Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
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THE PERFECT GENTLEMAN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.
*º*º*º
¿Podría ser el inicio?
Hermione se encontraba frente al espejo contemplando su reflejo, alisando las arrugas inexistentes de su vestido. La verdad se moría de nervios, estaba a punto de bajar a la sala, donde la estaría esperando Harry, su eterno tormento, el amor de su vida. Sí, por fin era él y eso hacia que su corazón estuviese así de exaltado, dando brinquitos de felicidad, por eso y por lo que había ocurrido la noche anterior… aunque no habían tenido tiempo de hablar con él después de eso.
Respiró nuevamente buscando calmar su ansiedad, dio unos pasos en busca de su botella de perfume, rociando un poco más sobre su piel expuesta. No estaba segura si había elegido el vestido correcto o si realmente se veía «bonita», pero ya no había tiempo para cambios, era ahora o nunca. Tomó su bolsa y con una última bocanada de aire, salió de su cuarto.
Apenas había alcanzado el primer escalón y ya podía escuchar las voces de sus amigos, sonrió al pensar en Harry, se moría ya por verlo con su atuendo formal. Tomó con duda el barandal y comenzó a descender con ese órgano dentro de su pecho desbordando de emoción y aquel cosquilleo asentado en su estómago, se detuvo casi al final cuando en lugar de encontrar a su pareja, se encontraba al pelirrojo con su elegante traje mirándola con la boca abierta.
—¿Qué sucede? —cuestionó Harry, quien se encontraba de espaldas a la escalera ya que su padrino trataba de acomodar su moño. Alzó su mirada tratando de entender por qué todos se habían quedado en silencio, al ver la expresión de sorpresa de Sirius, se giró siguiendo la trayectoria de su mirada encontrándose la exquisita imagen de su mejor amiga, la cual le robó el aire, incluso su corazón pareció detenerse para después palpitar con tal fuerza que sentía que podía salírsele del pecho.
De verdad estaba hermosa, llevaba un vestido vaporoso en color rojo sangre, que se amoldaba a sus curvas sin ser tan revelador, siguió su recorrido llegando a su discreto escote. Al llegar a esos labios sintió un hormigueo recorrerlo, su maquillaje era natural y su cabello estaba recogido en un sencillo moño, dejando unos cuantos mechones lacios sobre su rostro; justo como él había imaginado, pero verla era cien veces mejor.
Esa noche Hermione estaba resplandeciente, la miraba tan fijamente que creyó que sus ojos le arderían, parpadeó un par de veces para quitarse la sensación.
Y Merlín, él tenía el privilegio de llevarla de su brazo, esa noche era suya y de nadie más.
Sirius curvó sus labios después de que se recuperara de la impresión y sino fuera porque Harry era su ahijado, ya estuviera galanteando con la chica. Le dio un pequeño golpe en el hombro sacándolo de aquel fabuloso estupor.
—Anda ve —susurró guiñándole un ojo.
Los ojos de Ron se salieron de foco y volvieron a la normalidad, aunque seguía en estado de shock. —Her…mione —pronunció, ni siquiera lograba hilar una frase para adular a su amiga.
Ella contuvo la respiración cuando Harry se giró para verla, él estaba tan guapo más incluso que aquella ocasión en cuarto año, le sentaba tan bien el traje que se permitió fantasear y pensar que si algún día llegaba al altar con él, desearía que llevase un ropaje igual, sólo para poder quitárselo ella después. El calor subió a sus mejillas. Ese sólo era un sueño muy elevado, pero lo que si no había sido ningún sueño era que él la había besado.
*º*º*º
—Iremos al Baile, de cualquier manera Ron ya no se opondrá. Hable con él antes de venir… quiere que lo disculpes, además estará ocupado con Luna, no creo que tenga tiempo para quejarse.
Hermione sonrió, sintiéndose jubilosa porque Harry seguía en la firme decisión de llevarla al Baile. Él disfrutó de ver como se alegraba su amiga, recargó su frente en la de ella como un gesto amistoso que estaba en un principió lejos de una segunda intención, pero al tenerla tan cerca algo se removió dentro de él nuevamente, un calor en su pecho, una sensación de vacío en su estómago, su corazón se agitó aún en contra de su voluntad y sus labios inevitablemente se dirigieron a esa boca… que lo estaba volviendo loco.
Ella contuvo la respiración, estaba totalmente hipnotizada por aquellas profundidades verdes que la miraban tan intensamente que lograban hacer que dejara de pensar, de respirar.
Todo se detenía cuando él estaba a su lado.
Harry se inclinó y dejó que sus labios se encontraran, fue algo muy suave como la caricia de una pluma, como si dudara en seguir. Hermione se estremeció cuando su piel entró en contacto con la de él, una sensación eléctrica comenzó a envolverla, cerró los ojos y cedió ante lo que desde hace mucho deseaba, presionó sus labios con seguridad, la seguridad que él necesitaba para besarla como estaba deseando hacerlo.
Sus labios se volvieron a unir pero ahora con mayor confianza, él los saboreó con movimientos acompasados antes de abrirse camino en su boca, ella no dudo en dejarlo entrar, cuando él accedió se derritió al sentir el primer contacto de sus lenguas y fue ahí cuando todo se le olvido. Un calor la recorrió desde la base de su estómago extendiéndose poco a poco por cada fibra de su ser, logrando que su corazón latiera desbocado.
