Hola

Hola!!

Jejeje, sorpresa!!

Aka esty otra vez; bueno, ya se que tengo bastante abandonadillo al fic, pero de vez en cuando no esta actualizar o no?

Muchísimas gracias a todos por vurewstros reviews, k me recuerdan que el fic sigue adelante, os lo agradezco a todos!

Besos, se cuidan, By

El Sol desaparecía en el horizonte, y las tinieblas de la noche comenzaban a cubrirlo todo.

Los caballos cabalgaban veloces atravesando las áridas llanuras del desierto. Los jinetes se mantenían erguidos sobre ellos, con la cabeza alta, induciendo a sus compañeros a no abandonar la marcha, a apresurar el paso, a no aparcar al esperanza.

Sin embargo las caras de muchos de ellos reflejaban el desaliento y el miedo ante la posible perdida de un amigo, de algo incluso mucho más importante para una de ellas. Cierta joven de cabellos castaños y ojos azules, de nombre Mana, por cuyo rostro deslizaban finas y delicadas lagrimas cristalinas en reflejo del temblor que su corazón sufría en pos de esa maravilloso joven que tanto amaba, cuyos labios al fin había poseído hace apenas unos instantes, y sobre el cual la amenaza de la muerte a manos de un despiadado ladrón, de nombre Bakura, se mantenía constante, acechándolo en cada momento pasado, enlazándolo en ese circulo pesaroso que se iba achicando cada vez más, y lo k ella más temía, es que tal vez, cuando los hilos pudieran ser cortados, la respiración de Mahado hubiera espirado dejando tras de si un vació cadáver.

- Hea! – agitó la joven a su caballo mientras tiraba de las riendas en un desesperado intento de acelerar su paso.

- Mana espera! – ordenó Atem al ver como la chica acelera el ritmo y se alejaba de la cabecera de la cabalgata – de nada servirá agotar a los caballos y k estos abandonen la marcha antes de alcanzar nuestro destino – explicó al ver la cara de inconformidad que su amiga le dedicaba, sin embargo las lagrimas k se deslizaban por sus mejillas le hicieron añadir – Comprendo como te sientes, pero debemos ser pacientes. - ante el escepticismo del achica continuo - Si de veras quieres salvar a Mahado lo ultimo k debes hacer es perder al calma. Necesitaré de todos tus sentidos al máximo para ayudarme a rescatarlo, comprendes?

- ... – un leve asentimiento de cabeza fue todo lo k la joven pudo responder, sin embargo en sus ojos se podía ver el brillo de gratitud hacía ese joven faraón, hacía su muy preciado amigo de la infancia.

- Estoy preocupada por ella – murmuro el joven de ojos violetas con voz grave – no se k ocurrirá si...

- Ssss – Atem fue interrumpido por unas cálidas manos rodeando su espalda – No te inquietes por algo que aun no ha pasado, debemos confiar en nuestra amistad, solo así lograremos superar los obstáculos que se presenten,

Anzu se encontraba cabalgando en la parte trasera del caballo de su esposo, agarrada a este por la cintura. Hasta hacia unos pocos segundos se encontraba absorta en sus pensamientos, sin embargo tras haber escuchado la conversación entre su compañero y Mana, pudo percatarse del gran dolor que este padecía, tanto por el miedo de perder a un amigo, como por la angustia k la muchacha reflejaba.

Suavemente, pese al movimiento del caballo que se agitaba inquieto, Anzu deposito un beso en la mejilla del joven, quien agradecido se limito a estrechar su espalda contra el pecho de ella. Mientras con un amplio suspiro veía aparecer ante él la montaña k albergaba la cueva de los guardianes.

La pared de roca se extendía considerablemente, impidiendo cualquier acceso al interior de la caverna, y por desgracia, la entrada había sido bloqueada por un gran numero de rocas. Los caballos no tardaron mucho en aproximarse al lugar indicado, y algunos jinetes desmontaron de estos para examinar el acceso bloqueado, mientras k otros permanecían aun en sus monturas expectantes.

- Debemos apartar las rocas de la entrada – dictamino Jono enérgicamente mientras avanzada hacia ellas, olvidando que su fuerza corporal no sería suficiente para apartar siquiera una de ellas.

- No digas idioteces – le recrimino Mai – es imposible mover esas rocas manualmente, sin embargo, tengo una idea mejor – rápidamente alzó su brazo derecho y su brazalete de invocación apareció a la vista de todos – Dama Arpía, atiende mi llamada y aparece!

