We Meet Again

By Tsuki No Hana

IV

"La verdad detrás del tiempo"

Miró por sobre su hombro, hacia la ventana de su cuarto y vio el hermoso cielo nocturno bañado de brillantes estrellas. Soltó un suspiro y pensó en su día.

El haberse desahogado con su mejor amiga fue una excelente idea; ya había olvidado lo que era hablar con la persona a quien más confianza le tenía.

Aún así se le dificultó un poco poder conciliar el sueño, pues las palabras de Tomoyo retumbaban en su mente, haciendo eco y obligándola a abrir los ojos a la verdad.

Ella le había dicho que…

"Si piensas ir en serio con Fye, tendrás que decirle todo lo que me acabas de platicar. Él merece saberlo y además… es necesario para que te entienda"

Negó rotundamente con la cabeza, Fye no podía enterarse de nada, absolutamente NADA de lo que vivió en esos diez años. Si lo hacía, tal vez él jamás volvería a dirigirle la palabra.

De todas formas no planeaba vincularse con él más de lo necesario, incluso él mismo se lo había dejado muy claro: Lo sentimientos que experimentaron hace diez años no tenían nada que ver ahora.

Sintió que algo pesado caía a su estómago y un escalofrío la recorrió de pies a cabeza al pensar que mañana saldría del hospital y se iría a vivir con Fye. ¡Por Dios! Ni siquiera cuando eran novios habían vivido juntos y ahora… ahora lo harían. Pero no. Debía aclarar sus pensamientos, entre ellos no podría existir nada, nunca, jamás.

—No puedo sentir nada por él…—susurró en medio de la noche.

Por su mente cruzaron todos los momentos y dificultades que vivió durante estos diez años, logrando así, quitarse cualquier emoción al pensar en lo que ocurriría el día de mañana. Y no es que no quisiera sentir nada por el rubio, sino que simplemente ya no sentía absolutamente nada por él, aunque así lo deseara, ya no podía… ya no…

Aún con todo eso en su mente, y acostumbrada a hacerlo siempre, intentó darse la vuelta en la cama para dormir de costado, pero…

Un increíble y punzante dolor la atacó en su pierna derecha. ¡Por Dios! Sí que dolía.

—¡Maldición! —gruñó un poco fuerte, molesta de nuevo por todo lo que le ocurrió en estos días. ¡Aún no podía creer que le haya pasado eso precisamente a ella!

Un par de golpecitos se escucharon en la puerta de su habitación. La castaña parpadeó confundida. ¿Visitas a las 2 de la mañana?

—Buenas noches señorita Kinomoto ¿Se le ofrece algo? —una enfermera uniformada se asomó por la puerta, sonriente y muy despierta a pesar de la hora.

La cara se le puso de mil colores a la ojiverde.

—¿M-me escuchó?

La otra asintió.

—¡Lo siento! Lo que pasa es que no puedo dormir, además me molesta mucho la pierna.

La enfermera, carismática y dulce, caminó hasta llegar al monitor que regulaba las dosis de sus medicamentos intravenosos. No dijo nada, simplemente presionó unos botones e inyectó algo extraño en una de las tantas bolsas que colgaban bocabajo.

—Esto será suficiente para que pueda descansar toda la noche sin molestias.

—Muchas gracias.

—Mi nombre es Camile, si necesita algo no dude en llamarme —señaló un botón en la baranda de la cama—. El doctor Flowrigth solicitó que estuviera a su cuidado toda la noche —sonrió con mucha dulzura y amabilidad.

Sakura sonrió. La joven enfermera le transmitió mucha confianza de inmediato, parecía buena persona, además de tenerle afecto a Fye, pues pronunció su nombre con emoción.

—Muchas… gracias…—dijo con una suave y dopada sonrisa, poco a poco fue cerrando sus ojos hasta que los fármacos la llevaron a dar un paseo dentro del mundo de los sueños, rememorándole momentos que había creído olvidados desde hace mucho tiempo…

Un día cualquiera, hace 20 años…

—¿A dónde vamos Fye? —soltó una risita traviesa, siendo aún arrastrada de la mano por el rubio, quien daba vuelta en un pasillo, luego otro, subía escaleras y pasaba por cuartos extraños de la primaria, sin soltarla en ningún momento.

—Es una sorpresa —respondió sin siquiera voltear, pues parecía más preocupado por llegar a tiempo a cierto lugar.

La risita cantarina de la castaña resonó en todo el pasillo, vacío a las seis de la tarde de ese día de primavera. Ella no podía verle el rostro, pues la jalaba de un lado a otro, caminando de prisa y sin mirar atrás.

Ciertamente ese niño se había vuelto un gran amigo suyo desde el día en que se conocieron a mitad del recreo, pero nunca se esperó llevarse tan bien con él y su gemelo, los dos son unos niños muy divertidos a pesar de su apariencia tan seria, en especial Fye, pues siempre resultaba ser muy ocurrente y bromista.

—Nos van a regañar si nos encuentran aquí —murmuró con la respiración acelerada por la carrera, al fin el rubio se había detenido, pero ella no terminaba de entender lo que quería mostrarle, pues antes de la hora de salida, le dejó un recado en su locker, citándola en la puerta principal a las seis de la tarde.

—¡Es por aquí! —reanudó la carrera, ignorando lo que le había advertido.

Ella ya no se resistió más y terminó cediendo, esperando y siguiéndolo pacientemente hasta que…

—Llegamos.

Al fin se detuvieron frente a una puerta, después de haber subido cientos de escalones. Y ahí fue donde vio el rostro de su amigo por primera vez en un buen rato… se veía muy nervioso ¿Por qué sería?

La puerta frente a ella se abrió entonces, en un movimiento lento, pero decidido.

—¿Esto es… la terraza de la escuela? —se animó a preguntar, aún sabiendo la respuesta.

—No sólo eso… —extendió su bracito en un gesto galante, indicándole que pasara ella primero—… también es la terraza del edificio más alto de la primaria —afirmó emocionado.

El trinar de algunas aves de canto y el leve murmullo de las hojas de los árboles al moverse, eran lo único que se escuchaba a los alrededores.

—¡Es hermoso! —se emocionó cuando vio el atardecer a lo lejos—. ¿Por qué no habíamos venido aquí antes? ¿No me digas que este es el lugar en donde siempre te escondías en los recreos? —preguntó rápidamente, sorprendida y muy divertida.

—Es un lugar muy especial para mí y no se lo enseño a cualquiera. Y sí, aquí vengo siempre que estoy aburrido o cuando no quiero hablar con nadie —respondió a cada pregunta.

—¿También cuando no quieres hablar conmigo? —preguntó con un atisbo de tristeza.

