Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Ante todo pediros disculpas por estas dos semanas sin publicar, pero es que primero me fui de viaje relámpago a conocer a Nikki y Jackson que estuvieron en España y después me sentí muy agobiada por este capítulo porque creo que es muy importante en la historia creo que pueden dar fe de mi agobio Beth y Vicky. Pero al final pude terminarlo y aquí esta ^^
Espero poder escribir un capítulo esta semana pero no prometo subirlo el fin de no estaré en mi ciudad… pero en cuento vuelva lo subiré.
Gracias por la paciencia
A leer
Capitulo 9
Bella aun tenía el dinero en su mano; no se inmuto una vez que él había salido por la puerta. Cerró sus ojos y evocó de nuevo las caricias que minutos atrás el le había dado, suspiró sentándose en la cama mirando los billetes, ni siquiera sabía por que los había aceptado pero al mirarlo y ver esa sinceridad en sus ojos le hizo no desconfiar de él. Quizás, sí que era diferente a todos los demás. Había salido en su defensa delante de James cuando nunca antes nadie lo había hecho por ella, sólo su amiga Angela pero ¿qué podía hacer ella frente a un hombre como James?
Recordó como en esos días Edward había ido a verla e intentó tantas veces rehuirle, después de que la dejara en la puerta de Eclipse tras aquella noche se había prometido no acercarse más a él, intentó cambiar los turnos con sus compañeras y así no tener que verlo en privado, pero uno de esos días no pudo evitarlo más y tuvo que subir con él, se propuso ser lo más fría posible, tratarlo como uno más. Lo consiguió y vio como se marcho enfurecido por su desprecio cuando acabaron, debía ser así siempre, pero todo cambio esa anoche cuando golpeó a James en su defensa, se sintió respetada y no como una cualquiera; Edward la defendió como mujer.
Sonrió recordando el juego que él había propuesto, se había sentido cuidada en esos instantes, ningún hombre la trataba así cuando estaban en la cama. Respiró hondo cuando en su cabeza se produjo aquella frase, por una vez se había sentido amada por alguien. Volvió a mirar el dinero y una lágrima se deslizo hasta chocar con los billetes. No podía estar sintiendo esas cosas, no era posible, ella no era una mujer que pudiese sentir. Los billetes resbalaron de sus manos y las llevó hacia su cara, estaba tan confundida, Edward había puesto su mundo patas arriba.
Aquella noche había sido demasiado dura, por un momento creyó que los clientes se quejaría a Aro; no puso nada de su parte para satisfacerlos, solo quería que se corrieran cuanto antes y que se marcharan, su cabeza era un auténtico lío, sus sentimiento se entremezclaban entre lo correcto e incorrecto.
Se tumbó en su cama y miró fijamente el techo, en ese momento su amiga entró como un tornado en la habitación.
- ¿Qué demonios has hecho? –se incorporó en su cama y miró a Angela.
- ¿Qué pasa?
- Aro te está buscando como un loco por todo el club –sus temores eran acertados, seguro que alguno de los que estuvo con ella se habían quejado. Miró a Angela antes de salir por la puerta, alzó su cabeza y bajó hacía el despacho de Aro.
Lo vio en medio de la sala del club, cuando sus miradas se encontraron Aro corrió hacia ella y la abrazó, se quedó estática, Aro no era cariñoso, incluso las chicas que todavía estaban allí antes de irse a descansar se quedaron atónitas mirando la escena. Después la besó en ambas mejillas y se separó de ella.
- Bellita desde el momento que te vi, supe que serías una buena inversión –se giró y caminó hacia su despacho no sin antes hablarle de nuevo- acompáñame.
Le siguió totalmente confundida ¿qué había pasado ahora? ¿Por qué Aro estaba tan contento? El pánico entró en su cuerpo. Alguien la había comprado, lo sabia por algunas chicas a las que nunca había vuelto a ver por el club, si ofrecías una cantidad razonable y eras de fiar Aro te vendía. Sus ojos empezaron a humedecerse ¿y si por fin James después de tantos intentos y negativas por parte de Aro la había comprado? Su cuerpo empezó a temblar de miedo, limpió apresuradamente una lágrima que bajaba por su mejilla para que Aro no la viera.
