Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.

Viernes de nuevo actualizando el capítulo.

Debo deciros que la semana que viene no habrá actualización me marcho de viaje y no estaré, intentare actualizar en cuanto vuelva.

También deciros que cambio el día en el que subiré los capítulos serán los Domingos ^^

A leer


Capitulo 6

Edward estaba aun sentado en una de las sillas de la sala de espera de Urgencias, hacía ya media hora que había llegado con Victoria en sus brazos, nadie le había informado hasta ahora del estado en el que se encontraba su esposa, la desesperación rozaba el límite de su paciencia. Para hacer tiempo y no caer en la tentación de ponerse a dar gritos en medio de la sala para pedir explicaciones, se puso a repasar una por una las posibles causas por las cuales a Victoria se le pudo pasar por la cabeza el quitarse la vida. Estaba claro que estaba obsesionada, casi rozando a la locura, con tener un bebe pero había cientos de mujeres en el mundo con ese problema y conseguían seguir adelante, muchas de ellas incluso se sentían mas madres por poder dar un cariño fraternal a niños que por ciertas circunstancias no podían disfrutar de unos padres biológicos, entonces ¿Por qué Victoria no era capaz de aceptar su situación? ¿Solo el no ser madre le hizo tomar la decisión de matarse? ¿Qué desconocía de la personalidad de su esposa? ¿Con quién se había casado? Aunque ya no reconocía a la mujer de la que se enamoró, él quería ayudarla, o por lo menos averiguar el trasfondo de todo esto. Unos pasos que se acercaban a él interrumpieron sus pensamientos, al levantar la vista descubrió que su madre y padre estaban allí y sus caras reflejaban la preocupación. Los había llamado poco después de llegar al hospital, estaba cansado de todo y ahora necesitaba a sus padres como un maldito niño de cinco años cuando se raspaba la rodilla, solo quería ser consolado por los brazos de su madre.

Esme se acercó a su hijo y lo abrazó con ternura mientras este intentaba reprimir algunas lágrimas, lo que estaba viviendo se salía de todo limite. Poco después se separaron y su padre aprovechó el momento para reconfortarle con otro abrazo.

- Será mejor que entre y averigüe que puede estar pasando –Edward asintió. Cuando se dirigía hacia el hospital su único consuelo era tener la esperanza de que Carlisle estuviera de guardia, pero no fue así. Tras una palmada en su espalda, su padre atravesaba la puerta de la sala de Urgencias.

- Cariño, sentimos el retraso el tráfico era horrible – su madre fue dirigiéndole nuevamente hacia las sillas para que ambos se sentaran- ¿cómo estás? –sabía muy bien que su madre no iba a interrogarle del porque Victoria había llegado a aquella situación, sólo estaría con él para apoyarlo, le dedicó una mirada atormentada y negó con la cabeza. Esme no preguntó más, lo abrazó y estuvieron así durante varios minutos. En brazos de su madre se abandonó en los recuerdos.

De nuevo se encontraba en una de las fiestas que se celebraban cada año con motivo del inicio de las clases, aquel sería su tercer año como universitario. Jasper estaba a su lado pidiendo un par de copas mientras él se apoyaba de espaldas a la barra para observar la pista de baile donde había varias chicas, pero sus ojos se posaron en una pelirroja que reía mientras otra chica le contaba algo en su oído.

- ¿Has encontrado algo interesante? –al oír a Jasper dejó de mirar hacia la pista de baile y se volvió hacia su amigo.

- Puede ser – se miraron y sonrieron- nunca había visto a esa pelirroja por aquí –con disimulo le mostró a Jasper donde estaba la chica, su amigo le sonrió con picardía.

- Creo que ella también esta buscando algo, la he pillado dos veces mirando hacia aquí –Edward sonrió y se tomó de un trago lo que había en su copa.

- No debemos dejar esperar a una dama – disimuladamente Jasper le dio una palmada en la espalda y se dirigió hacia aquella pelirroja.

Cuando estuvo a su altura se acercó a su oído agarrándola por la cintura- Te invito a una copa.

La pelirroja se dio la vuelta y lo miró sonriendo- ¿Quién te ha dicho que quiero una copa? -Alzó una ceja esperando una respuesta, pero Edward aun no había soltado su agarre.

