We Meet Again
By Tsuki No Hana
VII
"Año Nuevo"
PoV of Sakura.
No sé cuánto tiempo transcurrió exactamente, pero ninguno de los dos nos animábamos a decir algo o incluso a movernos, sólo nos mirábamos fijamente.
El beso había sido tan real como desconcertante y ahora ninguno de los dos sabíamos qué hacer. ¡Por Dios! Nos besamos después de diez largos años, todo ese tiempo soñé con volver a sentir sus labios sobre los míos y ahora que lo tengo en frente es para que volviera a besarlo y abrazarlo para que nunca más se vaya de mi vida.
Pero no puedo.
No puedo permitirme olvidar todo lo que me hizo, no puedo permitirme enamorarme nuevamente de él ¡No! Porque estoy segura que volverá a decepcionarme como antes y eso simplemente no lo soportaría, mi corazón no aguantaría una decepción más. Pero… ¡Maldición! Había correspondido el beso ¿Ahora como niego que siento aunque sea algo pequeño por él?
—Yo… —tartamudeé estúpidamente, mi rostro ardía—. Lo siento mucho, yo no… —no pude terminar, pues me interrumpió de repente.
—Déjame pasar la noche contigo.
¿¡QUÉ?!
¿Acaso escuché bien? Lo dijo tan rápido y con una seguridad que me hizo brincar del susto. Es un….¡Ah! ¡Sólo quería eso de mí! Pasar la noche juntos… que maldito aprovechado.
Inflé mis mejillas, y llena de coraje le dije:
—Eres un aprovechado y un pervertido ¿Qué te hace creer que pasaré la noche contigo? No creas que me he olvidado de todo lo que me hiciste hace diez años, no voy a caer tan fácil de nuevo entre tus brazos —lo apunté con un dedo—. Yo ya no estoy enamorada de ti y estoy segura de que tú tampoco de mí, así que no me vengas con esas cosas —no supe en qué momento mis ojos ya se habían aguado. Miré el rostro descolocado de Fye y por un momento creí haberme pasado con todo el palabrerío que le grité, pues se vio realmente afectado, aunque poco duró ya que se recuperó de pronto, mirándome con una sonrisa ¿Falsa?
—En ningún momento hablé de tener sexo, malpensada —me picó la frente con su dedo índice y sin borrar esa sonrisa forzada de su rostro—. Y te lo dije en el hospital: tú y yo no somos los mismos, lo nuestro no… funcionaría —esto último lo dijo en un tono demasiado extraño, casi como si le hubiera costado trabajo pronunciar la palabra.
—Entonces… —apenas me salió la voz—. ¿Por qué quieres dormir conmigo? No te entiendo.
—Sólo quería abrazarte toda la noche, sólo eso. ¿Me lo permitirías? Sólo por esta noche, por favor.
—Pero… ¿Por qué? —lo miré como si tuviera monos saltando sobre su cabeza. Sin mencionar que mi loco corazón golpeteaba en esos momentos tan fuerte que casi podía jurar que se saldría de mi pecho.
—Sakura Kinomoto ¿Por qué eres tan complicada? —soltó una risilla verdaderamente graciosa, con un toque de nerviosismo—. Sólo quiero dormir a tu lado en todo el sentido literal de la palabra "dormir" Hace demasiado frío por si no te has dado cuenta ¿Qué mejor que darnos calor mutuamente?
Y no quita el dedo del renglón, sí que puede ser muy insistente… además, sigue sin responder mi pregunta. Hum… ¿Qué hago?
Lo miré fijamente, se le veía demasiado pensativo ¿Qué pasaría por su mente?
—Está bien…
¿Qué? ¿Esa fui yo? ¿Por qué dije eso?
Sus ojos azules se iluminaron tanto que incluso en medio de la oscuridad pude vislumbrar su felicidad y para qué negarlo… yo también me siento muy feliz, para comprobarlo sólo tengo que fijarme en ese leve y casi imperceptible temblor que recorre todo mi cuerpo; también bastaba en mirar mi rostro tan rojo como la grana y es que toda la indiferencia y frialdad que creé en estos años se vino abajo desde el momento en que probé de nuevo esos labios. Y de verdad que sólo bastó con mirar esos ojos, esos labios y definitivamente con ese aroma tan característico en él, pues esa loción siempre me ha hecho temblar las rodillas.
—Gracias —sonrió de lado.
De pronto se fue acercando a mí, su rostro estaba a muy poca distancia del mío, tanto que pensé que me besaría, pero no fue así. Se había inclinado sólo para acomodar las almohadas, después se puso de pie y me ayudó a meterme en la cama con cuidado de no dañar mi pierna. Mientras él hacía todo eso yo estaba algo ida pensando en lo que había aceptado y en por qué rayos acepté algo así. Mi mente volvió a la realidad cuando sentí las mantas cubriéndome hasta el cuello. Parpadeé confundida y entre las penumbras vi la suave expresión en el rostro de Fye.
—Hasta mañana, Sakura —puso una mano sobre mi cabeza a modo de despedida y se giró para encaminarse a la salida.
—¿Fye? —me incorporé un poco, no entendía su actitud—. ¿No te ibas a quedar conmigo? —al preguntarle esto logré que se girara de nuevo sobre sus talones.
Me sonrió con mucha ternura, se acercó peligrosamente a mí y acariciando mi mejilla, dijo:
—No voy a hacer nada que tú no quieras —besó mi frente con suavidad, fue a penas un roce—. Y discúlpame por el beso, me dejé llevar y sólo conseguí traerte malos recuerdos. Perdón…—susurró esto último, separándose por completo para salir de la habitación rápidamente, no sin antes despedirse con un gesto de la mano.
Y ahí me quedé yo, sola… con mis manos hechas puño sobre mi corazón que latía cada vez más lento, decepcionado y triste al no tener lo que se le prometió.
El beso había sido un error, él lo admitió y yo no lo contradije. Ahora quedamos como en un principio… o peor, pues al parecer damos un paso adelante y dos atrás…
Suspiré con pesadez y traté de dormir, total, mañana sería otro día y estaré más cerca de irme de esta casa, lejos de Fye, de Ashura-san, de Ámber… no, no lo había pensado… cuando me vaya dejaré a Ámber atrás, puedo hacerlo con cualquiera, pero no con ella. Esa pequeña niña se ganó un lugar muy importante en mi corazón, no me importa que sea la hija de Fye y su exnovia, ella es especial y la quiero casi como si fuese mía.
Me giro con cuidado entre las mantas y suspiro nuevamente. Creo que no podré dormir, no cuando tengo tantas cosas en las qué pensar.
PoV of Narrator
Su sonrisa falsa se esfumó apenas cerró la puerta de Sakura. Cruzó el pasillo en una zancada hasta llegar a su propia puerta y encerrarse en silencio en la recámara. Se recargó en la puerta de madera, deslizándose hasta quedar sentado en el piso. Ahí pasó una mano por su cabello y suspiró pesadamente.
—Soy un idiota —masculló—. Ella ya no me ama, lo ha dicho tan sencillamente. A pesar de eso respondió a mi beso, aunque… tal vez lo hizo como acto reflejo o por compromiso o… ¡Aggh, maldición! —golpeó el piso debajo de él. Necesitaba sacar su frustración de alguna manera.
Y volvió a golpear el piso con sus puños, poco le importó el dolor que esto le causaba.
