We Meet Again
By Tsuki No Hana
III
"Tú, yo, mi casa"
—No te preocupes amiga, terminaremos de platicar en otra ocasión —le limpió con cariño un par de lágrimas y Sakura hizo lo mismo con ella.
—Adelante —murmuró la castaña al escuchar que seguían tocando la puerta.
—Oh… ¿No es buen momento? —inquirió al ver que ambas estaban algo sentimentales.
—Para nada —se quitó los rastros de lágrimas mientras sonreía suavemente—. Tomoyo y yo sólo estábamos… —miró a su amiga y las palabras se le cortaron.
—Sólo estábamos recordando viejos tiempos —la ayudó.
—Ya veo, en ese caso quisiera que conocieras a alguien —le dijo a Sakura—. Ven cariño.
Una pequeña niña se asomó por la puerta, se le veía algo tímida. La ojiverde la miró unos instantes. Su cabello rubio y largo, su carita angelical y finalmente sus hermosos y enormes ojos azules tan parecidos a lo de…
—Es su hija…—fue la inevitable respuesta que golpeó la mente de la castaña.
—Te presento a Ámber —sus ojos y los de ella hicieron contacto fijo durante unos segundos interminables. Ella casi le pedía con la mirada que no dijera lo que creía que iba a decir, y él, como si entendiera esa señal, casi arrastró las palabras, temiendo a la reacción de su ex novia—. Mi hija…
La ojiverde sintió cómo la sangre huía de su cabeza, cayendo pesadamente a sus pies, haciéndola ver más pálida de lo normal. Por un momento Tomoyo y Fye temieron que a Sakura le fuera a dar algo por su extrema palidez.
Y es que simplemente no soportaba el dolor que implicaban aquellas dos palabras: "Mi hija". Sintió cómo su corazón se hundía al pensar que Fye había logrado superar su antigua relación tan fácilmente; empezando una nueva vida y formando una familia mientras que ella… bueno, ella pasó por muchas circunstancias extremadamente difíciles al tratar de arrancárselo del corazón. Miró nuevamente a Fye a los ojos y pudo percibir un "lo siento tanto" en su mirada, mientras que ella aún no podía digerir las palabras antes mencionadas. La noticia le cayó como bomba.
—Hola.
Esa dulce vocecita titubeante la hizo reaccionar y le hizo recordar que no estaba sola en la habitación.
—Hola —intentó devolverle la sonrisa a esa pequeña niña tan adorable, pero su rostro se quebró en una mueca poco alentadora.
—¿Te sientes bien? —cuestionó el rubio, acercándose hasta el monitor que registraba sus signos vitales, ahí pudo notar que su corazón estaba muy acelerado y su presión había descendido mucho.
—Sí, sí estoy bien.
Ambos adultos presenciaron la sonrisa más triste y hueca que hubieran podido imaginar en alguien como Sakura.
—Tu pulso está muy acelerado —frunció el ceño y presionó un botón de la cama para hacer que ésta se reclinara hacia atrás, dejándola completamente acostada. Seguidamente tomó una mascarilla de oxígeno y se la puso con cuidado en el rostro.
Expectantes, todos esperaron unos segundos hasta que sus signos vitales se restablecieron un poco. Incluso la pequeña Ámber esperaba pacientemente, mirando todo con una madurez poco común en una niña de 8 años.
—¿Mejor?
—Sí —respiró con mayor normalidad, aún con la mascarilla de oxígeno.
—Creo que debí esperar un poco para darte la noticia —susurró muy bajo, sólo Sakura lo escuchó.
Alzó sus ojos verdes hasta toparse con ese par de zafiros tristes y esa sonrisa tan leve, casi imperceptible.
La castaña sólo atinó a menear negativamente la cabeza.
—Tu hija es muy linda —admitió en voz alta, mirando a la pequeña, cuyas mejillas habían adoptado un color carmesí por el comentario—. Por cierto…—respiró con dificultad—. Mi nombre es Sakura, mucho gusto, pequeña —fue sincera.
—Hola Sakura —caminó hasta quedar a un lado de Tomoyo, justo al lado de la cama de la castaña—. Tú también eres muy bonita —la miró de cerca, comprobándolo.
Chistosamente la ojiverde se sonrojó ante el comentario de la pequeña.
Fye y Tomoyo rieron un poco, agradeciendo que la pequeña Ámber aligeró un poco el ambiente sin siquiera proponérselo.
—¿Tú y mi papi se conocen desde hace mucho tiempo? —preguntó inocentemente.
La aludida asintió, y tomando una bocanada de aire se dispuso a hablar, pero fue interrumpida por Tomoyo.
—Cariño, será mejor que la dejemos descansar un poco ¿Qué te parece si vamos a la cafetería por algo de comer?
La pequeña rubia infló un poco sus cachetes en gesto de inconformidad.
—Te prometo que después te lo contaré con detalle —murmuró la castaña, guiñándole un ojo a Ámber.
—¡De acuerdo! —sonrió y se despidió de Sakura.
Las dos salieron y los dejaron solos.
—Discúlpame, creo que debí haber esperado a que te recuperaras un poco para darte la noticia —se tomó la libertad de sentarse en la orilla de la cama.
Ella bajó la cabeza y la meneó suavemente.
Ambos quedaron en un silencio sepulcral, sólo se escuchaba el sonido del oxígeno saliendo de la mascarilla.
—Se parece mucho a ti.
Él salió de su ensimismamiento al escucharla. La miró confundido.
—Ámber, se parece mucho a ti.
