We Meet Again
By Tsuki No Hana
XVI
"Hot Cakes"
Sakura
No supe qué hacer. Shaoran no estaba enterado en lo absoluto de mi accidente y mucho menos que vivo con Fye.
—¿Qué vas a hacer? —la suave voz de mi novio (Que raro es esto) me sacó de mis pensamientos.
Lo miré e involuntariamente me mordí los labios.
—No lo sé —admití con algo de nerviosismo.
—Tranquila, puedes decirle que venga aquí. Créeme que te llevaría yo mismo hasta donde decidan verse, pero no creo poder hacerlo —suspiró. Me miró fijamente por unos momentos—. ¿Sakura? —insistió al ver que yo no le respondía y es que… ¡¿En realidad es Fye quien me está diciendo esto?! ¿Dónde había quedado el novio más celoso del mundo?
Sonreí bobamente. Este nuevo Fye me encantaba, al fin tan maduro y tranquilo como siempre soñé. Pero a pesar de todo eso, no me animé a contarle la verdad y decirle que Shaoran no tiene ni idea de que vivo con él.
—Muchas gracias, de verdad —me senté a su lado en el sofá, noté que no quitaba su mano del estómago y de vez en vez se le escapaba una mueca de dolor.
—Papi ¿Te duele mucho? —se sentó al otro lado del sofá—. ¿Necesitas algo?
—Gracias cariño, pero estoy bien —sonrió y besó su frente sonoramente.
Yo no pude dejar de mirar su rostro pálido y ese ceño levemente fruncido. Creo que lo sorprendí un poco cuando recargué mi cabeza sobre su hombro y rodeé con mi brazo su estómago, apretándolo un poco hacia mí. Deposité un beso en su mejilla y me volví a acomodar como en un principio.
No vi la expresión de su cara, pero la risilla de Ámber me confirmó que él estaba algo avergonzado.
—Tu cara se puso roja —rio con diversión y en seguida sentí cómo ella también se acurrucaba a su lado, sólo que ella puso su cabecita sobre la barriga de Fye, quien suspiró totalmente cómodo. Sonreí por ello.
Los tres nos quedamos así por un rato, hasta que perdí la noción del tiempo. Estando así, todo se me olvidó: la hora del día, nuestros estómagos vacíos, las cosas que aún no bajábamos del auto, Shaoran.
Fui consciente de todo a mí alrededor cuando escuché el insistente timbre de mi celular. Me levanté de un brinco, sin darme cuenta de que Fye había estado descansando su cabeza sobre la mía, el pobre terminó tumbado de lado en el sofá y yo me arrepentí de haberme levantado así, pues mi pierna me reclamaba a gritos. Poco me importó y corrí a contestar la llamada.
—¿Hola?
—¡Sakura, al fin contestas! ¿Estás bien? ¿Dónde te encuentras? ¡Llevo varios días tratando de localizarte ¿Leíste mis mensajes?
—Oh, tranquilo —suspiré—. Lo siento mucho, Shaoran. Tuve algunos asuntos por resolver en estos días, estuve muy ocupada y distraída. No había visto mi teléfono desde entonces, discúlpame de verdad. Pero estoy muy bien y sí, vi tus mensajes. Siento mucho que hayas venido hasta Londres sólo para ver cómo estoy, pero me encuentro bien, no tienes de qué preocuparte. Puedes regresar a China, seguro estarás muy ocupado.
Casi pude percibir cómo Fye alzó una ceja desde el sillón.
—Qué bueno que estás bien… —escuché su pesado suspiro—. ¿A caso crees que regresaré a China sin verte antes? —rio un poco—. Por cierto… fui a tu departamento hace unas horas y me dijeron que tenías meses de no pararte ahí ¿Dónde estás viviendo ahora? ¿Puedo ir a verte?
—Yo… —no sabía qué responder—. Sí, ven a verme —le pasé la dirección de la casa de Fye—. Necesito contarte muchas cosas.
—¡Yo también! Te tengo grandes noticias, pero te las digo en un rato, ya voy en camino. ¡Nos vemos! —colgó, se oía demasiado feliz.
—Déjame adivinar… él no sabe lo que te ocurrió ¿No es así? Y tampoco tiene idea de que vives en mi casa.
—No… —suspiré resignadamente. Estaba por decir algo, pero en ese momento Ámber comenzó a despertar. Los tres nos habíamos quedado dormidos sobre el sofá.
