We Meet Again
By Tsuki No Hana
II
"¡¿Eres tú?!"
El rubio se congeló de pies a cabeza. Un extraño temor se apoderó de él.
—Dime tu nombre completo, edad y color preferido.
—Sakura Kinomoto… 30 años y mi color preferido es el verde, no… azul —respondió segura de sus palabras, a excepción de lo último.
—Respondió igual que cuando la conocí —sonrió internamente—. Incluso trastabilló con los colores. Exactamente igual que antes, pero entonces ¿Por qué no me reconoce…?
—¿Y usted, doctor? —tenía una mueca de dolor aún marcada en su rostro, pero su ansiedad por saber le ganó.
—30 años, mi color preferido es el azul, aunque el verde también me gusta —respondió mientras caminaba hacia la ventana, notando que la luz era incómoda y a ella le molestaba en los ojos.
—Pero… ¿Cuál es su nombre? —insistió, sin dejar de entrecerrar sus ojos.
—Fye D. Flowrigth —respondió al mismo tiempo que cerraba las persianas con un leve tirón.
—¡Fye! —exclamó un poco más alto de lo que su garganta le permitió, además de que esa incomoda mascarilla de oxigeno no ayudaba mucho.
El rubio se llenó de alivio y hasta tuvo que contener una risilla. Lo que él pensó, se trataba de amnesia, en realidad era la incómoda luz que no la había dejado reconocerlo.
La luz le había molestado tanto en los ojos, que no la dejó distinguir bien de quién se trataba, hasta ahora. Sin embargo el rubio si estaba muy cambiado, y ella no tardó en notarlo.
—¡¿En verdad eres tú?! —se agitó mucho, hasta logró quitarse la mascarilla.
—Sí —sonrió de lado y se le acercó al ver que intentaba incorporarse—. Tranquila… —le puso de nuevo el oxigeno—. Recuerda que no debes moverte mucho, tal vez aún tengas los efectos secundarios de la anestesia, pero si sigues moviéndote así, más tarde te dolerá mucho, así que reposa.
En todo momento no dejó de observarlo.
Ahora entendía por qué esa respuesta que dio sin su nombre le había resultado tan familiar. Así había respondido él cuando se conocieron de niños.
-Falsh back-
El timbre del descansó sonó y todos los niños de la primaria salieron corriendo de sus salones hacia al patio para jugar y almorzar.
Cierta niña castaña y de ojos verdes se acercó a un pequeño niño rubio que estaba sentado en una banca del patio, solo.
—¡Hola! —saludó enérgica, logrando sobresaltarlo un poco.
—Hola —respondió, ecuánime y sin mirarla del todo.
—¿Me puedo sentar contigo? ¿Por qué estas tan solito?—preguntó con su tierna vocecita.
—Sí… y no, no estoy solo —por primera vez la vio con atención—. Bueno, espero a mi hermano. Él fue al baño —respondió con un poco de nerviosismo, sin dejar de apretar sus pequeñas manitas sobre su regazo.
—Ya veo —comenzó a balancear sus pies, pues no alcanzaba a tocar el piso—. Y… —tomó aire—. ¿Cómo te llamas? ¿Qué edad tienes? y ¿Cuál es tu color preferido? —preguntó con una rapidez que sorprendió al pequeño niño rubio.
—Yo… me llamo Fye, tengo 10 años y mi color favorito es el azul, aunque…—se le quedó viendo fijamente a los ojos por primera vez—. Creo que ahora es el verde —murmuró, diciéndolo con completa sinceridad.
—¿Sí? ¿Por qué?
—Tus ojos verdes son muy bonitos —confesó sin una pizca de vergüenza o timidez.
Él no pensaba en las niñas de una manera romántica, como cualquier niño normal a su edad, pero al ver a Sakura hubo una conexión especial, algo que le hizo pensar demasiado en esos ojos, esa sonrisa y en su tierna vocecita. Ella no era una niña como las demás, no, ella era diferente.
—¡Gracias! —respondió con algo de vergüenza, pero muy animosa.
Definitivamente quedó flechado y pensó: "Ella será mi novia, cuando sea mayor, y tenga auto y dinero, la invitaré a salir. Sí, será mi novia" pensó decidido, sin dejar de sonreír en ningún momento. Había pasado de un estado de ánimo neutro, a uno emocionado.
—Y… —siguió sonriendo—. ¿Qué hay de ti? —la miró fijamente, sintiendo calor en sus mejillas al hacerlo. Nunca había visto a una niña tan entusiasta o con una sonrisa tan cálida y tampoco con unos ojos tan grandes y hermosos. Nunca le había llamado la atención una niña, hasta el día de hoy.
—Me llamo Sakura Kinomoto, tengo 10 años y me encanta el color verde. Aunque… el azul también es muy lindo, como el celeste de tus ojos. Es como el azul del cielo. Me gustan mucho —sonrió ampliamente, sin dejar de balancear sus pies.
-Fin Flash Back-
Su voz, un poco más grave de lo que recordaba, pero aun así muy amable, la sacó de sus recuerdos tan lejanos.
—¿Eh? —parpadeó confundida.
—Te decía…—sonrió, divertido—. Que llamaré al otro médico que te operó y juntos te daremos los detalles de tu recuperación —sacó su teléfono móvil y mandó un mensaje a Kurogane—. No tardará en venir, mientras tanto revisaré tus suturas.
PoV of Sakura
Se puso un par de guantes y procedió a abrir mi bata en la parte superior, lo cual logró ponerme sumamente nerviosa. De pronto me puse tan rígida como una piedra. ¡¿Está a punto de hacer, lo que creo que va a hacer?!
—E-espera, ¿Qué haces? —no pude evitar tartamudear un poco. Pero después sentí cómo se me fue el aliento al ver un enorme y largo parche de gasas que empezaba desde la parte superior de mi esternón y terminaba entre mis pechos—. ¡¿Qué me hicieron?! ¡¿No sólo sufrí fracturas?! ¿¡Por qué…
—Sakura.
—¡¿Por qué tengo esto?!
—Sakura —insistió, tratando de tranquilizarme, lo cual logró sólo cuando puso ambas manos sobre mis hombros y me obligó a que lo mirara—. Antes que nada, tranquilízate un poco, y después… tal vez luzca muy feo, pero debo decirte que gracias a esta operación ya no sufrirás ningún padecimiento del corazón. Reemplacé la válvula que no quería funcionar bien desde que eras niña.