Esa madrugada se había roto parte de su corazón, y eso sería muy difícil de reconstruir. Parte de sus ilusiones y sueños se habían muerto cuando Sakura le sacó en cara el pasado de ambos. Tal vez nunca lo perdonaría y sinceramente no se lo podía recriminar, él tampoco se podría perdonar a sí mismo por ser un cobarde de primera.
Se pasó ahora ambas manos por el cabello y parte de su rostro. Estaba de verdad frustrado y necesitaba distraerse con algo o se volvería loco. Pensó en su sagrado libro de escritura, pero en estos momentos ni siquiera eso le sería de ayuda.
De pronto recordó que no había dejado los regalos bajo el pino de navidad. Se levantó pesarosamente del suelo y fue directo a su armario, donde escondía todas las navidades los regalos para que Ámber no los encontrara. Sacó el montón de regalos para su niña, también unos cuantos para su padre, Tomoyo e incluso para Kurogane. Finalmente sacó un par de cajas que eran para Sakura. Sonrió de lado al recordar la tarde en que Tomoyo lo acompañó a comprar esos regalos. El pobre nunca había sido bueno con esas cosas, así que su mejor amiga lo ayudó a escoger algunas cosas que seguramente a Sakura le encantarían. Suspiró cansado y casi haciendo malabares bajó las escaleras.
Entrecerró los ojos al sentir de lleno la luz del amanecer dándole en los ojos. Habían dejado todas las cortinas y persianas abiertas, al igual que la cocina, comedor y sala habían quedado hechas un desastre con comida, platos y vasos por doquier. Hizo nota mental de limpiar todo ese desastre una vez habiendo acomodado los regalos bajo el pinito.
Cuando terminó todo el trabajo sucio, fue a la gaveta especial de vino y sacó uno de sus favoritos junto con una copa grande de cristal. No lo pensó dos veces para echarse sobre el sillón más amplio, pero no sin antes cerrar todas las cortinas y persianas, pues esa molesta luz del día le estaba causando migraña, quizá había bebido de más en la noche, bah… qué más daba, de todas formas no pensaba pararse de ese sillón hasta terminarse la botella completa de vino. Se sirvió una copa hasta el tope y la bebió poco a poco, a pesar de su desesperación se dedicó a saborear el buen vino como todo un catador. No le importaba emborracharse. Su padre estaba en casa por si algo ocurría ¿Sabes lo difícil que es tener una oportunidad para emborracharte cuando tienes niños en casa bajo tu responsabilidad? ¡Las oportunidades son nulas! No sabes si durante tu estado de ebriedad a tu niña le pase algún accidente y tengas que llevarla a emergencias, o quizá se sienta mal y tengas que llevarla al doctor o… ¿Qué rayos? Él es doctor… pero bueno, aun así… el punto es que no te puedes emborrachar si tienes una niña en casa y eres el único adulto "responsable"
Pasaron las horas al igual que el vino por su garganta. El reloj apuntaba las 12:00 cuando Ashura bajaba tranquilamente las escaleras. Le extrañó ver todas las cortinas cerradas, pero lo que más llamó su atención fue el hecho de que toda la casa estaba impecable, a diferencia de un vago que estaba tumbado bocabajo en un sillón con una copa de vino a medio vaciar en el piso y con una botella limpia y vacía tumbada sobre la alfombra.
El padre de Fye soltó un pesado suspiro y recogió la botella junto con la copa del piso, poco después se sentó sin ninguna delicadeza en el sillón, justo al lado de la cabeza de su hijo, quien gruñó algo difícil de entender y se volvió a acomodar para seguir durmiendo.
—Fye.
—… —se movió un poco, pero no respondió nada.
—Fye —insistió, pero ahora en un tono más autoritario.
—¿Qué? —espetó con fastidio y una voz muy ronca.
—¿Podrías explicarme lo que estás haciendo aquí?
El susodicho soltó un pesado suspiro y de la misma manera se incorporó lentamente del sillón. Por Dios, todo le daba vueltas y su cabeza parecía querer reventar.
—¿Durmiendo? —murmuró fastidiado, con los ojos entrecerrados a pesar de la poca luz que entraba de vez en vez entre las persianas. Gracias a Dios que a pesar del notable enfado del mayor, no le había abierto las cortinas de par en par.
—Eso es obvio, pero quiero que me expliques qué haces tirado como un vago ebrio en medio de la sala. Tú hija podría bajar en cualquier momento y verte en ese estado ¿No lo habías pensado? Además… esto me da mal pensar ¿Acostumbras hacer esto muy seguido? En verdad no esperaba que fueras así, no con Ámber bajo tu tutela —lo sermoneó con un rostro de verdad enfadado, muy lejos de verse como el siempre amable y alegre Ashura.
El rubio soltó un suspiro aún más pesado, meditó unos segundos, contuvo todo su enfado y molestia para pensar claramente lo que le respondería a su padre, claro, si es que podía contestarle algo coherente con la cruda enorme que se cargaba en estos momentos
—Nunca hago esto…—se apretó el puente de la nariz con una mano, cerrando los ojos para contener ese creciente dolor de cabeza—. De verdad… si lo hice fue porque sé que estás aquí en caso de cualquier emergencia, además, no tomé mucho —se recargó contra el respaldo del sillón y por primera vez vio claramente a su padre. De verdad que estaba enfadado.
—¿Una botella es poco? —señaló el objeto mencionado.
El aludido no pudo más que suspirar resignado. Se llevó una mano de nuevo al entrecejo. Su cabeza reventaría.
—¿Qué pasó anoche? —su voz se tornó un poco más comprensiva y menos autoritaria. El rubio lo miró y dudó en decírselo o no—. ¿Qué le hiciste a Sakura?
—Maldición —gruñó por lo bajo ante la acusación—. ¿Siempre tengo que ser el malo del cuento? —casi estalló, su padre no le estaba ayudando mucho.
—Tengo razones para pensarlo —se cruzó de brazos, esperando una respuesta.
—Sakura y yo nos besamos anoche, le pedí permiso para pasar la noche juntos pero no le pareció la idea, me sacó en cara lo de hace diez años y dejó muy claro que no me ama y que nunca podría amarme —rio con amargura—. ¿Ahora entiendes mis motivos? —preguntó con ironía y burla mientras se inclinaba en busca de lo poco que quedó de vino en la copa.
—¿¡Le pediste permiso para pasar la noche juntos?! ¿Cómo demonios se te ocurre algo así? —le arrebató la copa de las manos, recibiendo como respuesta una mirada asesina.
—¿Por qué todos son tan malpensados? —gruñó por lo bajo—. Sólo quería acurrucarme a su lado, sólo eso. Nada de sexo —sus mejillas se sonrojaron levemente al decir esto, después de todo era su padre con quien hablaba.
Ashura suspiró con fastidio, enfado y cansancio.
—¿Qué voy a hacer contigo? —lo miró con preocupación—. Siento mucho lo que estoy a punto de decirte, pero… ella estaba en todo su derecho al rechazarte.
—No lo hizo.
—¡¿Entonces?! —se estaba desesperando, y comenzaba a creer que su querido hijo necesitaría de atención psicológica muy pronto si seguía así.
—Lo aceptó, pero sé que lo hizo por no herirme. No lo quería realmente, así que me fui.
