Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Alguien especial.

Los gemelos se preparaban para abandonar la tienda listos para ir a comer a la Madriguera, lo único que los detenía era que su pequeño hermano aún no aparecía.

—¿Crees qué no llegue? —cuestionó George observando el reloj de pared detrás de ellos.

—Sí llegará, no creo que quiera enfrentarse al enojo de nuestra madre, él prometió ir —repuso confiado.

—Cierto, pero ya pasa de la hora que acordamos, ya debería estar aquí —mencionó en un bostezo—. Además tengo hambre —añadió con una mano en su estómago, cuando la puerta se abrió dando paso a su sofocado hermano.

—¡Por fin llegue! —exclamó cerrando tras de si la puerta evitando que el aire helado entrara.

—Vaya, pensamos que no llegarías —aseveró George sonriéndole.

—¿Y dejar que mi mamá se enojará? ¿Es broma? —respondió con una media sonrisa.

—Hubiese sido interesante pero ya que llegaste, vamos, que ya debe estar esperándonos —afirmó Fred, tomando a su hermano de los brazos y desapareciendo al instante, apareciendo en la cálida sala de su hogar.

—Madre hemos llegado y claro tu hijo menor viene con nosotros —anunció George avanzando hacia la cocina, mientras se despojaban de sus pesados ropajes que los protegían del frío.

Ronald miraba todo con cierta nostalgia, no tenía tanto tiempo desde que se había mudado pero después de todo ese siempre sería su hogar, avanzó hasta la cocina donde la mesa ya estaba puesta.

—Ron, hijo, que bueno que llegaste —dijo Molly abrazando al joven, haciendo que él trastabillara un poco por la fuerza que su madre le puso.

—Mamá, por favor —pidió avergonzado.

—Al parecer tenemos que volver a irnos para que mamá nos valore George —bromeó el mayor de los gemelos.

—Sí eso creo, ya ves que cuando Charlie y Bill se fueron.

—Los estoy escuchando —murmuró su madre, mirándolos con molestia.

—Hola hijo, es bueno verte por aquí —comentó su padre acercándose a saludarlo—, al parecer hoy tendremos mesa llena.

—¿Quién más vendrá? —cuestionó curioso sentándose en su antiguo lugar.

—Pues Bill, Fleur y Percy con Audrey —manifestó la señora Weasley, enlistándolos con sus dedos, como si pensara que alguno se le iba a escapar.

—Sólo faltara Ginny que fue a comer a la casa de los Lovegood y Charlie que esta en Rumania —resopló con nostalgia Arthur.

—Ginny ha estado muy rara, quizás sea porque no le invitaron al Baile —murmuró Ronald, aunque claro tenía sus propias sospechas.

*º*º*º

En el Valle de Godric, el par de amigos aparecían en un paisaje blanco, frente a una puerta de madera ya conocida. Ahora adornada con un corona navideña.

—Llegamos —anunció Hermione, dibujando una gran sonrisa—, es mejor que toquemos o me congelare —mencionó, sintiendo la brisa que la hizo temblar de cabeza a pies.

—Sí, claro —repuso aspirando profundamente, alzó su mano y tocó. A su mente volvieron varias imágenes de la guerra, imágenes que involucraban a Tonks y Remus, él sabía que el hecho de que hubieran salido con vida era casi un milagro.

La puerta no tardó en abrirse, dejando ver la figura de un conocido castaño sonriendo. —Harry, Hermione, entren o se congelaran —instó cediéndoles el paso, para después saludarlos de una manera más cariñosa.

—Vaya, por fin llegaron. ¿Por qué se tardaron tanto? —indagó Sirius, saliendo de la cocina con el pequeño Teddy en brazos.

—Es que… no quería venir sin traerle algo —murmuró con apuro, mostrando los obsequios.

—Harry, no era necesario —replicó Remus apenado.

—Lunático no digas tonterías, deja que Harry le compre lo que quiera.

—Bienvenidos, pensamos que nos habían plantado —pronunció alegre Nymphadora, saliendo de la cocina con una bandeja de bocadillos, caminando con una sonrisa hacia ellos, cuando tropezó, tratando de mantener el equilibrio y no tirar la bandeja—. Todo esta bajo control, tranquilos —añadió, al ver la apuración de los demás por ayudarla.

—Nym, ten cuidado —murmuró Sirius, negando con su cabeza.

