We Meet Again
By Tsuki No Hana
VI
"Navidad"
PoV of Sakura
Escucho completamente entretenida todos los relatos de Ashura-san mientras desayuno los increíblemente deliciosos pancakes de Fye ¿En qué momento había aprendido a cocinar tan delicioso?
Cuando se encontraba en la parte más emocionante de la historia, unos ruidos raros se escucharon desde el pasillo. Ambos nos quedamos extrañados y miramos en dirección a la puerta cerrada de la habitación, segundos después entraron dos rubios haciendo mucho escándalo, él parecía estar molestando intencionalmente a la pequeña, cuyas mejillas estaban infladas, haciendo un mohín. La escena era de verdad divertida.
—¡Vaya! ¿Tu apetito ha vuelto? —se animó a preguntar al verme, aun conociendo la respuesta.
Fue hasta ese momento cuando me percaté de algo muy vergonzoso: mientras escuchaba la emocionante historia de Ashura-san, yo no había parado de comer los pancakes en ningún momento. Me habían servido cinco y justo ahora terminaba de engullir el último trozo.
—¡Nadie se puede resistir a la comida de mi papi! —la pequeña corrió hasta sentarse a un lado de mí en la cama.
—Bueno… si se compara como la comida del hospital, cualquier cosa es mejor —se encogió de hombros, con mucha modestia—. Y… ¿De qué tanto hablaban? Al parecer interrumpimos una buena charla.
—Nada serio hijo, sólo le platicaba sobre nuestras vacaciones a México, cuando se te ocurrió ponerle mucha salsa a tus tacos ¿Lo recuerdas?
—¡Cómo olvidarlo! —contuvo una carcajada y me miró directo—. Nunca había probado las salsas mexicanas, pensé que no serían tan picosas como lo demuestran en las películas. Estaba en un grave error.
—¡Te tomaste tres vasos de agua y ni así se te quitó!
—Lo sé hija —rio de nuevo, pero se detuvo un segundo. Parece haber recordado algo importante—. Casi lo olvido… tengo que ir al hospital a ver qué sucederá con Harry después de que su madre…—fue evidente su titubeo, no podía ni concluir la frase. Pronto se dio cuenta de su error.
—¿Harry? ¿Qué pasó con él? —inquirió la pequeña.
—No te preocupes, él se encuentra muy bien —puso una mano sobre su cabeza, con cariño a pesar de la tristeza en sus ojos.
—¿Quieres que te acompañe, hijo?
—No… mejor quédate con ellas —sonrió levemente y me miró—. Además… parece que lograste devolverle el ánimo a Sakura. Había estado muy seria todo este tiempo.
Ante esto, Ashura-san me miró con algo de sorpresa y luego me sonrió con mucha amabilidad.
Finalmente se despidió y salió de la casa, dejándonos a los tres en mi habitación, platicando y divirtiéndonos un rato, la verdad era que abuelo y nieta tenían muy buenas anécdotas qué contar. Simplemente me fascinó ver cómo los ojos de Ámber se iluminaban cada que su abuelo comenzaba con una nueva historia, a veces en ellas se encontraba Tomoyo, en otras Kurogane y obviamente Fye siempre estaba presente en esas historias, lo extraño es que nunca hicieron comentario alguno sobre Akemi y Yuui, bueno, ellos ya habían fallecido poco después de que Ámber naciera, así que no me toma por sorpresa. Pronto nos dio la hora de comida, en la que Ashura-san bajó a hacer de comer, dejándome con una emocionada rubia. Un poco más tarde llegó Tomoyo a hacernos compañía y a ofrecerme ayuda al momento de tomar un baño. Agradecí al cielo que llegara, me urgía tomar un buen baño y sinceramente me daba vergüenza pedirle ayuda a Fye, si bien ya me ha visto desnuda, yo… bueno, aun así me daría mucha vergüenza. No es que con mi amiga no me dé pena, pero al menos es mujer y me comprende.
Y al parecer se dio cuenta de mi incomodidad por estar tan desalineada desde que ocurrió mi accidente, así que me ofreció a pasar una tarde de "chicas" y así fue como pasamos el resto de la tarde. Primero tomé un baño con algo de dificultad, pues el dolor aún era muy fuerte, las varillas y clavos que fijaban mi hueso no me dejaban moverme mucho sin que un agudo y pulsátil dolor me atacara, afortunadamente me las quitarían antes de año nuevo y a cambio me pondrían un pesado y norme yeso, bueno… eso es mejor que estos tenebrosos clavos y metales.
En fin… después del baño la hija de mi ex y Tomoyo me ayudaron a desempacar todas las cosas mientras Ashura-san se ocupaba de algunos asuntos de su trabajo en América, era el director, así que no podía deslindarse por completo del trabajo. Pero mientras desempacábamos hubo algo que llamó mi atención: al tope de una de las cajas, se encontraba el marco con la foto de Shaoran y mía, abrazándonos. De inmediato Ámber saltó a mi lado y me preguntó: "¿Quién es ese señor guapo de tu foto? ¡¿Es tu novio?!" al preguntar lo último, pareció algo inconforme. Yo reí abiertamente y negué con la cabeza. Tomoyo se nos acercó con una sonrisa misteriosamente divertida y dijo: "No pediste que te la trajéramos, pero Fye insistió en hacerlo" me miró con diversión y ahí pude entenderlo todo. Sonreí de lado, dudosa al no saber si pensar que no quería que olvidara a Shaoran, o… ¿Estaba celoso acaso?
Luego de desempacar todo, las tres pasamos una agradable tarde de chicas. Nos pintamos las uñas, nos peinamos y platicamos durante horas. Quería preguntarle a Tomoyo sobre la reacción de Fye al ver la foto, pero no podía hacerlo mientras Ámber se encontrara con nosotras, así que tuve que abstenerme.
OoOoOoOoO
Nochebuena llegó, y a decir verdad nunca imaginé que la pasaría tan bien. Unos meses atrás jamás habría imaginado que pasaría una navidad tan amena y familiar como ahora. Mis planes era hacer lo de siempre: cenar comida pre-preparada del supermercado, terminarme una botella de vino, pasar mi hora masoquista viendo la programación navideña nocturna e irme a dormir temprano para no sentir tanto mi soledad.
Ahora todo fue diferente e inesperado. Veamos… ¿Por dónde comienzo?
En la tarde de nochebuena Tomoyo llegó a casa con la excusa de tener algo importante que decirme, pero la verdad era que quería arreglarme para la cena de navidad. Ninguno en la casa se percató de sus verdaderas intenciones, así que Fye siguió esmerándose en preparar la cena para todos con la ayuda de su padre, de la pequeña Ámber e incluso de Kurogane, bueno… él ayudaba a pelar patatas y cosas por el estilo. Ninguno se imaginó que mi amiga me estaba transformando en ese momento.
Mientras lo hacía me atreví a preguntar ¿Por qué se esmeraban tanto en esta cena? Y me extrañó ver la seriedad que adoptó su rostro en ese momento, pero su respuesta justificó por completo su expresión.
Ella me había dicho que…
—Hemos vivido demasiadas pérdidas en esta vida, pérdidas importantes y dolorosas… nada nos impide estar juntos ahora, así que debemos aprovechar esta oportunidad para convivir, además… no sabemos qué nos depare el futuro, lo único seguro es el presente y como un regalo que es, debemos disfrutarlo al máximo en compañía de nuestros seres más amados. Aunque… déjame decirte que la cena de este año es particularmente especial.
