Hola! Lamento mucho el retraso al que os he sometido, no tengo excusa, pero ahora que llega el verano prometo colgar rápidamente los dos últimos capítulos que faltan para la conclusión del fic. Uno de ellos ya esta prácticamente escrito.

Y si, leyeron bien, he dicho dos capitulos... quizá tres dependiendo de la extensión y de si incluyo o no epilogo, pero vamos, que el fic esta en su recta final después de mas de 250 paginas word.

Agradezco mucho a todos vuestro apoyo y comprensión y espero que podáis continuar conmigo en lo poquito que resta para el final. Disculpad que no atienda reviews anónimos en esta ocasión pero estoy verdaderamente cansada, prometo que en el próximo capp los contestó todos.


Era increíble como había cambiado todo en apenas unas horas, se sorprendió pensando Anzu cuando, a lomos de uno de los dragones de Seth, divisó el palacio, ahora convertido en un fortín de batalla.

Hacía apenas unos minutos habían dejado a salvo a Kissara, todavía inconsciente, en un pequeño poblado a orillas del río; y Anzu se juró a si misma que ambos, el sacerdote y la chica, volverían a reunirse, costara lo que costase. Pero para ello debían vencer esta batalla, y ahora que contemplaba el palacio con sus grandes murallas y el enorme ejercito alistado a las afueras, esa misión se le tornaba mucho más complicada.

Lo conseguiremos, pensó con fuerza desesperada. Conseguiremos vencer.

El dragón aterrizó y la joven descendió de él velozmente, impaciente por encontrarse con Atem, que en aquellos momentos daba instrucciones al ejercito. En cuanto localizó su posición corrió hacía él, y Seth la siguió también, solo que más despacio, quizá deseando otorgarles unos momentos de intimidad.

- ¡Atem! – exclamo la aliviada muchacha, arrojándose a sus brazos. – Estás a salvo.

El faraón correspondió el abrazó, doblemente aliviado. Tanto por la salud de su esposa como de su hijo, del que, por cierto, ella todavía no sabía nada. Y es que ¡cuánto había deseado ir él mismo en su busca y llevársela lejos, muy lejos, donde ningún mal pudiera encontrarlos!

Pero eso no era posible. Primero porque él era el faraón, tenía un deber con sus súbditos y no podía abandonarlos. Segundo... porque si este mal conseguía vencer, ya no quedaría ningún lugar en el que es condense.

Por eso había tomado una decisión y, con todo el dolor de su alma, la dejaría luchar sin confesarle el secreto de su embarazo. Y si obraba mal y a ella o al niño le ocurría algo, entonces... entonces que Ra dispusiese de su alma como quisiese, a él ya no le importaría nada.

- Anzu... – susurró en su oído fervientemente, con desesperación – por favor... ten cuidado... ten mucho cuidado... sin ti no soy nada.

Las palabras de su esposo, tan sinceras y desesperadas, se clavaron en el corazón de la joven violentamente, al mismo tiempo que sus ojos se anegaban en lagrimas; porque ella no podía prometerle eso, porque ella estaba dispuesta a hacer lo que fuera a fin de ganar esta guerra, de preservar su vida y las vidas de sus amigos.

- Lo tendré – mintió, para después conducir sus labios hasta la boca de él, en un beso desesperado y ardiente. En un beso en el cual ambos trataron de fusionarse con el otro, de memorizar el contacto de sus lenguas, la una junto a la otra, pues ambos sabías que pudiera ser la última vez que sintieran tal dicha, al menos, en mucho, mucho tiempo.

Después se separaron, y prepararon sus mentes para la batalla.

- ¡Faraón! – llamó Seth, cuando vio que no se podía esperar más – le ruego me dispense el mando del ejercito en esta batalla. Usted se encuéntrala demasiado ocupado dirigiendo a sus bestias.

- Te lo agradezco Seth, y accedo con gusto. – asintió el faraón – Sin el poder de mi rompecabezas me será imposible convocar a los dioses egipcios, pero aun así confió en otras bestias para que nos libren de Zork.

- ¡Faraón! – está vez era Mahado quien lo llamaba; su rostro se veía traslucido, como si cargase con un profundo sentimiento de culpabilidad por no haber estado en la lucha contra Bakura, protegiendo a su señor – Isis, Shada, Simon, Jonouchi y May acaban de llegar. Pero Karin no ha logrado seguirlos.

