We Meet Again
By Tsuki No Hana
XI
"Nueva impresión"
"Estudié cada una de tus curvas en las noches que estuvimos juntos, memoricé cada uno de tus lunares cuando el insomnio me lo permitía. Y ahora, mientras se anuncia el alba, puedo decir que me empapé tanto de ti que te sé de memoria. Sin embargo, mi corazón duele al saberte lejos de mí. Sólo me queda aferrarme a esos efímeros recuerdos de nuestros buenos momentos."
Dio vuelta a la página y continuó leyendo esos párrafos cargados de dolor y tristeza.
"Hoy sería nuestro aniversario, pero ya hace más de dos años que no te veo, no sé cómo estás y tampoco sé dónde localizarte, sólo le pido al cielo que sigas con vida, que resistas hasta nuestro próximo encuentro, sé que lograré encontrar una cura para tu enfermedad y esa será la mejor manera de regresar a ti, porque si no es así, no sé cómo te pediría perdón por todo el daño que te causé"
—Fye —ahogó un sollozo, apenas había leído un par de páginas y las lágrimas ya hacían fila para salir por sus ojos—. Desde entonces buscabas una cura para mí —sollozó más al ver la fecha, era de cuando ella vivía con Shaoran en China.
"Nuevamente un intento fallido, dudo lograr encontrar esa cura, definitivamente no sirvo para esto y el no estar a tu lado sólo me resta ganas de seguir. Siento un hueco helado en el pecho, deseo por primera vez en mi vida ser solamente agua, ser lágrimas y dejarme absorber por la tierra. Cualquier cosa sería mejor que extrañarte"
"Tengo sueño, mucho sueño, lágrimas acumuladas que no quieren salir, cansancio… te besaría levemente, apenas rozándote con mis labios, y te diría cualquier cosa en voz baja, y me quedaría dormido a tu lado, pero no estás…"
Siguió dándole vuelta a las páginas, miró la fecha de la primera hoja y luego fue hasta la última página. ¡Por dios! Ese libro narraba los momentos de la vida de Fye durante esos diez años. Conforme avanzaba en las hojas, podía notar y casi palpar la tristeza que sentía cuando escribió sobre el papel.
Su corazón se contrajo hasta que encontró algo que no supo bien si clasificarlo como alentador o aterrador.
"Ayer casi me doy por vencido, estuve a punto de elegir el camino fácil y despedirme de este mundo, pero esa terrible llamada me obligó a evitar mi cometido. Tuve que correr a buscarlos hasta Japón, pero llegué demasiado tarde, se habían ido y yo estaba por acompañarlos de no ser por mi padre y mi mejor amigo, ellos ayudaron a evitar que me fuera de este mundo y a decir verdad les estoy sumamente agradecido, ahora puedo disfrutar de mi pequeña hija, sí, mi hija… de ahora en adelante si pienso en darme por vencido, recordaré la razón por la cual me mantuve en pie todo este tiempo. Ahora tengo dos propósitos en esta vida: no puedo morirme sin antes encontrar una cura para la enfermedad y tampoco sin antes ver convertida en mujer a mi hija. Tendré que resistir hasta entonces, tal vez después pueda intentarlo de nuevo, tranquilamente y sin que nadie lo impida…"
—¿Acaso trató de… quitarse la vida? —sus ojos no podían abrirse más de la sorpresa, tuvo que leer nuevamente ese párrafo para asegurarse de que no estaba alucinando. Desafortunadamente no entendía muchas cosas a las que hacía alusión, tampoco la cronología de los hechos y mucho menos a la llegada de Ámber tan de repente, aunque para esas fechas ella ya tenía ¿¡Dos años?! ¡Sí! En esa fecha Ámber tenía ya dos años—. No entiendo nada —refunfuñó. Prefirió no romperse tanto la cabeza, ya después vería cómo sacarle la información a Fye, por lo pronto seguiría leyendo.
"No siento frío, ni calor, no estoy triste, mucho menos feliz. Siento esta opresión en el pecho…. Me siento vacío otra vez, o mejor dicho, vacío desde el día en que se fue de mi lado"
"Pero a mí me tocó enamorarme de una estrella especial, una estrella fugaz, de esas que de repente pasan por tu vida, te iluminan, te atrapan, te cegan, te llenan de momentos, de sonrisas y se van igual de rápido, dejando una estela de recuerdos, lágrimas y una oscura soledad."
"Te quiero a ti. Te quiero a ti, aquí. Abrazándome toda la noche. Te quiero aquí porque me haces los días más dulces. Te quiero a ti porque no hay nadie que me haga sentir mejor más que tú. Nunca nadie igualará el amor que me dabas, nunca nadie podrá recibir de mí lo que tú recibías. Fuiste la única y así permanecerá por el resto de mi vida, porque una vez te lo dije: Si no es contigo, no es con nadie. Y yo, mi amor, no rompo mis promesas"
"Dicen que el tiempo lo cura todo, pero yo digo que no siempre eso del tiempo es verdad. A veces son personitas que llegan de casualidad a tu vida y son ellas las que le dan un giro especial y te ayudan a sanar y a curar cualquier herida. Sí, hoy por primera vez en mucho tiempo estoy verdaderamente feliz, no siento ese peso encima de mí porque ella está a mi lado y me ha devuelto la felicidad. No puedo negar que su recuerdo aún me atormenta por las noches, pero… Ámber borra todo eso de mi vida y la llena de una dulzura indescriptible"
La castaña se había espantado un poco al leer este último párrafo, pues por un momento llegó a pensar que se trataba de alguna mujer en la vida del rubio, pero no fue así, en todo momento se refirió a la pequeña Ámber.
Soltó un suspiro soñador.
—Eres un buen padre, Fye… —sonrió con ternura, pero un leve rubor adornó sus mejillas al leer la siguiente página.
"Ven a mi cama, quiero hacer un poema con tu piel y mis versos. Abrazarte hasta que mis latidos bailen al compás de tus gemidos. Te quiero aquí, mía. Desnuda, risueña, empapada. Tan hermosa, tan mujer, tan tú….
No sé por qué hoy me siento tan inspirado ¿Será que estoy cerca de encontrar una cura para ti, mi amor? No estoy seguro, pero me siento feliz, sólo me haces falta aquí a mi lado, te necesito demasiado, necesito hacerte mi mujer, una vez más…"
—¡Ay! dios mío…. —se le estrujó el corazón al leer esto. Fye era sincero cuando le decía que la había extrañado mucho y Tomoyo tenía razón cuando le decía que no había habido nadie más en su vida, que él la extrañaba todos los días de su vida y este pequeño libro con cientos de páginas se lo comprobaba, todo estaba dedicado a ella…
"Sinceramente, la vida no ha cambiado mucho desde que te fuiste. No he cambiado yo, no ha cambiado mi rutina, tal vez por el hecho de que soy padre soltero te puedo decir que ha cambiado, pero fuera de eso sigo siendo el mismo, mis desvelos son por ti, mi amor es para ti y en mi piel va escrito tu nombre permanentemente; pero te aseguro, amor, que todo lo anterior sería mejor si aún estuvieras conmigo"
Tragó en seco y por un momento se sintió una escoria, la que debería estar pidiéndole perdón era ella y no él. Estaba comportándose como una idiota, él le había guardado respeto y fidelidad todos estos años mientras que ella…
No, no podía seguir pensando en eso o se sentiría peor que escoria.
"Quiero, entre tantas cosas, que el destino te ponga en mi camino una sola vez. En algún callejón, una librería, en una parada de autobús, o en alguna mesa con dos cafés. Cualquier lugar en donde te pueda mirar a los ojos, acercarme y abrazarte muy fuerte, mi amor. Tomar tu mano e invitarte a vivir la vida que tantas veces he soñado contigo. Respirarte una mañana al despertar, o dos, o todas. Escuchar tus 'Te quiero' una y otra vez hasta callarte con un beso. Verte sonreír, tocar tu piel, jugar con tu cabello. Mirarte de cerquita y buscar el brillo de mis ojos reflejado en los tuyos, sonreír de repente y sentirme feliz a tu lado. Amanecer con ganas de quererte más y más. Quiero saber a qué sabe la vida compartida contigo; llegar a quererte como nunca nadie más te quiso, y que me quieras como nunca nadie quiso quererme. Quiero entre tantas cosas, que el destino te ponga en mi camino una sola vez, saberte viva. Mi deseo irrefrenable de saberte bien crece cada día. Me pregunto si estarás bien, feliz; si serás amada, si talvez encontraste de nuevo el amor. Eso, cariño, me destrozaría el alma, pero en realidad no me importaría, no mientras eso te haga feliz, porque tu felicidad es mi felicidad, sólo quiero encontrarte para que puedas tener una larga vida. Mientras tanto aquí voy a estar, al otro lado de tu vida esperándote con el corazón palpitando tu nombre, una sonrisa y una mirada perdida; en alguna parada de autobús, o endulzando el café. Aquí voy a estar, al otro lado de tu vida, queriéndote.
