We Meet Again
By Tsuki No Hana
X
"Malos recuerdos"
El sonido de la puerta principal abriéndose alertó sus sentidos. Ya habían llegado a casa. No lo pensó antes de tomar sus muletas y casi correr en dirección a las escaleras, quería verla cuanto antes, saber cómo estaba.
—¡Ámber! —exclamó desde arriba, Fye ya iba subiendo las escaleras, ni siquiera se había quitado el abrigo y traía a su hija en brazos, como si fuese una princesa.
—¡Hola Sakura! —saludó sonriente.
—Pero… ¿Qué…?
—Sólo se cayó en el recreo. Estaba paseando en el patio y no se fijó por dónde caminaba, resbaló con el hielo del piso —explicó el rubio con mucha tranquilidad mientras soltaba un suspiro. Sakura lo miró y entendió esa expresión, de verdad se asustó al recibir esa llamada, pudo notarlo en su mirada llena de pánico—. Pero no pasó de un golpe en la rodilla, estará bien —sonrió y luego miró a Ámber—. ¿Verdad, princesa? —frotó su nariz con la de su hija en un gesto demasiado tierno.
Cuando estaban por pasar a su lado en el pasillo, Sakura recargó una muleta en la pared para poder acercarse y abrazar a la niña con mucho cariño.
—Me da tanto alivio saber que estás bien, no sabes cuánto me asusté…— murmuró dentro del abrazo—. Ten más cuidado a la próxima ¿De acuerdo? —pidió con amabilidad y mucha ternura. A la pequeña le brillaron los ojos al sentir ese cariño maternal. Sólo atinó a asentir con su cabecita.
Fye observó la escena muy de cerca, pues él la cargaba, pero… por un momento sintió como si ellos tres fueran familia, una familia de verdad, con una mamá, un papá y una maravillosa hija de verdad. Se quedó algo absorto y pensativo, no reaccionó sino hasta que Sakura le estaba preguntando algo a la pequeña.
—¿Quieres descansar un rato en tu cuarto?
La pequeña negó con la cabeza. Podía ser muy madura para su edad y todo eso, pero cuando se golpeaba o se caía, se convertía en una niña muy necesitada de cariño, desde pequeña así era; si se caía o se raspaba, buscaba a su padre y no se le separaba en horas, pues él la mimaba y no dejaba de abrazarla hasta que se sintiera segura de nuevo en este mundo lleno de peligros.
—Yo sé a dónde quieres ir —el rubio sonrió y se encaminó a su propia habitación, dejando a su pequeña sobre su amplia cama.
—¡¿Y esas fotos?! —se emocionó.
Fye había olvidado ese pequeño detalle: dejó las fotografías sobre su cama. Esas fotos que Ámber nunca había visto y esperaba no lo hiciera pronto, pues tendría que darle muchas respuestas.
—Oh no… las había olvidado —murmuró con desgane, procedió a recoger las primeras que alcanzó, pero fue demasiado tarde, pues Ámber ya tenía entre manos un par de fotos algo reveladoras.
—¡Ámber, no…! —la castaña se puso muy nerviosa al ver qué fotos había tomado.
—¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Mi papi y Sakura fueron novios, y esto sólo me lo confirma —pensó con una emoción casi imposible de ocultar, pero ella logró controlarse y procedió a implementar su plan—. ¡Son ustedes! —exclamó señalando la foto—. ¿Por qué se dan un beso en los labios? —preguntó "inocentemente" lo chistoso fue que el rostro de ambos adultos se puso rojo al instante.
—Verás… —el rubio se rascó la nuca con incomodidad—. Bueno… —miró al techo en busca de respuestas.
—¿Sakura y tú fueron novios?
—S-sí, cariño.
—¿Y por qué no son novios ahora?
Los dos adultos se miraron a los ojos ante esta pregunta inocente. Recordaron la conversación que habían dejado inconclusa hace un buen rato.
—Porque ahora nosotros somos buenos amigos, además, eso fue hace más de diez años, Ámber —sonrió con nostalgia—. Las personas cambian, también los sentimientos —murmuró—. ¿A quién intento engañar?
Fye estaba por parar esa conversación, le estaba doliendo más de lo que imaginó escuchar esas palabras en boca de Sakura.
—Eso quiere decir que… ¿Ya no quieres a mi papá? ¿Ya no lo amas?
La castaña tuvo que parpadear un par de veces para cerciorarse de que estaba frente a una niña de ocho años y no una adulta. Hasta parecía que su padre y ella se ponían de acuerdo, los dos le hicieron una pregunta muy similar en el mismo día y vaya pregunta…
—Y-yo… yo —se puso muy nerviosa ¿Qué es lo que sentía? Ya lo había meditado mucho y definitivamente no sentía cariño por él, el cariño se queda corto para el enorme espacio que ocupa Fye en su corazón.
—Creo que son preguntas un poco incómodas —rio con esfuerzo, no quería reír en lo absoluto, pero tampoco quería que vieran lo roto que había quedado después de esas palabras—. Mejor descansa, iré a preparar la comida.
—Te ayu…
—No es necesario —la interrumpió y sonrió ampliamente—. Traeré la comida acá arriba cuando esté lista y veremos películas ¿Les parece? —en ningún momento quitó su gigante sonrisa del rostro. Segundos después desapareció por la puerta.
Sakura y Ámber se miraron mutuamente, compartiendo el mismo sentimiento de preocupación al reconocer esa sonrisa forzada. La castaña se sintió peor que escoria. Se acababa de dar cuenta de algo: en esta ocasión él no la ignoró, no se comportó frío hacia ella y tampoco se enojó; simplemente disfrazó su dolor y salió corriendo. Eso sólo podía significar una cosa: lo había lastimado de verdad.
—Sakura —llamó amber—. ¿No te quieres acostar a mi lado? La cama es muy amplia—palmeó el espacio a su derecha.
—Pero… es la cama de tu padre, yo no…
—¡Vamos! No se enojará, comoquiera ya dijo que veríamos películas aquí.
—De acuerdo —terminó convenciéndola y con algo de dificultad se subió a la cama. Ámber no se esperó para acurrucarse a su lado, esto llenó de calidez el corazón de la castaña y de un sentimiento que no pudo explicarse bien.
Luego de acomodarse casi sobre el regazo de Sakura, la pequeña tomó varias fotografías y comenzó a hacerle muchas preguntas a la castaña, algunas sobre su infancia, su escuela, amigos, familia, etc. Un poco después llegó Fye con la comida. Él había sugerido poner alguna película, pero Ámber insistió mucho en seguir viendo las fotografías. El tiempo se fue volando y sin darse cuenta ya estaba atardeciendo.
—Creo que se quedó dormida —susurró Sakura.
—Si quieres puedo llevarla a su habitación —le respondió él.
—No es necesario —suspiró con una sonrisa—. Estoy muy a gusto así, con ella.
El rubio suavizó su mirada y observó cómo Ámber se había quedado dormida entre los brazos de Sakura, además había algo distinto en la pequeña, se había quedado dormida con una sonrisita ligera en sus labios.
—Se ha encariñado demasiado contigo —murmuró él.
—¿Tú crees?
—Estoy seguro. Lo que me desconcierta un poco es que Ámber siempre fue celosa conmigo, nunca permitió que ninguna mujer se me acercara mucho. Con decirte que les hace caras feas a las mamás de sus compañeros que se me acercan en la escuela —rio un poco, no quería despertarla—. Pero contigo todo fue diferente, te aceptó justo en el momento en el que te conoció ¿No te has dado cuenta de que no tengo amigas además de Tomoyo?
—Bueno… —en realidad no lo había pensado hasta ahora.
—Ámber es el motivo —rio un poco más—. Aunque a decir verdad nunca me interesó conocer más gente… —suspiró y acarició el cabello de su niña.
—Tu hija es maravillosa —dijo después de un rato.
—Lo es —miró perdidamente a su pequeña durante unos segundos—. Mi hija lo es…
—¿Te puedo hacer una pregunta?
—Dime.
—¿Ámber no te pregunta mucho sobre su madre? ¿No te ha pedido alguna foto de ella? O… ¿Al menos sabe cómo es físicamente?
La expresión de Fye se endureció al tocar ese tema.
—Su madre… —desvió la mirada, le costaba hablar de ello—… sí, me ha preguntado mucho sobre ella, pero lleva tiempo sin pedirme más información. Sabe que falleció un par de años luego de que naciera, pero… no le he mostrado fotos de ella…
—¿Por qué? No le haría mal conocer a su madre físicamente, al menos por fotografía.
—Entristecería, no quiero eso para ella.
—Pero necesita conocerla.
El rubio quedó sin palabras, no quería discutir.
—Cuando crezca un poco, tal vez le muestre una foto de ella…
—De acuerdo, pero no olvides hacerlo.
—No lo haré —sonrió amargamente.
—Y dime… ¿Cómo era ella? —justo después se arrepintió de hacer esa pregunta, pues la expresión de Fye se desencajó por completo en una extraña mueca de tristeza y soledad.
—Sólo te puedo decir que ella y yo no éramos precisamente pareja, mucho menos novios —sonrió con amargura.
A esa sonrisa la acompañó un largo silencio hasta que Fye comenzó a guardar todas las fotos de nuevo en la caja, procedió a dejarlas en su lugar, pero no regresó a la cama con las manos vacías.
—¿Qué es eso? —cuestionó al ver que traía una caja muy similar a la otra.
—¿Tú qué crees? —sonrió de lado, la sombra de la tristeza aun invadía su rostro.
—¡Oh por Dios! —trató de no alzar mucho la voz para no despertar a Ámber, pero no pudo contener su asombro al ver fotografías más recientes, bueno, de cuando ambos estaban por entrar a la universidad y de tiempos más recientes.
—Mira esta —le mostró una foto algo gastada.
—No puedo creerlo, aun las conservas —se llenó de nostalgia al verse en la foto junto a Fye, Yuui, Akemi, Tomoyo y Kurogane. Todos cursaban ya el segundo semestre de sus carreras, a excepción de Akemi que aún estaba en preparatoria, pero se habían juntado en la casa que compartían Tomoyo y Sakura mientras estudiaban en la universidad. Los chicos compartían un amplio departamento, cerca de la casa de las chicas, justo en el centro de Tokio. Estaba lejos de casa, así que tuvieron que vivir lejos de la familia durante una temporada.
—Mira estas —le enseñó un par de fotos más y ella casi estalla en carcajadas al recordar el momento en que ellos dos había tomado esa foto. Estaban Kurogane y Tomoyo en el centro, la imagen estaba muy mal tomada, pero se distinguía claramente que el moreno besaba a su novia con mucho amor, pues la abrazaba con fuerza, pero éste se dio cuenta de que les tomaron una foto y entre avergonzado y furioso se puso a perseguir al rubio por todo el lugar, en la segunda foto se veía donde el moreno casi atrapaba al rubio, esta foto la tomó Sakura.
—Pasamos muy buenos momentos… —suspiró llena de nostalgia, luego metió la mano en la caja y se encontró con una foto muy hermosa: eran Yuui y Akemi, abrazados frente a una hermosa y acogedora casa—. Esta foto…
—Fue después de su boda, los estábamos ayudando a mudarse y a Tomoyo se le hizo buena idea sacar una foto ahí. Se ven felices ¿no? —sonrió, pero era una sonrisa cargada de nostalgia, sus ojos lo delataban, mostraban lo triste que se sentía al recordar a su querido hermano y a su cuñada.
—Se ven muy felices…—se limpió las lágrimas que habían empezado a fluir repentinamente—. ¿Por qué no me dijeron? Hubiera ido a ayudarles.
—Ya te habías ido a China…
—Oh… y… —quiso cambiar el tema—. ¿Los extrañas? —hipó un poco. Le dolía el pecho sólo de pensar que no pudo despedirse de dos de sus mejores amigos.
—Cada día de mi vida —por primera vez no sonrió, ni siquiera un atisbo de sonrisa. Su rostro mostraba el dolor que implicaban esas pérdidas tan fuertes.
—¡Mira! ¡Pero que hermosa! —exclamó en voz baja al encontrar una foto de la niña que dormía en su regazo. En la imagen estaba sentada sobre el taburete del piano, no alcanzaba los pedales, pero se veía mucha seriedad en su carita infantil mientras ponía los dedos sobre las teclas.
—Oh, esa es Ámber a los tres años —sonrió muy feliz.
—Es verdad… —murmuró ella.
—¿Qué cosa?
—Que le enseñaste a tocar el piano desde los tres —rio un poco—. Eres un padre muy intenso —volvió a reír un poco y el rubio se avergonzó.
—Desde que aprendió a caminar siempre llegaba directo al piano, pedía que la sentáramos y de inmediato empezaba a picar todas las teclas. Hacía un ruido horrible —rio—. Así que decidí enseñarle para que dejara de hacer esos ruidos monstruosos.
—Que malo eres —rio.
—Tendré que enseñarte los videos para que me entiendas.
Ambos rieron durante un rato más, hasta que encontraron fotos que ella no conocía. Vieron fotografías donde Fye y Kurogane se recibían al fin como médicos, traían puesto su toga y birrete; más adelante había unas de Yuui graduándose, también Tomoyo y finalmente Akemi, sólo que en esta foto ella era la única que traía la toga y birrete, los demás la acompañaban como invitados. Había otra donde el matrimonio Suwa y Fye salían en las calles de Londres.
—Esa la tomó mi padre —sonrió con nostalgia—. Fue la primera vez en catorce años que pisé tierra inglesa —suspiró—. Y era la primera vez que Kurogane y Tomoyo venían a Londres, así que… —se encogió de hombros.
—Y les gustó tanto que se quedaron a vivir aquí —sonrió.
—¿Y a ti también te ha gustado mucho? —preguntó, tanteándola.
—Bastante, pero extraño un poco Japón… —contuvo un gritillo emocionado al ver otra fotografía—. ¡Se ven tan lindos! ¿Por qué tu cara está tan roja?
—¿Recuerdas de la anécdota de mi padre sobre nuestras vacaciones en México? —Sakura asintió—. Bueno, esa es la ocasión en que le puse demasiada salsa a mis tacos, estaban deliciosos, pero creo que me emocioné. Nunca había probado el chile habanero —rio—. Fue un viaje muy divertido.
—Veo que se la pasaron muy bien —miró una vez más la imagen.
—¡Oh no! —pensó Fye al reconocer la esquina de cierta foto que estaba debajo de muchas más y… casualmente, Sakura tomó específicamente esa fotografía.
—Oh… —se le formó un nudo en la garganta.