Remus sonrió a conciencia. —Denme sus abrigos y tomen asiento —pidió, aún no se lograba adaptar del todo a su nueva vida, después de todo él nunca se había concebido como padre y como cabeza de una familia, pero ahora lo era y estaba disfrutándolo.

—¿Y dónde esta Ron? —preguntó Dora.

—Él esta en su casa, sus padres lo invitaron a comer, pero les manda saludos —comunicó Harry, colocando los regalos en la mesa de centro.

—Entiendo, pero siéntense, ¿esos regalos son para Teddy?

—Sí, este es de mi parte y este es de Hermione.

—Gracias, de seguro a Teddy le gustaran, es sólo un bebé pero créanme que es muy inteligente —aseguró, mientras tomaba un bocadillo.

—Claro que es inteligente por eso me llevó tan bien con él, pero toma, cárgalo, es algo hiperactivo pero estarás bien —manifestó Sirius, entregándoselo a Harry.

—Abre tus brazos, sostenlo bien, pon tu mano en su espalda y ten cuidado con su cabeza, pero usa el otro brazo —explicó detalladamente, a su lado un nervioso y rígido Harry seguía sus indicaciones, esperando no hacerle daño al pequeño.

Hermione observaba atentamente a su amigo, dejando que su mente volara a fantasías fantásticas, a sueños perfectos, en donde esa imagen de Harry con un bebé pudiera ser verdad, en donde ella tomaba un papel más importante que el de ser su amiga, donde pudiera ser su esposa, la madre de sus hijos.

«Si tan sólo lo que esa mujer en la tienda dijo pudiera ser verdad. Sería tan feliz, pero lo cierto es que nunca he podido ser… más allá que su amiga, no soy su tipo. Definitivamente no soy como Ginny o Cho, ellas son tan lindas y siempre lucen tan bien, son sociables, y yo sólo soy una "come-libros", con un cabello que pocas veces puede estar en su lugar, una chica normal sin gran chiste. ¿Cómo puedo pensar que él se fijara en mi? ¿En mi? Como todos dicen sólo soy una hermana para él. Estos sentimientos no deberían ser, debí enamorarme de un hombre que si pudiera fijarse en mi.»

Harry sintió al instante una conexión con el pequeño Lupin, que lo miraba curioso con sus ojos bien abiertos, alzando sus manitas hacia él, sonriéndole, dejando escapar pequeñas risas. Fue así que lentamente fue olvidando sus nervios, contagiado por la alegría del bebé.

—Se llevan bastante bien —comentó Remus, observando atentamente a su hijo en brazos de Harry.

—Claro, como yo con él cuando era un bebé —mencionó orgulloso Black.

—Harry, parece que a Teddy le agradas bastante, esta muy risueño —prorrumpió Dora, a su lado acariciando la mejilla de su hijo.

—Eh no, bueno… él se porta muy bien —respondió apenado, meciendo ligeramente sus brazos.

—Voy a preparar la mesa —anunció Nym, abandonando la habitación.

Remus la siguió con la mirada, pensaba ir a ayudarla, pero notó que su ex alumna tenía la mirada perdida y una expresión ausente. —Hermione, estas muy callada. ¿Pasa algo?

Al instante ella volvió de su viaje emocional, por sus miedos y anhelos, por su pasado y por su presente. —No, es sólo que estoy un poco cansada —repuso con una sonrisa débil que no convenció a nadie. Al instante sintió los penetrantes ojos ahumados de Sirius, que la miraban de cierta forma divertida y picara—, pero no es por lo que tu crees Sirius —agrego rápidamente, con sus mejillas ligeramente teñidas de rosa—. Iré a ver en qué puedo ayudar.

—¿Qué fue todo eso? —cuestionó al momento, posando sus pupilas interrogantes en su amigo, al igual que su ahijado.

—Sí, ¿por qué dijo eso? —preguntó Harry frunciendo ligeramente su ceño, confundido por la actitud de su amiga.

—No es nada, solo una platica sin sentido que tuvimos esta mañana —aseguró con simpleza Sirius, aunque él sabía su cuento.

*º*º*º

Hermione entró a la cocina completamente abrumada y abochornada por saberse descubierta por el padrino de su amigo. No se suponía que eso debía pasar y ahora no sabía cómo iba a arreglar eso antes de que se volviera un verdadero problema.

