We Meet Again

By Tsuki No Hana

XVIX

"Está bien"

A la mañana siguiente Fye se fue al hospital a trabajar, pero antes dejó a Ámber en el colegio. La había notado demasiado seria. Le preguntó varias veces si le ocurría algo, pero ella siempre negó. Estaba triste.

Sakura apenas se vio sola en la casa, llamó a un taxi y comenzó a juntar todas sus cosas. Vio que no podría cargar con todo, así que sólo se llevó lo necesario en una pequeña mochila. Entró por última vez a la habitación de Ámber y le dejó una linda carta de despedida, donde le explicaba algunas situaciones y le decía cuánto la amaba, que ella seguiría siendo su hija a pesar de todo, le dejó también el número de su teléfono celular para seguir en comunicación.

Para cuando Fye y Ámber llegan a la casa, se la encuentran vacía y esto los extraña bastante, así que muy preocupados van en busca de Sakura, pero no la hallan en la casa, eso era poco común en ella, nunca salía, pues aún no podía caminar bien como para andar en la ciudad y mucho menos con las muletas que se cargaba, si salió debería ser en taxi, pero… ¿A dónde?

—Papi ¿Dónde está Sakura? —preguntó con la preocupación reflejada en sus ojitos.

El rubio frunció levemente el ceño, él también quería saber eso. La pelea de anoche había sido muy fuerte, demasiado… y ella había dicho que se iría, pero no la creía capaz, o al menos no aún, debido a su estado de salud. Caminó hacia su hija, se inclinó hasta llegar a su altura y le pellizcó una mejilla.

—Lo averiguaré, mientras tanto ve a cambiarte el uniforme para que comamos juntos —depositó un suave besito en su frente y se incorporó. La niña muy obedientemente se fue a cambiar de ropa, pero aun así no dejó de pensar en su querida madre. Nunca se había ido sin decir nada, es más… nunca había salido sola

¿Tendrá que ver con la discusión que tuvieron ayer? —se preguntó mentalmente, angustiada y muy preocupada.

Después de cambiarse se dirigió a la planta baja, y mientras lo hacía pudo distinguir el suculento aroma de la comida de su padre, pero cuando entró a la cocina pudo vislumbrarlo dándole la espalda a ella, con ambas manos apoyadas en la estufa y la comida a punto de quemársele aún enfrente de sus narices, pero éste ni parecía darse cuenta.

La pequeña rubia caminó hacia él y se mortificó al ver su ceño fruncido y esa mueca de profunda preocupación tan poco característica en su padre, pero lo más extraño fue que ese ceño estaba acompañado de un leve sonrojo.

Fye.

No puedo evitar preocuparme por ella y es que…. ¿A dónde demonios se fue? Sé que ya está un poco recuperada y además es libre de hacer lo que quiera, pero… ¡No tiene derecho a hacernos esto!

Teníamos un compromiso, íbamos a casarnos… un nudo se hace en mi garganta cada que pienso en ello. No pude dormir en toda la noche, pensando en esa estúpida discusión que tuvimos. El problema es que ahora se encuentra Ámber de por medio y ella sufre al vernos pelear. Qué curioso, pareciera que somos un matrimonio disfuncional y ni a pareja llegamos ya.

Inevitablemente el recuerdo de esa noche hace dos meses llega a mi mente. Había vuelto a ser mía y yo suyo, después de tantos años nos unimos en un solo cuerpo…

Siento mi cara arder ante estos recuerdos un tanto bochornosos y muy subidos de tono, pero ¿Qué podía hacer? Esa noche fue la más feliz de mi vida después de la noche en que Ámber vino al mundo.

De pronto noto que alguien jala mi camisa suave e insistentemente, era mi pequeña, con sus ojitos preocupados.

—Oh… Ámber ¿Qué ocurre?

—Se quema —apuntó con su dedito al sartén sobre el fuego.

—¡Maldición! —gruñí mientras apagaba la estufa y echaba el sartén al fregadero, la comida había terminado chamuscada.

—Papi…

De inmediato sentí unos pequeños brazos rodeando mi cadera (Pues su pequeña estatura no la dejaba abrazarme mejor) fue hasta este momento cuando reaccioné y me reprendí mentalmente por comportarme de esta forma frente a mi hija.

—Lo siento… —me agaché y correspondí su agradable y reconfortante abrazo.