- Un pajarito –la chica soltó una carcajada- veo que te he parecido gracioso.

Sonrió de nuevo- puede que sí – estiró su mano hacia él- Me llamo Victoria.

- Edward –ambos estrecharon sus manos- ¿vamos a por esa copa? –ella asintió y ambos fueron hacia la barra.

Aquella noche fue el principio de todo, el principio con ella. En ese instante su vida comenzó a estar ligada a esa pelirroja ¿Quién iba a decir que años después se verían en esa situación? Todo fue tan normal…

- Debes saber que no me acuesto con desconocidos la primera noche que los conozco –Victoria le iba diciendo aquello mientras el le quitaba su vestido y comenzaba a besar su cuello.

- Si, yo tampoco –se miraron y ambos soltaron una carcajada.

- No te lo crees ni tú…-un suspiro salió de su boca cuando él comenzó a bajar sus manos hacia la parte sur de su cuerpo.

Después de tomar dos copas más habían comenzado a besarse con hambre en aquel local, ninguno pudo resistirlo y para no seguir dando un espectáculo se dirigieron al apartamento que Edward compartía con Jasper en el campus para continuar con la pasión que los consumía.

Cuando llegaron a la habitación de Edward, la ropa empezó a sobrar entre ellos y pocos minutos después ambos se encontraban desnudos en la cama, no pudieron resistirlo mucho más y la unión entre los cuerpos no se hizo esperar.

Después de casi una hora de angustia su padre atravesaba las puertas y se dirigía hacia ellos, se levantaron de sus sillas.

- ¿Cómo está? –la pregunta de Edward fue desesperada.

Carlisle lo miró con preocupación- Está fuera de peligro, consiguieron detener la hemorragia a tiempo pero…-miró a su esposa para volver la vista de nuevo a su hijo- …Edward, está en el área psiquiatría.

- Carlisle –Esme se llevó las manos hacia su boca intentando reprimir su asombro- ¿Por qué esta allí?

No respondió a su esposa, sentía la mirada de su padre sobre él- Eleazar está aquí ¿Qué está pasando Edward?

Edward tardó varios minutos en contestar, pensó qué lo más sano para él y para la tranquilidad de sus padres era liberarse y contar de una vez por todas lo que había estado reteniendo por tanto tiempo en su interior, realmente eso le estaba consumiendo, necesitaba tener el apoyo y consejo de sus padres- Victoria hace semanas que no es la misma – miró a sus padres- hablé con Eleazar, parece que la depresión se ha agravado y podría tener principio de esquizofrenia.

Sintió los brazos de su madre alrededor de su cuello, levantó la mirada para ver la preocupación reflejada en el rostro de su padre. Allí estaba su familia, apoyándole a pesar de que él había les había ocultado todo, pero la familia estaba para eso, apoyarse cuando más se necesitaban, dando igual cuanto tiempo tardases en contarlo, aunque tarde o temprano se supiese, esa situación no podía ser callada por más tiempo, era evidente que algo fallaba en su matrimonio. Tan solo le faltaba el apoyo de su pequeño duende la que siempre le había apoyado y a Jasper, dos pilares importantes en su vida, pero hacia semanas que ambos se habían marchado a Londres.

Carlisle se acercó a él cuando su madre finalizó el abrazo.

- Los médicos están tratando a Victoria –asintió- Eleazar está también, parece que su diagnóstico era acertado, pero siguen haciéndole pruebas, lo siento hijo.

Tuvo que sentarse de nuevo en una de las sillas, la realidad le golpeó de frente, había querido negarlo todo, pero allí estaba, su esposa se había vuelto completamente loca- quiero verla –dijo después de minutos de silencio, y decidido miró a su padre, este le devolvió la mirada con compasión.

- Edward es mejor que por ahora no entres – se levantó y se situó frente a su padre.

- ¿La has visto? –su padre asintió y pudo ver el reflejo de la angustia en su rostro ¿podría ser peor que lo que había vivido en carne propia? Quizás si, pero su corazón le decía que tenía que verla- no me importa cómo se encuentre, es mi esposa.

Carlisle asintió- pero todavía no puedes pasar, tienen que terminar de examinarla – resignado volvió a sentarse en la silla. Su madre le hizo compañía agarrando su mano y apretándola, no necesitaban palabras solo sus gestos lo decía todo, ella estaba allí con él.

