Una disculpa a todos los que esperaban ver el secreto sobre Ámber al fin revelado, pues tendrán que esperar a que los recuerdos que aparecerán en este capítulo avancen un poco.
¿No creen que hago los capítulos muy largos? Si se les hace tedioso, por favor háganmelo saber :)
We Meet Again
By Tsuki No Hana
XII
"La oportunidad de Li"
La pequeña Ámber se esperó a que su padre se subiera al auto y arrancara, para ahora sí salir de su escondite y correr al colegio. Había dejado una de las puertas traseras abierta, sólo esperaba que a nadie se le hubiera ocurrido cerrarla, porque si no… tendría que entrar por la principal y se darían cuenta de su pequeña escapada, de todas formas no le importaba mucho eso en esos momentos, no ahora que había escuchado de la boca de su padre que amaba a Sakura con locura, no después de saber que él quería casarse con la castaña. Más feliz se puso al escuchar cómo su papá le decía a la bruja que no la amaba, pero lo mejor de todo fue saber que ha estado enamorado de Sakura toda la vida y que ese amor sigue intacto.
Una enorme sonrisa boba y deslumbrante se formó en su rostro por el resto del día, nada podría arruinar su ánimo al escuchar todo aquello. Lo único que no le agradó en lo absoluto fue ver cómo la bruja besaba a su padre en los labios y algo que no le quedó muy claro fue el por qué Ashley se molestó tanto cuando mencionó eso de que su padre decía el nombre de Sakura cuando hacían el amor… tendría que preguntarle a su progenitor qué era hacer el amor. Tomó nota mental de ello y entró feliz a la escuela al darse cuenta de que la puerta estaba tal cual la dejó y que nadie se había percatado de su ausencia.
OoOoOoOoO
Sacó tranquilamente las llaves de su abrigo mientras su hija esperaba impaciente por entrar a la casa e ir con Sakura, habían quedado en pasar una tarde de chicas, Tomoyo llegaría más tarde y cocinarían, se arreglarían las uñas y… bueno, todas esas cosas de mujeres que mareaban al pobre rubio, quien se encerraría en su despacho para estudiar ciertos casos que aún estaban sin diagnosticar, tenía mucho trabajo acumulado y las veinticuatro horas del día no le bastaban.
Abrió finalmente la puerta y Ámber entró corriendo, inusualmente hoy estaba muy feliz, contando con lo ocurrido la noche anterior, sería normal que la pequeña estuviera resentida por la visita de Ashley, pero extrañamente estaba demasiado feliz.
—¿Qué mosca le picó? —pensó el rubio con gracia al notar cómo su pequeña subía corriendo las escaleras, llamando a Sakura en el camino. Rio un poco y procedió a quitarse el abrigo, pero en ese instante sonó su teléfono celular. Miró la pantalla, decía "casa". Alzó una ceja, no entendía.
—¡Papá! ¡Ven rápido! —gritó Ámber desde el segundo piso.
—¡Sakura! —fue lo primero que pensó, dejó caer el teléfono al piso y subió las escaleras de dos en dos, dando largas y apresuradas zancadas.
Al entrar a la habitación de la susodicha se llevó una desagradable sorpresa. Camille tenía el teléfono entre sus temblorosas manos, había sido ella quien le marcó, pero colgó al ver subir a Ámber, quien estaba a un lado de la castaña, en la cama.
—¡Doctor Flowrigth! —caminó hacia él.
—¿Qué le ocurrió? —preguntó seriamente al ver al amor de su vida inconsciente.
—Desde hace un par de horas comenzó con algo de fiebre, pero ahora mismo no se la puedo controlar, su temperatura es muy alta aún después del medicamento. Le pregunté que desde cuando se empezó a sentir mal, me dijo que desde hoy en la mañana. La revisé, pero no encontré alguna causa aparente para que tenga la fiebre tan marcada.
Fye escuchaba todo mientras le revisaba atentamente el pulso y el resto de los signos vitales. Tocó su frente y se espantó al sentirla hirviendo. Frunció el ceño y dirigió la mirada al yeso de su pierna.
—Necesito llevarla al hospital —espetó seriamente antes de tomarla en brazos y bajar apurado las escaleras, Camille y Ámber lo siguieron de inmediato.
OoOoOoOoO
—¡¿Qué le ocurrió a Sakura?! —se alarmó al verlos entrar por urgencias, una asustada Ámber y una preocupada Camille lo seguían.
—Kurogane, necesito que le quites ese yeso cuanto antes —pidió mientras la recostaba sobre una camilla de la sala de urgencias—. Ustedes —señaló a las dos mujeres que lo acompañaban—. Están muy nerviosas, vayan a la sala de espera —pidió con seriedad, estaba demasiado preocupado, pero temía demostrarlo. El moreno llegó segundos después con el material necesario y comenzó a quitar el yeso de la pierna.
—Oh… —exclamó con preocupación cuando terminó de retirarlo. Vio la herida de la cirugía y del accidente, ambas tenían indicios de infección.
—Maldición —gruñó el rubio—. Se supone que habían terminado de cicatrizar, por eso decidimos ponerle el yeso.
—Al parecer nos precipitamos —suspiró Kurogane—. Traeré la intravenosa para comenzar con los antibióticos.
—Gracias —dijo sin apartar la vista de la castaña, cuyos ojos comenzaron a abrirse con dificultad, comenzó a removerse un poco en la camilla, frunció su ceño y cerró los ojos con fuerza—. Tranquila, te vas a poner bien —apartó unos mechones de cabello que caían sobre la frente ya perlada por el sudor de la castaña.
—¿Dónde estoy? —murmuró muy bajito, apenas consciente.
—En el hospital, tienes mucha fiebre y trataremos de bajártela, tú no te preocupes, estarás bien en un rato —le habló con suavidad y cariño.
—Fye… —susurró.
—¿Sí?
—Agua, quiero agua… —murmuró antes de caer rendida a la inconsciencia de nuevo, necesitaban bajar la fiebre cuanto antes, así que mientras Kurogane traía los antibióticos intravenosos, él buscaría compresas frías para refrescarla un poco.
Pasaron las horas y en la sala de espera ya estaban Tomoyo, Ámber y Camille con una expresión llena de preocupación, pues ya habían pasado varias horas y no tenían noticias de Sakura. Fye llegó a explicarles que todo se debió a una infección, por lo tanto sólo terminarían de administrarle los medicamentos necesarios y la podrían llevar a casa en un rato.
—¿Seguro que no quieres que me quede?
—No es necesario, Harry está mejorando mucho y por ahora es más importante que estés en casa con Sakura, vigila muy bien esa herida y cuida de Ámber, que la pobre se ve muy asustada por todo esto. Además… —sonrió pícaramente—. Tomoyo se quedará un rato más en el hospital, descansaremos juntos un rato.
El rubio rodó los ojos y resopló.
—Sólo espero que cierren bien la puerta antes de eso —gruñó malhumorado.
—Estás celoso porque tú no puedes hacer lo mismo —se burló.
—Sí, lo estoy —espetó, logrando sorprender a su amigo con esa respuesta.
—Tranquilo hombre, ya llegará el día —le apretó el hombro con fuerza, recibiendo una mirada asesina.
Finalmente el rubio regresó a urgencias y revisó las curaciones que le hizo Kurogane a la castaña, ahora en vez de yeso le pusieron unas vendas limpias y suaves. Temían que se despertara y que el movimiento perjudicara a la fractura que se estaba curando, así que no la despertaron en ningún momento, siguió bajo el efecto de algunos sedantes para poder transportarla a casa.
Ya en la residencia Flowrigth, Fye entró a la casa con Sakura en brazos, Ámber le ayudó en todo lo posible para que pudiera depositarla en una cama cuanto antes.
—Papi, esa es tu habitación —le señaló al ver que le pedía ayuda para abrir su puerta.
—Lo sé, es sólo que mi cama es mucho más cómoda y amplia, estoy seguro de que estará más cómoda ahí.
La pequeña contuvo una risilla llena de alegría y emoción, le abrió la puerta y finalmente se despidió de su padre antes de irse a dormir. Fye acomodó a Sakura en su propia cama y la arropó con cariño, comprobando una vez más que ya no tuviera fiebre.
Sonrió suavemente. La luz de la luna llena entraba completamente por la ventana, alumbrando el pasivo rostro de la castaña. Se veía tan tranquila hasta que de pronto comenzó a fruncir el ceño. Fye caminó hasta llegar a su lado, puso suavemente la mano sobre su frente y ella al instante se relajó, incluso mostró una leve sonrisa aún dormida.
Transcurrió aproximadamente una hora más en la que Fye no se le separó ni un segundo, hasta había arrastrado una silla al lado de la cama, para poder estar cerca de ella. Inevitablemente el sueño comenzó a invadir su cansado cuerpo. Apoyó su codo sobre el colchón y descansó su mejilla izquierda en la palma de su mano, cabeceando de vez en vez, pues el sueño comenzaba a ganarle. Aunque ese estado de serenidad y paz se esfumó al escuchar una dulce voz llamándolo titubeantemente.
—¿Qué pasó? —preguntó rasposamente, aun sintiendo cómo los párpados le pesaban y amenazaban con cerrarse y sumirla de nuevo en un profundo letargo.
—Tenías fiebre muy alta, pero al parecer al fin cedió por completo —le extendió un vaso con agua y ella lo bebió como si hubiera estado todo un mes perdida en el desierto—. ¿Cómo te sientes?
—Mejor —sonrió de lado, se veía tan tierna con esa mirada tan suave y tranquila.
—Me alegro —suspiró y permaneció en su cómoda posición, mirándola fijamente—. Me diste un gran susto… por un momento pensé que se trataría de tu corazón ¿no has sentido molestias en el pecho?
—No, ninguna molestia, incluso la herida sanó rápido —miró su pecho—. Me gusta que casi no se nota —sonrió de lado—. Pero… ¿Por qué me pasó esto?
—La herida de tu pierna se abrió de nuevo y estando bajo el yeso se infectó —explicó con facilidad—. ¿Por qué no me dijiste que te sentía mal en la mañana? Tienes a un médico durmiendo a unos metros de ti, deberías aprovecharlo —dijo serio.
—Estaba molesta contigo.
—¿Y ya no?
—Un poco.
Silencio.
—¿Por qué?
—Por como regañaste a Ámber, no se lo merecía. Si desprecia tanto a tu amiga, es porque debe tener una buena razón. Incluso yo que la conozco desde hace poco pude notarlo, no puedo creer que tú, siendo su padre, no seas capaz de verlo.
—Lo sé, y me disculpé con ella por eso.
La castaña frunció el ceño y luego se exaltó un poco.
—¡¿Qué hago en tu habitación?! ¿No estaba en el hospital? O ¿Acaso lo soñé?
—Tranquila —rio un poco—. Sí, estuviste en el hospital, pero logré sacarte cuanto antes de ahí, sé que no te gustan mucho y si estás en mi cuarto es porque mi cama es mucho más amplia y cómoda que la tuya ¿O vas a negármelo?
—Tienes razón —se dio cuenta—. Pero… ¿Dónde vas a dormir tú?
—No tengo sueño.
—Creo que mejor me voy a mi cuarto y…—hizo el intento de quitarse las mantas de encima para bajar de la cama, pero un intenso dolor en su pierna la atacó al mismo tiempo en que Fye la detenía de las muñecas—. Oh por Dios…—el dolor había sido sumamente intenso.
—Trata de no moverte, no te lo dije, pero ya no tienes el yeso y tu pierna se puede mover un poco más de lo que debería, trata de no moverte absolutamente nada.
—De acuerdo —cerró los ojos con fuerza, aguantando el dolor tan intenso. Permaneció así hasta que notó cierta presión en sus muñecas, Fye aún no la soltaba y tampoco decía nada. Decidió abrir los ojos y…—. No. —murmuró al mismo tiempo que intentaba esconder sus manos bajo las mantas, pero era muy tarde, una expresión de horror ya surcaba el rostro del médico al estar viendo dos largas cicatrices, una en cada muñeca.
—Dime que no es, lo que creo que es… —su voz tembló.
—Lo son.
Soltó sus manos y ella de inmediato las ocultó, como si con eso lograra borrarlas de la mente de él. Fye se puso de pie, alejándose lentamente de ella y sin atreverse mirarla a los ojos caminó hasta su ventana y recargó un antebrazo en el vidrio de ésta, apoyando luego su frente sobre éste. Estuvo parado ahí un buen rato sin decir nada, sólo miraba hacia el jardín trasero.
—¿Por qué? —se giró y la encaró con ira acumulada, no quería alterarse, pero le era imposible, se notaban sus ganas de gritarle, estaba furioso y lleno de impotencia ¿Qué tanto ocultaría el pasado de ella?