—Sakura va a estar bien, ella volverá, ya verás —me animó con una madurez impropia de su edad. No pude contener una sonrisa de orgullo y la abracé con más fuerza hasta que ella rio por la falta de aire en sus pequeños pulmones, me encantaba abrazarla así de fuerte, ella era mi ancla en medio de mis tormentas, si no la tuviera en mi vida… tal vez ni siquiera tendría vida…

Al separarme de ella me llevo una desagradable sorpresa cuando veo sus ojitos inundados en lágrimas. Oh no…

—Cariño… —limpio rápidamente sus lágrimas, pero éstas son rápidamente sustituidas por otras nuevas y más gruesas—. Oh mi pequeña… —la abracé de nuevo contra mí, pero ahora la tomé en brazos y fui hasta la sala con ella, sentándome en un sofá y acomodándola sobre mi regazo.

—No pasa nada —murmuró mientras se limpiaba las lágrimas, no le gustaba que la viera llorar, igual que Yuui…

—Si quieres llorar, hazlo —levanto su carita y acaricio con cariño su mejilla ya enrojecida. Bastó que la mirara con suavidad para que lentamente sus ojos se llenaran de nuevo. Soltó un pequeño gimoteo y se aferró a mi pecho, llorando sobre mi camisa. Su tristeza es más grande de lo que imaginé, pero no logro entender por qué es tan grande.

—No me gusta… no me gusta cuando Sakura y tú se pelean —gimoteó—. Tú te enojas con ella y parece que ella no se pone triste, pero cuando te vas ella llora mucho, mucho… ¡Ya no te enojes con ella papi!

Me quedé de piedra, mirándola con mis ojos abiertos a más no poder… yo pensaba que ella no se percataba de nuestros problemas, pero mi hija resultó más perceptible de lo que imaginé.

—¿Tú… crees que soy muy malo con ella? —pregunté con suavidad, ella me miró extrañada.

—No, pero los dos se pelean mucho —frunció el ceño—. Y ella no es la única que se pone triste… —me miró con sus enormes ojos azules—. Nunca te había visto llorar papi… hasta ayer… —más lágrimas salieron ante este recuerdo, no me gusta el hecho de que me viera llorar, sé que no le hace nada bien.

Suspiré, y aún con la sorpresa a flor de piel procedí a calmarla con suaves caricias sobre su pelo.

—Papi… Ya no van a pelear ¿Verdad?

Tragué en seco, me sentí avergonzado. Mi hija dándome lecciones de vida.

Suspiré.

—Haré lo posible, lo prometo —besé su frente y la apreté entre mis brazos.

—Tú la quieres mucho ¿Verdad? —siguió con sus inocentes preguntas.

—Sí.

—Pero no así —se separó del abrazo para verme a los ojos con insistencia, su ceño estaba chistosamente fruncido. Yo alcé una ceja, no la entendí muy bien.

—¿Qué quieres decir, cariño?

—La quieres mucho, así como un papá quiere a una mamá. Su amor es muy grande, no deben pelear tanto, deberían volver a estar juntos, casarse y tener muchos bebés, yo quiero hermanitos.

Un tonto sonrojo invadió mi rostro por completo.

—Pero qué cosas dices —desvié la mirada.

—¡Pero es verdad! ¡Yo sé que los dos quieren tener bebés, los vi tratando de hacer uno!

Me atraganté con mi propio aire.

—¡¿Qué?!

—Hoy en la escuela nos explicaron cómo se hacen los bebés.

—¿Qué…? —no cabía en mí de la vergüenza.

—Y yo vi que ustedes hacían eso.

—Oh por Dios... —me llevé una mano al rostro. Mi hija podría quedar traumada de por vida.

—Y sólo los que se aman de esa manera hacen eso ¿No? A parte, cada vez que te digo algo sobre ella se te pone la cara roja, así como ahorita —pinchó con su dedito mi mejilla.

No pude contener una carcajada nerviosa.

—Pero ella… ella… —mi ánimo se fue desinflando hasta que no pude sostenerle más la mirada. Iba a decirle que la discusión que tuvimos ayer fue tan fuerte que rompimos nuestro compromiso, que posiblemente ella no regresara a la casa, pero eso podía poner realmente triste a mi niña, No pude hacer otra cosa, así que sólo respondí a su pregunta inicial—. Sí, yo la amo.

Mi pequeña dio un brinco de felicidad que contrastó con el rastro de lágrimas en sus mejillas.

—¡Entonces habla con ella! ¡Pídele que vuelva a casa! ¡Anda papi, háblale ya!

