Hola a todos, les traigo ahora el capítulo más largo de la historia, sí, casi 23 mil palabras! Pero antes de que empiecen a leer, debo advertirles que habrá presencia de lemmon un poco fuerte, así que lean bajo su propia responsabilidad.
We Meet Again
By Tsuki No Hana
XIII
"Suicidio"
—Pasajeros para el vuelo 219 con destino a Shanghái, favor de acercarse a la puerta A, prepárense para abordar.
Shaoran escuchó el llamado y con parsimonia se levantó de la silla, tomó sus cosas y caminó hasta la puerta mencionada. Ciertamente sentía un vacío en su interior conforme pasaban los minutos, en unas horas estaría a miles de kilómetros de su amor platónico.
Se formó en la fila para abordar el avión, ya había documentado sus maletas, así que no podía arrepentirse en esos momentos. Debía abordar ese avión.
—Buenos días, ¿Me permite su boleto, por favor? —pidió con amabilidad la señorita del aeropuerto.
El castaño echó un último vistazo a la sala del aeropuerto, tenía la esperanza de que Sakura apareciera de la nada, le confesara su amor por él y lo acompañara a China.
Se burló de sí mismo.
Se conformaba con sólo verla atravesar esa sala.
—¿Joven? ¿Me permite su boleto, por favor? —insistió.
—Oh, sí. Disculpe —se apenó un poco y se lo entregó.
—Pase.
—Gracias.
Abordó el avión y buscó con la mirada el asiento 15-A. Había reservado dos asientos, uno para él y otro para la castaña, justo al lado de él, junto a la ventana. Era triste ver su asiento vacío, así que dejó su equipaje de mano en el lugar que le correspondía a Sakura y se sentó en el del pasillo.
Todavía faltaban algunos pasajeros por abordar, así que tomó su reproductor de música, se puso los audífonos y cerró los ojos. El viaje sería largo y necesitaba distraerse con algo que no fueran sus pensamientos.
—Disculpe. ¿Está ocupado ese asiento?
Aquella voz lejana lo hizo abrir los ojos y responderle por inercia que no lo estaba, pero cuando alzó sus castaños ojos se preguntó si estaba alucinando.
—Sa-Sakura —incluso tartamudeó. Se puso de pie como un resorte y la abrazó sorpresivamente con bastante fuerza—. De verdad pensé que no vendrías. ¿Qué te hizo cambiar de parecer? —le ofreció caballerosamente el asiento junto a la ventana—. ¿Estás bien? —preguntó al verla algo agitada.
—Sí. Es sólo que corrí muy rápido. Hace veinte minutos aún estaba en mi casa —sonrió con diversión. Y a Shaoran le constaba, pues hace media hora había hablado con ella por teléfono.
FLASH BACK
Sakura dejó su teléfono sobre la mesita de noche al lado de su cama y se tiró
bocarriba en el mullido colchón, sin soltar el bello amuleto. Extendió sus
manos hacia al techo, mirando al osito.
"Ahora puedo comprobar que me odias de verdad, me has dado en donde más me duele, pero está bien, al parecer él es mejor que yo en todos los
aspectos, acepto la derrota, sólo espero que sean felices"
Las palabras hirientes de Fye llegaron a su mente. ¡No podía sacarlo de su
vida! Estaba harta de que siempre terminaba topándoselo en algún lugar de la ciudad, ya sea en una tienda, en el parque o en los festivales. ¿Cómo podría olvidarlo si siempre lo tenía cerca? Necesitaba poner tierra de por medio.
Tocaron a su puerta.
—Adelante —no se movió de su posición cómoda.
—Sakura, vengo a hacer que recapacites.
La aludida se medio-incorporó de la cama, extrañada.
—¿Pero qué dices, hermano? —miró cómo él iba hacia su armario y sacaba un par de enormes maletas.
—Sí, ya es hora de que reacciones —puso ambas maletas en la cama, sin detenerse a mirar a su hermana a los ojos.
—¡Touya! ¿Qué haces? —exclamó al ver que abría sus cajones y tomaba todo lo que le cabía en las manos para meterlo directo a la maleta, pronto sus cajones quedaron vacíos.
El aludido se detuvo y con un gran suspiro la miró a los ojos. Con todas las exclamaciones de Sakura, los señores Kinomoto pronto llegaron a la recámara, extrañados por tanto barullo.
—Vas a perder una gran oportunidad y todo por ese imbécil.
—¡No se trata de Fye! —apretó los puños.
—¿Cómo sabes que me refiero a él? —la miró con burla y reproche al mismo tiempo.
—¿Qué está ocurriendo aquí? —la voz autoritaria de Fujitaka se dejó escuchar.
—Sakura no quiso aceptar la oferta de trabajo que le ofreció el mocoso.
Sus padres alzaron una ceja, eso ya lo sabían.
—Y la razón de ello es Fye.
Ahora sus progenitores miraron directamente a su hija.
—¿Es verdad eso? —inquirió su madre con suavidad.
Sakura desvió la mirada y eso fue suficiente para todos, era un sí.
—Entonces es un hecho —caminó hacia las maletas y ayudó a Touya a llenarlas—. ¿Qué esperas cariño? El vuelo sale en unos minutos, tenemos que apurarnos
FIN FLASH BACK
—Entonces tu familia te convenció —sonrió ampliamente, no podía creer que Touya fue el principal causante de esto, pero se lo agradecía de corazón.
—Es que tienen razón. Debo cortar con Fye desde la raíz y lo mejor es poner tierra de por medio. ¿Sabes? Quisiera comenzar de nuevo, hacer cosas diferentes —sonrió al sentir el pequeño golpecito que le dio el castaño en su frente.
—Serás una chica ruda a partir de ahora —se burló un poco, haciéndola reír.
—Eso ya lo soy —presumió, alzando ambas cejas.
—Oh claro —le siguió la corriente—. Por cierto ¿Trajiste suficiente medicamento? —preguntó ya con seriedad.
—Como para cinco años —bufó y él la miró sin creerle del todo—. Bueno, suficiente para un par de meses.
—Entonces volveremos por más cuando estén por terminarse.
—Me parece buena excusa para regresar unos días a casa —suspiró—. Los extrañaré a todos.
—Pero te maravillarás cuando conozcas mi país. Ahora me toca a mí ser tu guía turístico —le guiñó un ojo—. Aunque por lo pronto debemos llegar primero a casa para que te instales y ya mañana te llevaré al museo para que conozcas al director de éste y de una vez también todas las galerías. Quedarás sorprendida.
—Espera ¿Instalarme en tu casa? — se sonrojó.
—Pero por supuesto que sí ¿A poco creías que te iba a dejar hospedarte en un hotel?
—Amm... Yo pensaba rentar un departamento.
—¿Por qué no te quedas en mi casa? —insistió—. Hay suficiente espacio.
—Hmn... —se puso incómoda.
—Bueno, al menos acepta quedarte en mi casa hasta que encontremos un buen departamento.
—Me parece bien —sonrió más animada—. Pero sólo mientras encuentro un buen lugar.
—No te preocupes, conozco buenos sitios.
Pasaron tres horas y media para que el avión aterrizara en territorio Chino. Habían llegado al fin a Shanghai. El día era muy soleado y caluroso, estaban en primavera, pero el clima era un poco más tropical ahí.
Bajaron del avión y al entrar al gran aeropuerto se toparon con un señor elegante y muy amable. Shaoran lo presentó como "Wei" el fiel mayordomo de la familia. El castaño ya le había platicado antes sobre él, le había dicho que el hombre era casi como un padre para él.
Wei se presentó muy amablemente con Sakura, feliz de al fin conocerla en persona, incluso se lo hizo saber, diciéndole que el joven Shaoran le había hablado mucho sobre ella. Esto causo un fuerte sonrojo en el chino.
La ojiverde se asombró grandemente al ver que una limosina los esperaba en la entrada del aeropuerto. Pero mayor fue su asombro cuando dejó de ver la ciudad y entraron a un bello y elegante vecindario con mansiones extensas y muy lujosas. Se preguntaba internamente cuál de todas sería la casa de él, o quien sabe, quizá sólo pasaban por ahí para llegar al verdadero destino. Mucho mayor fue su asombro al ver que la limosina entraba en la mansión más grande y más hermosa de todas.
—Nunca me dijiste que vivieras en una mansión como esta —murmuró asombrada, mirando todo desde la ventana.
—Nunca me preguntaste —se encogió de hombros, aguantando una risilla.
—¿Qué clase de negocios tiene tu familia? —inquirió con verdadera curiosidad.
—Los padres del joven Li eran los dueños de la corporación Li, empresas encargadas de proporcionar seguridad privada a las personas más importantes del país y del mundo, ya sean presidentes, ministros o emperadores. Un ejemplo es el palacio del emperador de Japón, ha sido custodiado por agentes de la corporación Li desde hace más de cincuenta años —explicó Wei con admiración.
Shaoran se rascó la mejilla con incomodidad, no le gustaba mucho hablar sobre ello. Sintió la mirada de Sakura sobre él.
—Son las empresas de la familia —se encogió de hombros, muy modesto.
—Es increíble —murmuró la castaña. Estaba impactada, nunca se esperó que su mejor amigo fuera multimillonario. Ahí se dio cuenta de lo mucho que él sabe sobre ella y de lo poco que lo conocía a él.
—Hemos llegado —anunció Wei cuando el chofer se detuvo ante la puerta de la mansión.
Había un gran tramo de camino desde la entrada hasta la puerta de la casa. Todo ese espacio estaba ocupado por un extenso y hermoso jardín perfectamente cuidado. Había cientos de árboles plantados en todo el perímetro del norme terreno. Y la casa... Wow... Al menos de cuatro pisos, pintada en toda su extensión con un color blanco nacarado, haciendo resaltar alguna que otra enredadera bien podada que cubría algunas paredes.
Quiso bajar sus maletas, pero ni Wei ni Shaoran se lo permitieron.
—En un momento las suben a su habitación, señorita Sakura —le sonrió con amabilidad.
—Gracias —dijo apenada.
—Ven, vamos para que conozcas la casa y tu habitación —la tomó cálidamente de la mano y se la llevó al interior.
La casa era bellísima por fuera y por dentro.
—Wow... Tus padres tenían un excelente gusto en decoración —exclamó sorprendida por el exquisito diseño de toda la mansión—. ¿Vives aquí sólo con Wei?
—Mi prima Meiling vive con nosotros, también el ama de llaves principal y uno que otro empleado.
—¿Y tus hermanas?
—Recuerda que no dejan de viajar —rio mientras rodaba los ojos—. Es lo único que saben hacer... —suspiró.
La castaña se sintió un poco triste por él, estando prácticamente solo en una mansión tan enorme, lo peor es estar así a pesar de tener familia. En fin... luego de veinte minutos, el castaño ya le había mostrado gran parte de la mansión, o al menos lo más importante. Al final le enseñó la habitación que ocuparía durante un tiempo, quiso ayudarla a desempacar, pero unos asuntos de la corporación Li requerían su pronta atención.
—No te preocupes, puedo desempacar sola.
—Bien —suspiró—. Nos vemos en un rato para comer juntos —le guiñó un ojo y salió de ahí.
Sakura se quedó parada en medio de la enorme habitación como no sabiendo qué hacer, ciertamente le intimidaba estar entra tanto lujo, esa habitación fácilmente abarcaba todo el segundo piso de su casa en Japón.
Miró la cama y no se resistió a correr y tirarse sobre ella con ganas. ¡Era muy suave! Tal como le gustaba. Sonrió muy contenta hasta que recordó algo: no le había avisado a sus amigos sobre su repentino cambio de opinión. Chasqueó la lengua, ya luego les mandaría un mensaje, por lo pronto debía apurarse a desempacar para ir a comer con Shaoran.
Caminó hacia la entrada de la habitación, justo donde habían dejado sus dos enormes maletas. Tomó una y estuvo a punto de arrastrarla , pero la puerta tras ella se abrió de pronto, haciendo que la pobre cayera al piso sin delicadeza.
—¡Hola! —saludó una voz muy animada—. Umh... ¿Hay alguien aquí?
—Auch —se quejó la castaña desde el suelo—. La persona que había entrado finalmente se asomó y se avergonzó un poco.
—¡Oh! Lo siento mucho, no sabía que estabas detrás de la puerta —la ayudó a ponerse de pie. Comprobó que se encontraba bien, así que sonrió abiertamente—. ¡Hola, soy Meiling! —saludó con mucho ánimo—. Prima de Shaoran. Me dijo que nos presentaría a la hora de comida, pero sinceramente no aguanté la curiosidad, pues mi querido primo no es de esos que traen a vivir a la casa a cualquier niña—la miró de pies a cabeza sin disimulo—. ¿Qué edad tienes?
—Amm... —parpadeó con confusión—. Hola Meiling, mucho gusto, yo soy Sakura Kinomoto, amiga de Shaoran. Y tengo veintiún años.
—¡¿Qué?! ¿Tienes la misma edad que nosotros? Pero si te ves tan pequeña, pensé que tendrías unos dieciocho —se asombró y la otra no pudo evitar reír un poco. Se veía de inmediato que la prima de Shaoran seguro lo sacaba de quicio en algunos momentos, pues era la hiperactividad andando.
Durante la comida, la chica china no dejó de molestar a su primo con indirectas sobre Sakura, pues ya sabía que él estaba loquito por ella, conocía toda la trágica historia, él mismo le había abierto su corazón a Meiling al necesitar desahogarse un poco aquel triste día en que su madre falleció.
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—¿Qué te parece? —inquirió con una gran sonrisa después de haberle mostrado el lindo departamento que le consiguió.
—¡Es hermoso! Me encanta, sólo que no estoy segura de poder costear la mensualidad de un departamento tan lujoso —admitió con algo de pena—. Mis padres me dieron suficiente dinero para rentar uno, pero no tan lujoso.
—No te preocupes... —fue interrumpido.
—Oh no, no dejaré que tú pagues mi hospedaje —se negó rotundamente. Él rio con diversión.
—Tranquila, el director del museo me dijo que tus gastos de hospedaje corrían por cuenta del museo. Así que puedes quedarte con este lugar.
Los ojos de la chica brillaron.
—¡¿En serio?!
—Sí, aunque sigo insistiendo que lo mejor sería que vivieras en mi casa, como ya viste hay demasiado espacio para sólo tres personas —se entristeció un poco.
—Pero no quiero molestar —insistió ella.
—Está bien —suspiró con una leve sonrisa.
Los siguientes meses trascurrieron muy tranquilamente. El trabajo había resultado mucho mejor de lo que Sakura pensó, pues se adaptó rápidamente a su ambiente y pronto empezó a dar buenos frutos, sin mencionar el jugoso sueldo que recibía por parte del museo.
Sakura y Li pasaban casi todo el día encerrados en el taller que les destinó el museo para que replicaran sus obras de arte. Ahí trabajaban, comían, y cuando estaban muy cansados, incluso tomaban una siesta. De vez en cuando Shaoran dejaba sola a Sakura debido a asuntos de la corporación Li, pero sucedía poco, pues no quería dejarla sola en un lugar donde sólo hablaban chino, la pobre se volvía loca con el idioma, pues a pesar de parecer similar al japonés, no lo era en lo absoluto.
Todo el grupo de amigos se había terminado enterando del viaje de la castaña a China, lo que ninguno sabía era que Shaoran se encontraba con ella, ni Tomoyo lo sabía, mucho menos Fye. La familia Kinomoto aceptó el pedido de Sakura: no decirles nada sobre Li. Esto les llamó algo la atención, en especial a un Touya muy celoso, sabía de sobra que el chino tenía un interés especial en su hermana.
Año 2007
Transcurrió un año perfecto en la vida de Sakura y Shaoran, su vida profesional iba viento en popa y en lo personal no se quejaban, no tenían una pareja como la mayoría de los jóvenes a su edad, pero se conformaban con tenerse el uno al otro. La castaña ya se había acostumbrado por completo al país y al idioma, así que vivir sola en un departamento no se le complicaba en lo absoluto. Estaba feliz con su vida, no era plena, pero al menos no se quejaba de nada. Le encantaba pasar mucho tiempo con su mejor amigo, él siempre buscaba su felicidad, ya sea llevándole una pequeña florecilla en los días que la veía decaída, llevándola a desayunar o incluso invitándola a ver películas en su casa junto con Meiling, quien le había agarrado un gran cariño a la castaña, las dos se volvieron buenas amigas en poco tiempo, aunque a decir verdad la joven china era demasiado extrovertida y lograba incomodar a la pareja de castaños con comentarios como: "¿Por qué no son novios?" "Deberían casarse y darme muchos sobrinos" "Primo, necesitas un heredero" y más cosas por el estilo. Los aludidos ya se habían acostumbrado a ello, aunque no podían negar que la joven era muy creativa, pues cada vez salía con un comentario más descabellado que el anterior.
Y en cuanto al museo... el director estaba muy feliz con el trabajo, estaba satisfecho con los resultados y pronto comenzó a recomendarlos con sus colegas en otros países, incluso en algunas ocasiones les ofreció que terminando el trabajo en Shanghái, le hablaría a un par de contactos para que los recibieran en Inglaterra, Italia, Beijing, Estados Unidos e incluso en Francia. El único inconveniente era que los requerían por separado, uno en cada país. Fue la única razón por la que rechazaron esas ofertas, se habían acostumbrado a trabajar juntos, además de que necesitarían primero dominar todos aquellos idiomas, o al menos conocerlos un poco.