Yuui y Akemi estaban a los lados de Fye mientras éste cargaba con miedo a la pequeña Ámber, se veía que tenía apenas uno o dos días de nacida y detrás de ellos, en la sala de la casa de los Flowrigth en Japón, decía: "It's a gril" al parecer estaban festejando el nacimiento de Ámber.
—Era tan pequeña…
—Fue prematura, así que es normal.
—¿Y su madre?
—Eh… en ese momento estaba ocupada, no recuerdo qué hacía —trastabilló un poco, Sakura no sospechó nada. Pero Fye pudo notar las ansias que tenía por conocer a su "ex mujer"
—¡Incluso mi familia fue a conocerla! —se sorprendió al verlos en otra foto—. ¿Por qué no me invitaron?
—Estabas en China, trabajando.
—Lo sé, pero en ese entonces ya existían los teléfonos, internet, cartas ¡Lo que fuera! —se exasperó un poco, aunque se contuvo para no despertar a la niña.
Extrañamente Fye sólo suspiró quedito.
—Sabíamos que no regresarías, estabas tan negada a volver a Japón que no te importaba nada, sólo querías seguir trabajando en China, seguramente con tu amigo… Shaoran ¿No? —murmuró todo con una extraña seriedad.
La castaña abrió los ojos de par en par.
—¿Cómo lo sabes? Lo de Shaoran… —murmuró. Una sonrisa ladina y astuta se formó en los labios del ojiazul.
—Acabas de confirmármelo.
—Estúpida —pensó.
—Entonces… estuviste todos esos años con él.
—No realmente, después de la muerte de mis padres estuve viajando por todo el mundo… pasaron muchas cosas en mi vida, me arrepiento de algunas, de otras no… —suspiró—. Fueron años muy difíciles y llenos de frustraciones.
—Ya veo… —se quedó en un pensativo silencio.
—¿Por qué nunca me buscaste? —su voz era suave, libre de reproche, sólo triste y decepcionada. Ni siquiera se atrevió a mirarlo a los ojos por miedo a su respuesta, aunque ésta ya la sabía: Había estado ocupado formando su familia con otra mujer.
—Lo hice.
Los ojos verdes se fijaron como imán en los azules.
—Pero nunca pude encontrarte. Cambiaste de teléfono celular, de dirección, ni siquiera contestabas tus e-mails. Créeme que lo intenté muchas veces, también Tomoyo, incluso Kurogane y mi padre lo hicieron, pero nunca dimos contigo. Cuando ocurrió la muerte de Yuui y Akemi… fuimos a Japón, llegamos a tu casa y no encontramos a nadie en ella, pensé que tus padres se habrían mudado, nunca creí que habrían muerto, tampoco Touya —tomó aire y continuó—. Sólo supe que desapareciste del mundo y no tienes idea de lo frustrante que fue para mí…
—¿Por qué? —se exasperó un poco.
—Porque tenía una cura para tu enfermedad.
Ella se asombró tanto que no pudo responderle nada.
—Por eso decidí estudiar medicina, especializarme en cardiología, por eso inventé la cirugía que te hice, pero para eso tuve que prepararme muchos años con investigaciones, protocolos, proyectos. Todos estos años no fueron fáciles —murmuró con total seriedad, pero con mucho filo en sus palabras.
—Discúlpame por complicarte la vida.
—¿Eh? —la miró sin poder creer lo que decía.
—Sí, creo que te hice sufrir mucho ¿no? —había algo de ironía en sus palabras—. Pero nunca te pedí que lo hicieras, no te pedí que estudiaras medicina por mí y tampoco que te esforzaras tanto por encontrar una cura. Incluso discutimos por eso hace ya muchos años, porque tú y yo íbamos a estudiar lo mismo pero cambiaste de opinión y nunca me explicaste el motivo…
—Oye… —la detuvo, estaba sorprendido—. No tienes que decir eso, no fue un sacrificio para mí y si lo hice fue porque siempre… —tragó en seco—. Siempre te he amado y tenía la esperanza de encontrarte algún día para decirte todo esto… y si te molesta que hiciera eso por ti… no lo veas así, sino como algo que hice por mí mismo, porque no soportaría la idea de que murieras aun teniendo yo la cura a tu enfermedad, no soportaría una vida en donde tú no estés…
Había tanta sinceridad y cariño en esas palabras que un nudo se formó en la garganta de Sakura.
—Contrólate Sakura, no, no puedes caer de nuevo en sus redes. No lo mires a los ojos, no lo mires… recuerda todo lo malo, las discusiones, el odio, rencor, el dolor… —se repetía mentalmente una y otra vez.
Año 2003
—No puedo creerlo —se llevó la mano a la boca—. Lo hiciste, en verdad lo hiciste —su rostro estaba desencajado en una mueca de horror al ver el papel que tenía en su mano—. Te inscribiste en medicina…
—Sakura… —quiso tomarla de la mano y aclararle sus intenciones, pero ella se alejó bruscamente.
—Pensé que estudiaríamos lo mismo, siempre lo dijiste.
—Y me siguen gustando las artes tanto como a ti, pero… —desvió la mirada—. No podía decirle sus verdaderas intenciones—. Pero necesito hacer esto.
—¿Desde cuándo te gusta la medicina? —alzó una ceja.
—Tengo un propósito, no te lo puedo decir ahora, pero en un futuro lo sabrás —a pesar de que ella estaba muy enojada, él se detuvo a sonreírle con mucho amor y ternura—. Confía en mí ¿De acuerdo? —dio un paso al frente y la estrechó entre sus brazos con fuerza para que no saliera corriendo lejos de él.
—Está bien —cedió ante el abrazo—. Aunque… ya no nos veremos tan seguido.
—Hey, tranquila —alzó su barbilla—. Tengo todo planeado… —soltó una risilla—. Estaremos en el mismo campus, nuestras carreras están algo retiradas una de la otra, pero eso es lo de menos, buscaremos la forma de comer juntos o de vernos entre clases y… —sonrió con picardía—. Tal vez te visite en casa algunas noches.
Los colores se subieron al rostro de la castaña.
—Pero… ¿cómo?
—Pues… no te he dicho algo.
—¿Qué?
—Kurogane, Yuui y yo viviremos en un departamento muy cerca de la casa que compartirán tú y Tomoyo.
—¡¿Qué?! —se emocionó—. ¿Es en serio?
—¡Por supuesto! Pero lo mejor de todo es que podremos pasar tiempo a solas —murmuró contra su cuello. De pronto Sakura sintió cómo sus piernas se volvían gelatina.
—F-Fye, detente, alguien nos puede ver —le pidió avergonzada, él suspiró despacio y besó su frente.
—No me importa que vean lo mucho que nos amamos, de todas formas vamos a casarnos ¿No?
—¡F-Fye! —se asombró y él sólo se echó a reír un poco.
—Que poco romántico ¿No? —rio con gracia—. Pero es la verdad mi amor, y te lo he dicho desde que teníamos diez años… quiero que seas mi esposa, la única mujer en mi vida.
La ojiverde se abochornó mucho. Fye era muy directo en esos aspectos, siempre hablaba sin tartamudear en cuanto a eso.
—La cena está lista —anunció Touya asomando sólo la cabeza a la sala, pero se adentró por completo al ver lo sonrojada que ella estaba— Hey tú —apuntó al rubio con un dedo—. ¿Qué tantas cosas le dices a mi hermana? Deja tus perversiones para después y vengan a cenar.
—¡Hermano! —exclamó, muy molesta. Fye sólo se rio.
Touya ni se inmutó, sólo salió con rumbo al comedor. Esa noche habían invitado a los Suwa, Flowrigth e incluso a Akemi a cenar. Los Kinomoto prepararon la cena.
—¿No te hace enojar? —se giró a ver a su novio, éste permanecía con las manos en los bolsillos, casi como si Touya hubiera dicho algún chiste en lugar de aquello.
—No —se encogió de hombros con simpleza—. Y es que… —murmuró con suspenso—. No estaba tan equivocado —la miró con picardía.
—¡Oye! —le dio un pequeño golpe en el pecho y éste estalló en carcajadas mientras ella se ponía cada vez más roja.
—Entonces… ¿Ya no estás molesta conmigo por mi carta de aceptación a la universidad?
Ella se cruzó de brazos, molesta, pero no duró mucho y cedió ante la mirada de cachorrito que le dirigió su novio. Suspiró lo miró fijamente.
—Prométeme que nuestra relación seguirá siendo la misma, que no dejaremos de vernos, que… que me seguirás amando aunque conozcas a muchas mujeres listas y guapas en tus clases.
Fye rio.
—¡No te burles!
—Estás celosa y aún ni sabes de quién.
—No seas así…
—Lo siento —la rodeó con sus brazos—. Pero me causa gracia porque es imposible que me guste alguien más, yo sólo te quiero a ti, Sakura —se alejó un poco para mirarla a los ojos y luego la besó. Fue apenas un roce de labios, era casi como un juego tentador donde ambos sólo rozaban sus labios suavemente, tentándose el uno al otro hasta que uno se rendía y terminaba besando los del otro hasta el cansancio.
—¡Hey!
Los dos pegaron un brinco.
—La comida está sobre la mesa, no te la comas a ella, deja a mi hermana de una pieza —vociferó Touya, rompiendo la magia por completo.
Sakura se alejó bruscamente de su novio y miró a su hermano con ganas de aventarle algo a la cabeza.
—Vengan ya a cenar —los miró a ambos con cara de pocos amigos. Apenas se dio la vuelta, Sakura y Fye se miraron entre sí con una sonrisita contenida, les causaba gracia ver que Touya nunca se acostumbraría a verlos juntos.
Meses después.
Los chicos estaban emocionados, al fin eran universitarios y estaban tratando de adaptarse a su nueva vida lejos de casa, viviendo casi independientemente de sus padres.
En casa de las chicas todo iba de maravilla, pero con los chicos era muy distinto, Kurogane y Fye discutían constantemente y Yuui tenía que hacer el papel de moderador para que el moreno no terminara asfixiando a su hermano. Fuera de eso todo iba de maravilla, cada quien se concentraba en su carrera y daba lo mejor de sí. La escuela les consumía mucho tiempo, pero esto no evitaba que se reunieran casi todos los días, algunas veces en el departamento y en otras en la casa de las chicas. El pobre de Yuui se sentía muy solo al estar entre dos parejas, inevitablemente extrañaba con ganas a su novia y sus amigos se aprovechaban para molestarlo por eso. También había días en los que no podían verse y conforme los dos futuros médicos avanzaban en su carrera, ésta los iba consumiendo en cuerpo y alma, pues pronto unas enormes ojeras adornaban sus ojos, también comenzaron a adelgazar un poco debido a las malpasadas que vivían por culpa de los extenuantes exámenes que les aplicaban y para los que tenían que estudiar día y noche. Durante semana de exámenes ninguno de los dos podía ver a su respectiva novia.
—¿Cómo sigues, Sakura? —se acercó a un bulto debajo de una montaña de cobijas y almohadas.
—Mal —murmuró una vocecilla amortiguada por el edredón.
Era casi la una de la mañana en una noche de diciembre, en pleno invierno. La ciudad de Tokio estaba completamente cubierta por un manto blanco y cierta castaña sufría dolores causados por situaciones femeninas poco convenientes. No le quedaba otra opción más que doparse con analgésicos y antiinflamatorios mientras su querida amiga le llevaba litros de infusiones calientes a la cama, de la cual no había salido en todo el día.
—¿Necesitas que te traiga una cobija más? —su voz sonaba con verdadera angustia.
La aludida se destapó la cabeza por completo y miró a su amiga con una risilla atorándosele en la garganta.
—¿Crees que necesito más? —siguió aguantando la risa.
—Si te traigo uno más, no podré encontrarte en la mañana —soltó la carcajada junto con su amiga, pero ésta se detuvo ante otro cólico salvaje—. ¿Te duele mucho? —preguntó ya en serio y preocupada. La pobre sólo asintió y se hizo bolita de nuevo bajo las mantas. Tomoyo suspiró y acarició la cabeza de su amiga con cariño—. Te traeré otro té de jengibre, te ayudará —sonrió y salió directo a la cocina.
Sakura contuvo una risilla, ya había tomado litros de distintos tés y ninguno le ayudaba. Soltó un pesado suspiro y apagó la luz, trataría de dormir al menos un poco. Estuvo tentada a llamarle a Fye, pero se contuvo al recordar que durante esa semana estarían presentando sus últimos exámenes del semestre, afortunadamente ellas ya habían salido de vacaciones, al igual Yuui, pero los pobres futuros médicos seguían enclaustrados en la escuela.
Suspiró por enésima vez. Cuánto deseaba que estuviera ahí con ella, que la abrazara y le diera calorcito. ¡Lo extrañaba! ¡Y lo quería ahí ahora!
Y entonces ocurrió…
Un pequeño "clic" resonó suavemente en toda la habitación. La ojiverde se espantó un poco, pues eso había sido la puerta del balcón. Ésta se abrió entonces, en un movimiento lento pero decidido y ella no pudo hacer más que congelarse en su lugar bajo las mantas ¿Qué debía hacer? ¿Gritar?
¡Oh por Dios! ¡¿Y si era un ladrón violador?!
Ante este último pensamiento se levantó con brusquedad de la cama y corrió en dirección a la puerta de salida sin siquiera atreverse a mirar en dirección al balcón, pero… debido a estar acostada todo el día y a que los espasmos en su vientre no le daban tregua, no llegó más lejos que un par de zancadas, pues terminó de rodillas en el piso, casi retorciéndose de dolor.
—¡Sakura!
Fue tan real como desconcertante. La voz de Fye inundó su habitación. Definitivamente estaba alucinando… un ladrón entra a su casa y lo primero que piensa es en Fye.
—Cariño ¿Qué ocurre, estás bien? —corrió a su lado en el piso e inclinándose hacia ella, apartó las manos de su rostro para poder cerciorarse de su estado. Se había asustado al verla reaccionar así.
La aludida parpadeó confundida y al asegurarse de que no se trataba de ningún ladrón, se echó en los brazos de su novio.
—¡Me asusté tanto! ¡Pensé que sería un ladrón y…! —se separó abruptamente del abrazo, desconcertándolo nuevamente—. ¡Tonto! —le golpeó el pecho con un puño—. ¡Me asustaste bastante! —contuvo sus lágrimas.
—¡Lo siento! —se apenó mucho—. Pensé que estarías dormida, no quería asustarte.
—Por cierto… ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías estudiando con Kurogane.
