Dukkha Samudaya Ariya Sacca


Durante la noche había caído una gran nevada, las ventanas estaban prácticamente cubiertas de aquella masa blanca, de modo que la habitual lechuza de los Señores Potter, deseándoles -de nuevo- una feliz Navidad, tuvo que esperar para entrar por el Gran Comedor. De ahí que lo primero que vio Sirius esa mañana no fue a su mejor amigo zarandeándole con las manos llenas de chocolate, sino a una pelirroja sobreexcitada por el azúcar cuyo largo cuello iniciaba un camino muy peligroso hacia el sur de su pijama de florecitas.

—Vamos Sirius, por favor, tengo que enseñaros esto, es increíble.

Sirius gruñó mientras se levantaba de la cama y su despertador particular volvía hacia la cama de su novio. Ugh, generalmente no tenía problemas para aguantar los intercambios de amor entre sus dos amigos, pero no ese día. No en Navidad.

Los tres juntos abandonaron el dormitorio hacia la sala común, donde como en todos los años anteriores, les esperaban grandes montones de paquetes y cajas con dulces provenientes de padres cariñosos y normales. Justo como los suyos. Ja.

Sus padres habían dejado de enviarle ningún tipo de comunicación o paquete el día que el Sombrero Seleccionador dijo "Gryffindor". Negaban la existencia de cualquier casa que no fuera Slytherin, así que a partir de ese momento su "hijo" simplemente estaba en un vacío cósmico al que no llegaba el chocolate. Ni, por supuesto, los regalos. Y después de lo que había sucedido aquel verano… Bueno, desde aquellas ni siquiera reconocían su mera existencia.

Y por todo ello, Sirius odiaba la Navidad, o más concretamente la constante exhibición de todos aquellos patrones familiares que a él se le negaban. Hubiera preferido pasar esa época sólo, con alguna escapada ocasional a Honeydukes y las Tres Escobas, pero sus tres amigos -y la ahora novia de uno y amiga del resto- habían decretado desde el primer momento que no le iban a permitir quedarse solo, vale que no quisiera regalos, pero puestos a que fuera gruñendo por los pasillos, mejor que fuera sólo a ellos. El punto positivo es que así podía centrarse en desear lo que tenían sus amigos, y no todo el colegio. ¿En todo hay un lado bueno, no?

Y allí estaba, su último deseo, inclinada sobre una butaca enseñándole a su futuro marido, y hacedor de muchos bebés pelirrojos, la colección de libros de encantamientos que sus padres —muggles— se habían molestado en comprar y enviar desde el Callejón Diagon. Con su precioso pelo recogido en una especie de ovillo raro sobre la coronilla. Su coronilla era también muy deseable.

—Ah, y mira Sirius, tienes aquí tu regalo— Para la estupefacción de Sirius, James sacó un paquete, más o menos del tamaño de una caja de zapatos, de debajo de lo que parecía una tonelada de pasteles de caramelo —venga, ábrelo.

Y allí se quedó Sirius, sintiéndose de nuevo como un niño pequeño esperando a que le digan qué paquetes puede abrir, con aquella caja forrada en papel marrón en las manos. La letra exterior no la reconocía, menos mal, porque viniendo de su familia podía ser un regalo peligroso. Pero dentro tenía una carta.

"Sirius,

he comprado una moto muggle y quiero que vuele. Si quieres que te permita acercarte a ella este verano más vale que aprendas a conducir y hacer algún mantenimiento. Ole tus cojones por independizarte.

Feliz Navidad.

Alphard"

—¿Ole tus cojones?— escuchó que decía Lily antes de que James la hiciera callar.

Junto con la carta, había también un manual de conducción y mantenimiento de motocicletas, con alguna mancha de grasa en la portada, debido seguramente a alguna de las herramientas que lo acompañaban.

E intentando que no se le quebrara demasiado la voz, Sirius dijo —Parece que aún tengo familia, después de todo.

Al menos uno de sus pequeños deseos se había cumplido.

"Ésta, oh monjes, es la Noble Verdad del Origen del Sufrimiento. Es el deseo que produce nuevos renacimientos, que acompañado con placer y pasión encuentra siempre nuevo deleite, ahora aquí, ahora allí. Es decir, el deseo por los placeres sensuales, el deseo por la existencia y el deseo por la no-existencia"