We Meet Again
By Tsuki No Hana
XIV
"La niña adoptada"
Su mente no podía más con esa tortura. Fye había salido de la recámara hace más de media hora y aún no volvía. Ni siquiera daba señales de querer volver.
Apretó las sábanas entre sus puños y una escurridiza lágrima se resbaló hasta impactar sobre su puño. Había abierto su corazón al rubio, le había expuesto recuerdos dolorosos de su vida de hace unos años, recuerdos que deseaba borrar por siempre de su mente. Esperaba que él no se lo tomara tan mal, pero al parecer no fue así… toda esa información había sido como una bomba para el pobre médico que definitivamente no cabía en sí de la impresión.
La pobre dio un respingo al ver que la puerta se abría de golpe y nuevamente se cerraba. El rubio entró en silencio, pero a un paso rápido hasta llegar a ella, su aspecto era completamente serio. Era un hecho que estaba enojado, pues sus labios eran apenas una fina línea y sus ojos tenían un brillo peligroso.
—Fye, yo… —calló abruptamente al sentir esos filosos ojos sobre ella. No estaba enfadado, estaba furioso.
—No entiendo —bufó y apoyó ambas manos sobre el colchón para poder mirarla más de cerca—. No entiendo cómo diablos fuiste capaz de algo tan estúpido y tú, Sakura, no eres una mujer estúpida. ¡Demonios! —golpeó el colchón con ambas manos y se incorporó, dándole la espalda—. No puedo creer que lo hicieras…
—S-si lo dices por lo de Shaoran…
—¡No! —la encaró con furia—. No puedo negar que me duele saber lo rápido que me olvidaste, pero lo que realmente me enfurece es que intentaras suicidarte. Dime ¿Por qué? ¡¿Por qué?! —comenzaba a rayar en la histeria. Si seguía así, despertaría a su pequeña.
Para este momento, Sakura ya tenía un montón de lágrimas saliendo de sus ojos, le dolía que le gritara así, que reaccionara de esa manera. Lo miró a los ojos y notó que él esperaba una respuesta.
—Es sólo que… —no pudo sostener el peso de esos orbes azules tan llenos de enfado—. En ese entonces pensaba en: ¿Qué diferencia habría? Si moría a nadie le importaría, no me quedaba nada por lo cual vivir, tú no estabas a mi lado, mi familia acababa de morir. Sólo quería que mi agonía terminara, ya nada me importaba.
—¿Y qué hay de Shaoran? —habló más tranquilo, estaba cruzado de brazos y con el ceño muy fruncido—. A él le importabas demasiado, ¿No pensaste en lo que sufriría? —su mirada era severa. La pobre bajó la cabeza y negó suavemente—. No pensaste en lo que sufriría yo cuando me dieran la noticia de tu muerte —le dijo con suavidad y hasta con un poco de tristeza.
—Lo siento mucho. Sé que hice mal y me arrepiento de haberlo intentado, es algo que jamás volvería a hacer.
Los ojos azules brillaron en enfado al escuchar esto.
—Y aunque lo intentaras. Jamás te lo permitiría ¿Me oyes? —fue algo rudo, pero es que la idea de perderla simplemente le quemaba el alma.
Más lágrimas salieron de sus ojos verdes. La pobre se sentía escoria por la forma en que la miraba. De la misma manera en que todos la habían mirado al enterarse de su intento de suicidio. Se llevó ambas manos a los ojos, tapándoselos en un intento de terminar con las lágrimas, pero nada podría detener ese río de agua salda. De pronto sintió que el colchón a su derecha se hundía levemente, cuando quitó las manos de sus ojos, vio claramente el rostro de Fye frente al suyo.
—L-lo siento —su voz salió más cortada de lo que se imaginó y es que su actitud le estaba doliendo demasiado. Cerró sus ojos y dejó que las lágrimas siguieran fluyendo—. Yo… prometo que jamás…
Él la interrumpió con un fuerte abrazo, de pronto se mostró tierno y comprensivo. Le rodeó la cintura con sus brazos y esperó a que ella correspondiera, y así lo hizo, ella le correspondió. Pasó sus manos por su cuello y se abrazó a él, todo lo que fuera posible.
Había querido permanecer duro, pues lo que hizo fue muy grave, pero le fue imposible no conmoverse. Sakura se estaba comportando endemoniadamente frágil frente a él; y el pensamiento de que ella estuviera vulnerable y llorando, lo hacía sentirse un idiota por haberle reprochado tanto después de que él…
—Lo siento —los pensamientos del rubio fueron interrumpidos por esa suave vocecita—. Lo siento —repitió, escondiendo más el rostro en el cuello del rubio, quien la abrazaba como si la vida se le fuese en ello y es que el sólo hecho de imaginarse el momento en que ella intentó quitarse la vida… no podía con ello.
La escuchó sollozar con más fuerza. Se le separó un poco y miró su cara. Limpió sus lágrimas y ella lo miró a los ojos, notando las mismas gotas saladas en sus orbes azules.
—Perdóname por hablarte así, pero es que… —juntó su frente con la suya—…si tú hubieras muerto, yo simplemente no lo soportaría —ahogó un sollozo—. No lo soportaría —repitió.
—Pensé que me odiabas después de saber todo lo que te dije —se asombró, aun sollozando un poco. Fye soltó un pesado suspiro.
—Nunca podré odiarte, Sakura. Jamás saldrá de mis labios un "te odio" dirigido hacia ti. No importa lo enfadado que esté —se encogió de hombros—. Es imposible.
—Entonces… —se le inundaron los ojos de lágrimas—. ¿Me quieres? —preguntó con la voz quebrada.
—Por Dios, Sakura —la estrechó de nuevo entre sus brazos—. Yo te amo, y lo sabes bien —frotó su espalda un par de veces, reconfortándola y soltando un par de lágrimas. Definitivamente la vida de ella había sido tan dolorosa como la suya en estos diez años.
Este pensamiento le trajo malos recuerdos, y esa sensación de incomodidad lo invadió al recordar que tenía algo pendiente por decirle a la castaña, bueno, varias cosas en realidad.
—Yo también te amo —le dijo al separarse del abrazo. Una tierna y hermosa sonrisa adornaba sus labios, estaba nerviosa, pero feliz al saber que él sentía lo mismo que ella. Pero se sorprendió un poco al ver la tristeza reflejada en sus orbes azules al decirle aquello.
—Tal vez no sientas lo mismo cuando te lo diga —se separó por completo del abrazo, con una sonrisa sumamente triste adornando sus labios—. Quizá me odies.
—¿Decirme qué? —se extrañó un poco. Comenzaba a asustarse.
—Yo también tengo muchas cosas qué decirte. Durante todo este tiempo experimenté situaciones muy similares a las tuyas.
—¿Cómo qué? —preguntó, ansiosa.
—Antes que nada —frunció un poco el ceño—. Eso que me dijiste, sobre tu sueño después de… después de lo que hiciste.
—¿Sí?
—Yo tuve un sueño similar…
—¿Qué? —se asustó un poco.
—Sí, en realidad sí ocurrió. Hace muchos años hubo una noche en la que me sentí muy mal, incluso pensé que me daría un infarto. Esa madrugada se me hizo ver tu rostro, pero concluí en que sólo eran alucinaciones mías… después me desmayé y Ámber fue la que me despertó al día siguiente. Pero lo más extraño es que tuve el mismo sueño que tú… ambos estábamos en una playa, tú estabas en mis brazos y recuerdo que tus muñecas sangraban, al final nos hundimos los dos en el mar y… fue ahí cuando desperté.
—Eso es…
—…muy extraño —completó él, aún sin creérselo.
Los dos permanecieron unos momentos en silencio, pensativos.
—Sakura —su tono era serio y hasta cierto punto, temeroso—. Hay un par de cosas que aún no te he dicho y es necesario que lo sepas. Si los dos queremos que esto vaya en serio, necesito que escuches algunas cosas de mi pasado —suspiró y la miró, temeroso a lo que pudiera decidir después de saber la verdad.
—No me asustes, Fye. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Es algo sobre la madre de Ámber? —juntó sus cejas en una expresión de mortificación.
—Precisamente sobre eso.
Por un momento ella apretó la mandíbula, aunque él no lo notó.
—¿Qué… es lo que tienes que decirme? —arrastró las palabras mientras su mente maquilaba todas sus posibles respuestas.
—Es sobre su madre y también sobre su padre.
La aludida parpadeó, llena de confusión.
—Tú eres su padre.
—No lo soy.
Sakura tardó unos minutos en procesarlo, no podía creerlo.
—Pero… ¿¡Por qué dices eso?! —comenzó a desesperarse—. Es hija tuya y de Elda ¿No es así? —el aludido negó suavemente con la cabeza.
—Nunca volví a ver a Elda. En realidad yo nunca he tenido hijos —suspiró, todo esto lo había dicho en voz baja—. Pero nadie lo sabe, sólo mi padre, Kurogane y Tomoyo. Obviamente Ámber no tiene idea.
—Pero… ¡¿Entonces por qué se parece tanto a ti?! No lo entiendo —se llevó una mano a la cabeza, confundida.
—Para responder eso, tengo que explicarte algunas cosas antes… —se sentó cómodamente en el colchón, ya casi era media noche, pero no podía irse a dormir sin antes dejar todo en claro.
Año 2006
Entró a la residencia sin molestarse en tocar, después de todo era la casa de su gemelo, además de que tenía las manos muy cargadas como para molestarse en tocar el timbre. Apenas entró, el delicioso aroma a comida horneándose le llenó los sentidos. Moría de hambre, sólo esperaba que fuera Akemi quien cocinaba, pues su querido hermano carecía de tacto culinario.
De pronto una linda Akemi se asomó desde la cocina.
—¡Bienvenido, Fye! —caminó hasta él para saludarlo con un beso y abrazo—. Oh, déjame ayudarte con algunas cosas.
—No es necesario.
—¡Te dije que no trajeras nada! —lo miró con aires de gruñona—. Yuui y yo los invitamos.
—No traje mucho, además, sabes que como demasiado —rio un poco—. Me daría vergüenza terminar con su alacena.
—En eso tienes toda la razón —otro rubio se unió a la conversación—. ¿Cómo estás? —saludó a su hermano.
—Bien, no me quejo.