—Hijo… —puso una mano sobre su hombro—. Eres un caso perdido… de verdad no sé cómo haces para complicarte tanto las cosas. Simplemente ve con ella, dile lo que sientes, bésala, cásense y denme muchos nietos ¿Sabes? Ya estoy lo suficientemente viejo como para decirte que desperdicias tu vida en tonterías, no des más rodeos y ve al grano porque al paso que vas creo que no llegaré a conocer a tus hijos —lo miró con cansancio—. ¿Qué? —cuestionó al ver la mueca desencajada y el fuerte sonrojo en sus mejillas.
—Nada… es sólo que a veces puedes llegar a ser muy directo —se rascó la nuca con algo de vergüenza.
—No hay que perder el tiempo.
—Tienes razón… —a su suspiro lo acompañó un largo silencio.
—Ve a darte una ducha y descansa un poco, no creo que las niñas despierten pronto.
El rubio contuvo una risilla ante la palabra "Niñas" su padre nunca dejaría de ver a Sakura como si fuera una pequeña.
—Además, se ve que te hace falta dormir, anda.
—Gracias —sonrió de lado y sin quejas subió a darse una ducha.
Un par de horas más tarde Ashura ya estaba bañado y vestido, listo para bajar a desayunar/comer, pero al parecer su nieta seguía dormida, su hijo también y Sakura… no estaba en su cama ¿A dónde se habría ido?
Se internó más en la habitación hasta que escuchó ruidos provenientes del cuarto de baño. Tocó a la puerta y preguntó si todo estaba bien.
—¡Ashura-san! —se sorprendió—. Sí, todo está bien, sólo… sólo tomé un baño.
—¿¡Pero cómo?! ¿Tú sola? —se asustó.
—No es tan difícil —soltó una risilla, tratando de sonar despreocupada. La verdad era que le había costado demasiado trabajo levantarse, sentarse en la silla de ruedas, ir al baño, desvestirse y sentarse en la silla que habían puesto en su ducha para que pudiera abañarse. Fue una tortura, pero ya estaba harta de depender de ellos incluso para bañarse. Lo que no sabían era que ese baño ya le había costado dos horas de un esfuerzo extenuante.
—¿Necesitas que te ayude en algo?
—N-no se preocupe Ashura-san, en un momento salgo.
—De acuerdo, no te apresures y toma tu tiempo. Avísame cuando salgas para llevarte a comer abajo. ¿De acuerdo?
—Sí, ¡Gracias!
Con dificultades y muchas molestias logró terminar de secarse y vestirse. Subió a su silla de ruedas y se tomó unos minutos para recuperarse del gran esfuerzo. Finalmente salió de la habitación, lista para llamarle a Ashura-san, pero algo llamó su atención… la puerta de la recámara de Fye estaba entreabierta y en ese pequeño espacio logró vislumbrar al rubio tumbado en su cama.
Un impulso se apoderó de ella y sin evitarlo se acercó hasta la puerta y la abrió un poquito más para verlo mejor. Su curiosidad no se vio satisfecha, así que abrió más la puerta para que su silla pudiera pasar.
—Yo te ayudo.
Sintió cómo alguien empujaba su silla de ruedas hacia el interior de la recámara.
—¡Ámber! —espetó en un susurro, conteniendo el susto que le provocó.
—Vas a despertar a mi papi ¿Verdad? —preguntó en voz baja—. Yo te ayudo —siguió empujando la silla hasta dejarla a un lado de la cama.
Sakura aprovechó ese momento para observar todo a su alrededor, la habitación era amplia y todo parecía estar perfectamente acomodado en su lugar. Estaba la enorme cama ocupando el centro de la habitación, con sus respectivas mesitas de noche a cada lado, un gigantesco librero en una de las paredes, lleno de libros médicos y alguno que otro de literatura. Había también un fino escritorio justo en frente de las puertas corredizas de vidrio que daban a una pequeña terraza con vista al jardín. Su habitación era bella sin duda, pero lo que más le gustó del lugar fue ver a ese rubio medio vestido, tumbado bocabajo sobre un revoltijo de sábanas y cobijas, su cabello parecía estar húmedo ¿Se había bañado ya?
La castaña reaccionó hasta que Ámber ya estaba subiéndose a la cama, sentándose de rodillas justo al lado de su padre.
—Papi —lo jaloneó suavemente.
—No, Ámber, dejemos que descanse un rato más —le pidió en un susurro al ver las grandes ojeras que adornaban sus ojos cerrados.
—Pero… ya es navidad y hay que abrir los regalos —se desilusionó un poco—. Y mi abuelito ya debió de haber preparado el desayuno —diciendo esto, se puso de pie en la cama y con mucha seguridad y firmeza comenzó a brincar una y otra vez por todo el colchón.
—¡Ámber! —intentó detenerla.
—¡Papi! ¡Despierta, ya es navidad, despierta papi! —gritó a todo pulmón.
—Ámber… —murmuró con una voz sensualmente ronca. Los colores se le subieron al rostro cuando el rubio se incorporó un poco. Entonces ahí fue cuando casi sufre una parálisis cerebral y es que nadie la puso sobre aviso antes de encontrarse frente a frente con ese tórax tan perfecto y todo lo que incluía.
—¡Papi! —brincó hasta caerle encima y abrazarlo con todas sus fuerzas. El pobre quedó algo aturdido pero la recibió con mucho cariño, quedando bocarriba, aplastado por su hija.
—Cariño… ¿No tienes sueño? —murmuró roncamente, y cerrando nuevamente los ojos se aferró a la pequeña y se giró para quedar sobre su costado, cómodo para volver a dormir, con Ámber entre sus brazos como si de un peluche se tratara.
—¡No! ¡Papi ya es navidad! ¡Vamos a abrir los regalos! —insistió mientras se retorcía como oruga para zafarse de esos brazos tan… la pobre de Sakura no sabía dónde esconderse, pues su rostro estaba ardiéndole demasiado y casi juraba que su corazón se escuchaba en toda la habitación.
—Mmm… no, quédate un ratito más. Yo sí tengo sueño —murmuró sin abrir los ojos, enterrándose más entre todas las cobijas.
—¡Papá! —Ámber comenzaba a molestarse un poco, pero terminó riéndose antes de decir lo siguiente—. Sakura te está viendo, ya sabe que no me quieres dejar ir, ¡ehh! Siguió retorciéndose entre sus brazos, lo que no alcanzó a ver fueron los ojos de su padre que se abrieron abruptamente ante la simple mención de la flor de cerezo. Sus pupilas se acoplaron rápidamente a la luz que ya se asomaba por las ventanas y lo primero que vio fue a Sakura frente a él. Sus mejillas adquirieron un tono rosa y de inmediato soltó a Ámber.
—Eh… yo los esperaré afuera —trató inútilmente de mover su silla de ruedas, pero la rueda se atoró en una manta que llegaba hasta el piso. Intentó avanzar nuevamente, pero simplemente no pudo. El rubio no se molestó en contener una carcajada.
—Déjame te ayudo —se puso de pie, logrando que la castaña se pusiera más roja que antes al verlo frente a ella, sin camisa y sólo con un cómodo pants de algodón que le llegaba a las caderas.
—¿No tienes frío? —farfulló bajito, sin atreverse a mirarlo de nuevo, pues su rostro ya le ardía lo suficiente.
El aojiazul soltó una risilla traviesa y desapareció en su closet durante unos segundos para después salir con una sudadera encima, sin dejar rastro de ese perfecto torso que tanto abochornaba a la castaña.