—En ese caso… —se puso de pie con cuidado—. Tendrás mucho de qué hablar con él.
—¿A-a dónde vas?
—Iré a descansar un rato, además, creo que necesitarán privacidad para poder hablar más cómodamente.
—N-no te vayas —ni si quiera lo pensé—. Quédate, por favor.
—Pero…
Ding dong
El timbre sonó. La expresión de Fye mostró una leve mueca de fastidio, creo que en realidad no tenía ganas de ver a Shaoran, antes no lo quería, mucho menos ahora que sabe todo lo que hubo entre nosotros.
Casi me ahogo con mi propio oxigeno cuando veo que Fye va hacia la puerta. Noté cómo respiró profundo antes de abrir.
—Hola, buenas… ¿Fye?
Me acerqué un poco para poder ver la expresión desubicada de mi exnovio.
—Creo que me he equivocado de dirección —miró el papelito que tenía en sus manos.
—No te equivocaste, aquí es. Mi casa —dijo sin expresión alguna, si acaso el fastidio adornaba su rostro. Y una mano apretaba levemente su estómago. Oh no… emociones de este tipo no le hacen nada bien.
—Pero yo…
—Estás buscando a Sakura, lo sé —se dio media vuelta y caminó de nuevo a la sala—. Pasa —le dijo al ver que no entraba—. Ella está aquí —me señaló con la cabeza, yo estaba en medio del corredor entre la sala y el recibidor. Volvió la mirada a Shaoran, sólo que esta vez lo observó detenidamente y sin ningún disimulo. Alzó una ceja, seguramente al verlo tan diferente, pues obviamente en la universidad no acostumbraba vestir traje ni mucho menos corbata.
—¿Sakura? —me miró y parpadeó un par de veces—. ¡Por Dios! ¿Qué te ocurrió? —caminó-corrió hacia mí y hasta tuvo miedo de abrazarme al ver mi pierna y muletas.
—Tengo mucho qué platicarte —suspiré y miré la cara aburrida de Fye, o al menos eso quería aparentar, porque estoy segura de que por dentro se consume en celos.
—Me retiro, si necesitan algo estaré en mi habitación —hizo otra mueca de fastidio y salió de allí sin siquiera esperar a Ámber.
—Hola —saludó la pequeña, con una leve sonrisita—. Soy Ámber ¿Quién eres tú? —sonrió traviesamente, como si ya lo conociera.
—Soy Shaoran —sonrió con ternura y luego me miró con interrogación en su expresión.
—¿Acaso es….? —ahora la miró a ella—. Te pareces mucho a Fye.
—Ámber es hija de Yu…—me atraganté con mis propias palabras—. Es hija de Fye —corregí de inmediato.
—Tienen un gran parecido.
Ámber volvió a sonreír y luego de eso todos nos quedamos en un incómodo silencio. La pequeña optó por ir a acompañar a su padre y dejarnos hablar a solas.
—Así que… vives con él.
—Sí.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Tenía miedo de lo que pudieras pensar de mí.
—No hubiera pensado nada malo. Hemos estado en contacto a diario durante todos estos años, desde hace mucho pudiste haberme dicho lo tuyo con Fye.
Mi corazón se contrajo un poco al ver su expresión dolida.
—Esto en realidad ocurrió hace unos cuantos meses —suspiré—. Te lo voy a explicar todo desde el principio y… sobre Fye y yo, déjame decirte que no hubo nada entre nosotros, sino hasta hace un par de días, cuando nos reconciliamos de verdad. ¿Me dejarías explicarte todo?
—Sakura, tú y yo no somos nada más que amigos. No tienes la obligación de explicarme tus motivos ni tus acciones —suspiró con resignación—. Creo que lo mejor será que me vaya —hizo el ademán de ponerse de pie del sillón, pero lo detuve.
—Quiero explicártelo, porque tú no sólo eres mi amigo. Sabes que eres más que eso para mí.
Le brillaron los ojos ante mis palabras, me sentí un poco culpable al ver que aún guardaba sentimientos especiales hacia mí.
—Eres mi mejor amigo, mi hermano —la felicidad se opacó de inmediato de sus ojos—. Eres mi única familia desde que la mía murió.
—Lo sé —suspiró con una leve sonrisa—. Anda, cuéntamelo todo.