- Siéntate querida –le miró con terror y se sentó frente a él, no podía dejar de mover sus manos sobre su regazo, las tenía ocultas debajo del escritorio fuera de la vista de Aro. Cuando volvió a alzar la cabeza para mirarlo este le sonrió- Desde que te recogí he esperado por este día Bella. –Se levantó de su silla y fue hasta ella para acariciarle la cara, no pudo resistirlo y las lágrimas bajaban ya sin ningún control por sus mejillas- no llores, seguro que la noticia que te tengo te hará feliz. –Bajó su vista pero Aro le alzó el rostro para que la mirara- hace unas horas estuvo aquí Edward Cullen.
¿Edward quería comprarla? No podía ser, justo cuando comenzaba a pensar que era un hombre diferente volvía a golpearla la realidad. Cerró sus ojos para volver a mirar a Aro, esta vez con la rabia reflejada en su rostro.
- ¿Me has vendido a Edward Cullen? –no podía retenerlo más dentro de ella debía saberlo.
Aro comenzó a reírse a carcajadas limpias- ¡Oh Bellita! yo nunca te vendería y sabe Dios que James me ha ofrecido tanto dinero por ti –apretó más el agarre en su mandíbula, le hacia daño- me eres mas rentable aquí, muchos solo vienen por estar contigo, no es algo que quiera hacer por ahora, pero me vuelves a hablar así y lo considerare sin importar cuan rentable seas. Compórtate muchacha ¿acaso no te he enseñado bien? Respeta a tus superiores.
Suspiró aliviada, Edward no quería comprarla pero ¿qué habría hablado con Aro? este le soltó por fin y se giró para volver a su silla.
- ¿Entonces qué pasa con Edward Cullen? - El hombre que tenía enfrente volvió a sonreír
- Me ha propuesto algo parecido a lo de la otra vez, aunque serán más días y yo saldré gratamente beneficiado –se observaron mutuamente ¿Edward había pagado por sacarla de allí más días?- parece que se ha obsesionado contigo lo demuestra en esa forma de defenderte ante James y todo el dinero que me da por tenerte una semana para el solo –Aro se mostró pensativo y luego sonrió siniestramente- puede que se haya enamorado de ti querida y eso nos viene muy bien. - Se levantó de nuevo pero esta vez no se acercó a ella sólo miraba un cuadro que había en la pared- Incítalo todo lo que puedas en esta semana, sí te permito salir es por que me conviene que él siga viniendo a Eclipse –se giró para mirarla- enamórale Isabella puede que el gran Edward Cullen deje toda su fortuna en ti y eso sería muy provechoso.
Lo miró con odio solo le movía el dinero, le daba igual todo lo demás, muy pronto huiría de él y seria ella la riese, deseaba con todas su fuerzas levantarse y propinarle una bofetada pero se clavó fuertemente las uñas en las manos intentando calmar su ira hacia aquel hombre que destruyó la poca inocencia que había en ella. estaba frente a ella.
- No tengo ropa adecuada para irme una semana con un cliente –sonrió interiormente, intentaba sacarlo de sus casillas pero no lo logró pues Aro le sonrió de vuelta.
- No quiero que el Sr. Cullen piense que yo no cuido a mis chicas, cuando vuelvas a tu cuarto tendrás una maleta llena de ropa –Aro rió de nuevo- pedir un poquito más al Sr. Cullen para comprarte ropa no fue difícil.- Volvió a su asiento antes de despedirla- haz un buen trabajo Isabella quiero a Edward Cullen cada noche en Eclipse una vez que vuelvas.
….
- ¿Una semana entera con Edward Cullen? Ese hombre sí que está obsesionado contigo.
Miró a Angela y se sentó en su cama después de que ambas hubieran visto toda la ropa que había en aquella maleta, no faltaba nada, incluso Aro había pensado en ropa provocativa para satisfacer a Edward.
- Tengo miedo Angela.
- Bella tengo que tragarme todas las palabras que he dicho contra él, pero ese hombre no es mala persona y más cuando anoche te defendió de James. – agarró su pelo mientras apoyaba sus codos en las rodillas.
- No es miedo a que él sea malo, sino otro tipo de miedo –Angela volteó y la miró por unos segundos, después abrió los ojos como si hubiera descubierto algo, corrió hacia ella y se sentó a su lado acariciando su espalda.
- ¿Estás sintiendo cosas por él? –la miró y no fue capaz de contestarla, su amiga la abrazó y comenzó a llorar en su hombro mientras esta intentaba calmarla.
- Intento reprimirme y pensar que no se me está permitido, pero Angela soy humana, me siento protegida y nunca nadie me ha tratado como lo ha hecho él.