—¿Mejor? —su pregunta fue acompañada por una risilla mientras empujaba la silla de ruedas hasta el pasillo, ambos iban seguidos por la pequeña cuya sonrisa se ensanchó al ver el sonrojo en toda la cara de Sakura cuando el rubio la tomó en brazos para bajar las escaleras.
—Qué bueno que ya despertaron —Ashura se asomó desde la cocina—. El desayuno-comida está listo, vengan a la cocina.
—Pero… ¡Hay que abrir los regalos! —la pequeña corrió al pino, engentada al ver que estaba rebosante de regalos debajo de él.
Ninguno de los presentes pudo negarse a la petición de Ámber, así que decidieron abrir los regalos antes de comer. Justo antes de que la pequeña abriera su primer regalo, Tomoyo y Kurogane tocaron a la puerta, cargando más regalos para todos.
Se llevaron una gran sorpresa al ver que incluso Sakura había comprado regalos para todos, aunque seguramente se los encargó a Tomoyo y ella la ayudó a ir a comprarlos.
—Muchas gracias por el regalo, no te hubieras molestado —dijo sorprendido y feliz.
—No es la gran cosa, Ashura-san —se rascó le mejilla con algo de vergüenza—. Pero… que bueno que les gustaron sus regalos.
El mayor asintió, feliz con el suéter que le regalaron. Fye apretó con cariño la bufanda verde que recién recibió de su ex. Recordó hace ya muchos años cuando le había regalado una exactamente igual, pero por un descuido que nunca olvidaría, terminó yéndose por un río y nunca más la volvió a ver, hasta ahora que la misma persona le regalaba una bufanda exactamente igual y de su color preferido, eso sí que significaba mucho para él.
—Muchas gracias —sonrió suave y sinceramente. La castaña asintió y sonrió con timidez.
—¡Qué bonito gorro! ¡Muchas gracias Sakura! También me gustaron mucho las acuarelas y las pinturas ¿Me ensañarás a pintar? Papá me dijo una vez que tú pintabas muy bonito ¿Lo harás? ¿Me enseñarás?
Todos soltaron una risita ante la hiperactividad de la pequeña.
—Si tu padre me lo permite, te puedo dar unas clases de pintura.
La aludida miró a su padre con cara de borreguito a punto de ser degollado, él no pudo más que reír suavemente y negar con la cabeza.
—No te puedo negar nada mi princesa, claro que puedes tomar clases con Sakura, de hecho… me gustaría ver qué tan buena profesora es, después de todo da clases en la universidad ¿No es así?
La mencionada se sonrojó un poco.
—Bueno, solía hacerlo antes del accidente —se rascó de nuevo la mejilla, avergonzada ¿Pero qué rayos le estaba pasando? No podía incluso mirarlo a los ojos por más de cinco segundos sin terminar sonrojada ¿Será por el beso de anoche?
—Y lo seguirás haciendo en poco tiempo —le guiñó un ojo cómplicemente.
—Eso espero… —suspiró con algo de nostalgia y tristeza.
—¿Por qué no abres este regalo? —Kurogane le extendió una gran caja a la castaña, quien parpadeó confundida por el cambio drástico de tema.
—¡Oh, muchas gracias Kurogane!
—No, es de parte de Fye.
—¿En serio? —miró a su ex con algo de vergüenza reflejada en su rostro, incluso él se veía algo avergonzado—. Muchas gracias —hizo un esfuerzo olímpico por mirarlo a los ojos más de cinco segundos sin terminar tartamudeando como idiota.
Quitó la envoltura y abrió la caja sólo para llevarse la enorme sorpresa al encontrar una gran foto enmarcada. Tenía el aspecto de que había sido restaurada y un poco ampliada. En ella aparecían las familias: Kinomoto, Suwa, Flowrigth e incluso Akemi se encontraba ahí junto a Yuui. Era en la época donde estaban por terminar la preparatoria, Sakura cumplía años y le hicieron una deliciosa parrillada en el jardín trasero de su casa. Todos se veían felices y muy animados.
—Esto es… —se le inundaron los ojos con lágrimas al verlos todos juntos, al ver lo felices que eran en esos bellos tiempos—… es hermoso, muchas gracias —se limpió una furtiva lágrima.
—Sabía que te gustaría —la miró intensamente durante unos segundos, los cuales bastaron para que ella apartara la mirada, nerviosa y acalorada.
Ninguno de los dos se percató de los cuatro pares de ojos que los miraban de una manera extraña, todos habían notado algo extraño en la pareja, incluso Ámber sintió ese cambio.
—¿Este es para mí? —preguntó la ojiazul con su tierna vocecita al ver una gran bolsa de regalo con su nombre en la tarjeta.
—Oh, sí cariño. Es de parte de tu padre, no tienes idea lo que batalló para encontrarlo —rio la amatista.
—¿Qué es? —murmuró la castaña a su amiga, tenía curiosidad.
—Te sorprenderás —le respondió.
Ámber abrió la bolsa y soltó un gritillo lleno de emoción que inundó el lugar.
—¡Sí, sí, sí! ¡Lo encontraste papi! Y también éstas —sacó un libro y un montón de pequeños cuadernos. Volvió a soltar un gritillo de emoción y corrió a abrazar a su padre.
—¿El principito y partituras para piano? —murmuró totalmente extrañada y muy sorprendida por la efusividad de la niña ante tal regalo. ¿Qué clase de padre regala eso a su niña de ocho años? Oh bueno… se trata de Fye.
—Ella ama leer libros y sobre los cuadernos…no son cualquier tipo de partituras. Son libros con más de cincuenta canciones de Chopin, Beethoven, Debussy, Kreisler, Mozart y Tchaikovsky. Todos ellos son los favoritos de Fye y por consecuencia también de Ámber —explicó Tomoyo con un brillo especial en sus ojos al ver a padre e hija tan emocionados por el regalo, incluso Fye estaba muy contento, no pareciera que él lo compró para su hija.
—Espera… Ámber acaba de agradecerle a su padre, pero… ¿Acaso no cree en Santa Claus? —se asombró mucho y más ante el suspiro cansado de su amiga.
—Es demasiado lista y hace dos años se dio cuenta de que todo era una mentira, desde entonces sabe que su padre es quien le compra los regalos.
PoV of Sakura
No pude contener mis ganas de reír ante esa confesión. De verdad que es una niña increíble y otra cosa que me sorprende es que no puedo creer que una niña tan pequeña tenga gustos tan refinados para la música, aunque… ahora que lo pienso, Fye siempre fue así, incluso de pequeño. Muy diferente a Yuui… él sí que era un fiasco para la música, para el arte y todo lo que tuviera que ver con ello. No puedo evitar entristecerme un poco ante su recuerdo y el de mi amiga, cómo me gustaría que estuvieran aquí, pasando la navidad con nosotros.
Soy sacada de mis pensamientos cuando Tomoyo me empuja en mi silla de ruedas hasta llevarme al salón principal, donde tienen el hermoso piano negro. Hasta ese momento soy consciente de que padre e hija se están acomodando en el taburete del piano, listos para tocar. No sé qué es, pero al ver esa tierna escena mi corazón palpita con más fuerza. Se ven tan tiernos… aún no puedo creer que Fye sea padre y menos de una niña tan maravillosa como Ámber.
Cuando al fin estuvieron acomodados frente al piano, él abrió uno de los cuadernos con partituras y le dio a escoger.
