We Meet Again

By Tsuki No Hana

XVIII

"¡PLAF!"

—Esto arderá un poco, pero te ayudará —le advirtió antes de poner el líquido antiséptico sobre la herida. Y dio y hecho, Ashley retrocedió un poco al sentir el escozor—. Lo siento —sonrió afablemente.

—N-no, está bien. Muchas gracias señor Flowrigth, y disculpe las molestias —se rascó la mejilla con verdadera vergüenza—. Es muy tarde e hice que su hijo fuera a mi casa y…

—No te preocupes —la interrumpió—. Estoy enterado de lo que sucedió, necesitabas ayuda. Mi hijo y Sakura son muy buenos, estoy seguro que te aceptarán en su casa esta noche.

—Siento mucho las molestias —se avergonzó aún más.

—No te preocupes —cerró el botiquín que tenía sobre su regazo y miró hacia el salón del piano, donde Fye y Sakura hablaban en estos momentos—. Ahora vuelvo —dijo sin apartar la mirada de ese lugar.

—Sí —se quedó sentada en la sala. Su actitud era más sumisa y penosa que nunca.

—¡¿Quieres que se quede aquí por varios días?! —exclamó Sakura con verdadero asombro justo en el momento en que Ashura entraba al lugar.

—¿Que ella qué? —el mayor se asombró mucho—. Pensé que se quedaría sólo esta noche —miró a su hijo con incredulidad.

—Por supuesto que se quedará esta noche, pero… los ladrones tienen sus llaves, no puede volver a su departamento hasta que cambien todas las cerraduras, corre riesgo si la dejamos volver así como así.

—Bueno, en ese caso tienes razón —admitió él—. Pero… ¿Qué opina Sakura al respecto? —miró a su futura nuera.

—Está bien, que se quede el tiempo que necesite —aceptó finalmente, aunque la noticia no le daba mucha felicidad, se notaba a leguas.

—Gracias —Fye le sonrió con alivio.

OoOoOoOoO

—Gracias por aceptarme en tu casa, siento mucho las molestias que esto pueda causarte.

—No es ninguna molestia. Dormirás aquí, era la habitación de Sakura hace unos meses —abrió la puerta, mostrando la linda recámara.

—Y… ¿Ella dónde dormirá?

—Por supuesto que conmigo —rio, el asunto le parecía demasiado obvio como para tener que aclararlo.

—¿Qué?

—Vayamos a dormir, amor —Sakura tomó la mano de su prometido y usando el bastón que había sustituido a las muletas, lo encaminó a la recámara principal—. Buenas noches, Ashley.

—Buenas noches —se quedó con un nudo en su estómago debido al coraje e impotencia. Ver al hombre que amas caminar de la mano de su prometida, rumbo a la habitación que comparten. Eso era demasiado.

—¿Todo en orden mi amor? —la detuvo antes de que se metiera a la cama.

—Sí, sólo estoy algo cansada —sonrió de lado, besó sus labios y se metió a la cama. Fye la siguió después de ir al baño.

El rubio se metió entre las colchas, estiró sus brazos hasta sentir con las manos el estrecho talle de Sakura, la arrastró con cuidado hasta que ninguna distancia se encontrara entre ellos.

—Amor —la llamó él.

—Mhm.

—Estás molesta.

—No es eso —suspiró y alzó la mirada hasta toparse con esos hermosos orbes azules que brillaban con la escaza luz de la lámpara de noche.

—¿Entonces? —acomodó un mechón de cabello tras su oreja.

—Ashley es tu ex novia y la trajiste a vivir a tu casa poco después de pedirme matrimonio. Es algo incómodo —se encogió de hombros.

—Lo siento mi amor —besó su frente—. Sé que es incómodo, pero sólo serán un par de días, sólo mientras cambian las cerraduras de su casa.

—De acuerdo…

—Pero no tienes nada de qué preocuparte. Te tengo a ti a mi lado y eres lo que siempre soñé, lo que siempre quise y lo que quiero para el resto de mi vida. Una chica como ella no debería hacerte sentir insegura porque… —acercó sus labios a los de ella y susurró: —...a quien yo quiero es a ti.

La castaña se sonrojó hasta las orejas y recibió gustosa el beso que recibió en esos momentos.

A la mañana siguiente, cuando Fye abrió los ojos, fue sólo porque el maldito sol parecía querer perforar sus párpados y dañar de forma permanente sus pupilas. Era tan fastidioso. Tomó nota mental, debía cerrar las cortinas antes de ir a la cama de ahora en adelante, pues la primavera se encontraba en todo su esplendor. Intentó girarse para poder evitar ese molesto rayo de luz, pero el peso sobre sus brazos le impidió moverse. Bajó la mirada y halló a una profundamente dormida Sakura. El propio cuerpo de Fye la cubría, impidiendo que el sol la despertara. No pudo evitarlo y simplemente sonrió. Se sentía el mejor de los hombres por poder protegerla, aunque fuese con ese ínfimo detalle.

Ella se veía tan dulce así, respirando pausadamente, con sus largas y curvas pestañas ligeramente tapadas con su flequillo, su mano recargada en el pecho de él… podrían pasar mil noche durmiendo juntos, y él estaría igual de emocionado que ahora al ser ella lo primero que sus ojos ven al despertar. Se sentía tan bien… de pronto comprendió algo; si la luz del sol lo había despertado era, seguramente, porque éste ya se encontraba bastante elevado. Él nunca dormía tanto. Solía abrir los ojos antes de que el sol saliera siquiera.

En esos momentos él no tenía ninguna prisa por levantarse, así que simplemente cerró los ojos y estrechó más a Sakura, quien sólo se removió un poco entre sus brazos, y sin despertarse, se acurrucó más. Él volvió a dormir después de un largo y pesado suspiro lleno de satisfacción.

No supo con exactitud cuánto tiempo pasó, pues sintió como si recién hubiera cerrado los ojos, pero algo había caído pesadamente en el colchón.

—¡Papá, papá!

Parpadeó un par de veces, confundido y triste por ver que esos gritillos despertaron a su amada.

—¡Papá! —insistió la niña.

—¿¡Qué ocurre, estás bien?! —se alarmó cuando al fin se despabiló un poco.

—Ashley durmió en la casa, ¡En NUESTRA casa!

—Lo sé —se talló un ojo y bostezó al saber que no había ninguna urgencia.

—¡¿Por qué?! —su pequeño drama se veía realmente tierno.

—Robaron en su casa y tuvo algunos problemas. Estará aquí unos días.

—Pero papá, ella es mala, ella no…

—Ámber —suspiró—. Sólo serán un par de días, no más, así que no te preocupes.

—Pero a Sakura tampoco le gusta eso ¿Verdad? —miró a su "mamá".

—No realmente —se talló los ojos con pereza—. Pero ella necesita ayuda y nosotros podemos dársela —sonrió un poco.

—Ten paciencia, sólo serán un par de días.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

—¿Seguro?

El aludido miró su reloj despertador y frunció el ceño.

