Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Esta vez me retrase al Viernes, pero es que este capítulo tiene lo suyo…
A leer
Capitulo 5
Bella estaba tumbada en su cama pensando en lo que había pasado dos días atrás, no podía borrar de su mente la imagen de Edward viéndola bailar, a pesar de que se había prometido no pensar más en él. Se sentó recogiendo las piernas con la ayuda de sus brazos y apoyando su mejilla sobre las rodillas, suspiró cerrando los ojos, en ese momento alguien entró en la habitación.
- ¿Pensando en tu hombre? –abrió los ojos mirando a su amiga la cual tenía una sonrisa burlona en la cara.
- ¿Mi hombre? – levantó la cabeza cuando Angela se sentó a su lado.
- Si, ese de ojos verdes, cuerpo espectacular y "soy un Dios dando orgasmos" – una almohada golpeó la cabeza de Angela dejando a esta a media frase.
- Edward no es mi hombre, es simplemente… –su voz fue bajando de tono- un cliente.
- ¡Oh! Edward –Angela rió fuertemente al ver la expresión de su amiga. Si las miradas matasen, estaría bajo tierra- hasta su nombre es sexy –le sonrió pícaramente a Bella- ¡Edward hmmm…dame más…mmm…eres el mejor! –Angela tuvo que levantarse rápido de la cama porque Bella se había lanzado sobre ella.
Desde la otra esquina de la habitación Angela se reía de la reacción de su amiga, lo que hizo que Bella desistiera para volverse a sentar en la cama, nadie podía detener a su amiga en cuanto a bromas y fuese de la manera que fuese no pararía hasta que le contara todo lo relacionado con ese hombre. Su amiga dejó caer su cuerpo justo a su lado de la cama y mirándola con una sonrisa, observó expectante a que esta realizara más preguntas.
- En serio, basta de bromas ¿qué hombre esta toda la noche viéndote bailar? ni siquiera James hace eso –Bella suspiró por décima vez esa mañana ante aquella afirmación.
- No sé –se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación- ¿crees que no me lo he preguntado?
- Bella, estás diferente desde que él apareció por aquí – Angela dudaba en realizar esa pregunta o no- ¿estás… -silencio- …sintiendo algo por él?
La miró asombrada- ¿Qué? ¡No! como se te ocurre Angela –le dijo enfadada dejándose caer en la silla más cercana. ¿Sentir algo por él? ¿Sentimientos? En su mente no cabía nada como eso, solo sabía que era el único que la hizo sentir una mujer, a pesar de dejar su dinero, él le mostró como disfrutar verdaderamente del sexo. ¿Se le puede llamar a eso "sentir algo"?
- Vale, solo era una pregunta – su amiga intentaba calmarla, la verdad es que ella no debería haberla hablado así, pero hablar de él le ponía los nervios de punta.
- Lo siento Angela –esta negó disculpándola- pero es que no sé qué me pasa, me siento tan extraña con todo esto, siempre ha sido mecánico para mí que ahora…
- Soy tu amiga puedes contarme qué pasa por esa cabecita loca.
Bella sonrió- por primera vez desde que estoy aquí no me sentí como un trozo de carne que se ofrece a los hombres por dinero –su mirada era afligida.
Angela se levantó y fue hasta ella agachándose para quedar a su altura- Bella, las dos sabemos lo que somos, pero no somos inferiores por eso.
A pesar de oír de su amiga esas confortables palabras, siguió hablando de como se sintió al estar con Edward- creí que por fin alguien me miraba como a una mujer, no como a una simple puta –sus ojos empezaron a humedecerse, con cuidado apartó a su amiga y fue hacia el cajón que tenía doble fondo donde ambas guardaban el dinero para huir de Eclipse- pero esto estaba en su asiento cuando se marchó, ni siquiera puedo hacer un regalo sin recibir nada a cambio.
A Angela se le desencajó la mandíbula cuando vio caer la cantidad indecente de dinero en la cama- ¡Dios mío! ¿Cuánto hay?
Bella evadió la mirada hacia la única ventana que había en aquel cuarto- dos mil dólares.