—¿Pasa algo? —interrogó Nym al verla entrar con la cara totalmente roja.

—Ah no, sólo que venía a ayudarte —aseveró gentilmente, ocultando el rostro de la mirada curiosa que le lanzó la mujer.

—No es necesario, ya todo esta listo, sólo llevare estos platillos a la mesa —comentó sonriente—. No te preocupes los levitare para evitar accidentes.

—Pero puedo…

—No, mejor por qué no vas y les avisas que pueden pasar al comedor —pidió guiñándole un ojo.

Hermione tomó una gran bocanada de aire y miró al techo suplicando piedad.

«Vamos Hermione, tu puedes. Es sólo salir y avisar, sólo no voltees a ver a Sirius.»

Sí, cómo si eso fuera fácil.

«De cualquier forma, no podría haberlo mantenido por siempre en secreto, Sirius es demasiado observador.»

Sacudió su cabeza y avanzó hacía la sala, apenas y mirando a alguno de los presentes. —Ya podemos pasar a la mesa —anunció, saliendo rápido de la habitación.

—¿Qué le pasa? —preguntó Remus extrañado—. Actúa muy raro.

—¿Qué le hiciste Harry? —preguntó Sirius divertido.

—¿Yo? —preguntó desconcertado aún con Teddy en sus brazos—. Yo no le hice nada. —Se detuvo pensando en si tenía que ver con lo que había sucedido en la tienda.

—¿Qué hacen ahí? Vamos, la comida se enfriara.

—Ahora vamos, Dora —anunció paciente su esposo.

Harry caminó lentamente mirando a Teddy, el bebé se había mantenido todo el tiempo risueño con sus ojos siempre atentos a él.

—Ya puedes dármelo. Te espero todos los días, si logras tenerlo así siempre —acotó con humor Tonks, recibiendo suavemente al pequeño, lo meció un poco antes de colocarlo en un bonito moisés.

Él sonrió nervioso, era verdad que Teddy se había mantenido quieto, pero tenerlo todos los días, no sabía si estaba preparado para algo así. Su vida se había complicado bastante los últimos años y ni siquiera había pensado en un futuro; sus relaciones amorosas eran casi inexistentes, si sólo se tomaba en cuenta que la última relación la había tenido con Ginevra y no estaba seguro de volver con ella, mucho menos de tener un futuro juntos.

Sacudió su cabeza y pasó su mano por su desordenado cabello. «Es sólo un comentario, no tengo por qué preocuparme.»

Avanzó poco convencido. Al entrar al comedor, se percató que debía sentarse al lado de su amiga ya que era la última silla por utilizar y donde se encontraba un plato servido. Tomó asiento notando como Hermione estaba tan tensa como una tabla; frunció su ceño extrañado.

«¿Qué le pasara?».

La miró de reojo levantando su cuchara para comenzar a comer.

—Espero que no me envenenes, eh Nym —advirtió Black, antes de probar la comida.

—¡Sirius! —se quejó la mujer, mirándolo con reproche, para después mirar a su esposo—. ¿Acaso no le dijiste que yo no cocine?

—A mi no me veas, yo se lo dije.

—¿Sabes? No soy tan mala cocinando.

—¿Acaso no recuerdas el día que te pedí que hicieras el desayuno y que en lugar de azúcar le echaste no se que a mi café?

—Eso fue una pequeña equivocación —dijo riendo, había olvidado aquello.

—¿Si? ¿Y también lo fue, la vez que quemaste el estofado? ¿Y qué hay de la vez en que debías hacer sopa y quedó algo extraño? ¿O la vez que en lugar de leche me diste una sustancia viscosa?

Harry escuchaba a lo lejos las voces, pero no podía comprender la actitud de su amiga y mucho menos ese extraño rosado color en sus mejillas que se encendía al ser mirada por su padrino.

«No, no, no… debo estar loco, desquiciado. ¿Cómo puedo pensar que ella esta interesada en Sirius?». En ese momento soltó su cuchara, haciendo que la sopa saltara por todo el mantel y parte de su ropa, mientras miraba perturbado y asustado a su amiga.

Hermione lo miró con el ceño fruncido, tomó una servilleta, limpiándose las pequeñas gotas que habían manchado su vestimenta.

Él reaccionó después de unos eternos segundos. —Lo siento —murmuró apenado.

—No te preocupes, ¿estás bien? —preguntó Remus con un gesto de desconcierto que sólo se debía a él.