Angela la miró y acarició su cara- no te está prohibido sentir Bella, quizás Edward sea tu salvación, tu vía de escape de Eclipse.
Se mordió el labio y negó con la cabeza- ¿sabes que esta casado?
- ¿Y quién no lo está de los que vienen aquí? –ambas sonrieron. Bella alzó una ceja y miró a su amiga sonriéndola
- Me estás diciendo que me convierta en su amante.
Su amiga rió- te estoy diciendo que disfrutes de estos días a su lado, olvídate de todo Bella –miró a su amiga respirando hondo y después la abrazó.
- Te quiero.
- Y yo peque.
- Solo soy tres años menor que tú –le dijo pegándole suavemente en el hombro, ambas soltaron una carcajada.
…..
Un chofer había ido a por ella a Eclipse, al parecer Edward no había podido acercarse y tendría que esperarlo en el aeropuerto para coger el avión. Pensó que se irían a un sitio cercano a Chicago pero ahora estaba intrigada sobre cual sería su destino, se sentía tan nerviosa, y sobre todo, no sabía que podría salir de ese viaje, pero había decido tras hablar con su amiga que se olvidaría de todo, solo sería ella, no una de las prostitutas de Eclipse, simplemente Bella.
Cuando llegó al aeropuerto internacional de O 'Hare en Chicago los nervios comenzaron a apoderarse de su cuerpo ¿qué le diría al verlo?
El chofer le ayudó con su maleta y poco después le indicó que el Sr. Cullen no tardaría en llegar, tras despedirse de él, se adentró dentro de aquel aeropuerto y esperó cerca de la puerta. Era increíblemente grande, nunca había estado allí puesto que en su vida había viajado y menos en avión quizás los nervios también se debieran a eso. Miró todo a su alrededor intentando tranquilizarse y se giró para ver los paneles de los vuelos intentando deducir por la hora a donde iban pero no le dio tiempo, lo vio venir hacia ella, una mueca en forma de sonrisa se reflejó en su rostro, ella no apartó sus ojos de él. Estaba anonadada mirándole, verlo vestir tan casual le hacía ver demasiado sexy, esos pantalones vaqueros le quedaban de muerte, el calor empezó a emerger por su cuerpo. Cuando estaba casi enfrente de ella intentó sacarse de su cabeza todos los pensamientos que en un segundo habían aparecido por su mente, eran demasiados candentes.
- ¡Hola! Siento el retraso pero tenía que resolver unas cosas antes de viajar –él se acercó a ella para depositar un suave beso en su mejilla, se quedó contrariada ante aquel gesto -. Nadie dijo nada de besos en la cara –sonrió interiormente. Si, tenía razón, pudo apreciar la duda en su cara.
- Si, eso no está prohibido.
- Me alegra verte más contenta que la última vez que te saqué de Eclipse –alzó una ceja mirándole.
- Si quieres puedo volver a ser como ese día.
- No gracias, te prefiero así, sólo quiero que disfrutes –ella lo miró y vio como él alargaba la mano para que la cogiera- ¿vamos?
- Quisiera saber donde vamos –le dijo sin coger todavía su mano, no se había percatado que Edward traía un carrito de esos donde la gente llevaba sus maletas, se acercó a ella para coger la suya y la puso encima de la de él. Volvió a extender su mano.
- Nena, es una sorpresa, solo confía en mí.
Suspiró mirando su mano- no sé si debería confiar en ti –la miró extrañado pero sus facciones se suavizaron cuando ella cogió su mano y lo miró.- ¿vamos?
Se dirigían hacía la puerta de embarque y ya el destino no era un secreto para ella, Edward solo había podido ocultarlo únicamente unos minutos hasta que ella vio en pantalla las palabras Hawai. Estaba emocionada, nunca había salido del Estado de Illinois e iba a conocer Hawai, parecía una niña de seis años a punto de recibir sus regalos de Santa Claus. Cuando se quiso dar cuenta estaba sentada en el avión abrochándose el cinturón con Edward a su lado, miró por la ventanilla y los nervios comenzaron a agolparse en su estomago, llevó sus manos hacia allí, Edward se percató de ello.
- ¿Te sientes bien? –negó cerrando sus ojos.
- Nunca he montado en avión, tengo ganas de vomitar –rió mirándola y Bella lo miró enfurecida- ¿te parece gracioso?