Hermione subió su mano por el brazo de Harry, hasta llegar a la curva de su nuca, donde enroscó los dedos en aquellos mechones azabache. Sus respiraciones se agitaban conforme el beso se volvía más intenso, todo iba muy bien hasta que… un sonido en la puerta los hizo separase.
—Hermione —llamó Ronald desde afuera.
Ella se separó de golpe, dejando a Harry desconcertado totalmente, la vio incorporarse y correr hasta el baño donde se encerró.
*º*º*º
La fuerza de la mirada de Harry le hizo acalorarse parecía que la estuviese devorando, jamás la había visto de esa forma, una sensación de regocijo la recorrió agitando incluso más los latidos de su corazón. —¿M-me veo bien?
—Perfecta —halagó Potter al llegar a su lado, tomando su mano y besando su dorso.
Sirius no podía más que aceptar que le había enseñado bien, al menos había escuchado uno de sus consejos. Estaba orgulloso de él, quizás esta noche por fin se daría cuenta de sus sentimientos y si todo iba viento en popa, hasta podían llegar a entenderse.
—Es verdad, estas hermosa —concordó, logrando que el sonrojo de Hermione se extendiera por toda su cara.
Ron miraba la escena fijamente, había visto a la chica de la cual se había enamorado bajar por esa escalera con aquel vestido que le aceleró el pulso. Algo estaba muy mal por qué en lugar de ir a sus brazos, estaba en los de su mejor amigo. Tensó su mandíbula haciendo que sus dientes rechinaran al chocar entre si.
A Sirius no le pasó desapercibido ese gesto, debía impedir que la noche se arruinara. —Ron —llamó su atención, acercándose a él impidiéndole que siguiera viendo a la pareja—, Luna ya debe estar esperándote. —Tiró de él, llevándolo hacia la puerta.
—Ron, te ves muy guapo —comentó Hermione, sonriéndole sinceramente.
Él cerró sus puños molestó. —Tú… tú también te ves bien. —Logró decir.
—Nos vemos allá —señaló Harry aún sin soltar la mano de su amiga, lo cual encendió más los celos del menor de los Weasley.
Black regresó a la casa después de cerciorarse de que Ronald ya hubiese abordado su carruaje. —Es mejor que ustedes también se vayan si es que quieren llegar.
—¿Estás lista? —preguntó sonriéndole.
—Sí.
Harry la guió hasta el carruaje que ya los esperaba, la ayudó a subir caballerosamente, para después abordar él. Se sentía nervioso, incluso sus manos le estaban sudando y eso no era normal… eso sólo le pasaba cuando le gustaba alguien. Miró a su amiga, sintiendo como su estómago se contraía. Deslizó sus pupilas por su rostro hasta llegar a sus labios cubiertos por aquel brillo labial, se veían tan deseables y más cuando ella los mordía de forma inconsciente.
Por un momento deseó volver a besarlos, sentir su textura, su sabor. Lo que había sentido no se podía comparar con los besos de nadie más, siempre había creído que Ginny le hacía tocar el cielo con sus labios, pero cuando sintió los de Hermione, algo se había despertado dentro de él, algo distinto a lo que sentía por la pelirroja, pero que no lograba comprender. Después de todo seguía queriendo a su ex novia, pero entonces ¿qué le pasaba con su amiga?
«No sé lo qué me esta pasando, pero esta noche luce realmente hermosa… no puedo dejar de verla y de recordar ese beso, la sensación... jamás me imagine que besar a Hermione se sentiría así… pero no puedo seguir así, no puedo perder mi amistad con ella, ni con Ron… por algo que puede ser confusión, quizás todo esto se debe a que estoy muy agradecido con ella y pasó demasiado tiempo a su lado.»
Tal vez debería dejarse de tonterías, si era sincero consigo mismo, esto era algo que ya había estado sintiendo, pero aceptarlo requería de un gran valor para enfrentar lo que vendría y lo que causaría.
«No, no puedo dejarme llevar de esta forma. No sé por qué ella correspondió el beso, pero no puedo basar todas mis acciones en suposiciones, además ella esta enamorada de alguien, no puedo hacerle eso… no debí besarla.»
Hermione miraba a Harry con indecisión, quería hablar con él sobre lo que había pasado entre ellos, pero él parecía estar en su mundo, pensando en quién sabe qué… aunque aún así haciendo esos gestos de concentración se veía tan endemoniadamente guapo, quizás no lo era para muchas, pero para ella sí.
«¡Por Merlín! Me muero por volver a besarlo, pase la noche pensando en ese beso, recreándolo, deseando sentir nuevamente sus labios. Lo había fantaseado tanto que cuando pasó no lo podía creer. El problema es que yo se por qué lo bese, pero no se su razón para hacerlo, ¿qué tal si sólo lo hizo por hacerme sentir mejor?… después de todo él nunca había mostrado tener esa clase de interés por mi.»
No pudo evitar recordar las palabras de Lavender, ella había creído que estaba celoso de Cormac. ¿Y si eso fuese verdad? Pero eso no explicaba todo, aún existía Ginny, no podía simplemente suponer que él ya no la quería de esa manera.
