Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros: hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
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THE PERFECT GENTLEMAN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.F.
*º*º*º
Comprensión en silencio.
Sirius miró con preocupación a su ahijado desde el marco de la puerta, ingresó a la habitación con la intención de tener una larga charla con él.
—¿Qué pasa, Harry? ¿Estás bien?
—Necesitaba estar solo, no me pasa nada —respondió escueto, acomodándose sus lentes y tomando el libro.
—Harry no puedes continuar así, tan retraído, tienes una vida por delante. Yo sé y comprendo todo lo que has pasado, después de todo no nos ha tocado una vida fácil, pero la solución no esta en encerrarte en ti mismo —explicó colocando una mano en el hombro del chico.
Potter se mantuvo en silencio girando su cabeza para no mirar a los ojos a su padrino que innumerables veces había estado con él y en todas esas había estado a punto de morir, como olvidar lo que sucedió con el velo durante la batalla del Ministerio, una fuerte punzada en el pecho lo hizo estremecer con tan sólo recordarlo.
—Tus padres no querrían que estuvieras así ¿o si?, tú los viste ese día de la batalla, por lo que haya sido, pero los viste y te aman, están a tu lado y pienso que les haces daño estando así —agregó intentando traspasar la barrera que había creado, se movió colocándose frente a él buscando su mirada.
Harry tragó saliva con dificultad, un nudo había comenzado a formarse en su garganta. Sabía que su padrino tenía razón y de ahí que se sintiera aún peor, evocó la memoria de ese instante en que habían aparecido sus padres, la forma en que se había sentido y a pesar del dolor que le infligía tenía que darle la razón a Sirius, ellos no querrían verlo así. Levantó su vista mostrando sus pupilas esmeralda, las cuales habían perdido su brillo, miró a su padrino como tratando de encontrar palabras para explicarle lo que sentía, pero parecían escapar de su mente.
—Tómalo con calma Harry. Sólo disfruta de estar vivo, de estar aquí con tus amigos, de que ellos también estén vivos, no vale la pena que te sumerges en ese hoyo, se que es difícil, a todos nos cuesta superar las momentos duros, pero no dejes que ellos te superen a ti —aconsejó, abrazándolo protectoramente.
Él tardó unos momentos en responder, pero no podía negar que él tenía razón, pero ¿cómo hacerlo? Cerró sus ojos fuertemente y a pesar de que ese dolor y vacío era grande, ya no había más lágrimas en sus ojos, estos ya estaban secos de tantas veces que había llorado. Estrechó el abrazo por unos minutos más hasta que separarse fue inevitable.
—Pronto estará la cena, te esperamos —anunció sonriéndole, para después dejarlo nuevamente solo.
Harry se dirigió al baño y se mojó la cara con la fría agua, haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo. Miró su borroso reflejo en el espejo, ni siquiera él se reconocía. Tomó una toalla, secándose, se colocó sus lentes evitando volver a mirarse.
—Esto no puede seguir así —murmuró para después respirar hondo, tomar el libro y bajar a terminar esa tarea. Sin duda le iba mejor en los ejercicios prácticos que en el estudio de la enseñanza y tendría que sortear esas pruebas si es que deseaba pasar al segundo año en la Academia.
Si él podía haber derrotado a Voldemort, pero eso no lo hacía precisamente experto en como contrarrestar todas las artes oscuras, aún había mucho que debía aprender del mundo mágico, de los magos y criaturas mágicas.
«Sólo espero que Ron no insista en lo del Baile.»
Y sin exagerar hubiera preferido más eso que lo que le esperaba al llegar a la planta baja.
*º*º*º
Hermione se encontrada sumida en sus pensamientos observando las llamas del fuego que daba calor a su habitación, un par de lágrimas silenciosas recorrieron su rostro.
—¿Por qué no puedo ayudarlo? —preguntó desesperada—. ¡Ah, me muero por estar a su lado! Tengo que lograr que él vuelva a tener brillo su mirada, que su sonrisa no sea opaca, que su alma se recuperé. No se cómo lo haré, pero lo tengo que lograr, aunque creo que la respuesta para esto no se encuentra en un libro —suspiró con tristeza, limpiándose su rostro con un manoteo.
Se levantó y se dirigió al baño a tomar una ducha, pronto sería la cena y no era muy bueno bajar en pijama. Se recargó en el mosaico, exhaló profundamente, dejando que el agua tibia cayera sobre su cuerpo, llenando de vapor el cuarto.