—¿Por qué? —ladeé un poco mi rostro, luego me arrepentí, pues deshice un poco el peinado que en este momento me hacía.
—Porque regresaste a nuestras vidas —y fue ahí donde los ojos de ambas se inundaron en lágrimas.
Cuando terminó de arreglarme y luego de nuestro rato de sentimentalismo, Tomoyo fue en busca de ayuda para que me llevaran a la planta baja. Afortunadamente llamó a su esposo y fue él quien me cargó en brazos hasta la silla de ruedas que me esperaba al pie de la escalera. No sé… su hubiese sido Fye me habría puesto muy nerviosa, aunque nadie me preparó para lo que sucedería a continuación: cuando al fin un extrañamente sonriente Kurogane me dejó en la silla, me empujó en ella hasta entrar a la cocina, donde todos los Flowrigth se esmeraban en la preparación de la cena.
—¡Sakura! —Ámber se dio cuenta de nuestra presencia y dejó de hacer sus labores para correr a mi lado y darme un fuerte abrazo—.¡Te ves tan bonita!
Ashura-san dejó de preparar el pavo y se giró para verme, noté su asombro y su amable y tan cálida sonrisa. Con su mirada lo decía todo, igual que mi padre. Sentí una tierna calidez cuando me sonrió de esa manera, pero… no me esperaba que cuando Fye se volteara con plato en mano desde el fregadero… bueno… no me esperaba que se me quedara viendo de esa manera tan extraña y mucho menos que…
¡Crash!
Todos dimos un brinco del susto.
—¡Oye! —reclamó el esposo de mi amiga mientras que ésta soltaba una carcajada.
—L-lo siento —sus mejillas enrojecieron. Tomó con prisa los restos del plato que yacía en pedazos sobre el suelo.
—Sakura está tan bonita que a papá se le cayó el plato de la impresión —canturreó la pequeña, recibiendo una mirada asesina de su padre. A decir verdad esto fue demasiado cómico, tanto que no pude contener mis ganas de reír.
—Mi hijo no pudo con tu belleza —soltó el comentario al aire, volviendo a rellenar el pavo. Nadie se lo esperaba y mucho menos Fye, pues volvió a tirar el plato (Lo que quedaba de él) logrando que se partiera en pedacitos más pequeños. Ahora sí que enrojecí de la vergüenza, ni siquiera me atreví a mirar a mi exnovio. Sólo pude percatarme de las risillas cómplices de todos mientras me llevaban al comedor.
La velada fue tan hermosa, me sentí tan cómoda y feliz, como hace mucho tiempo no me sentía. Hubo un momento en que me detuve a pensar y a observar todo a mí alrededor. Miré los rostros felices de cada uno de mis amigos y pude notar que eran realmente felices, y por un momento, sólo por un momento sentí una profunda envidia. Ashura-san se veía feliz al compartir esta navidad con su hijo y su amada nieta; Kurogane y Tomoyo parecían una pareja de novios felices y enamorados; y Fye parecía disfrutar al ver a su hija creciendo tan feliz.
Suspiré.
Todo en sus vidas parecía tan perfecto… hasta que recordé algo muy importante: sus vidas no habían sido menos complicadas que la mía, la gran diferencia es que ellos no se dejan intimidar por el destino y afrontan todo con la frente en alto, superando esos obstáculos y sentimientos que sólo te deprimen en esto que se llama vida. Quisiera ser como ellos, tener su fortaleza ante los problemas. Si tan solo…
PoV of narrator
—¿Eh? —se dio cuenta muy tarde de que Fye le hablaba.
—Te preguntaba si el pavo es de tu agrado, es la especialidad de mi padre.
—¡Pero cómo olvidarlo! —sonrió nostálgicamente—. Lo preparaba todos los años cuando nos reuníamos.
—Qué tiempos aquellos… —suspiró Fye, involuntariamente su mirada se vio envuelta por la nostalgia y melancolía.
—Bien muchachos ¿Quién quiere postre? —Ashura se puso de pie, tratando de animar a todos de nuevo—. Les recuerdo que lo preparó mi hijo con ayuda de la pequeña Ámber.
—¿Es una advertencia? Quizá deberíamos tener cuidado, no sabemos qué le puso ese par al postre mientras lo cocinaban… quién sabe, incluso podríamos terminar envenenados. Yo paso —hizo un ademán con su mano, negándose al postre y exagerando la situación con sus brazos cuarzos sobre su pecho.
—¡Kurogane!
—¡Tío!
—¡Kuro-rin!
Fueron las respuestas simultáneas de Tomoyo, Ámber y Fye respectivamente. Sakura se detuvo un momento a observar al mayor de la casa y notó su gran alegría la verlos "Discutir" de esa manera, pero le inundaron las ganas de reír al escuchar el mote que Fye solía usar para referirse a su amigo.
—¿Cómo demonios me llamaste? —explotó el moreno ante la mirada divertida de todos.
—Ku-ro-rin —lo miró retadoramente.
—Con que a esas vamos, doctor de pacotilla…—sonrió malévolamente mientras se ponía de pie.
—Basta —espetó tranquilamente Tomoyo, y con una de sus mejores sonrisas se dirigió a su esposo—. Querido, comamos el postre que preparó nuestra hermosa sobrina, estoy segura de que estará delicioso.
—Pero… —se detuvo ante esa escalofriante y perfecta sonrisa en su mujer.
—Comámoslo.
Al moreno no le quedó de otra más que suspirar resignado.
—Parece que alguien ha sido domado…—Fye murmuró muy bajito, pero lo suficientemente alto como para que todos lo escucharan. Kurogane le dirigió una mirada asesina y todos se esperaron de nuevo un "Pleito" pero grande fue la sorpresa de los demás al ver que el moreno tomaba aire y se tranquilizaba antes de decir:
—Comamos el postre —gruñó.
Todos, incluyendo a Ámber se echaron a reír abiertamente.
—¡Oye! Qué fácil cediste —se extrañó el rubio.
—Lo que pasa es que Kurogane odia dormir en la bañera —dijo de pronto la esposa del mencionado, con su sonrisa igual de radiante.
Los presentes se miraron sin entender, hasta que Fye ató cabos y se echó a reír con más ganas.
—Vaya, no me esperaba que… —se congeló al percibir la mirada profunda y asesina de su mejor amigo, casi juraba que un aura demoniaca lo rodeaba.
—No me hagas decir cosas de las que después me pueda arrepentir —masticó cada una de las palabras mirando simultáneamente a su amigo y a la castaña.
Después de unas cuantas bromas y uno que otro conflicto más, todos disfrutaron armoniosamente la velada, degustando el famoso postre que resultó estar delicioso y más acompañado de una suculenta taza de té.
En cuanto a Sakura… ella simplemente se limitaba a observar todo con detenimiento, sentía una gran paz al ver la felicidad de sus amigos. No participó mucho en las pláticas y bromas, pero sí que se divirtió en grande viendo cómo se llevaban todos. Pronto comenzó a sentir cierta calidez en su corazón, una calidez y tibieza que ya había olvidado cómo se sentía. Era el calor de una familia que te quiere.