Inmediatamente un rayo de luz surcó el cielo y al llegar a ellos tomo forma de una extraña mujer con alas que le permitían mantenerse en el cielo y unas garras k denotaban sufrimiento para quienes se interpusieran en su camino.

La arpía, siguiendo instrucciones de Mai, se dirigió hasta las rocas y comenzó a apartarlas una por una, dado que si las destruía en un ataque podría provocar nuevos derrumbes.

- Te ayudo! – exclamo una voz a su lado, e inmediatamente después, dark magical girl, se hallaba inmersa en apartar nuevas rocas de la entrada, tomándolas con sus delicadas manos, y alzando un pesado vuelo hasta soltralas a unos metros de distancia.

Mana miraba entre complacida e impaciente el trabajo que realizaba su criatura. No podía evitarlo, aun en estos momentos sentía un gran cariño hacia ella. Porque ella, a diferencia de la arpía de Mai, o de muchos otros monstruos invocados por los brazaletes dorados, ella era su criatura, su yo oscuro, formada de su propio KA. Ella habitaba en su cuerpo y no era necesario una invocación para que apareciera, ella lo hacía sola, cuando sentía que la necesitaba acudía allí con presteza, dispuesta a ayudarla.

Juntas formaban un todo, si la una existía era gracias a la otra, si una de los dos moría la otra compartiría su mismo destino, pero eso no le impedía a su yo rubio acudir en su ayuda siempre k la necesitará, y por eso mismo siempre le estaría agradecida.

- Nos atacan!! – la exclamación de Seth interrumpió la calma de los presentes y el trabajo k las dos criaturas llevaban a cabo.

Un ejercito de hombre a caballo cubiertos con túnicas negras y portadores de afiladas lanzas se acercaba velozmente hacia ellos, y la legua se veía k sus intenciones no era exactamente buenas.

- Siervos de Bakura! – informó Isis gracias a la ayuda de su collar milenario. La sacerdotisa había insistido en acompañarles, así como el resto de los portadores de los objetos milenarios, a excepción de Aknadin k había permanecido en palacio a las ordenes del faraón. – Debemos darnos prisa en abrir esa entrada, de lo contrario será demasiado tarde. – apremió.

De pronto un ejercito de bestias apareció en el horizonte, acompañando a los hombre de Bakura, y seguramente por invocación de estos.

- No hay tiempo! Invocad vuestras criaturas! – ordenó Seth al mismo tiempo k alzaba su brazalete y llamaba a su presencia al buey de batalla y al dragón dintado.

Instantes después el resto de guardianes imitan sus actos, reuniendo de ese modo otro ejercito de bestias para combatir contra el de los secuaces de Bakura.

- Debemos abrir esta puerta ya! – apremia Jono, quien junto a Atem, Anzu, Mai y Mana se encuentra tratando de desbloquear la entrada, tras echar un vistazo a la sangrienta batalla que tiene lugar tras ellos, jinetes luchando contra jinetes a base de espadas y lanzas, y bestias luchando contra bestias recurriendo a todo tipo de sangrientos ataques.

La calma se pierde lentamente, y los nervios afloran con sus respectivas consecuencias.

Anzu se encuentra asustada. No tiene miedo por ella, por peder al vida. Tiene miedo por que algo malo le ocurra a él. A él o a cualquiera de sus otros amigos. Y también tiene miedo al fracaso, porque sabe lo k tiene k hacer, pero teme no ser capaz de hacerlo; no cuando las vidas de todos los k ama penden de un hilo.

Lentamente cierra los ojos y aprieta el anillo que lleva en su mano derecha, el que encontró en el museo y que parece ejercer una conexión misteriosa con ella, y junta las manos en una plegaría silenciosa.

"Por favor. No se quien eres, y tampoco se si tengo el derecho de suplicar tu ayuda. Pero lo hago. Necesito de ti para salvar a mis amigos, necesito de ti para cumplir lo k me propuse el día de mi llegada; protegerles. Por eso te invoco, y te imploro k escuches mi ruego.

Emperatriz de lo Oscuro, acude a mi, salva a mis amigos!"

Ya esta: lo había hecho. Había acudido a su ultima esperanza, ahora solo quedaba por ver, si esta acudía en su ayuda.

Despacio, con miedo, Anzu abre los ojos lentamente, y al hacerlo siente que su corazón se para momentáneamente mientras en su rostro se forma una sonrisa. Su anillo brilla fuertemente. Ella esta ahí.