Tomé aire y le expliqué todos los acontecimientos en mi vida durante estos últimos cuatro meses: el accidente, mi operación del corazón ; mi reencuentro con Fye, Kurogane y Tomoyo; cuando me enteré que Fye tenía una hija, el día en que me mudé a esta casa y los motivos que tuve para hacerlo; le expliqué mis sentimientos en cada etapa de esta aventura y él me escuchó por más de media hora, atento, amable y a veces un poco dolido cuando le explicaba lo feliz que me sentí en estos últimos días cuando Fye y yo al fin nos sinceramos, cuando le expliqué mis vacaciones y… quise ahorrarme el hecho de que, después de diez largos años, Fye y yo volvimos a hacer el amor.
—Vaya… —se recargó en el respaldo del sofá, tenía ambas manos sobre sus rodillas y una expresión asombrada adornaba su rostro—. Dime algo…
—¿Si?
—¿La encontraste? —se inclinó un poco hacia mí, sus profundos ojos marrones me miraban intensamente, escaneando cada rincón de mi alma.
—¿Qué…?
—La felicidad ¿La encontraste?
Suspiré con suavidad y le sonreí sinceramente.
—La encontré.
Quiso derrumbarse de nuevo sobre el respaldo, lo sé, pero se contuvo y me dedicó una sonrisa un poco forzada.
—Sakura…—suspiró mientras se llevaba una mano a los ojos—. ¿Estás segura de lo que haces? Me refiero a… él tiene una hija, un pasado, una vida diferente ahora. ¿Esto es lo que quieres?
—Estoy muy segura de eso. Sabes que yo nunca… dejé de quererlo —seleccioné las palabras cuidadosamente. Quería asegurarle que ahora mismo soy mucho más feliz que en cualquier momento durante estos últimos diez años. Si lo decía así podría hacerlo sentir muy mal.
—¿Y él te ama de verdad?
—También estoy segura de ello —contuve una risilla llena de felicidad—. No te preocupes más por mí —tomé su mano y la apreté—. Ahora mismo soy muy feliz.
—Lo sé —alzó una ceja—. Se te nota a cien millas.
—Entonces… ¿Dejarás de preocuparte tanto por mí?
—Eso nunca —me atrajo en un brusco abrazo.
No sé cuánto duró, sólo sé que me sentí muy segura. Como aquella vez cuando mis muñecas se desangraban y la ambulancia tardaba tanto en llegar. Nunca se lo dije, pero recuerdo muy bien todas y cada una de sus lágrimas, recuerdo también cuando dijo que me amaba demasiado como para dejarme ir tan fácilmente. Todo esto lo dijo estando yo "inconsciente" pero lo escuché, lo vi…
—No te pongas triste, seguimos siendo los mismos, seguiremos siendo igual de unidos —tomé su rostro entre mis manos, notando unas leves ojeras seguramente provocadas por el insomnio y preocupación al no contestarle sus mensajes—. Perdóname por preocuparte tanto, es sólo que olvidé mirar mi celular en todos estos días. Lo siento…
—Ya, olvídalo. Debo admitir que durante todos estos años estuve inventándome cualquier pretexto para venir a verte. Esta fue una buena oportunidad —quitó mis manos de sus mejillas y las besó tiernamente.
No pude contener una risilla traviesa.
—¿Y cómo están Meiling y Wei?
—Muy bien. Wei te manda un fuerte abrazo y Meiling… —rodó los ojos—. Ya sabes cómo es. Intentó venir conmigo a la fuerza, pero no podía hacerlo ahora que tiene que planear una boda.
—¿Boda?
—Oh, sí. No te lo dije: Meiling se va a casar en unos meses.
—¡Qué felicidad!
—No dirías lo mismo si vivieras con ella—se masajeó el puente de la nariz—. Mi casa parece de locos con diseñadores, floristas, organizadores y demás entrando y saliendo todo el día. Cuando llego del trabajo lo único que quiero es relajarme un momento, pero en esa casa es imposible.
—Me imagino —suspiré un poco—. ¿Cómo te va en el trabajo?
—Bien… supongo.
Nos quedamos en silencio unos momentos, noté en su expresión que buscaba las palabras correctas para sacar todo ese estrés acumulado. Lo conozco muy bien.
—Aún me dedico a las artes, sabes que es mi pasión, pero últimamente las empresas me consumen mucho tiempo, además… Siguen pidiéndome que me case y tenga hijos. Es realmente irritante.
—A decir verdad… estas en muy buena edad para eso —apoyé la barbilla sobre mi mano y lo miré con aire soñador—. Estoy seguro de que tendrías hijos muy hermosos.
