We Meet Again

By Tsuki No Hana

XVII

"Enemigo en casa"

—Espera… ¿Qué?

—Sí, casarnos ¿Qué dices?

—Oh… bueno, no es algo que pueda responder tan fácilmente, me lo preguntas como si se tratara de algo sencillo, lo cual no digo que sea complicado, pero es como si dijeras: "Hey, se acabó el papel higiénico, iré a la tienda por más" ¡Y no! Esto es… es…

No la dejó continuar, sus labios sobre los de ella fue lo único que los dos pudieron sentir en ese momento. Las manos masculinas se aferraron al pequeño cuerpo, la apretó contra sí con tanta fuerza que parecía que su intención más que besarla era la de absorberla. Rápidamente su cuerpo se incendió dando paso a un ardiente torrente de emociones incontroladas que no estaba seguro de saber manejar.

—Hablas mucho cuando te pones nerviosa —susurró cerca de sus labios, admirando su expresión confundida durante unos segundos antes de besarla nuevamente, pero ahora con toda la lentitud del mundo, como si no existiera más el flujo del tiempo.

—Fye… yo —se separó un poco.

—¿Necesitas pensarlo? —una expresión de completa devastación adornó la faz del rubio.

—No, claro que no, yo…

—Porque si es así… entonces tendré que raptarte y llevarte lejos hasta obligarte a firmar el acta de matrimonio. No acepto un no por respuesta, Sakura Kinomoto.

La aludida soltó una carcajada.

—Tonto. No necesitas hacer nada de eso. Si pudiera… me casaría ahora mismo contigo.

—¿E-eso es un sí? —tartamudeó un poco.

—¿Tú que crees?

Él no lo esperó más y devoró sus labios con hambre y vehemencia.

OoOoOoOoO

—¿Te gusta tu nueva casa, Harry?

—Sí, me gusta mucho —sonrió amablemente a su amiga—. Aunque han sido muchos cambios en tan poco tiempo… —suspiró.

—¿Extrañas mucho a tu mamá?

El pequeño apretó las sábanas bajo sus manos, al igual que los dientes y párpados. Aún le dolía tocar ese tema.

—Sí. Pero… To… digo, mi nueva mamá es muy buena —sonrió con algo de tristeza—. Ella y mi padre me cuidan todos los días, juegan conmigo y pasamos mucho tiempo juntos. Ellos son mi familia hora y yo de verdad los quiero mucho.

—Pues sí, mis tíos son muy buenos —soltó una risita y luego brincó a la cama de su amigo, sentándose al pie del colchón—. Si tus papás son mis tíos, eso nos hace a ti y a mí primos, ¿No es así?

—No realmente —respondió con educación el pequeño de diez años—. Tu padre no es hermano de ninguno de mis padres, además, yo no llevo su sangre.

—Oh, ya veo… —se desanimó un poco.

—Pero podemos ser primos de todas formas.

—¡Sí!

—Y tú… ¿No extrañas a tu madre? —fue turno de Harry de preguntar.

—No la recuerdo. Murió cuando yo era una bebé, pero… ahora tengo a la mejor mamá del mundo.

—¿Quién es? —se asombró.

—Sakura.

—¿¡El doctor Fye y la señorita Kinomoto se casaron?! —preguntó, asombrado.

—No —parpadeó confundida—. No están casados.

—Entonces aún no puede ser tu mamá. Tienen que estar casados.

—Uhm… —se llevó una manita a la barbilla, pensativa.

OoOoOoOoO

Lo primero que se le vino a la mente luego de recibir tal propuesta, fue el recuerdo de cuando Shaoran hizo lo mismo, recordó lo lindo y romántico que fue. La había invitado a un restaurant muy lujoso y hermoso para pedirle que se casara con él, y recordaba también la emoción que sintió en ese momento: Nada comparada con la gran emoción e ilusión que sentía justo ahora. Podía decir con franqueza que nunca antes se había emocionado tanto, su cuerpo fue recorrido por un agradable calorcito y su corazón se llenó con la esperanza de que poco a poco toda su vida se iría acomodando de ahora en adelante, el pasado no le pisaría más los talones, no señor.

—Gracias, gracias, gracias —besó la frente, mejilla y labios de ella con cada "gracias"

—¿Por qué? —rio.

—Por aceptarme en tu vida después de lo idiota que fui, de verdad, gracias.

—Fye —se le llenaron los ojos de lágrimas.

—No te pongas triste, tenemos toda una vida por delante. Tú, yo, Ámber y todos los hermanitos que le vamos a dar.

—¿Hermanitos?

—¿No te gustaría tener hijos? —la miró con algo de tristeza al pensar que ella no quería.

—Sí, pero… —suspiró y desvió la mirada—. Yo no… yo no puedo.

—¡Ya llegué!

Un azotón de puerta, seguido de unas pisadas aceleradas, indicaron que Ámber había llegado a casa.

—¡Papi! ¡Sakura! ¿Podemos salir a comprar un helado? Hace calor.

—Eh… sí cariño —le sonrió el médico.

—Sólo deja que me cambie de ropa y vamos —sonrió, feliz de que la interrupción de Ámber la salvara.

—Pero así estás hermosa mi amor —la rodeó con sus brazos, logrando ponerla de mil colores—. Vamos, así aprovechamos para comprar algo de despensa y al mismo tiempo caminas un rato ¿Te parece?

La aludida asintió, aún colorada por la forma en que Fye la abrazaba en frente de Ámber, la niña sólo reía feliz de la vida al verla en apuros.

—No te sientas incómoda en frente de Ámber. Ella sabe lo mucho que te amo, y por si no te has dado cuenta, se pone muy feliz cada vez que nos ve siendo cariñosos. Aunque…—hizo un puchero al mismo tiempo que la soltaba—. Eres muy fría conmigo cuando ella está presente.

—B-bueno, es sólo que me da pena —se rascó la mejilla.