—Oh, sí… todos dicen eso —su mirada entristeció notablemente mucho—. Sería ilógico que no se pareciera mucho a mí, después de todo yo me parezco mucho a él —ironizó mentalmente.
—Su mamá debe estar muy orgullosa de ello, después de todo es tu esposa, y Ámber hija de ambos —dijo esto con evidente consternación y un dejo de incomodidad que apenas pudo disimular.
—Nunca me he casado —se adelantó a corregir, logrando que ella parpadeara completamente confundida y hasta algo esperanzada—. Ámber es mi hija, pero nunca me he casado…
—Entonces…—lo miró dudosa y él sólo asintió, estaba algo nervioso al tocar ese tema—. ¿Qué pasó con su madre?
—Yo…—desvió la mirada—. Preferiría no hablar de ello —pidió lo más amable posible.
—Oh… de acuerdo —se sintió una completa entrometida y hasta algo ofendida.
—¿No quieres algo de comer?
—No.
—¿Tienes frío?
—No.
—¿Quieres…
—Necesito un cargador para mi teléfono —lo interrumpió sin tacto, al parecer se ofendió un poco con su actitud.
—Soy un idiota —bufó para sus adentros—. Mi teléfono es igual al tuyo —sacó un cargador del bolsillo de su bata blanca—. Toma.
—Gracias —con la ayuda de Fye lo conectó y sin pensárselo dos veces abrió sus correos, mensajes y llamadas perdidas—. Tal como lo pensé —suspiró con una dulce sonrisilla asomándose a sus labios.
—¿Qué ocurre? —quiso unirse a su momentánea felicidad, pero ella sólo lo miró con indiferencia y estuvo a punto de responderle algo, pero su teléfono celular comenzó a sonar insistentemente. No lo pensó dos veces antes de contestar.
—Hola — sonrió al teléfono. El rubio alcanzó a escuchar una voz masculina saliendo del auricular—. Lo sé, lo sé. No te he mandado el mensaje de todas las noches, pero es que… —no supo cómo decirlo—. Mira, antes de que te alteres tengo que decirte algo, primero que nada debes saber que ahora estoy bien —una voz alterada se escuchó y Fye trataba de entender inútilmente lo que decía aquel hombre.
Según le había dicho Sakura, no tenía novio, pero… ¿y si se trataba de una pareja? Pero si es así… ¿Por qué no está ahí con ella acompañándola?
En fin, miles de pensamientos cruzaban su mente en ese momento, pero se detuvieron al ver que Sakura sólo sonreía tiernamente al teléfono y una suave voz se escuchaba ahora desde el auricular.
—Yo… creo que mejor te dejo hablar tranquila —se despidió con un gesto y salió. Ni siquiera estaba seguro de que lo hubiera escuchado.
¿Qué era eso que sentía? ¿Celos? Sí, no había duda de ello. Algo le ardía muy dentro en su corazón, pero tristemente Sakura ya no le pertenecía, a pesar de que él aún sentía pertenecerle a ella…
Cerró la puerta de su habitación y se recargó en ella, mirando perdidamente hacia el techo.
Transcurrió una semana desde que Sakura ingresó al hospital. El rubio se mantuvo algo distante desde el día en que recibió esa llamada, por algún motivo tenía miedo de acercarse a ella y darse cuenta de que no lo amaba y que nunca más lo volvería a hacer. Muy a su pesar, pues él aún la amaba y sí, lo podía admitir frente a cualquier persona sin importar qué. La ama tanto que jamás volvió a tener una relación de noviazgo con alguna mujer. Tal vez algunas aventuras, pero éstas no significaron nada, su única y verdadera mujer era y será Sakura.
Todos los días iba a revisar sus signos vitales para cerciorarse de que su salud mejoraba, y así era, su salud mejoraba día tras día. Pero sólo se limitaba a hacer su trabajo, al parecer ella intentaba no involucrarse mucho con él a diferencia de Ámber, quien iba a verla cada que Fye la llevaba al hospital, que era prácticamente todos los días, la pequeña ya se había acostumbrado a vivir en el hospital.
En varias ocasiones estuvo a punto de entrar a la habitación de Sakura, pero vio por una pequeña ventana en la puerta que Ámber estaba con ella, cómodamente sentada al pie de la cama y platicando como si no tuviera fin de conversación. Notó también que Sakura se veía feliz platicando con ella, así que no intervino para que la dejaran descansar.
OoOoOoOoOoOoO
—¿Entonces así se conocieron? —se sorprendió.
—Sí, ambos teníamos casi tu edad cuando nos conocimos en la primaria—sonrió con nostalgia.
—Y si eran tan buenos amigos ¿Por qué dejaron de verse?
—Bueno… ambos crecimos y cada uno decidió estudiar cosas distintas.
—¿Sólo por eso?
La castaña titubeó. No podía contarle toda la historia a la hija de su ex. No podía simplemente decirle que su padre y ella habían sido novios durante muchos años hasta que por culpa de los celos del rubio tuvieron que separarse.
—Tal vez después tu padre y yo te contemos la historia completa —quiso cambiar de tema—. Por lo pronto platícame sobre ti.
—Mmm… —puso un dedito sobre su barbilla, pensando en su respuesta—. Voy en segundo de primaria, tengo muchos amigos y me gusta acompañar a mi papá al trabajo.
—¿Tu papá y tú son muy unidos?