No tardes."
—Fye….—sus ojos se llenaron de lágrimas, se las limpió rápido con el dorso de la mano y parpadeó unas cuantas veces debido al escozor que le provocaban las lágrimas ya secas, pero eso no era lo único, los incipientes rayos del sol se asomaban ya por su ventana—. ¡¿Ya amaneció!? —se sorprendió, miró el libro entre sus manos y notó que aún le faltaba más de la mitad para poder terminarlo. No podía creerlo… todas esas páginas, todo ese sufrimiento y esos sentimientos dirigidos hacia ella. Casi pudo palpar todos el cumulo de sentimientos que transmitía Fye y por primera vez desde que se reencontró con él, se sintió completamente culpable y arrepentida.
Quería descansar un poco antes de que la actividad comenzara en la residencia Flowrigth, pues era día común de clases y trabajo, pero antes de dormirse, hojeó todo el libro hasta llegar a la última página con palabras escritas y sus ojos brillaron al leerlas:
"No estoy más solo. Ella volvió a mí y aunque no somos los mismo de antes, puedo tener su presencia cerca de la mía, puedo verla viva y a mi lado…"
Estas palabras carecían de la bella caligrafía de todas las hojas anteriores, además, abarcaban toda la hoja, con letras grandes y temblorosas. Miró la fecha y su corazón dio un vuelco al ver que fue justo el día en que llegó a su casa.
Una lágrima traviesa y risueña se escapó de sus ojos. Cerró el libro y lo apretó contra su pecho. No sabía cómo describir sus sentimientos actuales, estaba feliz al darse cuenta y poder asegurar por fin que Fye era sincero, que nunca pretendió dañarla, que la ama de verdad y que quiere hacer las cosas bien con ella; pero también se sentía una lacra después de haber visto cómo sufrió en su ausencia, estaba segura que nadie más lo había hecho sufrir tanto como ella y eso sólo la hacía sentirse muy culpable.
Tenía ganas de correr a su habitación y brincar a su cama para decirle lo mucho que lo amaba, y pedirle disculpas por todo el daño hecho, por todas esas noches de insomnio en las que estuvo escribiendo ese diario. Quería decirle lo equivocada que había estado y lo mucho que lo sentía, pero sobre todo, ¡lo mucho que lo adoraba! Pero no podía hacerlo, sería extraño.
Estaba decidido: cambiaría su actitud hacia él, pero no podría ser muy notorio o se daría cuenta de que leyó el libro y eso podría traerle problemas, lo mejor sería no intentar nada, es decir…. No lo buscaría, pero si él decide volver a buscarla e intentar algo con ella, no se lo negaría en lo absoluto, incluso respondería. Lo había decidido ya, no tendría más esa actitud arisca hacia él, no se lo merecía. Quien sabe, talvez su relación vuelva a florecer como antes.
Un palpitar fuerte en su pecho la hizo sonreír de oreja a oreja como niña enamorada. Poco le importaba que Elda fuera la madre de esa niña tan maravillosa, de todas formas eso ya era parte del pasado y Ámber no tenía ninguna culpa de ser hija de alguien como esa tipeja. Ahora sí, no le importaba nada del pasado, todo a partir de ahora sería historia nueva.
Mientras tanto, en otra habitación de la residencia…
—Vamos cariño, ya es hora de levantarse —acarició sus largos y rubios cabellos. Su voz sonaba algo ronca debido a que apenas se había despertado, por fortuna Ámber se había quedado dormida a su lado y así no tendría que ir a buscarla a su habitación. Suspiró. Cómo deseaba que esto fuera siempre igual, que su hija durmiera con él todas las noches, pero estaba consciente de que en unos años Ámber dejaría de ser una niña, y estos momentos serían cada vez más esporádicos. Sonrió de lado y decidió dejarla descansar unos minutos más mientras él se dedicaba a observarla con un infinito cariño paternal reflejándose en su mirar—. Tú eres mi más grande amor, pequeña —acarició su mejilla—. Si no fuera por ti, ya no estaría yo en este mundo —murmuró muy quedito. Miró el reloj sobre su mesita de noche y decidió que era mejor despertarla o se les haría tarde como ayer—. Cariño —le picó las costillas insistentemente hasta que la pobre arrugó el entrecejo, haciendo puchero.
—Mhm….—murmuró algo no entendible y se cubrió hasta la cabeza con las mantas. Mala costumbre que tomó de su padre.
—Cariño, se nos va a hacer tarde —insistió.
—Tengo mucho sueño —murmuró con voz pastosa.
—Pero si te dormiste muy temprano ayer —murmuró extrañado, no se dio cuenta de que su pequeña abrió enormemente los ojos bajo las mantas al escuchar aquello. Tampoco sabía que no había caído dormida sino hasta más allá de la media noche, mucho después de que Sakura se había ido a dormir y es que además de haber escuchado toda la conversación, se había quedado dándole vueltas al asunto de su "Madre" sabía y estaba segura de que no era ella. Estaba muy segura, hasta anoche…
Era un hecho que su padre le dijo una mentira a Sakura, pues… era imposible que Elda fuese su madre. Esa mala mujer que los separó no podía ser su mamá.
Todo ese asunto la entristecía. Suspiró quedito y sin decir nada se puso de pie ante la mirada atenta de su padre, quien sólo alzó una ceja al verla tan rara. No dijo nada y salió hacia el baño.
—¿Y ahora? —resopló extrañado. Se tumbó de nuevo sobre las almohadas, quedando bocabajo. Le esperaba un largo día.
Padre e hija estaban ya listos para salir, Ámber ya había corrido a la planta baja, pero el rubio se quedó al pie de las escaleras.
—¿Por qué no bajas, papi?
El aludido se quedó pensativo durante unos segundos.
—Ve a la cocina por un vaso de jugo, bajo en unos momentos —no esperó la contestación de su hija y se dio media vuelta, camino a la recámara de su huésped.
Ámber se quedó con una sonrisilla traviesa en sus labios.
Abrió lentamente la puerta, estaba seguro de que aún dormía y al parecer no estaba muy equivocado, lo comprobó cuando se acercó a la cama y vio de cerca sus ojos cerrados.
Frunció el ceño y se sentó con cautela en la orilla de la cama al notar que sus párpados estaban hinchados y enrojecidos. Había estado llorando, incluso su almohada aún estaba húmeda. Algo en su pecho se contrajo y no impidió que un impulso se apoderara de él, extendió su mano hasta acariciar con mucho cariño su mejilla, no le importó que pudiera despertar y lo sorprendiera haciéndolo.
Dicho y hecho.
Los parpados de la castaña se fueron abriendo poco hasta toparse con los orbes más azules que pudiera haber visto nunca en su vida. Se quedó embelesada observándolo y por unos segundos hasta sonrió de la alegría que le daba despertar y ver eso antes que nada, pero… reaccionó apenada y algo asustada. Él sólo le respondió con una suave sonrisa cargada de ternura y amor.
—Buenos días —dijo en voz bajita y suave mientras acomodaba un mechón de su cabello castaño detrás de su oreja.
—Fye… —murmuró y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ni siquiera lo pensó, de un momento a otro ya estaba colgada de su cuello, aferrándose con fuerza a su cuerpo. Su fragancia le dio de lleno cuando acomodó su rostro en el espacio que quedaba entre su cuello y hombro, ese aroma tan masculino y característico en él. Y es que no pudo hacer más al verlo frente a ella, no después de haber leído todos los párrafos que leyó.
Él sonrió incrédulo ante su efusividad, algo dentro de sí vibró de emoción y correspondió con la misma o mayor fuerza y cariño.
—¿Qué ocurre pequeña? —se le separó un poco para verla a los ojos, su sonrisa aún no podía desaparecer de sus labios, pero se esfumó instantáneamente al ver sus gruesas lágrimas.
Ella sólo lloró con más fuerza silenciosa al escuchar el "pequeña" pero planeó algo al instante, no podía decirle el verdadero motivo.
—Yo… tuve una pesadilla —murmuró y notó la insistente mirada azulada sobre ella—. Soñé con nosotros y… —desvió la mirada—. Quiero decirte que… —lo miró fijamente a los ojos, y con determinación y culpa se animó a decir: —. Perdóname por todo lo que te hice y todo lo que he hecho, perdóname si alguna vez sufriste por mi causa, de verdad perdóname.
Él no entendía por qué eso tan de repente y a decir verdad le sorprendía en gran manera, sus ojos enormemente abiertos lo demostraban. Su corazón latió con más fuerza mientras la miraba fijo a los ojos.
—¿Por… por qué me dices esto? —aflojó el abrazo, pero no la soltó.
Los ojos de la castaña se inundaron nuevamente en lágrimas y su expresión se contrajo en una mueca de tristeza.