- Un poco –agarró una de sus manos que descansaba en su estomago y la apretó- tienes que relajarte, el avión es el medio de transporte más seguro, cierra los ojos –lo miró contrariada antes de cerrar sus ojos, entonces una voz se sintió cerca de su oído- no soltare tu mano.
Y no lo hizo, el avión despegó y sus nervios se habían ido, se sentía protegida a su lado, poco después abrió sus ojos observándole.
- Gracias.
- No hay de que, intenta descansar, nos quedan unas horas antes de llegar.
Sintió como alguien la despertaba, se había quedado completamente dormida después de despegar, abrió los ojos y lo observó meciendo su hombro suavemente, ese simple gesto lo había hecho con tanta delicadeza que por primera vez se sintió como una princesa de cuento, movió su cabeza quitándose todas esas tonterías de encima.
- Acabamos de aterrizar Bella Durmiente –rodó sus ojos y se incorporó desabrochando su cinturón, con la ayuda de Edward para coger su equipaje de mano salieron del avión.- Bienvenida a Honolulu.
Se giró sonriendo después de recoger sus maletas fueron hacía la puerta de salida y allí unas chicas vestidas del traje típico de Hawai les pusieron un collar hecho con flores, Bella rió ante eso, creía que eso solo pasaba en las películas, quizás aquello era un sueño en forma de película, pero al sentir el brazo de Edward alrededor de su cintura descubrió que no era un sueño. Cogieron un taxi y fueron rumbo al hotel donde se hospedarían. No podía apartar la vista de la ventana del vehículo, todo le parecía fascinante, aquello era el paraíso, y desde la carretera podía ver las magníficas playas que ofrecía Honolulu. No tardaron mucho en llegar al hotel situado en Waikiki, mirarlo simplemente por fuera era una delicia, toda su fachada era de un color coral. El Gran "Royal Hawaiian" se imponía ante ellos.
Un trabajador del hotel les ayudó con sus maletas, cuando iban a entrar en el hall Edward agarró su brazo y la giró hacia él.
- Antes de que entremos quiero que sepas que hay dos habitaciones reservadas, no quiero que te sientas incomoda en ningún momento, no estas obligada a nada en este viaje Bella –lo miró atónita.
- ¿Qué quieres decir?
- Sé que he pagado por ti para tenerte una semana entera, pero no es tu cuerpo lo que quiero, solo quiero que disfrutes –le sonrió-como si fueran unas vacaciones –se miraron durante unos segundos- es tu elección que puedas tener una habitación para ti o no.
- No hace falta tener dos habitaciones, no me va a incomodar dormir contigo –le sonrió- ya lo hemos hecho –Edward iba a protestar- no me voy a sentir obligada a nada, me lo acabas de decir, lo que venga vendrá, es mi trabajo, no lo cumpliría si no estoy en tu habitación – Sintió la necesidad de decir lo último, esa sensación de ser apreciada y cuidada era un espejismo. No podía confundir las cosas, mucho menos ahora que sabía que estaba a riesgo de sentir cosas por un cliente lo cual no estaba permitido. Tenía que recordarle a él y a sí misma que ella estaba allí porque fue comprada, y si no hubiese sido así, estaría en la pequeña habitación de Eclipse esperando por un cliente. El fondo sabía que si las circunstancias fueran distintas ella estaría más que feliz…. Bloqueó lo que continuaba de ese pensamiento. Edward seguía mirándola como si lo hubiese golpeado y ella aunque se sintió culpable se forzó a dejarlo plantado allí y entrar dentro del hotel. No podía haber confusiones se dijo de nuevo y se forzó a concentrarse en la decoración del hotel, quedando inmediatamente maravillada por la opulencia del mismo.
Después de que Edward arreglara lo de las habitaciones ambos fueron acompañados a la suya y cuando entró no podía dejar de mirar todo a su alrededor pero lo que más le llamó la atención fue la inmensa terraza que tenía unas vistas impresionantes a la playa perteneciente al hotel, corrió para abrir las puertas y asomarse, ante ella se mostraba en todo su esplendor el Océano Pacífico, unos brazos rodearon su cintura.
- Por tu reacción al entrar supongo que te gusta lo que ves –lo miró sobre su hombro y asintió pero se zafó de entre sus brazos, Edward la miró con una ceja alzada- olvídate de todo Isabella, solo se tú –besó su cabeza y la dejó allí para que pudiera seguir disfrutando de la vista que aquel hotel le ofrecía ¿no se daba por aludido? Suspiró indignada y frustrada mientras seguía mirando el océano.
