Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.

Casi la una de la madrugada en España pero aquí estoy subiendo capítulo

Nos leemos abajo


Capitulo 4

Edward no tenía aún valor suficiente para arrancar el coche, el letrero parpadeante de Eclipse se encontraba frente a él como si estuviese haciéndole un guiño. Después de la cena en su casa había decidido marcharse lejos de donde se encontrara Victoria, y recorrió toda la distancia que separaba Chicago de aquel club pensando en ella, Bella. Los acontecimientos que habían sucedido unos minutos atrás atravesaban su mente.

Tuvo que reprimir sus instintos de tirarse encima de ella cuando la vio enfundada en ese corsé al entrar al local. No hubo arrepentimiento alguno cuando esta vez subió arriba; la necesitaba y sólo ella podía conseguir que él olvidara todo, como ocurrió dos días atrás.

Le apasionaba los desafíos que ella le planteaba, le era imposible resistirse a su juego. Una sonrisa pintó su cara recordando cómo se enfadaba cuando la llamaba nena, nunca en su vida había llamado a una mujer así pero con ella…lamió su labio inferior recordando como se había sentido cuando ella había introducido su miembro en su boca, fue como estar en el puto paraíso. Se recostó en su asiento mientras los flashes de ese momento pasaban una y otra vez por su mente. Sentir de nuevo como su polla entraba en ella fue indescriptible, definitivamente esa mujer le estaba volviendo loco, no podía creer que le hubiera pedido que follaran otra vez. Recordó entonces como la rabia fluyó por sus venas cuando ella lo rechazó para una segunda follada, lo más seguro es que ahora estaría con otro hombre, pero ¿qué más le daba a él con quien se acostaba ella? Esa mujer le desafiaba, como cuando le había dicho que no podría dejar de venir a verla después de haberla probado desatando dentro de él su furia. La había acorralado contra la pared con el único objetivo de fundirse dentro de ella otra vez, arrancándole las bragas en el proceso y así demostrarle que sería ella quien no lo olvidaría. Pero al ver la arrogante sonrisa que reflejaba su rostro salió de allí lo más rápido que pudo, lo que quería era llevarlo al límite, convertirlo en su adicto. "Es una prostituta ¿qué esperabas? es su trabajo, simplemente te provoca para que dejes más dinero". Una vez que dejó esos pensamientos se decidió a dejar ese localapretando el acelerador para salir de allí. No pensaba verla de nuevo pues sabía que esa maldita mujer le complicaría la vida más de lo que ya la tenía gracias a los problemas con su esposa.

Al llegar a su casa solo pensaba en ir a dormir y descansar de ese agotador día, tenía la esperanza de no encontrarse con Victoria, lo último en lo que pensaba era en tener una nueva discusión. Subió las escaleras que conducían a la segunda planta cuando se encontró con sus camisas por el suelo, el pasillo estaba lleno de su ropa.

- ¿Qué mierda…? – su pregunta quedó inconclusa cuando llegó hasta el dormitorio que compartía con Victoria y la vio sentada en el suelo con unas tijeras a punto de rajar una de sus camisas favoritas, se acercó corriendo hasta ella y le quitó las tijeras de la mano, al verse sorprendida alzó la cabeza y lo miró mientras tiraba la camiseta al suelo- ¿Te has vuelto loca?

Ella se levantó del suelo sin apartarle la mirada- ¿Te has divertido?

- ¿De qué demonios hablas? –la rabia se extendía por cada parte de su cuerpo- ¿me puedes explicar qué es todo esto? –señaló hacía la habitación donde su ropa estaba esparcida por todas partes.

Pero Victoria ignoró las preguntas- hueles a ella –se quedó estático ante esa afirmación- ¿Folla bien? O ¿quizás hoy sólo te la ha chupado? no has tardado tanto como la última vez –le dijo con tranquilidad.

- No sé de que me hablas –ni siquiera podía mirarla a los ojos, estaba tan segura de lo que decía. Pero aunque sus miradas se encontraran, no sentiría arrepentimiento alguno pues al dejar a Victoria en la puerta horas atrás sabía cuál era su destino, sabía que su final era ella. Fue en ese instante cuando se dio cuenta que aquello ya no era un matrimonio, tal vez era el momento de dar el siguiente paso, con esa resolución tuvo el valor de mirarla.