—¿Eso… se puede?
—Ahora sí, por eso mismo no dudé en hacerte la cirugía, además… si no la hacía corrías riesgo de fallecer ese mismo día.
Nos quedamos en silencio un momento. Él seguía con sus manos sobre mis hombros y yo aún trataba de asimilar esta bomba de información. Era mucho para un solo día.
Miré de nuevo ese parche de gasas tan largo, y como él vio que me tranquilicé un poco decidió soltarme de los hombros y me miró, curioso y expectante a lo que fuera a decir a continuación, pero como no dije nada…
—¿…puedo…? —hizo el ademan de mover un poco los pliegues de mi bata de hospital, para poder revisarme de una vez.
—Oh, sí, adelante —tragué en seco y desvié la mirada cuando lo sentí tan cerca que incluso mis pulmones se llenaron con su fragancia tan inconfundible y masculina.
Aproximó sus manos enguantadas hacia mi pecho y abrió un poco el cruce de telas, descubriendo sólo lo necesario: hasta un poco más abajo del nacimiento de mis senos. Esto me puso de piedra nuevamente.
Alcé la mirada sólo un segundo, el mismo tiempo que tardé en desviarla de nuevo. Aunque noté algo extraño… tragó en seco y su mandíbula se tensó mucho.
—Sólo revisaré que todo vaya en orden y que no haya riesgo de infección o cualquier otra cosa —informó, yo creo que más que nada para romper ese silencio tan pesado.
Mis ojos se clavaron en algún punto indefinido de la habitación, no quería ver lo que él estaba por destapar. Me aterran lo hospitales, y obviamente me aterran las heridas feas.
—Puedes ver.
Pegué un pequeño bote al escuchar su voz y lo miré a los ojos, notando cómo sonreía suavemente.
—No pasé cuarenta minutos suturando delicadamente, procurando que no quede cicatriz, como para que luego vengas a decirme que no quieres ver mi obra de arte.
Me lo dijo en un exagerado tono de broma. No pude evitar reírme un poco mientras me transportaba unos momentos al pasado. Y fue ahí cuando dirigí mi vista a la horripilante y gran cicatriz sobre mi pecho, descubriendo que no era ni horripilante o enorme, sólo era una cicatriz.
—Vaya, pensé que se vería peor…
—Gracias, supongo —rio un poco avergonzado y en tono modesto.
—Gracias a ti —le dediqué una pequeña sonrisa, aliviada al ver que no era lo que creía.
El ambiente se volvió tenso nuevamente mientras me revisaba con cuidado. Sus cejas se fruncían un poco en su entrecejo, demostrando lo concentrado que estaba. Yo simplemente no podía quitar la vista de su expresión tan será y profesional. Después vi que tomaba una especie de pomada y empezaba a aplicarla por toda mi cicatriz. Lo admito, al principio me dieron ñáñaras sentir cómo me tocaba, y no, no me dolía en lo absoluto.
Empezó desde la parte más superior, hasta llegar a la piel entre mis senos, los cuales fueron rozados muy suave y casi imperceptiblemente con su mano, pero eso fue suficiente para que yo pegara un bote.
—Lo siento —me disculpé, muy avergonzada—. Es que… tus manos están frías —desvié la mirada.
¡Qué excusa más tonta he dado! Sus manos estaban en lo absoluto frías… por Dios, no puede ser que reaccione así con un leve roce. Lo miré un microsegundo a los ojos y noté cierta diversión en ellos. Sí, lo sabía… él sabía la verdadera razón de mi pequeño susto.
—Discúlpame, y… no te preocupes —supo disimular su nerviosismo, aunque sus mejillas no ayudaron mucho, pues estaban por completo ruborizadas y eso fue algo que me ayudó a no sentirme tan tonta en frente de él, pues al parecer también estaba incómodo—. Listo —puso unas nuevas gasas y acomodó mi bata correctamente. Pero mientras lo hacía, clavé mis ojos en el bordado de su blanca e inmaculada bata de médico. ¿Dice lo que creo que dice?
—"Dr. Fye D. Flowright. Cirujano cardiotorácico" —aludí con una sonrisa orgullosa—. Vaya… lo lograste. Te felicito —fui sincera.
—Gracias —me miró un segundo y sonrió de una manera extraña que no supe cómo interpretar—. ¿Cómo sientes tu pierna? ¿Duele?
Asentí.
—No ha dejado de doler —hice el ademán de querer quitar las sabanas para poder ver, pero él me lo impidió.
—Dejémoslo así, al menos hasta que tu cirujano ortopédico llegue ¿Te parece?
—¿Por qué? —lo miré, desconcertada.
Ambos nos sostuvimos la mirada durante unos segundos. Lo conozco lo suficiente para entender ese silencio y esa mirada que decía más de mil palabras. El siempre había sido así: pocas palabras salían de su boca, pero miles de oraciones se desbordaban de sus ojos.
—¿Tan horrible quedó mi pierna? —pregunté con temor, insistiendo en el tema.
—Esperemos a que llegue el médico.
—Tú eres médico.
—Sí, pero no el indicado.
—De todas formas eres médico.
—Sí, pero no fui quien te operó la pierna y las costillas.
—¿Costillas? —puse una mano sobre mi pecho, sintiendo el dolor al instante—. Oh por Dios. Fye ¡Dime qué más me pasó en ese accidente! —exigí—. ¿Qué te falta por decirme? —mi tono sonó lleno de sarcasmo e ironía—. ¡Ah, ya sé! Ahora me vas a decir que tengo cáncer, o tal vez me extirparon un órgano por accidente o, o… —guardé silencio al sentir una mano sobre mi hombro.
Alcé la mirada y entre todas mis lágrimas pude ver esos profundos ojos azules que me hacían tranquilizar un poco. Aunque ahora que lo pienso… no estoy para nada tranquila. Comencé a llorar con mucha fuerza, seguro él pensaría que soy patética y ridícula. Me cubrí el rostro por la vergüenza, sin poder dejar de llorar.
—¿Quieres que llame a alguien?
Escuché que preguntó, sin quitar su mano de mi hombro.