—Pues… —se rascó la nuca—. Digamos que… me escapé —sonrió como niño travieso, a lo que la castaña lo miró con reproche, pero terminó sonriéndole con cariño—. Es que te extrañaba, ya quería verte —admitió sin vergüenza alguna, acariciando su mejilla. Las mejillas de la ojiverde se sonrojaron tiernamente, su deseo se había cumplido, pero la felicidad no le duró mucho…
Un repentino espasmo la atacó sin piedad.
—¿Qué ocurre? —se espantó al verla hacerse bolita sobre sí misma.
—Na-nada —se avergonzó mucho.
—Oh… ya entiendo —la captó de inmediato—. ¿Duele mucho? ¿Ya tomaste medicamento o algún té?
Ella hizo el intento por levantarse, pero su novio no la dejó, sino que la tomó caballerosamente en brazos y la llevó hasta su cama, tardó un poco en arroparla por completo y no pudo evitar reírse un poco por la cantidad de cobijas y frazadas.
—Gracias amor —tomó su mano con cariño y se asustó al sentirla heladísima—. ¡¿No tienes frío?!
—Un poco —se rascó la nuca, riéndose.
—Anda, entra —levantó las sábanas a un lado de ella, él no lo pensó dos veces para aceptar la invitación. Rápidamente se despojó de sus zapatos y del grueso abrigo que llevaba encima, también del gorro y la bufanda. Y así se tumbó a su lado, abrazándola y cubriéndose a ambos con las cobijas.
Sakura estaba segura que esa fue la mejor parte de su horrendo día, apoyó la cabeza sobre el pecho de su novio y le pasó el brazo sobre la barriga, abrazándole como a un oso de peluche. Resultaba tan relajante oírle respirar, sentir cómo su pecho ascendía y descendía a una velocidad pausada pero continua. Y los latidos de su corazón, continuos pero sosegados. Sin lugar a dudas era la mejor nana antes de dormir. Además, amaba sentir cómo él aceptaba el abrazo y correspondía de esa manera tan cariñosa, pues con su mano derecha le acariciaba la cabeza y con la izquierda la rodeaba lo más que podía.
Esto se había vuelto una especie de costumbre entre los dos. Había días tranquilos antes o después de los exámenes y Fye los aprovechaba para pasar la noche con su amada, en ocasiones disfrutaban de toda la noche para demostrarse su amor, pero algunas veces como ahora, él la visitaba para arrullarla en esos días difíciles. Sólo la abrazaba y le brindaba calor, ofreciéndose como almohada para que lo apretara en caso de que sintiera mucho dolor. Precisamente ahora la pobre se hacía bolita, encogiéndose sobre sí misma.
—Duele ¿Verdad?
—Mhm... —asintió conteniendo la respiración.
Él suspiró con preocupación y se movió de tal forma que se acomodó detrás de Sakura, abrazándola por la espalda y apoyando sus grandes y cálidas manos sobre el vientre adolorido e inflamado de su novia.
—Tal vez esto te ayude un poco —susurró en su oído. Y en efecto, rápidamente la ojiverde sintió el cambio ante ese tacto tan cálido.
—Se siente… bien… —bostezó y el rubio contuvo una risilla—. Fye… —murmuró, adormilada.
—¿Sí? —susurró en su oído y aprovechó para acomodarse mejor y respirar el dulce aroma que desprendían sus castaños cabellos.
—Abrázame fuerte y… no me sueltes… —susurró, quedándose dormida—Nunca te soltaré —respondió en un dulce susurro a pesar de saberla dormida. Exhaló suavemente y sonrió con una alegría difícil de contener. Se había agotado mucho estos últimos días, pues no había dormido casi nada debido a sus exámenes finales, pero esto era el paraíso: dormir abrazado a la mujer de su vida. No había mayor éxtasis para él, aunque sí había algo que podría superarlo fácilmente… estar casados y poder dormir así todos los días—. Qué no daría porque así fueran nuestras noches, siempre… —besó su oreja con cariño y se dispuso a dormir. Ciertamente él también encontraba beneficio en esto, pues descubrió que en las noches que dormía junto a ella, su descanso era mayor y es que sentir su fragancia cerca lo hacía relajarse de tal modo que dormía como bebé toda la noche—. Vivamos juntos —susurró contra su oído, pensó que no lo habría escuchado, pero la ojiverde pegó un brinco y se giró con brusquedad a verlo a los ojos, más despierta que nunca.
—¿Q-qué? —parpadeó asombrada, mirando entre la penumbra del cuarto el rostro sonrojado de su novio.
—Sí, vivamos juntos. Podemos conseguir un departamento para los dos y…
—No podemos —dijo con voz lastimera—. No puedo dejar sola a Tomoyo en una casa tan grande y a ti te conviene vivir junto con Kurogane porque pueden estudiar juntos, además, Yuui te extrañaría —fingió un pucherito que causó una risilla al rubio.
—Mejor di que no quieres vivir conmigo —suspiró fingidamente, haciendo un drama.
—Tonto —le pegó en el pecho con suavidad—. Qué no daría por estar a tu lado noche y día —murmuró muy en serio, con un brillo especial en sus ojos.
—¿Entonces? —alzó ambas cejas—. Podemos hacerlo.
—Pero… —se mordió el labio y Fye estuvo tentado a robarle un beso—. Mis papás nos estrían de acuerdo y Touya…
Fye se congeló ante el nombre de su cuñado.
—Tienes razón —admitió.
OoOoOoOoO
—¡Hey! ¿A dónde vas con tanta prisa? —inquirió el moreno al ver cómo su amigo se quitaba la bata y haciéndola bola la metía en su locker.
—Quiero sorprender a Sakura, iré a visitarla sin avisar —sonrió emocionado.
Su mejor amigo lo miró estoico por unos segundos hasta que un tic se formó en su ceja derecha.
—Maldición, Fye. Acabamos de salir de una guardia de cuarenta y ocho horas, es media noche y ¿Quieres visitar a tu novia? Estás idiota —bufó rodando los ojos—. Además, está dormida. No creo que tenga muchos ánimos para soportarte y platicar contigo —se sentó en esa larga banca que hay entre las filas de lockers y se quitó la bata también.
—En ningún momento dije que platicaríamos —le guiñó un ojo cómplicemente a la vez que soltaba una risilla traviesa.
El moreno casi se va de espaldas.
—Idiota… —masculló—. No sé cómo le haces para tener energía para eso después de tantas horas sin dormir.
El rubio sólo se encogió de hombros y se despidió haciendo un gesto con su mano y cargando su mochila en la otra.
Usando su auto llegó a la casa de su novia y de Tomoyo en menos de cinco minutos. Se estacionó justo en frente y se bajó silenciosamente caminando hasta la puertita que comunicaba hacia el jardín trasero, abrió con las llaves que Sakura le había dado y pronto llegó a la parte de atrás de la casa, se posicionó justo debajo del balcón de su novio y procedió a subir por la enredadera del muro.
Sakura le había dado llaves de la puerta de la entrada, pero si la usaba, despertaría a Tomoyo y a decir verdad no quería que se diera cuenta de su presencia allí.
Finalmente llegó al balcón y con sigilo abrió la puerta corrediza. El dulce aroma de Sakura llenó sus pulmones apenas puso un pie dentro. Caminó hasta la cama de su novia y dedicó unos momentos para mirarla detenidamente. Sonrió con diversión al ver a su amada abrazando la almohada con fuerza. Cómo deseaba ser ese pedazo de tela y relleno. Se percató también de la escasa ropa que la cubría, era verano así que no le extrañaba ver que durmiera sólo con una ligera bata de seda medio transparente, esto último lo supo porque distinguió unas sexis bragas negras debajo de la tela y notó también que no traía sujetador ¿Cómo? La tela era casi transparente.
Tragó en seco y casi juró que se escuchó en toda la habitación.
Sonrió sin dejar de verla, se veía tan sexy, incluso parecía que se había preparado para su visita. Controló su respiración al notar que ya se estaba exaltando un poco y eso que simplemente la miró. Avanzó hasta sentarse en la cama, a un lado de su amada. No quería despertarla al notar su dulce expresión, se veía que estaba teniendo un buen sueño, pero no podía irse así como así, no ahora que la vio con esa ropa y… en esa posición.
Un gran sonrojo invadió su rostro al ver cómo se giraba en la cama, quedando de frente a él y soltando la almohada. Se encontraba de costado, con un tirante de la bata cayendo por su hombro y sus cortos cabellos castaños enmarcando su bello rostro angelical, pero lo que lo volvió loco fue ver el escote de la bata.
—Oh por Dios… —no pudo evitar exclamarlo. Tragó en seco ante la vista frente a él.
Debido a la exclamación, la castaña se empezó a mover un poco, estaba despertando, pero si él no hacía nada, se quedaría dormida de nuevo, la conocía muy bien, así que extendió su mano hasta alcanzar a acariciar su mejilla con suavidad y ternura. Esto fue suficiente para que Sakura abriera
lentamente los ojos.
—¿Fye? —preguntó con voz modorra, parpadeando continuamente al tratar de enfocar bien su vista.
—Hola mi amor —sonrió con ternura, sin dejar de acariciar su mejilla.
—¡Fye! —recordó su escasez de ropa. Quiso cubrirse, pero él la detuvo.
—Conozco tu cuerpo de pies a cabeza, no tienes por qué ocultarlo de mí —casi ronroneó sobre sus labios, había ansiado un beso desde que llegó, ni siquiera se detuvo a explicarle qué hacía allí, simplemente la besó. Notó que ella aún estaba algo adormilada, pero de todas formas recibió el beso con mucho gusto.
—¿Vienes de tu guardia? —preguntó después del beso. Había notado que aún portaba el pitufo celeste característico de los alumnos de medicina.
—Sí, acabo de salir, pero quise venir a visitarte ¿No te molesta?
—Para nada —dijo de inmediato, feliz—. Ven —se hizo a un lado para que él también se recostara, no lo pensó dos veces antes de quitarse los zapatos y meterse a la cama. Por un momento cruzó en su mente la opción de sólo dormir, estaba tan agotado que podría dormir dos días seguidos, pero de pronto sintió el cuerpo tibio de su novia acurrucándose a su lado, su piel desnuda era cálida y suave, pero lo que le volvió loco fue cuando inocentemente Sakura puso una pierna sobre él, abrazándolo como lo hacía momentos antes con esa almohada que ahora mismo estaba en el suelo. Esto fue el detonante, estaba por sugerir hacer cosas indecorosas, pero ella comenzó a hablar.
—¿Estás muy cansado amor? Tu guardia duró dos días —preguntó con preocupación.
—Estoy bien, la idea de venir a verte al terminar la guardia, hizo que me mantuviera cuerdo todo el tiempo —rio un poco—. En verdad te extrañé mi amor —la estrechó entre sus brazos—. ¿Y tú, estás muy cansada?
—No. Fue un día muy tranquilo. Salí temprano de clases y fui a comer con Chiharu y Shaoran, después no tuve nada qué hacer. Te extrañé bastante.
—Discúlpame por dejarte sola tanto tiempo —su tono era de verdadero pesar.
—Tranquilo cariño, sé que es por la universidad, yo lo entiendo —acarició su mejilla y acomodó un rebelde cabello rubio tras su oreja—. ¿Cuándo es tu próxima guardia?
—Mañana en la noche.
—¡¿Tan pronto?! —se asombró—. ¿Y va a ser tan larga como esta?
El rubio asintió con pesar.
—Entonces debes descansar mi amor —besó su frente y lo abrazó con cariño, pero notó la mueca infantil de disgusto que hacía su novio cuando no estaba conforme con algo—. ¿Qué pasa?
—No vine sólo a dormir a tu lado —se acercó a su oído y le susurró—. ¿Qué te parece si jugamos un rato? Hace mucho que no lo hacemos —casi ronroneó. Acompañando a su susurro, un pequeño mordisco hizo acto de presencia en el lóbulo de su oreja y fue más que suficiente para que el corazón se le acelerara de pronto.
—Oh Fye —suspiró llena de éxtasis cuando sintió que esos mordiscos descendían por su cuello, lenta y tortuosamente.
—Pero antes… —se separó de ella—… toma tu medicamento, tengo miedo de que pueda ocurrirte algo —le dijo suavemente, mirándola con preocupación sincera.
La pobre soltó un suspiro lleno de resignación y estiró su brazo hasta la mesita de noche, encendió la luz y buscó esa píldora que lograba tranquilizar un poco a su desbocado corazón.
Las odiaba.
Odiaba esas píldoras porque debido a ellas no había podido experimentar un orgasmo en toda la extensión de la palabra, pues ese medicamento tenía el objetivo de relajar sus músculos, descender su presión arterial, sus respiraciones e incluso sus latidos; todo para que no le diera un ataque al corazón mientras tenía relaciones. A pesar de ello, podía presumir a un novio muy bueno en la cama, la hacía disfrutar bastante y se deleitaba con sus caricias, atenciones y con su pasión desenfrenada, pero todo eso sería diez veces más excitante si no consumiera ese maldito medicamento. De sólo imaginar cómo sería un orgasmo sin esa pastilla… oh por Dios, moriría de éxtasis.
—Llegará el día en que no necesitarás tomar esa cosa —murmuró el rubio con mucha decisión en su mirada.
La aludida lo miró a los ojos, pero se espantó al verlo claramente bajo la luz de la lámpara de su mesita de noche.
—¡Oh por Dios, Fye! —tomó su rostro entre sus manos.
—¿Qué ocurre? —se espantó también.
—Estás muy pálido —acarició sus mejillas sin color—. Más de lo normal—. Corrigió al ver la expresión de "Así es mi piel" que tenía su novio—. ¿Te alimentaste bien? Te ves muy cansado ¡Y mira esas ojeras! Ay mi amor…
—¿Tan mal me veo? —hizo pucherito.
—Oh no, no, no. No me refiero a eso, tú… —desvió la mirada—. Tú siempre te vez muy guapo— se puso nerviosa—. ¡Pero me preocupa verte tan pálido! ¿Seguro que… que quieres seguir con esto?
La risilla suave del rubio se dejó escuchar.
—Lo único que necesito en estos momentos para estar bien, eres tú —extendió su brazo hasta alcanzar la lámpara y apagarla—. Ahora… —se inclinó sobre ella—. ¿…En qué nos quedamos? —preguntó pícaramente. La rodeó con sus brazos y la besó profundamente, haciendo que su lengua se enredase con la de ella de un modo que casi la hace desfallecer.
Entonces Fye se separó despacio, dando un último mordisco sin fuerza a su labio inferior. Se quedaron frente con frente, estudiándose con avidez en la cercanía. Ambos azorados, con las pupilas dilatadas y reparando rápido por el esfuerzo. Él fue el primero en recuperarse para seguir con otro beso, más intenso aún.