Miraba todo desde su silla de ruedas, no quería involucrarse en las conversaciones porque deseaba tener bien guardadas en su mente todas y cada una de las escenas frente a ella, además… hubo un momento en que se sintió parte de la familia, como si todo eso fuera en realidad parte de su vida, pero… súbitamente sus pies volvieron a tocar tierra. Ella no pertenecía a ese mundo, ellos no eran en realidad su familia y toda esta farsa terminaría cuando se recuperara lo suficiente como para poder subir las malditas escaleras de su casa, después de eso tal vez no los volvería a ver y seguiría con su vida de nómada por el mundo.
Un nudo se fue apretando cada vez más y más en su garganta y en su corazón, hasta que de pronto sintió que algo afelpado y suave cubría sus hombros y espalda.
—Está enfriando un poco —le sonrió ampliamente con sus ojitos brillando en felicidad.
—Oh ¡Que linda eres Ámber! —le sonrió agradecida. Luego apuntó su mirada unos metros atrás de la pequeña, a un rubio sentado en la sala, disimulando muy mal que había sido él quien mandó esa cobija con su hija—. Y dile a tu padre que muchas gracias —lo dijo lo suficientemente alto como para que él la escuchara. El pobre se vio descubierto y no pudo más que sonrojarse tiernamente. Por primera vez en mucho tiempo la castaña soltó una risilla traviesa entre dientes.
—¡Ups! Te descubrió papi —rio abiertamente.
—Eres pésimo para esas cosas —se mofó Kurogane. El aludido no dijo nada, sólo se encogió en su propio lugar, bebiendo ponche y terminando su cuarta rebanada de pastel.
El ambiente se vio envuelto en festividad, alegría, música característica de la época y mucha comida. El que mejor aprovechaba esto último era el rubio, incluso Sakura se había quedado asombrada con la cantidad de comida que podía ingerir el ojiazul.
De pronto y sin previo aviso, Ámber saltó en medio de todos, sosteniendo una caja entre sus manos y exclamando enérgicamente:
—¡Vamos a jugar!
—Cariño, creo que ya estoy un poco viejo para eso —se rascó la nuca, incómodo.
—Pero… —sus ojitos se pusieron tristes—… todos los años jugamos twister.
—Lo que pasa es que tu padre ya es un adulto mayor —se mofó el moreno—. Su espalda ya no soporta esos juegos, compréndelo al pobre —fingió compasión.
Eso fue suficiente para que el rubio cambiara su opinión.
—Juguemos —tomó la caja y la pequeña saltó de emoción.
—¡Sí! ¡Vamos a jugar papi!
—¿Todos los años lo juegan? —preguntó la ojiverde, curiosa.
—Desde que Ámber tenía cinco años —Tomoyo rio un poco.
—¿Listos? —preguntó el rubio entrando en escena. Ya había movido la mesita de la sala y había puesto el tapete del juego sobre la alfombra afelpada del piso frente a la chimenea. Él y Kurogane ya se habían quitado los zapatos y estaban listos para comenzar.
—¡Sí! —asintió la pequeña con mucha energía. Nuevamente tomaba a Sakura por sorpresa, pues la manera en la que su estado de humor se transformaba cuando su padre la invitaba a jugar era como si le inyectaran una chispa de energía directo al corazón.
Comprobó nuevamente el efecto de ver a la persona que más admiras y compartir juntos un momento. Atesorar cada instante que pasas con esa persona que pasa las horas y los días trabajando duro por ti. Pese a su corta edad, Ámber era consciente de todo eso y ponía todo de su parte para aprovechar el tiempo y pasarla bien con su ocupado padre.
—Tía Tomoyo, abuelito ¿No van a jugar? —preguntó inocentemente.
—Lo siento querida, yo en verdad ya soy muy grande para ese juego —se disculpó apenado.
—¡Listo! —de pronto Tomoyo había desaparecido del lado de Sakura, y apareció en un extremo del tapete del twister, ya sin zapatos y lista para jugar.
La ojiverde contuvo una carcajada, todos sus amigos parecían unos niños en estos momentos. Su mente evocó los bellos recuerdos de su infancia cuando todos jugaban exactamente a lo mismo. Ahí se dio cuenta de que sus amigos no habían cambiado, seguían siendo los mismos divertidos de siempre. Esto sólo la hizo sentirse más en familia.
—¡Sakura! Tú también juega.
—Pero…
Silenció cuando el rubio le puso el tablero del juego en su regazo para después acercar su silla de ruedas al sillón donde estaba sentado su padre, justo frente al juego. Por primera vez en la noche, Sakura se sintió verdaderamente parte de todo, descubrió que vivir al margen ofrece una perspectiva única. Pero siempre llega el momento de entrar en escena y ver el mundo desde dentro. Sintió de nuevo esa calidez en su congelado y maltratado corazón, y sonrió, sonrió de verdad.
—No olvides lo que hacías siempre que te tocaba el tablero —le susurró Ashura al oído para después guiñarle el ojo—. Recuerda que tienes el control.
La aludida asintió, tenía un muy buen plan en mente…
—Muy bien, empecemos…
Después de unos cuantos "mano izquierda azul", "Pie derecho amarillo", pie izquierdo rojo" y "mano derecha verde" todos se encontraban en una posición verdaderamente incómoda. Tomoyo estaba prácticamente a horcajadas sobre Fye, mientras que éste se sostenía a cuatro patas y casi de espaldas tratando de no tocar el tapete con nada que no fueran sus extremidades. Estaba nervioso, pues Tomoyo en realidad estaba muy cerca de su rostro, aunque… a decir verdad el pecho de Tomoyo era lo que estaba demasiado cerca de su rostro y eso sólo hacía que el rostro del rubio estuviera más colorado que un tomate. Aunque Kurogane no estaba en una posición más cómoda…
—¡Hey! ¡Mueve tu trasero de mi cara! —exclamó con fastidio e incomodidad.
—¡Kurogane! —le reprendió su esposa—. Hay niños presentes —el aludido sólo bufó.
—¿Pero qué tiene de malo que diga "trasero"? —gruñó—. A tu padre no le molesta ¿O sí? —le preguntó a una sonriente y divertida Ámber—. Además, tu padre siempre dice tra… —no pudo terminar la palabra, pues el trasero del rubio le dio de lleno en la cara.
—Calla —lo empujó y a la vez trataba de mantener el equilibrio y al mismo tiempo intentaba que su cara no chocara con los pechos de su amiga.
Ante esto la pequeña Ámber soltó una carcajada, de todos era la que más cómoda estaba, sola, en una orilla, lejos de la masa de cuerpos humanos en que se habían convertido sus parientes.
—Creo que ya sufrieron mucho —murmuró el mayor de todos, sin detenerse a contener una risita nerviosa y traviesa, muy parecida a la de Fye.
—Creo que sí… —rio igualmente—. Pero… —hizo como que giró la manecilla del tablero e inventó el resultado—. "Mano izquierda azul"
Y con esto fue más que suficiente para que la masa de cuerpos se derrumbara sobre el tapete. El moreno vio cómo estaban su esposa y amigo, así que antes de caer logró empujar a su mujer para que ésta cayera sobre su propio regazo y él sentado cómodamente sobre el estómago de su amigo. Ni siquiera lo había dejado quejarse cuando le estampó el trasero en la cara, así que se desquitaría por un rato.
—¡Gané! —brincó victoriosa.