Lo que Sakura no podía esperar era el momento en que empezara a pintar las galaxias en la galería de astronomía, se moría de ganas por hacerlo, ya había esperado un año y al tener ya terminadas todas las obras del museo, el director le había dado luz verde para que comenzara con las paredes de esa galería.
—¿Por qué me traes aquí? —preguntó con curiosidad y sin soltar aún la mano de su amigo, quien traía una peculiar canasta consigo.
Era de noche, el viento estival les acariciaba el rostro casi con ternura. Se hallaban en medio de un extenso jardín casi tan hermoso como el de la mansión Li, a excepción de que este estaba lleno de inmensos árboles antiguos y con una esplendorosa vista a una de las ciudades más grandes del mundo.
—Porque... —sacó un gran mantel de la canasta y lo puso en el césped, justo en el pequeño claro que se formaba en medio de ese jardín que casi parecía bosque—... pronto comenzarás a pintar las galaxias en la galería del museo, así que necesitas familiarizarte más con ellas —dejó la canasta sobre el mantel y se quitó la mochila que traía, de ella sacó las partes de un telescopio.
Sakura se emocionó.
—Pero antes cenaremos y brindaremos por haber terminado nuestro primer trabajo como artistas —sacó unos recipientes de la canasta, un par de platos y unas copas de cristal, al final, sacó una botella de un vino muy especial.
—¡Oh! Huele delicioso —exclamó al ver la comida—. ¡¿Tú la preparaste?! —se asombró cuando el castaño asintió con un leve sonrojo. Ya sabía que él cocinaba muy bien, pero esta cena se veía definitivamente muy especial.
Comieron, brindaron y platicaron por un buen rato. Terminaron de armar el telescopio y pudieron ver claramente las estrellas y constelaciones. Sakura estaba engentada y muy feliz. No se daba cuenta, pero esos momentos con Shaoran eran muy especiales, era lo que la animaba a seguir día tras día, esa seguridad de tener a alguien a tu lado que sabes nunca te traicionará, alguien que te tiene un cariño sincero y sin condiciones; eso era lo que Sakura necesitaba en estos momentos y algo que valoraba mucho en su mejor amigo. Otra cosa es que ¡nunca se aburría! Él siempre tenía una idea en mente, ya sea salir a comer al aire libre, pasear en días lluviosos o una cena improvisada como esta. Y ante todos estos pensamientos la castaña no pudo evitar hacer el siguiente comentario:
—Shaoran...
—Sí, dime —preguntó sin quitar la vista del telescopio, estaba tratando de encontrar la constelación Byakko (Orión)
—En todo este tiempo no te he agradecido ni una vez por las cosas que has hecho por mí —dejó la copa de vino sobre el mantel y se puso a un lado del castaño.
—No tienes nada qué agradecer —le sonrió sinceramente—. Es lo que hacen los amigos —esta última palabra le costó un poco de trabajo decirla—. Después de todo es el museo de Shanghái el que debería estar agradecido, pues les traje a una de las mejores artistas de Japón —le guiñó un ojo, logrando que su amiga riera con ganas.
—No es para tanto.
—Y tú no seas tan modesta —la molestó, ella infló las mejillas, logrando una risilla tierna en él—. Te ves chistosa —le picó la mejilla con un dedo.
Sakura soltó un suspiro lleno de tranquilidad y paz.
—Me has hecho sentir en casa —soltó de pronto—. Estoy muy lejos de mi hogar, pero tú has logrado que me sienta feliz, hoy te puedo decir que me siento mucho más feliz que cuando vivía en Japón hace un año.
El castaño le prestó su total atención. Pocas veces tocaban temas profundos, pero cuando lo hacían siempre eran muy interesantes.
—Me alegra escucharte decir eso —se acomodó a su lado, los dos sentados sobre el mantel, mirando el cielo sobre sus cabezas y bebiendo un buen vino.
Sakura se giró para verlo, sonrió suavemente al apreciar su bien delineado perfil, aprovechó a que miraba las estrellas atentamente y por primera vez en años miró algo en él que nunca antes había notado. Era tremendamente apuesto, la luz del astro lunar sumada con la de las estrellas y de esas pocas velas que habían puesto, hacían brillar su piel de una manera casi mágica. Miró su cabello levemente desordenado y pensó ¿Será tan suave como se ve? Miró sus cejas gruesas que le daban siempre un aire más maduro y serio, enmarcando perfectamente a ese par de ojos castaños que ahora mismo se giraban a mirarla; cuando comprobó que ella lo miraba fijamente giró ahora todo su rostro, sonriéndole como sólo él sabía hacerlo.
—¿Qué ocurre? —preguntó suavemente, sin borrar esa sonrisilla ladina.
El corazón de Sakura dio un fuerte brinco y casi podía escuchar una linda melodía de fondo. Y es que esos ojos castaños la habían dejado desarmada. Su expresión se veía tan relajada y suave que simplemente no pudo resistirse ante los encantos de Li.
Había algo en su mirada que la hacía querer perderse en ella, en su mirada y en sus brazos. En más de una ocasión esos fuertes brazos la habían estrechado con cariño, oh cómo extrañaba sentirlos de nuevo.
—¿Sakura? —insistió al no obtener respuesta más que una expresión embobada por su parte, pero ella no reaccionó, sin embargo, por su mente pasaban muchos pensamientos. Había escuchado su voz, sí, pero no podía reaccionar, sólo sentía que ese algo en su voz hacía que su corazón se acelerara y suplicaba al cielo que esa bella sensación nunca desapareciera.
—Si supieras cuánto quería que alguien apareciera y cambiara mi vida así como tú lo has hecho —pensó con un extraño sentimiento naciendo en su pecho, y es que no se había dado cuenta de lo dichosa que era ahora en comparación con años atrás.
—Pequeña.
Reaccionó cuando el castaño le puso una mano en la mejilla. Parpadeó confundida y salió de su trance. Li sonrió al verla sonrojarse un poco.
—L-lo siento —se avergonzó—. Es que... estaba pensando.
—¿En qué? —quitó la mano de su mejilla, ajeno al sentimiento de soledad que experimentó ella cuando lo sintió lejos de su piel.
—Es sobre lo que te decía hace unos momentos, me siento como en casa, siento que estoy donde pertenezco.
—¿Te gustó mucho Shanghái? —preguntó suavemente. No podía apartar su mirada de esos ojos verdes tan profundos y hermosos.
—No me refiero a eso —sonrió con ternura y algo de vergüenza por lo que estaba a punto de decir—. Siento que estoy donde pertenezco y no me refiero a Shanghái —lo miró fijamente a los ojos, perdiéndose un momento ellos.
—Sakura... —suspiró, estaba sorprendido. ¿Se refería a lo que creía que se refería?
—Nunca... —soltó una imperceptible risita llena de nervios—... nunca pensé que llegaría a quererte tanto, Shaoran, o al menos no de esta manera.
Una hermosa sonrisa se formó en la expresión del castaño y al mismo tiempo sentía a su desbocado corazón latir bajo su pecho.
—Yo he sentido eso desde hace muchos años.
Y no esperó más, si lo hacía se volvería loco y sería demasiado estúpido hacerlo al tener una oportunidad tan perfecta como esta.
La besó.
Fue una caricia suave y cargada de sentimientos que habían permanecido encerrados por mucho tiempo. El chico no recordaba que sus labios fueran tan adictivos como ahora los sentía. La diferencia de aquella vez a ahora era que ella le correspondía totalmente entregada, correspondiendo sus sentimientos ¿O no?
Parpadeó confundido, ella se había separado abruptamente.
—¿Qué ocurre? —su voz salió más ronca de lo esperado.
—Lo siento —se llevó una mano a los labios.
¿Acaso Li había malinterpretado las señales?
—Lo siento Shaoran, es sólo que siento extraño besar a... a...
—Besar a alguien que no sea él ¿No es así? —se alejó un poco de ella, pero en ningún momento deshizo la conexión visual.
—¡Perdón! —se avergonzó, dándole la razón—. Pero es que fuimos novios tantos años que... —suspiró—. Es difícil. Perdóname porque sé que tus sentimientos hacia mí son sinceros y puros —bajó la mirada.
—Está bien.
La castaña lo observó con sorpresa.
—Te comprendo, no tienes por qué disculparte —le sonrió con ternura—. Pero... —tomó sus manos entre las suyas—. Quiero que sepas que aquellos sentimientos que te confesé aquel día en la universidad siguen siendo los mismos, o incluso más fuertes —se sonrojó ferozmente—. Yo te amo.
—Shaoran... —se le fue el aliento.
—Te propongo algo —sonrió traviesamente—. Salgamos, así como lo hemos hecho hasta ahora, pero en otro plan, ya no sólo de mejores amigos. No te asustes, tampoco te estoy pidiendo que seas mi novia ni que nos casemos —rio—. Vamos a conocernos como pareja, sin compromisos ni presiones, sólo probémonos.
—Pero... no quiero hacerte daño, sabes que yo aún siento algo por Fye y se me haría injusto para ti que yo salga contigo cuando aún pienso en él —lo miró con culpabilidad. Pero él negó enfáticamente con la cabeza.
—Sin compromisos —repitió y luego sonrió de lado—. Sé que puedo llegar a enamorarte, sólo dame esa oportunidad. ¿Tengo esa oportunidad?
Definitivamente no podía negarse, no después de que últimamente experimentaba unos extraños sentimientos hacia él.
—La tienes —y no fue suficiente decir más.
Shaoran sonrió, con cariño y ternura le acarició el cabello y una de sus mejillas para después inclinarse sobre ella y darle un pequeño beso en los labios. Se separó un poco para no presionarla a corresponderle, pero grande fue su asombro cuando ella volvió a unir sus labios en un beso un poco más profundo. No pudo evitar sonreír dentro de la caricia, esta tarde al preparar todo para ese pequeño pic-nic, nunca se imaginó que terminaría así.
—Gracias —susurró él al separársele un poco, juntando frente con frente.
Sakura asintió y se quedó unos momentos sumida en sus pensamientos y es que nunca había prestado suficiente atención a los sentimientos que experimentaba cuando sus labios y los de él se acariciaban de tal manera que nada a su alrededor importaba. Era algo sublime y hermoso.
—Ven —tomó la mano del chico y lo jaló para que ambos quedaran recostados sobre el mantel, viendo hacia el estrellado cielo nocturno, sintiendo esa fresca brisa veraniega abrazarlos en todas direcciones. El momento era perfecto, pero no tanto como cuando el castaño la apegó a él en un suave y cómodo abrazo.
Y así, con la cabeza apoyada en el amplio y fuerte pecho del chico, Sakura dejó escapar un poco de aire de su boca y sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa de complacencia. Podría estar en esa posición durante hora. Así, con un manto de estrellas sobre la cabeza, en una noche de verano y con los latidos de Shaoran como música de fondo. Se sentía tan segura y relajada, que por mucho que intentara encontrar otro momento mejor en sus recuerdos de esos últimos años, no conseguía hacerlo. Y es que nunca se había sentido con otra persona igual que como sentía en compañía de Li, se sentía cómoda, segura, protegida. Por más que amara a Fye, el sentimiento era distinto, sentía a Shaoran mucho más maduro a pesar de tener la misma edad, era algo que no sabía bien cómo explicar. Lo extraño era que recordar a Fye aún le hacía sentir como si su ritmo cardiaco disminuyera lentamente.
Ajeno al conflicto interno de la castaña, Shaoran apoyó un brazo tras su cabeza en forma de almohada mientras rodeaba la cintura de Sakura con el otro. Miró hacia su pecho al sentir cómo ella alzaba la mirada. Ambos sonrieron para seguidamente volver a su postura inicial.
La ojiverde decidió olvidarse de su conflicto interno por el momento y mejor se dedicó a estrecharlo con más fuerza entre sus brazos, disfrutando realmente de la situación en la que se encontraban. Podía sentir el pecho de Shaoran bajar y subir lentamente.
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—¡¿Terminaste ya todas las pinturas?! —se aosmbró.
—Sí —sonrió orgullosa de su trabajo.
—Tenemos que ir a ver tu trabajo, no todos los días se exponen pinturas hechas por un monstruo y menos en museos tan importantes y destacados —se mofó.
—¡Hermano! —levantó el puño amenazadoramente.
—Oh, basta Touya —lo regañó su padre, aunque sonrió mientras lo hizo. Sakura miró a su papá con el entrecejo fruncido, nunca regañaban a Touya en serio, al contrario, incluso parecía que les divertía verlos pelear, tanto a Nadeshiko como a Fujitaka.
—Lo que pasa, mi niña, es que tu hermano te extraña demasiado. Si tan sólo vieras cómo va a tu cuarto en las noches que no puede dormir y se queda en tu cama abrazando la almohada —dramatizó—. El pobre no puede con tu ausencia.
—¡¿Qué?! ¡Pero claro que no! —se ofendió el muchacho ante los falsos que levantaba su madre. Miró a su padre en busca de alguien que lo defendiera, pero el patriarca de la familia se limitó a menear la cabeza y con profunda seriedad, decir:
—Tu madre tiene razón, cariño. Cuando te extraña tanto tenemos que consolarlo. Ya le dijimos muchas veces que no cabe en nuestra cama, pero aun así insiste en dormir con nosotros cuando no soporta tu ausencia.
—¡PAPÁ! —exclamó. Un tic nervioso ya se le había formado en la ceja izquierda.
Sakura soltó una gran carcajada. Era obvio que todo era una broma, pero se divertía a lo grande viendo cómo su hermano recibía una cucharada de su propio chocolate. Sus padres tal vez no lo regañaban, pero se daba bien servida con eso, la humillación era mil veces mejor.
El pobre Touya tenía un sonrojo hasta las orejas por todos los comentarios que seguían haciendo sus progenitores, comentarios cada vez más embarazosos que el anterior. La ojiverde miró a su familia a través de la pantalla. Se les había hecho costumbre hablar una noche cada dos o tres días por video-llamada. Era la ventaja de tener tanta tecnología al alcance, los extrañaba mucho, sí, pero podía verlos y oírlos a pesar de la gran distancia.
—Los extraño —murmuró la menor de los Kinomoto, tenía una expresión suave y llena de cariño. Una profunda nostalgia la invadió al ver la escena ante sus ojos.
Touya dejó de pelear con sus padres y con una suave expresión miró hacia la pantalla.
—Nosotros también te extrañamos, monstruo.
—Tanto que Touya...
—¡Ya basta! —exclamó con el mismo sonrojo de antes. Su madre soltó una risilla traviesa al no poder terminar su broma.
—¿Cuándo terminarás de pintar la galería? —inquirió Fujitaka con curiosidad. Pero esta curiosidad tenía un trasfondo.
—Aproximadamente dos años —suspiró y miró la expresión sorprendida de su familia—. Lo sé, no se los había dicho, pero el proyecto se alargará un poco y es que no tenía contemplado que son más de doscientos metros cuadrados de pared y techo.
—Dos años...—repitió Touya—. Es mucho tiempo.
—No te preocupes mi niña, esfuérzate y da lo mejor de ti, porque iremos a visitarte cuando termines esa obra maestra —mencionó su madre con ánimos renovados, aunque por dentro le dolía no poder ver a su única hija en dos largos años.
—Más te vale que no sea un fiasco —gruñó Touya. Quería ir a verla antes de esos dos años, pero simplemente su ocupada vida como abogado no se lo permitiría. Sus padres también tenían que programarlo con tiempo, pues el negocio familiar requería que estuvieran presentes, en especial en esos dos años que es cuando crecería más de lo esperado.
—¡Claro que no! —infló sus mejillas y luego miró a sus padres—. Ya quiero verlos —sonrió con dulzura, contrastando con su anterior expresión de enfado—. Por cierto... quiero aprovechar para hablarles de algo importante —se puso nerviosa. Tragó en seco y se dio ánimos a sí misma.
—¿Qué es? Mientras no salgas con que quieres al mocoso y ahora son novios... —gruñó—. Si es eso te juro que ahora mismo voy a China para interrogarlo, quien sabe qué negras intenciones tenga contigo, después de todo estás sola en su país y...
—¡No seas idiota! —exclamó con ganas.
Los padres de familia se quedaron sorprendidos.
—Oh, lo siento, yo —se sonrojó hasta las orejas. Fujitaka y Nadeshiko soltaron una risilla y es que la entendían porque Touya exasperaba muy fácil cuando se lo proponía.
Sakura volvió a tragar en seco, pues precisamente iba a decirles que comenzó una relación de noviazgo/pareja con Shaoran, pero el comentario de su hermano la desanimó por completo, además, no era buena idea decírselos por video-llamada, lo mejor sería hablarlo en persona. No importa, se los diría en dos años.
Así que en lugar de mencionarles lo del castaño, les dijo sobre sus otras ofertas de trabajo en el extranjero. Ellos se pusieron felices por ella, pero no pudieron ocultar lo mucho que la extrañaban y necesitaban en casa, además, estaba el asunto de su enfermedad cardiaca, debía tener chequeos rutinarios y no los había tenido en todo el tiempo que lleva en china, encontró su medicamento en una farmacia especial, pero sólo eso.
Terminó la llamada con su familia y se fue a tomar un baño, ya estaba anocheciendo así que mientras se duchaba se puso a pensar en qué se prepararía hoy de cenar, tenía ánimos para cocinar así que tal vez prepararía un rico ramen como el que su madre solía preparar los viernes por la noche.
Salió de ducharse y en seguida se escuchó que alguien llamaba a la puerta, se vistió lo más rápido que pudo y se apresuró en abrir.