—Eso no está en mis planes por ahora.
—¿Por qué?
—Tuve la oportunidad de tenerlos —bajó la mirada al piso—. Estuvimos por tener uno —murmuró muy bajito, con una expresión de verdad dolida.
—Lo sé —mi corazón se contrajo y un nudo se formó en mi garganta.
—Desde entonces yo no… —calló y apretó la mandíbula.
—Yo tampoco.
—Pero tú podrías tenerlos con Fye.
Vi lo que sufrió al decir estas palabras, pero mayor fue mi dolor al recordar mi incapacidad.
—No puedo tener hijos.
—¿Qué?
—Lo que oíste. No puedo.
—¿Por qué?
—Cuando perdí al nuestro… quedé incapacitada para embarazarme de nuevo.
—Por Dios… Sakura, lo siento tanto. Yo no lo sabía —me tomó entre sus brazos con mucha fuerza y yo contuve mis crecientes ganas de llorar.
—Pero…—me separé del abrazo—…el caso es que tú si puedes —le sonreí—. Y debes aprovechar esa oportunidad que te da la vida. Encuentra a una buena mujer y forma una hermosa familia, te lo mereces —apreté sus manos.
—Tal vez lo haga —suspiró nuevamente—. En ese caso, creo que ya no será necesario mi mensaje de todas las noches. Has encontrado tu felicidad. Y por cierto… esa niña es adorable. Si no los conociera, diría que es hija tuya y de él.
—Te entiendo, porque… ella en verdad es hija de Yuui y Akemi.
—¡¿Qué?!
—Yo también me sorprendí mucho.
—¿Entonces él no tiene hijos? ¿No estuvo casado?
Yo reí un poco.
—Pensaba lo mismo que tú, pero no.
—¿Y él sabe lo que tú y yo tuvimos hace años?
—Lo sabe todo, bueno… a excepción del bebé.
Nos volvimos a quedar en un breve silencio que pronto fue sustituido por las pisadas de alguien bajando las escaleras. Era Fye. Pasó de largo y entró a la cocina.
—Creo que será mejor que me vaya.
—¿Tan pronto? —a decir verdad me desilusioné un poco. Tenía años de no verlo y quería platicarle un montón de cosas.
—Es lo mejor —me sonrió—. Pero no me iré de la ciudad, vendré por ti luego para salir a tomar un café. Claro, si a él no le molesta.
—No lo creo —alzó una ceja con incredulidad—. Ha cambiado.
—Entonces vendré por ti mañana para tomar un café y platicar con más calma.
—Me parece buena idea —me ayudó a ponerme de pie después de él. Lo acompañé hasta el recibidor, donde Fye apareció de nuevo.
—¿Te vas tan pronto? —preguntó, estoico.
—Sí, sólo quería asegurarme de que Sakura se encontraba bien, pero veo que está en muy buenas manos —le sonrió con sinceridad a Fye, fue una sonrisa pequeñísima.
Esto desconcertó mucho a mi novio, no supo bien cómo reaccionar ante esto.
—Umh… sí —de todas formas no dejó de verlo con cierto recelo.
—Cuídala mucho, por favor.
—No tienes ni que decirlo.
Shaoran asintió con la cabeza levemente y se quedaron frente a frente, mirándose a los ojos, como analizándose el uno al otro. Sólo un metro y medio los separaba, pero esa distancia fue acortada por el puño de Shaoran que alcanzó el rostro de Fye en tan sólo un par de segundos.
Antes de que se escuchara el golpe, la puerta principal se abrió, dejando ver a un Kurogane y a una Tomoyo completamente asombrados por lo que alcanzaron a observar.
—¡Shaoran!
—¡Papi!
—¿Pero qué rayos?
Fue la exclamación mía, de Ámber y de Kurogane, respectivamente.
—Me la debías. Ahora estamos a mano —aún con el puño en alto, Shaoran observaba a Fye tumbado en el suelo, sin moverse ni un paso más.
Todos esperamos inmóviles a que se pusiera de pie y devolviera el golpe, o que se iniciara una pelea fuerte entre ambos, pero grande fue la sorpresa de todos cuando vimos que Fye reía con algo de amargura mientras movía su cabeza levemente de un lado a otro.
—Idiota —gruñó mientras se limpiaba el hilo de sangre que corría por su barbilla—. Quedamos a mano —masculló entre dientes, sin dejar de mirarlo.
Shaoran sonrió y le extendió su mano a mi novio, quien la aceptó y le respondió con la misma sonrisa.
