We Meet Again

By Tsuki No Hana

VIII

"Frialdad"

Despertó de golpe después de tener otra horrible pesadilla, de esas que te roban el aliento y te agitan el corazón como si corrieras un maratón. En esta ocasión soñó que la madre de Ámber regresaba a reclamar su lugar como señora de la casa, diciéndole a ella que no era más que una intrusa en la vida de su familia.

¿Ridículo no?

Se limpió el sudor de la frente, y aun agitada, se puso de pie con dificultad. Necesitaba un vaso con agua.

Miró su despertador. Apenas eran las siete de la mañana y seguro todos permanecían dormidos. No le importó mucho y decidió bajar por un poco de agua, necesitaba despejar su mente un rato, esas pesadillas eran más reales de lo que parecían y a decir verdad lo que más miedo le daba era que le estaba dando demasiada importancia y eso no era nada bueno.

Así que tomando sus muletas, salió de la habitación, no sin algo de dificultad, pues el peso del yeso en su pierna la desequilibraba un poco. Cuando llegó a las escaleras se quedó parada al filo de éstas, pensando en cómo le haría para bajar, nunca lo había hecho.

Chasqueó la lengua y le restó importancia. No pasaría nada si bajaba lentamente, uno por uno. Además… era un año nuevo, era hora de hacer cambios, tomar nuevas y mejores decisiones, ya no se dejaría llevar por los sentimientos, esos nunca la llevaron a nada bueno. Ahora miraría hacia el frente y no dejaría que el pasado le pise los talones, no de nuevo. Por una parte estaba emocionada por lo que este nuevo año podría traerle, se sentía con ánimos de hacer borrón y cuenta nueva en su vida, aunque en medio de su reflexión positiva nunca se esperó que sucediera lo siguiente.

Después de diez minutos apenas estaba a la mitad del camino, además, el dolor en su pierna se hizo presente. Nunca la había forzado tanto así que era natural que eso ocurriera, pero ahora no sabía qué hacer. Pensó en regresar, pero el esfuerzo sería el doble al intentar subir, definitivamente no tenía otra opción más que bajar.

Con esfuerzo y dolor consiguió llegar al final de las escaleras, le había tomado más tiempo del esperado, pero lo logró. El dolor en su pierna era palpitante y agudo, tenía ganas de arrancarse ese yeso y sobarse la piel para aminorar el dolor. Había sido una tortura bajar esas escaleras y ahora lo único que deseaba era un lugar para sentarse. Se sujetó firmemente de una muleta y trató de afianzarse de la otra, pero ésta cayó al suelo, lejos de su alcance. No tuvo otra opción más que agarrarse con fuerza de la baranda de la escalera y con la otra mano seguir sujetando la muleta, pero de pronto todo el cuerpo le tembló, la debilidad la invadió. Iba a desmayarse, reconocía muy bien ese temblor interno y ese ir y venir de su vista. Pero antes de que lograra decir o hacer algo, su vista se nubló aún más y sintió cómo su cuerpo caía lentamente. Sólo alcanzó a percibir cómo antes de desvanecerse por completo, unos brazos la sujetaron con firmeza, y mientras se sumía en la negrura total, alcanzó a escuchar la lejana voz grave de un hombre.

Un poco más tarde intentó abrir sus ojos, luchando contra el peso de sus párpados y el dolor palpitante de su pierna. Mientras trataba de enfocar mejor su mirada, notó entre sus pestañas el preocupado y angustiado rostro de Ashura, pero no era sólo eso… pudo percibir también un atisbo de tristeza y decepción.

De pronto sintió un apretón de mano y de inmediato la típica pregunta "¿Estás bien?" se hizo presente. Ella respondió que sí, percatándose de que estaba recostada sobre el sillón más amplio de la sala. Aun no se veía luz fuera de la casa y un Ashura aún en pijama y envuelto en su bata de dormir, se encontraba sentado en la mesita de la sala, justo frente a ella mientras tomaba su mano con suavidad, haciendo una leve presión y acariciando cierta parte en específico.

La ojiverde dirigió su mirada a la unión de sus manos y fue en ese instante cuando una alarma se encendió en su mente y una onda de adrenalina disparó al máximo sus sentidos. Ashura se había percatado ya de las cicatrices en sus muñecas y como todo buen doctor sabría a la perfección su significado.

La pobre tragó en seco y él ablandó un poco su mirada al verla acorralada.

—Supongo que esto es lo que Tomoyo sabe y que no quieres que nadie más sepa ¿No es así? —sin embargo en su voz no había ningún tono de reproche o reclamo, sino una profunda tristeza que intentaba disimular con su siempre suave sonrisa gentil.

Sakura no pudo hacer más que simplemente asentir con la cabeza.

—Ya veo… —apretó más su mano y dijo—. No te preocupes, no diré nada sobre ello, pero si necesitas hablar sabes que me tienes aquí.

Esto fue como un bálsamo para sus heridas. Había dicho que el pasado no le pisaría más los talones y justo ahora se la estaba comiendo viva. Pero se le estaba presentando una buena oportunidad para sacar nuevamente todo su sentir acumulado, y esta vez sería diferente que con Tomoyo y no es que ella no le hubiese ayudado, lo hizo a su manera, pero no hay como que un hombre que es casi como tu padre, te dé consejo y consuelo.

Pero… existía un enorme riesgo al contarle todo ¿Qué tal si lo decepcionaba aún más? No lo soportaría ¿Y si la juzga y decide alejarla de su nieta? Estaría en todo su derecho, pero ella en definitiva no aguantaría un golpe como ese, había formado ya unos lazos muy fuertes con Ámber. Estos y más pensamientos se acumularon en su cabeza en menos de cinco segundos, así que no lo soportó más y se echó a llorar como magdalena, trataba en lo posible no ser muy ruidosa o despertaría a los que duermen aún, pero no podía evitarlo.

Ashura no le dijo nada, sólo se limitó a sentarse a un lado de ella en el sofá y a abrazarla con fuerza, esperando a que se recuperara y le contara toda su historia. La miró con pensativa expresión en sus ojos ambarinos y se armó de fuerza y valor para escucharla, pues sospechaba que sería una historia no muy fácil de digerir.