Esa era una espina que seguía clava ahí dentro de ella, era un remordimiento constante. No podía seguir ocultándole lo que sucedía, esa mañana había recibido una carta de la menor de los Weasley, pero había evitado leerla primero porque aún seguía en su nube y segundo porque no se quería sentir así toda la noche, pensando que estaba traicionando a su amiga.
Sí, estaba mal lo que estaba haciendo, pero ¿era malo sólo desear ser feliz esa noche con la persona que has querido tanto tiempo?
«Debo decírselo, mañana la iré a ver a la Madriguera y le confesaré todo... dejare de ocultar esto, espero que lo comprenda algún día.»
Harry notó como el rostro de Hermione se entristecía de repente. —¿Pasa algo?
—No, no —Sacudió su cabeza, tratando de sonreírle—. Ya casi llegamos —dijo, tratando de alejar la atención de Harry.
*º*º*º
En la casa de los Lovegood, Ron no podía controlar el enojo que sentía al haber dejado a Hermione al lado de Harry. Sabía que ellos sólo eran amigos, pero él pudo haber sido el que la llevara del brazo, diciéndole al mundo que ella era suya. Si tan sólo ella le hubiese correspondido y si Harry terminara de volver con su hermana, todo estaría en su lugar.
Eso era estúpido, ahora él estaba yendo por una chica, a la cual apreciaba, pero por la cual no sentía ninguna atracción, ni nada romántico.
El carruaje se detuvo, indicándole que era hora de bajar e ir por su pareja, dejó salir un suspiro cansino. Desanimado avanzó el sendero hasta la puerta de la casa, miró con duda la aldaba en la puerta, tenía una extraña figura, pero la izó y la dejó caer pesadamente un par de veces, escuchando como reverberaba en el interior, así como el inconfundible sonido de pisadas que se acercaban.
La puerta se abrió casi instante, dejando ver a una linda rubia luciendo un vestido turquesa de corte recto y hombros ligeramente descubiertos, resaltando la cremosidad de su piel, en la parte baja dos aberturas mostraban y ocultaban alternativamente sus piernas, su cabello estaba suelto simplemente adornado con una peineta nacarada que liberaba su rostro, dejando ver el suave brillo rosa en sus labios y una sombra apenas marcada en azul oscuro que resaltaba, sin duda alguna, la luminosidad en aquellos ojos siempre sonrientes.
Sus oídos estaban adornados con unos aretes de forma extraña —tal vez se trataba de pescados o conchas no lo sabía en realidad—, pero relucían y hacían juego con el collar que le daba una vuelta a su cuello, cayendo hasta debajo de sus senos.
—Hola, Ronald —saludó con su clásica sonrisa soñadora.
Ron no podía creer que Lunita pudiera lucir así de bella, después de ver lo extravagante que podía ser. Esa definitivamente una grata sorpresa, él solo pedía que no llevase nada que lo fuera a avergonzar y que usara zapatos; una parte de él se sintió mal ante ese pensamiento.
—Hola, eh… ¿nos vamos?
—Claro, sólo me iré a despedir de mi padre —anunció, asiendo su mano y llevándolo al interior sin que pudiera impedirlo.
Ron no estaba preparado para hablar con el padre de Luna, lo cual hizo que los nervios lo traicionaran un par de veces, quedándose en silencio ante algunas preguntas totalmente extrañas y esa mirada indagadora. Tiempo después por fin se encontraban en el carruaje, Ron jalaba de su corbata convulsivamente agradeciendo a todos los grandes magos el estar dirigiéndose al Baile y sobre todo el alejarse de aquella extraña casa en compañía de la linda rubia.
*º*º*º
Sirius afuera de las Tres escobas, se echó el cabello hacia atrás en un gesto inconsciente, acomodó su abrigo y entró al lugar, dejando que su mirada vagara en busca de su tormento: Yannel Cornwell. No tardó en encontrarla sentada cerca de la barra, elevó la comisura izquierda de sus labios, mientras sus pupilas brillaban con picardía.
—Hola —pronunció con su voz sedosa, esbozando una sonrisa seductora.
Yannel se encontraba concentrada en sus pensamientos, esperando que su amiga Nym llegara, la había citado ahí para una charla de chicas, mientras Remus pasaba un tiempo con Teddy, pero lo que menos esperaba era toparse con Sirius, frunció su ceño molesta.
—Ah... es sólo usted —profirió sin poder creer lo persistente que era.
A una parte de ella le gustaba la atención extra que él le prodigaba, pero eso no quería decir que lo disculpara. Él había jugado con ella y eso no era algo que podía pasar desapercibido, sólo porque el hombre era guapo entre otras cosas.
—No te vas a deshacer de mi tan fácil —comentó testarudo.
—Pues vea que fácil me deshago de usted —indicó levantándose y soltando un par de galeones sobre la mesa, cogió su abrigo y avanzó hacia la salida, podía esperar a Nymphadora en otro lugar.
—Espera —La tomó del brazo de forma delicada—. Dame una oportunidad —pidió, clavando en ella sus ojos ahumados con una expresión de cachorro abandonado.