—¡N-no! Contigo yo siempre quiero hablar. Me gusta muchísimo platicar contigo en los recreos y…—su rostro se ruborizó por completo al ser consciente de lo que decía y la enorme sonrisa asomándose en los labios de su amiguita—… ejem… bueno, yo… —se rascó la nuca, avergonzado por su arrebato de sinceridad, pero su cuerpo se congeló al sentir que su amiga lo tomaba de la mano libre y le sonreía de una manera muy tierna.

—Me hace muy feliz saber eso, que te gusta platicar conmigo —sonrió más ampliamente, haciendo que el sonrojo en su amigo aumentara, al igual que sus nervios.

—Sí… —desvió la mirada, muy apenado y sin saber qué hacer ahora—. Vamos… no pierdas el valor —se decía a sí mismo.

—¿Y para qué vinimos aquí? —soltó su mano y caminó a los alrededores, disfrutando de la hermosa vista que le ofrecía ese décimo piso.

El niño no dijo nada, sólo apuntó con su manita hacia un lugar a unos metros de ellos.

Había preparado un "pic nic" para los dos. Sakura se llevó una enorme sorpresa, y muy feliz aceptó merendar con su amigo, aunque aún no entendía el motivo de todo eso, hasta que…

El sol estaba dando sus últimos rayos cuando Fye al fin tuvo el valor de hacer lo que se había propuesto casi desde que conoció a esa despistada niña castaña y ojiverde.

—Sakura yo… yo quería decirte que yo… —se petrificó cuando esos hermosos ojos verdes se posaron sobre los suyos, mirándolo con curiosidad—. Yo… —las manos le sudaban, su corazón tenía taquicardia y su voz… bueno, ya había empezado a tartamudear por los nervios.

—Sí, dime.

—Yo quería saber si tú… ¿¡Te vas a acabar eso!? —señaló el último bocadillo en el plato.

—No ¿Lo quieres? —se lo ofreció sonriente.

—Sí… ¡No! —gritó, frustrado por su intento fallido.

—¿Entonces? —ella ya no entendía.

El pequeño sólo sintió cómo su corazón se le quería salir del pecho. No pensó que sería tan difícil decirle que la quería.

—Rayos… —sin previo aviso se puso de pie y caminó hasta la baranda de la terraza, dándole la espalda a su amiga, cuya carita estaba adornada por la más pura expresión de la confusión. No esperó ni un segundo para seguirlo.

—¿Está todo bien, Fye? —se paró a su lado, tratando de verle el rostro.

—Yo quería decirte algo importante, pero no sé cómo hacerlo —confesó al fin, muy apenado.

—Pues sólo dilo —sonrió ampliamente mientras se encogía de hombros.

—Tienes razón… —suspiró y luego llenó sus pulmones de aire—. ¡Quiero que seas mi novia! —soltó de golpe.

—¡¿Qué?! —retrocedió un paso.

—¡Sí! —se sonrojó hasta las orejas, al igual que su amiga, luego se dio cuenta de su error—. ¡Pero no ahorita! Aún es tamos muy pequeños, por eso quiero pedirte que seas mi novia cuando seamos mayores, cuando yo sea más alto que tú y tenga auto y dinero para salir a pasear juntos. Pero quería que supieras que tú me gustas mucho y que serás mi novia, después nos casaremos y estaremos juntos por siempre —exclamó rápidamente y con mucha seguridad a pesar de su carita completamente roja.

La castaña aún estaba perpleja. Nunca se habría esperado aquello. ¿Ella? ¿Gustarle a Fye? Increíble…

—¿Qué dices? —preguntó nervioso, dando un paso al frente para quedar más cerca de ella.

—Yo…—bajó su carita y miró sus zapatos, pensando y analizando sus sentimientos—. No lo sé, yo… ¡Fye, so-sólo tenemos diez años! —trastabilló, completamente nerviosa, pero cuando alzó la mirada no tuvo tiempo de pensar, pues de un segundo a otro Fye ya estaba sobre sus labios. Una extraña chispa se hizo presente justo cuando sus labios se unieron. El contacto no duró más de dos segundos, pero fue suficiente para que su corazón se detuviera y latiera a mil por segundo ¿Cómo era posible aquello?

Parpadeó repetidamente, aun sintiendo un leve cosquilleo donde momentos antes habían estado los labios de su amigo.

Alzó la mirada hasta toparse con el rostro de Fye tan rojo como nunca y con sus ojazos azules inundados en un brillo muy especial.

Ambos se llevaron una mano a los labios, sorprendidos aún por esa extraña chispa, fue como un leve y suave choque de electricidad. Además… había sido el primer beso de ambos.

—Lo sé, somos pequeños y… —desvió la mirada—…no nos permitirán ser novios aún, así que te pido por favor que me esperes. Cuando seamos un poco mayores, nadie podrá impedir que estemos juntos.

La ojiverde asintió en silencio, aún con los ojos enormemente abiertos y con una mano sobre sus labios. Estaba en shock.

—Di algo, por favor —se avergonzó aún más ante su silencio.

—Yo te esperaré…—murmuró muy quedito, pero lo suficientemente alto como para que el rubio la escuchara. Fue lo único que necesitó para que una enorme sonrisa adornara el rostro del pequeño ojiazul.

—¿Entonces tú también me quieres? —preguntó con su dulce vocecita infantil, asombrado y aún algo inquieto.

—Sí —asintió con un leve movimiento de cabeza. Sus mejillas continuaban arreboladas y esto sólo la hacía más hermosa ante los ojos del rubio, quien no se contuvo más y la abrazó con mucha felicidad.

—¡Con que aquí estaban!

Una voz grave y muy conocida por ambos, los hizo saltar de su lugar.

—Touya… —murmuraron los dos con un tono lleno de terror.

Tiempo presente…

PoV of Sakura.

Me di cuenta que era un sueño cuando el insistente repiqueteo del monitor de signos vitales me trajo de nuevo a la realidad. No terminaba de acostumbrarme a ese molesto sonido, lo que ahora me recordaba algo… el efecto de los sedantes ya se había desvanecido. Gruñí hastiada, sin querer abrir los ojos. No sentí que hubiera mucha luz en la habitación así que aún no ha de haber amanecido. Me dispuse a intentar dormir de nuevo, quien sabe… suerte y tenía un sueño parecido. Sonreí y me acomodé lo mejor que pude.

—Parece que tuviste un lindo sueño —susurró una suave voz, muy cerca de mí.

Abrí los ojos de golpe y mi respiración se aceleró notablemente.

—Lo siento, no quería asustarte —soltó una suave y melodiosa risita.

Y yo seguía tratando de regular mi ritmo cardiaco. Lo miré y parecía tan tranquilo y muy cómodo por cierto, sentado al lado de mi cama, con el mentón sobre la palma de su mano y el codo apoyado en la mesita de noche.