- No lo niegas –una media sonrisa apareció en el rostro de su esposa- ¿hace cosas que yo no te hago?

- No seas estúpida.

- ¿Yo soy estúpida? –le gritó encarándole; acto seguido se levantó con la tijera en sus manos y se dirigió hacia él alzándola, Edward tuvo los reflejos suficientes para esquivarla y agarrar su muñeca para que la soltara, ejerciendo presión para que el objeto cayera, provocándole un gemido de dolor a su esposa. ¿Había intentado agredirle?

- ¡Estás completamente loca! –le gritó apartándose, ante aquella afirmación. Victoria comenzó a lanzar al suelo sin ningún control todo lo que se encontraba a su alcance quedando hecho añicos cuando impactaban contra el piso. Él no tuvo más remedio que volver a aprisionarla entre sus brazos para que se tranquilizara, aquel ataque estaba yendo demasiado lejos, pero consiguió el efecto contrario, ella volvió a encararle.

- No te quiero en esta habitación, vete con ella, lárgate y llévate toda tu ropa de aquí, si no quieres que la queme –soltándose de su agarre se agachó para coger toda la ropa que había por el suelo sacándola fuera de la habitación, se acercó a él y fue empujándole con furia hasta que lo dejó en el pasillo- ¡Te odio!

Cuando la puerta se cerró en sus narices no pudo reprimirse y golpeó sus puños contra ella, mientras que descansaba su cabeza en la madera. No podía aguantarlo más, no quería eso en su vida, creía que al llegar podría sentir arrepentimiento como la primera vez, pero no había nada en su cuerpo, incluso deseaba volver allí al local y follar con Bella hasta el amanecer. Hablaría con Victoria al día siguiente, aquello tenía que acabar. Se separó de la puerta y empezó a recoger toda su ropa, cuando terminó se encaminó hacia la otra habitación.

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No durmió en toda la noche, tumbado en la cama mirando hacia el techo y pensando en cómo le iba a proponer a su esposa que se divorciaran. En su mente, demasiadas veces, había recreado la supuesta conversación que deberían tener y cómo debía decir cada palabra para no herirla más y que todo acabara bien entre los dos. Cuando los primeros rayos de sol entraron por la ventana no pudo quedarse tumbado por más tiempo, se levantó para ir al baño a darse una ducha, y conseguir despejarse un poco. Apoyó las manos en la pared y agachó la cabeza para que el agua corriera por su cuerpo, intentaba relajarse pero le era imposible, su vida se había ido a la mierda.

Al salir de la ducha se colocó una toalla en la cintura y con otra secaba su pelo, no tardó mucho en vestirse y salió de la habitación para ir a la habitación de matrimonio, tomó el pomo de la puerta entre sus manos para abrirla, lanzando un suspiró hondo antes de hacerlo, dio unos toques a la puerta antes de abrirla pero no escuchó nada.

- ¿Victoria? –nadie respondió, se adentró más en la habitación y la encontró vacía, ¿se habría ido? pensó preocupado. Corrió hasta el enorme vestidor y respiró tranquilo, allí estaban todas las pertenencias de su esposa, quizás solo estaba abajo desayunando.

Llegó a la cocina y no encontró ningún rastro de ella, buscó por toda la casa y Victoria no se encontraba allí, aquello era muy raro, ella nunca salía tan temprano de casa, ni siquiera cuando trabajaba. Marcó varias veces su número de teléfono pero se encontraba apagado, intentó tranquilizarse y esperar a que su esposa diera alguna señal.

Permanecía al móvil con su madre, cuando miró el reloj y se dio cuenta de que habían pasado tres horas desde que bajó a la cocina para cerciorarse de que su mujer no estaba en casa. Victoria no tenía familiares vivos y pocas amigas por no decir ninguna ¿dónde estaría? ¿Le habría pasado algo? Su madre le intentaba tranquilizar por teléfono, había llamado ya a varios hospitales, pero ninguna Victoria Cullen se encontraba entre los pacientes. Sentado aún en el sofá escuchando las palabras tranquilizantes de su madre y agarrándose fuertemente el pelo con la mano, divisó la puerta principal de la casa abrirse y entrar por ella una pelirroja sonriente.