—¡Mucho! Él es el mejor papá del mundo —casi brincó de la cama, causándole un poco de gracia a la castaña—. Siempre me cuida y jugamos mucho y comemos mucho y vemos películas y me ayuda con mi tarea y… ¡Y cocina muy rico! Aunque… él no tiene tantos amigos —lo meditó un segundo—. Hace mucho tiempo me platicó de una amiga suya, dijo que la quería bastante y que cuando era pequeño, como yo, decía siempre que se iba a casar con ella —rio un poco—. Me contó también que ella era muy hermosa y que habían sido los mejores amigos, pero habían dejado de verse —suspiró—. Le pregunté su nombre, pero no quiso decírmelo, sólo me dijo que…—miró fijamente a Sakura, cuya expresión demostraba que estaba poniéndole completa atención—…tenía unos ojos verdes muy grandes, que su pelo era suave, de color castaño y que olía muy rico a flores de cerezo —entrecerró los ojos al verla, se bajó de la cama y caminó hasta alcanzar un mechón de cabello de Sakura, cuya expresión se tensó un poco—. ¡Eres tú! ¡Tú fuiste la mejor amiga de mi papi!
—Sí, creo que soy yo —se rascó una mejilla con algo de incomodidad.
—¿Y por qué no los veo platicar todos los días? Yo en su lugar no dejaría de platicar sobre tooodas las cosas que he hecho en estos años —sonrió tiernamente.
—Bueno… tal vez tu padre esté ocupado, ha de tener muchos pacientes, además no creo ser tan importante como para que sólo se preocupe por mí.
—Pero si no deja de hablar de ti en todo el día.
—¿Eh?
La pequeña apoyó sus codos sobre la orilla de la cama y asintió con la cabeza.
—Me platica cosas muy lindas sobre ti. Dice que eres muy buena en los deportes y que haces dibujos muy bonitos. También me dijo que nunca había conocido a alguien más bonita que tú —sonrió pícaramente.
—¿Q-qué dices?
—Y tiene razón. Eres muy bonita —recostó su cabecita sobre sus brazos, mirándola con una enorme sonrisa.
La aludida se sonrojó mucho.
—¡Casi lo olvido! —dio un brinquito y corrió en busca de su mochila—. Toma —después de haber buscado entre todas sus cosas sacó un recipiente con tapa.
—¿Qué es? —lo aceptó, mirándolo con curiosidad.
—Galletas, las hizo mi papá en la mañana. La comida del hospital sabe fea, por eso te guardé unas poquitas, espero que te gusten.
—Oh, muchas gracias —acarició su mejilla con mucho cariño.
Era increíble el cariño que le tomó a la pequeña en tan sólo unos días. Cualquier otra persona habría sentido cierto resentimiento hacia la niña si estuviera ocupando su lugar, pero ella no, era imposible no querer a una niña tan hermosa como Ámber, tan diferente a las niñas de su edad que suelen estar muy mimadas y más si son hijas únicas.
OoOoOoOoOoO
Había ido sólo a dejarle el almuerzo porque sabía lo mucho que odiaba la comida de la cafetería, pero nunca se imagino al salir de su casa, que terminaría en esta situación.
Se enganchó de su cuello y permitió que la cargara hasta recostarla sobre el colchón.
Y entre risas, besos y caricias se fueron despojando de toda prenda innecesaria.
—Kurogane —rio—¿No crees que alguien puede descubrirnos? ¡Es un cuarto de descanso! —volvió a reír, pero ahora al sentir cosquillas cuando él le quitó la blusa.
—Todos están comiendo, nadie vendrá —le restó importancia y la llenó de besos nuevamente.
Llevaba varios días en guardias nocturnas y tenía muy descuidada a su mujer, la extrañaba tanto que nada le importaba.
—Estás loco Kurogane —rio entre beso y beso.
—Loco por ti —gruñó sobre su cuello.
Click.
El sonido de la puerta abriéndose los congeló de pies a cabeza. Kurogane gruñó y alzó la vista, mientras que Tomoyo se ocultó bajo las mantas y bajo su esposo.
—Bah… eres tú, cierra la puerta y vete.
—¡Puaj! ¿Por qué al menos no le pones seguro a la puerta? —se cubrió los ojos y se dispuso a cerrar la puerta lo más rápido posible—. ¡Espera! ¿Con quién demonios estás? Tomoyo venía para acá a traerte de comer y ¿así es como le pagas? ¡Eres un…! —caminó hacia él, pero se detuvo en seco al comprobar que no engañaba a Tomoyo.
—¡Soy yo! —asomó sólo los ojos.
—¡Oh! ¡Lo siento! ¡Ya me voy! —y con la cara completamente roja, salió corriendo del cuarto, no sin antes ponerle seguro para que nadie más los interrumpiera.
—Tienes un excelente amigo, cariño —enredó sus brazos alrededor de su cuello.
—Sí, casi me parte la cara por creer que te engaño —rio con ironía—. Vaya amigo.
—Pero si es un excelente amigo —dijo con mucha inocencia.
—No. Porque no sabe que soy incapaz de faltarte de esa manera, y ahora, si me permites…—la besó suavemente, mordiendo su labio inferior con mucha sensualidad—. Quisiera retomar lo que dejamos a medias —ronroneó sobre su cuello, descendiendo hasta su clavícula.
—Oh Kurogane…—lo abrazó con más fuerza.
OoOoOoOoOoOoO
—Comiendo pan en frente de un pobre —[N1] murmuró gruñón en medio de un suspiro. Ahora caminaba sin rumbo fijo por todo el hospital.
Debía y quería estar con Sakura en esos momentos, lo había deseado toda la semana, pero sentía como si ella no estuviese cómoda con él cerca. Por eso había optado por alejarse un poco, pero simplemente no lo soportaba, ni siquiera el desahogarse en el libro que escribía le ayudaba en estos momentos.