—¡Hola! —saludó muy animada, era Shaoran, pero venía con una extraña expresión en su rostro. Suspiró—. Estás enfadado ¿No? —no tuvo que esperar que él levantara la ceja para saberlo. Lo conocía perfectamente, cuando se enfadaba había un brillo peligroso en sus ojos, y su boca era una fina línea horizontal.
—De nuevo los integrantes del consejo me subestiman por mi edad. ¡Creen que no puedo llevar el control de una compañía y al mismo tiempo trabajar en lo que me gusta! —caminó hasta la sala y se sentó en uno de los sofás, apoyando codos en rodillas y poniendo sus manos entrelazadas frente a su rostro, pensativo y furioso.
Sakura soltó un leve suspiro lleno de comprensión y caminó hasta sentarse a su lado.
—Pero siempre les has sorprendido con tu buen liderazgo y tu gran capacidad para tomar decisiones. No te preocupes por lo que dicen, sólo céntrate en dar los buenos resultados de siempre —acarició su brazo—. Así las palabras salen sobrando —le explicó con voz suave y comprensiva.
—Tienes razón —exhaló, tratando de apaciguar su enfado—. "Buen liderazgo y gran capacidad para tomar decisiones" —citó, la miró con una sonrisilla traviesa y finalmente rio—. Definitivamente me quieres mucho.
—¿Qué? ¡No exagero! —le pegó suavemente con el codo—. Sólo digo la verdad.
—Gracias —sonrió—. Es sólo que me molesta que se metan en lo que no les importa —gruñó un poco.
—¿Qué más te dijeron?
—Sólo eso, que no puedo estar en dos cosas a la vez. O me quedo de tiempo lleno en la compañía, o cedo la dirección a uno de los ambiciosos accionistas que de seguro llevaría a la quiebra el negocio de la familia —desvió la mirada.
—¿Seguro? —no le creía del todo.
—Sí.
—Shaoran Li, dime la verdad —se puso de pie y se sentó en la mesita de la sala, quedando de frente y muy cerca del castaño, quien alzó la mirada y aún con las manos entrelazadas frente a su rostro, murmuró:
—Quieren que me case y tenga un hijo para asegurar el futuro de la compañía —soltó de pronto, sin tapujos—. Mientras tanto me seguirán considerando un chiquillo inmaduro —bufó—. ¡Por dios! ¡Apenas tengo veintidós años! —siguió hablando sin darse cuenta de la cara de espanto que tenía la castaña.
¡Un hijo! Matrimonio y un hijo era lo que le exigían para poder tomarlo en serio en la compañía. Era absurdo, aunque si se veía desde el punto de vista empresarial...
—¡Ni siquiera he...! —se calló abruptamente al pensar en lo que iba a decir, pero Sakura estaba tan absorta en sus pensamientos que ni cuenta se dio.
—Tranquilo —le sonrió con suavidad—. Las cosas suceden siempre en el tiempo debido, no dejes que te presionen a dar un paso tan importante en tu vida sólo para que te acepten en el círculo de "adultos" te aseguro que muchos de esos señores darían la mitad de su fortuna con tal de volver a tener tu edad —rio.
Shaoran rio junto con ella, tenía toda la razón. Definitivamente Sakura era para él como ese oasis en medio del desierto.
—Tienes razón —apoyó el codo sobre su rodilla y recargó la mejilla derecha sobre la palma de su mano, mirándola profundamente y sin borrar esa sonrisa tonta de sus labios.
—¿Tengo algo en la cara? —inquirió con un leve sonrojo, no entendía por qué la miraba de esa manera.
—Te ves adorable con esa camiseta al revés —contuvo una risilla burlona—. ¿Te estabas bañando?
—¿Qué? —se miró a sí misma—. ¡Ah! —soltó un gritillo y salió corriendo de ahí inmediatamente. Debido a las prisas sólo se había puesto esa camiseta que le quedaba lo suficientemente grande como para cubrirle hasta arriba de las rodillas. Y para empeorar el asunto se la había puesto al revés, era el colmo de los colmos.
Entró a su habitación y se puso unos cómodos shorts de licra color negro, se secó un poco el cabello con la toalla y finalmente se miró al espejo, ¡por dios! Pero qué fachas vestía.
Suspiró, total, Shaoran la había visto en peores condiciones, no debía preocuparse mucho, además... parecía no importarle mucho eso, mientras ella estuviera cómoda, él estaría feliz.
—¿Es una camiseta mía?
Estaba de pie, recargado en la barra que divide a la cocina del comedor, mirándola con una expresión sugestivamente atractiva. Sakura se sonrojó de pies a cabeza.
—S-sí.
Él la había dejado allí por error hace un par de meses, pero nunca la echó de menos, hasta que se la vio puesta.
—Lo siento, es muy cómoda y por eso la uso a veces. La lavaré y te la devolveré cuanto antes —se apenó mucho y él soltó una risilla con diversión.
—Déjalo así, se ve mejor en ti —la miró de arriba abajo, no le podía quitar la mirada de encima—. Te ves adorable —se le acercó hasta tenerla entre sus brazos, sin cortar la conexión entre sus ojos.
Lo que él no sabía era que Sakura la usaba seguido para dormir o a veces la dejaba bajo su almohada para tener el aroma de Shaoran cerca de ella. Le encantaba cómo olía el castaño, le relajaba sentirlo cerca en las noches.
—Por cierto... —sonrió de lado—. Ni siquiera te saludé como es debido, discúlpame —y sin más preámbulos besó sus labios con hambre atrasada. Sakura correspondió gustosa e incluso enredó sus brazos alrededor del cuello del chico. Ella se rindió y regresó el beso con la misma fuerza que él, quien la rodeó por la cintura para acercarla más.
Shaoran encontró en los labios de Sakura algo que no era nada parecido a lo que él creyó que sería, ni siquiera se acercaba a lo que él había soñado que sería. Su imaginación se había quedado corta con la realidad. Dejó que la calidez que lo invadía llenara todo su cuerpo. La acercó más con sus manos, quería sentirla completamente suya, y por primera vez... él pudo percibir cómo en ese beso ella se entregaba por completo a él, pero fue entonces cuando la parte racional de su cabeza se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y le gritaba que parara. El beso se había vuelto muy demandante y si continuaban con esa intensidad... el desenlace podría ser muy distinto a lo que siempre era.
—¿Qué ocurre? —inquirió ella con curiosidad al ver cómo se le separó el castaño tan de pronto. Estaba hermosamente sonrojada. Él no lo resistió.
—Nada —sonrió de lado y calló la vocecita en su mente que le decía que parara.
Sakura también sonrió.
Era un hecho, Sakura era una adicción para él, lo confirmó cuando se separó y vio esos hermosos ojos esmeraldas brillando con amor, sólo para él. Ese pensamiento hizo que sonriera, de ahora en adelante las sonrisas de ella iban a ser sólo para él.
La volvió a acercar y tomó sus labios entre los suyos. El sabor que encontró en su boca, supo con certeza, jamás podría olvidarlo, y supo también que no podría vivir mucho tiempo sin él. Sin proponérselo del todo, sus manos fueron descendiendo poco a poco por su cintura, llegando casi a un área un poco prohibida. Esto provocó un leve respingo en la castaña.
—¡Lo siento! —se separó del beso completamente sonrojado y nervioso. Sakura rio con ternura.
—E-está bien —aceptó sin poder evitar un leve tartamudeo—. Shaoran —lo miró a los ojos.
—¿Si? —le acomodó un mechón de cabello que se le había salido de su improvisado moño y acarició su mejilla.
—Te quiero —le dijo como hipnotizada ante tanta ternura en sus acciones.
—Y yo te quiero a ti —sus ojos se suavizaron y la miraron con todo el amor que él sentía por ella, y sin poder evitarlo, volvió a unir sus labios con los de ella.
PoV of Sakura.
Este último beso fue distinto, pude sentir por completo su amor, su ternura, pero sobre todo su pasión, nunca había sentido sus labios tan ardientes como ahora y a decir verdad... me gusta.
Sentí cómo se alejó un poco de mis labios, abriéndose paso con los suyos por la piel de mi cuello, dejando caminos húmedos y cálidos por donde quiera que pasaran, dejándome disfrutar de todas y cada una de las sensaciones que ese par de labios me provoca.
¿Qué es esto que siento? Es similar a como me sentía con Fye, pero a la vez tan diferente.
Tengo miedo.
Miedo de que este nuevo sentimiento por Shaoran supere a lo que siento por Fye.
Poco después volvió a mis labios en un beso aún más arrebatador que el anterior, pude sentir cómo al final del beso se separaba de mí para buscar oxígeno, pero antes de eso dio un último mordisco a mi labio inferior, eso me volvió loca. Ambos nos separamos y algo azorados nos vimos con las pupilas dilatadas y respirando rápido por el esfuerzo.
Él fue el primero en recuperarse lo suficiente para hablar.
—Sakura —casi jadeó y tomó mis mejillas con sus manos, pegando su frente con la mía en un gesto demasiado tierno—. ¿Realmente quieres tener algo conmigo?
No entendía el motivo de su pregunta. Ya habíamos hablado de ello aquella noche bajo las estrellas.
—Yo no tengo el mejor récord en cuanto a relaciones y tampoco tengo mucha experiencia en esto, pero quiero intentarlo. Sé que ya lo hablamos antes, pero... sólo quiero saber nuevamente si estás de acuerdo.
Se notaba un poco el miedo en su voz. ¿Tanto así es su amor por mí? No pude evitar tragar en seco antes de contestar.
—Yo tampoco sé mucho de relaciones —sentí su mirada con algo de ironía—. Bueno, estuve con el mismo chico por muchos años, pero eso no me hace experta —corregí—. Y como te dije antes... —desvié mi mirada un poco—. Aún siento algo por Fye —de inmediato soltó mis mejilla, vi el dolor en su mirada—. Pero... quedamos en que esto sería algo sin compromisos ¿No es así? No tenemos que pensar en algo tan serio para empezar —le sonreí, tarando de animarlo un poco, pero su mirada expresaba todo lo que sus palabras no querían decir, lo había lastimado—. Shaoran —ahora fui yo quien lo tomó de las mejillas. Sus hermosos ojos castaños se pasearon de un punto a otro por todo mi rostro, como buscando las cosas que no le decían mis palabras—. Ahora lo único que quiero es estar contigo, sólo eso me importa —susurré sobre sus labios y como respuesta obtuve una sonrisa tan maravillosa que estuve segura que el mundo a mi alrededor nunca sería igual.
—Yo también quiero estar contigo —murmuró sobre la piel de mi cuello. Esto me causó un estremecimiento de pies a cabeza, él lo notó y sonrió triunfante por ello. No detuvo su recorrido, sino hasta toparse con el cuello circular de la camiseta que recién me obsequió. Frunció un poco el entrecejo y ahora fueron sus traviesas manos las que se colaron bajo la tela de la prenda, acariciando mi cintura con sus suaves y grandes manos.
Me sonrojé, pues no pude evitar un gran suspiro lleno de satisfacción ante sus caricias.
—S-shaoran —murmuré, se me dificultaba un poco el respirar bien.
—¿Qué ocurre? —se asustó un poco.
—Tranquilo, estoy bien, sólo debo tomar un medicamento antes de... ya tú sabes —desvié la mirada con algo de vergüenza.
—¿Por qué? —me preguntó extrañado y quería que la tierra me tragara. Era incómodo tener que explicarle.
—Me podría dar un ataque mientras lo hacemos, tal vez me veas somnolienta, pero... es la única manera en la que podemos hacerlo... —me dirigí a pasos rápidos a la cocina, tomé un vaso con agua y me tragué la píldora que saqué momentos después de mi bolso. Luego de ello tomé a Shaoran de la mano y lo guie hasta mi habitación con premura.
—¿Estás segura de hacer esto? —lo noté un poco nervioso, raro en él—. Por tu corazón.
—No me pasará nada —le guiñé un ojo—. Hagámoslo —susurré en su oído y esto fue como si hubiera encendido un interruptor, pues una sonrisa ladina y traviesa se asomó a sus labios.
En seguida asaltó mis labios con hambre y a decir verdad yo no me quedé atrás, pues había encontrado una extraña adicción en sus labios. Nos tumbamos en la cama e iniciamos una larga y placentera sesión de besos húmedos y traviesos. Con tierna torpeza me quitó su camiseta, yo sonreí al ver su sonrojo, me quitó el short de licra y su sonrojo aumentó. A decir verdad yo también estaba muy sonrojada, pero... era extraño verlo a él con esa expresión tan nerviosa en su cara.
Arqué un poco la espalda simplemente al sentir el roce de sus yemas sobre mi vientre, de ahí subió hasta mi pecho, donde se detuvo unos momentos a contemplar mis senos cubiertos por ese sostén negro que tanto me gustaba. Por un momento me sentí algo intimidada por su intensa mirada, incluso llegué a pensar que se había decepcionado, pues... no tengo mucho qué presumir de mis senos. Seguía sintiéndome incómoda hasta que subió su mano y acarició a uno de ellos aún sobre el sostén. No pude evitar retorcerme notablemente, incluso gemí su nombre. Eso me dio mucha vergüenza, pero se me pasó al notar sus ojos castaños fijos en los míos. Una sonrisa traviesa se formó en sus labios y yo tuve que cubrirme la boca con ambas manos para no gemir más fuerte, pues me había quitado ya el sostén y ahora mismo succionaba con total devoción uno de mis senos mientras que con una mano abarcaba por completo al otro, apretándolo suave e insistentemente. Cerré los ojos y me dejé llevar por las ondas de placer, cuando los abrí noté con ternura cómo sus mejillas estaban por completo ruborizadas.
—No te contengas —me dijo al separarse un poco sólo para quitarme las manos de mi boca, quería escucharme decir su nombre. Su voz fue tan sexy que sentí que me desmayaba, pero eso no fue nada comparado con lo que le siguió, pues comencé a desabotonarle la camisa de vestir, con algo de torpeza debido a mis nuevos y crecientes nervios, pero él me ayudó y pronto tuve un torso perfectamente esculpido frente a mis ojos. Ni siquiera pude parpadear.
—Oh, Sakura —gruñó al sentir mis traviesos besos en su cuello, esto sólo aumentó su pulso a niveles increíbles, aunque no tanto como cuando le di leves mordidas en su, eso fue su perdición. Sonreí, algún punto débil debía tener, y yo lo acababa de encontrar.
Me separé un poco y sonreí extasiada con la vista que me ofrecía. Extendí mis manos y con algo de pena me atreví a acariciarlo, delineé sus pectorales, acaricié la parte más sensible de ellos, notando cómo soltaba leves suspiros contenidos, descendí mis manos hasta su abdomen bien marcado, pero no me detuve ahí, sino que seguí el recorrido hasta llegar a esa perfecta V que se formaba entre sus caderas, justo donde comenzaban sus pantalones. Todo esto lo hice frente a su atenta mirada llena de lujuria.
No hizo falta más que un pequeño forcejeo con su cinto para poder retirarla y junto con él al pantalón. Me puse nerviosa al tenerlo frente a mí sólo con esos sexys bóxers azul marino, más nerviosa aún al notar cierto sobresaliente en la tela. No quise hacerlo esperar más (Y yo tampoco quería esperar) y comencé a jugar traviesamente con el elástico de la prenda, sonreí con picardía y lo miré a los ojos, notando las mismas negras intenciones en sus ojos castaños, pero además de eso había un tierno y enorme sonrojo en toda su cara, esto le daba un aspecto demasiado inocente y encantador.
Él no esperó más y se quitó la incómoda prenda, pero creo que nunca se esperó verme tan sorprendida y sonrojada. Inclusive tragué en seco y es que...
—Oh-por-Dios... —exclamé al mismo tiempo que me llevaba ambas manos a la boca.
Lo miré al rostro y noté su nerviosismo, al parecer no sabía si sentirse alagado o incluso más avergonzado de lo que ya estaba.
—¿T-tienes miedo? —me preguntó de repente, respirando agitadamente.
—N-no.
Nos quedamos quietos unos momentos y nos miramos profundamente a los ojos. Sonreí y extendí una mano hacia su rostro, no atreviéndome a mirar hacia abajo una vez más.
—Estás completamente sonrojado —murmuré quedito, riendo después al notar cómo el mencionado sonrojo aumentaba sobremanera (si es que era posible)
—Tú también lo estás —sonrió ampliamente y apegó su cuerpo al mío. Un gemido murió en mi garganta al sentir toda su virilidad contra mi pierna. Casi se acostó sobre mí y se fue sobre mis labios con un hambre acumulada, la cual yo también compartía y correspondía por igual.
El calor aumentó una vez más en la habitación.
Yo seguía sorprendida, pues descubrí un cuerpo atlético debajo de esa ropa y debo admitir que me gustó mucho, pero mucho lo que encontré una vez que los dos nos encontrábamos sin ropa, yo sólo portaba mis pantaletas. Sin poder evitarlo me sonrojé demasiado al verlo y sentirlo al desnudo contra mi piel. Sinceramente fue hermoso, me susurraba lindas palabras mientras acariciaba cada rincón de mi piel, fue amable, un total caballero y al mismo tiempo todo un tigre. No podía entender cómo nunca le conocí una novia. La mujer que se casara con este hombre, definitivamente se llevaría la lotería.
Volví a la realidad cuando de un tirón algo brusco se deshizo de mis pantaletas negras. Dejándome ahora sí totalmente expuesta a él.