—Cariño, son las siete de la mañana y estoy muy cansado —jaló a su hija hasta meterla bajo las sábanas, entre él y Sakura—. Mejor durmamos un poco más —abrazó a su pequeña como si fuera un oso de felpa y cerró los ojos con una gran sonrisa.

—¡Papá! —exclamó, no queriendo dar el tema por zanjado.

—Durmamos un poco más —sugirió Sakura—, tu padre tuvo una guardia muy cansada, dejemos que descanse —dijo en voz baja al notar la respiración acompasada de su prometido.

Un ruidito chistoso distrajo a ambas mujeres e inevitablemente rieron.

—Mi papá no roncaba antes —contuvo una risa.

—Lo sé —rio bajito—. Antes no lo hacía, pero ahora ocurre sólo cuando está verdaderamente cansado.

—Pobrecito —suspiró la niña, acomodándose entre los brazos de su padre, pero sin dejar de mirar a Sakura, quien estaba a unos centímetros de ella—. Mami.

—¿Si? —se le iluminó la mirada cuando la llamó así.

—Ashley no se va a quedar mucho ¿Verdad?

La aludida frunció un poco el ceño, en muestra de su preocupación.

—Esperemos que no —respondió, ajena a que cierta pelirroja escuchaba todo a través de la pequeña rendija que se hacía con la puerta entreabierta.

Ashley se asombró mucho al escuchar a la niña decirle "mamá" a Sakura, eso sí que era todo un acontecimiento. Pero tampoco le pasó desapercibida la felicidad que irradiaban ellos tres como familia. Se veían como a las familias que fotografían para rellenar los cuadros que venden en las tiendas. Esas "familias perfectas" y siempre alegres. Así eran ellos.

—Eso debe ser mío, tiene que serlo…

OoOoOoOoO

—Espero que tu prometida no se enoje conmigo por haberte sacada de casa en tu día de descanso.

—Ella es muy comprensible —dijo con una gran sonrisa mientras ayudaba a recoger todo el desastre que dejaron los ladrones en el departamento.

Entre todas las cosas tiradas y revueltas, Fye encontró un marco con una foto que de verdad no recordaba. Ella lo abrazaba por el cuello y sonreía a la cámara, pero él miraba hacia otro lado, tenía la mirada perdida y un poco vacía. Se sorprendió un poco al verse en esa foto y notar lo diferente que se ve ahora cada mañana en el espejo, claro, su vida había dado un giro de 180° en estos últimos cinco meses.

—No recuerdo esto… —murmuró sin esperar una respuesta.

—No salíamos muy seguido. Tú siempre estabas en el hospital y yo venía sólo uno o dos días a Londres para luego volver a viajar —sonrió con nostalgia—. Por eso mismo no salíamos mucho, sólo pasábamos la noche…

—…En tu hotel, lo recuerdo.

—Pero en esa ocasión aceptaste que saliéramos a desayunar. Creo que no te diste cuenta de la foto, incluso te dije que voltearas.

—Lo siento.

—Yo siempre te quise —dijo de pronto—. Pero no te diste cuenta, no viste las señales que te daba. Tú… tú sólo pensabas en ella.

—Ashley —murmuró con voz lastimera—. Yo…

—Sí, sí. Los términos de nuestra "relación" —hizo comillas al aire—. Siempre estuvieron claros para mí, por eso nunca dije que te amaba, por miedo a perderte, pero ahora que te siento más lejos que nunca… quiero decirte que te amo. Ya lo hice el invierno pasado y me rechazaste, pero… yo aún te amo, Fye, no es un capricho —los ojos le brillaron un poco.

El rubio no supo qué contestar, así que continuó limpiando.

—¿No vas a decir nada?

—Ya todo está dicho. Mis sentimientos siguen siendo los mismos —dijo con seriedad.

—Pero… ¡te amo! —se desesperó un poco.

—Lo sé, y lo siento tanto. De haber sabido tus sentimientos, yo…

—Me habrías botado de inmediato.

Fye apretó los labios, ella tenía razón.

—Y es que tú sólo tienes ojos para esa.

—Disculpa, "esa" es mi prometida, la mujer a la que amo y no voy a permitir que te refieras así a ella.

—Es que… —apretó puños y dientes—. ¡Tú y yo tenemos que estar juntos! Lo que vivimos fue tan hermoso, sé que puedes llegar a amarme, yo lo sé. Sólo es cuestión de tiempo para que me conozcas mejor y te enamores de mí, lo prometo —acortó la distancia entre ambos y tomó las manos del rubio—. Dame esa oportunidad.

—¿Qué parte de "estoy comprometido" no entiendes? —se soltó del agarre. Su insistencia comenzaba a irritarlo.

—Pero… —los ojos se le inundaron en lágrimas que pronto comenzó a derramar—. Lo que nosotros tuvimos fue hermoso, sé que me amabas, no sólo fue sexo.

—Ashley, ya basta, nosotros no…

Un salvaje y apasionado beso asaltó sus labios de repente. Tuvo muchas emociones distintas, entre ellas había: desconcierto, fastidio, irritación, asco y… lástima.

—¡Basta!

—¡Pero te amo! ¡Me amas!

—¡Eso no es verdad! Lo que tuve contigo fue un accidente ¡Un maldito y desafortunado accidente! Nada más. Fue débil, no supe esperar a volver a encontrarme con Sakura, pero eso no significa que te ame más que a ella, incluso no quiere decir que te ame siquiera. Lo que yo tenía contigo sólo era físico, pero eso ya pasó.

—¿Eso crees? —le espetó, rayando en la histeria—. No creas que voy a dejarte tan fácil. Voy a ir a verla ¿Sabes? Iré, iré a tu casa, hablaré con ella, se va a enterar. Voy a decirle que somos amantes, que nunca has dejado de verme y que me amas. Y me va a creer porque últimamente he estado visitando tu casa para hablar contigo sobre esto, pero nunca estuviste. Le voy a decir que somos amantes y que me has hecho el amor mil veces desde que volví a Londres. Voy a ir a ver a tu hija de nuevo, pero ahora le voy a decir la verdad… que tú no eres su padre.

La sangre se le fue hasta los pies al rubio.

—¿Qué dijiste?

—Lo que oíste. Sé que no eres su padre biológico, estuve investigando y encontré un acta de adopción a tu nombre, es la hija de tu hermano muerto y su esposa. Y si tú no aceptas de una vez por todas lo que sientes por mí, si tú no rompes tu compromiso con Sakura, ahora mismo iré a tu casa y le diré toda la verdad a Ámber, y bueno, también le diré a Sakura que tú y yo aún estamos juntos.

—Eres una zorra —masculló, poniendo toda su voluntad para no decirle cosas aún peores—. No tienes idea de lo que has hecho, del daño que le hiciste a mi hija durante tanto tiempo, y yo fui un idiota al no darme cuenta antes. Sé que siempre la odiaste y le decías mentiras sobre nosotros, le hiciste creer que nos casaríamos, que yo nunca quise a su madre —rio—. Por dios, ni siquiera la conociste.

—No sabía que era una niña adoptada.