—Buena elección —sonrió ampliamente—. ¿Estás lista, cariño? Voy a ir lento para que puedas leer las partituras con calma, no te precipites ¿De acuerdo? Sólo disfrútalo —le guiñó un ojo a su hija y ambos procedieron a interpretar esa melodía a cuatro manos.
Yo me moría de ganas por saber qué canción había elegido Ámber. Ya la había escuchado tocar una melodía increíblemente hermosa hace unos días, pero no he tenido la oportunidad para escucharlos a ambos tocando juntos. Se ven tan tiernos.
Fye comenzó a tocar con sus largos dedos las finas teclas, lo hizo con tal delicadeza y suavidad que las notas iban fluidas y claras en cada compás. Después de unos segundos más se le unió Ámber, al principio titubeó un poco, pero pronto se adaptó al pausado ritmo que marcaba su padre y juntos hicieron de "Claire de lune" una melodía aún más hermosa.
Los dos se coordinaban de una manera tan hermosa y armónica que no pude contener las emociones que se agolpaban en mi pecho, me di cuenta de que una rebelde lágrima se escapaba de mis ojos al escuchar tal melodía tan suave y a la vez profunda.
—Fye le enseña a tocar desde que cumplió los tres años —murmuró Tomoyo a mi lado—. ¿Verdad que son encantadores?
—Lo son.
Apenas terminaron la melodía, todos los presentes, incluyendo a Kurogane, les aplaudimos con ganas. Había sido una demostración hermosa y armoniosa. Mi ex sonreía orgulloso de su pequeña, mientras que ésta sonreía tímidamente con sus mejillas arreboladas.
En este momento me percaté de algo muy importante. Padre e hija se comunicaban perfectamente a través de la música, era un idioma que sólo ellos dos entendían a la perfección y por el cual transmitían todo su sentir. Me di cuenta que a pesar del poco tiempo libre que le queda a Fye después de su trabajo, siempre llega a casa con una sonrisa, dispuesto a pasar el poco tiempo que tiene con su amada hija. Y veo también cómo ella es lo suficientemente madura como para valorar y disfrutar esos momentos al máximo, sin reclamarle el por qué no le dedica el tiempo que debiera. No hay duda de que él es un excelente padre y con el poco tiempo que llevo en esta casa me he dado cuenta también de que Fye sólo va al trabajo y de ahí directo a casa con su hija, nunca hace nada fuera de lo familiar o profesional.
—Bueno… —se avergonzó al ver que tenía toda la atención—… ¡Sigamos abriendo regalos! —sugirió muy entusiasta y corrió hacia el pinito para buscar cualquier regalo.
Y así transcurrió la tarde. Todos recibimos hermosos regalos, comimos por montones y platicamos amenamente en la sala hasta que Tomoyo les pidió a ambos rubios que tocaran de nuevo el piano. Los dos aceptaron y escuchamos más hermosas melodías. Yo seguía sorprendida por el talento de Ámber, sin duda alguna es hija de Fye, tiene todas sus cualidades y virtudes, además de que no deja de asombrarme con su madurez y dulzura.
Rápidamente llegó la noche y junto con ella, el mensaje de Shaoran. Tomé mi teléfono y leí el texto con una sonrisa en mis labios.
"¿Qué tal tú día? ¿Todo bien hoy?
Te quiero.
-S."
—¿Es el mensaje de Shaoran?
Di un pequeño salto en mi silla al escuchar su murmullo cerca de mi oído.
—¡Tomoyo!
—Lo siento, no quería asustarte —rio un poco y se sentó a mi lado. Los demás habían ido a la cocina a dejar tazas y platos que usamos para el té.
—Sí, es Shaoran —sonreí de nuevo, mirando la pantalla de mi teléfono. El suspiro de Tomoyo desvió mi atención del teléfono.
—¿Lo quieres mucho?
No supe descifrar el sentido en que me hacía la pregunta. Su mirada se veía algo triste, pero a la vez impaciente y ansiosa.
—Sí, es una persona muy importante en mi vida, tú sabes por qué… —bajé mi rostro.
—Lo sé… —volvió a suspirar—. ¿Y ya sabe que estás viviendo aquí?
—No me he atrevido a decírselo, sólo sabe que me accidente y estuvo a punto de venir a verme, pero logré detenerlo al decirle que no fue nada grave. Me temo que tuve que mentirle.
—¿Y por qué no quieres que venga a verte?
—Sólo lograría confundirme más…
—¿Confundirte?
Oh no, hablé de más. Yo y mi bocota ¡Ahora Tomoyo sabe que estoy en un conflicto sentimental! Lo sé porque me está mirando con esos ojos perspicaces que llegan a ver hasta a mi alma.
—S-sí, yo… este… es que estoy algo confundida porque…
—Has estado actuando extraño todo el día… —siguió escudriñándome con la mirada, si seguía así terminaría diciéndole todo.
—¿Tú crees? Claro que no —me rasqué la nuca con nerviosismo.
—Algo pasó entre tú y Fye.
—¿¡Qué?! —si no fuera por la silla de ruedas, ya me habría ido de espaldas.
—¡Lo sabía! —sus ojos se iluminaron como estrellas—. ¿Qué fue lo que pasó entre ustedes dos?
—¡Na-nada!
—Oh, por favor Sakura, te conozco desde que usábamos pañales —rio—. Estás actuando muy extraño y Fye no se queda atrás, dime ya que…
—¡Fye y yo no besamos! —la interrumpí, fue casi un grito ahogado, no quería que los demás escucharan, pero mi corazón estaba experimentando tantas emociones que tuve que dejarlo salir, a pesar de que aún no tengo idea de qué está pasándome.
—¡Oh por Dios! —sus ojos casi se convirtieron en estrellitas y se puso de pie mientras daba brinquitos por todos lados. Yo no quería que los demás se enteraran, pero… el grito de Tomoyo fue suficiente para que un alterado Fye llegara corriendo desde la cocina.
—¡¿Qué pasó?!
Detrás de él venía su padre, Kurogane y Ámber, no menos asustados.
—Nada, sólo platicamos —rio como si nada, haciendo un ademán con la mano para minimizar el ambiente alarmante que se formó.
—Por Dios Tomoyo, no nos des sustos así —suspiró algo aliviado mientras ponía una mano sobre su pecho. De verdad me causó pena, el pobre sí se asustó.
—Lo siento —se disculpó ella con la misma sonrisa enorme de hace rato. Se le veía demasiado feliz, sólo espero que no me haga preguntas en frente de ellos.
—¿Y de qué tanto hablaban? —inquirió Kurogane mientras se sentaba a un lado de su esposa en el sillón.
—Nada importante —rio abiertamente y luego me miró con picardía. Mi rostro ardió en mil colores.
Ashura-san nos miró perspicazmente durante unos segundos. No sé por qué, pero me da la impresión de que él ya sabe todo… siempre era así, él y mi madre siempre sabían todo.
Luego de dos días, Kurogane pidió que me llevaran a consulta con él en el hospital, quería revisar el progreso de mi pierna. Para la sorpresa de todos mi fractura tuvo una mejoría increíble, incluso me dio la opción de quitarme el fijador externo para reemplazarlo con un yeso, podría empezar a usar muletas y a caminar por la casa ¡Ya no sería un estorbo tan grande! Me dio miedo, pero acepté que me lo quitaran ese mismo día, pues quería empezar el año sin esa horrible cosa en mi pierna.