Eleazar había apoyado su mano en su hombro en señal de ánimo antes de entrar en aquella habitación, suspiró girando la manilla de la puerta y entró en ella.

Victoria estaba sentada en una silla tocando su barriga, sus brazos estaban vendados desde las muñecas hasta los codos, su cara estaba totalmente demacrada mientras que su pelo había perdido el brillo que siempre lo caracterizaba ¿En qué momento aquella mujer había dejado de ser la chica que conoció en la universidad?

Estaban en una de las fiestas de fin de año que organizaba un famoso local de Chicago. Habían pasado algunos meses desde que ambos se hubiesen licenciado en la universidad y había decidido alquilar un apartamento para vivir juntos en el centro de la ciudad cerca de sus respectivos trabajos.

Faltaban pocos minutos para que el reloj marcara las doce y el nuevo año comenzara, cuando las manecilla de reloj comenzaron a replicar dando paso al nuevo año, Edward miró a su novia y se arrodilló delante de ella. Victoria bajó su mirada sorprendida y se llevó las manos hacia su boca tapando la increíble "O" que se formó al ver como el hombre que se encontraba frente a ella sacaba una pequeña caja de terciopelo negro.

- Victoria, sé que hace poco que nos fuimos a vivir juntos pero ya no quiero ser más tu novio –abrió poco a poco la caja mostrando un anillo, una lagrima corrió por el rostro de la pelirroja- sino tu marido ¿aceptarías casarte conmigo?

- Edward –dijo mientras las lágrimas no abandonaron su rostro- claro que si –se levantó colocándole el anillo en su dedo y se fundieron en un beso apasionado mientras la gente a su alrededor celebraba el nuevo año.

Tenía que aceptarlo, esa Victoria se había ido, nunca más iba a recuperarla. En ese momento la pelirroja levantó la mirada y lo vio.

- ¿Vienes a vernos al bebé y a mí? – todavía creía que un hijo nacía en su interior, negó y dejó de mirarla, aquello era enfermizo ¿por qué esa obsesión para tener un niño? Tenía que haber algo más aparte de la depresión- los médicos me han hecho pruebas y está bien, no estuviste en la ecografía, te la perdiste Edward –lo miró con tristeza pero después sonrió- seguro que en las siguientes el trabajo te dejara ver a nuestro bebe.

Ninguna palabra pudo salir de su boca, estaba abrumado, no sabía qué hacer, se apoyó en la pared y cerró los ojos mientras toda su realidad le golpeaba con fuerza. Su padre, su amigo y el equipo médico de este ya se lo habían certificado pero aun así el necesitaba ver a su esposa, asegurarse que ella estaba enferma y que necesitaba curarse o por lo menos intentarlo, al fin y al cabo un cierto amor los unía, aunque este ahora quedara en el pasado. ¿Qué iba a hacer a partir de ahora? Eleazar le había aconsejado internarla en un hospital psiquiátrico ¿podría dejar a Victoria en un manicomio? Una suave voz que cantaba una nana le hizo abrir los ojos, su esposa estaba acariciando su barriga cariñosamente mientras tarareaba una canción de cuna.

- ¿Victoria? –quizás podría salir de ese trance si hablaba con ella. Cuando oyó como la llamaba alzó su mirada y dejó de cantar, sus ojos no mostraban ternura como antes sino que aquella paz que tenía cuando entró se trasformó en cólera. Se levantó y se dirigió hacia él.

- ¿Qué haces aquí? –Llegó hasta él y comenzó a golpear su pecho, tuvo que sujetarla por los hombros para detenerla- ¡Tú me has atacado! ¡Mira mis brazos! – Se soltó de su agarre y miró las vendas- ¿qué me has hecho?

- ¿Cómo puedes pensar que yo te hice eso? –No pudo contenerse y alzó la voz- ¡tú misma has querido suicidarte!

La risa de Victoria inundó la habitación- ¿cariño, estás triste porque no lo he conseguido? quizás así serías libre y podrías irte con tu zorra a tener bebés ¿no?

Se dio la vuelta, tenía que salir de allí, debía huir ¿qué clase de monstruo habitaba en el interior de aquella mujer? Pero le detuvo el agarre de Victoria por su espalda y sus caricias en su abdomen.

