Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.
Me cansé así que no más advertencias en este fic. Lo que tenga que venir venga (?).
[...]
Título: La duda que carcome.
Día 2: Bañarse desnudo.
Rated: M.
Words: 2,764.
Sin tapujos
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Quién sabría qué demonios tenía en la cabeza.
Estaba comenzando a considerar que cada día estaba más inconsciente que ayer. Habían pasado sólo veinticuatro horas —un poco pasadas— de lo que aconteció con Gray en su casa, luego de eso Natsu había aparecido como era de costumbre, hecho una bestia, y había arrasado con su comida además de hacer un desastre su cama.
Lo que le había llevado a pensar cómo tenía planeado Gray hacer eso. En un principio se dirigía hacia su casa para hacerle unas cuantas preguntas que no podía haberle hecho en el gremio por ningún motivo.
Siendo las siete de la tarde, con cuarenta y dos minutos, los pensamientos de Lucy comenzaban a desviarse un poco. Esta vez a lo de la dichosa respuesta.
Tenía que darle una pronto, a decir verdad, ¿cuántos días llevaba ya? ¿Cuatro, cinco? También tenía que ser considerada con Gray, devolverle el gesto, y darle una maldita respuesta de una buena vez porque sí lo notaba algo impaciente. Si hasta había oído a Juvia, Erza, Cana y Mirajane preguntarle si se encontraba bien. La tercera con un poco más de maldad, tal vez consciente de que algo había pasado luego de que la hiciera beber.
—¿Cómo se lo... ? —se detuvo en medio del murmullo y también su andar.
Parecía paralizada, hasta que se llevó una mano al rostro.
—Seguramente pensará que iré a contestarle. ¿Cómo le diré que no es para eso? Digo, supongo que debe estar esperando aunque sea algo ansioso a que le diga —empezó a hablar sola en medio de la calle—. Aunque eso suena bastante egocéntrico de mi parte. Pero si está dispuesto a esperar tanto ha de ser porque quiere de verdad saber si aceptaré o no —se mordió la uña del pulgar un momento, quedándose en silencio.
Finalmente suspiró y se echó el flequillo hacia atrás.
Puede que no fuera buena idea ir...
Oh pero que idiota, ¡claro que no era buena idea!
Exhaló con fuerza, haciéndose de valor. Iría. No iba a hacerlo esperar más. Le diría que no, rechazaría su propuesta, y pretendería que eso nunca había pasado. Volverían a ser buenos amigos, nunca más se besarían y... Sí, no importaba si deseaba besarlo otra vez, no iba a permitir que de aceptar eso terminara terriblemente mal. Porque tenía mucho miedo. De lo que podría pasar, de Juvia, de Erza, de todos. Porque no podía hacerle tal cosa a Juvia, estaría siendo muy egoísta en verdad.
Ya mentalizada con ello, Lucy retomó el camino hacia la casa de su compañero, esperando que se hubiera pasado directo a casa.
Sabía que de esperar mucho más cometería la más titánica acobardada de su vida.
[...]
Subió las pequeñas escalerillas de la casita lo más rápido que pudo. No porque estuviera apresurada ni... nada parecido, pero debía actuar velozmente con tal de no trabarse en su misión.
Darle la respuesta a Gray.
Aunque algo le decía que al principio no iba por eso.
... Bueno, que más daba.
Se relamió los labios y los mordió un poco cuando alzaba la mano frente a la puerta. Entonces reparó en la manilla que tenía esta integrada, y la tomó para chocarla contra el gran trozo de madera.
—Por favor, por favor... —susurró al bajar las manos a los bolsillos traseros de su pantalón corto.
Luego de un rato escuchó un ruido y una maldición con aquel tono de voz que tanto conocía, amortiguados por la distancia y las paredes que los separaban. Le pareció hasta milagroso ser capaz de escucharlo.
No pasó mucho hasta que la puerta se abrió y dejó ver a Gray. En ese instante Lucy tuvo que repasar mentalmente la razón del porqué estaba ahí, y lo que le diría, unas cuantas veces. Porque se supone que iba con seriedad, y pillarse a su amigo con sólo una toalla amarrada a la cadera lograba desconcentrarla totalmente de sus intenciones iniciales.