—De acuerdo, de acuerdo —reí—. Pero estate tranquila un momento —pedí aun con la risa invadiéndome al verla brincar tanto, su reacción al escucharme decir eso fue muy tierna. Era increíble que esta niña lograra tanto en mí. Ayer veía por perdida mi relación con Sakura y hoy… ella me da esperanza.

En fin… solté un pesado suspiro y me puse de pie, yendo directo al teléfono. Al diablo todo, mi orgullo, rencor e ira, nada de eso me llevaría a donde realmente quiero estar: a su lado, así que me tragaría mi enorme orgullo y le pediría que vuelva con nosotros, conmigo…

Pero algo llamó mi atención al momento de tomar el teléfono: una luz parpadeante en la contestadora. Con algo de impaciencia presioné el botón correspondiente y la común voz de la máquina se dejó escuchar.

"Tiene tres mensajes. Este es el primer mensaje:"

—Buenos días doctor Flowrigth, le dejo este mensaje sólo para informarle que la junta del comité del hospital se aplazó para el último día del próximo mes, esperamos verlo ahí para finalizar la elección del jefe de departamento que será enviado a América. Si tiene algún inconveniente comuníquese conmigo cuanto antes.

A penas terminó de escucharse el mensaje, miré a mi hija y noté la sorpresa en sus ojos. No sabía que corríamos el riesgo de irnos a América, tanto Kurogane como yo corremos el riesgo de ser mandados a otro continente. Era un tema que apenas iba tocar con su familia.

—Tranquila —le sonreí mientras revolvía sus cabellos—. Me aseguraré de que estemos los tres juntos, ya sea aquí, en África o América —le guiñé un ojo. Mis fuerzas y decisión estaban renovadas, nada me haría retractarme de mi nueva decisión: quería a Sakura dentro de mi vida y nada me lo impediría.

Ámber dio un par de saltitos con sus ojos más brillantes que nunca.

"Este es el segundo mensaje:"

—…

Levanté mi ceja ligeramente divertido. ¿Un mensaje de voz silencioso? Mientras acababa de reproducirse pensé de inmediato en Sakura. Probablemente llevaba toda la mañana fuera de casa y aún no se comunicaba. Una aguda preocupación nació en mi pecho, algo no andaba bien, Sakura no era de las que se van sin decir nada… aunque después de la discusión de un día antes…

"Este es el tercer mensaje:"

—Eh… hola —me tensé de inmediato al escuchar su triste voz—. Bueno… yo… reamente no sé por qué estoy haciendo esto, pero…—me relajé un poco y exhalé el aire que había estado reteniendo—. Te dejo este mensaje para despedirme y disculparme por no haberlo hecho en persona y también por cualquier mal momento que les haya hecho pasar al tenerme a su lado tanto tiempo. Quiero agradecerte por la oportunidad que me diste al permitirme vivir en tu casa todos estos meses, conocí a Ámber y fue lo mejor que me pudo pasar dentro de toda esta tragedia de mi accidente, dile que la quiero mucho y que es una niña excepcional, dile que estoy orgullosa de ella. Gracias también por el cariño y cuidados que me brindaron todo este tiempo, me hicieron sentir en familia y es algo que nunca terminaré de agradecerles. En fin… espero que algún día nos volvamos a ver, aunque para ser sincera lo dudo. Gracias por todo… ¡Ah! Se me olvidaba… aunque no lo creas me da tristeza no poder escuchar tu voz por última vez, los extrañaré mucho y… y a pesar de todo lo que nos dijimos anoche y de todo el daño que nos hemos hecho a lo largo de los años, quiero que sepas que te dije una gran mentira, es mentira que no te amo porque… te sigo amando como el primer día en que te vi… yo… yo t-te amo Fye.

"No hay más mensajes"

Mi mano temblorosa soltó el teléfono, haciendo que cayera estrepitosamente al suelo. Ámber me miró entre asustada y sorprendida, tal vez no entendía el motivo de mis ojos llorosos y mi enorme sonrisa. Y es que… ella había dicho que me amaba…no, dijo que me ama….

Tengo que encontrarla.

Debo buscarla y decirle que yo tampoco he dejado de amarla, que jamás podré vivir sin ella….

—¡Ella te ama! —exclamó de repente, provocando un leve bote en mí—. ¡Ve a buscarla papi!

Mis ojos se inundaron de alegría, pero reaccioné cuando recordé algo muy importante.