—Eh sí, sólo fue un accidente.

Sirius sonrió de medio lado, codeando ligeramente a su amigo, mirándolo como diciéndole lo que pensaba y de lo que habían hablado esa mañana.

—Ya ves tío, a todos les pasan los accidentes, no sólo a mí —reclamó Nym realizando un mohín.

Hermione miraba divertida la pelea de Black y Tonks, aunque no podía dejar de preguntarse: ¿qué era lo que le sucedía a su amigo? ¿acaso se daría cuenta de lo qué pasaba entre ella y Sirius? Esperaba encarecidamente que no.

*º*º*º

La comida continuó en relativa calma, no hubo más incidentes. Harry disfrutó un poco más de la compañía de Teddy, antes de que cayera profundamente dormido. Mientras Hermione platicaba sobre algunos temas importantes de su carrera con Remus.

—Creo que es hora de irnos —dijo Harry incorporándose.

—Tienes razón, aún debo hacer un ensayo. —Se levantó desarrugando su ropa.

—Vayan ustedes, yo aún tengo cosas que hablar con Lunático —comunicó Sirius, mirando cómplice a su amigo.

—Esta bien —musitó, acercándose a Lupin, del cual se despidió con un buen abrazo—. Hasta luego, gracias.

—No hay de que, siempre serán bienvenidos —comentó con cariño.

—Nym, gracias. —Hermione la abrazó con cariño, para después dirigirse a su ex profesor— Remus, gracias. Después vendré a verte para comentar algunos libros.

—Cuando quieras —replicó contento.

*º*º*º

Los chicos llegaron a la mansión Black por medio de los polvos flu. En la sala, comenzaron a sacudirse el resto de hollín.

—Es por eso que prefiero la aparición —confesó, pasando sus manos por su abrigo.

—Tienes razón, también suele ser más cómodo —agregó, observando a su amiga que tenía un poco de polvo en su nariz.

—¿Qué pasa?

—Sólo tienes un poco de polvo. —Se acercó y suavemente le retiró la tierra, haciendo que Hermione se sonrosara.

—Gracias. Eh yo tengo que ir a mi cuarto —añadió nerviosa.

—Espera yo… —Estaba a punto de darle el obsequio que había comprado para ella.

—No pensé encontrarlos aquí —comentó Ronald, quién acaba de arribar por medio de la misma red que ellos.

—Acabamos de volver de la casa de la comida —explicó Hermione, ligeramente decepcionada por la interrupción.

—Ya veo, ¿cómo les fue? —inquirió con una pizca de curiosidad.

—Pues bien —arguyó Potter con simpleza.

—Teddy es muy lindo, además se lleva muy bien con Harry —acotó con una sonrisa al recordar la imagen de su amigo con el bebé en brazos.

—¿Qué tal la comida con tus padres?

—Pues como siempre, ya saben… sólo falto Ginny y Charlie —puntualizó encogiéndose de hombros con una mueca en su cara—, por cierto les mandan saludos y también este paquete de comida.

—Es mejor que lleves eso a la cocina, le esta escurriendo algo —señaló divertida.

—Diablos, ensucie mi zapato.

—Los veo después. —Se disculpó Hermy, dejando al dúo ir a la cocina, mientras ella subía la escalera que la guiaría a su cuarto.

Harry la vio alejarse, desanimado dejó caer sus hombros, había perdido la oportunidad de darle el obsequio y agradecerle su ayuda en aquella tienda. Además de sondear el terreno y preguntarle, ¿qué ocurría con su padrino?

*º*º*º

Remus y Sirius platicaban amenamente mientras disfrutaban una buena copa de whiskey de fuego.

—Lo notaste, ¿no? —comentó con cierta diversión.

—¿Lo de Harry? —dijo con tono neutral, ante el asentimiento de Sirius, una sonrisa creció en su labios— ¿Cómo no hacerlo? Es algo bueno, pero ¿crees qué él sea consciente de ello?

—No lo creo, pero espero que no lo deje pasar —espetó, dándole un buen trago a su copa. En ese momento una lechuza con pelaje negro, apareció en la pequeña ventana—. ¿Esperas correo? —preguntó con curiosidad.

—No a decir verdad. —Se levantó y se dirigió hacia el ave desatando el pergamino de su pie, ofreciéndole un tazón de agua. Rápidamente desenvolvió el papel, clavando su vista en la caligrafía.

