Saludos otra vez. Me apena decir esto, pero al fic le quedan entre dos a tres capítulos. No sé si dividir el último para conseguir los tres, pero el final está cerca. Muy cerca. A principios de noviembre, fui víctima de un robo (mi minidisco portátil) y debí reescribir todo otra vez. Y no creo que me quedara fiel al original. A pesar de eso, muestro mi infinita gratitud a todos los que comentan y visitan mi historia de cualquier manera. ¿Qué fue de Maarten y Lieve?

Disclaimer: Hetalia Axis Powers no le pertenece a VidadeLechuga (ya sean personajes como trama), sino que son de propiedad de Hidekaz Himaruya. Sin embargo, digamos que el Luxemburgo tiene parte de la autoría de VDL


-¿Liève? ¿Qué haces allí?

La niña quedó petrificada frente a la voz de Maarten. Giró levemente la cabeza y buscó la mirada de su interlocutor. Cuando halló los ojos verdosos del muchacho, apartó la mirada y sus hombros se tensaron, encorvando su postura.

-¿Liève? –Maarten estaba sorprendido de ver a la niña ahí, detrás del farol. El joven quedó con una sensación de alivio; Liève estaba al frente suyo. Toda aquella preocupación de las semanas anteriores se esfumó, la niña no parecía convaleciente ni nada por el estilo. Pero la forma en que la niña arrugaba su rostro significaba que ella no se veía nada de cómoda al estar cerca de la Floristería. Pensó en regañarla por haberlo preocupado; mas al ver aquella situación optó por guardarse el enojo dentro de sí.

-Hola Maarten. Perdón por el retraso –la niña dijo en desgano. Con una de sus manos apretaba la falda escocesa mientras cogía su maletín del césped. Hablaba en dirección a este, no a Maarten.

Maarten sabía que Liève era alguien directa y sin rodeos. Así que el hecho que la niña estuviera dando pucheros y pavoneándose al lado del farol solo le hizo sospechar aún más que algo pasó entre el último día que la vio y el ahora. Liève continuaba admirándose las puntas de sus zapatos.

-Liève. Entra a la floristería. –El tono que empleó el muchacho no sonaba a una orden, es más, este pausó el ritmo de su voz y moduló bien las palabras. Quería que su voz fuera más gentil al oído, pero no funcionó, ya que su postura de brazos cruzados y encorvada solo ayudaba a endurecer sus rasgos. La niña continuaba gimoteando.

-Esto… no puedo. La verdad es que debo recoger un ramo que encargó mi mamá, pero no tenía idea que era justo aquí donde debía recogerlo. –Pasó una mano por su cabello rubio -Pero no importa; puedo mandar a alguien más a recogerlo, no es necesario… -Liève se contradecía con ella misma y comenzaba a pensar en voz alta. Extraño, viniendo de ella.

Esto, a Maarten le ponía de los nervios. Repitió su solicitud, con la mayor amabilidad que le permitían sus cuerdas vocales, pero Liève, al parecer, seguía en babia. No era de extrañar que el joven perdiera los estribos y volviese a su temperamento común.

-Liève, entra a la floristería. Ahora.

La niña miró a Maarten y pensaba oponerse. Sin embargo, creyó que le debía al muchacho una explicación de su –larga- ausencia. Suspiró y se arregló el flequillo.

-Supongo que no tengo más opción que entrar, ¿no?

-No. –Respondió tajantemente Maarten.

Internamente, a la niña le gustó ver al ojiverde enfadado; encontraba una morbosa satisfacción al tomarle el pelo. Pero no expresó en su rostro esa emoción y, apesadumbradamente, ingresó al interior de la Floristería, seguido por Maarten.


Liève estaba sentada en el taburete en el que solía sentarse cuando venía a la Floristería. En el mesón, Maarten dejó en una bandeja obleas de chispas de chocolate y sacó dos vasos plásticos en los que dejó leche descremada. Maarten cogió una galleta y la hundió en el líquido blanco, imitado por la niña. Dio un mordisco a la oblea y comenzó a hablar.

-Y bueno.

-Bueno qué. –Liève no estaba muy contenta de estar ahí y no tenía problema en demostrarlo. Maarten no supo deducir si la niña tenía ganas de soltar un berrinche o echarse a llorar. Pero a medida que fluyera la conversación, iba a sacar a colación más temas.

-No has venido en un buen tiempo.

-No me digas. –Liève cogió otra galleta y separó las dos tabletas. La que tenía la crema la hundió en el vaso de leche y mordió uno de sus extremos. Ahora, la chica estaba más altanera que cuando se ocultaba tras el farol. Maarten no se dejó amedrentar por el comportamiento de la niña. De seguro había algo que hacía que se comportara así. Y el súbito cambio de ánimo le confirmó su teoría.

-¿Y? ¿Por qué has faltado todo este tiempo? –Típico de Maarten. Iba al grano.

La niña respondió que se había enfermado. –Mentira- pensó Maarten. La niña no le respondía mirándole a los ojos y tensó sus hombros cuando habló.

-¿Y qué era exactamente lo que tenías? ¿Te enfermaste del estómago? Porque si es así, no es justificación para que faltases más de dos semanas, ¿no? –Y seguido a esto, bebió un poco de su vaso de leche.

Liève se quedó mirando las obleas de chocolate, pensando. Se giró hacia la puerta, donde estaba el cartel de abierto-cerrado. Demonios, ponía cerrado. No iba a salvarse por la campanilla si entraba un cliente.

-Como no te veías con cara de ir a una cafetería, cambié el letrero para que no nos molestasen. No te diste cuenta; si anduvieras más concentrada lo habrías advertido. –Maarten cogió una oblea y la zampó de un mordisco.