—E-es una historia muy larga —se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano—. Y y-yo… tengo miedo de lo que pueda pensar de mí después de que le diga toda la verdad —lo miró con mucha vergüenza, pero él suavizó aún más su mirada y con cariño paternal acarició su cabeza.

—Eres una hija para mí, y sin importar lo que tengas que decirme, nunca pensaré otra cosa que no sea el hecho de que eres la hija que nunca tuve; así que adelante, te escucho —se puso cómodo en el sillón y Sakura con una muy leve sonrisa triste, hizo lo mismo.

Suspirando pesadamente y agradeciéndole su comprensión, empezó desde el comienzo, desde que dejaron de verse, justo como le platicó a Tomoyo. Le narró todos los hechos, las cosas buenas y malas, las dificultades e incluso sus pensamientos suicidas que culminaron en una estadía en el hospital por varias semanas. Conforme avanzaba la narración, el ceño del médico se fruncía cada vez más, a veces suspiraba pesadamente, en otros momentos su mirada entristecía a más no poder hasta que finalmente tuvo que contener sus ganas de llorar cuando le platicó lo más duro que pasó hace unos años y no… no había sido su intento de suicidio ni la muerte de su familia completa. No quería demostrarle lo mucho que le impactaba ese acontecimiento, debía ser fuerte para ella, si quería ayudarla no podía ponerse sentimental.

Al final de la historia se queda enormemente impactado y sin palabras. En cuanto a ella… se sintió mejor al haberlo hablado con él, lo sintió al instante porque no la juzgó, tampoco había miedo en sus ojos, todo lo que llegó a sentir fue confort. La había escuchado y eso era todo lo que necesitaba.

Esperó pacientemente a que hablara, a que le dijera algo, ya sea un reproche o regaño, pero nada de eso llegó. Lo que nunca se esperó fue un fuerte y sincero abrazo de su parte. Fue tan fuerte y reconfortante que sintió como si todas sus piezas rotas se juntaran de nuevo con ese gesto tan cálido, casi podía sentir el abrazo de su propio padre. No pudo contenerse y lloró, lloró en silencio durante un buen rato.

—Deja que duela, llora todo lo que puedas, pero… no permitas que la tristeza se prolongue más de lo necesario —le dijo sin soltarla aun del abrazo y con una seriedad que logró darle más profundidad a sus palabras. Era un consejo muy sabio que nunca olvidaría, pues era la primera persona que le daba a entender que sufrir estaba bien, es necesario algunas veces, pero está en uno el decidir cuánto y hasta dónde quieres sufrir por aquello que te causa tanto conflicto.

—Gracias por escucharme —se limpió todo el rostro con un pañuelo que Ashura le ofreció caballerosamente.

—No tienes por qué agradecerlo —la miró con un atisbo de tristeza y acarició su cabeza—. En verdad lo siento mucho… aún no puedo creer que sucediera eso, eras demasiado joven…

Sakura desvió la mirada y se hizo bolita en el sillón.

—Debió haber sido muy duro afrontar todo eso tú sola.

—Tuve mucho apoyo —sonrió con algo de tristeza.

—¿Shaoran? —ella asintió y Ashura suspiró con pesadez—. De verdad le estoy agradecido a ese muchacho, hizo por ti mucho más de lo que nosotros hemos hecho.

—Él es muy bueno.

—Y dime… —dijo después de un rato—. ¿Le quieres?

—Claro que sí —respondió de inmediato y con seguridad—. Pero no de la manera en que quise a Fye… —admitió. Esto fue suficiente para que la flama de la esperanza se encendiera en el corazón de Flowrigth.

—Ya veo… —estuvo tentado a preguntarle sobre sus sentimientos actuales hacia Fye, pero no quería presionarla—. Te voy a dar un consejo, pero tú sabes si lo llevas a cabo o no, no puedo obligarte a nada.

—Sí, dígame.

—Cuéntale todo esto a mi hijo.

—¡No! —se espantó.

—Así como yo me di cuenta de esto —tomó sus manos—. Él tarde o temprano lo hará y ya conoces cómo es, no te dejará en paz hasta que le expliques por qué.

—No puedo…

—¿Por qué no Sakura? ¿Temes que pueda pensar mal de ti? Déjame decirte que él no es un santo, también tiene su historia… —suspiró con tristeza.

—Pero si él se entera sobre lo que pasó en China… puede que nunca más quiera siquiera dirigirme la palabra, aunque… él no perdió el tiempo y hasta formó una familia —desvió la mirada, dejando entrever sus celos. Ante esto Ashura no pudo más que sonreír internamente.

—Dime algo Sakura. ¿Aún amas a Fye? O mejor dicho ¿Qué es lo que sientes por él?

—Yo… yo no sé —desvió la mirada y luego volvió a verlo a los ojos—. Yo no puedo amarlo, ya no lo amo. Él y yo somos personas distintas, recorrimos caminos muy diferentes y ahora nuestras vidas tienen otro rumbo y...

—Y el destino los volvió a unir. Les dio una oportunidad para arreglar las cosas ¿No crees que esto es una señal?

—Yo pienso que fue una casualidad.

—Las casualidades no existen, sólo lo inevitable —la miró con una sonrisa ladina en su expresión tan sabia y misteriosa.

OoOoOoOoO

Se giró una vez más en su cama, se había dormido muy tarde y de todas formas no tenía sueño, ni siquiera había podido dormir en toda la noche. Ya era medio día y su mente no paraba de darle vueltas a lo apestosa que era su vida amorosa, de verdad que era una mierda. Anoche había sido el momento perfecto para confesarse con ella, las cosas por fin tomaban su lugar y presentía que este año nuevo traería nuevos comienzos. Pero ahora pasaba esto y sonaba más bien a una mala jugada del destino ¿Es que acaso tenía que querer profundamente algo, y luego esperar con una sonrisa a perderlo? Sencillamente era injusto.