La pobre estaba hecha un manojo de nervios.
—Pasaron muchas cosas.
—¿Pero qué demonios pudo ser tan malo como para desear la muerte?
—Son cosas del pasado que quisiera no recordar, son demasiado dolorosas, por favor —casi suplicó, se estaba conteniendo, no quería mostrar su debilidad frente a él, pero se moría por llorar libremente.
—Necesito saberlo.
—¿¡Para qué?! —se exaltó y él se acercó demasiado a ella, de un segundo a otro él ya estaba casi sobre el colchón, mirándola muy de cerca, casi compartiendo el mismo aire.
—Debemos hablarnos con la verdad de una vez por todas ¡Demonios, Sakura! Somos unos completos extraños el uno para el otro, conocemos el pasado que tenemos en común pero ¿Y los otros diez años? ¿Qué hay de todo ese tiempo? Ninguno de los dos ha tocado el tema y, te soy sincero, quiero que volvamos a tener algo, que seamos algo más que la típica pareja que se separa y se ven de vez en cuando, conformándose con ello. Yo no quiero eso, así que necesito conocerte de nuevo, quiero saber todo de ti y que sepas todo de mí —la miró intensamente—. Creo que ya te he demostrado de muchas maneras que lo que siento por ti es verdadero y más fuerte que nunca, sé que esto es recíproco, no nos hagamos tontos, así que hay que hablar con la verdad de una vez por todas —su convicción era muy fuerte y es que ya estaba harto, quería las cosas claras aunque pudiera doler, ya nada de eso le importaba, necesitaba verdades—. Quiero algo serio contigo, pero no será posible si no nos hablamos sinceramente de una vez por todas.
—Está bien —respondió luego de un rato en silencio. Fye la miró sorprendido, esperando—. Te contaré todo, sólo te pido me escuches sin interrumpir, esto… esto es muy difícil para mí. Te diré todo lo que ocurrió después de aquella fiesta de la universidad.
—¿Me contarás todo? —se sentó de nuevo en la silla que ocupaba momentos antes.
—Todo —aseguró—. O casi todo…— pensó.
Año 2004.
Después de la horrible escena que presenció Sakura en aquella fiesta de mala muerte, no quiso saber nada más de Fye, esa había sido la gota que derramó el vaso. Esa noche, al llegar a su casa le mandó un mensaje de texto diciéndole que diera por terminada su relación de una vez por todas, pero Fye no se dio por vencido, la siguió hasta su casa e intentó entrar.
—Ya te dije que no entrarás —se interpuso en la puerta de su propia casa—. Sakura ya no quiere saber nada de ti.
—¡Tomoyo! Por favor —pidió—. Necesito hablar con ella y…
—¡¿Para qué?! —se exaltó la morena—. Estás borracho, Fye. No arreglarás nada —frunció el ceño pero lo relajó al ver que un auto se estacionaba de repente frente a su casa.
Kurogane, Yuui y Akemi al fin habían llegado. Tomoyo y Sakura se habían regresado de inmediato en su auto después de ver aquella escena. Y Fye las había seguido en un taxi porque estaba demasiado ebrio como para manejar.
—¡Ey tú! —señaló al rubio—. Vámonos a casa —lo tomó del hombro, intentando que volviera con ellos al departamento, pero Fye se soltó bruscamente.
—No sin antes hablar con Sakura. Todo esto fue un mal entendido, necesito verla.
—Basta, Fye, ya detente. ¡Deja de hacerle daño a mi amiga! Su relación se ha vuelto algo enfermizo, sólo se engañan a ustedes mismos pensando que esto tiene un futuro, déjala ser libre, te aseguro que habrá alguien que sí sepa valorarla —pensó en Shaoran al decir esto.
Los ojos azules de Fye se abrieron a más no poder.
—Vámonos —Yuui lo jaló del brazo, sabía que las palabras de Tomoyo le habían calado en el alma a su gemelo, pero ella tenía toda la razón.
—¿Te refieres a Shaoran? —preguntó, casi escupió las palabras. No le hizo caso a su hermano ni a nadie, sólo miraba a Tomoyo.
La amatista abrió sus ojos con mucha sorpresa y eso fue más que suficiente para Fye. Su corazón no aguantaba más esto.
—De acuerdo… —sin decir más se giró y se metió al auto de su hermano.
Nadie se dio cuenta, pero Sakura veía todo desde la ventana de su habitación. No entendía por qué Fye mencionaba a su amigo, ni siquiera lo conoce.
¡¿Los habrá visto besándose?!
No, eso era imposible, pues a esa hora el rubio estaba en la casa de la maldita Elda.
Días después…
No soportaba más este sentimiento de soledad y profunda tristeza, necesitaba aclarar las cosas. Estuvo varios días dándole vueltas en su mente a todo lo recién ocurrido y se dio cuenta de que los dos habían hecho mal, ella se había besado con Shaoran (Aunque fue él quien buscó el contacto) y él lo había hecho con Elda, estaban a mano. Así que decidió ir a su departamento para hablar, aclarar las cosas y ver si se podía hacer algo con su relación.
Suspiró con cansancio y se prometió que pasase lo que pasase ya no lloraría tanto, su amiga Tomoyo era la que últimamente se encargaba de recoger los platos rotos y la pobre no se merecía eso.
Estaba decidido, iría en busca de Fye. Se tragaría su orgullo, pues lo seguía amando y no podía dejarlo ir así como así.
Pero nunca de los nunca se esperó encontrarse a la causante de sus desgracias sentada cómodamente en la sala del departamento de los chicos. Al parecer sólo estaban Fye y ella.
—Hola Sakura —saludó con una sonrisa inocente—. No escuché que tocaras la puerta.
La aludida se quedó parada en su lugar, apretando dientes y puños. Vio cómo Elda se ponía de pie lentamente, la miró de pies a cabeza y casi se le sale una maldición al ver cómo estaba vestida.
—Esa camisa… —murmuró con el ceño sumamente fruncido—. Esa camisa es la que le regalé a Fye en su cumpleaños—. Masculló entre dientes, controlando sus ganas de irse sobre ella y arrancársela a jirones, pues sólo traía esa camisa, sólo esa camisa.
—Oh ¿En serio? —se miró a sí misma y sonrió sínicamente—. Es muy linda. Tienes buen gusto para la ropa.
—Desgraciadamente sólo para la ropa y no para los hombres —murmuró antes de darse media vuelta, dispuesta a salir de ahí cuanto antes, pero una voz masculina proveniente del pasillo que daba hacia las habitaciones la detuvo en seco.
—La bañera está lista, puedes entrar cuando quieras.
Su voz se oía muy seria, pero poco le importó a la castaña, quien aún no había sido vista por el rubio, debido a que estaba a punto de salir del departamento y desde donde estaba no podía verla. Tenía tanto coraje que no se percató del tono indiferente que su ex usó con la rubia.
—Oh ¡Gracias querido! Eres muy atento —consciente de que Sakura aún no se iba, se aproximó al rubio y lo besó en los labios muy sensualmente.
La castaña se giró, no quería ver más esa escena, así que abrió la puerta, produciendo un rechinido que alertó los sentidos de Fye, éste se asomó de inmediato y la vio ahí parada, con la respiración entrecortada debido al fuerte asombro y con sus ojos ya algo llorosos.
—No… Sakura, no. Esto no es lo que parece —su expresión no cambiaba de una profunda culpabilidad.
—¿A no? —espetó con rabia—. ¿Entonces qué es esto? —señaló hacia ambos. Ella con su ropa y él… bueno, él sin camisa.
—Ocurrió un accidente con… —fue abruptamente interrumpido.
—¿Sabes qué? Me importa un carajo lo que tengas que decirme —se dio media vuelta y salió azotando la puerta.
—¡Maldición! —golpeó la pared con sus puños.
Elda dio un pequeño respingo.
—Toma el maldito baño y lárgate de mi casa —espetó sin verla a la cara, estaba furioso.
—S-sí —se intimidó mucho e hizo lo que le dijo.
Lo que Sakura no sabía era que Elda había ido a pedirle disculpas a Fye por lo ocurrido en la fiesta, aunque su verdadera intención era aprovecharse de la situación, pero en fin. El rubio la dejó pasar solamente porque no había nadie en casa y quería quitársela de encima cuanto antes.
Le invitó a tomar café para no ser descortés y ella aceptó. Esperaron en la mesita de la cocina, mientras el agua con el café estaba lista y cuando lo estuvo, Elda se puso de pie para servirlos, pero se tropezó y el agua caliente con café se le cayó encima. También pudo haberse caído al suelo, pero Fye la sostuvo antes de que eso ocurriera y como consecuencia se manchó toda la camisa con el líquido. De ahí en adelante ocurrió todo lo que Sakura vio.
Año 2005
Un año había transcurrido desde aquella fiesta y ninguno de nuestros protagonistas se había vuelto a ver. Fye ni siquiera hizo el intento de buscarla, lo había encontrado en una escena de verdad comprometedora y no sabía cómo defenderse ante aquello. Las palabras de Tomoyo resonaban en su mente "Déjala libre" y tal vez no estaba muy equivocada, él sólo le causaba dolor y ella ya tenía alguien que la cuidara.
En ese año se dio la gran noticia de que dos de sus amigos contraerían matrimonio. Tomoyo y Kurogane se casarían en la primavera de este año y esto sorprendió mucho al grupo de amigos, incluso llegaron a pensar que Tomoyo estaría embarazada o algo así, pero no, se casarían porque se amaban y querían pasar el resto de su vida juntos. La familia Suwa lo tomó de la mejor manera que podía existir, estaban felices de que su único hijo se casaría con una hermosa mujer, pero… no era lo mismo del lado de Tomoyo, la señora Sonomi estaba indignada de que un hombre "le robara a su único y más grande tesoro" tardaron un poco, pero terminaron convenciéndola, Kurogane hizo muy bien su papel de yerno amable y se terminó ganando el cariño de Sonomi Daidouji. Pues también le había demostrado que podría darle la vida que merecía. Kurogane había estado trabajando y estudiando al mismo tiempo casi desde que entró a la universidad, sus padre le habían insistido en que no era necesario que se desgastara tanto, pues ellos le podrían proporcionar lo que necesitara, después de todo eran los Suwa, una de las familias más adineradas del país, pero el moreno se negó rotundamente, ya tenía planes de casarse con Tomoyo y sin que ella lo supiera, fue ahorrando para comprar una casa en donde a la amatista le gustara.
El día se llegó y toda la familia y amigos no podían estar más felices. El grupo de amigos no podía creer que dos de ellos se fueran a casar ¡Aún eran muy jóvenes! Además la noticia les había llegado muy de pronto.
En fin, la ceremonia religiosa se llevó a cabo en una bella iglesia, todo fue muy hermoso y conmovedor, era un día perfecto para una boda. Pero había un gran y único inconveniente: los padrinos principales. Sakura era la dama de honor y Fye el padrino del novio. Esa fue la primera vez que se vieron después de un largo año, así que el momento fue épico:
Fye subía las escaleras rumbo al interior de la iglesia, estaba acompañando al novio cuando de pronto una voz dulcemente familiar inundó el ambiente, giró su cabeza hacia atrás y pudo verla, parada junto a un grupo de fotógrafos, al parecer les daba indicaciones, pero eso poco le importó al rubio después de ver a tal belleza. Se había dejado crecer el cabello hasta la cintura, sus ojos seguían siendo igual de chispeantes y hermosos que antes, sus labios rosas igual de deseables que siempre, y su cuerpo… oh por Dios, se veía escultural dentro de ese hermoso vestido largo de color morado uva que Tomoyo había elegido para las damas.
—Ten.
Dejó de observarla cuando su mejor amigo le extendía un pañuelo.
—¿Esto para qué?
—No quiero que dejes un charco de baba en las escaleras, Tomoyo podría resbalar cuando entre —rio con burla.
Fye frunció el ceño y siguió su andar al lado del novio, rumbo a la iglesia, aunque no sin antes echarle un último vistazo a su ex y es que… ¡Estaba bellísima!
Por haber echado ese "ultimo vistazo" Fye no se percató de que su amigo ya se había detenido, así que siguió andando hasta terminar chocando con su espalda y…
Perdió el equilibrio y se cayó en las escaleras, quedando tirado cómicamente en el suelo a un par de escalones del novio.
El moreno sintió el choque en su espalda, se giró para ver lo que ocurrió.
—¡Qué diab…! —Se detuvo al recordar que estaba en una iglesia, pronto corrió al auxilio de su mejor amigo y rio con ganas—No pensé que llegarías a estos extremos —se burló—. Pensé que con el pañuelo sería suficiente, pero veo que has tropezado con tus propias babas — rio mientras lo ayudaba a ponerse de pie, Fye no respondió nada al respecto—. ¿Estás bien?