—Cállate. Y tú no vas a ir a ningún lado. Ya le hiciste mucho daño a mi hija.

—¡No me importa! ¡Esa mocosa tiene que saberlo! ¿Quieres que le diga que es adoptada, o prefieres que le dé la buena noticia de que yo seré su madre?

—Estás mal… —la miró con asombro—. De verdad estás loca.

Ella lo tomó de los brazos, pero él se soltó con un gesto de asco, más que nada porque no confiaba en sí mismo, jamás había golpeado a una mujer, pero ganas no le faltaban al estar frente a esa loca chantajista ¡¿Cómo demonios pudo relacionarse con alguien así?! ¡Maldita sea! ¡¿Cómo rayos le abrió las puertas de su casa hace unas horas?! De pronto el rubio soltó una carcajada burlona y despectiva al repasar lo último que ella dijo.

—¿Madre? ¿Tú? ¡Por favor no seas ridícula! ¡Una gata es mejor madre que tú! —espetó bruscamente.

—¿Una gata como la que tienes en tu cama?

La sonrisa burlona se borró de la faz de Fye, y en su lugar apareció un gesto puro de furia.

—Suficiente —masculló entre dientes. Con ese semblante y tono de voz se veía realmente terrorífico. La pelirroja palideció, pero procuró disimularlo.

—¡Tú me amas! ¡Sé que me amas! —insistió—. Sakura está usando a tu hija para agradarte, quiere hacerte creer que la quiere, pero es mentira, ella la maltrata y le dice que la mandará a un internado y…

—Si vuelves siquiera a mencionar a mi hija, juro por mi alma que haré algo de lo que puedo arrepentirme después —había lago escalofriante en la voz contenida del rubio—. No entiendo cómo pude relacionarme contigo, ahora puedo ver tu valor como mujer, puedo ver cómo eres en realidad y debo decir que me das asco. No sé qué demonios hago aquí, ayudándote con esto que… ahora que lo pienso… pudiste ser capaz de inventarte toda esta odisea con tal de que viniera aquí.

—¿Por qué me hablas así? ¡Yo te amo! ¡Todos deben de saberlo! Que tú y yo nos amamos, que pronto nos casaremos.

—¡Cállate!

—¿Tienes miedo? —se lanzó a los brazos del inglés y a despecho de sus intentos por sacudírsela de encima sin lastimarla, lo besó por un segundo antes de que Fye lograra librarse de su contacto y se apartara de su lado, mirándola con asco—. Le diré a todo lo que pasa entre nosotros.

—No está pasando nada entre nosotros, Ashley.

—Entonces le voy a gritar al mundo que el gran doctor Flowrigth tiene como hija a su sobrina, que esa niña es adoptada y una arrimada en tu casa, como la otra gata que tienes.

Los ojos azules de Fye Flowrigth brillaron siniestramente a la velada alusión a Sakura. Con el poder que tiene como médico podría fácilmente clasificarla como un "peligro para la sociedad" o "paciente que padece de sus facultades mentales" quizá así podrían encerrarla en un manicomio.

—No hay nada entre nosotros. No lo hay. No te canses imaginando cosas que no existen, porque jamás podré sentir por ti algo que no sea repulsión —le dijo, recuperando su calma y hablándole fría, pero a la vez peligrosamente—. ¿Quisiste verme y que te lo dijera en la cara? Pues te lo digo con total y profunda honestidad: no quiero nada contigo, nunca lo quise y jamás lo querré. Viví engañado durante el tiempo en que salimos y hasta ahora, fui lo bastante imbécil para creer tus mentiras y caer en tus trampas, pero ya no Ashley, ya no.

—No puedes hacerme esto ¡No puedes! ¡Yo te amo!

—¿Cómo puedo explicártelo para que lo entiendas? Tú misma te engañaste la pensar que podría ofrecerte algo más. Te lo dejé bien claro desde el momento en que tuvimos nuestro primer encuentro, lo nuestro no pasaría a algo más serio que unos simples revolcones, por dios, hasta mi padre sabe eso, pero tú pareces una imbécil retrasada —hizo una pausa—. No vuelvas a buscarme o te juro que te confinaré en el peor manicomio por el resto de tu vida. Ahora te voy a hacer una última advertencia: no te vuelvas a acercar a mi familia, no las vuelvas a mirar, no pienses en ellas, olvida que existen y reza para que ellas olviden que existes y por tu propia seguridad te recomiendo que no te vuelvas a cruzar en mi camino porque soy capaz de hacer que te metan a un manicomio por loca, obsesiva; porque no es normal la forma en que te comportas, lo que haces —la chica lo miraba asustada, histérica y con la cara cubierta de lágrimas, pero Fye siguió—. Si te sigues interponiendo entre mi familia y yo, voy a meterte a una institución psiquiátrica donde puedan certificar lo loca que estas, lo maniática que eres y de lo que eres capaz.

—¡No puedes hacerme eso! ¡No te lo permitiré!

Uniendo gestos a las palabras, y en un acto auténticamente desesperado, Ashley se arrancó la ropa casi a tirones y volvió su mirada ilusionada al médico, sólo para encontrar en los ojos azules un helado desdén, asco, repulsión y desprecio.

—Estás loca Ashley. Realmente creo que estás enloqueciendo —dijo antes de encogerse de hombros con indiferencia y marchándose sin siquiera mirarla.

Fye estaba tan alterado, enojado y frustrado, que no pudo llegar así a su casa. Hizo una parada en el hospital, donde su mejor amigo hacía guardia.

—¿¡Que hizo qué?! No puedes permitir que esa loca haga eso.

—Lo sé, Ámber no puede enterarse de eso, no de esa manera.

—Pero si estás consciente de que ella deberá saberlo tarde o temprano ¿No?

—Sí… —bajó la mirada.

—Hey, debes decírselo antes de que ella lo haga. No puedes detenerla, así que es mejor que lo hagas cuanto antes.

—No quiero que sufra.

—Por eso mismo. Ella es madura, sé que lo superará. Después de todo ya ha vivido gran parte de su vida con un padre como tú ¿Qué otra desgracia podría ocurrirle?

—Idiota —masculló entre dientes, pero con una sonrisa. Recibió una fuerte palmada en la espalda.

—Ve a casa. Es tu día de descanso y deberías aprovecharlo junto a tu familia. Es sábado, salgan a divertirse. Además, le hará bien a Sakura caminar un poco.

—Tienes razón —suspiró.

Al llegar a casa tuvo una larga conversación con Ashura y Sakura, mientras tanto Ámber fue a la casa de los Suwa para jugar un rato con Harry.

—Definitivamente está más de la cabeza —gruñó Ashura—. Me cuesta creer que estás hablando de la chica tan tranquila que conocí.

—Está loca, papá, definitivamente está loca.

—Debemos proteger a Ámber de esa tipa —intervino Sakura—. Ya había estado viniendo varias veces y la pequeña Ámber se quedaba muy seria cada vez que se iba.

—¿Por qué nunca me lo dijiste? —Fye la miró con tristeza.