—Por dios, Sakura... Eres tan hermosa —sus ojos me recorrieron de pies a cabeza, hasta que nuestras miradas hicieron una conexión muy profunda—. De verdad mi amor, eres sublimemente hermosa —pegó su frente con la mía, mirándome con un infinito amor y acariciando mi mejilla suavemente antes de besarme con una pasión arrebatadora. En seguida apoyó todo su peso sobre un codo para no aplastarme y con las yemas de sus dedos acarició uno de mis pechos, mi vientre, mis caderas. Me deshice en placer al sentir tanta atención y amor de su parte. Me cerró entre sus fuertes brazos y al mismo tiempo se acomodaba entre mis piernas. Pegué un leve respingo al sentirlo firme y grande entre mis muslos, los abrí un poco más para darle una entrada más cómoda, lo cual pareció ser suficiente, pues dirigió su miembro directo a mi parte más sensible, me acarició unas cuantas veces, frotándose deliberadamente contra mí.
—¡Oh! —exclamamos al mismo tiempo, yo no pude evitar arquear la espalda al sentir cómo se abrió paso entre mis pliegues hasta dar con mi entrada, invadiendo mi interior por completo y en una sola estocada. Fue condenadamente delicioso sentirme tan llena en sólo unos segundos.
Apoyó sus manos sobre mis rodillas e intentó comenzar a moverse en ese suculento vaivén, pero no lo resistí, un pequeño quejido de dolor se escapó de mi garganta.
—Lo siento —murmuró en un pesado suspiro cargado de ganas contenidas. Me miró a los ojos y noté la gran necesidad que tenía de comenzar a moverse ya, pero mi interior aún no se acoplaba a su gran tamaño.
—Só-sólo espera un segundo —le pedí muy avergonzada. Él asintió con una sonrisa y soltó mis rodillas para tumbarse sobre mí, apoyando ahora sus codos a mis costados para poder inclinarse sobre mí y así besarnos como nunca antes. Aprovechó la situación y una escurridiza mano dio con uno de mis pechos, comenzó a masajearlo con dedicación. Sonreí, al parecer le habían gustado más de lo que imaginé.
Cuando al fin me sentí acoplada a su tamaño, se lo hice saber alzando mis caderas y ondeando un poco.
Un fuerte gemido de su parte inundó el lugar, mientras que en mi garganta se quedaba ahogado un gritillo de placer, casi juraba que estaba viendo las estrellas, pues ese pequeño movimiento que hice causó que un estremecimiento nos recorriera por completo.
Un gruñido gutural se escapó de su garganta y no se esperó más. Comenzó a bombear con fuerza y rapidez. Yo abrí mis piernas y rodeé su cintura con ellas, dándole un mejor acceso y más profundo. Sus embestidas fueron aumentando la intensidad y mientras bombeaba sin parar, se dedicaba a succionar y morder mis senos con dedicación.
Me estaba volviendo loca en medio de tanto placer. Cuando estaba a punto de llegar al clímax, él disminuía la velocidad; lo hizo varias veces para que la diversión no se acabara tan pronto, aunque yo ya me moría por experimentar un orgasmo, no tenía uno desde... desde hace muchos años.
—¡Oh...! ¡Más rápido! —le pedí y no esperó ni un segundo para cumplir mi petición. Entraba y salía de mi cuerpo a su entero antojo, acariciándome y besándome hasta robarme el aliento.
Me encontraba casi en el límite, estaba por tener mi orgasmo cuando...
Se detuvo y se inclinó para besarme en los labios, sentí la sonrisa en ellos cuando me besó. Yo gruñí un poco y me desquité dándole un mordisco nada leve en su labio inferior.
—Tranquila... —jadeó—... pequeña saltamontes —completó la oración y yo simplemente enrojecí de vergüenza, pero pronto se me fue, pues una brillante idea cruzó mi mente. No sé cómo, pero logré incorporarme un poco hasta dejarlo debajo de mí.
Parpadeó confundido, pero toda interrogante se esfumó cuando me senté sobre su erección, introduciéndolo dentro de mí tan rápido que pude ver cómo sus ojos se cerraban con fuerza y un gran gemido se escapaba de sus labios.
—Sakura... —gruñó, embriagado en placer.
Yo subía y bajaba, cabalgando sobre él y apoyando mis manos sobre su fuerte pecho. Él aferraba sus manos en mi trasero y caderas, aunque así también me ayudaba a que la intromisión fuera más profunda. Me cansé de subir y bajar, así que comencé a hacer movimientos hacia adelante y hacia atrás, ondulatorios y de vaivén. Esto lo volvió loco, pues me enterró los dedos con fuerza ante tanto placer.
Me incliné hasta alcanzar sus labios, los cuales me retuvieron ahí por un buen rato. Mis movimientos se fueron haciendo lentos, pero ahora era él quien necesitaba que fuera más rápido. Quise vengarme un poco, pero no me duró mucho el gusto, pues de inmediato cambió la posición y ahora fui yo la que quedó debajo mientras él tomaba mis piernas y las recargaba sobe sus hombros, logrando un acceso más fácil y profundo que antes.
Esta posición...
Me quedé congelada, mi mente se bloqueó y pude reaccionar hasta que sentí su orgasmo llenar mi interior. Había soltado un gemido ahogado al mismo tiempo que continuaba con las embestidas, yo aún no experimentaba mi orgasmo, ¿Y cómo podría hacerlo? si acababa de recordar a Fye, las noches que pasé con él. ¡Estaba pensando en Fye mientras Shaoran me hacía el amor! Eso es imperdonable.
Quería decirle que se detuviera, que yo no podría llegar al clímax después de recordarlo a él, pero sería muy cruel de mi parte, así que dejé que continuara. Pero de pronto el placer volvió a mi cuerpo y obtuve un orgasmo intenso, no me lo esperaba, pero fue tan... increíble.
Y él obtuvo su segundo orgasmo.
Me abrazó con fuerza y acomodó su cara en el espacio entre mi cuello y hombro. Yo me aferré a su ancha espalda y cerré los ojos, disfrutando todavía. Susurró mi nombre suavemente y se echó a un lado para no aplastarme. Nuestros ojos hicieron conexión de nuevo, me sonrió con un infinito amor, pero algo extraño sucedió:
Me incorporé hasta quedar sentada en la cama, me llevé ambas manos a la cara, mis ojos ardían, mi garganta se cerró y...
Lloré.
Lloré amargamente, con todas mis ganas y sin reprimirme ni un poco.
De inmediato escuché a Shaoran llamándome, sentí sus manos acunando mi rostro, buscando un motivo para ese llanto tan profundo. Yo no lo dejé mirarme a los ojos, pues bajé mi rostro, no quería que me viera así, aunque no pude evitar verlo un segundo, estaba asustado, muy asustado con mi reacción.
—Pequeña —me obligó a mirarlo, alzó mi barbilla mientras acariciaba mi mejilla con la otra mano. Sus ojos temblaban de incertidumbre y sus cejas se juntaban debido a la angustia—. Dime ¿Te hice daño? ¿Estás bien? —había genuina preocupación en su voz.
—N-no —me cubrí el rostro—. Estoy bien.
—¿Qué sucede? —preguntó ya con tranquilidad.
Yo no me atrevía a verlo a la cara, así que simplemente negué con mi cabeza. No supe en qué momento ya tenía mis rodillas pegadas a mi pecho y mi cara oculta entre ellas.
—Mi pequeña... —susurró contra mi cabello, sus fuertes brazos me rodearon por completo. Suavemente me recostó en el colchón, nos cubrió a ambos con las mantas y me arrastró hasta su pecho, donde yo pude abrazarlo con todas mis fuerzas sin dejar de llorar. Su brazo izquierdo me retenía con cariño mientras que su mano derecha limpiaba mis lágrimas. Yo aún no me animaba a verlo directamente a los ojos, pero en una leve mirada pude notar su rostro totalmente serio y preocupado, hasta se veía un poco cabizbajo.
—L-lo siento —dije entre llanto y llanto. Por primera vez alcé la vista hasta toparme con sus castaños y profundos ojos, éstos suavizaron su expresión al toparse con los míos, pero aun así se mostraban algo decaídos. Él sabía el motivo de mis lágrimas, lo sabía a la perfección sin siquiera tener que decírselo—. De verdad lo siento —susurre contra la piel de su pecho.
Soltó un pesado y gran suspiro.
—No te preocupes, pequeña —me dijo con un infinito cariño a pesar del dolor en su mirada, la cual terminó desviando para apoyar su barbilla cómodamente sobre mi cabeza.
Yo me abracé con más fuerza a su torso y terminé quedándome profundamente dormida, estaba exhausta. Sólo recuerdo cómo soñé con él durante toda la noche.
Luego, mi primera sorpresa del día me la llevé nada más abrir los ojos al sentir la extraña almohada bajo mi mejilla. Si tenía duda sobre si lo que había pasado anoche había sido un sueño o no, en ese instante quedó resuelta por completo. La mayor prueba palpitaba tranquilamente contra mi oído. Su pecho desnudo (Igual que el mío) era lo único que alcanzaba a ver sin mover la cabeza, pero al tomar conciencia del resto de mi cuerpo enredado alrededor del suyo, no me tomó más de un segundo confirmar que no eran las únicas partes expuestas.
Mi mente se remontó al espectáculo que hice anoche, justo después de que hiciéramos el amor. Me avergoncé y un gran sentimiento de culpa me invadió. Contuve un suspiro y miré cómo el sol se colaba entre las cortinas, dándome directo en los ojos. Así que eso había sido mi despertador...
Estiré las piernas, sintiendo cómo se deslizaban las sábanas por mi piel y de paso la piel del hombre junto a mí. Mi rostro enrojeció, pero me negaba a salir del refugio que eran sus brazos para mí en estos momentos.
Salí de mis pensamientos al sentir un leve apretón alrededor mío. Subí mi rostro y con sorpresa noté que Shaoran ya estaba despierto, y quien sabe desde cuándo, pues se le veía muy despabilado.
—Buenos días —susurró roncamente. Se me erizó toda la piel.
—Bu-buenos días —me avergoncé demasiado.
—Apenas amaneció, si quieres puedes dormir un rato más. Hoy podemos llegar tarde al museo —dijo con voz suave.
—Hmp —asintió y me incorporé un poco para volver a acomodarme, sólo que ahora besé tiernamente la mejilla de él y en seguida enterré el rostro en su cuello. Él soltó unas risitas ahogadas porque mi respiración le hizo cosquillas y yo suspiré, se estaba tan bien así... era mi lugar, no me movería de ahí en mil años, porque estaba a gusto y porque me moría de vergüenza debido a lo que ocurrió ayer.
—¿Te estás quedando dormida? —preguntó en un susurro.
—No, sólo estoy a gusto —susurré.
—Yo también —suspiró y me apretó más contra él—. Te amo... —pronunció las palabras con una adoración y una reverencia que me hizo estremecer.
De inmediato me separé de él, mirándolo atónita a los ojos. Él me mostró una sonrisa tan sincera y cargada de sentimientos que mi corazón simplemente se estrujó por tanta maravilla.
—No tienes que responderme —besó la punta de mi nariz—. Sólo quería que lo supieras, que me he enamorado —soltó un suspiro soñador sin dejar de observarme detenidamente, había cierta sombra de tristeza en su mirar.
—Shaoran, yo... —silenció mis labios con un dedo y me sonrió—. No te preocupes —sonrió nuevamente y me apretujó con muchas fuerzas—. ¡Ah Sakura! —exclamó—. Podría quedarme así toda la vida.
—Yo también —pensé, sorprendiéndome a mí misma.
—¿Sabes? Anoche... —comenzó a hablar y yo me tensé notablemente—. Estuviste increíble —soltó en un suspiro lleno de emoción, me separé un poco para verlo a los ojos y no pude más que llenarme de nerviosismo ante esa profunda mirada—. ¡Oye! —rio con ganas al ver cómo me ocultaba bajo las mantas—. Sal de ahí —me picó las costillas, pero yo estaba que me moría de la vergüenza—. Por un momento, al verte llorar, pensé que había sido demasiado brusco contigo, o tal vez que no había hecho las cosas bien —su voz se tornó dubitativa—. Pues... pues nunca antes había hecho esto.
De acuerdo. Esta última oración me hizo salir del escondite y mirarlo a los ojos.
—¡Mientes! —exclamé acusadoramente. Él se sonrojó hasta las orejas.
—Es verdad... —se rascó la nuca.
Los dos ya estábamos sentados. Yo me cubría con las sábanas hasta el cuello y a él sólo le cubrían hasta la cintura. Noté cómo evadía mi mirada.
—¿En serio tú nunca...? ¿Jamás?
—Fuiste la primera.
—¿Por qué? —me llené de ternura.
—Simple —sonrió de lado—. Te amé desde el primer día en que te vi, en ese entonces apenas tenía diecisiete años, era muy joven para ya tener una vida sexual activa, y a decir verdad nunca me hizo ilusión hacerlo con alguien más que no fueras tú.
—Vaya... —me llevé una mano al pecho, justo donde mi corazón latía con fuerza, pronto sentí cómo un tierno calorcito se alojaba en mi interior. Tenía tanto de no sentirme tan bien, tan amada—. Shaoran.
—¿Mhn?
—No sé qué somos, pero no dejemos de serlo.
Su rostro de se iluminó por completo ante esas palabras y no se contuvo para besarme la frente.
—Será mejor que tomemos una ducha antes de que se nos haga tarde —sugirió él, luego de un rato de caricias y pequeños mimos entre los dos.
—Ve tú primero —le dije, aún estaba algo atontada por sus bellas palabras.
—De acuerdo —se sentó en la orilla del colchón, pero antes de que se levantara yo di un brinco hasta abrazarlo por la espalda con mucha fuerza y cariño.
—Yo también te amo —susurré en su oído. Noté cómo se le erizaban los vellos de la nuca, se giró con lentitud hacia mí y tomó mi rostro entre sus cálidas manos. Su mirada era más intensa que nunca, y el beso que me dio a continuación fue mi perdición. Nos quedamos en la cama quién sabe cuánto tiempo más, supimos que era demasiado tarde cuando los teléfonos de ambos comenzaron a sonar con insistencia, era el personal del museo, preocupados porque ya pasaba del medio día y aún no llegábamos.
OoOoOoOoOoOoO
El tiempo transcurrió rápidamente para la nueva feliz pareja. Sakura se había llevado una enorme sorpresa al saber que Shaoran perdió la virginidad con ella, no se la podía creer. A partir de ahí la relación entre ambos cambió drásticamente. Ahora sí parecían novio y novia, los dos salían a pasear a todas partes, se besaban incluso en el trabajo y esperaban emocionados a que la obra de las galaxias estuviera terminada para así ver a la familia Kinomoto e informarles que habría un futuro matrimonio Li en la familia. Sí, Shaoran le había pedido a Sakura que fuera su esposa, justo después de que aceptó ir a vivir a la mansión para pasar más tiempo juntos. Tanto Wei como Meiling se tomaron la noticia de la mejor manera posible, estaban muy felices por la pareja. Los viejos del consejo al fin dejar a Shaoran tranquilo, pues sabiendo que habría una boda en poco tiempo, ya no se preocuparon, pues lo demás se iría dando poco a poco.
Año 2009
Sakura finalmente terminó su majestuosa obra de arte. Había quedado más hermosa e impactante de lo que todos se esperaron, incluso Shaoran quedó asombrado por tanto talento. La inauguración de la galería de astronomía fue de tamaño nacional, llegaron al museo personas muy importantes del país e incluso extranjeros. Ahí conocieron a la joven Kinomoto, una excelente artista japonesa.
Y en cuanto a la relación de los castaños, iba mejor que nunca. Incuso ya parecían una pareja de recién casados, Vivian bajo el mismo techo, pasaban las noches juntos
—Faltan sólo unas cuantas horas para que tu familia llegue —la abrazó desde atrás, apoyando el mentón sobre su hombro y mirando lo que hacía.
—¡Lo sé! —respondió emocionada y nerviosa. Dejó el cuchillo a un lado y se giró entre los brazos de su prometido—. Ya quiero darles la noticia.
—¿Qué hacías? —inquirió con curiosidad, señalando con la mirada a los vegetales picados tras ella.
—Wei me enseñó algunos platillos típicos del país, así que quise prepararlos para mi familia, quiero que prueben la comida de aquí, estoy segura que les encantará.
—¿Y bien? ¿En qué te ayudo? —dobló las mangas de su camisa de vestir, venía de una importante junta, así que iba muy bien vestido. Se puso un delantal y se lavó las manos. Sakura levantó una ceja y lo miró casi reclamándole algo. Él lo notó y supo por qué lo hacía—. No te preocupes, pequeña. No tengo ningún compromiso o pendiente, estoy libre el resto del día. Además, también debo dedicar tiempo a lo que amo, sin eso lo demás no vale la pena —le dio un fugaz, pero dulce beso mientras se secaba las manos—. Dime qué es lo que tengo que hacer —le sonrió sólo como él sabía hacerlo.
—Sí —asintió con una tierna sonrisa, mirándolo fijo y pensando en lo feliz que era con ese hombre.
Ambos pasaron varias horas en la cocina, preparando suculentos platillos chinos y dejando para el final un exótico y delicioso postre. Shaoran poseía un gran don para la cocina, en especial con la comida oriental, así de esta manera Sakura se vio beneficiada porque terminaron de cocinar antes de lo esperado.
—Listo, sólo hay que esperar a que termine de hornearse —dijo refiriéndose al delicioso pastel. Se lavó las manos para quitarse los restos de chocolate y harina, mientras su prometida despejaba la cocina de toda vasija y utensilio sucio.