Besar a su novio era una de las cosas que más disfrutaba Sakura, amaba trazar con la punta de la lengua el contorno de sus labios, succionarlos por horas hasta dejarlos rojos e hinchados, entrar a explorar la cavidad de su boca y perderse en ella para no salir jamás. Esta era una dicción que no podía verse lamentando nunca. Menos con el hombre que la miraba ahora mismo, muy complacido con su entusiasmo.
Fye de algún modo había logrado cubrirlos a ambos con la fina sábana de la cama, pues había dejado la puerta corrediza abierta y entraba la fresca brisa nocturna de verano. La intensidad inicial había dado paso a la curiosidad entre risas y luego a un letargo íntimo, acompañado por los primeros roces tentativos de sus manos sobre cada centímetro de piel expuesta.
Sakura estaba acostaba bocarriba y Fye sobre ella, recostado entre sus piernas, sosteniendo su torso sobre un codo para no aplastarla. Ella con las manos hundidas en la maraña de cabellos rubios, masajeaba su cuero cabelludo al tiempo que guiaba a esos labios pegados a su cuello, dejando un delicioso sendero de saliva y calor sobre su piel.
La ropa salía sobrando en estas circunstancias, ella tiró con fastidio de la filipina de rubio, pero no lograba quitársela con facilidad, él soltó una risilla por la desesperación en su novia y se apartó unos segundos para quitársela, junto con el pantalón. Sakura sonrió anchamente y extendió su brazo hasta alcanzar con su mano el torso del rubio, acarició su abdomen y su pecho hasta que sus manos llegaron a su nuca, jalándolo para atraerlo de nuevo a sus labios, pero un quejido de sorpresa y lujuria acumulada se atoró en su garganta al ver que Fye no perdía el tiempo, pues una de sus manos traviesas ya estaba caminando debajo de su bata hasta llegar a uno de sus senos. Lo apretó con tierna pasión sin dejar de besarla en ningún momento. Ella se dejó hacer, pero no se quiso quedar atrás y guio una de sus manos a la espalda de su novio, descendiendo sutil y ardientemente hasta llegar a su trasero, desde donde tiró de sus bóxers con insistencia, pero estaba tan atontada y ocupada con los labios de él sobre los suyos, que sus movimientos eran torpes y no lograba bajarlos por completo. Fye no pudo evitar soltar una risilla y con ternura dio un leve mordisco en su labio inferior antes de abandonarlos un segundo para dirigirse a su cuello nuevamente mientras él mismo se quitaba la ropa interior y la dejaba tirada en algún punto del piso. Del cuello descendió a la clavícula, donde se entretuvo un poco antes de bajar hasta el escote de la bata, donde se quedó mirando un rato hasta que no resistió más y se separó por completo de ella para quitarle casi de un tirón esa prenda, dejándola sólo en bragas.
—¡Oh! —arqueó su espalda, llena de placer al sentir el contacto directo de sus labios sobre uno de sus senos mientras que con la otra mano masajeaba al otro. Ella sólo pudo atinar a enterrar sus dedos en el cabello de Fye, sus sentidos estaban nublados.
—Me enloqueces —gruñó antes de separarse de sus senos y volver a sus labios mientras sus manos traviesas la exploraban por todas partes.
Había ya una familiaridad entre sus cuerpos, en el movimiento de sus manos sobre curvas y valles, en el sabor compartido entre sus bocas.
Fye no quiso esperar más, dirigió sus manos a las caderas femeninas y quitó esa última prenda que evitaba la desnudez total en su novia. Sonrió al verla al fin cubierta sólo por su piel. Era tan hermosa… tierna, sonrojada y agitada. Era la imagen más bella. A pesar de la necesidad palpitante entre sus piernas, dedicó unos momentos más a besarla con ese amor que sólo él era capaz de darle, para ello pegó su cuerpo por completo al de ella, notando su sonrojo cuando sintió el roce de sus sexos.
Atrapó sus labios con los propios, era un beso tan cargado de emociones. Él, sintiendo una poderosa carga eléctrica distribuyéndose por su cuerpo como la sangre caliente en sus venas, como si de cada poro exhalara un poco de esa electricidad y la reparara por sí mismo; ella, sintiendo una nube de mariposas mareadas por todo su estómago, felices y revoloteadoras, llenando de calidez todo su cuerpo. Tan sonrojada y nerviosa, tan mujer y amada por un hombre sincero y apasionado.
Las manos del futuro médico descendieron sin mesura a la breve cintura de la chica, estrechándola más a él, sintiendo que no había ser más perfecto que ella. Estaba completamente feliz, se sentía correspondido. Quería amarla con todas sus fuerzas, queriendo mostrarle con caricias y besos cuánto la amaba para que no se alejara jamás de su lado, nunca…
Y ella lo abrazó más y lo besó como si el mundo se fuera a acabar, el aire se agotaba, pero sólo se separaba fugazmente de él para tomar un respiro y no tener que separarse de ese beso tan demandador, que en ese instante necesitaba más que cualquier tipo de oxígeno. Él sabía a la perfección que de continuar así, no podría controlarse por mucho tiempo, necesitaba más de ella, necesitaba hacerla suya de nuevo, ya, en ese instante.
Ella se encontró deseando que fuese en verdad posible quedarse allí, suspendidos por siempre en ese momento, pero también estaba muy consciente de la erección presionando contra su muslo y de su propio deseo también, ya lo necesitaba dentro y se lo informó a su amante cando alzó las caderas un poco hasta que el sexo de ambos rozó suavemente. Ninguno pudo evitar un gemido lleno de placer.
—Ya no aguanto —gruñó él contra sus labios, mordiéndoselos no muy suavemente. Ella arqueó un poco la espalda ante ese placer un poco doloroso. Sabía que terminaría con los labios hinchados por varias horas, pero poco le importaba en esos momentos.
—Hazlo —suspiró, alzando de nuevo sus caderas.
De un momento a otro el rubio tomó las piernas de su novia y las alzó hasta recargarlas sobre sus hombros, dándole un cómodo acceso a su entrada, ni siquiera la dejó preguntar nada, de un momento a otro ya se encontraba invadiendo su interior.
—¡OH!
Ambos gimieron ante el placer de sentirse unidos, la profundidad había sido mucho mayor que otras veces y esa posición que nunca habían intentado se estaba volviendo una de sus favoritas. Él no esperó ni un segundo para que la fricción entre sus cuerpos comenzara, la embestía a veces suave, a veces con fuerza, pero en ningún momento dejó de bombear.
Cuando sintió que estaba cerca del fin, salió de ella y cambió la posición, abrazándola desde atrás y entrando desde otro ángulo.
—Oh Fye, oh… —se aferró a las sábanas y al brazo masculino que la rodeaba desde atrás. Él aprovechó la posición para acariciar de nuevo sus senos, eran algo pequeños, pero extremadamente suaves. Le enloquecía acariciarlos y apretarlos hasta el cansancio.
—Te amo tanto —susurró en su oído, apretándola más hacia sí.
—Fye, yo… ¡Ahh! —sus palabras fueron reemplazadas por un fuerte gemido, pues se estremeció ante el gozo que le recorría el cuerpo, retorciéndose y gimiendo presa del éxtasis. Mas Fye no dejaba de embestirla, a veces suave y cariñoso, otras más fuerte y rápido, haciéndola subir al cielo con cada orgasmo que en ella sembraba y bajar a la Tierra, tan sólo para seguir llenándola de placer.
Sakura era tan estrecha y suave, tan cálida que no pudo evitar perder el control y rendirse ante el placer que inundó su cuerpo. Ella se arqueó con fuerza, con los ojos cerrados y gimiendo suavemente, recibió el orgasmo producido por el amor de su vida; su clímax fue intenso, la dejó completamente agotada entre los fuertes brazos de su novio, quien no dejaba de embestirla, era como si él no quisiera que su éxtasis terminara.
—Oh Sakura… —murmuró, justo en medio de su clímax.
La suave piel de su novia lo retenía con fuerza, estimulándolo, no pudo más. Apretó ojos y dientes, disfrutando de esos momentos. Finalmente se dejó caer sobre el pequeño cuerpo de su novia, aplastándola un poco, pero es que una debilidad muy pesada lo atacó de pronto, Sakura lo notó y aún agitada lo estrechó entre sus brazos, él había acomodado su cabeza sobre el pecho desnudo de ella, pero pronto se recuperó y recostándose a un lado, la arrastró bajo las sábanas hasta tenerla capturada entre sus brazos.
—Eres mía —murmuró con algo de debilidad y somnolencia, sus ojos se cerraban, había quedado exhausto y aun así no quería dormirse sin antes decirle algo—. Eres tan importante para mí, nunca te vas de mi vida —acarició su mejilla con ternura, sin cortar el contacto visual en ningún momento. El azul y verde se unieron por un buen rato, expresándose todo ese amor a través de esas miradas tan puras y enamoradas.
—Soy tuya —murmuró—. Y nunca me iré —juntó su frente con la de él, notó que la piel de ambos estaba perlada por el sudor debido a tanto ejercicio—. Nunca… —repitió, estirándose un poco para besarlo en la frente con dulzura y logrando que él le sonriera cálidamente, sus ojitos azules se estaban cerrando, se notaba que el pobre hacía un esfuerzo descomunal para no quedarse dormido—. Descansa mi amor, te lo mereces —quitó unos mechones de cabello de su frente con una suave y fresca caricia que arrulló al rubio, cuyos ojos se cerraron por fin, hundiéndolo en un profundo y placentero sueño.
Año 2004
Trataba con todo su esfuerzo que los demás no notaran su gran tristeza al descubrir que Fye le había fallado de nuevo al no asistir a una de sus exposiciones de arte en la universidad. Así que respiró profundo, ensanchó su sonrisa e hizo como si nada malo ocurriera.
Su teatrito se mantuvo en pie hasta que intentó llamar a su novio, pero el teléfono la mandaba directo a la contestadora, lo tenía apagado, pero lo peor de todo fue una foto publicada en la red social del rubio. Esto rompió un poco su corazón ya muy sensible. Ahora sí no pudo evitar que la notaran algo triste, aunque no sabían que por dentro ardía en celos y tristeza. Sin poder contenerse más, soltó un pesado suspiro, el cual no pasó desapercibido por sus amigos y familia, sí, familia. Sus padres y Touya habían viajado hasta Tokio para ver esa exposición tan importante. Los Kinomoto, Yuui, Akemi, Tomoyo e incluso Kurogane habían asistido al evento.
—No te pongas triste, Sakura. Estoy segura de que vendrá.
—Gracias Akemi —suspiró nuevamente, tratando de sonreírle a su amiga, pero era imposible mantener un buen ánimo cuando te encuentras en una exposición donde importantes jueces calificarán tu obra de arte, y que tu novio no se digne a presentarse.
La castaña miró el asiento vacío a su derecha y sólo pudo apretar los puños sobre sus rodillas, llena de impotencia; miró a su izquierda y ahí estaban todos sus amigos y familia, pero… faltaba él. Fye le había prometido su asistencia.
—¿Por qué no viene? Se supone que lo traerías contigo —murmuró Tomoyo en la oreja de su novio.
—Lo intenté, pero el doctor Hamada se lo llevó a una importante conferencia. Desde que supo que Fye quería especializarse en cardiología, no lo suelta ni un momento y a pesar de que apenas estamos en primer año, ya lo lleva a congresos y conferencias importantes —suspiró—. El muy intenso ya tiene buenos contactos en el área médica.
—Pero… ¿Qué hay de Sakura? Ella lo necesita aquí, no se da cuenta del daño que le hace con su ausencia.
—Tú sabes por qué se está esforzando tanto en la carrera.
—Sí, lo sé, pero si continúa así, la perderá pronto… —negó con la cabeza reprobatoriamente y miró con disimulo a su mejor amiga, la pobre estaba muy cabizbaja.
—Y el primer premio es para…—anunció el maestro de ceremonias—. Kinomoto Sakura, por su pintura al óleo "Campo de lavandas rosas"
Todos aplaudieron felices y orgullosos, ella sonrió de igual manera, aunque si se le miraba con atención, se podría notar el atisbo de tristeza que destellaba en sus ojos.
—Muchas felicidades, Sakura —se acercó y algo dubitativo le dio un abrazo suave a su amiga.
—Gracias, Shaoran —sonrió ampliamente, manteniendo su máscara de felicidad—. Felicidades también a ti, quedamos empatados.
—Aun así creo que tu pintura es mejor que la mía —se rascó la nuca—. En realidad nunca pensé que ganaría, entré al concurso sólo porque el profesor de pintura nos lo pidió, pero en realidad esto no es mi fuerte —suspiró—. Hubieras visto lo que batallé para terminarla a tiempo, incluso…—se levantó la manga de su playera, mostrando manchas de colores, al parecer eran rastros de pintura—. Me quedé dormido sobre la paleta de colores y por más que intenté borrar la pintura, no pude —suspiró avergonzado, pero se le pasó al escuchar la melodiosa risa de su amiga.
—Eso explica por qué traes manga larga en un día tan caluroso —volvió a reír, tuvo que cubrirse los labios con las manos para no reír con más ganas y es que había notado que además de la pintura en su brazo, el pobre tenía color verde y azul a un lado del cuello, casi en la clavícula. Con inocencia y ajena a lo que iba a sentir su amigo, dirigió su mano hacia el lugar manchado y talló suavemente con sus dedos—. No se quita —hizo una mueca de enfado algo chistosa, se llevó un pulgar a los labios y de nuevo al cuello de su amigo—. Listo —sonrió victoriosa al haber logrado quitar esa mancha con un poco de saliva. Alzó los ojos hasta toparse con los castaños de su amigo, pero se extrañó al ver su rostro tan rojo como la grana—. Shaoran ¿Estás bien?
—S-sí —sonrió con nerviosismo mientras se pasaba la mano por el cabello. No iba a decirle sobre el estremecimiento que lo recorrió de pies a cabeza al sentir su suave roce sobre la piel de su cuello. Había sido un acto muy inocente, pero significativo para él.
—Hola —llegó Tomoyo con una gran sonrisa. Había escuchado de lejos la risa de Sakura, esto le sorprendió mucho así que fue en busca de la causa, se sorprendió al ver a ese muchacho alto, guapo y atlético platicando con su amiga.
—Oh, Tomoyo, él es Shaoran, el chico del que te platiqué hace tiempo. Somos muy buenos amigos desde el primer día de clases —se lo presentó a ella y al resto de sus amigos y familia que pronto llegaron a su lado.