….
Estaba colocando su ropa, antes de haber ojeado toda la habitación, parecía un apartamento, sólo le faltaba la cocina, tenía su propio salón y un cuarto de baño enorme donde la más impresionante de las bañeras estaba en una de las esquinas, le había asombrado el inmenso vestidor en el que se encontraba ahora, el sueño de toda chica era tener uno como ese completamente lleno de ropa y zapatos, quizás algún día podría conseguirlo. Edward le había propuesto esa noche no salir de allí y cenar para poder descansar del viaje, había aceptado por que entre los nervios y todo el ajetreo de última hora apenas había dormido la noche anterior.
Edward había pedido una suculenta cena al servicio de habitaciones y cuando terminó de colocar sus cosas, la comida ya estaba encima de la mesa, por lo que no tardó en acompañarlo. Mientras comieron apenas dijeron nada, solo se miraban y sonreían. Se levantó una vez que terminó y miró al hombre que la acompañaba.
- Será mejor que me de una ducha, el sol de aquí es demasiado pegajoso –le guiño un ojo. debía empezar a trabajar.
- Si, así te refrescaras, yo iré a ver un rato la televisión –Bella alzó una ceja sorprendida, al decirle eso le estaba invitando a que la acompañara, se miraron- Bella, esta noche descansaras, como tú dijiste, lo que venga vendrá, todavía hay muchos días por delante.
Se fue hacía el baño realmente enfadada, pero ¿debía estarlo? Se suponía que no estaba trabajando, que debía descansar y disfrutar según las palabras de Edward pero sentía una tremenda necesidad de sentirle dentro de ella ¿de verdad aquello era trabajo? Cuando terminó se puso el pijama más sexy que había encontrado en el vestidor y se dirigió hacia la habitación, allí estaba Edward, solo con unos pantalones y vio que tragaba apresuradamente al verla, sonrió interiormente y se fue hacia la cama para acostarse en el otro lado, Bella le sonrió, se acercó a él y posó deliberadamente su mano cerca de su miembro.
- Buenas noches –sin más se acomodó en su lado de la cama dándole la espalda. Mientras una gran sonrisa se formaba en su rostro cuando sintió a Edward levantarse de la cama e ir apresuradamente al baño. No le sintió volver, el cansancio pudo antes con ella.
Los rayos del sol comenzaban a golpear su cara, cuando estaba despertándose se giró hacia el otro y sintió que nadie estaba durmiendo allí, levantó un poco la cabeza y miró hacia todos lados, en una de las mesas de la habitación había una bandeja con comida, se desperezó poco a poco y se levantó para dirigirse allí, una rosa estaba en la mesa y vio un papel debajo de ella.
Bajé a hacer un poco de ejercicio. Estabas demasiado preciosa como para despertarte,
Edward
Sonrió mientras cogía la flor para olerla, cuando alzó su vista y se vio en el espejo que habían frente a ella tuvo que dejar la flor en la mesa, "¡basta Bella, estás trabajando!", después se dispuso a desayunar, como eran sus vacaciones no iba a esperar a Edward, se le había ocurrido algo mejor, había unas playas magníficas allí abajo.
Estaba tumbada en la arena tomando el sol con sus ojos cerrados cuando unas gotas de agua empezaron a caer sobre su cuerpo, abrió un ojo y se encontró a Edward de pie.
- Te vas a achicharrar con el sol –se incorporó sentándose para mirarlo- supuse que estabas aquí al no encontrarte en la habitación.
- Si, no podía despreciar estas maravillosas playas, sería un pecado.
- Creía que yo era mejor que eso.
- No te creas tan importante – miró hacia el agua- por lo que veo ya te bañaste.
- El agua esta estupenda, creo que deberías hacer lo mismo –negó con su cabeza volviéndose a tumbar en la toalla.
- Ni hablar, me gusta más tomar el sol –cerró sus ojos de nuevo y una risa se escuchó, entonces sintió como la cogían y la alzaban, al abrir sus ojos vio como Edward corría con ella en brazos directos al agua- no, Edward para, para….no se te ocurra…-pero fue demasiado tarde, ya estaba metida en el agua de pies a cabeza, al salir a la superficie lo vio reírse de ella, una sonrisa malvada se formó en su rostro cuando fue hacia él, se impulsó con todo su cuerpo y lo hundió completamente en el agua, sabía que él no había puesto mucha resistencia, Edward era más fuerte como para hundirse así como así.