—Pues lo has hecho…—suspiré, aún con una mano sobre mi pecho.

—¿Qué soñabas?

Ignoró a propósito mi reclamo y mi molestia. Seguía siendo el mismo. Pero no por eso le diría lo que en verdad soñé.

—Ya lo olvidé —desvié la mirada. Gran error, así él siempre sabía cuando yo mentía.

—Está bien, no insistiré —se encogió de hombros y se puso de pie hasta llegar a la ventana. Yo parpadeé confundida. ¿De cuándo acá se da por vencido tan fácil? Lo noté un poco triste y no entendí la razón.

—¿Estás lista para ir a casa? —me miró desde su lugar y me sonrió con suavidad. Y hasta ese momento fui consciente nuevamente de mi situación. No pude evitar suspirar, tenía miedo de irme a vivir con él, no podía evitarlo.

—Sí.

Él sonrió y volvió su mirada hacia el paisaje de la ciudad por la ventana. Lo miré discretamente de arriba abajo. Estaba vestido con su bata blanca de siempre, pero… ¿Venía en jeans y camiseta? Aún así, se ve muy bien. Después reparé en algo que había cambiado drásticamente en su rostro. Me tallé bien los ojos y lo miré fijamente.

¡Se había quitado la barba!

¡Por Dios! Ahora sí estaba idéntico que hace diez años, sólo que más maduro y más hombre. Algo en mi interior se encendió cuando se giró lentamente para verme. Al parecer notó mi intensa mirada, pues sus mejillas se tornaron rosadas, fue muy apenas visible, pero lo noté. Me sonrió y dijo:

—¿Por qué me miras así? —preguntó con suavidad.

—¿Eh? ¡Oh! Nada —desvié los ojos, avergonzada por completo.

—¿Me veo muy raro? —preguntó con diversión.

—Te vez muy bien —me atreví a ser sincera—. Bueno, cualquiera de los dos estilos te va muy bien —me rasqué la mejilla, nerviosa—. Pero te vez más joven así —no me atreví a mirarlo a los ojos, hasta que… su risilla me obligó a verlo: caminaba lentamente hacia la puerta de salida.

—En un par de horas te daré de alta e iremos a casa. Tengo que atender unos asuntos antes, así que nos vemos más tarde.

—¿Todo en orden? —lo detuve antes de que saliera por completo. Él se regresó y me miró extrañado.

—Sí… —sonrió huecamente y se fue.

Me quedé sola y con un extraño sabor de boca. Esto no me gusta… esas sonrisas son un indicio de que algo no anda bien.

Bostezo con algo de fuerza y reviso la hora en mi teléfono celular. ¡Son las 5:30 de la mañana! Por eso tengo tanto sueño y también por esa razón aún está muy oscura la ciudad. Ni siquiera había amanecido aún.

Entonces… ¿Desde qué hora habrá estado a mi lado? Y lo más importante… ¿Qué hacía en mi habitación viéndome dormir?

PoV of Fye.

Salí de la habitación de Sakura y deambulé por los pasillos desiertos del hospital. Las pocas enfermeras que pasaban por ahí me miraban con una extraña expresión, seguro se debía a mi vestimenta, pues no suelo andar con jeans y camiseta en el hospital. ¿Cuál era la razón? Simple: recibí una llamada a las tres de la mañana, diciendo que mi pequeño paciente Harry no soportaría una semana más. Salí corriendo al hospital e hice lo que pude para que estuviera en el primer lugar de la lista de trasplantes, pero aún así era muy probable que ese corazón tardara más de una semana en llegar…

Es horrible la impotencia que se siente tener todos los conocimientos esenciales para salvar una vida y no poder hacer nada al respecto.

—¡Dr. Flowrigth!

Me detengo al escuchar que la dulce Camille me llama.

—¿Ocurrió algo con Harry?

—No, él se encuentra bien, su madre y la señora Tomoyo están con él. En realidad le hablé porque estoy preocupada por usted, no ha dormido mucho en estos días y ahora con la noticia sobre el pequeño… bueno, quería decirle que por qué mejor no se va a descansar y yo me encargo de cuidar al niño, y si llegara suceder algo lo llamo de inmediato.

—Camile… siempre tan bondadosa, pero no te preocupes, me quedaré aquí hasta que note algún cambio en él. No puedo irme aún.

No puedo negar que me llenó de ternura su preocupación por mí y por Harry, pero no podía aprovecharme de eso, la pobre tampoco había podido descansar en toda la noche porque la dejé a cargo de Sakura.

—Será mejor que vayas tú a descansar, sé que cuidaste muy bien de Sakura y te lo agradezco mucho —le sonreí—. Nos vemos mañana —di media vuelta y seguí mi camino a quien sabe dónde. Necesitaba despejar un poco mi mente, así que sin pensarlo llegué a la terraza que tanto me gustaba.

A penas puse un pie fuera, el frío me recibió como de costumbre, acariciando todo mi cuerpo y congelando mis manos, mejillas y nariz. Ni siquiera me había molestado en ponerme un abrigo. Para ser sinceros, el frío congelante es algo que yo disfruto mucho. Amo sentir como el aire helado se cuela entre mi ropa y me hace sentir vivo. Para algunos mi actitud puede parecer masoquista, pero en realidad es un recordatorio de que estoy aquí, vivo, y no me puedo ir de este mundo sin antes cumplir mis metas; una de ellas la cumplí al curar el corazón de ella, la otra… aún me falta mucho tiempo para cumplirla…

Avancé un par de pasos hasta apoyarme en la baranda que me separaba del abismo de sesenta metros. Me encontraba en el piso veinte del edificio y una caída de aquí sería muerte segura para cualquiera.

Solté un pesado suspiro y una nube de vapor se formó ante mi nariz. Sonreí. Cómo amo el invierno. Estamos a sólo cuatro días de noche buena, y mi padre seguro llega mañana de Estados Unidos. Vuelvo a suspirar… cómo me gustaría que estuviese ahora aquí conmigo, hoy 20 de diciembre, un día tan difícil para ambos…

Salgo de mi ensimismamiento cuando el bolsillo izquierdo de mi bata comienza a vibrar con insistencia. Saqué mi teléfono y vi que se trataba de mi padre. Sonreí y contesté.

—Hola hijo.

—¿Cómo estás?

—Bien, sólo hablo para decirte que mañana llegaré a Londres, tal vez llegue antes del amanecer, así que no te preocupes por pasar por mí al aeropuerto, de todas formas me sé muy bien al camino a tu casa.

—¿Estás seguro?

—Sí, ya te desvelas lo suficiente en el trabajo como para que ahora venga yo a quitarte esta oportunidad de descansar. Por cierto… ¿Ya le dijiste a Sakura que estarás de vacaciones esta semana?