Yannel rodó sus ojos, cansada de repetir las mismas acciones. —Se la di, ¿y qué hizo?, irse con la primera mujer que pisó su oficina —farfulló cruzándose de brazos y mirándolo con odio.
—Las cosas no fueron así, déjame explicarte por favor.
Yannel lo miraba con desconfianza, aunque no podía negar que lucía apuesto con su ropaje negro que le sentaba bien. Estaba tan cerca de él que el aroma de su loción inundaba su nariz, pero no podía permitir que embotara sus sentidos, los iba a necesitar si es que iba a escuchar su dichosa explicación.
—Esta bien, pero sea breve estoy esperando a Nym —explicó regresando al asiento.
Sirius sonrió triunfante, se despojó de su abrigo para ponerse cómodo. —Respecto a eso, Nym no va a poder llegar —mencionó casual, sacudiendo los copos de nieve de su cabello.
—¿Qué? —inquirió sin comprender, mirándolo en espera de que se explicará, pero la acción del hombre la distraía, ver su rostro despejado lograba recordarle porque le gustaba tanto, tenía una mirada tan profunda que se podía perder en ella y aquellas facciones aristocráticas no se veían opacadas por su edad, ni por lo que había vivido.
—Teddy tenía un poco de fiebre… le dije que yo venía hacia acá y me dijo que te diera el mensaje, seguro después te explicara.
—¿Y Teddy está bien?
—Sí, con unos paños y una pequeña dosis de poción, mañana estará como nuevo —explicó, dejó de mirarla un momento para pedir su trago.
Yan no sabía si creer en él, algo le decía que quizás Tonks sólo le había hecho un favor a su tío, pues estaba tratando de unirlos.
—Yannel ese día en mi Despacho, no pasó nada.
—Pues no parecía eso, yo lo vi y estaba con esa rubia voluptuosa en una situación algo comprometedora —aseveró con un brillo peligroso en su mirada.
—Es que ella sólo estaba cerca de mi, no pasó nada… yo salí a buscarte, pero tú ya te habías ido.
—¿Y qué esperaba? ¿Acaso quería que me quedara viéndolo con esa… esa mujer? —inquirió, elevando el tono de voz.
—No, pero si te hubieses quedado, pudiste haber escuchado lo que le dije —profirió bebiendo un trago de whiskey.
—¿Y qué fue lo que le dijo? ¿Las mismas palabras qué me dijo a mi y no se a cuántas más? —preguntó irritada.
—No, le dije que ya no podía salir con ella, porque yo ya tenía a alguien y no necesitaba a nadie más, que lo sentía pero nuestras salidas se habían acabado y no sabes que pesada tiene la mano —bromeó, quitándole cierta seriedad a su confesión. No sabía con claridad lo que le producía la mujer, tampoco si duraría con ella o si el día de mañana cambiaría de opinión, lo único que tenía claro es que la quería para él.
*º*º*º
En el Baile, Harry ayudaba a descender a Hermione, los reporteros de El Profeta ya se encontraban ahí y ni siquiera esperaron para abordarlos. Después de todo querían obtener la primicia sobre la pareja del chico que había logrado vencer al mago oscuro. Y al verlo aparecer con Hermione Granger, las suposiciones no se hicieron esperar.
Él se molestó al ver a todas esas personas, haciéndoles todo tipo de preguntas y tomándoles fotos sin cesar. Agarró la mano de su amiga y corrió hasta la entrada alejándose de los flashes de las cámaras.
—¿Estás bien? —preguntó apenado.
—Sí, no deberían estar aquí, este es un Baile escolar —comentó molesta.
—Chicos por aquí —Lavender los llamó agitando su mano con ímpetu—, ¿por qué no se sientan en nuestra mesa? —invitó Lavender señalando un par de asientos—. ¡Merlín Hermione! Te ves…
— …hermosa —completó Seamus.
—Gracias —murmuró, sus mejillas resplandecieron por el sonrojo.
—Harry —saludó el chico—, pensé que no vendrías.
—Yo también lo pensé, pero valió la pena asistir —pronunció con los ojos puestos en su amiga.
Lavender sonrió conocedora. Esos dos sólo necesitaban un empujoncito para funcionar.
—Lav te ves muy linda —halagó su amiga.
—Lo sé, pero tú estas radiante —respondió sonriente, estaba por decirle algo cuando notó una personita que no esperaban y que podía echarle a perder la noche a su amiga—. Harry, ¿por qué no bailas con Hermione? —instó empujándolos hacia la pista.
—Lav, pero… —Se giró a ver a Harry—No es necesario, yo… bueno, si tú no quieres no.
—No… digo, si tú quieres —replicó nervioso. No pensaba tan pronto poner aprueba lo que había aprendido, se pasó la mano por el cuello jalándose un poco el moño, observando a las parejas bailar.
—¿En serio? —preguntó extrañada, enarcó su ceja confundida, hasta donde sabía a Harry no le gustaba bailar.
—Sí, ya estamos aquí —aseveró agarrando valor, la tomó de la mano guiándola hacia la pista.
Lavender lo vio alejarse, para después buscar con la mirada a aquella personita.
—¿Por qué hiciste eso? Estaba hablando con Harry sobre el partido de esta mañana —reclamó Seamus.