Ante sus palabras, Atem cerró los ojos unos instantes. Karim... lo había perdido. De echo, cuando los torbellinos de Aganadi los separaron, él ya sabía que uno de sus amigos pagaría el precio; no obstante, pese a esa premonición, había decidido regresar al palacio lo antes posible, pues era vital preparar la defensa de la ciudad para cuando Zork despertará.

No importaba. No podría retractarse ahora de sus decisiones. Tendría tiempo de llorar a Karim después, ahora debía librar una batalla.

- Está bien – asintió al fin, volviendo la vista hacía su hechicero – Ordénales a los cuatro que se coloquen tras los muros de la ciudadela, alejados de la batalla armada. – y ante la cara de escepticismo de Mahado añadió – deberán permanecer allí e invocar a sus monstruos para que nos ayuden en esta pelea.

- Si, mi faraón – asintió el hechicero.

- Le he otorgado el mando del ejercito a Seth; aunque ambos dudamos de su eficacia, es vital jugar todas las cartas. – prosiguió explicando el joven a su servidor más leal – Por la tanto, confío en ti para que te aposentes en primera línea, a mi lado. Quizá nuestros monstruos logren algún avance importante contra esa bestia y, aun si no fuera el caso, los hombres necesitaran un fuerte apoyo moral. Ver a sus lideres luchando a su lado, incrementará su valor y la fuerza de su ataque.

- Es un buen plan. ¿Alguna otra orden? – pregunto Mahado, aparentemente satisfecho. Su faraón era un gran líder y un valeroso guerrero; con él al mando sería posible obtener la victoria.

- Si – asintió Atem, pero su vista descendió al suelo antes de continuar hablando – Mahado... Anzu y Mana deberán permanecer luchando en la retaguardia, junto a Isis y el resto. Estoy convencida de que serán de gran ayuda.

El joven hechicero sintió una punzada de dolor al escuchar el nombre de Mana, sin embargo, fiel a su señor y consciente de la magnitud e importancia de la batalla, no fueron esos los sentimientos que manifestó.

- Faraón, ¿la reina también habrá de luchar? En su estado...

- Lo se – la voz de Atem sonó como un ronquido adolorido, y de nuevo alzó la vista para contemplar a su gran amigo – Pero no puede confesarle su estado antes de la batalla; la conmoción podría ser fatal para ella o el feto; anímicamente se sentirá mucho mejor si participa en la defensa. Además ella es buena, y necesitamos toda la ayuda posible – mientras hablaba, su corazón se desgarraba, hecho que no paso desapercibido al hechicero, que optó por el silencio, comprendiendo que su señor actuaba ahora como faraón más que como hombre. Sacrificar su entera felicidad, algo que valoraba más que a si mismo, para salvar su reino, y el mundo entero – Confió en que Isis la vigilará – añadió, retomando la compostura – Y, de todos modos, ella jamás permitirían que la retirasen de la batalla, por lo cual prefiero aposentarla en el lugar más seguro, para que luche junto al resto.

Tras sus palabras, Mahado no pronunció nada más, simplemente asintió y marchó para cumplir sus ordenes.

Regresó poco después, cuando todo el ejercito se encontraba ya plenamente organizado por Seth, el cual, colocado a la izquierda del faraón, continuaba dictando ordenes.

- Faraón – dijo, colocándose a su derecha – sus ordenes se han cumplido. Jonouchi se rebeló al principio contra la idea de permanecer alejado de vos, pero aceptó cuando le recordé que era vital que uno de nosotros se ocupara de la seguridad de vuestra esposa.

Atem asintió, escuchando atentamente.

- ¿Y Anzu?

- Se mostró extrañamente solicita – explicó el hechicero – No se bien que pensaba, pues parecía ausente, pero no puso objeción alguna en permanecer junto al resto.

Atem suspiró, preocupado; pero no tuvo más remedio que asentir y confiar en el destino.

A partir de ese momento, el tiempo transcurrió sorprendentemente rápido. Siguiendo las ordenes del faraón, Seth posicionó al ejercito frente a las murallas del palacio, y Mahado y el propio Atem se colocaron a su lado con los brazaletes dispuestos.

Por otro lado, tras los muros, los guardianes restantes y el viejo consejero, así como Jono, Mai y Anzu, aguardaban cualquier indicio del inicio de la contienda a sabiendas de que, en cuanto este se produjera, abandonarían su segura posición y descenderían para combatir con lo mejor de si mismo.