Había una solución y su mente se la decía a gritos: "¡Di la verdad! ¡Sé sincero con ella!" pero por Dios que no podía hacerlo, pues en ese caso tendría que revelar su mayor secreto, ese que no sólo lo incluía a él, sino a su amada hija.

¿Qué debía hacer?

No tenía ni puta idea.

Vaya… apenas era el primer día del año y ya se quería arrancar los cabellos, además había otro asunto que no lo dejaba tranquilo y es que había decidido no decirle a nadie, pero el pequeño Harry tuvo una recaída, estuvo a punto de rechazar el corazón y desde la cirugía del trasplante no lo habían despertado del coma al que lo indujeron. Había pasado días pensando en cómo le diría que su madre murió, cómo le diría que la trabajadora social que le asignaron quiere llevárselo a un orfanato mientras encuentran una familia que pueda hacerse cargo de los gastos que acarrea una enfermedad como la del pequeño. Definitivamente no tenía corazón para terminar con la infancia de un niño de esta manera, sería un golpe muy duro de superar, si no es que imposible.

Tenía que encontrarle un hogar a ese pequeño si no quería que se lo llevaran, incluso pensó en adoptarlo, pero a como es su vida… no podría hacerse cargo de él como debiera. Es cardiólogo y tiene los recursos económicos, pero no podría estar al pendiente de él todo el tiempo, necesita una madre que lo cuide y un buen padre que lo guíe y sostenga. Además, la trabajadora social le dijo que mientras no tuviera una esposa, jamás podría adoptar a Harry.

OoOoOoOoO

Un par de días después Ashura se despide de todos al tener que regresar a América, pero no se va sin antes tener una larga charla con su hijo, explicándole que necesitará entender a Sakura, cuidarla, amarla y sobre todo respetarla. El rubio se extraña un poco con todos esos comentarios de su padre y le pregunta sobre ello, pero él no le da más detalles simplemente le dijo:

—Ella aún te ama.

—¿¡Te lo dijo?!

—No fue necesario, sé que lo hace.

—Pero… ¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Lo sé —le guiñó un ojo y despeinó sus cabellos, tal cual como cuando era un niño.

Se despidió de él, dejándolo con las ganas de saber y un poco confundido. También le había hablado seriamente sobre decirle a Sakura la verdad, la charla fue un poco larga y logró hacer titubear a su hijo con respecto a esa decisión que había tomado de nunca decir nada sobre ello. Al menos dijo que lo pensaría.

Finalmente Ashura se va, diciéndoles que volvería a visitarlos en la primera oportunidad que se le presente y más ahora que Sakura estaría ahí unos meses más.

Los días transcurrieron con tranquilidad, Sakura se sentía extraña viviendo bajo el mismo techo de alguien que ni siquiera le dirigía la mirada cuando le hablaba. Era en extremo incómodo y no veía la hora de irse de ahí. Notaba cómo Fye mantenía su distancia al máximo y se limitaba a hacer contacto con ella sólo para bajarla y subirla a la habitación, incluso había vuelto al trabajo, así que sólo lo veía en las mañanas y tarde en las noches. Ámber la acompañaba todo el día, al igual que Tomoyo, pues ella como maestra estaría de vacaciones hasta que los niños regresen a la escuela.

A la amatista no le pasaba desapercibida la tristeza en los ojos de su amiga y sabía a la perfección quién era el causante de ello, pero ya nadie podía hacer nada al respecto, ella le dijo que no lo amaba después de que él casi se le declaró y bueno… aunque no está haciendo lo más maduro para alguien de treinta años, el rubio prefirió dejar todo por la paz y limitarse a tener un trato mínimo con ella.

Las tres juntas pasaban todo el día platicando, pronto se aburrieron de no hacer nada, así que Sakura comenzó con las clases de pintura para Ámber, aprovechó el tiempo también para comenzar nuevas obras que a futuro vendería o usaría para exponer en sus clases.

La pequeña resultó ser todo un fracaso para la pintura; extraño, ya que Fye no era malo, pero aun así la pequeña le dedicaba tiempo al arte y se divertía a su lado. Cuando se aburrían, Ámber corría al piano y tocaba cualquier canción que Sakura le pidiera. A raíz de esa imagen de Ámber al piano, surgió una excelente idea para pintar un cuadro, Sakura pronto puso manos a la obra.

Lo que ninguna de las tres sabía, era que ese mismo día, en ese momento, Fye despertaba del coma al pequeño Harry, quien poco a poco se fue recuperando y cada vez estaba más consciente. Lo primero que hizo fue preguntar por su madre y fue ahí donde Fye tuvo que sentarse a hablar con él. Kurogane no quiso despegarse de ahí en ningún momento, le tenía un gran cariño al pequeño y quería acompañarlo. Obviamente y como era de esperarse, Harry entró en pánico y se puso histérico al saber la verdad, tal vez fue muy crudo decirle la verdad a un niño tan joven, pero era necesario.

Poco más tarde Fye y Kurogane charlaron sobre el futuro que le esperaba al pequeño y el moreno se molestó mucho al enterarse de lo que estaban por hacer con él.

—¿Qué demonios estás diciendo? ¡¿Quieren mandarlo a un orfanato después de haber pasado por un trasplante?! ¡Eso es una locura! —caminaba como león enjaulado adentro del consultorio del rubio, mientras éste último estaba sentado en una silla.

—Pero no podemos hacer nada. Créeme que he pasado este último mes buscando una familia que lo pueda recibir, incluso pensé en adoptarlo, pero no podría darle la atención que se merece.

—No has buscado bien.

—¿Qué? —se puso de pie y lo encaró—. ¡Por supuesto que sí!

—Tomoyo y yo podemos adoptarlo.

Fue tan sorpresivo que se quedó sin palabras. Nunca había pensado en ellos porque simplemente… simplemente… ¿Por qué rayos nunca pensó en ellos?

—Soy doctor, puedo estar al tanto de su salud, Tomoyo ama a los niños y tiene el tiempo suficiente para cuidar de él. Y qué mejor que seamos nosotros, quienes ya lo conocen desde hace años, incluso nos tiene confianza. ¿Qué dices? —inquirió con una sonrisa que no ve muy a menudo el rostro de su mejor amigo.