—Sí, gracias —se sacudió un poco y trató de calmar el fuerte sonrojo en sus mejillas, pues era el centro de atención de todos, incluso de Sakura, quien se había quedado embobada al verlo de lejos—. Ya, ya. Vayamos dentro —giró a su compañero y lo empujó levemente hasta quedar lejos de la vista de todos los espectadores.
La ceremonia fue algo incómoda para el padrino principal y para la dama de honor, pues su deber era permanecer al lado de los novios durante toda la formalidad, él del lado de Kurogane y ella del de Tomoyo. En ese lapso de tiempo se miraban de vez en vez, hasta que hubo un instante en el que ambos se miraron fija y largamente. Sakura de pronto lo observó indiferentemente y desvió la mirada, procurando no hacerlo de nuevo a pesar de que sentía el peso de esos ojos azules sobre su persona.
La recepción de la boda fue igualmente hermosa a la ceremonia, todo en el salón de fiestas tenía un estilo vintage, muy al estilo de Tomoyo, los colores lilas, beige y rosas claros adornaban todo el lugar.
Hubo un momento complicado, pues la mesa destinada para todo el grupo de amigos incluía además de Akemi, Yuui, Touya y Nakuru, a Sakura y a Fye, pero estos últimos no se soportaban. La tensión se cortaba hasta con un cuchillo, los padrinos buscaban la manera de no tener siquiera contacto visual e hicieron un esfuerzo olímpico para ello, pues los lugares habían sido asignados por sus amigos recién casados y no querían molestarlos en una fecha tan importante, así que sólo se ignoraron mutuamente toda la noche. Sakura sentada en un extremo de la mesa y Fye en el otro, tratando de siempre darle la espalda con la excusa de querer ver hacia la pista de baile, donde estaban los novios. Pero cuando llegó la hora de la cena, Sakura no aguantaba más la incomodidad de compartir un espacio con él, Fye se percató de ello y en un mudo acto se puso de pie y caminó hasta una de las mesas más retiradas del centro del salón, sentado con gente desconocida y mirando todo a su alrededor. A decir verdad se sintió algo incómodo por Sakura, pero más por su hermano, quien no dejaba de verlo como si quisiera asesinarlo.
Los otros cinco miraron al rubio partir sin decir nada, Yuui simplemente bufó fastidiado.
—Disculpa a mi hermano, Sakura —pidió avergonzado.
—No te preocupes, es mejor así —sonrió amablemente. Yuui y Tomoyo eran los únicos que sabían a la perfección lo que había pasado, al igual que sabían los sentimientos de ella en estos momentos. Sin darse cuenta, el gemelo mayor se convirtió en el confidente de Sakura y al mismo tiempo de Fye, pues éste le platicaba todo sólo a él y a Kurogane.
El pobre de Yuui no sabía qué hacer, así que estuvo un momento con Sakura y otro con su hermano, además contaba con la ayuda de su novia Akemi para aligerar las cosas, ella era buena en eso, aunque esta vez no funcionó mucho.
Mientras ellos se complicaban la vida con esos asuntos, Tomoyo y Kurogane reían disimuladamente al notar cómo Sonomi hacía lo posible por estar cerca de Ashura.
Habían asignado una mesa especial para los padres de Kurogane, Sonomi, Ashura, Nadeshiko y Fujitaka, los seis platicaron amenamente durante toda la velada, pero lo chistoso era ver cómo le brillaban los ojos a Sonomi cada que hablaba directamente con el médico pediatra.
—Me da tanta alegría que nuestras familias se unan de esta manera —mencionó la madre del moreno con verdadera alegría.
—Siempre supimos que nuestro hijo se casaría con Tomoyo —suspiró—. Vaya que insistió mucho a que lo dejáramos tener novia cuando era apenas un niño —rio un poco ante los recuerdos.
Sonomi miró a su consuegro y sonrió con nostalgia.
—Estoy tranquila, porque sé que mi hija está en excelentes manos, aunque no puedo negar que la extrañaré demasiado —se llevó una mano a la mejilla y cerró los ojos, dramatizando un poco el asunto.
—Estoy seguro de que te visitará muy seguido —sonrió el médico, pero aun así Sonomi siguió dramatizando un poco más.
—De todas formas estaré tan sola ¿Tú no te sientes igual, Ashura? —después de tantos años de amistad, ya todos se tuteaban y se trataban con más familiaridad.
—Bueno… —se rascó la mejilla con nerviosismo, el resto de sus amigos disimularon muy mal una risilla traviesa—… Yuui y Fye aún no se casan.
—Pero viven lejos de casa, estudiando todo el tiempo.
—De todas formas uno se acostumbra a estar algo solo —se encogió de hombros al recordar a su amada y difunta esposa.
—Hablando de hijos —intervino Fujitaka—. Yuui se ve muy feliz con la pequeña Akemi. Me da a pensar que la próxima boda será para ellos —sonrió con felicidad. Estimaba mucho a la familia Flowrigth, aunque últimamente no le tenía mucho aprecio al gemelo menor debido a su situación con su hija, pero aun así no podía negar que le tenía un gran cariño como a su hermano y padre.
—¡No me asustes Fujitaka! —exclamó el médico, Akemi aún es muy pequeña, quizá más delante —sonrió.
—¿Y qué hay de Fye? —inquirió Nadeshiko con una triste sonrisa que fue contagiada de inmediato al mayor de los Flowrigth.
—He batallado mucho con él últimamente —suspiró—. No quiere hablar conmigo, pero según me ha dicho Yuui, no se encuentra muy bien, se comporta igual que cuando su madre falleció.
Los ojos de todos en la mesa se entristecieron un poco.
—Algo similar nos ocurre con Sakura —respondió Nadeshiko, está deprimida y eso repercute directamente en su salud.
—¿Le ha pasado algo? —inquirió con miedo.
—Sólo un par de visitas extra con el médico, pero Seishiro ya nos explicó que mientras siga con ese estado de ánimo, su corazón fallará con más frecuencia, estamos muy preocupados por eso…
Ashura tragó en seco, se sentí culpable por ello, pues su hijo había sido un cabezota al desistir en su relación con Sakura.
Ajenos a esa conversación entre sus padres, el gemelo menor había comenzado a beber mucho, al igual que Sakura, pero los dos se mantenían serenos y calmados en sus mesas, hasta que la boda terminó… fue ahí cuando los dos querían irse por su cuenta. Fye traía el auto que compartía con Yuui y se iba a ir con él y Akemi, pero Sakura se había quedado sola después de que su familia tuvo que irse a otro compromiso, dejaron que Sakura se quedara porque se trataba de la boda de su mejor amiga, así que se regresaría en taxi, pero ya pasaba de la media noche. Debido a esto, Yuui se ofreció a llevarla, pero ella no quiso. Al final fue Tomoyo quien terminó convenciéndola de que se fuese con ellos o se iría a su luna de miel muy angustiada por su bien. Era tarde y las calles eran peligrosas.
Tanto Sakura como Fye dieron rienda suelta a la bebida, pues el padre de los gemelos también había tenido que retirarse, pero él debido a una emergencia en el hospital.
Así que sin poder negarse -y muy borracha- se fue en el auto de los Flowrigth. Akemi se fue con ella en el asiento trasero, mientras que los gemelos se fueron adelante, claro, uno iba muy borracho y hasta había intentado quitarle las llaves a su hermano para poder conducir, pero finalmente Yuui ganó y se llevó el coche.
Durante todo el camino a la casa de Sakura y Tomoyo, todos permanecieron muy callados en el auto.
—La boda fue muy linda —trató de iniciar una conversación y su novia de inmediato le siguió la corriente.
—¡Sí! Y el vestido de Tomoyo era hermoso.
—Y la fiesta estuvo muy bien organizada.
—Tienes razón cariño.
Silencio.
A ninguno de los dos se les ocurrió alguna otra forma de romper el silencio tan incómodo.
—Sí… la boda fue… linda —murmuró el rubio, a penas y se le entendía, estaba muy borracho—. Lo que no estuvo nada lindo fue…—lo pensó unos segundos y luego rio—. Fue la dama de honor ¿La vieron? Estaba horrible —volvió a reír burlonamente.
—Fye —le gruñó su hermano por lo bajo, codeándolo un poco y mirándolo asesinamente.
—¿¡Qué?! —preguntó inocentemente, aún con su tono ebriamente burlón—. Yo sólo digo la verdad —un extraño hipo lo asaltó—. Horrible, horrible —canturreó.
—Idiota —gruñó la aludida—. El padrino es un… idiota. Estuvo solo y amargado toda la noche—rio de la misma manera ebria que él—. Tal vez extrañó a su amiguita…. Esa mujerzuela… ¿Cómo se llamaba? —vio a su amiga, preguntándole y tratando de no caerse acostada en el asiento de tan borracha que estaba—. ¡Elda! ¡Sí! La mujerzuela esa que se besuqueó con él y… sabrá dios que otras cosas hicieron.
—¡Ja! Como si fuera el único —rio amargamente—. ¿Cómo se llamaba ese tipo inútil? Oh sí… Syaoran, casi lo olvidaba. Ese imbécil tiene fama de ser bueno en la cama… —se asomó hacia atrás, por el espacio entre los dos asientos delanteros y le sonrió con burla e ironía—¿Es verdad eso, Sakura? —la miró con un profundo dolor en su mirar, si alguien lo observaba detenidamente se habría percatado del dolor que implicaban aquellas palabras para él. Pero todo fue disfrazado con su sonrisa socarrona y acusadora.
—¡Maldición Fye! ¡Cállate de una buena vez! —espetó su hermano, girando en una esquina y llegando a su destino.
La castaña no lo soportó un segundo más y le soltó una bofetada increíblemente dolorosa a su ex novio.
—Eres… eres un imbécil Flowrigth —le dijo con lágrimas en los ojos—. Te odio… ¡Te odio! —le gritó con fuerza para después bajarse del auto y correr hacia la puerta de su casa.
Yuui y Akemi se bajaron de inmediato para acompañarla. Mientras tanto Fye se quedó en su asiento, en la misma posición y con la misma expresión dolida en su rostro.
—Olvidé… mis llaves —murmuró dentro del profundo llanto que la invadía, buscando desesperadamente dentro de su bolso de fiesta.
—Tranquila, déjame buscarlas —se ofreció Akemi amablemente y sintiéndose muy mal por su amiga.
—Tranquila… tranquila —la reconfortaba Yuui, abrazándola con cariño fraternal—. Mi hermano es un imbécil, no le hagas caso por favor —se sintió muy culpable al sentir su fuerte llanto.
—¿Por qué… por qué no puede ser como tú?
Esa pregunta los desconcertó a ambos.
—¿Cómo?
—Sí, Yuui ¿Por qué Fye no puede ser más como tú? Tú si eres sensible y estoy segura de que nunca jamás engañarías a Akemi. Ambos hacen una linda pareja y es un hecho que terminarán casados y llenos de hijos, mientras que yo… soy patética.
Akemi encontró en ese momento las llaves de la casa que Sakura y Tomoyo compartían y que por ahora sólo sería de la castaña. Además acababan de comenzar las vacaciones de verano, así que en unos días se iría a Tomoeda a la casa de sus padres.
Ambos pasaron por alto los comentarios sobre su "futuro" según Sakura y la metieron casi a rastras.
—Ven, siéntate —Akemi la arrastró hasta un sofá mientras que ella se sentaba su derecha y él a su izquierda—. Tú no eres ninguna chica patética ¡De ninguna manera! Y escúchame bien: él no tiene ningún derecho de decirte lo que te dijo y por eso mismo no deberías dejar que te afecte tanto.
—Por eso soy patética Akemi —sollozó—. Porque… porque ¡Aún lo amo! —se echó a llorar de nuevo, cubriendo su rostro con ambas manos.
Yuui se puso de pie y se sentó frente a ella, en la mesita de la sala para después tomarla firmemente de los hombros.
—Mírame —exigió—. Sakura, mírame —su voz no daba oportunidad a un no, así que la castaña alzó la mirada. Sus ojos estaban aguados en lágrimas y su rostro pálido contrastaba con el hermoso color morado uva de su vestido de dama—. Primero que nada, mi hermano es un imbécil: no tenía derecho a decir lo que dijo, porque bien sabemos no es verdad.
—Ustedes si me creen —fue más una afirmación que una pregunta.
—Por dios, Sakura —exhaló con algo de incredulidad—. ¡Te conocemos desde la primaria! Estoy seguro de que jamás le serías infiel a mi hermano.
—Pero él sí pudo hacerlo…—murmuró con la vista gacha.
—Sabes… —dijo él de pronto—. Lo dudo.
—Yuui…—murmuró Akemi, pidiéndole con la mirada que no siguiera más con el tema, pues Sakura se pondría peor.