Nadie hablaba; todos temían. En esa batalla todos se jugaban algo más que la vida, y por eso mismo, todos estaban dispuestos a entregarla si esta era exigida como precio de la victoria.

Anzu ya no se sentía agobiada por la desesperanza y la culpa, y tampoco trataba de encontrar una salida rápida valiéndose de su conocimiento del futuro. Extrañamente, era la calma el sentimiento que más predominaba en ella.

De pronto, rodeada de personas dispuestas a darlo todo, que incluso habían aceptado ese como el posible último día de sus vidas, la sensación de que así es como debía ser, de que, contrario a lo que ella creía, ahí se hallaba el verdadero motivo de su viaje en el tiempo... Luchar en esta batalla; ese había sido su destino, no evitarla, simplemente, participar en ella.

Y no sabía cómo, ni por qué, solo sabía la verdad de su propio pensamiento, como si este hubiera estado toda la vida con ella oculto tras un velo, y ahora, solamente ahora, la niebla se dispersaba y la certeza la golpeaba con fuerza.

Entonces ¿para que rebelarse contra algo que sabía que debía ser?

No. Ella ya había echo todo lo posible contra ello, e incluso había logrado salvar la vida de Kissara en el intento. Pero esto, la batalla final era inevitable, y ella estaba preparada para combatirla.

- Sabía que tarde o temprano lo comprenderías, pequeña. – susurró una voz en su cabeza - Me siento orgullosa.

-¿Emperatriz? – interrogó con el pensamientos – ¿Cómo...? No importa. ¿Acaso tu lo sabías?

- Anzu, cariño, no podía decírtelo; debías entenderlo por ti misma. – silencio – ¿Cómo te sientes?

- Extraña, creo. Siento una calma extraña y, al mismo tiempo... es una sensación diferente.

- Bien, no te preocupes. Descubrirás lo que es a su debido momento. Lo importante es que estés calmada, necesitaras de todas tus facultades para vencer en esta cruzada; porque podremos vencer, te lo aseguro.

- Lo se... Es decir, de pronto todo me resulta tan familiar, es... como si no fuera la primera vez que participo en esta guerra, pero no logró... no consigo...

- Calma pequeña; en tu mente ahí rincones que aun no están preparados para abrirse, no los fuerces a ello.

- Esta bien pero... si tuviera que tomar una decisión... sabes que para mi su vida vale mucho más que la mía ¿cierto?

- Eso lo se pequeña, no te inquietes, lo se. – Por un momento pareció que su espíritu se había alejado, pero a Anzu le llegaron unas últimas palabras. – Se fuerte pequeña, y ponte en pie. La batalla ha comenzado.

Como si de respuesta a sus palabras se tratase, la oscuridad nació de este y se extendió hacia el oeste; apenas era medio día pero el Sol se perdió en las tinieblas.

- Es la hora – sentenciaron ambos faraones desde lugares separados.

Los demás asintieron y una aterradora bestia negra apareció en el horizonte. Zork había llegado.

- ¡Arqueros, preparados! ¡Hombres a las catapultas! ¡Disparen a mi señal! – Seth dio la orden y una multitud de rocas, flechas y árboles fueron a impactar contra el cuerpo de la bestia, quien no pareció inmutarse. – Faraón, los disparos no le causan efectos. Continuaré intentándolo, pero debéis invocar a las bestias.

- Lo se. Y lo temía. Hará falta algo más que un ejercito para detener a Zork el oscuro. Mahado – añadió volviéndose hacia el hechicero – es nuestro turno. ¡Caballero de la armadura escarlata, acude a mi llamada!

- ¡Mago oscuro, bríndame tu poder y libra al mal de esta bestia!

Ambos monstruos aparecieron ante la llamada de sus amos, pero por poderosos que fueran sus esfuerzos nada tenían que hacer contra el poder de la oscuridad. Aun así no se rendirían fácilmente.

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Tras los muros, el grupo de refuerzo se prepara para entrar en combate.

- El faraón nos necesita. –la voz de Isis permanecía en calma a pesar de la presión – Mahado y él invocaron a sus bestias, pero sus ataques son inútiles contra Zork el oscuro.

- Entonces no podemos quedarnos aquí. Debemos acercarnos a ellos y atacar. – A pesar de su aparente dureza, Jono teme por la vida de su faraón, y no soporta la idea de no ir a ayudarlo, aun cuando eso significase exponer a Mai ante un ataque. Debe hacer algo.