—Hola Shaoran, mucho gusto —lo analizó por completo sin que él se percatara y algo vio en él que la hizo sentirse en confianza, tal vez era el hecho de que sus mejillas estaban adornadas por un leve sonrojo que le daba un aire tierno e infantil—. Sakura me ha hablado mucho sobre ti
—Espero que te haya dicho cosas buenas —se rascó la nuca.
—¡Claro que sí! —rio la castaña y todos los demás la miraron con un poco de sorpresa. Esa sombra de tristeza que había estado opacando su verde mirada, se había desaparecido por completo y ahora reía con total naturalidad.
—Vaya, este chico logra mucho en ella —pensó Tomoyo con astucia.
—Y… —el castaño miró fijamente a Yuui—. Por lo que me has platicado, él ha de ser tu novio ¿No es así?
—¿Eh? —parpadeó confundida—. Oh no.
—Yo soy su gemelo —rio un poco—. Mi hermano no pudo asistir por cuestiones de la universidad —se encogió de hombros.
—Ya veo… —no despegó la vista del rubio, lo analizó no muy disimuladamente. No había conocido al novio de su amiga, pero sí a su gemelo y pues… al menos físicamente ya tenía una idea de cómo era. Miró a su amiga y notó que de nuevo cierta tristeza opacaba sus ojos, frunció el ceño al pensar que se trataría de la ausencia del tal "Fye"
OoOoOoOoO
—¿Está todo bien? Llevas rato mirando tu teléfono.
—¿Eh? Oh, sí estoy bien —se apenó un poco y guardó el celular en su bolsillo.
—No te distraigas.
—Lo siento, doctor —se reacomodó en su silla y continuó escuchando la importante conferencia sobre trasplantes de corazón. Intentó que su mente se concentrara en la charla, pero era imposible, su cabeza se encontraba centrada en cierta castaña de ojos verdes que seguramente estaría muy triste en estos momentos. Le había hecho una promesa: iría a la exposición de obras de arte que habría en su escuela, pero la conferencia se había alargado más de lo esperado y ni siquiera pudo avisarle a su novia, pues a su teléfono móvil se le había terminado la batería—. Lo siento Sakura, perdóname…—pensó, acongojado.
OoOoOoOoO
—¿Segura que no quieres ir a festejar tu premio? —preguntó con algo de decepción al ver que Sakura prefirió que la dejaran en la casa que comparte con Tomoyo.
—Gracias mamá, pero tengo mucha tarea acumulada y necesito quedarme a avanzar un poco —sonrió radiante mientras se bajaba del auto—. Mejor vayan a casa antes de que oscurezca, les queda un largo camino hasta Tomoeda.
—Hija… ¿Segura que estás bien? —inquirió su padre, preocupado.
—Sí —sonrió de nueva cuenta, esperaba que sus padres y su hermano le creyeran, cosa que no sucedió en realidad.
—Estás rara, monstruo —murmuró Touya, bajándose del auto y yendo hacia ella. Estando a menos de medio metro de distancia, extendió su mano derecha y alzó con ésta la barbilla de su pequeña hermana—. Es por culpa de ese tonto ¿No es así?
—Estás imaginando cosas —le restó importancia, haciendo un ademán con la mano y sonriendo—. Si no pudo ir es porque seguro tenía algo muy importante qué hacer, además, lo veo todos los días, así que no hay problema —se rascó la nuca. Suplicaba porque ya se fueran, si Touya seguía insistiendo, no lo resistiría y se echaría a llorar en sus brazos. No quería preocupar a su familia.
—Bien, entonces nos vamos —dijo serio. Acortó nuevamente la distancia entre ambos, pero esta vez la estrechó entre sus brazos con verdadero cariño y aprovechó para susurrarle al oído: —.Si necesitas algo sólo llámame, vendré cuanto antes. Papá y mamá no se enterarán, si eso es lo que te preocupa. ¿De acuerdo?
Un nudo se formó en su garganta y sólo atinó a asentir con la cabeza, si hablaba se le quebraría la voz y es que necesitaba desahogarse con alguien.
—Muchas gracias por venir, vayan con mucho cuidado —abrazó con fuerza a su querido hermano y se despidió de sus padres.
OoOoOoOoO
—¡Fye! —lo alcanzó y al hacerlo aprovechó para colgarse de su brazo, el rubio se contuvo de rodar los ojos con fastidio, si lo hacía era sólo por respeto y educación.
—¿Qué ocurre, Elda? —detuvo su andar. La conferencia había terminado ya y ahora mismo se dirigía a su auto, quería ir cuanto antes a buscar a Sakura y disculparse por su ausencia en la exposición.
—¿Qué te parece si vamos por un café?
—Hace apenas un par de horas fuimos a comer —suspiró.
—Pero así podremos platicar sobre la conferencia, estuvo muy interesante y podríamos intercambiar ideas ¿Qué te parece?
—Elda… —lo interrumpió.
—¡Vamos! — dio un brinquito, sin soltarlo del brazo con insistencia.
—Elda, tengo algo muy importante qué hacer, necesito irme.
—Pero… ¿A dónde vas? —se desilusionó.
—A casa de mi novia.
Esta oración le cayó como balde de agua fría, pero supo disimularlo muy bien. Por supuesto que sabía sobre la relación de Fye con cierta chica castaña de la universidad de artes visuales, pero estaba segura que fácilmente podría arrebatárselo.
El rubio sonrió para sus adentros, notó cómo el semblante de la chica cambió por unos segundos. Creyó que eso sería suficiente para hacerla desistir, pero estaba muy equivocado.
—Pero… la ves todos los días, en cambio nosotros no tenemos tiempo de salir al estar todo el día entre libros y exámenes, anda, vamos a divertirnos un rato.
—Lo siento, me tengo que ir.
Y sin decir más se soltó suavemente del agarre de su compañera de clases y se fue hacia el coche.
OoOoOoOoO
—Iré a hablar con ella —murmuró Yuui mientras se levantaba del sillón.
Desde que los Kinomoto se fueron, Sakura había subido a su habitación, encerrándose por horas y sin dar señales de vida. Durante todo el día la vieron tan feliz y radiante como siempre, pero mantener esa farsa seguro era exhausto y ahora seguro estaría en cama.
—Tal vez debería ir Tomoyo ¿No crees cariño? —preguntó la novia del rubio, antes de que este subiera las escaleras.
Tomoyo negó con la cabeza.
—Ya intenté hablar con ella, de hecho todos ya lo hicimos, pero no quiso admitir cómo se sentía.
Yuui suspiró y siguió su andar. No tardó en subir las escaleras y llegar a su habitación. Entró sin tocar y encontró a su cuñada tumbada bocabajo en el colchón—. Sakura —la llamó, pero no le hizo caso—. Sakura, ya basta. Todos sabemos que no estás bien, no tienes que fingir felicidad. Además, sé que estás despierta.
La aludida sólo movió la cabeza hacia un lado para verlo directamente.
—Estamos preocupados por ti, no has querido hablar sobre la ausencia de Fye, sabemos que te afectó y que mi hermano es un idiota —se sentó en la orilla de la cama con total confianza—. Pero aquí estamos tus amigos para que te desahogues.
—Lo siento —murmuró con la voz algo ronca. Fue hasta ese momento en que el rubio se percató de los ojos rojos e hinchados de su amiga. Había estado llorando todo ese rato.
—Mantenerse fuerte no siempre es fácil… —pensó con tristeza, entendiéndola un poco—. No tienes por qué disculparte —ablandó su mirada y le sonrió con ternura—. Dime qué ocurre.
—Nada, estoy bien —sonrió huecamente. Algo se le tenía que pegar de Fye y no precisamente cosas buenas.
—Basta de eso. Sé por qué estás así, pero estás en un error… —pensó bien las palabras que estaba a punto de decir, no quería ser muy brusco, pero ella era como una hermana para él y desafortunadamente tenía muchas cosas en común con Fye, así que actuaría de la misma forma como si se tratara de él—. Si Fye no asistió es porque de verdad debió ser importante el evento en el que estaba, vamos, lo conocemos lo suficiente como para saber que no faltaría por cualquier cosa.
Sakura lo pensó unos segundos, tal vez estaba exagerando todo ese asunto, total, sólo fue un evento de muchos que habrá en un futuro cercano. Pero… Yuui no sabía lo que vio ella hace unas horas… y sólo con pensar en ello, los celos la ahogaban con fuerza.
—Pero aun así… faltó y eso nadie lo cambia —insistió.
Yuui suspiró, pero al menos había logrado sacarle algo de palabras a su amiga, le estaba dando miedo sólo ver esas sonrisas huecas en ella.
—¿Ya intentaste comunicarte con él?
—Tiene su teléfono apagado.
El rubio no sabía qué más sugerir o qué hacer para mejorar su ánimo, no le gustaba verla así.
—Además está muy ocupado —gruñó por lo bajo. En sus palabras había algo de rencor y enojo. Eso no era normal.
—Hay algo que sabes y no me quieres decir. Ya, dímelo.
La castaña suspiró pesadamente y no tuvo otra opción más que mostrarle el verdadero motivo de su tristeza. Sacó su celular y le mostró la pantalla de este.
—Oh. Ella es… —preguntó seriamente al ver a una chica rubia abrazada de Fye, ambos estaban sentados en una larga mesa junto con otras personas, todos iban vestidos formalmente, parecía ser una reunión importante.
—Elda, una amiga de Fye… —sus ojos se cristalizaron un poco al mencionarlo.
El gemelo mayor se abstuvo de soltar un par de improperios, pues no le gustaba el modo en que la tipa se había abrazado al rubio para tomar la foto.
—La tomó ella, justo cuando estábamos en mi exposición.
Yuui miró la foto y a su cuñada simultáneamente. Sus nervios se crisparon al ver que comenzaba a llorar con ganas acumuladas, y él no era tonto, ya sabía quién era esa chica, la veía muy seguido en las redes sociales de su hermano. Siempre estaban juntos y ella no perdía oportunidad para tomarse una foto con él y subirla a las redes. Cualquiera pensaría que son más que amigos, así que comprendía la tristeza de su cuñada, el problema era que este asunto estaba llegando ya muy lejos y Fye no parecía querer ponerle un alto a esa tipa. Su hermana estaba sufriendo más y más por ello y no lo permitiría, no más.
—Siento mucho que estés sufriendo tanto por esto, de verdad no te lo mereces, Sakura —acortó la distancia que había entre ambos y la abrazó con cariño fraternal—. Te prometo que solucionaré esto —se separó del abrazo que había tomado por sorpresa a la ojiverde y le sonrió con calidez, calmando sus ganas de moler a palos a su gemelo.
—Pero Yuui, no tienes por qué preocuparte, tú… —calló al sentir unas manos estirando inhumanamente sus mejillas hasta que su rostro formara una mueca muy chistosa.
—Esto se solucionará, lo prometo —le guiñó un ojo, pero no la soltó.
—¡Yuui! —exclamó, tratando de librarse de ese agarre, pero éste no la soltó, sino que se echó a reír con ganas.
—Te soltaré si prometes no permitir que el tonto de mi hermano te afecte tanto. Es un tarado, pero todos sabemos que sólo tiene ojos para ti, así que ya no te preocupes ¿De acuerdo?
La castaña dejó de forcejear y asintió suavemente, aún había tristeza en su mirar. Cuando Yuui la soltó, la pobre se acarició las mejillas adoloridas sin dejar de pensar en el tonto de su novio. ¿Qué estaría haciendo ahora?
—¡Sakura!
Los dos jóvenes en la cama dieron un salto y dirigieron su mirada hacia la puerta abierta. Bajo el umbral de ésta, se encontraba un rubio agitado y muy apenado. No tardó en entrar y llegar junto a su novia, antes miró a su hermano, pidiéndole con la mirada que les diera su espacio. Extrañamente, Yuui le dirigió la mirada más fría y escalofriante de su vida.
—Tú y yo necesitamos hablar —murmuró al pasar justo a su lado, sin que Sakura se diera cuenta de ello.
El gemelo menor asintió y sin esperar más, ocupó el lugar en el que estaba su hermano momentos antes.
—Mi amor, perdóname —tomó sus dos manos y las apretó sin dejar de mirarla a los ojos, notó que había llorado y eso le partía el alma. Ya sabía que estaría afectada por su ausencia, pero lo comprobó justo en el momento en que pisó esa casa y todos los que estaban en la sala lo fulminaban con la mirada.
—Está bien, después de todo sólo fue una exposición ¿Qué importancia podía tener? ¿No crees?
Sarcasmo, mala señal.
—¿Estás enojada?
Esas dos palabras clave fueron el detonante de la siguiente explosión de palabras.
—¡¿Qué si estoy enojada?! No lo sé, dímelo tú. Estar hora y media esperándote, llamarte infinidad de veces y luego ver que tu querida amiguita no deja de subir fotos de ambos ¿Es motivo para estar molesta? —no supo en qué momento ya se había puesto de pie, encarándolo con furia. Al fin estaba sacando toda la ira que estuvo conteniendo en la tarde.
El pobre sólo pudo encogerse en su lugar. No tenía argumentos para contraatacar a eso. Podría decir que no tenía batería, pero eso sólo incrementaría la furia de su novia, además esas fotos no le ayudaban mucho. Si tan sólo supiera sobre las artimañas a las que tuvo que recurrir Elda para conseguir esas malditas fotos. Nada era lo que parecía, sin que se diera cuenta ella ya estaba agarrada de su brazo, sólo le decía "Fye, voltea" y en ese instante tomaba la foto, y si sonreía no era por estar a su lado, sino porque antes de las fotos estaba hablando con personas importantes dentro del círculo de médicos.
—Lo siento —repitió, no quería discutir con ella, y si darle por su lado sería la solución, no le importaba hacerlo.
—Esto es lo que temí desde un principio —comenzó a andar de un lado a otro, como león enjaulado—. Sabía que si estudiabas medicina terminarías conociendo a alguien más y bueno… esa chica es muy bonita —se detuvo y bajó la cabeza un poco, meditándolo—. Y comparte tus gustos por la medicina, seguro te entiende mejor que yo y has de pasar mejor el rato con ella —siguió andando, no lo miraba, sólo caminaba de un lado a otro, mirando al suelo, desesperada—. Yo no puedo competir contra eso… —se detuvo y para que no la viera llorar, puso ambas manos sobre su rostro, soltando silenciosamente todas esas lágrimas acumuladas.
—No seas tonta —su voz se escuchó más cerca de lo que imaginaba, la castaña se quitó las manos del rostro y pudo ver a su novio rodeándola con sus fuertes brazos—. Ella no es nadie importante, yo te amo a ti y escúchame bien: eso nunca va a cambiar.
La castaña no dijo nada, y tampoco correspondió al abrazo. No sabía qué pensar o decir, esas fotos de verdad le habían molestado.