Shaoran lavaba y secaba los trastos mientras que Sakura se encargaba de acercarle todas las cosas que tenían que lavarse. Haciendo esto, la castaña tiró unos cubiertos al piso por accidente. No lo pensó mucho y se agachó a recogerlos, pero nunca se imaginó que al levantarse, un fuerte mareo se apoderara de ella.
Pronto y sin esperarlo, todo comenzó a dar vueltas vertiginosamente. Buscó algo de qué sostenerse, pero todo se movía a su alrededor y su prometido estaba algo lejos como para alcanzarlo. Trató de llamarlo, pero ningún ruido salió de su boca. Poco a poco todo se volvió negro hasta sentir cómo su cuerpo chocaba contra el frío y duro piso de mármol. De ahí en adelante no sintió ni supo nada más...
—¡Sakura! —sintió cómo la sangre se le iba hasta los pies al ver a su prometida inerte en el suelo. Corrió hacia ella, levantando su cabeza con cuidado y apoyándola sobre sus rodillas—. Pequeña ¡Despierta! —daba leves palmaditas en sus mejillas tan pálidas como nunca.
Wei y Meiling aparecieron poco después en la cocina, espantados por ver a la castaña inconsciente. El señor llamó de inmediato a un médico, mientras que Shaoran la subió a la habitación que compartían, recostándola en el amplio colchón. La prima del castaño trajo consigo un algodón impregnado en alcohol y se lo pasó de inmediato por la nariz a la ojiverde.
—¿Qué pasó? —cuestionó Sakura al sentirse tan desorientada, intentó levantarse, pero Meiling se lo impidió.
—No te moverás de aquí hasta que venga un médico a examinarte —le advirtió con un tono autoritariamente cariñoso.
—¿Pero... qué pasó?
—Te desmayaste —se sentó a su lado en la cama, acariciando sus largos cabellos castaños—¿Cómo te sientes?
—Un poco débil y algo mareada. Tengo nauseas —hizo mueca de asco. De pronto un inesperado mareo la atacó.
—Amor... —se preocupó y la rodeó con sus brazos—. ¿No te duele nada más? —la joven negó con la cabeza. Había cerrado los ojos. Buscando con ello sentirse un poco mejor, pero nada le quitaba ese fuerte malestar, no entendía a qué se debía. Sentía algo extraño en su pecho, no era el típico dolor de su corazón, no, sino algo mucho más angustiante, era como un presentimiento.
En esos momentos llegó el médico. Wei y Meiling salieron para darles un poco de privacidad. El doctor salió momentos después, pero la prima de Shaoran alcanzó a distinguir a una inconsciente Sakura justo antes de que cerrara.
Una dependienta de la mansión acompañó al médico hasta la puerta.
—¿Qué le pasó? ¿Cómo está ella? —se asustó la chica, entrando de inmediato a la recámara, seguida por el fiel mayordomo.
—La glucosa en su sangre disminuyó de repente, a eso se debió el desmayo. Ahora está inconsciente porque... —acarició su novia con tristeza—. Le dio un repentino ataque de nervios, el doctor no supo explicar el motivo, pero prefirió dejarla sedada para que pudiera descansar —suspiró—. Pero estará bien, sus signos vitales son estables y no hay ningún problema con su corazón, afortunadamente alcanzó a sedarla antes de que se alterara más.
—Qué alivio que estará bien —suspiró Wei, aún con preocupación.
Un silencio largo se formó en la habitación.
—Entonces... —Meiling rompió el silencio—. ¿Seguro que sólo fue eso? ¿No nos escondes algo?
—¿Como qué? —frunció el ceño.
—Ay ¡No te enojes, primo! Es sólo que Sakura y tú llevan tiempo estando juntos y sinceramente no creo que sólo se tomen de las manos cuando duermen juntos —alzó ambas cejas sugestivamente.
—¡Señorita Meiling! —le regañó Wei, pero ambos se giraron a ver al castaño cuando éste soltó un pesado suspiro, pero acompañado de una bella sonrisa.
—Hay posibilidades de que esté embarazada.
—¿¡En serio!? —saltó muy emocionada.
—¿Por eso le dio el ataque de nervios? —inquirió Wei.
—Eso es lo extraño... el doctor me habló sobre esta posibilidad después de que la sedara. Ella aún no lo sabe. De todas formas el médico se llevó una muestra de su sangre para analizarla en el laboratorio.
—¿Y si está embarazada?
—Seré el hombre más feliz del mundo —su expresión se llenó de una infinita felicidad y amor.
—Y... ¿Se lo dirán a sus padres? —preguntó suavemente la ojirubí, asombrada al ver el efecto que causó esta posibilidad en su primo.
—Oh... —lo meditó unos segundos—. Sí, se los diremos y adelantaremos la fecha de la boda. Todo en caso de que esté embarazada. Espero que sí —pensó esto último—. ¡Oh por dios! ¡Los Kinomoto llegaron al aeropuerto hace una hora! Quedé en estar a tiempo por ellos para traerlos personalmente a la casa.
—No se angustie joven Shaoran, vaya por ellos, la señorita Meiling y yo nos quedaremos al cuidado de la pequeña Sakura.
—Gracias Wei —suspiró aliviado y salió disparado al aeropuerto. Llamó un par de veces al celular del señor Kinomoto, pero ni siquiera entraba la llamada.
Llegó al aeropuerto y se extrañó al no verlos en el punto de reunión en el que habían quedado. No le quedó otra opción más que estacionar el auto y bajarse a buscarlos, tal vez estarían en la cafetería, después de todo él se retrasó más de una hora. Dentro del aeropuerto hubo algo que llamó mucho su atención. Había un montón de gente abarrotando una sala, todos se veían alterados y hacían mucho escándalo. El castaño no le dio importancia y casi corrió hasta la cafetería con la esperanza de encontrarlos bebiendo un café, pero no fue así, el lugar estaba completamente vacío, al igual que el resto de los pequeños locales comerciales.
Chasqueó la lengua. Se le hacía muy extraño todo esto.
Finalmente decidió acercarse a la muchedumbre para ver qué ocurría, quizá ahí se topaba con la familia.
—Disculpe —detuvo a un hombre que estaba acompañado de su esposa—. ¿Me podría decir qué es todo este escándalo? —pidió amablemente.
—El vuelo 119 no ha llegado, tiene casi hora y media de retraso y nadie ha querido darnos explicación sobre ello —explicó el hombre.
¡Vuelo 119! ¡En ese venía toda la familia!
—¡Nuestra hija va a bordo del avión! Ya la llamé cientos de veces y no me contesta —agregó la señora, se le veía igual de alterada que al resto de las personas. Su esposo la tranquilizó un poco.
—Tal vez se quedaron sin gasolina e hicieron una parada en otro aeropuerto —quiso creer, el angustiado señor.
—Eso espero... —comenzó a morderse las uñas. Shaoran estaba por preguntar algo más, pues se asustó al escuchar aquello, pero justo en ese momento salió un hombre que se presentó como el director del aeropuerto. Tenía una noticia qué informarles.
Tuvo un mal presentimiento. Normalmente mandan a cualquier subordinado a dar noticias. A menos que sean muy malas noticias, va el director o el dueño. En este caso el hombre se acercó a la muchedumbre y con voz fuerte y grave, dijo:
—Buenos días a todos —saludó, su expresión era seria, muy seria—. De verdad lamento mucho informarles esto, pero el avión que llevaba a los pasajeros del vuelo 119 cayó en picada hacia el océano a mitad del viaje. Hace ya un par de horas se mandaron cuerpos de rescate para buscar sobrevivientes, pero... no se ha podido localizar a ninguno.
Hubo un pesado silencio en toda la sala seguido de un barullo que aumentó en sólo un par de segundos. De un momento a otro ya había mucha gente gritando y llorando desesperada. Unos suplicaban que trajeran de vuelta a sus seres queridos, otros lanzaban majaderías al director, quien por cierto se mantuvo estoico. Y Shaoran... él sólo pudo sentir cómo toda su sangre caía pesadamente a sus pies. Todo le dio vueltas durante unos momentos, se detuvo de lo más cercano que vio y trató de guardar la calma. Por fuera quizá se veía tranquilo, pero por dentro se agolpaban miles de pensamientos y no todos eran muy alentadores.
¿Cómo le diría esto a Sakura?
¿Y si no encontraban a su familia?
¿Y si estaba muertos?
No... no. Ellos deben estar vivos, sí, deben de estarlo.
Tomó su teléfono celular y marcó a su casa.
—Meiling ¿Ya despertó Sakura?
—Aún no ¿Qué ocurre? Te oyes muy agitado ¿Estás bien?
—EL vuelo 119 —le tembló la voz—. El vuelo 119 se impactó contra el mar, hasta ahora no hay rastros de sobrevivientes.
—¡Oh por dios!
—No prendan televisiones en la casa, esconde el teléfono de Sakura. No debe ver lo que está pasando —ordenó.
—Shaoran, debes tranquilizarte un poco —pidió con tristeza.
—¡Estoy tranquilo! —se exaltó y luego suspiró—. Lo siento, estaré aquí esperando noticias, puede que haya habido algún sobreviviente. Estén al pendiente de mis llamadas.
—Sí.
El castaño soltó una maldición por lo bajo, estaba muy angustiado, demasiado nervioso.
—Disculpe, joven ¿Se encuentra usted bien?
Shaoran levantó la mirada hasta toparse con los tristes ojos de una señora de avanzada edad.
—Sí —respondió, algo extrañado por la pregunta.
—¿Quiere que pida ayuda? Está muy pálido.
Fue ahí cuando se dio cuenta. No supo en qué momento sus piernas habían dejado de sostenerlo. Recordaba haberse sostenido de la baranda donde guardaban los carritos para el equipaje, de ahí se sostuvo mientras hacía la llamada, pero ahora estaba sentado en el piso.
—Oh no, no. Estoy bien, gracias —le sonrió a medias a la amable señora y se puso de pie con algo de dificultad.
Miró de nueva cuenta a la muchedumbre ahora más alterada que nunca, pues el director salía nuevamente de su oficina para dar un aviso, dijo que en aproximadamente una hora tendrían nuevos datos sobre la operación de rescate. Esto enfureció al castaño. Era increíble que en el siglo XXI siguieran ocurriendo desastres de este tipo.
Pasaron las horas, ya estaba atardeciendo cuando el castaño llegó muy cabizbajo a la mansión. Sakura ya había despertado muchas horas atrás y preguntó por su familia, pero Meiling le mintió, diciéndole que el vuelo se había retrasado mucho. Aun así la castaña estuvo pendiente de su llegada toda la tarde, comenzó a atardecer cuando su prometido abrió la puerta principal de la casa, en ese momento tuvo muy en claro que su ánimo estaba por los suelos.
—¿Se habrá peleado con Touya? —se preguntó a sí misma, no le dio mucha importancia y caminó hacia él con emoción renovada—. ¡Shaoran! —lo sorprendió, pero como respuesta obtuvo una mirada de arriba debajo de parte de él. Su rostro se había desencajado en una extraña mueca que no supo cómo descifrar. Estaba ido, pálido y muy serio—. Cariño... ¿Dónde... donde está mi familia? —acortó la distancia entre ambos y le dio la bienvenida a la casa con un lindo besito en la mejilla—. ¿Estás bien? —lo miró sin entender.
De pronto la voz de Meiling se escuchó cercana.
—Sakura, deberías estar descansando y... —se calló abruptamente al salir de la sala y toparse con su primo en el recibidor—. Oh... —los miró a ambos con algo de compasión.
—¿Qué ocurre? —insistió la de ojos esmeralda, algo desesperada.
—Necesitamos hablar, Sakura —la tomó de la mano y caminaron hacia la sala. Meiling decidió esperarse afuera, sabía que no traía buenas noticias.
—Es sobre mi familia ¿No es así? ¿Su vuelo se retrasó más?
—Toma asiento —le pidió amablemente, pero la seriedad no se iba de su expresión. Esto puso de nervios a la castaña.
—No.
—Sakura...
Se miraron fijamente, ella no desistiría. Presentía que algo andaba mal y debía ser muy grave como para que Shaoran reaccionara así.
—¿Qué pasó?
—Pequeña, el avión en el que venía tu familia... se impactó contra el océano.
Su expresión se desencajó en una mueca de horror que duraría unos segundos antes de ser reemplazada por una de pánico.
—Pero... Mi familia está bien ¿No? —se animó a preguntar aun conociendo la respuesta.
—Al parecer no quedó ningún sobreviviente. Y debido a que ya anocheció, tuvieron la estúpida idea de posponer la búsqueda, así que seguirán rastreando sobrevivientes hasta mañana temprano.
—No... —rio—. Esto debe ser un mal entendido, una broma ¿No es así? —sonrió.
—Mi amor —extendió su mano hasta acariciarle la mejilla, pero ella se alejó bruscamente.
—No... no puede ser verdad —comenzó a temblar.
Shaoran temía que le fuera a dar un ataque como el de hace rato, peor aún, temía que esta noticia dañara su corazón.
—Pequeña, mejor siéntate y...
—¡No! —exclamó, totalmente fuera de sí. Miró a su alrededor con desesperación, de pronto todo se volvió una amalgama de manchas borrosas, todo le daba vueltas, su pecho dolía demasiado y la respiración se le comenzaba a dificultar.
—¡Sakura! —se asustó, fue directo en su auxilio, la abrazó para evitar que se cayera—. ¿Qué te ocurre? ¿Qué es lo que sientes? —preguntó asustado de que fuera un infarto. Quería descartar esa idea cuanto antes.
Pero antes de que pudiera contestarle o decir algo, su vista comenzó a nublarse más y sintió cómo su cuerpo perdía todas sus fuerzas. Sólo percibió cómo antes de que pudiera caerse, un par de brazos la sujetaron con firmeza y mientras se sumergía en la negrura total alcanzó a escuchar las lejanas palabras de su prometido.
—¡Meiling! ¡Wei! ¡Tráiganme su medicamento, por favor! —casi suplicó, supo que se trataba de un ataque al corazón cuando vio cómo ponía ambas manos sobre su pecho. Se espantó, la última vez que sufrió uno fue cuando Fye fue a buscarla aquel día en el verano hace ya varios años.
De inmediato le trajeron una ampolleta junto con una jeringa. Estaban preparados para casos como ese en los que no pudiera tragar las pastillas, además de que la vía intravenosa era mucho más rápida que la vía oral.
Después de asegurarse de que sus signos vitales eran estables, la llevaron hasta su habitación, necesitaba descansar. Un desmayo y un ataque eran demasiado para un día. Shaoran tuvo que explicarles a Wei y a su prima todo lo que sabía: no había sobrevivientes.
OoOoOoOoOoO
Sus ojos castaños viajaron hacia la silueta femenina que permanecía inmóvil sobre el colchón. Soltó un fuerte suspiro y luego de asegurarse de que seguía dormida, salió de la recámara que compartían para ducharse rápidamente, necesitaba despejarse un poco.
Sakura despertó poco a poco, viendo con absorta tranquilidad los últimos rayos de sol asomándose por su ventana. Sentía su cuerpo pesado y débil, pero eso no evitó que se incorporara un poco.
Los recuerdos de lo recién vivido llegaron a su mente como un montón de imágenes en cámara rápida. Su familia estaba muerta.
No soportó el dolor en su alma. Apoyó los codos sobre sus rodillas y ocultó su rostro entre las manos para ahogar el grito que le quemaba la garganta. Terminó abrazándose a sí misma, meciéndose levemente hacia adelante y hacia atrás, en un arrullador vaivén. Y ajena a que alguien la observaba desde el interior del baño, dejó escapar miles de amargas lágrimas.
Shaoran la miraba desde el baño, a través del pequeño espacio que dejaba la puerta entreabierta. Sintió cómo su corazón se hundía al ver a la mujer que amaba sentada en la cama, abrazando sus piernas, pegándolas a su cuerpo y con la cabeza gacha. Entró silenciosamente al cuarto, se acercó y se sentó sobre el mullido colchón, dudando si tocarla o no. Decidió no hacerlo y comenzó a hablarle suavemente.
—Mi amor —susurró, quería decirle algo que la reconfortara, pero las palabras se le quedaron atoradas en la garganta ¿Qué palabras? Ni siquiera tenía idea de qué debía decirle—. Lo siento tanto... —soltó al fin.
—Mi familia ha muerto... ahora estoy sola en el mundo... —murmuró ahogadamente con la cabeza entre sus rodillas. Shaoran no soportó el dolor que implicaban aquellas palabras y la rodeó con sus brazos, apretándola contra sí, secando sus mudas lágrimas con su camisa.
—Llora mi amor, desahógate.
Estas palabras fueron el detonante para que su cuerpo trémulo se colapsara sobre él a causa de las múltiples emociones que la inundaban: soledad, tristeza, anhelo, desesperanza, miedo.
—Sé que es muy pronto para decirlo, pero... sé que lo superarás.
—No quiero —murmuró apenas en un hilo de voz mientras los ríos de agua salina en sus mejillas aumentaban su caudal—. Quiero... quiero estar sola —se soltó del abrazo de su novio y se giró dándole la espalda.
—Está bien —aceptó no muy convencido—. Si necesitas algo sólo llámame —le dio un último beso en la frente y se fue.
La castaña apretó puños y dientes. Estaba enojada ¡Furiosa! ¿¡Por qué la vida la trataba así?! Le quitó al amor de su vida, y bueno, lo superó, pero ahora esto... ¡Quitarle a su familia! Eso era realmente cruel.