Sin embargo, Anzu se interpone.

- No – la joven no comprende muy bien la fuerza que la impulsa a actuar de esa manera, pero no importa. La situación es critica y sabe que ha llegado la hora de tomar el mando.

- Pero, Anzu... ves lo que está ocurriendo, necesitan nuestra ayuda ¡joder!

- Mi palabra es no, Jono. No tengo tiempo para discutir contigo pero, como faraona, te ordeno que me obedezcas ¿queda claro? – El joven permanece en silencio, sorprendido, pues nunca había contemplado a Anzu de ese modo; con el porte y la autoridad de una auténtica reina.

- Obedeceré sus ordenes, majestad – contesta seriamente, porque no solo es su reina, también es la esposa del faraón, y sabe que hará todo lo necesario para salvarlo.

Los demás comparten su pensamiento e inclinan la cabeza ante ella.

- Bien – acepta la joven, al mando de la situación – lamento mi comportamiento pero es necesario, no nos queda mucho tiempo. El faraón y sus sacerdotes se encuentran luchando con todos sus monstruos, pero no lograran vencer. Las únicas bestias capaces de hacer frente a Zork el oscuro son los dioses egipcios, pero Atem necesita el puzzle para invocarlos. Isis, Mana, Mai, – añade volviendo su atención hasta ellas – deberéis regresar a la aldea de Kulemba. Si no me equivoco, tras la invocación de Zork, los objetos milenarios quedaron esparcidos por sus alrededores. Recogedlos y entregarle al faraón su rompecabezas. Esa es vuestra máxima prioridad, no importa lo que debáis dar a cambio. Entregádselo.

- Nuestra vida majestad, si es necesario – afirmo Isis –. No fallaremos.

- Cuento con ello – sonrie –. Y... por favor – suplica, incapaz de mirarlas por mas tiempo – tened cuidado.

Tras esto se aparta unos pasos, no sabiendo bien si lo hace para darles intimidad en sus despedidas o, simplemente, para no arrepentirse y ordenarles que desistieran del viaje. Pero no puede hacerlo, aun cuando las estuviera enviando a una muerte segura, hay demasiado en juego para desistir.

- Mai – por primera vez la voz de Jono se quiebra, porque no quiere dejarla ir pero sabe que debe hacerlo, porque desea ir con ella y protegerla, pero no puedo faltar a su deber; porque nunca ha conseguido pronunciar esas palabras, pero sabe que si no lo hace ahora ya no tendrá oportunidad para ello. Por eso, la toma en sus brazos y, mirándola a los ojos, adquiere el valor – Te quiero.

Y ella sonríe, aun cuando en sus ojos brillan lagrimas; y junta sus labios con los de él, memorizando su tacto.

- Yo también te quiero – dice emocionada mientras lo abraza y acaricia su cabello – mi amor... Te quiero. Y si sobrevivo a esta batalla viviremos juntos, y si muero, te estaré esperando en el otro mundo. Lo juro.

- ¿Y si soy yo quien muere? – pregunta él, con la vista fija en sus ojos y acariciando su mejilla.

- Entonces deberás ser tu quien espere – dice ella sonriendo de nuevo –. Pero como eres tan impaciente, será mejor para ti que sobrevivas.

Con nada más que decir, sus labios se fusionan en un nuevo beso, el más intenso y desesperado que hayan compartido nunca. Después, él debe dejarla marchar. Y ella camina hacia su destino.

Apenas unos segundos más tarde de la marcha de las tres mujeres, Jono ya esta repuesto, y a la espera de cumplir con su deber.

- Anzu – la llama indicando que se ha recuperado - ¿Ahora que?

La joven faraona suspira; apenas ha sido capaz de abrazar a sus amigas, quien sabe si por última vez, y ahora, de nuevo, debe ordenar sobre la vida del resto de sus compañeros. Pero es su destino y no puede escapar de él.

- Shadi y Simon: debéis valeros de vuestros mejores monstruos para captar la atención de Zork y evitar que este descubra nuestros planes.

- Así lo haremos majestad.

- Bien. Cuento con vosotros. Jono – suspira, al joven no le gustará lo que le va a decir – tu deberás permanecer conmigo inactivo un poco más.

- Pero Anzu... sabes que puedo ayudar.