Tenía que hacer algo, en un par de días Sakura se iría y tal vez no la volvería a ver.
—No dejaré que eso pase de nuevo —murmuró con seguridad al viento.
Había llegado a una terraza poco concurrida debido al frío que hacía en esos días de invierno. Era uno de sus lugares preferidos del hospital, ahí podía pensar claramente y aclarar sus ideas.
Así su mente dio rienda suelta y comenzó a razonar todo lo que ha vivido en esta última semana, cuyos días siempre ponían triste al rubio y a su padre, debido a un catastrófico acontecimiento hace algunos años, precisamente en esa semana del año…
Decidió no pensar mucho en eso o terminaría haciéndose daño y preocupando a su padre y ni qué decir de su pequeña hija, quien nunca entendía le motivo de su tristeza en esos días.
Mejor viró sus pensamientos hacia cierta chica que volvió a aparecer en su vida.
—Nunca pensé que nos volveríamos a encontrar y menos en circunstancias tan difíciles, pero afortunadamente lo hicimos, la vida nos dio una segunda oportunidad al reencontrarnos. Y todo parecía ir bien cuando recién despertó, pero las cosas cambiaron al saber que tengo una hija. Si tan sólo supiera…—suspiró—. Hay muchas cosas que debo aclarar con ella. Necesitamos hablar y solucionar las cosas si es que queremos que nuestras vidas cambien. Pero… ¿y si ella en realidad dejó de amarme? ¿Si logró superar el amor que alguna vez nos juramos sería para toda la vida? Puede que sí… por eso mismo debo hacerle saber que mi sentir no cambió en estos diez años…
Su teléfono cortó sus pensamientos. Era su padre. Casi lo había olvidado… su papá estaba preparando todo para ir de visita antes de navidad, en apenas un par de semanas llegaría.
—Hola papá ¿Cómo estás?
—Muy bien hijo ¿Cómo estás tú? —más que un saludo, era una pregunta de verdadera preocupación.
El segundo día después de la operación de Sakura, Ashura había llamado para preguntar sobre la salud de Ámber; grande fue su sorpresa al enterarse de lo ocurrido con la joven Kinomoto. Se había puesto muy feliz, pues siempre le guardó un especial cariño a la castaña. Más alegre se sintió al saber que su hijo había logrado al fin el propósito que tenía desde que empezó a estudiar medicina, salvando la vida de ella. Desde ese día no dejó de marcarle mínimo una vez diaria a su hijo. Le preocupaba cómo reaccionaría éste al darse el caso de que Sakura ya no lo ame, pues está enterado totalmente de los sentimientos de su hijo hacia la castaña y él más que nadie sabía el profundo daño que sufriría el rubio al no verse correspondido por, literalmente, el amor de su vida.
—Bien.
Esa respuesta no le gustó. No estaba bien del todo.
—¿Y Sakura?
—Está mejorando.
—Hijo… —sólo escuchó un pesado suspiro por parte del rubio.
—Las cosas no van como lo pensé… —se recargó en una pared y se dejó caer al piso sin importarle su bata blanca—. Estamos más distanciados que nunca.
—Tiempo al tiempo hijo. Entiende lo difícil que debe de ser todo esto para ella: sufrió un accidente muy grave y al mismo tiempo se encontró con alguien que le hizo mucho daño en el pasado.
—Papá…—reprochó.
—No lo niegues hijo, porque bien sabes que lo que ocurrió fue tu culpa —le regañó—. Si no hubieras hecho todas esas tonterías ahora mismo podrías estar felizmente casado y con familia. Eres mi hijo y te quiero demasiado, pero también hay que admitir que el que cometió el error fuiste tú. Además… Sakura ahora está sola y si el protegerla, implica alejarla de ti, lo haré hijo.
El rubio tragó en seco. Su padre hablaba en serio.
—Aún no puedo creer lo que les pasó a Fujitaka, Nadeshiko y Touya… es una pérdida muy grande y además Sakura se quedó sola, por eso no quiero saber que la haces llorar o yo mismo me encargaré de separarte de ella.
—Tranquilo papá —sudó frío—. No le haré ningún daño… ya cometí suficientes errores en el pasado y al parecer ella ya no siente lo mismo por mí.
—¿Te lo dijo acaso?
—No, pero…
—Entonces no des nada por perdido, atrévete a dar un gran paso y arriésgate a comprobarlo.
—Pero… ¿Cómo?
—Pues verás…
Ashura habló un buen rato más con su hijo, aconsejándole y dándole unas excelentes ideas, tan buenas, que el rubio recuperó su ánimo por completo.
Sonrió al viento y decidió cambiar su actitud. La maravillosa idea que le dio su padre podría cambiar su vida y la de Sakura.
¡Sí, lo haría!
Hoy es el día de cambiar las cosas. Basta de sufrir.
Caminó a paso seguro por los pasillos del hospital, notando en su camino que Ámber estaba ahora platicando con Henry. Rio un poco, de verdad que su hija no tiene remedio, habla hasta con las piedras.
Se detuvo un momento y desde la ventanita de la puerta le hizo señas a su hija para que saliera unos minutos.
—¿Qué pasó papi? —preguntó con su típica sonrisa tierna.
—Necesito platicar de algo muy importante cariño —la tomó de las dos manos y ahí en medio del pasillo le dio una noticia que la hizo saltar de emoción.
Después de haber hablado con su hija y de casi pedirle permiso para lo que estaba a punto de hacer, llegó a la habitación 419 y abrió la puerta en un movimiento lento pero decidido.