—Lo hice porque no quería que se toparan con Ginny —señaló, encontrando a la susodicha del brazo de nada mas y nada menos que Roger Davies. Si el sujeto que había sido pareja de Fleur Delacour en el Baile de cuarto y que después había sido relacionado con Cho Chang.
—¡Por los Fundadores! Harry… se va a querer morir cuando vea eso.
—¿Harry? Hermione, esto no va a terminar bien —predijo, mirando a la pelirroja, que ya se daba a la tarea de buscar a su ex novio Potter.
*º*º*º
Ron y Luna se abrían paso entre la multitud con dificultad, la prensa a ellos también los habían atosigado con su preguntas y cámaras, después de todo la fama también perseguía al pelirrojo.
—Luna, Ron —los llamó Neville junto con su pareja Hannah Abbott.
—Neville —habló Luna con una gran sonrisa, abrazando a su amigo. Él le devolvió el gesto animoso, sonriendo de oreja a oreja.
Ronald que trataba de encontrar a sus dos amigos, al ver eso frunció su ceño, a él no lo había saludado así y eso que era su pareja. Volteó a ver a Hannah y notó la misma expresión de enojo. Tosió tratando de llamar la atención de los dos, pero era obvio que Luna era inconsciente de la molestia que provocaba.
—Luna, por qué no vamos a buscar a Harry y Hermione —comentó tomándola del brazo, no tan sutilmente como hubiese querido—. Los vemos en un rato.
—Esperen, ¿por qué no se sientan con nosotros? —invitó Neville, mostrándoles los lugares vacíos.
Luna miró a Ron con aquellos ojos saltones suplicantes, sonriendo ante la sugerencia. —¿Podemos?
Él dejó caer sus hombros derrotado, no podía decirle que no, si ella lo miraba de esa manera. —Esta bien.
—Mira, ahí están Harry y Hermione —señaló hacia la pista. De inmediato Ron miró al lugar, sus ojos se abrieron desmesuradamente al verlos ¿bailar?, con aquellas sonrisas adornando sus rostros. Una punzada de celos lo recorrió, dejándolo zumbando de coraje.
*º*º*º
Yannel miraba a Sirius con aire de análisis, no podía negar que su corazón brincó de emoción al escuchar esas palabras y de verdad quería que fueran ciertas, pero no sería la primera vez que aparecía otra mujer recordándole que Sirius no era un hombre cualquiera, era un hombre que estaba marcado por el sufrimiento y la guerra, pero entre todo eso… jamás se había comprometido con una ninguna bruja, podía ser el mejor amigo, un buen amante, pero no sabía ser… un buen compañero sentimental.
—Bueno… pues lo tenía bien merecido, la verdad es que no creo que sea la última mujer que lo abofetee, aunque ahora podría volver a estar con ella… después de todo nosotros ya no estamos saliendo —comentó aparentando indiferencia. Tomó un trago de su cerveza que no fue lo suficientemente fuerte como para aplacar el sentimiento que pungía por salir de su pecho. Levantó la vista tratando de darse fuerza a sí misma, esperando la reacción de Sirius.
—Pero yo quiero estar contigo —sentenció firme.
—Yo ya no, es mejor tratarnos como amigos… lejanos —aclaró borrándole la sonrisa— y seguir con nuestra relación laboral —mencionó tratando de apegarse a lo que una mujer racional haría, pero la miraba de una forma tan intensa que podía sentir que le estaba quemando la piel, desvió sus pupilas tratando de tranquilizarse, no quería caer, no quería ser débil.
—Sabes que eso no es lo que en verdad quieres, te escondes bajo esa personalidad de indiferencia y frialdad, pero lo que en realidad deseas no tiene nada que ver con lo que dices —rebatió tozudo.
—Basta, ya escuche su explicación, no tenemos más que hablar —sentenció. Se incorporó y esta vez si logró llegar a la puerta sin ser detenida por aquel hombre, aunque parte de su corazón se hubiese quedado con él.
*º*º*º
Harry trataba de concentrarse en los pasos pero no era sencillo con Hermione riendo de esa manera, se veía tan hermosa y ese era un sonido melodioso, no era una risa escandalosa, ni ruidosa… era perfecta. Podía sentir varias miradas posadas en ellos, pero la verdad es que todos tenían que mirar al menos una vez a Hermione, ya sea por celos, envidia, sorpresa… o simplemente porque el rojo era un color que no pasaba desapercibido y en ella lucia demasiado tentador, quizás no era tan bella como otras chicas, pero ella era mucho más bella por dentro, toda una joya.
—No puedo creer que hayas hecho eso —comentó impresionada.
—Dale las gracias a Sirius, él fue el de la idea —respondió haciéndola girar.
—Sí, pero el que tu estés bailando es gracias a su… ¿qué es de el? —Arrugó su nariz, curiosa.
—Pues… no sé, Sirius no quiso contarme, pero por lo que entendí estaban saliendo y ya sabes como es él, creo que ella lo encontró con otra —comentó con una mueca.
—Mmmm no se por qué no me extraña —añadió, sacudiendo su cabeza.