El matrimonio se quedó unos momentos en silencio, examinándolo detenidamente. Venía vestido de manera casual, se había afeitado y peinado un poco.
—¿Seguro? —inquirió Akemi con algo de preocupación. Lo habían notado muy decaído últimamente y eso les preocupaba a todos.
—Sí, estoy bien —insistió con una sonrisa forzada—. ¡Ah! ¡¿Qué rayos haces?! —exclamó con fastidio cuando su gemelo buscaba con desesperación algo en las bolsas que Fye cargaba.
—¡Lo encontré! —sacó un par de botellas de vino de la bolsa y sonrió grandemente—. Pensé que las olvidarías.
—No soy idiota.
—Si tú lo dices.
—¡Ey! Se supone que eran nuestros invitados y no traerían nada. ¿Le dijiste que pasara a comprar vino? —se molestó con su esposo. Ya había puesto los brazos en jarra, esa era una mala señal.
—Eh… bueno, yo sólo le pedí que me hiciera el favor de pasar por ellas— se encogió de hombros, alzando ambas botellas.
—Me pidió que las comprara, el muy tacaño no quiso hacerlo —aprovechó la oportunidad perfecta para que su cuñada lo regañara. Así se cobraría un poco las travesuras que a estas alturas Yuui seguía haciéndole.
—¡Yuui Flowrigth! —exclamó amenazadoramente.
—¡No, querida! Está mintiendo, yo le di el dinero para que lo comprara —se defendió, temeroso—. Que por cierto… ¿Dónde está el cambio? —le frunció el ceño a su gemelo, quien aguantó sus ganas de reír y actuó muy bien al fingir que en ningún momento le dio el dinero.
—Y a todo esto… ¿Para qué tanta formalidad?
Ante esa pregunta, el matrimonio Flowrigth se olvidó por completo de su discusión. La expresión de Akemi se suavizó bastante y Yuui se puso algo nervioso.
—Se los diremos durante la cena. Por lo pronto pasa a la sala, tu padre, Kurogane y Tomoyo están ahí —ofreció amablemente la castaña—. Dale esas bolsas a Yuui, que él las lleve a la cocina —miró ceñuda a su esposo, quien con nerviosismo tomó de inmediato las bolsas ante un divertido Fye—. La cena estará lista en unos momentos, así que no se llenen el estómago con bocadillos —dijo Akemi ya desde la cocina.
OoOoOoOoOoO
—Muero de hambre —Yuui se llevó una mano al estómago, éste le gruñía.
—Come uno de estos deliciosos bocadillos —sugirió Tomoyo.
—Quiero esperar a la cena, Akemi está preparando algo muy especial, pero se está tardando demasiado.
—Vaya esposo —se burló Kurogane—. Deberías ayudarle en la cocina —lo molestó un poco.
—¡No! —exclamaron Ashura y Fye al mismo tiempo—. Es capaz de quemar la casa —agregó el rubio menor.
—No exageren —se ofendió un poco. Pero Ashura no contuvo una carcajada.
—Hijo, ya quemaste la cocina una vez, por eso tu esposa no te deja poner un pie ahí, al menos no para ayudarla.
—Yo quise ir a ayudar, pero no me dejó —suspiró Tomoyo—. Dice que somos sus invitados y que como es una cena especial, quería prepararla ella sola.
—Iré a ver en qué le ayudo —Fye se puso de pie ante la mirada curiosa de todos.
—Pero…
—Yo no quemaré la cocina, hermano —se burló y salió de allí. Entró a la cocina, pero se espantó al ver a su cuñada sosteniéndose de la encimera, tenía un muy mal aspecto, parecía que en cualquier momento se desplomaría—. ¡Akemi! —la tomó por la cintura para darle apoyo.
—Estoy bien —sonrió suavemente.
—¡Pero estás demasiado pálida! Ven, siéntate —sacó un taburete de la isla y la ayudó a sentarse. En seguida le tomó el pulso y hasta comprobó su temperatura, todo estaba en orden—. Quizá te bajó un poco el azúcar —corrió al refrigerador y sacó un poco de zumo de manzana—. Toma, bebe un poco.
—Gracias —se sentía débil y mareada, pero ya se le estaba pasando.
—Sigues muy pálida —se preocupó—. Será mejor que te lleve al hospital para revisarte mejor y…
—No, no, no —dejó el zumo de manzana sobre la encimera y se puso de pie de inmediato—. Yo estoy bien —sonrió—. Y esto no arruinará la cena que les preparé, por cierto… ya está lista —fue hacia el horno y lo apagó antes de que se quemara la cena. Todo esto ante la atenta mirada del rubio—. Sólo me falta terminar de preparar el postre y…
—¡Oye!
El ojiazul la atrapó antes de que diera contra el piso. Al parecer se había mareado y la debilidad la atacó de nuevo.
—Estoy… bien —cerró los ojos y se llevó una mano a la frente.
—¡No estás bien! —se desesperó—. Le diré a los demás que iremos al hospital, necesito revisarte mejor, no es normal que te desmayes por cualquier cosa, además estás muy débil y pálida, puede que tengas anemia o incluso alguna enfermedad genética que… —una risita divertida lo hizo callarse—. ¿Qué es tan gracioso? —alzó una ceja inquisitivamente.
—Tenías que ser médico, siempre pensando que puede ser lo peor, pero no es así. Estoy bien —sonrió con alegría.
Fye simplemente no entendía.
—No, aun así te llevaré al hospital. Tenemos que saber qué es lo que te pasa. ¿Desde cuándo te pasa esto? ¿Yuui ya lo sabe?
—Tranquilo, estoy bien —insistió, ahora un poco incómoda—. Él ya lo sabe.
—¿Desde cuándo te pasa esto?
—Hum… no lo recuerdo exactamente, pero tengo algunas semanas. Fye, por favor bájame, estoy bien, puedo ponerme de pie.
—Pero… ¿Qué es lo que te pasa? —se desesperó. La paciencia de la pobre se acabó.
—El hijo de tu hermano implantado en mi útero, eso es lo que me pasa.
Ahora sí, el rubio casi la suelta dejándola caer al piso debido a la enorme impresión.
—¿¡QUÉ?! —la bajó con cuidado—. ¡¿Es en serio?!
—¡Sí! Pero cállate que los demás aún no lo saben.
—¡No puedo creerlo! —exclamó en voz baja, sus ojos azules brillaban enormemente—. ¡Felicidades! —no se contuvo y le dio un enorme abrazo a su cuñada, incluso la alzó un poco del piso. Estaba demasiado feliz ante esa noticia tan inesperada.
—Gracias —se le salieron un par de lagrimitas que de inmediato fueron limpiadas por él. Se enterneció al ver la emoción reflejada en sus zafiros, igual a como pasó con Yuui—. Por eso es la cena —suspiró—. Quería hacerla yo sola, pero ya los hice esperar mucho y aún me falta el postre —se alejó un poco del rubio, dispuesta a terminar dicho pastel, pero aún estaba débil y él lo notó.
—No —la tomó de los hombros y la obligó a sentarse en el taburete, después se dobló las mangas de la camisa, dispuesto a ponerse a terminar ese pastel—. Te voy a ayudar y no me dirás que no —le advirtió justo antes de que replicara algo. La ojiverde sólo infló las mejillas y se cruzó de brazos. Ante este lindo gesto, el rubio no pudo evitar quedársele viendo fijamente con expresión nostálgica y soñadora, y es que Akemi y Sakura son físicamente muy parecidas, incluso en los mohines que hacen. Por eso se le vino a la mente su querida flor de cerezo.
—¿Fye? —inquirió con curiosidad al verlo tan ido.
—Lo siento, estaba recordando cosas —sonrió de lado, la nostalgia aún no abandonaba su expresión. Se giró y comenzó a adornar el lindo pastel.
—Te acordaste de Sakura ¿No es así? —preguntó con suavidad, sabía que era un tema delicado. El rubio sólo asintió con la cabeza, sin borrar esa suave sonrisa de sus labios.
Después de ahí, ambos permanecieron en un cómodo y agradable silencio, de vez en vez Fye silbaba un poco mientras terminaba de decorar el pastel y es que nada en esa noche podría quitarle la felicidad, pues se acababa de enterar que sería tío, por Dios ¡Tío!
—¿Cuánto tiempo tienes? —preguntó de repente, sin dejar de decorar el pastel ante la atenta mirada de su cuñada.
—Nueve semanas.
—¡¿Qué?! Pero si hace nueve semanas estaban en su luna de miel —dejó la manga duya sobre la encimera debido a la impresión.
—Sí —se sonrojó hasta las orejas.
—O sea que… ¿Quedaste embarazada en tu luna de miel? —se asombró. La pobre no sabía dónde ocultar el rostro por la vergüenza—. Vaya, mi hermano no pierde el tiempo —rio un poco.
—¡Fye! —exclamó, avergonzada.
—Lo siento —siguió riendo—. Pero me da mucha alegría, ya quiero conocerla.
—¿Conocerla? No sabes si será niña o niño.
—No, pero en verdad quisiera tener una sobrina —los ojos le brillaron como hace mucho no ocurría. Akemi sonrió de igual manera y lo miró pensativa mientras él decoraba el postre.
—Yo también quisiera que fuera niña —puso una mano sobre su aún plano vientre—. Y que se parezca a su padre —suspiró soñadoramente —. Sería una niña hermosa.
—¡Oye! —rio—. ¿Dices que si Yuui y yo fuéramos niñas, seríamos hermosas?
—Bastante.
—¡Ey! —exclamó y ambos estallaron en carcajadas.
Terminó el postre y enseguida ayudó a Akemi a servir todos los platos para la cena. La castaña le había pedido de favor que disimulara un poco esa expresión bobamente feliz que tenía en su rostro, o sino todos sospecharían. Fye lo intentó, pero no pudo. Finalmente ella tuvo que amenazarlo con no darle postre y eso fue más que suficiente para que pusiera todo su esfuerzo en no verse tan feliz.
Y así durante la cena se dio la gran noticia. Kurogane los felicitó, mientras que Tomoyo soltó un gritillo cargado de emoción, Ashura dejó salir una casi imperceptible lágrima y Fye hizo todo un drama exagerado. Con esto se dieron cuenta de que ya sabía la noticia, así que el pobre se quedó castigado y sin postre. Aunque más tarde Akemi terminó dándole su rebanada de pastel, incluso doble.