Sirius lo miraba fijamente notando como su mandíbula se tensaba y su rostro se ensombrecía, de inmediato se levantó para dirigirse a su lado. —¿Qué pasa?

—Al parecer ha habido un ataque por parte de los rebeldes seguidores de Voldemort.

—¡No puede ser! —Le arrebató la nota devorando con sus pupilas plateadas las letras, al terminar de leerla no pudo contener su impulso arrugó el pergamino, manteniéndolo en su puño cerrado—. ¿Acaso no entienden que la batalla terminó?

—Al parecer no, pero tranquilízate todo esta controlado —mencionó, dejando salir un hondo suspiro y volviendo a su asiento.

—Aún así no me agrada, es mejor que no le digamos esto a Harry y que investiguemos quién es su cabecilla.

Remus asintió en silencio, preocupado por el futuro que les esperaba, más ahora que tenía que proteger y brindarle un digno mundo a su hijo.

*º*º*º

Hermione sentada frente a su escritorio observaba los renglones de letras que formaban párrafos en su libro, pero por alguna razón no se lograba concentrar. Despegó su vista del texto y miró hacia la ventana observando la nieve caer.

—¡Por Merlín! ¿Qué estoy haciendo?

Se regañó convencida de que esa noche no lograría hacer nada que no fuera tratar de entender lo qué le pasaba a su amigo. Se levantó y lentamente se dirigió a su closet buscando un pijama, no necesitó esculcar tanto ya que todo estaba perfectamente ordenado. Tomó su ropa y se dirigió al baño para tomar una ducha que esperaba la relajara. Después de dejar su ropa en el cesto, caminó hacia la regadera y abrió lentamente las llaves, esperó a que el agua estuviera en un punto agradable para entrar, dejando que el líquido cálido recorriera su cuerpo.

—Moría por esto—dijo en un suspiro—. No ha sido un día tranquilo precisamente, con Sirius creyendo no sé qué cosas, con esa mujer que creía que Harry y yo estamos juntos. —Se sonrojó ligeramente, mientras una vaga sonrisa aparecía en su rostro.

Cerró sus ojos recordando el momento en que vio a Harry con Teddy. «Será un gran papá, bueno sin contar la parte en que cree que los niños nacen casi sabiendo volar.» Su sonrisa se amplió pensando en eso.

Terminó de ducharse, se cambió y en cuestión de minutos salió del cuarto de baño, mientras que con una toalla secaba sus rebeldes chinos, se sentó en un banco enfrente del tocador, dejando a un lado la tela, para mirar su reflejo en el espejo. Desvió su vista hacia el calendario que reposaba en la vieja pared coloreada de amarillo, en ella estaba señalada la fecha del Baile, sin emoción dejó escapar el aire que habían contenido sus pulmones.

—Se acerca el dichoso Baile y yo… aún sin pareja, Ron tiene a Luna y Harry —pausó sin saber exactamente que acuñarle a su amigo o más bien a quién adjudicarle y de la nada la imagen de Ginny atravesó su mente, un fuerte retortijón apareció en su estómago de sólo pensar en esa posibilidad de que ellos fueran juntos.

«No, él ha dicho que no asistirá.»

*º*º*º

Harry escuchaba a su amigo dándole los pormenores de su comida con su familia, de vez en cuando sonreía ante algún comentario, cuando Ron le había preguntado sobre el rato que habían pasado en la casa de los Lupin, él apenas había mencionado algunas cosas y la mayoría habían sido sobre Teddy.

—Vaya, ¿una escoba? —preguntó sorprendido—. No creo que la pueda usar.

—Lo mismo cree Hermione —respondió recordando que tenía que ir a verla.

—Bueno es Hermione, odia volar —comentó con obviedad—. ¿Ella qué le dio? ¿Un libro?

—No, Ron —negó impaciente y un tanto tajante—. Tengo algo que hacer en mi cuarto.

—Esta bien —señaló notando cierta ansiedad en su amigo que dejó pasar.

Con eso Harry subió a toda prisa las escaleras, al alcanzar el pasillo sus pasos fueron haciéndose más lentos y sigilosos. Su rostro mostraba cierta aflicción. «Se lo daré, le diré gracias por acompañarme. Después le preguntare sobre Sirius y el dichoso Baile.»