En ese momento mi mundo se vino más abajo, pues me recordó que estoy sola en el mundo, sola…
—No…
—¿Estás segura? —acercó un banquito y se sentó al lado de la cama—. Sería mejor que alguien viniera. Quise contactar a tus padres, pero el número que yo tengo dejó de existir hace años ¿Cambiaron la línea?
No pude contestar a pesar de notar su preocupación hacia mí.
—Sakura ¿Estás bien? —se extrañó mucho y un tanto preocupado tomó mi barbilla y la alzó para poder verme a los ojos. Grande fue su asombro cuando me vio cubierta de lágrimas silenciosas que ya habían mojado por completo mis mejillas y hasta parte de la fea bata de hospital que llevo puesta.
—No puedes llamar a nadie, no puedes.
—¿Ocurrió algo entre tú y tu familia?
—Mis padres y mi hermano fallecieron hace seis años… en un accidente aéreo.
PoV of fye
No puedo… simplemente no puedo creerlo. ¿La familia Kinomoto falleció? ¡¿Cómo es eso posible?! Y ¡¿Cómo es que no lo supe antes?!
Casi sentí como si un balde de agua helada me hubiera caído encima.
Palidecí un instante, poniéndome de pie y casi soltando exclamaciones llenas de amarga sorpresa. Me giré de nuevo hacia Sakura y la noté algo sorprendida por mi reacción; me miró y desvió la mirada de inmediato.
—Lo siento tanto… de verdad lo siento —tomé sus dos manos con fuerza reconfortante, acariciándolas mientras las apretaba—. En ese caso… no te preocupes por nada, yo estaré contigo.
Dije en un impulso. No lo pensé, sólo lo sentí.
Sus hermosos ojos verdes brillaron ante mis palabras, resaltaron mucho sobre sus marcadas ojeras.
—A menos que quieras que llame a tu novio.
Ouch, creo que fue un golpe bajo para ella, pero esto si lo dije sin pensar en las consecuencias, sólo quiero saber si tiene novio o si está casada, aunque lo dudo si todavía lleva el anillo que le obsequié.
—No tengo.
—Entonces me quedo contigo.
No pude evitar sonreír como lo haría un niño frente a un enorme obsequio.
—No es necesario —sonrió con algo de incomodidad—. No quiero causarte más problemas.
—No me has causado ninguno.
Ella sonrió tímidamente, mientras que yo simplemente no podía apartar mi vista de ella.
¡Cuánto la había extrañado!
En ese momento mi teléfono vibró. Era un mensaje de Kurogane:
"Voy para el hospital, el tráfico está terrible"
No me importa, eso sólo quiere decir que pasaré más tiempo a solas con ella. Además aún es muy temprano, no pasan de las siete de la mañana.
—¿Estás cansada? —dejé mi teléfono sobre la mesita, al lado de la cama.
—No mucho ¿Por qué?
Miente, lo sé y la conozco bien a pesar del tiempo que hemos permanecido distanciados.
Lo que noté fue que no dejaba de ver su pierna. Afortunadamente estaba cubierta por las sábanas, así que no podía ver aquella fea herida. Estaba nerviosa, así que tendré que ingeniármelas para distraerla un poco, al menos hasta que Kurogane llegue y le explique su estado.
—El médico tardará en llegar, así que tenemos un buen rato para platicar y actualizarnos. Tenemos diez años sin vernos —me encogí de hombros—. Imagino que has de tener mucho qué contarme —sonreí con tristeza, lo cual no pasó desapercibido por ella, o eso creo.
—Me parece buena idea —sonrió—. Pero… ¿Está todo en orden?
—Sí, es sólo que no me hago a la idea de que tus padres… y Touya…—suspiré, no podía decirlo—. Debió ser muy difícil para ti…
—Lo fue.
—Doctor Flowright —se asomó una enfermera, traía un expediente en mano—. Disculpe que lo moleste, pero el pequeño Harry tuvo un descenso en su presión arterial —me extendió el expediente y continuó explicando mientras lo leía—. Le administramos medicamento, pero no presenta mejorías —explicó con pesar—. ¿Cómo quiere que procedamos?
—Esto no es bueno Camille —solté un pesado suspiro—. Iré a verlo en un instante —le devolví el expediente.
—Me retiro, con permiso —le sonrió amigablemente a Sakura y salió.
—Iré a revisarlo, no tardo en volver ¿Sí?
Me puse de pie y sin importarme lo que pudiera pensar de mí o del pasado de ambos y mucho menos lo que pudiera pasar de ahora en adelante… la besé. Bueno, fue un beso muy fugaz.
Claro, fue un beso tierno y protector sobre su frente. El contacto fue a penas una caricia suave, pero lo suficiente como lograr sonrojarla un poco, tal como hace diez años…
Y sin decirle nada más, salí para ver a Harry.
PoV of Narrador.
Durante esos veinte minutos que estuvo sola, tuvo la tentación de levantar las sábanas y ver su pierna, pero se detuvo. Fye la conocía bien y si le dijo que no lo hiciera… era por algo.
Mejor decidió enfocar sus pensamientos en algo mucho más importante, y eso era nada más y nada menos que el apuesto médico que recién salió de la habitación.
No podía creer cuánto había cambiado en esos diez años… y no para mal, sino todo lo contrario. ¡Era increíble que pudiera verse aún más apuesto que antes!
Su mente fue asaltada por ese par de ojos azules. Esos sí que no habían cambiado nada, seguían teniendo ese brillo pícaro que le daba tanta jovialidad.
Pero lo que le provocó un salto al corazón fue ver que se había dejado la barba, muy corta y bien cuidada, incluso llegó a pensar que le sentaba muy bien a pesar de que ella nunca fue admiradora de los hombres con vello en el rostro. Sin embargo, a él le venía muy bien ese look. Lo hacía ver serio, intenso, sexy… Y ni qué decir de su cuerpo: estaba un poco más alto, su espalda era más ancha, sus facciones eran por completo de un adulto joven y sus músculos alcanzaban a notarse un poco aún con la bata blanca puesta. Nada grotesco ni mucho menos voluptuoso. Simplemente muy atlético y guapo.
Resumiéndolo en dos palabras: Apuesto y sexy.
¡Uff!