—Y no lo estoy defendiendo —aclaró el gemelo—. Simplemente no entiendo como un amor tan fuerte como el de ustedes dos se acabó de un día para otro.
—No fue así —refutó, aun mirando el piso—. Nuestro amor se fue acabando poco a poco, día con día nos fuimos alejando hasta que uno de los dos se olvidó del otro y ocurrió todo esto. Es verdad que Syaoran y yo nos besamos, lo admito, pero él fue quien me besó y yo me aparté, explicándole que tenía novio. A partir de ahí él se disculpó y nunca más lo volví a ver. Pero Fye… —apretó la quijada y los puños al recordar el día en que fue a su departamento, buscando hablar con él y solucionar las cosas, no le había importado si se acostó con Elda, estaba dispuesta a soportar eso y más con tal de permanecer a su lado. Lo amaba y no podría dejarlo ir así como así.
—Sakura ¿Qué te ocurre? —preguntó el ojiazul al ver que oprimía su pecho con ambas manos, con una expresión de verdadero dolor en su rostro.
—Na-nada, estoy bien —trató de respirar con normalidad, pero de nuevo la atacó ese dolor agudo y pulsátil.
—Estás muy pálida —se angustió Akemi—. Dinos qué sucede —la tomó de los hombros y casi la zarandeó.
—Mi… mi corazón… me duele.
Y no lo decía poéticamente.
—Oh por Dios —se asustó Akemi—. ¡Yuui! ¡Llama a un médico!
—Sí —no lo pensó y tomó su teléfono celular para marcar, pero fue detenido.
—No… no es necesario, sólo debo tomar mi medicamento —dijo con dificultad.
—¡¿Dónde está?!
—En el botiquín del… baño —ahogó un quejido de dolor. Su respiración era irregular, al igual que su pulso.
Yuui no se esperó ni un segundo más y corrió por aquella medicina.
—Toma, imagino que ha de ser esa. Era el único medicamento para el corazón —le entregó una píldora junto con un vaso de agua.
La pobre sólo asintió mudamente y se tomó de inmediato aquella pastilla.
Después de cinco agobiantes minutos, su dolor disminuyó considerablemente.
—Hace ya mucho tiempo que no te daba uno de esos ataques… —el rubio se sentó a su derecha y la abrazó con tierno cariño fraternal. Apretándola más contra él y poniendo su barbilla sobre el sedoso cabello castaño, miró de reojo a su novia, esperando que no se pusiera celosa y que entendiera la gravedad del asunto; grande fue su asombro al ver que ella ni le prestaba atención a él, sino que estaba muy angustiada vigilando el estado de salud de su mejor amiga.
Todo se volvió silencio, un triste y preocupante silencio.
Sakura se refugió en los brazos del joven, soltando mudas lágrimas de tristeza que eran limpiadas por una de sus mejores amigas.
—¿Te sientes mejor? —inquirió Akemi, en un tono dulce, casi como una madre.
Sakura sólo asintió en silencio.
—¿Quieres que Yuui te lleve a tu habitación?
Bajó la cabeza y la meneó levemente.
Seguidamente intentó ponerse de pie, pero… cual muñeca de trapo, se desmoronó de nuevo sobre el mullido sofá.
Estaba muy débil, tanto, que sus piernas parecían estar hechas de gelatina y su cabeza daba vueltas una y otra vez, como si lo que estaba viviendo justo ahora, no fuera suficiente sufrimiento. No… además de haber tenido un espantoso día, ahora su cuerpo se encargaba de recordarle lo débil y enfermo que siempre había sido.
—Tranquila… —el ojiazul se levantó con ella en brazos. En efecto, parecía una muñeca de trapo. Se sorprendió con lo poco que pesaba—. Intenta no esforzarte, necesitas descansar.
La depositó en su cama con mucho cuidado.
Finalmente ninguno de los dos se fue de ahí hasta asegurarse de que Sakura estaba vestida con su pijama y metida entre tantas cobijas. Cuando al fin parecía estar segura dentro de su cama, Akemi salió al encuentro con su novio en la sala.
—¿Cómo está? —se puso de pie a penas la vio salir.
—No dejó de llorar hasta que se durmió —respondió con pesar.
—¿Será buena idea dejarla sola? Me preocupa mucho su estado después de ese ataque… la última vez que sufrió uno fue cuando estábamos en la preparatoria.
—Tienes razón… —recordó ese momento tan espantoso—. Yuui, vete a casa, yo me quedaré esta noche con Sakura, tengo miedo de que se ponga mal durante la noche.
—En ese caso yo también me quedo.
—No creo que sea buena idea —se puso algo nerviosa, pero luego miró fijamente a su novio, como si olvidara algo.
Ambos suspiraron y se acordaron de algo repentinamente.
—¡Fye! —musitaron ambos, recordando que lo habían dejado en el auto.
—¿Seguirá ahí? —preguntó ella con curiosidad mientras ambos salían del departamento.
—No lo creo —pusieron un pie afuera y lo comprobaron—. Te lo dije… no está aquí —suspiró con algo de frustración.
—¿Y si le pasó algo? —preguntó, mortificada.
—Será un imbécil, pero sabe cuidarse, así que no te preocupes. Entonces… ¿te dejo aquí? —acarició sus brazos de arriba abajo y ella asintió—. Bien, entonces me iré directo al departamento para ver si mi hermano está ahí.
—Llámame cuando llegues —pidió.
—Si mi amor —unió sus labios con los de ella en un casto y dulce beso.
A partir de ese día, los destinos de Sakura y Fye no se volvieron a cruzar hasta un año más tarde cuando Yuui y Akemi se casan. En esta ocasión ambos vuelven a ser padrino y dama de honor, pero definitivamente no se dirigieron ni siquiera la mirada. Les tocó sentarse en la misma mesa, pero hicieron como si no existieran, comportándose fríamente. Y ahora no sucedería lo de la vez anterior, pues ninguno de los dos bebió alcohol y ambos se retiraron temprano de la fiesta.
Todos sus amigos se sintieron frustrados por ello. Incluso Ashura, el padre de Fye y Yuui, quien tuvo la oportunidad de charlar con Sakura un momento.
—Buenas noches, Sakura — se sentó en la silla que estaba vacía a su lado.
Ella giró el rostro y se sorprendió un poco al toparse con los ojos castaños del padre de su ex novio.
—Ashura-san —se asombró un poco—. ¿Cómo está? —preguntó, alegre de verlo. Desde que lo conoció hace más de diez años, le había caído muy bien el amable hombre.
—Muy bien —sonrió suavemente—. ¿Y cómo has estado? Tengo casi un año de no hablar contigo —la miró con cierta preocupación, pues en la boda de Tomoyo y Kurogane sólo había tenido la oportunidad de decirle lo bella que se veía.
Sakura no pudo evitar bajar la mirada.
—Imagino… que ha de estar enterado de lo que pasó entre Fye y yo.
—No realmente.
Ella alzó la vista, sorprendida.
—Él no ha querido decirme lo que ocurrió a pesar de que se lo pedí muchas veces—suspiró—. Es muy terco, bueno, eso ya has de saberlo —le sonrió un poco—. No sé con exactitud lo que pasó, sólo sé que de repente ambos dejaron de hablarse. Con todo esto no te pido que me expliques detalladamente lo ocurrido, sólo quiero decirte que…—lo pensó un poco, tratando de organizar sus ideas—. Eres una chica muy valiosa, trajiste de vuelta a la vida a Fye cuando vinimos a Japón por primera vez —sonrió nostálgicamente—. Y lo hiciste más feliz que nadie, eso te lo aseguro.
—Ashura-san…—los ojos se le pusieron vidriosos.
—No miento cuando te digo que me hubiera gustado tanto que tú y mi hijo formalizaran… es una lástima lo que ocurrió entre ustedes, pero… ¿Sabes? Yo aún no pierdo la esperanza de que vuelvan a estar juntos algún día —sonrió como solía hacerlo Fujitaka, su padre.
—Me temo que eso no será posible… lo siento —se le quebró la voz.
El señor Flowrigth no dijo nada, pero estaba seguro de sus palabras.
—Hija —le dijo con cariño, solía llamarla así—. Sin importar lo que haya pasado entre ustedes, quiero que sepas que mi cariño por ti es el mismo y te aseguro que hablo también por Yuui cuando digo que sigues siendo parte de la familia —suavizó su mirada al decir esto con tal ternura que los ojos de la castaña se llenaron más con lágrimas—. Hoy se unió una segunda hija a la familia —dijo refiriéndose a Akemi—. Y digo segunda porque tú fuiste la primera.
—Pero yo no…
Ashura la interrumpió negando con la cabeza.
—Repito: No importa lo que haya sucedido o lo que pueda pasar. Siempre serás como la hija que nunca tuve —acarició su mano con cariño totalmente paternal.
—Ashura-san… muchas gracias —no lo pudo soportar y se echó a llorar en los brazos del hombre, quien la recibió con mucho cariño, calmando su llanto y sintiéndose un poco culpable, ya que su sufrimiento era causado por su mismo hijo.
Un apuesto Fye de veintiún años iba de regreso a la mesa que compartía estratégicamente con Sakura, pero al ver la escena entre ella y su padre… decidió no acercarse más. Se sentía el culpable de su tristeza, pero a la vez era muy cobarde como para remendar lo que hizo, además de orgulloso, pues decía que Sakura también había hecho mal en besar a Shaoran y no se creía el cuento de que nada pasó entre ellos.
—¿Me permites hacerte una pregunta?
—Dígame.
—¿Amas a mi hijo?
—Yo… aún lo amo —respondió algo dubitativa, él lo notó.
—¿Pero?
—Pero nos hemos hecho demasiado daño, no podríamos tener una relación con tantas desconfianzas, además, él ya tiene a otra mujer en su vida.
—¿¡Cómo dices?! —se asombró.
—¿No lo sabía? —se asombró igual—. Se llama Elda, ella incluso lo visita en su departamento —suspiró—. Lo siento, no soy quien para decírselo —desvió la mirada, pero el buen hombre apretó de nuevo su mano.
—En ese caso… te deseo que seas feliz, ya sea con mi hijo o no, sólo se feliz. Busca tu felicidad y no dejes que nadie te la arrebate, ni siquiera mi hijo.
Algo dentro del corazón de la castaña se rompió al ver esa tristeza contenida en los ojos del señor. Era increíble que Fye fuera hijo de un hombre tan caballeroso, amoroso y tan dedicado. Él definitivamente era como un segundo padre para ella, era más joven que su propio padre, pero aun así sentía la gran madurez del hombre cada que le daba un consejo o hablaba con ella, como ahora.
OoOoOoOoO
Ahora fue el turno de Fye al querer disculparse, definitivamente no podía vivir sin Sakura, la necesitaba, era como una droga para él. Así que sin siquiera pensárselo bien, se dirigió a la casa de sus amigas, aunque ahora sólo Sakura vivía ahí debido a que Tomoyo y Kurogane ya vivían juntos desde que se casaron, aun así los dos seguían con sus estudios, ya faltaba poco para que ambos terminaran. Era gracioso pensar que ahora el departamento que compartía con su hermano y su mejor amigo estaba ya solamente habitado por él, y en la casa de Tomoyo sólo estaba Sakura. Justo ahora el destino les daba la oportunidad de poder vivir juntos, pero desgraciadamente ya no se pertenecían el uno al otro, ya no.
Llegó a la casa de su amiga y se bajó del auto, sus pies tenían vida propia, ni siquiera se detuvo a tocar el timbre, simplemente entró con las llaves que alguna vez le había dado su novia.
Cerró la puerta tras de sí. No supo cómo ni cuándo, pero sus piernas lo dirigieron a ese mismo lugar. Algo en su interior le decía a gritos que debía solucionar todos esos malos entendidos, quería verla, besarla de nuevo, pedirle perdón y perdonarla, quería que volviesen a estar juntos...
Se adentró a la casa hasta llegar a la sala, donde se la encontró hecha un ovillo en el sofá, viendo su teléfono celular.
—Sakura...
La aludida dio un respingo, su corazón casi se le salió del pecho, pero todo ese sentir fue reemplazado por una progresiva furia que crecía desde su interior.
—¿Qué haces aquí? —espetó.
—La verdad no sé...—se rascó la cabeza. Confundido y hastiado, dio un paso al frente—. No... sí lo sé: quiero hablar contigo... —aseveró, seguro y firme.
—¿No crees que ya hablamos lo necesario? —dijo con sarcasmo, sin molestarse en ponerse de pie.
—La última vez que lo hicimos fue hace un año...—lo meditó un segundo—. Y no estoy tan seguro de que eso haya sido "Hablar" —frunció el ceño al recordar la borrachera que se puso en la boda de sus mejores amigos.