- Mama, te llamo luego, acaba de llegar –colgó el teléfono y fue directo hacia la puerta- ¿Dónde te habías me…? –no pudo terminar la pregunta, unas bolsas llamaron su atención, bolsas con el logo de una cigüeña llevando a un bebe dormido en su pico, enfocó su estupefacta mirada a la de su esposa.

- Edward, cariño –le besó en los labios y después se lanzó a sus brazos- mira todo lo que compré para el bebé –se quedó paralizado ante aquello.

- ¿Bebé? –Se separó de él y lo miro asintiendo- ¿estás embarazada?

- Creo que sí –su voz sonó con euforia.

- ¿Cómo qué crees? – La siguió hacia el salón- Victoria hemos pasado muchas veces por esto, ¿estás completamente segura?

Se giró sonriéndole- Edward no confías en mí – ¿cómo podía ser aquello? anoche no le había dicho nada, discutieron, lo que le estaba contando era imposible, cuando llegó anoche a la casa estaba desquiciada ahora sin embargo era otra. Victoria cogió algo de su bolso y se lo entregó- puedes verlo por ti mismo- alcanzó la mano para coger la prueba de embarazo- me lo hice esta mañana, por fin tendremos a nuestro bebé.

Comenzó a sacar todas las cosas de la bolsa, consiguió ver patucos, ropa muy pequeña, varios gorritos. ¡De verdad iba a ser papá! una sonrisa iluminó su rostro, todo podía ser como antes; bajó la vista hacia la evidencia de su próxima paternidad, había visto tantas veces ese test antes, todos con el mismo resultado:una rayita, nunca dos. Su sonrisa poco a poco fue perdiéndose, cerró los ojos imaginando que su vista le estaba jugando una mala pasada y volvió a mirarlo, una raya, miró a Victoria la cual acariciaba con adoración la ropa que había comprado.

- Victoria –la aludida se acercó a él volviendo a abrazarlo.

- ¿No es maravilloso? –Sus miradas se encontraron- ¡vamos a ser papás!

Edward le mostró la prueba- aquí solo hay una raya –se separó de él mirándolo con horror.

- Hay dos –llevó las manos a su vientre acariciándolo- ¿no quieres a nuestro bebé?

- No hay bebé –afirmó, ella negó- está prueba es negativa, como todas – los ojos de su mujer se humedecieron- siempre una raya.

- ¡Mientes! hay dos rayas –le gritó quitándole la prueba para enseñársela, como sí Edward estuviese ciego y no pudiese reconocer las dos malditas rayas- ¿lo ves? dos rayas de color rosa.- Fue hacia ella y la agarró de las muñecas para que soltara la prueba- estoy embarazada te guste o no.

- Vamos al médico ahora mismo –agarró el bolso de su mujer y la arrastró hacia la puerta, ella intentaba resistirse golpeando su pecho.

- No necesito de un médico para que me diga que estoy embarazada, Edward siento a nuestro bebé.

Aunque se negaba, consiguió meterla en el coche para ir a la consulta del ginecólogo que la trataba. No podía creer lo que estaba pasando ¿realmente Victoria veía dos rayas en aquella prueba? ¿Qué quería conseguir con aquello? ¿Atarle más a un matrimonio que ya no tenía sentido, con un embarazo que ni siquiera sabía si era verdadero?

Estaban esperando los resultados de las pruebas sanguíneas en la sala de espera, a pesar de su resistencia había logrado que Victoria se las hiciese, ella insistía que estaba embarazada y no necesitaba nada más para saberlo. Poco después el ginecólogo los llamó a su consulta.

- Siéntense –les indicó el médico señalándoles las sillas que se encontraban al otro lado del escritorio, su mujer le dirigió una mirada asesina cuando se sentaron, ella no quería estar allí, pero, si estaba tan segura, no tenía nada que temer.- Me acaban de llegar las pruebas de embarazo y, lamento decirles una vez más que son negativas.