—¡Por Gryffindor! ¿Qué demonios hago con todo lo que siento? Ahora es como si tuviera todo este amor acumulado dentro de mi cuerpo y quisiera salir sin importar nada más. Tengo unas enormes ganas de ir hacia él y decirle: ¡Te amo Harry!
Maldijo en silencio, sabiendo que todas sus ganas se quedarían ahí en esas cuatro paredes.
—¡Todo me detiene! Aún tengo que decírselo a Ginny y después ya, gritárselo al mundo entero, claro primero a Harry, bueno pero él… si tan sólo supiera que siente algo por mi, pero no es así—murmuró afligida.
El agua continuó deslizándose por su figura, mientras su mente se nublaba cada vez más con incógnitas y pendientes, más aún en Harry Potter y en el deseo de estar a su lado, no sólo como su amiga sino como la mujer que ella era.
*º*º*º
Harry descendió por las escaleras con paso lento, encontrándose con algo que lo dejó frío, ahí en el hall se encontraba la familia Weasley, pero lo que lo dejó así fue la presencia de su pequeña hija.
De pronto ahí parado, tratando de asimilar lo que sentía, no supo ponerle nombre a lo que le pasaba, ya no era aquella emoción que lo invadía en Hogwarts, pero aún seguía sintiendo algo muy fuerte por ella.
Todo era tan confuso, un revoltijo de emociones sin sentido.
—Harry —pronunció alegre la señora Weasley, acercándose a él y abrazándolo con fuerza.
—Buenas noches —saludó aún contrariado, mientras Arthur se acercaba y le apretaba la mano, dejando para después un estrecho abrazo paternal.
—Harry, ¿cómo estas?
—Bien —contestó adusto, visiblemente aún en estado de turbación, podía sentir la mirada de Ginny sobre él y no lo estaba ayudando a sentirse mejor.
Los señores Weasley le preguntaron más cosas, a las cuales él trató de contestar con más que monosílabos, pero no era sencillo su atención estaba en otro lado. Después fue el turno de los gemelos. Fred aún tenía los estragos de la batalla en su cuerpo, pero la alegría y el humor los seguían conservando.
—Hey Harry, ¿ya conseguiste pareja? —interrogó pícaramente, pasando su brazo por los hombros del chico.
—Sí, dinos quién es la afortunada—agregó George con una sonrisa divertida en sus labios.
—No, no pienso ir a ese Baile ya se los había dicho —replicó con pesar. ¿Por qué a todos les importaba que asistiera? Prefería sin duda acompañar a Sirius al Ministerio, quizás a una misión, cualquier otra cosa que ese tonto evento.
—¡Qué! —exclamaron al unísono los hermanos.
—Eso no puede ser —afirmó George.
—Sí, los cupidos Weasley te rescataremos de la soledad —anunció animoso Fred—. Claro no te cobraremos, pero nos ayudaras en la tienda.
Harry los miró con los ojos ligeramente desorbitados, escuchándolos divagar entre ellos sobre su vida sentimental como si él tuviera una larga lista de chicas, en cuanto pudo se separó discretamente, mientras ellos discutían con quién debía ir al Baile.
Apenas se había alejado unos pasos, cuando se topó con la pelirroja, se giró y tragó saliva nervioso.
—Ginny —profirió clavando sus pupilas bosque en ella.
—Hola Harry —saludó con una gran sonrisa, atreviéndose a besar su mejilla de forma coqueta.
Él entreabrió sus labios buscando algo que decir, de todo aquello que quería decirle, pero nada salió de su boca, era como si de repente nada de lo que hubiera deseado confesarle viniera a su mente.
—Yo… me gustaría saber, ¿cómo estas? Bueno… no hemos hablado mucho después de todo —arguyó, notando que él se mantenía callado como una estatua.
—To… estoy bien —replicó sintiéndose fuera de lugar.
—Harry —vaciló, tomando la mano de él.
La miró sorprendido, notando sus manos unidas, pero había algo que no cuadraba, sintió una ligera corriente de energía, pero ya no era la misma que había sentido la primera vez que unieron sus manos, siendo novios.
«¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué no se siente igual que antes?».
Hermione bajó recién duchada con ropa abrigadora, había escuchado voces y sabía a quienes pertenecían, pero cuando observó la escena que se desenvolvía frente a sus ojos, sintió como si un balde de agua helada la bañará, se detuvo en seco petrificada por el dolor que estaba sintiendo.
