solo hay mujeres o divorciadas, solteras o muy necesitadas, pues a mí también Hotaru me dio algunos de esos papelitos mientras lloraba y Michiru no está muy contenta que digamos con la situación. – explicaba Haruka mientras señalaba discretamente a su esposa para que su prima la mirara y se diera cuenta de lo que hablaba.

- suspiro, al parecer Haruka tenía razón, pero esa era la escuela más segura en Japón, no podían hacer nada. – bueno, será mejor que nos vayamos antes de que termine matando a alguien junto con Michiru porque no dejan de mirarte. – dijo la castaña molesta y comenzó a caminar hacia el auto.

Haruka solo sonrió y negó con la cabeza; camino hacia su familia, cargo a su hija y tomo de la mano a su esposa para caminar hacia el auto, pues ya era hora de comer y tenía que volver a la oficina, pues aún les quedaba algo de trabajo, pero nada era más importante que su familia como ya lo había demostrado en el futuro y lo seguiría haciendo; cuando llego al auto, el chofer le abrió la puerta, le dio el paso a su esposa para que entrara ella primero y después entrar ella.

Una vez dentro del auto Haruka le indico al chofer que las llevara a la mansión y este no demoro en encender el auto, al principio el silencio reinaba en el interior del auto pero Hotaru había decidido romperlo con una pregunta que puso en apuros a su padre.

- ¿papá puedo tener una hermanita? – cuestiono la pequeña pelinegra con inocencia y una sonrisa en sus labios pues la mayoría de sus primos que por cierto eran menores que ella ya tenían hermanos y hermanas menores y ella también quería ser la hermana mayor.

Aunque Haruka no era la única que estaba pasando por esa situación pues la pequeña Hikari había hecho la misma pregunta a su peliazul madre, quien no sabía qué hacer con esa pregunta.

- Hikari, eso… eso es algo… que debemos hablar tu madre y yo. – trataba de zafarse Natsuki, pues aún estaban muy presentes las palabras de su esposa "la próxima vez hare que la tengas tu" y eso era algo que había estado evitando por mucho tiempo.

- pero… pero… todos tienen una hermana o un hermano menor, yo quiero una, por favor mami ¿sí? – pedía la pequeña con la mirada que sabía de sobra su mami no podía resistirse a ella.

- cariño ¿no te gustaría mejor un perrito? – trataba de negociar la peliazul, pues cualquier cosa era mejor que dejar que Shizuru la embarazara y tener que padecer todo lo que la castaña había padecido cuando tuvo a Hikari.

- no, yo quiero una hermanita, por favor mami ¿puedes? ¿Sí? ¿Puedes darme una hermanita? – Pedía de la manera que sabía que su madre no se le podía resistir, tenía que conseguir que le dijera que sí, pues sabía de sobra que su castaña madre también lo deseaba.

- tendré que hablarlo con tu madre. – cedió la peliazul, pues no tenía corazón para negarle nada a su hija y menos si hacia esa mirada que tan bien le funcionaba a su mujer y que ella había heredado.

- ¡SI! – grito la castañita más que emocionada pues para ella eso era un sí, pronto tendría a una hermanita, solo esperaba que a su prima también le hubiera ido tan bien como a ella.

De regreso al auto, Haruka se había quedado sin habla por la pregunta que le había hecho su pequeña, ella y Michiru habían hablado acerca de tener otro bebé, pero amabas tenían demasiadas cosas que hacer y lo habían estado pospuesto, no quería que Michiru dejara su carrera como violinista, ni mucho menos que dejara de pintar o de dar clases en su escuela de música, habían tenido algunas discusiones pero nada que no se pudiera solucionar y ahora su hija venia y les soltaba está bomba, no sabía cómo reaccionar.

- cariño… eso… tenemos que hablarlo tu madre y yo. – hablo la rubia cuando por fin pudo recuperar su voz, pues no quería que su hija o más bien su esposa pensaran que no quería otro bebé.

- cielo ¿Por qué ahora quieres una hermanita? Antes no nos habías dicho nada. – hablo Michiru un poco confundida por la petición de su hija, Hotaru no había exteriorizado el interés por tener una hermana o hermano ¿entonces porque ahora?

- yo… yo la quería desde antes pero… pero una noche los escuche discutiendo por eso y ya no quise preguntar. – respondió la pequeña bajando la mirada pues sabía perfectamente que espiar no era correcto y lo había hecho con sus padres.

- ¿Cómo? – cuestiono la rubia sorprendida y arrepintiéndose al instante pues su hija se había asustado y había bajado aún más la mirada. – hime-chan, no estoy molesto, pero sabes que eso no es correcto, tu madre y yo hablaremos acerca del tema ¿de acuerdo? – respondió con diplomacia la rubia pues sabía que tenía que tener una larga charla con Michiru.

- papá tiene razón mi cielo, eso es algo que solo él y yo podemos hablar, pero te prometemos que mañana te daremos una respuesta y como dijo papá, no estamos molestos por lo que escuchaste así que no te preocupes. – añadía Michiru pues no quería que su hija se hiciera ideas equivocadas.

Después de ese comentario no se dijo más hasta llegar a la mansión Tenoh, donde Shizuru se dio cuenta que su cachorra y su hija ya estaban en casa, ahora Natsuki estaba en serios problemas; regreso la mirada al interior del auto y vio que ni su prima ni su cuñada deseaban salir, tal vez iban a hablar, así que tenía que llevarse a Hotaru.

- Hotaru, vamos, necesito hablar con tu tía Natsuki, está en problemas por haberse ido así de la escuela. – dijo la castaña pues sabía que tanto a su sobrina como a su hija les gustaba ver como castigaba a su esposa pues era algo más que cómico.

- siiii. – respondió con alegría la pelinegra y bajo corriendo del auto para dirigirse hacia la entrada de la casa y dejando atrás a su tía.

- tómense su tiempo, Natsuki y yo nos haremos cargo, hablare a la oficina para avisar que no volveremos. – dijo la castaña saliendo el auto.

La castaña bajo del auto y les guiño el ojo a ambas chicas, con eso estaba tratando de decirles que ella y Natsuki se harían cargo de las niñas y que ellas no tenían de que preocuparse; una vez que la castaña estuvo fuera del auto Haruka fue la primera en romper el silencio.

- lo siento. – susurro la rubia pues se sentía culpable por lo que había escuchado Hotaru, después de todo había sido ella quien había iniciado la discusión.

- Haruka, tú no tienes por qué disculparte, fui yo quien levantó la voz esa vez, además de eso hace como dos años. – decía Michiru recordando ese día y esa discusión en particular.

Flashback.

Ese día Haruka había llegado muy cansada de la oficina, habían cenado en familia como se acostumbraba y después de acostar, leer un cuento y arropar a Hotaru ambas se había ido a su habitación y había sido ella quien había iniciado la conversación.

- ¿Haruka que piensas de tener otro bebé? – había cuestionado esa vez, pues tenía algún tiempo con la idea rondándole en la cabeza y no sabía cómo sacar el tema con la rubia.

- ¿otro bebé? ¿Amor, no crees que ahora, no sea un buen momento? – le había contestado Haruka y justo ese comentario había sido el que la había molestado y había comenzado a levantar la voz.

- ¡¿entonces cuando será un buen momento para ti?! Primero era porque Hotaru era muy pequeña y apenas si lográbamos apañárnoslas solas, ahora porque no es un buen momento ¡¿Cuándo será buen momento?! – había gritado y muy seguramente había sido eso lo que Hotaru había escuchado, debería ser ella quien se disculpara.

