We Meet Again

By Tsuki No Hana

V

"Sentimientos reencontrados"

PoV of Fye .

Llegamos al edificio que indicaba la dirección en el papel, aparqué mi auto justo en frente de la puerta de entrada, y junto con Tomoyo me dispuse a entrar a ese lugar.

El barrio era muy pintoresco, por decirlo de alguna manera… era un lugar bohemio. Todas las casas y edificios alrededor daban la impresión de que eran habitados por artistas, tanto músicos como pintores, arquitectos, escultores, etc.

El edificio conservaba un estilo antiguo, así que las infinitas escaleras eran uno de sus toques especiales, parecían haber sido hechas a mano, con detalles en la baranda y bordes esculpidos en cada escalón. Preguntamos por un elevador, pero el portero nos dijo que no había. Como mencioné antes: las escaleras eran uno de sus toques especiales.

Subimos hasta el último piso, increíblemente el edificio se iba haciendo más moderno conforme subíamos de nivel, y otra cosa que me sorprendió fue que Sakura rentara el penthouse, esto sólo me dio a entender que no estaba nada mal económicamente. Vi la sorpresa de Tomoyo igual a la mía.

Llegamos a su puerta y abrimos con las llaves que nos dio. Solté un chiflido lleno de impresión. Lo primero que nos recibió fue un enorme ventanal al fondo, que se abría dando paso a una gran terraza ahora cubierta de nieve. Ambos nos acercamos a ese ventanal, admirando la increíble vista desde ese décimo piso. Justo en medio del gran panorama de la ciudad, tenía al imponente London Eye.

Estaba anocheciendo, así que nos tocó la fortuna de ver el atardecer desde ahí.

Pronto recordamos el propósito de nuestra visita y pusimos manos a la obra. Entre Tomoyo y yo fuimos empacando todo lo que Sakura necesitaría para su estadía en mi casa, pero conforme iba merodeando por las habitaciones, más me sorprendía al ver que ella cambió mucho. Ya no era la misma chica que amaba pintar sus paredes de rosa o amarillo, tampoco la misma desordenada que llegué a conocer desde mi infancia, no… ahora sus paredes tenían un suave beige y su casa estaba perfectamente ordenada. Me sorprendí, pues era más amplia de lo que aparentaba, incluso tenía un estudio donde seguro pasaba la mayoría del tiempo pintando.

Sonreí al ver muchas de sus pinturas acomodadas por todas partes, incluso me atreví a observar las que estaban en proceso. ¡Vaya que era buena! Pero me llamó mucho la atención que no firmara con su nombre, sino con un extraño garabato y la fecha de creación.

Ese garabato se me hacía muy familiar… pero no logré recordarlo.

—Terminé de empacar su ropa ¿Puedes llevarla al auto?

La voz de Tomoyo me distrajo y caí en la cuenta de que no la estaba ayudando en nada, pues mi curiosidad ganó y no he podido de merodear por toda su casa, tratando de conocer a la Sakura de ahora, porque una cosa era segura… ella no era la misma de antes… había dejado de ser la misma. Se convirtió en una mujer fría, y sus ojos ya no reflejaban la dulzura de su alma como antes.

—Lo siento —me rasqué la nuca con algo de vergüenza—. Creo que no estoy siendo de mucha ayuda.

—No te preocupes querido —me dedicó una sonrisa angelical—. Que tú te encargarás de llevar todo al auto.

Casi me caigo de espaldas. Pero si se trataba de Tomoyo, claro que no me dejaría vagabundear por ahí sin cobrárselas. Suspiré con resignación y terminé aceptando, después de todo algo de ejercicio no me vendría nada mal. ¿Si recuerdan que estamos en un décimo piso, de un edificio que no-tiene-elevador?

Bajé al auto y volví unos minutos después para acarrear lo que faltara, pero Tomoyo aún seguía empacando algunas cosas, así que me atreví a curiosear un poco más. Cualquiera que me conoce bien, sabe que la curiosidad es mi debilidad más grande.

Sin hacer mucho ruido me adentré más en el departamento hasta entrar a lo que parecía ser su habitación. Estaba seguro, pues un delicioso aroma a ella me golpeó en la nariz, llenando mis pulmones con su deliciosa fragancia.

Noté que su habitación tenía un ventanal muy parecido al de la sala, sólo que éste no tenía ninguna terraza o balcón. Todo parecía estar calculadamente ordenado, cosa extraña en ella, así que mi curiosidad aumentó y no pude evitar abrir el primer cajón que me encontré. Pensé que tal vez tendría cosas dentro de sí, pero no…

¡Lencería! —lo cerré tan pronto como lo abrí. Aun así se quedaron grabadas en mi mente algunas prendas que eran tan… Uff… ¿Desde cuándo Sakura usa lencería? ¿Para quién la usa…?

Apreté mis puños con impotencia. No me había parado a pensar que en todos estos años ella pudo haber tenido otras parejas. Que iluso soy si pienso que sólo iba a estar conmigo. ¡Ja!

Refunfuñé un poco más y me senté en la orilla de su cama.

Fue en ese preciso momento cuando reparé en la existencia de esa horripilante foto sobre su mesita de noche. Ahí estaban los dos: ella abrazándolo por detrás, rodeando con los brazos sus hombros y él acariciándolos con cariño. Ambos se veían felices, sonrientes, como una pareja…

Tomé el marco con la foto entre mis manos y lo apreté con fuerza, por un momento temí romperlo, pero es que el coraje en mi interior me ganaba al pensar que ese tipo la tuvo entre sus brazos.

Y de nuevo había sido un iluso si creía que ella conservaría una foto de ambos. ¡Ja! Me paré del colchón con brusquedad y salí de ahí.

Finalmente después de un par de horas terminamos de empacar todo lo que estaba señalado en la lista en la lista y volvimos a casa. Grande fue nuestra sorpresa que al llegar las encontramos plácidamente dormidas en el sofá.

Esa escena removió algo en mí. Fácilmente pasaban por madre e hija… ella abrazaba a mi Ámber con un cariño que se notaba a pesar de que estuvieran dormidas…

—Fye… —la voz de Tomoyo me trajo a la Tierra de nuevo. La miré unos segundos, indicándole que la escuchaba—. ¿Estás seguro de lo que haces?

No pude evitar mirarla como si un mono le brincase en la cabeza.

—¿Por qué lo preguntas? —bajé un poco la voz, no quería despertarlas.

—Mejor ven conmigo, hablemos en tu cocina —tomó mi mano y nos dirigimos allí—. Ahora sí —habló con voz normal—. Explícame cuáles son tus intenciones al traer a Sakura a vivir contigo.

—Bueno… —me rasqué la nuca con algo de incomodidad. Tenía la opción de inventarle toda una mentirota o… hablarle con la verdad—. Mira… podría decirte que lo hago por el recuerdo y cariño de lo que laguna vez fuimos, pero te estaría mintiendo enormemente —acepté con resignación, vi que no se sorprendió mucho, incluso me sonrió con suspicacia—. Además, tú y Kurogane me conocen lo suficiente para saber que…

—Sigues locamente enamorado de ella —me interrumpió, completando la oración por mí.

—Sí…—acepté en un suspiro resignado—. Pero me temo que ella no siente lo mismo.

—Ha cambiado.

—Lo sé…

—Pero te necesita más que nunca.