—¡No tienes por qué avergonzarte! —rio un poco—. Espero que no te sientas así cuando mi padre llegue en unos días.

—¡¿Ashura-san va a venir?! —se emocionó mucho.

—Por supuesto que sí. Le dije que te pediría matrimonio y él estaba seguro de que aceptarías, así que quiere venir para felicitarnos en persona.

—Ya quiero verlo.

—Yo también —suspiró.

Salieron juntos como una feliz familia rumbo al super mercado, donde comieron primero un delicioso helado y en seguida surtieron algunas cosas que faltaban en la despensa.

Sakura

Llegamos a la casa después de pasar un momento realmente agradable. Por un momento sentí todo más real, casi podía palpar con mis dedos la felicidad que nos rodea a los tres. Si hace un año me hubieran dicho lo feliz que iba a ser en unos meses, no lo hubiera creído.

Mi relación con Ámber es cada vez más estrecha, puedo sentir que tengo toda su confianza y que su amor hacia mí es puro y verdadero. No se lo he querido comentar para no hacerla sentir comprometida a hacerlo, pero… aún no puedo olvidar la vez en que me presentó como su madre ante sus amigos. No puedo superar la alegría que me dio en esos momentos y a decir verdad… extraño que vuelva a hacerlo. Yo sería feliz si ella me llamara "mamá" sería todo un honor para mí que la hija de Yuui y Akemi me llame de esa manera.

—Espera aquí, iremos por las bolsas que faltan —me dijo con una sonrisa ladina cuando terminó de ayudarme a sentarme en el sillón. Yo sólo asentí con la cabeza y vi cómo salía de la casa con una Ámber saltarina detrás de él.

Me encanta ver cómo los dos se parecen tanto, y en lo que no, se complementan.

Quise ayudar a bajar las bolsas de la despensa que recién habíamos comprado, pero dudo ser de mucha ayuda, por eso ahora me toca esperar en el sillón de la sala. Ámber fue considerada y me dejó el televisor encendido para que no me aburriera mientras tanto. Tan linda como siempre…

Así que me dispuse a ver qué estaban transmitiendo en ese canal, pero antes de que pusiera atención voluntaria a la T.V., una canción espeluznante me erizó la piel por completo…

"Party girls don't get hurt
Can't feel anything, when will I learn
I push it down, push it down…"

No puedo moverme, la música llena cada rincón de mi ser y paraliza mis pensamientos. Otro escalofrío me ataca al escuchar la siguiente estrofa…

"I'm the one "for a good time call"
Phone's blowin' up, they're ringin' my doorbell
I feel the love, feel the love…"

No…

¡No! ¿Por qué tiene que sonar esa canción de nuevo? Tenía años de no escucharla, y nunca pensé que podría reaccionar así al reencontrarme con ella. La música retumba en mi cabeza a pesar de que me llevo ambas manos a los oídos, recordándome lo que fui y lo que nunca dejaré de ser: Una suicida. La canción es sobre una suicida… exactamente lo que fui y lo que temo seguir siendo… y es que ¿Qué razones tengo para vivir? Mi familia está muerta, estoy sola en el mundo y ahora con este accidente… tal vez no vuelva a caminar.

"I'm gonna swing from the chandelier, from the chandelier
I'm gonna live like tomorrow doesn't exist
Like it doesn't exist…"

¿Qué razones hay? No encuentro ninguna. Mi mente vuela de nuevo al pasado: drogas, alcohol, sufrimiento, falsas esperanzas de una noche, dolor que quita otros dolores peores, cuchillas, sangre…

Quisiera vivir como si el mañana no existiera, sin arrepentirme de nada, sin sentir dolor, ni pena, ni sufrimiento. Quisiera no existir.

"I'm gonna fly like a bird through the night, feel my tears as they dry
I'm gonna swing from the chandelier, from the…."

La música se detuvo abruptamente, pero aún seguía sonando en mi mente, retumbando como música de muerte que me llama a seguir sus pasos. No me doy cuenta de mi estado hasta que una voz lejana me hace reaccionar. Con mi vista nublada por las lágrimas veo a Fye junto a la televisión, lo había apagado con urgencia, sus ojos mostraban consternación y no dudó ni un segundo en mandar a Ámber a otro lado. Escuché que le pedía que subiera a su habitación un rato. Ella pareció refutar la idea, pero él sólo la miró con el ceño fruncido y fue más que suficiente para que la pobre pequeña subiera a su habitación con muchas preguntas y una gran preocupación.

Agradecí internamente que Fye hiciera eso. No sabría cómo explicarle mi vida retorcida a la pequeña Ámber, ni siquiera se merecía escuchar una historia tan deplorablemente humillante, ella no… una buena niña como ella no debe saber nunca lo que me pasó.

Mi mente dejó de divagar cuando sentí cómo unas manos tuvieron que hacer fuerza para quitar las mías de los oídos; también sentí la fuerza que tuvieron que hacer esas manos para abrir las mías, pues hasta ahora reparé en mis uñas encajándose filosamente en mis palmas, al grado de sacarme sangre.

—Sakura —al fin escuché su voz clara y firme.

Hasta ahora entendí que las manos en mis oídos eran la causa de que no escuchara bien a mi alrededor. Tampoco me había percatado de que casi estaba hecha bolita sobre el sillón, con mi pierna sana recogida y la rodilla pegada a mi pecho.

—Sakura, mi amor —repitió mi nombre, esta vez tomándome de las mejillas con firmeza para obligarme a verlo a los ojos—. Estás a salvo, estás aquí… conmigo —limpió suavemente mis lágrimas con sus pulgares, sin dejar de verme a los ojos en ningún momento.