-Pues bueno, responde. ¿Qué ocurrió? –Maarten hablaba relajado, muy relajado.

Liève estaba tensísima. Solo quería echarse a llorar. Pero no quería decirle la verdad a Maarten, por muy amigo suyo que fuera. ¿Por qué a su mamá se le ocurrió comprar flores justo ahí?

-Liève, ¿puedes hacerme un favor? Compré flores para… bueno… lo que ya sabemos y recordé que ibas en las vacaciones a una floristería. ¿Puedes ir mañana a recoger el ramo? Mañana vuelo a Helsinki y no volveré en dos días…

-Vale mamá. Déjame todo lo que tengo que hacer anotado en una libreta. –La niña no se dio cuenta de las palabras de su madre hasta que las leyó el día siguiente. Titubeó acerca de ir, prefería ganarse el regaño de su madre, pero…

-Hmmm… -Liève recordaba ese momento y se desconectó del mundo exterior. Maarten lo notó y sacudió sin ninguna gentileza el hombro de la chica para que aterrizara. Liève volvió en sí y volvió a su apatía inicial.

-Sigues sin responderme. Liève, te advierto, dadme una respuesta. Sin mentirme. Lo peor que te puede pasar conmigo es que mi cara s enrojezca de ira, pero… creo que actuaste mal al no venir acá sin más ni menos. –Maarten intentó ser lo más asertivo posible.

-Supongo que ocultarte cosas a ti serían inútiles. Igual me descubrirías, ¿no? –Liève reflexionó las palabras de Maarten. Había actuado mal.

Maarten no dijo nada. Sacó un cigarro de su pitillera, pero no lo encendió. La niña le dijo que podía encenderlo si así lo deseaba. El muchacho se negó y puso todo su espíritu en no encender el cigarro. Liève tragó saliva y respiró lentamente. Parecía estar aguantándose las lágrimas.

-Perdón por faltar. No fue mi intención. –La disculpa era sincera.

Acto seguido, miró a Maarten, teniendo la fútil esperanza de que su disculpa fuera lo único que tuviera que decir. Maarten asintió, aceptando las disculpas. En sus ojos, vio reflejado que no estaba totalmente conforme con la respuesta de Liève. La niña no quería continuar la conversación; su sentido común le gritaba que debía huir de ahí.

-No vine… porque surgió un incidente en mi casa y después me dio vergüenza venir, así sin más, sin explicación. –Liéve hundió una oblea en el vaso de leche, pero esta se partió y parte de ella quedó flotando en la superficie, para después precipitar al fondo del vaso. Maarten le indicó que dejase el vaso ahí y continuase hablando.

-No te costaba nada dejar una nota, llamado telefónico o algo. Esta floristería es famosa en toda la comarca y no creo que no puedas conseguirte el número. –Se notaba que Maarten carecía de tacto para esas cosas. Liève, por alguna razón, no se dio cuenta del comentario del chico.

-Puede ser. No andaba –ando- de ánimo como para salir.

-Ya veo. ¿No te topaste con mi hermano para dejarle una nota?

-Sí, me lo he topado. Pero sería extraño que le dejase una nota para ti, nos preguntaría a ambos de cómo nos conocimos y no sé si él es una persona chismosa o no. Además, me gusta hacer las cosas directamente.

-Bien pensado- pensó Maarten. Liève es una chiquilla lista. Laurent no era un chismoso, pero si hubiese ocurrido el escenario que planteó la niña, debía de darle unas buenas explicaciones a su hermano menor.

-¿Y? ¿Si no estabas enferma, o enojada? ¿Qué pasó? –Maarten preguntó sin un trazo de molestia en su rostro. Sólo quería saber qué le pasó a la niña, en verdad se preocupó por ella.

-Pues… -la voz se hizo un hilo en su garganta. Respiró profundo otra vez.

Maarten intuyó que tendría un problema allí. Liève tenía cara de echarse a llorar en cualquier momento y él no era, digámoslo así, la mejor persona para consolar. Se quedó en silencio, mirando a la niña, notablemente incómodo.

-Envenenaron a Pim. No sabemos cómo, si fue intencional, accidente, ni el veterinario ni mamá saben cómo pasó. –Liéve respiró profundamente otra vez, algo aliviada de sacarse ese peso de encima.

Maarten abrió los ojos, sorprendido. No pensó que la causa del problema pudo ser ese. No se le ocurrió nada para complementar la conversación, solo un -¿cómo está? ¿se encuentran vosotros dos bien?

-Pues… bien no estoy. –La voz de la niña se hacía cada vez más aguda.

-¿Necesitas algo? ¿Cómo está el conejo?

Ahí ya fue un punto de inflexión. Liève comenzó a sollozar, sin más miramientos y echó su cabello rubio a su rostro. Maarten se asustó un poco al ver a la chica así, jamás la vio tan destruida como en ese momento. Se insultó mentalmente por ser tan frío; no sabía cómo consolar a la niña.

-Se murió hace una semana.

Y continuó sollozando, en silencio, acompañada por la música del estéreo.

o-o


Ok, pueden denunciarme a PETA, Eurogroup for Animals, Greenpeace o lo que quieran. Sí, porque puedo matar animales en los fics y pido disculpas. Sé que es cortísimo y de hecho, la versión anterior a esta era mucho más larga y me gustaba más, pero… bueno, en fin. También, me disculpo si alguno quedó muy fuera del personaje.

He salido de un examen gigantesco y tendré diciembre para 'descansar' un rato, así que ojala que tenga esta historia terminada para antes de navidad o año nuevo. Además, estoy con otro proyecto, el que encontrarán en mi perfil.

Gracias por leer c:

o-VDL-o