Año 2007
—Es… simplemente hermosa —la tomó entre sus brazos con sumo cuidado y de inmediato besó su cabecita. Miró a su esposa, quien los observaba con una suave y cansada expresión desde la cama de hospital. La pobre había quedado exhausta después de ocho horas de trabajo de parto, pero valió todos y cada uno de los dolores, pues esa bebé hermosa al fin estaba entre sus brazos.
—Se parece tanto a ti —soltó una risilla—. Tal como lo deseaba.
El rubio se inclinó sobre su esposa y le dio un dulce beso en los labios.
—Gracias mi amor, por este regalo tan sublime. Ella es simplemente hermosa…
—Fye se pondrá feliz al saber que es una niña. Recuerda que él quería una sobrina.
—Es verdad —sonrió un poco y se quedó embelesado, viendo a su primogénita, cuyos ojitos aún no se abrían, pues todavía no tenía ni media hora de nacida.
En ese momento tocaron la puerta y un montón de cabezas se asomaron.
—¿Se puede pasar?
—Adelante —respondió Akemi con un poco de debilidad.
Fueron entrando uno por uno a la habitación. Fye traía un enorme arreglo de flores y globos, todos de color rosa, pues él siempre estuvo seguro de que sería una niña. Kurogane le había dicho que no los comprara rosas, pues si era niño sería muy vergonzoso llegar con eso, pero a él no le importó. Después entraron Ashura y Kurogane con unos enormes muñecos de peluche muy adorables, estaban igualmente emocionados; y al final Tomoyo, pues traía consigo una videocámara para grabar el gran acontecimiento, pues Yuui y Akemi eran los primeros de todo el grupo de amigos que tenían un hijo.
—¡Sí es una niña! —exclamó Fye con gran emoción.
—¡Cállate! —su gemelo le dio un coscorrón—. Vas a despertarla.
—Tú también, si sigues alzando la voz —le regañó la castaña con suavidad.
—¡Es tan bella! —exclamó Tomoyo, grabando todo.
—Es hermosa —cercioró Fye—. ¿Puedo cargarla? —miró a su hermano y a su cuñada. Ellos asintieron con una sonrisa.
Yuui se la dio en brazos con sumo cuidado. Estaba por decirle que la cargara de cierta manera en especial, pero Fye lo hizo antes de que se lo pidiera, de una manera tan natural y espontánea, como si cargar bebés fuera cosa de todos los días para él. Pero él no se dio por aludido ante todas las miradas sorprendidas de los presentes, y tampoco de que Tomoyo lo grababa sólo a él y a la bebé.
—Que preciosa —murmuró bajito mientras la mecía suavemente de un lado otro, no le quitaba la vista ni un segundo—. Es tan pequeña —sonrió—. ¿Cómo la llamarán? —preguntó con mucha curiosidad, pero…—¡Oh! —exclamó con asombro al ver que abría sus ojitos lentamente—. Tiene nuestros ojos —miró a su hermano y a Akemi, quien sonrió ampliamente.
—Entonces sí es completamente igual a ti, querido —apretó la mano que momentos antes su esposo le brindo.
—¿No se los habían visto? —inquirió, asombrado.
—No los había querido abrir, hasta hora —respondió Akemi.
—Es curioso que los abriera contigo, quizá tu molesta voz la hizo despertarse —agregó Yuui.
—No sé si te has dado cuenta, pero nuestra voz es casi igual —murmuró el rubio, sin quitar la vista de esa hermosa niña—. Hola pequeña —la saludó con voz chistosa—. Yo soy tu tío Fye, sí, yo soy tu tío consentidor, claro que sí.
—Algo sí es seguro ¡Yo no hablo como un bobo! —se burló el gemelo mayor, pero Fye ni se inmutó, estaba tan perdido en esos ojitos azules tan cautivadores que no le prestó atención a nadie más.
—Creo que lo perdimos —se burló el moreno.
—Oye, devuélveme a mi hija —murmuró Yuui con recelo. Todos soltaron una risilla chistosa.
—Déjame cargarla un poco más —sonrió como bobo—. Es tan linda… —le hizo cosquilla y ella sorprendentemente soltó una carcajada de bebé tan hermosa que todos se contagiaron—. ¿Ves? Ya me ama ¿Verdad que sí, preciosura hermosa? —le dijo con voz chistosa, pero ahora la pequeña comenzó a llorar.
—Creo que le dio miedo tu cara —Yuui se la quitó de los brazos y Fye se burló.
—En ese caso dásela a Akemi.
Todos los presentes soltaron una gran carcajada, y Tomoyo… bueno, ella no dejaba de grabar cada segundo.
—¿Cómo la llamarán? —preguntó Ashura con suavidad, se había acercado a Akemi y no podía dejar de ver a su hermosa nieta.
—Estuvimos pensando… y quedamos en que si se trataba de una niña, la llamaríamos Ámber —dijo Akemi, pero eso fue suficiente para que los ojos de Ashura y Fye se abrieran enormemente.
—¿Están seguros? —el mayor de los Flowrigth miró a su hijo y nuera.
—Por supuesto que sí —murmuró Yuui, mirando y acariciando a su hija—. Después de todo es el nombre de nuestra madre —miró a su gemelo y ambos se sonrieron con un poco de tristeza.
—Le va perfecto el nombre, pues ahora que lo pienso… es igual a tu madre —murmuró Ashura, con un nudo en la garganta.
—Ámber… —susurró Fye, sin poder creérselo aún. Kurogane lo vio muy pensativo, así que se le acercó un poco hasta codearlo en las costillas y susurrarle:
—¿Por qué tan serio? ¿Ya estás pensando en cómo vas a malcriar a la hija de tu hermano? —preguntó con algo de burla.
—No cabe duda, será la niña más consentida del universo.
—Como no eres su padre —murmuró, conteniendo una risilla—. Si lo fueras, no lo harías —rio.
—Tal vez no tanto, pero lo haría —aseguró y en seguida suspiró—. Es una lástima que mañana salgamos del país.
—Lo sé —miró a su esposa—. Creo que por eso Tomoyo no deja de grabar todo, va a extrañar mucho aquí.
—¿Y por qué no se queda? Después de todo sólo será un año de internado en Londres.
—La conoces, quiere ir conmigo.
—Más bien, creo que tú no la dejaría quedarse, te morirías sin ella —se burló un poco, pero el moreno no pudo negarlo.
Momentos después todos salieron de la habitación, sólo Tomoyo se quedó unos momentos con su amiga, mientras todos los hombres iban a la cafetería por un refrigerio.
—Tomoyo ¿No localizaste a Sakura? —preguntó con tristeza, sosteniendo en brazos a su bebé.
—No —suspiró—. Hablé con Touya y me dijo que ahora mismo está en China, al parecer tiene un importante trabajo que no puede dejar hasta terminar. Me pasó el número telefónico de su departamento en Shanghái, pero al parecer no está mucho en casa. No me contesta… pero los señores Kinomoto me dijeron que vendrían más tarde a visitarte, quieren conocer a la pequeña Ámber.
La madre primeriza soltó un leve suspiro cargado de nostalgia.
—¿No la extrañas?
—Todos los días, Akemi, todos los días —suspiró de nuevo.
Año 2008
—¡Feliz cumpleaños pequeña!
La bebé de apenas un año, sonrió ampliamente al ver a su tío consentidor caminar en su dirección, de inmediato alzó sus bracitos en dirección a é dio unos pasos más hacia su gemelo, dejó la bolsa de regalo que traía sobre el piso y tomó a la bebé entre sus brazos, alzándola más arriba de su cabeza, logrando que la niña soltara una carcajada.
—Qué fácil se va contigo —resopló, celoso.
—Tranquilo cariño, sabes que ve Ámber ve muy poco a tu hermano —le consoló su esposa.
—Por eso mismo no debería estar tan encariñada con él —refunfuñó.
—Yo creo que es sólo porque están idénticos, ella piensa que eres tú cuando Fye la carga —argumentó Kurogane.
Fye y Yuui se miraron fijamente a los ojos y segundos después se formó una sonrisa traviesa en la expresión de ambos. Acortaron la distancia entre los dos, poniéndose uno enfrente de otro y la bebé aún en brazos de Fye.
—Ven Ámber —Yuui extendió los brazos hacia su hija y la pequeña lo miró con algo de confusión, pero momentos después sonrió como siempre y se estiró hacia él, pidiendo que la cargara.
—Ven con papá —dijo Fye, estirando sus brazos tal cual hizo su gemelo momentos antes. Y dicho y hecho, Ámber ahora se estiró hacia el gemelo menor, pidiendo sus brazos.
Esto causó mucha gracia en todos los invitados a esa pequeña fiesta. Al parecer Ámber pensaba que los dos eran su papá, pues estaban idénticos. De pronto la pequeña comenzó a llorar, asustada al ver a dos "papás" iguales.
—Oh mi amor, no llores —Yuui se la quitó a su hermano y la cargó con mucho cariño. Fye sólo refunfuñó un poco, cruzándose de brazos hasta que tuvo una idea.
—¡Ámber! Mira, te traje un regalo —le mostro la gran bolsa colorida y extravagante. La niña puso su atención en la bolsa de colores llamativos. El rubio abrió el regalo por ella y le mostró un pequeño pianito de juguete, pero que al presionar las teclas, producía sonidos reales.
—¿Pero qué clase de regalo es ese para una bebé de un año? —se burló Kurogane. Ashura sólo soltó un suspiro resignado, pues sabía del gusto de Fye por la música.
—¡Mira! ¡Si le gusta! —exclamó Tomoyo al ver cómo la pequeña intentaba quitarle el piano a su tío.
Al final terminaron sentados en la sala, Ámber sobre las piernas de Fye, intentando tocar las teclas del piano, aunque sólo le llamaban la atención los colores y sonidos. Aun así, Fye se sintió feliz de que le gustara su extraño regalo.
—¿Se quedarán varios días? —inquirió Akemi.
Kurogane y Fye suspiraron al mismo tiempo.
—Regresaremos a Londres hoy en la noche —explicó el moreno con algo de pesar, miró a su esposa y notó el mismo sentimiento en sus ojos.