Sus ojos claros viajaron hacia la silueta que permanecía recostada sobre la cama. Al parecer le acababan de llevar su comida, pues tenía una mesita con sus alimentos sobre su cama. Lo extraño del asunto es que ella ni se percató de su presencia allí, pues permanecía con el ceño fruncido, con una mano sobre su pierna lastimada y la otra sosteniendo el tenedor con fuerza, casi rompiéndolo.
Por un momento el rubio olvidó el motivo por el cual estaba ahí y caminó sin delicadeza hasta llegar a su lado. Esto pareció sacarla de la especie de trance en el que estaba.
—¿Qué ocurre? ¿Duele mucho?
La castaña parpadeó un poco.
—No te oí entrar… —murmuró suavemente, sin relajar su posición.
—¿Duele? —repitió, analizando cada gesto y acción de ella.
—Sí —desvió la mirada e hizo a un lado su comida en un gesto de disgusto. Estaba enfadada.
—Entiendo que la comida del hospital es horrible, pero al menos la gelatina es buena —logró su objetivo: hacerla sonreír un poco—. Ya en serio ¿Qué ocurre?
—Me siento inútil al estar acostada tanto tiempo, necesito mi rutina, mi trabajo, mi casa… ya no quiero estar aquí —gruñó.
—¿Te sentirás mejor si te digo que mañana podrás salir del hospital? —murmuró despistadamente mientras le quitaba la gelatina de la bandeja y se la comía con total confianza.
—¿Qué? —exclamó atónita.
Él asintió enérgicamente.
—Con una condición.
—¿Cuál?
—Que vivas conmigo.
—¡¿Qué?!
—Sí —sonrió ampliamente, disfrazando el nerviosismo que le invadía tal proposición.
—Pero… —casi le tembló una ceja ante tal propuesta.
—De lo contrario tendrás que quedarte aquí un mes más —se cruzó de brazos—. Tú decides —se encogió de hombros.
—¡¿Ehhh?! ¿Y por qué tanto tiempo? —hizo un mohín.
—Porque si vienes a vivir a mi casa, tendrás atención médica las 24 horas del día, pero si vas a tu casa…—negó con la cabeza, manteniendo esa sonrisilla traviesa que le ayudaba a disfrazar el miedo a su rechazo.
—Mmm…—gruñó mientras lo meditaba un poco—. No puedo vivir contigo, bien lo sabes… —dijo en voz baja, obviando el pasado que ambos tuvieron.
—Sé a lo que te refieres, lo nuestro no funcionó, pero eso es muy aparte de lo que yo te estoy ofreciendo ahora. Quiero estar seguro de que te recuperarás al cien por ciento. Lo nuestro… lo nuestro es a parte…—frunció un poco el entrecejo y casi se muerde la lengua, pues sus acciones poseen un trasfondo, que rogaba al cielo Sakura no descubriera. Si ella acepta, sería como una nueva oportunidad para los dos. Lo había decidido ya: esta sería una oportunidad para reconquistarla, si ya lo hizo una vez, podría hacerlo de nuevo.
—¿Pero Ámber qué dirá de todo esto? A parte tengo mi departamento, mi trabajo, una vida… no puedo cambiar todo eso para ir a vivir contigo.
Ouch… lo dijo en un tono demasiado frío, algo nada propio de ella.
—Ámber ya se encariñó contigo. Tu departamento puede quedarse separado por un tiempo y en el trabajo pueden darte incapacidad, yo puedo ayudar en eso, para que no te rebajen ni un día de sueldo —respondió en contraataque, con una sonrisa ladina muy seguro de sí mismo. Esto hizo que la castaña se cruzara de brazos. Estaba por salirse con la suya.
—Pero…—lo miró a los ojos y no pudo más que congelarse al toparse con esos zafiros tan brillantes y profundos—. Pero… tú y yo… —balbuceó un poco.
—Tú y yo sólo somos amigos —dijo con seguridad—. Por ahora…—pensó traviesamente, pero con un semblante muy serio, como el de quien está por hacer un buen negocio—. Te prometo que estarás muy cómoda. Tengo una habitación de huéspedes en la planta baja, también un baño y todo lo que puedas necesitar —le guiñó un ojo —. Además… ya le dije a Ámber que vivirás con nosotros —se encogió de hombros mientras se terminaba lo último de la gelatina de uva.
—¿Y qué te dijo?
—Brincó de felicidad. Te ganaste su cariño muy rápido —soltó una pequeña risita.
Ante ese comentario la castaña sonrió enternecida y es que ella también se había encariñado mucho con la niña. Por unos momentos se perdió en sus pensamientos, pero una extraña, y a la vez agradable sensación la recorrió de pies a cabeza.
Alzó la mirada en busca de aquello que la hizo sentir así y no se sorprendió al descubrir que fue la intensa mirada de su antiguo amor, cuyos ojos la miraban fijamente, no miraba su cabello desordenado, tampoco su rostro cansado ni sus ojeras, no…, la miraba a ella y sólo él lograba hacerla sentir de ese modo.
—Vaya… tenía años de no sentir esto…—sonrió internamente—. Espera, no… no puedo sentir eso, no, no, no.
—¿Qué dices? —la sacó de su ensimismamiento, mirándola de igual manera.
—Acepto —dijo—. Espera... ¡¿Qué acabo de decir?! —casi se mordió la lengua.
—Excelente —casi brincó de felicidad, pero se contuvo al ver la expresión triste y desolada de la ojiverde—. ¿Qué…
—Te comiste mi gelatina… era lo único bueno de mi comida y te la terminaste… —suspiró, dramatizando.