De pronto sintió mucho calor en la habitación.
—¡No! Debes calmarte Sakura. Recuerda lo que te hizo, recuerda lo mal que te trató —se repetía una y otra vez y es que su último encuentro con él le volvió a la mente:
-FLASH BACK-
—¡No! —intentó detenerlo del brazo cuando lo vio levantarse bruscamente del sillón para irse contra el joven—. ¡Fye, basta!
Le gritó, justo en el momento en que asestó un seguro golpe en la cara del castaño, quien no se vio advertido en ningún momento, pues no se esperaba esa reacción de un extraño para él.
—¡¿Qué demonios te ocurre?! —reclamó el castaño, quien apenas había tenido tiempo de reaccionar y ahora utilizaba ambas manos para detener la hemorragia de su labio roto y también su nariz, pues el golpe había sido en la mitad de su cara.
Una ira incontenible recorría al rubio por dentro, y estuvo a punto de echársele encima y molerlo a golpes. El otro no esperó un segundo más y se puso en posición de pelea, en una extraña pose de artes marciales chinas.
—Quítate —le espetó.
—No.
—Muévete.
—No lo haré.
Su ira incrementó al verla defender a su amante.
—Si no te mueves, yo… —fue abruptamente interrumpido.
—¡Basta ya! ¡Maldición, Fye! ¡¿Qué demonios te ocurre?! —levantó la mirada en un brusco movimiento y lo encaró con ira, apretando puños y dientes.
-FIN FLASH BACK-
—Siento como si se tratara de otra persona…—apretó las sábanas bajo sus manos. Definitivamente no quería pensar más en esa última vez que vio al rubio.
La puerta de la habitación se abrió suavemente.
—¿Todo en orden? —preguntó al verlo llegar.
—Sí, estabilizamos a Harry, estará bien —sonrió un poco y se sentó en el mismo banquito de antes—. ¿Te duele mucho? —preguntó al ver que apretaba las sábanas bajo sus manos.
—Sí —soltó en un suspiro muy pesado.
Fye no dijo nada, sólo se puso de pie y presionó un par de botones de la pequeña máquina que se encargaba de administrar los medicamentos cada cierto tiempo.
—No le digas a nadie que hice esto —la miró cómplicemente.
—¿Qué hiciste?
—Aumenté tu dosis de analgésicos.
—Gracias…
—Bien, ahora… ¿En qué nos quedamos? —se sentó de nuevo, acercando todo lo posible el banquito a la cama.
—No lo recuerdo.
—En ese caso… cuéntame sobre ti, ¿Qué ha sido de tu vida en todos estos años?
Su expresión se tornó un tanto extraña, como si le doliera demasiado el sólo recordar, mas sin embargo habló.
Le explicó que cuando recién se graduó de la universidad, estuvo viajando a muchos países donde aprendió más sobre el arte. Todo había estado yendo bien en su vida, finalmente se había instalado en un pequeño y acogedor departamento en China, donde consiguió un buen trabajo, pintando galerías enormes en los museos, decorando sus paredes con hermosos paisajes que tardaron casi dos años en terminarse.
Al llegar a este punto su mirada se perdió en algún lugar inespecífico de la habitación.
—¿Y qué pasó después? —preguntó curioso e impresionado.
Ella continuó, explicando que su familia quería ir a ver sus obras de arte, pero fue ahí donde tuvieron el fatídico accidente.
Le platicó que después de ese suceso tan catastrófico, su vida dio un giro impresionante y emprendió el viaje a muchos países más, procurando no quedarse más de un año en cada lugar. Era algo así como una "nómada"
—Entonces has conocido muchos lugares. Ha de haber sido una experiencia increíble —se asombró, ignorando el hecho de que estaba tan mal psicológicamente que no podía permanecer en un mismo sitio, mucho menos socializar y ser capaz de mantener una relación afectuosa.
—No puedo negar que lo fue —asintió satisfecha—. Y eso ha sido mi vida todos estos años —se encogió de hombros, sin poder quitar esa expresión de amargo recuerdo.
—¿Cuánto tiempo tienes en Londres? —preguntó un tanto impaciente. Si sólo duraba un año en cada país… quería saber cuánto tiempo le quedaría por compartir.
—Tuve que romper mi regla —sonrió un poquito divertida—. Tengo ya un año y meses viviendo aquí. El trabajo que tengo me ha gustado mucho, pero dentro de seis meses volveré a viajar. En China me ofrecieron hacerme cargo del nuevo observatorio. Ahí pintaré las galaxias y constelaciones —sonrió suavemente.
—¿Y por qué viniste a Londres? Acaso… ¿Trabajas en el Museo Británico? —se sorprendió al pensar en ello.
—No. A decir verdad, venir a Londres no estaba entre mis planes —se encogió de hombros—. Pero cuando estuve en Irlanda, un gran amigo me llamó para hacerme una buena oferta de trabajo en la universidad de Londres y acepté. Sólo que ahora mismo todos están de vacaciones y yo me dirigía a los jardines Kensington para hacer unas pinturas, pero… ocurrió el accidente y mis planes se estropearon.
—Vaya… sigues siendo un alma libre, como siempre —sonrió fascinado con todo lo que ha contado.
Ella sonrió con algo de timidez.
—¿Qué hay de ti?
—Bueno…—soltó un pesado suspiro y se acomodó en su banquito—. Mi vida se resume en estudios, trabajo y más trabajo —se encogió de hombros.
—¿Y ya es todo? — enarcó una ceja— No me digas que te convertiste en un amargado, porque no me la creo —se cruzó de brazos, haciéndolo reír—. Cuéntame cómo llegaste a Londres —sonrió.
—Bueno… tengo casi nueve años aquí —se encogió de hombros.
Le platicó que terminando la universidad en Japón, llegó a Londres para hacer su internado en ese mismo hospital que es muy reconocido por tener muy buen plan de enseñanza, especialmente en el programa de cirugía. Al terminar su internado se convirtió en residente y poco a poco se fue especializando hasta llegar a ser un cirujano titular. Después pasó a ser jefe del departamento de cardiología.
Explicó todo de una manera tan simple que parecía que hablaba de cursar el kindergarten.
Sakura estaba asombrada. Sí que tenía razón cuando decía que su vida eran estudios y trabajo.