—No te puedo dejar sola, además, no has comido cariño y…

—¡No importa! ¡Corre!

No esperé más para hacer lo que me pidió. Pero el problema ahora sería encontrar a Sakura ¿Dónde estaría? No se me ocurrió otro lugar que no fuera su antiguo departamento, pero descarté la idea al recordar el millón de escaleras que hay que subir para poder llegar. Así que opté por ir a buscarla a casa de su jefe Eriol, pero no estaba allí, fui a la universidad y tampoco. Me empecé a preocupar cuando la busqué en el museo y no vi señales de ella.

Me había marcado de su teléfono celular, pero al tratar de regresarle la llamada el teléfono sonaba y sonaba, pero no contestaba.

Comenzó a atardecer en la ciudad y mi frustración iba en aumento cuando no lograba encontrarla, pensé de nuevo en su casa y a pesar de que fuera poco probable encontrarla ahí, me di cuenta de que era mi última opción.

A penas llegué al edificio, subí las escaleras como loco, toqué a su puerta y nadie respondió… finalmente decidí llamar a su teléfono celular y para mi enorme sorpresa el característico timbre provino desde adentro. Algo definitivamente no andaba bien. Grité su nombre varias veces, pero nunca salió, algo debió pasarle.

"…En fin… espero que algún día nos volvamos a ver, aunque para ser sincera lo dudo…"

Sus palabras aparecieron como relámpago en mi mente… esas palabras tenían un significado más profundo, tal vez ella decidió… ¡No! ¡Oh por Dios no! No pudo haber decidido el camino fácil, no de nuevo por favor…

Ya no me importó nada que no fuera romper en pedazos la puerta principal y al hacerlo pude entrar al departamento en penumbras, pues ya había anochecido. Comencé a buscar en la estancia y no tuve que ir más lejos al vislumbrar un par de pies asomándose por el costado del sillón más amplio. De un salto llegué al lugar y mi sangre se heló con lo que me encontré.

—Oh por Dios ¡Sakura! —me arrodillé a su lado, la oscuridad no me dejaba ver bien, pero al palpar el piso bajo su cuerpo pude sentir que estaba sobre un charco de sangre—. ¡Maldición! ¡Sakura! ¡¿Por qué lo hiciste?! —grité colérico.

Tomé una de sus muñecas para comprobar su pulso, esperaba encontrarme con las viejas heridas totalmente abiertas y renovadas, pero enorme fue mi sorpresa al no encontrar vestigio de sangre, en vez de ello pude detectar un leve, pero persistente pulso… ¡Seguía con vida!

Mis manos comenzaron a moverse por todo su cuerpo, abriéndose paso entre las capas de ropa con movimientos torpes y algo bruscos debido a la necesidad imperante de saber qué le había ocurrido.

Mis músculos se tensaron y fueron incapaces de moverse al percatarme de dónde provenía tanta sangre…

Tomé mi teléfono y llamé a emergencias.

OoOoOoOoO

Sakura.

Un punzante y agudo dolor en mi vientre bajo me despertó, o eso creí hasta que me di cuenta de que mis ojos pesaban más de lo normal, no podía abrirlos con tanta facilidad. Escuché unas voces conocidas a lo lejos, casi como ecos en mi mente, intenté entender lo que decían, pero me fue imposible, todo se escuchaba distorsionado, parecía que dos personas discutían aunque de pronto todo volvió al silencio.

¿Qué me pasó, dónde me encuentro?

Apreté mis parpados ante el agudo dolor que de nuevo se presentaba con insistencia en mi vientre, dolía condenadamente mucho, quería gritar y exclamar mil improperios, pero todo mi cuerpo pesaba.

Parte de todo mi malestar se disipó al sentir una mano apretando firmemente la mía, mientras que otra se posaba con suavidad en mi frente, acariciando los cabellos que caían libremente sobre mi piel. El toque era suave y agradable, me ayudaba a relajarme, aunque la voz que escuché a continuación no esperaba volverla a oír en muchos años.

Intenté abrir mis ojos, luchar contra el peso de mis párpados y el dolor palpitante en mi vientre.

—Mi amor…

Esas dos palabras pronunciadas con su voz fueron más que suficiente para que mis párpados ganaran esa batalla y se abrieran finalmente, muy poco, pero se abrieron. Enorme fue mi sorpresa al encontrarme ese rostro pálido y unos ojos rojos llenos de lágrimas. Noté la sorpresa en sus orbes azules al verme por fin despierta, sin embargo parecía que algo le impedía hablarme, aunque sus ojos decían más que mil palabras: estaba quebrándose de tristeza, pero… ¿Por qué?