—Intenté hacerlo en varias ocasiones, pero hubo interrupciones y no pude.

El rubio suspiró, estaba algo molesto por ello, pero se le pasó en un momento.

Días después Ashura tuvo que regresar a América, pero prometió volver antes de la boda. El resto de la semana estuvo muy pacífico, no hubo señales de Ashley en todo ese tiempo. Fye fue a buscarla a su departamento para mostrarle la orden de restricción que consiguió, pero su departamento ya estaba en renta. Había desaparecido.

—Qué alivio —dijo Sakura cuando su prometido le contó aquello.

—Al contrario —siguió masajeando el músculo con suavidad—. No sabemos su paradero, así en cualquier momento puede venir a la casa y hacer lo que le venga en gana, recuerda que no sabe sobre la orden de restricción.

—Debemos proteger a Ámber ante todo. ¡Auch!

—Lo siento —volvió a dejar la pierna en su lugar—. Trato de hacerlo lo mejor posible, espero no lastimarte.

—De hecho Kurogane es un poco más rudo.

—¡¿En serio?! Ese idiota… —farfulló y Sakura rio.

—Pero es que así debe de ser, la fisioterapia duele y mucho… pero he tenido mucho cambio, ya casi estoy recuperada.

—Espero que no retrocedas en tu recuperación con esta terapia que te estoy dando. Kurogane me explicó cómo hacerlo, pero no soy tan bueno en esto. Él es el "Sexy acomoda huesos" —rio con burla.

—Y tú eres el "doctor corazón" —rio entre dientes, pero su carcajada se dejó oír en toda la casa cuando vio la cara desconcertada que puso su pareja.

—Oye, eso no da risa —hizo un puchero.

—Así te llaman las enfermeras —se encogió de hombros, no dejó de reír hasta que sintió molestia de nuevo.

—Lo siento —se volvió a disculpar—. Es una lástima que se hayan ido de vacaciones.

—Déjalos, necesitaban pasar tiempo en familia con Harry.

—Hablando de eso… hay demasiado silencio en la casa ¿No crees? —entornó los ojos un poco.

—Ámber ha de estar en el patio, hoy hace un buen día.

—Hace calor —resopló con fastidio.

—¡Hace muy buen día! —insistió.

Era una de las pocas cosas en las que no coincidían, él amaba los días nublados, el clima frío y lluvioso; en cambio ella amaba los días soleados, el calor, el sol.

—¿No tienes calor? —miró sus ropas algo abrigadoras.

—La verdad sí —rio un poco.

Fye caminó hacia el armario para buscarle algo de ropa más fresca, pero no encontró nada.

—Oh, es que eso aún lo tengo en la otra habitación.

—¿Por qué no has pasado todas tus cosas aquí? —alzó una ceja. Se sintió como si ella aún no se hubiera mudado por completo a su casa.

—Antes que nada… el resto de mis cosas aún están en mi departamento y bueno… no quiero ocupar todo el espacio en tu armario.

Fye suspiró.

—Amor —se sentó a su lado en la cama—. Ya no estás viviendo aquí por tu pierna, por las escaleras de tu departamento, no. Vives aquí porque vives con nosotros, tu familia. Esta es también tu casa, es más… —sonrió traviesamente—. Ya eres la señora de la casa.

—¡Fye! —le dio un leve codazo, estaba sonrojada—. Pero no estamos casados.

—Aún —alzó una ceja con picardía—. Pero ya eres mi mujer. Por cierto… ¿Quieres conservar tu departamento? —era una pregunta con trasfondo.

—Mmm… no lo sé.

—Ya no lo necesitas ¿O sí?

—Bueno, es que ahí están casi todas mis cosas, mi galería, mis pinturas, mis cosas…

—Entonces iremos por ellas muy pronto —sonrió de oreja a oreja—. Y el tercer piso de la casa será sólo tuyo, úsalo como estudio para que puedas pintar. ¿Qué te parece?

—Fye… —se asombró.

—Bueno, por lo pronto iré por algo de ropa, ya vuelvo.

—Sí —asintió con una sonrisilla tímida. No se había puesto a pensar en ello, pero Fye tenía razón: ella ya era parte de esa familia y el motivo de su estadía allí había cambiado hace ya mucho tiempo.

Sonrió ampliamente al ver cómo sus sueños se iban cumpliendo poco a poco.

Momentos después entró Fye con la ropa en una mano y con una tarjeta en la otra. Su expresión era de desconcierto.

—Sakura ¿Esto es una oferta de trabajo en China? —mostró la tarjeta.

La aludida se quedó congelada en su sitio.

—Me la dio Shaoran en su última visita —contuvo la respiración, sintió que se avecinaban problemas.

—¿Y piensas aceptarla?

—Yo…

—¡Hola! —una muy feliz Ámber entró por la puerta con una gran bandeja repleta de sus galletas favoritas (las mismas super endulzadas que ama Fye) acompañadas de varias tazas de té. Era media tarde, así que se le ocurrió que podrían merendar en la terraza de la habitación de su padre. (Ella también amaba los días soleados)

La conversación de los dos se quedó a medias. El rubio se quedó con un mal sabor de boca, pues ella no negó que tomaría esa propuesta. Pero… no podía hacerlo, al menos no si planeaba seguir con la boda. Y ella se quedó muy nerviosa, la verdad sí quería ese trabajo, era todo un sueño para alguien como ella, pero definitivamente no iba a aceptarlo, pues eso significaba ir a vivir a China y posponer la boda por varios años.

Merendaron en la terraza, aunque el ambiente se sentía un poco tenso. Sakura y Fye no hablaban, se limitaron a tomar su té y mordisquear un par de galletas mientras Ámber les platicaba emocionada la próxima excursión que tendrían en el colegio.

—¡Iremos al zoológico! Pero yo quisiera ir con ustedes después, me gustaría que saliéramos en familia. ¿Qué dices mami? ¿Si podrías ir?

El rubio miró a su hija y a su prometida, esperando una respuesta, pero esta nunca llegó.

—¿Mami?

Fye frunció el ceño al verla tan distraída.

—Sakura.

—Oh ¿Qué? Lo siento, me distraje un poco.

—¿Estás bien, mami? —la miró con preocupación, pues notó cierta palidez en ella.

—Sí —suspiró, frunció el ceño y se llevó una mano a la sien.

—¿Te duele la cabeza? —Fye ya se había puesto de pie a su lado, comprobando su temperatura y tomándole el pulso.

—Sí… —cerró progresivamente sus ojos hasta que cayó en la inconsciencia. Ámber se espantó, pero Fye reaccionó rápido y la sostuvo antes de que cayera de la silla.

—Papi ¿Qué le pasa?

—No lo sé.

Esto descolocó a la pequeña, su padre siempre sabía todo.

El rubio se la llevó al interior de la casa, recostándola en la cama. Le pidió a Ámber que le trajera un poco de alcohol, así lograría despertar a Sakura, y así lo hizo. La pobre despertó toda desubicada y desconcertada.

—Te desmayaste.