—Wow… es sorprendente. Me alegra mucho que hayas llegado a tanto —sintió admiración hacia el rubio, pero aún así, una pequeña sombra del pasado le impedía sentirse completamente a gusto con él a su lado.
—No es para tanto —sonrió modestamente—. La profesión no siempre es muy reconfortante —su mirada entristeció—. Nadie nos dice durante la carrera, que serán más las vidas perdidas que las que uno puede salvar… eso sólo se entiende hasta que uno experimenta tantas muertes —recargó la barbilla en la palma de su mano y el codo sobre la mesita.
—Pero…—dijo de pronto, captando su atención—. …Gracias a ti hoy estoy viva y jamás volveré a preocuparme por mi enfermedad. Eso es algo que no tengo cómo pagarte, de verdad —lo miró profundamente.
El rubio no supo qué decir. Tenía muchas emociones acumuladas en su pecho, así que sólo atinó a sonreírle como agradecimiento. En ese momento muchas cosas pasaban por su mente, y una de ellas era el hecho de que ya había cumplido el objetivo que se plantó desde que decidió estudiar medicina.
Ambos se perdieron en la mirada del otro durante unos segundos hasta que…
—Buenos días —una voz grave y con tono gruñón saludó al entrar a la habitación.
La castaña se quedó casi congelada al verlo. ¡Estaba igual que hace diez años! Había cambiado muy poco, sólo estaba un poco más alto.
—¡Kurogane!
Con su expresión de alegría logró sacarle una sonrisa al moreno.
—Cuánto tiempo, Sakura —caminó al pie de la cama y tomó el expediente.
—No me digas que… —miró al rubio y éste asintió en muda afirmación—. ¡¿Tú eres mi otro doctor?! —no podía salir de su asombro.
—Así es —sonrió—. Y por lo que veo te sigue gustando meterte en líos ¿verdad? —sonrió socarronamente, caminando hacia el lado contrario de donde estaba Fye sentado.
La ojiverde suspiró con pesar.
—No estoy en posición de contradecirte —rio un poquito.
—Mmm… sentido del humor: intacto, esa es buena señal —sonrió ladinamente—. Ahora dime cómo te sientes.
—Bien, sólo algo cansada; pero… mi pierna, me ha dolido todo el día y Fye no ha querido explicarme lo que sucedió.
El moreno dirigió la vista hasta toparse con los azules y preocupados ojos del rubio.
—Verás, Sakura… debido al impacto contra el otro coche, sufriste múltiples fracturas. Las de tus costillas sanarán pronto, pero el asunto en tu pierna fue más grave. Sufriste de fractura expuesta de fémur. Tuve que acomodarlo de nuevo en su sitio —explicó tranquilamente—. Y tuvimos que hacer una cirugía llamada "reducción abierta y fijación externa"
—No me gusta lo que estoy escuchando —por primera vez puso una mano suavemente sobre su muslo derecho y se asustó—. ¿Puedo… puedo ver? —arrugó la sábana bajo sus manos.
Kurogane asintió, pero fue él quien levantó las mantas, después de haberse puesto un par de guantes y de haber acercado una mesita con el material necesario para hacer una curación.
—Tal vez te impresione lo que estás por ver, pero tómalo con calma —la preparó para lo siguiente: retiró parte de la sábana y levantó su bata un poco.
Sakura sintió que la sangre escapaba de sus venas.
—¿Qué… qué hace un pedazo de metal pegado a mi pierna? —se asustó mucho, hasta palideció.
—Tranquila, recuerda que no debes exaltarte —la tranquilizó el rubio, tomando su mano y sintiendo cómo ella la apretaba con fuerza.
—El metal que vez es un fijador externo, te ayudará a sanar más rápido.
—¿Cuánto? ¿Cuánto tiempo? —estaba más pálida que un fantasma.
—Te lo retiraremos dentro de cuatro o seis meses.
Ella tragó en seco.
—¿Tanto? —se asustó y miró al rubio—. No puedo estar así tanto tiempo, mi trabajo… ¿Qué pasará con mi trabajo? —miró a ambos en busca de respuestas, comenzaba a desesperarse.
—Me temo que deberás incapacitarte durante ese tiempo —comenzó a curar las pequeñas incisiones—. Si te duele no dudes en detenerme ¿Sí?
Ella asintió y se tumbó por completo en la cama, no quería ver más ese feo metal.
— Otra cosa importante —dijo de pronto el moreno—. No sé cómo sea el lugar donde vives, pero las escaleras quedan prohibidas de ahora en adelante. Al menos hasta que sanes por completo.
—Tendré que cambiar de departamento… —murmuró, cansada, desesperada y frustrada—. Pediré una incapacidad en la universidad, tengo que hablar con Eriol —buscó su teléfono móvil y lo encontró a un lado de su cama—. ¡Excelente!—ironizó—. Sin batería —bufó, molesta para después soltar un leve quejido.
—Lo siento, estoy tratando de ser muy cuidadoso —dijo sin dejar de hacer su trabajo.
—Está bien —se mordió el labio inferior, de verdad dolía, y mucho.
De pronto sintió un leve apretón en su mano izquierda. Guio su mirada y se encontró con una pálida mano apretando firmemente la suya, y cuando alzó la mirada se topó con esos ojos que tantas veces le hicieron sentir mariposas en el estómago. Extrañamente ahora no le produjeron ningún sentimiento parecido…
—No te preocupes por nada, ahora sólo debes enfocarte en sanar completamente —le sonrió con suavidad—. Y afortunadamente, quien llevó tu operación de fémur fue el segundo mejor doctor del hospital, así que recuperarás la movilidad al cien por ciento y harás tu vida normal.
—¿"Segundo mejor doctor"? —carraspeó, frunciéndole el ceño a su colega.
—Obviamente, yo soy el primero —alzó ambas cejas, acentuando su actitud presuntiva.
—Presumido, arrogante e idiota —suspiró—. Eres un caso perdido.
La risilla cantarina de Sakura inundó el lugar.
—Veo que siguen llevándose tan bien como siempre —suspiró, tornándose nostálgica de pronto—. Los extrañé mucho.
Ambos sonrieron, no hacía falta decir nada, con ese gesto lo dijeron todo.
—¡Kurogane! —exclamó de la nada.