—Felicidades cariño… —murmuró su padre, siendo aplastado por el peso de los otros dos. Casi se le podían ver dos espirales en vez de ojos.
Todos estallaron nuevamente en carcajadas.
—Buena estrategia, Sakura —murmuró Ashura sin que los demás lo escucharan. La aludida sonrió divertida.
—Ámber tenía que ganar.
—¡Oye! ¡Ya bájate de mí! —exigió.
La amatista ya se había puesto de pie, pero el moreno siguió sentado sobre su amigo.
—Mmm… lo pensaré.
—¡Tío, bájate de mi papi! —fue como un grito de batalla mientras una descalza Ámber tomaba vuelo para correr hacia su tío y taclearlo con todas sus fuerzas infantiles.
—¡Oh! —fingió dolor y se dejó tumbar sobre el tapete afelpado.
La rubia soltó una risotada, aún sentada sobre su tío, quien se prestó a ese juego chistoso (raro en el siempre serio e imponente Kurogane).
—Me has salvado —quitó a su hija del pobre y "lastimado" Kurogane. La tomó en brazos y abrazándola demasiado fuerte le dejó un tierno beso en la frente. Las mejillas de la niña se tornaron rositas mientras respondía el abrazo con el mismo cariño e intensidad.
—Sakura, hiciste trampa ¿No es así? —inquirió Tomoyo con las manos sobre las caderas—. ¿Sakura? —insistió al no ver respuesta en ella. Siguió la dirección de la mirada de su amiga y no pudo evitar sentir cómo su corazón se estrujaba. Su mejor amiga observaba con una inmensa nostalgia y melancolía la escena entre padre e hija. Tanto Kurogane como Ashura lo notaron, ninguno se animó a hacer algún comentario, pero más que nadie, Tomoyo sabía la verdad sobre el pasado de Sakura, sólo ella podía comprender el verdadero dolor tras ese mirar tan triste que les dirigía a aquellos dos que aún no se daban cuenta que eran el centro de atención—. Cariño, ya puedes levantarte —soltó una risilla al ver que su marido seguí tirado en el piso.
—Creo que alguien tomó demasiado ponche —se burló el rubio, quien obtuvo como respuesta un gruñido de parte del moreno. Eran las tres de la mañana, ciertamente estaba algo cansado.
—Hijo, el ponche no tenía alcohol —lo corrigió Ashura.
—Amm… creo que le vacié un poco —se rascó la mejilla, nervioso.
—¿Ahora quién es el alcohólico aquí? —reprochó Kurogane, señalando el enorme vaso de ponche que se había servido y que estaba a medio vaciar. Aunque a decir verdad tenía muy poco alcohol y de todas formas el cirujano cardiotorácico tiene muy buena resistencia al alcohol.
Sakura aprovechó toda esa cómica distracción para moverse en su silla de ruedas hasta el ventanal que daba hacia el patio. El cristal que abarcaba desde el piso hasta el techo mostraba el extenso patio de césped verde con árboles enormes y un columpio para cuatro personas, de esos en los que se sientan dos parejas viéndose de frente. Si no hiciera tanto frío tal vez se animaría a salir, si no estuviera atada a esa silla de ruedas…
Sin proponérselo comenzó a meditar una vez más en su vida. No podía evitarlo… estas fechas la ponían más melancólica de lo normal, además que ya se había desacostumbrado a este ambiente tan ameno y familiar. Se sentía cómoda, pero a pesar de todo no dejaba de sentirse un poco fuera de lugar, un poco incómoda por el hecho de estar con una familia que no es la suya. Vale que hace muchos años la familia Flowrigth y Kinomoto eran casi como una sola, al igual que con los Suwa y los Daidouji. Pero había algo que no encajaba en la escena: ella…
No podía evitar sentirse de repente como una intrusa en un cuento de hadas que eran las vidas de sus amigos, mucho menos cuando está acostumbrada a habitar en los cuentos de drama y tragedia.
—¿Quieres salir?
Esa conocida voz masculina la trajo de vuelta a la realidad, junto con el distintivo aroma, delicioso y suave de la loción que siempre usa. Parpadeó confundida y salió de su letargo para mirar a su antiguo novio. Su mirada era suave y sincera al igual que su sonrisa. Lo miró disimuladamente de arriba abajo y por primera vez en la noche reparó en lo guapo que se veía con su ropa formal: perfecta para la ocasión, su camisa con los primeros botones ya desabrochados y un tanto arrugada por el reciente combate en el twister, pero guapo y sexy de todas maneras.
Las palabras se atoraron en su garganta, sintiéndose de pronto muy pequeña e insegura ante la impotente figura del rubio. ¿Desde cuándo era tan alto y ella tan pequeña? Sólo pudo atinar a asentir con la cabeza.
—¡Está nevando! ¡Está nevando! —la cantarina y emocionada voz de Ámber distrajo a todos e incluso trajo de vuelta a la realidad a la castaña—. ¿Podemos salir papi? ¿Podemos? ¿Podemos? —insistió con sus enormes y encantadores ojos azules sin dejar de tirar la manga de su padre. Definitivamente nadie podría decirle que no a ese par de ojos tan bellos.
—Vayamos, pero abrígate muy bien, ponte tu chaqueta, bufanda, gorro y guantes —dijo muy serio.
—Ven, te ayudo —le dijo Tomoyo, ayudándola a ponerse todo lo que su padre dijo.
Y mientras eso ocurría, Fye se alejó de Sakura sin decir nada. Ésta se desanimó un poco, él no tenía la obligación de permanecer siempre a su lado, pero aun así deseaba tenerlo cerca, su aroma, su calor y su sonrisa la tranquilizaban. Cerró los ojos, ya tenía algo de sueño, pero era la primera navidad en que la pasaba tan bien, no quería dormirse, no aún. Aspiró con fuerza, lista para soltar un profundo suspiro, pero el oxígeno que entró a sus pulmones iba acompañado de una fragancia tan deliciosa y conocida que no quiso dejar salir ese aire de su sistema.
Cuando abrió los ojos se topó con la intensa y azulada mirada que la observaba con curiosidad.
—¿Está todo bien? —inquirió él en voz baja para no alarmar a los demás—. ¿Duele mucho? —le preguntó al oído cuando se inclinó sobre ella para acomodar mejor el abrigo que había puesto sobre ella.
—Así que se trataba de su abrigo, de ahí viene ese olor…—pensó, totalmente embelesada. Casi olvidaba que le había hecho una pregunta—. Eh… a decir verdad… no me ha dolido en un buen rato —le sonrió tímidamente.
—Me alegra —le sonrió con sinceridad, sin apartar su rostro del de ella.
La pobre sintió su rostro arder. Se maldijo por dentro, ya había quedado en que no daría cavidad a esos sentimientos que desde hace mucho había sepultado en lo más profundo de su corazón—. Sí, los sepultaste, mas no los expulsaste de él —se dijo a sí misma.
Ninguno de los dos se percató de que un par de ojos curiosos los miraba desde lejos con unos pensamiento interesantes cruzando por su cabecita.
—¡Vamos, vamos, vamos! —la enérgica Ámber arrastró a todos hacia el patio trasero. A penas puso un pie fuera, la pequeña ojiazul comenzó a corretear por todos lados; la nieve que caía lenta y copiosamente ya se estaba acumulando sobre el césped. Levantó el rostro para atrapar los copos de nieve con su lengua, pero perdió el equilibrio por tantas capas de abrigos que traía encima y cayó chistosamente al suelo. La pobre no se pudo levantar hasta que el amable de su abuelo fue a su rescate.