Victoria se levantó hecha una furia y salió de allí sin decir ni una palabra, Edward miró al doctor.

- Discúlpela Doctor –estiró su mano para estrechársela y salió detrás de su mujer.

Estaba llegando ya a la puerta que daba a la calle cuando la cogió del brazo y la giró hacia él- ¿Intentabas engañarme? –ambos se miraban con furia.

- Vete al infierno –le gritó y se soltó para marcharse corriendo. "Ya estoy en él".

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Habían pasado ya varios días desde que el doctor le había dado los resultados, nunca había experimentado lo que era estar al borde del abismo hasta esos días, se pasaba horas y horas en la oficina con la intención de pisar su casa lo menos posible, apenas había visto a Victoria en esos días, siempre enclaustrada en la habitación. Todavía no asimilaba la idea de que su esposa le hubiera intentado engañar con la idea de ser papás. No formaba parte de la personalidad de Victoria el engañar, no le cabía en la cabeza como ella podía haber cambiado tanto.

Contempló la vista de la ciudad sentado en su sillón, hacia más de cuatro horas que sus trabajadores se habían ido, pero él todavía seguía allí, muchas veces en esos días había pensado en coger el coche y volver a ver a Bella, pero aquella idea se esfumaba de su cabeza una vez que recordaba el último encuentro. Se levantó cogiendo su maletín, debía volver a casa, sí podía seguir llamándola así. No tenía todavía las agallas suficientes para contarle a su familia lo que había sucedido, pues había asumido que era su problema y no quería que ellos sufrieran con él, ni siquiera había llamado a Jasper.

Subía las escaleras cuando vio una luz que provenía de una de las habitaciones vacías de la casa, le extrañó que su esposa estuviera allí, aquella habitación estaba reservada para… corrió hasta allí y no pudo reprimir un jadeo de asombro cuando la encontró pintada de un color vainilla con varias cenefas alrededor, y en la esquina de esta localizó a una pelirroja que intentaba montar una cuna de color blanco.

Victoria alzó la vista- Edward amor –le sonreía- ven a ayudarme con esto, no puedo yo sola – aquello no podía ser real, estaba soñando ¡Maldita sea, que alguien le despertara!- me compré ropa premamá, ya tengo barriguita, ¿no crees? -No pudo responderle porque en lo único que pensaba era en volver tras sus pasos, coger el coche para salir de allí y no haber presenciado nunca esa escena.

Volvió a su oficina para quedarse en ella toda la noche acompañado de una botella de whisky, que ya contaba con menos cantidad de lo que deseaba. Sus ojos estaban enrojecidas gracias a la falta de sueño ¿por qué Victoria se comportaba así? ¿Qué diablos pasaba? Se había preguntado tantas veces eso esa noche que su cabeza no daba para más, no quería asumir lo que posiblemente le estaba ocurriendo a su esposa. Con una fuerza que nunca había salido a flote tiró el vaso a la pared, no pudo reprimir el grito que salió de su interior, tiró todas las cosas que se encontraban en su escritorio y salió de allí como alma que lleva el diablo, necesitaba tanto hablar con alguien, solo él podía sacarle de dudas.

Era demasiado temprano y Carmen podría tirarle un cubo de agua a la cabeza por despertarles a esas horas indecentes, pero necesitaba saber. Después de llamar tres veces al timbre un soñoliento Eleazar abrió la puerta, este tuvo que pestañear varias veces para darse cuenta quien estaba frente a él.

- ¿Edward? –Cuando ya tenia los ojos medio abiertos volvió a hablarle- ¿estás bien? ¿Qué haces aquí tan temprano y con esas pintas?

- ¿Podemos hablar? Es urgente –supuso que Eleazar lo vio demasiado hundido por lo que se apartó enseguida y lo dejo entrar, cuando llegó al salón Carmen bajaba las escaleras y se le quedo mirando.