—Hermione —saludó Ginny al notar su presencia soltando la mano de Harry, él volteó observando a su amiga, agradeciendo su repentina presencia.
Ella trató de disimular lo afectada que estaba. —H-hola —balbuceó tratando de sonar animada por su visita, correspondiendo al abrazó de su amiga.
Potter observó el cuadro con un gesto que podía haberse interpretado como una sonrisa melancólica.
—Chicas vengan, es hora de cenar —anunció Molly—, tú también, Harry, estás muy delgado necesitas comer más, deberías ir a la casa de vez en cuando…
Él asintió dando a entender que estaba escuchando a la mujer, entraron al comedor donde un gran alboroto se desarrollaba, la mansión parecía estar llena de vida, vida que él estaba dejando ir por su depresión. Y contrario a lo que hubiese pensado que deseaba, se sentó lo más lejos que pudo de su ex novia, pero no contaba con que esta se sentara enfrente de él. Realmente no entendía por qué estaba actuando así con ella y en verdad lo estaba abrumando con sus coqueteos y comenzaba a ponerlo nervioso, pues era difícil ignorar la mirada tan intensa que le estaba propinando.
Hermione platicaba con Ginny sobre el Colegio, sus amigos, Luna, las asignaturas, los chismes, pero no dejaba de centrar su atención en lo incomodo que estaba su amigo, por culpa de su amiga y ella lo estaba más; realmente estaba logrando que la sangre le hervía, después de todo no podía evitar sentir un poco de celos.
La cena se dio en tranquilidad, pero Harry no logró sentirse cómodo en todo el rato, estaba realmente tensó para la hora del postre, así que en cuanto pudo, se disculpó y abandonó el lugar.
«¡Por Merlín!... ¿qué me pasó allá? Toda esa gente son mis amigos, pero entonces ¿por qué me siento ajeno? Es una tontería, necesito aire.»
Tomó su abrigo y salió de la casa se sentó en la entrada, sintiendo la brisa helada en su rostro, mientras la noche despejada dejaba ver el cielo estrellado.
—Quizás si debería hablar con Ginny, si tanto me gusta, ¿por qué no puedo decirle lo que me pasa o estar con ella? —manifestó, cerrando sus ojos con impotencia.
*º*º*º
En el comedor, Hermione trataba de seguir el hilo de la conversación no sin cierto esfuerzo pues su mente estaba con Harry, él aún no volvía y ya había pasado un buen rato. Preocupada miró hacia la entrada.
—¿Qué le pasa a Harry? —cuestionó discretamente.
—Pues supongo que todo, sabes que lo de la guerra no fue fácil para él —divulgó, contemplando su plato de comida y moviendo con el tenedor un pedazo de tarta.
—¿Él te ha dicho algo de por qué no quiere hablar conmigo?, es decir… —Se detuvo sin saber, cómo explicar lo que había sucedido con su relación.
—Dale tiempo Ginny —sugirió sinceramente a pesar del dolor que le infringía saber que ellos podían volver a tener una relación.
—¿Crees qué me invite al Baile? —preguntó dudosa.
—No lo sé… eso lo debes hablar con él, si me disculpas voy al baño —comentó, no queriendo seguir con esa lastimosa platica. Si ella también quería a Harry y necesitaba una amiga a quién contárselo.
Ginevra la miró abandonar la habitación mientras se sumía en sus pensamientos, en sus dudas y temores.
Hermione sabía que esa sólo había sido una excusa para poder ir a verlo, al salir del comedor comenzó a buscarlo por el lugar, hasta que se asomó por la ventana observándolo en la entrada. Tomó su abrigo negro y salió al frío lugar, lentamente se sentó a su lado, sin mediar palabra.
Harry la sintió llegar, su perfume era inconfundible, esperaba escuchar alguna pregunta o comentario, pero no, ella se quedo callada.
Era un silencio agradable, no necesitaban palabras, ella comprendía por lo que él pasaba y él sabía que ella lo hacía.
«Al menos es ella, no quiero hablar con nadie, más si no se qué decir.»
Hermione se giró para mirar a su amigo, notando su mano en la nieve, seguramente estaba congelada, la estrechó cariñosamente.