—Porque yo… —decidió no usar palabras, acortó poco a poco la distancia entre ambos, se alzó un poco, ayudándose con ambas manos aferradas a la camisa del rubio. Éste no se movió, estaba en shock ¿Realmente haría lo que parecía que iba a hacer? Oh por dios. Se limitó a no moverse de su lugar, sólo observó la bella imagen del amor de su vida acercándosele lentamente, con sus ojos llorosos y un tierno sonrojo adornando toda su expresión. Cuando finalmente sus labios estaban demasiado cerca, él cerró sus ojos para disfrutar del contacto mientras apretaba el agarre en la cintura femenina.
—¡Papi, se nos va a hacer tarde y…! Oh… —había entrado de golpe y sin avisar a la recámara. Llevándose esa agradable e inesperada sorpresa, inesperada porque justo anoche habían tocado temas muy tristes—. ¡Lo siento! —se llevó ambas manitas a la boca, aún algo asombrada.
La pareja ya se había separado bruscamente desde hace rato, ambos con un intenso sonrojo adornándoles el rostro.
—Está bien, no tienes nada por lo cual disculparte —dijo de inmediato su padre, tranquilo y sonriente.
—Nosotros sólo estábamos… —miró al rubio en busca de una respuesta ¿Qué estaban haciendo?
—Estaban por darse un beso.
Los adultos se tensaron sobremanera. Fye comenzó a negar con ambas manos agitándose en frente de sí, mientras que Sakura ya había tomado las sabanas cubriéndose casi todo el rostro. Ámber soltó una risilla traviesa, lo que sorprendió a su padre ¿No se suponía que era muy celosa?
—Te esperaré abajo, no te tardes mucho papi. Y Sakura: me pone muy feliz ver que quieres tanto a mi papi, muchas gracias —sonrió ampliamente con sus mejillas arreboladas y un brillo muy especial en sus bellos ojos azules. Y sin decir más, se fue corriendo y dando brinquitos. Los pobres adultos se quedaron perplejos.
—Mhn… llevaré a Ámber a la escuela —informó mientras se rascaba la mejilla. No se atrevía a mirar a la castaña a los ojos.
—¿Irás también al hospital? —preguntó con timidez, viéndolo de reojo y notando una vez más que ya estaba arreglado para salir a atender pacientes.
—Sí, sólo iré un par de horas y regresaré después de pasar por Ámber al colegio, mientras tanto… —la miró—. Una enfermera te acompañará hasta que regresemos, te ayudará en lo que necesites.
—Pero —se asombró—. No tienes por qué tomarte tantas molestias —se congeló y su corazón casi se le sale al sentir el suave tacto de su mano masculina sobre su arrebolada mejilla.
—No es ninguna molestia —sonrió con suavidad y la miró tiernamente a los ojos—. Además, te caerá muy bien. Ya la conoces y no tardará en llegar —le guiñó un ojo—. Por lo pronto me tengo que ir, pero estaré de vuelta lo antes posible.
Besó sus labios y salió de ahí.
—Sí… —murmuró después de un buen rato, llevó su mano a los labios, azorada todavía. Momentos después se le formó la sonrisa más hermosa que pudiera imaginar. El beso había sido casto y puro, no duró más de dos segundos, pero el tacto había sido hermoso, tanto como la primera vez que la beso, aquella vez en que le confesó su gran amor en la terraza.
Tuvo ganas de soltar un gritillo lleno de emoción, pero en eso una cara familiar se asomó desde el pasillo.
—¡Hola! ¿Cómo has estado, Sakura?
—¡Camile! —se emocionó.
OoOoOoOoOoO
Entró a su oficina tarareando muy feliz, dejó sus cosas sobre el escritorio y se puso su inmaculada bata blanca.
—¿A qué se debe tanta felicidad?
Pegó un brinco y se giró sobre sí mismo.
—¡Por Dios! Casi me causas un infarto —se llevó una mano al corazón mientras respiraba rápidamente.
Kurogane rio por ello y se levantó del sofá.
—Así has de tener la conciencia —gruñó medio en broma.
El rubio lo miró con cara de pocos amigos, pero suavizó su expresión al notar algo raro en su él. Tenía la misma ropa que el día anterior y unas ojeras acompañadas de una expresión de profundo cansancio.
—¿Qué pasó con Harry? —fue directo al grano, conocía bien a su amigo.
El aludido lo miró con sorpresa unos segundos antes de suspirar pesadamente.
—Sus glóbulos blancos están muy elevados.
—Tiene infección…—dedujo. Su entrecejo se frunció.
—La fiebre no le baja —añadió, preocupado.
—Es debido al medicamento antirechazo, pero no podemos detenérselo, recuerda que es de por vida…
—¿Entonces qué hacemos? —apretó la mandíbula.
—Sólo tratar los síntomas y esperar a que pase —suspiró, sabía que su amigo se enojaría.
El moreno apretó los puños.
—¿Por eso te quedaste toda la noche? —inquirió Fye.
—¿Cómo lo sabes? —alzó una ceja.
—Tengo cualidades especiales que no conoces —alardeó, logrando que su amigo riera aunque fuera un poco—. Se te nota en la cara. Estás preocupado —dijo ya en serio.
—Hmp —desvió la mirada y fijó sus ojos en el piso de la oficina, pensativo hasta que sintió una mano sobre su hombro.
—Tranquilo hombre, iré a revisarlo y veremos qué antibióticos son aptos para él en estos momentos. Y anímate que en poco tiempo podrás tenerlo en casa, recuerda que ahora es tu hijo.
—Mi hijo…—pensó con un extraño nuevo sentimiento. Recordó el día en que despertaron al pequeño del coma al que lo habían inducido, el pobre sufrió mucho al enterarse de que su madre había dado su vida con tal de que él siguiera adelante, definitivamente eso lo deprimió muchísimo y hasta la fecha llora la muerte de su querida madre, pero no pudo evitar sentirse un poco aliviado y contento con la noticia de que había sido adoptado tan pronto y por nadie más y nadie menos que uno de sus doctores preferidos. Se sintió feliz porque debido a la muerte de su mamá, se había quedado completamente solo en el mundo, pero ahora no, ahora tenía padres nuevos, padres que lo amaban tanto como si fuera en realidad su hijo.
En un principio la situación fue muy dura y difícil, pues el pequeño ojiazul sufrió un colapso mental al saberse solo en el mundo, no dejaba que ningún doctor ni enfermera se le acercara, incluso culpó a Fye por dejar que su madre se suicidara para darle un corazón. Esta acusación le dolió en el alma al rubio, pero Kurogane logró tranquilizar al niño de diez años, explicándole lo mejor posible cómo habían sucedido las cosas e increíblemente logró que mirara el lado bueno de las circunstancias: estaba vivo. Le hizo ver que si se dejaba morir, atentaría contra el último deseo de su madre, y que ese gran sacrificio sería en vano.
El carácter de Harry se fue suavizando con el paso de los días, el tiempo ayudaba a sanar sus heridas tanto física como mentalmente y poco a poco fue permitiendo que otras personas entraran a su habitación y ya no sólo Kurogane, Tomoyo y Ámber; Ah, porque eso sí, el pequeño le tenía un cariño muy especial a la esposa del doctor Suwa y ni se diga de su mejor amiga: la pequeña Ámber.
—¡Buenos días Harry! —saludó Fye animosamente al entrar a su habitación y verlo despierto—. ¿Cómo amaneciste hoy? —preguntó con simpatía mientras revisaba sus signos vitales.
Kurogane venía detrás del rubio y los miraba suavemente, en especial a su hijo, quien ya podía mirar a Fye sin fruncir fuertemente el ceño con coraje.
—Bien —contestó secamente, ni siquiera miraba a su doctor, éste se entristeció, pero no lo externó del todo. Sabía que tomaría más tiempo para que el pequeño lo perdonara por "sacarle el corazón a su mamá"
—Tienes algo de fiebre —comprobó con preocupación disfrazada. Removió un poco la bata del pequeño y revisó que la herida de la cirugía no tuviera ningún indicio de infección—. Sólo te quiere dar gripe —comprobó.
—Yo pensé lo mismo, pero una gripe en su estado sería fatal.
Fye frunció ligeramente el ceño.
—Harry —no logró captar su atención, el niño lo ignoró—. Harry —insistió, con mayor autoridad, pero aun suavemente. El niño lo miró—. Dime ¿Te duele algo más?
El pequeño tardó en contestar, no le caía bien Fye.
—Mi garganta.
Ambos médicos soltaron un suspiro cargado de alivio. Sí se trataba de un simple resfriado. Temían que su cuerpo estuviera rechazando el trasplante.
—Estarás bien —revolvió los cabellos del chico con cariño, pero él intentó alejarse de la caricia.
—Harry —murmuró Kurogane, negando levemente con su cabeza y sin deshacer el contacto visual con su hijo.