- Te daré el divorcio si eso es lo que quieres –se giro y la encaró ¿de que hablaba?- podrás irte con ella, yo solo quiero un bebé Edward, hazme el amor y después nos divorciaremos, solo te pido eso –pudo ver el anhelo en su rostro.

- ¿Qué? –debía de haber una cámara oculta en aquella habitación, no podía estar diciéndole eso.

- Seamos sinceros, ya no te amó solo quiero a un hombre que me dé un bebé siempre he querido ser madre –su mirada se perdió de forma soñadora mientras decía aquellas palabras que lo estaban hiriendo en lo más profundo de su alma, ya no le amaba, pero ¿desde cuándo?- eres el hombre perfecto, mis bebés saldrían hermosos teniéndote como padre –volvió a mirarlo y le sonrió, en ese momento se dio cuenta. Victoria estaba lúcida, podía verlo, porque ya había visto esa mirada anhelante antes.

Tumbados en su cama después de una noche de pasión, Victoria se acurrucó en sus brazos mirándole.

- Edward.

- Hmm –estaba quedándose dormido cuando lo llamó.

- Dejé de tomarme la píldora –abrió sus ojos de golpe.

- Victoria ¿qué dices? ya hablamos de ello, no es el mejor momento para tener bebés –se sentó en su cama mientras ella hacia lo mismo- acabamos de casarnos es muy precipitado.

- Compramos esta casa con esa perspectiva.

- Lo sé pero hablamos de que seria más adelante –su mujer comenzó a quitarse de encima la sabanas para salir de la cama, Edward presintió una nueva discusión, ya lo habían hecho muchas veces sobre el mismo tema.

- No quieres tener un hijo conmigo, me ha quedado claro – Victoria se puso de pie después de ponerse su bata e iba hacía la puerta cuando él se levantó para ponerse delante de ella.

- ¿Cómo puedes decir eso? –bajó su mirada y él le alzó la barbilla, sus ojos estaban a punto de dejar caer una lágrima, besó sus labios- ¿tan importante es para ti?

- Solo quiero ser madre Edward – se miraron- y sé que tu serías el padre perfecto para mis bebés.

- Nuestros bebes – una mirada anhelante se reflejó en el rostro de Victoria cuando el la volvió a besar mientras la llevaba nuevamente hacia la cama.

Fue esa noche cuando aceptó intentarlo que él vio esa mirada en ella. Quizás ¿en ese instante ya no lo amaba? ¿Sólo era el medio para conseguir un objetivo? "mis bebes". Volvió a repetir la conversación en su cabeza, algo más que ella dijo esa noche le parecía haberlo escuchado de nuevo en el hospital "el padre perfecto", eso era, y le dolió que esas palabras no contaran con el amor con el que una esposa pide a su marido tener hijos, solo el deseo de tener a un hombre, con ciertas virtudes, para darle un hijo. Su cabeza terminó de encajar las ideas y se dio cuenta que había vivido engañado en su matrimonio, incluso antes de él. Ella no lo amaba. Tenia que huir de ese sitio, se ahogaba, tener la duda de si alguna vez ella lo amó como él lo había hecho lo estaba asfixiando. Volvió a mirarla pero ya no estaba a su lado sino sentada en la misma silla en la que la vio al entrar cantado de nuevo aquella nana, agarró el pomo de la puerta y corrió hacia la salida, su madre lo llamó pero él no se detuvo, solo cuando llegó hasta su coche y lo arrancó para salir de allí lo antes posible fue cuando pudo respirar tranquilo, sabía su destino, el único sitio donde el olvidaba su vida, su nombre. Su sitio era ella.

La buscó desesperadamente por todo el local pero no había rastro de ella, una chica se acercó a él para ofrecer sus servicios, pero de ninguna manera se iría con ella solo quería a Bella.

La cara de la chica mostraba alivió al acercarse a él, se negaba rotundamente a estar con otra que no fuera Bella, iba a girarse y seguir buscándola, cuando le llamaron por su nombre.

- Edward –se giró y vio a esa chica frente a él ¿cómo sabía su nombre?- Bella te necesita –rápidamente agarró su brazo, cuando le susurró al oído parecía como si estuviera intentando engatusarle, quizás para que toda la gente que se encontraba a su alrededor no sospechara nada.