- amor, tú tienes tus giras, su escuela, yo estoy saliendo constantemente de viaje para cerrar negocios, es por eso que no creo que ahora sea un buen momento para otro bebé. – Haruka siempre tan comprensiva había tratado de razonar con ella pero no lo había logrado.

- al diablo con todo, puedes tomarte unos meses, habla con Shizuru y con Natsuki, yo puedo dejar la escuela y las giras, no pongas de pretexto eso Haruka, mejor di que no te apetece tener otro bebé conmigo. – ahora que lo veía dos años después se daba cuenta que esa vez se había comportado como una niña pequeña haciendo un berrinche y Haruka como siempre se había comportado comprensible y le había hablado de la mejor manera.

- Michiru, no puedo creer que digas eso, sabes que te amo y a nuestra hija también, es obvio que quiero tener otro bebé, solo estoy diciendo que justo ahora no es el mejor momento, podemos hablarlo y… - pero no la había dejado terminar, la había cortado y le había gritado.

- ¡no! ¡No quiero seguir escuchando tus excusas! ¡Vete! ¡No tengo pensado compartir la cama con alguien que solo sabe dar excusas! – le había gritado y sacado de la cama y Haruka sin decir una sola palabra porque no quería iniciar una pelea había accedido.

Su viento se había marchado de la habitación esa vez y a ella le había tomado casi toda la noche darse cuenta que se había comportado como una idiota con ella; había bajado las escaleras y le había pedido disculpas de una y mil maneras diferentes y Haruka con una sonrisa le había disculpado, de acuerdo con su viento se había acostumbrado y sabía exactamente cuándo dar media vuelta y no iniciar una pelea, pues sabía que en algún momento ella se daría cuenta de su error y recapacitaría, sin duda su viento se había hecho una experta en ella.

Fin flashback.

- ¿amor? – cuestiono la rubia a su esposa pues parecía que Michiru se había perdido en sus pensamientos.

- ¿eh? – dijo la aguamarina saliendo de sus pensamientos. – lo siento amor, me perdí en los recuerdos ¿Qué me decías? – confeso la aguamarina, pues sabía que Haruka entendería a la perfección a que se refería.

- ¿Qué opinas? ¿Te gustaría tener otro bebé? – cuestiono la rubia con una sonrisa, sabía la ilusión que le hacia su esposa y secretamente también a ella, pues quería ver a Michiru otra vez con su pancita de embarazada y sentir esas pataditas que su hija daría.

- ¿lo dices en serio? – cuestiono pues hasta ahora Haruka nunca había hecho esa pregunta, esa proposición, pero era más que obvia su respuesta. – por supuesto que sí, nada me haría más feliz que tener otro hijo tuyo, nuestro, otro fruto de nuestro amor. – decía Michiru con lágrimas en los ojos y arrojándose a los brazos de su amado viento.

- bueno, pues tendremos que hablar con Midori para que nos de ese tratamiento de nuevo, además de que tenemos que darle una respuesta a nuestra hija. – decía Haruka con una sonrisa en sus labios y recibiendo gustosa en sus brazos a Michiru pues nada la hacía tan feliz como vez a su esposa feliz, después de todo su familia lo era todo para ella y más ahora que comenzarían a escribir otro capítulo más en su vida.

- oh Haruka. – fue lo único que pudo decir Michiru al saber lo que significaban las palabras de Haruka, tendrían otra hija; no lo pensó dos beses y se arrojó a los brazos de su viento y comenzó a besarla. – te amo. – le dijo con unas lágrimas en los ojos, una vez que se separaron del beso.

- yo también te amo mi sirena. – respondió la rubia limpiando con su pulgar las lágrimas de Michiru. – no llores, esto es para estar felices. – decía Haruka mientras acariciaba las mejillas de su esposa. – vamos dentro, nos deben estar esperando. – hablo nuevamente la rubia.

- sí, vamos, quiero ver qué cara pondrán Hotaru, Natsuki, Shizuru y Hikari al saber que hemos decidido tener otro bebé. – decía Michiru con ilusión en su voz y que se reflejaba en sus ojos.

Salieron del auto y se dirigieron hacia la entrada de la mansión para comer en familia como siempre lo hacían; entraron en la mansión y se encontraron con una escena bastante divertida, en la que Natsuki era atacada por Hotaru y Hikari mientras Shizuru les indicaba donde atacar, al parecer ese era el castigo para la peliazul por haberse ido sin decirle nada a su esposa; estuvieron un rato así y ellas decidieron disfrutar de la diversión, una vez que la castaña estuvo satisfecha rescato a Natsuki y la invito a pasar al estudio para hablar a solas; Haruka y Michiru les indicaron con la mirada que ellas se encargarían de las niñas mientras ellas hablaban; una vez que el matrimonio Fujino-Kuga estuvo en estudio fue Shizuru quien rompió el silencio.

- ¿Natsuki va a decirme porque ha salido huyendo como si alguien estuviera persiguiéndola? – cuestiono la castaña a su esposa que estaba con la mirada gacha.

- bueno pues… pensé que te molestaría lo que esas mujeres habían hecho. – explicaba Natsuki aun mirando hacia el piso como si fuera lo más interesante del mundo. – y pues pensé que era una buena idea. – termino la peliazul rascándose detrás de su nuca con una mano.

- oh Natsuki. – dijo Shizuru viendo lo tierno que podía ser su esposa, simplemente no podía estar molestar con ella. – amor, tú no tienes la culpa de que esas mujeres se insinúen, así que por favor no lo vuelvas a hacer ¿de acuerdo? – cuestiono la castaña para que su esposa entendiera que no todo era su culpa, después de todo el que sea irresistible no lo puede evitar.

- de acuerdo, disculpame por haberme ido así Shizuru. – se disculpaba la peliazul viendo a su esposa a los ojos. – pero ¿sabes? Creo que fue algo bueno, estuve hablando con Hikari y me ha pedido algo… – comenzó Natsuki y con total tranquilidad aunque siempre sonrojándose le explico a su esposa lo que su hija quería, aunque ella no estaba nada segura al respecto.

- oh, SI, claro que si Natsuki ¿te imaginas a una mini-Natsuki corriendo por la casa con el ceño fruncido todo el tiempo? Seria adorable. – decía Shizuru comenzando a imaginarse como seria eso.

- ¿entonces ya has decido que la tendré yo cierto? – cuestiono la peliazul con un poco… no más bien con muchos nervios, justo ahora envidiaba mucho a Haruka.

- ara, Natsuki no pensara que me he olvidado de lo que le dije ¿verdad? – decía la castaña con su usual tono de advertencia para hacerle saber a su esposa que hablaba enserio. – Natsuki tu serás quien le dé una hermanita a Hikari, así que preparate mi amor porque tenemos que practicar mucho. – decía Shizuru con un tono más que sugerente.

- jejeje. – soltó su risa nerviosa, no sabía lo que le esperaba pero ya lo estaba deseando, tal vez tendría a una hija y tenía miedo, pero el hecho de saber que llevaría a un pedacito de Shizuru en ella por nueve meses le hacía un poco de ilusión. – como digas bonita. – le respondió con una sonrisa para hacerle saber que estaba más que dispuesta a hacerlo.

- ¡Natsuki! – casi grito la castaña mientras se arrojaba a los brazos de su esposa y la besaba. – te amo. – le dijo una vez que rompieron el beso.