Cuando salía para fuera la cogió por la cintura y la acercó a él, su cuerpo sintió una fuerte descarga eléctrica - ¿ves como era mejor darse un chapuzón? –ella alzó sus piernas y rodeo la cintura de Edward.
-Puede que tuvieras razón –comenzó a friccionar su cuerpo.
- Bella –le advirtió Edward.
- No estoy haciendo nada –vio como alzaba una ceja frente a ella, ambos rieron-. Llévame a bailar – dijo impulsivamente.
….
Se había puesto un vestido corto negro con unos tacones que daban vértigo verlos, el pelo estaba suelto con suaves ondas, deseaba tanto pasarlo bien. Cuando vio a Edward se quedó impresionada, le quedaba tan bien esa camisa medio abierta, parecía que a él también le había gustado su atuendo pues la repaso de pies a cabeza, por una vez se sintió admirada y no como un objeto al que llevarse a la cama.
- Vamos –Edward extendió su mano y ella la cogió.
Estaban en un local de moda en Honolulu, habían pedido unas bebidas y una canción empezó a sonar.
- Me encanta esta canción –le dijo por encima de la música en voz alta- vamos a bailar.
Ambos se fueron hacía la pista de baile y comenzaron a moverse llevó una de sus manos hacia el cuello de Edward y comenzó a moverse sexualmente, no apartaban sus miradas, después se giró para que su espalda golpeara con el pecho de él y comenzó a moverse rozando su culo con el miembro de Edward, por primera vez estaba bailando para alguien a quien ella había elegido, una mano rodeaba la cintura apretándola más contra él, sentía su respiración entrecortada en su oído, no dejó de mover su cuerpo al ritmo de la música y comenzaba a notar como se estaba excitando y no era el único, su bragas empezaban a mojarse. Cerró sus ojos sintiendo la música pero Edward la giró y volvieron a mirarse con intensidad y deseo.
- Eres malvada –le sonrió sin dejar de mirarlo.
- No me has dicho que parara – las manos de él agarraron su trasero e hizo que ambos se juntaran más, sus cuerpos podían fundirse en medio de aquella pista de baile, a pesar de los tacones, Edward le sacaba unos centímetros más, se puso de puntillas acercando sus labios a los de él.
- Quizás no quiero que pares –sonrió triunfante al oír aquellas palabras, las manos de él bajaban por sus piernas acariciándolas y ambos empezaban a respirar demasiado rápido. Ella llevó sus manos a su cuello y lo forzó a bajar su cabeza hasta que sus labios estuvieran rozándose. No había nada más en el planeta que deseara, que besarlo, sentir su sabor, ver si sus labios y su boca eran tan cálidos y dulces como parecían. Él seguía respirando aceleradamente, y la miraba con ansias, como si anhelara que ella terminara de quitar la distancia, aunque sabiendo las reglas y que no le fuera permitido hacerlo. En ese momento Bella reaccionó ¿qué estoy haciendo? se preguntó desesperada y desconcertada, sentía que salía de lo que estaba acostumbrada y que sí eso se daba, no sabía que le iba a quedar. Necesitaba algo que la llevara a un sitio que conocía, cómodo, que volviera a ubicarlo en lo que ella estaba haciendo allí, no diversión sino porque era una cosa que usaba. Y eso era lo que necesitaba. Tenía que follarlo y matar sus ansias de besarlo. Miró por encima del hombro de Edward hacia todos lados buscando una puerta. Cuando la localizó se separó de él y cogió su mano tirando hacía aquella puerta, la siguió sin protestar, cuando entraron en el baño nadie se encontraba allí. Bella apoyó su espalda en la puerta mirando con lujuria al hombre que tenía delante, una de sus manos fue hacia el pestillo y la cerró sin dejar de mirarlo.
- Fóllame Edward, quiero sentir tu polla dentro de mí… ya…
No esperó a que se lo dijera dos veces la estampó contra la pared que estaba a su lado y comenzó a besar su cuello. El vestido de ella estaba por la cintura mientras sus bragas acabaron destrozadas en el suelo, la cogió en volandas y la llevó hasta el lavabo, ella con prisas desabrochó sus pantalones y bajó sus boxer con ellos, vio como él había sacado algo de su bolsillo y lo desenvolvía, ella lo cogió y le sonrió.