—¿Por qué lo dices? —me sorprendí. Ella negó suavemente con la cabeza, parecía triste.

—No puedo decírtelo, lo siento.

—¿Hablaste con ella? —asintió en muda respuesta, al parecer no me diría nada de lo que hablaron.

—Sólo puedo decirte que necesita mucho apoyo de nuestra parte. Ha vivido cosas increíbles y sinceramente no sé cómo hace para seguir adelante. De verdad es muy fuerte —su mirada entristeció aún más mientras miraba por una ventana de la cocina hacia la sala. Se cruzó de brazos mientras se recargaba en la encimera—. Pero ahora que he confirmado lo que sientes por ella, puedo estar segura de que la cuidarás debidamente —sonrió con suavidad.

—¡Por supuesto! ¿Qué? ¿Acaso pensabas que le haría algún daño? —pregunté casi con desesperación.

—No, claro que no —suspiró—. Pero temí que le guardaras algún rencor y más aún después de ver aquello en su departamento.

—¿Te refieres a la foto? —pregunté con desdén y ella asintió—. No sé qué habrá pasado entre esos dos —apreté mis puños, estaba seguro de que su relación había llegado a mucho—. Pero no dejaré que eso intervenga en mi deseo por ver bien a Sakura… ten por seguro de que la protegeré ante todo, sin importar que ella ya no… —desvié la mirada de los ojos amatistas de mi amiga, no lo pude soportar—. Sin importar que ella ya no me ame…

Tomoyo bajó la mirada con la misma tristeza en su expresión. Eso sólo me confirmó que no estaba equivocado. Sin embargo, había albergado la esperanza de que en una de sus pláticas de amigas, Sakura le hubiese confesado que nunca había dejado de amarme. ¡Ja! Vaya iluso.

Alcé la mirada al sentir una mano sobre mi puño. Los grandes ojos de mi amiga me recibieron con cariño y preocupación mezclados.

—Entonces ahora me preocuparé por ti —suspiró con una leve sonrisa—. Pensé que tu amor por ella habría disminuido tal vez un poco con los años, pero ahora veo que sucedió todo lo contrario.

Sus palabras me afectaron en cierto modo, si se preocupaba por mí, era porque definitivamente Sakura no me veía de la misma manera.

—No tienes de qué preocuparte. No dejaré que mis sentimientos interfieran en su recuperación, si ella está aquí es porque necesita recuperarse cuanto antes y haré lo posible para que eso suceda.

—¿Sólo por eso? —me miró intensamente y de nuevo tuve que desviar la mirada. Gran error—. Está bien Fye, lo siento, creo que estoy siendo algo entrometida —se disculpó, apenada.

—Oh no, para nada —me sonrojé un poco—. Sé que lo haces porque te preocupas por mí. Te lo agradezco —me sonrió como de costumbre y ambos nos quedamos charlando un poco más en la cocina, hasta que vimos la hora en el microondas. Tuvimos que despedirnos antes de que el sobreprotector de mi amigo llamara preguntando por su esposa.

Y en cuanto a las bellas durmientes en mi sala… tomé a mi pequeña en brazos para llevarla a su habitación. Tiene el sueño tan pesado que no me preocupó que se despertara. Curiosamente lo mismo ocurría con Sakura, así que después de arropar a Ámber, volví y Sakura seguía dormida en la misma incómoda posición. No podía simplemente cargarla y ya, pues era posible que el dolor la despertara, así que tendría que despertarla yo mismo, pero… se veía tan tranquila que deseé quedarme a observarla dormir un rato más. Así que tomé asiento en la mesita de la sala, apoyé mi codo sobre mi rodilla y descansé la mejilla en la palma de mi mano, observándola.

Las palabras de Tomoyo hicieron eco en mi cabeza. Dijo que Sakura me necesitaba más que nunca, pero no quiso darme explicaciones… ¿Qué habrán platicado en el hospital? Y lo más importante de todo… ¿Qué habrá sucedido en la vida de Sakura para que tuviera un cambio tan drástico?

—¿Qué habrás vivido, pequeña…? —me descubrí a mí mismo susurrando en el silencio de la sala.

No creí que fuera posible, pero mi leve susurro fue suficiente para despertarla. Noté que su ceño se fruncía un poco y lentamente sus ojos se fueron abriendo. Estaban rojos e hinchados, parecía que había llorado. Pero lo que más me llamó la atención fue la mirada cargada de tristeza y decepción que me dirigió.

—¿Por qué no me dijiste que Yuui y Akemi murieron? —me preguntó de repente, sin tacto ni rodeos.

Me quedé de piedra ante el dolor que implicaban estas palabras. ¿Cómo era que sabía que…? Oh, Ámber…

PoV of Sakura.

Escuché un leve susurro a mi lado y por un momento pensé que aún seguía soñando, pues había sido la voz de Fye, pero grande fue mi sorpresa al abrir los ojos y verlo cómodamente sentado frente a mí, observándome con una sonrisa, la cual se borró cuando le hice esa pregunta y es que… no podía olvidar las palabras de Ámber. Yuui y Akemi estaban… estaban muertos.

Vi que se quedó inmóvil ante mi pregunta y tardó varios segundos en recuperarse de la sorpresa.

—Sí, ellos murieron en un accidente automovilístico —bajó la mirada y su expresión era de completa tristeza—. El veinticuatro de diciembre se cumplen seis años de eso…

Murieron en Nochebuena…

—¿Qué les pasó? —no pude contenerme y mis ojos ya estaban chorreando lagrimas.

—Un hombre ebrio estampó su auto contra el de ellos… justo como lo que te pasó a ti —suspiró con muchos sentimientos—. Afortunadamente tú no sufriste el mismo destino…

—No puedo creerlo —me llevé ambas manos a la cara, no quería llorar, pero era imposible. ¡Eran dos de mis mejores amigos!

Salí de mi estado de shock hasta que sentí unos brazos levantándome con sumo cuidado del sofá. Dolió un poco, pero no tanto como el dolor de mi alma al saber perdidos a mis dos queridos amigos…

—¿A dónde me llevas? —pregunté, aún entre mi llanto silencioso.

—¿A dónde crees? —me miró con una sonrisa ladina y coqueta, noté que trataba de animarme un poco.

Quise responder, pero no podía pensar mientras estuviese aplastada contra su pecho, bajo esa mirada azulada que podía atravesarme con más intensidad que antes; y para rematar, me encontraba completamente inmersa en ese olor tan masculino y tan propio de él. Pronto me percaté de que subía las escaleras al segundo piso, nos adentramos en un pasillo con varias puertas en él y Fye se detuvo frente a una.

—Esta es mi habitación, la de al lado es de Ámber y está…—se giró hasta darla la espalda a su propia recámara—… es la tuya. ¿Puedes? —preguntó al ver que yo me quedaba sin decir nada y es que aún su aroma llenaba mis sentidos.

—Oh, claro —extendí mi mano y giré la perilla de la puerta, en seguida me dijo dónde quedaba el interruptor y así prendí la luz. Simplemente quedé maravillada, la habitación era mucho más hermosa y amplia de lo que aparentaba en la foto—. Es muy hermosa.

—No es tan amplia como la que tienes en tu departamento, pero espero que aún así estés cómoda.

¿Eh? ¿Cómo lo…? Oh, sí, casi olvido que estuvo en mi departamento.