- Ese hombre es una mina de oro –la castaña miró a Angela entristecida- no me interpretes mal, solo pienso que en tres días con él has conseguido más dinero que en un mes entero – se acercó a ella - amiga si él solo te ve como una prostituta, saca beneficio de ello, recuerda que los hombres solo ven esto – tocó sus pechos- y les encanta que gritemos como zorras para que piensen que estamos disfrutado con sus pollas en nuestros coños – ambas sonrieron- aprovéchate de ese galán y pronto podremos irnos de aquí.
- Lo sé – intentó poner sus ideas en orden ¡basta de pensamientos hacia él! su amiga tenía razón solo debía verle como un hombre con dinero, si seguía follando con él su huida fuera antes de lo que esperaban.
Abrazó a Angela, ella siempre había sido su Pepito Grillo, la que la ayudó en sus principios en Eclipse, la que la consoló en sus primeros días cuando no paraba de llorar todas las noches después de estar con un cliente, la que le aconsejaba…no podría haber sobrevivido allí si no hubiera sido por ella. Al separarse, su amiga volvió la vista al dinero y le preguntó algo que no encajaba del todo en su cabeza.
- Un momento ¿Por qué te dio dos mil dólares si estabas bailando? –El rostro de Bella comenzó a ponerse color ciruela- has dicho que le diste un regalo- se llevó las manos a su boca- ¿te lo follaste en medio de la sala?
- ¿Cómo se te ocurre?
- Entonces no me explico cómo te dio tanto dinero solo por verte bailar toda la noche.- la miró esperando una explicación.
- Bueno yo…lemasturbeenelsofá –lo había dicho demasiado deprisa para que su amiga no se enterase y le riñese por ello ¡la primera regla de ellas era no hacer nada sin recibir dinero a cambio! ¡Y la había roto! bueno técnicamente no pero había estado a punto de hacerlo.
- No te he entendido Bella.
- ¡Joder! Le masturbe, ¿vale? –esperaba una reprimenda por parte de su amiga, pero en vez de eso escuchó como una risa salía de ella lo que hizo que Bella la mirara desconcertada.
- Amiga créeme yo también le hubiera regalado algo, ese adonis se lo merece – Bella estaba asombrada, su amiga la más estricta en cuanto a reglas se refería le estaba diciendo eso. Las dos comenzaron a reírse tanto que tuvieron que sujetarse las costillas hasta que pudieron respirar con normalidad- no te enamores de él Bella, solo te traería sufrimientos –cerró sus ojos asintiendo, sabía que Edward nunca se enamoraría de ella, debía ser más fuerte.
- Es un cliente más –Angela le sonrió y volvieron a abrazarse.
- Te quiero peque –Ese abrazo y esas palabras la hicieron sonreír, siempre había considerado a su amiga como a una hermana mayor desde que la conoció, su protectora, la que la había enseñado a ser fuerte. Nunca nada podría romper ese lazo que las unía.
…
Esa noche bajaba más animada a Eclipse, las conversaciones que tenía con Angela siempre le hacían mirar con más claridad su futuro. Respiró hondo como hacía todas las noches y plantó de nuevo la mejor falsa sonrisa que dedicaba a los clientes todas las noches, como dijo aquel: "El show debe continuar". Contoneó sus caderas para que algún iluso se acercara a ella, miraba a su alrededor para alegrarse de que aun ese local no estaba lleno, pero esa sonrisa se borró de un plumazo cuando de repente una mano abrazó su cintura, ya tenía el primer cliente de la noche.
- ¡Hola Bellita! –su cuerpo se tensionó al oír esa voz, la giró y quedo frente a él, se había olvidado por completo de James, pero allí estaba, cumpliendo su promesa- ¿me has echado de menos? –nada salía de sus labios, estaba demasiado asustada, recordaba la última vez que estuvo allí y pudo observar en sus ojos aquella ira mezclada con lujuria. James acercó su boca a la oreja de Bella y mordió su lóbulo salvajemente haciendo que esta gimiese de dolor. Aquello no había hecho mas que empezar- yo si que he estado todos los días tan duro pensando en ti, que ni las zorras me valían para satisfacerme, así que no aguanto más sin follarte –Le dio la vuelta a Bella consiguiendo tener la espalda de esta apoyada en su pecho para que no escapara de sus garrasmientras la dirigía hacia las escaleras que conducían a los dormitorios.