Al saber mi decisión, Fye llegó corriendo a donde me encontraba y me miró con una gran sonrisa en sus labios. Se puso muy contento al saber mi mejoría y eso sólo me puso más feliz a mí también. Notó mi nerviosismo por la pequeña cirugía que me harían para retirar ese pedazo de fierro, pero supo cómo calmarme al decir que estaría a mi lado en todo momento. Fue extraño, pero eso me dio completa tranquilidad.
La cirugía fue rápida y la recuperación también, sólo estuve en el hospital unas horas y para la noche y me encontraba en casa. Eso sí, algo dopada por los medicamentos y los restos de anestesia en mi sistema, pero feliz de que terminándose la inflamación postoperatoria, me pondrían un yeso y después de eso serían unas vendas y luego de eso la rehabilitación y ¡Luego seré libre!
Fye cumplió su palabra y en ningún momento se apartó de mi lado, y cuando llegué a la casa Ámber ya me esperaba con los brazos abiertos. ¡Cómo amo a esa niña! Entre ella, su padre y su abuelo, me cuidaron muy bien.
Pasó el tiempo y ya estábamos en el último día del año. Fue muy difícil quitarme a Tomoyo de encima, pues no dejaba de hacerme preguntas sobre Fye, de todas maneras al final terminé contándole a lujo de detalle todo lo que ocurrió, lo cual fue muy difícil, pues Ámber no se nos separaba en ningún momento. Mi amiga se puso muy contenta al saber lo que pasó con Fye en navidad, pero me temo que la desilusioné un poco cuando le dije que yo no lo quiero, al menos no como antes y que no deseo empezar nada con él. Tuve que explicarle que ya no somos las mismas personas, él tiene una hija y yo una vida nómada por el mundo, ya no podemos estar juntos por ningún motivo.
A pesar de todo, ella insistió en que yo siento algo por Fye, y la verdad… no me pude negar… aunque tampoco lo acepté.
Y es que sólo de pensar en nuestro pasado y en mis sentimientos… ¡No! No debo sentir nada por él, sólo conseguiría lastimarme porque si ya lo hizo una vez, lo volverá a hacer y simplemente mi corazón no lo resistiría de nuevo. Quién sabe… tal vez sí lo quiero más de lo que imagino. ¿A quién demonios engaño? Yo lo quiero… pero no debo.
—¿Quieres un poco más de ponche? Esta vez me aseguré de que no tenga nada de alcohol —al decirme esto miró a Fye acusadoramente, él sólo rio un poco.
—Gracias Tomoyo —sonreí y acepté la bebida. Faltaban sólo treinta minutos para que este año terminara, el 2016 está a punto de comenzar.
Estaba por pedirle a Ámber que tocara de nuevo esa pieza en piano que tanto me gusta, pero el timbre de mi celular me distrajo. Miré el nombre de la persona que me llamaba y no pude evitar que una sonrisa boba adornara mi rostro y al parecer lo notaron porque…
—¿Alguien importante? —cuestionó Fye en tono de broma, pero a pesar de ello pude notar cierto matiz de ¿Celos?
—Sí, permítanme un momento —tomé mis muletas y avancé hasta otra habitación, lejos de la música y las voces de mis amigos.
—Hola hermosa, feliz casi año nuevo.
Mi sonrisa se ensanchó al escuchar su voz.
—Hola, Shaoran.
—¿Estás sola?
—No, estoy con unos amigos, no te preocupes.
Hubo silencio unos momentos.
—¿Cómo seguiste de tu pierna? ¿Te quitarán pronto el yeso?
—¿Yeso? Oh sí, ya en poco tiempo me lo quitarán, ya sabes… no fue algo grave —mentiras y más mentiras.
—Me da gusto oír eso. Y dime ¿Te la estás pasando bien?
—Sí —sonreí ampliamente—. Estoy muy a gusto y feliz —me giré un poco hacia la habitación contigua y sonreí al verlos a todos juntos pasándola tan bien—. Y dime, ¿Cómo te la estás pasando tú? —escuché un suspiro pesado y luego una risilla traviesa.
—Estoy en casa con Wei, Meiling y su nuevo novio. Ah, y también con una amiga suya, pero… está loca.
No pude contener mi risa.
—¿Sigue buscándote novia?
—¡No se detiene! Siempre me está presentando amigas suyas, pero créeme que cada vez son más raras. La de hoy no me quita la mirada de encima, incluso me toqueteaba bajo la mesa mientras cenábamos —suspiró dramáticamente y yo reí con ganas—. Logré escaparme después de hacer el brindis.
—Deberías darle una oportunidad.
—¡No! Oye…¿Tienen miedo de que me quede soltero? Porque si es eso no tienen de qué preocuparse, es mejor estar solo que mal acompañado, pero Meiling tampoco parece entenderlo. ¿Y qué hay de ti? No has encontrado al indicado ¿Verdad?
Ahora fue mi turno para suspirar pesadamente.
—Por ahora estoy bien así.
—Sakura, ya tenemos treinta años, no es como si todavía fuéramos unos adolescentes.
—Lo sé, pero tú lo has dicho: "Mejor solo que mal acompañado"
—Sabes que puedes regresar a China, estoy aquí para ti, bien lo sabes… ¿No?
Se formó un nudo en mi garganta. No pude responderle nada, sólo alcancé a escuchar su suspiro seguido de un largo silencio.
—Sakura, te extraño… —dijo después de un rato, su voz se escuchaba contenida y sincera.
—Yo también Shaoran, yo también.
—¿Pero…?
—Pero no puedo regresar a China, son demasiados malos recuerdos.
—¡Puedo ir a Londres! Podríamos vivir juntos, sé que estaríamos bien juntos, nada te faltaría si estás a mi lado, nada…
El nudo en mi garganta se hizo más grande. Shaoran es un buen hombre, siempre ha estado a mi lado incluso en mis peores momentos y jamás en la vida me traicionaría, eso lo sé, sin embargo no puedo aceptar sus propuestas. ¡Soy una imbécil! Un buen hombre con buenas intenciones y mucho amor por dar está ofreciéndome una vida a su lado, pero yo lo rechazo con tal de seguir al lado de mi antiguo novio que ni siquiera es capaz de mirarme a los ojos y explicarme por qué me besó. Definitivamente algo anda muy mal conmigo.
—Lo siento… Me pasé de nuevo ¿No es así? —rio nerviosamente—. Ya me lo habías dejado muy claro, discúlpame por insistir tanto, pero… sabes que siempre puedes volver a mí, sin importar los años que pasen o las circunstancias que atravesemos, sabes que estaré ahí para ti.
—Muchas gracias, de verdad —me limpié un par de lágrimas furtivas.
—Oye, no llores ¡Ya casi es año nuevo! Así que sonríe o tendré que ir por ti.
Reí abiertamente. Estuve a punto de pedirle que viniera por mí.
—No me amenaces —bromeé—. Pero estoy muy bien, no tienes nada de qué preocuparte.
—¿Segura?
—Muy segura.
—Bien, entonces ya no insistiré tanto en el tema, pero ¿Sabes? Tengo muchas ganas de verte…
Una alarma se encendió en mi interior. Shaoran no puede verme, no en este estado, él no sabe lo que me pasó en realidad, pues si así fuera ya estaría aquí a mi lado y lo último que quiero es lastimarlo cuando vea que estoy viviendo con la persona por la que lloré un mar de lágrimas; lágrimas que fueron secadas por las mismas manos de este buen hombre que siempre me ha acompañado.