Ella se puso nerviosa ante la mirada intensa que le dirigía Fye.

—¿Por qué te desmayaste?

—N-no lo sé.

—Papi, tú eres el doctor.

El rubio suspiró y Sakura agradeció al cielo que Fye dejara de verla de esa manera.

—Te dejaré descansar —se alejó de la cama, con dirección al pasillo, pero Sakura se puso de pie de un brinco, tomó una muleta, pues el bastón se había quedado fuera, y caminó lo más rápido que pudo al baño.

La pobre devolvió su estómago.

—Sakura… —no había tardado ni un segundo en ir tras ella y ayudarla con el cabello para que pudiera devolver el estómago sin tantas incomodidades—. ¿Qué ocurre? —le extendió una toalla y acarició su cabello, ambos estaban en el piso del baño, ella casi abrazada al excusado y él muy angustiado.

—He… he estado muy nerviosa con el asunto de Ashley, tengo miedo de que aparezca de repente y haga lo que ya sabes…

—¿Por eso estás así? —juntó ambas cejas en un gesto de preocupación—. ¿Sólo es eso?

Obviamente hizo referencia a la tarjeta.

—No me lo vas a creer, pero… —respiró profundamente después del esfuerzo que había hecho—. En estos días no he pensado en esa propuesta. Ámber está en el primer lugar de mi lista de prioridades.

El rubio abrió sus ojos de par en par, sus celestes ojos estaban tan impresionados como los de la pequeña Ámber, quien escuchaba todo a través de la puerta.

—¿Es en serio?

—Por supuesto que sí —frunció el ceño—. Ella ahora también es mi hija —lo dijo con tal convicción que el corazón de los dos rubios dio un vuelco de felicidad.

Fye suspiró con media sonrisa.

—No pensemos más en estas cosas. Es mejor que descanses un poco, si todo esto se debe al estrés, debes permanecer lo más calmada posible —la miró intensamente de nuevo.

—¿Por qué me ves así? —cuestionó ella con algo de incomodidad. Esa mirada lograba traspasarla, se sentía desnuda ante esos ojos.

—Amor, tienes vómito, desmayos repentinos… —hizo una mueca de asombro y felicidad—. ¿No estarás…

—No —le cortó abruptamente la emoción.

—Pero…

—No lo estoy, no estoy embarazada.

—¿Estás teniendo tu periodo?

Ella se sonrojó un poco.

—No, pero sé que no estoy embarazada —aseguró con firmeza—. No puedo quedar embarazada —pensó con un infinito dolor.

—¿Estás tomando anticonceptivos? —la miró con tristeza.

—S-sí —ni siquiera lo pensó antes de responder.

—Amor… —le dijo en reproche, con una leve mueca de tristeza—. Pensé que querrías tener hijos conmigo.

Sakura se vio acorralada, no sabía cómo actuar o qué decir. Nunca fue buena con las mentiras.

—Las personas cambian.

Esto dejó congelado a Fye en su lugar. Incluso dejó de respirar por unos segundos.

—¿Estás diciéndome que…

—Que no quiero tener hijos —su voz tembló un poco en la última palabra, pero fue tanto el asombro de Fye con los hechos, que no se percató de su leve titubeo—. Ámber es nuestra hija —sonrió, buscando consolar a su amado, pero éste sólo bajó un poco el rostro, desviando su mirada a un punto indefinido del baño.

—Sí, ella lo es —alzó un poco su rostro y le sonrió de lado, sus ojos se veían un poco brillosos.

Perdóname Fye —pensó con culpa.

El rubio se puso de pie, llenó un vaso con agua del grifo y ayudó a Sakura a levantarse para que pudiera enjuagarse un poco. A la pobre le temblaban las piernas debido al esfuerzo hecho.

Fye rodeó la estrecha cintura de su novia y la encaminó a la habitación para que pudiera descansar. Al Salir del baño no vieron rastros de la pequeña Ámber.

—Yo… iré a… —se rascó la nuca—. Ahora vuelvo, descansa —se dio media vuelta y salió antes de que una lágrima rebelde escapara de sus ojos, sólo eso se permitió, nada más.

La noticia de que ella no quería hijos… simplemente le había caído como balde de agua helada. Su perfecto mundo se empezó a desmoronar poco a poco. No quería hijos, no quería hijos, ¡por Dios! ¡¿Por qué no quería hijos?! Por esa misma razón él había optado por no usar ningún tipo de protección cada vez que hacían el amor, él esperaba que su princesa quedara embarazada cuanto antes, pues ya no eran tan jóvenes y a decir verdad estaba seguro de que ella deseaba lo mismo. Nunca esperó que ella tomara anticonceptivos. Sakura nunca le daría lo que él tanto anhelaba. No importa, aun así su amor por ella permanecía en los mismos altísimos niveles de siempre, pero un pequeño vacío hacía presencia en su corazón.

—Papi —la pequeña llegó al columpio donde su padre estaba sentado, ni siquiera se había dado cuenta de que llegó a ese lugar por inercia—. ¿Estás bien? —se sentó frente a él.

El ojiazul no dijo nada, sólo extendió sus brazos para atraparla y suavemente atraerla hasta sentarla en su regazo, donde la abrazó con mucha fuerza y sentimiento. No se permitiría llorar, no lo haría, así que alivianó el dolor de su alma con ese dulce abrazo que ella correspondía con mucho cariño.

—Estoy bien.

—Lo siento papi, pero… escuché lo que mi mami y tú platicaron en el baño.

Fye se asombró un poco.

—Cariño… —ella lo interrumpió.

—No sé qué son anti… anticonceptivos —arrugó su nariz—. Pero parece ser algo malo.

—No es malo. Es un medicamento que impide que las mujeres puedan tener bebés.

—¿Y Sakura no quiere tener bebés?

—No quiere…

—¿Eso es malo? —preguntó con brillo en sus ojitos tan azules e iguales a los suyos.

Fye suspiró y sonrió de lado.

—No lo es. Sólo me pone un poco triste, yo quería que tu mami y yo tuviéramos un bebé para que fuera tu hermanito o hermanita.

—Un hermano… —se le iluminaron los ojos al pensar en ello.

—¿Te gustaría?

—Sí, mucho. ¡Me gustaría! —se emocionó.

Algo dentro de Fye se rompió aún más. Pensó que tal vez su pequeña desearía ser hija única, pero no fue el caso. Pronto se le ocurrió una idea que le trajo de nuevo la felicidad. "Las personas cambian" Sakura tenía razón, ella había elegido no tener hijos, pero podría elegir lo contrario también.

—Entonces debemos convencer a Sakura para que quiere tener un hijo conmigo —soltó una risita.

—¿Y cómo lo hacen?

—¿Qué cosa, cariño?

—Al bebé ¿Cómo lo harían tú y mi mami?

El color del rostro de Fye se podría comparar con el de una granada.

—Uhm… bueno, se hace con mucho amor y trabajo duro.

—Pero ¿Cómo?

Fye rio con nerviosismo.

—Aún eres pequeña para que te explique esas cosas, mi niña. Cuando seas un poco mayor te lo explicaré todo ¿te parece?