—Nos vemos pronto —besó mi frente y se dirigió a la puerta principal—. Tomoyo, Kurogane —los miró con una sonrisa—. Un gusto verlos de nuevo, con permiso.
Y sin más se retiró de la residencia.
Fye
—Te dio una buena paliza, mi amigo —se burló mientras yo abría el congelador y sacaba una bolsa de verduras congeladas. Las puse directo sobre el lado izquierdo de mi cara, ya se me empezaba a inflamar.
—Yo lo dejé peor cuando lo golpeé hace diez años.
—Sí, claro.
Me senté en un taburete frente a mi amigo. Me dolía el golpe, pero estaba feliz al saber que Sakura era mía y sólo mía. Me bastó ese gesto por parte de Shaoran, esa sonrisa y ese golpe fueron como un: "Tú ganas, pero aquí te va mi despedida"
Pronto, mi mente voló a los recuerdos de esa maravillosa noche con Sakura. Si tan sólo no me hubieran ocurrido tantas cosas… bueno, debo admitir que gracias a que ella quiso curar mi golpe de la espalda, fue que pasamos la noche de esa forma, pero despertar de esa manera no fue lo más grato ni conveniente, además estaba la expresión en su rostro… muy similar a la cara aterrorizada de mi pequeña hija.
Suspiré.
De todas formas, y sin importar lo que pasó, nada me quita el gusto de que pasé la mejor noche de mi vida. Evoqué cada momento, cada caricia y sensación, cada palabra de amor…
—Algo me dice que estás teniendo pensamientos no muy puros en tu mente… no sé, quizá estés recordando algo sucedido en el viaje. Quizá… tu noche de pasión con Sakura.
Lo escuché, pero no me inmuté. Seguí presionando la bolsa congelada contra mi rostro, pero no pude evitar que una sonrisa boba adornara mi expresión.
—Si te refieres a Bibury, umh… sí, el viaje estuvo muy interesante —lo dije tranquilamente, sin doble sentido.
—¿Qué estás insinuando? —alzó una ceja inquisitiva y yo me limité a sonreír victorioso. Pude ver como no hizo ningún esfuerzo para contener su risa—. ¡En serio hombre! No puedo creer que lo hicieras, pero…. ¡Oye! —exclamó de mal humor—. Te dije que nada de esfuerzos para ella, aún le falta recuperarse un poco para comenzar la fisioterapia y tú ya le diste varias sesiones —me miró con reproche.
Yo sólo me encogí de hombros y reí abiertamente.
—No la dejé que se esforzara mucho, al menos no en ese sentido —volví a reír un poco ante su expresión reprobatoria.
—¿Entonces es en serio?
—Que Sakura y yo… sí, es en serio.
—Vaya…
—Estamos mejor que nunca.
—Tomoyo se va a poner…
Fue interrumpido por un gritillo lleno de emoción proveniente de la sala. Kurogane y yo nos miramos y casi nos echamos a reír de nuevo.
—Creo que ya lo sabe —rodó los ojos—. Mujeres.
—Lo sé —reí un poco y suspiré al recordar la visita de Shaoran.
Estuve tentado a sentarme en las escaleras y escuchar su conversación, pero decidí que ahora haría las cosas de distinta manera, si quiero algo serio con Sakura, tendré que darle su espacio, después de todo lo que hemos pasado… veo imposible que alguno de los dos decida buscar el amor en alguien más. Pero aun así… cuando lo vi se me hizo un nudo en el estómago, casi pude sentir cómo mi úlcera se hacía más grande y es que tener frente a ti al hombre que hizo suya a tú mujer, Dios, eso sí que enfurece. De todas formas no puedo odiarlo del todo, no al saber que la ayudó de todas las maneras posibles y que, de no ser por él, quizá ella ya no existiría en este mundo.
—¿Qué te pasa? Estás raro y llevas haciendo ruidos quejumbrosos desde hace rato.
—¿En serio? —me sorprendí un poco—. Umh… nada.
—Ya, suéltalo.
Suspiré, era imposible ocultarle algo a Kurogane. Desde aquella vez que ingerí todo un coctel de AINES, él se volvió tan observador como mi padre. Se dan cuenta incluso de los días en que amanezco con un poco más de acidez.
—Olvidé llevar mis medicamentos al viaje y tuve una crisis allá.