—Harry, de verdad aprecio esto, que me trajeras al Baile y que aprendieras a bailar, gracias. —Se sinceró hablándole al oído para que la escuchara, logrando que él se estremeciera y se equivocara.
—No hagas eso, si no quieres terminar con un par de pisotones —pidió aún sintiendo el cosquilleo en su oído—, y para mi es un honor haberte traído. Se que ha muchos les gustaría estar en mis zapatos.
—Claro que no —comentó sonriendo—, además… yo estoy con quién quiero estar.
Harry sintió que su corazón se agitaba, clavó sus ojos esmeralda en el rostro de su amiga reparando en el intenso sonrojo, incluso dejó de moverse causando que ella también lo hiciera. Miles de frases pasaban por su mente pero ninguna salía de su boca, quería preguntarle, ¿quién era el tipo del que estaba enamorada y por qué había accedido a su beso?
—Hermione…
—¿Sí? —preguntó nerviosa, sólo los separaban unos cuantos centímetros.
—¿Harry? ¿Hermione? —inquirió llamando su atención.
De inmediato el rostro de Potter se dirigió al de su ex novia, sorprendiéndose al verla ahí en el Baile, tragó en seco mientras su estómago se hundía. —Ginny.
Hermione no podía creer lo que estaba pasando, ahí estaba su amiga y no estaba nada contenta, su mirada destilaba decepción y molestia. —¿Viniste con él y no me lo dijiste?
—Ginny… es que yo —balbuceó, su corazón se oprimió, esto era lo que no quería que pasara.
—No quiero hablar contigo ahora, ¿al menos puedes dejarme hablar con Harry a solas? —preguntó llena de rabia.
—Hermione no —pidió su amigo, no le gustaba nada la manera en que su ex novia estaba tratándola.
—No te preocupes Harry, esta bien —comentó con desazón. Le soltó la mano con dolor y se alejó de ellos.
Él la siguió con la mirada hasta que la vio perderse entre la gente que se encontraba cerca del balcón.
—Harry, ¿por qué no me dijiste que ella era tu pareja? —reclamó con enojo que creció al ver como las pupilas de él bailaban entre la personas buscando a Hermione. Alzó la mano tomando su mentón, logrado atraer su mirada hacia ella.
Potter posó sus hermosas pupilas verdes en la pelirroja, notando su ceño fruncido y sus ojos brillando de enojo. Ni siquiera hizo el ademán de ir más allá y contemplar el vestido que lucía, estaba demasiado contrariado por lo que estaba sucediendo y molestó, no le gustaba la manera en que ella lo había abordado y por si fuera poco, ahora no sabía dónde estaba Hermione.
—No te lo dije, porque el día que me lo preguntaste aún no se lo había pedido —respondió de mala forma, tomó la mano de Ginevra alejándola de su rostro.
—¿Por qué? ¿Por qué se lo pediste a ella y no a mí? —reprochó dolida, dejando que sus ojos se llenaran de lagrimas.
Él por más que estuviese molesto por su actuar, no podía pasar desapercibido su malestar. Eso era lo que quería evitar, lastimarla. —Ginny, no creo que sea el momento para hablar de esto —comentó limpiando con su mano la gota salina que estaba deslizándose por su mejilla. Detestaba verla llorar, arruinaba su belleza y lo hacia sentir como una basura.
—¿Y entonces cuándo? Me has estado evitando, pareciera que ya no te intereso y ahora vienes al Baile con Hermione. ¿Qué significa eso? —interrogó, posando su mano sobre la de él, tratando de evitar que esa calidez la abandonara, deseando eternizar esa caricia.
Ese no era plan que tenía para pasar la noche, estaba lastimando a dos mujeres que era sumamente importantes en su vida, pero la realidad es que algo le estaba sucediendo y el fuego que sentía por la pelirroja se había ido extinguiendo poco a poco y ahora sintiendo el roce de su mano ya no sentía aquella descarga eléctrica que lo recorría cada vez que lo tocaba, ya no lo invadía aquella imperiosa necesidad de acariciarla, quizás sólo era que el tiempo había pasado y él estaba confundido. Si tal vez se diera la oportunidad de besarla de nuevo, de estar con ella, todo volvería; después de todo tenían tantas cosas en común.
—Significa que vine con mi amiga, que quise compartir esto con ella —replicó separando su mano.
—¿De verdad es sólo eso? —indagó sintiendo un poco de alivio.
—Ginny…
—Harry, por favor, dime que aún me quieres, que vamos a volver —urgió, acercándose más a él, necesitaba sentirlo suyo, quería sus caricias, anhelaba sus besos.
La mirada de Ginny era tan fuerte que logró incomodarlo y producirle un escalofrío. ¿Por qué de su pecho no pugnaban por salir las palabras que ella quería escuchar? En otro tiempo no hubiese ni dudado en tomarla entre sus brazos y perderse en aquellos labios carnosos y ahora estaba ahí como estatua, inmutado.
—Harry —murmuró ansiosa, llena de incertidumbre, podía notar que había algo en su mirada que había cambiado, ¿sería posible que él ya no la amara?
«No eso no puede ser, él me quiere, yo lo sé… lo sé.»