PoV of narrator
Sakura estaba tan inmersa en la conversación que no se percató de la presencia de cierta persona, justo fuera del lugar donde se encontraba.
—¿No crees que estás invadiendo su privacidad?
El pobre pegó un brinco ante la voz a sus espaldas.
—Papá…
—Deja que hable por teléfono tranquila —miró a su hijo con seriedad.
—Lo siento, sólo… sólo tenía curiosidad.
—No porque ella viva aquí quiere decir que te incumba todo lo que hace, dale algo de privacidad —fue algo severo con él. El pobre sólo asintió en silencio y se fue de ahí, sintiéndose como un chiquillo regañado.
Ashura se sintió mal por ser tan severo con su hijo, y más aún al haber hecho exactamente lo mismo que él momentos atrás, pero no podía permitir que su hijo siguiera escuchando la conversación, más bien… no quería que Fye escuchara el nombre de "Shaoran" si lo hacía se pondría muy mal.
El señor Flowrigth miró una vez más a Sakura de espaldas viendo por la ventana sin soltar su teléfono celular. Suspiró suavemente y se giró para regresar con todos en la sala y comedor.
La conversación duró un poco más, Sakura reía y lloraba a la vez, pero al finalizar la llamada, regresó junto a los demás con una gran sonrisa que contrastaba mucho con la seria expresión de Fye, y eso que no se enteró de quién se trataba.
—¿Todo bien? —inquirió Tomoyo al acercársele. Sakura asintió con la misma sonrisa adornando sus labios.
—¡Vamos a encender los cuetes que compramos! ¡Ya casi va a ser año nuevo!
Todos miraron a la pequeña Ámber y el ánimo regresó. Pronto ya estaban Kurogane y Fye encendiendo los fuegos artificiales, unos eran solamente luces brillantes y hermosas y otros hicieron saltar a más de uno, pues el sonido de uno que otro cuete era ensordecedor, pero divertido.
—Cinco, cuatro, tres, dos, uno. ¡Feliz año nuevo! —gritaron todos a la vez.
De pronto la ciudad se vio bañada en luces y fuegos artificiales, el cielo nocturno brillaba en cientos de colores mientras que todos en la residencia Flowrigth se daban un fuerte abrazo, deseándose lo mejor para este año nuevo. Kurogane corrió hacia su mujer y quitándose un momento su imagen de hombre frío y rudo, la tomó por la cintura y la alzó en brazos hasta alcanzar sus labios, apretándola fuerte entre sus brazos y deseándole un hermoso año nuevo. Todos los que vieron esa escena se enternecieron mucho. Ashura abrazó de inmediato a su nietecita mientras que Fye permanecía con cuetes y encendedor aún entre sus manos y Sakura al otro extremo, mirando cómo todos se abrazaban y se deseaban un feliz año.
Y fue en ese momento cuando sus miradas se conectaron, fue rápido a pesar de que en medio de ambos estaban todos abrazándose felizmente. La conexión duró más de lo pensado, pero ninguno de los dos se movía de su lugar, sólo se miraron.
Ella observó detenidamente su expresión tan seria y calmada, lo hizo con tranquilidad, casi sintiendo como si el tiempo se detuviera a su alrededor, todo ocurría en cámara lenta. Miro esos zafiros tan profundos, ese cabello rubio tan despreocupado y descendió un poco más hasta toparse con esa inesperada sonrisilla que se fue formando lentamente en sus labios.
Él soltó todo lo que traía en manos sin importarle que se perdiera en la nieve y dio un paso hacia ella, luego otro, y uno más. A partir de ahí el tiempo fue transcurriendo más lento para ambos, hasta que él estuvo frente a ella, Sakura pudo ser testigo del brillo en su mirada cuando la observaba. Lo que nunca vio venir fue el momento en que se inclinó hasta rodearla con sus brazos fuertemente. Era tan… reconfortante y cálido.
Kurogane, Tomoyo, Ashura y Ámber, se detuvieron en ese momento para observarlos. Notaron que Fye la abrazaba con todas sus fuerzas y que le susurraba algo en el oído que la hacía enrojecer de vergüenza, hasta que ella alzó sus brazos y correspondió el abrazo con la misma fuerza y cariño. Las muletas hicieron un ruido sordo al caer a la nieve, pero ninguno de los dos se percató de ello.
La pareja se soltó del abrazo en un segundo, casi como si hubieran roto la burbuja en la que se habían metido, y es que dejaron de escuchar las voces de sus amigos y eso los hizo reaccionar.
Fue chistoso ver cómo ella perdió el equilibrio y casi cae por la falta de muletas, pero Fye fue más rápido y la detuvo entre sus brazos, dio más risa ver que sus rostros enrojecían más y se avergonzaban como dos chiquillos. El resto los miró con diversión y ternura mezcladas. Kurogane estaba por hacerles una broma al respecto, pero Ashura se dio cuenta de ello y se le adelantó.
—¡Feliz año Sakura! —y la abrazó con cariño mientras le deseaba lo mejor para este 2016. Pronto los demás siguieron con los buenos deseos y felicitaciones, olvidando momentáneamente lo recién ocurrido.
OoOoOoOoO
—Ya tienes sueño ¿No es así? —preguntó el moreno con una leve sonrisilla.
—Un poco, pero… —señaló a la pequeña que dormía sobre su regazo—. Soy incapaz de despertarla.
Y es que desde que Sakura se sentó en la sala, Ámber se puso a platicar a su lado hasta que cayó rendida ante el sueño.
—Algo que tiene en común con su padre es el sueño pesado, así que no te preocupes —se acercó para tomarla en brazos, pero Sakura lo detuvo.
—Me gustaría estar con ella un rato más… —acarició con cariño sus dorados cabellos mientras sonreía.
Kurogane las observó y se sorprendió ante sus propios pensamientos. Y es que Sakura de verdad parecía la madre de esa pequeña, y cómo no sería así si se parece tanto a su verdadera madre…
—De acuerdo… —sonrió un poco más y fue a donde su esposa. A pesar de vivir tan cerca, decidieron quedarse a dormir ahí esa noche debido a la nieve que no dejaba de caer. La temperatura había disminuido mucho más y el fuerte viento no ayudaba en mucho.
Comenzaron a preparar la habitación que ocuparía el matrimonio Suwa, mientras tanto Sakura cuidaba de los sueños de esa niña tan preciada para ella. Pronto llegó Tomoyo a hacerle compañía y no sólo a eso, sino…
—Sakura —murmuró con un tono travieso.
—¿Mhm? —la miró confundida.
—Anda, ya dime lo que te susurró Fye al oído, ¡cuéntame!
—¡Tomoyo! —le pidió que guardara silencio con una señal.
—¡Ups! Lo siento —miró que Ámber se movió un poco en su regazo, así que empezó a hablar más bajo—. Pero ya cuéntame, porque todos vimos que te sonrojaste demasiado —la miró pícaramente.
—No… no fue nada —bajó la mirada, casi tan sonrojada como hace rato.
—¿Te declaró su amor?
—¡¿Q-qué?!
La amatista le hizo una señal para que no hablara tan fuerte, pero no pudo contener una risilla.