La expresión del niño entristeció de verdad y es que tenía un debate interno muy fuerte: odiar al doctor que le sacó el corazón a su madre, o quererlo por salvarle la vida. Además, entristecía porque no le gustaba ser "reprendido" por su nuevo padre, realmente le tenía un gran cariño y admiración al "Doctor Suwa" como suele llamarle aún, y a pesar de sus cortos diez años, entendía a la perfección la gran responsabilidad que había aceptado el médico junto con su esposa al momento de adoptarlo. Se sintió muy feliz al saber que alguien en el mundo lo quería tanto como para hacer eso por él y lo mejor de todo… por primera vez en su vida tendría una familia completa.
—Lo siento… —bajó la mirada. No se vio para nada como un puchero o chantaje, no, el niño realmente no sabía cómo reaccionar. Necesitaba tiempo todavía.
—No te preocupes —sonrió con tristeza, procurando no hacer ningún contacto con él de nuevo—. Si sientes alguna molestia dinos cuanto antes ¿De acuerdo? —preguntó con suavidad y al ver que el niño asentía, salió de la habitación después de despedirse de ambos.
Kurogane se quedó ahí, al pie de la cama y mirando a su hijo pensativamente. Era nuevo en esto de ser padre, pero conocía al niño desde que era casi un bebé así que las cosas no podían ser tan complicadas, o eso pensaba…
—Harry, debes entender que él hizo lo mejor para ti, hizo lo que tu madre le pidió —rodeó la cama hasta llegar a un lado de ésta, sentándose al lado del niño—. Él te tiene mucho aprecio y se preocupa por ti —su voz era grave y seria, como siempre, eso no lo podría cambiar nunca, pero en sus palabras se podía notar el cariño que le tenía al pequeño.
—Pero… —se mordió el labio, indeciso y algo molesto—. Él dejó que mi mamá se muriera, le sacó el corazón y me… me lo puso —se llevó una mano al pecho y sin poder evitarlo, las lágrimas hicieron acto de aparición.
—Lo hizo porque ella así lo decidió, no había manera de salvarla, Harry —fue algo brusco—. Fye hizo lo posible por revivirla, pero era demasiado tarde.
El niño comenzó a llorar.
—Oh… no llores —limpió sus lágrimas—. Discúlpame, todavía no me acostumbro a esto de ser padre —se notaba la frustración en sus palabras—. Talvez estarías mejor con otro padre distinto a mí y… —se detuvo al sentir dos manitas aferrándose a la de él. Miró al pequeño y un agradable calor inundó su corazón, Harry se aferraba a su mano mientras su carita llorosa negaba rotundamente.
—No, eso no —hipó un poco debido al llanto.
Una media sonrisa llena de ternura se asomó a los labios del médico.
—No le vayas a decir nada a Fye sobre lo que estoy a punto de mencionarte… pero… él estuvo a punto de adoptarte, estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de que no te alejaran de todos nosotros. Obviamente yo no se lo permití —sonrió con orgullo—. Tú sólo podías ser hijo de Tomoyo y mío.
El corazón del pequeño se llenó de amor y esperanza. Él en verdad lo quería como un hijo. Ahora lágrimas se asomaron a sus ojos, pero eran lágrimas de felicidad, aunque cierta preocupación se albergó en su mente.
—Pero… ¿Y si no llego a ser un buen hijo? ¿Y si no soy lo que usted y la señora Suwa pensaban? —se angustió seriamente. Kurogane sonrió ante su tierna preocupación y después de mirarlo unos segundos, dijo:
—Eres nuestro hijo y te amamos tal cual eres —puso una mano en su hombro—. Y estaremos siempre para ti, puede que yo no sea muy expresivo —suspiró—. Pero debes saber que eres exactamente como el hijo que siempre soñé —sonrió de lado al ver el brillo en sus ojitos azules—. Por cierto, deja de hablarnos tan formalmente, ahora somos tus padres.
—Lo siento —sonrió tímidamente—. Es sólo que no estoy acostumbrado.
—No te preocupes, lo harás cuando te sientas listo —puso una mano en su cabeza y revolvió sus cabellos negros con cariño. El niño no borraba su sonrisilla de los labios—. Tengo que ir a visitar a un par de pacientes, pero volveré para que desayunemos juntos —revolvió una vez más sus cabellos y luego de ver que su pequeño asentía con la cabeza, se dispuso a salir de la habitación, no sin antes recordar algo importante—. ¿Con miel extra? —preguntó antes de salir.
—¡Y mucha mantequilla! —exclamó con un gran ánimo. Su padre le guiñó un ojo y salió al pasillo.
Desde que le permitieron una dieta casi normal, Kurogane le ha estado llevando sus comidas. Harry odiaba la comida del hospital (como todos) así que el moreno lo consentía con deliciosos desayunos de una cafetería cercana al hospital, la mayoría de las veces el pequeño ojiazul elegía hot cakes y curiosamente tenía el mismo mal hábito de Fye al preferir las cosas extremadamente dulces. Y para el resto de las comidas era Tomoyo la que se encargaba de cocinarle. El pequeño simplemente se sintió muy agradecido por tantas atenciones de parte de sus nuevos padres. A decir verdad les tenía un inmenso cariño a los dos, siempre los había querido bastante, al igual que a Fye y Ámber, pero ahora… ahora su relación con ellos era mucho más cercana y había podido descubrir que Kurogane era un excelente padre, siempre lo había visto ser muy serio y gruñón, incluso en más de una ocasión se sintió intimidado por él, pero había descubierto ya el gran corazón de ese hombre. Y como le dijo él hace rato: no era muy expresivo, pero de algo sí estaba seguro y es que podía contar con él para cualquier cosa, pues el moreno le había demostrado ya su amor incondicional ¡Y ni se diga de Tomoyo! Quien lo consentía en todo lo posible, incluso le tenía ya preparada su habitación en la residencia Suwa para cuando saliera del hospital. Pero lo que más le llamaba la atención al pequeño era el hecho de que Tomoyo era increíblemente parecida a su madre, tanto en su forma de ser, como físicamente.
Suspiró y miró el cielo nublado por la ventana.
—Son unas buenas personas…—pensó mientras el sueño lo invadía de nuevo—. Y… el doctor Flowrigth me iba a adoptar —estaba divagando un poco. Así como cuando estás a punto de quedarte dormido y a tu mente vienen pensamientos extraños que te hacen reflexionar, aunque en este caso el pobre se despabiló al pensar en ello ¡Lo iba a adoptar! Entonces…. Entonces él no era malo, el papá de Ámber era igual de bueno que el doctor Suwa—. Sí, es bueno… —y con este último pensamiento cayó rendido al sueño.
OoOoOoOoOoOoO
—Aún me odia —firmó un expediente y se lo entregó a la enfermera de la estación. Kurogane se recargó en la barda a un lado de él.
—Sólo dale tiempo, ha sufrido mucho.
—Lo sé —miró hacia la habitación del chico con preocupación—. ¿Irás a comprarle el desayuno? —sonrió, cambiando de tema.
—Hmp —musitó y Fye lo tomó como un sí—. Dime ¿Por qué irradias tanta felicidad el día de hoy? —hizo un chistoso ademán con sus manos, como tratando de cubrirse de la luz que emanaba de la felicidad del rubio.
—Pues te diré… —sonrió embobado—. Sakura y yo estamos bien.
El moreno parpadeó confundido.
—Y no me preguntes cómo pasó, porque eso ni yo mismo lo sé. Simplemente de pronto me dejó acercarme más a ella y hoy… —sonrió como pocas veces en su vida—. Hoy la besé y me correspondió, me pidió disculpas por todo lo que ha pasado y arreglamos nuestros asuntos.
Kurogane se sintió feliz por sus amigos, pero algo le hacía ruido en esta circunstancia.
—¿Así nada más?
—Sí —sus ojos brillaron cual niño inocente y feliz.
—¿No te parece extraño?
—No y no me importa si lo ves así, estoy feliz por ello y nada arruinará nuestra felicidad —aseguró con tal convicción que el moreno se quedó callado y prefirió no comentar nada al respecto, más tarde hablaría con su esposa sobre ese asunto.
—Bueno, iré por el desayuno ¿gustas algo?
—¿Tu invitas?
—Tacaño.
—Anda, invítame para festejar que Sakura y yo estamos felices —le picó las costillas con el codo. El otro rodó los ojos y resopló.
Fye sonrió, eso había sido un sí.
OoOoOoOoO
—¡Ya estamos en casa! —Vociferó el rubio con mucho ánimo. Su pequeña hija corrió a la planta alta para ver a Sakura y a Camille—. Ámber, al menos quítate los zapatos antes de entrar —suspiró resignado al ver que ya se había perdido escaleras arriba. Y es que habían adoptado esa costumbre de Japón a pesar de encontrarse en su país natal.