- Lo se - aceptó la joven –; aun así insisto. Todavía no es tu momento.

- De acuerdo. Pero necesito saber la razón.

- ¿Y qué ocurrirá si me niego a proporcionártela?

- Te seré fiel hasta la muerte, Anzu. No importa lo que pase. Pero necesito comprender la razón para sentirme en paz conmigo mismo.

- Esta bien – acepta ella con el semblante triste –. Pero quiero que sepas que al ocultártelo solo deseba ahorrarte el dolor y la culpa que yo estoy sintiendo ahora. ¿Todavía quieres saberlo?

- Por favor – suplico él mirándola a los ojos. Ella asintió con una sonrisa triste.

- Shadi y Simon no volverán. Los he enviado para distraer a Zork hasta que Atem recupere su rompecabezas, pero no sobrevivirán.

- Pero Anzu... todavía es pronto para saber eso.

- No Jono. Ninguno de ellos es rival para Zork. Morirán. Solo espero que aguanten lo suficiente.

- Si de verdad crees que no sobrevivirán... – insistió el joven – entonces no me estás contando todo.

Para su sorpresa, Anzu no lo negó, simplemente le contempló con las lagrimas surcando por sus mejillas.

- No los he enviado junto a Atem, Mahado y Kaiba, Jono – explica al fin – Ellos irán directamente contra Zork.

- Pero... ¿por qué? – cuestionó Jono atónito.

- Porque su misión no es simplemente la de distraer a Zork hasta que recuperemos los objetos, también deben mantenerlo ocupado... evitando que Mahado o Kaiba, o incluso Atem, peleen contra él.

- ¿Ellos los saben?

- Si. No se lo he dicho, pero he leído la verdad en sus ojos. Saben que van a morir.

- No lo entiendo.

- ¡Joder Katsuya! ¡Despierta! Esto es no es un juego ¿de acuerdo? El mundo entero puede irse a la mierda. Si queremos una oportunidad, Atem deberá estar rodeado de sus servidores más fieles y poderosos. Mahado y Kaiba. Y yo. ¿O es que crees que es fácil para mi permanecer aquí quieta mientras mando a mis amigos a una muerte casi segura? Porque si lo piensas no tienes ni idea. Porque preferiría ir mil veces yo en su lugar, pero entonces moriríamos todos.

Tras su discurso Anzu se aparta, incapaz de seguir mirando los ojos de su amigo, de Jono, de Joey, del mejor amigo de Yugi y Atem. Incapaz siquiera de pensar y ahogándose en un silencioso llanto.

- Tienes razón – se disculpa apenado por haberla herido; realmente él nunca creyó tal cosa, sin embargo, con la tensión de la guerra es fácil perder el control de nuestras palabras –. Lo siento Anzu. Se quien eres, y se que lo darías todo por salvar a tus seres queridos. Aun así, no comprendo... ¿por qué yo?

- Porque tienes mucha fuerza dentro de ti Jono, aunque tu mismo no lo creas – de nuevo lo contempla a los ojos, trasmitiéndole su cariño –. Debes aprender a confiar en tus posibilidades, por duro que sea. Sin apariencias y mentiras. Confía en ti mismo y en tu poder y te sorprenderás de los resultados.

Tras sus palabras sobreviene silencio, coreado por el sonido que asciende desde del campo de batalla. Finalmente, Katsuya se acerca hasta ella y, tomándola de la mano, juntos esperan su momento, reconfortándose el uno al otro.

- No te decepcionaré Anzu. Si eso es lo que piensas de mi no te decepcionaré.

&&&&&&&&&

Atem estaba inmóvil, todo había sido demasiado rápido.

La aparición de Shadi sobre su corcel volador y la llegada de Simón. No sabía que hacían ellos allí, pero sospechaba que Anzu tendría algo que ver en ello. Desde luego había sido un ingenuo creyendo que ella permanecería a salvo tras las murallas sin intervenir en el conflicto.

Aun así, debía reconocer que los había salvado. Tanto él como Mahado estaban exhaustos del combate y no hubiera podido aguantar mucho más, y Kaiba tenía sus propios problemas con el ejercito que, presa del miedo, comenzaba a desertar.

Pero el alivio fue efímero. En apenas unos minutos Shadi había sucumbido ante la bestia, y ahora, el terrorífico Exodia caía ante Zork derrotado por la oscuridad, y el pobre Simon se derrumbaba sin fuerzas.