Harry sintió la mano de su amiga tocar la suya, mientras un calor lo llenaba, sintiendo la extraña conexión que lo unía a ella, era lo que siempre sentía al estar con Hermione: paz, apoyo y tranquilidad, lo que él necesitaba justamente en ese momento.
Correspondió a su apretón disfrutando de su suavidad.
«¿Qué es esta calidez? No es lo mismo que me pasa con Ginny, es diferente… pero esto es algo siempre he sentido con ella, es su apoyo incondicional, su amistad y claro su comprensión, aunque algunas veces sea terca y use su tono de sabelotodo conmigo, es mi mejor amiga. Al final de todo, no merece estar preocupada por mi, ya la hecho pasar por suficiente dolor y sufrimiento.»
—Hermione… —pronunció buscando las palabras correctas, había tantas cosas que le gustaría contarle y abrirse no le era fácil de momento.
—No digas nada, cuando estés listo, yo siempre estaré para ti —exclamó, sin mirarlo no quería que notara el sonrojo que ahora adornaba su mejillas y que no era por el frío de la noche precisamente.
—Gracias —pronunció casi en un susurro, aferrándose a su mano.
Ella sonrió con dulzura al escuchar la respuesta y al sentir como él estrechaba su mano de forma cariñosa.
—Es una noche hermosa —declaró al ver el firmamento, mientras soltaba la mano de Harry y se abrazaba a sí misma, tratando de darse calor. Un escalofrío la atravesó y estornudo sin que pudiera evitarlo. La helada no le estaba haciendo bien.
—Salud, te dije que te resfriarías —comentó con una media sonrisa—, es mejor que entres.
—No —respondió negando con la cabeza, mientras sus dientes comenzaban a titiritar.
Harry de la nada estiró su brazo y la atrajo hacia él, protegiéndola de la fría brisa. Hermione no pudo más que dejarse abrazar por él, recargándose en su pecho, disfrutando de poder estar así con él. Aunque sólo fueran amigos, estos eran los momentos que más anhelaba, cerró sus ojos sintiendo como torpemente él pasaba sus dedos por sus rebeldes rizos.
*º*º*º
Ginny notaba que ni Hermione, ni Harry volvían. Intuyo que estarían juntos, pues siempre era así desde el Colegio, a ellos se les unía Ron, pero él estaba demasiado ocupado comiendo y hablando con sus hermanos como para notar su ausencia. Sin tiempo que perder, pues no estaría en esa casa por mucho más, decidió ir en su busca, deambuló por el lugar sin resultado, no había rastro de ellos.
No fue hasta que se asomó por la ventana de la sala que los encontró en aquella escena, que hizo que estrechara sus ojos. Los miró un poco más como si quisiera descubrir algo escondido, pero la única verdad era que él siempre había sido más cercano a Hermione que ella.
No era como si no los hubiese visto así antes, pero había algo entre ellos que ella nunca había logrado descifrar, además que la forma tan especial en que Harry la miraba, era algo que ella nunca había logrado despertar en él, a pesar de haber sido su novia. Sintió una extraña punzada en el pecho que no supo cómo interpretar, así que volvió a la mesa, sin decir nada.
«¿Qué fue eso? ¿Por qué no salí y hable con él? Después de todo tengo derecho a hacerlo, pero entonces, ¿por qué no lo hice? Hermione y él sólo son amigos.»
*º*º*º
Los gemelos Weasley reían de las bromas que le estaban gastando a su pequeño hermanito pero sobre todo se divertían a sus costillas por el favor que le habían hecho.
—Ron tienes que pagarnos por ayudarte, no es así George.
—Sí, serán como 200 galeones —aseguró el otro.
—¿Qué?, ustedes están locos —respondió frunciendo su ceño.
—Pero te hemos conseguido pareja, ¿no? —mencionó Fred, pícaramente.
—No les pienso dar nada —aseveró cruzándose de brazos.
—Won-won esa no es una buena respuesta —exclamó George pasando su brazo por los hombros de su hermano—, podemos decirle a Luna que es mejor que vaya con Neville, porque tú no eres bueno bailando.
—Hagan lo que quieran y no me llamen así—expresó levantándose bruscamente de la mesa.
—¡Ronald Bilius, ¿qué modales son esos?! —regañó su madre.
—Lo siento —dijo abandonando el lugar.
—Sabía que no era bueno dejarlo vivir contigo —señaló la mujer a Sirius—, aprenden tus modos deplorables.