Durante todo el trayecto él se refregaba contra su culo hasta que llegaron a la habitación abriendo la puerta de una patada y la empujándola al interior sin miramiento alguno.
- Ha sido verte y mira como me tienes putita – dirigió su mano hacia su polla y se la tocó por encima de los pantalones, Bella estaba estática a un lado de la habitación, pero esto no le importó a James, él le dedicó una sonrisa sin dejar de tocarse- te vas a quedar ahí toda la noche – alejó la mano de su erección y fue hacia ella. Esta intentó alejarse de él pero la pared se interpuso en su huida, cerró los ojos intentado que ninguna lágrima saliera de ellos, odiaba no tener ese espíritu de fuerza que la caracterizaba cuando estaba cerca de él. Lo tenía tan cerca que pudo oler su repugnante aliento, obligándose a abrir los ojos captó la mirada de ese hombre, una mirada vacía, la mirada del ser más corrompido que podía existir.
Comenzó a tocar sus pechos por encima del vestido que llevaba esa noche, mordía su cuello sin piedad, mientras ella intentaba mirar hacia otro lado y pensar en algo feliz, pero no nada feliz en su vida, siempre dolor, tristeza, sufrimiento….La imagen de alguien vino a su mente, sonrió por poder recordarle en esos momentos, por darle un pequeño escape de lo que era su vida. Edward, él era el que estaba allí. Pero tuvo la mala suerte de que James cambiara de posición para bajarle con furia su escote y así dejar sus pechos al aire, eso hizo que su mente volviese a la realidad. Un par de lágrimas cayeron por su rostro. Cuando James se cansó de morder y lamer sus tetas se alzó para mirarla.
- No te veo muy participativa Bellita –le sonrió con lujuria- he traído algo para ti, para divertirnos –no le gustaba los juegos de James siempre eran macabros y sabia que esta vez no sería diferente. Todavía recordaba las esposas de la última vez. Lo observó como metía una mano en el bolsillo de su pantalón y sacaba una caja pequeña parecidas a las que se usaban para guardar cigarrillos, sin embargo eso distaba mucho de lo que había dentro de esa cajita.
- No – después de estar todo el tiempo callada su voz salió fuerte, se negaba a ello.
- ¿No? –James rió con fuerza burlándose de ella- siempre es no, pero luego disfrutas como una verdadera zorra. –se acercó a ella y agarró uno de sus pechos mientras le lamia la mejilla.
- No pienso drogarme James –se apartó un poco de él pero ejercía demasiada fuerza sobre su cintura.
- Ya veremos –le sonrió con malicia mientras iba hacia el mueble y comenzaba a esparcir la cocaína por el, sacó una de sus tarjetas de crédito y empezó a hacer rayas con el polvo blanco, el se agachaba y se metía una por la nariz para luego meterse otra. Observó como todavía había dos más.
James aspiró y la miró tocándose la nariz, extendió su mano hacia ella pero esta se alejó lo más que pudo, él entrecerraba sus ojos con ira, había despertado a la bestia. Solo dos pasos fueron suficientes para que estuviera frente a ella y agarrarla del brazo para llevarla hasta el mueble y aprisionarla contra él.
- Soy generoso Bella, dos para mí dos para ti –lo miró con horror ¿Cuánto había en esas rayas? No podía arriesgarse a que James en un ataque de locura la hiciese esnifar más de un gramo de coca.
- No puedes obligarme, sabes que puedo terminar en el mejor de los casos en el hospital o… muerta –ya no podía retener sus lágrimas. Muchas veces la había obligado a esnifar cocaína pero no pasaba de una fina raya, aquello era un disparate. Intentó zafarse de su agarre para salir de allí, pero él le agarró por el pelo y tiró fuerte de él.