—¿Qué… pasa? —al fin logré articular palabra. Noté cómo tragaba en seco y me miraba con intensidad, era una de esas miradas que pone la gente cuando está a punto de darte la peor noticia de tu vida—. ¿Dó-dónde estoy? —traté de moverme, pero ese agudo y punzante dolor me atacó de nuevo, era una horrible sensación que provenía desde lo más profundo de mi ser, justo en mi vientre. Ese agudo dolor yo lo conozco… ya lo he pasado antes, pero… es imposible, yo no puedo…

—Tranquila, no debes moverte —me pidió con suavidad, pero su voz se oía mucho más seria y ronca de lo normal. Me pregunto cuánto tiempo habría estado llorando y por qué razón…

—¿Qué… me pasó?

Su expresión se volvió amarga, no me pudo sostener la mirada y la desvió hacia la ventana, desde donde se podían apreciar los leves tonos naranjas del amanecer.

—¿Por qué no me lo dijiste? —murmuró en voz baja, sin atreverse a mirarme a los ojos. Yo simplemente no entendía nada—. Ahora entiendo el porqué de tu despedida, pero… —rio amargamente—… nunca pensé que fuese un motivo para acabar con tu vida, no pensé que fueras capaz de hacerlo, no de nuevo… y además sabías mi deseo de ser padre.

Esas palabras se clavaron en lo más profundo de mi ser, me estaba reprochando algo que simplemente no hice. Yo jamás sería capaz de ello, además… ¿De qué rayos está hablando?

—No… no te entiendo…

—¡Sí! —me encaró con algo de furia, aunque en medio de todo ello se podía notar una gran tristeza acumulada en sus ojos, lo más extraño de todo era que su mano seguía apretando la mía, dándome calor y fuerzas—. Decidiste atentar de nuevo contra tu vida ¡Y es algo que simplemente no puedo soportar! —se puso de pie, con ambas manos apoyadas sobre el borde del colchón. Yo me desconcerté bastante ¿Acaso él pensaba que yo…?

—¡N-No! Yo no quise suicidarme —ante la última palabra los dos nos estremecimos, era un tema muy delicado en nuestras vidas.

—¡¿Entonces?! ¡¿Entonces por qué te hallé en medio de un charco de sangre?! Y con un frasco de píldoras a un lado…

—Fye… —lo miré sorprendida, pues su mirada estaba llena de miedo, tristeza y de un millón de lágrimas que luchaban y se amontonaban por salir. Él no llora, nunca llora…

—¿Por qué? —susurró, mirando el suelo.

—Yo no intenté suicidarme —repetí—. Sólo me dolía mucho la cabeza, tomé un par de píldoras y…—los recuerdos llegaron a mi mente como relámpagos—. Y de pronto me sentí muy mal, me dolió mucho el vientre y creo que me desmayé, después de eso no recuerdo nada.

Me sorprendí cuando alzó bruscamente su rostro, mirándome intensa y profundamente, casi podía ver un brillo en sus ojos.

—¿Entonces tú no…?

—¡Por supuesto que no! ¡Nunca intentaría eso! No de nuevo… —desvié mí mirada, avergonzada—. Pero… ¿Qué es lo que hago aquí? ¿Qué me pasó? —pregunté con incomodidad y cierto temor.

—Sakura… —abrió los ojos con tanta sorpresa que me espanté—… ¿En realidad no sabes? Es decir… ¿No lo sabías?

—¡¿Qué!? ¡Maldición! Dime de una vez.

—Sufriste un aborto.

Lo soltó tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar, casi sentí como si me desnudaran y me echaran en el mismo mar en el que se hundió el Titanic. ¿Un aborto? ¿Yo? ¡Ja! Es imposible, porque yo no… yo no puedo tener hijos…

—Es imposible —y sin darme cuenta por mis mejillas ya corrían dos ríos de lágrimas que poco a poco aumentaban su caudal—. Yo no… ¡Ah! —hice el intento de ponerme de pie, pero ese inmenso dolor me atacó una vez más. Ese dolor… yo lo conozco muy bien…

—¡No te muevas! —me recostó con cuidado de nuevo sobre el colchón.