La emperatriz de lo oscuro.

Portando como siempre esos rasgos oscuros tan sorprendentes. Ese pelo negro extendido hasta la cintura. Esos profundos ojos que parecieran un vació sin fin, y en los que se ocultaban miles de secretos, que tal vez, nunca nadie fuera capaz de resolver.

Ese aspecto magnifico e intimidante, rebosando potestad, reflejando poder.

Sin embargo, su rostro perdió parte del sano temor que inevitablemente infundaba, cuando su mirada se poso en la joven que había tenido el suficiente coraje para llamarla, y le devolvió la sonrisa.

Sin perder tiempo se dirigió a la entrada bloqueada, y valiéndose de su vara, marco un circulo alrededor de las rocas desprendidas. Segundos después estas desprendían un intenso color rojizo, similar al fuego, y caían derretidas.

El asombro de los presentes fue inmenso mientras la emperatriz seguía este proceso. Cambiaban sus miradas de Anzu a la Emperatriz, sin saber cual de las dos les había sorprendido más.

Sin embargo, una vez esta concluyo exitosa su trabajo, la situación que dejo al descubierto, fue lo suficientemente poderosa y temida, para hacerles olvidar sus preguntas momentáneamente.

Mahado se encontraba debilitado en el frío suelo de la cueva, y no hacía ser un experto para ver que su energía estaba a punto de agotarse irremediablemente.

Frente al sacerdote, erguido y sonriente, se encontraba Bakura, franqueado igualmente por su diamante, que parecía haber crecido en poder durante los último tiempos, y portando en la mano un extraño objeto, reconocible como el collar milenario.

No pareció k el ladrón se alegrará demasiado de verles, tras soltar una poderosa maldición, pareció dudar cual sería su siguiente movimiento, sin embargo tras echar un vistazo a la Emperatriz y otro a Atem y a la posibilidad de este de invocar a los dioses, decidió que lo mejor sería marcharse de allí, al fin y al cabo ya había obtenido lo k había ido a buscar, el collar milenario.

Rápidamente corrió hacia la entrada, al mismo tiempo que ordenaba a su diamante disparar al techo de la cueva, con el fin de retrasar a sus posibles perseguidores.

Un gran montón de rocas se desprendieron del techo, sin embargo Atem logró esquivarlas y salió en persecución de Bakura.

El ladrón se apresuro en tomar una montura y alejarse de allí, pero al volver la vista atrás se percató de que Atem le seguía de cerca también a caballo.

Sonrió. Jamás pensó k fuera tan fácil atraer al poderoso faraón hacía una muerte segura.

- Bakura detente! – ordenó el joven de ojos violetas, a lo k el ladrón tan solo intensifico su sonrisa.

- Tendrás k ser tu quien me detenga! – se burló, al mismo tiempo k alzaba un brazalete e invocaba a su diamante con el fin de detener la marcha del faraón.

- Jamás lograrás vencerme! – afirmó Atem – Slifer, el dragón volador, atiende a mi llamada – inmediatamente un poderosa luz rojiza surca el cielo iluminando por completo, y un inmenso dios dragón aparece tras ser invocado.

La lucha entre Diamante y Slifer comienza sobre los cielos, los jinetes continúan la marcha.

A cada ataque del Diamante a su dragón, Atem siento como una parte de su energía vital desaparece, sin embargo sabe k Bakura a de estar sintiendo lo mismo y no se detiene.

Demasiadas cosas dependen de esta batalla, demasiadas vidas.

Hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

Momentos antes en la cueva...

Las rocas se desprendía del techo y amenazaban con aplastarlos a todos, sin embargo un fuerte escudo, creado por la Emperatriz, se extiende por en encima de sus cabezas, haciendo k las rocas se desintegren al primer contacto con él.

Una vez todas han desaparecido, la Emperatriz retira el escudo, y nuevamente, abre al entrada de la cueva, esta vez para que todos puedan salir.

Es entonces cuando por primera vez, Mana va hasta Mahado y lo rodea en sus brazos.

- Te encuentras bien? – es lo único capaz de preguntar. Su voz tiembla y no se debe al miedo de la anterior batalla, sino de encontrar a maestro, al hombre al k ama en semejante estado.

- Pronto lo estaré – responde el suavemente, provocando que la chica lo abrazara aun más fuertemente, mientras unas pequeñas lagrimas resbalaban por su rostro.