Se puso de pie y caminó como león enjaulado por toda su habitación, estaba ansiosa, desesperada y con mucha ira acumulada. Necesitaba desahogarse de alguna manera, pero al parecer las lágrimas no eran suficientes, quería gritar, romper cosas, golpear a alguien.
No... necesitaba calmarse.
Fue directo a su armario y sacó algo de ropa decente para salir, esta noche necesitaría desahogarse de alguna manera, tal vez no era la correcta, pero estaba segura de que la ayudaría a calmarse un poco.
Terminó de vestirse y sin preocuparse mucho por su apariencia, salió a hurtadillas de la casa. Caminó sin parar por la ciudad.
Un par de horas más tardes Shaoran fue a buscarla para que cenara algo, pero enorme fue su sorpresa al no encontrarla en la recámara ni en toda la mansión. Se había ido. No se preocupó tanto porque notó que todas sus cosas aún estaban en el armario y los cajones, pero si no se había ido de la casa ¿Dónde se habría metido? Se empezó a alarmar cuando fue a buscarla en su antiguo departamento y no la encontró. Su respiración se aceleró y algo dentro de sí le decía que Sakura no andaba bien. Comenzó a desesperarse mucho, pero su prima lo calmó y le sugirió buscar la ubicación del celular de la ojiverde. El chino abrazó a su prima por la buena idea y se apresuró a hacerlo. Afortunadamente la castaña se había llevado consigo el teléfono, así pudieron dar con su ubicación exacta, pero... nunca se esperaron llegar a un barrio tan tenebroso.
—No te separes de mí en ningún momento —murmuró el chino, su prima asintió y tomó su mano para abrirse paso entre la muchedumbre de aquel bar tan concurrido, el lugar estaba abarrotado de gente que bailaba, bebía y fumaba cosas que no sólo eran alcohol y tabaco. Todo el lugar olía a muerte. En su camino pudieron distinguir jeringas usadas tiradas en el piso, asimismo muchas colillas de cigarros por doquier.
Lo que más los asustó fue ver que había personas drogándose libremente en el antro y en un rincón unas cuantas parejas haciendo cosas indecentes, aunque eso más bien parecía una orgía.
Shaoran frunció mucho el ceño, ¿Cómo era posible que Sakura estuviera en un lugar así?
—¿Y si le robaron el teléfono? —sugirió la pelinegra con algo de miedo al ver a todos a su alrededor.
El castaño pensó en esa posibilidad, pero la descartó cuando reconoció una bella cabellera castaña en una de las mesas del fondo. Caminó más rápido aún con su prima agarrada de su mano y con el ceño muy fruncido llegó a la mesa que compartía Sakura con unos tres tipos más o menos de su edad, pero aparentemente en no muy buenas condiciones.
—¡Sakura! —alzó la voz, pues la música inundaba el lugar, la aludida levantó un poco la vista hasta toparse con los castaños ojos de Shaoran.
—¡Shaoran! —sonrió ebriamente—, ¡Meiling! Qué bueno que tú también viniste, vengan, siéntense con nosotros.
El aludido miró a los individuos que acompañaban a su novia y luego la mesa frente a ellos, había más de quince botellas vacías y un montón de vasos de plástico ya vacíos, sin contar que había rastros de cocaína en un lado de la mesa y muchas colillas de unos extraños cigarrillos blancos.
—Malditos —soltó a su prima y agarró del cuello de la camisa a uno de los chicos—. ¡¿Qué le dieron a Sakura?! —exclamó, colérico.
—¿A quién? —se burló abiertamente, Shaoran señaló con la mirada a su novia y el tipo siguió riéndose, estaba evidentemente intoxicado con alguna extraña sustancia—. Nada —se burló no le dio miedo la intimidante mirada furiosa del castaño.
Shaoran bufó con ira y soltó al chico, sin importarle que ni siquiera se pudiera mantener de pie, pues fue a dar directo al piso. Sus dos amigos soltaron una carcajada al verlo caer y quedar inconsciente.
—Nos vamos, ¡Ahora! —exclamó el castaño, pero Sakura ni se inmutó.
—Ey, deja que se quede —pidió socarronamente uno de los tipos.
—Cállate —masculló, no se molestó ni siquiera en verlo, tenía su mirada fija en la chica—. Sakura —habló gravemente.
—No me quiero ir —sonrió y bebió lo que restaba de su botella, la cual terminó estampada contra la pared de un lado por el chino. Ella abrió los ojos con espanto al ver a su novio tan molesto como para hacer aquello.
—Sakura, por favor vámonos —pidió Meiling con miedo, más que nada a su primo. Pocas veces lo ha visto enojado en su vida, pero esas veces no quería ni recordarlas.
—No quiero —insistió con terquedad, se cruzó de brazos.
—No te estamos preguntando —y sin previo aviso la tomó como costal de patatas y la sacó de allí sin importarle las patadas, mordiscos y arañazos que le propinó la chica.
Rápido llegaron al auto del castaño, Sakura se fue con Meiling en el asiento trasero. La castaña no dejaba de patalear y lloriquear como una niña. Balbuceaba cosas que ninguno de los dos entendía. La prima del Li miraba todo con una triste expresión en su rostro.
—Meiling.
—¿Sí? —se sobresaltó un poco por su tono autoritario.
—Revisa que no tenga alguna herida, no sabemos qué pudieron haberle hecho en ese lugar —casi masticó las palabras, estaba furioso. Se esperaba cualquier reacción de Sakura ante lo sucedido con su familia, pero nunca esto, jamás.
—Sí —la revisó mientras su primo conducía directo a la mansión—. Se encuentra bien, pero... ¡Sakura! —exclamó, deteniéndola antes de que lograra abrir la puerta del auto—. ¡¿Estás loca?! ¡¿Te quieres matar?!
La aludida se quedó en silencio unos segundos, viendo a su amiga con lágrimas en los ojos.
—¡Sí! —respondió al fin—. ¡Me quiero morir! ¡Eso quiero! —exclamó a todo pulmón.
Shaoran sintió un escalofrío horrible al escucharla decir eso. Un nudo se formó en su garganta y su ira incrementó.
Llegaron rápidamente a la casa y con ayuda del portero e incluso del jardinero, subieron a Sakura a su habitación. Ahí el castaño se encerró con ella, pidiéndoles a los demás que no molestaran en ningún momento, hablaría seriamente con su novia.
—Déjame —gruñó Sakura al sentir que su novio la empujaba dentro del cuarto—. ¡¿Qué haces?! —chilló cuando la metió al baño.
—Si dejaras de forcejear tanto sería mucho más fácil —masculló él.
—¡¿Pero qué te ocurre!? ¡¿Qué haces?! —exclamó cuando él al fin logró meterla a la regadera, abriendo sólo la llave fría.
—Necesito bajarte la borrachera ¡Eso hago! —la tomó de las muñecas y la inmovilizó pegándolas a la pared, la espalda de la chica dio contra los fríos azulejos de la regadera. Ella no se la puso fácil, pues poco le importó y siguió forcejeando y retorciéndose entre su cuerpo y la pared.
Pronto los dos estaban empapados de agua fría. El castaño ya sentía su piel entumecida, pero no se movería de ahí hasta que la Sakura que conocía y amaba regresara.
—Suéltame —pidió con la voz quebrada—. Déjame sola ¡Vete! —gritó.
—¡Maldición Sakura! ¡Basta ya de esto! —gritó igual o más fuerte, logrando intimidarla un poco—. ¡Con un demonio! —exclamó—. Hoy casi tienes un infarto al corazón y a pesar de ello te vas a emborrachar a un antro —estaba furioso.
—¿Por qué te molesta tanto? —le tembló la voz, en parte por el miedo de verlo tan enfurecido, nunca lo había visto así de enfadado, al menos no con ella.
—Es que ya no sólo se trata de ti, Sakura —masculló y soltó un fuerte suspiro para después tomar aire y soltar en una sola oración—. ¡Todo lo que hiciste hoy puede dañar al bebé! ¿Quieres morir? ¿Eso es lo que quieres? Dímelo de una vez porque... si eso es lo que quieres para ti, yo... —frunció el ceño y la miró profundamente enojado. Ni siquiera pudo concluir la oración.
—Shaoran... —murmuró sin poder quitar la vista de sus ojos—. Lo... lo siento —bajó la cabeza. El efecto del alcohol estaba pasándosele un poco—. E-espera... ¿Dijiste "bebé"? —se congeló en su lugar, casi contuvo la respiración en la espera de una respuesta a eso.
La mirada del chino se entristeció aún más.
—El doctor que te revisó me dijo que era probable que estuvieras embarazada.
—No... —abrió los grandemente, sintiendo cómo el agua fría le calaba hasta los huesos—. No... —repitió y no precisamente porque no deseara un hijo, sino porque había cometido la estupidez de su vida.
—No te hagas esto, ni a ti ni al bebé, por favor —casi suplicó, aflojó el agarre en sus muñecas y bajó la cabeza—. Sé que es duro lo que te está pasando, sé que causa un gran dolor que tu familia esté muerta, lo sé a la perfección, pero por favor... no tomes el camino fácil —la miró a los ojos y ella se sorprendió al verlos enrojecidos, si no fuera por el agua de la regadera que se confundía con sus lágrimas, podría haberlo visto llorar claramente—. Tú eres más que esto, sé con certeza que eres una mujer muy fuerte, no me decepciones... —juntó su frente con la de ella—. No me dejes, Sakura... —suplicó y finalmente la soltó por completo. La ojiverde no se pudo sostener en pie, así que lentamente deslizó su espalda en la pared hasta quedar sentada en el suelo con sus rodillas pegadas a su pecho y ambas manos sobre su vientre, aún estaba impactada por la noticia de su posible embarazo.
Momentos después el castaño cerró la llave y salió de la ducha, pero volvió con una toalla en mano, cubrió a su novia con ella y la alzó en brazos hasta llevarla a la cama que compartían, la pobre parecía una muñeca de trapo mal hecha. De pronto un pesado sueño comenzó a invadirla, quería pedirle perdón a su novio, abrazarlo y disculparse por haberlo preocupado tanto, incluso por gritarle y por haber puesto en riesgo la vida de ese bebé, pero el sueño le ganó.
Shaoran la miró con tristeza, y sin poder quitar esa expresión de su rostro se dedicó a desvestirla y secarla para ponerle su pijama, luego hizo lo mismo con él y se metió a la cama junto a su novia, abrazándola posesivamente, temiendo que al soltarla se pudiera escapar de nuevo aquel horrible lugar.
—Tú no eres así mi amor, tú no eres así —se repetía una y mil veces, acariciándola con suavidad en medio de la noche.
—Perdón... —murmuró ella en medio de la noche—. Perdón —se aferró a la pijama de su novio y pegó la frente a su pecho—. No lo volveré a hacer, por nuestro hijo... lo prometo.
Un nudo se formó en la garganta de Shaoran.
—Por nuestro hijo —repitió él y apretó el abrazo.
Al día siguiente llegó el médico con los resultados de laboratorio. Sakura no estaba embarazada.
Esto alivió un poco la conciencia de la chica, pues de haberlo estado pudo haber dañado permanentemente del desarrolló del feto. Pero por otra parte... se llevó una gran desilusión y el hueco en su corazón fue en aumento. Shaoran la consoló diciéndolo que tenían toda una vida por delante en la que podrían intentar tener hijos, incluso la animó diciéndole lo feliz que le hacía saber su deseo de tener hijos con él, pues antes de eso le era desconocido.
Sakura se mantuvo serena un par de días, fue a trabajar y trató de continuar su vida como si nada hubiese pasado, haciendo como si su familia estuviera aún en Japón, esperándola. Se había derrumbado ferozmente hace unas noches y cometió algunas tonterías como beber y tomar cosas extrañas. Había notado la angustia en el rostro de Shaoran, su miedo a perderla y el miedo al verla en lo que podía convertirse cuando estaba muy deprimida. Procuraría que no se repitiera, pero... simplemente era imposible, no podía así de fácil borrar todo lo ocurrido y seguir con su vida.
Y tristemente aquella noche no fue la única ocasión en la que se escabulló directo a un bar, lo siguió haciendo al menos una vez por semana, pero no llegaba a tales extremos, sólo salía a aquel bar y bebía un poco para ahogar sus penas; regresaba a casa y difícilmente se daban cuenta, pues al menos Shaoran tenía muchos asuntos por resolver últimamente en la compañía y Meiling salía con un chico.
El problema de todo esto es que sus salidas eran cada vez más frecuentes y poco a poco se le hacía más difícil llegar temprano a casa, había demasiadas tentaciones en aquel bar y no pudo evitar caer en ellas. No tuvo problemas para hacer lo que le venía en gana, ya se había dado cuenta de que aquella lograron localizarla gracias a su teléfono celular, así que de ahora en adelante lo dejó en casa.
Estos eventos se hacían cada vez más frecuentes. Sakura no sabía que él se daba cuenta de todas sus escapadas, él había decidido darle su espacio, si necesitaba desahogarse un poco, la dejaría hacerlo siempre y cuando no exagerara como aquella vez, aunque... Shaoran la llegó a tal punto de desesperación que contrató guardaespaldas para su novia, quienes la vigilaban casi las veinticuatro horas del día, evitando –si no era que se escapara de la mansión- mínimo que no le hicieran daño en algún antro.
Sus escapadas se hicieron cada vez más frecuentes y en cada ocasión el chino batallaba más para encontrarla. Wei, Meiling y Shaoran se preocuparon mucho por ella y varias veces trataron de ponerle un alto, pero ella simplemente los ignoraba y se iba a su departamento, aquel que había rentado cuando llegó a china.
Shaoran se enojó mucho con ella cuando la encontró en el mismo bar de siempre, pero ahora drogada... había llegado muy lejos y eso le preocupaba mucho. Si se la llevaba a la mansión ella vería la manera de escaparse, así que mejor se instaló en el pequeño departamento para cuidar de ella, aunque siempre se le escapaba en la menor oportunidad y siempre iba a aquel bario lleno de lugares de mala muerte.
Poco después tuvo una leve mejoría, aceptó volver a la mansión y fue cuidada por Wei, Shaoran y Meiling.
En esta etapa pareció aceptar la muerte de su familia y poco a poco se fue recuperando, hasta que... informaron en las noticias que al fin habían encontrado los cuerpos de las personas fallecidas en el accidente de avión. Había sido en una pequeñísima isla que estaba de camino a China. Encontraron los restos del avión, junto con las personas que lo abordaban: todos fallecidos. Lo triste y preocupante fue que uno de esos días llegó un policía a la mansión, solicitando la presencia de Kinomoto Sakura en la morgue del hospital civil de Shanghái. A la pobre se le fue la sangre hasta los pies. Ambos castaños suplicaban que no fuera la familia Kinomoto, pero tristemente sí eran sus cuerpos. Sakura se colapsó dentro de la morgue, no soportó ver los cadáveres de las personas que más amó en el mundo, esa imagen se había quedado grabada con fuego en su mente.
A partir de ese día, Sakura dejó de ser la misma, ya no hablaba con nadie, se la pasaba encerrada en otra habitación lejos de la que antes compartía con Shaoran, ya no quería verlo, ni quería estar en esa mansión. No quería estar en este mundo, perder a su familia había sido un golpe demasiado duro para ella. Lo único bueno fue que al recuperar los cuerpos podría darles descanso eterno en un funeral como era debido. Shaoran y Meiling se hicieron cargo de todo, pero apenas se acabó el funeral y el entierro, la castaña corrió al barrio de los bares, entrando al mismo de siempre
Al entrar a aquel lugar llamado "Chandelier" caminó entre los montones. Sentía que su cabeza iba a explotar y el pecho le dolía un poco, como si lo presionaran con fuerza, pero poco le importó, mejor puso su atención en la música del lugar, seguido ponían esa canción que curiosamente se llamaba igual que el bar. Nunca le había puesto atención hasta ahora. Sonrió un poco, pues se identificaba con la letra.
Llegó hasta el centro del bar y le susurró algo en el oído al bartender, éste asintió y le entregó una bolsita de plástico con un montoncito de pastillas coloridas dentro. Ella sonrió al ver el contenido y sin pensárselo dos veces, pidió un whisky y con éste se tomó un par de píldoras que la hicieron sentirse mejor al instante, ya las había probado anteriormente, aunque... nunca había tomado más de una.
—Hey, tranquila chica. No tomes tantas si no quieres morir —le advirtió un chico que aparentemente se veía muy amable, desencajaba por completo en el lugar. Rio un poco, pero se detuvo al ver que Sakura ingería una pastilla más—. ¿Quieres morir? —preguntó ya en serio.
—No te importa —y sin decir más, tomó su vaso de alcohol y se dirigió a lo más profundo del bar, donde la música y las luces de colores inundaban el oscuro lugar, ahí nadie la encontraría, pues fue a un área donde sólo ciertas personas tenían acceso. Bailó, bebió, se drogó toda la noche y parte de la mañana. Ahora no volvió a casa y dejó a todos preocupados. Durmió todo el día en el mismo bar y cuando llegó la noche volvió a dar rienda suelta a las adicciones... hasta llegar a una sobredosis.
Shaoran la había reportado como desaparecida, así que cuando fue admitida en un hospital, de inmediato lo llamaron para ver si se trataba de ella.
—¡Oh por Dios! —exclamó el chino.
—¡Sí es ella! —Meiling jaló a su primo hasta arrastrarlo a la parte de la sala de urgencias donde estaba la castaña, pues el pobre se había quedado en shock.