Yo desvié la mirada, no soportaba tener esos ojos tristes mirándome casi con lástima, odiaba eso. Reparé en mis manos llenas de sangre y por un momento creí ver un par de cortadas en cada muñeca. Un sentimiento de asco y pavor me atacó. Parpadeé un par de veces y descubrí que había sido mi imaginación, la sangre era a causa de mis uñas clavadas en la piel de mis palmas.

—Tranquila —tomó ambas manos con cariño—. Te curaré eso, pero antes… ¿Estás mejor? —agachó un poco la cabeza para poder verme al rostro, pues yo miraba hacia el piso, aún en shock.

No pude contestarle, aunque quisiera, no podía verlo a los ojos y sentir esa preocupación tan sincera en ellos, si lo hacía terminaría echándome a llorar y era lo que menos quería en estos momentos, aunque… ya lo estaba haciendo un poco.

—Cariño —insistió, ahora más fuerte y serio, pero yo no le respondí, ni siquiera me moví —¡Sakura, di algo! —me tomó de los hombros y me zarandeó un poco. Lo miré a los ojos, sí, y noté esa preocupación latente en su mirada tan azul.

Me quedé colgada de esos ojos, sin decir nada, otra vez…

Impresionantemente pude ver cómo sus zafiros se llenaban de agua con lentitud, suavizó su agarre en mis hombros para luego rodearme por completo con sus fuertes brazos protectores. El abrazo era intenso y reconfortante, muy reconfortante….

Sus lágrimas mojando mi hombro fue lo que me trajo de un tirón a la realidad.

¿Cómo rayos me atrevía a decir que no tenía razones para vivir? Cuando… ¡Los tengo a ellos dos! Las personas que actualmente son lo más importante en mi vida. Hace apenas unos minutos estaba pensando en mi enorme felicidad inmerecida y ahora casi me olvido de que estoy por casarme con el hombre al que amo y que tengo a la hija más hermosa del planeta. Me doy cuenta de mi desfachatez y no puedo hacer más que aferrarme con todas mis fuerzas a la ancha espalda de Fye, y llorar como una bebé: fuerte e intensamente.

—Lo-lo siento… lo siento mucho —le digo entre mi pesado llanto que apenas me deja hablar. Él no dice nada, sólo intensifica el contacto.

—Sé lo que significa esa canción para ti —dijo después de un rato, cuando mi llanto había minimizado un poco, pero aun así no me soltaba—. Y creo entender los pensamientos que cruzaban por tu mente hace unos momentos, así que sólo me queda decirte que no estás sola, nos tienes a Ámber y a mí. Somos tu familia y te amamos.

Mi corazón se detuvo. Pareciera que leyó mi mente y ahora me entendía a la perfección. Sonreí en medio de mi llanto. Tal como era desde que lo conocí: siempre tenía las palabras perfectas en el momento indicado, haciéndome sentir mejor.

—Y no tienes razón para disculparte —acaricia mi cabello, aun abrazándome—. Así que no te contengas y saca todo lo que tengas dentro porque quiero verte sonreír de nuevo, mi flor de cerezo…

—Gracias…—susurro con la voz algo quebrada y sigo llorando en sus brazos durante un rato más hasta que el sueño comienza a invadirme poco a poco.

Por un momento llegué a creer que todo esto era una ilusión, que despertaría de un amargo sueño, en el hospital donde me atendían después de un intento fallido con las navajas. Porque justamente eso había ocurrido hace años, cuando creí estar entre sus brazos, estaba en realidad en la cama de un hospital, con la vida pendiendo de un hilo por mi propia causa.

En un intento por alejar esos malos pensamientos, aprieto su camisa entre mis puños para sentirlo real y a mi lado, pero al hacer esto no puedo evitar soltar un leve quejido. Él se separa con suavidad del abrazo y mira las palmas de mis manos con un gesto preocupado. Quise verle los ojos, pero al parecer no me lo permitió, tenía la mirada baja y cuando estaba por conectar mi mirada con la suya, se puso de pie y volvió unos segundos después con botiquín en mano.

—No son muy profundas, pero vaya que tienes uñas filosas —dejó el botiquín a su lado y se pasó la manga de su jersey por todo el rostro. Es ahí donde me doy cuenta de que había estado llorando en silencio junto conmigo. En mi vida lo había visto llorar sólo un par de veces, así que podía clasificar esos ojos enrojecidos y brillantes como rastro de un llanto.

Tomó mis dos manos y las dejó sobre su regazo, pero eso ni nada me hizo despegar los ojos de su rostro. Pude notar que seguía siendo como antes, pues luego de llorar, su rostro siempre se veía como el de un niño pequeño, y eso no había cambiado en lo absoluto.

—¿Qué ocurre? —preguntó con una leve sonrisa, muy suave y algo nerviosa, pues no le había despegado la mirada ni un segundo—. ¿Tengo algo raro en la cara? —yo sólo negué con la cabeza y luego hice un gesto de dolor, pues me ardían las palmas—. Lo siento, iré más despacio —dijo, sin borrar esa sonrisilla leve de sus labios.

A partir de ahí se dedicó por completo a curar mis heridas con total atención y cuidado. Podía jurar que sus manos acariciaban las mías en vez de sólo curarlas. Era algo dolorosamente placentero, pues el ardor no se iba, pero sus grandes manos masculinas daban alivio a mi alma.

Desvié mi atención de su rostro y miré cómo curaba mis manos. Tan cuidadoso, tan cálido, tan Fye…

Finalmente terminó de vendarlas y se quedó mirándolas unos momentos luego de eso. Yo lo observaba sin decir nada, hasta que con sus pulgares acarició cierta parte que había captado su atención desde hace rato. No pude evitar un pequeño sobresalto al sentir sus dedos acariciando mis cicatrices. En un principio sentí la necesidad de alejarlas y esconderlas de nuevo bajo las mangas de mi jersey, pero su contacto era tan suave y cálido, que poco me importó que las viera… total, ya se las había enseñado hace poco tiempo.