—Eso debería decírtelo yo a ti —contradijo, seria... completamente inexpresiva.
Él suspiró, pidiendo paciencia.
—Sé que me porté como un patán... no debí haberte dicho todo aquello, y menos en frente de Yuui y Akemi —se disculpó sinceramente—. Aunque... hay que admitir que ambos estábamos pasados de copas y dijimos lo que dijimos sin pensárnoslo dos veces...—se rascó de nuevo la nuca, incómodo.
—¿A qué vienes con todo esto? —resopló, molesta—. No me digas que viniste sólo para recordar viejos y malos tiempos, porque si es así... yo me largo —hizo el ademán de levantarse, pero la detuvo algo que no se esperaba.
—¡Vengo a pedirte que me perdones! —se exasperó—. ¡Sé que fui un tonto! ¡Lo sé! Y ya no soporto más esta separación... han sido dos años Sakura ¡Dos años sin ti! Y no sé tú, pero yo me estoy volviendo loco —la miró fija y profundamente, incluso sus mejillas se habían enrojecido debido a su exasperación.
La castaña no daba crédito a lo que sus sentidos le informaban. ¿El orgulloso Fye había ido hasta su casa sólo para pedirle perdón?
Wow... esa fue la única palabra que atravesó su mente, y estuvo a punto de responder, pero él la interrumpió.
—Déjame terminar —pidió con suavidad—. Ambos nos hicimos mucho daño y aún hay muchas cosas qué explicar, pues así como tú crees que te engañé, yo creo que tú lo hiciste también. Pero te voy a demostrar que en ningún momento te fui infiel, así como estoy seguro de que tú tampoco lo fuiste... porque confío en ti... y sé que existen muchas casualidades que pueden llevarnos a creer algo que no es —tomó aire después de su largo monólogo—. Por favor... dame una oportunidad —tomó el valor de caminar hacia ella y sentarse a su lado, acariciando sus manos.
Sus ojos verdes brillaron, llenos de sentimientos encontrados. Su corazón le pedía a gritos perdonarlo, pues tampoco podía vivir sin él, no podía... Pero una vocecita en su cabeza le traía a la mente sus palabras tan hirientes, las imágenes de su traición, sus miradas llenas de desprecio y su indiferencia...
¿Cómo podía perdonarlo tan fácil después de todo el sufrimiento?
Qué sencillo era para él, pensar que lo perdonaría con tan sólo pararse en su casa después de dos años de haberse agredido tan profundamente. ¡Dos años de no dirigirse la palabra, salvo aquella vez hace doce meses en que se dijeron tantas palabras hirientes! ¡Todo ese tiempo llevaban, haciendo como si el otro no existiera!
Sin embargo, y sobre todas las cosas... ella seguía amándolo. Incluso de la misma forma de cuando ambos tenían sólo quince años.
Era una tormentosa maldición no poder quitarse ese amor por Fye D. Flowright. O tal vez... pudiera ser una bendición. Quién sabe.
—¿Qué opinas al respecto, Sakura? —se acercó mucho, mirándola con insistencia y hasta un con toque de miedo a que lo rechazase.
—Yo...—a la mierda su orgullo, lo amaba y sólo eso importa ya—. Fye yo... tengo que admitir que...
—¿Estás acompañada? —preguntó él, de la nada y mirando hacia cierto lugar en específico.
Sus ojos verdes viajaron hacia lo que su ex novio miraba fijamente: Un par de copas de vidrio con alguna bebida dentro.
Una alarma se encendió en el interior de Sakura. ¡Lo había olvidado por completo!
—Fye, sé que parecerá extraño y hasta cierto punto se puede mal entender, pero...
Say something I'm giving up on you
I'll be the one if you want me to
Anywhere I would have followed you
Say something I'm giving up on you...
(Di algo que estoy renunciando a ti
Yo seré la única si me quieres también
En cualquier lugar te hubiera seguido
Di algo que estoy renunciando a ti...)
—Pequeña ¿Dónde puedo dejar mi ropa mojada? —una voz masculina retumbó en toda la casa, al parecer provenía del segundo piso.
Sakura observó cómo las manos de su ex se cerraban en fuertes puños, mientras que su quijada competía contra sus nudillos para ver cuál podía hacer más presión.
Los ojos verdes y los azules hicieron contacto, pero sólo cinco segundos, porque un joven apuesto bajó las escaleras y entró a la sala, sólo con unos pantalones cortos y una toalla al cuello.
El rubio lo fulminó con la mirada y después a Sakura.
—¿Qué significa esto? —preguntó con un tono aterrador.
—Lo siento, ¿Interrumpo algo? —preguntó Shaoran, algo avergonzado, pero su vergüenza fue reemplazada por un gran desconcierto al ver la fúrica mirada que ese tipo rubio le dirigía a la castaña. De inmediato lo reconoció como el ex novio de su amiga, ese patán que tanto la ha hecho sufrir. Quiso decirle un par de verdades, pero Sakura se le adelantó.
—No es lo que parece —respondió a la muda pregunta de esos ojos azules—. Mis compañeros vinieron para hacer un trabajo —explicó con miedo a su reacción.
Fye no dijo nada. Apretó más la quijada, miró detenidamente a su ex novia y notó que su cabello estaba ligeramente húmedo.
Eso fue la gota que derramó el vaso.
Se levantó en un movimiento colérico y caminó hacia él con pasos furiosos y rápidos.
—¡No! —intentó detenerlo del brazo cuando lo vio levantarse bruscamente del sillón para irse contra el joven—. ¡Fye, basta!
Le gritó, justo en el momento en que asestó un seguro golpe en la cara del castaño, quien no se vio advertido en ningún momento, pues no se esperaba esa reacción de un extraño para él.
—¡¿Qué demonios te ocurre?! —reclamó el castaño, quien apenas había tenido tiempo de reaccionar y ahora utilizaba ambas manos para detener la hemorragia de su labio roto y también su nariz, pues el golpe había sido en la mitad de su cara.
Una ira incontenible recorría al rubio por dentro, y estuvo a punto de echársele encima y molerlo a golpes. El otro no esperó un segundo más y se puso en posición de pelea, en una extraña pose de artes marciales chinas.
—Quítate —le espetó.
And I am feeling so small
It was over my head
I know nothing at all
(Y me siento tan pequeña
Estaba sobre mi cabeza
No sé nada en absoluto...)
Sakura se había puesto en medio de ambos, evitando que Fye terminara de rematar a su amigo, aunque también temía que Shaoran se defendiera bien, pues no era malo para esas cosas.
Ella no hizo caso a la orden que le dio su ex, sino todo lo contrario, se mantuvo firme, enfrentándolo y cubriendo a su amigo.
—No.
—Muévete.
—No lo haré.
Su ira incrementó al verla defender a su amante.
—Si no te mueves, yo... —fue abruptamente interrumpido.
—¡Basta ya! ¡Maldición, Fye! ¡¿Qué demonios te ocurre?! —levantó la mirada en un brusco movimiento y lo encaró con ira, apretando puños y dientes.
And I will stumble and fall
I'm still learning to love
Just starting to crawl
(Y voy a tropezar y caer,
todavía estoy aprendiendo a amar,
apenas comenzando a gatear...)
Los músculos del rubio parecieron relajarse un poco al ver que sus tristes ojos verdes se inundaban en gruesas lágrimas, llenas de coraje y rencor. Pero poco duró eso, pues su rabia dio un nuevo arranque.
—No puedo creer que defiendas a este tipo...—casi escupió las palabras—. Al parecer no te juzgué mal. Ustedes están juntos desde hace dos años —soltó una risa completamente amarga y llena de ironía—. Quién lo diría... —meneó la cabeza de un lado a otro.
—Ahora puedo estar seguro de quién demonios eres. Deja tranquila a Sakura de una vez, ella ya te dijo que te odia, no te quiere ver más —espetó con rabia—. Pero antes debo decirte que estás terriblemente equivocado —dijo ahora con total seriedad, con la sangre todavía brotando de sus heridas latentes.
—¿En qué me equivoco, según tú? —masculló entre dientes, recuperando las ganas de patearle el trasero.
El castaño iba a responder, pero Sakura se le adelantó.
—Shaoran, el botiquín está en el baño. En un momento te alcanzo —su voz sonaba nuevamente gélida, aunque un inconfundible atisbo de dolor se distinguiría en ella si se escuchara con detenimiento.
En ningún momento había desviado la vista de los ojos azules.
—Atrévete a hacerle algo y no vives para contarlo —amenazó el castaño completamente hastiado de la actitud de Fye.
Se retiró al baño solamente porque Sakura lo había hecho como una petición encubierta. Quería estar sola.
Say something I'm giving up on you
I'm sorry that I couldn't get to you
Anywhere I would have followed you
Say something I'm giving up on you
(Di algo que estoy renunciando a ti,
lo siento, pero no podría retenerte.
En cualquier lugar te hubiera seguido.
Di algo que estoy renunciando a ti)
—¿Qué? —soltó iracundo al notar la mirada verde clavándose en él con furia—. ¿Ya me vas a explicar lo que pasa aquí?
—Sí —sus labios se transformaron en una sonrisa algo torcida y llena de ira—. Aunque no lo mereces porque tú y yo no somos ¡Nada! Pero me daré el gusto de echarte en cara tu estúpido error. Así que mira —señaló una mesita al lado del sofá. Había otra copa de vino. Después señaló la repisa con Cd's y ahí había otra copa medio llena—. Ahora asómate al pasillo.
Él entornó los ojos, aún con la furia corriendo por sus venas, pero hizo caso y se asomó.
—¡Explícate de una buena vez!, que no entiendo qué tienen que ver todas esas maletas y mochilas tiradas ahí.
—¡Precisamente esa es la explicación! —sus ojos temblaron un segundo, mirándolo fijamente y preguntándose cómo podía ser él tan idiota—. Esas mochilas son de mis compañeros de clase, los que vinieron a hacer un trabajo conmigo. ¿Y ves eso, allá? —señaló las puertas corredizas que daban hacia el patio. Había charcos de agua por todos lados, parte del interior de la casa tenía huellas de muchos pies mojados; y la manguera con la que se habían refrescado en ese día de verano, aún tiraba un pequeño chorro de agua—. Mis amigos no están, pues después de darse una ducha cada uno, se fueron juntos a comprar la merienda y algunos materiales que nos hacen falta. Y la razón por la que Shaoran está aquí es porque se llenó de lodo y tardó mucho en ducharse. Además de que fue tan amable como para no dejarme sola —conforme fue avanzando en su explicación, su voz iba aumentando el tono hasta llegar a gritar.
En ese momento el rubio no supo que decir. Nunca antes en su vida se había sentido tan imbécil.
Inevitablemente bajó la mirada, sintiéndose culpable.
—Así que ahora hazme el enorme favor de salir de mi casa —extendió su brazo, señalando la salida—. ¡Y de una vez lárgate también de mi vida! No quiero saber nunca más de ti porque aquello que dije en el auto hace un año sigue siendo cierto: TE ODIO —se dejó llevar por la rabia y el coraje—. Y es lo mismo que te iba a responder antes de que llegara Shaoran. Te odio Fye Dariell Flowrigth. Y quiero que desaparezcas de mi vida ¡Ahora!
And I will swallow my pride
You're the one that I love
And I'm saying goodbye
(Y voy a tragarme mi orgullo,
tú eres el único a quien amo,
pero aún así estoy diciendo 'adiós'...)
Su brazo se mantuvo alzado, señalando la salida temblorosamente.
Sus enormes ojos verdes, grandemente abiertos y llenos de ira, coraje, rencor... muy en el fondo le suplicaban que no se fuera, que regresara el tiempo y ambos olvidasen todo lo malo.
Muy en el fondo suplicaba porque él nunca se fuera.
—Di algo... di algo que estoy renunciando a ti...—se repetía una y otra vez, pues más de un minuto había pasado y él no decía nada, sólo la miraba a los ojos con una expresión llena de arrepentimiento, dolor e ira a la vez.
Say something I'm giving up on you
I'm sorry that I couldn't get to you
Anywhere I would have followed you.
(Di algo que estoy renunciando a ti.
Lo siento, pero no podría retenerte.
A cualquier lugar te habría seguido.)
Y se fue.
Permitiendo que renunciara a él.
Sólo salió por donde mismo que entró... dejando una pesada sensación de soledad, frío, miedo...
Cualquier palabra lastimosa que le dijese hubiera sido mejor que ese silencio que se llevó consigo al atravesar la puerta. Nadie era más duro con Sakura que ella misma, así que las palabras no dichas por él, ella misma se encargaría de formularlas en su mente, lastimándose una y otra vez con el recuerdo de lo que pudo y no llegó a ser.