Sólo lo dejaron identificarla, pues rápidamente se la llevaron para contrarrestar todo lo que había ingerido, además de que necesitaría un buen lavado de estómago. La llevaron a una habitación hasta después de varias horas, ya casi amanecía y Shaoran no se le separó ni un segundo.
Sakura despertó poco a poco, todo le daba vueltas, sentía su boca seca y acartonada, su cabeza le explotaría y su estómago ardía infernalmente, sin contar la resaca tan intensa que sentía. Entre todas sus molestias logró enfocar su mirada hasta toparse con el preocupadísimo rostro de su novio a unos treinta centímetros del suyo, el chino repetía su nombre una y otra vez con suavidad. Sonrió aliviado al verla despierta, pero pronto su expresión se tornó muy severa.
—¡¿Eres idiota o qué?! —exclamó con mucho enfado, importándole poco el ruido que hacía.
Ella sólo parpadeó confundida.
—Quisiste matarte... lo intentaste de verdad —se pasó ambas manos por la cabeza, desesperado y asombrado—. ¿Tienes alguna idea de la preocupación que me hiciste pasar? ¡Del miedo que sentí cuando no regresaste a dormir! ¡O cuando me llamaron para decir que habías tenido una sobredosis! —su ceño no podía estar más fruncido y su corazón más acelerado—. ¡Por Dios, Sakura! ¡Di algo! —como respuesta la castaña volteó la cabeza en dirección contraria. Ni siquiera se disculpó.
Shaoran caminó hacia el lado contrario de la cama, para poder verla a los ojos, ella se giró nuevamente, pero ahora él se sentó en el colchón y la obligó a mirarlo.
—¿En verdad ya no quieres seguir con tu vida? —ahora su voz fue triste y lastimera, su expresión estaba llena de decepción—. No estás viendo lo que te rodea, las personas que te rodeamos. Wei, Meiling, yo... todos nos preocupamos mucho por ti, porque te amamos, Sakura sabes que te amo —acarició su mejilla—. Y créeme que si tú no estás en mi vida... seré yo el que acabe con ella en seguida.
Sakura se estremeció. Quería decirle que no fuera un idiota, que no debía hacer eso, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta, pues era justamente lo que ella estaba haciendo.
—Te amo. No puedo... definitivamente no puedo vivir sin ti. Mi amor, no sé qué va a pasarme si te vas, sólo sé que quiero estar en donde estás —juntó su frente con la de ella, ambos cerraron sus ojos y se quedaron así unos momentos.
Ella no respondió con palabras, pero al abrir un poco los ojos y verlo... le dieron ganas de llorar, no evitó que sus brazos tomaran el control y se extendieran hasta rodearlo y apegarlo a ella, pues no había soportado ver el dolor en sus ojos, ver esas lágrimas tan dolorosas en alguien que nunca llora.
Pasaron los días y además de ese abrazo ella no hablaba, no se movía, muy a penas se veía que respiraba; parecía muda, en otro mundo, como si su cuerpo fuera un contenedor vacío.
El castaño se frustró y un día de esos le dio una sorpresa, le llevó un montón de flores al hospital, le dijo que ella era perfecta para él y que nada de lo que había pasado lo haría cambiar de opinión, la amaba y nada más importaba. Le ofreció nuevamente una buena vida, juntos, como marido y mujer, pero ella sólo sonrió suavemente y asintió con la cabeza. No había emoción en su expresión, se limitaba a asentir con la cabeza o a negar, sólo eso. Él sintió una opresión en su pecho, ya no era más la Sakura que conoció, pero aun así... no la dejaría jamás.
—Recuerda que te amo —besó su frente, quería y esperaba que ese sentimiento por ella le bastara para quedarse en este mundo.
—Lo recuerdo bien —respondió con una efímera y pequeña sonrisa que iluminó por completo el mundo del castaño, quien la abrazó con fuerza.
Apenas la dieron de alta, Shaoran se la llevó de nuevo a casa, donde le brindó todos los cuidados y atención necesaria, incluso descuidó su trabajo sólo para estar al pendiente de su amada, las cosas poco a poco fueron tomando el ritmo y color de antes, Sakura se veía un poco mejor, pero aún no volvía a ser la misma de antes. Él trató por todos los medios lograr traer de vuelta a la misma Sakura, pero fue imposible. En las noches que dormían juntos ella se limitaba a acariciarlo muy suavemente en la espalda mientras él se hacía cargo de todo lo demás, pareciera que lo hacía sólo por no decirle que no quería tener sexo, pues no demostraba disfrutarlo y tampoco ayudaba a que él lo disfrutara. Ante esto, Shaoran no volvió a intentar tener relaciones con ella, sabía que no lo deseaba y aunque no se lo dijera, no la obligaría a hacer cosas que no quiere.
OoOoOoOoOoO
Luego de un par de meses las cosas no habían cambiado mucho que digamos. La única diferencia era que Sakura tenía estrictamente prohibido salir de la mansión. Ya no se podía escapar, pues había incluso guardias en todos los accesos a la casa, y a ella no le importaba, ya nada le importaba.
Era de mañana y Sakura veía el jardín trasero desde el balcón de la habitación que volvió a compartir con su novio. Los planes de la boda estaban en marcha, aunque la actitud "Zombie" de Sakura no había variado mucho desde que estuvo internada, sus ojos actualmente estaban vacíos y carentes de brillo a pesar de que veía un hermoso paisaje matutino. Shaoran estaba sentado en un cómodo sofá, leyendo un libro, vestido aún con su pijama, pero saltó de su lugar al escuchar las sombrías palabras de su novia.
—Últimamente tengo ganas de morir.
El castaño saltó de su lugar y corrió a apartarla del balcón por miedo a que se tirase de ahí.
—¡¿Pero qué dices?! —se enfadó un poco, y más al ver que reía.
—No me iba a tirar de un tercer piso, si es eso lo que te preocupó— se soltó del agarre de su pareja y fue a sentarse en la cama, suspirando profundamente y viendo hacia la nada.
—¿Entonces por qué dices eso, Sakura? — frunció mucho el ceño, sentándose a su lado y tomándole ambas manos.
—Es como que... si algo malo me sucediera, no le daría mucha importancia.
El castaño casi soltó una risa llena de amargura, estaba por contradecirla, pero ella se adelantó.
—No creo tener el valor de ir y suicidarme, pero si estoy cruzando la calle y un auto se aproxima a mí, creo que no trataría de moverme —su mirada se volvió a perder en el vacío.
—No puedes decir eso... no lo hagas por favor— tomó su rostro entre sus manos, acunándolo suavemente como si estuviera sosteniendo algo sumamente frágil—. Si algo te llegara a pasar, yo simplemente muero.
Los ojos verdes temblaron al escuchar esas palabras.
—Prométeme que sacarás todos esos pensamientos de tu mente y te propondrás salir adelante. Te ayudaré en lo necesario para que salgas adelante, para que los dos nos podamos casar cuanto antes.
La castaña desvió la mirada y asintió con una sonrisa completamente vacía y hasta algo macabra.
—¿Lo harás?
Ella sonrió de nueva cuenta y asintió.
—¿Estás bien?
—Sí —mantuvo su sonrisa. Li la tomó entre sus brazos, meciéndose dulcemente, y fue ahí donde Sakura se puso a pensar en ¿Qué demonios estaba mal con ella? El hombre más maravilloso del planeta acababa de recordarle que quería casarse con ella y estaba segura de que cualquier mujer mataría por estar en su lugar. Entonces... ¿Por qué a ella no le producía esa gran y hermosa emoción que se supone debería sentir?
El celular de Shaoran sonó insistentemente, le hablaban unos arquitectos que ahora mismo montaban una de sus obras en el parque central de Shanghái, al parecer había resultado un pequeño problema con la escultura. El castaño bufó con fastidio, no quería dejar sola a su novia y menos después de lo que acababa de decir, temía mucho que intentara otra locura como la de hace unos meses.
—Volveré más tarde —se inclinó y le dio un beso en la frente—. Espérame para comer juntos —le sonrió y se alegró un poco al ver que respondía con otra sonrisa.
—Aquí estaré, esperándote...
OoOoOoOoOoOoO
La puerta hizo un rechinido debido al tiempo que llevaba de no utilizarse. Miró todo a su alrededor y no había más que polvo por doquier, oscuridad por las cortinas cerradas, pero nada de esto le incomodó. Caminó suavemente hacia el estéreo y puso una canción que le eriza la piel a cualquiera que entiende su significado: suicidio. Subió al máximo la música y la ajustó para que la canción se repitiera una y otra vez.
Caminó desinteresadamente hacia el baño, arrastrando los pies y con la mirada aún vacía. Cualquiera que la viera, no la reconocería. Se miró al espejo que estaba sobre el lavamanos. Estuvo contemplándose durante varios minutos, sin moverse, sólo pensaba en cosas tontas, sin sentido.
—¿Me reconocerías, Fye...? —murmuró frente a su reflejo. Vio cómo la persona en el espejo alzaba una mano con tijeras, cuyos filos se dirigieron hacia sus largos y hermosos cabellos, cortándolos sin forma ni estilo. Un corte aquí, otro allá hasta que el piso quedó repleto de sus hermosos cabellos castaños, dejándola prácticamente con el pelo muy por encima de sus hombros.
PoV Sakura.
Mi familia se fue. Papá, mamá, hermano... y Fye... tú saliste de mi vida, dejaste que me diera por vencida en nuestra relación, no te opusiste a que decidiera olvidarte. Si tan sólo supieras que nunca logré hacerlo y ahora que he tomado la decisión siento pena por ambos, por lo que pudo ser y no fue... pero así es siempre en mi vida... todas las personas que amo van desapareciendo, convirtiéndose en fantasmas que me persiguen y no me dejan en paz. ¿Por qué? ¿Por qué no pueden permanecer a mi lado? ¿Tanto me odian...?
No puedo más... no puedo casarme sin amor, no puedo vivir una vida que no tiene sentido. Sin amor... sin el verdadero amor no hay razón para vivir... no puedo vivir una vida que no es mía, haciendo cosas que no van conmigo. No puedo fingir que todo va bien, es tan...agotador.
Solté las tijeras y éstas hicieron un ruido sordo al golpear estrepitosamente contra el piso, no me fijé dónde cayeron, simplemente me quedé observando a la persona en el espejo... era yo.
Casi rio por mi apariencia. Nunca había estado tan delgada y jamás había tenido unas ojeras tan marcadas como ahora. Pero lo que nunca nadie creyó ver jamás estaba frente a mis ojos: mi cabello no era el mismo. Ese cabello que a Fye tanto le gustaba y disfrutaba de acariciarlo, ahora ya no estaba. Sólo quedaban mechones mal cortados, algunos largos y otros cortos.
Cerré mis ojos y decidí despejar mi mente de todo pensamiento y sólo me enfoqué en la canción que había de fondo y en su significado...
Automáticamente y como si alguien me controlara, cual marioneta, mis pasos me llevaron al borde de la bañera. Abrí las llaves y esperé a que se llenara, mientras tanto me deshice de todas mis prendas a excepción de mi ropa interior, si me encontraban, no quería que fuera desnuda, al menos no por completo.
Abracé mi cuerpo. Sintiéndome por última vez.
La bañera se llenó y yo me sumergí en el líquido que rápido me cubrió hasta el cuello.
Alcé mi mirada y en una repisa observé un pequeño paquete que dejé antes de meterme al agua. Sin pensar mucho lo tomé entre mis manos y saqué una de las navajas, la más filosa y brillosa de todas, casi sentí como si su filo brilloso se burlara de mí, diciendo: Serás nuestra, el sufrimiento se acabará, serás toda nuestra.
Alcé una mano y con la otra presioné levemente el filo contra mi nívea piel, sintiendo de inmediato el escozor característico de una cortada, pero esto era más que una simple cortadura. Profundicé el metal hasta que sentí que todo me dio vueltas. El dolor era mucho, sí, pero mi sufrimiento en vida era aún mayor.
Quise vomitar, pero me contuve. Aún me faltaba cortar la otra muñeca, sólo un poco más y terminaría con mi sufrimiento de una vez por todas.
Ouch... corté más de lo que debía, me estaba desangrando muy rápido.
Bueno, al menos la agonía duraría menos.
Cuando al fin terminé mi trabajo, extendí la mano con la navaja hacia el exterior de la bañera, recargando mi mano en el aire, mientras que la otra estaba sumergida en el agua, tiñéndola de un rojo carmesí muy intenso.
El sonido seco del metal contra el azulejo del piso resonó en todo el cuarto, seguido de eso sólo podía escuchar el repiqueteo de la gota del grifo cayendo a la bañera.
Mis muñecas sangraban a borbotones, lentamente iba perdiendo la noción del tiempo y espacio. Sentía que mi alma salía por aquellas cortadas, y poco a poco mi dolor mental fue desapareciendo. Iba a morir, jamás había estado tan feliz antes, sabía que ya no iba a llorar más, ya no iba a sufrir, ya no iba a sentir. Dormiría... Dormiría para siempre...
Pronto todo se hizo tinieblas, pero un único e insistente pensamiento me perseguía: la imagen de Fye no salía de mi mente. Lo vi a él, a mi hermano, a mis padres... todos me miraban con repugnancia debido a lo que acababa de cometer.
"Lo siento, pero no puedo más" fue lo que les dije, lo mismo que había dejado escrito en un papel arrugado y reutilizado, esperando que, la persona que me encontrara, leyera eso y me comprendiera aunque sea un poco.
Sonreí...
Mi dolor iba disminuyendo, los latidos de mi corazón eran cada vez más débiles y mi alma al fin descansaba.
Cerré los ojos y me perdí en la negrura. Todo iba bien hasta que...
—¿Qué demonios hiciste?
Su voz seria y severa me hizo abrir los ojos, aunque realmente no sé si los abrí, pues todo era penumbras, sólo alcanzaba a ver una pequeña luz, muy lejos de mí.
—¡Responde! ¡¿Por qué demonios lo hiciste, Sakura?!
Miré a todas direcciones y no encontré al dueño de esa voz, hasta que...
—¡Hermano! —no se si corrí, floté o simplemente me moví, pero de un momento a otro ya estaba aferrándome a él como si mi vida dependiese de ello.
Sentí que correspondió con la misma intensidad, pero segundos después me separó bruscamente, zarandeándome y gritando con todas sus fuerzas.
—¡¿Cómo fuiste capaz?! ¿¡Por qué lo hiciste!?
Me quedé pasmada. Nunca había visto llorar a mi hermano, hasta ahora...
—¡Maldición Sakura! —me soltó y se giró para que no lo viera llorar.
Titubeante, acerqué mi mano a su hombro y lo hice girarse.
—Hermano...
—Nosotros morimos y no pudimos evitarlo, pero tú... tú tienes toda una vida por delante, Sakura ¿Y es así como lo aprovechas? Puede que no estemos contigo fisicamente y tambien puede que ni siquiera hayamos tenido la oportunidad de despedirnos propiamente... pero esto no es lo que te enseñamos, esta no es la manera de enfrentar tus problemas.
En ese momento reaccioné y me di cuenta de que no era un sueño ni un delirio. Mi hermano de verdad estaba ahí, era su voz, su apariencia, su manera de regañarme, era él, pero...
—¿Dónde estamos? —pregunté, aún con sus duras palabras retumbando en mi cabeza.
—Se puede decir que es el limbo... o algo así—gruñó—. Aquí están las personas que aún no han cruzado al más allá.
—Papá y mamá...
—Ellos ya cruzaron, lo hicieron justo antes de que cometieras tal estupidez.
—Eso quiere decir que yo...
—No te alegres tan rápido. Aun no estás muerta, tonta.
—¡Entonces tú tampoco!
—Yo sí lo estoy, pero he venido aquí para hacerte reaccionar de una vez por todas ¡Maldición, Sakura! Eres muy joven para morir.
Lo miré unos segundos entendiendo todo al fin y no pude más que hecharme a llorar entre sus brazos.
—¡Perdóname! ¡Perdóname hermano!
—Ya... shh... shh... —me tranquilizó un poco, frotando mi espalda, tal como solía hacerlo en vida.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
PoV of narrator.
—¡Shaoran! ¿Pero qué te ocurre? ¿Por qué la prisa? —preguntó Meiling, asustada, pues apenas abrió la puerta principal de la mansión, su primo entró como alma que lleva el diablo, corriendo hacia la habitación que comparte con su novia.
—¿Dónde está Sakura? —preguntó, agitado por la carrera.
—Hace un rato la vi saliendo de su habitación, me dijo que iría a dar un paseo al jardín —trató de seguirle el paso a su primo, cuyas piernas daban grandes zancadas al caminar de un lado a otro, buscándola como si no tuviera otro objetivo en la vida.
—¿Por qué no fuiste con ella? —gruñó, bajando las escaleras hacia el jardín.
—¡Porque me metí a bañar! —se exasperó—. ¡Dime de una buena vez qué es lo que ocurre! —exigió.
El aludido se detuvo sólo un segundo para mirarla a los ojos.
—Tengo un muy mal presentimiento. Hoy en la mañana dijo unas cosas que...—se le hizo un nudo en el estómago y la piel se le erizó por completo—. Creo que no debí dejarla sola —y sin aviso se echó a correr al jardín.
—¿Qué? ¡¿Pero de qué hablas?! ¡Shaoran! —lo persiguió hasta que llegaron al jardín.
Ambos la buscaron, pero ella no apareció por ningún lado.
