Natan Otome me saludaba fervientemente.

-He oído sobre ti.

Dijo mientras me tendía una mano cordial.

Tenia una risa saludable. Llena de juventud.

A su lado yo era un simple viejo.

Y seguramente teníamos la misma edad.

Su mano era fuerte, desplegaba confianza en si mismo. Y tenía una mirada sincera. Llena de brillo.

-Yo también he oido sobre ti. -susurré sin pensar.

-¿Como dice?

Nuestras miradas se cruzaron.

¿Podia decirle de donde le conocía?

-Serena... Serena me hablo sobre usted.

La sonrisa de Natan desapareció.

Y era...¿tristeza? ¿Lo que ahora reinaba en sus ojos?

-¿Le hablo de mi?

Busque con desesperación a Serena o algunos de los Elderes que me vayan a rescatar de aquella situación.

No sabía que había ocurrido con la juventud de aquella persona. Con sólo nombrar el nombre de Serena, había envejecido.

No entendía , el porque, si seguramente el la veía a diario o semanalmente , no sabía cual era el problema de nombrarla.

-Lo siento...

-¿eh? Descuide. Es que ...

Una niña interrumpió nuestra charla.

-Tío! Dice la Tía que vayas pronto que ya esta por comenzar..

Le Sonrió amablemente a la niña.

-Lo siento mi esposa me llama.

Volvió sobre sus talones y me dejó a medio pensar.

Cuando sentí sobre mi hombro una mano.

Era uno de los elderes.

-¿Todo esta bien Señor Chiba?

Asentí silencioso mientras veía como Natan ingresaba a un salón que estaba a nuestra derecha.

-Sólo un poco nervioso. -

-¡Bien, vamos!- contestó uno de los muchachos

El salón era chico y lujoso.

Tenía unos bancos de madera realmente hermosos.

En la parte del frente a la izquierda frente a la congregación se sentaban dos pequeños. Tal vez de unos 12 años. Y tenían delante de si como una mesa.

En el frente mismo pero a la derecha había un piano.

Un hombre tocado de unas canas se había sentado allí. A su lado una joven mujer esperaba que comenzase a tocar para dirigir el himno. Frente a nosotros había un púlpito.

Y detrás de el tres hombres de mediana edad estaban sentados.

Uno de ellos se paro frente al púlpito y acomodando el micrófono habló.

-Buenos Días a todos.

El primer Himno será el n° 14

La Primera oración estará a cargo de Haruka Tenou.

Luego vendrá el tiempo de los discursos.

En primer lugar lo hará el hermano Kazehaya Shouta.

En segundo lugar la hermana Makoto Yuu.

Y por último la Hermana Serena Tsukino.

El último himno será el n° 187 y la última Oración estará a cargo de Kunzite Aino.

El hombre volvió a sentarse.

Entonces el piano empezó a tocar.

La joven sostenía un libro color verde. Y con una mano guiaba el compás de la música.

Los elderes me ayudaron a entender aquel libro verde lleno de canciones. Ya que su lectura no era como la de los libros comunes.

Una vez entendido, disfrute de cantar aquella hermosa canción que hablaba del joven del que me habían enseñado. Me hablaba de José Smith. Ese himno me encanto en verdad.

Al terminar el Himno.

Se escucharon unos pasos sobre el piso alfombrado.

Del fondo del salón una joven mujer rubia iba caminando hacia el púlpito.

Se situó delante de los 3 hombres e inclinó su cabeza frente al micrófono.

Y comenzando con la frase "Nuestro padre celestial" dio inició a una corta pero bella oración para iniciar la reunión.

Todo el mundo estaba con la cabeza gacha y ojos cerrados escuchando a aquella joven. Menos yo.

Para mi todo era nuevo y quería saber cada procedimiento.

Cuando dijo "Amén" la congregación la imitó y elevaron sus rostros.

En bien se sentó dio inició de la parte donde se bendice el pan y el agua.

Mientras los jóvenes niños leían un pasaje de la biblia. Yo buscaba con ahínco el bello rostro de Serena.

Pero no lo encontraba.

De repente tres jóvenes se levantaron de sus asientos y empezaron a repartir aquello.

-¿Puedo tomar el agua y el pan?

Susurré a uno de los elederes, quien me sonrió tranquilamente asintiendo con la cabeza.

Cuando aquello término, hubo un momento de silencio.