—Nos iremos después de que esta princesita se duerma —pellizcó las mejillas de su sobrina, pero al ver que hacía pucheros, terminó dándole un sonoro beso en la cabecita que le hizo soltar una risilla.
—Qué bueno, si ella ve que te vas, se queda llorando hasta que el sueño la vence —suspiró—. De verdad te quiere, Fye —mencionó Akemi. Los ojos de él brillaron ante ese comentario, miró a la susodicha y notó su sonrisita tierna de bebé.
—¡Yo también te quiero mucho! ¡Mucho, mucho, mucho! —la apretó entre sus brazos con fuerza, sacándole una carcajada muy contagiosa.
—Es muy difícil tranquilizarla cada vez que se van —agregó Yuui—. ¿Cuánto tiempo les resta del internado?
—Un par de semanas, pero… —miró a su colega médico y suspiró—. Hay algo que no les hemos dicho. Decidimos quedarnos en el hospital a hacer nuestra residencia ahí, serán unos dos o… tres años más.
—¡¿Tanto?! —se espantó Akemi.
—Estoy seguro terminarán esa residencia siendo los mejores médicos —aseguró Ashura con una sonrisa ladina, orgulloso por ambos—. No olviden que tienen un trabajo asegurado en el hospital central de Tokio, nos hace falta un cardiólogo y un ortopedista.
Los aludidos se miraron entre sí con sorpresa. Ahora más que nunca se esforzarían en terminar pronto su especialización.
—Tres años es mucho tiempo… —murmuró Yuui con tristeza—. ¿Por qué no estudiaron algo más simple? No sé, leyes tal vez.
Los médicos ahí presentes soltaron una carcajada.
—Para ti y Akemi podrá ser simple haber estudiado derecho, pero te aseguro que para nosotros es más fácil la medicina —dijo el moreno.
—No sé cómo hacen para ganar un juicio ni mucho menos para memorizar tantas leyes —el rubio hizo cara de desagrado—. Para mí sería imposible.
Todos rieron un poco.
—Mejor admite que lo extrañarás mucho —Akemi le picó las costillas a su esposo—. Si supieras, Fye. El pobre se la pasa triste cada vez que regresas a Londres después de visitarnos.
—¡Eso no es cierto! —enrojeció un poco, pues su esposa tenía razón y todos lo notaron.
—Yo también te extraño, hermano. Los extraño a todos —fue sincero. De pronto una leve tristeza lo atacó.
OoOoOoOoO
—Eres muy afortunado —soltó de pronto, recargándose de espaldas a la encimera, viendo cómo su gemelo lavaba algunos trastos mientras que los demás seguían platicando amenamente en la sala.
—¿Por qué lo dices? —preguntó con simpleza, sin dejar de lavar.
—Lo tienes todo —sonrió a la lejanía—. Una bella esposa, una linda casa y a una bebé preciosa.
—¿Envidia? —se burló un poco.
—Debo admitir que sí.
—Pero… no tienes por qué, digo, aún eres muy joven. Puedes tener una familia cuando quieras, no dudo que tengas alguna que otra fan allá en Londres —lo codeó un poco, pero él negó con la cabeza.
—No. Y si las hay, no me he enterado de nada.
—Aún piensas en Sakura —no fue una pregunta.
—Siempre.
—Fye…
—Lo sé —lo interrumpió—. Debería continuar con mi vida y blah, blah, blah. Pero no puedo, al menos no hasta encontrar esa cura para ella. Sólo espero que esté bien…
—Lo está.
—¡¿Cómo lo sabes?! —se sorprendió.
—No me he podido comunicar con ella directamente, pero Touya me ha platicado que le va muy bien en China, consiguió el trabajo de sus sueños y en cuanto a salud al parecer está muy bien.
—Me alegra —soltó en un suspiro acompañado de un largo silencio.
—¿Por qué no la buscas?
—No.
—¿Por qué?
El rubio menor no contestó, sólo se limitó a fruncir un poco el ceño.
—Oye —se secó las manos y puso una en el hombro de su gemelo—. Tienes que hacer algo cuanto antes. Ya fueron muchos años de esto ¿No crees? O decides buscarla y reconciliarte con ella o definitivamente cortas cualquier lazo con ella, es por tu salud, hermano —se le veía preocupado, Fye se sorprendió—. No puedes detener tu vida por una persona, ni siquiera por Sakura. Ella encontró su felicidad, tú debes hacer lo mismo —dijo seriamente—. Y vaya que la quiero como a una hermana, pero… no creo que vuelva al país y sinceramente me dolería mucho quedarme viendo cómo te vas haciendo viejo y amargado —rio—. Aunque de eso ya tienes un poco.
—Tonto —le pegó un coscorrón.
—¡Ves! —se llevó una mano al chichón, sin dejar de reír.
—Ya te lo dije, cortaré todo lazo con ella cuando la cure de su enfermedad.
—Al parecer es tu meta más importante.
—Lo es.
El gemelo mayos suspiró pesadamente.
—Ay hermanito…
—Cambiando de tema ¿Me dejarías enseñarle a tocar piano a Ámber?
Yuui lo miró con sorpresa.
—¿Lo dices en serio?
—Es raro que te lo diga ahora, sé que es pequeña —rio un poco—. Pero sólo hay que esperar a que crezca un poco y es algo que, de haber tenido hijos, me hubiera encantado hacer.
—Lo dices como si fueras un anciano —se burló—. Pero por supuesto que me gustaría —dijo ya serio y a la vez sorprendido—. ¡Me encantaría! Después de todo es algo que sólo se te da a ti, yo soy un fracaso para cualquier cosa que involucre arte.
—Eso no te lo discuto —rio—. Y ahora dime ¿Akemi y tú planean tener más hijos? Quiero más sobrinos.
—¡Oye! ¡Tranquilo, viejo! Deja que nos recuperemos de dormir sólo tres horas diarias —se quejó.
—¿Tan pesado es?
—Ya lo verás con tus propios hijos…
Año 2009
—Fue un día muy largo —se quejó el moreno.
—Lo fue —suspiró con cansancio mientras detenía el auto debido a la luz roja del semáforo.
—Sólo quiero llegar a casa, cenar y dormir…
—Yo quisiera lo mismo, pero tengo que preparar primero la cena —suspiró con cansancio.
—¿Por qué no te quedas a cenar hoy?
—No quiero molestar.
El otro resopló.
—Siempre has sido una molestia. No veo la diferencia ahora.
El rubio sonrió de medio lado.
—Gracias, pero estoy exhausto.
Se quedaron en un cómodo silencio mientras el rubio conducía rumbo a la casa de sus amigos, la cual no quedaba muy lejos del departamento que rentaba. Sí él había nacido y crecido en Londres, tenía una casa ahí, pero jamás volvería a pisar ese lugar, no soportaría ver todos los foto retratos familiares donde aparece su difunta madre, no aguantaría respirar el aroma que le recuerda a su corta infancia, ni mucho menos caminar por los pasillos y habitaciones que compartió con su madre. Así que prefirió rentar un departamento.
Su mente estaba ocupada en esos pensamientos, hasta que una canción de música pop sonó en la radio.
"Debo confesar que aún queda un lugar en mi corazón para los dos.
Dejemos todo atrás… borrar y continuar con la verdad que hoy ya no duele más.
Es que aún no he podido olvidarme de ti, tu recuerdo no deja dormir, sigue estando aquí, siempre junto a mí."
Los puños del rubio se apretaron sobre el volante y su ceño estaba levemente fruncido. Ya había escuchado esa canción un par de veces y la letra simplemente lo enfermaba.
"Ven regresa ya, como la brisa del mar, vuelve a robarme las ganas de amarte una vez más.
En tus manos está este cielo despejar y regresar cada noche la estrella que un día perdió su hogar.
Me quiero imaginar que no quisiste lastimar, y casualidad fue encontrarte a alguien más…
Es que aún sigue estando clavada en mí la promesa de juntos morir, sigue estando aquí, siempre junto a mí.
Ven regre…"
De un manotazo, el ojiazul apagó la radio.
—¿Qué te pasa? —preguntó el moreno con una ceja alzada.
—Nada. Simplemente odio esa canción.
—Ya supéralo. Casi son tres años de que no se ven. Debes hacerte a la idea de que…
—Sí, sí. Ya lo sé… me quedaré soltero y amargado por el resto de mi vida —gruño, estaba realmente molesto.
—No quise decir eso, pero no creo que te equivoques mucho —gruñó—. Deberías salir más, buscarte una novia, quizá…
—¿No entiendes que no puedo? —lo interrumpió con la voz grave y tranquila, pero cargada de molestia—. Para mí es imposible estar con otra mujer que no sea ella, la amo a ella ¿Es tan difícil de entender? —entornó un poco sus ojos. Ya había estacionado el auto frente a la casa de su amigo—. Es como si yo te dijera que olvidaras a Tomoyo y te fueras a buscar a otra mujer —el moreno hizo una cara de disgusto—. ¡Ves! Eso sería imposible para ti, porque la amas.
Kurogane suspiró.
—Sí, pero la gran diferencia es que Tomoyo y yo estamos casados. En cambio Sakura y tú…
—Ya lo sé —espetó de mala gana.
—Oye, no te amargues. Ya encontraste la cura, o al menos estás muy cerca ¿No?
La expresión del rubio se suavizó por instantes.
—Sí…
—Tienes que buscarla para hacer las pruebas del protocolo ¿No?
—Sí…
—¿Y qué esperas?
—Ya lo hice. Llamé a su casa en Japón, pero nadie contestó, lo hice muchas veces. Le pedí a Yuui que fuera a buscarlos para que me den el número de ella, pero al parecer salieron de vacaciones, tienen casi una semana fuera de su casa…
—Qué extraño.
—Lo sé, por eso mandé a un investigador directo a Shanghái, le di los datos de Sakura, cuando la encuentre me lo hará saber y si es necesario iré personalmente a buscarla, sólo estoy esperando su llamada.
—Vaya —se asombró—. Bueno, cuando tengas sus datos házmelo saber. Tomoyo ha querido ver a Sakura desde hace un par de años. La extraña… y yo también —admitió.
—Lo haré —sonrió de lado.