—¡Sakura! —corrió a auxiliarla al ver que cayó de rodillas al suelo, sin piedad, golpeándose en seco con la duela—. ¿Qué ocurre? —se alarmó ante su rostro pálido y sus manos frías apretando su pecho.
Intentó articular una palabra, pero no pudo, de pronto el aire se le había ido de los pulmones. Siquiera llorar podía.
De pronto, e interrumpiendo esa atmosfera trémula y sofocante, sus amigos llegaron a la casa, haciendo su típico escándalo de siempre.
—¡Entiende que no! ¡Ese chico no te conviene Chiharu! —insistió Akemi—. ¿Verdad Takeshi?
—A mí no me metan en eso —respondió el aludido, alzando ambas manos, cargadas con las bolsas de las compras.
—¿Tú que ya estás casada, qué opinas al respecto, Tomoyo? —inquirió Chiharu. La aludida iba a responderle que Akemi también era casada y el criterio sería el mismo, pero en vez de eso, corrió hacia el pasillo con extraña urgencia.
—¡Oigan! —exclamó Shaoran, en el piso y con una semiconsciente Sakura entre sus brazos—. Alguien traiga su medicamento, está en el botiquín del baño ¡Ahora!
Los recién llegados miraron la escena sin poder entender lo que ocurría. Tan pasmados estaban que solamente con un grito más de Shaoran lograron reaccionar. Aunque Tomoyo ya se había adelantado por la medicina de su amiga.
—¡Chiharu! Ve por un vaso de agua cuanto antes —pidió el castaño.
La aludida asintió y con manos temblorosas regresó, entregándole el vaso, y Tomoyo las pastillas.
A como pudo le dio el medicamento y poniéndose de pie con ella en brazos, la llevó hasta el sofá más cercano. No esperó ni un segundo más y llamó a una ambulancia.
—¡¿Qué fue lo que pasó?! —Chiharu logró articular palabra, sin dejar de apretar la mano de su amiga.
—Sufrió un ataque...—respondió Tomoyo con la voz seria y queda. Era la única en esa habitación, además de Akemi, que conocía a la castaña desde que estaban en pañales, así que no le costó trabajo entender lo que había ocurrido.
—¿Pero que se lo causó? —preguntó Chiharu, alarmada todavía.
—¡La ambulancia ya llegó! —Takeshi Yamasaki fue a abrir la puerta.
—Fye estuvo aquí...—fue la respuesta de Tomoyo para Chiharu, quien quedó en las mismas, pues ni ella ni Takeshi conocían al tal "Fye"
Nadie se había percatado del rostro maltrecho del castaño, sólo Tomoyo, y así fue como logró hacer sus conjeturas.
—Sin duda alguna... viniste a molestarla, Fye... —pensó Akemi, mientras veía cómo los paramédicos revisaban a su mejor amiga minuciosamente.
Meses después…
—Buenas tardes señor Kinomoto.
—Buenas tardes muchacho, adelante, mi hija estará lista en unos minutos —lo recibió amablemente.
—Gracias —entró y se sentó en el sillón individual de la sala, esperando.
—¡Oh, pero que bellas flores! —Nadeshiko entró a la sala, sentándose a un lado de su esposo.
—Gracias —el chico se sonrojó un poco—. Estas son para Sakura —señaló el ramo con tulipanes rosas claro y unos blancos—. Y estas —dividió el ramo en dos, extendiéndole los tulipanes blancos a la madre de su amiga—. Son para usted —sonrió con algo de pena.
—¡Qué lindo! No te hubieras molestado —se emocionó mucho—. Muchas gracias —recibió las flores y aspiró su delicioso aroma.
—Hermano, ya te dije que no es mi novio —la voz malhumorada de Sakura se escuchó desde el segundo piso.
Nadeshiko y Fujitaka rieron apenados ante su invitado.
—¿Entonces por qué saldrás con él?
—Es mi amigo e iremos un rato a pasear y tal vez al cine. ¿Por qué no sales con Nauru? de seguro te extraña —gruñó, tratando de deshacerse de él.
—Está de vacaciones con sus padres—respondió simplemente, cruzado de brazos y mirando cómo su hermana terminaba de arreglarse. Se recargó en el marco de la puerta y la miró detenidamente, se veía hermosa a pesar de llevar sólo unos simples jeans y una blusa fresca para el calor de verano.
—¿Por qué me ves así? —inquirió, sacándolo de sus pensamientos al intentar pasar por la puerta que estaba obstruyendo su hermano.
—Te ves preciosa —logró que su hermana se sonrojara un poco, pero se le pasó cuando puso una mano sobre su cabeza, despeinándola un poco.
—¡Hermano! —se enfadó e intentó pisarle el pie con fuerza, pero falló en el intento.
—Tengo años de práctica para esquivar tus ataques, monstruo —rio abiertamente al verla tan enojada—. Ya, tranquilízate que no querrás que el mocoso te vea transformada en monstruo.
—¿Qué? ¿Ya llegó? —ignoró el mote que usó para su amigo, mayor fue su asombro.
—Desde hace un buen rato —casi canturreó.
—¡¿Y por qué no me dices?! —salió disparada hacia la planta baja.
Touya se quedó dónde estaba y sonrió divertido. Su hermana había estado muy deprimida desde la boda de Kurogane y Tomoyo, incluso desde un poco antes. Él estaba seguro que se debía a su ruptura con el rubio, pero Sakura nunca se animó a platicarles el motivo verdadero de su tristeza, ni el porqué de esa ruptura.
No le agradaba el hecho de que ese mocoso compañero de la universidad la estuviera invitando a salir desde hace varios meses, pero no se lo impedía al ver que ella volvía a ser la misma Sakura de antes cuando estaba con ese chico, sólo por eso no intervenía, porque Sakura se veía nuevamente feliz.
—¡Shaoran! Disculpa la tardanza —entró a la sala con bolso en mano y lista para salir.
—No te preocupes, tus padres y yo platicamos un rato —sonrió y le entregó las flores—. Son para ti.
—Oh, muchas gracias, no te hubieras molestado —sonrió avergonzada y un poco incómoda ante la mirada divertida de sus padres, afortunadamente Touya se quedó en la planta alta.
—¿Nos vamos?
—Sí.
Se despidieron de los señores Kinomoto y se fueron en el auto del castaño, rumbo al centro de Tokio, pasarían todo el día en la ciudad. Visitaron algunos centros comerciales y una que otra galería de arte, fueron al cine y finalmente escogieron un lindo restaurant para almorzar.
—Y dime ¿Qué piensas hacer ahora que nos graduamos? —inquirió con curiosidad mientras terminaba su postre.
—Pues… —la castaña lo meditó unos momentos—. Mi sueño es viajar mucho, conseguir un trabajo donde me dejen hacer mi arte tal cual me gusta, no sé… —lo meditó unos segundos—. Algo así como pintar en las paredes de un museo reconocido, mis pinturas harían historia —rio un poco—. Aunque mi sueño más grande es tener mi propia galería de arte, donde pueda exponer y vender mis pinturas, y… ¿Por qué no? Darle la oportunidad a los novatos para que expongan su arte también —sonrió al imaginárselo.
—Ya que lo mencionas… ¿Qué pensarías si te digo que hay una tentadora oferta de trabajo en mi país, para los dos?
—¿En China? —se asombró.
—Sí —una gran sonrisa adornó sus labios—. En el museo de Shanghái.
Los ojos de Sakura se iluminaron, tenía bien sabido que ese era uno de los más importantes de China.
—Me ofrecieron un trabajo, necesitan que haga una réplica de todas y cada una de las esculturas originales que tienen ahí, esas las van a guardar en una bodega con suprema seguridad mientras que las mías estarán en exposición.
—Pero… lo mío es la pintura, no soy buena esculpiendo.
—Aún no he terminado —la miró pícaramente—. Me preguntaron si tenía alguna colega que pudiera ayudarlos en la galería de pintura, quieren hacer réplicas de algunas obras y al mismo tiempo desean abrir una nueva galería de astronomía.
La castaña se quedó sin aliento.
—Sí —contuvo su risa ante la expresión de ella—. Les mostré las fotos de tus obras más recientes y de algunas que hiciste durante nuestros primeros años en la universidad, se quedaron sorprendidos con tu talento y quieren que pintes las galaxias en las paredes de un museo, tu arte quedará ahí por décadas, incluso podrían ser siglos ¿Qué dices?
—¡¿Cómo rayos hiciste para conseguir algo así?! —puso ambas manos sobre la mesa, estaba muy exaltada, llena de emoción.
Ahora sí rio.
—Bueno… tengo contactos —se rascó la mejilla con un poco de nerviosismo e incomodidad—. Entonces… ¿Vienes conmigo a China?
—Oh… —se recargó en el respaldo de su silla, calmándose por unos instantes.
—¿Qué pasa? ¿No querías viajar mucho? —alzó una ceja.
—¡Sí! Es sólo que no esperaba que fuera tan pronto, no sé cómo lo tomará mi familia, en especial porque sería ir a tu país, contigo…
—Es mejor así ¿No crees? No estarás sola.
Sakura lo pensó unos segundos. ¡Claro que quería viajar! Pero apenas había terminado la carrera y se sentía un poco insegura para un puesto tan grande.
—Piénsalo un poco, tomate un tiempo y luego me dices qué decidiste ¿te parece?
Ella asintió con la cabeza.
—Mientras tanto ve pensando en qué haremos ahora ¿De qué tienes antojo? Yo invito —le sonrió ampliamente.
—Pero Shaoran, tú has invitado todo el día de hoy, ahora déjame a mí invitarte algo —se avergonzó un poco.
—Por supuesto que no —sonrió—. Lo del día de hoy va completamente por mi cuenta.
—Gracias —sonrió con sus mejillas arreboladas—. Mmm… quedé satisfecha ¿Qué te parece si vamos a pasear un rato por las calles de la ciudad? Estoy segura de que a pesar de que tienes años viviendo aquí, todavía no conoces del todo el centro.
—Tienes razón, vamos —pagaron la cuenta y salieron rumbo al centro de una de las ciudades más grandes del mundo.
Pasearon por muchas tiendas más, algunos jardines e incluso rentaron bicicletas para pasear un rato. Fue un día lleno de actividad, ya estaba atardeciendo cuando pasaron por un templo muy famoso y vieron un panfleto pegado en un poste.
—Habrá un festival de fuegos artificiales a las ocho —murmuró Sakura al ver el anuncio.
—¿Te gustaría ir? —preguntó Shaoran entusiasmado.
—Nunca has ido a uno ¿No es así? —contuvo una risilla al ver la emoción en sus ojos—. Vayamos, pero… —se miró a sí misma y luego a él—. Se acostumbra vestir con ropas folklóricas. Regresemos a mi casa, tengo un kimono que me gustaría ponerme y seguro mi hermano te presta una de sus yukatas.
El castaño la miraba mientras hablaba, pero se distrajo al ver una tienda llamativa detrás de ella, sonrió ampliamente.
—No creo que sea necesario, ven —la tomó de la mano y entraron a dicha tienda especializada en ropa japonesa antigua.
—Pe-pero Shaoran, no es necesario que me compres ropa, podemos ir a mi casa y…
—El festival comienza en una hora, no nos alcanza el tiempo —se excusó, pues la realidad era que no quería toparse con su hermano y mucho menos pedirle ropa prestada, le causaba escalofríos tan sólo pensarlo—. Escoge el que tú quieras y… —se rascó la nuca—. ¿Podrías ayudarme a escoger uno?
—¡Claro que sí! —se emocionó mucho.
Pronto salieron de la tienda con ropas nuevas. El atuendo de Sakura era ligero y fresco, de color azul claro con un hermoso estampado que hacía honor a su nombre, pues llevaba cientos de florecillas de cerezo por todas partes y una que otra rama abarcando el diseño de la ropa. El de Shaoran era de un color verde oscuro con pequeños detalles marrones.
El templo estaba abriendo las puertas al público, ambos jóvenes fueron directo al interior, paseándose por los alrededores y disfrutando de los enormes y bellos cerezos que precisamente se encontraban en flor, mostrando todo su esplendor en ese bello anochecer.
—Oh ¿Qué tenemos aquí? Una linda pareja de enamorados —una viejecilla salió quien sabe de dónde.
—Nosotros no… —la señora lo interrumpió.
—Pasen y prueben su suerte. Vean qué les depara el futuro, quizá una boda se aproxime en sus vidas —los miró pícaramente—. Vengan anímense.
—Disculpe, nosotros no somos pareja —corrió el castaño con algo de vergüenza.
—Oh, pero ¿Por qué no?
—Somos amigos —dijo de inmediato la castaña, consciente de los sentimientos que él le había confesado hace ya varios años, aunque dudaba que siguieran en pie.