—Aún no, y es que… no estoy seguro si tendré vacaciones. Y ahora que lo recuerdo… tampoco le he dicho que vendrás de visita —no pude evitar soltar una risilla.

—Andas muy despistado hijo mío —también rio—. Pero dime ¿Por qué no tendrás vacaciones?

—Se trata de Harry… está muy mal —se me hizo un nudo de sentimientos en la boca del estómago.

—Oh, ya recuerdo… ¿No han encontrado un corazón?

—No…

Ambos guardamos silencio unos momentos. Mi padre sabe muy bien del cariño que le tengo a ese niño y ha de saber también que me está doliendo mucho por lo que está pasando.

Escuché que suspiraba al otro lado de la línea.

—Imagino lo que has de estar pasando, y más hoy…

—Ni lo menciones —ahora se me hizo un nudo en la garganta.

—¿Estarás bien este día?

—Sí —tragué en seco, como si así el nudo se desapareciera—. Y no importa que día sea, siempre los recuerdo y lamento su partida. No hay día en que no piense en ellos…

—Lo sé, yo también… Pero mira el lado bueno del asunto —dijo de pronto, con un tono extrañamente alegre—. ¡Te reencontraste con Sakura! Y lo mejor de todo es que ¡Hoy se irá a vivir a tu casa!

—Sí…

—No pareces muy feliz.

—No es eso —gruñí un poco—. Sakura vivirá conmigo, sí, pero no porque haya nacido de ella, sino porque no le di otra opción.

—Eso no importa —casi pude imaginar su sonrisa ladina y suspicaz—. Aceptó ir a tu casa ye so ya es ganancia. Lo demás se irá dando con el tiempo. De todas formas esta semana que estaré con ustedes aprovecharé para tantear el terreno. Necesitas que alguien externo te dé su opinión sobre las circunstancias.

Mi padre tenía razón.

Después de que mi ánimo se aumentara un poco gracias a las palabras de mi padre, me dirigí a paso apresurado a la habitación de Sakura. Ya la había dado de alta, aunque fue algo difícil convencer a Kurogane, pues él no quería dejarla salir aún del hospital, pero finalmente aceptó porque Sakura prometió ser muy cuidadosa y seguir el tratamiento al pie de la letra.

Cuando llegué a mi destino me topé con mi amigo vendando la pierna de nuestra paciente, necesitaba prepararla muy bien para soportar el camino a casa, pues el movimiento en auto y al bajarla tal vez le molestaría mucho.

—Buenos días, veo que hoy te dignaste a levantarte temprano —me molestó él con toda la intención. Yo sólo le fruncí el ceño y le saqué la lengua.

Lo que nunca nos esperamos ninguno de los dos, fue que Sakura rompiera en carcajadas. Mi amigo y yo nos miramos mutuamente sin entender qué le causaba tanta gracia.

Yo caminé hasta ella y comprobé su temperatura y sus signos vitales.

—¿Será el medicamento? —pregunté en voz baja, más para mí que para ellos. Ahí fue cuando ella dejó de reírse.

—No seas tonto —rio de nuevo—. Estoy bien, lo que pasa es que no pensé que siguieras haciendo eso —sacó la lengua, imitándome. Y yo no pude evitarlo, los colores se me subieron hasta las orejas.

—Eso es lo que pasa cuando convives día y noche con una pequeña niña traviesa —rio el moreno, terminando de vendar la pierna de ella.

—A decir verdad sí… —tuve que aceptar—. Pero no lo cambio por nada.

De pronto sentí la mirada de Sakura. La encontré mirándome con un sentimiento indescifrable en sus ojos verdes. Era la segunda vez en el día en que ocurría eso. Quise preguntar la razón, pero Kurogane se me adelantó.

—¿Estás segura de que te quieres ir a vivir con este tipo? Porque si cambias de opinión… Tomoyo y yo te recibiríamos con gusto en nuestra casa.

Los ojos de Sakura brillaron, y por un momento temí a que cambiara de opinión y aceptara irse con ellos.

—Muchas gracias Kurogane, pero Fye y Ámber amablemente ya prepararon todo para mi llegada.

—De acuerdo, pero si cambias de opinión no dudes en decírnoslo, Tomoyo se pondría muy feliz.

—Gracias —sonrió y yo no pude más que llenarme de celos.

Kurogane me miró unos segundo y… ¡Se rio! ¡Lo hacía a propósito para molestarme! No pude hacer más que fruncir mi ceño y cruzarme de brazos, sé que parece muy infantil, pero no puedo evitarlo.

—Bien… Sakura está lista para irse. Sólo no debes quitarte las vendas en ningún momento más que para bañarte y para las curaciones diarias. Tendrás que seguir tu medicación al pie de la letra y también debes venir una vez por semana para tomarte radiografías y ver el avance. Y… bueno, creo que lo que te diga está de más, después de todo tendrás a un médico a tu lado las veinticuatro horas del día.

No pude evitar sonreír ampliamente al pensar en ello. Pasaríamos más tiempo juntos que cuando éramos jóvenes.

—Estarás muy bien cuidada.

Dijo mi amigo finalmente, sin burla ni bromas.

Sakura no dijo nada, sólo asintió con una tímida sonrisa.

El tiempo de irnos llegó, sólo faltaba que Sakura se cambiara de ropa, pero… oh problema, la ropa con la que llegó al hospital hace más de una semana, ahora estaba llena de sangre e inservible.

Tuvimos que esperar a que Tomoyo llegara con algo de ropa para su amiga, también la ayudó a cambiarse. Estábamos listos para irnos cuando de repente sucedió algo inesperado…

—¡Doctor Flowrigth, acaba de ocurrir una emergencia! —exclamó. Estaba muy agitada.

—¿Con Harry?

—Es su madre.

No lo pensé dos veces para salir disparado, detrás de camile, quien me explicó en el camino que la madre de Harry había cometido una locura dentro de su desesperación por no encontrar un corazón compatible para su hijo. No podía creer lo que me decía, sino hasta que llegamos a la cafetería.

—¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco…!

Un médico la atendía, dándole RCP. No me tardé en arrodillarme a su lado en el piso y ayudarlo a continuar con la maniobra.

Camille me había explicado que se encontró a la señora en la cafetería. Estaba sentada en la mesa pegada a la pared, recargada contra ésta. Al reconocerla se acercó a ella para preguntarle si se le ofrecía algo, pero nunca contestó… ahí fue donde se dio cuenta de que a pesar de tener los ojos abiertos, la vida ya se había escapado de su cuerpo…

Y era verdad, pues a mi lado, en el piso, rodaba el frasco vacío del medicamento que paró su corazón; junto a él yacía una nota que decía: "Denle mi corazón a Harry y díganle que lo amo con toda mi alma… Doctor Flowrigth, Doctor y señora Ichihara, gracias por todo, sé que ustedes cuidarán bien de mi pequeño"

Mi corazón se hizo pequeño al leer esto… ella no podía morir ¡No podía!

