Serie: One life, one story.

Rating: M {Violación y lenguaje soez}.

Disclaimer: Fujimaki Tadatoshi es el dueño de todo músculo de Kuroko no Basket.


Aomine: Desenlace.

Corrí en la dirección opuesta.

Tenía una única pista de por dónde empezar a buscar, y tratándose de lo que me estoy imaginando, debía ser cerca. Desde un principio ya me parecía raro que decidiese saltarse la práctica sin avisar a nadie. Después de unirse al club, aquel idiota hacía lo que fuera por estar a la altura de todos los demás en el menor periodo de tiempo posible; por lo que la ausencia de aquella tarde no tenía sentido.

—Hemos tenido una charla entre amigos y, la verdad, no me lo ha puesto fácil. El muy hijo de puta me ha encajado un puñetazo y todo. ¿Qué te parece?

Viniendo de Haizaki, no podía ser todo tan simple. Después de sus palabras y de que me dijese, bajo la amenaza de darle un puñetazo, donde estaba Kise, no pude quedarme quieto. Me dio el nombre de la tienda, pero no el lugar exacto. Sonrió como un maldito psicópata, pero no dio detalles de lo que iba a encontrarme. Ahora me arrepiento de no haberle dado una buena patada en el culo.

Por allí no había nadie. Miré en los alrededores, dentro de la tienda e incluso pasé una o dos calles, pero nada. ¿El cabronazo me había mentido? Al final Kise tendría que justificarse solito cuando apareciera en los entrenamientos mañana.

—… ¿Kise? —pero vi su mochila tirada en medio del callejón. Esquivé los cubos, la recogí, me asomé a la parcela y me quedé de piedra. Más que de piedra, yo diría que frío. Sí, tengo la nuca fría y la maldita mandíbula desencajada. ¿Qué coño has hecho, Haizaki…?

Kise tenía un aspecto horrible. Con lo pálido que era podía verse claramente como se le habían amoratado algunas partes de las piernas y como se le oscurecía un cardenal en el brazo izquierdo. Eran evidentes las hostias en su cara hinchada, aunque mejor no me paro a pensar en qué es lo que le chorrea de ella además de sangre…

Di un paso al frente, y me oyó. Pareció más impactado que yo al verme justo delante.

—¿Ao-…minecchi? —le tembló la voz y bajó la cabeza, tratando de encogerse sobre sí mismo— ¿Por qué tú…? Maldita sea, tú no…

Desperté. Fue como un "click" instantáneo que me hizo salvar la distancia con un par de zancadas y arrodillarme frente a él.

—¡No me jodas! Da gracias a que alguien te haya encontrado aquí. Estate quieto, voy a desatarte...

Daba pena. Auténtica pena. Se lo veía tan débil, tan patético y mortificado que no pude pensar en nada más que en aquel momento; en la camisa rota, los pantalones bajados y el asqueroso semen escurriéndose por el mentón. Qué asco. Eres un tío asqueroso, Haizaki, y más te vale que no te pille…

Cuando las manos cayeron sin fuerza, escuché a Kise reírse.

—¿Eres tú a quien le gustan las rubias, Aominecchi?

No lo entendí. Y no me paré a buscar el significado. Kise se había abalanzado sobre mí en un abrazo que no pude corresponder.