- Siempre preparado.
- Soy un hombre de recursos –ella agarró su polla y la acaricio suavemente para después empezar a poner su preservativo.
Edward se mordió el labio al sentir como ella le acariciaba, una vez que había terminado no esperó más y se adentró en su coño, no dejaron de mirarse mientras Edward salía y se adentraba dentro de ella una y otra vez, aunque hubo una parte en la que Bella tuvo que morderse el labio y subir la cabeza al cielo porque la necesidad de chocar sus labios con los de él fue imperante.
Salieron del baño riéndose y les importó poco que la gente a la salida descubriera lo que habían hecho allí dentro. Bella tenía todo su pelo alborotado y Edward la camisa medio abrochada, había tenido que tirar sus bragas inservibles a la papelera del baño y ahora se estaba sin nada debajo.
-¿Sabes? me resulta muy tentador saber que no tienes ropa interior –lo escuchó por encima de su hombro y se giró para guiñarle un ojo -. Vamos a tomar algo necesitamos reponernos.
- ¿Ya estás cansado?
- Nena, no ha nacido nadie que canse a Edward Cullen. – Sintió como agarraba su nalga para apretarla.
….
Se levantó con un horrible dolor de cabeza, le molestaba la luz del sol que entraba por la ventana, miró su reloj y eran ya las dos de la tarde, suspiró y miró hacia su lado, Edward dormido con sus ropas de anoche medio quitadas. Se observó así misma y vio que su vestido estaba subido, los recuerdos de la noche anterior volvieron a su mente poco a poco y comenzó a reírse. Habían bebido demasiado después de lo del baño, al llegar al hotel habían intentado repetirlo pero ambos cayeron en la cama y no recordaba nada más.
Se levantó para ir a darse una ducha, la necesitaba con urgencia para despejarse, cuando salió envuelta en una toalla Edward estaba sentado en la cama medio adormilado.
- Creo que anoche nos pasamos con las copas –sonrió y se sentó a su lado.
- Sí, pero mereció la pena hacía mucho que no me reía tanto y me lo pasaba tan bien.
- Me alegro por ello –se levantó de la cama- ¿sabes? creo que yo también necesito una ducha. –Bella rió asintiendo.
Ese día lo pasaron dentro de la habitación sin hacer nada, sus cuerpos estaban agotados, vieron películas en la gran televisión que había en el salón, en esas horas que pasaron encerrados se olvidó por completo que Edward había pagado por tenerla en aquel paraíso, parecía todo tan normal para ellos, que era tan fácil como respirar. En la tercera película comenzó a sentirse cada vez más cansada y lo último que recordó fue como Edward la llevaba a la cama y la tumbaba en ella.
Edward la despertó al día siguiente demasiado entusiasmado, obligándola a desayunar deprisa y a ponerse su traje de baño, solo le decía que una sorpresa la esperaba. Medio dormida todavía se montaron en una barca a motor que les llevó a una de las islas que estaban alrededor de Honolulu.
- ¿Edward, dónde me llevas?
- Te va a encantar, vamos a nadar con delfines –abrió la boca sorprendida mirándole.
- ¿Lo dices en serio? –estaba muy emocionada.
- Muy en serio –le respondió. Ella le sonrió y corrió para abrazarle, nunca nadie antes se había portado tan bien como Edward lo estaba haciendo. Después de darse cuenta del impulso por el que se había dejado llevar se separó apresuradamente de él.
Definiría esa experiencia de su vida como algo mágico. Al principio le dio un poco de miedo pero poco a poco fue cogiendo confianza. Edward era todo un espectáculo, parecía que toda su vida había nadado con aquellos animales, mientras ella una y otra vez tenía que ser ayudada por los monitores para que no se hiciera ningún daño, muchas veces tuvo que mirar mal a Edward por que no paraba de reírse de ella, pero al final acababa riéndose también de su propia torpeza ante los delfines.
Después de aquella excursión volvieron al hotel para asearse y salir a cenar cerca de la playa. Fue una velada hermosa, Edward se preocupó por ella en cada momento, la hizo sentirse cómoda en aquel lugar, nadie la observaba como a la puta que tenía que pagar para llevársela a un rincón y follarla, en aquella isla de Hawai era simplemente Isabella. Aquello a pesar de todo le asustaba terriblemente, sabía que todo aquel paraíso se terminaría en una semana y Edward por mucho que su amiga Angela le hubiera dicho no iba a ser su salvación.