- ¡Hola Edward! –se acercó a él y lo abrazó- ¿Te encuentras bien? –intentó decirle que si pero no pudo más y se derrumbó sentándose a su lado, Carmen acariciaba suavemente su espalda, Edward con sus manos apoyadas en sus rodillas se sostenía la cabeza. Cuando consiguió ordenar sus ideas y calmarse levantó la barbilla y pudo ver a Eleazar sentado también a su lado.

- Tú viste a Victoria semanas atrás ¿como la encontraste? –le preguntó ansioso- porque no se que le pasa, creo que….

No pudo continuar, esa palabra no podía salir de su boca. Carmen se levantó con la excusa de ir a preparar café para todos, pero la realidad es que sabía que tenía que salir para dejar el espacio a Edward de hablar tranquilamente con su marido. Eleazar era un buen amigo que había conocido en la hermandad del campus universitario de Chicago, el había estudiado psiquiatría.

Miró hacia su amigo y respiró hondo para contarle todo lo que había pasado con Victoria en las últimas semanas.

Cuando la conversación finalizó, su amigo se quedó pensativo sin decir ni una palabra, para poco después mirarlo con tristeza en sus ojos.

- Edward es cierto que he estado viendo a Victoria y tratándola por lo de la depresión –hizo una pausa- pero no puedo darte un diagnóstico claro de lo que le puede estar pasando si no la veo antes, además de que un médico tendría que revisarla también.

- Pero es una persona completamente diferente ahora– le vino a la mente los ojos de Victoria- no tiene la misma mirada cuando esa furia le recorre. ¡Por Dios, cree que un bebé nace en su vientre! –le dijo desesperado

Eleazar suspiró- yo solo puedo hacer conjeturas y no podrían ser correctas, no quiero alarmarte.

- Dime en que estas pensando –su voz sonaba demasiado desesperada- o el que va a volverse loco soy yo.

- Edward, no sé si debería. Sin verla, me arriesgo a hacer una evaluación equívoca.

- Eleazar, por favor quiero saber a qué atenerme

- En mi opinión, esos cambios bruscos producidos por la ansiedad pueden agravarse hasta tal punto de que Victoria pueda tener un trastorno psíquico –Edward se llevó las manos hacia la cara intentado calmarse respirando profundamente para poder volver a mirar a su amigo segundos después.- Verás, por lo que me has contado del falso embarazo, Victoria podría tener… - ¿por qué diablos se callaba? ¿Tan terrible era lo que le iba a decir?

- Eleazar, continua –lo vio dudar.

- Victoria podría tener un principio de Esquizofrenia agravado por el trastorno psíquico de no poder concebir un bebé – Edward agarró con fuerza sus cabellos, eso no tenía sentido, nada lo tenía- pero Edward es solo mi opinión como especialista, tendría que tener un diagnóstico médico y psiquiátrico, aparte de tener una sesión con ella.

- No tienes idea de cómo ha cambiado en estos días, esa Victoria de la que me enamoré no existe, ¡joder! no reconozco a la mujer con la que me casé- se levantó del sofá de un salto, tenía que salir de allí.

- Edward espera, no puedes irte así, no estas bien –ignorando a su amigo y pasando por delante de Carmen que se encontraba cerca de la puerta, salió hacia la calle rumbo al coche, oyó a lo lejos como sus amigos le pedían que no se marchara pero era demasiado tarde, ya estaba apretando el acelerador para salir de allí.

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Conducía por la carretera como si fuese el único en ella y en plena noche, definitivamente la charla con Eleazar le había descolocado y no paraba de dar vueltas por la ciudad intentando buscarle una explicación a todo ese embrollo. No podía creer aun lo que su amigo le había explicado. ¿Victoria loca? eso era imposible ¿principio de esquizofrenia?

Se negaba a creerlo, Eleazar estaba totalmente equivocado. Victoria solo quería amarrarlo para que no se divorciaran, quería sacar todos esos pensamientos de su cabeza. Deseaba no ser en esos momentos Edward Cullen. Todo aquello lo confundía y sólo había alguien que le haría olvidar, Bella.

Entró en el local ni tan siquiera había aparcado bien el coche, solo quería verla, enterrarse en ella. No la encontraba por ningún lado y empezaba a enfurecerse, ¿estaría con otro hombre? ¡Dios! eso no podía pasar, la necesitaba solo para él.