—Discúlpame por favor, si te hice sentir mal con todo este asunto, de verdad lo siento —susurró sobre su coronilla, sin soltarla todavía—. Te lo compensaré de alguna forma —mencionó juguetón—. Este jueves pasaré por ti a las ocho, iremos a cenar y a pasear un rato ¿Qué dices? —se separó un poco para ver a su novia y no pudo más que sorprenderse al ver su rostro bañado en lágrimas. Si tan sólo pudiera hacerle entender que no amaba a nadie más que no fuera ella—. Mi amor… —murmuró en tono suave, limpiando sus lágrimas.
—Está bien —se animó un poco, pero no le sostuvo más la mirada. Se limitó a esconder la cara en su pecho y a abrazarlo con fuerzas, como si al soltarlo pudiera perderlo.
Debía admitirlo, los celos le habían ganado en esta ocasión y se dejó llevar fácilmente por lo que vio, pero lo importante es que Fye ahora estaba con ella, apapachándola.
El jueves se llegó muy pronto y la ojiverde ya estaba lista, faltaban cinco minutos para las ocho de la noche. Fye no tardaría en llegar por ella y quería verse lo más linda posible, pues luego de cenar se irían a dar un paseo.
Se acomodó su sencillo peinado, verificó que su ropa estuviera impecable y se miró por enésima vez en el espejo, asegurándose de que se viera hermosa para su novio. Era verano y el momento perfecto para usar vestidos ligeros y frescos, aún en la noche.
Dieron las ocho y media y el rubio no se aparecía por la casa. La ojiverde no quiso darle importancia, tal vez se habría retrasado un poco debido a las guardias que les pedían en la universidad, además era semana de exámenes para él. Así que no quiso ser negativa, al contrario, aprovechó ese rato para salir al jardín trasero y despejarse un poco. La noche era cálida, el viento estival había retirado las últimas nubes y a lo lejos brillaban las estrellas, tan ajenas a lo que ocurría en este mundo.
Sakura aspiró todo el oxígeno que sus pulmones le permitían y suspiró lentamente, no quería comenzar a pensar mal y mucho menos deprimirse. Pensó en llamar a su novio, pero temía que al hacerlo él le pidiera posponer la cita, no lo veía desde el día de su exposición de arte y de eso ya casi una semana…
Soltó un pesado suspiró y cerró los ojos. El leve murmullo de los grillos inundó el ambiente, junto con el lejano sonido de las avenidas concurridas de Tokio, los ladridos de algún perro del vecindario y un timbre insistente y molesto.
¿Timbre?
Abrió los ojos de golpe y tomó su celular. Su corazón se contrajo al ver el nombre de su novio en la pantalla.
—H-hola —saludó titubeante.
—Hola Sakura —se le escuchaba muy serio.
—¿Qué ocurre?
—Es sobre nuestra cita…
—Casi son las nueve, Fye.
—…
—Ya entiendo el motivo de tu llamada. Está bien, lo entiendo. Seguro estás muy ocupado —había un atisbo de resentimiento en su voz.
—Sé que te lo prometí y de verdad lo siento —se le oía arrepentido de todo corazón—. La guardia del laboratorio se extenderá un par de horas más y… —suspiró—. No sé a qué hora saldré de aquí.
—Está bien.
—¿Estás muy molesta? —preguntó con tristeza.
—No, no. Estoy bien. Hablamos después… —estaba por colgar, pero una voz femenina y melodiosa resaltó al otro lado de la línea.
—¡Fye! Vamos a pedir algo para cenar ¿Quieres que compartamos la orden?
—Gracias Elda, pero yo pediré por mi cuenta —respondió el rubio con cortesía.
La furia invadió a la castaña. ¡La maldita "Elda" estaba con ellos!
—¿Amor, estás ahí? —llevaba rato llamándola, pero no respondía. Sakura reaccionó y con más furia aún, le dijo:
—Que les sea de provecho la cena, diviértete.
Colgó.
Un extraño temblor de pies a cabeza se fue apoderando de ella, sus puños se crisparon con coraje y dentro de su furia las lágrimas se hicieron presentes. La había dejado plantada una vez más, sólo que nunca imaginó que un segundo plantón dolería más que el primero y lo peor del asunto es que el común denominador de sus problemas estaba al lado de Fye, cenando con él.
Con pasos rápidos y el llanto a flor de piel, subió las escaleras rumbo a su habitación, entró azotando la puerta y fue directo a quitarse ese bonito vestido que se había puesto pensando en su novio, se quitó el poco maquillaje que adornaba su rostro y deshizo el peinado sencillo que tanto tiempo le había costado hacer, recogiendo su cabello en una coleta pequeña que muy apenas alcanzaba a formársele debido a su corto cabello. En unos minutos ya estaba en pijama y sobre su cama, con la espalda apoyada en la pared, los codos sobre sus rodillas y el rostro oculto entre sus manos para ahogar el grito que le quemaba la garganta.
Nunca había sido celosa, jamás se había sentido tan mal por culpa de Fye, no… por culpa de sus propios celos, pero no podía evitarlo, le enfurecía saber a esta tal Elda cerca de Fye, sabía con certeza que la chica andaba detrás del rubio y que poco le importaba que éste tuviera novia.
Tener las manos sobre su rostro no era suficiente, así que tomó una almohada y aplastándola contra su cara, soltó un grito que la ayudó a desahogarse por completo. Agradecía que Tomoyo no estuviera en casa, pues si la viera en esas condiciones se preocuparía mucho. Ahora que lo pensaba… Kurogane también estudiaba medicina y justo ahora estaba en el cine con Tomoyo ¿Cómo era eso posible? Fye nunca tiene tiempo.
Respiró profundo y se enjugó las lágrimas con el dorso de una mano. Por un momento apretó la mandíbula y se replanteó la decisión de permanecer al lado de Fye a pesar de que no podían verse tan seguido. Lo amaba, de eso no había duda, pero esto le estaba afectando más de lo que imaginó, no soportaba la sensación de celos cuando esa mujer se le acercaba, lo extraño es que sus celos se encienden sólo con ella.
Bajó la cabeza y la meneó levemente. Suspiró de nuevo y decidió calmarse un poco. Apretó más contra ella a la pobre almohada que amortiguó su grito y descansó la cabeza sobre ella.
—Eres una exagerada —se dijo a sí misma, recordando que Fye estaba estudiando y no de antro con sus amigos, estaba en la escuela, con esa tipa, sí, pero estudiando a fin de cuentas.
Tomó su celular y aún con lágrimas asomándosele entre las pestañas escribió un mensaje para su novio:
"Perdóname por colgarte, sólo quiero que sepas que te amo con todo mi corazón y si actúo así es porque temo perderte, no sé qué haría sin ti.
Mándame un mensaje cuando estés en casa, estaré al pendiente.
Pd: necesitamos hablar."
Pulsó el botón de "enviar" y el mensaje le llegó instantáneamente al rubio., cuyos ojos se iluminaron al ver que recibió un mensaje de su amada, pero poco le duró la alegría al ver su postdata. Dijo que lo amaba y que no podía estar sin él, pero… ese último mensaje lo puso de los nervios.
—Fye ¿Estás escuchando? —inquirió uno de sus compañeros. El aludido despegó la vista de su teléfono y parpadeó confundido. Desde que metieron las muestras a los analizadores, sus compañeros y él aprovecharon ese rato para descansar un poco y despejarse, además acababan de cenar y el sueño los estaba atacando.
—Disculpa ¿Qué me preguntaste? —inquirió apenado por su distracción.
—Elda y tú son del mismo país y tenemos curiosidad ¿Ya se conocían desde antes? ¿Fueron novios o algo por el estilo?
Los ojos de Elda brillaron y estuvo a punto de abrir la boca, pero el ojiazul se le adelantó.
—Claro que no —refutó el rubio antes de que su compañera se emocionara ante el comentario—. De hecho no nos conocíamos hasta que entramos a la universidad —respondió serio.
—Oh, ya entiendo —se disculpó su amigo—. Es sólo que se les ve siempre juntos, creímos que entre ustedes había algo.
—Sólo somos compañeros.
—Compañeros…—pensó la rubia con decepción, ni siquiera la consideraba su amiga y eso en verdad la entristecía. Había intentado de todo para que él se fijara en ella a pesar de tener a montones de chicos tras ella, sólo le importaba que él la mirara, nadie más. Su mirada entristeció por unos segundos, pero se recuperó de inmediato y animada como siempre se adentró a la conversación—. Es una coincidencia que seamos del mismo país —sonrió—. Y sobre lo otro… Fye tiene novia, se llama Sakura ¿No es así?
El rubio alzó una ceja. Definitivamente Elda lo tenía bien checado, ya hasta sabía cómo se llamaba la castaña, pero nadie lo preparó para lo siguiente.
—Es una chica muy linda, creo que estudia en artes visuales ¿No? —miró a Fye al preguntar esto, pero no se detuvo a esperar una respuesta—. Es una lástima que esa chica no entienda al pobre de Fye, siempre se enoja con él por no tener tiempo para ella, pero es que no entiende la importancia de nuestra carrera —se encogió de hombros y alzó las cejas con arrogancia—. Pero es obvio que no lo entienda, después de todo estudia una de las carreras más fáciles y con menos importancia dentro del campus. Eso habla mucho de ella y de su poca inteligen…
—Basta —la interrumpió, muy molesto, pero tratando de contenerse—. No la conoces, así que abstente de hacer comentarios de ese tipo —espetó con seriedad y con una cara de pocos amigos.
Ojos castaños y azules se encontraron, unos con sorpresa y otros con enfado, pero ninguno desistió en esa batalla de miradas. Ella en realidad nunca pensó que fuera a defenderla así, después de todo cualquier hombre en su posición estaría fastidiado y harto de una novia celosa y berrinchuda, pero al parecer él era diferente.
El resto de sus compañeros los miraron unos segundos y decidieron intervenir para cambiar de tema, necesitaban trabajar todos juntos en equipo para poder terminar su guardia en el laboratorio, debían procesar cientos de muestras de los pacientes del hospital universitario y no lleva baban ni una cuarta parte, quizá les llevaría toda la noche si no se apuraban.
OoOoOoOoOoO
La segunda hora de clase terminó, dando inicio al receso de dos horas que tenían en ese día. Sakura salió del aula y respiró el aire fresco de esa mañana soleada, decidió ir a tomar un café para calmar a su pobre estómago que no recibía alimento desde la tarde anterior y es que con el plantón que le dio su novio, le fue imposible cenar algo, había un nudo en su garganta que le impedía pasar cualquier alimento, además de que las ganas de llorar no se le iban en ningún momento.
—¡Sakura!
La aludida se giró para ver al dueño de esa voz, detrás de ella venía corriendo un agitado Shaoran con mochila al hombro y una gran sonrisa que desapareció al contemplarla de cerca.
—Sakura… —su tono fue serio y preocupado—. ¿Estás bien? Te veo muy triste.
—Estoy muy bien —sonrió de oreja a oreja, olvidando que las ojeras y los ojos rojos no pasaban desapercibidos por su amigo.
—No tenemos mucho de conocernos, pero ha sido lo suficiente para saber identificar tus estados de ánimo, sé que algo no anda bien —le dijo con voz baja y suave. Ni siquiera la dejó responder, de un momento a otro ya la tenía entre sus brazos dentro de un contacto cálido, respetuoso y sobre todo cargado de cariño y comprensión.
Después de unos segundos ella correspondió con un poco más de fuerza, rodeándolo con su brazos y aferrándose a su playera con un cúmulo de emociones amontonándose en su pecho.
—Te invito a desayunar, así podremos platicar y veremos qué hacer con esas sonrisas tuyas —se separó del abrazo y le estiró ambas mejillas con gracia, la pobre se confundió un poco y él lo notó—. No son tan radiantes como siempre —aclaró con una suave mirada llena de comprensión—. ¿Qué dices? Vamos, yo invito —alzó varias veces la ceja derecha, como si ofreciera algo muy tentador.
Sakura no pudo evitarlo, una risa sincera brotó desde su pecho.
—Vamos —aceptó.
—Entonces…—le extendió su brazo derecho con caballerosidad mientras que al mismo tiempo le quitaba la mochila. Ella intentó negarse, pero él no la dejó replicar, y así como buenos amigos llegaron a la cafetería de la universidad.
Llegando a la concurrida cafetería, Sakura se quedó en una mesa para dos, separándola mientras Shaoran hacía fila para comprar el desayuno. Ella había querido sólo un café, pero el castaño se negó rotundamente diciéndole que necesitaba alimentarse mejor, así que la sorprendería con algo rico. Finalmente el joven Li regresó a la mesa con dos suculentos platos de hotcakes bañados en miel y mantequilla, a ella se le hizo agua la boca. Comenzaron a desayunar con tranquilidad sin importar el ruido y barullo que había en el lugar, mientras tanto platicaban sobre trivialidades como las clases, profesores y proyectos; él no quiso ir directo al asunto que la tenía tan triste, esperaría a que ella decidiera abrirse un poco con él.
—Lo sé —rio—. El profesor Kimichi también me da clase y en más de una ocasión me he quedado dormida en su clase.
—Es que la llevas a primera hora, es imposible no quedarse dormido —rio también, terminando su última porción de hotcakes.
—Sí —suspiró con resignación, pues además no era muy buena levantándose temprano—. Shaoran —murmuró después de unos segundos—. El motivo por el que me trajiste a desayunar, Umh, bueno… sé que estás preocupado por mí y te lo agradezco, pero en realidad estoy bien —sonrió, decidió mantener su mentira aún con su mejor amigo. Grande fue su sorpresa al sentir unos suaves dedos acariciando su mejilla y la comisura de sus labios. Cuando logró enfocar bien, notó la manera en que él la miraba, estaba muy serio y preocupado.
—Te dije que arreglaría esas sonrisas —ladeó un poco la cabeza y le sonrió de lado, con suavidad al igual que su mirada relajada. Aún no la soltaba—. ¿Está todo bien en casa? —empezó por ahí, no apostaba a que fuera un problema familiar, pero no quería ir directo con lo que él creía que era el motivo de su tristeza.
—No, todo está bien en casa.
—Pero no con Fye.
Los ojos verdes se abrieron más de lo normal. Había dado justo en el clavo. Shaoran no necesitó una respuesta, pues fue suficiente al ver cómo sus bellos ojos se inundaran prontamente en lágrimas. Retiró su mano de la suave piel de su amiga y no pudo evitar apretar un poco los puños.
—Aún no lo conozco, pero por todo lo que me has platicado de él puedo ver que se aman mucho —murmuró—. ¿Te hizo algo malo?