—Muchas gracias, en realidad no tenías por qué molestarte tanto, pude haberme cambiado de departamento y…

—No digas más, hubiera sido innecesario teniéndome a mí —me guiñó un ojo y sonrió, por cierto, aún no me bajaba de sus brazos y eso sólo empeoraba mi estado de aturdimiento.

—Pero tenemos años de no vernos, casi somos desconocidos —dije con algo de incomodidad.

—Yo prefiero verlo como una oportunidad para conocernos mejor —se encogió de hombros y caminó hasta la cama que estaba en medio de la habitación. Noté cierto tono de tristeza cuando dijo aquello.

Solté un leve quejido al sentir que me dejaba en el colchón con suavidad. Después me ayudó a quitarme los zapatos y me arropó con cariño. Durante todo el proceso no me atreví a verlo a los ojos, me sentía my avergonzada y seguramente mi rostro aún estaba algo enrojecido por tanto llorar y por la vergüenza debido a sus atenciones.

—Oye —no supe en qué momento tomó mi barbilla y la alzó hasta toparme con sus orbes azules. Mi cuerpo di un pequeño temblor y al parecer lo notó—. Sé que esta situación debe ser algo incómoda tomando en cuenta los términos en los que quedamos hace diez años, pero… ¿Qué te parece si dejamos ese asunto para después? Por ahora concéntrate en sanar y siéntete en tu casa y con la confianza de pedirme lo que quieras, antes que nada somos amigos ¿No es así? —asentí mudamente, sorprendida—. Después tendremos el tiempo para aclarar lo ocurrido, así que por ahora hagamos como que nunca sucedió nada malo. Somos dos amigos que se reencontraron después de muchos años ¿De acuerdo? —me dedicó una de esas sonrisas patentadas con su nombre, de esas que te hacen asentir hipnotizada sin importar lo que te haya dicho.

Luego de pasar unos segundos perdida en sus ojos y sonrisa, pude procesar toda la información y no pude más que estar de acuerdo con él. Si iba a estar viviendo bajo su techo por seis meses, lo mejor era que lleváramos la fiesta en paz y que dejáramos ese asunto pendiente.

—Está bien… —respondí luego de mucho rato. Algo ocurría conmigo, tal vez me había golpeado también la cabeza en el accidente, pues tardaba más en procesar lo que me decían.

Al escucharme me sonrió con simpleza y alegría, se puso de pie y caminó hacia la puerta, pero yo lo detuve antes de que saliera.

—Espera… Sólo quiero saber algo… ¿Yuui y Akemi eran felices? ¿Tenían hijos? Y… ¿lograste hablar con ellos antes de que… tú sabes, antes de que fallecieran?

Vi la sorpresa en sus ojos, no se esperaba eso. Me miró intensamente durante unos segundos, bajó la cabeza, suspiró y nuevamente me miró.

—Tal vez te lo cuente algún día… —me dedicó media sonrisa falsa y apagó la luz de la habitación—. Si necesitas algo durante la noche, sólo presiona el botón de "Intercomunicador" del teléfono que tienes a un lado, tengo uno en mi cuarto, así que vendré cuanto antes —sonrió nuevamente—. Buenas noches.

Y así me quedé, con la duda y el misterio a flor de piel. ¿¡Por qué no pudo contestar esas simples preguntas?!

Definitivamente Fye había cambiado. Antes era muy fácil leer sus emociones y pensamientos en su rostro, pues era un libro abierto. Pero ahora… era todo un misterio para mí. No es el mismo Fye D. Flowrigth que conocí.

PoV of Fye.

Salí casi corriendo de ahí y me encerré en mi habitación, huyendo de sus preguntas y es que… ¿Cómo iba a contestarle aquello sin descubrir mi pequeño secreto?

Suspiré pesadamente y me tumbé bocarriba en mi cama. No sé cuánto tiempo estuve así exactamente, pero es que a mi mente vinieron muchos recuerdos de los viejos tiempos, cuando todos salíamos juntos y la pasábamos tan bien. Nada nos preocupaba en la vida, sólo estar juntos y disfrutar cada momento. Afortunadamente tuvimos una buena infancia, a diferencia del pequeño Harry… ahora que lo pienso, tengo que ir mañana temprano a visitarlo para darle la mala noticia… ¡Dios! No sé cómo podré hacer eso…

Con frustración tomé una almohada y la puse sobre mi cabeza, aplastándola. Era increíble que no hubiera dormido ni cinco horas seguidas en más de tres días… y ni así puedo conciliar el sueño aún… tenía muchas preocupaciones en mente: el asunto de Harry, la salud de Sakura y sus preguntas tan insistentes. Temo que pronto tendré que decirle la verdad…

Al ver que no pude dormir, decidí levantarme e ir hacia mi escritorio, de allí saqué un viejo libro con pastas gastadas, tal vez si escribo algo podré sacar un poco de este cúmulo de emociones y quizás pueda dormir, sí, es una buena idea. Me senté, tomé bolígrafo y me dispuse a escribir, pero me detuve al darme cuenta de que no había vuelto a hacerlo desde que Sakura entró de nuevo en mi vida. La última hoja estaba marcada con la fecha en que ingresó al hospital…

Sonreí y no pude hacer más que escribir con letra grande en toda la hoja:

"No estoy más solo. Ella volvió a mí y aunque no somos los mismo de antes, puedo tener su presencia cerca de la mía, puedo verla viva y a mi lado…"

Quise escribir algo más, pero había tantas emociones en mi corazón: tristeza, emoción, júbilo, nostalgia, preocupación, felicidad, impotencia; que simplemente no podía canalizarlas escribiendo en una hoja. A decir verdad, me muero por cruzar el pasillo y entrar a su habitación para besarla, abrazarla y hacerla mía, decirle cuánto la había extrañado, decirle ¡Cuánto la amo y la necesito en mi vida! Porque sí… puede que esté a unos metros de mí, pero eso no me quita la sensación de que está distante, y bueno… ¿Cómo no estarlo después de lo que le hice? Fui un patán, lo sé y ahora quisiera remediarlo pero sinceramente no tengo idea de cómo dar el primer paso. Podría empezar diciéndole toda la verdad, pero eso… eso implicaría poner en riesgo a mi hija y no puedo permitirlo, si mi pequeña se llega a enterar, no quiero ni imaginar lo que podría pasar. Bueno, al menos podría sincerarme con Sakura en cuanto a mis sentimientos.

No.

Ella vino aquí sólo porque piensa que no la veo como más que a una amiga. Así que si soy sincero en eso también saldría perjudicado. A fin de cuentas tengo que vivir en medio de una farsa para mantener esta "Burbuja" intacta, pues, si se rompe… no quiero volver a perderla, no de nuevo.

—¡Maldición! —gruñí hastiado con mi situación.

Volví a tumbarme en mi cama, intenté quedarme dormido pero cierta imagen rondaba en mi mente. No hay duda que en el momento justo antes de quedarte dormido, tu mente te muestra recuerdos extraños o imágenes de lo que viviste durante el día. En mi caso fue la nítida y clara imagen de la lencería de Sakura.

Definitivamente no dormiría.

OoOoOoOoOoO

Mi despertador sonó y me dispuse a tomar una ducha y arreglarme lo necesario para estar decente. Eran las cinco de la mañana, así que aún era demasiado temprano como para que Ámber o Sakura estuviesen despiertas.