OoOoOoOoOoO
Dejó las llaves sobre la mesita del recibidor y entró al departamento con pereza. Vio todo a su alrededor y se deprimió un poco al ver el lugar tan vacío, le hacía falta un poco de calor humano, vivir solo no era una buena opción, tiendes a deprimirte fácilmente.
Suspiró, pero una leve sonrisa se formó en sus labios al pensar en que podría sanar a Sakura, al fin cumpliría su meta, pero… después de eso ¿Qué sigue? ¿Qué haría con su vida de ahí en adelante? Tendría que pensarlo muy bien.
El timbre del teléfono lo sacó abruptamente de sus pensamientos. Estaba esperando una llamada muy importante, sólo esperaba que le tuviera buenas noticias ¿Ya habría encontrado a Sakura?
—¿Diga? —contestó de inmediato.
—Buenos días señor Flowrigth —saludó—. Aunque supongo que en Londres ha de ser aún de noche —sonrió un poco, aunque Fye no lo vio.
—¿Tienes información? ¿La encontraste? —fue directo al grano.
—Fue muy difícil hacerlo, la ciudad es muy grande. Busqué a una mujer con sus características, pero no logré localizarla. Decidí ampliar mi búsqueda también en los hospitales, por lo que usted me dijo sobre su enfermedad…
—Oh no… —pensó Fye. Ya se esperaba malas noticias.
—Cuando fui al hospital general, pregunté por alguien con su nombre. Y… lamento mucho decirle esto señor Flowrigth, pero la mujer que usted busca… falleció hace unos días. El registro marcaba el nombre como S. Kinomoto, debe ser ella. Lo siento mucho, al parecer una falla en su corazón causó que éste dejara de latir.
Fye no respondió nada. El rostro se le había desencajado en una mueca de verdadero espanto que pronto cambió a una de terror. Sus manos temblaban y por poco se le cae el teléfono al suelo. La sangre de su cuerpo había caído pesadamente hasta sus pies, dejándolo más pálido que el papel.
—No. ¡Eso no puede ser! ¡Maldición! ¡NO!
—En verdad lo siento…
—¡Es que no! ¡¿Estás seguro de eso?! ¡¿La viste, lo comprobaste!?
—No me lo permitieron, pero… el diagnóstico y el nombre coinciden, no cabe duda que es ella…
El ojiazul apretó el teléfono dentro de su puño y sin ninguna consideración lanzó el artefacto hasta que se estrelló ruidosamente contra la pared, haciéndolo añicos. Una furia incontenible recorría sus venas. Su corazón latía a una velocidad dolorosa y sus dientes crujían. Quería gritar, romper todo lo que estuviera a su alcance y es que… ¡No! ¡Ella no podía estar muerta! ¿Tanto se había tardado en encontrar esa maldita cura? ¿Por qué demonios la vida lo trataba así?
—¡MALDICION! —gritó con todas sus fuerzas al mismo tiempo que estampó un jarrón de adorno contra la pared—. No puedes estar muerta, Sakura, no puedes… —sollozó con fuerza. Las lágrimas salían a borbotones de sus ojos, definitivamente había perdido la cordura. Caminaba de un lado a otro como león enjaulado, se estiraba los cabellos con desesperación y lloraba con un infinito odio y rencor hacia la vida, la maldita vida, destino, universo o lo que fuera que no les permitiera estar juntos ¿Qué había hecho para merecer tal dolor y sufrimiento? ¿Por qué le arrebataban lo que más quería de esta manera? Primero su madre muere de infarto, ahora la mujer que más ama en el mundo muere por causas similares. El peso en su vida era demasiado como para ser soportable. Tenía que hacer algo al respecto, no se podía quedar así… ¿Qué sería ahora de su vida? Ya no tenía propósito, el amor de su vida estaba muerto y a él sólo le quedaba una profesión qué ejercer sin ningún propósito…
Desesperado, tomó su talonario de recetas médicas, las llaves de su auto y salió rumbo a la farmacia.
Su mente estaba nublada por el odio y la desesperación. No había coherencia dentro de él en estos momentos, lo único que quería era arrancarse ese inmenso dolor que oprimía en su pecho, quería terminar con esa agonía tan inhumana, y la única forma de hacerlo era despidiéndose de esta vida ¿Qué más le esperaba?
Pronto estuvo de vuelta en casa, sólo que con una bolsa repleta de diversos fármacos, cuidadosa y desesperadamente elegidos para un propósito en común.
Vació todos los frascos sobre la encimera que separaba a la cocina del resto del departamento y sin molestarse en usar agua, comenzó a ingerir una por una, hasta que el primer bote quedó vacío, había alcanzado a tragarse unas diez, quizá quince píldoras.
—Estaré contigo muy pronto, Sakura… —se sostuvo de la orilla de la encimera, los fármacos comenzaban a hacer efecto en sus sistema, la vista se le nublaba un poco y el estómago le ardía endemoniadamente mucho. Estaba por abrir el segundo frasco cuando su celular comenzó a sonar insistentemente. No supo la razón, pero decidió contestar, total, sería su última llamada en esta vida.
—Fye. Toma el primer vuelo que encuentres a Japón.
—Papá… ¿Qué ocurre? —carraspeó un poco.
—Te hablo desde el hospital, tu hermano y Akemi tuvieron un accidente de auto muy grave… —se le cortó la voz—. Yuui quiere verte, necesita decirte algo. Los dos están pidiendo verte.
—¿Y Ámber? ¡¿No le pasó nada a ella?! —exclamó, asustado. Había recibido una noticia catastrófica hace menos de una hora y en estos momentos le daban una igualmente horrible.
—Ella no iba en el auto, yo la cuidaba mientras ellos iban a cenar… en fin, eso no importa ¡Ven cuanto antes! —se exasperó.
—P-pero son casi ocho horas de vuelo… —sus manos comenzaron a temblar, estaba por entrar en pánico. Su hermano estaba agonizando en Japón y su deseo de verlo era casi imposible de cumplir.
—Fye… —su voz se cortó—. No creo que… no creo que los dos resistan un día más —se escuchó el esfuerzo que hacía por no ponerse a llorar—. Me temo que estos sean sus últimos deseos, por favor, ven cuanto antes —sollozó un poco, se estaba conteniendo con todas su fuerzas.
—Voy para allá —colgó el teléfono y corrió al baño.
Debía devolver todas esas pastillas que ingirió si quería abordar un avión sin morirse en el intento. La llamada había ocurrido en un momento preciso, pues un poco más tarde y su estómago habría digerido todos esos fármacos. Se indujo el vómito, pero sólo pudo devolver unas cuantas, el resto al parecer si fueron digeridas. Poco le importó y llamó a un taxi para que lo llevara al aeropuerto, ni siquiera se molestó en echar equipaje, sólo se tomó el tiempo de llamar a Kurogane mientras hacía fila para comprar el boleto. Le explicó la situación y el moreno le pidió que lo esperara en el aeropuerto, pero Fye no podía esperar más.
OoOoOoOoOoO
Las ocho horas de vuelo fueron agonizantes para el rubio. Estaba pálido, sudaba frío y su cuerpo entero sufría de leves temblores cada vez más constantes.
Cuando llegó a Japón pidió un taxi directo al hospital central de Tokio, rogaba al cielo que su hermano y cuñada estuvieran bien, que resistieran un poco más.
—¿Cómo estás? —más que un saludo, era una pregunta de verdadera preocupación—. Por Dios ¿Qué te ocurre?
—Estoy bien, papá dime ¡¿Dónde están?! —se angustió al ver los ojos de su padre muy rojos, había llorado.
—Ven.
Caminaron entre los pasillos del hospital hasta entrar al área de cuidados intensivos.
—Pero antes —detuvo a su hijo justo en la puerta del área especial—. Tienes que saber algo. Akemi… —se le quebró la voz—. Ella no resistió y… falleció hace un par de horas…
El rubio se llevó una mano a la boca para contener el grito ahogado en su garganta. Un repentino mareo la invadió, en parte por el asombro y también por los medicamentos.
—¿Y Yuui? —preguntó seriamente, con el mismo nudo en su garganta impidiéndole hablar con claridad.
—Él está adentro, pero… —se cubrió la mitad del rostro con una mano, sus lágrima salían a borbotones, su hijo estaba muriendo y él como médico no podía hacer absolutamente nada. Fye de inmediato abrazó a su padre, sintiendo el mismo dolor que él.
No lo pensó dos veces para entrar a la habitación y encontrárselo inconsciente sobre la cama. Su rostro estaba golpeado y muchos hematomas adornaban la piel que estaba a la vista. Al parecer se había fracturado un brazo y una pierna, ni mencionar la fuerte contusión en su cabeza. El pobre estaba muy mal, pero a pesar de todo, sus signos vitales se mantenían estables.
—Papá, Yuui… Yuui no se ve tan grave —mencionó temblorosamente después de revisar sus signos vitales en el monitor.
El mayor sólo negó pesadamente con la cabeza.
—Tiene una hemorragia interna imposible de reparar. Él… —apretó los puños, no podía decirlo, no podía aceptarlo. Rechinó sus dientes con impotencia y coraje, y salió de allí sin poder soportarlo ni un segundo más.
El rubio dirigió de nuevo la mirada hacia su gemelo. Un cúmulo de emociones lo golpearon con fuerza. ¡Su hermano estaba muriendo!
Arrastró una silla hasta su lado y se sentó, apretando su mano con fuerza, deseando verlo despierto una vez más. Y como si fuera posible, el miedo aumentaba en su interior. Un escalofrío recorría su cuerpo de arriba abajo. Bajó su cabeza y sus lágrimas fueron a dar contra la límpida piel de Yuui, sobre quien se inclinaba, sujetando su mano.
—F-Fye…
El aludido dio un respingo en su silla al escuchar su voz.
—¡Yuui! —se sobresaltó un poco—. Trata de no hablar mucho, debes estar tranquilo, ya verás que te mejorarás.
—Mal… diagnostico… —sonrió muy débilmente, cerró los ojos ante la pesadez que atacaba a su cuerpo—. Sé que… no estoy bien. Papá ha llorado… mucho. Y Akemi… —sus ojos se inundaron en lágrimas gruesas y pesadas. El amor de su vida había partido al otro mundo, dejándolo atrás a él y a su hija.