Potter quería que tierra lo tragara y lo sumergiera en lo más profundo de su núcleo. Separó su mirada de ella, no deseaba seguir viendo esas pupilas y de repente ahí entre la multitud notó a Hermione al lado de ese Cormac, parecía que algo estaba pasando y él ahí como piedra.
—Harry, Harry —lo llamó tocando su rostro nuevamente.
Él no quería separar su mirada de Hermione, notó como ese le tomaba la mano, tratándola de llevar al balcón, cerró sus puños molestó. Ahora vería ese tal Cormac que Hermione no estaba sola.
—Harry —pronunció alzando su voz. Lo jaló de las solapas, logrando captar nuevamente su atención.
—Ginny ahora no —concluyó tajante. Buscó nuevamente a su amiga percatándose de cómo Oliver llegaba a salvarla. Eso causó que apretara más sus puños hasta el punto en que sus nudillos se pusieron blancos, se separó bruscamente de Ginevra, dejándola ahí, totalmente confundida mientras él se abría pasó entre la multitud.
*º*º*º
Del otro lado de la pista, Ronald Weasley no estaba pasándola de lo mejor, ni bien, ni cerca de eso. Su mente sólo se encontraba en sus dos amigos, estaba lleno de sospechas y enojo.
—Ron, amigo, ¿qué tienes? No pareces estar muy contento —comentó Neville cuando Luna acompañó a Hannah al tocador.
Él desvió su mirada de la pista, desparramándose en la silla, con un gesto de frustración. —No, estoy bien… sólo necesito otro trago.
—¿Seguro? Ya llevas varios y no creo que quieras terminar mal —comentó, negándose a acercarle la botella, su amigo estaba actuando muy extraño.
—Sólo dame la botella —pidió tratando de quitársela, pero en ese jugueteo la botella cayó al suelo, aunque Ron trató de evitarlo sólo consiguió una cortada en su mano y que su pantalón resultara con sumas manchas de alcohol—. Ves lo que pasó por no querer dármela —alegó demasiado molesto.
—Tranquilo, Ron —pidió mirándolo con reproche para después notar que la sangre goteaba por su mano—. Déjame ver tu herida, te haré un hechizo.
—No, déjame —contestó de mala talante. Sí, se estaba comportando como un reverendo estúpido, pero es que no podía controlar los celos que sentía, se suponía que él ya había asumido la realidad y entendido que Hermione no lo había aceptado, pero después de los últimos días y de notar lo que estaba pasando entre sus amigos, no podía evitar sentirse excluido como si de verdad algo estuviese dándose entre ellos.
Cerró el puño con fuerza buscando el centro de su ira, pero ellos no estaban donde los había visto la última vez, sintió una punzada de dolor que lo hizo gesticular dolorosamente.
—Ronald —pronunció Luna, acercándose apresurada al joven al ver el líquido rojo.
—¿Qué le pasó? —le preguntó alarmada Hannah a su novio.
—Un accidente con la botella —contestó con la mirada fija en Ron.
Luna tomó la mano de Ron entre las suyas, logrando que respingara al sentir una punzada de dolor cuando ella lo obligó a abrir su mano, notando un pequeño cristal en la herida. —No se ve tan mal, pronto estarás curado. Vamos al baño para que te limpies —comentó con su aire de tranquilidad y ensoñación, se quitó su chalina, doblándola un poco para colocarla como un vendaje provisional, mientras lo arrastraba al área de aseo.
*º*º*º
Yannel tembló al sentir el gélido frío golpeando su rostro, se colocó sus guantes… tomándose su tiempo, como si estuviese esperando que él fuera a buscarla, a detenerla, pero él no lo había hecho. Decepcionada comenzó a avanzar por la calle, abriéndose paso entre los montículos de nieve.
«¿Por qué me siento así, si yo sabía cómo era él? Soy una tonta, nunca debí fijarme en él.»
Sus ojos se nublaron y una lágrima resbaló sobre su piel. Inhaló ostentosamente en busca de la calma, limpiándose con rabia el rostro.
—Espera —pidió. La abrazó por la cintura, pegándola a su cuerpo—. No te vas a deshacer de mi, entiendo que no quieras nada conmigo ahora, pero déjame estar a tu lado y te demostrare que las cosas no son como tú crees —declaró con unas enormes ganas de besarla, estaba a un suspiro de hacerlo, pero sabía que eso quizás iba a empeorar las cosas. Por ahora lo mejor era darle su espacio. La soltó expectante de su respuesta.
Yan sintió una revolución en su interior, después de todo él si había ido a buscarla, ¿eso debía significar algo, no?, ¿y qué si tal vez quisiera creer de nuevo en sus palabras? Quizás esta vez iba a ser diferente.
—Ya es algo tarde, pronto empezara a nevar… debo ir a mi casa —dijo, se detuvo como si dudara, pero al final encontró la confianza que necesitaba—. Si quieres puedes acompañarme.
Sirius sintió que el alivio bañaba su alma, lo había conseguido… ella le estaba dando la oportunidad, quizás no lo había dicho con esas palabras, pero le había pedido que la acompañara y volvía a tutearlo. Una gran sonrisa apareció en sus labios.
—Será un placer —profirió, le tomó la mano e inició una caminata hacia el carruaje.