- Eres un..., eres un... – la morena es incapaz de hablar. Por un lado desearía darle una buena colpiza por haber sido tan estúpido de intentar solo ese suicidio. Por otro solo quiere decir que es el hombre de su vida, que lo ama con todas sus fuerzas, k solo quiere estar a su lado. Sin embargo, ninguna de las dos cosas es capaz de decir, pues no se siente capaz de pronunciar ninguna de ellas. – Será mejor que vallamos al palacio, allí te recuperas. – las palabras que sus labios eligen pronunciar finalmente.

Con ayuda de su simpática criatura, alza a Mahado haciendo que este pase un brazo por sus hombros y otro por los de dark magical girl, y lentamente abandonan la cueva hasta depositarlo sobre un caballo.

Anzu, la Emperatriz, Jono y Mai, se apresuran a seguir sus pasos.

- Chicos, creo k es mejor k regrese ya al palacio para k este tonto se recupere – indica Mana mientras se alza en al montura de un caballo – podrán arreglársela sin nosotras? – comenta refiriéndose a ella y a dark magical.

- Claro, no hay problema, no te preocupes – la tranquiliza Mai, mientras Jono y Anzu asientes en señal de aceptación – Ten cuidado en el camino, y procura que no se caiga del caballo – termina diciendo la joven rubia maliciosamente, refiriéndose al "imponente" sacerdote k en estos momentos se encontraba atada al caballo y sujetado por Mana, ya k no tenía fuerzas para cabalgar e mismo.

- Por supuesto – acepta Mana mientras espolea su caballo, quien inicia su marcha hacia el palacio – Nosotros estaremos bien, vosotros tened cuidado! – las últimas palabras de la joven llegaron algo difusas al grupo debido a la distancia, pero fueron suficientes para tranquilizarlos.

Una vez sus amigos estuvieron a salvo, dirigieron una mirada alrededor, donde el ejercito de Bakura parecía extinguirse bajo los ataques de los guardianes del faraón, sin embargo muchos de estos también se hallaban debilitados.

No obstante Anzu se revolvió inquieta, pues acababa de notar una ausencia k no le gustaba nada. Rápidamente, se dirigió hacía único sacerdote que aun se mantenía a caballo, y luchaba para terminar con los pocos enemigos que restaban.

- Seth! – llamó una vez se puso a su altura – dónde esta el faraón?

- Acaso no estaba con vosotros – respondió el joven preocupado.

Anzu permaneció en silencio, rememorando los hechos k la llevaron a separarse de Atem.

Se encontraban en la cueva y Bakura corría hacía la salida mientras provocaba un desprendimiento. Sin embargo una vez la emperatriz formó el escudo y evaporo las rocas, Atem no estaba, por lo que ella había supuesto que él había logrado salir para unirse a la lucha.

Sin embargo Bakura no parecía haber permanecido junto a sus hombres, por el contrario estos eran simples distracciones para lograr su huida.

- Maldición! – exclamó Anzu asustada pues las piezas ya habían tomado forma – Atem fue tras Bakura – explicó al sacerdote – debemos encontrarle!

Ni tan siquiera se molesto en preguntarle si estaba segura de ello. En cuanto Anzu terminó de hablar Seth espoleo su caballo y emprendió una terrible carrera tras su faraón, demostrando así su gran preocupación porque algo malo pudiera ocurrirle.

Anzu miró a su alrededor y maldijo a Seth por no haberla esperado, aunque tal vez fuera mejor así, al menos él tendría la oportunidad de alanzarlos.

Sin embargo ella no se quedaría atrás mientras él estuviese en peligro.

Girando la vista en todas direcciones localizó una caballo y corrió tras él, no obstante una vez lo tuvo sujeto dudo. Algo le decía k con ese medio no lograría legar a tiempo. Fue entonces cuando giró su vista hacia la emperatriz. Tal vez ese fuera el único medio para llegar donde Atem, pero no estaba segura de si debía o no pedírselo.

Sus dudas se vieron resueltas cuando la mujer llegó hasta ella y sonriendo la alzó por los hombre y emprendió el vuelo.

- Gracias – le susurró Anzu mientras ambas surcaban los cielos velozmente, en pos del faraón. La emperatriz se limito a sonreír, y juntas avanzaron velozmente hacia el salvador de su tiempo, guiadas por el potente resplandor que el dios dragón provocaba en su lucha.

hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

No muy lejos de allí, en una profunda montaña de roca, surcada por precipicios y caídas al vació, Atem continuaba cabalgando tras Bakura, se sentía débil, los poderosos ataques que el Diamante infringía a su criatura le restaban gran parte de su energía vital, incapacitándolo para invocar a otro monstruo capaz de ayudar a Slifer, el cual irremediablemente iba perdiendo terreno.