—Bueno, entonces pasen a probar su suerte, no saben lo que el destino les puede tener preparado —insistió con picardía.
—¿Quieres tomar un omikuji?
—¿Omikuji? —inquirió él.
—Así se les llama a estos papelitos de la suerte —rio un poquito—. Será divertido —Sakura pagó la pequeña ofrenda requerida para los dos omikuji y procedió a sacar un palito de bambú de una caja hexagonal, pero antes lo agitó muy bien. Sacó el palito que le indicaba el número 19. Sonriendo fue en busca del cajón con ese número y sacó de allí una hojita con su predicción del futuro—. La leeré hasta que saques el tuyo.
Shaoran la había observado atentamente, así que repitió sus pasos y pronto obtuvo su hojita.
Sakura leyó el suyo primero.
—"Sue-kyou"
—¿Qué significa eso? —inquirió curioso al ver su reacción asustada.
—Futura mala suerte —suspiró y luego rio, restándole importancia—. ¿Qué dice el tuyo?
—"Sue-kichi"
—Futura buena suerte —rio—. Te salió lo contrario a mí.
—¿Y qué es esto que dice abajo? No conozco esos caracteres —le señaló la hoja, los kanjis estaban escritos en un antiguo japonés.
—"Te mereces ser feliz, acéptalo y abraza sin miedo esta nueva etapa de vida"
—Quiere decir que debemos ir a China —sonrió emocionado—. ¿Qué dice el tuyo?
—"Ya basta de seguir tropezando con la misma piedra" —leyó—. Auch, más directo no podía ser —rio con tristeza.
El castaño la miró con algo de tristeza, todo lo que tuviera que ver con Fye siempre la entristecía. Estaba por decirle algo para animarla cuando…
—Si te sale mala suerte, no olvides amarrar tu omikuji a un pino para que nada malo ocurra; o por el contrario, si es buena suerte y quieres que se cumpla, amárralo al templo —ofreció la amble viejecilla.
—Gracias, ahora mismo vamos a amarrarlos —dijo con una risilla entre dientes. Ambos siguieron la tradición y los amarraron en el lugar que correspondía.
—Espérame aquí un momento —Shaoran desapareció entre la muchedumbre y volvió momentos después con algo dentro de su mano.
—¿Qué es eso?
—Es para ti —le extendió un bello amuleto para la buena suerte, era un lindo llavero con un pequeño osito café colgando de él—. Para contrarrestar tu omikuji.
—¡Pero qué lindo! —tomó el amuleto—. Muchas gracias —se paró de puntillas y le dio un tierno beso en la mejilla que logró casi sacarle humo por las orejas al castaño.
La viejita vio todo y no pudo evitar soltar una risilla pícara, logrando llamar la atención de los dos.
—Muchachos, cuando el amor es recíproco y tan grande como el que se demuestran ustedes, no hay mala suerte que pueda influir en él.
Los aludidos la miraron con algo de sorpresa, tenía razón sobre el amor, pero se equivocaba con ellos, pues sólo eran amigos.
—Señora, nosotros no… —estaba por corregirla de nuevo, pero ella lo interrumpió.
—En ningún momento hablé de amor de pareja, simplemente del amor puro —le guiñó un ojo y se fue de allí, dejándolos algo confundidos.
OoOoOoOoOoO
—¡Mira! Ya comenzaron los fuegos artificiales —apuntó hacia el cielo con mucha emoción. El castaño miró el cielo nocturno bañado en luces y luego posó sus ojos en el rostro de su amiga, a partir de ese momento no le pudo despegar la mirada en ningún momento.
A su mente llegaron los recuerdos vividos con ella: el día en que la conoció, cuando ambos ganaron un premio por sus obras de arte, la vez en que le robó un beso y todas esas ocasiones en que la consoló porque el idiota de Fye la hacía sufrir. Recordó también cuando el rubio fue a la casa de ella a buscar una reconciliación y por supuesto que recordaba el golpe que le propinó, aún le hervía la sangre al recordarlo. Desde entonces no habían vuelto a tocar el tema de Fye en ningún momento, él no quería entristecerla, pero era necesario que enfrentara sus miedos y los venciera para poder tomar una decisión, él quería que Sakura se fuera a China con él, pero al parecer ella temía dejar el país mientras Fye siguiera aquí.
—Sakura —su tono fue serio y tranquilo.
—Dime —no desvió sus ojos del cielo.
—Quería decirte que yo… yo te…
—¡Ohh mira, mira! —lo interrumpió inocentemente, apuntando maravillada al cielo. Habían lanzado nuevos y más grande fuegos artificiales.
El pobre soltó un pequeño suspiro lleno de resignación y se llevó una mano al pecho, ya lo había hecho una vez y no le costó tanto esfuerzo como ahora. Bueno, la diferencia es que ya lo había rechazado una vez, así que era muy probable que sucediera lo mismo ahora.
—Quiero decirte que te amo como no he amado a nadie, que me asusta este sentimiento tan fuerte que tengo hacia ti, pues… me hecho dependiente de tus sonrisas, de tu voz, de tu mirar… —suspiró más pesadamente, ni siquiera había levantado la vista al cielo ¿Para qué? Si lo más hermoso lo tenía justo frente a sus ojos.
—Perdona —miró a su amigo después de que los fuegos artificiales se acabaron—. ¿Qué me decías?
Tragó en seco.
—Amm… yo… —se rascó la nuca y pensó en algo qué decirle, pronto recordó un pendiente muy importante, algo que aún no le decía—. No sé si te has preguntado el porqué de mi insistencia al querer pasar todo un día contigo.
—Teníamos mucho de no pasar un rato tan agradable —sonrió, pero su sonrisa disminuyó al ver que su amigo se quedaba mirándola con suavidad—. ¿O no?
—En cierta parte sí —miró hacia el cielo y se acomodó mejor sobre el pasto que les brindaba un cómodo asiento—. Pero… no sé si recuerdes la charla que tuvimos hace un mes.
—Por supuesto que sí —lo miró con tristeza mientras recordaba aquella noche en que Shaoran le habló por teléfono, pidiéndole de favor que si se podían ver en ese momento, el pobre estaba destrozado, recién le habían dado la noticia de que su madre había fallecido momentos antes. Esa noche el castaño se quedó en la casa de Sakura y Tomoyo, aunque sólo estaba la ojiverde, quien le dio consuelo toda la noche. Nunca había visto llorar a su mejor amigo, hasta ese día. Recordaba también cómo a la mañana siguiente, Shaoran salió disparado al aeropuerto sin siquiera llevar una pequeña maleta, el funeral de su madre se llevaría a cabo esa misma mañana y sus cuatro hermanas y su prima ya lo esperaban. Desde entonces el castaño permaneció en China, sólo había regresado para graduarse y después se devolvió a su país natal. Y hoy… bueno, hoy recién había vuelto a Japón con el único propósito de convencer a Sakura de vivir en China con él.
—Las negocios de la familia necesitan a alguien que los dirija, mi padre murió desde muy joven y madre ya no está, además, ninguna de mis hermanas podría tomar el cargo —suspiró con algo de fastidio—. Lo bueno de todo es que aunque me haga cargo de los negocios, aun así tendré tiempo para trabajar en el museo.
—Y eso quiere decir que… —no quiso completar la oración, temía que sus pensamientos se hicieran realidad.
—Ya no volveré a Japón, al menos no para vivir aquí —soltó de repente y la sangre se le fue hasta los pies a la pobre.
—¿¡Ya nunca te volveré a ver?! ¿Por eso pasaste todo el día conmigo?
Él sonrió suavemente y pasó un brazo por los hombros de su amiga, atrayéndola hacia sí.
—Por eso te propuse esa oferta de trabajo, además de que trabajaríamos juntos. De todas formas, si decides quedarte en Japón, veré la manera de visitarte aunque sea una vez al mes.
—Pero… —se entristeció, no le gustaba esa idea. Se había hecho muy unida a él desde su separación con Fye. Si antes ya eran mejores amigos, después de eso se hicieron casi inseparables—… te extrañaría demasiado —aceptó el abrazo y recargó su cabeza en el hombro masculino.
—¿Qué es lo que te impide irte a China? —preguntó suave, pero serio.
Sakura no contestó, se quedó pensativa por un buen rato. Shaoran no podía ver su expresión debido a la cómoda posición en la que se encontraban, pero deducía que no era muy alentadora.
—¿Es por Fye? —inquirió con tacto.
De nuevo obtuvo un largo silencio.
Suspiró.
—Lo siento —se separó del abrazo—. Sé que parezco una idiota al seguir pensando en él y más aún al albergar esperanzas de que lo nuestro pudiera renacer —suspiró.
Mientras tanto él la observaba con pensativa expresión en sus ojos ambarinos.
—No te preocupes, piénsalo, tienes una semana para hacerlo.
—¿¡Te vas en una semana?! —se asustó.
—No puedo dejar los negocios solos tanto tiempo.
—Ya veo…
—Pero mientras tanto tenemos una semana completa para pasarla bien.
Sakura asintió y se animó a volver a acomodar su cabeza sobre el hombro de él, le tenía un enorme cariño a Shaoran, incluso había llegado a pensar que si no hubiera conocido a Fye en su infancia, hubiera terminado en una relación con el castaño, pues era un hombre excepcional, caballeroso, amable y sobre todo con mucho amor por dar, lo más tierno de todo es que siempre se comportaba serio e impasible con todos, menos con ella, ella era su excepción y eso la ponía tan feliz.
El castaño volvió a pasar su brazo por los hombros de su amiga, satisfecho y cómodo en esa postura, pues estaban recargados en el grueso tranco de un gigantesco cerezo en flor, así que un montón de pétalos les caían encima cada que una brisa primaveral los envolvía.
De pronto sintieron una corriente de aire más fuerte, y eso trajo consigo cientos de pequeños pétalos, pero no sólo eso, justo sobre ellos cayó una ramita con un par de florecillas intactas, Shaoran la tomó y sonrió con dulzura ante una buena idea que se le cruzó por la mente, se separó un poco de Sakura y ante su mirada expectante le acomodó la ramilla entre sus cabellos castaños, dándole un aspecto de ángel.
—Era lo único que te faltaba, te ves preciosa —le sonrió con ternura al ver cómo se sonrojaba y volvía a acomodarse en la misma posición, evitando su mirada porque sentía que se sonrojaba cada que tenía sus ojos castaños sobre los de ella.
De pronto Sakura suspiró.
—¿En qué piensas, pequeña?
La aludida sonrió emocionada y enternecida por el nombre.
—Es que… no lo entiendo. ¿Se puede disfrutar lo que nos hace sufrir?
Él sonrió con dulzura. Sabía que se refería a los sentimientos por su ex, pero aun así sonrió, pues la entendía a la perfección.
—Con frecuencia el amor es así.
Muy a su pesar, el amor era así casi siempre. Sakura sufría por Fye y él…él sufría por ella, por no poder tener su amor como quisiera.
De pronto unas voces conocidas se escucharon cerca de los dos:
—¡Mira! ¡Hay un puesto de omikujis! Vayamos a probar nuestra suerte.
—Yo no creo en esas cosas.
—Anda, vamos —lo estiró de la manga de su atuendo, arrastrando a su esposo hacia aquel lugar.
—Esas voces —dijo Sakura—. Son…
—¡Sakura! —una bella Akemi vestida con su yukata rosa claro se le acercó corriendo sin soltar en ningún momento a su querido esposo.
—¡Oh Akemi! —se puso de pie junto con Shaoran y saludó con un fuerte abrazo a su querida amiga—. Tenía tanto de no verlos ¿Cómo están? —abrazó también a Yuui.
—Bien, nos invitaron a este festival y decidimos venir a ver qué tal estaba —el rubio se encogió de hombros mientras miraba discretamente hacia todos lados—. ¿Cómo estás, Shaoran? —saludó al amigo de Sakura.
—Bien, gracias —sonrió tranquilamente—. Yuui ¿Verdad?
—Sí —sonrió ampliamente—. Nos conocimos hace años en la exposición de arte.
—Oh, es verdad.
—¿Iban a probar su suerte? Los acompañamos —ofreció la ojiverde a sus amigos, miró a Shaoran y éste asintió con una sonrisa.
—E-este… mmm… —Akemi pareció dudar un poco, mientras que su esposo se ponía muy nervioso.
—Sí, vayamos a…
—¡Hasta que los encuentro! ¿Por qué se nos adelantaron tanto? —se quejó Tomoyo con una risilla cantarina, pero se detuvo abruptamente al ver con quién se habían topado. Soltó un gritillo de emoción y abrazó con fuerza a su mejor amiga, luego miró a Shaoran y le sonrió pícaramente a la castaña.
—¿Dónde está Kurogane? ¿No vino con ustedes? —lo buscó con la mirada por todos lados.