Se quitó los zapatos con tranquilidad y subió a la habitación de Sakura, donde era seguro que estarían las tres mujeres, dicho y hecho, ahí estaban las tres platicando animosamente.
—Hola —saludó Fye al momento en que entraba, sus ojos fueron directo a chocar con unos verdes que lo observaban desde la cama, la conexión fue larga y llena de sentimientos.
—Hola… —se encogió un poco sobre su lugar, con sus mejillas levemente sonrojadas, tierna y adorable ante la vista del rubio.
—La pequeña Sakura se portó muy bien durante todo el día, doctor Flowrigth —palmeó la coronilla de la castaña, como si se tratara en verdad de una niña. Los presentes rieron divertidos mientras que la aludida se sonrojaba.
—Buen trabajo Camille —rio un poco—. Ya puedes ir a descansar —le guiñó un ojo.
—Fue todo un gusto —se despidió de Ámber y Sakura—. Nos vemos mañana chicas, pasó al lado del ojiazul y este la retuvo un segundo para decirle algo.
—Muchas gracias Camille —susurró, las otras dos no se dieron cuenta.
—Fue todo un gusto doctor —sonrió cálidamente y salió.
—Muy bien niñas ¿Qué quieren cenar?
—¡Sushi! —saltó la pequeña rubia.
—Pero… nunca lo has probado.
—¡Por eso, papá! Sakura me platicó que es una comida que acostumbran mucho en su país, me gustaría probarlo.
—Pero… el sushi es pescado crudo y sabe asqueroso —dramatizó, haciendo una cara de fuchi muy graciosa.
—Lo que pasa es que a tu padre nunca le ha gustado el sushi —contuvo una risilla.
—Pero… ¡Viviste muchos años en Japón!
—¡Pero es pescado crudo!
La castaña rio al ver cómo actuaban padre e hija, el rubio parecía un niño a veces. Después de un rato de estar debatiendo sobre si el pescado crudo es bueno o malo, Ámber terminó ganando y el rubio aceptó cocinar sushi para todo, sólo que a esto se le unieron las dos chicas, tenían ganas de pasar un rato agradable y en "familia"
—Está bien, tú ganas —suspiró "resignado" —. Pero ve a cambiarte el uniforme que no quiero ver manchas de comida en él, es muy difícil lavarlo —esto último lo dijo sin pensar y en voz muy baja, casi como un resoplido.
—¡Sí! —salió corriendo de ahí ante la mirada de los dos adultos, Sakura tuvo que contener una risilla por enésima vez. Era agradable y gracioso ver cómo se llevaban Fye y Ámber, su relación padre-hija era muy singular.
El médico ladeó su rostro hasta toparse con la mirada curiosa y divertida de la ojiverde. Sonrió dulcemente sin siquiera proponérselo, caminó hacia la cama y sin previo aviso acarició con ambas manos las mejillas de Sakura, acercándola a él.
—¿F-Fye qué…?
La interrumpió con un beso pasivo, se mostró tierno y amoroso con ella. Le rodeo la cintura a como pudo y esperó a que ella le correspondiera. Todo el día había estado esperando con ansias este momento.
Y así lo hizo, Sakura le correspondió. Pasó sus manos por su cuello y lo abrazó, todo lo que fuera posible con tal de no acortar esa caricia con sus labios.
Se separaron unos instantes y juntaron sus frentes, mirándose profundamente a los ojos. Ella estaba que no cabía en sí de la emoción, nunca se imaginó lo feliz que podría sentirse al sólo permitirle entrar en su corazón una vez más. Esta madrugada había decidido darle una oportunidad y en un abrir y cerrar de ojos ya se podía sentir plena y completa en los brazos de él.
Y él… él quería decirle que no importaba ya nada, que sin ella no podría vivir, no se sentiría seguro, pues cada vez que se separaban, añoraba más y más el poder estar con ella. Tanto así, que la desesperación que sentía era tan grande que podía pasarse horas enteras comiéndose las uñas y caminando como león enjaulado, viendo las manecillas del reloj, ansioso por volver a su lado.
—Lo siento, pero moría por hacer eso —susurró sobre sus labios, pero se separó abruptamente al escuchar los pasitos de Ámber en el pasillo.
Una alarma se encendió en la mente de Sakura. ¿Fye no quería que Ámber los viera juntos?
—¡Vamos a cocinar! —exclamó muy feliz, ignorante de lo sucedido momentos antes.
OoOoOoOoOoO
La carcajada de Sakura inundó todo el lugar. Habían puesto música para disfrutar más el momento y ya estaban cocinando cuando…
—¿¡Es verdad… es verdad que usas ese delantal… para cocinar?! —preguntó entrecortadamente debido a la incontenible carcajada que la invadía.
—¡Pero por supuesto! ¿Qué acaso no es real lo que dice? —alzó ambas cejas, muy seguro de sí mismo.
Sakura leyó nuevamente la frase impresa en ese delantal.
"I'm a sexy cook"
Y estalló en carcajadas.
Ámber pronto se contagió, Fye sólo les hizo una cara fea y siguió cocinando.
—Se burlan de mí, después de que les preparo su dichoso sushi —se hizo el ofendido, dramatizando como siempre.
Ya estaban por terminar de hacerlo, cuando el timbre de la casa los distrajo.
—Iré a abrir —se limpió las manos, pero antes de salir de la cocina, tomó un poco de la pasta de arroz y embarró intencionalmente la naricita de su hija.
—¡Papá! —se quejó.
El rubio le guiñó un ojo mientras le sacaba la lengua graciosamente. Ámber pensó en perseguirlo, pero era muy tarde, Fye había huido cual cobarde hacia la puerta principal.
—¿Siempre se han llevado así? —inquirió la castaña con verdadera curiosidad.
—¿Así cómo? —parpadeó confundida.
Sakura se llevó una mano a los labios, conteniendo una risilla. Definitivamente Fye y Ámber siempre se llevaban así.
—¿Quién crees que haya llegado? —preguntó Sakura con curiosidad.
—No lo sé, deja me asomo… —se bajó del banquito alto que la dejaba estar cocinando en la pequeña isla que había en medio de la cocina.
OoOoOoOoOoO
Huyó antes de que su hija lo alcanzara a y tomara venganza. Y aún con la sonrisa por la broma hecha, abrió la puerta animadamente, sintiendo al instante cómo el frío aire de invierno se colaba al interior de la casa con calefacción.
—Buenas noches Fye —saludó con una gran sonrisa de oreja a oreja—. ¿Cómo has estado? ¡Tenía tanto de no verte! —se arrojó sobre él en un fuerte abrazo sin esperar a que respondiera alguna de sus preguntas.
—H-hola, Ashley… —parpadeó y aún dentro de su asombro no fue capaz de corresponder el abrazo.
OoOoOoOoOoO
—¡Oh no! —su exclamación fue de verdadera preocupación y miedo.
—¿Qué ocurre? —se alarmó.
—La visita…
—¿Quién es? —caminó con algo de dificultad hasta llegar a un lado de la pequeña que se asomaba disimuladamente desde la puerta de la cocina hacia la sala. Sakura buscó con la mirada a aquella visita, y la encontró—. Ámber ¿Quién es esa mujer? —preguntó dubitativa, tenía miedo de la respuesta.
—Ashley, la exnovia de papá.
OoOoOoOoOoO
—Vaya, te va muy bien ese delantal, tiene toda la razón —le guiñó un ojo con picardía—. ¿Me invitas a pasar? —preguntó animadamente—. Hace algo de frío aquí afuera —tembló un poco.
—Umh, sí, pasa —la dejó entrar y tomó caballerosamente su abrigo.
OoOoOoOoOoO
El mundo se le vino encima a Sakura, sintió que de pronto sus piernas y brazos eran de gelatina, quiso ser fuerte ante esa declaración, pero simplemente no pudo. Fye en ningún momento le habló sobre ella. De pronto sus recién renovadas esperanzas se vinieron abajo, cayéndose poco a poco.
—¡Sakura! —exclamó asustada cuando una de las muletas fue a dar contra el piso, haciendo un ruido estrepitoso.
—E-estoy bien —sonrió algo torcidamente. Recibió la muleta que le extendía la pequeña—. Sólo necesito sentarme.
Con ayuda de Ámber, se sentó de nuevo en el banquito en el que estaba momentos antes. La pequeña estaba angustiada por ella.
—¿Qué ocurrió? —Fye se asomó de inmediato a la cocina—. ¿Estás bien? —se acercó a Sakura al verla tan peligrosamente pálida.
—Sí.
—¿Segura? —puso una mano en su frente para comprobar su temperatura, pero ella se alejó, evitando el contacto.
—Sí —sonrió como si nada pasara—. ¿Quién es la visita? —preguntó igual de "alegre"
—Es… una amiga.
Ámber miraba a los dos adultos con el ceño fruncido. Hacia su padre por haber dicho lo de "una amiga" y a Sakura por notar que se hizo la desentendida, fingiendo esas sonrisas.