—Tú… ¿Estás seguro?

—Absolutamente —respondió serio—. ¿Por qué lo dudas?

—Porque… pensé qué Tomoyo y tú deseaban tener hijos propios y…

—No podemos tener hijos.

—…

De nuevo lo dejó sin palabras.

—Espera… ¿Qué dijiste? —abrió los ojos a más no poder.

—Ya lo intentamos todo —se sentó en la silla que ocupaba su amigo momentos antes—. Inseminación artificial, tratamientos extraños y protocolos que no sirvieron de nada —bufó—. Tomoyo no puede quedar embarazada, es imposible que tengamos hijos propios.

—Esto… no me lo esperaba —seguía igual de impresionado.

—No quisimos mencionarlo antes porque… porque no queríamos que nos dirigieran la misma mirada que estás haciendo —gruñó con hastío.

—Lo siento.

—No te disculpes.

—Lo… —calló ante la mirada furibunda de su amigo.

—¿Qué es lo que tengo que hacer para arreglar este asunto?

—Hay que hablar con la trabajadora social, seguro te hará un montón de preguntas, también a Tomoyo. Y luego pedirá ir a su casa para evaluarlos y entrevistarlos para ver sus planes futuros.

—Vaya, sabes mucho de esto…

—Ya sabes por qué —lo miró con cara de pocos amigos—. Volviendo a lo importante, debo decirte que no será fácil y el protocolo es muy tedioso y largo, pero estoy seguro de que dejarán que lo adopten —una sonrisa tonta se formó en sus labios y por primera vez en mucho tiempo sintió cómo un peso se iba de sus hombros—. Espera, ¿No crees que debas hablarlo primero con Tomoyo?

—La conozco lo suficiente para saber que aceptaría sin ningún "pero".

OoOoOoOoO

—Espérame aquí un momento, en seguida regreso.

—Sí —asintió cuando él salió del consultorio no pudo evitar soltar un suspiro muy pesado. El ambiente se ponía muy tenso cada vez que estaba cerca de Fye. Esta mañana salieron juntos de casa hacia el hospital, él le había dicho que quería valorar el estado de su válvula, pero para ello necesitarían un par de estudios y un ultrasonido. En estos momentos se había ido en busca de ese famoso aparato, pero lo que la ponía nerviosa no era eso, sino el hecho de que estaba sobre la camilla del consultorio, con su blusa desabotonada hasta la mitad y con mucho frío.

El rubio regresó un poco después con el aparato para el ultrasonido en manos. No se detuvo a preguntarle si estaba lista, simplemente abrió un poco más su blusa y procedió a hacer el examen, percatándose de cómo la piel entre sus pechos se erizaba ante su contacto. Sonrió para sus adentros al ver lo que aún podía causar en su cuerpo.

—¿Tienes frío?

—Mucho.

—Ya puedes abrocharte la blusa —se giró dándole la espalda y procedió a guardar el aparato.

—¿Está… todo bien?

—Sí ¿Por qué lo preguntas? —la miró unos segundos a los ojos. Los había evitado todo este tiempo porque simplemente eran su gran debilidad, no podía verlos sin caer enamorado una vez más de ella, por eso no podía mirarla, no si quería olvidarla por completo. (Cosa imposible de lograr si viven bajo el mismo techo)

—Me refiero al ultrasonido.

Y puso los pies de nuevo sobre la tierra, claro que preguntaba sobre eso ¿Por qué rayos pensó que se preocupaba por él?

—Sí, todo está en perfectas condiciones —se giró de nuevo y volvió a su tono serio e impersonal—. Te daré de alta como paciente cardiópata.

—¿En serio? —se asombró.

—Si todo sigue como hasta ahora tendrás una larga vida —sonrió de lado y salió sin decir nada.

¿Pero qué le pasa? Está demasiado extraño…—pensó la castaña. Un nudo se formó en su garganta sin razón alguna.

—¡Hola Sakura! —saludó Tomoyo al entrar al consultorio de Fye junto con Ámber, se habían escabullido allí para ver cómo le había ido en los estudios. No aguantaron la curiosidad, además de que se aburrían en casa.

—¡Ho-hola! —se apresuró a limpiarse las lágrimas con la manga de su suéter.

—Oh por Dios, Sakura. No me digas que… ¡¿Lo estudios salieron mal?!

—¡No! —la pequeña Ámber saltó a abrazar a Sakura con fuerza, casi llorando—. No Sakura, no.

—¡Oh no!, claro que no —sonrió—. Tranquilas que Fye ya me dio de alta como su paciente, dice que tendré una larga vida —se apresuró a aclarar.

—Entonces… ¿Por qué lloras? —tomó con sus manitas las de Sakura.

—No es nada —acarició su cabecita—. Estoy bien.

—Cariño, ¿Puedes ir a buscar a tu papi? Necesito hablar unas cosas con él, por favor —pidió la amatista con amabilidad.

—Está bien —dio un pequeño suspiro y salió obedientemente, sabía que sólo la querían fuera un ratito para poder platicar, así que no se molestó en buscar a su atareado padre.

—Ahora sí, dime qué es lo que te sucede —se sentó a su lado en la camilla.

—No pasa nada…

—Sakura…

—Está bien —suspiró—. Te va a parecer una estupidez, pero siento a Fye demasiado lejos. Vivimos bajo el mismo techo, pero desde año nuevo ha estado muy serio conmigo. Y no lo culpo porque fui yo quien le dijo cosas hirientes y le grité que me dejara sola.

—Y lo está haciendo muy bien ¿No es así?

La castaña bajó la cabeza y asintió lentamente con un montón de lágrimas en los ojos. Tomoyo de inmediato la consoló.

—¿Por qué no te disculpas con él?

—Sé que debo de hacerlo, pero no sé cómo empezar.

—Sólo díselo, estoy segura de que él también te extraña —le guiñó un ojo.

—¿Tú crees?