- ¿Qué pasa con Bella? –inquieto tras oír el nombre de Bella miró a la chica fijamente. La chica miró hacia todos lados preocupada y cuando observó que nadie los miraba volvió a hablar- ¿Estarías dispuesto a pagar por estar toda la noche con Bella?

La miró extrañado ¿qué clase de juego era ese? ¿Por qué Bella no estaba allí y tenía que mandar a alguien?

- ¿Dónde está? –estaba comenzando a enfadarse, después de lo de Victoria lo que menos necesitaba era jugar al ratón y al gato.

- Acompáñame – ¿debía fijarse de ella? No supo porque, pero ya estaba siguiéndola hacia los dormitorios, pero su sorpresa fue mayúscula cuando no le llevó hacia el dormitorio de siempre sino por otra dirección, tras varios minutos andando por aquel pasillo, la chica a la que seguía se giró - aquí nadie nos escucha ahora, Bella esta enferma, no puede trabajar hoy.

- ¿Enferma?

- No puedo explicártelo, tendría que estar abajo ahora mismo ¿te quedarás? – No se lo pensó dos veces y asintió, ella le sonrió de vuelta- Gracias. Aro pensará que Bella está con un cliente y no habrá problemas si nadie te ve por esta planta –volvió a asentir con impaciencia, quería ver ya que le ocurría a Bella. Abrió la puerta y le dejó pasar, no sin antes mirar a ambos lados del pasillo. Se encontró a Bella tumbada en la cama temblando, miró a la chica y solo pudo ver la preocupación reflejada en su rostro- Vas a ser la salvación de las dos esta noche, gracias –se giró hacia la puerta- tengo que irme, no pueden notar mi ausencia –la puerta se cerró tras su espalda y no lo pensó dos veces, se acercó hacía aquella cama, no pudo resistirse a abrazarla dándole palabras de apoyo, solo necesitaba estar con ella, sentir su calor entre sus brazos, consolarse mutuamente.

Bella se dio la vuelta y pudo ver su estado y se preocupó al instante, aquello no era un simple resfriado, vio el golpe en su mejilla y la ira hizo hervir su sangre, algún bastardo la había golpeado, pero no tan solo eso llamó su atención; temblaba demasiado y sus pupilas estaban muy dilatadas ya había visto esos síntomas antes, además de golpearla ¿la había drogado? o ¿lo hizo por voluntad propia? Quiso pensar que ella no era una adicta, no podía ni controlar la enfermedad de su esposa ¿Cómo iba a controlar la adicción de una desconocida? Estaba perdido, no había solución para el odio que sentía por lo de Victoria, pero si podría intentar salvar a Bella. Debía proteger lo único que le hacía olvidar su realidad y si estaba a su alcance nadie iba a volver a tocarla. Poco después sintió su respiración acompasada, se había dormido entre sus brazos, sonrió, incluso enferma había intentado desafiarle, por mucho que ella no quisiera esa noche él la cuidaría y sobre todo, la protegería.

No durmió en toda la noche, solo se dedicó a contemplarla mientras dormía y acariciar suavemente su cara, poco a poco los temblores fueron desapareciendo hasta que su cuerpo quedó completamente relajado. Antes de que amaneciera, la chica que lo trajo hasta ellaapareció por la puerta. Se levantó con cuidado de la cama para no despertar a Bella.

- ¡Gracias! Bella es como una hermana pequeña para mí – asintió y sacó su cartera para darle el dinero por esa noche- si Aro no nos pidiera el dinero, nunca te lo aceptaría.

- Se como funciona esto –la rabia fluía por todo su cuerpo, debía ver a ese tal Aro, miró de nuevo hacia Bella.

- Cuidaré de ella –asintió y salió de allí dejándolas en aquel cuarto. Cuando llegó a la planta baja del local que comenzaba a vaciarse, inspeccionó cada rincón, ese hombre tenía que tener algún lugar donde esconderse. Fue hasta la barra y preguntó a la chica que se encontraba allí, esta le sonrió con picardía y le señaló la puerta que había al final del local.

Tocó la puerta y una voz le dio permiso para entrar, allí vio al que era jefe de Bella o mejor dicho el putero, intentó tranquilizarse, aunque no le gustará tenía que caerle bien a aquel hombre para conseguir lo que se proponía, un paso en falso y sería una consecuencia terrible para Bella. Debía engatusarle y hacerle creer que podrían ser amigos para así llevar a cabo su plan.