—Lo sé, lo sé —le apretó la mano entre las dos suyas—. Y lo siento tanto —lloró—. Pero tú sigues vivo, debes recuperarte Yuui. Tienes que hacerlo —le exigió, a lo que el otro sólo mostró una pequeña sonrisa muy débil.
—No… sobreviviré, ya lo sé.
—¡No! ¡Tú vivirás! Tienes que hacerlo, Ámber es muy pequeña como para quedar huérfana, no la puedes dejar.
Los ojos de Yuui se desbordaban en lágrimas.
—Mi pequeña… —su pulso se aceleró al pensar en su única hija—… yo me iré de este mundo… pero mi bebé no se quedará… sola… te tiene a ti… y a papá…
—¡Pero te necesita a ti!
—Yo no podré estar aquí…
—¡Yo te necesito! —se desesperó.
—Lo siento, hermanito… —sonrió débilmente.
—No quiero que te vayas —apretó más la mano de su gemelo—. No quiero… —repitió apenas en un hilo de voz mientras los ríos de agua salina en sus mejillas aumentaban su caudal.
La temblorosa mano del gemelo mayor se zafó del agarre y logró alzarla hasta ponerla en la cabeza de su hermano, en un intento fallido por revolverle los cabellos como solía hacer.
—¿Qué… te pasa? —frunció un poco el ceño—. Te vez… raro…
El aludido soltó una risa llena de ironía. Su hermano agonizaba y aun así se preocupaba por su bienestar.
—Estoy preocupado por ti —ignoró el agudo dolor en su estómago, aunque este no se podía comparar con el dolor de perderlo para siempre.
—No tienes por qué… me reuniré… con Akemi y con… mamá —sonrió suavemente, cerrando los ojos—. Ya no habrá dolor…
El rubio médico miró la dosis de morfina que le proporcionaban a su gemelo y se espantó al ver que era la cantidad máxima permitida, y el pobre aún sufría dolor.
—¡No digas eso! ¿Qué pasará con Ámber? ¿Piensas dejarla?
—No lo haré, tú… tú estarás con ella, serás su padre —le sonrió cálidamente.
—Pero… —fue interrumpido por el alarmante sonido del monitor. Los signos vitales de su hermano descendían peligrosamente.
—Por favor…cuida de Ámber… —cerró sus ojos—. Y gracias… por todo, hermanito… —exhaló su último aliento.
—¡No! ¡Yuui! —su cuerpo trémulo se colapsó sobre su gemelo a causa de las múltiples emociones que lo inundaban: soledad, depresión, tristeza, desesperanza, miedo.
OoOoOoOoO
—¿Dónde están? —preguntó en seguida, bastante inquieto como para detenerse a saludarlo, su preocupada esposa lo seguía, ambos tenían la misma cara llena de angustia. El vuelo se había retrasado un poco, pero al fin habían logrado llegar a Japón.
Ashura no pudo responder con palabras, su voz se quebraría si hablaba, así que sólo pudo negar con la cabeza. Una profunda tristeza se notaba en toda su expresión.
En esos momentos, el matrimonio Suwa pudo ver cómo un destrozado Fye salía del área de cuidados intensivos, estaba hecho un mar de emociones.
—Murió… —murmuró ausentemente—. ¡Murió! —exclamó con verdadero enfado, apretando puños y dientes—. ¿Dónde está Ámber? —preguntó bruscamente, estaba enojado con todo y todos.
—Vayamos a mi oficina —debido al escándalo que provocaba, el mayor de todos tomó a su hijo de los hombros y se lo llevó casi a rastras, Kurogane y Tomoyo los siguieron.
Dentro de la oficina del médico, estaba una enfermera cuidando de la pequeña Ámber, cuyos ojitos estaban completamente enrojecidos y su carita se veía demasiado triste, como si supiera lo que estaba ocurriendo, como si entendiera que había quedado huérfana de padre y madre.
El rubio corrió directo hacia ella y la tomó en brazos casi arrebatándosela a la enfermera. La pequeña bebé de casi dos años, se aferró a su tío como si su vida dependiese de ello. Lo más triste y curioso de todo, era ver que gruesas lágrimas salían de sus ojitos azules, pero ningún gimoteo era emitido por ella. Lloraba en silencio mientras se aferraba con fuerza al rubio. Fye la abrazaba y la besaba con mucho cariño, no quería soltarla por nada del mundo.
—Papi.
Ese leve murmullo lleno de tristeza le partió el alma a Fye. Su pequeña sobrina lo estaba confundiendo. Kurogane, Tomoyo y Ashura miraron la escena sin saber cómo reaccionar, incluso a Kurogane se le formaron gruesas lágrimas que no se permitió derramar.
—Yuui me pidió que te diera esto —le extendió un sobre a su hijo—. Temía que no llegaras a tiempo, así que me pidió que escribiera esto por él. Creo que será mejor que la leas cuanto antes.
El aludido extendió el brazo libre para alcanzar el sobre, pero su vista le fallaba tanto que veía doble, había "tomado" el sobre equivocado, pues ni siquiera lo llegó a rozar.
Tomoyo camino hacia él y tomó a la pequeña en brazos, temía que no soportara el leve peso de la niña, Fye se veía en muy mal estado.
—Hijo… ¿Estás bien? Te veo muy extraño.
—Sí —volvió a extender la mano y le quitó el sobre. Todos notaron cómo sus brazos temblaban bruscamente. Ninguno se imaginó el verdadero motivo de ello, pensaban que estaba muy afectado por lo sucedido. Los ojos azules del médico se fueron abriendo cada vez más conforme avanzaba su lectura, renglón tras renglón, Yuui se despedía de él, diciéndole lo mucho que lo amaba y admiraba, diciéndole que no podía pensar en alguien más apto para cuidar de su hija que él, por eso lo escogió para que de ahora en adelante él fuera su tutor legal, su padre.
Sus manos temblaron más violentamente cuando terminó de leer la carta, no podía, él simplemente no podía ser el padre de Ámber, para empezar… ¿Qué tipo de vida llevaría la pequeña con alguien tan bajo como él?
—Oye… estás muy extraño —el moreno se le acercó, preocupado al notar cómo sudaba frío a mares, su cuerpo entero temblaba y su faz no podía estar más pálida.
El aludido no escuchó nada, sólo el latir leve e insistente de su corazón, estaba entrando en desesperación. Su mundo se le vino encima y admitió un hecho muy grave.
—¿Cómo voy a cuidar de una niña si hace unas horas estuve a punto de suicidarme? —estalló con ira—. Ella no estará segura a mi lado —comenzó a caminar de un lado a otro, los demás simplemente lo miraron sin saber bien cómo reaccionar ante aquella noticia tan cruda. El rubio se detuvo abruptamente al sentir cómo la úlcera en su estómago iba creciendo cada vez más.
—¡Con un demonio! ¡Con razón estás así! ¡¿Qué rayos tomaste?! —Kurogane lo agarró bruscamente del brazo.
—No te enojes, sólo tomé… —lo pensó unos segundos y miró a su amigo—. Tomé unas píldoras, pero las devolví después de tu llamada.
—¿Mi llamada? —el moreno alzó una ceja, sin entender y sin soltarlo.
Ashura de inmediato caminó hacia su hijo, angustiado y enormemente sorprendido. Lo examinó con rapidez, pero no le gustó lo que vio.
—Yo fui quien lo llamó. Te está confundiendo…—murmuró levemente y sin disminuir su ceño fruncido—. Hijo ¿Seguro que devolviste todas las píldoras? —preguntó en tono autoritario.
El rubio se tambaleó un poco, no se sentía bien, su vista iba y venía. Se desmayaría en cualquier momento.
—Sólo se quedaron unas seis o siete en mi sistema.
—¡Maldición! Dinos ya lo que tomaste —Kurogane apretó el agarre en su brazo, estaba enfurecido.
—No importa, estoy bien.
—¡Estás temblando, Fye! —espetó Tomoyo con lágrimas en los ojos, pronto la pequeña Ámber comenzó a llorar, como si supiera y entendiera todo lo que estaba ocurriendo, además que extendía sus bracitos hacia Fye, la pobre seguía creyendo que era su padre, quien estaba a punto de decir que se encontraba bien, pero antes de que pudiera pensar o decir algo, su vista comenzó a nublarse y sintió cómo su cuerpo se desplomaba por completo sobre el suelo, alcanzó a detenerse un poco con las rodillas y manos, pero fue ahí cuando unas profundas arcadas lo invadieron, comenzó a toser sangre. Sólo percibió cómo antes de tocar el suelo, un par de brazos lo sujetaban con firmeza, y mientras se sumía en la negrura total, alcanzó a escuchar los lejanos gimoteos de Ámber, la pequeña lloraba y gritaba: "¡Papi! ¡Papi!"
Lo llevaron de inmediato a urgencias. Tardaron en descifrar lo que había ingerido, pues como médico tiene acceso a todo tipo de droga. Al saber qué fue lo que tomó, comenzaron con un tratamiento para revertir el efecto de los medicamentos, pero desafortunadamente las úlceras que se había provocado eran ya irreparables. Lo dejaron internado en el hospital unos cuantos días, en los cuales permaneció inconsciente. Durante esos días los demás se pusieron a pensar seriamente en las circunstancias. Ashura no quería que su nietecita quedara al cargo de su hijo, no después de lo que había intentado, Fye lo había decepcionado enormemente al intentar cometer tal locura. Kurogane y Tomoyo abogaron por el rubio, no estaban de acuerdo con lo que hizo, pero ambos concordaron en que él era la mejor opción para Ámber, pues la pequeña ya lo veía como su padre. Además, lograron convencer al médico al decirle que ese había sido el último deseo de Yuui y Akemi.
—Es lo mejor. Fye es idéntico a Yuui, incluso en esencia son casi iguales, además… así él tendrá una razón para vivir ¿No lo cree?
—No lo sé, Tomoyo. Sólo quiero que mi nieta esté segura y que sea feliz.
—Fye sería incapaz de hacerle algún daño, todos sabemos cuánto la ama —agregó el moreno de iris rojos.
OoOoOoOoO
Cuando Fye volvió a abrir los ojos y tomó consciencia del mundo a su alrededor, notó que llevaba varios días internado, se lo demostraba aquel jarrón con flores sobre su mesita de noche, seguro Tomoyo se las había llevado. Notó que era de día al ver los rayos del sol entrar por su ventana, la luz tocaba todo, llenando de colores al mundo, pero no a él. Nunca a él. Su oscuridad era demasiado profunda. Su corazón estaba muerto, su alma no tenía un propósito en esta vida. ¿Qué razones le quedaban ya para luchar?