El rubio se tensó por completo.
—Lo siento, te traeré otra —rio con ganas.
—¡No te burles!
—No lo hago —siguió riéndose. Finalmente terminó contagiada y ambos rieron juntos—. Por cierto… ¿Te gustaron mis galletas?
—¿Eh?
—Vi a Ámber tomando un montón de galletas y guardándolas en un recipiente esta mañana. Supuse que te las traería —se encogió de hombros sin borrar su sonrisilla—. Ella pensó que no me daría cuenta, pero hizo tanto ruido cuando se le cayó el recipiente al piso —sonrió divertido.
—Supusiste bien. Estaban deliciosas, aunque… ahora entiendo por qué algunas estaban partidas —rio un poco, mostrándose amigable con él—. Me platicó que todos los sábados cocinan juntos en la mañana.
—Sí, el sábado es nuestro día para pasarla juntos. Es cuando salimos a pasear.
—¿Y qué hacen aquí?
—Tuve que hacer algunas consultas y Ámber me acompañó, al parecer le gusta mucho venir al hospital.
—Ya veo… ¿ya terminaste tus consultas?
—Aún no, sólo me falta hacer una cosa.
—¿Qué es?
Como respuesta, el rubio caminó hacia un mueble donde guardaban material quirúrgico y sacó gasas, tijeras y antiséptico.
—¿Q-qué vas a hacer con eso?
—Retirar las puntadas de tu operación de corazón —alzó las tijeras, abriéndolas y cerrándolas, sin quitar una mueca psicópata de su rostro.
—¡Nooo!
El rubio rió ampliamente.
—Tranquila —quitó su cara chistosa—. No te dolerá nada, lo prometo —alzó su meñique y ambos se transportaron a viejos recuerdos. Eso fue más que suficiente para que ella confiara en él.
La puerta se abrió de pronto, ni siquiera tocaron antes de entrar.
—Lo siento, no sabía que estaba aquí, doctor —se disculpó la enfermera.
—No te preocupes Primera. Imagino que vienes a retirar las suturas —la otra asintió—. Yo lo haré, gracias.
La castaña parpadeó un tanto asombrada. Cuando entró la enfermera, Fye cambió su comportamiento de payaso a uno totalmente serio y profesional.
—En ese caso… me retiro —se dio media vuelta y salió, no sin antes dirigirle una mirada fulminante a la castaña.
—¿Qué fue eso? —pensó al sentir un escalofrío con la mirada de la enfermera llamada Primera.
OoOoOoOoOoOoO
—Uy ¿Por qué tan mal humor Primera? —inquirió una de sus compañeras cuando la vio llegar a la estación de enfermeras.
—El doctor Flowrigth estaba bromeando con la paciente del 419 ¡Él estaba bromeando! —se exaltó.
—Vaya, eso sí que es una novedad —se unió a la plática otra enfermera—. ¿Pero eso a ti en qué te afecta?
—Ay Sayaka, como si no supieras la fijación que tiene Primera con el doctor Flowright.
—Bueno, tienes razón —rio un poco y más al notar el sonrojo en Primera.
—Y es que quién no se enamora de alguien como él —suspiró.
—Basta Nakuru, deja de babear por él —la detuvo Primera.
—Lo haría si fuera tu novio, pero como no es así… —se encogió de hombros—. Seguiré suspirando por él y es que ¡Es tan guapo!
—Lo digo en serio, Nakuru. Él será mío y de mí te acordarás —le guiñó un ojo mientras acomodaba los expedientes.
—El está muy lejos de tu alcance, además debes recordar que él jamás se ha metido con alguna enfermera o doctora del hospital. Es muy serio y profesional en todo lo que hace.
—¡Exactamente Sayaka! Por eso mismo me sorprende mucho que esté tan contento, bromeando y jugando con la mosquita muerta del 419.
—Ha de ser amiga de la familia, pues todos estos días la pequeña Ámber ha estado visitándola —observó Nakuru.
—Esa mocosa siempre está visitando a los pacientes de su padre.
—Primera… ¿Cómo puedes hablar así de ella? Es sólo una niña.
La aludida rodó los ojos.
OoOoOoOoOoOoO
—¡Ámber! —le llamó al verla a lo lejos en el pasillo.
—¡Hola papi! ¿Ya hablaste con Sakura?
—Sí ¿Y qué crees que me dijo?
—¡Que sí! —le brillaron los ojitos, igual a su padre.
—¡Sí! Así que ahora mismo vamos a la casa a acoplar la habitación de huéspedes, porque mañana temprano la daré de alta.
OoOoOoOoOoOoOoO
—Adelante —dijo al escuchar que tocaban la puerta.
—Hola Sakura.
—¡Tomoyo! —se puso muy feliz de verla.
—¿Qué hacías? —preguntó con una sonrisa tranquila.
—Veía el atardecer, es hermoso —giró su vista hacia la enorme ventana de su habitación.
—Sí… es muy bello —suspiró como toda una adolescente enamorada.
La castaña enarcó una ceja y sonrió pícaramente.
—Tomoyo.
—¿Sí? —la miró a los ojos y su siempre tranquilo rostro se puso nervioso al notar esa miradita pícara.
—Te noto algo… diferente.
—¿Diferente?
—Sí, pareciera que irradias felicidad y… ¡Oh! ¡¿Qué es eso en tu cuello?!
—¡¿Qué?! —llevó su mano de inmediato ahí y pudo sentir la piel más caliente de lo normal. Eso le recordó el encuentro que tuvo con su esposo en el cuarto de descanso. Una oleada de calor abrumó su rostro—. Oh, esto… yo… eh… —desvió la mirada.