El hombre lo miró con atención cuando lo vio entrar y una la sorpresa se reflejó en su rostro- ¿Edward Cullen?

Extendió una mano hacia aquel repugnante hombre- Si, y usted Aro…

- Volturi, pero por favor deje los formalismos, puede llamarme Aro –le indicó con una mano que se sentará- ¿a que debo su visita?

- Seré breve, no tengo mucho tiempo.

- Le escucho – le dijo interesado.

Sin más preámbulos le dijo- quiero que me permita sacar a una de las chicas de aquí, por una noche completa –vio como alzaba su ceja intrigado y a la vez sonreía.

- Edward, yo no dejo salir a mis chicas, ¿quien sabe que podría pasarles fuera?

- Le prometo que no le haré nada, simplemente tengo una fiesta a la que acudir y me gustaría que ella me acompañara.

Aro sonrió- ¿no estaba casado?

Victoria vino a su mente al igual que lo que había pasado en su último encuentro- quizás mi mujer y yo no estamos en nuestro mejor momento.

- Entiendo –guardó silencio durante un instante- no sería barato lo que me está proponiendo.

- Lo sé – sacó su chequera y la puso encima del escritorio- dígame una cantidad y le daré la mitad en este instante y la otra cuando traiga a la chica – esperó que hablara. Aro cogió un papel y un bolígrafo y escribió algo, después se lo pasó, había unas cifras, sonrió interiormente, ese hombre no era un buen negociante, habría estado dispuesto a darle el doble, escribió la mitad de ese dinero en el cheque y se lo entregó.

- ¿Quien será la afortunada?

- Isabella.

- ¡Oh! ya veo, Bella es única, encandila a los hombres solo con mirarlos- vio como sonreía mirando hacía otro lado- muchos como tu pidieron lo mismo pero nunca hice negocios con ellos, Bella es mi diamante no se la dejo a cualquiera –quería saltar encima de ese escritorio y golpearlo hasta que perdiera el conocimiento o mejor, hasta matarlo ¿cómo podía hablar así de un ser humano? Es mas ¿Cómo era capaz de hablar así de Bella? Se levantó antes de cometer una locura.

- Mañana vendré a por ella a las siete –sin mirarlo salió de allí pero escuchó algo antes de irse.

- Ha sido un placer hacer negocios contigo Edward, espero que en el futuro podamos llegar a más acuerdos.

Había estado encerrado en su casa sin coger ninguna de las llamadas de sus padres, Eleazar o Alice, suponía que ya su madre la habría llamado y sabría todo lo relacionado con Victoria. Pero en ese momento solo pensaba en que las horas pasasen rápido para poder ir al Eclipse y sacar a Bella de allí aunque fuera por unas pocas horas.

Estaba estacionado con su coche en el aparcamiento del local esperándola. Se apoyó en la puerta del copiloto. Fue entonces cuando ella hizo acto de presencia, tan etérea, tan preciosa. Lucia el vestido rojo que él mandó esa misma mañana, tal y como la imaginaba caminaba con pasos seguros contoneando su estrecha cadera, dejando a su paso el ruido de sus tacones, hasta ahora no había descubierto su afición por esos zapatos le ponían duro con solo verlos en sus pies. Su pelo ondulado caía como una suave manta sobre sus hombros, quería retorcer sus dedos en él como había hecho días atrás mientras la penetraba, inspirar su esencia. Ella se acercó a él y este le abrió la puerta del coche, aprovechó el momento para acercarse a ella y retener en sus pulmones ese olor característico. Haría que esa noche fuese inolvidable para ella.


¿Os ha gustado?

Gracias por los reviews, los alertas, los favoritos ^^

No me puedo creer que este casi rozando los 100 comentarios con tan solo seis capítulos, gracias! Bueno como siempre muchísimas gracias a mis dos personitas que sin ellas esta historia no sería posible mis betas Beth y Vicky, gracias por todo el tiempo que dedicáis a hacer que mi historia sea mejor ^^ - JELI:Gracias por tu comentario, me alegro que te haya gustado y si James es un malnacido ¬¬

Me despido

Hasta el siguiente dentro de dos semanas

Besos de os quiere

xao