Sin embargo él no debía tirar la toalla, no podía darse por vencido, y continuaba cabalgando tras el ladrón, a la espera de k detuviera la marcha, a la espera de poder destruirlo por completo.

Justo en ese momento un poderoso relámpago blanco estrellaba contra la parte más vulnerable de Slifer, y un profundo dolor atravesó el pecho de Atem, provocando k este cayera del caballo irremediablemente.

Al ver esto Bakura se detuvo sonriente, y también desmonto, acercándose al joven que permanecía tumbado en el suelo con una mano agarrándose el pecho.

- Estas solo faraón. – se burló el ladrón del desierto, mientras su lengua relamía su boca, señal de cómo estaba disfrutando el momento – Estas solo y nadie podrá salvarte, te destruirás al igual k tu padre destruyo y aniquilo Kulemna! – la victoria había desaparecido de su voz y ahora se denotaba un tremendo rencor, una furia descontrolada.

Con un tremendo esfuerzo, Atem apoyó sus manos en el suelo y trato de levantarse, sin embargo cuando a penas había incorporado medio cuerpo, un fuerte patada en su estomago le hizo caer de nuevo, seguida de otra, y otra.

La sangre resbalaba por su labio inferior, y las fuerzas las constantes vitales disminuían.

Bakura paró por unos momentos su golpiza, deleitándose en el aspecto k el joven ofrecía.

- Vaya, vaya, como cambian las cosas – se burlo – tu padre destruyó mi aldea, aniquilo a mi familia, asesino todo lo que yo apreciaba..., y ahora seré yo quien acabe con su hijo. Jajaja.

Su risa macabra resonó en toda la montaña, produciendo eco en las innumerables criptas que esta poseía.

En el cielo, las criaturas habían dejado de luchar y se mantenían inmóviles, a la espera de nuevas ordenes.

- Bien mi Diamante, ahora es tu turno, destruye a esa tonta molestia dragón, aniquila al faraón.

Como respuesta el monstruo junto sus manos en señal de prepara su ataque final y segundos después dirigía un poderoso rayo plateado contra el indefenso Slifer.

- Slifer, contraataca, rugido de Dios!! – con un supremo esfuerzo Atem había logrado incorporarse y aun poniendo en peligro su vida, ordenaba al dragón contrarrestar el ataque.

Slifer libero su poderosa furia roja y el Diamante su relámpago blanco. Ambos ataques chocaron en el cielo, el poder de estos era increíble, nunca se había visto nada igual, y ninguno estaba dispuesto a ceder.

Finalmente la presión cedió, y la mezcla de ataques explotó con todo su inmenso poder. Ambas criaturas desaparecieron presas de este, y la honda expansiva alcanzó a Bakura y Atem, arrojando a este ultimo hacia un precipicio cercano.

- Jajaja – la risa estrambótica de Bakura resonó de nuevo en el ambiente – De modo que así acabo todo, ambos monstruos estaban igualados, sin embargo – objetó acercándose al comienzo del precipicio, donde una mano morena trataba de impedir k su cuerpo cayera al vacío – soy yo quien vence.

Inclinándose ligeramente Bakura toma en su mano de un tirón el puzzle milenario de Atem, sin que este pueda evitarlo, e incorporándose completamente, dirige su pie a la mano de este.

- Adiós faraón – pronuncia sarcástico – nos veremos..., en el infierno. – su pie golpea la mano con fuerza, y esta es incapaz de resistir la presión.

- No!! – la potente exclamación de una joven que se aproxima al lugar por el cielo en manos de una poderosa dama, y que ve impotente como el cuerpo de su amado cae al vació.

Bakura vuelve su rostro al lugar de la exclamación, y con una sonrisa se despide de Anzu, elevando en su mano tanto el puzzle como el collar milenario, colocando este último sobre su cuello poco después y desapareciendo entre la negrura de la noche montado de nuevo sobre su caballo.

Su risa resuena en la oscuridad y es lo último k Anzu ve de él.

Algunos minutos después, las herraduras de un caballo resuenan aproximándose al lugar y Seth se dirige hacia la joven que se encuentra arrodillada en la boca de un profundo precipicio.

Es demasiado tarde.

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