Han pasado mucho anos desde que escribi este fic. Ya no escribo más en espanol, vivo en Londres y me resulta rarisimo, me vienen las palabras a la mente en inglés, y ademas ya no sigo yugioh como antes. Tampoco me gusta el pairing, ahora me he pasado a Seto/Yami, aunque Seto/Kissara es todavía mi favorito.
El fic estaba completo y así se iba a quedar, pero la idea de este epilogo, sobre todo la última parte, la tenia en mente desde el principio, de hecho fue una de las primeras escenas que imagine al concebir este fanfic. No iba a hacerlo, no me acuerdo porque no. Creo que porque estaba ya cansada, pero en los ultimos anos he recibido tantos reviews de gente maravillosa diciendome lo mucho que aprecian la historia, y pidiendome un epilogo, que al final me he forzado a mi misma a escribirlo. Por vosotros, ahi os va, os lo mereceis y este es mi regalo.
Espero que lo disfruteis, pese a que como digo mi estilo de escritura es totalmetne diferente, al punto que muchas frases me salen con estructura inglesa y tengo que autocorregirme. Pero aqui esta, el epilogo, el auténtico final. Con vuestras preciosas palabras de apoyo, os la habeis ganado.
EPILOGO.
En el antiguo Egipto, un faraón y su esposa contemplan la puesta de Sol desde la privacidad de sus cuartos; no muy lejos de ellos, en los jardines, su pequeña y única hija, llamada Teana, juega a las espadas con su primo favorito, Seti, el hijo de un sacerdote de ojos azules y de una dragona humana de cabellos plateados.
Los dos niños ríen y corretean, unidos por un lazo de amor infantil, ignorantes del gran destino que les espera como dos de los más famosos faraones de Egipto.
Athem comparte un tierno beso con su esposa en los labios y se maravilla una vez del afortunado que fue al encontrarla, negándose a contemplar lo que habría sido la posibilidad de una vida sin ella. Sus vidas no son perfectas. La vida de un monarca nunca lo es. Hay presiones políticas, tratados que llevar a cabo, amenazas militares y una economía que continúa creciendo. Pero Egipto florece como nación, sus habitantes llevan vidas prósperas, y el Mundo de las Sombras ya no es más.
Cada vez que surge un nuevo reto, lo enfrentan juntos. Athem sabe que pese a todo su poder, pese a toda autoridad como faraón, nunca habría sobrevivido para ver este día si no por el esfuerzo y apoyo de sus amigos y consejeros. También sabe que sin ella, sin Anzu, la mujer que ama, él no sería el hombre que es hoy.
Es gracias a ella que Athem pudo recordar cómo ser algo más que un mero faraón, como ser un ser humano. Un hombre noble y compasivo, lleno de amor por su pequeña familia, su esposa y su hija; y también por su primo, Seto, y su sobrino, quien, si los dioses así lo quieren, heredará su trono algún día; y sus amigos, y su gente.
Es por ella que Athem da gracias a los dioses cada día, por ella y por la vida que están disfrutando juntos.
Abajo, en los jardines, la pequeña princesa tropieza y cae a la fuente tras fallar una pirueta evasiva. Su primo, apenas dos años mayor que ella, rompe en carcajadas pero se apresura a ofrecer su ayuda. La princesa extiende su mano y la atrae hacia ella, efectivamente sumergiéndolo en el agua. Ahora es ella quien ríe.
Pronto los dos se hallan sumergiéndose mutuamente, y en breve la princesa resurge y le toma por sorpresa, besándolo en la mejilla. El pequeño príncipe se sonroja y cesa en sus esfuerzos. La princesa piensa que su tío Seto estaría orgulloso, haciendo uso de sus lecciones y empleando estrategia en lugar de la fuerza para derrotar a un enemigo más fuerte que ella.
Pero su primo nunca será un enemigo. Jamás. Un día cuando crezcan, ella le pedirá matrimonio y juntos reinaran Egipto, tan fuertes y enamorados como mamá y papá lo hacen ahora. Pero ese día aún está muy lejos. Por ahora la pequeña princesa toma la mano de su primo y ambos rompen en una carrera, riendo y escapando de los sirvientes que han venido a socorrerlos.