—Lucy —notó como se llevaba una mano al borde de la tela, posiblemente para asegurarse de que esta no se cayera—, ¿necesitas algo?
También notó su sorpresa a pesar de que estaba concentrada en mirarlo a los ojos. Aunque esto igualmente le afectaba un poco, tanto como que estuviera desnudo. ... Ahora que lo pensaba no era nada nuevo, pero dado las nuevas situaciones que había pasado la relación de ellos dos, podía decir con seguridad que prefería no saber cómo era allá abajo y menos en ese minuto.
—Gray... tengo que hablar contigo —dijo.
—Oh, claro, sí —soltó carraspeando ligeramente. Dicho eso, se hizo a un lado—. Adelante, siéntete como en casa.
Eso era imposible, pero no iba a decirle eso por ningún motivo. Le agradeció en un murmullo y pasó por al frente de él mientras se adentraba en el lugar. Dentro era bastante acogedor, y se veía igual que la última vez que había ido, excepto por uno de los interruptores que alcanzaba a ver —casi destrozado en su totalidad— y una lámpara —que no veía por ningún lado, aparentemente se encontraba desaparecida—.
—Entonces —comenzó, soltando el destartalado y supuesto nudo que había hecho en la toalla, y parándose frente a ella con los brazos cruzados—, ¿de qué quieres hablar?
Lucy se mordió el labio y jugó un poco con sus dedos con notable nerviosismo. Seguro que no había sido buena idea ir a meterse a la casa de Gray, tal vez debió pedirle que la acompañara a dar una vuelta cuando aún estaban en al gremio, o al día siguiente. Aunque eso significaba ser seguidos por Juvia. De todos modos siempre podía encontrárselo cuando fuera de camino a Fairy Tail.
Oh, pero no, tenía que insistirse en que debía hacerlo en ese mismo momento.
Suspiró, intentando dejar de temblar levemente ante la mirada de Gray.
—Es sobre... —tragó en seco— ya sabes.
Gray rió un poco y negó con la cabeza, cambiando de lugar sus brazos, hasta que sus manos quedaron en sus caderas sobre la toalla, en una posición que él de alguna extraña forma lograba mostrar bastante varonil.
—En realidad no, podríamos hablar de muchas cosas.
—Gray...
—Lo que pasó ayer, sobre el beso, eso de que en dónde están tus bragas o lo de la propuesta...
—¡Sí, eso! —exclamó volviendo a obtener la mirada del chico— Espera... ¿mis bragas?
Él se encogió de hombros.
—Pensé que habías notado que no estaban, olvidé dártelas.
Lucy entonces negó con la cabeza, restándole importancia, y volvió a lo que de antes.
—Decía que es sobre la... propuesta —apretó los labios al terminar de decirlo.
Recibió un asentimiento por parte de él, y lo vio y escuchó suspirar, haciendo que sus hombros subieran y bajaran con algo de brusquedad. Por el movimiento, Lucy se fijó en como se marcaban sus clavículas y unas partes del nacimiento del cuello.
No podía creer que el movimiento de su pecho al respirar le pareciera tan hipnotizante...
Se golpeó mentalmente de manera inmediata por volver a desviarse.
—Así que... ¿qué fue lo que decidiste? —preguntó poniendo sus manos de forma ahuecada frente a su nariz y boca, como si estuviera preparado para oír algo, esperado que no fuera lo contrario a lo que deseaba. Pero a pesar de ello, parecía bastante centrado, igual de serio que antes.
Cuando él no la estaba mirando sus ojos bajaron un poco hasta dar con aquel bulto que la hacía maldecirse por ser tan curiosa. Casi estaría rogando porque se le cayera de no ser porque no soportaría la vergüenza de que la viera con las mejillas tan rojas. Para su mala suerte, estaba segura de que no era de las que se desmayarían como Erza por algo así, sus reacciones solían ser más de tortura porque no podía quitar la mirada de lo que la metía en ese trance.
Siempre le había pasado, y no dudaba que siempre le pasaría.
—Lucy —la llamó Gray, al parecer no por primera vez porque lo escuchó a penas decir su nombre, y él fruncía el ceño—. ¿Estás bien, Lucy?