—Vamos a la sala —las invitó Fye, pero Ámber de inmediato se cruzó de brazos, muy molesta. Sakura se asombró, nunca la había visto así—. Todos —recalcó el rubio con seriedad, mirando a su hija y quitándose el delantal. Se dispuso a preparar algo de té rápidamente mientras Sakura se quedaba completamente callada en su lugar y Ámber salía sigilosamente de la cocina, fue directo a la sala y vio a la mujer pelirroja con algo de rencor.
Tomó una bocanada de aire y luego lo soltó lentamente por su nariz, seguido de esto esbozó una de sus mejores y tiernas sonrisas.
—¡Ámber! Pero cuánto has crecido —se puso de pie y abrazó a la niña con más fuerza de la necesaria, la pobre alcanzó a ladear el rostro antes de que sus bubis operadas le dieran de lleno en la cara.
—Veo que tú también has crecido —murmuró, refiriéndose a ese nuevo tamaño de busto.
Ashley la soltó con fastidio.
—Umm… por lo que veo sigues siendo igual de insolente, pensé que con el tiempo se te quitaría —gruñó un poco y se sentó de nuevo en el sofá para dos—. ¿Tu papá no llamó al internado que le sugerí?
—¿Cuál internado? —se hizo la desentendida, pues ella misma se había encargado de tirar a la basura el folleto que Ashley le había dado a Fye antes de su última partida.
—Una escuela muy hermosa en Canadá —le explicó con falso cariño—. Es para niños de tu edad, la pasan muy bien y aprenden mucho, en especial les enseñan buenos modales, por eso pensé que sería una buena opción para ti, pequeña —sonrió con una muy mal fingida amabilidad. La rubia entrecerró los ojos con enfado.
—Mi papá nunca me mandaría lejos de él.
—¿Ah sí? —sonrió retadoramente.
—¿Por qué volviste? —cambió de tema. Su faz tenía la seriedad propia de un adulto.
—Eso no te incumbe pequeña, pero de lo que sí puedes estar segura es de que volví para quedarme —sonrió—. Y no me refiero sólo al país…
—¿Qué quieres decir? —abrió sus ojitos con mucho espanto.
—Ya lo verás —siseó con malicia—. ¡Oh Fye! No te hubieras molestado —cambió su actitud al ver que salía de la cocina con una charola en manos, traía té y galletas.
El rubio sonrió más por compromiso que por otra cosa.
Lo que Ashley no se esperaba era ver que detrás del rubio venía una chica, muy bonita, demasiado bonita para su gusto. De inmediato frunció el ceño, no entendía por qué había una mujer lisiada en la casa de Fye.
—Oh ¿Quién es ella? No tenía el gusto de conocerla —fue amable—. ¿Es tu nueva sirvienta?
Esta última oración dejó congelada a la castaña, incluso a Fye casi se le cae la charola, de inmediato la dejó en la mesita del centro y procedió a aclarar ese asunto cuando…
—¡Sakura no es ninguna sirvienta! —Ámber saltó de su lugar, defendiéndola a capa y espada. Todos la miraron completamente asombrados, no era normal verla enojada, mucho menos gritando con coraje.
—¡Ámber! —la reprendió con voz grave y severa, luego miró a su ex novia pelirroja—. No Ashley, ella es una amiga —respondió Fye a la pregunta, fue serio al hacerlo, pero sinceramente dejó mucho qué desear, Sakura y Ámber esperaban que se molestara y de inmediato la defendiera, pero no fue así.
Sakura simplemente bajó la mirada y agachó la cabeza. De pronto se sintió muy poca cosa comparada con esa mujer, se veía que era adinerada, tenía porte y elegancia, era alta, casi tanto como Fye; también era demasiado hermosa, además de que parecía tener un cuerpo escultural, toda una modelo, y su rostro parecía el de una bella muñeca de porcelana.
—Es más que eso —murmuró Ámber por lo bajo, sus pequeños puños estaban apretados y gruesas lágrimas se amontonaban en sus ojos—. Ashley debería de irse, no quiero que esté en mi casa ¡No la quiero!
—Ámber, ya es suficiente —insistió su padre—. Vete ahora mismo a tu recámara.
—Papá… —alzó la mirada hacia su progenitor, sus ojitos temblaron y finalmente derrocharon todas esas lágrimas acumuladas. Lo miró unos segundos más y no pudo soportar ver la dura mirada de su padre, así que hizo caso y se fue corriendo a su habitación.
Sakura miró la escena sin poder creerlo. Podía permitir que la hicieran sentir mal a ella, pero no a Ámber, a ella no. Comenzó a andar lo más rápido que le permitían sus muletas.
—Es increíble —masculló entre dientes al pasar al lado de Fye, miró a Ashley sin detener su andar y le dedicó una de sus peores miradas llenas de odio y desprecio. Algo debió haberle hecho a Ámber para que la pobre le tuviera tanto rencor.
Cuando estuvo por llegar a las escaleras Fye se le acercó para ayudarla a subir.
—¡No me toques! —farfulló, colérica, pero guardando la compostura—. No me toques —dijo más calmada. Lo miró a los ojos y pudo notar la culpa en los ojos azules, ella sólo lo miró con desprecio una vez más y se giró para seguir subiendo las escaleras rumbo al cuarto de la pequeña.
—Creo…—se puso de pie y tomó su elegante bolso—… que es mejor que me vaya —caminó hasta Fye y apoyó una mano en su brazo, acariciándolo con cariño.
—Es lo mejor —no le insistió que se quedara—. Por favor vete —se le veía algo molesto.
—Discúlpame si hice algo que las molestara, yo sólo quería pasar un buen rato con la pequeña Ámber, pero… veo que sigo sin caerle muy bien. Vendré luego, me gustaría conocer más a tu amiga, además que no les he platicado que mi gira en las pasarelas al fin terminó y he decidido quedarme permanentemente en Londres, incluso ya compré un departamento no muy lejos de aquí y…
—Yo te llamo —la interrumpió. Su mente no estaba ahí, sino con las dos mujeres allá arriba—. Te llamo y nos vemos en algún café para platicar ¿De acuerdo? —ni siquiera había prestado atención a lo que le decía—. Nos vemos luego —le entregó su abrigo y le abrió la puerta principal.
—Hasta luego, cariño —besó sus labios sin pudor ni cuidado, incluso se atrevió a mordisquear un poco su labio inferior, el rubio respondió al acto por mera inercia, sólo por un par de segundos, de los cuales se arrepintió momentos después—. Nos ponemos de acuerdo mañana, tal vez te invite a mi nuevo departamento —le guiñó un ojo, obviamente no lo invitaría sólo a tomar un té, oh claro que no.
OoOoOoOoO
—Y todavía tiene el descaro de invitarla a salir —gruñó en su mente, realmente estaba furiosa, había alcanzado a escuchar lo último de la conversación y estaba muy indignada. Afortunadamente no se enteró del beso—. Tranquila mi pequeña —susurró con cariño, acariciando sus largos cabellos.
La pobre niña se había lanzado a llorar en sus brazos apenas entró la castaña a la habitación. Ahora la tenía con la cabeza oculta en su regazo, llorando con fuerza al grado de que el aire le faltaba.
—Sa-Sakura, ella es muy mala —alzó un poco su carita llena de lágrimas y sonrojada debido al esfuerzo—. Ella quiere a mi papá, pero no a mí. Quiere mandarme a un internado para poder quedarse sólo con mi papá. ¡No lo permitas Sakura! ¡Por favor! —suplicó con mucho miedo, la pobre incluso temblaba bruscamente.
—Oh por Dios, claro que no mi pequeña, yo nunca permitiría eso, créeme que haría hasta lo imposible para impedirlo —la tomó de ambas mejillas para que la viera directo a los ojos—. Haría lo que fuera —se le contagiaron las ganas de llorar.
—¿Mi papá… mi papá estará muy enojado conmigo? —hipó.
—Ya se le pasará. A veces tu padre es un idiota —masculló entre dientes esto último, luego se retractó por haberlo dicho en voz alta—. Oh, lo siento —se disculpó apenada—. Pero de algo sí estoy muy segura, y es de que tu padre te ama demasiado —acarició de nuevo su cabello, tratando de calmar ese inmenso llanto lleno de tristeza.
—Es que… yo no quiero a esa señora, no la quiero —volvió a esconder su carita en el regazo de Sakura. Era extraño, pero justo ahora Ámber sí parecía una niña de ocho años. La castaña rio mentalmente, pues Ámber le dijo señora a una mujer que fácilmente sería unos siete años menor que ella.
—Será mejor que duermas, mañana tienes clase y debes levantarte temprano. Pero antes… ¿No quieres que te traiga un poco del sushi que preparamos? —preguntó con todo el cariño maternal desbordándose en sus palabras. La pequeña negó rotundamente.