—Ninguna… —se descubrió a sí mismo susurrando en el silencio de la recámara. Sólo el repiqueteo del monitor de signos vitales era lo que se escuchaba.
Una lágrima salió de sus ojos. Luego otra le siguió, otra y así sucesivamente. No había tenido oportunidad de digerir la muerte de tres personas muy amadas en su vida. Su corazón le dolía con cada latido y sus pulmones se negaban a expandirse en cada inhalación.
—Sólo quiero morir ¿Es tanto pedir? —siguió soltando lágrimas. Se incorporó con algo de dificultad hasta pegar las rodillas sobre su pecho y acomodar sobre éstas los brazos, ocultando así su rostro entre ellos. Logró ahogar el grito que le quemaba la garganta, se sentía como un niño indefenso, expuesto a este infierno llamado vida.
Y de pronto…
Fue tan real como desconcertante.
Un llanto se escuchó desde el pasillo, el llanto de una bebé muy conocida y amada por él, la pequeña repetía "Papi" una y otra vez en medio de su llanto.
Sintió cómo su sangre huía de su cabeza, cayendo pesadamente a sus pies. Definitivamente tenía un propósito en la vida ¡Y cómo no! Debía cuidar de la hija de su hermano, la adoptaría y serían una familia feliz los dos juntos, él lograría sacarla adelante hasta verla convertida en toda una mujer.
La puerta de su habitación se abrió y se cerró de inmediato.
—Vaya… ya despertase —se le acercó y revisó sus signos vitales.
—Papá.
—Eres un estúpido.
El rubio se encogió en su lugar.
—Un inconsciente, estúpido y mal hijo —su mirada era muy dura, más que nunca en la vida y sus palabras calaban como cuchillos—. Nunca te creí capaz de eso, me has decepcionado.
Ambos se sostuvieron la mirada unos segundos hasta que el rubio no aguantó el peso de ese reproche en los ojos de su progenitor, y no sólo era reproche, sino resentimiento, enojo, pero sobretodo una profunda tristeza.
—Lo siento —volteó el rostro hacia el lado contrario de la habitación.
El silencio fue largo, hasta que Ashura se sentó en la orilla de la cama y abrazó a su hijo con muchísima fuerza. Los ojos azules se abrieron a más no poder y no tardó en corresponder con la misma fuerza.
—Papá… lo siento tanto.
—¿Tienes idea de lo que hubiera sentido al perder no sólo a un hijo, sino ¡a los dos!? ¡¿Tienes idea?! —se separó del abrazo, dejando ver sus gruesas lágrimas acumuladas—. Eres un verdadero imbécil —frunció el ceño, pero lo volvió a abrazar—. Eres lo único que me queda, tú y Ámber, son mi única familia. No te permitiré que la disminuyas.
—No volverá a pasar —susurró, correspondiendo el abrazo con fuerza. Los dos se quedaron en esa posición, abrazados y en silencio, el cual fue roto por el incipiente sollozo del rubio. Poco a poco ese sollozo se fue convirtiendo en un fuerte y doloroso llanto que fue consolado por el mayor—. M-mi hermano… —hipó, era demasiado el sentimiento acumulado en su pecho. Ashura lo abrazó consoladoramente, como si así lograra protegerlo de esos horribles sentimientos de vacío que provocaban la muerte de un ser querido—. Mi hermano… —repitió con verdadero dolor—. Murieron… —no podía hacerse a la idea—. Yuui, Akemi, Sakura…
—¿Sakura? — se espantó.
—Ella murió ayer y… —no pudo continuar, la voz se le cortaba y su garganta se cerraba.
—Por eso lo hiciste… —sus orbes castañas no podían estar más abiertas. El rubio sólo asintió—. Oh por dios... no puedo, no puedo creerlo —lo abrazó con más fuerza, permanecieron así un rato, hasta que el rubio se quejó de un dolor en su estómago. Se llevó una mano al área adolorida y miró a su padre cuando lo escuchó suspirar pesadamente—. Te causaste severas úlceras irreparables, tendrás que vivir con ellas.
El aludido sólo asintió, en realidad poco le importaba.
—Hijo, tenemos que hablar de algo serio e importante.
—Ámber ¿Dónde está? La escuché llorar hace rato, necesito verla —pidió con insistencia.
—Está bien, Tomoyo la ha estado cuidando.
—¿Está muy triste?
—Demasiado.
El corazón se le contrajo.
—Y es sobre eso de lo que te quiero hablar. Ella te necesita y fue la última voluntad de sus padres que tú la criaras como propia, querían que la adoptaras como hija legalmente y que la educaras, pero… ¿Podrás hacerlo? —lo miró severamente.
—Tengo que hacerlo —respondió con solemnidad, su actitud cambió de pronto cuando el tema se trató sobre Ámber—. No voy a dejarla a la deriva, cumpliré la última voluntad de mi hermano y su esposa.
—¿Estás seguro? —se quedó muy preocupado y Fye lo notó.
—Esto que ocurrió no volverá a pasar, te lo juro por lo que más amo. De ahora en adelante me dedicaré sólo a ella —su seriedad era tanta, al igual que su seguridad—. Y si ves que ella no está segura conmigo, tú cuidarás de ella o Tomoyo.
—¿Entonces aceptas?
—Por supuesto.
—Me alegra escuchar eso —sonrió, aliviado—. Temía que te negaras a hacerlo.
—Ella será mi nueva motivación —sonrió de lado, muy imperceptiblemente—. ¿Dónde está? Quiero verla —insistió, un poco desesperado.
En ese momento entró Tomoyo con la bebé en brazos, se veía en sus ojos que tenía días de no poder dormir bien, al igual que el mayor de los Flowrigth.
—¡Papi! —se removió en los brazos de la amatista, inquieta y desesperada extendió sus manos al rubio sobre la cama. Los ojos azules de éste se inundaron en lágrimas y sin dudarlo la recibió entre sus brazos, la apretó fuertemente y su corazón se partió en dos al sentir cómo la bebé temblaba un poco.
—Ámber —susurró al apretarla contra su pecho, era aún tan pequeña—. Tranquila mi amor, aquí estoy, tranquila —acarició su cabecita, la pequeña cerraba sus puños alrededor de la bata de hospital de su "padre" no lo soltaría por nada del mundo, lo había extrañado tanto. Alzó un poco su carita y se sintió morir cuando vio sus ojos enrojecidos y llorosos. Al parecer tampoco la ha pasado muy bien.
—Papi…—soltó un murmullo agotado y exhaló después de haber llorado mucho. Se aferró al rubio y asegurándose de que no se iría, procedió a descansar un poco. La pequeña al fin se sentía segura y tranquila entre los cálidos brazos de su padre.
Ashura y Tomoyo miraban la escena con un nudo en sus gargantas. Fye besó la cabeza de Ámber y la apapachó un poco, arrullándola.
—Increíble… —murmuró la amatista—. No había logrado dormir tan pacíficamente en todos estos días —suspiró con cansancio.
Fye sonrió con tristeza y miró a ese bultito recostado sobre su pecho. Sonrió un poco más amplio al sentir ese agradable calorcito que le proporcionaba la pequeña. La envolvió mejor en sus brazos y se relajó al instante, un profundo sueño lo comenzó a atacar.
—¿Entonces? —murmuró Ashura.
—Yo seré su padre a partir de hoy. Ella no estará sola, nunca… —bajó la mirada y se conmovió enormemente ante esa belleza de niña—. Yo seré tu padre de ahora en adelante, Ámber —le dijo con cariño y deposito un dulce besito en su cabeza. En seguida suspiró con mucho cansancio y algo de dolor.
—¿Quieres que…? —hizo el ademán de quitarle a Ámber, pero el rubio de inmediato reaccionó y la apretó más contra sí, negando firmemente con la cabeza.
—Entonces iré a hacer el trámite para darte de alta más tarde.
—Gracias papá…
Tiempo actual…
—¡Oh por dios…! Todo este tiempo pensé que… pensé que era hija tuya y de Elda.
—¡Oh no! —hizo cara de asco—. Jamás, pero… hay otra cosa que debo decirte. Nunca pude estar con otra mujer que no fueras tú, excepto… —carraspeó—. Un par de veces… con Ashley. Bueno, más que un par de veces —se sinceró por completo.
Los celos invadieron totalmente a la castaña, le dieron ganas de ir y sacarle los ojos a esa pelirroja larguirucha. Su enojo fue aumentando hasta que recordó que ella incluso estuvo a punto de casarse con Shaoran ¡Eso si era motivo de enfado para el rubio! Pero al parecer no le afectó tanto como imaginó que sería, creyó que al decírselo se enojaría, gritaría o rompería algo. Tal como hubiera reaccionado de más joven, pero… al parecer ya había madurado de verdad, ya no era un adolescente manipulado por sus hormonas.
—Entiendo... —murmuró y apretó un poco los puños—. ¿Tú y ella?
—¡Ahora no somos nada! —se adelantó a aclarar—. En realidad nunca tuvimos una relación seria... —se rascó la mejilla—. Lo nuestro no pasó de...
—Simples revolcones.
—Así es —admitió—. Ella tenía que viajar, yo vivía prácticamente en el hospital y cuidaba de Amber, así que ninguno de los dos tenía tiempo de una relación formal. Y tampoco la buscábamos —se encogió de hombros.
—¿Entonces por qué vino a tu casa? ¿Por qué quedaste en verte con ella? —quiso contenerse, pero simplemente no pudo. Los celos se apoderaron de ella.
El rubio soltó una risilla nerviosa.
—¿Estás celosa?
—Oh cállate —se cruzó de brazos con molestia.
—Hablé con ella para terminar lo nuestro de una vez por todas. Después de todo has vuelto a mi vida, no necesito a nadie más.
—¿Hablas en serio? —se puso muy nerviosa.