—Déjalo ya Flowrigth… no hay nada más que hacer, el medicamento que ingirió es muy potente.

—¡No! ¡No puede morir! —seguí haciendo compresiones, no desistiría. Harry necesitaba a su madre.

Sentí una mano en mi hombro. Alcé la mirada y me topé con los ojos rubíes de mi jefa.

—Déjala ir, era su deseo hacerlo así que no desaprovechemos la oportunidad y llevémosla a quirófano cuanto antes, también a Harry. Hay que hacer el trasplante ahora.

Finalmente desistí, pero me quedé unos segundos más arrodillado al lado de esa señora tan amable, cuyo único propósito en la vida era mantener la de su hijo… no pudo más que ganarse toda mi admiración. Esa mujer sí que tenía valor y coraje, pero no pensó en algo muy importante ¿Qué haría su pequeño sin ella? Era la única persona que le quedaba en el mundo y si esto era así, entonces… Harry terminaría en un orfanato.

Quité esos pensamientos de mi mente, ya después pensaría en ello, lo importante ahora era llevarla a quirófano cuanto antes para hacer el trasplante.

PoV of Sakura

Me quedé muy preocupada cuando Camille entró a la habitación tan agitada ¿Qué le habrá pasado a la madre de Harry?

Kurogane salió momentos después que Fye, dijo que iría a averiguar lo ocurrido, pero ya habían pasado tres horas y ninguno de los dos volvía. Finalmente Tomoyo salió a preguntar por su esposo y por el rubio, pero ninguna enfermera supo decirles su paradero, hasta que Camille llegó a mi habitación. Fye la había mandado para que nos explicara el motivo de su retraso. No pude más que horrorizarme con la narración de los hechos. La pobre de Camille estaba muy consternada, pronto Tomoyo y yo estábamos igual. Nos dijo que tal vez tardaría un par de horas más, pues la cirugía se complicó mucho. A decir verdad no me importaba cuánto se tardase, sólo quería que ese pequeño saliera bien de la operación… no lo conozco, pero me identifico con él.

—¿Te encuentras bien, Sakura? —la voz de mi mejor amiga me trajo de nuevo a la realidad. Yo sólo asentí en muda respuesta y miré a Camile, quien nos había preguntado ya hace varias horas si nos molestaba su presencia allí, pues no quería salir y toparse con malas noticias.

Al parecer muchos en el hospital conocían al pequeño Harry y a su madre. Y todos por igual les tenían un gran cariño.

—¿Y tú, Camile? —pregunté yo. La joven enfermera dio un saltito en su lugar, parecía haber estado muy inmersa en sus pensamientos, hasta ahora.

—Estoy bien —trató de sonreír, pero sus ojos rojos e hinchados no le ayudaban en lo absoluto.

Mi amiga se puso de pie y caminó hacia el sitio de Camile. La abrazó con mucho cariño y le dijo que no se preocupara más, que Harry estaba en buenas manos y todo saldría bien.

Pude notar cómo la enfermera correspondía el abrazo y sonreía un poco reconfortada. Yo realmente no la conozco lo suficiente, pero con lo poco que la he tratado, sé de antemano que es muy buena chica y de buenos sentimientos. Siempre ha sido muy amable conmigo y ahora veo que mi mejor amiga y ella se conocen ya de mucho tiempo, incluso se ve que son buenas amigas.

El sonido de la puerta abriéndose nos alertó a las tres.

—La operación fue un éxito.

—¡Kurogane! ¿Entraste a la cirugía? —preguntó mi amiga, extrañada al verlo con bata y gorro de quirófano.

—Sólo entré a asistirlo, temí que se quedara en shock debido a que se trataba de alguien importante para él.

—Pero qué dices —reclamó—. Él nunca se amedrenta frente a una emergencia como esa.

—Créeme que sí, yo sé lo que te digo…—aseguró con completa seriedad mientras me miraba fijamente. ¿Qué habrá querido decir? Miré a mi amiga y noté que parecía recordar algo.

—¿Y cómo está Harry? —preguntó Camille, llorosa y angustiada.

—Fye está suturando y en unos momentos lo pasarán a recuperación.

—¡Iré a cuidar de él!

—Alto ahí —se interpuso en la puerta antes de que ella pudiera salir disparada a ver al niño—. Tu jefe me dijo que te fueras a casa. Ya rebasaste tu límite de horas, necesitas descansar un poco.

—¡Pero…!

—Nada de "peros", ya sabes cómo es él y de todas formas terminará mandándote a casa.

La aludida pareció rendirse ante ese argumento.

—Al menos déjame verlo antes de irme.

—De acuerdo, pero quédate aquí, yo te avisaré cuando lo pasen a recuperación.

Diciéndole esto, la joven enfermera se tranquilizó un poco y esperó pacientemente a que Kurogane volviera. Durante todo ese rato las tres permanecimos en silencio.

—Quieres mucho a Harry ¿No es así? —me animé a preguntar.

Ella alzó su mirada enrojecida y asintió con una sonrisa.

—Lo conozco desde la primera vez que visitó este hospital, recuerdo que apenas había cumplido los cinco años, y desde entonces yo siempre fui su enfermera de cabecera —sonrió con una tierna nostalgia—. Es un niño muy bueno, nunca le dio problemas a su madre y rápidamente se ganó el cariño de todos en este hospital. De inmediato lo adoptamos como parte de la familia, además de que prácticamente vivía aquí debido a su enfermedad. Pero ahora que su madre no está… —ahogó un sollozo—. No sé qué va a ser de él…

La miré con mucha tristeza, pero luego un ruido me hizo voltear hacia mi amiga y me sorprendí al ver que estaba igual que Camille, ambas lloraban con mucho sentimiento. No pude evitar contagiarme a pesar de no conocer al pequeño ni a su madre.

Más tarde llegó Kurogane y se llevó a la joven enfermera para que viera al niño. Luego de eso no volví a verla.

—Siento la tardanza… —fue lo primero que dijo al abrir y cerrar la puerta de mi habitación—. Sé que dije que nos iríamos en la mañana, pero…

—No te preocupes —le interrumpí—. Ya nos dijeron lo que sucedió —lo observé detenidamente, analizando sus gestos y buscando algún signo de tristeza, felicidad, algo… pero no, estaba neutralmente serio.

Noté que ya no portaba su ropa de civil, sino que ahora traía puesto su uniforme clínico azul marino.

—Ya veo…—fue lo único que dijo antes de caminar un par de pasos y tumbarse en el sillón individual de la pequeña salita de mi habitación.

—Fye… —continuó Tomoyo—. ¿Qué ocurre? ¿Salió algo mal con Harry?