Preguntaron al portero y fue él quien les dijo que Sakura había salido hace una hora por el portón principal.
—¿¡Por qué demonios la dejaste salir?! ¡Tenía estrictamente prohibido salir de esta casa! —exclamó, colérico.
—¡L-lo siento señor! Pero es que la joven dijo que iría con usted para llevarle el almuerzo —alzó ambas manos como queriendo detener la bomba que estaba por explotar.
—Shaoran —detuvo a su primo del hombro antes de que se le echara encima al pobre hombre. El castaño empezó a caminar de un lado a otro, como león enjaulado hasta que tuvo una idea.
—Su departamento...
—¡Vamos! —Meiling lo tomó de la mano y a jalones se lo llevó a su auto. Ahora ella estaba igual de asustada que su primo, Sakura había mentido para poder salir, eso no era buena señal. Además era demasiado temprano como para que se fuera a la zona de antros y bares.
OoOoOoOoOoOoO
PoV of Sakura.
—Tienes que regresar —espetó de repente, separándome del abrazo.
—No... quiero quedarme contigo —lloré con fuerza, aferrándome a su cuerpo.
—No Sakura...—me dijo con suavidad, deshaciendo el abrazo y mirándome a los ojos—. Hay gente que te ama y no soportaría perderte, entiéndelo monstruo.
—No, no la hay...
—¿No?
De pronto una luz muy brillante resplandeció en medio de tanta penumbra, dentro de esa luz lo pude ver muy claramente.
—Shaoran... —murmuré, sorprendida de poder verlo ahí.
—El mocoso está conduciendo como loco por la ciudad, tratando de encontrarte. Al parecer tuvo un mal presentimiento sobre ti —gruñó con hastío.
Pude notar su desesperación. Me preocupó cómo conducía, de verdad que poco le importaba su vida en esos momentos.
Me sorprendió el hecho de que supiera sobre Shaoran y yo, pero al parecer no le molestaba. Iba a preguntarle si sabía todo sobre mi relación con él hasta que escuché de pronto que suspiraba pesadamente.
—Y no es el único... mira.
La imagen frente a nosotros cambió y ahora vimos... ¡vimos a Fye!
Al parecer era de madrugada donde quiera que se encontrara. Caminaba de un lado a otro como león enjaulado. Su expresión era de verdadero espanto y hasta apretaba su pecho como si estuviera doliéndole mucho el corazón.
—¡Fye! —traté de ir hacia esa imagen, pero mi hermano me detuvo.
—Él no te puede ver, sólo te estoy mostrando lo que está sintiendo él con lo que acabas de hacer. ¿Cómo rayos se dio cuenta? Ni yo tengo idea.
Miré a mi hermano y luego a Fye. No me importó que él no me pudiera escuchar, corrí hacia esa luz hasta que choqué contra una especie de cristal. Me asusté. Al parecer el dolor en su pecho era demasiado fuerte, me lo decía su rostro y su espalda encorvada hasta que cayó al piso. No pude más y empecé a golpear ese cristal.
—¡Fye! ¿Qué te pasa? ¡Fye! —grité, golpeando una y otra vez ese extraño cristal.
Sentí una mano sobre mi hombro y fui ahí donde me di cuenta de que ya me encontraba de rodillas, llorando y gritando. Alcé mi mirada, nublada por las lágrimas y me topé con una mirada muy triste de parte de mi hermano.
—Touya... ¿Qué le pasa a Fye? ¿¡Por qué sufre así?!
—Sufre por ti... sé que no acostumbro decir estas cosas, pero... ahora veo la vida y la muerte de otra forma. Ya he experimentado ambas, así que con toda certeza puedo decirte que él siente lo que tú sufres, lo siente y lo experimenta en carne propia. Su unión en vida fue tan fuerte y estrecha que después de lo que hiciste él lo sintió y ahora sufre las consecuencias.
—No... ¡Fye! ¡Resiste! —golpeé de nuevo el cristal, pero extrañamente Fye dio un pequeño bote y miró en mi dirección. Yo casi juraba que me estaba mirando a los ojos
—Sakura... —murmuró, mirándome.
—¿Pero qué rayos...
—¡Me escuchó! —brinqué, emocionada.
En ese momento mi hermano deshizo esa luz y me ayudó a levantarme.
—Tienes que irte de aquí antes de que sea demasiado tarde —me tomó por los hombros con fuerza—. Vete de aquí y no vuelvas hasta que sea tu tiempo. Yo me tengo que ir ya...— miró con el ceño fruncido hacia la luz lejana que vi desde un principio—... es hora de que me vaya.
—Touya... —mis ojos se aguaron—. No te vayas, ¡Por favor! —le supliqué, aferrándome a él con mucha fuerza.
—Monstruo...—susurró suavemente, acariciando mi cabeza con mucho cariño. Yo lo miré a los ojos—. Todo va a estar bien, lo prometo —su sonrisa era tan pacífica y sincera que no pude hacer más que creer en su palabras—. Pero antes debes prometerme que nunca volverás a atentar contra tu vida. NUNCA ¿Me oíste bien, monstruo? —me estiró las mejillas hasta que me dolió.
—¡Dsí! —respondí con dificultad, feliz de que hiciera eso. ¡Cuánto lo extrañaba!
—Bien —me atrapó entre sus brazos con una fuerza increíble, casi pude sentir su fragancia a pesar de que se trataba sólo de su espíritu—. Ahora veté y no vuelvas —me soltó de repente y apuntó con su dedo hacia el lado contrario de la luz que cada vez brillaba más, llamándolo.
—Sí —asentí con la cabeza y me limpié un par de lágrimas —. Saluda a papá y a mamá de mi parte, por favor.
—Sí monstruo, ya vete —me guiñó un ojo, pero cuando estaba a punto de irme, sus ojos se abrieron sobrenaturalmente y su cara de espanto se acentuó mucho. Dio unos pasos hacia mí a pesar de que poco a poco mi cuerpo se iba alejando de esa dimensión—. ¡Hermano! ¿Qué ocurre? —le grité, pero mi voz se esparció como un eco en todo el lugar.
—¡Sakura! —me gritó, sin dejar de correr en mi dirección. Traté de detenerme, pero era inevitable, algo me arrastraba hacia el lado opuesto de esa luz brillante que parecía perseguir a mi hermano—. Siento mucho lo de tu...
¡Flash!
Justo antes de que terminara la oración, desaparecí de esa extraña dimensión. ¿Qué iría a decirme? ¿Qué es lo que sentía?
Oh no... no pude evitar quedarme con la preocupación a cuestas.
Pero espera... ¿Qué... qué esto que siento? ¿Dónde estoy?
Trato de abrir mis ojos pero un peso enorme me lo impide. No siento nada, sólo una inmensa paz me invade por completo, pero... ¿No se supone que regresé? Debería estar agonizando de dolor por lo que me hice.
—Princesa, despierta... vamos, despierta cariño.
¡Esa voz!
Sentí que una suave y fresca mano acariciaba todo mi rostro, desde mi frente hasta la barbilla, lo hacía con tal delicadeza que me hacía sentir amada. Y esa voz... yo la he escuchado antes... esos apodos... sólo él me dice así, sólo él me llama princesa.
Sus manos ¿Húmedas? Acariciaron mis labios, haciéndome sentir como que flotaba, después acarició mis párpados y hasta ese momento pude abrir los ojos. Lo miré, me miró y sonrió apaciblemente, como solía hacerlo al despertar después de pasar la noche juntos en su recámara.
—Hola princesa. Al fin despiertas.
Le devolví la sonrisa apacible y por un segundo me sentí ajena a cualquier cosa en el exterior. No me importó dónde me encontraba o por qué estábamos en la orilla del mar y yo sobre sus piernas, siendo atrapada entre sus brazos que me pegaban a su pecho con fuerza.
Extendí mi mano hasta alcanzar su mejilla. Quería comprobar que todo esto era una realidad, y aunque no lo fuera, no quería salir nunca de esta fantasía, sueño o lo que sea.
—Eres hermosa —me dijo justo antes de inclinarse y besar mis labios con un arrebatamiento inexplicable. Sus manos me acercaron más a su cuerpo y sus labios iniciaron un ritmo que pude seguir a pesar de su ferocidad—. Te extrañé tanto mi única princesa... tanto... tanto...—me decía entre beso y beso.
Yo no podía estar más feliz. Me separé un poquito de su rostro, sólo para contemplarlo mejor y que sus ojos se quedaran grabados en mi mente por siempre.
—Me encantas... —le susurré al mismo tiempo que acariciaba su mejilla y lo hacía inclinarse hacia mí para que me besara de nuevo.
Él sonrió durante el beso y me devolvió la caricia con más anhelo que antes, hasta que...
Una gota caliente cayó sobre mi mejilla, no le di importancia, sino hasta que otra gota cayó, y luego otra y otra y así sucesivamente. Finalmente nos separamos y pude ver el horror reflejado en sus zafiros brillantes. Estuve a punto de preguntar la razón de ello, pero mi mano sangrienta sobre su mejilla me explicó todo... lo había olvidado, mis muñecas cortadas seguían sangrando.
Ya nada tenía sentido, tampoco tiempo y mucho menos coherencia. A estas alturas no sé distinguir qué es verdadero y qué es producto de mi imaginación.
—¿Por qué?
Lo miré interrogante por su pregunta.
—¿Por qué te hiciste esto aun sabiendo lo mucho que te amo? Sin ti no puedo vivir ¿¡Qué no lo entiendes?! ¡No puedo! —me apretó contra su pecho, alterado y sin importarle que manchara su piel con mi sangre.
—Lo siento...
Fue lo único que salió de mi garganta. Cada vez me sentía más débil.
—Déjame ir... llegó mi hora y lo siento, pero no puedo más... —le sonreí con tristeza.
Por un momento pensé que me soltaría al mar y dejaría que mi cuerpo se fuera con la marea, pero no fue así.
En vez de soltarme, se puso de pie conmigo aún entre sus brazos y caminó directo al mar. Pronto el agua salada comenzó a cubrir nuestros cuerpos y yo no entendía lo que estaba haciendo.
—Si tú te vas... yo me iré contigo — antes de que nos hundiéramos en lo profundo del mar, tomó mi rostro con su mano y besó mis labios con una pasión indescriptible.
Nuevamente sentí un par de gotas tibias sobre mi rostro, pero esta vez mi sangre fue sustituida por sus lágrimas.
—Te Amo Sakura.
El agua estaba cada vez más cerca de nuestros rostros y las olas comenzaban a golpearnos con fuerza, incrementándose con cada segundo.
Y ahí estamos los dos, en medio del mar, perdidos, solos, pero unidos.
No le temo a nada, pues sus brazos me rodean con tal seguridad, que puedo dormir eternamente en ellos.
OoOoOoOoOoO
—¡Rayos... despierta, Sakura! —siguió haciendo compresiones en su pecho con ambas manos.
Un, dos, tres, cuatro y nada...
—Shaoran...—sollozó con la voz completamente quebrada.
—¡No Meiling! ¡Ella no está muerta! ¡No lo permitiré!
—Pero...
—¡NO! —le gritó, logrando que la pobre pegara un brinco.
Habían llegado hace cinco minutos al departamento de la castaña. La puerta estaba con llave, pero Shaoran no se detuvo en romperla con una patada al escuchar la música a todo volumen dentro del lugar.
Entró y directamente fue al baño, buscándola, pero nunca se esperó encontrarse con una escena tan... tan devastadora e impactante.
Sakura estaba prácticamente desangrada dentro de la bañera. Sus muñecas aún desprendían sangre lentamente y su rostro estaba más pálido que una hoja de papel.
El castaño sintió cómo la sangre huía de su cabeza y caía pesadamente a sus pies.
Sus ojos no creían lo que veía y tuvo que sostenerse de la pared debido a la fuerte impresión.
—¡Por Dios! ¡Sakura! —había gritado Meiling cuando la vio.
Entre los dos la sacaron de la bañera, y recostándola sobre el piso de azulejos, el castaño no lo pensó dos veces para revisar sus signos vitales.
No respiraba.
Su corazón no latía.
—A un lado —había quitado a su prima y de inmediato empezó a hacer reanimación cardio pulmonar en la castaña, quien hasta el momento no reaccionaba.
—Shaoran... —sollozó—. Ella está... está muerta —cayó de rodillas al piso, reparando por primera vez en lo que estaba regado por todo el piso del baño: su cabello.
La china lo tomó entre sus manos y apretó los puños a la vez que alzaba la mirada y observaba tristemente cómo su primo no se rendía y seguía dándole respiración de boca a boca y también compresiones a su corazón para que se despertara.
Ya había llamado a una ambulancia, así que no tardarían en llegar, pero si Sakura no despertaba, todo sería inútil.
—¡Vamos, vamos! ¡No me puedes hacer eso! —presionaba sin delicadeza su pecho, no se detuvo ni un segundo hasta que...
Una enorme bocanada de aire entró a sus pulmones, abrió sus ojos y su corazón comenzó a latir nuevamente.
—¡Sakura! —levantó su cabeza del suelo y pegó su frente con la suya—. Tonta... —soltó un par de lágrimas y luego la miró directo a los ojos.
Había un vacío enorme en su mirada, miraba al infinito y respiraba tan agitadamente que parecía que la vida se le iría en ello.
—Yo... —balbuceó la castaña, sin dejar de temblar bruscamente—. Yo también te amo, Fye...
Había sido apenas un susurro, pero fue suficiente para romper el corazón del castaño, quien no supo en qué momento había aparecido Meiling con una gran cobija, pero que, al escuchar las palabras de su amiga, se quedó congelada en el marco de la puerta.
El chino hizo como que no escuchó, pues no soportaba la mirada llena de lástima que le dirigía su prima en ese mismo instante. Sakura había vuelto a caer en la inconsciencia, pero al menos ya respiraba y estaba viva.
Meiling se aproximó a ambos y cubrió a su amiga con la cobija, pues había que hacerla entrar en calor, había perdido mucha sangre y su cuerpo estaba helado.
Él la cubrió lo mejor que pudo y la alzó cuidadosamente.
—Cuidado con sus muñecas —Meiling le ayudó a sostenerlas hasta que pudieron recostarla en un sillón.
La recostó y apenas se aseguró de que estaba bien, se puso de pie nuevamente y caminó hacia cierta parte en específico.
—¿Shaoran? —lo siguió con la mirada hasta que...
Un estruendoso sonido retumbó por todo el edificio. El castaño había ido directo hacia el estéreo que aún sintonizaba la misma canción una y otra vez. ¡Estaba harto! Así que desquitó su furia con el pobre aparato, tirándolo al piso con todas sus fuerzas y pisándolo múltiples veces hasta hacerlo añicos.
—Odio esa canción —gruñó con la mirada gacha para ocultar sus brillantes lágrimas. ¿Y cómo no iba a llorar? El amor de su vida estuvo muerta por unos minutos y al despertar le dice que ama a otro.
Su prima decidió no decirle nada, sólo apretó una de sus manos entre las suyas, dándole ánimos. Y él le agradeció con la mirada, la cual se desvió una vez más hacia la chica inconsciente en el sillón.
—Oh no... —se espantó al ver que más sangre brotaba de sus heridas, así que alzó un poco las débiles manos para evitar que se desangrara aún más. Ahí fue donde pudo apreciar la profundidad de los cortes.
—Debió dolerle mucho —susurró la ojirubí.
Shaoran sólo apretó sus puños con mucha fuerza. Si tan sólo no la hubiera dejado sola...
La ambulancia no tardó en llegar, y a penas lo hizo, se llevaron a Sakura directo al hospital.
Tiempo presente.
—Así fue como ocurrió todo. La historia después de eso es algo aburrida. Permanecí hospitalizada un tiempo, tuvieron que amarrar mis extremidades a la cama de hospital para evitar que se me ocurriera hacer lo mismo —suspiró—. Cuando sané, me llevaron a con el psiquiatra, quien siempre me preguntaba el típico "¿Cómo te sientes con eso?" "¿Cómo es tu relación con las personas que te rodean?" —bufó—. Incluso hubo una mala psicóloga que me preguntó "¿Cómo puedes fingir que no pasa nada teniendo esos cortes en tus muñecas?" Fue odiosa, por su culpa estuve dos meses internada en un hospital psiquiátrico, y bueno, también porque le respondí: "De la misma manera que tú finges que te importo". Pero luego de eso pude salir completamente rehabilitada, o eso decían los médicos. Retomé mi profesión y viajé por todo el mundo, de ahí en adelante ya sabes la historia, te la conté cuando nos reencontramos en el hospital hace unos meses —terminó de narrar y miró fijamente a Fye, éste la miraba con una expresión completamente desencajada, al parecer no sabía cómo reaccionar ante todo lo recién expuesto—. ¿Fye? —le llamó al ver que ni siquiera parpadeaba.
—Lo siento... —se puso de pie y salió de la recámara sin decir nada más.
Continuará...
¿Se esperaban todo ese pasado entre ambos castaños? Sinceramente yo no, al menos no estaba planeado cuando comencé a escribir la historia, pero me pareció lindo darles un poco de protagonismo a los dos como pareja, me gustan mucho en SCC, pero para ser sincera no me agradan lo suficiente en TRC, por eso escribo el nombre del castaño como Shaoran y no Syaoran, lo que trato de hacer es que se sienta como si el personaje fuera de SCC y no de TRC ¿Soy rara, no? jajaja
¿Cómo creen que reaccione Fye ante todo esto? sólo recuerden que Sakura la platicó muchas cosas, pero no todo...
31/03/2016
1:00 a.m.