—Quédate conmigo, por favor —la miró con esos ojitos tristes tan iguales a los de Fye. La aludida respondió un sí de inmediato y se subió a la cama, abrazándola hasta que se durmiera.
—Duerme, yo te cuidaré toda la noche —susurraba con cariño sin dejar de acariciar su cabello. No soportaba verla llorar.
No tuvo que esperar mucho para que la pequeña cayera rendida al sueño, lo notó cuando su respiración se volvió pausada y tranquila. En ese momento recordó que no había tomado sus medicamentos, tenía que ir por ellos a su habitación y regresar. Así que se levantó con sumo cuidado de la cama, tratando de no despertar a Ámber, tomó sus muletas y salió del cuarto. Por su mente pasaban muchas cosas, una de ellas era el hecho de que Fye regañara tan injustamente a la pequeña, no tenía justificación.
Siguió refunfuñando un poco más hasta que al salir al pasillo se percató de una leve luz proveniente de la recámara del rubio. No resistió la curiosidad y caminó un poco hasta asomarse por el pequeño espacio que dejaba la puerta entreabierta, esa pequeña ranura le mostró a un Fye sentado en la orilla de su cama, con los codos apoyados sobre sus rodillas y la cara oculta entre sus manos. Se veía frustrado y lo comprobó cuando soltó un resoplido acompañado por una maldición, lo que la sobresaltó un poco fue ver que se levantaba bruscamente de la cama y caminaba directo a la puerta. Ella se alarmó y quiso correr de ahí, pero su condición no se lo permitió, así que cuando estaba por darse la vuelta, Fye ya había salido al pasillo.
—Sakura… —murmuró al topársela de frente, justo afuera de su propia habitación—. ¿Necesitabas algo?
—No —contestó secamente y se dedicó unos segundos para mirar minuciosamente al rubio, sus ojos estaban enrojecidos y algo llorosos. Se dio media vuelta y entró a su habitación en busca de los medicamentos, cuando salió de nuevo al pasillo ya no se lo encontró por ningún lado.
A la mañana siguiente…
La castaña abrió sus ojos y con lo primero que se topó fue con la linda carita de Ámber, la pequeña yacía dormida a su lado, abrazándola con mucho cariño. Sonrió de lado y acarició su cabello, miró la hora y supuso que era momento de levantarla, debía arreglarse para ir a la escuela.
—Ámber, cariño —susurró—. Es hora de levantarse —besó su frente y eso fue suficiente para que la niña despertara con una gran sonrisa en su rostro.
—Sakura —murmuró adormilada y feliz mientras la abrazaba y al mismo tiempo se estiraba bajo las sábanas—. Cinco minutos más —pidió, modorra.
—Se te va a hacer tarde y tu padre no tarda en venir a buscarte.
La sonrisa se borró de su linda carita. Sakura se sintió culpable al ver ese cambio tan drástico y al notar que se levantaba sin rechistar, pero triste y cabizbaja.
—Ámber, cariño ya es hora de levantarse —entró Fye a la habitación, usando las mismas palabras que Sakura—. Oh… —se sorprendió un poco al ver a la castaña allí.
—Ámber ya se fue a bañar —le informó mientras se levantaba de la cama.
—¿Dormiste aquí?
—Sí.
—¿Por qué?
—¿Tú por qué crees? —lo miró con desprecio. El aludido bajó la mirada, estaba consciente de que hizo mal y de que le debía una disculpa a su pequeña.
—¿te encuentras bien? —evadió su pregunta, pero no fue intencionalmente, sino porque la notó algo colorada y no parecía precisamente un sonrojo.
—Sí, no te preocupes por mí, sino por Ámber. Estuvo llorando gran parte de la noche.
—Ya hablaré yo con ella —y diciendo esto se dio media vuelta y salió de la habitación.
Sakura hizo lo mismo momentos después y se dirigió a su propio cuarto, pero cuando apenas cerró la puerta, pudo escuchar claramente que Fye hablaba con la pequeña en el pasillo. Decidió intervenir en caso de que la volviera a regañar, pero la escena que vio al abrir su puerta la dejó simplemente sin palabras.
Fye estaba inclinado sobre su pequeña, apoyando una rodilla en el piso para poder estrecharla fuertemente entre sus brazos. Ámber lloraba con fuerza, pero se aferraba al cuello de su padre como si su vida dependiese de ello.
—Perdón papi —hipó dentro de su llanto, sin soltarlo.
—Perdóname tú a mí, mi pequeña —lo dijo en un susurro muy conmovedor, la estrechó más fuertemente entre sus brazos y soltó un leve suspiro antes de apartarse un poco—. Olvidemos esto que pasó. Hagamos una promesa, para que no vuelva a ocurrir ¿Te parece? —alzó su mano derecha, extendiéndole el dedo meñique de la mano. El rostro de Ámber se iluminó y con una bella sonrisa correspondió, haciendo esa promesa con su meñique. Una vez que cerraron el pacto, se volvieron a abrazar con mucho cariño—. Oh mi pequeña, no sabes cuánto te quiero —la abrazó con demasiada fuerza, hasta hacerla reír y retorcerse.
—¡Papi! —rio—. No puedo respirar.
—Es que eres muy abrazable —rio un poco mientras aflojaba el abrazo y alzaba su pequeña barbilla para verla a los ojos, se le rompió el corazón al verlos rojitos e hinchados.
Sin que se dieran cuenta, Sakura veía todo desde la puerta de su habitación, recargada en el marco de ésta y mirándolos con una expresión llena de ternura.
El rubio alzó la mirada por primera vez y se topó con los ojos verdes de la castaña, quien le sonrió suavemente desde su lugar, Fye correspondió y en seguida apuró a su pequeña para que fuera a alistarse, mientras tanto Sakura se metió de nuevo a su cuarto, quería descansar un poco, y al ver esa escena logró tranquilizarse un poco. No se hacía a la idea de que Ámber y Fye estuvieran peleados.
—Iré a prepararte el desayuno, baja cuando estés lista cariño —le dijo desde las escaleras.
—¡Sí papi! —respondió desde su habitación, cuando estuvo lista corrió al cuarto de Sakura y la despertó accidentalmente, sólo quería platicarle con alegría que su padre y ella se reconciliaron. Sakura se hizo la sorprendida y se puso muy feliz por ella. Luego la pequeña se dirigió a la planta baja, pero antes de entrar a la cocina escuchó una conversación que tenía su padre por teléfono…
—¿Un café? No… preferiría que nos viéramos en algún parque, necesito hablar contigo, pero no tengo mucho tiempo —sirvió dos platos repletos de deliciosa comida y guardó otras dos porciones para Sakura y Camille mientras escuchaba lo que le respondía la persona en la línea—. Muy bien, nos vemos en el Hyde park en una hora. Hasta luego Ashley —y colgó.
—¡Se va a ver con la bruja! ¡Y en el parque que está por mi escuela! —pensó con asombro, una alarma se encendió en su interior, esa mujer hablaría con su padre y seguro nada bueno saldría de su boca. Sus palabras aún taladraban su mente, le había dicho que volvió para quedarse y eso simplemente le causaba terror. Algo tenía que hacer para evitarlo, pero… ¿Cómo?
—¡Cariño! Qué bueno que ya bajaste, anda, ven a desayunar —le dijo mientras salía de la cocina con dos vasos llenos de zumo de naranja, los platos ya estaban sobre la mesa del antecomedor, donde solían comer a diario, excepto en días especiales, que era cuando usaban el gran comedor.
—S-sí papi.
Durante todo el desayuno y el trayecto a la escuela, la pequeña Ámber no dejada de darle vueltas al asunto de Ashley, algo tenía que hacer al respecto, pero no sabía cómo, pensó en pedirle ayuda a Sakura, pero no quería involucrarla en esto, no quería que su papá se molestara con la castaña.
—¿Qué ocurre? Estás muy seria —le picó las costillas después de detenerse en un semáforo. Ámber rio un poco y negó con la cabeza.
—Sólo tengo sueño —mintió.
—¿Segura? —arrancó.
—Sí.
El rubio dejó a su pequeña hija en el colegio y se subió de nuevo a su auto, no sin antes recibir los saludos cordiales y atentos de todas las madres que dejaban a sus pequeños, incluyendo a la insistente señora Parks que no se rendía a pesar de haber conocido a la "esposa" de Fye.
No tardó más de dos minutos en llegar al parque mencionado, Ashley ya lo esperaba en una de las bancas con vista a la extensa área de césped y arboles rodeando un bello lago artificial con fuentes. El ambiente era algo frío debido a que el invierno estaba en todo su esplendor, pero eso no hacía que la pelirroja perdiera el glamour, se había arreglado demasiado sólo para verlo en el parque.