—No… —mis manos empezaron a temblar bruscamente, mis ojos no podían estar más abiertos y mis lágrimas no podías aumentar su caudal—. No… ¡No! —exclamé con fuerza mientras golpeaba el colchón con mis puños.

No supe en qué momento Fye ya estaba sobre la cama, sentado a mi lado y abrazándome con una fuerza de verdad reconfortante, pero no lo fue lo suficiente como para calmar el dolor de mi alma. Había perdido un hijo… un hijo de Fye…

—¡Nooo! ¡¿Por qué?! ¿Por qué de nuevo…?

En ese instante y antes mis últimas palabras, Fye se separó de mí como si en vez de lágrimas llorara ácido o algún virus mutante contagioso. Sus ojos estaban casi desorbitados. Oh no… creo que hablé de más.

—¿"De nuevo"? —preguntó con cautela, como no queriendo saber la verdad, pero a la vez no podía calmar esa incipiente duda.

Lo miré a los ojos y no pude más que asentir mudamente, sin apartar la mirada de sus orbes celestes. El nudo en mi garganta se hacía cada vez más gigante y el dolor en mi vientre aumentaba, pero a pesar de todo ello tenía que ser valiente y enfrentar esto de una vez por todas…

—¿Ya… ya habías perdido a un bebé? ¿Por eso dijiste que no podía quedar embarazada? —me preguntó con un atisbo muy profundo de tristeza.

De nuevo sólo asentí.

—Ya veo… —bajó su rostro hasta que su cabello cubría sus ojos, no podía ver lo que probablemente pensaba de mí en esos momentos—. Imagino que debió ser de "Él"

El sonido de mi garganta pasando saliva fue suficiente respuesta para Fye, pero aun así debía oírlo de mí, con mis palabras.

—Sí. Era hijo de Shao…

—Está bien…—me interrumpió y en seguida se restregó la manga de su suéter por toda la cara. Estaba llorando, pero no me dejaba verle el rostro—. Está bien… —repitió—. ¿Y por qué lo perdiste? —trató de cambiar un poco el tema, aunque no sirvió de mucho.

—Cuando intenté suicidarme no sabía que estaba embarazada. Obviamente lo perdí cuando intentaron salvarme, el bebé no resistió tanto, los medicamentos que me dieron para traerme de vuelta a la vida terminaron matándolo… nadie sabía de mi estado, ni siquiera yo misma —mi voz sonaba completamente gélida, aunque un enorme e inconfundible dolor se distinguiría en ella si se escuchara con detenimiento.

Creo que lo expliqué de una manera muy fría, incluso él se estremeció un poco, pero es que ya estaba acostumbrada a esa misma historia, la cual llevo recordando por muchos años, soñando con el momento en que me dieron la noticia de que perdí a mi primer bebé, teniendo pesadillas de mi bebé agonizando por culpa mía… nunca me lo perdonaré, jamás…

Y ahora esto.

Me habían dicho que nunca podría ser madre ¡¿Entonces por qué demonios perdí a un bebé!?

Me mordí el labio con fuerza, no quería llorar ¡No iba a llorar!

—Fye… —murmuré apenas audiblemente—. ¿Por qué lo perdí…?

Al fin alzó su mirada y no pude sostenérsela, tuve que girarme para no ver esos ojos tan tristes y deprimentes.

—El medicamento para la migraña… está altamente contraindicado en pacientes embarazadas…

Golpeé de nuevo el colchón con mi puño, sólo así podría contener mis lágrimas. Soy fuerte, he logrado salir adelante yo sola de muchas circunstancias similares, podré… podré superar esto…

—Discúlpame.

Y sin decir más se puso de pie y salió lentamente de mi habitación. Me dejó sola con mis sentimientos, tal como aquella vez hace poco más de diez años cuando me abandonó sin dificultad alguna. Aunque ahora estaba en todo su derecho… inconscientemente maté a su hijo y además se enteró de que estuve a punto de tener un hijo del hombre que más odia. Lo entiendo… no lo culpo por ello y si quiere irse y no saber nada más de mí, yo estaré bien, saldré adelante, no lloraré por esto, ya lo he vivido antes… sí, soy fuerte, yo… soy…. Fuerte….

Con las manos sobre todo mi rostro ahogué el grito que quemaba mi garganta. Permanecí así durante un rato, tratando de apaciguar la tormenta en mi interior, no quería pensar en los hechos tan crueles… no quería pensar en que había perdido a un hijo de Fye… un hijo de ambos…

No, ya no puedo más, si no lo suelto yo… explotaré.