"Y así termina todo. Nadie logrará vencer a este monstruo; sin los Dioses Egipcios, la humanidad está perdida. Anzu... lo que daría por ver tu rostro aunque solo fuera una vez más. Pero no temo a la muerte, porque se que nos encontraremos en ella y nadie nos separara jamás."

- ¡Faraón miré! – el grito de Mahado alertó a Atem, quien desvió la vista hacia el lugar señalado por su sacerdote.

Mana corría socorrida por su Dark Magical Girl, mientras que las arpías de Mai y el dragon de Isis hacía frente a Bakura.

- ¿Qué es lo que se proponen? – interrogó Seth furioso – No tienen el poder para hacer frente a Zork. ¡Morirán si no se detienen!

- Creo que eso ya lo saben – intervino tristemente Mahado – Fijate en Mana.

Kaiba detuvo su vista en la joven, quien corría hacia ellos con un pesado saco sobre los hombros.

- Trae los objetos del milenio, estoy seguro – afirmó Atem –. Debieron ir a por ellos mientras Shadi y Simon captaban la atención de la bestia.

Ambos sacerdotes abrieron la boca para añadir algo, pero finalmente optaron por el silencio. No era fácil asimilar que tantos amigos habían dado la vida por concederles a ellos una oportunidad. No obstante, el grito de agonía de una de las arpías hizo que ambos centraran toda su atención en la batalla.

Isis había caido y Mai no aguantaría mucho más.

- Debemos ayudarlas.

- No – negó Kaiba – Se que es duro, Mahado, pero ellos se han sacrificado para que nosotros venzamos a la bestia, si acudimos ahora en su ayuda, todos habrán muerto en vano.

- Seth tiene razón – confirmó el faraón adelantándose a la protesta del hechicero. – No tenemos opción.

En ese momento, mientras un último grito desesperado indicaba que Mai había caído, Mana llegó hasta ellos.

- Faraón, aquí está – dijo la exhausta joven –. Tal como Anzu nos pidió, su rompecabezas milenario. Mahado, Kaiba, también traigo vuestros objetos.

- Bien – felicito Seth adelantándose a por su cetro – Ahora faraón, juntos derrotaremos a Zork el oscuro.

- No. – negó Atem para sorpresa de todos – Mahado, Seth os ordenó que permanezcáis al margen. Muchas personas han dado su vida y está es una batalla que debo librar yo solo, con la ayuda de los Dioses Egipcios.

- Pero faraón...

- No, Mahado... debe de ser así – y colocando el rompecabezas sobre su cuello procedió a la invocación – Dioses Egipcios, criaturas ancestrales y poderosas, escuchad mi suplica en un día oscuro y acudid a mi llamada. ¡Ayudadme a expulsar la oscuridad de la Tierra y a preservar la vida que un día creasteis! ¡¡Obelix el torturdor! ¡Exlifer el Dragon Celestial! ¡Dragon Alado de Ra!! ¡Prestad oido a mi llamado y brindadme vuestra fuerza! ¡Acudid a mi, oh dioses! ¡Acudid ante vuestro servidor!

Tras la invocación, tres poderosas luces surcaron los cielos hasta materializarse en los tres Dioses Egipcios. Siguiendo las instrucciones de Atem, estos se enfrentaron con valor y poder a Zork el oscuro pero, cuando parecía que Ra había logrado la victoria, la bestia negra resurgió y los envió al abismo de la muerte.

Atem también sucumbió, cayendo al suelo inconsciente.

Los egipcios habían perdido toda esperanza y el ejercito huyo despavorido. El faraón había fracasado y el mundo estaba perdido. Pero todavía había personas que, si bien habían perdido la fe, estaban listas para luchar hasta su último aliendo.

- Ahora Jono – pronunció Anzu con voz neutra, sin trasparentar todo el dolor y la desesperación que sentía por la perdida de su amado y demás compañeros –. Es nuestro turno.

Kaiba y Mahado también luchaban. El primero con su caballero dragon, y el segundo a través de su mago oscuro. Cuando la faraona y Jono llegaron, ella convocó a la Emperatriz y el al caballero de la armadura escarlata. Pero los Dioses habían fracasado y ninguno de sus monstruos estaba a la altura, ni siquiera la Emperatriz.

Primero cayó Mahado, tratando de proteger el cuerpo herido de Mana y sucumbiendo los dos ante el ataque.