—Sí… —lo pensó unos segundos antes de responder—. Está por allá —apuntó a un puesto de comida.
La ojiverde miró en aquella dirección sonriente, miró que su amigo salía del pequeño puesto con un par de bebidas en sus manos. Su sonrisa se borró cuando miró un poco más a la derecha, justo al lado del moreno se encontraba Fye, también con unas cuantas bebidas en sus manos, haciendo piruetas para que no se le fueran a caer.
Lo miró de arriba abajo, estaba vestido con una elegante yukata negra, con una más delgada encima, de color blanco. Kurogane portaba una perecida, pero con los colores inversos.
Al parecer ambos amigos venían discutiendo –como siempre- pero antes de llegar con el resto, alzaron la mirada y se sorprendieron al ver a cierta parejita platicando con los otros tres. Fye se detuvo abruptamente, provocando que todas las bebidas que traía se le cayeran al suelo, esto fue suficiente escándalo para que todos voltearan a verlo.
—Serás idiota —masculló el moreno—. Tendremos que ir por más —gruñó, pero alzó una ceja al ver la conexión de miradas que se había formado entre Fye y Sakura, ambos tenían sus mejillas algo sonrojadas y no miraban a nadie más.
Tomoyo notó aquello y miró con disimulo cómo Shaoran fruncía el ceño casi imperceptiblemente, Yuui también lo notó e inevitablemente miró a Tomoyo, dándose cuenta de que ella vio lo mismo. Ambos suspiraron.
Todo parecía perfecto hasta que el rubio menor desvió su mirada un poco a la izquierda, justo al lado de su ex, sosteniéndola posesivamente de la cintura. Shaoran lo miraba con profundo recelo. Esto fue suficiente para que algo dentro de Fye se terminara de romper en mil pedazos.
—Iré a traer más bebidas —le dirigió una última mirada a su exnovia, estaba tan hermosa, tan cerca de él pero al mismo tiempo tan inalcanzable.
—Te acompaño —se le unió Yuui.
—No, iré sólo —miró a Sakura a los ojos y le dirigió la sonrisa más triste y hueca que hubiera podido imagina en alguien como Fye. Se giró y fue en dirección al puesto de bebidas refrescantes. No se percató de que Yuui lo había seguido de todas formas sino hasta que llegó al puesto, donde apoyó ambas manos sobre la barra, tratando de procesar todo lo recién visto.
—¿Estás bien?
El gemelo menor se sobresaltó un poco al escuchar la voz de su hermano tan cerca.
—Dije que vendría solo —gruñó de mal humor. Su hermano sonrió de lado y alzó una ceja.
—¿Para que tires las bebidas de nuevo? No gracias, tengo una esposa que mantener y no pedo estar tirando así mi dinero.
Fye rio un poco ante ese comentario.
—Ánimo —golpeó su espalda levemente.
—Ellos están juntos ¿Los viste? Están juntos…—su voz se quebró en la última frase.
Yuui no sabía qué decirle.
—Creo que esto ha sido una señal para que la olvides de una vez por todas.
El otro abrió los ojos grandemente, esas palabras habían sido como un balde de agua helada sobre su piel.
Incluso Yuui se sintió extraño al decirle eso, pues siempre vio a Sakura y a su hermano como una pareja que duraría unida toda la vida.
—Tal vez… —suspiró y recibió el pedido que ya había hecho.
—¿Estás bien? —buscaba su mirada, pero Fye la esquivaba magistralmente.
—Sí, estaré bien —intentó sonreír de nueva cuenta, tratando de creer en su propias palabras, sin lograrlo del todo.
OoOoOoOoO
—Llamé a tu casa en la tarde para invitarte al festival, pero Touya me dijo que habías salido, nunca creí que vendrías aquí —sonrió con algo de tristeza y luego le dijo en voz baja—. Como no te encontramos, decidimos invitar a Fye, ha estado muy decaído últimamente y necesitaba un poco de distracción.
—No te preocupes Tomoyo —le sonrió a su amiga y miró cómo Shaoran, Akemi y Kurogane platicaban amenamente, el castaño se involucraba fácilmente con la gente.
—¿Tú y Shaoran…? —preguntó lentamente.
—Oh no, no. Sólo somos amigos.
—Es un amigo muy protector, ¿No es así? —sonrió al recordar cómo miraba a Fye y cómo la sostenía de la cintura.
—Es muy bueno y se preocupa mucho por mí —sonrió con ternura.
—Eso es bueno —suspiró—. Te extrañamos mucho, Sakura. Es muy difícil cuando nos vamos a reunir porque si va Fye, no vas tú o viceversa. Extrañamos juntarnos todos, verlos bien a ustedes ¿No has pensado en reconciliarte con él?
—De ninguna manera. Me ha hecho mucho daño y la verdad ya no quiero sufrir más por esto, yo aún lo quiero, pero no podemos seguir así, siempre habrá algo que interfiera en nuestra relación. Es mejor dejar las cosas así, además, no creo que él se quede solo mucho tiempo.
La mirada de Tomoyo entristeció.
—Siempre pensamos que ustedes serían los primeros en casarse —soltó al aire, sin intenciones de lograr nada, sólo un simple comentario.
—Yo también…pero la vida es impredecible —sonrió con tristeza—. Mejor platícame, ¿cómo es tu vida de casada?
—Es un sueño hecho realidad —suspiró enamorada—. No hay mejor sensación que despertar en la mañana y sentir al amor de tu vida abrazándote, es una sensación inexplicablemente hermosa.
—Me imagino —sonrió.
—Akemi y Yuui también son muy felices, no me lo vas a creer, pero ya están planeando tener hijos.
—¡¿Qué?! —se asombró—. Pero si se acaban de casar.
—Lo sé —rio—. Pero su amor es tan grande que quieren compartirlo con alguien más.
Su amena charla se vio interrumpida por los gemelos, habían traído bebidas para todos, incluso para Sakura y Shaoran, este último fue donde ella y le preguntó algo al oído, ella sonrió suavemente y negó con la cabeza.
Fye notó ese intercambio de miradas que se dirigía la pareja y simplemente no pudo soportarlo, sentía cómo su hígado se hacía nudos y cómo su estómago se llenaba de bilis. Apretó puños y dientes.
—Una disculpa, pero me tengo que retirar. Olvidé hacer algo importante en el hospital —murmuró el rubio mayor, fingiendo que había recibido un mensaje en su móvil.
—Si te refieres al papeleo, no tienes de qué preocuparte, lo dejé todo en orden esta mañana —le aclaró Kurogane.
—No es eso —comenzó a despedirse de sus amigos uno por uno, llegó a Shaoran y se limitó a darle un simple apretón de manos, seguía Sakura. Tragó en seco y dio un paso al frente para despedirse de ella con un beso en la mejilla, tal como lo hizo con sus otras dos amigas—. Ahora puedo comprobar que me odias de verdad, me has dado en donde más me duele, pero está bien, al parecer él es mejor que yo en todos los aspectos, acepto la derrota, sólo espero que sean felices —le susurró muy bajito al oído, nadie se percató de ello, ni el mismo Shaoran.
Ella no respondió, sólo lo miró con sus ojos llorosos y temblorosos. El contacto visual entre ambos duró apenas dos segundos antes de que el rubio se diera media vuelta y se fuera del festival.
El corazón de Sakura sufrió lo mismo que el de Fye momentos antes.
OoOoOoOoOoO
—Llegamos —mencionó Shaoran al estacionarse frente a la casa de su amiga, tuvo que decirlo, pues durante todo el trayecto había estado completamente distraída, a todo le respondía un "sí", "no" peor en realidad no le prestaba atención—. Sakura —la llamó de nuevo y ella pegó un pequeño brinco.
—Lo siento ¿Qué me decías?
Shaoran suspiró y se entrecejo se arrugó chistosamente.
—Ya llegamos a tu casa.
—Oh, muchas gracias —hizo el ademán de abrir la puerta del carro, pero él la detuvo.
—¿Qué ocurre? Estás muy extraña.
—Es sólo que me sorprendió ver a Fye en el festival —se sinceró—. Me causó algo extraño verlo después de tanto tiempo.
—Escuché lo que te dijo.
—¿Qué? —se espantó.
—Estaban muy cerca de mí y tengo buen oído, escuché perfectamente todo.
Ella lo miró unos segundos, se veía molesto. La pobre no lo soportó más y las lágrimas que estuvo conteniendo durante todo el camino hicieron acto de presencia.
—Preferí no comentar nada en el momento porque podría haber causado un conflicto, pero… Sakura, no puedes dejar que te trate así.
—Es por lo que le dije la última vez que nos vimos, le dije que lo odiaba y al parecer no lo ha olvidado —se enjugó las lágrimas con el dorso de una mano y negó enfáticamente con la cabeza—. No puedo creer que sea tan idiota, pensó que tú y yo…
—¿Por qué no lo negaste? —preguntó suavemente, pero con una seriedad escalofriante.
—Porque… porque… no sé.
El castaño suspiró y luego la abrazó a como pudo, apretándola contra él y poniendo su barbilla sobre el sedoso cabello castaño. Sakura cerró los ojos, sintiendo ese reconfortante abrazo y la brisa nocturna que se colaba por las ventanas del auto.
Se separaron del abrazo y se miraron fijamente. Él miró en sus ojos un nuevo sentimiento que no pudo definir, pero eso no fue lo que lo acercó más a ella, sino el deseo irrefrenable de sentir sus labios contra los de él. No hizo nada para evitar que ese impulso tomara el control de su cuerpo, sólo se dejó llevar y acercó sus labios a los de ella, estaba casi rosándolos cuando el teléfono celular de ella sonó con insistencia.
Ambos se separaron con un brinco. Sus corazones latían a mil por hora.
—Debe ser mi mamá —contestó el teléfono—. Hola mamá, sí, no te preocupes, estamos afuera de la casa —sonrió—. Sí, yo le digo —miró a Shaoran con una sonrisa avergonzada y colgó—. Dice mamá que entres, la cena está lista.
El castaño se sonrojó.
—¿No es mucha molestia?
—¡Para nada! —le sonrió abiertamente, de pronto su ánimo volvió a ser el de antes—. Vamos —salió del auto seguida por él.
—Vamos —repitió mientras le extendía su brazo caballerosamente, ella lo aceptó y se abrazó de él con cariño mientras atravesaban el jardín de la casa. El castaño no podía estar más feliz.
Lo que ninguno de los dos supo, fue que alguien los miraba desde el interior de una auto a no más de diez metros.
—Maldición, todo es verdad —masculló el rubio.
Había usado esa farsa de que había olvidado hacer algo importante con tal de salir de ese templo y no ver más a la dichosa parejita, pero tardó más de lo esperado en poder sacar su auto del apretado estacionamiento y dio la coincidencia de que en esos momentos la pareja también salía del mismo estacionamiento.
Su curiosidad no le permitió irse por un camino diferente al de ellos y fue así como terminó siguiéndolos hasta la casa de ella. Fue ahí donde vio con impaciencia que ninguno de los castaños se bajaba del auto, luego pudo apreciar –no muy claramente- que la cabeza de ambos se acercaba peligrosamente y él sabía bien lo que significaba eso: se habían besado.
Lo peor vino después cuando los dos salieron muy abrazados y entraron a la residencia Kinomoto en la misma posición. Eso quería decir que ya su familia sabía sobre la relación y al parecer la aprobaban, pues el castaño no salió de ahí en un buen rato, todo indicaba que lo habían invitado a cenar.
Una semana después…
Había hablado ya con su familia y con sus mejores amigos sobre esa oferta de empleo en China. Los primeros se lo tomaron con sorpresa al principio, pero aceptaron que era una gran oportunidad y los segundos… bueno, ellos no querían perder a su amiga, pero terminaron aconsejándole que lo mejor era seguir sus sueños y qué mejor cuando un amigo dedicado a lo mismo te impulsa a mejorar día con día.
Era una preciosa oportunidad.
—¿Estás segura? —una voz masculina salía del auricular del teléfono.
—Lo estoy, Shaoran.
Se escuchó un pesado suspiro desde el otro lado de la línea.
—No puedo hacer nada para convencerte ¿Cierto?
—Lo siento, Shaoran, pero no puedo hacerlo.
Hubo silencio.
—Te extrañaré mucho, Sakura. No tienes idea —su voz se oía grave y triste.
—Yo también —apretó en su mano el amuleto de osito.
—¿Nos volveremos a ver?
—Cada vez que vengas, estaré aquí esperándote.
—Tengo que colgar, pasaré por verificación para poder abordar.
Hubo silencio.
—Te quiero —dijo él.
—Te quiero mucho —respondió ella y eso logró formar una amplia sonrisa en el castaño, aunque ella no pudo verla.
—Hasta pronto —y colgó.
Continuará…