—No —respondió con mucha simpleza.

—¿Entonces? —ahora fui yo la que preguntó.

—Se quedó solo en el mundo… su madre dio su vida por él, pero no pensó en que lo dejaría solo…—apretó los puños con frustración.

Quise acercarme a él y consolarlo, a pesar de todo lo ocurrido entre nosotros, no soportaba verlo en ese estado de impotencia. Tomoyo pareció leer mis pensamientos y se incorporó de su lugar a mi lado y fue hacia él, poniendo una mano en su hombro y otra en uno de sus puños, donde pareció encontrar algo que le llamó la atención, pues tomó el puño entre sus dos manos y lo abrió.

—¿Qué es esto? —preguntó al tomar el pequeño papel entre sus manos. Parecía una nota, y daba la impresión de que algo importante había escrito en ella, pues la cara de Tomoyo palideció—. ¿Lo dejó a nuestro cargo?

Fye asintió en muda respuesta.

—Entonces no tenemos de qué preocuparnos, cuidaremos de él.

—No es tan fácil, Tomoyo…—su voz grave y seria nos dejó en silencio a las dos—. Una trabajadora social vino hace unos momentos. Dijo que cuando Harry se recupere, lo mandarán a un orfanato hasta que le encuentren una buena familia.

—¡No! ¡De ninguna manera permitiremos eso!

—Yo dije lo mismo —se pasó una mano por todo el rostro—. Pero una simple nota no nos da autoridad sobre el niño. Servicios infantiles se lo llevarán cuando se recupere por completo de la cirugía…

—¡No!

Me sorprendió la fuerza con la que Tomoyo defendía a ese pequeño. Momentos después entró Kurogane y trató de calmar a su esposa, mientras tanto yo me mantenía en silencio como espectadora.

—Tal vez yo no tenga voz ni voto en esta situación…—me animé a intervenir—…ni siquiera lo conozco, pero creo que no estamos viendo lo más importante: Harry vivirá saludablemente de ahora en más, al fin tiene un corazón y podrá salir adelante.

Todos me miraron y se quedaron en silencio por un buen rato que me pareció una eternidad.

—Tienes razón…—Fye fue el primero en hablar—. Debemos ir por partes, al menos es seguro que vivirá…

Yo sonreí un levemente, pues con esto mis otros dos amigos se animaron un poco.

—Me gustaría conocer a Harry…— pensé.

Unas horas más tarde, cuando la situación se calmó por completo, le pedí a mi ex-novio que me levara a ver a Harry, quería conocerlo… y así fue, cuando al fin me pusieron en silla de ruedas, me llevó silenciosamente a la habitación donde ahora descansaba y donde nadie lo esperaba… esto me contrajo el corazón y unas crecientes ganas de llorar se atoraron en mi pecho. No quisiera irme de aquí hasta que despierte, pero sé que no aguantaría mucho tiempo en esta silla, mi pierna palpitaba y dolía condenadamente mucho. Estuve sólo unos minutos con el pequeño. Fye me aseguró que no despertaría hasta mañana y esto me tranquilizó un poco.

Finalmente nos fuimos a la casa de Fye. No puedo negar que durante todo el trayecto sentí un profundo dolor en mi pierna y también en mis costillas. Afortunadamente su casa resultó estar muy cerca del hospital y curiosamente es vecino de Kurogane, un par de casas los separan, pero viven en la misma calle.

Cuando nos detuvimos frente a su casa, simplemente me quedé impactada…

Es en la zona que comúnmente llaman "Suburbios" pero las casas son mucho más ostentosas aquí que en las películas. Simplemente de frente tiene aproximadamente unos treinta metros y quien sabe cuántos más de fondo. Me sorprendo, de verdad que vive bien y tiene buen gusto, pues la casa es blanca en su totalidad, de cuatro pisos (Según lo que alcanzo a ver) y un hermoso y extenso jardín en frente, cubierto por ahora de nieve y limitado por una cerca blanca, delineada con unos pequeños arbustos, que en primavera de seguro serían unas hermosas flores.

El aire que se respira aquí hasta es diferente que en la ciudad, más limpio y puro, más ligero…

El cielo hoy está nublado, como de costumbre, pero hoy unos tenues rayos de sol se asoman entre las nubes, derritiendo la nieve acumulada en el jardín y dándome la cálida bienvenida a la residencia Flowrigth.

—Hemos llegado —anunció con una leve sonrisa en sus labios.

—Tu casa parece una mansión —solté sin poder evitarlo, estaba muy asombrada.

Él rio un poco por mi comentario.

—Es hermosa —continué.

—Gracias. Será tu casa por los próximos seis meses, así que ve acostumbrándote.

Esto me cayó como balde de agua helada. Tenía razón… y no es que me desagrade la idea de vivir entre puro lujo, pero no me gusta depender de nadie y mucho menos estar de arrimada, como lo estaré todo este tiempo. La idea me incomoda bastante, pero el pensamiento se esfuma cuando un gran reto me enfrenta. Ahí estaba… la silla de ruedas en la calle afuera del auto, lista para recibirme.

—Lo haremos rápido y con cuidado ¿Te parece? —me habló desde afuera del auto. Debíamos hacerlo rápido si no queríamos terminar hechos una paleta de helado.

Él vio lo mucho que sufrí cuando me sentaron en esa cosa en el hospital, por eso me hablaba de esa manera… un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. "Que no duela, que no duela, que no duela" rogaba en mi interior. Fye se inclinó hacia mí y pasó un brazo debajo de mis piernas y otro detrás de mi espalda, cargándome al estilo nupcial. Yo cerré mis ojos con mucha fuerza, esperando el momento en que me depositara en la silla, pero ese momento nunca llegó…

—¿Eh? —parpadeé confundida cuando abrí los ojos. Ante mí estaba el rostro de él, más cerca de lo que hubiera imaginado. Una sonrisa burlona adornaba sus delgados labios que estaban a unos centímetros de los míos. Esto me heló de pies a cabeza.

—Mejor te doy el servicio completo de transporte —soltó una risita, llevándome entre sus brazos hasta la puerta principal, para esto cruzamos su hermoso jardín—. ¿Puedes sacar las llaves de mi abrigo?

—¿Eh?

—Tengo las manos un poco ocupadas, así que…— se encogió de hombros y yo me sonrojé un poco.

—Oh, claro, lo siento —y sin decir nada más metí la mano en su pecho, buscando las dichosas llaves, pero al hacerlo pude sentir la calidez que emanaba su piel, se sentía tan reconfortante que no quería sacar la mano de ahí, pero tristemente tuve que hacerlo y con sus instrucciones logré abrir la puerta principal, dándonos acceso a la totalidad de la casa.

Y nuevamente quedé maravillada. De verdad que tiene un muy buen gusto en decoración…

A penas pusimos un pie dentro, se escucharon unas aceleradas pisaditas bajando las escaleras.