—Pero yo…—trató de discutir, cuando Arthur intervino llevándoselo al despacho, ya conocía esas discusiones entre ellos y lo mejor era evitarlas.
Mientras los gemelos optaban por desaparecer, quedando sólo Ginny y su madre en la habitación.
Ronald no quería que su madre comenzara a regañarlo o que los gemelos siguieran molestándolo, así que huyó. Abrió la puerta encontrando a sus dos amigos, interrumpiendo su abrazo.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —preguntó extrañado.
Los dos se separaron incorporándose, sacudiéndose la nieve.
—¿Qué pasa? —cuestionó Harry al notarlo molesto.
—Bueno es que… ah ya no importa —expuso resignado.
Hermione se llevó las manos a su cara estornudando un par de veces, interrumpiendo la conversación.
—Es mejor que vayamos adentro —aseveró Harry, preocupado por su amiga.
Ella tuvo que aceptar que era lo mejor, avanzó al calor de la casa, dejando a los dos atrás, necesitaba con urgencia un pañuelo.
—¿Qué te ocurre?
—Nada, lo del Baile, pero a todo esto, ¿con quién ira Hermione?, ¿te lo comentó? —inquirió mirando a su amiga alejarse.
—No sé —respondió Harry alzando sus hombros.
—¿Crees qué venga Krum?, después de todo se siguen carteando —gruñó Ron desconfiado.
Harry no respondió, ya que no tenía la menor idea, simplemente se dedicó a mirarla, aunque no pudo evitar sentir una sensación de desagrado.
«¿Será verdad? ¿Vendrá Krum? ¿Ella lo querrá? Pero él esta muy lejos como para que mantengan una relación. Él no ha venido por aquí en mucho tiempo.»
*º*º*º
Hermione al llegar a la sala, notó de inmediato la mirada inquisitoria de la pelirroja, tragó saliva nerviosa, pues no parecía estar contenta.
«¡Por Merlín! Sólo esto faltaba ¿qué le digo? ¿La verdad?». Un ligero sudor perló su frente, lentamente se acercó a ella, sentándose a su lado.
—¿Y bien? ¿Hablaste con Harry? ¿Te dijo algo sobre mí?
—No realmente. Ginny yo… quiero hablarte de algo —tartamudeó, llenándose de nervios.
—Chicas, hablaran después. Es hora de irnos, Ginny despídete —anunció su madre. Hermione experimentó un alivió repentino, para después sentir una sensación de culpabilidad, había estado tan cerca de confesárselo y una vez más no lo había hecho.
—Bueno, ¿me escribes? —preguntó Ginny levantándose.
—Claro —afirmó con pesar.
—Espero que me visites en la Madriguera o quizás yo pueda venir a quedarme unos días, no creo que a Sirius le moleste —susurró con una gran sonrisa, al imaginarse cuán beneficioso sería eso para su relación con Harry.
Hermione se quedó pasmada ante eso, él sólo pensamiento de tenerla ahí rondando a Harry le causó un horrible dolor.
—Ah chicos, que bueno que aparecen —manifestó Molly—. Ron te mandaré tu traje de gala. Harry, ¿ya escogiste el tuyo?
—Yo bueno… —Estaba a punto de decirle que no iba a ir.
—Yo me encargo de él —señaló su padrino, mirando con complicidad a su ahijado.
—Mamá yo me puedo comprar mi traje, no necesito que me mandes nada —aseveró Ron, recordando que en su último Baile, lo que le había dado parecía un vestido y no quería sufrir nuevamente una vergüenza así.
—Pero Ronald —replicó su madre.
—Déjalo, ya tienen edad suficiente para escoger su atuendo —comentó su padre. Ron lo miró con agradecimiento, lo había salvado de ser el hazmerreir.
—Pero Arthur —Al ver el gesto de su esposo tuvo que ceder—. Oh, esta bien —Estrechó a su hijo, para después posar su mirada en Hermione—. Hasta luego querida, espero que te vaya bien el Baile.
Las despedidas continuaron, hasta que llegó el turno de Harry y Ginny, nadie les miraba, estaban los suficientemente apartados para poder tener un momento íntimo.
—Harry, yo esperaba que tú… —habló estaba a nada de decirle lo que sentía.
—Lo siento, Ginny —comentó interrumpiéndola, sabía que su actitud la descontrolaba y confundía, pero realmente estaba haciendo lo mejor que podía.