La castaña se apresuró a negar con la cabeza y sonrió muy suavemente mientras se limpiaba las lágrimas.
—Es una tontería —suspiró—. Creo que soy yo la que exagera mucho las cosas, aunque él también a veces me hace sentir muy mal… ya no sé ni qué pensar, estoy desesperada —terminó aceptando con un expresión estresada.
—Tranquila, y cuéntame lo que te trae así, tal vez te sirva saber una opinión al respecto desde el punto de vista masculino.
Tenía razón, pensó Sakura. Después de todo él podría ayudarle a aclarar su mente y ¿Por qué no? Después de todo se trataba de su mejor amigo.
—Pasa que últimamente Fye y yo no tenemos mucho tiempo para nosotros y entiendo que siempre esté ocupado, pues su carrera es muy difícil y absorbe mucho de su vida. Sé que llegará a ser un excelente médico, pero…—su mirada entristeció—. Temo mucho que se vaya de mi lado.
El castaño se asombró sobremanera. No entendía cómo una chica como ella estaba tan preocupada porque su novio la dejara; no si ella es hermosa, dulce, alegre, sencilla, inteligente y sobre todo muy cariñosa. Quiso comentar algo, pero prefirió dejar que continuara.
—Ya te había platicado que ambos habíamos decidido estudiar artes visuales juntos, pero en el último momento él se desvió hacia medicina y debido a ello ya no pasamos mucho tiempo juntos ¡Nunca nos habías distanciado tanto! Nos conocemos desde la primaria y siempre estuvimos juntos, viéndonos todos los días… ahora él tiene nuevos amigos y amigas, sobretodo cierta chica de su clase que siempre lo frecuenta y nunca se le despega ni un minuto, al menos mientras esté en la escuela —bufó—. Prácticamente todo el día —sus celos se encendieron de nuevo—. Pero lo que me tiene tan triste es que ya van dos veces que me deja plantada y siempre está la casualidad de que se encuentra con ella, claro, en la escuela, pero están juntos comiendo, tomándose fotos o pasándola a todo dar —se cruzó de brazos—. Además ella es muy bonita y sé que le gusta Fye, estoy segura —las lágrimas se asomaron por sus ojos—. ¿Crees que estoy exagerando?
Él lo meditó unos segundos antes de hablar. Se había sentido impotente al ver sus lágrimas y unas ganas de ir a reclamarle a Fye le nacieron de pronto, pero debía pensar con la cabeza fría.
—Sí, exageras un poco.
La expresión de la castaña se desanimó por completo.
—Pero él hace muy mal al tenerte tan abandonada, se entiende que esté muy ocupado, pero al menos no debería distraerse con otras chicas. Te lo digo de nuevo: no lo conozco, pero de algo sí estoy seguro y es que si yo fuera tu novio jamás cambiaría el tiempo que podríamos pasar juntos, por estar con alguien más, nunca lo haría —tomó sus manos sobre la mesa, acariciándolas con los pulgares.
—Shaoran… —sus ojos temblaron un poco ante esa ¿Confesión?
—Además… dices que el amor entre ustedes existe desde que eran niños, me habías platicado que te declaró su amor a los diez años. Esto me hace pensar… ¿Se aman de verdad, o sólo están aferrados a la costumbre?
—Yo… —lo pensó unos momentos, sin soltarse del suave contacto—. No sé, no sé qué debo hacer… toda la noche estuve dándole vueltas al asunto y llegué a pensar lo mismo que me estás diciendo, tal vez lo nuestro fue sólo un amor de niños que no llegará más lejos. Ninguno de los dos ha tenido otra pareja y… tal vez nos hace falta conocer a otras personas. También tengo miedo de ser un obstáculo para que logre alcanzar sus objetivos, a veces me siento como un estorbo para él —entristeció—. ¿Qué debo hacer Shaoran? Sé que si le pido tiempo, esa tal Elda se le echará encima y temo mucho que a él le guste y decida quedarse a su lado, después de todo se entienden muy bien… ¿Qué hago? —ahogó un creciente llanto que amenazaba por salírsele.
—¿Lo amas? —preguntó serio—. ¿Qué es lo que TÚ sientes? —se asombró al ver que se echaba a llorar con fuerza, así de pronto, casi como si una bomba hubiera estallado.
—Ese es el problema: sé que lo amo demasiado.
En ese momento Shaoran la soltó abruptamente sin proponérselo y es que guardaba la esperanza de que ella aceptara que ya no lo ama, guardaba la gran ilusión de que ella dijera que sólo fue un amor pasajero, infantil y poco profundo, pero no.
—Sakura… —suspiró con tristeza, ahora era él el que se sentía deprimido. Miró a su alrededor y notó que algunos chicos los observaban con curiosidad, la mayoría de sus amigos sabían que la castaña tenía novio y justamente ahora se les veía muy juntitos a ellos dos—. Vayamos a tomar un poco de aire, te hará bien —se puso de pie, tomó ambas mochilas y extendió su mano para que se pusiera de pie también.
En unos instantes llegaron a los jardines de la universidad, a un lugar menos concurrido y silencioso. Ahí él se paró frente a ella y analizó su semblante unos segundos, ella lo miró extrañada. El castaño estaba por extender una mano y acariciarle el rostro, pero un insistente timbre rompió esa atmósfera tranquila que se había creado.
Sakura se apresuró a sacar su teléfono del bolsillo.
—¿Te llaman? —preguntó al ver que sólo veía la pantalla.
—No… es un recordatorio.
—¿Tienes clase?
—No. Es porque iba a llamar a Fye a esta hora.
—Adelante —le sonrió amablemente y sin decir más se dirigió a mirar a los arbustos llenos de flores que había a un par de metros.
La castaña llamó de inmediato a su novio. Su cabeza estaba hecho un embrollo completo, pero su corazón le pedía a gritos escuchar la voz de su amado una vez más, además que no le mandó mensaje para avisarle que llegó a casa en la noche.
El teléfono timbraba y timbraba, tardó un poco en contestar, pero lo hizo. A penas escuchó que tomaba la llamada, Sakura lo llamó por su nombre, feliz e ilusionada, olvidando de pronto todo el daño que sentía su corazón debido a él y sus indiferencias, pero a cambio de ese saludo alegre sólo obtuvo esto:
—¿Quién habla? —una voz femenina contestó, se le oía modorra—. ¿Hola?
—Eso debería preguntártelo yo —respondió seriamente y con puños y dientes apretados—. ¿Qué haces con el teléfono de mi novio?
—Oh, eres Sakura —se oyó sorprendida y feliz—. No te preocupes querida, tu novio está en mi baño, déjame le paso tu llamada.
La mano que sostenía el celular tembló, dejándolo caer al piso. El sonido a algo quebrándose hizo que el castaño se girara, pero nunca esperó ver a su amiga tan consternada, toda ella temblaba y su quijada estaba tan apretada que casi escuchaba el rechinar de sus dientes.
—¡Sakura! ¿Qué ocurre? —se paró frente a ella, alzando con su mano el mentón femenino.
Ella no dijo nada, sólo se abalanzó sobre su amigo, inundándose en su cálido pecho y siendo rodeada por sus brazos, el pobre aún no entendía a qué se debía todo aquello.
—Dime qué pasa ¿Qué te dijo Fye?
—No hablé con él —su voz se oía amortiguada por la playera del castaño—. Me contestó Elda, al parecer la desperté, me dijo que Fye estaba en su baño, en SU casa ¡Estaba con ella! ¡Se acostaron y me vieron la cara de idiota! —estalló en lágrimas por enésima vez en menos de una semana.
Los ojos ambarinos del chico se abrieron a más no poder. Su amiga acababa de decirle lo mucho que amaba a su novio y justo ahora él… estaba con esa chica en su casa. Vaya novio tenía Sakura, no entendía cómo podía estar con alguien tan poca cosa como él, no la merecía en lo absoluto. Estaba tentado a decirle lo idiota y cabrón que era el rubio, pero eso no la ayudaría en nada, así que se limitó a estrecharla más entre sus brazos, apoyando su barbilla sobre los sedosos cabellos castaños de la chica, sólo quería reconfortarla en estos momentos.
—Tranquila —le acarició la espalda una y otra vez, le partía el corazón sentir cómo se convulsionaba levemente debido al llanto—. Tranquila —repitió con cariño.
—Pero… es que no entiendo… cómo pudo engañarme tan fácilmente ¡No entiendo! —sollozó con más fuerza.
—Sé que duele, pequeña, pero debes ser fuerte. Tú vales mucho y ese…—apretó los labios—… ése estúpido no se merece ni una lágrima tuya, ni una sola —repitió y la apretó, si era posible, con más fuerza todavía—. ¿Quieres que te lleve a casa? —le preguntó una vez que ya se había calmado un poco.
—Ya te molesté mucho por hoy —se separó del abrazo y en él crecieron unas ganas inmensas de volver a abrazarla y no soltarla nunca. Se veía tan vulnerable con sus ojos rojos e hinchados, su naricita roja y su rostro pálido. Lucía muy triste, no quería dejarla ir así.
—Tú nunca serás una molestia para mí ¿Entendido? —acomodó varios mechones de cabello detrás de su oreja con una ternura infinita.
Sakura alzó la mirada hasta toparse con esos ojos castaños tan expresivos y hermosos. Sus miradas se quedaron enlazadas durante un buen rato hasta que ella habló.
—Gracias Shaoran, por todo —desvió un poco la mirada, los ojos de su amigo eran muy intensos y profundos, la ponían nerviosa.
—Pero tendrás que disculparme porque lo estacioné hasta el otro lado del campus —rio un poco—. ¿No te molesta caminar? —intentaba animarla un poco, pero no lo consiguió del todo, ella sólo atinó a asentir suavemente con la cabeza.
—Pero déjame llevar mi mochila —pidió.
—Por supuesto que no, mientras estés conmigo no tienes por qué andar cargando libros pesados —le guiñó un ojo y ella por fin sonrió un poco.
—Bueno, entonces déjame guardo esto —señaló su teléfono celular que quedó hecho pedazos por la caída.
—Oh, lo siento.
—No importa —se acercó a la espalda de él, donde reposaba su mochila rosada, pero al abrirla, un montón de cosas salieron volando. Había olvidado que esta mañana sobrecargó su mochila con libros y un montón de hojas, papeles y apuntes, además de material para un taller—. Demonios —gruñó por lo bajo y el castaño no pudo evitar soltar una risilla antes de agacharse a ayudarla a recoger todas sus cosas.
—Nunca te había escuchado decir algo así —murmuró divertido, refiriéndose al "Demonios" dejó de recoger cosas por un segundo y la miró. La tenía a unos centímetros de distancia, pero ella estaba tan ocupada juntando sus cosas que no se percató de ello.
—Lo siento —se disculpó apenada, levantó la mirada y se congeló en su lugar al toparse con la mirada castaña de su amigo tan cerca de la suya que pudo apreciar los matices café de sus ojos tan claramente.
El tiempo se congeló para ambos, ninguno se movía ni decía nada. Sólo se miraban fijo a los ojos, por un momento él bajó su mirada hasta toparse con los labios rosas y algo entreabiertos, pidiéndole a gritos ser besados. Ella lo miraba tranquilamente, ajena a los acelerados latidos del castaño y a ese debate interno en su corazón y mente. Decidió pensar menos y actuar más. El deseo irrefrenable de sentir sus labios rosas contra los suyos lo hizo a actuar de esta manera, pues no hizo nada para evitar que ese impulso tomara el control de todo su cuerpo, así que sólo se dejó llevar. En un segundo acortó la distancia entre los dos y asaltó los labios rosas con los suyos.
Él sintió un fuerte golpe en el pecho, seguido de otro… y luego otro. El latir de su corazón jamás se había presentado de forma tan evidente e irregular. El beso era apenas una caricia y ella comenzó a corresponder después de unos segundos, ¡Pero correspondió! Por todos los cielos, ella le estaba correspondiendo el beso. No se contuvo y ahora llevó ambas manos a las mejillas femeninas, atrayéndola más a ese suave contacto que pronto se volvió en algo un poco más demandante. Entonces se apartó un poco de ella, terminando el contacto con un casto beso sobre la comisura de sus labios, fue ahí donde admiró su expresión confundida durante unos segundos antes de notar cómo su rostro antes pálido se ponía ahora tan rojo como la grana. Notó también cómo la expresión de sus ojos entristecía. Oh… mala señal. Estuvo a punto de abrir sus labios rosas para decirle algo, pero él no la dejó, la capturó entre sus brazos sintiendo cómo ese amor por ella le quemaba las entrañas y lo empujaba a no querer separársele nunca.
—S-shaoran —murmuró dubitativa—. Yo… yo no —tomó todo el valor que pudo para separarse de ese abrazo tan cálido. La pobre no sabía cómo asimilar lo que acababa de ocurrir ¡Su mejor amigo la había besado! Y lo peor del caso es que ella había correspondido gustosa, de verdad había disfrutado ese beso tan dulce y cargado de emociones, sobre todo de mucho amor.
—Lo sé, tienes novio —le cortó enseguida, su expresión demostraba lo mucho que le dolía no ser correspondido. Quería sonreírle, pero no podía—. No me voy a disculpar por hacerlo, porque es algo que he deseado desde que te conocí. Te di muchas indirectas pero… —soltó una risilla—. Sakura, eres la chica más distraída que conozco —suspiró—. Creo que por eso te tomó tan por sorpresa esto, pero la verdad es que me gustas mucho, siempre me has gustado, pero siempre me detuve por respeto a tu relación con Fye, pero ahora que ocurrió esto…—se puso nervioso—. Creo que me apresuré un poco al hacerlo justo ahora, pero es que en verdad te quiero —sonrió de lado—. Aunque sé que tú no me ves de esa forma ¿No es así? —preguntó con desilusión.
—Shaoran… —murmuró sorprendida. Su amigo había estado aguantándose mucho tiempo ese sentimiento, había estado sufriendo en silencio y ella nunca se dio cuenta de ello, al contrario, cada que tenía un problema, iba corriendo tras él para buscar su ayuda y consuelo, que mala amiga era… pero este beso había causado algo especial en ella, había sentido como una chispa de electricidad cuando sus labios se rozaron, tal como sintió con Fye la primera vez que se besaron. Nunca había besado a nadie más, pero… no podía negar que este último beso le había despegado los pies del piso—. Yo… te quiero.
El aludido casi pegó un brinco, no se esperaba esa respuesta.