—Sigo sin creerlo —por primera vez en mucho rato, alzó la mirada para toparse con la mía. Supuse que se refería al hecho de que yo tuviera el atrevimiento de intentar quitarme la vida—. Si tan sólo no me hubiera alejado, tal vez las cosas serían distintas y…

—No podemos cambiar el pasado —dije abruptamente, interrumpiéndolo con algo de molestia en mi tono, no me gustaba ver esa expresión lastimosa en su rostro, así que oculté mis manos de nuevo en su lugar de siempre. Además, no tenía ganas de discutir lo ocurrido ya hace tantos años, no valía la pena seguir hablando de ello.

—Lo siento —apretó suavemente mis manos entre las suyas, miraba mis cicatrices con una pensativa expresión.

—¿Y esas cicatrices? —su voz asustada inundó toda la sala. No nos dimos cuenta del momento en que bajó.

—Ámber, cariño…

—Son marcas de guerra —interrumpí a Fye.

—¿Guerra? ¿Y contra quién?

—Contra mí misma.

—Y… ¿Ganaste?

—Afortunadamente no —le sonreí con suavidad. Noté la mirada asombrada de mi novio.

Ámber ya no dijo nada, sólo empujó un poco a su padre para poder sentarse en medio de ambos y recostar su cabeza en mi regazo. Debo admitir que fue bastante tierno y adorable. Ella no me dijo nada, simplemente rodeó mi cintura con sus delgados brazos y me apretó con mucho amor, se sentía tan reconfortante, era justo lo que necesitaba y ella… supo descifrarlo muy bien.

—Gracias —susurré antes de besar su cabello.

OoOoOoOoO

—Me da tanto gusto ver que ya estás casi recuperada —me rodeó con sus brazos, yo correspondí con mucho cariño, lo había extrañado tanto.

—Es gracias a los cuidados que me han dado todo este tiempo —miré a mis amigos con su nuevo hijo, a Fye y a Ámber.

Ashura había llegado al atardecer y antes de que Ámber y Fye fueran al aeropuerto, mi novio me dijo que iríamos a cenar a The Clink Restaurant, por lo que he oído de ese lugar, puedo decir que es muy elegante y fino. Me imagino que debió extrañar mucho a su padre, así que le dará la bienvenida con una cena ahí.

El problema ahora sería buscar un vestido de acuerdo a la ocasión. Subí las escaleras con mucha menos dificultad que un par de semanas atrás y apenas al entrar a nuestra recámara (Sí, Fye y yo decidimos dormir en el mismo cuarto) pude ver un hermoso vestido color crema sobre la cama. Era delicado, de una tela suave y fina, la espalda la llevaba descubierta casi en su totalidad. El único problema es que era vestido corto, o al menos un poco arriba de la rodilla. Esto significaba que se vería la enorme férula que me habían puesto.

Suspiré.

Ya faltaba muy poco para que mi recuperación fuera total. Estaba ansiosa por ello.

Tomé el vestido y lo puse frente a mí, era hermoso. Un papelito cayó al piso, lo recogí y sonreí:

"Te hará ver aún más hermosa.

Te amo.

-F."

Casi suelto un grito tan agudo como de colegiala y si no fuera por mi pierna, ya habría dado vueltas sobre mi eje hasta terminar tumbada sobre el colchón, suspirando y mirando al techo como si fuera el cielo.

OoOoOoOoO

—Antes de comenzar a cenar, quisiera decir unas palabras —miró a todos con una sonrisa nerviosa en los labios, continuó al ver que tenía la atención de los demás—. Quisiera agradecerles por acompañarnos esta noche, papá, Kurogane, Tomoyo, Ámber, y por supuesto el pequeño Harry —sonrió y se puso de pie. Yo no entendía a qué se debía tanta formalidad, sin mencionar cómo se me fue el aliento al verlo tan guapo con ese pantalón negro de vestir, esa camisa azul oscuro que resaltaba tanto sus ojos celestes—. A todos les dije el motivo de esta cena, a todos menos a Sakura —me miró con una sonrisa traviesa. Yo me ruboricé un poco al sentir las miradas sobre mí—. Todos saben ya que nos casaremos pronto, pero… —me miró—. Creo que no te lo pedí de manera adecuada —puso una rodilla en el suelo y al mismo tiempo sacó una cajita de su bolsillo

—¡Oh por Dios!

—Sakura Kinomoto ¿Quisieras aguantarme el resto de tu vida junto a ti? Por favor di que sí —esto último lo dijo en voz muy bajita.

—¡Oh Fye! —me llevé ambas manos a la boca mientras miraba la sortija y sus ojos simultáneamente. Él y el resto esperaban impacientes a mi respuesta, pero me había quedado sin habla. No es como si no supiera que nos íbamos a casar, es decir, ya me lo había pedido, pero no por eso me causaba menos asombro y felicidad.

—Por favor di algo —pidió con nerviosismo—. Se me está acalambrando la pierna —se quejó chistosamente y yo no pude más que estallar en carcajadas.

—¡Fye Dariell Flowrigth! ¡Te quiero en mi vida todos los días! ¡Juro que te soportaré sin importar nada! —me levanté y me eché entre sus brazos. Él me recibió gustoso y aun abrazándome tomó mi mano izquierda, el dedo anular, justo donde yo tenía puesta la sortija que me había regalado muchos años atrás, esa que nunca me quité, quitó ese anillo y puso en su lugar aquella hermosa sortija que no podía ser más perfecta y hermosa.

Fui consciente de mí alrededor cuando escuché que no sólo en nuestra mesa aplaudían, no, todas las personas en el restaurante nos miraban con sonrisas y sin dejar de aplaudir. Creo que nos hicimos el centro de atención con mi respuesta gritada a los cuatro vientos y digamos que también Fye tuvo la culpa, pues no todos los días un hombre ponía una rodilla en el suelo para pedirle matrimonio a su novia.