- Vamos Bellita no tengo todo la noche –ella negó con la cabeza y comenzó a empujarle con la ayuda de sus puños que golpeaban el pecho de James pretendía alejarlo de ella para aprovechar la situación y salir corriendo de allí pero en el fondo sabía que ninguno de sus pequeños puños podría con ese hombre y mucho menos hacerle algún daño- ¡me has cansado puta! – entonces una mano la golpeó fuertemente la mejilla e hizo que perdiese el equilibrio golpeándose la cabeza fuertemente contra el suelo cuando cayó en él. Estaba aun desorientada por el golpe cuando sintió una patada en su estomago y unas manos agarraron su cabello levantándola del suelo en el proceso, al abrir los ojos se encontró frente a las dos rayas de coca- esnifa o mañana tendrás tantos golpes en tu preciosa cara que Aro te echara de aquí- Bella no sabía que le aterraba más, si los golpes que había sufrido, esnifar la coca o la forma en la que le prometió desfigurarle el rostro, posiblemente lo último, porque presentía que una vez que James empezará a golpearla, no solo tendría que curar las heridas de su cara.
Las lágrimas corrían con total libertad por su rostro cuando presionó con un dedo uno de los orificios de su cara para acercarse a una de esas rayas de polvo blanco y aspirar con fuerza sintió como la coca entraba por ella, después de haberla probado con anterioridad no entendía como había personas que podían hacerse dependientes de esa mierda, sí cuando James la obligó a tomarla su nariz sangró, y su ritmo cardiaco aceleró de tal manera que pensó que un paro cardiaco iba a matarla, contando además con los sudores fríos que estremecieron su cuerpo haciéndolo temblar durante horas. Y ahora tendría que volver a pasar por ello.
- Me pones tan duro cuando te veo esnifar – lo sintió gemir detrás de ella. Su vista comenzaba a nublarse a causa de la droga, James aprovechando la vulnerabilidad de ella empezó a tocar sobre sus bragas hasta que se cansó y las apartó hacia un lado sin ninguna delicadeza. Bella intentó apoyarse con las manos en el mueble para no caerse, pero James la levantó tirándola por el pelo. Sin saber muy bien como vio caer sus bragas hechas girones al suelo - la otra Bellita, por el otro agujero – cuando se agachó de nuevo hacia la raya no sintió como él que se encontraba detrás suya se desabrochaba los pantalones. Mientras se esforzaba por terminar de esnifar esa última raya él se introdujo en su interior y solo pudo gritar de dolor, así es como le gustaba a James, sin lubricarla, duro y de golpe. Ladeaba la cabeza de un lado a otro para despejar su mente desorientada gracias al golpe que había recibido y a la droga, sentía como la mezcla de estos dos la había dejado prácticamente sin conocimiento. James se movía detrás de ella entrando y saliendo sin parar; cerró sus ojos pero aun así todo le daba vueltas, solo rogaba a un ser superior que todo acabase, sentía en cada célula de su cuerpo que un desmayo se aproximaba.
Su cuerpo cayó en el suelo como un peso pluma, ella intentaba fijar la vista en algún punto en concreto de la habitación pero su cabeza era como un torbellino, y aun sentía a James por allí, como para aclararse por completo. Descubrió que estaba haciendo cuando vislumbró el dinero esparcido alrededor de ella.
James se agachó para fijar su mirada en ella y agarrando su cara le dijo- Das pena, pero me gusta dejarte así cuando consumimos, me hace sentir poderoso –rió mientras soltaba su barbilla, y se acercó a su oreja mordiéndola- tranquila Bellita que me protegí para follarte, quien sabe lo que me puedes pegar siendo una puta. –salió de allí no sin antes golpearla de nuevo.
Intentó incorporarse pero no pudo, tenía el cuerpo demasiado adolorido como para siquiera pestañear y la cocaína comenzaba a hacer cada vez más efecto, su respiración cada vez era más rápida sentía el corazón a un ritmo más acelerado de lo normal. La puerta se abrió y temió que pudiera ser James de nuevo, pero una dulce y alarmante voz le sacó de su error.
- ¡Bella! –Angela la incorporó apoyándola en sus rodillas- ¡mierda! sabía que ese cabrón te había hecho algo – le dio pequeñas palmadas en la mejilla para que recobrara el conocimiento- venga peque, no te duermas – abrió un poco sus ojos y vio a su amiga, para reconfortarla intentó sonreír- cuando lo he visto salir tan pagado de si mismo y no bajabas… –con la ayuda de Angela pudo levantarse y trasladarse hacia la cama- ¿Qué te ha hecho?