—¿Por qué no habría de hacerlo? Sakura... —tomó sus manos entre las suyas—. Ya no quiero más malos entendidos, por eso te estoy exponiendo mi corazón al desnudo. Hice muchas cosas incorrectas, pero he tratado de redimir todo lo que hice, y ahora de verdad deseo compartir mi vida contigo, hablo en serio, Sakura —notó cómo temblaba levemente—. ¿No me crees que te amo? —tuvo miedo.
—Te creo —respondió después de un rato —. Te creo porque te amo —los ojos se le llenaron de lágrimas. Él estaba por decirle algo lindo cuando la castaña de pronto se lanzó a sus brazos, o al menos todo lo que su pierna le permitía—. Idiota, eres un idiota —le dijo; con una mezcla de cariño, tristeza y enojo. Él en cambio esbozó una bella sonrisa, correspondiendo el abrazo.
—Lo soy. Sólo espero que no te hayas dado cuenta hasta ahora.
—Idiota —repitió, al mismo tiempo le dio un pequeño golpe en el pecho—. Lo que intentaste fue tan...
—Fue una estupidez, lo sé —suspiró—. Pero es que no encontraba sentido a vivir en un mundo sin ti, sin mi hermano...
—¡¿Pero por qué te dijeron que había muerto!? —se separó bruscamente del abrazo.
Fye suspiró ante el amargo recuerdo.
—Meses después me llamó, pidiéndome disculpas por el error que había cometido. Al parecer se trataba de otra persona, una mujer de avanzada edad: Sarada Kinomoto.
—¿Y por qué nunca me buscaste? —sus ojos brillaron de tristeza.
—¡Lo hice! Viajé a Japón, fui a tu casa y no encontré a nadie, pensé que se habrían cambiado de casa y jamás pude localizarlos, ahora entiendo el por qué —entristeció—. Lo último que supe de ti fue que trabajas en Shanghái, así que mandé a otro investigador no tan inepto —gruñó—. Y es que tenía la cura para tu enfermedad y necesitaba encontrarte cuanto antes, pero ya ves cómo sucedieron las cosas... Y fuera de todo eso en realidad deseaba encontrarte, necesitaba verte y pedirte perdón por todas las idioteces que hice. Lo único que me detenía un poco era el hecho de que ya no sólo se trataba de mí, sino también de mi hija. Temía que no la fueras a aceptar, y no quería decirte la verdad por miedo a que ella se enterara de algún modo. Lo último que quiero en esta vida es que ella sufra, antes moriría.
—Todo lo que me has dicho jamás saldrá de mis labios. Eso te lo juro.
—Gracias —sonrió suavemente—. ¿Pero por qué lloras? —le causó un poco de gracia y ternura a la vez.
—¡Tú también estás llorando! —lo acusó.
El aludido parpadeó confundido y se llevó una mano a su mejilla húmeda. Ella tenía razón.
—Me contagiaste —le echó la culpa.
—Eres un llorón.
—Mira quién lo dice.
Se miraron fijamente y estallaron en risas. Si un psiquiatra los viera, los confinaría a un manicomio de por vida.
—Olvidémonos de todo —sugirió con una bella sonrisa y tomándola nuevamente de las manos—. Los dos pasamos por situaciones adversas, tuvimos otra pareja e incluso intentamos la misma estupidez. Dejemos todo en el pasado —más que una sugerencia, parecía una súplica.
—Me parece buena idea —suspiró, sentía un peso menos sobre sus hombros. Miró el despertador sobre la mesita de noche y se espantó—. ¡Son las dos de la mañana!
El rubio se encogió de hombros.
—Y mañana tienes trabajo a primera hora —ni siquiera eso le borró la sonrisa soñadora de sus labios. Sólo se volvió a encoger de hombros. En seguida soltó un gran bostezo que fue transmitido de inmediato a la castaña, quien contagiada bostezó aún más fuerte. Ambos soltaron una risita, no podían dejar de verse a los ojos, el momento era casi irreal, al fin se habían hablado con la verdad y eso los hacía sentirse libres.
—¿Qué ocurre? —preguntó suavemente al sentir esos orbes verdes sobre los suyos, pues no se le despegaban ni un segundo.
—Fye ¿Qué somos?
El aludido suspiró y se llevó una mano al mentón, en pose reflexiva.
—No lo sé —sonrió como niño. Ella casi se va de espaldas—. No sé qué somos, pero no dejemos de serlo.
Las mejillas de Sakura se sonrojaron tiernamente ante esas palabras.
—¿Q-qué haces? —preguntó al ver que se descalzaba.
—Durmamos. Ya es un poco tarde ¿no crees?
—S-sí, pe-pero ¿Dormirás aquí?
—Es mi cama.
—Lo sé, pero... —silenció al escuchar una suave risa.
—Sólo bromeaba —suspiró inconscientemente. En realidad tenía la esperanza de que ella lo aceptara en su cama, sólo para dormir, por supuesto. Estaba por levantarse e irse a dormir a otro lado, decepcionado, pero una mano lo sujetó tiernamente de la manga de su camisa.
—Por favor, quédate.
Los ojos azules brillaron en felicidad. De un salto se sentó en la orilla de la cama y terminó de quitase los zapatos, se desabrochó la camisa y la arrojó a la silla de su escritorio, prosiguió con el pantalón, pero antes de que lograra su cometido Sakura lo detuvo.
—¡Oye! ¿Piensas desnudarte en frente de mí? —se espantó.
—Lo siento —rio con nerviosismo. Caminó hasta su closet y sacó un pijama que tenía mucho de no usar, pues desde hace años acostumbraba dormir sólo en ropa interior. Y se metió al baño para salir segundos después con la ropa ya puesta. Sonrió enternecido al ver que las mejillas de Sakura aún estaban coloradas.
Caminó perezosamente hasta la cama y antes de meterse en ella, ayudó a Sakura a cubrirse bien con las mantas. En seguida rodeó la cama y se sumergió entre las sabanas. Ya había apagado la luz y sólo la lámpara en su mesita de noche alumbraba el cuarto.
—Hasta mañana, Sakura.
—Hasta mañana —respondió tímidamente antes de que él apagara la luz.
Pasó un rato antes de que Fye murmurara algo.
—No puedo dormir —susurró.
—Yo tampoco —aguantó una risilla nerviosa.
—¿Duele?
—U-un poco —se asombró por su percepción.
Él suspiró con preocupación.
—Ya no puedo darte más medicamento, pero puedo hacer esto... —se movió bajo las sábanas hasta encontrarla. Su cuerpo seguía siendo tan suave y pequeño como lo recordaba.
No tardó en acercarla a él y abrazarla con cariño. Ella en automático recargó la cabeza en su pecho, soltando un suspiro al hacerlo. Estaba tan a gusto.
—Sakura —la llamó y ella alzó un poco el rostro para verlo. Grande fue su sorpresa al recibir un inesperado y dulce beso en los labios que duró más de lo esperado—. Ahora sí, buenas noches mi amor.
"Buenas noches mi amor" esas palabras retumbaron en la mente de la castaña por un buen rato. Esas simples cuatro palabras habían sido un delicioso bálsamo para su magullado corazón.
—Pero antes... Quisiera saber algo. ¿Por qué no te casaste con Shaoran?
La pregunta sorprendió mucho a la castaña. Pero se calmó y procesó la cuestión antes de responder.
—Porque es mi mejor amigo.
Esa respuesta alegró y al mismo tiempo lastimó un poco al rubio.
—Y porque no es el hombre al que yo amo —alzó el rostro y lo miró profundamente—. Nunca dejé de amarte —ahora fue ella quien le dio un dulce y pequeño beso en los labios, había sido un casto beso de pocos segundos.
Esa fue la mejor respuesta que pudo darle. El ojiazul se sintió tan feliz que no contuvo su impulso.
—¿Llamas a eso un beso? —se burló con cariño y enseguida le robó uno que nunca olvidaría.
Un par de horas más tarde…
Sabía que era una niña grande, ya casi tenía nueve años y debía enfrentar sus miedos, pero… acababa de tener una horripilante pesadilla en la que Ashley llegaba a casa y le decía que de ahora en adelante viviría ahí con ellos, que ella sería su nueva madre. ¡Eso sí que espantaba!
No sabía qué hacer. Estaba segura, si se quedaba en su cuarto e intentaba dormir, le amanecería en el intento. Lo único que daba buenos resultados en estos casos era ir con su padre y meterse en su cama, pero… y atenía mucho que no lo hacía, pues sólo las niñas de preescolar son así.
—¿Qué hago? —se preguntó a sí misma, estaba en un gran dilema.
A final de cuentas brincó de su cama y salió corriendo en dirección al cuarto de su padre, pero apenas entró, se llevó una agradable sorpresa. Las comisuras de sus labios se extendieron hasta formar una bella sonrisa. Un lindo sentimiento se alojó en su corazón.
No se molestó en despertarlos. Era tan lindo ver cómo su padre abrazaba a Sakura desde la espalda y lo mejor de todo era que ambos dormían con una plácida sonrisa en sus labios. Sin hacer ruido se subió con cuidado a la cama, lo hizo muy lentamente, no quería lastimar a la castaña. Después de unos segundos logró recostarse cómodamente a un lado de Sakura, quien abrió despacio sus ojos hasta encontrarse con la pequeña Ámber. Sonrió y enseguida la arropó con cariño, la abrazó y la besó en la frente.
—Te quiero mucho… —le susurró antes de quedar dormida nuevamente.
La pequeña rubia se queda quieta al oír eso, Sakura no se percató de ello, pero Ámber soltó un par de lágrimas llenas de alegría. Por primera vez sentía el amor de madre como debería de ser, o al menos así se imaginaba que se sentía tener una madre.
—Yo también te quiero —murmuró después de un rato. Sonrió como nunca y aun llorando un poco, se abrazó a ella con mucho fervor.
Continuará…
Gracias por la espera y la gran paciencia, espero que este capítulo sea de su agrado y sirva como recompensa por todos sus lindos comentarios que me animan a seguir escribiendo. Ya se revelaron muchos secretos, pero Sakura no se ha abierto por completo a Fye ¿Qué será lo que aún le oculta?
Si tienen algún comentario, háganlo. No duden en dejar uno antes de irse ¿Creen que mi historia se merece aunque sea un lindo mensajito? :3
Ahora me gustaría saber sus teorías sobre lo que está por pasar, aten cabos y traten de averiguar lo que pasará de ahora en adelante jijijiji