—Eso explica tu cara de fantasma —gruñó—. Maldición, debes tener más cuidado con eso. Sé que te repones rápido, pero eso no borra los sustos que le haces pasar a mi sobrina.
—Lo sé, y ahora ella no fue la única que lo presenció.
—¿Ya tomaste los medicamentos?
—Ya.
—¿Y qué demonios haces aquí? Deberías estar en cama, tú más que nadie debería saberlo, ¡Eres médico, por Dios!
—Ya, ya —me puse de pie y me dirigí a la puerta de la cocina, pero la voz de mi amigo me detuvo.
—¿Cuidarás de ella? Me refiero… No le causarás daño ¿Verdad?
—Antes moriría, te lo juro.
—Bueno, espero que ella piense lo mismo que tú.
—¿Qué? —reí—. ¿Si ella me hace daño tú me defenderías?
—Idiota —rodó los ojos y ambos reímos con ganas.
—Sólo queremos verlos felices, a los tres. Y por lo que he visto, Ámber se enamoró a primera vista de Sakura.
—Mi hija y yo tenemos eso en común —reí.
—Igual de chiflados, también.
—Un poco.
Suspiré con cansancio y salí de la cocina, procuré no ser visto por ninguna de las mujeres en la sala. Si me veían subir a mi cuarto me preguntarían qué me pasaba o si me encontraba bien, y a decir verdad no tenía ganas de preocupar a nadie más. Suficiente con estos dos días.
No me molesté en quitarme nada de ropa, simplemente tomé un par más de antiácidos y me eché bocabajo sobre el colchón. Estaba exhausto. No volví a saber de mí, sino hasta (según yo) un par de horas después, cuando de pronto me hallé acostado bocarriba, cubierto con las mantas hasta la cintura y con un cuerpo pequeño y caliente a mi lado. Traté de enfocar mis ojos, y al hacerlo pude darme cuenta que se trataba de mi hermosa novia acurrucada a mi lado.
Mi satisfacción no podía ser mayor. Me estiré perezosamente en la cama y me giré un poco sobre mi costado para atraerla con cuidado a mis brazos y sentirla más cerca. Fue ahí cuando noté que ya era de noche, la luna estaba muy en alto.
¡Por dios! Dormí todo el día.
—No Fye… mi amor, no quiero más hot cakes, estoy muy satisfecha —murmuró entre sueños.
Tuve que cubrirme la boca para no estallar en carcajadas.
—Oh mi amor… —besé su cabello y reí bajito—… no te preocupes, no tienes que acabártelos todos —susurré.
—Pero… cariño, es que están muy ricos —hizo puchero y de nuevo hice un esfuerzo olímpico por no reír.
—Los guardaré para más tarde, anda, descansa.
—Pero Ámber se los va a acabar…
—No importa. Me tendrás a tu lado el resto de nuestras vidas, y te prepararé todo lo que quieras, mi amor, todo lo que quieras —besé su frente y una enorme y adormilada sonrisa adornó su bello rostro.
—Te amo tanto… —a su suspiro le siguió una respiración lenta y acompasada.
Mi respiración se atoró en mi garganta. Desde que nos reconciliamos son contadas las veces en que ella dice que me ama y justo ahora lo dijo con tanta naturalidad que… oh, incluso creo que me sonrojé. Además, ella sigue llamándome "Fye" a secas. Es la primera vez en años que la escucho decirme "Mi amor" o "cariño"
—Yo también te amo —fui capaz de responder luego de un rato. Luego de eso ya no pude conciliar el sueño, pasé el resto de la noche mirando su rostro, acariciando su cabello y mirando la tranquilidad de su respiración.
Unas horas antes del amanecer entró Ámber a la habitación, venía con su pijama; toda despeinada y con marcas de la almohada en la mejilla. Le hice señas con la mano para que no hiciera mucho ruido, pues Sakura aún dormía.
—¿Puedo? —murmuró muy bajito, señalando la cama. Yo sonreí y asentí, total, aún faltaban unas cuantas horas para tener que levantarme y llevarla al colegio.
De un brinco se metió a la cama, al lado opuesto de donde estaba Sakura. Así que las tenía una a cada lado.