—¡¿Qué?! —se exaltó, y por poco le hace daño en su pierna.
—¡¿Cómo está Tomoyo!? Tengo tanto de no hablar con ella. Perdí su número telefónico y…—miró a los dos hombres, desconcertada por sus caras de enfado, en ambos—. ¿Qué ocurre? —preguntó inocentemente, dejando de lado lo que había estado a punto de decir.
—Ocurre que… ¡Nos vas a venir causando un infarto! —espetó, molesto.
—Tiene razón —murmuró el rubio, apoyando a su colega.
—Lo siento, es que… me emocioné y…—estaba muy apenada.
—No te preocupes. Además… ella está muy bien, aunque algo ansiosa por verte, pero está un poco ocupada, así que tal vez venga más tarde —vio de reojo a su amiga y notó lo feliz que se puso.
Un sonidito agudo y muy cómico resonó en la habitación, atrayendo la atención de todos.
Sakura miró de inmediato el celular que estaba sobre la mesita y alcanzó a leer un nombre sobre la pantalla.
—¿Es ella? —cuestionó Kurogane, con una sonrisa cómica al ver que el rubio no tardó ni un segundo en cogerlo.
—Sí —sonrió ampliamente—. Discúlpenme un momento, ahora vuelvo —se puso de pie y caminó hacia la salida, contestando a medio camino—. ¡Hola cariño! ¿Me extrañaste?
Fue lo último que alcanzaron a escuchar, pues ya había salido hacia el pasillo.
—¿Quién será "Ámber"? —esa pregunta taladraba su mente con tal insistencia que su cabeza comenzó a doler.
—¿Todo bien? —inquirió el moreno al terminar de curarla y ver su expresión que parecía más bien un mohín.
—Sí, todo bien.
—Veo que se están llevando bien —comentó de pronto—. ¿Arreglaron ya sus diferencias? —preguntó al terminar de guardar todo lo que usó y quitándose los guantes.
—¿Eh? —salió de sus pensamientos—. ¿A qué te refieres?
—Al motivo por el cual dejaron de dirigirse la palabra hace más de diez años ¿O acaso no lo recuerdas? —alzó una ceja, incrédulo.
—Claro que lo recuerdo… por desgracia lo recuerdo muy bien—bajó la mirada—. No hemos tocado el tema, creo que ambos aún estamos dentro del shock por habernos reencontrado…
Ambos guardaron silencio durante unos momentos, reflexionando.
—No tengo por qué meterme en esto, pero… tienes que saber algo importante y no lo voy a repetir nunca, así que escúchame bien: uno de los motivos por los cuales Fye estudió medicina fuiste tú. Por eso mismo eligió esta especialidad. Tenía la esperanza de encontrar una cura para tu enfermedad, así que ayer cumplió su principal objetivo médico: curarte.
—¿Qué…? —se congeló—. ¿Por eso decidió estudiar esto?
—En un principió optó por entrar a la universidad de arte, como tú, pero pensó que poco podría ayudarte si hacía eso —se puso de pie y suspiró—. Se supone que no deberías saberlo, ya sabes cómo es él —bufó—. Nunca quiso que te sintieras culpable o responsable de que no hay estudiado artes.
—Si me lo hubiera dicho antes… tal vez las cosas ahora serían diferentes… —un conocido escozor se hizo presente en sus orbes.
—Sí. Tal vez ahora no estarías aquí porque no lo habrías dejado estudiar medicina sólo por ti.
Esas palabras se quedaron muy grabadas en su mente.
—Tienes razón —se enjugó las lágrimas con el dorso de su mano y asintió suavemente.
—Cuidado —le advirtió al ver que se había limpiado las lágrimas, usando la mano que tenía el catéter en su dorso—. ¿Duele?
—Un poco —admitió al sentir un leve ardor.
—Permíteme acomodarlo —tomó su mano con suavidad y adaptó la dirección de la aguja, pero al tener esa pequeña mano entre las suyas, pudo sentir una textura irregular en la piel de la muñeca, por dentro.
Frunció un poco el ceño y sin darle tiempo a que sospechara algo, giró su mano hasta toparse con unas finas líneas bien marcadas, contrastando con el pálido color de su piel blanca. Al parecer eran viejas cicatrices de un intento fallido.
Sus ojos rubíes se abrieron un poco más de lo normal, nunca se lo hubiera esperado de ella, nunca de ella…
Sakura se vio descubierta y un profundo hueco se formó en su estómago. ¿Qué pensaría ahora de ella? ¿La juzgaría? ¿Le diría a Fye?
Éstas y más ideas pasaban por su mente hasta que escuchó un suspiro por parte de su viejo amigo, quien afortunadamente no le dijo nada, sólo volvió a acomodar su mano en su lugar, pero no dejaba de observarla fijamente, con su característico ceño fruncido.
—Él se dará cuenta tarde o temprano —dijo de pronto, en un tono algo indescifrable.
—Lo sé —se encogió sobre sí misma. Si pudiera, ya habría flexionado sus rodillas hasta el pecho, para poder ocultar la cara detrás de sus piernas.
—No entiendo los motivos que pudiste haber tenido, pero no lo vuelvas a intentar, o yo mismo me encargaré de que logres tu objetivo —espetó, con su ceño más fruncido de lo normal.
Los ojos vacíos de la castaña se empañaron en lágrimas. No se atrevía a mirarlo a los ojos.
Escuchó un pesado suspiro por parte de él y lo siguiente que supo fue que una mano pesada revolvía sus cabellos, dejándolos más despeinados (Si es que era posible)
Sus enormes y tristes ojos verdes se alzaron hasta toparse con una expresión cálida y hasta un poco dolida.
—Lo siento, no quise ser rudo, pero… —desvió la mirada—. Hay gente que te quiere y no soportaría una pérdida de ese tamaño —volvió a mirarla—. Incluyéndome… además, nuestro amigo no sobreviviría a ello —frunció un poco más el entrecejo al recordar cómo se había puesto Fye al verla llegar en ambulancia.
—Gracias… Kurogane —se enjugó las lágrimas. No quería llorar más.
Estaba cansada física y mentalmente. Sólo quería dormir, pero una insistente cuestión tintineaba en su mente, produciéndole dolor de cabeza. ¿Quién era esa tal Ámber? ¿La esposa de Fye?