Ignoró la pregunta de su amiga e intento levantarse - debo bajar y buscar otro cliente.
- ¡Estas loca! –el horror se vio reflejado en la cara de Angela.
- Sabes que… -su respiración era muy acelerada parecía que el corazón se le iba a salir por la boca- Aro…
- Yo lo solucionaré, pero no voy a permitir que trabajes así – en ese instante le tocó su nariz y gritó con pavor, había sangre entre sus dedos- ¿te volvió a obligar a que te drogaras? ¡Malnacido! –Bella comenzó a temblar, sentía demasiado frío- ¿cuántas?
- Dos.
- ¡Hijo de puta! –Pudo apreciarse la ira en la voz de su amiga. Esta le echó por encima una sabana y después de mucho esfuerzo consiguió levantarla de nuevo - tengo que sacarte de aquí y llevarte a nuestro cuarto.
- Pero Aro…
- Déjalo en mis manos, trabajare el doble esta noche para sacar tus beneficios y los míos.
- No
- Shh, no se enterara de que estas en tu habitación, le diré que un cliente esta contigo durante toda la noche – quiso rebatirle de nuevo pero no se lo permitió- de ninguna manera dejare que bajes en este estado – de nuevo estaba tumbada en una cama. Pero no podía dejar que su amiga hiciera eso por ella, cuando volvió a incorporar, Angela la detuvo - peque recuérdalo, hoy por ti mañana por mi, por favor, no lo hagas mas difícil ¿tengo que encerrarte? – Bella negó y su amiga le dedico una media sonrisa como agradecimiento- te quiero peque.
No sabía cuánto tiempo había pasado cuando la puerta se abría de nuevo.
- Vas a ser la salvación de las dos esta noche, gracias – ¿con quien hablaba Angela? ¿A quién y por qué había traído a alguien aquí? Nadie podía entrar en su habitación, solo ellas dos, era el único sitio donde podían tener intimidad, su pequeño refugio- tengo que irme, no pueden notar mi ausencia. –la puerta volvió a cerrarse pero alguien se quedó en el interior de la habitación y tenía la certeza de que no era su amiga. Trató de darse la vuelta para saber quien estaba allí pero unos brazos la rodearon abrazando su cintura e impidiéndole ver de quien se trataba.
- Tranquila nena estoy aquí contigo – por una vez no le importó en lo mas mínimo oír esa palabra de los labios de Edward, pero ¿qué hacía el allí?- tiemblas mucho, tu compañera me dijo que estabas enferma y que tu jefe no se podía enterar –consiguió darse la vuelta y girar su cuerpo para mirarlo, pudo ver la preocupación reflejada en sus ojos- debes ir a un médico –Bella negó con la cabeza- no permitiré que estés así, pensé que solo sería un simple catarro, pero esto es algo más que eso.
- No por favor - Edward la abrazó con más intensidad- estoy bien, solo necesito descansar –vio duda en su rostro pero después asintió.
No hablaron durante muchos minutos, el silencio era el mejor compañero de ambos en aquella habitación.
- ¿Qué ha pasado Bella? –lo miró angustiada ¿Qué le había contado Angela? - no son síntomas de un simple resfriado – le levantó un poco su mentón para mirarla directamente a los ojos y la cara de Edward cambio de serenidad a la rabia en menos de un segundo. Bella supo en esos momentos que el regalito que le había dejado James comenzaba a notarse- ¿Quién se ha atrevido a pegarte?
- Nadie.
- No mientas –acarició suavemente su pómulo- ¿quién ha sido el hijo de puta que te ha golpeado Bella? -Se quedó callada, Edward no podía saber de la existencia de James- no me lo digas, pero lo averiguare, sabré quien te ha golpeado y te ha hecho consumir mierda blanca. -Sus ojos se abrieron con sorpresa ¿cómo podía saberlo?- he visto a demasiados amigos consumirla.
- No necesito que me protejas, se cuidarme sola- le dijo indignada ¿quién se creía que era? ¿Su novio? Entonces lo vio sonreír y no pudo ocultar una tímida sonrisa, después de todo seguían rivalizando y retándose mutuamente. En ese momento decidió dejar de pensar y refugiarse solo en esos brazos los cuales la rodeaban brindándole un calor y protección especial, una que no sentía desde que tenía memoria. Poco después se quedó dormida.