- yo también te amo Shizuru. – respondió Natsuki con una sonrisa. – vamos, que muy seguramente nuestra hija se debe de estar muriendo de hambre y que decir de Hotaru. – decía la peliazul, pues conocía muy bien a su hija y a su sobrina y sabía perfectamente cómo eran de glotonas.

- está bien, vamos. – accedió Shizuru pues sabía que por ahora no podía hacer nada con su Natsuki, pero en la noche sí que lo haría y más aun sabiendo que de eso dependía el tener a una mini-Natsuki corriendo por ahí.

Salieron del estudio y fueron hacia la sala que era de donde provenían las voces y se encontraron una escena bastante divertida, pues Hikari y Hotaru se habían tirado sobre los sofás y parecía como si estuvieran desmayadas pues Natsuki tenían razón, tenían mucha hambre y querían hacerles ver a sus tías y madres que necesitaban comer cuanto antes.

- muy bien pequeñas exageradas vayan a lavarse las manos y pasemos al comedor. – decía Shizuru con una sonrisa en los labios por las ocurrencias de su hija y su sobrina tal vez Hotaru y Hikari no eran hermanas de sangre, pero se comportaban como unas, justo como Haruka y ella.

Las niñas acataron lo que Shizuru les indicara y rápidamente fueron a lavarse las manos para pasar al comedor; una vez que las seis estuvieron en la mesa Michiru pidió que comenzaran a servir la comida; las niñas no perdieron tiempo y nada más les terminaron de servir comenzaron a devorar la comida, las adultas en cambio comenzaron a comer de una manera más tranquila, entre risas, anécdotas de la escuela y del trabajo, cuando la comida había sido desaparecida de sus platos fue Michiru quien inicio la conversación y sin decir agua va, anuncio que ella y Haruka habían decidido tener otro bebé, las felicitaciones por parte de Shizuru y Natsuki no se hicieron esperar, así como los pequeños grititos de las niñas que estaban más que felices; Shizuru no se quiso quedar atrás y anuncio que ella y Natsuki también lo intentarían, pero está vez sería la peliazul quien tendría al bebé, más grititos de alegría y más felicitaciones vinieron después de esas palabras, la familia estaba a punto de crecer aún más.

Después de esas declaraciones, decidieron pasar la tarde en familia viendo películas en la sala de juegos, donde Haruka había mandado colocar una enorme pantalla; entre juegos y risas llego la noche y la hora de dormir de las pequeñas pues al día siguiente tendrían escuela y no se podían desvelar; ese día le correspondía a Michiru acostar a su hija, Haruka y ella se turnaban para hacerlo, así que ahí estaba sentada en la orilla de la cama de su hija viéndola.

- ¿mamá? – llamo Hotaru, pues aún tenía muchas dudas acerca de la llegada de su hermanita o hermanito.

- ¿sí? Mi cielo. – respondió Michiru, sabía que su hija no la dejaría ir así como así, la conocía muy bien, tenía una curiosidad nata, igual que Haruka, siempre tratando de vivir nuevas aventuras y descubrir cosas nuevas.

- ¿Cuándo va a llegar mi hermanita o hermanito? – cuestiono con esa inocencia clásica de los niños, pues de verdad quería saber cuándo llegaría, pues ella esperaba que fuera pronto.

- bueno cariño. – comenzaba Michiru, pues ella aun consideraba que era un poco pronto para darle la plática a su hija, así que tendría que mentirle un poquito. – eso aún no lo sabemos, primero tu papá y yo tenemos que escribirle a la cigüeña. – sí, lo sabía, era muy trillado pero no había de otra, además la carta sería muy larga, no le daría tregua a Haruka en toda la noche "Michiru enfoca, tu hija está enfrente de ti" se reprendía mentalmente.

- ¿la cigüeña? ¿Qué es eso mami? – volvió a cuestionar la pequeña, pues ahora estaba más que perdida ¿Qué tenía que ver esa tal cigüeña con que a ella le dieran una hermanita o hermanito? No dejaría ir a su madre hasta que no le aclarara todas las dudas que tenía al respecto.

- genial, ahora tenía que mentirle a su hija, tenía que ser una mentira creíble para que su hija dejara de cuestionar al respecto. – bueno veras cariño, es un ave que se encarga de traer a los bebés a los padres que lo piden. – trataba de explicar Michiru de la mejor manera para que su hija entendiera.

- ah ¿y eso tardara mucho mami? – volvía a cuestionar la niña, pues para ella si era una ave quien entrega a los bebés pues debería de ser rápido.

- pues… puede ser amor, ya que la cigüeña tiene que entregar a los bebés de todo el mundo, pero te prometo que en cuanto tengamos tu papá y yo una fecha te lo hare saber ¿de acuerdo? – dijo Michiru para hacer un trato con su hija y dejara el tema por la paz.

- está bien mami, ojala que sea pronto, ya quiero conocer a mi hermanita o hermanito. – decía Hotaru acomodándose en la cama y disponiéndose a dormir.

- yo también mi amor. – respondió Michiru acercándose y besando la frente de su hija, aun no le decía que tendría una hermanita ya que se le hacía muy pronto para esas explicaciones, tal vez cuando fuera un poco más grande le aclararían todo. – descansa mi cielo. – dijo Michiru, acaricio la cabeza de su hija y se rumbo a su habitación.

Haruka ya esperaba por ella, no se lo había dicho pero ella ya tenía el tratamiento para ellas desde hacia unos meses, pues esperaba el mejor momento para decírselo a Haruka; una vez que estuvo en la habitación ella y su esposa estuvieron hablando más tranquilas y Michiru le mostro el tratamiento a lo que Haruka no hizo más reír y acceder a comenzar esa misma noche con él.

Por otro lado en la habitación de Shizuru y Natsuki, la castaña también le tenía una sorpresa a su esposa, después de que Natsuki acostara a su hija y regresara a la habitación, se encontró con su esposa completamente desnuda y esperando por ella en la cama, además de eso Shizuru tenía junto a ella una caja que parecía de pastillas; la castaña le explico a su esposa que ese era el tratamiento para que pudiera quedar embarazada, así que bajo la atenta mirada de la peliazul, Shizuru se tomó el medicamente e invito a su esposa a unírsele en la cama.

Después de esa noche ambas parejas además de dedicarse a la empresa y a sus hijas respectivamente, no pasaba una noche sin que consumaran su amor, pues ya habían pasado tres meses y aún ninguna de las chicas que quedaba embarazada; Michiru se estaba frustrando mucho pues la primera vez, solo habían tenido que estar juntas una vez y listo, como por arte de magia había quedado embarazada, por otro lado Shizuru estaba en la misma situación, por más que lo intentaba no podía dejar embarazada a Natsuki, se lo había hecho de casi todas las formas posibles y simplemente la peliazul no quedaba embarazada.

Tres meses después…

Ese día las chicas tenían una gran noticia que dar y habían preparado todo para que fuera lo más especial posible; como era costumbre, por la mañana, Haruka se había ido a la empresa junto con Shizuru y Natsuki, no sin antes acompañar a su hija a la escuela, habían dejado a Michiru en sus clases y posteriormente se habían ido rumbo hacia la empresa para cumplir con un día laboral más; pasadas las seis de la tarde, Shizuru se había excusado diciendo que había quedado de verse con su suegra, para hablar acerca de unos proyectos y ver el financiamiento que la empresa podía darles, media hora más tarde, Natsuki también se había disculpado para salir e ir una cita con un pequeño inversionista que deseaba formar parte de la empresa, Haruka se había quedado a terminar con los pendientes y justo cuando dieron las ocho en punto, salió de su oficina y le dijo a su secretaria que por ese día era suficiente que se marchara a casa y ella hizo lo mismo, tenía muchas ganas de ver a su esposa e hija, Michiru aún no lograba embarazarse y sabía que eso la tenía un poco frustrada y a veces un poco molesta, pero aun así ella se moría por verla.