Tomoyo y Kurogane salieron tomados de la mano, con tranquilidad y paciencia, a un lado de Fye, quien empujaba cuidadosamente la silla de Sakura.
—¿No crees que exageraste un poco con la ropa?
—Para nada —exclamaron Fye y Tomoyo al mismo tiempo, casi ofendidos.
—Recuerda que Ámber enferma muy fácilmente, no queremos que caiga en cama de nuevo —suspiró el rubio mientras veía cómo su hija corría de un lado a otro mientras que su padre trataba de darle alcance, pero simplemente le era imposible.
—Y no está demás que esté bien abrigada. Fye, eres un buen padre —sonrió la amatista, poniendo una mano sobre su hombro y alzándole el pulgar.
—Que exagerados, pobre niña… —dramatizó un poco.
—Lo entenderás cuando tengas a tus hijos —le guiñó un ojo a su mejor amigo, pero como respuesta sólo obtuvo silencio por parte de los dos. Eso fue extraño.
Kurogane iba a decir algo, pero en eso una bola de nieve fría y dura lo golpeó de lleno en la cara, había dolido un poco. Cuando logró quitarse los restos de nieve del rostro, notó que había sido Ámber. Se quedó sorprendido…, sus amigos y familia estallaron en risas.
—Pequeña mocosa —masculló entre dientes antes de echarse a correr tras la niña, cuando al fin le dio alcance la tomó en brazos hasta echársela al hombro como costal de patatas, girando sobre su propio eje para marearla. La niña sólo gritaba feliz y contenta.
Tomoyo soltó un leve y casi imperceptible suspiro que no pasó desapercibido por la castaña y el rubio, ambos se miraron y luego la miraron a ella. Se abstuvieron de preguntar al notar ese atisbo de tristeza opacando sus ojos.
—¿No tienes frío? —preguntó en voz bajita, casi con cariño mientras ponía ambas manos sobre sus hombros, los cuales se pusieron rígidos ante su contacto.
—Estoy bien…—respondió, desviando la mirada.
Tomoyo notó todo esto y sonrió casi satisfecha.
—Iré con mi esposo, los dejo solos —les guiñó un ojo y se alejó en dirección a su sobrina y marido.
La ex pareja se quedó en el mismo lugar sin saber qué hacer o cómo reaccionar hasta que el cardiólogo se decidió a empujar la silla hasta ponerla a un lado de una banquita del patio, donde se sentó y desde donde podrían ver todo el escenario: Kurogane y Tomoyo estaban ahora en el columpio para cuatro, sentados uno al lado del otro, muy pegaditos y dándose calor mientras se balanceaban tranquilamente. La escena era muy tierna, pues era raro ver a Kurogane comportarse de manera romántica y cariñosa.
Por otro lado estaban Ámber y su abuelo sentados bajo un árbol, tratando de hacer un muñeco de nieve. La escena era también muy tierna, pues los ojos del mayor de los Flowrigth brillaban cada que veía a su adorada nietecita.
—Todo es tan pacífico aquí… —soltó al viento—. Es muy diferente a mi apartamento, aquí se siente paz, tranquilidad, calor de familia… —se animó a abrirse un poco ¿Qué más daba? Además era navidad, así que… a la mierda su plan de "Frialdad hacia Fye"
—Es la magia de este lugar. Hay paz… puedes escuchar tus pensamientos, reflexionar —suspiró con tranquilidad.
—¿Por eso compraste esta casa?
—Algo así… en realidad compré el terreno y después construí la casa.
—¿Tú la diseñaste?
—No, tú lo hiciste…
—¡¿Qué?!
—¿Acaso no se te hizo conocida? —la miró con sorpresa.
—Pues… ahora que lo dices…
Flash back
Dio un pequeño respingo sobre su silla al sentir que le picaban las costillas. Estaba tan concentrada en lo que hacía, que no se percató de la presencia de su novio, cuyos ojos la miraban con diversión por haber logrado asustarla y cuya mano sostenía una gran taza de café humeante.
—Toma, lo necesitas.
—Gracias Fye —aceptó la taza con una gran sonrisa y le dio un sorbo de inmediato.
—¿Qué haces?
—Eso mismo debería preguntarte yo a ti. ¿Qué haces en mi casa a las dos de la mañana? —alzó una ceja—. Para empezar… ¿Cómo fue que entraste que ni cuenta me di?
El rubio se encogió de hombros mientras arrastraba una silla hasta sentarse a un lado de su novia, frente a un escritorio lleno de hojas de papel, lápices de todo tipo, colores y demás.
—Hablé hace un par de horas, Tomoyo contestó y me dijo que estabas muy ocupada con un proyecto así que pensé en venir a molestarte un rato.
La castaña sonrió y sin pensarlo dos veces se recargó contra el hombro de su novio y suspiró con alegría.
—Muchas gracias.
Nada mejor que la visita de tu novio en medio de la madrugada para darte ánimos a seguir con ese proyecto final que tanto trabajo te está costando.
—¿Y bien? ¿Qué es lo que haces, en qué te puedo ayudar? —tomó un par de hojas y observó los garabatos en ellas—. Esto… ¿No es más bien de arquitectura? —inquirió al ver los diseños de infraestructura que apenas eran unos bocetos de lo que parecía ser una casa.
—Sí… ese es el proyecto final que me asignaron. Se trata sobre la visión artística aplicada a la arquitectura. Y como verás… para nada es mi fuerte. Soy un asco —murmuró cada vez más bajo. Llevaba horas intentando comenzar, pero simplemente no se le ocurría una buena idea.
—¿Y qué es lo que debes hacer? —preguntó, sin dejar de mirar los garabatos en varios ángulos, tratando de darse una idea.
—Unos bocetos de la infraestructura, después el dibujo completo de la construcción y finalmente una maqueta, pero ni siquiera tengo idea de qué hacer y me piden el trabajo ya terminado para dentro de dos días, ¡No sé qué hacer! —estampó su rostro sobre el escritorio, desesperada.
—Fácil.
—¿Eh? —levantó su cara de la madera.
—Sí. Sólo tienes que imaginar la casa de tus sueños.
—Pero… no es tan fácil.
—Sí lo es. Mira… sólo piensa en cómo te gustaría que fuera la casa donde viviremos después de casarnos —tomó lápiz y papel y sin mirarla comenzó a hacer expertos garabatos—. Tiene que ser amplia, de dos o tres pisos, con un jardín grande y un patio enorme para que nuestros niños jueguen. ¡Ah! Y debe tener una chimenea en la sala, siempre he querido eso —rio—. Veamos… también la cocina, debe ser lo suficientemente amplia para que los dos podamos cocinar juntos, el cuarto principal debe tener su propio baño y debe ser muy amplio también —terminó de hacer sus garabatos—. ¡Listo! Tienes un boceto completo de una casa ¿Qué te parece? Ya sólo falta que la diseñes a tu gusto y si quieres puedes cambiar las medidas o incluso el número de cuartos —despegó la mirada del papel y miró a la castaña por primera vez desde que comenzó a dibujar. Su rostro estaba completamente iluminado por la emoción y la vergüenza, sus mejillas rosas la delataban, pero… no entendía el motivo—. ¿Qué ocurre cariño?