Semanas después…
El tiempo se fue volando, la relación entre Sakura y Fye florecía día con día. Cada vez la castaña tenía más confianza y se atrevía a llamarlo "mi amor" o "cariño" con más naturalidad, todo volvía a ser como en sus mejores tiempos, o aún mejor. Fye ya no había presentado molestias y ella poco a poco se recuperaba más de su pierna, incluso ya había comenzado la rehabilitación con Kurogane, en el hospital, pero la pobre lloraba durante toda la sesión, suplicando porque se acabara pronto. El ojiazul acusó a su mejor amigo de ser muy brusco, aunque sabía cómo debían ser esas sesiones, así que el moreno se lo quitó de encima, prohibiéndole el paso a las sesiones de terapia física. Lo bueno de todo eso, es que Sakura cada vez podía apoyar mejor la pierna sin sufrir tanto dolor, ya caminaba más distancia sin cansarse tanto.
En cuanto a la situación con Shaoran… tal como había prometido, fue al día siguiente de su primera visita para invitarla a tomar un café, Fye no pudo reclamar nada, después de todo Sakura vivía con ÉL, no con Shaoran. Tuvo que repetírselo toda la tarde para contenerse de ir y sacarla de esa cafetería. Lo que él no sabía, era que Shaoran llegó a Londres no sólo con la intención de ver cómo estaba Sakura, no, también llegó con una oferta muy tentadora para un profesionista en las artes, como lo era la castaña.
—¿Qué es esto? —miró la tarjetita con un nombre y teléfono escritos en ella.
—Es el nombre y teléfono del director del nuevo museo de ciencias naturales en Hong Kong. Está buscando a alguien que se encargue de dirigir las obras que tienen que hacerse en todo el museo. Obviamente le mostré tu talento con la pintura y no dudó ni un segundo en requerir tus servicios. Opino que es una buena oferta, pues además de que te encargarás de dirigir a los artistas involucrados, tendrás la libertad de elegir qué obras pintarás. Sin mencionar que el suelo es mucho más de lo que nos han pagado a ti o a mí antes.
—No-puedo-creerlo —apretó el papelito entre sus manos—. ¡Es un sueño hecho realidad! ¡Por supuesto que acepto y…! Oh… espera, no, no puedo…
—¿Por qué no?
—Estoy por comenzar una nueva vida aquí, junto a Fye, junto a Ámber.
—Pero será temporal. Ese empleo dejará muy buenas marcas en tu historial, en tu carrera —tomó las manos de la ojiverde—. Piénsalo —le guiñó un ojo. Tienes un par de meses para decidirte.
Desde ese día estuvo pensando en la opción de irse y dar ese gran paso en su carrera, pero… simplemente no podía dejar lo que tenía en Londres, su nueva familia importaba más que nada, no los abandonaría nunca. Ni siquiera se molestó en decírselo a Fye, pues era un hecho que no se separaría de ellos por ninguna razón, motivo o circunstancia.
Sakura
Salí de tomar mi relajante baño y luego de estar seca y vestida, decidí bajar a desayunar algo, pero me detuve en medio de la sala al escuchar una hermosa melodía en piano. Caminé silenciosamente con mis muletas hasta asomarme al salón donde estaba el majestuoso piano de Fye.
La escena fue simplemente conmovedora. Ámber (Quien apenas alcanzaba los pedales) tocaba una pieza a cuatro manos junto con su padre, los dos se complementaban excelentemente bien y formaban una armonía y melodía perfecta.
Si tan sólo pudiera capturar este momento para la eternidad.
¡Es verdad!
Saqué mi teléfono y de inmediato tomé un par de fotos en silencio, seguidas de un video. Y es que eran simplemente tiernos. Padre e hija tocando el piano de esa manera tan entrañable.
Últimamente practicaban mucho juntos, pues el recital de Ámber se acercaba cada vez más, estamos a sólo dos días de verla tocar el piano frente a todos sus compañeros del colegio.
OoOoOoOoO
Estamos en primera fila, justo donde Ámber podrá vernos cuando salga al escenario. Fye sentado a mi lado y tomando mi mano. Casi pude sentir la mirada asesina de la mayoría de las madres de los niños.
De pronto Fye se me acercó un poco más y pasó su brazo sobre mis hombros, así yo recargué cómodamente la cabeza contra su hombro. Me sentía tan bien, tan feliz que podía permanecer en esta posición por mucho tiempo, por toda la vida, por siempre.
Miramos hacia el escenario, el recital aún no comenzaba, pero ya podía sentir los nervios en mi estómago. Ámber sería la última en tocar el piano, pero como dicen: lo mejor siempre viene al final.