Condujo de manera normal pues ahora no podía darse el lujo de conducir como antes lo hacía, ahora era una persona respetable y que el transito lo detuviera por estar conduciendo a altas velocidades no sería bien visto por la sociedad a la que ahora pertenecía, no porque le importara, sino porque sabía que Michiru la reñiría por el mal ejemplo a Hotaru; llego a casa y se encontró con las luces del recibidor apagadas, solo la luz del comedor estaba encendida, se aproximó hacia la luz y vio a Michiru vestida elegantemente, se veía hermosa con ese vestido negro ceñido, pronto su mente comenzó a pensar ¿era una fecha importante? ¿Era su aniversario y lo había olvidado? No, jamás había olvidado una fecha importante.

- ¿estamos celebrando algo? ¿Dónde está Hotaru? – cuestiono al ver que solo había dos platos servidos en el comedor, señal inequívoca que solo ellas dos cenarían.

- siéntate amor, Hotaru está en su cuarto, le pedí está noche para estar a solas contigo. – decía Michiru con una sonrisa en sus labios y viendo fijamente a su amada esposa.

- de acuerdo. – respondió Haruka aceptando la respuesta de Michiru, sabía de sobra que cuando a su esposa se le metía algo en la cabeza no había poder humano que pudiera quitárselo, además le encantaba el gesto. – adelante. – invito acompañando a Michiru hacia su silla y corriéndola para ella.

- gracias. – dijo Michiru una vez que había tomado asiento y vio como Haruka hacia lo mismo.

- Michiru, aun no me has dicho que es lo que estamos celebrando. – volvía a insistir pues si era alguna fecha importante no tendría como zafarse de esa, no había comprado nada.

- Mariel. – llamo Michiru ignorando a Haruka, está era una sorpresa para su viento, sabía que estaba siendo un poco cruel pues Haruka se notaba nerviosa por creer que había olvidado una fecha importante.

Mariel salió de la cocina al escuchar como su señora la llamaba, se aproximó al lugar de su señor y le dejo una charola con tapa, Haruka suponía que era su cena, espero a que Mariel trajera el de su esposa para destaparlo y comenzar a comer, pero ya habían pasado algunos minutos y la maid no volvía.

- destapalo Haruka. – pidió Michiru con una sonrisa, vio como Haruka la miraba con duda y decidió animarla un poco más. – ese es solo para ti, es especial, destapalo. – volvió a pedir con una sonrisa.

- está bien. – respondió la rubia con un poco de duda, destapo la charola y pudo ver una pequeña caja de regalo, si, se había olvidado de una fecha importante y muy seguramente Michiru se molestaría, se quedó mirando la caja sin atreverse a abrirla.

- vamos, ábrela, no te va a comer. – animaba Michiru viendo como su esposa palideció al ver la caja de regalo, pues sabía de sobra lo que estaba pensando.

- está bien. – respondió la rubia con un poco de nerviosismo, tomo la pequeña caja, le quito la envoltura y la abrió, de ella saco una pequeña blusa rosa con una estampado en ella.

- ¿te gusta?Es para Hotaru. – decía Michiru resistiendo las ganas de reírse por la cara de total confusión que había puesto su esposa.

- sí, es muy lin… - se detuvo al leer mejor lo que ponía en la playera "La mejor hermana mayor" ¿hermana mayor? Volteó a ver a Michiru quien le sonreía y asentía. - ¿esto…? ¿Esto es verdad? – decía Haruka con una sonrisa aun no creyéndose lo que su esposa le había insinuado.

- estaba retrasada por dos semanas, pero no le di importancia, hasta ayer… me dieron nauseas al oler una colonia de uno de mis alumnos, así que me compre una prueba en la farmacia y dio positiva, pero aun así no quería hacerme ilusiones, hoy he ido a la clínica, con Saeko-san, me ha hecho la prueba y salido positiva, vamos a tener otra bebé. – decía Michiru con un sonrisa y con lágrimas a punto de salir de sus hermosos ojos azules.

- Haruka se levantó de su silla y corrió al lado de su esposa, se arrodillo junto a ella y poso su cabeza en el vientre de su esposa, pronto sintió las manos de Michiru en su cabeza. – hola mi amor, yo soy tu papá. – decía Haruka con lágrimas también en los ojos, iba hacer padre de nuevo. – gracias mi sirena, gracias por darme este regalo, gracias por darme la dicha de ser padre otra vez, te amo. – le dijo a su esposa viéndola a los ojos.

- yo también te amo Haruka. – respondió Michiru y bajo un poco la cabeza para unir sus labios con su viento, el beso estaba lleno de amor y sentimientos, pues su familia estaba creciendo y ella no podía estar más feliz. – bien, vamos a comer que muero de hambre. – dijo la aguamarina una vez que se separó del beso y limpiándose las lágrimas.

- como ordene mi reina. – respondió Haruka con una sonrisa mientras se levantaba para irse a su lugar.

Poco después de eso, Michiru volvió a llamar a Mariel y la maid junto con otras tres comenzaron a servir la cena, ellas ya sabían acerca del bebé, porque le ayudaron a preparar todo a Michiru, así que también estaba muy felices; la cena transcurrió de manera tranquila, bajo una amena platica, miradas y roces ocasionales, por parte de ambas, era una noche maravillosa, sin igual sin duda; cuando estaban en el postre, unos gritos que venían del recibidor llamaron su atención, dejaron el postre y se dirigieron hacia los gritos, la rubia ya sabía quiénes eran sin siquiera llegar, conocería esos gritos donde fuera y no se equivocó, al llegar se encontró con una Shizuru más que molesta reclamándole a una Natsuki que trataba de tranquilizarla, ella y Michiru no quisieron intervenir aun, ya que no sabía de qué iba la cosa, así que permanecieron en silencio a la espera de obtener respuestas.

- calmate Shizuru, te puede hacer daño. – pedía la peliazul un poco nerviosa por como su esposa estaba reaccionando, sin duda había metido la pata de nuevo.

- ¡¿Qué me calme?! ¡¿Qué me calme, Natsuki?! – respondía la castaña más que molesta, todo lo que su esposa le decía no hacía más que molestarla. - ¡¿Cómo quieres que me calme?! ¡Te puse en todas las posiciones posibles y nunca quedaste embarazada! ¡TÚ vienes, lo intentas una vez y ahí voy yo de fértil a quedar embarazada! – declaraba Shizuru con molestia, pues no podía creer que Natsuki se hubiera librado nuevamente, se suponía que debía ser ella quien se embarazara. – ¡así que no Natsuki, no pienso calmarme! – y no lo iba hacer, hablaría con Midori y le diría que su tratamiento no funcionaba, que hiciera algo.

- vaya, otro embarazo. – hablaba Haruka con una sonrisa, para intervenir por primera vez pues ahora sí, Shizuru no tenía razón para estar molesta. – muchas felicidades. – terminaba viendo como la cara de Natsuki se volvía roja, muy seguramente pensando en lo que había gritado Shizuru hacia un momento.