—T-tú… acabas de decir… ¿Casarnos? ¿Hijos? ¿Casa? ¿Qué…?
El rubio estalló en carcajadas. Se enterneció por completo.
—Pero por supuesto mi amor ¿O acaso pensabas que yo sólo te quería para pasar el rato? Obviamente te quiero a mi lado por el resto de mi vida —se giró hacia ella y la tomó suavemente de la barbilla, alzándola para conectar sus miradas—. Yo quiero que seas la madre de mis hijos.
—¡F-Fye! —lo había dicho con tal seguridad y amor que… simplemente no pudo resistirlo, y es que… ¿Acaso le estaba pidiendo matrimonio?
—Lo siento —la abrazó con cariño, reposando una de sus manos sobre la cabeza de la castaña—. Creo que he vuelto a ser algo impulsivo como aquella vez que te confesé mis sentimientos en la primaria —rio con suavidad—. Creo que debo tener más tacto al decirlo, pero es que… es lo que siento y lo que en verdad quiero, así que no puedo evitar confesártelo.
—Fye.
—¿Si? —se separó del abrazo para verla a los ojos.
—Te amo —confesó con un infinito amor brillando en sus ojos, justo antes de tomarlo de las mejillas e impulsarse un poco hacia él para lograr besar sus labios. Él aceptó gustoso la caricia y la intensificó tomándola suavemente de la nuca para atraerla más a ese beso—. Y creo que me acabas de dar la inspiración necesaria para terminar este trabajo —sonrió con un brillo especial tanto en sus ojos como en su mirada.
—En ese caso…—se puso de pie—. Será mejor que te deje trabajar.
—No te vayas.
—No lo haré, estaré en la sala —se inclinó y depositó un suave beso en su frente—. Además, no creo poder contenerme estando tan cerca de ti. Es de noche, Tomoyo ya está dormida y… estamos solos en tu recámara —murmuró roncamente contra su oído, finalmente contuvo un suspiro y se separó después de darle otro cariñoso beso en la frente.
La ojiverde tragó en seco.
—E-está bien.
A partir de ese momento se dedicó de lleno a su trabajo, cada vez que se cansaba o que se le iban las ideas de la mente, sólo era necesario imaginarse cómo quería que fuese su vida en un futuro no muy lejano, cómo quería que fuese su casa, el lugar donde vivirían sus hijos… su familia…
Pasaron las horas y ya había amanecido cuando Sakura había terminado incluso la maqueta. Se había inspirado y emocionado tanto con l idea que le dio su novio, que no pudo detenerse hasta no ver terminado su proyecto. La casa de sus sueños: tres pisos, espacios amplios, jardín hermoso y lleno de flores, un patio extenso y muchas habitaciones para sus tantos hijos futuros. Simplemente la casa perfecta, totalmente blanca con detalles en los marcos de las ventanas y una cerca de madera blanca delimitando el fin del jardín con la acera.
No esperó más. A penas la tuvo lista, corrió escaleras abajo hasta la sala, donde se encontró con la chistosa escena de su novio dormido en el sillón. Estaba bocabajo, roncando y babeando un cojín. No se molestó en ser sutil, simplemente le picó las costillas y lo movió hasta que se despertó poco a poco, tallándose ojos y rostro.
—¿Qué…? —parpadeó confundido—. Oh… —se incorporó rápidamente del sillón—. La terminaste. Nuestra casa…
Fin flash back
—No puedo creerlo… ¿En serio construiste tu casa en base a nuestros garabatos? —él asintió—. ¿Por qué?
El aludido se encogió de hombros. Quería decirle el verdadero motivo… que sólo así había logrado mantenerse cuerdo y con la esperanza de que algún día se reencontrarían para vivir juntos como esposos en esa enorme casa. Quería decirle lo mucho que esperó el momento en que los dos pudieran sentarse en ese columpio para cuatro, tal como Kurogane y Tomoyo. Los cuales por cierto…
—Hacen una hermosa pareja —mencionó el rubio, aprovechando para desviar el tema.
—Siempre pensé lo mismo —respondió ella, viéndolos besarse con tanto cariño y ternura. Se dio cuenta que Fye sólo se había ido por la tangente, pero no quería presionarlo, además, quería evitarse escuchar ese lastimoso "Prefiero no tocar el tema" aquella vez que se lo dijo en el hospital simplemente la destrozó. La duda sobre la madre de Ámber aún seguía a flor de piel, pero no podía arriesgarse a dar un paso en falso con él.
—¿Y tu sueño sigue en pie? —inquirió con curiosidad, pero sin animarse a verla a la cara.
—¿Cuál sueño?
—El de tener cinco hijos. Siempre dijiste que querías al menos cinco o seis —soltó una risilla cantarina—. ¿Sigues queriendo tantos? —al mirarla se percató de la tristeza que inundó su expresión.
—Es algo tarde para eso… —murmuró.
—¡Pero claro que no! ¡Apenas tienes treinta! estás muy a tiempo.
La aludida lo miró confundida, no se refería a su edad, pero…
—Oh… sí, sí tienes razón —sonrió de una manera extraña y suspiró, mirando la nube de vapor que se formaba ante sus ojos.
—¿Entonces? —insistió él.
—No lo creo —desvió la mirada, algo cansada del tema. Él lo notó—. Para ello necesito a alguien, no sólo puedo decidir tener un hijo y ya —refunfuñó un poco—. Aunque… existe la inseminación artificial… —murmuró por lo bajo, meditándolo seriamente.
—¡Para nada!
La aludida dio un brinquito ante la efusiva negativa de su ex.
—Eso es demasiado frío e inhumano, nunca dejaría que te hicieras ese tipo de tratamiento, además, para eso somos los hombres. No necesitas ninguna inseminación artificial —se cruzó de brazos, casi haciendo un mohín. La castaña parpadeó confundida.
—Lo dices como si fueras la víctima —entornó los ojos—. ¿A ti qué más te da que haga eso?
—Lo siento…—se rascó la nuca—. No debí inmiscuirme tanto en eso.
Hubo un silencio muy incómodo.
—Ha de ser hermoso tener una familia. Me refiero a los hijos —lo miró a los ojos, un atisbo de nostalgia y tristeza brillaban en ellos—. Ámber es una niña hermosa, está llena de cualidades y además es muy lista y cariñosa —suspiró—. Si tuviera una hija, me encantaría que fuera como ella —soltó, mirando el cielo estrellado.
Fye se quedó congelado sobre su lugar y casi tragó en seco.
—¿Sabes? Ámber no lo dice, pero sé que resiente la ausencia de su madre. A pesar de que murió cuando ella apenas tenía dos años, sé que la quiere como a nadie en el mundo —afirmó mirando al cielo nocturno.
—¿La… la madre de Ámber murió? —se animó a preguntar aún sabiendo la respuesta—. Lo siento tanto…
—No me lo dice para que no me preocupe, pero le hace falta el calor de madre, y es algo que por más que lo intente, no podré lograr brindarle nunca —cerró los ojos, sintiendo la helada brisa nocturna acariciar su rostro.
—Ella es feliz —soltó de repente—. Es una niña feliz gracias a ti —lo miró a los ojos y sonrió con calidez, él no pudo más que devolverle la sonrisa con la misma ternura.