Ámber asintió no muy convencida.

—Pero ya tengo nueve años.

—Lo sé, ya eres grande, pero no lo suficiente como para saber esas cosas.

—Papi —soltó en reproche.

—Esperaremos a que crezcas un poco más ¿Sí? —le guiñó un ojo.

—Está bien —se cruzó de brazos. El rubio soltó una pequeña carcajada y la abrazó con algo de brusquedad—. Papi ¡me lastimas! —también rio.

—Sólo te doy mi amor ¿A mi hija no le gusta el amor de su padre? —dramatizó, abrazándola más estrujantemente.

—Sí, pero… ¡Ay! Eres muy empalagoso —se lo quitó de encima. El rubio quedó perplejo unos segundos antes de estallar en carcajadas. Su hija sí que sabía elevarle el ánimo.

Sakura escuchó las risas y carcajadas, no pudo resistirse y se salió de la cama para ver hacia el jardín, su sonrisa se ensanchó al ver lo feliz que estaba Fye con Ámber entre sus brazos.

—Sin duda eres un padre extraordinario… —murmuró con tristeza—. Siento mucho no poder darte lo que tanto anhelas —una lágrima resbaló por su mejilla hasta caer a la duela

Un pensamiento le heló de inmediato, si Fye supiera la verdad ¿La dejaría? Y es que… él podría conseguirse a cualquier mujer, a alguien que pueda darle eso que tanto desea y que ella no puede darle.

Aprovechó que padre e hija estaban afuera para hacer una llamada.

—Hola, siento molestarlo ¿No está ocupado?

¡Hola hija! Nunca estaré ocupado para ti ¿Están todos bien?

—Sí —sonrió—. Es sólo que lo extrañamos, Ashura-san

El aludido se conmovió, pero detectó un sutil tono de tristeza e ella.

Sakura ¿Qué ocurre?

—Yo no lo soporto.

Ashura iba a aprovechar la situación para bromear y preguntarle si ya no soportaba a su hijo, pero sintió que era un asunto grave, mejor se guardó esos comentarios y fue directo al grano.

¿Ya se lo dijiste?

—No…

Oh hija, debes hacerlo. Sabes que él está deseoso por tener hijos, es mejor que se lo digas cuanto antes.

—Por eso mismo no puedo hacerlo —comenzó a llorar—. Su sueño de ser padre es muy grande, demasiado grande y yo… yo no puedo cumplírselo. Si se lo digo, él quizá…

Él te seguirá amando como siempre. Eso no cambiará lo que siente por ti —aseguró—. ¿Qué ocurrió?

—Me desmayé hace unos momentos, tuve náuseas, vomité. Usted sabe, todos esos síntomas típicos en las embarazadas. E inmediatamente Fye pensó que se trataba de eso. Yo le aseguré que no estaba embarazada, pero a él le costaba creerlo porque… uhm… bueno…

No te preocupes, hija, sé que ustedes son adultos y no deben dejar que el tiempo pase. Sé que ustedes tienen una vida sexual activa.

A la pobre casi le salía humo por los oídos. Estaba hablando con el padre de su futuro esposo, su suegro.

—¿F-Fye le ha dicho algo? —casi hiperventiló. Se puso más nerviosa al escuchar una leve risilla.

No es necesario que lo haga, sé cuánto se aman. Pero volviendo al asunto… ¿Por qué no le dijiste que no puedes embarazarte?

—Hice algo peor… —ahogó un llanto—. Me preguntó si tomaba anticonceptivos y yo no pude contradecirlo, preferí decirle que no deseaba tener hijos.

Oh Sakura… eso es peor aún que decirle la verdad.

—Lo sé, cometí un equivocación, pero no sé cómo reparar mi error —suspiró al borde del llanto. La cabeza le dolía cada vez más.

Dile la verdad, mi niña, es lo mejor que puedes hacer. Tal vez duela al principio, pero verás que es lo mejor para los tres.

—Es verdad… intentaré hacerlo.

Si necesitas algo sólo llámame —suspiró—. Cómo me gustaría estar ahí para darte un abrazo.

Una lágrima rebelde escapó nuevamente de los ojos verdes.

—Me lo dará cuando vuelva en un par de meses, ya casi es la boda —dijo con emoción y nerviosismo—. Por eso mismo le diré a Fye la verdad. Gracias por su apoyo. Lo quiero.

Yo también te quiero, hija. Salúdame al cabezota de mi hijo y a la pequeña Ámber.

—Claro que sí —rio un poco y colgó. Miró de nuevo por la ventana, pero no encontró rastros de su familia en el jardín, quiso salir a la terraza, pero su visión se nubló por completo, sus piernas dejaron de sostenerla y sintió un vacío muy conocido. Iba a desplomarse. Sólo vio cómo todo a su alrededor se hacía grande, escuchó un ruido que seguro fue el golpe de su cabeza contra el piso y de ahí en más no supo nada.

Al despertar momentos después, se encontró acostada y cobijada en su cama, tenía un paño húmedo sobre su frente y la luz de la lámpara de noche estaba encendida. Ya había anochecido. Miró todo a su alrededor, buscando a Fye o a Ámber, pero no encontró a ninguno.

Enseguida se escuchó un leve rechinido, producto de la puerta abriéndose. Fye entró al cuarto con un plato y vaso en mano.

—Despertaste —suspiró con gran alivio—. Te diste un fuerte golpe en la cabeza.

La aludida frunció un poco la nariz, eso explicaba el dolor palpitante en su cabeza.

—Tienes algo de fiebre, parece que vas a resfriarte. Será mejor que comas esto —le entregó un delicioso caldo de pollo con verduras—. ¿Cómo te sientes? —había verdadera angustia y cariño en esos ojos celestes.

—Un poco mareada.

—Es normal después de tal golpe —suspiró—. Te llevaré al hospital para ver de qué tratan esos mareos y desmayos.

—No es necesario.

—Sakura, me preocupas.

La aludida se conmovió al ver tanta sinceridad en sus orbes.

—Está bien. Fye, sobre lo de hace rato…

—Yo entiendo.

—Pero quiero decirte que yo en realidad no…

—Lo sé, no quieres tener hijos —suspiró pesadamente—. Tú lo has dicho: "Las personas cambian" y así como cambiaste una vez, puedes volver a hacerlo. Sé que puedo llegar a convencerte de que le demos un hermanito a Ámber —sonrió ampliamente, no dejaba de ser optimista—. Después de todo no es como si tú no pudieras quedar embarazada, eso sí sería terrible —rio un poco—. Sólo es cuestión de convencerte —le guiñó un ojo—. Y no me daré por vencido.

Sakura no pudo ni parpadear.

Un nudo se formó en su garganta y miles de lágrimas se amontonaron en sus ojos, exigiendo ser liberadas. No podía decirle la verdad, definitivamente no podía.