Hasta ahí todo iba bien, pero por alguna extraña razón su determinación para hacer lo que tenía planeado flaqueó al estar frente a la puerta de Hermione. Sus manos comenzaron a sudar inexplicablemente.

«Esto es absurdo, es Hermione.»

Fue entonces que a su mente llegaron todas las veces que habían estado juntos y que él le había tocado darle las gracias, eran tantos que era difícil mantener una cuenta, sin duda ella siempre había estado para él, pero ¿y él para ella?, esa pregunta lo confundió más aún.

«Espero que ella nunca se aleje de mí.» Inevitablemente ese pensamiento lo caló y asustó haciéndolo sentir un gran vacío. Nunca se había puesto a pensar en eso, ni siquiera concebía su vida sin ella.

Sacudió su cabeza creyendo que exageraba las cosas.

Alzó su mano y tocó a la puerta, escuchando poco después un suave susurró que lo invitaba a pasar. Abrió la puerta buscando con rapidez la figura de su amiga, encontrándola sentada en ese banquillo frente al tocador, con su cabello alborotado y mojado cayendo por su rostro sonrojado por la ducha que acaba de tomar.

Abrió la boca un par de veces sin dejar salir una palabra por alguna razón su mente estaba solamente concentrada en su visión y la razón lo había abandonado.

Hermione lo miró confundida, con esa sensación en la base de su estómago que sólo él lograba producirle. Apenada giró su rostro, dándose cuenta que ni siquiera había peinado sus cabellos, estaba tan preocupada por su apariencia en ese instante que no le había dado la mayor importancia a que el joven no había pronunciado palabra alguna, hasta que una brisa helada llegó hasta ella, notando que la puerta aún estaba abierta y que Harry tenía la mano en la perilla.

—Harry, puedes cerrar la puerta —pidió sin mirarlo aún.

—Ah… sí, claro —dijo al volver de su momento perdido, sacudió su cabeza e hizo lo que su amiga le había pedido, para después alejarse lo más posible de la chica, dirigiéndose a la ventana más próxima.

—Gracias —murmuró siguiendo con la vista la figura de Harry—. ¿Necesitas algo? —No es que le molestase que la visitara, pero él no había agregado nada más y eso era un poco extraño.

—Eh.

¡Demonios! Ese no era un buen momento para que las palabras se le escaparan, se llevó una mano a su cabello revolviéndolo.

Hermione sonrió involuntariamente, ese era uno de los gestos que más le gustaban de él, despegó la vista de su amigo para tomar el cepillo y concentrase en lograr que su melena luciera menos alborotada.

Potter se trató de controlar y de enfrentar esa sencilla situación para escapar lo más rápido de la habitación y de esa extraña sensación que lo invadía últimamente al estar con Hermione. Convencido y valiente se giró para verla, notando como ella batallaba para cepillar su cabello.

—Siempre es un caos, ¿no? —susurró apenada.

Harry sonrió ante ese comentario. —Pensé que estabas acostumbrada a que fuera así —comentó sin mucha sutileza.

—Gracias Harry —acotó con un marcado sarcasmo—. Es sólo que a veces quisiera que luciera tan bien como el de cualquier otra chica.

—No quise que sonara así. —Buscó componer su comentario, no era muy bueno cuando se trataba de quedar bien, pero ¿por qué quería quedar bien? Ella era Hermione. —A mi siempre me agradado como lo llevas, además te hace ser única… no necesitas lucir como las demás para ser linda —completó dejando caer sus hombros esperando no haber arruinado más la situación.

Hermione sintió que los colores se le subían al rostro y la aceleración de su corazón no se hizo esperar. Siempre que él le hacía un comentario así, ella casi sentía que dejaba de tocar el suelo. —Gracias, pero no creo que sólo hayas venido a hablar de mi cabello. —Dejó el cepillo y lo encaró.

—Ah no —respondió rápidamente, notando el suave rosado en las mejillas de su amiga. «Se ve tan linda, nunca la había visto así, pero ¿en qué estoy pensando?, ¿qué me esta pasando?».

—Eso pensé.

—Bueno… —Logró decir una vez más al escapar de esos extraños pensamientos—. Yo quería agradecerte por acompañarme hoy, de verdad me agrado buscar el regalo contigo, aún con esa señora que…

—Fue una pesadilla. —Calificó, terminando la oración por él, sonriendo tiernamente. —No tienes que hacerlo, a mi también me agrado.