—Pero no puedo corresponder tus sentimientos de esa manera, creo que terminaría dañándote y es lo que menos quiero, además… estoy muy confundida —sus ojos se aguaron—. No sé qué pensar ahora, discúlpame en serio. No quiero perder tu amistad, eres una persona muy importante para mí, pero… no puedo, no puedo hacerlo —cogió sus cosas, se puso de pie y salió corriendo de allí.
—Sakura… —la miró alejarse con rapidez.
Ninguno de los dos se percató de cierta presencia que los observó hasta hace unos minutos. Esta persona se había alejado antes de ver cómo la castaña salía corriendo. No había logrado soportar el dolor en su pecho ante una escena como esa. Sintió cómo su corazón se hundía en un vacío sin fin, también cómo la sangre huía de su cabeza, cayendo pesadamente a sus pies.
OoOoOoOoO
—Vamos hombre, ya pasó una semana de eso, creo que va siendo hora de que hables con Sakura y le expliques por qué estás así. La pobre no tiene idea de por qué la has evitado todo este tiempo.
—¿Tú qué harías en mi lugar, Kurogane? —preguntó con fastidio, más como un reclamo.
El moreno lo meditó uno segundos antes de responder con seriedad y madurez.
—Aclararía todo este asunto de una vez por todas.
—¡Pero no hay nada que aclarar! ¡Ella me engaña con su "mejor amigo"! —se exasperó, estaba al borde de la locura y por esa razón Kurogane se lo había llevado a rastras a esa fiesta organizada por algunas hermandades de la universidad de Tokio. Mucha gente había sido invitada a esa casa en el centro de la capital nipona. El lugar estaba atiborrado de jóvenes eufóricos, bebiendo, fumando quien sabe qué cosas y bailando al ritmo de la música que hacía retumbar los cristales de las ventanas. No era un ambiente del que Fye y Kurogane disfrutasen, pero era la primera fiesta universitaria a la que acudían a pesar de tener casi un año allí.
—No sabes cómo fueron las cosas, ni siquiera has hablado con ella.
El rubio soltó un bufido exasperado y tomó otro gran trago a su bebida.
—Y deja ya eso —le arrebató el vaso de plástico con esa extraña sustancia azul. Desde que llegaron, Fye no había parado de tomar y vaya que era pésimo para ello.
Por una parte el moreno le entendía, Sakura era el amor de su vida y hace una semana, después de estar toda la noche en el laboratorio, había decidido ir a visitarla a la escuela. ¡Por Dios! Ni siquiera había ido primero a casa para darse una ducha y afeitarse, sino que apenas salió de su guardia, fue corriendo a la universidad de artes para encontrarse con su novia, pero enorme fue su sorpresa al encontrársela besando a ese tipo.
—Iré a ver si ya llegó Tomoyo —se paró del sofá—. Aléjate de esas bebidas extrañas, no sabemos lo que contienen —gruñó con su característico tono serio. El rubio no contestó, simplemente alzó su mano indicándole que ya se fuera y lo dejara en paz.
OoOoOoOoO
—Intenté hablar varias veces con Kurogane para averiguar lo que le ocurre a Fye, pero no me soltó ni una palabra —suspiró cansinamente—. Yo tampoco entiendo por qué te estuvo evitando todo este tiempo.
—Yo tampoco —suspiró larga y pausadamente. Ya se había cansado de llorar, sus lágrimas se le habían terminado y no le quedaba otra opción más que animarse y pensar en que todo estaría bien. Hacía ya dos semanas en que no veía a su novio, desde el día de su exposición a la cual él no asistió, además que estaba muy dolida con él por esa llamada en la que Elda contestó. No se lo perdonaría—. Aunque me hago a la idea… —sonrió amargamente, recordando a cierta rubia.
—Ya, vamos a olvidarnos de todo eso y disfrutemos de esta fiesta —la tomó de las manos—. Vaya que no nos arreglamos por nada —le guiñó un ojo—. Además, Kurogane y Yuui ya deben estarnos esperando dentro —tomó de la mano a su amiga y procedió a caminar, pero se detuvo al ver que ella no daba ni un paso.
—Y si… ¿Y si Fye está aquí? No sé cómo reaccionaría al verlo —su voz era un murmullo cansado. Ya había llorado tanto que no le salían más lágrimas.
—No lo creo, Kurogane dijo que hoy le tocaba guardia.
—¿Segura?
—Al parecer sí, a menos que las cosas hayan cambiado.
—Está bien —suspiró pesadamente y entró a la fiesta junto con su amiga. Kurogane las estaba esperando en la puerta y se sorprendió un poco al ver a Sakura.
—Hola —saludó algo extrañado—. Sakura, no pensé que fueras a venir, creí que estabas muy ocupada con tus exámenes.
—Decidí darme un descanso —sonrió de lado.
—Pasen, aunque… —miró a su alrededor—. La fiesta no es lo que creímos, esto parece más bien un bar de mala muerte —gruñó con fastidio.
De camino al interior de la casa se toparon con Yuui, el pobre tenía cara de fastidio, pero se animó al verlos.
—Esta fiesta está llena de raros, los de aquella esquina se están drogando, los del jardín no dejan de beber cosas extrañas y los del segundo piso… bueno, creo que organizaron una orgía —hizo una mueca de asco que pronto fue imitada por sus amigas. Kurogane refunfuñó y se planteó muy seriamente el irse ahora mismo de allí.
OoOoOoOoO
Miró el contenido de ese vaso rojo de plástico, no sabía lo que era, pero lo hacía sentir bien. Sus cargas se aligeraban y su ira disminuía a momentos. Acercó el vaso a sus labios y se terminó hasta la última gota de un solo trago, después aplastó el recipiente y lo lanzó lejos sin importarle mucho lo que le dijeran, total, había tanta gente en el lugar que pasaba desapercibido, ni siquiera podía ver las paredes desde donde estaba, pues todo a su alrededor estaba cubierto de personas. Por un instante se sintió mareado y agobiado, le faltaba el oxígeno. Sin embargo, lo que sintió a continuación lo hizo saltar en su lugar, pues unas suaves y pequeñas manos se habían introducido a su camisa desde el cuello hasta el pecho, tocando toda su piel con una sensual lentitud. Giró su cabeza para ver de quién se trataba, por un momento suplicó que se tratase de Sakura, pero grande fue su decepción al encontrarse a Elda abrazándolo desde atrás del sillón. Soltó un bufido de inconformidad y se alejó un poco para evitar su contacto.
—¿Qué ocurre Fye? Parece que no te agradó verme —hizo un pucherito que a cualquiera le hubiera parecido encantador, pero no a Fye.
—Déjame tranquilo, no estoy de humor —chasqueó la lengua con verdadero fastidio.
Los ojos castaños de Elda se abrieron de par en par. Fye nunca había sido grosero con ella, nunca.
Sonrió.
Al fin estaba mostrando alguna reacción, no le importaba que ésta fuera fastidio, al menos sabía que causaba algo en él.
—Entonces… —rodeó el sillón—. Yo puedo ayudarte a que estés de un mejor humor —se sentó en sus piernas con total descaro, fue ahí donde el rubio se percató del profundo escote en su blusa y de la corta longitud de su minifalda. Tragó en seco, Elda era una chica demasiado sexy, ningún hombre se resistiría a ella.
—Aléjate, por favor —pidió, titubeante y evidentemente nervioso, la chica sonrió al notarlo.
—Pero… yo sólo quiero que te relajes —dijo inocentemente con una sonrisita dulce y unos ojitos de borrego mientras ascendía sus manos hasta llegar a sus hombros, los cuales masajeó logrando relajarlo un poco—. ¿Qué dices? ¿Me dejas animarte un poco?
El rubio no asintió y tampoco se negó. Había dormido tan poco últimamente y estaba tan agotado que eso, más la cantidad de alcohol en su sistema, lo dejaron flotando en las nubes por un rato. Sus párpado pesaban y no estaba muy consciente de lo que ocurría a su alrededor, sólo alcanzaba a distinguir que unas manos comenzaban a acariciarlo ya no sólo en los hombros, sino en el pecho, abdomen, piernas. Esas manos lo recorrían suavemente y él se dejó hacer, pronto esas caricias llegaron a su rostro, sus mejillas fueron apretadas con suavidad al mismo tiempo que era levemente impulsado hacia el frente. De un momento a otro sintió cómo algo acariciaba sus labios con insistencia, no estaba muy consciente de lo que era hasta que algo intentaba abrirse paso entre sus labios.
Abrió los ojos de golpe y reaccionó antes de que la vulgar de su amiga le introdujera la lengua en su boca. Todo ese estado de relax se había ido al caño cuando se percató del beso apasionado que le estaba dando, pero… no se había separado de ella, no correspondía, pero tampoco la alejaba.
—Qué más da… —pensó él, correspondiendo al beso por un instante hasta que…
—¡Sakura! ¡Espera!
Ese nombre lo hizo separarse abruptamente de la chica. Cuando enfocó bien su mirada, alcanzó a distinguir a su novia abriéndose paso entre la muchedumbre, intentando salir cuanto antes de allí.
—Eres un estúpido —le había dicho su mejor amigo para después seguir a su novia, quien perseguía a Sakura.
—Idiota —gruñó Yuui al llegar y ver la escena al mismo tiempo que sus amigos. También miró a Elda detenidamente, casi insultándola con la mirada al tener esa mueca de asco cuando la observaba, aunque ella ni se inmuto, incluso no se despegó del regazo al rubio, como toda buena puta—. ¿Cómo pudiste hacerle eso a Sakura? —masculló con verdadero enfado. Ganas no le faltaron de echársele encima para molerlo a golpes por haberle faltado de esa forma a la flor de cerezo.
Tiempo presente…
—Entonces… ¿Nunca pasaste la noche con Elda? —preguntó, temerosa y en voz baja para no despertar a la pequeña Ámber.
—Por supuesto que no —exclamó quedito, con una expresión de espanto—. Salí tan apresurado del laboratorio que olvidé mi teléfono allí.
—¿Y sobre el beso en la fiesta?
—Ahí sí debo admitir que fui un idiota —aceptó seriamente—. Sé que no es justificable, pero… de verdad me sentía devastado al verte con él —suspiró—. Pensé que ustedes tenían una relación a mis espaldas y por una parte me sentí culpable, pues no te dedicaba el tiempo necesario, te tuve abandonada mucho tiempo y era natural que buscaras en alguien más lo que yo no podía darte.
—Fye… —se asombró—. Al parecer no me conocías muy bien —sus ojos temblaron llenos de sentimientos encontrados: tristeza, decepción, asombro, dolor.
—De nuevo me disculpo por eso… —fue el estúpido e idiota más grande de este mundo, pero de algo puedes estar segura, Sakura, y es que la he pagado con creces cada día y hora que no he pasado a tu lado, eso ha sido mi tortura todo este tiempo.
Ninguno de los dos fue consciente de la tierna y dulce sonrisita que se estaba formando en los labios de la niña, pues ésta, traviesamente había escuchado todo, pero estaba feliz al conocer la historia de su padre y Sakura, ellos deberían ser sus papás, los dos juntos…
—Fye, necesito saber algo y te pido que me respondas con la verdad.
—Dime —se puso algo nervioso, pero no lo demostró.
—¿Quién es la madre de Ámber?
Él tragó en seco, no se esperaba esa pregunta.
Sakura esperó pacientemente, pero todo tenía un límite, incluso su paciencia.
—¿Fye?
—…
—Por favor dime que no es hija… de Elda.
Los zafiros del rubio se abrieron a más no poder ante el comentario ¿de verdad ella pensaba eso de él?
Tragó en seco y cerró los ojos, bajando la cabeza.
Eso había sido un "sí" para Sakura.
—No…
—Es mejor así… —pensó él, prefería cualquier cosa antes que dañar a su hija y si para eso necesitaba que Sakura creyera esa farsa, no le importaba en lo absoluto.
—No puedo creerlo —sus ojos se inundaron en lágrimas.
—Sólo puedo decirte que las cosas no son siempre como uno las imagina —suspiró y miró a su hija—. No todo es lo que parece.
—Entiendo —se limpió las lágrimas y sonrió levemente, no era una sonrisa falsa, pero si llena de dolor—. Es un poco tarde —mencionó al ver que pasaba de media noche—. Iré a descansar —movió cuidadosamente a Ámber para poder ponerse de pie, pero fue muy enternecedor ver cómo ella se aferraba a su regazo, no dejándola ir, sino que acurrucándose más a ella.
El rubio sonrió con sinceridad al ver eso, incluso se olvidó por unos segundos de sus problemas presentes.
—Ella se ha encariñado tanto contigo…
Sakura no pudo decir nada, un nudo se le había formado en la garganta, así que se limitó a acariciarle el cabello con cariño.
—Déjame te ayudo —estiró sus brazos para mover a Ámber con cuidado, cuando al fin se halló libre, se puso de pie y anduvo con muletas hasta su habitación, ni siquiera se despidió del rubio, le urgía llegar a su habitación.
Apenas cerró la puerta tras de sí, se recargó en ésta y se echó a llorar en silencio pero con unas inmensas ganas. ¡Fye había tenido una hija con Elda! Esto le calaba en lo más profundo de su alma.
—Tranquilízate… cálmate —se decía a sí misma en un intento inútil por regularizar su respiración.
Caminó torpe y lentamente hasta su cama, dejándose caer sin mucho cuidado. Le dolió un poco, en especial por cierto artefacto que se había robado del cuarto del rubio, horas atrás.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—El libro —murmuró con la curiosidad a flor de piel, pero pronto su mente volvió a sus problemas. Definitivamente daba un paso adelante y dos atrás, al menos en todo lo que tuviera que ver con Fye—. Maldición —gruñó y se dejó caer de espaldas contra sus almohadas. Estaba claro que sentía algo muy fuerte por Fye, su amor no había decrecido en lo absoluto y al parecer él seguía sintiendo lo mismo.
Suspiró tan pesadamente que sintió como si una parte de su alma se le escapara. ¿Por qué la vida tenía que ser tan complicada?
Miró el libro de pastas verdes entre sus manos, era curioso que no tuviera nada escrito en él, al menos no por fuera. Optó por abrirlo y terminar con el misterio de una vez por todas. Se encontró de nuevo con esa fina caligrafía en cursiva:
"Fye Dariell Flowrigth"
De acuerdo, la primera hoja tenía el nombre completo de Fye, eso sólo podía significar una cosa: Era asunto serio.
Dio vuelta a la página y leyó las primeras líneas.
—Oh por Dios, esto es…
Continuará…
N/A: ¡Sakura ha encontrado el diario de Fye! ¿Qué creen que esté escrito en sus páginas? y por lo que vimos nuestra querida Sakura pudo descubrir quién es la madre de Ámber.
¿qué les pareció? ¿creen que merece algún comentario?