Mi desesperación llegó a su punto álgido cuando alguien tiró de mí para abrazarme. Lo primero que llenó mis sentidos fue el inconfundible aroma a Fye que me llenó los pulmones en un segundo, pero lo único que pude hacer fue arremeter a puñetazos contra cualquier parte de él que tuviera al alcance, pero no tardó mucho en inmovilizarme por completo. Le grité que me soltara, pero lo ignoró y siguió en esa especie de abrazo que me mantenía cautiva y rodeada de su calor. Intenté con todas mis fuerzas zafarme de su agarre, pero ¡bah! Mis fuerzas ahora eran incluso menores que las de Ámber.

—¡Déjame! —exclamé—. Aléjate de mí y sal de mi vida, tal como hiciste hace diez a años, sólo que ahora hazme el favor de no volver a aparecerte en mi vida, te lo ruego…

Fye.

¡¿Cómo es posible que me esté pidiendo eso?! Jamás la dejaré, ¡Nunca!

No pude soportar el dolor que implicaban aquellas palabras, así que la rodeé aún más con mis brazos y la apreté contra mi pecho, secando sus amargas lágrimas con la manga de mi suéter. Sentí cómo el corazón se me hundía la ver al amor de mi vida tan mal, además de que habíamos perdido un hijo hace apenas unas horas, también debíamos afrontar los problemas de nuestro pasado, pero… todo eso ya no me importa, no me interesa lo que haya pasado ¡Ya pasó! Y lo que importa es que tengo al amor de mi vida entre mis brazos, sana y salva, con vida…

—Sakura… —mis palabras se quedaron ahogadas en mi garganta ¿Qué palabras? Ni siquiera tenía idea de qué debía decirle…

Sus pensamientos fueron interrumpidos abruptamente por la puerta que se abrió de golpe. Un borrón amarillo con celeste pasó de largo, e ignorando a Fye, se trepó a la cama de Sakura.

—¡Mami! —la abrazó con fuerza. La aludida soltó un leve quejido, pero recibió la muestra de afecto con cariño.

—Ámber ¿Qué haces aquí? —preguntó, ceñudo—. Cariño... ¡Ten cuidado! —la regañó al ver que se aferraba a Sakura con mucha fuerza—. Vas a lastimarla.

—Lo siento —se separó de su madre—. ¿Qué te pasó mami? —la miró y luego a Fye, este sólo frunció más el ceño y miró hacia la puerta, donde su mejor amigo estaba parado.

—Te pedí de favor que no la dejaras entrar —estaba molesto. Kurogane lo miró con seriedad.

—Ella quería verla.

—Pero... —fue interrumpido.

—Está bien. Yo también quería verla.

El rubio suavizó su expresión y luego de un suspiro, dijo:

—Sólo cinco minutos —miró a su hija—. Necesita descansar.

Se dio media vuelta y salió de allí ante la mirada de todos.

Kurogane soltó un pesado suspiro. Recién habían llegado de su viaje, recibió esa llamada de Fye. El pobre estaba desesperado, y aunque ginecología no era para nada su especialidad, decidió estar con su amigo como apoyo moral.

Siguió al rubio por el corredor hasta llegar a una pequeña terraza, esa que Fye acostumbraba visitar de vez en cuando. Lo que nunca se esperó fue ver a su amigo sacar un cigarrillo quien sabe de dónde. Lo encendió y estaba por darle la primera calada cuando Kurogane se lo arrebató sin delicadeza alguna.

—¿Eres estúpido o qué? — espetó—. Quedamos en que no lo volverías a hacer.

Fye no respondió, sólo se dio media vuelta y permaneció en silencio por un buen rato.

—Un hijo, Kurogane, perdimos un hijo.

—Lo sé y lo siento mucho, pero Sakura te necesita más que nunca. Deberías estar a su lado ahora mismo.

—Regresaré con ella en un momento, sólo necesitaba aire fresco —aspiró profundamente—. Maldición, ¿por qué no me di cuenta antes?

—Ya no te culpes —se recargó en la baranda de la terraza, viendo hacia diez pisos más abajo.

—No puedo no hacerlo. Además, ahora sí es seguro que no podrá tener hijos, me lo dijo la jefa de ginecología…

—Pero está con vida, tienen a Ámber, pueden adoptar —le dio las soluciones fácilmente. El ojiazul soltó un suspiro de alivio, su amigo tenía razón—. Quédate tranquilo.