Sakura nunca había visto a su amiga titubear, inevitablemente soltó una risilla.
—Fue Kurogane ¿No es así?
Ahora sí, casi juraba que salía humo por sus orejas. Su amiga Sakura había cambiado, ya no se ponía tan nerviosa cuando hablaban de temas como ese y ahora era un poco más… fría. O al menos eso quería aparentar, pues Tomoyo la conoce como la palma de su mano, ambas siempre fueron más que amigas y segura está de que su amiga pasó por circunstancias más difíciles de las que le ha contado hasta ahora.
—Sí, fue él —se cubrió el rostro con ambas manos, sin borrar esa sonrisa tan amplia y pura de su rostro—. Si supieras lo que pasó —soltó una risilla traviesa y avergonzada, para después platicarle la anécdota de lo ocurrido.
—¡¿Fye los encontró en pleno acto?!
—¡Sí! Y fue tan vergonzoso. ¡Por Dios! Pensó que Kurogane me engañaba con alguien y hasta estuvo a punto de golpearlo.
La castaña soltó una enorme risotada, divertida de verdad.
—Hubieras visto su cara cuando descubrió que se trataba de mí. Bueno, aunque yo también me avergoncé mucho.
—¿Y qué dijo Kurogane?
—Ya sabes cómo es él —rodó los ojos con diversión—. Sólo gruñó, diciéndole que cerrara con llave antes de salir. ¡Ni siquiera se esperó a que saliera para seguir besándome! —se sintió abochornada, incluso Sakura estaba algo sonrojada.
El suave timbre del celular de Sakura las distrajo a las dos.
—Oh, discúlpame un momento —tomó el teléfono y abrió el mensaje. Al instante su rostro se iluminó con una linda sonrisa que Tomoyo tenía años de no ver.
—¿Se puede saber quién es el causante de esa sonrisa tan linda? —preguntó pícaramente.
Sakura sólo le mostró la pantalla de su teléfono celular.
Era una foto muy linda de ambos rubios, y al fondo se distinguía un poco una bonita habitación muy bien acomodada, con colores lindos como rosas y diferentes tonos de café.
Y al pie de la foto decía:
"Estamos preparando todo para tu llegada ;) –Fye" "¡Yo escogí los colores! Besos y abrazos. (Esa fue Ámber)"
La sonrisa en el rostro de Sakura parecía que no desaparecería en muchas horas. Lo que Tomoyo no sabía es que Sakura tenía años de no sentirse tan querida como ahora, y no se refería al amor pasional, sino al cariño y calor de una familia que te cuida y se preocupa por ti.
—¡Qué lindos! Pero… ¡Oh! No me digas que irás a vivir con ellos.
Sakura asintió y Tomoyo no pudo contener un gritillo de felicidad.
—¡Esto hay que celebrarlo! ¡Tú y Fye arreglaron sus diferencias! —tomó las manos de su amiga, muy feliz por ella hasta que… tuvo una extraña sensación, como que algo no encajaba bien ahí—. ¿O no?
La castaña suspiró.
—No hemos podido aclarar nada, y dudo que lo hagamos. Simplemente me invitó a vivir a su casa, bueno… más bien no me dio otra opción —rio un poco nerviosa—. Pero si dejamos muy en claro que sólo sería mientras me recupero, también me dijo que lo que tuvimos hace años no tiene nada que ver, pues él ahora sólo me quiere como amiga —se encogió de hombros—. Yo pienso igual, así que no veo el problema —desvió la mirada, como si estuviera inconforme y no quisiera admitirlo.
—Ya veo… —sonrió de lado. Tomoyo siempre había sido muy perspicaz y ahora más que nunca se daba cuenta de lo que pasaba entre esos dos, pero al parecer ellos eran los únicos que no se percataban, o tal vez eso le quería hacer creer Fye a Sakura—. Él siempre ha estado loquito por ella… y lo admite en todo momento siempre y cuando Ámber no esté presente, así que…—rio—. Eres un tramposo Fye— rio suavemente al darse cuenta de la trampa inocente que le tendió a su mejor amiga.
—¿De qué te ríes tanto, Tomoyo? —preguntó sospechosamente.
—No es nada, no me hagas caso —le restó importancia con un movimiento de su mano—. Mejor platícame todo aquello que quedó pendiente la última vez que hablamos. Vine con tiempo de sobra, así que… soy toda tuya.
—¿Estás segura? Es una historia muy larga, y tal vez… tal vez te sorprendas y decidas no hablarme más.
La amatista se quedó en silencio unos segundos. ¿Tan grave era el asunto?
—Sakura —tomó sus manos con cariño—. Escúchame bien: eres mi mejor amiga y sin importar lo que hayas hecho, lo que haya pasado en tu vida o lo que pienses ahora… seguirás siendo más que mi amiga, mi hermana—acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja, con cariño maternal.
—Bien…—contuvo sus ganas de llorar—. Eres la primera persona a quien le voy a contar todo esto… sólo alguien más lo sabe, pero es así porque él estuvo conmigo en esos momentos y me ayudó a salir adelante. Gracias a él ahora soy lo que soy… gracias a él ahora mismo no estoy muerta.