Desde la galería, Anzu sonríe, sabiendo que el futuro de su hija está en buenas manos. El Sol se pone en el horizonte y la noche se cierne sobre las paredes palacio. Como reina y esposa del faraón, sus deberes son varios y pesados. El poder de trono está dividido igualmente entre ella y su esposo, y hay días en que las tareas de gobierno parecen interminables. Anzu lleva a cabo sus deberes con gracia y determinación, rezando a los dioses por sabiduría y priorizando el bienestar de su pueblo. Pero esto es durante el día. Las noches… Las noches le pertenece a ella y a Athem.
Con un nuevo beso en sus labios, Anzu empuja suavemente a Athem hacia la cama, deseando perderse en su abrazo. Esta es su vida. Su esposo, su hija, su pequeña familia. Y su pueblo. La razón por la que despierta cada día. Pese a las pruebas y dificultades, pese a la añoranza que siente por sus mejores amigos, aquellos que quedaron perdidos en el tiempo. Anzu los extraña.
Hay días, como cuando Jonouchi dice algo particularmente gracioso, o cuando el Sol alumbra los cabellos de Athem en esa peculiar manera que le recuerda tantísimo a Yugi, que Anzu los echa tanto de menos que siente como su corazón se parte en dos. Ellos la ayudaron a crecer, a convertirse en lo que es hoy, y por esto, y por todo la amistad que una vez compartieron, Anzu los llevará para siempre consigo en su corazón.
Pero sus memorias pertenecen al pasado. Lo que cuenta ahora es el presente, y el futuro.
Anzu exhala un suspiró al sentir como su marido se introduce lentamente en su cuerpo, y comienza a hacerle el amor. Después de tantas vidas, de tantos milenios aparte, por fin sabe que nada los separará esta vez. Athem y ella vivirán esta vida juntos y, muchos anos en el futuro, cuando finalmente el Dios de La Muerte venga a recogerlos, caminarán juntos hacia la siguiente gran aventura.
No podría pedir por más.
Cinco milenios mas tarde...
"Joey, me escuchas?" la voz de su amigo suena entrecortada, la conexión wifi de la universidad no es particularmente buena. Aun así, Joey es capaz de percibir la fuerte emoción en la voz de su mejor amigo.
"Alto y claro" afirma, y asiente con la cabeza pese a que Yugi no será capaz de verlo. La llamada viene de Egipto, y el rey de los juegos está empleando un viejo ordenador de la biblioteca para hacer esta llamada por Skype. Sin cámara web la opción de video llamada no está disponible.
"Tenéis que venir a Egipto. Tu y Tristan, Kaiba si quiere también. Os acabo de enviar los billetes de avión por email. El vuelo sale en tres días."
Joey frunce el ceño, sorprendido. Hace seis meses que Yugi dejo Domino para formar parte de una excavación en Egipto, el descubrimiento de una nueva tumba egipcia perdida en las arenas del desierto. Pese a la distancia, él y Yugi se habían mantenido en contacto a través de email y haciendo Skype una o dos veces a la semana.
Sin embargo, es la primera vez que Yugi le invita a venir. Y con tanta urgencia. Joey teme lo peor.
"Ha ocurrido algo? No me digas que es otro Bakura…"
Tras tres o cuatro años luchando contra las fuerzas del mal, nadie puede culparle por volverse algo paranoico. Sin embargo, desde que el faraón regresara al pasado y Tea… Tea decidiera irse también, ningún acontecimiento importante ha sucedido.
"No, no es nada malo" Yugi calma sus temores. "Es algo bueno en realidad. Pero no puedo deciros nada. Es algo que tenéis que ver por vosotros mismos."
Joey frunce el ceño, todavía confuso, pero si algo aprendido estos años además de como ser en un gran duelista, es en confiar siempre en Yugi.
Asiente.
"Cuenta con nosotros."
Él y Tristán llegan a Egipto tres días más tarde. Kaiba ha declinado la habitación. Pese a que él, también, ha aprendido a confiar y respetar a Yugi, cuando este le asegura que la situación no es de vida o muerte, decide que tiene mejores cosas que hacer que seguir mirando hacia el pasado.