—Pero no tiene sortija de matrimonio…—pensó—. Aunque… puede que sólo sean pareja —suspiró con fastidio y más se preocupó al pensar en que Kurogane podría comentarle lo de sus cicatrices…
OoOoOoOoOoOoO
—¡Papi! —soltó la mano de su tía y corrió hacia su padre.
Sus pasitos resonaron en ese pasillo del hospital y dejaron de hacerlo cuando su progenitor la atrapó entre sus brazos y la levantó hasta besar con mucho cariño su mejilla.
—Hola mi pequeña ¿Te portaste bien con tía Tomoyo?
—¡Sí!
El rubio la miró con dudosa expresión, sin bajarla de sus brazos.
—¡Papá! —le reprochó—. Si me porté bien —comenzó a reír, tratando de no hacer mucho escándalo, pues sabía que estaban en un hospital.
—Tu hija es todo un ángel —dio un par de pasos y lo saludó con un beso en la mejilla.
—Eso ya lo sé, sólo quería molestarla —se encogió de hombros, recibiendo una palmadita en su hombro como reproche de parte de la pequeña, cuya risita se dejó escuchar una vez más—. Qué bueno que llamaron.
—Le dije a Ámber que lo hiciera. Hubiéramos llegado directamente, pero no sé en qué habitación está Sakura —mencionó, algo ansiosa por ver de nuevo a su amiga.
—No… está bien que hayan hablado —repitió en un tono extraño, que sólo por su gran perspicacia, Tomoyo logró descifrar el significado tras esas palabras.
—Sakura aún no lo sabe, ¿Verdad? —preguntó seriamente, refiriéndose a Ámber.
—No…
La pequeña, que estaba en medio de ambos, entendió parte de la conversación, pues a pesar de sus cortos ocho años, es muy intuitiva. Igual que su padre…
—¿Se lo dirás?
—Por supuesto.
Ambos se quedaron en silencio unos momentos.
—¿Puedo ver a Sakura en estos momentos? ¿Se encuentra despierta ya? ¿Cómo está? ¿Qué te ha dicho? ¿No se siente mal? —lo sepultó en éstas y más preguntas.
Padre e hija se miraron mutuamente, con una sonrisilla juguetona ante el típico carácter de la joven mujer.
—Por qué no lo averiguas tú misma —le sonrió—. En este momento Kurogane está con ella y según lo que mencionó: está ansiosa por verte. Está en el cuarto piso, habitación 419 —soltó un bostezo que no logró contener más tiempo.
—¡Iré a verla! —exclamó, feliz—. Pero antes… —pellizcó la mejilla de su amigo—. Estás muy pálido, deberías descansar un poco —le recomendó.
—Lo haré —sonrió mientras se tallaba un ojo y bajaba a Ámber.
—¿Te quedas con tu papi, cariño?
—Sí, tía —le sonrió con cariño.
—Bien —acarició la barbilla de la pequeña—. Nos vemos al ratito.
Se dio media vuelta y caminó con apuro al elevador.
Fye y Ámber la miraron hasta que se perdió entre los pasillos.
—¿Quién es Sakura? —preguntó de pronto.
Fye parpadeó desconcertado y bajó la mirada hasta toparse con unos ojos idénticos a los suyos. Se quedó pensativo, buscando las palabras correctas para decirle quién era Sakura en realidad.
—Anoche tía Tomoyo estuvo llorando mucho por ella, hasta que tío Kurogane llegó y la consoló —puso una expresión triste—. ¿Le pasó algo malo? ¿Es tu paciente? —lo miró desde su pequeña estatura, llegándole a penas a la cadera a su padre.
—Lo que pasa es que Sakura y tía Tomoyo son amigas desde que eran niñas tan pequeñas como tú. Ella tuvo un accidente y está aquí en el hospital. Es paciente de tu tío y mía también —explicó con detalle, omitiendo su relación con ella.
—Y… ¿Puedo conocerla?
La observó con pensativa expresión en sus ojos hasta que se animó a responder.
—Sí, la vas a conocer —trató de sonreírle, pero sólo pareció una mueca extraña en su lugar—. ¿También tienes sueño? —se puso de cuclillas, de modo que su pantalón clínico oscuro se estirara sobre sus muslos de atleta, hasta quedar a la altura de su hija. Acomodó un par de cabellos rubios detrás de su oreja, mirándola con ternura.
—Mmm…—puso un dedo sobre su barbilla, pensando en la respuesta—. No —sonrió—. ¡Tengo una idea! vamos a visitar a Harry ¿Sí? —lo miró directamente, con esos ojos cuan grandes eran, poniendo su carita más tierna para convencerlo.
—Está bien —accedió a la vez que se ponía de pie y ponía una mano sobre su cabeza—. Vamos a verlo —le sonrió con algo de diversión, pues su carita decía todo lo contrario: se moría de sueño, al parecer se levantó muy temprano para ir a verlo.
Fueron a su habitación pero el pequeño estaba dormido, sólo se encontraba su madre con él, cuya expresión se llenó de alegría al ver que Ámber había ido a visitar a su hijo.
—Muchas gracias por venir, eres una niña muy dulce —le dijo al acariciar su mejilla.
—Gracias —sonrió con timidez—.Quería jugar un rato con Harry, pero… ¡Vendré más tarde! ¿Puedo, papi? —tornó sus ojos hacia a un lado de la cama, donde estaba su padre revisando los signos vitales del pequeño.
—Por supuesto —le sonrió.
—Aquí te esperaremos —sonrió la joven mujer, amable y cariñosa como siempre.
Salieron de visitar a Harry y ambos se encontraron en el pasillo, sin saber qué hacer. Bueno, el rubio no sabía qué hacer y Ámber sólo lo miraba con sus enormes ojos azules, sonriente y esperándolo. Fye temía ir con Sakura, estando Ámber con él y no es que le diera vergüenza admitir que era su hija ¡En lo absoluto! Pero no sabía cómo lo tomaría ella.
—Aunque… no somos nada. Ella lo dejó muy claro hace diez años —suspiró.
—Papá.
—¿Sí?
—¿Qué hacemos? Preguntó dentro de un bostezo, arrastrando las palabras.
El rubio sonrió y tuvo una gran idea.