—¡Hola querido! ¿Cómo estás? —se puso de pie y lo saludó con un beso en los labios y un fuerte abrazo, esta vez él no correspondió y ella lo notó—. ¿Qué ocurre? Estas muy serio —se preocupó—¿Todo bien con la pequeña Ámber? —fingió preocuparse.
—Sí, ella está muy bien. Si te cité en este lugar, es para que hablemos de algunos asuntos que debo dejarte muy en claro —se sentó en la banca, a un lado de ella y sin detenerse a admirar el bello paisaje frente a sus ojos, estaban rodeados de bella naturaleza—. Ashley, lo nuestro terminó hace mucho.
Los ojos de la modelo se abrieron de par en par.
—Pero… nunca me dijiste eso. Antes ya me he ido por algún tiempo, pero siempre regreso a ti y seguimos como siempre. Nuestra relación siempre ha sido sencilla y libre de compromisos, pero… no pensé que ya no quisieras estar conmigo ¿Cuál es la diferencia ahora? —se molestó un poco—. Oh, espera, creo que ya sé cuál es —se rio con algo de ironía, no era nada tonta—. Es la chica que vive en tu casa ¿No es así?
—Por eso quiero hablar contigo, nuestra relación siempre ha sido sin compromisos, como tú acabas de decir, así que nunca pensé en buscarte para "dar por terminada" nuestra relación. De todas formas… —frunció el ceño—. Lo nuestro no fue nada serio —la miró y notó su aflicción—. ¿Para ti sí?
Ashley se mordió el labio inferior y apretó los puños sobre sus rodillas.
—Sí, para mí lo fue —lo miró a los ojos y sonrió con suavidad, soltando una leve risilla ante la mirada reprochante del rubio—. Sí, lo sé, lo sé. Habíamos quedado en no enamorarnos el uno del otro, pero… —se encogió de hombros y suspiró—. Fue inevitable, me enamoré de ti, Fye —sus ojos temblaron un poco y su corazón se detuvo al ver que el rubio fruncía un poco el ceño. Estaba algo incómodo, se notaba que no sabía bien cómo reaccionar ante aquello.
—Lo siento.
—No es tu culpa —lo pensó bien—. Bueno, en realidad sí, al menos indirectamente por ser tan condenadamente sexy —le guiñó un ojo y rio al ver que lograba sonrojarlo un poco—. Entonces… ¿Ya no nos veremos? —miró hacia el piso, hacia sus elegantes zapatos de suela roja.
—Sería lo mejor.
—Lo mejor para ella ¿No es así? —lo miró fijamente, con algo de resentimiento, Fye suavizó su mirada un poco y asintió—. Dime… la chica castaña, ¿Ella es con la que soñabas siempre que dormíamos juntos? Si no mal recuerdo… se llama Sakura, o al menos ese era el nombre que decías cuando hacíamos el amor —dijo esto último con un dejo de tristeza y enfado, ni siquiera lo pudo ver a los ojos.
—Sí, es ella —sonrió de lado, aunque algo avergonzado por lo que ella dijo.
—¿La amas?
—Como no tienes idea.
—Entonces todo esto que me has dicho es por ella… —no era una pregunta. Fye de todas formas asintió seriamente y ella soltó una pequeña maldición por lo bajo—. No me rendiré Fye Dariell Flowrigth —sonrió retadoramente—. Tal vez lo nuestro no fue nada importante para ti, pero te demostraré que mi amor es sincero, te lo demostraré al estar para ti cuando esa chica decida irse, cuando ya no tengas a nadie, yo seguiré ahí para ti, siempre… —sus ojos temblaron un poco, temía ponerse a llorar. Pronto recordó lo poco que él le había platicado sobre su gran amor hacia Sakura—. Ella nunca te quiso y probablemente nunca te querrá. Deja de pensar que eres importante en su vida; sólo fuiste una persona más, ya no esperes a alguien que nunca llegará a apreciar tu amor, pero yo aquí estaré para ti. Ve y búscala para que compruebes lo que te digo.
El rubio no supo bien cómo reaccionar a eso
—Ashley, aunque ella ya no me ame, yo seguiré…
—No me digas nada —lo interrumpió y se puso de pie—. Sólo debes saber que nunca dejaré de amarte. Toma —sonrió y le extendió un pequeño papel—. Es mi dirección actual, y será la misma por mucho tiempo, Fye.
—Ashley… —suspiró y se puso de pie junto a ella—. Lo siento mucho, pero estoy muy seguro de lo que siento por Sakura, ella ha sido el amor de mi vida desde que era un niño. La había perdido, pero ahora que la vida me la trajo de vuelta no puedo desperdiciar la oportunidad. Quiero hacerla mi esposa y lo siento mucho por ti, nunca pensé que sentirías algo así por mí, pero… debo pedirte que no te vuelvas a acercar a mi casa, por el bien de mi hija y también el de Sakura.
Los ojos castaños de la pelirroja se abrieron enormemente. Casi sintió cómo se rompía su corazón en mil pedazos. Quiso sonreír para ocultar su dolor, pero le fue imposible. No podía darse por vencida así de fácil, pero tampoco podía insistir en ese momento, nada lograría. Sólo le quedaba una cosa por hacer…
Lo tomó de las solapas de su gabardina y lo jaló hasta estampar sus labios con los suyos en un beso cargado de emociones, al menos por su parte. Él no se lo impidió, sería como una despedida aunque definitivamente no pudo corresponderle como debía.
—Esto será suficiente para soportar un tiempo, pero eso sí, Fye, no me daré por vencida —se separó por completo de él y fue ahí donde el rubio pudo vislumbrar las gruesas lágrimas en sus ojos, por un momento se sintió mal por ella, pero luego recapacitó, lo de ellos nunca fue nada serio y así debía quedarse.
Fye negó suavemente con la cabeza y suspiró.
—Sabes que eso no puede ser —metió las manos a sus bolsillos, mirándola con algo de lástima—. En verdad la amo, Ashley, la amo como no tienes una idea —sonrió como idiota.
—Todo puede pasar —sonrió con suavidad y dio un paso al frente, abrazándolo con cariño de verdad y encontrando un cálido refugio en su pecho. Se le revolvió el estómago al pensar en esa tal Sakura, al pensar en que ella sí podría acurrucarse en las noches sobre ese pecho—. Nos veremos pronto —se alejó al ver que él no correspondía su abrazo. Tomó su bolso y se fue.
El rubio soltó un pesado suspiro y se pasó ambas manos por el cabello, algo frustrado por ese conflicto, sólo esperaba que no causara tantos problemas a futuro y es que no sabía cómo dejarle más en claro que algo entre ellos sería imposible hoy, mañana y siempre.
Decidió sentarse en la banca y pensar unos momentos, ese lugar estaba algo solitario a esas horas de la mañana y más con el clima gélido, así que era un ambiente propicio para reflexionar. Pasados unos quince minutos, decidió abandonar el parque, ajeno a un par de ojos que habían presenciado todo desde un par de metros atrás, esa persona estaba escondida entre unos arbustos desde donde podía ver y escuchar absolutamente todo.
Sonrió de medio lado y esperó en su escondite hasta que Fye se alejara.
Continuará…
N/A: Antes que nada quiero saludarlos y agradecerles por sus lindos mensajes, también quiero aprovechar para aclarar el porqué de la imagen que encabeza este capítulo. Sé que esa chica es de otro anime que nada que ver con Tsubasa incluso nada que ver con CLAMP, pero la vi en facebook y no pude evitar pensar en Ámber, pues es tal cual la imagino (Ámber es un personaje creado por mí) Así que a aquellos que ya han visto ese anime (No sé bien cuál sea) les pido una disculpa jeje, pero así me imagino completamente a la pequeña traviesa.
Otra cosa importante... ¿Qué les pareció este capítulo? No pasan ni cinco minutos de que Fye y Sakura se reconcilian cuando yo ya los estoy poniendo en contra de nuevo, lo sinto, me gustan los conflictos en las historias, siento que las hacen más interesantes ¿No es así? Ahora Ashley regresa a la vida de Fye, me parecía injusto que sólo Sakura disfrutara de una pareja durante esos diez años, así que el rubio no se podía quedar atrás y menos siendo tan papito guapo como es ¿No creen?
Avance del próximo capítulo:
-Habrá mucho ShaoranXSakura.
-Se abrirán viejas heridas de un pasado no muy lejano.
-Habrá demasiado SXS
-Se descubrirá una verdad oculta sobre la pequeña Ámber.
-¿Ya mencioné que habrá mucho SXS?
Si te ha gustado no dudes en dejar un comentario. ¡Sal de las sombras y deja de ser un lector fantasma! No te arrepentirás, pues las teorías que ustedes me dan con lo que creen que pueda pasar o con lo que piensan que pasó, me inspiran a escribir nuevas cosas.
Gracias a vict2002, pues uno de sus mensajes fue la clave para el capítulo 13 que estoy escribiendo ahora mismo, gracias a sus palabras me surgió una muy buena idea que les encantará a todos.