Suspiré con una sonrisa retorcida. Yo y mi manía por levantarme tan temprano.

Sin más ni menos me dirigí a la cocina y ahí empecé a preparar el desayuno ¿Por qué lo hacía tan temprano? Simple. Hoy tendríamos visita.

Faltaba media hora para las seis cuando el ruido de unas llaves abriendo la puerta principal me distrajo. Sonreí y de inmediato fui al recibidor.

—No pensé que estuvieras despierto —me saludó con una de sus sonrisas tan tranquilas.

—Hola papá —sonreí ampliamente, no podía evitarlo, lo había extrañado tanto.

—Oh vamos, ni parece que me hubieras extrañado en este año. Ven y dame un abrazo, hijo —dejó las maletas en el piso y extendió sus brazos.

Sonreí con diversión y acorté la distancia entre ambos.

—Sí te extrañé —suspiré cuando sentí su abrazo más fuerte. No importaba qué edad tuviera yo, o que la gente viera raro que un padre e hijo sean tan afectuosos. Sentir un abrazo como los de mi padre era suficiente para lograr que algunas parte rotas de mí se uniera al menos durante un tiempo. Además, compartíamos muy poco tiempo juntos desde que aceptó ese trabajo en Estados Unidos y a decir verdad, creo que lo he extrañado incluso más que Ámber. Después de todo es mi padre—. Vamos, pasa —le ayudé con una de sus maletas y noté cómo sonrió al entrar y percibir cierto olor dulzón en el aire.

—Huele a pancakes. No me digas que son como los de tu madre…—me miró casi atónito, con una gran sonrisa en su rostro.

—Pues no te equivocas, aún no termino, así que no sé si quieras acomodarte en la habitación de una vez o tal vez prefieras…

—¿Dónde está Sakura? —preguntó mientras miraba en todas sus direcciones, ignorándome deliberadamente.

—Eh… bueno, ella está en una habitación, en frente de la mía —no pude evitar rascarme la nuca con algo de incomodidad ante la mirada divertida que me dirigía mi padre.

—Ya veo… —con su sonrisa traviesa y su típica sonrisa divertida, me dijo todo lo que pasaba por su mente.

Sakura's PoV

Me desperté del sueño con una gran sonrisa y cómo no hacerlo si recordé aquel día tan especial para Fye y para mí ¿Por qué soñé algo lindo por primera vez en tanto tiempo? Ni siquiera yo lo sé, tal vez se debiera a que ayer cuando me cargó pude percibir mejor que nunca el aroma de su colonia, por cierto… usaba la misma fragancia que hace diez años, la misma que me volvía loca.

Solté un suspiro de adolescente y sonreí aún sin abrir los ojos; estaba loca, ya no sentía lo mismo por él, pero era lindo recordar viejos tiempos. Me removí un poco en la cama y sonreí animada al ver que la pierna no me causaba tanto dolor como hace tiempo. Haber estado un mes en el hospital estaba valiendo la pena.

Noté que aún no amanecía, así que traté de dormir un rato más, tal vez podría continuar recordando/soñando, pero tristemente no lo logré. El sueño seguía rondando en mi mente.

-FLASH BACK-

Habían pasado unos cinco años desde que el pequeño Fye se le había declarado a su mejor amiga: Sakura. Ahora ambos estaban por graduarse de la secundaria junto con sus amigos. Todo en sus vidas era perfecto, salían a pasear todos juntos como amigos, pasaban buenas tardes jugando videojuegos en la casa de Kurogane mientras las chicas se divertían en casa de Tomoyo. Todo marchaba a la perfección y ese día no sería diferente.

—Te vez hermosa hija —la miró con una gran sonrisa.

—Gracias papá —lo abrazó con cariño y luego miró al joven que estaba parado en la entrada de su habitación, quien se recargó contra el marco de la puerta, viéndola, luego arrastró una de sus medias sonrisas con ese tinte de burla y un poco de intriga.

—Pues… después de todo no quedaste tan mal—murmuró deliberadamente.

—¿Qué estás insinuando, her-ma-no? —alzó una ceja inquisitiva y él se limitó a mantener su sonrisa socarrona.

—Que para ser un monstruo no quedaste nada mal. Mamá, si que hiciste un buen trabajo, te felicito.

Los señores Kinomoto no pudieron evitar soltar risitas al ver cómo Sakura trataba de darle una fuerte patada a su hermano, viendo en el intento que sería inútil mientras portara ese hermoso vestido y sus esquicitos zapatos de tacón.

—No le hagas caso cariño, estás hermosa. Además, tu hermano dice eso porque está celoso.

—¡Bah! ¿Celoso yo? Sí claro —rodó los ojos y se cruzó de brazos.

En ese instante el sonido del timbre de la casa inundó todas las habitaciones.

—¡Debe ser Fye! —saltó la castaña, ya sonrojada y muy nerviosa.

—Ese mocoso… —masculló el mayor de los hermanos Kinomoto.

—¿Decías? —inquirió su madre con un tinte de diversión y sarcasmo en su voz. Touya sólo gruñó más y frunció el ceño—. Iré a abrirle la puerta.

Mientras tanto la castaña se puso aún más nerviosa y corrió a su espejo para cerciorarse de que todo estuviera correcto en su arreglo. Se retocó un poco el maquillaje y continuó acomodándose el cabello hasta que vio en el reflejo del espejo a su padre y hermano, ambos la veían fijamente; cada uno a su manera, claro. Touya seguía con el mismo ceño fruncido mientras su boca formaba una fina línea horizontal, y en cuanto a su padre… bueno, él la veía con mucho amor.

—Ya eres toda una jovencita, mi pequeña.

—Oh papá —el sentimiento le ganó y corrió a sus brazos.

—Vamos, no se pongan emotivos. La monstruo apenas tiene quince años, no es la gran cosa.

—¿¡Qué dijiste?! —preguntó amenazadoramente, alzando su puño cerrado, pero todo su enfado se esfumó al escuchar las siguientes palabras.

—Sakura, baja, Fye te está esperando.

La voz de su madre llegó hasta sus oídos, logrando que su nerviosismo volviera. ¿Y si no le gustaba a Fye? ¿Y si tal vez se había arreglado y maquillado de más? Era cierto que era el baile de su graduación de secundaria, pero tal vez se había esmerado demasiado en su aspecto y…

Su mente quedó en blanco a la mitad del camino en las escaleras, pues al final de éstas la esperaba el chico más apuesto que había visto en su vida entera. Se quedó unos segundo contemplándolo, quedando tan impresionada con lo bien que se veía, que ni siquiera se percató de que el pobre estaba en las mismas circunstancias al verla bajar. Aprovechó el tiempo y lo miró de arriba abajo, se veía tan apuesto con ese smoking negro y su corbata color azul índigo a juego con el vestido que ella portaba, y ni qué decir de su cabello, se lo había cortado un poco y se había peinado, aunque aún así seguía manteniendo su estilo "libre" y "desinteresado"

Agradeció al cielo que llegó a la planta baja sin caerse con tal "mango" frente a ella. Tal parece que él se percató del temblor de sus rodillas, pues cuando estaba a tan sólo dos escalones de llegar a su lado, le extendió caballerosamente una mano. Ella la tomó gustosa y estaba a punto de decirle lo guapo y atractivo que se veía, pero tenía un nudo en su garganta ¿Nervios? No, que va, sólo sentía que si seguía observándolo tanto, tal vez dejarían de ser amigos en ese mismo instante y se lanzaría a sus labios sin pensarlo dos veces.