—Él no me quiere de esa manera —desvió la mirada, avergonzada mientras que su amiga contuvo un suspiro ¿Cuándo iba a darse cuenta de que Fye estaba loquito por ella? —. Pero… me dijo que…
Flash Back
—Viene hacia acá —pensó la castaña mientras su corazón se aceleraba cada vez más conforme avanzaban los pasos del rubio.
Su mirada llena de cariño y sus pasos seguros la intimidaron un poco.
Todo el aire de sus pulmones se escapó en el momento en que sintió esos fuertes brazos rodeándola con mucho amor y calidez. Pero nadie la preparó para lo siguiente:
—Feliz año nuevo y… en verdad deseo que formes parte de mi vida en este 2016, y si tú no lo deseas te seguiré a donde sea necesario para que se cumpla —soltó una risilla traviesa que le erizó todos y cada uno de los vellos de la nuca—. Te quiero, Sakura. Gracias por regresar a mi vida... —detuvo sus palabras al sentir muchas miradas encima.
Fin flash back.
—¿En serio te dijo eso?
Sakura pensó que su amiga saltaría de felicidad como cuando le platicó que Fye la había besado, pero contrario a eso… Tomoyo sólo mostró una sonrisa algo triste.
—¿Ocurre algo?
La amatista negó suavemente con la cabeza, sin borrar esa leve sonrisa de sus labios. Lo que Sakura no sabía era que su amiga no sabía cómo decirle que los sentimientos de Fye hacia ella eran tan o más fuertes que antes, no le correspondía decírselo, así que se limitaría a ver los avances en la relación de sus amigos. Pero nadie le dijo que no podía darles un empujoncito.
—Dale una oportunidad, entendí lo que me dijiste, que ya no sientes lo mismo por él, pero…—se llevó una mano al mentón—. Mantente abierta a cualquier posibilidad. Esas palabras que te dijo son más profundas y verdaderas de lo que crees.
La castaña se quedó callada, reflexionando un poco en todo aquello.
—Pero… no, él no me quiere así. Yo sé que me olvidó fácilmente, hizo una familia y…
—Ni lo digas —murmuró con expresión dolida—. Han pasado diez años y fue el tiempo suficiente para darme cuenta de que Fye es otro, ha cambiado Sakura —tomó las manos de su amiga y le sonrió suavemente.
—¿Tú crees que él me quiera? Me refiero a algo serio… —no pudo mirarla a los ojos cuando preguntó aquello, estaba muy nerviosa. Lo que no sabía era que el corazón de su amiga dio un vuelco de felicidad al oír eso.
—¿Por qué no lo averiguas tú misma? —murmuró con una sonrisilla al verlo acercarse a ellas.
—¿Lista para ir a dormir? ¿Quieres que ya te lleve a la habitación?
—Yo… —desvió la mirada, avergonzada—. S-sí, ya tengo un poco de sueño, sólo que… —señaló a la pequeña.
—No te preocupes, la llevaré primero a ella. Después de todo es un tronco cuando cae dormida —rio un poco mientras la levantaba del regazo de Sakura, lo que no sabía era que la pequeña para nada estaba dormida…
—¡Lo sabía! Mi papi y Sakura fueron novios —pensó mientras su padre subía las escaleras con ella en brazos.
Más tarde el rubio subió a su ex a su habitación. Ella aprovechó la situación y sin hacerlo conscientemente, se abrazó más fuerte a su cuello mientras la cargaba. También llenó sus pulmones con la deliciosa fragancia del ojiazul, esa que la volvía loca desde años atrás.
No se dio cuenta cuando el rubio ya la estaba depositando en su cama, se decepcionó un poco, pues fue demasiado rápido para su gusto.
—Lo que te dije hace rato es cierto.
—¿Eh? —parpadeó confundida.
—Sobre lo que te dije… es verdad. Regresaste a mi vida y no te voy a dejar ir, no cometeré el mismo error dos veces —afirmó sin apartar la vista de esos ojos verdes.
—Fye… —sus ojos temblaron aún en medio de la oscuridad.
—Fui un tonto, lo admito. Pero no puedo dejar que te vayas de mi vida nuevamente —se sentó en el colchón a un lado de ella y se acercó lo suficiente como para tomar su rostro entre sus manos y mirarla a los ojos muy de cerca, tal como en navidad, la historia se estaba repitiendo—. Dime si tú… si tú sientes lo mismo —se puso un poco nervioso.
—Yo… —tragó en seco. Era el momento, ahora o nunca para decirle lo que su corazón tanto ha añorado durante estos años—. Fye yo…—pero su cerebro era traicionero, pues le trajo a la memoria todo el sufrimiento y las decepciones que pasó a su lado, lo mucho que tardó en recuperarse de ese fin que hubo en la relación.
Perdida en aquellos pensamientos no se dio cuenta cuando ya tenía los labios del rubio sobre los suyos. Él había malentendido ese silencio y nerviosismo de Sakura, pero había metido la pata…
—¡Detente! —puso ambas manos sobre su pecho y lo empujó con fuerza. El pobre parpadeó muy confundido y asombrado—. No te atrevas a hacerlo de nuevo, por favor no… —se tapó la cara, no soportó ver la expresión asustada de él.
—Pero… —intentó acercársele.
—¡No! ¡Vete y déjame sola! —lo encaró con ira—. Piensas que te puedes ir de mi vida diez años, hacer tu familia y luego regresar a mi lado como si nada, pero no es así ¡No seré tu plato de segunda mesa! —casi le gritó, contuvo su voz para que los demás no se dieran cuenta de esa discusión, pero le era imposible detener ese montón de lágrimas que se agolpaban en sus ojos.
—¿Eso es lo que piensas? —entornó los ojos—. Que me fui de tu lado para formar una linda familia y ahora que no tengo mujer quiero reemplazar su lugar contigo ¿Eso es lo que crees? —casi escupió cada palabra—. Déjame decirte que estás muy equivocada —apretó los puños—. Ámber no… ella no… ¡Maldición! —gruñó y se dio media vuelta, directo a la puerta. Sólo se giró para verla una vez más—. Las cosas no son como crees —estaba a punto de irse, pero no lo haría sin una respuesta clara—. ¿En serio eso es lo que crees? —preguntó con mucha decepción en sus ojos, Sakura no pudo responder nada, sólo bajó la mirada y pero eso fue más que suficiente para el rubio—. Estás muy equivocada, pero no te preocupes, no volveré a incomodarte nunca. Buenas noches —casi azotó la puerta y se fue directo a su habitación.
Inevitablemente todos se dieron cuenta de la discusión entre ambos, fue similar a las que tenían cuando eran más jóvenes, sólo que esta vez los demás sí se preocuparon en serio, ya eran personas maduras y esas discusiones tenían bases muy firmes que podrían provocar decisiones muy drásticas.
—¿Qué demonios ocurrió? —murmuró Kurogane, mirando a los otros dos.
—Discutieron —el señor Flowrigth se sentó en la silla más cercana y refunfuñó algo no entendible—. Si siguen así terminarán peor que antes.
—Tenemos que hacer algo.
—No podemos meternos en eso, Tomoyo.
—No, querido. La última vez decidimos no entrometernos y mira cómo terminaron las cosas.
Todos se quedaron callados.
—Fye debe hablarle con la verdad —dijo de pronto Ashura.
—Pero eso significa decirle que…
—Sí, tiene que hacerlo si de verdad quiere volver con ella.
Kurogane y Tomoyo se miraron entre sí con preocupación.
Continuará…