Luego dieron un paseo por la playa, llevaba sus zapatos en la mano para no ensuciarlos con la arena, parecían una pareja de enamorados dando paseos a la luz de la luna, pero que tan alejado estaba eso de la realidad. En más de una ocasión apartó su mano de la de Edward y a pesar de que volvía a tomarla, ella se resistía, debía poner sus prioridades por encima de todo y sentir algo por él no estaba entre ellas, si no ser libre, huir de Eclipse… no podía haber una vida con Edward estando además casado, eso solo la haría sufrir más, aquello no era correcto. Aun así estaba tan contrariada, una parte de ella, en ese último día en lo único en lo que pensaba era en tener una mínima posibilidad de vivir algo con Edward, intentó quitar aquellos pensamientos de su cabeza, estaba allí y eso era lo importante, nada del exterior importaba en ese momento.
Después del paseo, había ido al baño a lavarse los pies de la arena y cambiarse para dormir, ella también podía darle algún regalo a Edward, sonrió para si misma y cogió uno de su camisones, salió hacia la habitación y toda su libido se fue al suelo al verlo dormido.
Sonrío, era tan hermoso dormido, con cuidado fue hacia allí sentándose en la cama quedando a su lado, rió por lo bajo, era como un bebé. Aprovechando su estado acarició su cara, iba a tumbarse para dormir pero sus dedos se pararon sobre sus labios, sintió como su cuerpo se iba hacia delante sin poder evitarlo, ansiaba sentirlos, la necesidad la aturdía y era también una forma de agradecimiento, la había hecho feliz al llevarla a la otra parte del país y experimentar aunque fuera por un momento lo que las demás personas daban por sentado. Sabía que podría ser arriesgado y estaría cometiendo un error si él le respondía, porque confundirían aun más las cosas y por eso había evitado hacerlo, pero ahora, con él dormido se permitió ese desliz ya que nunca se enteraría, solo sería un roce… tan solo eso podría permitirse, se repitió en silencio.
Trazó su mejilla y cuello con un dedo sintiendo una parte poco rasposa por el inicio de la barba, y se inclinó oliéndolo suavemente, nadie, ningún cliente había olido como Edward lo hacia, era una unión de miel con almizcle y calor. Rozó con su nariz su mejilla, y después la besó suavemente, cerrando los ojos y deleitándose por ese momento robado y nuevo para ella. Movió su cabeza unos centímetros, trazando una línea con sus labios hasta los de él; besó la comisura de estos y con un suspiro de rendición terminó de correr la distancia, uniendo sus labios. Sintió que el corazón le iba a estallar, mitad del miedo por ser descubierta y mitad por la sensación de placer por tocar esa parte tan suave de Edward. "Solo será un momento" se repitió mientras movía sus labios un poco, tratando de recordar cómo se besaba ya que tenía muchos años que no lo hacia o quizás nunca lo había hecho tan a placer como en ese momento. Respiró hondo rozando los labios de él con su aliento y se forzó a separarse, a dejar de tocarlo y de besarlo, se alejó unos centímetros y sintió literalmente dolor en su pecho por haberlo hecho.
Cerró sus ojos para calmar su respiración y el dolor tan grande que la embargó por unos segundos que causó que incluso sus ojos se humedecieran y su alma le gritara "¡¿por qué no puedes tener esto, por qué?" Cuando se creyó más calmada los abrió y quedó paralizada al encontrarse con los orbes verdes de Edward mirándola intensamente, ligeramente sentado sobre la cama y tan cerca de ella que sus alientos se confundían.
Bella jadeó y lo miró aterrorizada, ya que en verdad ahora no sabía como detener su cuerpo y bloquear las emociones que por tanto tiempo estuvieron dormidas…
¿Os gusto?
Entendéis ahora porque era complicado…
Gracias por los reviews, los alertas, los favoritos ^^
Quiero dedicarle especialmente este capítulo a Beth una de mis betas, por que la verdad que este nos ha traído verdaderos dolores de cabeza y hablar mucho sobre el incluso antes de llegar a este punto, gracias amiga sobre todo por el final ^^ e involucrarte tanto en la historia
Muchísimas gracias a mi otra beta Vicky que me paso el capítulo en tiempo record eres la mejor ^^
JELI: Si yo también espero que Edward pueda salvarla. Gracias!
Nos leemos en el siguiente
Gracias se os quiere
Disfrutad de Amanecer!
xao