—Esta bien, no te preocupes —Le brindó una de sus sonrisas que tanto le gustaban a él antes, pero con tristeza se dio cuenta que ya no tenía el mismo efecto en él—. Eh… yo quería saber, ¿con quién iras al Baile? —cuestionó sorprendiéndolo.
—Hhmm yo…
Sabía que ella esperaba que se lo pidiera, pero él no estaba preparado para retomar su relación y menos en ese estado en el que se encontraba. Si retomaban su noviazgo en ese momento tan sólo le causaría más daño. Necesitaba un poco más de tiempo para ordenar su mente y arreglar todo a su alrededor.
—Podríamos ir juntos, aún puedo conseguir un vestido —presionó, acercándose a él a tal punto que sentía su aliento chocar contra su cuello.
—Invite a alguien más —resopló sin pensar, tratando de salir de la situación.
En el momento en que su boca se cerró, sabía que había dicho una gran estupidez.
—¡Qué! —exclamó perturbada—. ¿Estás mintiendo? —evidenció notando como dudaba.
—No, claro que no —aseguró, manteniéndose firme a pesar del gesto de desilusión de Ginny.
Ella no sabía cómo tomar aquello, se repuso como pudo, necesitaba corroborar que aún había algo entre ellos.
—Pero aún me quieres, pasamos muchas cosas pero estaremos bien —afirmó acariciando su rostro. Se levantó de puntas y trató de unir sus labios, él no podía rechazarla, no lo había hecho antes, sabía cuánto le gustaban sus besos y en verdad necesita un beso suyo en ese momento.
—No, por favor —dijo deteniéndola, colocando sus manos en los hombros de la chica.
—¿Por qué? No importa que hayas invitado a alguien más al Baile, yo sólo quiero estar contigo, volver a ser los de antes, ¿ya no me quieres? —cuestionó comenzando asustarse, ante la reacción tan seca de él.
—Ginny, es hora —llamó Arthur, desde la puerta.
—No se trata de eso, sólo… discúlpame.
Ginevra lo miró confundida, él ya no era le chico con el que ella había andado. Sin decir más, se alejó cabizbajo, un gran retorcijón de culpabilidad lo recorrió.
Hermione había observado la escena, sintiendo una enorme pesadez, pero trató de no hacerlo evidente. Después de todo ella sería feliz si él lo fuera y si él decidía que lo mejor sería volver con Ginny, tendría que aceptarlo y quedarse a su lado como siempre, siendo sólo su amiga sabelotodo.
*º*º*º
La mansión se vació dejándola en su común silencio, para tranquilidad de la mayoría de los habitantes.
—Tengo que ir a ver a Kingsley por unos asuntos del Ministerio —anunció Sirius tomando su túnica.
—¿Todo esta bien? —indagó tratando de superar su último encuentro con la pequeña pelirroja. Preocupado se acercó a su padrino, pensando que sería algún ataque de los que aún se negaban a tener paz.
—Sí —comentó tranquilizándolo.
—¿No será que irás a ver a alguna mujer? —interrumpió Ronald, lanzándole una mirada alusiva.
Sirius calló dejando que la duda los consumiera, después de unos minutos rio de la cara que todos pusieron. —Eso no es asunto suyo jovencitos, no están en mi casa para hacerme ese tipo de preguntas.
—Mmmm claro —murmuraron, intercambiando miradas entre si.
—Sólo ten cuidado —comentó Harry, como si se tratara de un hombre mayor.
—Esa frase se supone que la tengo que decir yo, no tú, Harry —espetó con una ceja alzada—, y en verdad quiero decírtela, así que ve pensando en salir más y dejarme hacerlo. No me esperen.
Al ver salir al hombre, Hermione se disculpó dirigiéndose a su habitación, sumida en lo que había visto entre Harry y Ginny.
—De nuevo solos —evidenció Ronald— y aún no termino.
—Ni yo —respondió buscado el libro de Remus que había dejado en la sala.
—Oye, ¿y qué te dijo mi hermana eh? —preguntó, sabiendo de sobra que Ginny no era de las que se daban por vencidas y la conocía, sabía que estaba deseando volver con su amigo.
—Nada —replicó sin mirarlo.
Ron frunció sus cejas, claramente inconforme con la respuesta de Harry. —¿En serio? Los vi hablando.
—Cosas importancia —murmuró mintiéndole, no le agradaba hacerlo, pero quería mantener su cabeza pegada a su cuerpo esa noche.