- ¿otro? – respondía Shizuru saliendo de su molestia. - ¿eso… eso quiere decir que ustedes…? Oh por Kami. – decía Shizuru y se olvidaba de Natsuki para ir hacia Michiru y abrazarla. – ¿de cuánto estas? – cuestionaba, no podía creer que nuevamente compartirían un embarazo.

- un par de semanas ¿y tú? – decía Michiru con una sonrisa, pues no podía creer las bendiciones que estaba recibiendo su familia.

- dos meses. – respondió Shizuru un poco apenada, pues no se había dado cuenta de nada, ni ella ni Natsuki, si no hubiera sido por Saeko-san ellas seguirían igual.

- ¿dos meses? ¿Y cómo no te habías dado cuenta? – cuestiono Haruka incrédula por lo que había dicho su prima.

- no lo sé, estaba tan concentrada en querer dejar embarazada a Natsuki, que no me di cuenta, ha sido Saeko-san quien me lo ha dicho hoy, no lo podía creer así que fuimos a la clínica, me hizo el análisis y salió positivo, reserve en un restaurant, para darle la noticia a Natsuki y al hacerlo en lugar de poner una cara de felicidad a puesto una de alivio. – dijo Shizuru volviendo a arrugar el ceño, pues no podía creer lo que había hecho su esposa.

- Shizuru, ahí lo importante es que van hacer madres, de nuevo, así que deja de exaltarte tanto, no quiero que le vaya hacer daño a mi sobrinita. – dijo Haruka para detener cualquier nueva pelea que se fuera a desatar, le creía a Shizuru, claro que lo hacía, sabía que Natsuki era muy torpe.

Después de que Haruka dijera eso no se dijo más nada, ambas parejas pasaron a la sala y se dispusieron a hablar de todo y nada a la vez, hacia mucho que no compartían una noche así, Haruka y Natsuki habían decidido beber un poco, mientras Shizuru y Michiru las acompañaban con algo de jugo; decidieron que al día siguiente no irían a la oficina para dar la noticia a los otros miembros de la familia; estuvieron ahí en la sala charlando hasta muy entrada la madrugada, fueron Shizuru y Michiru quienes dieron fin a la conversación alegando que ya tenían mucho sueño, la rubia y la peliazul, no lo pensaron dos veces y ayudaron a sus respectivas esposas a subir a sus habitaciones para que descansaran, no iban hacer una fiesta para decir que estaban esperando un nuevo bebé, pero aun así sabían que el día que les esperaba sería más ajetreado.

Como era de esperarse la noticia de la llegada de las nuevas bebés no había hecho más que llenar de alegría a las pequeñas hermanitas que no podían esperar más para que llegaran, ambas niñas se habían puesto más que felices con la noticia de que serían hermanas mayores; después de ellas vinieron los abuelos, que también estaban más que emocionados con la noticia, otro bebé, jamás pensaron que las chicas quisiera ampliar la familia pues nunca se los habían mencionado pero ahí estaban, recibiendo la noticia de que serían abuelos por segunda vez; la madre de Michiru seguía sin hablarle y ni siquiera se había dignado en conocer a su nieta, Dorian no había tenido más remedio que separarse de ella, pues ni su hija ni su yerno, ni mucho menos su nieta pisaban su casa, era el quien tenía que acudir a la mansión Tenoh para verlos, además que envidiaba a Hiro que podía convivir con ellos todo el tiempo, no podía salir de vacaciones con ellos porque su esposa se molestaba, ya que ella no quería asistir, se había perdido muchos momentos con Hotaru y no iba a permitir perderse más, así que un día le pidió el divorcio; le había dicho un sinfín de cosas pero aun así había firmado los papeles y ahora era libre de compartir tardes, días y noches con su familia, con su nieta, bueno, nietas, porque la pequeña Hikari también le llamaba abuelo.

Después de darle la noticia a la familia inmediata vino la notica para sus amigas, quienes se habían puesto eufóricas con la noticia, pues no paraban de hacer planes para la futura bebé, pues la noticia que se había pensado se diría muy pronto, acerca de que Haruka era una mujer, aun no se había anunciado, la rubia lo había querido así, ya no tenía tratos con su familia de los Ángeles, sus hermanos no quisieron saber de ella cuando supieron que se había casado con otra mujer, fueron igual de crueles que su madre, así que había roto los lazos con esa parte de su familia y la noticia se fue postergando hasta dejarla en el olvido, así que las chicas seguían pensando que Haruka era un chico y por ende hacían planes pensando y suponiendo si el futuro bebé fuera un niño, cosa que no hacía más que causarles gracia a las parejas, pues ellas mejor que nadie, sabían que un niño no seria.

Siete meses después…

Los meses pasaron uno a uno, los antojos tanto de alimentos como sexuales no se habían hecho esperar durante el segundo trimestre, ya que durante el primero fueron los cambios de humor, los llantos sin razón alguna, las peleas sin motivo, tanto Haruka como Natsuki habían pensado que sería un poco menos agotador el segundo embarazo, pero que equivocadas estaban, era verdad que las chicas se controlaban un poco más, pero los antojos raros a mitad de la madrugada no cambiaron, las visitas a la oficina porque sus esposas no podían esperar más para que les hicieran el amor tampoco, prácticamente nada había cambiado, solo los cambios de humor que controlaban mejor y todo eso había llevado a Natsuki y a Shizuru hasta ese día, el nacimiento de su segunda hija.

Ese día habían quedado para comer todas en familia fuera de la mansión y Natsuki llegaba un poco retrasada, Shizuru estaba comenzando a molestarse cuando sintió un dolor en su vientre y como si se orinara, sabía lo que significaba, se le había roto la fuente, sabía que en cualquier momento podría pasar ya que había salido de cuentas hacia una semana, pero jamás pensó que sería ese día, alarmada, le dijo a Haruka que el bebé venia y la rubia la había ayudado a subir al auto y se habían marchado al hospital, Michiru había llamado a Natsuki desde el auto para decirle a donde iban, las niñas estaban un poco nerviosas pero entre la castaña, la rubia y la aguamarina se habían encargado de tranquilizarlas, habían llegado al hospital en tiempo record surcando la ciudad, Natsuki había llegado unos minutos después y Haruka la había llevado hacia la habitación donde estaba su esposa.

Natsuki había sido recibida por el ceño fruncido de su esposa, pero aun así entro y le hizo compañía, las horas pasaban y la castaña no podía terminar de dilatar, así que Saeko no tuvo otro remedio que hacer una cesaría, pues Shizuru no dilataba y el bebé estaba comenzando a perder oxígeno; después de cuatro horas, sin noticias, Natsuki había salido y les había dicho lo que su madre haría y una después de eso, había salido al pasillo donde todos esperaban con su hija en brazos, una pequeña peliazul con ojos color rubí, está vez, se habían asegurado de escoger un nombre antes de que fuera demasiado tarde.

- les presento Shizuki Kuga Fujino. – dijo Natsuki con alegría una vez que estuvo al lado de su familia, quienes no perdieron el tiempo para abrazar a la pequeña.

De todos Hikari era la más emocionada y Hotaru estaba un poco molesta pues su prima había tenido a su hermanitas antes que ella, pero aun así se alegraba de tener una nueva prima; todos en el pasillo querían cargar a la bebé cuando menos un momento, pues todos esperaban ansiosos su llegada; como la primera vez una fiesta de bienvenida esperaba a la nueva mamá y a su pequeña, pues todos querían compartir esa dicha, un nuevo miembro había llegado a la familia.