—¿Por qué los futuros esposos no se dan un beso? —sugirió Ashura-san. Yo me avergoncé bastante, pero antes de que pudiera siquiera decir algo, ya tenía los labios de mi prometido sobre los míos en un dulce y hermoso beso, corto, pero cargado de emociones.

Nuestros amigos nos felicitaron, Harry estaba muy sonriente y Ámber… ella no dijo nada, sólo no dejaba de mirarnos en toda la noche.

—¿Todo bien, cariño? —inquirió Ashura.

—Sí, abuelito —lo miró y sonrió con suavidad, de pronto sus ojitos se llenaron de lágrimas—. Sólo… sólo estoy muy feliz —se talló el rostro para quitarse las lágrimas y luego nos miró con una amplia sonrisa—. Al fin serás mi mamá de verdad —dijo, mirándome con un sentimiento tan bello que no puedo describir—. ¿Puedo… ya puedo llamarte "mamá"? —preguntó con una timidez poco común en ella.

—Oh mi pequeña, para eso no tenías que esperar a que esto sucediera —aproveché que estaba a mi lado para abrazarla con ganas—. Tú para mí eres mi hija —murmuré en su oído mientras la abrazaba.

—Te quiero —murmuró como respuesta.

—Yo te amo tanto mi pequeña.

—Sakura ¿Estás segura de lo que estás a punto de hacer? Es decir... te vas a casar con este tipo tan raro, vas a pasar todos los días con él, tendrás que soportar sus guardias de cuarenta y ocho horas, su mal humor, sus celos incontenibles y lo peor de todo… —giró dramáticamente su rostro hacia cierta persona a mi derecha—. Tendrás que soportar a esa pequeña monstruilla —Kurogane entornó los ojos hacia su sobrina, quien le devolvió el gesto con una mueca chistosa, sacándole la lengua.

—Lo amo a él y amo a Ámber. No hay cosa que desee más en este mundo que formar parte de esta bella familia —miré a todos a mi alrededor, en especial a mi nueva familia. Los ojos de Fye brillaron en lágrimas que no se permitió derramar, me sonrió radiantemente y me guiñó un ojo con amor.

—Ya comprobamos que esta hermosa mujer me ama tal como soy y con lo que tengo, así que —se saboreó al ver a los meseros llegando con la comida—. Buen provecho.

OoOoOoOoO

Pusimos fecha para la boda, sería en tres meses, cuando mi pierna estuviera completamente recuperada y rehabilitada. No quería caminar al altar con un par de muletas. Todo iba viento en popa. Fye y yo dormíamos juntos y… debo admitir que era mi parte favorita del día, acurrucarme junto a él, sentir su piel contra la mía, sus besos, sus caricias…

El pobre estaba algo estresado, pues últimamente tenía mucho trabajo durante sus guardias, e incluso lo mandaban llamar para cirugías cuando ya no estaba de guardia, dormía muy poco y aun así se daba el tiempo de platicar con Ámber y conmigo antes de irse a dormir. Sé que está exhausto, por eso a veces lo consciente un poco.

—Llegaste temprano —dejé el libro que leía a un lado y caminé hacia él. Me recibió con un dulce beso que hizo girar mi mundo. Olía a hospital combinado con su aroma natural, ese que me hace perder el piso bajo mis pies.

—Me sacaron del hospital —murmuró antes de bostezar con fuerza—. Excedí mis horas de trabajo así que me forzaron a venir a casa —sonrió con modorra mientras se tallaba un ojo. El pobre ya tenía "ojos en las ojeras" —. ¿Y Ámber, ya se fue a dormir?

—Amor, son las doce y media de la mañana —puse mis manos sobre sus mejilla y le incliné un poco el rostro para verlo mejor. Noté cómo me miraba con mucha sorpresa.

—¿Cómo me llamaste?

—Eh… ¿Dije algo malo?

—No, es sólo que me llamaste "amor" —una gigante sonrisa apareció en su rostro.

—¿Hice eso? —me asombré, realmente no recordaba haberlo hecho.

—Estoy seguro. Lo dices muy poco —acarició mi mejilla mientras me miraba con algo de tristeza.

—Lo siento, yo…

—Está bien. No te había comentado nada al respecto porque quería escucharlo espontáneamente, quería que saliera de tu corazón. Y así fue —sonrió y en seguida bostezó.

—Cariño, estás muy cansado —noté su sonrisa boba al escuchar cómo lo llamé, pero no me esperé más para empujarlo a la cama. Me senté con cuidado a su lado y él de inmediato me tumbó sobre el colchón, apoyando todo su peso en sus brazos—. No, hoy no —puse ambas manos sobre su pecho, empujándolo a pesar de su expresión llena de desconcierto.

—¿No quieres…

—Bueno, sí, sí quiero —me sonrojé—. Pero hoy no. Tengo planeado algo diferente.

Él alzó una ceja y casi me sonrió felinamente.

—Túmbate bocabajo —le pedí y él obedeció—. Ponte más en la orilla —y así me senté sobre su trasero, doblando mi pierna izquierda sobre el colchón mientras que la derecha descansaba al borde de la cama, tocando el piso con mi pie y la enorme férula.

—Todo esto parece el comienzo de una película porno ¿Segura que no quieres acción esta noche? Podríamos… ¡Auch! ¡Oye! —se quejó del coscorrón que le metí en la cabeza.

No le dije nada, simplemente le quité la parte superior de su uniforme clínico azul y comencé a masajear su espalda. Pude ver que aún tenía rastros del enorme hematoma que se había hecho en Bibury, así que tuve cuidado en esa zona, pero masajeé con fuerza el resto de su espalda y cuello. Sonreí triunfalmente al escuchar sus suspiros llenos de satisfacción, en un principio eran más como quejidos de dolor, y cómo no, si toda su espalda era una bola de estrés. Seguí masajeando su espalda durante una media hora más, su piel era tan suave e irresistible, que en varias ocasiones estuve a punto de inclinarme y llenarlo de besos, pero no, no debía olvidar que el propósito de esto era lograr que se relajara un poquito.