—Tengo el resto de los análisis y todos arrojaron muy buenos resultados, definitivamente te doy de alta y…—despegó la mirada de los papeles—. Oh… Tomoyo ¿Qué haces aquí?

—Ámber y yo vinimos a ver cómo salieron los resultados de Sakura, no aguantamos la curiosidad.

En ese momento una traviesa Ámber se asomó desde afuera del consultorio, al parecer nunca se había ido.

—Pero ya vimos que todo salió bien, así que ya nos vamos. Nos vemos más tarde —tomó a Ámber de la mano y se fueron juntas a ver a Harry. El pequeño estaba negado a hablar con nadie, sólo permitía el acceso a los Suwa y a Ámber.

Mientras tanto Sakura se quedó de nuevo sola con Fye. El silencio era el mismo incomodo de estos últimos días y la incomodidad incrementaba con cada segundo. Eso tenía que terminar ahora.

—Fye, yo…

—¿Sí? —no despegó la vista de unos documentos—. Si ya te aburriste aquí sólo espérame unos minutos, tengo que firmar unos papeles y luego nos iremos a casa.

—No es eso… en realidad yo quiero disculparme contigo por lo ruda que fui en año nuevo, fui muy grosera y te pido disculpas.

El rubio la miró por encima de sus documentos, un tanto asombrado, pero aun así no se movió de ahí.

—No tienes por qué disculparte —dijo fríamente y volvió a lo que hacía. El corazón de Sakura se estrujó con fuerza—. Tenías toda la razón. El que debe disculparse soy yo, te llevé a mi casa dándote mi palabra de que tú y yo nunca podríamos ser algo más que amigos y creo que pasé la línea que yo mismo tracé. Me disculpo por ello, pero no te preocupes porque no volverá a ocurrir —a pesar de que era una disculpa, Sakura nunca había escuchado palabras más frías en él. El Fye de diez años atrás se habría enfurecido y le hubiera sacado en cara todos sus errores, pero este hombre serio y frío frente a ella era muy distinto, había madurado y entendido que la indiferencia causa más dolor que los gritos y reproches.

¡No, no, no! Esto no puede quedar así —se reprendía mentalmente, su disculpa no había cambiado nada en él.

—Terminé, vámonos a casa.

—Sí…

Más tarde Tomoyo y Sakura tuvieron otra charla, aunque un poco más larga. Ahí la castaña le dijo lo sorprendida que estaba con el cambio en Fye y lo decepcionada que se sentía al no haber logrado nada. La amatista no quiso decirle nada, pero su amiga no se estaba dando cuenta de que sufría con la indiferencia de Fye porque lo amaba con locura, tal como antes o más.

Definitivamente no se quedaría sin hacer nada, esta vez metería las manos al fuego por el amor de sus amigos, así que esa misma noche puso las cartas sobre la mesa y le informó a su esposo sobre lo imbécil que se estaba comportando Fye. Kurogane se sorprendió cuando su esposa le dijo lo que creía; que Sakura aún lo amaba con la misma intensidad.

OoOoOoOoO

—Oye… he visto como tratas a Sakura últimamente y déjame decirte que si quieres reconquistarla estás haciendo todo mal.

—No quiero reconquistarla —respondió con total seriedad para luego darle un trago a su café. Era muy temprano y en la cafetería estaban sirviendo café recién hecho.

—¿Estás loco?

—¿A qué te refieres? —preguntó estoico.

—¿Qué demonios te ocurre? Hace unos meses estabas loco de alegría porque ella volvió a tu vida y ahora… pareces muerto en vida.

El rubio soltó un pesado suspiro al cual le siguió un corto silencio.

—Tengo miedo.

El moreno alzó una ceja, exigiendo más explicación.

—Tengo miedo de hacerme ilusiones de nuevo. Llámame conformista si quieres, pero estoy tranquilo al tenerla a salvo y viva bajo mi techo. Además, no quiero dar de nuevo un paso en falso tal como en año nuevo. Ya vez lo que hice… sólo logró destruir todo lo que había logrado con ella en estos meses. Así que continuaré de esta manera, después de todo es lo que ella quiere.

—Está sufriendo por tu actitud. Tomoyo me lo dijo y a decir verdad yo también lo noto.

El rubio lo miró extrañado, como no creyéndole.

—Lo que pasa es que has dejado de mirarla, ni siquiera lo haces en las remotas ocasiones en que le hablas ¿Tienes idea de cómo se ha de sentir con eso?

El otro bajó la cabeza.

—Sakura no estará bajo tu techo toda la vida. Su recuperación se está dando muy rápida y no lo dudes que cuando se cure por completo saldrá corriendo de tu casa y jamás la volverás a ver ¿Eso es lo que quieres? Si no es así debes apresurarte a reconquistarla.

—Pero qué dices —rio.

—Si aún la amas, debes hacer lo siguiente: reconquistarla, hablarle con la verdad y darle muchos nietos a tu padre.

El ojiazul soltó una risilla al recordar que su padre le dijo lo mismo.

—Por qué todos insisten en que debo tener hijos ya ¿Me ven tan anciano?

—Hablo en serio, Fye. Sakura no estará para siempre bajo tu techo y justo ahora tienes una oportunidad de oro, Tomoyo me dijo que… —suspiró—. Me estoy arriesgando mucho al contarte esto, pero ella me dijo que Sakura aún te ama.

Los ojos de Fye se iluminaron a más no poder. Kurogane rio abiertamente ante esto.

—Oye, dices que la olvidarás, pero si vieras tu cara en estos momentos… —rio de nuevo—. Ya déjense de niñerías y arreglen esto pro favor que Ámber también necesita a una madre.

Estas últimas palabras dejaron helado al rubio.

—Tienes razón…

OoOoOoOoO

Los rayos del tenue sol comenzaron a colarse entre las cortinas, dándole directo en los ojos. Eso fue suficiente para que despertara y se estirara perezosamente. Miró el reloj en su mesita de noche, marcaba las siete y cuarto de la mañana, sonrió suavemente y se volvió a acurrucar entre las mantas cálidas. Hoy era el inicio de clases para todos los niños que cursaban desde el prescolar hasta la secundaria y de seguro Ámber ya debería estar preparándose para ir a la primaria, Fye seguro ya estaba en la cocina preparándole su almuerzo y…

Silencio, sólo había silencio en la casa y eso no era normal.