Sonrió al percatarse de sus extraños pensamientos. Ciertamente ambos estaban conscientes de los sentimientos del uno por el otro, pero aún así no habían vuelto a tocar el tema desde que el rubio se le declaró en la terraza de la escuela, sin embargo… ambos sabían a la perfección que sus sentimientos permanecían intactos dentro de sus corazones, lo notaban cada que se miraban a los ojos, con cada gesto y cada acción.

—Hola.

—Ho-hola Fye —terminó de bajar los últimos dos escalones con su ayuda. Estuvo tentada a saludarlo con un beso en la mejilla (Como siempre) pero se contuvo al sentir la penetrante mirada de su hermano sobre la nuca.

La ojiverde escuchó que otras dos voces la saludaban y fue hasta ahí que se percató de la presencia de la familia de su amigo. Su padre Ashura (Quien los llevaría al baile) la veía con el mismo cariño que su papá, mientras que Yuui, tan guapo como su hermano, le sonreía como Touya debería hacerlo. Tristemente no tuvo la fortuna de tener un hermano como Yuui, todo sería armonioso y feliz si fuese así.

Finalmente y después de que Nadeshiko les tomara unas cien fotos, los Flowrigth salieron de la residencia, llevándose a la pequeña flor de cerezo con ellos.

—Estás bellísima —le susurró al oído una vez que los cuatro estaban en el automóvil. Ellos dos atrás y Yuui como copiloto.

—Gracias —se sonrojó hasta las orejas, Fye no le decía eso todos los días, aunque lo notaba en su mirada—. Tú… tú te ves muy bien.

—¿Sólo "muy bien"? —dramatizó un puchero. Sakura rio.

—Te vez muy, pero muy guapo —rio un poco más.

—¿Y qué tal me veo yo, Sakura? —preguntó Yuui, asomándose a la cabina de atrás y guiñándole un ojo con galantería. La castaña se ruborizó al percatarse de que sí los escuchaban y observó la mirada divertida del padre de sus amigos por el retrovisor. ¡Qué vergüenza!

—Ta-también te vez muy bien, Yuui.

—¿Y tú, hermano? —enfatizó la última palabra, celoso—. No me has dicho a quién invitaste al baile. ¿Puedo saber de quién se trata?

—¡Por supuesto! De hecho, ahora mismo vamos por ella ¿Verdad, papá?

El mayor sólo rio un poco y asintió.

Los dos se llevaron una enorme sorpresa al ver que se trataba de Akemi, otra chica del grupito con el que se juntaban. Ella era de primer año de secundaria, pero la conocían desde el preescolar. Siempre fue muy buena amiga de Sakura y Tomoyo, y por consecuente de Kurogane, Fye y Yuui, aunque al parecer éste ultimo sentía algo especial por ella.

—Asaltacunas —murmuró Fye con fingida indignación—. Te lo tenías bien escondido —entornó los ojos y el otro rubio se puso muy nervioso.

—Pero sólo es dos años menor que nosotros —se excusó.

—Asaltacunas —Sakura repitió las palabras de su amigo mientras se cruzaba de brazos y lo miraba "reprobatoriamente" aunque no pudo evitar soltar una risita al final—. Cuida bien de ella.

—Más te vale que lo hagas —advirtió Fye, pues le tenía cariño a la "pequeña" de nuestro grupo.

—Claro que sí —desvió la mirada y se sonrojó furiosamente—. Yo la quiero de verdad…

Todos menos Ashura, se llevaron una gran sorpresa, pues Yuui de verdad que se lo tenía bien escondido.

Después de pasar por Akemi, quien también se veía hermosa, finalmente llegaron a la escuela. Ashura los dejó ahí con la condición de que pasaría temprano por ellos, antes de media noche. Todos estuvieron de acuerdo y entraron con emoción al gimnasio de la secundaria, el cual parecía todo menos un gimnasio con tanta decoración, luces, alimentos, ponche y con esa música tan alegre.

Al lado de la improvisada pista de baile, estaban en la mesa Kurogane y Tomoyo recibiéndolos con una sonrisa, bueno, de parte de Kurogane no tanto. De inmediato dejaron sus cosas en las sillas de esa mesa y corrieron a la pista de baile, aunque no sin antes de llevarse una gran y grata sorpresa al ver que Yuui y Akemi iban juntos como pareja, lo Fye y Sakura no fue una gran sorpresa, pues todos ahí sabían que ambos se querían, pero eran demasiado penosos como para admitirlo una vez más y así dar el siguiente paso.

Las tres parejas bailaban al ritmo de la música de los 90's, aunque… Kurogane se mantenía renuente a bailar esa música tan "escandalosa" para su gusto, aún así complació a su novia con una o dos canciones.

El momento de la música romántica y lenta llegó, provocando que la pista se despejara un poco y se quedaran sólo las parejas de novios en la pista. Los rubios y sus respectivas parejas se fueron a beber algo a su mesa, mientras que Tomoyo y Kurogane disfrutaban un poco de esa música, pues él gustosamente aceptaba bailar eso, pues… así podía tener el cuerpo de su novia muy cerca del suyo, y eso le encantaba.

Hablando de ellos… su relación era algo complicada, no porque hubiera tensión y diferencias, no ¡Qué va! Si siempre se llevaron muy bien, ella entendía incluso los silencios del moreno y él le brindaba el cariño y amor que a nadie más le mostraba, ambos formaban una pareja muy madura a pesar de sus cortos quince años. El problema era que… la madre de Tomoyo no estaba de acuerdo con que su hija tuviera novio aún, decía que era todavía una niña y no dejaría que ningún pelafustán la enredara sino hasta que tuviera la mayoría de edad. Esto era un problema, pues debían ocultar su relación. Y en cuanto a los padres del moreno… ellos no tenían ningún problema en que su hijo tuviera novia, pero tampoco les habían dicho, pues al hacerlo ellos pedirían conocer a la familia de su novia, por simple cordialidad y eso, mis amigos, sería un grave problema.

—Es la segunda vez que miras en aquella dirección ¿Qué te preocupa? —le preguntó con suavidad y con las manos alrededor de su nuca mientras él la sujetaba suavemente de la cintura, meciéndose al ritmo de "You're beautiful" de James Blunt.

—No es nada de qué preocuparse, al contrario… —sonrió de lado y volvió a mirar hacia la mesa, específicamente a Sakura y a Fye.

—¡Oh por Dios! No me digas que…

Su novio asintió con una sonrisa ladina.

—¿Hoy lo hará? ¡¿Estás seguro?!

—Claro que sí —rio un poco por la efusividad de su novia—. Me lo dijo hace una semana, hoy se lo pedirá, de hecho… creo que está a punto de hacerlo —señaló con la mirada a su par de amigos que salían por una de las puertas del gimnasio que daban hacia el jardín de la secundaria que había sido adornado con luces, fuentes de agua y flores por doquier, con un lindo quiosco en medio de todo. Allí fue donde Fye condujo a Sakura.

La noche era hermosa y el jardín estaba iluminado mágicamente con miles de pequeñas lucecillas que conducían a ese blanco e iluminado quiosco. El pavimento se encontraba algo húmedo debido a la brisa nocturna y las luciérnagas se dejaban ver, haciendo aún más mágico el ambiente. El rubio caminó hasta el quiosco sin soltar la mano de su amiga, cuyas mejillas estaban tiernamente ruborizadas.