—¿Está bien así, cariño? —le pregunté con un susurro, pero como respuesta sólo obtuve un muy leve ronquido.

Estaba profundamente dormido.

Me dio tanta ternura verlo de esa manera, tan a gusto, relajado y con una leve sonrisa en su rostro mientras duerme. No tardé en meterme a la cama justo a su lado, quise voltearlo un poco, pues si permanecía así era posible que amaneciera con una contractura en el cuello, pero no lo logré del todo, estaba muy pesado. No quise despertarlo, así que me limité a acurrucarme a su lado. Pronto y entre sueños, me atrapó entre sus brazos, como si de una almohada se tratara.

Lo que nunca me esperé fue que en medio de la madrugada me despertara con caricias y besos ardientes. No me resistí ni un poco y correspondí a su asalto de inmediato. Le había gustado mucho mi masaje, así que quiso devolverme todas las atenciones y… creo que terminé debiéndole dos horas de masaje completas.

Cuando me desperté al día siguiente ya había amanecido, me removí entre las sábanas y el peso de la mano de Fye sobre mi cintura me hizo sonreír. Me giré para mirarlo y el aire se me atoró en la garganta. Fye siempre estaba tan perfecto, incluso durmiendo, con su rostro más pálido de lo normal, sus labios entreabiertos, sus ojos cerrados y su pelo completamente revuelto después de una noche tan apasionada.

Suspiré extasiada. En ese momento tenía lo que cualquier mujer en el mundo podría desear: una familia tan hermosa y llena de amor.

—Buenos días —susurró, modorro y sonriente.

—Buenos días, mi amor —besé la punta de su nariz, pues la tenía a centímetros de mi rostro. Sonreí al ver la mueca chistosa que hizo. Acarició mi cintura con su mano y juntó más nuestros cuerpos desnudos, inclinó su rostro hacia mi cuello, respiró profundo, yo contuve el aliento y sentí sus labios húmedos trazando un camino hasta mi hombro desnudo—. Fye… —gemí—. Tenemos que levantarnos, no querrás que… —su mano traviesa hizo de las suyas—… no querrás que llegue tarde al colegio —junté toda mi cordura para completar la oración.

—Aún tenemos media hora —gruñó contra la piel de mi cuello—. Es más que suficiente.

—Eres insaciable —no pude contener una risilla burlona, él alzó una ceja y se encogió de hombros.

—No contigo —y así continuó con su labor.

OoOoOoOoO

Días después llegó el cumpleaños de Ámber. Fue mi oportunidad perfecta para obsequiarle el cuadro que pinté hace poco, donde aparecía la silueta de ella y su padre tocando el piano, con un fondo claro y un estilo ligero.

—Es hermoso —dijo Fye, asombrado al igual que Ámber—. Pero… esta firma —miró mi garabato—. Me parece conocida.

Ashura-san se acercó y la miró con detenimiento.

—¡Pero claro! Recuerda que hace unos años compramos unos cuadros muy hermosos.

—¿U-ustedes compraron cuadros míos? —me asombré.

—Si esta es tu firma… sí, hemos comprado bastantes —admitió Fye con una expresión llena de asombro.

—Mi casa en América está decorada con tus obras. Tienes talento, Sakura —me felicitó Ashura-san, y para mí fue como si mi padre lo estuviera haciendo.

—Gracias —una lágrima rebelde se coló entre mis pestañas.

Siguieron hablando un rato sobre cuáles eran sus obras favoritas, mientras que Ámber subió corriendo a su cuarto para colgar el cuadro que le regalé.

Tomoyo estaba contándonos un chiste muy malo cuando el timbre de la casa la interrumpió. Fye se paró a ver quién era y creo que se esperaba a cualquiera, menos a ella.

—Ashley ¿Qué haces aquí? —escuché que le preguntó, me asomé con poca discreción.

—Hola Fye ¿Cómo estás? —saludó amablemente, ignorando el desconcierto de él.

—Muy bien ¿y tú? —le sonrió con gentileza.

—Bien. Espero no molestar. Recordé que hoy es el cumpleaños de Ámber, así que pasé a felicitarla y a traerle un pequeño obsequio.

—No te hubieras molestado —se rascó la nuca con algo de incomodidad.

—Oh, no es ninguna molestia.

—¿Quieres pasar?

—Espero no molestar.

—Para nada, adelante.

Casi se me cae la cara de la impresión. Fye la invitó a pasar como si de alguien muy importante se tratara. La modelo entró, me vio y… extrañamente fue muy amable al saludarme a mí y a todos. Ámber también se desconcertó un poco, lo noté en su pequeño ceño fruncido, pero a pesar de todo, supo comportarse y fue educada.

—¿Es en serio? —mascullé entre dientes, diciéndoselo sólo a Fye, nadie más escuchó, o eso fue lo que pensaba antes de notar la mirada divertida del padre de mi novio sobre nosotros.

—Lo siento ¿Qué podía hacer? ¿Dejarla afuera? —se encogió de hombros con una verdadera incomodidad.

—No hubiera sido mala idea —murmuré, de mal humor.

Fye soltó una risilla.

—No es gracioso —le di un codazo.

—Sí lo es, estás celosa.

—Mucho.

Mes y medio después…

Decidí relajarme un rato, comencé a pintar otro cuadro. Pronto me recuperaré por completo y podré volver al trabajo en la universidad, así que necesito regresar fresca para seguir enseñando. Eriol habló conmigo un día después del cumpleaños de Ámber, y me dijo que podía regresar cuando quisiera, que mis alumnos me extrañaban mucho, así que esperaba que me recuperara pronto. Le agradecí bastante que me conservara el trabajo, pues me haría falta después de haber gastado parte de mis ahorros en estos meses de "vacaciones" aunque a decir verdad Fye no me ha dejado gastar, así que mis ahorros no han sufrido mucho.