Cerca de mi, un adolescente se levantaba y camina hacia el púlpito con muchos nervios. En sus manos llevaba muchos libros y algunas revistas.

Se paro frente al micrófono. Su voz temblaba como lo hacían sus manos al ordenar sus cosas.

-El joven Kazehaya esta nervioso. Es su primera vez discursando.

- me susurro uno de los misioneros.

El joven hablaba sobre la modestia, y los beneficios que traia ser una persona modesta y discreta.

Su discurso no duró más de diez minutos.

Al término Makoto Yuu , una muchacha también joven paso a dar su discurso.

Habló sobre la importancia del perdón.

La importancia de perdonar aún cuando el que nos hizo daño no se haya disculpado. Lo que una vez me había dicho Serena.

La joven término unos 20 minutos después.

Cuando dejo el púlpito, se escucharon los pasos de alguien más.

Me encontraba en la columna del medio en la 3era fila.

La vi pasar delante de mi.

Llevaba una vestido color coral acampanado.

Su hermosa melena que pasaba la cintura suelta.

El brillo dorado de su pelo se confundían con el sol que entraba cerca de donde estaba el piano.

Se movía tan sutilmente. Angelical. De otro mundo.

Mis ojos no la perdían de vista. Y deseaba con todo mi ser que me mirase.

Tenía el rostro triste. Como casi siempre. Esforzando una sonrisa, para que nadie preguntase. Pero aún así triste.

-Doy gracias a la Presidencia el tiempo otorgado-

La Presidencia , me contaron más tarde los elderes, eran esas tres personas de atrás.

Uno de ellos era el presidente. Y los otros dos sus consejeros.

Ellos eran los que representaban a toda la congregación. Y era el equipo de mando.

Serena habló del Amor.

Sobre lo importante que era amar y ser amado.

Basar un amor puro en Cristo. Pero aprender amar a pesar de todo.

Amar aunque no nos amen y aprender a amar de nuevo a aquellos que nos han hecho daño. Perdonar con amor.

Amor sólo amor.

-Una vez - dijo a mitad de su discurso - le pregunte a una persona porque callaba tanto su amor a su mejor amiga.

Hizo una pausa para bajar su mirada.

-Me respondio que era mejor seguir siendo su amigo. Que preferia la amistad a decir sus sentimientos. Que preferia callar toda esa pasion y apagar ese fuego con tan solo de verle sonreir y seguir a su lado siempre siendo su amigo. Porque estaba seguro que ese amor jamas se acabaria.

Me quede pensando en cuanto aquella persona sufria callando todo eso. Pero no estaba haciendo nada para su felicidad , estaba pensando en la felicidad del otro. Y eso en algun grado tambien le hacia feliz y le proporcionaba una clase de amor que a el no le llenaba pero que aun asi elegia a no tener nada.

Y aunque al principio no lo entendi, lo hice el dia que algo parecido me paso.

Y creanmen... Es muy gratificante sentir esa clase de amor.

Sus ojos brillaban al hablar con de ello.

Amaba mucho a Natan.

¿Como podria yo competir con ese amor?

...

Me sentía un poco abrumado ante las palabras de Serena.

Tal vez yo nunca lograse que al nombrarme, su mirada se iluminase de esa manera.

-¿Se siente bien?

Las palabras de Showen me trajeron de vuelta a aquella sala, donde se estaba finalizando la primera de las tres horas.

-Si...todo marcha bien- conteste mientras sentía un dolor nuevo en el pecho.

Enamorarme de Serena había traído consigo un montón de sentires nuevos. Algunos horribles y otros placenteros.

Y aunque disfrutase de aquello no podía evitar pensar que el amor -no solo eran mariposas en el estómago sino muchas cosas más complejas.

Jamás había sentido esas con Reí. Jamás siquiera hubiese pensado que era posible ponerme celoso con una mirada que brillaba no por mi sino por otra persona.

Y eso me producía querer hacer muchas cosas por ella y por mi.

Aquella reunión terminó unos minutos después.

-Iremos a un salón diferente. Donde tendrá una clase especial.

...

Segui a los elderes por un largo pasillo hasta un salon pequeño donde a lo sumo entraban seis o siete personas.

Mientras nosotros tres nos acomodábamos en unos bancos entró una joven y dejo algunos libros sobre una mesa.

-Son para la clase - dijo Showen mientras me entregaba uno. -este es para usted.