—La noche es hermosa —murmuró ella de pronto, tratando de romper el silencio que se había formado.

Tú lo eres más —quiso decir él, pero se contuvo, por ahora…—. Sí, es una noche muy especial —se recargó en la baranda del quiosco, sin soltar la mano de la castaña. De pronto la apegó más a él, tirando suavemente de su mano—. Sakura —la miró fijamente a los ojos, sólo unos centímetros los separaban.

—¡Oh por Dios! Va a decírmelo, ahora mismo él…—se puso mucho más nerviosa al notar cuánto había madurado desde su primera declaración de amor hace ya varios años cuando los dos eran apenas unos niños. En aquel entonces él se había puesto sumamente nervioso y eso le causó tanta ternura que la ayudó a no sentirse tan tímida, pero ahora la situación era muy distinta. Él poseía esa seguridad en sus ojos… esa madurez y seguridad que había adquirido con los años. Era cierto, apenas eran unos adolescentes de quince años, pero aún así él había adquirido cierto aire de misterio, madurez y seriedad; cualidades que volvían loca a cualquier chica de secundaria. No por nada era uno de los chicos más atractivos y codiciados de la escuela.

—Quiero decirte que yo… —no terminó, pues de pronto los dos se vieron rodeados de una espesa negrura.

—La luz…

—Se fue… —completó él con el ceño fruncido, el cual desapareció al sentir cómo ella se afianzaba de las solapas de su traje, algo asustada por la falta de luz. Así fue como pudo sentir de nuevo su aroma tan exquisito, incluso bajó un poco el rostro para alcanzar a aspirar ese perfume que lo embriagaba; y sí, tuvo que agacharse un poco, pues había crecido bastante en esos cinco años, Sakura no era más alta que él, YA NO. Ahora él la sobrepasaba por mucho.

—Creo que deberíamos regresar con los demás —quiso salir de allí, pero una mano sujetando con suavidad la suya la hizo detenerse en seco. Quiso ver el rostro de su amigo, pero debido a la oscuridad sólo alcanzó a notar sus ojos azules más brillantes que de costumbre. Sólo eso le permitía ver la luz que le proporcionaban las estrellas, pues esa noche la luna no quiso acompañarlos.

—Espera…

Había sido su imaginación o… la voz de Fye sonó más grave y algo ronca. Su piel se puso de gallina, por un momento se sintió indefensa y muy nerviosa; además, sentía ese revoloteo extraño en su estómago, acompañado por un leve temblor en sus rodillas.

—¿Por qué no nos quedamos un poco más? La luz no debe tardar en llegar.

A pesar de la oscuridad, la castaña pudo notar que sonreía, lo veía en sus ojos alegres.

—S-sí, está bien…

—Tranquila, estás segura conmigo —tomó de nuevo su mano, sin percatarse del tierno y gran sonrojo que invadió las mejillas de su amiga. Sabía que le aterraba la oscuridad y ni se diga el miedo que poseía a los fantasmas, aunque éstos no existieran. En fin… nuevamente la estiró un poco hacia él, pero ahora pegándola a su pecho—. Si tienes miedo puedes abrazarme —le guiñó un ojo con picardía y ella casi se pone a temblar por completo.

¿Por qué me pongo tan nerviosa? Si se trata de Fye, mi mejor amigo de toda la vida… —suspiró—. El problema es que no lo veo sólo como eso…

—¿Qué ocurre? —preguntó de repente, alzando suavemente el mentón de la chica.

—Hum… nada, sólo pensaba en lo que estabas por decirme —mintió un poco—. ¿Qué me ibas a decir antes de que se fuera la luz?

El rubio sonrió con mucha seguridad y galantería.

—Iba a decirte que… primero: Soy más alto que tú; segundo: tengo auto, aunque compartido con Yuui, pero es un auto —se encogió de hombros mientras enumeraba con sus dedos—. Y tercero: tengo dinero. No es mucho, sólo lo que mi padre me ha dado de mesada, pero he estado ahorrando para poder salir juntos. Ya sabes, mi padre no quiere darnos la "gran mesada" porque dice que nos malcriaremos —rio un poco, y su risa fue como música a los oídos de la castaña, aunque aún se preguntaba algo: ¿Dónde había quedado ese niño súper tímido que se ruborizaba por cualquier cosa? Tal como ella suele hacerlo hasta la fecha.

Ha cambiado —pensó con una gran sonrisa en sus labios. Fye había cambiado y… le encantaba. Todas esas cualidades suyas sólo lo hacían más irresistible; su seguridad, su voz, su mirada, su aroma tan inconfundible…

Pero una interrogante seguía bailando en su mente… ¿A dónde iba con todo ese monólogo? Ella pensó que él se le declararía, pero terminó diciéndole tres cosas que…Oh… acababa de recordar una escena de hace cinco años:

"¡Se mi novia por favor! ¡Pero no ahorita! Aún estamos muy pequeños, por eso quiero pedirte que seas mi novia cuando seamos mayores, cuando yo sea más alto que tú y tenga auto y dinero para salir a pasear juntos. Pero quería que supieras que tú me gustas mucho y que serás mi novia, después nos casaremos y estaremos juntos por siempre."

¡Santo Dios! Sí se le estaba declarando…

—Fye… —murmuró con las mejillas tan rojas como un tomate.

—A lo que voy con todo esto… —dijo de pronto, rascándose la nuca con algo de nerviosismo, por primera vez en la noche—… es que quiero pedirte algo muy importante —agradecía enormemente que la luz aún no volviera, eso le daba un poco más de valor, pues sólo veía sus brillantes ojos esmeraldas.

De pronto él se recargó de nuevo sobre la baranda del quiosco, viéndola. Arrastró una de sus medias sonrisas con ese tinte coqueto y un poco divertido. A pesar de la oscuridad, Sakura pudo vislumbrarla claramente y sólo logró acelerar sus latidos. Lo que no sabía era que el rubio estaba tan nervioso como ella, había estado a punto de confesarle sus sentimientos, pero se retractó justo antes de hacerlo.

¡Maldición! —gruñó él internamente—. A la mierda todo, si ya no siente lo mismo por mí, por lo menos no me habré quedado con la duda —pensó con decisión.

—¿Y… qué es? —preguntó, nerviosa y con la curiosidad desbordándose por sus ojos.

Sin decir una palabra más, dio un paso al frente y se inclinó hacia ella.

—Quiero pedirte que seas oficialmente mi novia —susurró cerca de sus labios y admiró su expresión asombrada durante unos segundos antes de besarla con toda la lentitud del mundo, como si no existiera más el flujo del tiempo. Muy diferente a aquella vez en que la besó con torpeza, beso que duró no más de dos segundos. Las cosas eran distintas ahora… ya no eran unos niños y él iba muy en serio. Esto sí que era un beso, pues fue como si un torbellino de distintos sentimientos los invadiera, llevándose todo lo demás, excepto la calidez de sentir los labios de uno contra los del otro. Ella se rindió y regresó el beso con la misma fuerza y anhelo que Fye. Él le rodeó la cintura para acercarla más y ella enredó sus manos en la nuca del rubio. En ese momento las mariposas parecían tener un baile en sus estómagos, además… el ojiazul encontró en los labios de la castaña algo que no era nada parecido a lo que creyó que sería, ni siquiera se acercaba a lo que él había soñado, pues su imaginación se había quedado corta con la realidad, de ahí en adelante ya no quiso pensar, sólo dejarse llevar y envolver con esa calidez que lo invadió, llenando todo su cuerpo.