—Maldición —gruñí cuando un frasco con pintura calló al piso, manchándolo todo, enseguida sonó el timbre de la casa y volví a maldecir. Debo admitirlo, amanecí un poco de malas. Fye se había ido a trabajar desde la madrugada, Ashura-san (quien decidió quedarse una temporada en Londres) llevó a Ámber a la escuela y de ahí se pasó al hospital para ayudar a Fye con algunas cosas, así que eso me dejaba sola en una casa enorme durante el resto del día. Y sobre la persona a la puerta… no tengo ni idea de quién pueda tratarse, Ashura-san tiene llaves.

Cuando abrí la puerta hice la misma cara que pondría si hubiera visto al ser más repugnante y asqueroso.

—Ashley.

—Hola, Sakura ¿Se encuentra Fye?

—No. ¡Hey! —me quejé cuando me hizo a un lado y entró a la casa.

—Fye, cariño. ¿Dónde estás? Necesito hablar contigo.

—Pierdes tu tiempo, él no está en casa —espeté, aguantando mis ganas de propinarle una bofetada por la manera en que me empujó.

Ella se mordió el labio, pensativa y luego sonrió.

—Me quedaré a esperarlo —caminó hacia la sala y se sentó a esperar.

—Llegará en la noche —mascullé entre dientes, alcanzándola.

—No importa.

Suspiré llena de hastío.

—Mira, Ashley —respiré profundo—. Te voy a ser sincera: me incomoda tu presencia. No sé qué es eso tan importante que quieres hablar con Fye, pero te sugiero que lo arregles cuanto antes y te pido, no, te exijo que no vuelvas a poner un pie en esta casa.

La aludida me miró con ojos gatunos y se puso de pie, caminando lentamente hacia mí, como un guepardo acechando a su presa.

—Esta-no-es-tu-casa. Es la casa de Fye, él y yo somos amigos y puedo venir cuando me venga en gana, no necesito el permiso de nadie, menos de la "recogida" que tiene en su casa.

—¿Perdón? —me encendió.

—Sí, me refiero a ti, querida —cruzó los brazos sobre el pecho mientras se miraba su perfecta manicura.

—Con que recogida —reí con sorna—. Lamento informarte esto —alcé mi mano izquierda y le mostré el hermoso anillo de compromiso. Sus ojos se agrandaron a más no poder. Casi palideció.

—No… es mentira.

—Nos vamos a casar en unos meses.

—No si yo lo impido —apretó puños y dientes, por un momento pensé en la posibilidad de que se me echara encima.

—Ashley, lo tuyo con Fye no fue más que simples revolcones. Él te lo dijo todo el tiempo, incluso te habló de mí. No pierdas más tu dignidad y sal de nuestras vidas —le pedí con un semblante muy serio a pesar de que por dentro me consumía la ira.

—Él me ama, yo lo sé —sus ojos brillaron en lágrimas—. Y yo lo amo ¡Lo amo demasiado como para dejarlo ir! Fye es… él es un hombre maravilloso, nunca encontraré a alguien como él y sé que lo nuestro tuvo que haber significado algo para él, estoy segura.

—Ashley —comencé a sentir lástima por ella, pues antes de esto habíamos logrado sobrellevarnos un poco mejor, pero ahora…

—¡No! —se exasperó—. Voy a hacer lo que sea necesario para que estemos juntos, lo que sea —se limpió una lágrima de la mejilla y salió de allí azotando la puerta.

OoOoOoOoO

Narrador

—Hijo.

—¿Ajá? —murmuró sin apartar la vista del menú de la cafetería.

—Necesito preguntarte algo.

—Dime.

—Pero deja de mirar el menú y mírame un momento —pidió con algo de gracia.

—Lo siento —rio—. Es que estoy hambriento.

—¿Qué pasó en realidad entre tú y Ashley? Nunca quisiste hablarme sobre tu relación con ella. Entiendo que nunca olvidaste a Sakura, pero después de todo fueron diez años los que estuvieron separados y… bueno, a fin de cuentas eres hombre, pero quiero saber, Fye ¿Tu relación con ella fue muy seria?

El rubio rio de verdad.

—Claro que no. Papá, ella y yo sólo… —buscó la manera menos incómoda de decirlo—. A lo nuestro no se le podía llamar "relación" ella siempre estaba viajando de un lado a otro, a veces cuando peleábamos viajaba por más tiempo. Pero el punto es que, así como ella estaba ocupada con sus desfiles de moda, yo siempre estuve ocupado con el hospital, así que nos veíamos sólo para tener relaciones sexuales, de vez en cuando salíamos a tomar un café, pero no teníamos mucho tema de conversación, bueno, ella se la pasaba hablando todo el tiempo sobre su carrera —suspiró—. En realidad lo nuestro no fue nada.

—Eso es lo que piensas tú, pero ¿Eso era lo que ella sentía, lo que pensaba? Estoy seguro que para ella significaste más que unos simples encuentros en la cama.

—¿Por qué lo dices?

—Por la forma en que te mira. Hay amor verdadero en sus ojos cuando te ve.

—No lo creo —rio.

—Hablo en serio. Lo vi hace unos días, en la fiesta de Ámber.

Fye no respondió nada, sólo se limitó a beber de su limonada.

—Debes hacer algo al respecto, estás comprometido con Sakura, no dejes que Ashley se entrometa mucho o tendrás problemas.

OoOoOoOoO

—¡Amor! Te extrañé tanto —la ojiverde se levantó del sillón y caminó con sus muletas rápidamente hasta llegar a Fye y abrazarlo con fuerza. Las muletas cayeron ruidosamente al piso, pero a ninguno de los dos le importó, Fye ya tenía sus labios sobre los de ella.