Dos meses después…

Dos meses habían pasado desde la llegada de la bebé del matrimonio Kuga-Fujino, dos meses de llantos, pues ahora la pequeña Hikari no creía que haber pedido una hermana había sido tan buena idea, pues la pequeña no paraba de llorar en toda la noche, pues su habitación estaba junto a la suya y era capaz de escuchar todo, solo esperaba que no fuera permanente, pues casi no dormía y a veces Hotaru la había tenido que despertar durante clases.

Por otro lado Hotaru estaba más que impaciente por la llegada de su hermanita, si, su madre le había dado la noticia de que sería una niña, por suerte para la pequeña Hotaru, no tendría que esperar tanto para conocer a su hermanita; Michiru había salido de cuentas hacia dos semanas y no había tenido contracciones o algo que le indicara que pronto daría a luz, Saeko la había revisado y le había dicho que la bebé estaba muy bien, pero que solo esperaría dos días más, si no se ponía en labor de parto, la doctora lo induciría o haría una cesaría; ese día Haruka había decidido no ir a trabajar para estar al pendiente de su esposa, pues no la quería dejar sola, poco tiempo después, Dorian, Hiro y Takuma habían llegado a la mansión, para ver a sus nietas y fue una suerte para Haruka, pues recibió una llamada de la empresa y se tenía que ir, así que había dejado a su esposa al cuidado de su padre, su suegro y su abuelo; una hora después ya iban todos camino al hospital, pues la pequeña ya quería conocer a sus madres; cuando llegaron al hospital fue la pequeña Hotaru quien aviso a su padre y Haruka no había dudado en salir a toda prisa hacia el hospital.

Al llegar al hospital, se acercó a recepción y le indicaron que sería en la segunda planta, a lo que Haruka había subido las escaleras de dos en dos, pues el ascensor estaba demorando mucho; al llegar al segundo piso, se encontró con su familia y logro escuchar los gritos de su esposa, Hiro le dio un pequeño empujón para que entrara y no se perdiera el nacimiento de su segunda hija; al entrar en la sala de parto, se acercó rápidamente a Michiru y tomo su mano, dos minutos después fue capaz de escuchar un llanto, su pequeña había llegado al mundo; las enfermeras la limpiaron y la pusieron en sus brazos, era perfecta, tenía indicios de cabellos aguamarina, con una sonrisa en los labios se la dejo a Michiru mientras depositaba un beso en la frente de su esposa y le decía que lo había hecho muy bien.

Media hora más tarde, había salido con su hija en brazos para presentarla a todos, quienes al ver a la rubia con un pequeño bulto en los brazos no habían perdido tiempo y la habían rodeado para poder ver a la nueva integrante de la familia Tenoh, para fortuna de Takuma, el linaje Tenoh, no se perdería, pues esperaba que al menos una de sus bisnietas se casara con una buena mujer y le diera hijos; Haruka se había inclinado un poco para quedar a la altura de su hija y presentarle a su hermanita.

- Hotaru. – llamo a su hija bajo la mirada de todos. – quiero que conozcas a tu hermana, Harumi Tenoh Kaioh. – dijo la rubia con una sonrisa. – Harumi, ella es Hotaru, tu hermana mayor. – presento la rubia a sus dos hijas y sonrió al ver como Hotaru tenía unas pequeñas lágrimas en los ojos, pues Harumi había tomado uno de sus dedos en sus pequeñas manitas; sin duda la escena más tierna que ella hubiera visto.

Cinco años después…

La familia había crecido y pasaban por una época de dicha y paz, como años atrás, las pequeñas Shizuki y Harumi ya tenían cinco años, mientras que sus hermanas Hotaru y Hikari, ya tenían doce años; cosa que no hacía más que crispar los nervios a Haruka y Natsuki, pues sus niñas ya comenzaban a recibir cartas de pretendientes e invitaciones a salir, por suerte ninguna de las dos niñas parecía tener interés en esas cosas… por ahora.

Ese día era el cumpleaños número nueve de Rini y claro que la familia Tenoh estaba invitada; con el pasar de los años Rini y Hotaru se habían hecho muy unidas, esto molestaba a Haruka más que a nadie, pero Michiru siempre era quien entraba a favor de su hija y a la rubia no le quedaba más remedio que aceptar la amistad o lo que fuera que estuviera surgiendo entre ambas niñas, por otro lado ni Darien, ni Serena le veían algo de malo a la mistad de las niñas, que prácticamente habían crecido juntas a pesar de llevar una diferencia de tres años.

Así que ahí estaban, en la residencia Chiba-Tsukino; tocaron el timbre y fue Serena quien los recibió saludando a toda la familia, Haruka, Michiru, Harumi, Hotaru, Shizuru, Natsuki, Hikari y Shizuki, la rubia de coletas las invito a pasar y todas ingresaron en la casa, las niñas rápidamente se fueron al patio para buscar a sus primas y primos y jugar con ellos, mientras que los adultos se juntaban en grupos para hablar de sus cosas, pues entre el trabajo y la familia pocas eran las veces que se podían juntar todos para hablar; así que mientras los adultos se divertían a su manera, los niños no perdían el tiempo jugando y corriendo de un lado para otro.

Después de unas dos horas de estar conversando y departiendo, Haruka salió al jardín para ver a sus hijas y a sus sobrinas, no les podía dejar tanto tiempo solas, después de todo, tanto Harumi como Shizuki se habían vuelto más que traviesas; por suerte al salir al jardín pudo ver a su hija y a su sobrina jugando más o menos tranquilas, siguió buscando la mirada y vio Hikari jugando con los hijos de Mai, Sakura y Setsuna, siguió buscando y vio a su tesoro con Rini, sentadas bajo la sombra de un árbol, tuvo que contenerse de gritar cuando vio como la pequeña peli-rosa se aproximaba a su hija y le daba un beso en los LABIOS.

- ¿pero qué demonios? – susurro al ver la acción de la niña ¿Qué les pasaba a los niños hoy en día? Tenían las hormonas revolucionadas.

Volvió en si al ver que no había sido la única que había visto lo que había pasado; pues un muy molesto Darien le estaba gritando a su hija, cosa que no iba a permitir, pues era su hija y nadie, absolutamente nadie tenía derecho de gritarle como el pelinegro lo estaba haciendo, por todos los cielos, ni ella que era la celosa y posesiva con su hija se había puesto como Darien; recorrió la distancia que la separaba de su hija y bajo la mirada del pelinegro la cobijo bajo su brazo.

- ¿no crees que te estás pasando Darien? Son solo niñas. – si Michiru la escuchara muy seguramente haría la misma cara de confusión con la que ahora la miraba Hotaru.

- me sorprende que precisamente tú quien me digas eso. – dijo Darien con molestia. – pero no voy a permitir que tu hija, pervierta a la mía. – soltó el pelinegro con asco.

- creo que no has visto bien amigo mío, ha sido tu hija, quien ha besado a la mía. – respondió Haruka, apretando la mandíbula para no saltar sobre Darien y romperle la cara por la estupidez que había dicho.

- tu hija es más grande. – respondió Darien como un niño pequeño, pero al ver que Haruka no le seguiría el juego reacciono aun peor. – largo. – soltó sin más. – fuera de mi casa. – decía el pelinegro más que molesto. – ¡LARGO! – grito llamando la atención de los niños y de algunos adultos.

- bien. – respondió la rubia. – vamos Hotaru. – le dijo a su hija quien aún seguía abrazada a ella de la cintura y escondía su rostro.