—¡Papi! ¡Sakura! —nos recibió con emoción, yo me sorprendí.

—¿La dejaste sola todo este tiempo? —pregunté, casi lo acusé. Él me sonrió un poco mientras caminaba hacia cierto lugar de la casa, aún conmigo en brazos.

—Ella es muy madura y puede cuidarse sola unas horas ¿Verdad cariño?

—Sí —sonrió con mucha ternura, siguiéndonos a lo que parecía ser la sala de estar. Ahí me depositó en el sillón más amplio. Y disimuladamente yo no podía dejar de mirar a mí alrededor, vaya que la casa es hermosa, por dentro y por fuera.

Me dio no sé qué cuando él la llamó con tanto amor… ese "¿Verdad cariño?" había causado algo extraño en mi interior. A partir de ahí me llamó más la atención su relación padre-hija que la casa en sí.

De pronto la pequeña Ámber desapareció de nuestra vista y volvió con una bandeja repleta de pastelitos, se fue y regresó con otra igual, pero con tazas de té en ella.

—Qué linda eres Ámber, muchas gracias —le dije, sorprendida por su buena educación. Al parecer Fye ha hecho muy buen trabajo como padre.

—Gracias cariño —le dijo él con amor en su voz mientras le guiñaba un ojo.

Ella sonrió y se sentó con un brinco en el sillón más cercano, tomando varias galletas en sus manos. La escena era muy tierna, pues Ámber pasaba muy fácil como una muñequita de porcelana en tamaño real. Es que es tan bonita…

Estaba perdida en mis pensamientos, hasta que un bolígrafo y libreta cayeron a mi regazo. Los miré y luego a Fye alternativamente, no entendía para qué querría yo eso.

—Tomoyo y yo iremos a tu departamento para traer tus cosas. Necesito la dirección y también una lista de lo que quieres que traigamos.

—¿Qué? ¡oh! No te preocupes por eso, yo puedo acompañarlos y… —una ceja alzada inquisitivamente fue más que suficiente para que me callara.

—Ni creas que te voy a dejar salir en esas condiciones, además estás bajo mi cuidado por ahora, así que me esperarás aquí junto con Ámber, créeme que no te aburrirás —dijo esto último con socarronería mientras miraba a su hija. Yo no pude evitar enternecerme al ver el sonrojo en las mejillas de la aludida. ¿Qué habrá querido decir Fye con eso?

—Está bien… —terminé aceptando y procedí a escribir todo en la lista. Una vez terminada, se la entregué y él se despidió para salir de la casa. Tardó más de un par de horas, pues llegó casi al anochecer. Pero a mí se me fue el tiempo volando. Mi ex tenía razón cuando dijo que no me aburriría con Ámber. La pequeña es muy platicadora, me habló de todo lo que hacen su padre y ella juntos, de sus amigos en la escuela, sus tíos Tomoyo y Kurogane y… bueno, me habló de muchas cosas más, pero lo que se ganó todo mi asombro fue cuando le pregunté sobre el piano negro de cola que estaba a uno metro de la sala, con un ventanal detrás de él. Casi pareciera que el espacio fue diseñado especialmente para su presencia allí. Ella me dijo que su padre era muy bueno tocándolo, yo no me sorprendí con eso, pues bien sabía sobre su gran habilidad con la música, pero lo que de verdad llamó mi atención fue cuando ella se ofreció a tocar una pieza, dijo que su padre le había estado enseñando desde que era casi una bebé. Yo le sonreí y acepté su propuesta, pero nunca imaginé que terminaría tocando una melodía tan difícil y una de mis favoritas, pues Fye siempre la tocaba desde que éramos niños, así que no puedo escuchar esa canción sin relacionarla con él; ahora… la relacionaría también con la pequeña talentosa.

"Balada No. 1 Op. 23 de Chopin" qué hermosa melodía… y ¡Qué hermoso tocaba Ámber!

No pude evitar que un par de lágrimas se colaran por mis pestañas. Esa niña era tan talentosa que me sorprendía que no la conocieran en todo el país.

—¿Te gustó?

No me di cuenta cuando bajó del banquito del piano y caminó hacia mí.

—Fue hermoso… —me tomé la confianza de atraparla entre mis brazos. Temí que se intimidara un poco por el atrevimiento, pero fue todo lo contrario, me respondió aún con más cariño.

—A mi papá también le gusta mucho esa canción, dice que le recuerda a los mejores días de su vida.

Abrí los ojos con mucha sorpresa. ¿Eso le había dicho a su hija? Y ahora que lo recuerdo… en el hospital me dijo algo similar cuando me reconoció como la antigua "mejor amiga" de su padre. ¿A poco Fye le había dicho todo aquello de que yo era la mujer más bonita que había conocido y que quería casarse conmigo cuando éramos aún muy jóvenes? ¡¿Cómo le dice eso a su hija?! Pareciera que no le preocupa que la pequeña se sienta mal al saber que nunca sintió eso por su madre y sí por una desconocida. No sé… esto es muy extraño.

—Sakura —su dulce vocecita me trajo de vuelta a la realidad. Aún la tenía entre mis brazos, pero no hacía ninguna presión—. ¿Puedes platicarme por qué dejaron de verse mi papá y tú? el otro día en el hospital ibas a decírmelo, pero no hubo tiempo.

—Es verdad… —lo medité unos momentos, con el mismo dilema dentro de mi cabeza ¿Cómo le iba a contar una historia tan revuelta y conflictiva a una pequeña de tan sólo ocho años? —. Ahora que lo mencionas, Ámber… es una historia algo triste y la verdad no quisiera recordarla (Aunque piense en ello cada día de mi vida…) ¿Te molesta si lo platicamos después? —pregunté suavemente.

—Por supuesto que no me molesta —respondió de inmediato, entendiendo mis razones—. Entonces cuéntame cómo era mi papá de niño ¿Siempre fue como ahora?

Sus ojitos azules brillaron en deseo por saber más sobre su progenitor. Yo sonreí divertida. Tenía muchas anécdotas que contarle sobre él, pero debía apresurarme si quería contarlas antes de que él llegara.

—Ahora que lo mencionas… —reí—. Sí, siempre ha sido como ahora —recordé el momento en el hospital cuando le sacó la lengua a Kurogane en un gesto chistoso. Sin duda seguía siendo el mismo. También recordé el cambio de actitud que tuvo cuando una enfermera entró a mi cuarto, había cambiado de payaso a señor seriedad. Por lo que escuché de las enfermeras, Fye siempre es un profesional en su área laboral, sólo se abre con sus seres queridos o a quienes les tiene confianza.

—¡Cuéntame algo de cuando eran niños! —pidió con mucha emoción, pero antes le señalé el espacio vació en el sillón para que se sentara conmigo.