Tomoyo tuvo que prepararse para lo que venía, pues nunca se imaginó todo lo que Sakura le platicó en esas cuatro horas que estuvieron platicando. Empezó narrándole desde el momento en que decidió irse de Japón y todo para alejarse lo más posible de Fye. Le platicó sobre sus experiencias en cada país que visitó, hasta que llegó a la parte en que su familia muere en ese accidente aéreo, en cómo repercutió aquello en su vida, en todo lo que estuvo a punto de hacer y todas las veces que atentó contra su vida de una y mil maneras. Le platicó cómo logró salir del pozo en el que se encontraba y decidió empezar de nuevo. Definitivamente le abrió su corazón, desahogándose y exponiendo cada uno de sus sentimientos y pensamientos.
Al terminar la narración Tomoyo se encontraba ya sentada a un lado de ella en la cama, abrazándola consoladoramente mientras la otra lloraba sobre su hombro sin cesar. La dejó llorar todo lo que quisiera, era necesario que sacara todo ese acumulo de sentimientos que la volvían fría. Qué ironía ¿No?
Finalmente ambas terminaron dándose un fuerte abrazo, prometiendo que de ahora en adelante nunca se separarían, y que si alguna vez Sakura saliera del país, estarían comunicadas y al pendiente una de la otra.
El teléfono móvil sonó de nuevo, pero el timbre fue diferente en esta ocasión. Sakura se limpió las lágrimas y procedió a leer el mensaje.
Sonrió un poco ante el mensaje de texto:
"Pequeña, ya es media noche y no me has mandado el mensaje ¿Te encuentras bien? Recuerda que si necesitas algo tomaré el primer vuelo que encuentre a Londres."
Sin que Tomoyo se lo pidiera, la castaña le mostró la pantalla del teléfono, sólo estaba el mensaje y el remitente.
—Él es el hombre que cuidó de mí todo este tiempo.
Tomoyo leyó el mensaje y al final el remitente. No podía negarlo, si se llevó una gran sorpresa, pero a la vez no le extrañaba tanto que se tratara de él.
—Hicimos un trato…—se limpió los restos de lágrimas—. Desde que nos separamos me envía un mensaje todas las noches antes de irme a dormir, y yo le contesto diciéndole que me encuentro bien. Ésa fue su condición para dejarme venir sola a Londres, y a decir verdad se me hace muy tierno —sonrió—. Tenemos un acuerdo: yo le responderé su mensaje todas las noches para comprobarle que me encuentro bien, pero en caso de que no le responda, tomará el primer avión hacia donde quiera que me encuentre, pero esto sólo será hasta que yo encuentre a la persona con la que pasaré el resto de mi vida, alguien que pueda protegerme, incluso de mi misma…— susurró esto último, con una tristeza muy contagiosa.
—Y ahora que te irás a vivir con Fye… ¿Seguirás mandándole mensajes?
—Sí, aún no encuentro a la persona indicada —respondió de inmediato.
La amatista suspiró un poco y recordó todo lo que vivió su amiga. No pudo evitar estar completamente agradecida con el hombre que la ayudó en tanto, incluso había pensado en hablarle para agradecerle a su viejo amigo. Aunque aún seguía anonadada con todo lo que le contó Sakura sobre la relación tan apasionada que tuvo con él, de verdad que eso nunca se lo habría esperado, al menos no de parte de ella.
—Ay Sakura… —acarició su cabello con ternura maternal—. No dejaré que nada malo te ocurra de nuevo, incluso si Fye te llega a hacer algo, no dudes en llamarme, yo misma me haré cargo de él si es necesario —la abrazó y ambas volvieron a llorar un poco—. Te quiero mucho —la estrechó entre sus brazos.
—Yo también te quiero mucho, Tomoyo…
Continuará…
[N1]Es un dicho muy común en mi país: "Comiendo pan en frente de un pobre" Se refiere a que hacen lo que él quiere, pero no puede hacer.
Y bueno, lo prometido es deuda. Publiqué antes de la semana.
¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Espero que sí, me esforcé bastante :)
Sé que muchos se quedaron con duda en el capitulo anterior sobre quién era Ámber y creo que ya se aclararon aunque...Creo que les dejé más dudas que respuestas no? De quién creen que sea hija Ámber? Además de Fye, claro jijij Se sorprenderán!
Preguntas:
¿Quién es la mamá de Ámber?
¿Por qué Fye no quiere hablar sobre ello?
¿Quién llamó a Sakura y por qué siempre están en comunicación?
¿Qué pasará de ahora en adelante si Sakura se va a vivir con Fye?
Y la más importante de la historia... ¿Qué fue lo que le confesó Sakura a Tomoyo?
¡REVIEWS!:
Hola chicos, muchísimas gracias por seguir esta historia y también por animarme tanto a seguir con sus comentarios, cada review es un empujoncito que me dan para seguir escribiendo, pues entre tantos exámenes, clínicas y tareas, me queda poco tiempo para esto, pero gracias a sus ánimos he podido seguir.
J.A.R.P.22 : Espero no haberte dejado con más dudas que respuestas haha, pero si ese es el caso no te preocupes, en unos cuantos capis se irán revelando cosas muy importantes.
Angie The Killer: hahahaha ay Angie, tus reviews siempre me sacan una sonrisa, igual que con "Mi mejor amiga" haha. te daré una pista: Ámber es hija de una chica muy querida que sale en "Amor Inesperado" jiji y nooo, no se rellena el brasier con papel, aunque... tal vez lo haga en Amor Inesperado e.e (Ya después entenderás la razón) jaja
Tristemente Ámber No es hija de Sakura :(
Y siiii Amo que Fye esté al borde de la locura Muajajaaj. *Risa muy macabra*
Y sí... HABRÁ MUCHO SHAORANXSAKURA
20/03/2015
10:00 p.m.