OoOoOoOoOoO
Un timbre se hizo notar en la habitación.
—Un mensaje de Fye —murmuró el moreno, justo antes de salir de la habitación para dejar que Sakura y Tomoyo disfrutasen su emocional reencuentro. De sólo recordar el grito que soltaron ambas al verse… le daban ganas de salir corriendo de ahí.
—¿Qué te dice? —preguntó Tomoyo, curiosa.
—"Estaré en el cuarto de descanso con Ámber. Por favor cuida de Sakura durante un rato ¿Sí? Gracias…" —citó en voz alta y después bufó con molestia—. Éste ya se cree mi jefe rodó los ojos.
Tomoyo soltó una risilla divertida, pero se detuvo al notar despistadamente cómo la expresión de Sakura era algo pensativa, hasta se veía molesta.
—¿Será por lo que dijo Kurogane? O tal vez ella piensa que…— soltó otra risilla—. Sí, ha de ser eso…
OoOoOoOoOoOoO
Se quitó la bata, quedando sólo con su uniforme clínico azul marino, compuesto de su filipina y pantalón, tan cómodos como un pijama. No lo pensó dos veces para retirarse los zapatos y echarse sobre la cama inferior de una de las literas que había en ese cuarto.
Ámber lo imitó y se acostó a su lado, pero Fye la arrastró hasta capturarla entre sus brazos y hacerle algo de cosquillas para después abrazarla con mucho cariño.
La pequeña ojiazul no tardó en ceder ante el sueño. Bien merecido se tenía ese descanso después de haber estado un par de días enferma de gripe. Hasta su abuelo se había preocupado por ella. ¡Es verdad! Aún no le decía a su padre la enorme sorpresa de que Sakura estaba ahí. Bueno… podría hacerlo más tarde, ahora lo único que quería era dormir una merecida siesta con su hija.
Una aguda y suave voz interrumpió sus pensamientos, y dirigiendo su vista un poco hacia abajo: entre su brazo y su pecho, vio el tierno rostro de su pequeña que estaba por caer rendida al sueño.
—Papi…—murmuró, adormilada y acurrucándose lo más cerca posible de él.
—¿Sí, cariño? —la envolvió mejor con sus brazos, sintiendo lo pequeña que era todavía.
—Te extrañé… mucho, mucho —frotó su mejilla contra el brazo de su padre, sintiendo el calor que le brindaba.
La expresión del ojiazul de suavizó por completo, sintiendo ese cariño tan infinito que experimentó por Ámber desde la primera vez que la vio.
Acarició su cabello largo y rubio. Soltó un suspiro cansado y la apretó mas entre sus brazos.
—Yo también te extrañé mi niña… —besó su frente. Sus ojos ya estaban cerrados, pero una adorable sonrisita se asomó en sus pequeños labios infantiles.
Esto bastó para que Ámber Flowright tuviera un buen descanso. Lo mismo con el rubio, cerró sus ojos y aprovechó ese rato para descansar un poco después de haber pasado una noche en vela.
OoOoOoOoOoO
Salió al fin para dejar que amabas se actualizaran después de tantos años de no verse.
—¡Sakura! No sabes cuánto te extrañé amiga —tomó sus manos con cariño, sin poder contener sus lágrimas.
—Tomoyo… —sus ojos también se aguaron.
No tardaron en empezar una larga charla que duró casi toda la mañana y parte de la tarde.
Cuando se trataba de Tomoyo, Sakura no podía mentir, ella la conocía a la perfección y se daría cuenta de sus mentiras, así que… le contó todo, o casi todo sobre su tormentoso pasado… incluso le platicó sobre sus momentos más deplorables.
—Oh por Dios… —exclamó la amatista.
Faltaba mucho más por hablar, pero alguien llegó de visita a la habitación.
Continuará…
¿Qué tal?
¿Les gustó la continuación? Espero que sí, me he estado esforzando mucho en este fic. Tal vez vean muchos términos médicos y mucha explicación sobre los tratamientos, pero la verdad es que amo la medicina, amo lo que estudio y por ello expreso mucho de eso en mis historias.
Algunos se preguntarán por qué siempre pongo a Sakura en riesgo... y yo les respondo que no sé JAJA simplemente me encanta preocupar al rubio sexy, me encanta crear una atmósfera de tensión e incertidumbre.
Y en cuanto a la trama de esta historia... déjenme decirles que aún no la tengo escrita por completo, pero si tengo una clara idea del rumbo que va a tomar. Debo aclararles que ocurrirán cosas graves y fuertes al momento de explicar el pasado de ambos, en especial el de Sakura. Así que en la historia podrán presenciar muchos Flash Back y así sabrán cómo se conocieron, qué cosas vivieron, si llegaron a tercera base cuando eran novios JAJA o incluso si sus vidas corrieron riesgo después de que ambos decidieron no verse más. También está el asunto de Shaoran... se convertirá en un personaje muy fuerte, pues Sakura tuvo un gran afecto hacia él en una etapa muy dura en su vida, donde el único apoyo que recibió fue del castaño.
Pero bueeeeeno, no quiero adelantarles la historia, sino terminaré spoileandolos JAJA. Creo que ya tuvieron suficiente por hoy al enterarse que la familia Kinomoto murió :'( lo sé, es triste y casi imperdonable que los haya asesinado en esta historia, pero era necesario para que ocurrieran ciertas cosas que leerán más adelante.
¡REVIEWS!
J.A.R.P.22 , Angie The KillerEl, Angel de la Eternidad, Butterfly Eternity y sakuraDfuture. MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS! Me animan como no tienen una idea. Sé que tardé una eternidad en actualizar (Y sé que aún les debo el final de Amor Inesperado u.u) pero en serio, les prometo que no dejaré ni una de mis historias incompletas ;') y tienen razón, en esta clasificación puede que no tenga muchos reviews y menos con esta pareja tan poco común (Pero la amo!) Así que la continuaré hasta el final, con sus reviews me basta, pero si les pido humildemente que me dejen mensajito, inbox, review, lo que sea, para hacerme saber qué les pareció la historia. Recuerden que también acepto críticas constructivas, correcciones y lo que sea.
Les mando un fuerte abrazo y un beso! :*
Nos seguimos leyendo! ;)