Se incorporó rápidamente y con cuidado, tomó sus muletas y sin importarle estar en pijama, caminó hasta la habitación de Ámber. Había pensado que se quedó dormida, pero no encontró más que sábanas revueltas en su cama. Suspiró aliviada y se dirigió al baño a hacer sus necesidades matutinas, pero un leve ronquido la detuvo a medio camino, venía del cuarto del rubio y se podía escuchar más claramente porque su puerta estaba medio abierta. Con algo de curiosidad se acercó hasta poder mirar por la rendija, pero grande fue su asombro al ver que Fye dormía cómodamente en su cama con una Ámber totalmente acurrucada a su lado. Sakura no resistió y entró para poder ver mejor esa dulce escena, padre e hija se abrazaban con cariño, pero causaba mucha gracia ver que el pobre estaba casi al borde de la cama, mientras que ella abarcaba el resto a y además abrazaba a su padre con fuerza, aplastándolo un poco y él… bueno, él la dejaba hacerlo.

Volvió a la realidad y recordó que era ya muy tarde y si no se apresuraba a levantarlos, Ámber no llegaría a su primer día de clases. Así que caminó con sus muletas hasta pararse a un lado de la cama.

—Ámber, Fye, despierten ya. Llegarán tarde a la escuela y al trabajo —ninguno de los dos dio señales de querer despertar. Sakura tuvo que optar por moverlos un poco, pero nada—. ¡Fye! ¡Despierta ya! —alzó la voz y al mismo tiempo le picó la panza, grande fue su asombros y sorpresa al no encontrar panza flácida por ningún lado, su abdomen tampoco era una roca, pero sí lo suficientemente firme como para sonrojarla un poco.

—¿Qué… qué pasa Sakura? —murmuró, luchando por no quedarse dormido de nuevo—. ¿¡Te ocurrió algo?! ¿¡Estás bien?! —se incorporó como resorte al pensar en la posibilidad de que se sintiera mal.

—No, yo estoy bien, pero ustedes van a llegar muy tarde a sus obligaciones. Fye ¡Son las siete veinte!

—¡¿Qué!? —ahora sí saltó como resorte de la cama, despertó a Ámber y la empujó al baño para que se duchara con rapidez. La pobre no sabía ni lo que sucedía, al parecer también tenía el sueño tan pesado como su padre.

Mientras tanto la castaña se quedó parada en la habitación del rubio, viendo cómo iban y venían de un lado a otro. Fue tierno ver cómo Fye ayudaba a Ámber a peinarse y le acomodaba también el uniforme, la mandó a lavarse los dientes mientras él se ponía algo de ropa decente para salir.

—¿Quieres acompañarme a dejarla a la escuela? —preguntó al pararse sorpresivamente en frente de Sakura, la aludida parpadeó confundida y sólo atinó a asentir con la cabeza—. Bien, entonces ve a cambiarte, no querrás que los demás papás te vean en pijama de ositos —la miró de arriba abajo con una chispa de diversión en los ojos, después aplacó uno que otro cabello rebelde de su ex novia. La miró con ternura y agregó: —. Debo admitir que te ves adorable, pero si te llevo así pensarán que eres mi hija mayor —rio un poco y desapareció de la vista de Sakura. La pobre se quedó ahí parada sin saber qué decir o hacer, había sido el acercamiento más profundo que habían experimentado en todo lo que iba del año y ella sólo pudo quedarse como estatua.

Dijo que me veo adorable, y… —arrugó la nariz con disgusto—. ¡¿Hija mayor?! Oye, no soy una niña y tú no te ves muy adulto que digamos, y eso que ya tienes treinta y… —ya se hubiera puesto las manos en las caderas de no ser por las muletas, y seguiría parloteando y quejándose de que él todavía lucía como un crío, hasta que… el rubio se giró y le dedicó una mirada sexy sin proponérselo del todo.

Y entonces ella lo miró por completo y se dio cuenta de lo apetecible que se veía. ¡Que afán de no llevar camisa cuando duerme! ¿Qué no piensa que le puede dar un resfriado?

Maldición… —pensó ella al mirarlo de arriba abajo, él se percató de ello y su sonrisa se ensanchó más. De pronto desapareció en el closet de su cuarto y segundos después salió con una playera de manga larga y un suéter grueso.

—¿Nos vamos? —preguntó burlón.

Sakura no se había movido de su lugar en ningún momento.

—¡Espera! —caminó lo más rápido que pudo, y apresurada se cambió a un pantalón deportivo, blusa calientita y un abrigo grueso; todo esto acompañado por un gorro y bufanda—. ¡Listo! —salió al pasillo, tenía la respiración agitada por tanta prisa.

—Ya era hora.

—Ni digas nada, porque si no fuera por mí, seguirían dormidos —refunfuñó—. Además… ¿Qué no piensas quitarte esos indicios de barba? O mínimo peinarte un poco —se extrañó al verlo tan desarreglado.

—Es mejor así, la escuela es como una carnicería de padres solteros.

—¿Cómo dices?

—¡¿Vas a acompañarnos?! —preguntó una Ámber muy entusiasmada, ya traía mochila en mano, además de un montón de ropa encima. La castaña rio internamente al pensar en lo sobreprotector que era su padre, la pobre a penas y se podía mover por tanta ropa.

—Sí cariño, iremos los dos a dejarte a la escuela, pero ya es tarde así que apresurémonos —sin previo aviso tomó a Sakura entre brazos y le extendió las muletas a su hija para bajar de prisa las escaleras. La castaña se asustó un poco, pues no se lo esperaba.

—¡Gracias Sakura! —dijo muy feliz al pie de la escalera, abrazándola con fuerza y cariño.

—¡Vámonos! —exclamó Fye con las llaves ya en mano—. Abríguense bien porque está helando afuera.