…
Había despertado esa mañana sin temblores y los síntomas que le producía la coca iban desapareciendo de su organismo, cuando sus ojos se abrieron Edward ya no se encontraba allí, solo Angela que la miraba preocupada y pudo percibir también pánico en sus ojos, el mismo que ella sintió cuando le dijo que Aro quería verla ¿se habría enterado ya que anoche no trabajó?
Ahora se encontraba esperándole de pie en el despacho de su jefe), la puerta se cerró detrás de ella, inclinó su cabeza pero cuando Aro se puso delante de ella alzó su mentón para que lo mirara.
- Veo que James volvió – su rostro reflejó una sonrisa al observar el moretón que había en su mejilla, le soltó la barbilla y fue a sentarse en su silla de cuero. A simple vista Aro parecía una persona de los más afable pero detrás de esa máscara se escondía el ser más vil de la raza humana, podía estar sonriéndote con amabilidad para luego mandar que te mataran delante de sus narices, todavía recordaba cuando lo vio la primera vez.
Después de escapar de aquel lugar, había estado vagando por las calles de aquella ciudad intentando conseguir un poco de comida, su cuerpo estaba desfallecido y no sabía cuando más podría seguir en ese estado. Un hombre demasiado bien vestido pasó por su lado y el hambre pudo más que su vergüenza.
- ¿Disculpe señor podría darme dinero para comer?- el hombre le sonrió con amabilidad, ella le devolvió la sonrisa, debía ser educada si quería conseguir algo.
- Claro niña ¿por qué no vienes conmigo a esa tienda de allí? –le señaló una panadería que se encontraba en la esquina de la calle- te comprare un bollo y un chocolate caliente –su boca se hizo agua al oírle, podría entrar en calor con el chocolate, el invierno era demasiado duro en aquella ciudad y el bollo definitivamente mataría un poco su hambre, sin pensárselo mucho asintió y le siguió hasta la cafetería.
No solo comió un bollo sino que ese hombre le compró tres más, no podía creer que su barriga estuviera llena.
- ¿Cómo te llamas preciosa? –se limpió la boca y lo miró.
- Isabella.
- Bonito nombre, yo soy Aro –ella le sonrió a aquel misterioso hombre que no dejaba de sonreírle con amabilidad.
- ¿No tienes familia Isabella? –negó ante aquella pregunta, cuando volvió a mirarlo esa sonrisa no fue amabilidad sino más bien de triunfo- una chica tan linda como tu no debería andar vagabundeando por la calle y pidiendo limosna –lo miró extrañada- puedo ofrecerte alojamiento y comida cada día.
- No pienso entrar en un orfanato de nuevo –comenzó a levantarse para irse de allí, ya había escapado de uno y no volvería a repetir esa historia. Antes de conseguir levantarse de nuevo Aro agarró su mano.
- No me has entendido dulzura, yo no te daré nada gratis tienes que trabajar para mi y a cambio te daré comida y una habitación para dormir e incluso en un tiempo podrás ganar tu propio dinero.
Sus miradas volvieron a cruzarse, era lo que siempre había querido ¿no? Trabajar y conseguir dinero para poder subsistir y ser una persona independiente- ¿me esta ofreciendo trabajo? –Aro asintió sonriéndola- ¿en que trabajaría?
- Tengo un bar, podrías empezar sirviendo copas – en su vida había servido una copa, pero podía aprender- ¿aceptas? –la mano de Aro se extendió frente a ella y sin pensarlo la tomó, aquel era su día de suerte, por fin había conseguido un trabajo.