—Mmm si tú lo dices —comentó, sin darle mayor importancia, concentrándose en sus cosas y en quejarse de los gemelos.
Harry lo escuchó en silencio, perdiéndose en su mundo de sombras.
*º*º*º
Hermione entró a su habitación, la cual estaba cálida gracias a que Harry había alimentado el fuego. Se sentó en la silla de su escritorio y recargó sus brazos cruzados sobre este, para después colocar su cabeza.
«¡Por Merlín!… esto esta mal, primero lo del abrazo. ¡No puede haber tenido un mejor momento, estar entre sus brazos, estar con él! ¡Por los fundadores! Es por eso que lo quiero, porque aunque no digamos nada, sabemos que nos comprendemos… pero ¿y Ginny? Estuvo a punto de besarlo, pero él la rechazó o eso creo, ¿la habrá invitado al Baile?».
No pudo evitar que la tristeza volviera a adueñarse de ella. Se levantó y lentamente se cambió, poniéndose un pijama limpio, que era un short y una playera de tirantes en color lila, un escalofrío recorrió su cuerpo, buscó una sudadera y se metió bajo las sábanas, simplemente quería olvidar todo.
Poco después escuchó la puerta del cuarto de Ron, era inevitable no escuchar cuando la cerraba, minutos más tarde la de Harry, trató de conciliar el sueño, pero nada pasaba, se giró a la derecha, a la izquierda, quitó las almohadas y nada sucedía.
Se levantó molesta y caminó con cuidado esperando no hacer mucho ruido, pero al salir observó que aún salía luz de la habitación de Harry, se acercó y estuvo tentada a girar el pomo y ver en su interior, pero prefirió tocar, al instante la puerta se abrió.
—¿Hermy? ¿Pasa algo? —inquirió extrañado, acomodándose sus lentes.
—Ah no… bueno es que no podía dormir y entonces salí y vi que aún no te dormías.
—Ya veo, aún no termino de hacer el trabajo —interrumpió con una media sonrisa.
—Es tarde, si quieres te ayudo —ofreció animada, en otro momento lo hubiese regañado por no cumplir con sus deberes, pero ahora por estar unos minutos con él, podía pasar por alto lo demás. Además no es como si ella no supiera que a él le costaba concentrarse más después de la guerra.
—No, no es necesario —expresó apenado.
—Claro que sí, no me cuesta nada —respondió entrando a la habitación.
Harry la observó ingresar, notando nuevamente sus piernas, para después sacudir su cabeza y cerrar la puerta. Hermione se paró frente al escritorio leyendo lo que llevaba escrito. Subiendo una ceja en señal de incredulidad.
—Creo que no llevo mucho —comentó pesaroso, pasando su mano por su cabello desordenado—, incluso Ron lo terminó.
—Mmm ¿en serio? —preguntó no creyéndolo, posiblemente sólo hubiera copiado unos párrafos del libro para rellenar su ensayo y hecho una escueta y nada decente conclusión.
—Pues sí —respondió con una media sonrisa.
—Lo importantes es que terminemos esto sin desvelarnos tanto, así que manos a la obra —mencionó señalándole la silla, mientras ella se sentaba en la cama y tomaba el libro, abriéndolo buscando las partes importantes.
Así mientras Hermione le daba pistas de lo que debía poner, él se iba concentrando y poco a poco fue avanzando en su ensayo. Rato después cansada de la misma posición se recostó en la cama acurrucándose, disfrutando del olor que despedía las cobijas y las almohadas, todo olía a él, a su loción. Sin desearlo se fue quedando dormida, mientras él terminaba su trabajo.
—¡Por fin lo he terminado! —anunció satisfecho, respiró profundamente antes de estirarse, había comenzado a entumirse y le dolía un poco la espalda. Se giró para ver a su amiga notando que estaba profundamente dormida.
—Herms, Herms —la llamó moviéndola un poco, pero ella no respondió.
Se sentó en la silla nuevamente pensando en qué hacer, bostezó sintiendo los ojos arenosos. Era verdad que ya no podía dormir mucho, la mayoría de los días tenía pesadillas sobre la batalla, pero este día esperaba descansar, de verdad estaba muy cansado.
—Creo que la cargaré.
Estaba a punto de pasar los brazos por el cuerpo de su amiga, pero al contemplar sus piernas, no pudo evitar ponerse nervioso, en ese instante se escuchó la puerta de su padrino cerrarse, no podía salir en ese momento o lo escucharía y saldría a verlo.