—Procuraré tomar guardias de veinticuatro horas más seguido —se burló.

—Tonto —le dio un golpecillo—. Ya te extrañaba —lo volvió a abrazar.

—¿Todo bien, cariño?

—Sí, es sólo que…

—¡Papi! —Ámber salió quien sabe de dónde y se colgó de su padre—. ¡Ven! Quiero que me escuches tocar el piano, estoy practicando Clair de lune. Ven, ven —lo jaló del brazo hasta arrastrarlo al piano.

Sakura suspiró un poco. No tuvo la oportunidad de decirle la visita tan desagradable que tuvo hoy.

—Toma.

—Oh, Ashura-san, gracias —le sonrió con calidez al recibir las muletas.

—¿Te encuentras bien, pequeña Sakura?

—Sí, es sólo que… —desvió la mirada—. No es nada, no se preocupe —sonrió.

OoOoOoOoO

El rubio salió de bañarse y entró a la recámara sólo con una toalla rodeando su cadera, esperaba seducir a su prometida, pero ella estaba sentada en la cómoda silla del escritorio junto a la terraza, mirando las estrellas y el cielo oscuro por el ventanal, dándole la espalda completamente. Se veía algo triste y pensativa. El médico decidió vestirse con lo primero que encontró y en completo silencio caminó hasta tomar los hombros de ella entre sus manos, masajeándolos con suavidad. Sakura suspiró con satisfacción.

—¿Qué te tiene tan preocupada? ¿Es por la boda?

—No es eso, la verdad estoy muy tranquila porque Tomoyo me ayudará en todo, también su madre. Ambas se están encargando casi de todo —rio un poco.

—¿Entonces que te preocupa? —detuvo el masaje.

—Nada mi amor —se encogió de hombros—. Pero vamos, no te detengas —le pidió, jalándole las manos hasta sus hombros. Fye rio mientras rodaba los ojos.

—¿Segura? Sabes que puedes decirme lo que sea.

La castaña lo meditó por unos segundos.

—Bueno, en realidad… —el teléfono del rubio comenzó a sonar con insistencia—. Contesta, no vaya a ser una emergencia del hospital.

—Es Ashley —Fye frunció el ceño al ver el identificador.

Sakura no dijo nada, sólo frunció el ceño.

—Es más de media noche, no voy a contestarle —bufó y dejó que el celular sonara hasta que entró el buzón—. Mejor continua con lo que estabas por decirme —pidió.

—Sí, bueno… —suspiró cuando el teléfono sonó de nueva cuenta—. Fye, mejor contesta —se giró en la silla, mirando nuevamente hacia el cielo y dándole la espalda.

El rubio suspiró.

—¿Qué ocurre Ashley? ¿Ya viste la hora que es? —comenzó con molestia y fastidio, pero su expresión fue cambiando conforme Ashley le decía algo muy importante—. ¿¡Qué?! ¡No puede ser!

Al oírlo tan exaltado, Sakura se giró para verlo.

—¿¡Pero cómo es que entraron a robar a tu casa!? ¿Te hicieron daño? ¿Estás bien? —preguntó, muy alarmado—. Oh por Dios… voy para allá, no te muevas de ahí —colgó el teléfono.

—¡¿Qué ocurre?! —se preocupó.

—Entraron a robar a su casa, ella se resistió y la lastimaron, está muy alterada y asustada. Iré a ver cómo está y ayudarla en lo que se pueda. Volveré más tarde, no me esperes —dijo mientras se cambiaba. Le dio un beso en la frente como despedida y salió sin más.

La pobre se quedó sola con sus pensamientos e intentos fallidos de decirle lo que ocurría con Ashley y era justamente ella quien la había interrumpido en esta ocasión.

—Pero qué egoísta soy —se dijo a sí misma—. Robaron su casa y hasta la lastimaron y yo sólo pienso en mí —suspiró, pidiendo al cielo que ella se encontrara bien, pero sus palabras aparecieron en su mente de repente: "Voy a hacer lo necesario para que estemos juntos, lo que sea"

¿A caso esta llamada sería una falsa alarma para lograr que Fye pasara una noche en su casa?

—No, no puedo desconfiar tanto, además… ¿Quién sería capaz de inventar un asalto de esa magnitud? —suspiró.

OoOoOoO

Llegó al departamento de Ashley, entró por la puerta principal (La cual no tenía llave) y caminó con dificultad por el lugar, pues todo estaba volcado, tirado y revuelto. Difícilmente llegó a la sala, donde una destrozada Ashley lloraba desconsoladamente en el piso, con la cara entre sus rodillas.

—Ashley —murmuró.

La aludida levantó el rostro lloroso y de un salto llego donde Fye y lo abrazó con fuerza, no dejaba de temblar.

—Fye, tengo miedo —murmuró entre el llanto.

—Tranquila —la estrechó entre sus brazos.

—Lo siento por llamarte, pero no conozco a nadie más en Londres y… y yo tenía mucho miedo y…

—Shh.. shh.. —le acarició el cabello—. Tranquila, ya estás a salvo —la apartó un poco de sí para verla mejor—. Oh por Dios —se preocupó al ver sus heridas en el rostro.

—Ellos… ellos entraron de pronto y… se llevaron muchas cosas y… me golpearon y… —estalló en lágrimas que fueron limpiadas cortésmente por el rubio.

Fye miró todo el desastre a su alrededor y tomó una decisión

—Te llevaré a mi casa.

Continuará…

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Un capítulo más y terminamos, gracias a todos los que siguen esta historia y muchísimas gracias a los que se han tomado el tiempo de dejar un lindo comentario ode mandarme esos hermosos mensajes.

Ahora sólo quisiera saber algo: queda un sólo capítulo, pero...¿Quieren epílogo? Háganmelo saber.

Los quiero literalmente.

Besos!

15/06/16

1:00 a.m