Los días que le siguieron a ese fueron un poco complicados para los Flowrigth, pues Sakura estaba extrañamente deprimida, no quería salir de la cama y dormía casi todo el día. Fye comenzaba a preocuparse, ya no había más desmayos, pero Sakura se había negado rotundamente a una visita al hospital. No comía, no hablaba mucho, ni siquiera Ámber pudo hacerla cambiar de ánimo, pues cuando visitaba a Sakura en su recámara, ella le pedía que se metiera a la cama con ella para abrazarla, y así permanecían varias horas. Fye tomó cartas en el asunto cuando Ámber le dijo que su mami estuvo llorando toda la tarde.

—Sakura, amor. Por favor dime qué te ocurre, necesito saberlo para poder hacer algo al respecto —acarició su cabello, pero ella sólo miró al vacío—. Amor —insistió—. Dime algo, por favor.

—Estoy bien.

—No, no lo estás —le tembló un poco la voz. De pronto el miedo lo invadió cuando un pensamiento terrorífico pasó por su cabeza. Sakura últimamente era propensa a caer en depresión. La última vez que tuvo una depresión tan fuerte, fue cuando cortó sus muñecas. ¡No! Eso jamás lo permitiría, no de nuevo.

—Estoy bien —repitió y sonrió muy levemente. Era una sonrisa hueca.

—¿Te he hecho daño? Dímelo, pequeña. Me disculpo por cualquier cosa que pudiera haberte hecho daño, sólo ya no estás tan triste, o al menos dime cómo puedo ayudarte para que estés feliz. No soporto verte así.

—No puedes ayudarme, nadie puede hacerlo.

—Dime que pasa —se estaba alterando un poco—. ¿Cómo puedo ayudarte?

—Lo siento. Sólo quiero dormir —cerró sus ojos.

El rubio desistió por esta ocasión. Decidió dejarla descansar y salió de ahí. Tenía el día libre, Ámber estaba en la escuela y Sakura… bueno, no salía de la cama. Debía animarla de alguna manera.

Tuvo una idea.

Ella aún no lo había hecho, así que le daría la sorpresa. Fue a su apartamento y echó algunas cosas a su auto con el fin de que ella se sintiera más en casa al tener cosas de ella cerca. Esta vez no se resistió, y sacó de aquel cajón que abrió una vez por equivocación, toda la lencería sexy que guardaba. Echó algunas fotos de su familia, más ropa, algunas pinturas de las paredes, entre otras cosas.

Llegó a la casa y lo primero que hizo fue comprobar que ella estuviera bien, después de eso acarreó todas las cosas que por lo pronto dejó en la habitación que Sakura ocupaba antes, ahí aprovechó para echar unas cuantas cosas más a la caja, quería que todo eso estuviera ya en la habitación que ambos compartían, era lo suficientemente grande como para poder albergar tantas cosas. Echó un vistazo a la mesita de noche y no pudo evitar soltar un bufido lleno de celos. Tomó la foto que reposaba sobre esa mesa y lo puso bocabajo con algo de enojo, pero al hacerlo pudo notar que había algo oculto detrás de ese retrato, ahí escondido, estaba su pequeño libro de doscientas páginas escrito a puño y letra. No lo había echado de menos porque ya no lo había necesitado, pero si estaba ahí escondido, sólo podía significar una cosa, Sakura lo había leído.

Frunció mucho el ceño. No supo por qué, pero le molestó mucho que lo hiciera, le enfadaba que lo hiciera a escondidas, bien pudo habérselo pedido o al menos preguntado sobre qué trataba, y es que en esas páginas estaban plasmados todos los sentimientos del rubio durante estos diez largos años, su dolor, sus problemas, sus sentimientos y, literalmente sus lágrimas plasmadas sobre el papel. Había demasiado de él ahí dentro y Sakura ni siquiera se tomó la molestia de pensárselo antes de tomarlo sin permiso y leerlo. Eso era una gran falta de respeto hacia su persona.

Tomó el libro y con algo de enfado y sin cuidado, entró a su habitación, despertando a Sakura con el ruido.

—¿Qué significa esto? —preguntó con seriedad, mostrando el libro en su mano derecha.

—Oh… —la aludida abrió mucho los ojos.

—Sí… "Oh" pudiste habérmelo pedido. Creo que ahora entiendo por qué de repente aceptaste que me acercara de nuevo a ti, fue porque leíste todo este libro ¿No es así? —la miró con cara de pocos amigos—. ¿No es así? —insistió.

—S-sí.

—Maldición —masculló entre dientes—. Sakura, esto era algo muy, muy personal, si tan sólo me lo hubierais pedido —suspiró—. Con gusto te lo hubiera enseñado, pero así… a escondidas —negó con la cabeza mientras caminaba de un lado a otro—. Habíamos quedado en no mentirnos más.

—Lo sé y… lo siento, de verdad lo siento.

Él la miró con severidad.

—Te pido disculpas por eso —fue sincera—. Es sólo que lo encontré y… y cuando vi que era un libro escrito por ti, no pude evitarlo.

Fye frunció el ceño, miró su reloj de mano y dijo:

—Iré por Ámber al colegio —sin decir más, salió de allí.

Sakura se sintió escoria.

OoOoOoOoO

Fye

Me estacioné en una acera frente al colegio, justo al lado del parque, ahí podría ver cuando Ámber saliera de clases.

Suspiré.

Nunca podía alcanzar la felicidad completa porque venía algo y me la arrebataba, ahora mismo no sé qué ocurre con Sakura, con nosotros… ella está tan extraña, tan deprimida y triste que no estoy seguro de estar haciendo bien las cosas, pero ella tampoco es capaz de decirme qué estoy haciendo mal. ¡Ah, esto es frustrante!

Miré un pequeño local en la esquina, vendían café, así que decidí ir por uno mientras esperaba. Luego de pagar mi café, vi un par de periódicos locales que quedaban en el revistero. La nota de la primera plana llamó mi total atención.

"MODELO RECONOCIDA INTENTA SUICIDARSE AYER POR LA TARDE"

Miró la foto de la aludida y era nadie más y nadie menos que Ashley.

—Disculpe, me llevaré este también —puso el periódico en el mostrador y pagó por él antes de irse casi corriendo hacia su auto. En el techo de éste dejó el café mientras leía esa nota.

No podía creerlo. Ashley en verdad intentó suicidarse. Al parecer ahora mismo estaba internada en el hospital London Bridge.

—Oh por Dios… —se asombró mucho. Tomó nota del hospital en el que se encontraba e investigó su número en internet. De inmediato llamó preguntando por Ashley Thompson, pero le negaron la información, tuvo que dar su nombre como médico y después de que lo confirmaran, le dijeron que la paciente había sufrido una sobredosis, pero que en un par de días podría salir del hospital. Fye se alarmó y de inmediato preguntó si no la internarían en un hospital psiquiátrico. Le dijeron que no, que no era necesario. Fye se enfureció y colgó el teléfono.

—¿Qué pasa papi?

El rubio pegó un salto.

—Ámber, ¿Por qué no me esperaste en la escuela? ¿Te dejaron salir sola?