—¿Qué hago? —manifestó alborotándose su cabello nervioso—. La puedo levitar, pero creo que no sería muy educado de mi parte, además tengo que abrir la puerta y de todas formas se enteraran. ¿Y ahora?
Deambuló por su habitación buscando una respuesta, pero sus ojos ya se cerraban, se metió al baño y se cambió colocándose su pijama, se paró frente a la cama observando la imagen de su amiga.
—Debo estar loco, pero es mi amiga, no tiene porque pasar algo. Además sólo vamos a dormir y no sería la primera vez que lo hacemos juntos —dijo buscando converse de la idea. Tomó el cobertor y la tapó suavemente, para después él subir cuidadosamente al lecho y acomodarse lejos del cuerpo de Hermione, se cubrió con la manta y lanzó un hechizo para evitar que el calor se fuera, ahora que el fuego se estaba extinguiendo. Por último se quitó los lentes, colocándolos en la mesa de noche.
Se volteó dándole la espalda a la figura femenina y cerró sus ojos, cuando un aroma invadió sus sentidos «manzana y vainilla». Sonrió aspirando concienzudamente, era la primera vez que su cuarto tenía un aroma agradable, así fue como cayó en brazos de Morfeo.
La noche fue pasando suavemente, Hermione se movió sintiendo un poco de frío sin abrir los ojos se giró, trató de jalar el cobertor, pero algo se lo impidió. Abrió sus ojos mostrando sus somnolientas pupilas, arqueó sus cejas ante la sorpresa de encontrar el cuerpo de otra persona en el colchón.
Estaba a punto de gritar cuando reconoció de quién se trataba, sus labios entre abiertos temblaban, su corazón latía sin control, estaba a nada del colapso, un fuerte sonrojo invadió su rostro. Ahí estaba el chico del cual estaba enamorada, frente a ella, totalmente dormido, como un ángel.
«Esto debe ser un sueño, él no puede estar en mi cama, debo estar muy mal, incluso lo alucino. ¡Por Gryffindor! Si es un sueño, pero y si no ¿qué hace aquí? —Dio un sondeó por la habitación notando que no era la suya, ella jamás la adornaría con símbolos de Quidditch— Esto esta muy mal, es su cuarto, ¿por qué no me llevó a mi cuarto?».
Se movió un poco, para poder pellizcarse. —Auch. —Se quejó haciendo que él se moviera un poco, por un momento pensó que despertaría, incluso su cuerpo se había puesto rígido.
«¡Tonta, tonta, tonta! ¿Qué crees que estas haciendo? Por poco lo despiertas.»
Lo miró por un segundo, notando sus rasgos entre las sobras, sus labios pálidos y sus mechones desordenados sobre la almohada.
Tragó saliva nerviosa, titubeante se acercó de nuevo a él y se atrevió a levantar su mano, suavemente despejó su rostro de algunos mechones, sintió su piel rozar contra la propia causándole una agradable descarga eléctrica. Suspiró silenciosamente, su corazón palpitaba sin cesar, unas enormes ganas de lanzarse y besarlo se apoderaron de ella, pero quizás él despertaría y todo terminaría. Sabía que no debía hacerlo, pero ¿qué hacía con esas ganas que la invadían?
Bajó su mano y se acercó un poco más a él, sus cuerpos estaban casi juntos, los separaban escasos centímetros, acercó un poco más su rostro, aspirando la loción que despedía y que trastornaba toda su razón, clavó su vista en esos labios, que tanto había deseado proba. Sin querer hacerle caso a la razón que le gritaba que no, acortó la distancia cerró sus ojos y suavemente posó sus labios sobre los de Harry, en un efímero contacto.
Él entre sueños abrió sus ojos, sintió una suave brisa acariciar su boca, pero estaba tan cansado que se volvió a quedar dormido.
Hermione se alejó y abrió nuevamente sus ojos, sintiendo la alegría que recorría su cuerpo, se acomodó en el cálido torso de su amigo, sintiendo como él inexplicablemente la acogía entre sus brazos.
«¿Es esto lo qué se debe sentir? ¿Una enorme paz y tranquilidad, una calidez como ninguna?».
Así fue como se quedó dormida ahora con una sonrisa dulce en rostro, ya no sentía frío, ahora tenía quién la abrigaba.
*º*º*º
Continuara…