- Hotaru, tío Haruka. – llamaba la pequeña Rini, pero Haruka no volteó y mucho menos permitió que su hija lo hiciera, su padre se había excedido está vez, jamás pensó que haría algo.

La rubia camino molesta hasta la entrada de la casa, donde algunos adultos la miraban con sorpresa y un poco de pena por lo que había pasado; Michiru no demoro ni cinco minutos en salir, pues algunos niños habían acudido a sus padres para informarles lo que había pasado y ella había tenido que salir para ver a su hija y a su esposa.

- ¿Haruka? – cuestiono la aguamarina con un poco de pena en la voz, pues veía a su esposa más que molesta y a su hija a punto de llorar pero como toda un Tenoh, retenía las lágrimas.

- Michiru, nos vamos, quedate con Hotaru, voy por Harumi. – decía la rubia reteniendo su ira y hablándole a su esposa de la mejor manera.

- Natsuki, ve por Hikari y Shizuki, nosotras también nos vamos. – decía la castaña molesta, pues si corrían a un Tenoh, corrían a todos los Tenoh y ella no iba a tolerar, la manera en la que habían humillado a su sobrina.

- si mi amor. – respondió la peliazul también molesta por lo que había pasado, lo hubiera creído de Haruka, pero no de Darien, caras vemos…

Una vez que ambas familias estuvieron juntas recorrieron el camino hacia la salida, bajo la mirada atenta de todos los invitados; llegaron hasta la puerta y fue Serena quien los detuvo, pues Rini había dio a decirle lo que había hecho su padre y Serena no tardo en correr para detener a sus amigas.

- Haruka. – decía Serena tratando de recuperar el aliento por lo que había corrido. – lo siento, por favor, no se vayan, Darien no tiene el derecho de correrlos, es la fiesta de Rini. – pedía Serena, pues ella había visto como su hija veía a Hotaru ya sabía que la pequeña pelinegra no había tenido culpa de nada.

- Serena, no eres tu quien debe disculparse y no es conmigo, sino con mi hija, gracias, pero no, no nos quedaremos, no voy a someter a mi hija a más humillación. – decía Haruka lo más diplomáticamente posible, pues Serena no tenía culpa.

Serena no dijo más y vio como sus amigas con sus hijas se iban de su casa; regreso sobre sus pasos y busco a Darien con la mirada, quien estaba reprendiendo a Rini, pero su hija no se quedaba atrás, escucho claramente como su hija le gritaba que había arruinado su fiesta y se iba, suponía que a su cuarto, ella camino hacia su esposo y le hizo saber lo molesta que estaba por lo que había hecho, pues no podía creer que él, hubiera hecho algo así, le hizo ver que había sido su hija quien había iniciado con el beso y los acercamientos, para posteriormente irse; la rubia también se había dirigido hacia la habitación de su hija, que suponía estaría muy afectada por lo que había hecho Darien.

La fiesta termino antes de lo esperado y al ver la escena que habían protagonizado la familia anfitriona, cada uno de los invitados, había comenzado a abandonar la casa; por otro lado la familia Tenoh, había llegado a la mansión y la pequeña pelinegra había corrido hacia su cuarto, Michiru le había dado una mirada a su esposa indicándole que debería ser ella quien fuera a hablar con su pequeña hija; Haruka hizo lo que su esposa le indicara, subió las escaleras y se dirigió hacia la habitación de su hija, al llegar a la puerta toco y espero a que su hija respondiera, cuando le dio el pase, abrió la puerta y entro.

- hola. – saludo, al ver a su hija sentada en su cama y viendo hacia la ventana. - ¿Cómo estas cariño? – cuestiono, sabía que era una pregunta tonta, pero por algún lado tenía que empezar.

- no lo sé papá. – respondía la pequeña ahora viendo a su padre.

- ¿Rini te gusta? – cuestiono la rubia, si era eso, no dudaría en apoyar a su hija, pero si solo estaba jugando, era mejor parar esos juegos, pues al final, alguien siempre salía lastimado. – cariño, sabes que tu madre y yo te apoyamos en todo ¿cierto? – cuestiono la rubia para darle apoyo a su hija y se animara a hablar.

- no lo sé; sé que me apoyan pero... no sé qué siento – respondió confundida Hotaru. – papá, en verdad no sé qué siento por Rini, digo, es linda y quiero protegerla, pero no sé si eso es amor o simple gusto, es más, no sé si quiera si me gustan las mujeres. – decía la pequeña más que confundida, pues ese beso no había hecho más que confundirla aún más con respecto a lo que sentía.

- tranquila cariño, eres muy pequeña aun como para darte cuenta de eso, tal vez debas de hablar con Rini y pedirle algo de tiempo, que se traten más como amigas, tal vez en un par de años, ya tengas decidido que es lo que quieres. – decía Haruka de manera tranquila y con una sonrisa, tal vez a su hija le hacía falta conocer a más personas para darse cuenta de que era lo que de verdad sentía. – conoce más personas, vive y la respuesta llegara a ti; y no te preocupes, cuando Darien se dé cuenta de lo que ha hecho vendrá a pedir disculpas. – seguro la rubia y se acercó a su hija para darle un abrazo.

- gracias papá. – hablo Hotaru respondiendo el abrazo de su padre, solo él sabía cómo calmarla.

- no tienes nada que agradecer cariño, soy tu padre, cuando te sientas mejor baja. – pidió la rubia con una sonrisa y salió de la habitación para darle su espacio a su hija.

A la rubia no se le daban bien esas cosas, pero sabía que contaba con el respaldo de su esposa y que su hija sentía mucha confianza hacia ellas y contaba con que se acercara a ellas si sentía más dudas; esa tarde la habían pasado en familia jugando Xbox en el cuarto de juegos y viendo películas, se habían divertido mucho y pronto las niñas habían olvidado lo que había pasado en esa fiesta. La semana había pasado de manera tranquila, Rini había pedido disculpas a Hotaru en la escuela y la pelinegra las había aceptado, así como también había hablado con ella y le había dicho que era mejor se tomaran las cosas con calma pues ella no tenía claro que sentía, por suerte Rini lo había entendido y habían quedado como solo amigas.

Poco tiempo después Darien había acudido a la mansión Tenoh para pedirle disculpas a la pequeña Hotaru y a la familia completa, claro que esto le había tomado su tiempo, pero habían sido las miradas de su esposa y su hija, además de que ambas le habían aplicado la ley del hielo y ya no soportaba más la situación, además de que sabía que había cometido un error al haberse comportado de esa manera con la niña; la familia Tenoh lo había recibido bien y la pequeña había aceptado sus disculpas, Haruka aún estaba molesto, pero por un codazo de Michiru acepto las disculpas de buena manera; además de que no quería que su hija se molestara con ella por no aceptar las disculpas.

Cinco años después…

Los años habían pasado de manera rápida para todos en la familia Tenoh, las pequeñas ya no eran tan pequeñas, pues Hotaru ya era toda una señorita, después de todo tenía diecisiete años, además no paraba de recibir invitaciones y propuestas tanto de hombres como de mujeres, esto para disgusto de su padre; la pequeña Harumi ya tenía diez años y era muy parecida a su madre, era toda una coqueta y a pesar de su edad ya había hecho llorar a algunos niños al rechazarlos; Hikari no se quedaba atrás, solo que ella ya tenía una pareja, si, para disgusto de Natsuki, su pequeña ya salía con la hija mayor de su amiga Mai, que solo era menor que Hikari por dos años; Shizuki por otro lado era igual a su madre, con su acento encantador, podía derretir a casi todo el mundo, de esa manera hacia a su abuelo y bisabuelo como ella quería, no había cosa que no deseara que ellos no se cumplieran.