—Te vi desde la puerta y te estuve llamando al celular, pero estaba ocupado. La maestra te vio y me dejó salir. Mira —señaló hacia la puerta del colegio, ahí estaba la aludida con una boba sonrisa y unas sonrosadas mejillas. Al notar que él la miraba, agitó su mano derecha en un llamativo saludo a distancia. Fye se limitó a asentir con la cabeza.

—Vámonos a casa —le abrió la puerta del auto a su niña.

—¿Cómo siguió mamá?

Fye suspiró.

—Igual.

OoOoOoOoO

El teléfono sonó en la residencia Flowrigth, Sakura tomó el teléfono y vio con alegría que el identificador marcaba el número del celular de Kurogane, estuvo a punto de contestar, pero en eso escuchó que Fye acababa de tomar la llamada muy cerca de ahí. Sakura tuvo curiosidad, se levantó de la cama y caminó al pasillo, escuchando desde el comienzo de las escaleras cómo Fye hablaba en el tercer piso.

—Las cosas no van muy bien. Sakura está deprimida y no sé por qué. No sale de la cama, está siempre triste y… ya no sé qué hacer.

La aludida quiso irse al escuchar que hablaban de ella, si seguía escuchando tal vez se deprimiría más, pero sus ganas de saber lo que diría la hicieron volver a las escaleras.

—¿Tú también lo viste? —preguntó en voz baja—. Yo acabo de enterarme hace unas horas, lo vi en el periódico local.

La castaña bufó con desilusión al ver que ya no hablaban de ella, estaba por irse cuando escuchó algo que no supo definir muy bien, así que subió un par de escalones hasta verlo a lo lejos.

—Esto a veces es un poco complicado —se pasó una mano por el cabello mientras caminaba de un lado a otro, ajeno a que Sakura lo escuchaba—. Lo sé, Kurogane, tengo que hacer algo si es que quiero ponerle un alto a esta situación, no puedo permitir que haga lo que le venga en gana —bufó—. Además… ya sabes que ella intentó quitarse la vida y a decir verdad no quiero a alguien así cerca de mi hija. El problema es que ahora mismo no sé cómo quitármela de encima, creo que llegamos demasiado lejos y estoy en un punto sin retorno…

—Oh por Dios… —Sakura se llevó una mano a la boca. Hablaba de ella. No quiso escuchar más. Regresó a la habitación lo antes posible y lloró mares.

OoOoOoOoO

Estaba fastidiado, cansado y realmente incómodo con esa actitud depresiva en Sakura. Entró a la recámara, encontrándola como últimamente lo hacía: en la cama.

—Sakura…

—No me hables —espetó con fastidio, tapándose hasta la cabeza con las sábanas.

—¿Qué ocurre? —preguntó con molestia y el ceño fruncido.

—Nada, no te preocupes más por mí, pronto no tendrás que hacerlo.

—¿A qué te refieres? No me digas que tú…

—¡No! —se exasperó, salió de las sábanas y lo encaró con ira—. No voy a ir y suicidarme porque un tonto como tú me hizo sentir mal, porque un idiota como tú espera cosas de mí que no puedo dar.

—¿"idiota"? —entrecerró los ojos, molesto.

—¡Sí! —lo encaró con puños y dientes apretados.

—Vaya… —se masajeó el puente de la nariz, conteniendo su enojo.

—No sé por qué me recibiste en tu casa, me hablaste bonito, me convenciste, dijiste que me amas y yo… yo creía que te amaba.

La expresión del rubio fue de completo asombro y desconcierto.

—¿Tú no…

—No te amo más.

—No… aquí vamos de nuevo —se llevó ambas manos a la cabeza, hastiado—. ¡La historia se está repitiendo! ¿¡te das cuenta?! —le gritó—. Esto es muy agotador, Sakura, muy agotador —caminó de un lado a otro.

—Entonces bótame como otras tantas veces, anda, hazlo.

—Aún no te das cuenta ¿verdad?

—¿De qué?

—De que te amo. Y sé que me amas, aunque no me lo hayas vuelto a decir desde hace diez años.

—No.

—¿No qué?

—¡No! —se le llenaron los ojos con lágrimas—. Sólo déjame en paz, por favor. ¿No vez lo mucho que me haces sufrir? Dices que me amas, pero a mis espaldas dices que soy mala influencia para Ámber, que ella no debe estar cerca de una persona que intentó matarse. Te tengo una noticia Flowrigth: ¡Yo intenté matarme! Y no lo niego porque es parte de mi pasado, pero es alfo que ya superé, y es algo que tú no logras entender, dices que me amas pero no me aceptas tal como soy, no aceptas que no quiero tener hijos. Quieres moldearme a tu manera de ser y ¡no puedo!

—¡¿Moldearte a mi manera de ser?! ¡Por dios! ¡Ambos queríamos tener hijos!

—"queríamos" Tú lo has dicho, ¡yo ya no quiero!

—¡¿Pero por qué?! —se exasperó.

—¡Por que no! ¿sabes? Esto se acabó…

—Espera… ¿Qué hay de Ámber? ¿Qué hay de nuestra boda? —esto le fue rompiendo poco a poco el corazón.

—Oh, no intentes chantajearme. Y sobre la boda… —se quitó los anillos, tanto el que le dio hace más de diez años y el de compromiso, los juntó y los dejó sobre el tocador. Fye sintió una punzada en el pecho al ver eso.

—¡No seas tonta, claro que no lo hago por eso! —la tomó del brazo bruscamente—. ¡Ella te adora! Dice que eres su madre y ¿Aun así te vas a ir? ¿Nos vas a abandonar? —la miró con profundidad. Ella pudo ver en esa mirada los diferentes matices de azul de esos bellos ojos que ahora mismo la miraban con desesperación y casi con súplica.

La aludida lloró un poco más antes de soltarse de agarre.

—Me voy mañana en la mañana. Gracias por tu hospitalidad, pero es hora de que siga con mi vida.

—Oh… casi lo olvidaba, esa oferta en China sigue en pie ¿No es así? —rio con burla, estaba tan desesperado que no midió sus palabras—. Shaoran te ha de estar esperando. Típico de ti… —murmuró esto último.

—¿Qué dijiste? —masculló ella entre dientes.

—Nada que no sepas. Vas a hacer lo mismo que aquella vez: nos peleamos, destruyes todos nuestros planes y te vas a China con tu "amigo" ¿Lo extrañas? ¿Extrañas la vida que llevaste con él en su mansión? Seguro por eso has estado tan deprimida, extrañas a tu querido amante…

¡PLAF!

El rostro del rubio quedó girado a la derecha, su mejilla ardía y la mano aún palpitante de Sakura aún se encontraba alzada. Ella ya no lloraba, sólo lo miraba con horror. Él sabía que se lo tenía bien merecido, por eso no reclamó nada, pero lo que le dolió hasta el alma fue esa última mirada y esas palabras.

—Ha sido suficiente, me voy.

Si no fuera tan tarde, la castaña se habría ido en ese mismo momento de la casa, lo que hizo fue encerrarse en su antigua habitación , dormiría ahí esta noche.

Continuará…