—¿Y el almuerzo de Ámber?

—No hay tiempo para eso —la castaña arrugó en entrecejo y Fye rio—. Volveré a casa y se lo llevaré a la hora del recreo, anda, vámonos ya.

Subieron al automóvil y en menos de diez minutos llegaron a la primaria, Sakura se asombró por el tamaño de ésta y por la elegancia que se apreciaba desde afuera. Con sólo ver el lugar y los uniformes que portaban los niños, podía darse cuenta del lujo que debía ser estudiar en esa institución. Otra cosa no pasó desapercibida por ella y eso fue que, al bajarse del auto con Ámber tomada de su mano, Fye fue el desayuno visual de todas las madres que dejaban en esos momentos a sus hijos. Ahora entendía la expresión que había usado el rubio unos momentos antes ¡Y eso que iba como un vago!

Sin darse cuenta ya se encontraba con los brazos cruzados, molesta por cómo se le quedaban viendo todas las mamás.

—Pórtate bien, hija —besó su frente.

—Yo siempre, papi —sonrió anchamente, hoy estaba particularmente feliz—. Dile a Sakura que muchas gracias por acompañarme, me puso muy contenta —volvió a sonreír.

—Yo le digo, cariño —besó nuevamente su frente y la estrechó entre sus brazos. Ámber asintió enérgicamente y con disimulo observó a las mamás de sus amigos que estaba aún en la entrada del colegio, notó de inmediato cómo miraban a su padre y eso simplemente le molestaba mucho, aunque nunca lo demostraba abiertamente, pero ahora podría hacer algo para remediar este asunto. Así que asegurándose de que todas las madres aún veían a su padre como si estuvieran hipnotizadas, aprovechó la ocasión y se giró hacia la calle, mirando el auto y agitando su manita en modo de despedida.

—¡Adiós Sakura! —gritó enérgicamente, causando que todas las mujeres dirigieran su vista hacia el auto, desde donde Sakura le devolvía el gesto.

Fye no era tonto y se percató de inmediato de los planes macabros de su hija. Sonrió mordiéndose los labios, aguantando la risa ante tal ocurrencia. Finalmente despidió a su pequeña y procedió a regresar a su auto antes de que…

—¡Mr. Flowrigth, buenos días!

Aquí vamos… —pensó con fastidio—. Buenos días, Mrs. Parks —sonrió diplomáticamente, recalcando mucho el "Parks" apellido del esposo de la señora.

—Que bien se ve usted esta mañana ¿Ha estado haciendo ejercicio últimamente?

—En realidad no he parado de comer.

—Oh, pero usted se ve tan… —lo devoró con la mirada—… saludable —se mordió descaradamente un labio.

—Pero por supuesto, la comida de mi esposa es tan deliciosa que no me puedo resistir —exageró una expresión de felicidad.

—¿Es-esposa? —miró disimuladamente hacia el auto que había saludado Ámber y frunció el ceño.

—Sí, mire, es ella —apuntó hacia el auto.

—¿¡Esa chiquilla es su esposa?! ¡Pero si es apenas una niña! —se exaltó un poco.

—¿Verdad que se ve muy joven? —sonrió orgulloso—. Pero somos de la misma edad.

—Pe-pero yo pensé que usted era viudo.

—¡Claro que no!

—Ya lo veo… —murmuró—. Entonces tuvieron a la pequeña Ámber muy jóvenes ¿No? ¿Qué edad tenían? ¿19, 20 años?

—Algo así —rio—. ¿Y usted? ¿A qué edad tuvo a sus hijos? ¿35, 36…? —preguntó "inocentemente" con las manos en los bolsillos, dándole un aspecto más infantil.

La furia pintó el rostro de Mrs. Parks de color rojo. Refunfuñó un par de veces y se fue indignada del lugar, casi podía escuchar los tacones de la señora aún a un par de cuadras de ahí.

Fye regresó al auto con algo de frío y aun riéndose entre dientes por la travesura que acababa de cometer.

—¿Eres muy amigo de las mamás de los demás niños?

—¿Eh? —encendió el auto sin dejar de mirarla con algo de asombro y gracia—. Bueno… un poco —rio con ganas.

—¿Qué te causa tanta gracia? —alzó una ceja, aún cruzada de brazos.

—Nada —siguió riendo mientras conducía—. Nada, señora Flowrigth —pensó con verdadera emoción si tan sólo eso fuera cierto. Durante el camino ya no dijo palabra alguna, tal vez algún día le contaría de su pequeña travesura, por lo pronto debía buscar la manera de disculparse con ella. La charla que tuvo con Kurogane hace poco, lo hizo reaccionar y darse cuenta de que estaba siendo un tonto, además de que estaba haciendo sufrir a la persona de quien estaba enamorado.

A penas llegaron a casa, el rubio recibió una llamada urgente del hospital, necesitaban los datos de un antiguo paciente que había fallecido por un extraño ataque al corazón. Fye tenía el expediente en casa porque había estado estudiándolo por años, ya que tenía que ver con válvulas mitrales, esto le ayudó mucho a aprender todo lo que supo aplicar a la hora de operar a Sakura.

En el hospital necesitaban esos papeles para que la esposa del hombre pudiera tramitar el seguro de vida después de tantos años, así que el rubio debía ponerse a buscarlos cuanto antes.

—Richard ¿Estás consciente de que eso fue ya hace más de cinco años? —preguntó al teléfono—. ¡¿Los quieres para hoy?! ¡Es imposible! Tengo que buscarlos entre todas mis cosas y… y… está bien —refunfuñó—. Dile a Yuuko que cuando los encuentre se los llevaré. Sí, sí, está bien. Adiós —y colgó el teléfono con un pésimo humor.

—¿Cómo…? ¿Hoy no tenías que ir a trabajar? —parpadeó confundida.

—Los lunes descanso —suspiró—. Pero hoy será la excepción, aunque antes debo buscar ese expediente…. ¿Dónde lo pude haber metido? —se preguntó a sí mismo, por un momento se olvidó que Sakura estaba parada en frente de él, mirándolo extrañada.