—Esas palabras valen mucho para mí —alzó la mirada al cielo, suspirando. A su suspiro le acompañó un profundo y largo silencio.
—Debiste sufrir mucho cuando su madre murió… de verdad, lo siento tanto —se animó a tomar su mano y a apretarla entre las suyas. Él se sorprendió un poco por el gesto, pero lo agradeció de verdad al devolverle el apretón con más fuerza todavía.
Se miraron mutuamente y sonrieron, no fue una sonrisa falsa ni forzada, fue tal como antes. Inevitablemente un antiguo sentimiento se hizo presente, reclamando territorio en el corazón de ambos.
Y sin saber cómo o de dónde, una bola de nieve les cayó de frente a la pareja, haciendo que el agarre entre sus manos desapareciera al instante. Al ver esto, la persona que lanzó la bola se arrepintió de inmediato de haberlo hecho.
—¡Ámber! —rio el rubio—. ¡Ya verás! —se paró de la banca y la persiguió con nieve en ambas manos, listo para lanzársela mientras que la castaña miraba todo desde su silla, sintiendo aún el calor que dejó Fye en su mano derecha.
—La madre de Ámber murió…—pensó con tristeza, aún le costaba asimilar ese hecho—. Y yo que me sentía celosa…—meneó la cabeza de un lado a otro—. Esa mujer fue muy afortunada al haber tenido aunque sea por dos años a esta hermosa familia. Es una lástima que ya sólo queden ellos dos…
El tiempo se les había ido volando a todos, tanto que no se percataron de que ya estaba amaneciendo. Juntos como familia apreciaron los leves tonos rojizos del amanecer hasta que el sol estaba en todo su esplendor, claro, oculto entre nubes debido al clima invernal, pero ya había amanecido de todas formas.
—Nosotros nos retiramos a descansar —dijo de pronto Kurogane, se vía el cansancio en sus ojos.
—Si no duerme lo suficiente se pone de mal humor —murmuró Tomoyo por lo bajo, haciendo que todos rieran un poco.
—Entonces creo que padeces de insomnio mi amigo —mencionó el rubio logrando que todos soltaran una carcajada y recibiendo un golpe en el hombro que lo descolocó por completo—. ¡Tsk! ¡No tienes que ser tan rudo!
—O tal vez tú eres un debilucho —lo retó.
—Bien chicos, creo que es suficiente por hoy —se interpuso entre ambos—. Será mejor que nos vayamos a dormir.
—A estas alturas de edad y Ashura-san aún tiene que intervenir para que no se maten a golpes, es una vergüenza —dramatizó Tomoyo, logrando una risilla en Ámber y Sakura.
Fye farfulló algo imposible de entender, tomó la silla de Sakura y la empujó hacia el interior de la casa, seguido de una tierna Ámber que ya se caía del sueño.
—¿Entonces ya se van, tío? —murmuró la pequeña—. ¿No podemos hacer una pijamada? —lo miró suplicante con sus hermosos y enormes ojos.
—Lo haremos en otra ocasión ¿Te parece? —la alzó en brazos con facilidad.
—Está bien —hizo un mohín, pero se le pasó al instante cuando sintió que besaban fugazmente su mejilla. Sin poder evitarlo sus mejillas se sonrosaron levemente. Su tío Kurogane no solía ser muy afectuoso.
—Anda, ve a despedirte de tu tía Tomoyo —la bajó al suelo, pero antes de soltarla la pequeña le propinó un beso muy cariñoso en la mejilla también, logrando una exclamación de "Awww" por parte de todos los demás.
La pequeña rubia corrió a despedirse calurosamente de su amada tía, quien momentos después, al despedirse de Fye, le dijo:
—Que descansen querido —sonrió angelicalmente y luego se acercó a su oído—. La falda de Sakura no es muy difícil de quitar, pero necesitará ayuda. Te la encargo —le guiñó un ojo y se alejó tomada del brazo de su marido. El pobre se quedó de piedra ¿Tendría que hacer eso? ¿Por qué no lo hacía ella? Oh… se trataba de Tomoyo y nadie mejor que ella para maquinar planes estratégicos que sirven sólo para ponerlo en apuros bochornosos.
Después de que el matrimonio Suwa se retiró, Fye fue a la cocina en busca de un vaso con agua para que Sakura tomara sus medicamentos, ya se había pasado la hora en que debía tomarlos y su pierna comenzaba a molestarle.
—Fue una noche muy agradable ¿No crees? —tomó un vaso con agua para él.
—Lo fue —sonrió soñadoramente y su padre no pudo contener una risilla al verlo actuar como adolescente enamorado.
—Llevaré a Ámber a su cuarto, tú encárgate de Sakura —le guiñó un ojo, logrando que su hijo se sonrojara de nuevo.
—Pe-pero… —suspiró pesadamente, su padre ya había dejado la cocina. Parecía que habían organizado todo un plan macabro para dejarlos a solas.
En fin… salió con vaso y medicinas en mano, Sakura las tomó y en seguida intentó ponerse en pie por sus propios medios.
—¡Oh! Tranquila —dejó el vaso en la mesita más cercana y de inmediato la detuvo—. Creo que aún es muy pronto para que intentes caminar por tu propia cuenta —la miró con algo de tristeza, sabía lo impotente que debía sentirse en estos momentos.
La aludida bufó con fastidio.
—Ya no quiero ser una inútil, eso es todo —bajó la mirada, pero la alzó de inmediato al hallarse de pronto entre los brazos del rubio.
—Por supuesto que no lo eres —le guiñó el ojo y empezó a subir las escaleras—. Además es buen pretexto para poder cargarte —se animó a abrirse un poco ¿Será que el ponche sigue surtiendo efecto en su sistema todavía? Quien sabe, de lo único que estaba seguro es de lo feliz que se siente al tenerla así entre sus brazos, así que subió las escaleras con la mayor lentitud posible. Extrañamente Sakura no se animó a subir la mirada en ningún momento, pero según lo que alcanzaba a apreciar, su rostro estaba ardiendo en vergüenza.
Llegó al final de las escaleras y se toparon a Ashura saliendo de la habitación de Ámber, éste les sonrió casi de oreja a oreja al verlos así, incluso sus ojos brillaron.
—Ámber cayó rendida —alzó el pulgar y se dirigió a su propia habitación—. No se desvelen más —murmuró antes de entrar a su cuarto.
Por un momento se sintieron de nuevo como un par de adolescentes.
—¿Estás muy cansada? —inquirió el rubio mientras entraba a la habitación de Sakura. No habían prendido la luz, así que todo estaba en penumbras debido a las cortinas aún cerradas.
—No mucho.
—Ya veo… —se dirigió a la cama y la depositó con sumo cuidado sobre el edredón—. Tomoyo me dijo que necesitarías ayuda con la ropa, entonces yo podría…
—No es necesario —le interrumpió, se veía algo molesta con ese hecho—. Yo puedo hacerlo.
El rubio suspiró. Era como si diera un paso adelante y dos para atrás, simplemente nunca estaba lo suficientemente cerca de Sakura, no podía acercársele por más que lo quisiera, pues cada que lo intentaba ella parecía poner una barrera entre ambos, como si temiera que entrara de nuevo a su vida. Él deseaba con todas sus ganas poder comprender a esa enigmática mujer en quien se había convertido Sakura, sin embargo, era una tarea aún más difícil de lo que se imaginaba.