- Kaiba – grito Anzu desesperada –. Esto no será suficiente. Vuestros monstruos son muy débiles.

- No tengo nada más que invocar – replicó él con voz rota.

Pero Jono permaneció en silencio. Él si tenía otra opción. Un monstruo más fuerte que le pertenecía, aun cuando nunca consiguiera domarlo. Pero, si lo invocaba y perdía el control... No. El joven pensó en Mai, y en todos sus amigos fallecidos, y después pensó en Anzu y en el hijo que ella esperaba y del cual no sabía nada; recordó también las palabras de la joven – "Confia en ti mismo y en tu poder. No fallarás" – y ya no le cupieron dudas. Esta vez lo conseguiría.

- ¡Dragon Negro de Oojos Rojos, atiende mi llamada y escucha mi invocación! ¡Aparece!

Y ante los ojos sorprendidos de Kaiba, el imponente Dragon tomo forma, y Jono logró domarlo y la bestia siguió sus ordenes enfrentándose a Zork con valentía. Pero todo fue inútil. Nada podía contra el poder de la oscuridad.

Los últimos instantes de Jono fueron para Mai, y pensó que, al final, no la haría esperar demasiado.

- Jono... – Anzu cayó al suelo, devastada, y conscientes de que ahora únicamente eran dos interponiéndose entre Zork y la total destrucción del mundo..

- Anzu la batalla está perdida; tienes que irte de aquí – exigió Kaiba desesperado– Es lo que Atem hubiera querido – añadió para convencerla.

- Lo se – afirmó ella – pero ¿realmente crees que hay algún lugar que escape a la destrucción? – El sacerdote permaneció en silencio –. Si he de morir, al menos que sea luchando. ¡Emperatriz fuerza oscura!

Y la batalla continuo hasta dejarlos exhaustos, hasta que Zork envió contra ellos un último ataque imposible de esquivar. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, un luminoso rayo azulado cubrió el cielo por completo.

- No. Ella no...

Kisara volaba hacia ellos a lomos del Dragon Blanco de Ojos Azules, el cual los había salvado en el último momento. De nuevo eran tres peleando.

- Kisara ¿por qué? – preguntó Seth desesperado, pero tomándola fuerte de la mano.

- Porque no podía continuar sin ti Seth, aunque eso equivalga a la muerte, no puedo hacerlo.

- ¡Dioses! – protestó Seth abrazándola fuerte – Ni siquiera ellos pueden imaginar cuanto te amo.

La joven le sonrió y correspondió a su abrazo, entrelazando de nuevo los labios con los suyos en un beso único cargado de ardiente pasión. Después se separó de él e hizo frente a la bestia. Sus ojos resplandecieron y su cabello se elevó en el viento, y el Dragon Blanco lanzó su más mortífero ataque.

Ambas fuerzas chocaron en el cielo; luz contra oscuridad con una intensidad semejante a la de los Dioses Egipcios, pero como en el caso anterior, no fue suficiente y Kisara se desplomó en el suelo arrastrando con ella toda esperanza.

- ¡Kisara! – la rabia explotó en el interior de Seth como nunca antes, y en un arrebato de cólera lo comprendió, su conexión con ella era tan profunda que no necesitaba arrebatarle su Kah, pues él mismo inundaba su cuerpo voluntariamente.

De ese modo, el Dragon Blanco volvió a alzarse y a lanzar su mejor ataque, y también volvió a hundirse de nuevo, arrastrando con él a un Kaiba ansioso de reunirse con su amada en cualquiera de los mundos que fuera posible.

Finalmente, solo Anzu quedaba en pie, y trataba desesperadamente de encontrar la salida que, sabía, se hallaba perdida en sus pensamientos. Pero, entonces, el rayo de oscuridad la golpeó a ella también, y aunque la Emperatriz pudo frenar en parte sus efectos, la joven se rindió exhausta, tumbada sobre el suelo y sin fuerzas para seguir combatiendo.

Zork el Oscuro había vencido.


Ahí esta, no comento mucho porque estoy muerta de sueño !me he pegado más de cinco horas escribiendo! Pero espero que os haya gustado ^^

Avances próximo capitulo... tututu-tutu!

"Todo ha terminado"

" ¿Dónde estoy?"

"Tea... tres meses y todavía no despiertas"

"La luz y la oscuridad son dos caras de la misma pirámide,

pero deben combinarse si se quiere ver nacer el día."

"Te amo"


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