Miró hacia las bailarinas que estaban sobre los podium bailando y hubo una que le llamó le atención, tenía un corsé muy ajustado y unas piernas de infarto, su melena castaño oscuro se movía al son de su cuerpo, allí estaba. Pudo observar que nadie estaba mirándola bailar así que fue hasta aquel rincón y le susurró que bailase para él.

Verla moverse en esa barra de metal era lo más erótico que había visto en su vida, no habían apartado la mirada el uno del otro durante todo el baile. Se deslizó por el tubo y se dirigió a él, la necesitaba no sabía cuánto, su polla estaba ya lista después de aquel baile.

Se sintió derrotado cuando le dijo que no podría estar con él esa noche, incluso pensaba largarse de allí pero lo que nunca esperó fue que ella le masturbara en público. Al principio quiso apartarse pero al sentir la mano de esa mujer acariciándole no pudo resistirlo más. Estaban en medio de un local en un lugar medio oculto pero aun así lleno de gente, era una situación morbosa y no pudo resistirse, por lo que comenzó a acariciarla. Esa mujer era la misma gloria.

Se quedó toda la noche viéndola bailar, no permitió que ningún otro hombre se acercara, esa noche sólo sería para él. Cómo había cambiado su vida desde que la vio por primera vez. No podía dejar de admirar sus movimientos, le tenía totalmente embelesado ¿y si ella fuera Victoria? ¿Si la hubiera conocido antes? cerró sus ojos sonriendo, que estupideces estaba pensando. Eclipse iba a cerrar; y aunque ella le había dicho que era un regalo no podía permitir irse así "era su trabajo", seguro que necesitaba el dinero. Sin mirar lo que sacaba de su cartera dejó los billetes encima del sillón y salió. Pensamientos indebidos comenzaban a formarse en su cabeza y solo tenia un nombre: Bella.

Regresó a su casa después de dos noches sin dormir en ella, después de descubrir a Victoria montando una cuna para un bebe que no nunca existiría ¿debía de creer a Eleazar? Incluso él mismo le dijo que estaba loca cuando la vio en aquella habitación, pero era una palabra sin más, una palabra que salía desde la impotencia y la furia no un hecho que le había dicho su amigo, un amigo psiquiatra, el mejor psiquiatra que podía encontrar.

Subía de nuevo las escaleras que conducían a la planta superior puesto que no había encontrado a Victoria abajo. La luz de aquel cuarto seguía encendida ¿podría ser que todavía estuviera allí intentando montar la cuna como dos días atrás?

Abrió la puerta con cuidado. Nunca habría estado preparado para lo que encontró allí, las paredes que eran de un suave color vainilla estaban manchadas de rojo y al lado de la cuna se encontraba el cuerpo inconsciente de su esposa cubierto de sangre.

- ¡Victoria! -gritó su nombre mientras corría hacia ella, todavía tenía pulso. La recogió entre sus brazos para salir huyendo hacia el coche, no había tiempo para llamar a una ambulancia.

Miró como la mujer de la que se enamoró yacía en su regazo con los brazos ensangrentados y con los cortes más profundos en las muñecas, recorriendo por ellos la vida de esa mujer con la que soñaba tener una familia. ¿Victoria había sido capaz de eso? ¿Su Victoria?


¿Os ha gustado?

Muchísimas gracias por todos los comentarios y alertas, me hace muy feliz verlos y también me ayuda a seguir.

Nani: Me alegro que la historia te haya enganchado y para responder a todas tus preguntas tendrás que esperar, es lo único que te puedo decir ;)

Gracias a mi querida Beth, por apoyarme tanto en este capítulo que ha sido tan duro de escribir y por sus consejos para que la historia mejore.

Gracias a Caro y Vicky mi Pepito grillo los días de beteo creo que ambas estamos enganchadas a los DM de Twitter, eres un sol haces que el capítulo sea muchísimo mejor.

Si les gusto o no dejen reviews que no cuesta nada ;)

Hasta el siguiente

Besos de os quiere

xao