Todavía un poco fuera de sí, ella lo vio avanzar hasta que su mirada quedó a la altura de su abdomen, frente a esos cuadritos que se veían tan...
Sintió las manos heladas de Gray en sus brazos y de inmediato se alejó. Los dos se quedaron mirando por un momento, y no falto nada para que ella enrojeciera por lo que recién había descubierto, para su desgracia por causa de Gray quien también lo habría notado. Su piel estaba jodidamente caliente, al menos que parecía que llevaba en la casa un buen par de horas, como si no hubiera estado nunca fuera. Abrió la boca para decir algo y él dio otro paso hacia ella, pero lo notó detenerse y abrir los ojos más de lo normal.
—Lucy... no mires abajo —ordenó más que pidió, con la voz algo estrangulada, pero ella no se fijó en lo raro que era eso y como la curiosa que era...
Joder, se supone que no podías decirle a alguien como ella que no hiciera algo porque, claro, cómo no, lo terminaba haciendo. ¡Porque esa era su naturaleza! Al menos de esa manera se defendería si llegara a decirle algo, que su naturaleza no era mirarle el miembro viril a sus amigos como hobbie.
—¡Lucy!
—¡Pues pudiste haberte quedado callado!
—¡Se supone que cuando alguien te dice que no hagas algo, es para asegurarse de que no lo hagas!
—¡De cualquier forma no sé de qué te quejas, te la pasas desvistiendo en el gremio! —exclamó— ¡A este punto hasta Bob y la maestra de Lamia lo conocen!
—¡Eso es repulsivo! —reclamó mientras se agachaba para coger la toalla.
Lucy se cruzó de brazos, con las mejillas rojas, pero lo suficientemente enojada por el hecho de que le estuviera echando la culpa a ella. Además él también tenía parte de ella, joder. ¿Se conocían hace años y todavía no sabía cómo tratar con ella? Al menos ella sabía cómo tenía que hacerlo con él. Cuando estaba mal, cuando necesitaba hablar de algo aunque no quisiera, y siempre se preparaba para apoyarlo desde días antes de que fuera el aniversario de la muerte de sus seres queridos.
¡Y era cierto, hasta los de Sabertooth se lo habían visto!
Aunque con el tiempo la costumbre había ido disminuyendo de a poco y pasaba sólo cuando estaba totalmente desconcentrado.
Entonces reparó en que... Era cierto...
—¿Pero... por qué te molesta tanto si... —pensó— ya lo había visto un montón de veces antes?
—Por nada importante —contestó con el ceño levemente fruncido y las mejillas más rosadas de lo normal. Sin embargo Lucy no le dio la importancia que se merecía.
Se quedaron en silencio, él se había alejado un poco y Lucy había vuelto a poner bien los pies en el suelo. Se miraban a ratos, y en un momento ella preguntó por la lámpara y el interruptor. Por supuesto las respuestas fueron las mismas que la otra.
—¿Me vas a decir o no? —inquirió con una mano en la toalla y la otra en su cuello, provocando que su brazo se mantuviera flexionado.
Entonces ella volvió a dudar. Él le parecía tan atractivo y posiblemente ella a él también, o debía parecerle al menos un poco linda como para que hubiera llegado a eso. Además el sexo no era nada de otro mundo, y Gray era uno de los pocos con los cuales podía tener algo así.
Después de un rato en el que dejó esperando al chico, que comenzaba a sentirse un poco enojado, se dio cuenta de que lo había comenzado a ver como si fuese una oportunidad.
¿Si no era Gray, entonces quién? ¿Natsu? Já, que buena broma. ¿Loke? Era su jodido espíritu estelar. ¿Eucliffe? Si se hacía imposible de solo pensarlo. Primero, porque ni se conocían mucho. Segundo, porque estaba bien enamorado de Natsu. ¿Y Rogue? Rogue era lindo, pero parecía ser demasiado vergonzoso también de vez en cuando y no había tanta confianza.
Volvió a mirar a Gray, aunque prácticamente de reojo. Y se encontró por supuesto con el fastidio marcado en su rostro. Llegó a sentirse mal por pensar en perder la oportunidad y por hacerlo perder el tiempo de esa manera. De cualquier forma ya le tenía la respuesta, sólo esperaba que no se enojara tanto por la espera.