El cumpleaños número dieciocho de Hotaru estaba cerca y tanto Haruka como Michiru habían organizado un viaje familiar, pues su hija había exteriorizado el deseo de compartir un viaje en familia como antes lo hacían, así que la rubia y la aguamarina no habían perdido tiempo para organizar el viaje, con ayuda de Harumi habían descubierto que su hija deseaba conocer Florida, Estado Unidos, así que con ayuda de Shizuru y Natsuki quienes también las acompañarían para celebrar el cumpleaños de la pequeña Hikari ya tenían todo listo para la siguiente semana.

- ¿Por qué la semana no pasa más rápido? – cuestionaba la rubia un poco desesperada, pues se moría por salir de viaje y alejarse un poco de Japón.

- ara, Haruka no tolera la idea de que Hotaru haya salido en una cita con Rini. – decía Shizuru burlándose de su prima, pues con los años, Hotaru había hecho la declaración de que le gustaban las mujeres.

- no es verdad. – decía Haruka volteando la cara y cruzándose de brazos, claro gesto de que en verdad le afectaba que su hija saliera con la pequeña Rini, pues después de la disculpa de Darien las niñas se habían hecho más amigas, para su buena fortuna aún no habían formalizado nada, pues Hotaru alegaba que aún no conocía la profundidad de sus sentimientos.

- ya basta ustedes dos, Hotaru está en todo su derecho de salir con quien ella desee, no tiene una relación formal, además es eso o dejar que su abuelo les consiga pareja. – alegaba Michiru, pues hacia unos meses, Takuma había ido con la lista de futuras candidatas a esposa para Hikari y Hotaru, cosa que Shizuru y Haruka habían rechazado rotundamente, pues habían alegado que sus hijas estaban en su derecho de elegir a su pareja y ellas no iban a imponerse en ese aspecto, pues conocían muy bien el sentimiento de sentirse obligadas a algo.

La semana había pasado en un abrir y cerrar de ojos para fortuna de Haruka, así que ahí estaban en el avión hacia Florida, donde habían rentado una casa junto con su porción de playa para disfrutar de la mejor manera el cumpleaños de Hotaru; en menos de lo esperaban ya estaban camino hacia la casa que habían rentado por toda esa semana, pues se habían tomado unas mini vacaciones; el viaje había sido un poco cansado pero esa noche era la fiesta, por suerte Takuma había contratado todo para que la fiesta fuera un éxito y ellos pudieran descansar.

La noche había llegado y con ella la celebración, la familia completa estaba reunida, Haruka, Michiru, Harumi, Hotaru, Hiro, Dorian, Takuma, Shizuru, Natsuki, Hikari, Shizuki, la novia de Hikari, todos estaban compartiendo ese día tan especial para las chicas; lo primero que hicieron fue cantarles el feliz, feliz cumpleaños, para después pasar a los regalos.

- bien, pues aquí está el de tu madre y el mío. – dijo Haruka mientras hacía que su hija la acompañara hacia la entrada de la casa.

- oh por Kami, mamá, papá está hermoso. – decía Hotaru viendo el auto que sus madres le habían regalado, si, sus madres, pues hacia unos años que le habían dicho la verdad de como ella y su hermana habían sido concebidas y que su padre era en realidad una mujer, pero ella lo había tomado de la mejor manera y había aceptado su familia tal cual era.

- y ese día ahí. – decía Natsuki a su hija, pues todos habían acompañado a Hotaru a la entrada para ver el regalo. – es el de tu madre y el mío. – dijo la peliazul, mostrando otro auto un poco más alejado que el de Hotaru.

- gracias, mamá y gracias mami, está hermoso. – respondió la castaña menor y corrió junto a su novia para juntas ver el hermoso auto.

- pues yo también tengo el mío aquí a fuera. – dijo Hiro haciendo una seña hacia dos luces que venían hacia ellos.

- Hotaru al verlas llegar no lo podía creer eran dos motos muy parecidas a la de su rubia madre y a la de su tía Natsuki, solo un poco más pequeñas. – abuelo están hermosas. – decía Hotaru admirando las motos, pues ella al igual que su madre había cogido el gusto por las motos.

Y mientras las chicas disfrutaban de los regalos de todos, Haruka había apartado a un lado a Michiru, pues para ella también tenía un regalo, si, a pesar de los años aún seguía cuidando de su esposa, sorprendiéndola y no permitiendo que la llama en su matrimonio se apagara, porque aunque las peleas existían, eran más lo momentos inolvidables que pasaban juntas que cualquier otra cosa, amaba a esa mujer y jamás permitiría que ella pensara de manera diferente.

- ¿Haruka, que hacemos aquí? Nos estamos perdiendo la fiesta. – decía Michiru con una sonrisa, pues disfrutaba estar ahí, a la orilla del mar y disfrutando de la compañía de su esposa.

- solo estamos dando un paseo, además no creo que se den cuenta. – respondía la rubia con una sonrisa. – toma. – dijo Haruka mientras sacaba una pequeña cajita de terciopelo azul de la bolsa de su pantalón.

- ¿Qué es esto? – cuestiono Michiru al tener la cajita en su mano.

- ábrelo. – pidió la rubia con una sonrisa. - ¿sabes? Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, contigo tengo todo lo que siempre soñé y más, tengo una familia y es mía, unas hijas hermosas, a las que amo, Michiru sin ti, sin ti no sé dónde estaría, porque estoy segura que aquí no, así que le agradezco a Kami y a la vida el que te pusieran en mi camino y más aún el que me amaras, porque no sé qué hecho yo para merecer tu amor, pero lo agradezco, te amo. – dijo Haruka con una sonrisa en los labios.

- oh Haruka, yo también te amo mi amor. – respondió Michiru con unas lágrimas en sus ojos mientras abría la cajita y sacaba un pequeño relicario.

Haruka lo tomo de las manos de su esposa y lo abrió mostrando que se compartía en tres, donde había una foto suya, una de Hotaru y una Harumi; Michiru sonrió y se lanzó a los brazos de su esposa, pues le había encantado el regalo, amaba como Haruka siempre la sorprendía, como siempre, sin importar si era una fecha importante o no, ella buscaba la manera de sorprenderla, así era su Haruka, así era su viento.

- me encanta amor y más me encanta que estés de tan buen humor. – decía Michiru preparando el terreno para lo que le iba a decir a su esposa.

- claro que estoy de buen humor, te lo acabo de decir, tengo una familia hermosa, una esposa a la que amo y dos hijas maravillosas, no podía pedir más. – respondió la rubia con una sonrisa.

- qué bueno que lo veas así amor, porque Hotaru ha invitado a alguien y me dijo que quería hablar contigo. – soltó Michiru, sabía que ese era el mejor momento, era ahora o nunca.

- ¡¿Qué?!¿A QUIEN? ¡Dime mujer! ¿A quién ha invitado? – comenzó a cuestionar la rubia pues por su cabeza pasaba la imagen de su hija con una Rini más que sonriente tomadas de la mano caminado en la playa y besándose.

Michiru solo había comenzado a reír y al ver como Haruka se disponía a regresar a la fiesta, la tomo la camisa y la hizo para calmarla de la única manera que ella sabía, besándola; y así bajo la luz de la luna, con las olas del mar y el viento soplando, la historia de su amor se seguía escribiendo.

Fin.