—¿Incluso más que leer un libro? —preguntó juguetonamente, necesitaba relajarse o comenzaría a decir tonterías. Hermione arrugó levemente su nariz.

—Harry esa no es una buena comparación —mencionó sin cambiar el gesto—, pero sí, incluso más que leer un libro.

—Me alegra —Buscó en el bolsillo de su túnica el regalo que le tenía, exasperándose un poco al tardarse en encontrarlo parecía que quisiera escaparse de sus dedos o quizás era que aún seguía nervioso—. Te compre esto en la tienda.

—¿Me lo compraste? ¿A qué hora si estuve todo el tiempo contigo? —tartamudeó sorprendida.

—En un momento en que tú te distrajiste—explicó, sonriendo ampliamente al ver la expresión de su amiga.

—¿Lo puedo abrir? —preguntó emocionada.

—Adelante.

Harry la observó abrir la caja, su vista se desvió un momento hacia el tocador donde se encontraba unas epístolas, con una marcada caligrafía que no necesito esforzarse para leer claramente el nombre búlgaro de Viktor Krum. Su expresión se contrajo, sin saber por qué pero realmente eso lo incomodaba, el saber que su amiga y él pudieran tener algo.

—¡Es hermosa Harry! —exclamó, al ver una pequeña esfera de cristal con una representación miniatura de Hogwarts, montada en una base de madera, de las que agitándolas se apreciaba la nieve caer.

Sin querer contenerse, se incorporó y se lanzó a los brazos de su amigo, colgándose de su cuello, haciéndolo perder ligeramente el equilibrio antes de que le respondiera el abrazo.

—Gracias.

Harry sonrió para sí al sentir el peso de su amiga sobre él, aspiró el suave aroma que emanaba, ese que le resultaba tan familiar que había acompañado su sueño la noche anterior. Estrechó su abrazó dejando que sus cuerpos se juntaran más, mientras él cerraba sus ojos disfrutando de ese cálido y sincero abrazo, olvidándose por un minuto de la existencia de Viktor Krum en la vida de su amiga.

Hermione por su parte se aferraba a él, feliz de poder compartir ese mágico momento con él, de ver como al menos ese día había pensado en regalarle algo exclusivamente a ella, sin importar que este gesto fuese sólo de amigos. Tardó unos minutos más para separarse de él, no quería que pensara que no quería soltar o algo así, aunque eso fuera verdad.

Al sentir como el cuerpo de Hermione abandonaba sus brazos, sintió una sensación de inconformidad, estaba tan bien abrazado a ella.

—¿De verdad te gusto tanto o sólo lo haces para que no me sienta mal? —indagó divertido al ver la gran sonrisa que cubría el rostro de su amiga iluminándolo.

—Claro que sí —aseguró con firmeza, dándole un pequeño golpe en el hombro.

—Esta bien te creo. —Se llevó la mano a su hombro.

—No exageres, ni siquiera fue fuerte, apenas un roce.

—Pero dolió.

Harry esbozó una sonrisa divertida y aprovechó ese momento para hacer esa pregunta tan importante que lo mataba de curiosidad o quizás de algo más que se negaba a ver.

—¿Qué pasa? —cuestionó al ver que su semblante se volvía serio.

—¿Piensas ir al Baile? —preguntó, mirando la punta de su zapatos para después ir alzando lentamente su vista para encontrar las contrariadas pupilas de su amiga.

—Pues… no lo sé —contestó confundida—. ¿Y tú? ¿Irás con Ginny? —añadió con curiosidad y una punzada de dolor.

—No —repuso sin separar sus miradas—, no iré con Ginny, le dije que asistiría con otra persona —contestó con incomodad.

Hermione se sorprendió al escuchar esto, mientras su corazón daba todo un vuelco. —¿Y… quién es? —Sintió que su boca se secaba de la nada y de pronto cada palabra costaba y raspaba.

—No lo sé, sólo se lo dije porque no quería que tuviera la esperanza de que la invitaría —expresó separando su vista, no quería que su amiga lo analizara. Sabía que lo que había hecho había estado mal.

—Ya veo —mencionó con un poco de alivio y un pinchazo de culpabilidad por Ginevra.

—¿Y tú iras con Krum? —preguntó repentinamente, regresando su mirada a ella, a la espera de una respuesta.

*º*º*º*

Continuará…