Sentí un escalofrío de repente. Busqué la causa de ello con mis ojos, hasta que me topé con una mirada gélida, fija en mí. La mujer ni siquiera se molestó en disimular, me estaba mirando muy feo. Estaba por decirle a Fye que no aguantaría mucho tiempo esa atmósfera tan pesada, pero toda incomodidad se esfumó cuando sentí un tierno susurro en mi oído.
—Te ves hermosa —me provocó un ligero cosquilleo y una risita nerviosa—. Debes ser la mamá más sexy de todo el auditorio —dijo con un tinte seductor, casi pude leer sus pensamientos pervertidos, lo que me hizo sonrojar hasta las orejas—. Es un bonito vestido el que te eligió Tomoyo, pero apuesto a que se vería mejor en el piso del cuarto…
—¡Fye! —exclamé, no muy alto como para llamar la atención, pero suficiente para que él soltara una risilla cantarina.
—Es la verdad —admitió como niño inocente, encogiéndose de hombros.
El recital dio inicio con un niño tocando la flauta dulce. A decir verdad no era muy talentoso, pero se le notaba el esfuerzo y empeño que puso en ello, así que de todas formas el público le aplaudió. Después de él apareció otro niño, con otra flauta dulce…
No lo puedo negar, fue algo aburrido al principio. Ninguno de estos niños le llegaba ni a los talones a Ámber.
Sonreí al recordar algo que…. De verdad, me impactó mucho.
Cuando llegamos al colegio, los compañeritos de Ámber comenzaron a preguntarle quién era yo, pues siempre la veían sólo con su padre. Ella me miró a los ojos antes de responder:
"—Es mi mamá ¿No la conocían?"
Los ojos se me inundaron en lágrimas. Cuando giré para ver a mi novio, noté que no estaba en mejores condiciones que yo. A los dos nos impactó mucho esa respuesta por parte de Ámber.
—¡Qué niña tan talentosa!
Escuché que alguien decía a nuestras espaldas. Noté la sonrisa orgullosa de Fye, quien no despegaba sus hermosos zafiros brillantes de la pequeña Ámber, quien, desde aquí no se veía tan pequeña. Parecía una linda señorita, interpretando una melodía que pocos a su edad podrían hacerlo.
OoOoOoOoOoO
Alguien me atrapó entre sus brazos sin previo aviso, yo solté un leve gritillo y vi de quien se trataba hasta que giré mi rostro hacia atrás.
—¡Me asustaste! No me di cuenta de cuando llegaste —me llevé una mano al pecho, aún asustada.
—Lo siento —vi verdadera preocupación en su rostro—. Acabo de llegar, pero veo que estás muy concentrada —apoyó su mentón en mi hombro, viendo mi pintura—. ¿Qué es?
—Una sorpresa —reí bajito.
—¿No me dirás? —hizo puchero.
—No.
—Entonces esperaré —se me separó un poco hasta ponerse a mi lado observando lo que pintaba. Permanecimos así durante un rato hasta que sentí sus ojos clavados en mí, me puse nerviosa y lo encaré con una ceja alzada, él sonrió—. Me gustaría que todos los días fueran así.
—Así ¿Cómo? —volví a mi pintura.
—Tú en mi casa cada que vuelvo del trabajo.
—Pero siempre es así —respondí con algo de distracción y es que estaba batallando para encontrar el tono deseado para el fondo de mi cuadro.
Escuché que suspiró.
—Sí, lo sé, pero… lo que quiero decir es que me gustaría que fuese siempre así.
—Pero así ha sido todos estos meses —seguí pintando.
—Sakura —detuvo mi mano y pincel, y me miró fijamente—. En un par de meses te rehabilitarás por completo y te irás de mi lado, no quiero eso, no lo soportaría. Lo que te estoy diciendo es que me gustaría que todos los días fueran así de ahora en adelante, tú en mi vida y en la de Ámber, siempre. Y al pensar en todo esto tuve una gran idea —sus ojos brillaron, mal asunto… eso sólo tenía un significado: su gran idea era muy radical; y cuando Fye tenía una idea de ese tipo, ya me podía echar a temblar. Una sonrisa relampagueante cruzó su rostro.
—Esto me está dando miedo —admití en un susurro.
—No te asustes, no es nada malo, creo… —murmuró esto último para sí mismo.
—Fye… —le advertí, pidiéndole con la mirada que se dejara de tanto misterio.
—Ya, ya —se acercó a mí y tomó mis mejillas entre sus cálidas manos, sus ojos brillaron como pocas veces y su sonrisa resplandeció como nunca—. ¿Nos casamos?
Continuará…