Se separaron, no por gusto, sino porque la luz tuvo la buena idea de regresar en ese instante. Y como siempre ocurría cuando la electricidad sufría problemas… todos los aparatos que necesitaban electricidad terminaban volviéndose locos, tal como los aspersores del jardín, que justo en ese momento se encendieron y comenzaron a mojar todo a su alrededor, incluyendo a la pareja dentro del quiosco.

La castaña soltó un gritillo por la temperatura fría del agua y él… estalló en carcajadas, seguido por ella momentos después. El rubio tomó su mano y la guió lejos del alcance de los aspersores, corriendo con ella de la mano en medio del jardín, lejos de todos los demás. Corrieron hasta que sus pulmones no dieron para más, habían llegado a la parte trasera del gimnasio, igualmente iluminada y decorada con miles de lucecillas por doquier, dándole un aspecto romántico y mágico a la noche.

Finalmente los dos se miraron de arriba abajo, notando que estaban completamente mojados. Y de nuevo se echaron a reír como dos tontos, aunque la ojiverde se detuvo en seco al sentir una húmeda y fresca mano sobre su mejilla, igualmente empapada, pero muy caliente. Alzó su mirada hasta toparse con esos zafiros tan profundos y hermosos mirándola con un sentimiento lleno de amor y tan bello que sería casi imposible describirlo en palabras.

—¿Entonces…?

Pareció salir de su ensoñación al escuchar esa simple pregunta cargada de emoción y sentimientos. Entendió a lo que se refería, ella no había respondido aún, aunque… él no le dio mucho tiempo que digamos.

—Soy más bajita que tú, no tengo auto y mis ahorros nunca duran mucho —respondió con la misma jugada que él, sonriendo con diversión, pero sin lograr esconder su nerviosismo y el enorme sonrojo en toda su cara—. Creo que encajamos perfectamente.

Eso era un "sí" y Fye pareció estar de acuerdo porque una abierta sonrisa se hizo camino en sus labios, extendiéndose mucho más allá que aquella sonrisa ladina y relajada tan suya, llegando a formar un hoyuelo en su mejilla derecha y dejando entrever sus dientes perfectos.

Sakura sonrió avergonzada por su propia respuesta, pero se sintió tranquila al ver esa hermosa sonrisa en su ahora novio, quien se acercó a ella hasta que el espació entre ellos desapareció, rio contra la mejilla femenina y ella sintió los brazos del rubio cerrarse alrededor de su cintura.

—Sakura… —susurró contra su oído y fue como si una onda de calor le atravesara el cuerpo—. Te amo —la apegó a su cuerpo y sin más preámbulos besó de nuevo sus labios, fue como una caricia, pero un poco más desesperada y apasionada que la anterior. Ambos se separaron con la respiración algo agitada y ella más sonrojada que nunca—. Lo siento, pero creo que me he vuelto adicto —murmuró con picardía, perdiéndose de nueva cuenta en sus labios suaves y deliciosos.

Y ella estaba que no cabía en sí de la felicidad que sentía en ese momento. Al fin eran novios. Después de cinco años de espera que valieron la pena, pues ahora comprobaba que sus sospechas subestimaban a Fye, pues besarlo era mucho mejor a como lo recordaba.

-FIN DE FLASH BACK-

Salí de mis pensamientos cuando sentí la cama hundiéndose a mi lado, no pude evitar un leve respingo al ver a la pequeña Ámber junto a mí, mirándome con sus enormes ojazos azules: grandes y expectantes.

—Ámber, me asustaste…—me llevé una mano al pecho.

—Lo siento —se disculpó muy apenada—. Pero… ¿En qué pensabas? Estabas muy sonriente hace unos momentos.

La miré suavemente y sonreí de la misma forma mientras acariciaba su largo y rubio cabello.

—Estaba recordando uno de los mejores días de mi vida…

—¿Y qué… —unos suaves golpes en la puerta la interrumpieron. Una cabeza rubia se asomó con sigilo, pero se relajó al ver que no estaba sola. Fue extraño, como si le incomodara entrar a verme sólo a mí.

—Buenos días —saludó y miró a su pequeña con algo de reproche—. ¿Tan temprano y ya molestando a Sakura? —chasqueó la lengua y meneó la cabeza con fingido enfado, muy parecido a como Touya me trataba de niña. Esto me causó mucha gracia, pero contuve mis ganas de reír con tal de ver la reacción de Ámber.

—¡No la estoy molestando! —hizo un chistoso mohín. Vi que a su padre le causó mucha gracia, pero se contuvo de reír.

—No son ni las siete de la mañana y ya la estás ahogando con preguntas ¿No es así? —alzó una ceja inquisitivamente. Hacía muy bien su papel de "Touya" Sí, porque ahora mismo estoy viendo una versión chistosa de Touya y mía. Al pensar en esto, mi corazón se nubla un poco por la nostalgia, pero de inmediato me alegro al ver cómo se llevan padre e hija, pues Fye sigue molestándola y ella cada vez está más ofendida. Simplemente es muy divertido verlos "pelear" claro que esa "pelea" terminó con Ámber colgada de su padre, mientras éste fingía querer quitársela de encima.

—Sé que es algo temprano, pero veo que ya están muy despiertas así que… ¿Quieren desayunar? Hay pancakes recién hechos —presumió.

—¡Sí! Pancakes —se soltó de su padre y brincó a la cama, justo a mi lado. Esto provocó que recibiera una mirada reprobatoria de parte de su progenitor—. Lo siento —murmuró bajito y avergonzada por haber brincado tan bruscamente a mi cama—. ¡Sakura! Tienes que probar los pancakes de papá ¡Son tan deliciosos que te comerás cien! —me miró llena de emoción. Yo sonreí y acepté, haciendo que sus ojos se abrieran aún más de emoción.

—Dudo comer cien, pero si están tan buenos creo que comeré muchos —reí de verdad por primera vez en mucho tiempo. Esta niña causaba estragos en mí, una simple sonrisa o mirada suya transformaban mi estado de ánimo en un solo instante. Estando a su lado es imposible estar triste.

—¡Genial! ¡Entonces vamos! —se bajó de la cama y dio brinquitos, esperando a que me levantara. Me sentí algo apenada y más aún cuando alcé la vista y me topé con Fye recargado cómodamente en el marco de la puerta, cruzado de brazos y mirándonos con una pacífica sonrisa en su expresión.

—Cariño, recuerda que Sakura no puede moverse mucho, así que le traeremos el desayuno a la cama ¿Me ayudarás?

—¡Sí! —aceptó después de haberse sonrojado un poquito al percatarse de su distracción. Caminó hacia el pasillo, pero vio que su padre no la seguía, al contrario, se adentró a la habitación sin dejar de mirarme. Debo admitirlo, esto me puso la piel de gallina—. ¿Papi?

—Antes debo cambiar los vendajes de Sakura y revisar que todo vaya en orden, mientras ve a la cocina, tu abuelo está ansioso por verte —le guiñó un ojo y eso fue más que suficiente para que la pequeña soltara un gritillo muy agudo y llenísimo de emoción, de inmediato salió corriendo escaleras abajo. Se ve que ama a su abuelo. Esperen… ¿Abuelo? Eso quiere decir que…

Y como si me leyera la mente.