Que confiada fue, en aquellos momentos en su mente solo estaba conseguir dinero para poder llevarse algo a la boca y aquel hombre se lo estaba dando. Cerró sus ojos recordando cómo al llegar a Eclipse se dio cuenta que aquel no era un bar común. Por supuesto que empezó a servir copas pero semanas después comenzó también a bailar en el tubo y pasaron varias semanas más cuando Aro la obligó a prostituirse, en un principio se negó a ello y le dijo que se marcharía de allí, no iba a vender su cuerpo, pero había caído en el juego de ese hombre. Y tal como le dijo Aro en su día: "Yo te he alimentado, te he dado ropa y una cama donde dormir, si pagas todo podrás irte de aquí hasta entonces serás una puta y no juegues conmigo, porque podría matarte con mis propias manos, no voy a perder ni un solo dólar más contigo" Solo podría salir de allí cuando su deuda quedara saldada, esa deuda cada vez se hacia mayor y nunca llegaría a cero, él le aseguró que estaba condenada a trabajar en Eclipse por el resto de sus días. En aquel tiempo su cuerpo tembló ante esas palabras pero ahora no era aquella chiquilla de dieciséis años, muy pronto se marcharía de aquel infierno.
- Bueno, pero no quiero hablar de James en estos momentos, si no de otro cliente. –Alguien se había quejado de ella, el miedo comenzaba a formar parte de su cuerpo - ¿te suena Edward Cullen? – rápidamente su vista se alzó para mirarlo- ya veo que si – le señaló con la mano una silla que estaba frente a su mesa- siéntate querida –sin rechistar se acercó y se sentó- Según me han informado ese hombre ha venido aquí más de una vez y tu siempre le has atendido –una sonrisa en forma de mueca se reflejó en el rostro de Aro- ¿es así?
- Si.
- Isabella, no sabes quién es ¿verdad? –negó agachando la cabeza, ella solo follaba con él nada más, no hablaban después de sus vidas. La risa de Aro inundó toda la habitación- es uno de los mejores empresario de este país –levantó la cabeza tan deprisa que se hizo daño- si querida, el solito levantó su empresa y ahora es uno de los mejores de su sector.
Aro se levantó de su silla para caminar por el despacho y tras varios minutos en el que Bella le observó dar vueltas él volvió a mirarla- ¿sabes? desde aquel día que te vi en la calle supe que serias una de mis mejores chicas –apartó la vista asqueada, Aro no vio aquel día a una pobre chica que necesitaba comida si no a una posible puta para su club- y ahora has encandilado a Edward Cullen ¿no es maravilloso? –una sonrisa malévola se formó en su rostro- Esta mañana he tenido una conversación con él –la sorpresa pudo con ella ¿le habría dicho algo de lo de anoche? él no haría eso porque sería perjudicarla o en realidad ¿quería perjudicarla?- Tranquila preciosa solo hemos hablado de un negocio interesante en el que tu estas implicada – se mordió el labio inferior nerviosa no queriendo mirar a Aro, solo se preguntaba que habría pasado en ese despacho horas atrás- sabes que no dejo salir a ninguna de mis chicas por seguridad del Eclipse –Aro miraba uno de los cuadros que adornaban el despacho- No sé cuantas veces James me ha pedido que te dejara salir de aquí con él– una vez más dejó salir esa risa siniestra- pero ambos sabemos que puede que no volvieras o tu estado al volver seria tan desastroso que no me servirías más querida –un escalofrío recorrió su cuerpo desde la punta de los pies hasta la cabeza, él sabía lo que James podría hacer fuera de allí.
Pero si esto te lo pide el gran Edward Cullen ¿cómo voy a negarme? y más si te ofrece una cuantiosa suma de dinero –en ese momento si consiguió alzar la cabeza y mirarlo.
- ¿Qué?
- Querida dentro de dos días saldrás para acompañar a Edward Cullen a una fiesta –se quedó estática ante aquella afirmación, eso era imposible.
¿Os ha gustado?
Gracias por los reviews, los alertas, los favoritos ^^
Este capítulo va dedicado a mis dos betas que han puesto tanto esfuerzo por sacarlo adelante:
Beth, que mantuvimos una larga conversación por mail sobre la trata de blancas y la droga, Gracias amiga.
Vicky nunca habrá demasiado espacio en los Dm de Twitter para poner estructura los capítulos, jeje esta vez creí que me mandarías lejos para no volverme a ver, hahaha
Gracias por vuestro tiempo y por el interés que ponéis en mi historia sois las mejores.
Me despido
Hasta el siguiente
Besos de os quiere
xao