—Sí quieres te puedo ayudar —sugirió de repente y en ese momento los ojos del rubio se iluminaron. Odiaba andar buscando cosas, así que la ayuda le vendría muy bien.

Pronto los dos se encontraban en la habitación de él, buscando en cajones, escritorio, librero… este último fue todo un problema porque había demasiados libros, ya no cabía nada en el lugar, además que en la parte de arriba estaba lleno de cajas empolvadas.

Sakura se sorprendió por la gran cantidad de libros y no todos eran precisamente sobre medicina, había bastantes sobre arte, incluso había uno de sus favoritos allí. Estuvo a punto de preguntarle emocionada por ese ejemplar, pero vio lo concentrado que estaba buscando que no quiso interrumpirlo con algo tan insignificante en estos momentos, además que no se sentía tan a gusto con él. No entendía su cambio repentino ¿No se supone que estaban distanciados?

—¡Ahí está! —Sakura señaló un sobre azul en lo más alto del librero, incluso para Fye sería difícil alcanzar tal altura, así que fue en busca de algún banquito y no tardó en bajar el sobre.

—¡Sí! ¡Este es! —suspiró aliviado—. Muchas gracias, pensé que tendría que buscar más y…

—¡Cuidado! —exclamó asustada al ver que el montón de cajas empolvadas le caían encima al rubio. El pobre terminó en el suelo con un par de golpes en la cabeza y con un sinfín de fotografías regadas por todos lados.

—¿Fotos? —preguntó la castaña, sorprendida al ver la cantidad. Unas se veían muy antiguas y otras más recientes—. ¡Oh por Dios! ¡Somos tú y yo de niños! —se inclinó con cuidado para recoger esa foto—. Nos veíamos tan adorables —suspiró—. ¡Y mira esta! Es de tu cumpleaños, estabas enojado porque Yuui apagó primero las velitas y no te dejó ni una a ti —rio con ganas, pero se detuvo al ver que Fye se levantaba con cuidado del suelo, tallándose la nuca con dolor—. Oh… ¿Estás bien?

—Sí, no te preocupes —sonrió con suavidad y se sentó en el suelo en posición india—. Vaya… ya había olvidado que las tenía.

—Son demasiadas —se emocionó—. ¿Podemos verlas juntos? —preguntó con ilusión y emoción.

—Claro que sí —palmeó el piso a su lado, para que sentara a verlas con él. La aludida le dirigió una mirada muy fea—. ¡Oh! Lo siento —estalló en carcajadas—. Por un momento olvidé lo de tu pierna, bueno, sentémonos en la cama y…. oh no, casi lo olvido. Tengo que llevarle el almuerzo a Ámber y también debo dejar esto en el hospital —señaló el sobre azul en sus manos—. ¿Qué te parece si descansas un rato y cuando vuelva las vemos juntos?

Juntos… —fue la palabra que resonó en la mente de la castaña. Ellos dos, solos, juntos—. Está bien —se contuvo para no mostrar una sonrisa de oreja a oreja.

—De acuerdo, entonces vuelvo en un rato. Trataré de no tardar mucho.

La aludida asintió y se despidió de él. Estuvo un rato pintando en su cuarto, pero no logró resistir la curiosidad y regresó a la habitación para ver las fotografías, pero antes de hacerlo hubo algo en una repisa del librero que llamó mucho su atención. Era un libro verde seco con pastas gastadas. No tenía ni una letra marcada en las pastas o en el lomo, además, sus hojas se veían amarillentas y algo viejas. ¿De qué trataría?

Abrió la pasta anterior del libro y lo primero que apreciaron sus ojos fue una hermosa caligrafía en cursiva, estaba por leer el contenido, pero…

—¡Estoy en casa!

Se escuchó el ruido de unas llaves seguido de unas pisadas aceleradas y descuidadas por las escaleras, en menos de lo que se imaginó, Fye ya estaba en la habitación y el libro de pastas viejas ahora estaba escondido entre todas las capas de ropa que traía puestas, lo leería más tarde, entes de dormir.

—¡Ey! Te me adelantaste

—Sí —rio nerviosa—. Aunque en realidad no he podido ver nada porque tengo que agacharme para recoger las fotos y yo… bueno, no puedo.

—Oh, es verdad. Ven —la tomó en brazos sin avisar y la sentó en medio de su cama.

La ojiverde se sonrojó un poco, pues como que a Fye ya se le estaba haciendo costumbre cargarla de repente y sin avisar.

—Veamos… —tomó la caja con fotos y la puso en la cama, poco a poco fue recogiendo los cientos de fotografías que habían quedado regadas por todo el suelo y las dejó sobre la cama. De inmediato se sentó como un niño contento a un lado de Sakura y comenzaron a ver las fotos una por una, con cariño y nostalgia.

El corazón de la castaña dio un vuelco al encontrar la fotografía de cuando estaban todos en la primaria, fue cuando Fye y Yuui recién habían llegado al país.

—Mira… —la tomó y se la enseñó al rubio.

—Qué tiempos aquellos —suspiró pesadamente, con demasiada nostalgia—. La vida era tan sencilla en ese entonces —dijo más para sí mismo.

—Lo sé… —sonrió suavemente, viendo a cada uno de sus compañeros en esa foto grupal, ahí estaban Tomoyo, Kurogane, Fye, Yuui y ella. Faltaba Akemi, pero ella era más pequeña, así que iba en otro grado.

—¡Oh por Dios—señaló la foto que estaba casi debajo de todas. El rubio se tensó un poco, pero la sacó lentamente—. ¡Eres tú!

El ojiazul suspiró pesadamente mientras asentía.

Continuará…

N/A: Antes que nada quiero agradecer a todos aquellos que siguen fielmente esta historia, sé que he tardado mucho en actualizar cada capítulo, por eso les agradezco su paciencia y también los ánimos que me dan para seguir, gracias por sus mensajitos y por los reviews.

No hay felicidad más grande para un escritor, que recibir una opinión o comentario sobre su historia, gracias chicos y chicas! :D