—Mi padre vino de visita, como todos los años en víspera de navidad —rodeó mi cama hasta llegar a un cajón, de donde sacó lo necesario para cambiar mis vendajes, procedió a hacerlo, pero yo aún estaba en shock. Reaccioné hasta que sentí sus manos sobre mi pierna, haciendo su trabajo.

—¿Es en serio? —pregunté, aún incrédula.

—Sí —me sonrió de una manera que no pude descifrar: ¿Triste? ¿Nostálgico? No lo sé…

—Él…

—Él sabe todo sobre este asunto, ha estado al tanto de ti desde que ingresaste al hospital.

Me quedé sin palabras mientras que un nudo se formaba en mi garganta. De verdad quería verlo, siempre fue como un segundo padre para mí, y no lo he vuelto a ver desde aquel día en la boda de Yuui y Akemi.

—Y también está ansioso por verte ¿No te molesta?

—¡E-en lo absoluto! —respondí de inmediato, sorprendiéndome con lo quebrada que salía mi voz, oh no, ya estoy llorando. Y es que Ashura-san es una persona muy importante en mi vida, casi como un padre para mí.

Levanté la mirada al sentir una mano pesada sorbe mi cabeza, y ahí lo observé entre mis lágrimas, mirándome con mucho cariño, con un tierno amor que calentó mi corazón.

—Le dará mucho gusto verte, de hecho no ha de tardar en subir con el desayuno.

—¡¿Qué?! Pero yo… ¡Yo no…! —me llevé las manos a mi cabello, tratando de arreglar la maraña en que se habían convertido.

—Así te ves hermosa —soltó entre una risilla traviesa, de esas que me ponían colorada, bueno, al parecer siguen surtiendo el mismo efecto. ¡Por Dios, Sakura, contrólate!

Pronto el sonido de unos nudillos contra la puerta se dejaron escuchar. Y ahí estaba… asomándose cautelosamente por la puerta y preguntando si podía pasar. Era imposible no reconocerlo, está exactamente igual a como mi mente lo recuerda. No había cambiado nada, tal vez se asomaba una que otra cana entre sus negros y cortos cabellos, pero nada más. Incluso su sonrisa tan tranquila (La cual heredó Fye) seguía haciendo aparición en su rostro, proyectando tanta confianza como siempre.

—Buenos días Sakura —me saludó.

No supe qué pasó en mí, pero escuchar de nuevo esa voz hizo que en mi garganta se formara un nudo. Yo lo quiero como a un padre y esto me remueve muchos sentimientos.

Al parecer Fye notó mi estado de shock al reencontrarme con su padre, así que optó dejarnos un tiempo a solas, diciendo que debía alistarse para ir al hospital a resolver ciertos asuntos pendientes. Mientras tanto Ámber pareció entender las circunstancias así que salió de la habitación junto con su padre.

—Te traje el desayuno —caminó hacia mí con una bandeja en manos—. Yo no lo preparé —se adelantó a corregir—. Hace algunos años a Fye le dio por cocinar y no se le da nada mal, incluso supera las recetas de su madre —rio un poco, mientras dejaba la bandeja sobre mi regazo. Yo prácticamente babeé sobre ese platillo que se veía tan exquisito, pero por otra parte me sentí muy desconcertada, Ashura-san me trataba como si la última vez que nos vimos hubiera sido ayer.

—Muchas gracias —pude articular palabra después de unos largos segundos de silencio.

Por alguna extraña razón evitaba su mirada y no me atrevía a observarlo a los ojos ¿Por qué?

—No te avergüences, siéntete como en tu casa; además, estás en buenas manos. Sé que mi hijo sabrá cuidarte bien esta vez.

Ahora sí, mis ojos viajaron de inmediato a los suyos, notando la expresión en su rostro. Era algo así como una mezcla entre la tristeza, culpabilidad y nostalgia.

—Ashura-san… —fue lo único que logré articular.

Muchos recuerdos invadían mi mente al tenerlo frente a mí, y es que era imposible no recordar a mi fallecida familia, pues las familias Flowrigth y Kinomoto siempre estaban juntas, ya sea en una reunión, boda, fiesta o simplemente en la tarde de los aburridos domingos.

—Tranquila —me dice a la vez que limpia una furtiva lágrima en mi rostro. ¿Cuándo fue que comencé a llorar? —. Sé que todos estos cambios han de repercutir muy fuerte en tu vida, pero lo que menos debes hacer ahora es preocuparte. Necesitas reponer fuerzas y concentrarte en sanar cuanto antes ¿De acuerdo? —me sonrió como siempre y yo asentí con una pequeña sonrisa, como cuando solía rasparme las rodillas y él me animaba con sus suaves palabras paternales.

—Gracias —susurré con un poco más de alivio. Miré mi desayuno y se me hizo agua la boca, pero algo en mi estómago me impedía engullir de una mordida todo aquello. Alcé la mirada hacia el hombre frente a mí y mis ojos se inundaron de nuevo en lágrimas, pude ver su confusión al verme llorar otra vez.

—¿Qué ocurre? —preguntó con suavidad.

—Y-yo… ¿Puedo darle un abrazo?

Sus ojos se abrieron más de lo normal al escuchar mi petición, pero de inmediato sonrió y se acercó para estrecharme entre sus brazos. Su contacto era el más similar al abrazo de un padre, lo que yo no tenía desde hace ya muchos años…

—Oh Sakura… ni siquiera tienes que pedirlo. Sabes que eres una hija para mí —me estrechó con más cariño—. Sé que has pasado por situaciones muy difíciles, así que debes saber que cuentas con nosotros —se separó un poco y me miró con ternura. Ahí fue cuando yo me quedé de piedra…

—¿Situaciones difíciles? ¿Qué… qué es lo que sabe de mí? ¿Quién habló con usted? ¡Tomoyo le dijo algo!—me separé con desconfianza y mucho recelo. Me estaba poniendo paranoica.

—Tranquila —tomó mi mano, en su expresión se notaba la confusión—. Disculpa si me vi muy entrometido, pero me asombré mucho cuando Fye me dijo que llegaste al hospital… imagina mi felicidad al saber algo de ti después de diez años —sonrió suavemente—. Y lo que me dijo sólo fue lo que tú le has dicho y… de verdad siento mucho la muerte de tú familia…—se le cortó un poco la voz.

Yo suspiré llena de alivio y él pareció notarlo.

—Pero… ¿Qué es lo que sabe Tomoyo? —se extrañó un poco.

Tragué en seco.

—Na-nada…

Al parecer notó mi incomodidad, porque cambió de tema cuanto antes.

—Mejor platícame sobre ti, ¿Qué has hecho en todos estos años?

—Bueno… —lo medité unos momentos.

—Pero que grosero soy, si gustas primero desayuna, mientras tanto puedo platicarte lo que ha sido de nuestras vidas en todo este tiempo —me sugirió con una gran sonrisa. Esa idea me pareció perfecta, además de que estaba hambrienta, no quería hablar nuevamente de mi pasado, quizá podría salir algo de mi boca de lo que me podría arrepentir después.

Y fue ahí donde Ashura se puso a platicar un montón de cosas que vivieron en todos estos años.

Continuará…