Pero no era el único desesperanzado, incluso Sakura no sabía cómo comportarse, pues él había sido impulsivo y poco pensante al haber traído a su casa a… bueno, justo a la persona con quien más dificultades había tenido en su vida.
Ahora se veía atrapado bajo el mismo techo con la chica que él amaba, con esa sublime criatura que le tenía aprisionado el corazón, pero también con esa misma frágil criatura que parecía no sentir nada por él, al menos no como hace diez años.
Salió de sus pensamientos para ver a la testaruda de su exnovia tratando de quitarse la falda sin su ayuda, definitivamente le estaba costando mucho trabajo. Suspiró pesadamente y caminó hacia ella.
—Te ayudaré aunque no quieras —se sentó a su lado en la cama y con cuidado procedió a deslizar la falda por las suaves y tersas piernas de la chica. Pudo no hacerlo, pero aprovechó la ocasión para acariciar disimuladamente su piel.
Aquello era una tortura tremenda, su corazón le latía tan intensamente que le dolía el pecho ¿Por qué la vida lo ponía en su camino sólo para que se diera cuenta que jamás sería para él? ¿Por qué el destino era tan cruel? Él definitivamente la ama, nunca dudó de ello, pero Sakura… está tan cambiada que quizá sus sentimientos también cambiaron y jamás vuelva a amarlo.
Terminó de retirar la prenda y la ayudó a ponerse un pants de algodón mucho más grande de su talla, sólo para que no dañe al fijador externo de su muslo. Fue una tarea difícil e incluso la pobre sintió dolor en varias ocasiones. Trató de no concentrarse mucho en la nívea y suave piel bajo sus manos, tampoco en que la vería en ropa interior, no, debía ser serio y profesional.
—Lo siento —terminó de acomodar el pantalón en el lugar indicado—. Pero ya quedó —tenía ambas manos a los costado de Sakura, apoyando casi todo su peso sobre éstas para no quedar sobre ella.
—Gra-gracias —quiso, pero no pudo desviar la mirada de esos ojos azules que brillaban incluso en esa oscuridad.
Él seguía ensimismado en esos pensamientos contradictorios que tanto lo aturdían, pues la amaba con locura y temía no poder contenerse más. Por otra parte, Sakura se encontraba en un gran conflicto interno, su corazón le pedía a gritos amar a Fye, pero su cerebro se lo impedía, recordándole todos los malos momentos que pasó por su culpa. No podía caer de nuevo en las redes de Fye D. Flowrigth, no después de que tiene hasta una hija, no después de que la olvidó tan fácilmente, no después de… oh… nunca debió hacer contacto con esos ojo, no con esa mirada tan profunda e hipnotizarte que justo ahora le dirigía, pues se inclinó sin razón sobre ella, de manera que podía apreciar los matices azules de su mirada. No es fácil enfrentar esa mirada de Fye, tan profunda, tan oculta, tan oscura… y tan cerca.
Perdido cada uno en sus pensamientos, no se dieron cuenta de cuánto tiempo pasó exactamente, no notaron cuando se acercaron lentamente el uno al otro por mera inercia, tampoco cuando el mundo se cerró por completo a su alrededor y los dejó a ellos dos solos. Sólo supieron cuando estaban demasiado cerca como para arrepentirse o retractarse, cuando ambos cerraron sus ojos y sus labios se rozaron tan sutil y delicadamente, entonces… se perdieron por completo. No hubo espacio ni cavidad para un solo pensamiento más.
Porque aún sin haberse levantado, el rubio tomó instintivamente la delicada nuca de la ojiverde y la acercó más a él, mientras usaba su otra mano para sujetarle tiernamente el rostro. Ella se dejó llevar y aferrándose a los cabellos rubios continuó ese beso desesperadamente, como si sólo por un breve instante se les hubiera concedido ser correspondidos, como si por ese pequeño intervalo de tiempo todo fuera posible y se pudieran amar, pero con miedo de que ese instante durara mucho menos de lo que ambos querían.
El beso estaba tan cargado de emociones que estuvieron acumulándose a lo largo de diez incansables años, estallando al tenerse uno tan cerca del otro, saliendo a flote con esa caricia tan necesitada y con la cual ambos habían soñado más de mil veces. El rubio sintió una poderosa descarga eléctrica distribuyéndose por su cuerpo y por cada poro de su piel; y ella sentía como una nube espesa de mariposas mareadas revoloteaban en su estómago, no, más bien se sentía como una estampida de elefantes muy bien alimentados. Esto fue llenando de calidez todo su cuerpo, olvidándose del frío que hacía esa noche.
Las manos del joven médico descendieron sin mesura a la estrecha cintura de la chica, apretándola más hacia él, notando que no había ser más perfecto que ella, sintiéndose total y completamente feliz, correspondido y queriéndola amar con todas sus fuerzas, queriendo demostrarle con caricias y besos cuanto la amaba y cuánto la había extrañado en esos diez largos años, para que de esa manera no se fuera de su lado nuevamente, para que no se alejara jamás dejándole sólo con su atormentador recuerdo.
Y ella lo abrazó con más fuerza y lo besó como si el mundo se fuera a acabar, el aire se agotaba, pero sólo se separaba fugazmente de él para tomar apenas un suspiro y no tener que separarse de ese beso tan demandador, que en ese instante necesitaba más que cualquier tipo de oxígeno.
Él sabía a la perfección que de continuar así no podría controlarse por mucho tiempo, necesitaba más de ella, necesitaba demostrarle cuánto la amaba, pero el sentido común hizo presencia en su mente por un solo instante, recordándole las circunstancias de ambos, rememorándole la dolorosa verdad. Así que sólo la abrazó tan fuerte como pudo, suspirando cuidadosamente su tierno aroma, tomó su femenino rostro con ambas manos mirándola mientras ella permanecía con los ojos cerrados, así aprovechó para mirarla mientras ella permanecía de esta manera, admirando su belleza y sintiéndose inmensamente afortunado por compartir un momento tan perfecto con ella, igual de hermoso que hace diez años…
Y finalizó aquel hermoso beso con un casto, inocente y tremendamente dulce pequeño beso. Entonces ella por fin abrió los ojos y lo miró directamente. Al separarse, ambos se miraron con los ojos llenos de confusión y la respiración agitada, buscaban incansablemente las respuestas a todas sus dudas en un gesto, una mirada, un suspiro o una palabra del otro. Pero nadie se movía más allá de lo necesario. Nuevamente el azul y el verde se conectaron por momentos indefinidos.
Y fue ahí cuando ambos se hicieron las mismas preguntas: ¿Qué es lo que pasaría? ¿Qué pensaría él/ella en este momento? ¿He arriesgado demasiado? ¿Qué pasará ahora?
Nadie quiere que le rompan el corazón, pero el que no arriesga no gana…
Continuará…
N/A: Aquí estoy de nuevo con otro capítulo de We Meet Again. Espero haya sido de su agrado y si fue el caso, me encantaría saber tu opinión a travez del medio que gustes. No escribo con el objetivo de acumular reviews, sino con las ganas de compartir mis sentimientos e ideas.
Gracias por seguir esta historia, que, estoy segura les dará muchas sorpresas más adelante.
No olviden mi facebook: Tsuki No Hana, ahí podremos estar en contacto. Mi foto es sobre este fic ;)
11/12/2015