Yo tenía la pierna derecha descansando a lo largo del sillón, pegada al respaldo. Mientras que la izquierda estaba flexionada y balanceándose cómodamente fuera del sillón, así que había un considerable espacio entre mis piernas, donde la pequeña cabría muy bien. Lo que nunca esperé fue que me tuviera confianza tan pronto, pues se acurrucó en mi regazo, lista para escuchar mis historias. Esto me llenó de ternura y cariño hacia ella.

—Bien…

Y comencé a narrarle una de nuestras tantas aventuras con Kurogane, Tomoyo e incluso con Yuui, quien siempre se nos unía para hacer travesuras junto con Akemi.

Le platiqué de la vez en que todos nos fuimos de campamento juntos, teníamos doce años y nos llevábamos tan bien que parecíamos primos o hermanos.

—En esa ocasión recuerdo muy bien que todos nos metimos a nadar al lago para refrescarnos en medio del caluroso verano, pero mientras nos divertíamos, una niña de otro campamento también se metió al lago, pero a la parte más profunda y ¿Qué crees? No sabía nadar…

—¡¿Y qué pasó después?!

—Tu padre salió al rescate —sonreí—. Siempre fue muy bueno en los deportes y la natación no era la excepción, así que no tuvo problemas en sacarla de lo profundo. El problema fue…—busqué la manera de decirlo al nivel de una niña de ocho años—. La niñita se enamoró de su héroe —reí al recordarlo—. Y durante toda la semana del campamento no dejó de acosarlo, incluso en las noches se colaba a la habitación de los niños para buscarlo. En esa ocasión cometió un gran error, pues confundió a tu padre con su hermano gemelo. Hubieras visto cómo Yuui saltó de la cama cuando la pequeña se había metido para abrazarlo —reí ampliamente, pero me detuve al ver que a ella no le causaba tanta gracia, sino que se ponía algo pensativa. Estaba por preguntarle qué ocurría, pero se me adelantó.

—¿Conociste al tío Yuui? —me preguntó con una extraña expresión en su rostro, tenía una tristeza muy poco común en alguien de su edad.

—¡Claro que sí! Todos tus tíos, tu padre y yo, andábamos siempre juntos desde la primaria —sonreí, tratando de animarla, pero ella sólo me miró con suavidad y habló en un tono muy quedo.

—¿Podrías… podrías contarme más sobre mis tíos Yuui y Akemi? —preguntó con un anhelo muy fuerte sobresaliendo en sus palabras.

—Por supuesto, pero… ¿Por qué de repente estás tan triste?

—Es que… —desvió sus ojitos hacia el piso—. No llegué a conocerlos bien, ambos murieron cuando yo tenía apenas dos años y casi no los recuerdo.

¿Qué…?

Yuui…

Akemi…

¿Muertos?

Tuve que contener mis ganas de llorar y gritar. ¡¿Cómo era posible que estuvieran muertos?! ¡¿Cómo?! ¿Y por qué demonios Fye no me dijo nada cuando pregunté por ellos?!

Quise no llorar, pero no pude evitarlo, tenía que desahogarme aunque fuera un poco.

—Sakura… ¿Por qué lloras? —me preguntó dulcemente.

—No sabía… no sabía que habían muerto —hipé, no podía creerlo ¡¿Por qué?!

Pronto la pequeña se vio contagiada con mis lágrimas y empezó a llorar con la misma intensidad que yo. Esto me sorprendió un poco, si no los llegó a conocer muy bien… ¿Por qué lloraba así por ellos?

Ahora que lo pienso… si ellos murieron hace seis años, quiere decir que fallecieron el mismo año que mi familia…

Las dos lloramos y nos abrazamos hasta no poder más, no supe en qué momento las dos nos quedamos profundamente dormidas después de tanto llanto.

Continuará…


He tardado añales en actualizar, lo sé, pero es que ahora estudio y trabajo, por eso mi tiempo para escribir se había reducido a cero, pero ahora estoy de vacaciones, así que podré continuar esta historia y terminar el último capítulo de amor inesperado.

¡Gracias a todos por sus reviews, ahora mismo me encargo de responderles por PM!

Y sobre el capítulo ¿Qué les pareció?

En particular me gustó mucho el sueño de Sakura, fue difícil escribir esa escena donde Fye se le declara, pero le dice que serán novios hasta que ambos crezcan un poco (Pues ahí él es más bajito que ella jaja) Me llenó de ternura y espero que les haya gustado. El final de ese sueño/recuerdo lo dejé algo incompleto, tal vez más tarde les explique qué pasó después de que Touya los sorprendiera abrazados. Muajajaja

También está el asunto del pequeño Harry. No vayan a pensar que es un personaje de relleno, pues tendrá un papel importante más adelante. Lo que me dolió mucho fue tener que matar a su madre, pero fue por una buena causa, ahora Harry podrá vivir, pero... ¿Con quién?

No sé ustedes, pero a mi me encanta cómo se están llevando Sakura y Fye ahora, están en un tira y afloja, pues aún no han tomado el valor de hblar con la verdad y enfrentar su pasado. El momento llegará y la bomba explotará, lo importante aquí es... ¿Qué sucederá después de que la bomba explote?

Y sobre el final de este capítulo... Lo sé, soy muy cruel al haber matado a Yuui y a su esposa, cuando en otros fics me desvivo por buscar la manera de que el gemelo reviva, pero ya verán la importancia de esto más adelante y estoy segura de que terminarán encariñándose con Ámber como yo lo he hecho :') También me encanta la relación padre/hija que tienen Fye y Ámber, son tan lindos y más por que se trata de un padre soltero y responsable, esto se me hace tan sexy en él. No pude evitar imaginármelo enseñándole a tocar el piano a su pequeña bebé.

Sé que muchos de ustedes tiene curiosidad sobre la madre de Ámber. Porque... ¿Quién habrá sido la mujer más afortunada del mundo como para tener a la hija del papote rubio? Pues ya lo verán más adelante, espero no me maten cuando sepan que no es de Sakura x_x porque si algunos de ustedes guardaban la esperanza de que por magia del destino resultara ser hija de ella (?) no, no va a ser así jajaja

PREGUNTAS:

¿Sakura le platicará sobre el sueño que tuvo en el hospital?

¿Qué pasará ahora que ya sabe que Yuui y Akemi están muertos?

¿Sakura se irá de esa casa?

Sin más qué decir, muchas gracias por todo! LOS QUIERO!

No olviden agregarme en FB: "Tsuki No Hana" si me mandan solicitud, también pónganme un mensajito diciendo que son seguidores del fic, para poder agregarlos con confianza :) Ahí les avisaré cada que actualice uno de mis fics ;)

Saludos, besos y abrazos!

9/06/2015