El pasado que importa ya lo ha encontrado a él, después de todo, incluso si ella no lo recuerda. Kissara se llama Sarah ahora. Es una joven y exitosa abogada que maneja casos pro bono, determinada a ayudar a quienes son explotados por otros más fuertes y posee los mismos profundos ojos azules y cabello plateado de su antecesora.
La primera vez que Seto se cruzó en su camino, en la sala opuesta de un tribunal donde la joven representaba a un trabajador que había demandado a la rama americana empresa, Seto no había podido evitar notarla por quien fue en el pasado. Dos años más tarde, después de que Seto perdiera el juicio y tuviera que compensar apropiadamente al demandante, después de que le pidiera salir frente a las cámaras y Sarah se atreviera a abofetearlo en televisión, después de que él la salvara de un falso cliente acosador y Sarah finalmente aceptara salir con él, pero solo una cita, cada vez que Seto la mira ahora solo ve su presente. La mujer que ama. Y el futuro que van a construir juntos.
El pasado puede descansar en paz.
Yugi recibe a sus amigos en la excavación con un afectuoso abrazo. Rebeca se une a ellos. La pequeña niña de una década atrás es ahora una mujer atractiva e igualmente inteligente. Yugi y ella trabajan juntos en Egipto y se han convertido en buenos amigos; quizá un día darán el paso para ser algo más. Pero no hoy.
Hoy, tras ponerse al día brevemente, Yugi conduce a sus amigos al interior de la excavación.
La tumba es un lugar peligroso, lleno de trampas, una de los secretos mejor guardados de Egipto. Sin embargo Yugi camina con seguridad, como si el lugar le fuera familiar, como si ya lo hubiese visitado más de una vez, quizá como parte de un niño.
"Yugi…?" Cuando se detienen, en medio de una amplia sala rodeada de oro, Tristan lo llama, dudoso.
¿Cuál es el motivo que ha impulsado a su amigo a traerlos hasta aquí?
Yugi no responde, no directamente, sino que camina hasta el sarcófago. En él pueden verse las difusas imágenes de un hombre y una mujer, envejecidos por el tiempo, con arrugas en los ojos y en sus manos, sumergidos en un abrazo eterno.
"Eh…" Joey examina el dibujo del sarcófago y frunce el ceño, pensativo. "¿Los enterraron juntos? Creía que en el Antiguo Egipto los faraones eran enterrados siempre aparte. Por eso de ser solo dioses con cuerpos mortales". Sus cuatros años estudiando historia le han ensenado eso, por lo menos.
"Este es un caso especial" sonríe Yugi, y su voz trasmite una paz que no había estado presente desde antes de la pérdida de las dos personas más importantes para él. Su otro yo y su primera amiga. "Fijaos bien."
Cuando lo hacen, ambos Joey y Tristan reconocen algo en la imagen que no se habían fijado antes. Hay algo familiar en el dibujo de los dos amantes. Una sombra que no son capaces de ubicar. Pequeños detalles que se sobreponen con otras memorias.
El cabello del esposo, la peculiar barbilla de la mujer. El colgante en forma de pirámide que cuelga entre ellos.
"No" Tristan da un paso atrás, con los ojos muy abiertos.
"No es posible…"
Pero lo es.
"Fijaros en la inscripción" dice Yugi.
En un lado del sarcófago, junto a los adornos de oro y piedras preciosas que lo iluminan, hay escrito un pequeño mensaje. Tan breve y tan simple que es fácil pasarlo por alto. Pero a diferencia de todos los demás símbolos, pequeños y cuidados jeroglíficos, este mensaje está escrito en un idioma que los egipcios ignoraban. Un idioma que fue inventado únicamente un milenio atrás.
"Para los amigos perdidos en las arenas del tiempo, sabed que encontré lo que está buscando. Cuando mi esposo y yo nos preparamos para abandonar este mundo, no hay tesoro que me haga falta, pues os llevo a vosotros en el corazón. Un día, caminaremos juntos de nuevo."
**Anzu y Athem. Reinaron juntos Egipto de 3520-3457 a.C.**