—Lo estoy, al menos un poco. Sakura me explicó que no intentó suicidarse.

—Lo sabía, ella es incapaz de intentarlo de nuevo, estoy seguro.

—Pues tenías razón.

—¿Dime cuándo no?

El rubio sólo rodó los ojos, el ambiente estaba un poco más ligero.

Cuando regresaron a la habitación, se encontraron con la pequeña Ámber dormida a un lado de Sakura, quien estaba dormitando, se veía muy pálida y exhausta.

—¿Quieres que la mueva? —susurró Fye, refiriéndose a Ámber. Sakura negó con la cabeza.

—Los dejaré solos —Kurogane se retiró.

Fye miró con tristeza que su hija había estado llorando, tenía los ojos húmedos e inflamados. Sin despertarla la acarició con cariño. La niña se removió un poco entre sueños, aferrándose un poco más a su mamá.

—¿Por qué no lo notaste antes?

—Ya te lo dije… se supone que yo no podía… —miró a Ámber, tuvo miedo de que estuviera escuchando—… ya sabes.

—Pero los síntomas eran muy claros, te desmayabas, tenías náuseas, ascos, ¡por dios! Ni si quiera tenías tu periodo ¿No se te hacía extraño?

—Soy muy irregular en esos aspectos. Por favor, ya no me hables más sobre eso —hizo un esfuerzo descomunal por no echarse a llorar de nuevo, pero no pudo, en silencio se enjuagó las lágrimas que salían una tras otra de sus ojos.

Fye por un momento apretó la mandíbula y los puños, aunque su pareja no lo notó. Quiso acercarse y abrazarla como momentos antes, sin importar que ella le pidiera que saliera de su vida, pero algo le impedía hacerlo de nuevo, sentía que si la tocaba, si la acariciaba, ella sufriría. Si se ponía a pensar bien las cosas, él había sido el culpable de la mayoría de sus desgracias, si sus caminos se separaran, era seguro que Sakura encontraría a un buen hombre que no la haga sufrir tanto.

Él se había prometido cambiar por ella, por el gran amor de su vida, pero no fue capaz de contener su lengua y terminó diciéndole cosas muy dolorosas la noche anterior, tan dolorosas que su amada terminó abofeteándolo como hace diez años. La historia se estaba repitiendo, y él no lo permitiría, ella no se merece eso.

Sintió cómo su corazón se hundía al ver a la mujer que amaba sentada en la cama, abrazando a su hija, pegándola a su cuerpo y con la cabeza gacha. Se acercó y se sentó sobre el simple colchón, dudando si tocarla o no. Decidió no hacerlo, sólo se quedó ahí, a su lado.

—Lo nuestro… —dijo ella en apenas un hilo de voz, mientras los ríos de agua salina en sus mejillas aumentaban su caudal—. Lo nuestro no funcionará nunca. Lo tenemos más que claro con… todo esto que ha sucedido y no me refiero sólo a esto, sino a todo lo que hemos vivido estos diez años. Tú y yo no estamos realmente destinados a estar juntos —dijo esto con evidente consternación y un dejo de incomodidad que apenas pudo disimular—. Nos hacemos mucho daño mutuamente, dejemos de hacerlo, por favor —a su suspiro le acompañó un profundo silencio.

Fye no sabía qué responder a eso. ¿Cómo le decía a Sakura que moriría sin ella? Hace apenas unos días ellos eran la pareja perfecta, estaban comprometidos, todo a su alrededor era color de rosa y la vida les sonreía día con día, las cosas al fin tomaban su lugar. Y ahora, pasaba esto… sonaba más bien a una mal jugada del destino ¿Es que acaso tenía que querer profundamente algo, y luego esperar con una sonrisa a perderlo? Sencillamente no era justo.

Pero la vida no es justa —pensó el médico y después de un rato de reflexión, respondió: —. Está bien.

—Está bien —repitió ella involuntariamente, pero el escuchar aquello, provocó en el cirujano la cimentación de sus miedos, ella había aceptado su resignación, aceptó que él también se diera por vencido. Lo suyo con Sakura había terminado incluso antes de comenzar…

—Está bien… —volvió a decir Fye. No lo soportó más. Salió de allí sin mirar atrás. Con esas palabras y esas acciones, le acababa de dejar el camino libre a su amada, no le cortaría las alas, merecía ser feliz.

Todo había terminado.

Continuará…