—Vale —suspiró—. Acepto.
Luego de un rato en el que Gray parecía haber estado procesando la información, que no fue mucho ciertamente, Lucy notó el cambio en su expresión. Acto seguido él carraspeó forzadamente y se cubrió parcialmente la boca con el puño. Apretó los labios, y la volvió a mirar.
—Iba a bañarme sabes... y... —sus cejas se movieron un poco, y de pronto parecía algo tenso.
Claramente intentando parecer desinteresado en el asunto.
—¿Quieres que... me bañe contigo? —preguntó.
Gray guardó silencio por un momento.
—En realidad te iba a decir que si querías me esperabas pero... —Lucy enrojeció a más no poder, haciéndolo sonreír por el detalle. En realidad él tampoco se esperaba que preguntara algo así— Debo decir que me gusta más tu idea.
—P-pero no tengo nada como más r-ropa interior conmigo y...
—Se supone que cuando te das un baño no es en traje de baño —dijo—. Vamos a darnos un baño, no a tirarnos a una piscina —recalcó.
Lucy masculló algo parecido a un no puedo creer que vaya a hacer esto luego de cubrirse el rostro con las manos. Sin embargo lo escuchó reír y las bajó para volver a mirarlo a la cara.
—¿Vamos? —le tendió la mano para que la tomara.
Y sin dudar más, ella la tomó.
[...]
—No sé por qué pero pensaba que te bañabas con agua helada —comentó, riendo con un poco de nerviosismo por sentir a Gray detrás de ella.
Se sentía un poco fuera de lugar, con las manos de Gray en su abdomen, su pecho pegado a su espalda, su nariz por su cuello y... Y esa gran cosa dando en su espalda baja. Desde que se habían metido en la tina que no dejaba de tener la cara caliente por el bochorno, aunque debía decir que las sensaciones que las manos, la nariz y el aliento de Gray provocaban la estaban arrastrando poco a poco.
La risa inmediata del chico por su comentario dio contra su oído, logrando que un escalofrío la recorriera entera.
—No estoy tan loco, y sé disfrutar del agua caliente —sintió una de las manos de Gray subir lentamente, acercándose cada vez más a la altura de sus pechos—. Y de todos modos, se supone que el hielo también quema...
Lucy nunca había escuchado a Gray hablar de esa manera. Como si le estuviera contando un secreto, al oído, provocando muchas cosas en ella sólo con algo como eso. Y su voz se volvía inevitablemente más ronca y... joder.
—Sí, eso dicen —susurró, casi sin voz.
De pronto él le mordió la oreja con una leve sonrisa. Cuando Lucy sintió el piquete, se movió bruscamente botando un poco de agua fuera y haciendo que Gray alzara una ceja.
—N-no hagas eso, tengo las orejas sensibles —pidió.
Eso fue como un secreto del cual sacar buen provecho para él. También le confirmaba que Lucy podía ser un poco inocente a veces. Eso sin duda le gustaba mucho, era lindo que dijera cosas sin pensar cuando estaba nerviosa, o el sonrojo que se tomaba sus mejillas. El que volvió a hacer presencia cuando le mordió el cuello, ganándose un ligero golpe cerca del hombro.
—¡Gray! —exclamó— E-el cuello también.
Eso sin duda le comenzó a parecer un poco raro. O era que Lucy era sensible por todas partes o de plano no quería que lo hiciera. Pero si había aceptado, habían cosas que eran sin duda inevitables.
—Está bien, está bien —se rindió—. Pero respóndeme algo.
Ella inmediatamente asintió.
—¿Eres cosquillosa? —entrecerró los ojos.
Sólo entonces pareció darse cuenta que eso no estaba llevando a nada que la beneficiara. Y por la expresiva expresión, valga la redundancia, de su rostro, Gray supo al instante que sí lo era. Porque sin duda las expresiones faciales en alguien como Lucy no mentían.
Y con la sonrisa llena de malas intenciones, Gray comenzó a hacerle cosquillas a la chica en medio de la tina.
Todo eso con otro fin, claro. Debía lograr que se relajara, si eso seguía así no iban a llegar a donde se supone debían llegar. Porque de nuevo, ella había aceptado por algo, ¿no?