-Gracias.

Mientras me entretenía hojeando aquel abultado libro llamado "Principios del Evangelio" , la puerta volvió abrirse.

-¿Tienen profesor? - dijo la hermosa voz de Serena.

Parecía un adolescente viendo a tu primer amor en los pasillos escolares.

-Si si ... aquí llego- dijo sonriente Natan entrando al pequeño salón.

No quiero imaginar como se sintió ella, yo al verle a él en aquel lugar con todo lo que Serena me había hablado, me agarro un dolor de estómago.

-Nate.. -

-¿Como estás Serena?

-Bien gracias... tienes un alumno muy importante. Cuida bien de él.

-No te preocupes, me dijo hoy en la entrada que te conoce - dijo sonriente.

Serena en cambio creo que no podía articular gestos.

-Bueno... debí irme. La clase de mayores dará comienzo.

-¿No te quedas?

Mi voz sonó tan desilusionada. Yo quería que permaneciese ahí, a mi lado, pero estaba siendo egoísta con ella respecto a Natan.

-Lo siento señor Chiba. No es conveniente que yo esté aquí habiendo un profesor. Nos encontramos más tarde.-Aseguro con firmeza.

Natan le abrió la puerta.

-Serena... ¿A caso no me vas a felicitar?

Dijo mostrando su anillo.

Toda la calma que yo sentía o la paz interior que aquel lugar me había podido dar, se había esfumado.

¿Como podía decirle semejante cosa?

La irritación corría por mis venas.

Natan no sabía por todo lo que ella había pasado, yo solo sabía un pequeño porcentaje y aún así podía sentir su dolor.

Serena cruzó una mirada conmigo y luego sonrió dulcemente hacia él.

-Lo siento... muchas felicidades. No pude asistir. Esa noche tuve una cena importante.

Tal vez sólo lo dijo para superarse. Pero yo me sentí feliz, porque esa noche había cenado conmigo.

-Ya veo... bueno te espero un día de estos para cenar... te esperamos- dijo corrigiéndose.

Serena volvió a sonreír.

-Otro día arreglamos. Que tengan una buena clase. -dijo aquello dedicándome una sonrisa simple.

No se que cara habré puesto...pero Natan se quedó viéndome mientras ella desaparecía de nuestras vistas.

...

La clase fue amena y llevadera.

A pesar de lo idiota que me pareció por sus actitudes para con Serena, sabía romper el hielo y era chistoso y amable, tal como mi psicóloga lo había descrito.

Quise escrutarlo bien a fondo y ver de qué cosas, ella, había quedado cautivada.

Una hora más tarde los elderes se marcharon hacia una reunión especial. Y me quedé a solas con él.

-¿Cuanto hace que conoce a Serena?

-Un par de meses...

-Y... ¿Por quė decidió investigar la iglesia?

-Ella me habló mucho de aquí en nuestras sesiones.

-¿Serena le convenció?

-No... que va... pero al hablarme con tanto amor de este lugar, de su misión, de los muchos sueñis y proyectos que ella aspira aquí, que decide también hacerlo.

-Ya veo señor Chiba. Bueno la hora termino. Debe ir al salón de enfrente para la última hora.

Asentí con tranquilidad.

Y cuando me disponía a irme lo escuché preguntar.

-Asi que ella... ¿me ha mencionado?...

Pare mi andar con cautela.

Aquella pregunta fue pronunciada con miedo y esperanza.

-Si - admiti.

Natan rodeo su improvisado escritorio y se sentó pesadamente.

-Ella... es una mujer maravillosa. ¿Sabes? ... pero no tuve el valor para arriesgar todo por Serena. -lanzo una risa fuerte y nerviosa-hoy fui un idiota al hablar sobre mi matrimonio, aunque tenga 30 y ya sea una persona madura, ella me pone nervioso y me comporto así en su presencia...

-No entiendo- susurré.

Pero no era tonto. Si que entendí.

-No tuve el valor de arriesgarme. De no llevarme por los ideales de mi familia por Serena.

El error más grande que cometí fue enamorarme de ella y no hacer nada.

Continuara.

Mil perdones por abandonar tanto está historia. Gomen.

Espero que aún quede algún lector por ahí. Lo siento. :'( ...

No tengo compu y desde el celular no pude corregir bien. Lamento si hay faltas de ortografía o faltas de tildes.

Gracias.

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