*º*º*º
Hermione se alejó de la pareja con el corazón doliéndole como nunca, nuevamente se había hecho a un lado para dejar que ellos se entendieran. Una vez más sacrificaba lo que sentía por sus amigos. Sí, probablemente era una tonta, pero prefería verlo feliz al lado de Ginny, que infeliz por siempre. Ella debía entender su lugar, ella era sólo su mejor amiga. Estaba a punto de estallar en lágrimas cansada de sufrir en silencio, necesitaba desahogarse, sacar todo ese dolor de tantos y tantos años de amor en secreto.
—Hermione pense que no asistirías. —La detuvo McLaggen, tomándola del brazo. Hermione entrecerró los ojos, lo último que le faltaba, se giró para enfrentarlo.
—Cormac —respondió, tratando de recomponer su gesto desolado.
—Estás bellísima —aduló, pasando sus pupilas por su cuerpo, logrando cohibirla.
—Eh… gracias —repuso, tratando de zafarse de su agarre disimuladamente.
—¿Con quién viniste? —curioseó, sonriéndole coqueto.
—Ah… yo —tartamudeó, miró de soslayo a Potter que seguía enfrascado en su conversación con su amiga—, pues… con Harry.
—Oh ya veo, pero al parecer él esta muy ocupado, así que no le importara que yo me ocupe de ti —profirió insinuante, acercándola por la cintura.
—Cormac no es necesario —profirió, tratando de alejarlo—. Ahora mismo sólo quiero un poco de aire.
—Pues te acompaño al balcón.
Hermione lo miró con exasperación mientras se dejaba jalar hacia el lugar.
Oliver que se encontraba platicando con Benjy, su compañero de equipo, festejando su victoria contra los Teutons Wizards y de la nada Hermione se había metido entre los dos, abriéndose paso hacia el balcón.
—¿Hermione? —murmuró confundido, no había podido verle el rostro con claridad.
—¿Pasa algo? —preguntó su amigo.
—Sí, ahora vuelvo —anunció, le entregó su copa y trató de seguir a la chica, pero entre las felicitaciones y los saludos, no pudo llegar a su lado hasta minutos después, percatándose de lo que sucedía entre Cormac y ella. Frunció el ceño al ver que ella no estaba del todo cómoda.
«Se supone que su pareja era Harry. Entonces, ¿por qué esta con McLaggen?».
—¿Interrumpo? —inquirió abordándolos.
Hermione levantó su mirada, encontrándose gratamente con el gallardo de Oliver, que suerte la suya. —No, claro que no. —Se apresuró a responder.
—¿Qué se te ofrece? —preguntó con desagrado chasqueando su lengua.
—Contigo nada McLaggen, pero esta señorita me debe un baile, espero que no te moleste pero me la llevare —profirió, sonriéndole a Hermione.
—¿Qué no ves que esta conmigo? Estamos ocupados —espetó, frunciendo el ceño.
—Lo siento, adiós —exclamó, con eso Hermione se deshizo del brazo del chico, tomando la mano del jugador—. Gracias —murmuró cuando estuvieron lo suficientemente lejos de Cormac.
—Ni que lo digas, ¿aún sigue presumiendo sobre sus talentos en el Quidditch? —cuestionó burlón.
—Demasiado —mencionó, rodando sus ojos. Ahora se encontraba más tranquila, por lo menos ya no estaba con Cormac, pero el dolor seguía recorriendo su ser, no quería ni siquiera mirar el lugar donde había dejado parte de su corazón con Harry. No quería ver que ellos se estaban reconciliando y que ella ahí salía sobrando, vaya manera de iniciar el Baile.
Para Oliver no pasó desapercibido ese gesto, notando como su mirada se nublaba. —Hermione no quiero ser entrometido, pero ¿Cormac te hizo algo?
—No, no —negó, sacudiendo su cabeza.
Wood sonrió al menos no era eso, entonces ¿qué era lo que le pasaba? La llevó hacia su mesa, ofreciéndole una silla. —¿Estás bien?
—Sí, sólo necesito un vaso de agua —repuso, trató de sonreírle, pero simplemente se quedó en el fantasma de lo que podía ser una sonrisa.
—Quédate aquí, enseguida vuelvo.
—Oliver... —intentó de detenerlo, pero él sólo le había sonreído en respuesta. ¿Cómo el Baile se había vuelto eso? Quizás no debía haber aceptado ir con Harry, después de todo al final terminó al lado de Wood. Unas tristes lágrimas surcaron su rostro.
—Hey… no, no llores —musitó Oliver, colocándose de cuclillas para poder estar a la altura de ella, ofreciéndole el vaso de agua.
—G-gracias —mencionó. Buscó limpiarse pero él se adelantó, pasó sus yemas por su rostro, logrando que un súbito sonrojo apareciera en sus mejillas.
—Ven vamos a bailar, que has venido a divertirte —pidió, incorporándose y ofreciéndole su mano.
«No sé qué le sucede, pero yo voy a ser que vuelva a sonreír, al menos por esta noche.»
Hermione luchó por retener sus lágrimas, avergonzada, él no tenía porque verla en ese estado. Le sonrió como pudo y asintió.
*º*º*º
Afuera del tocador, Luna y Ron se encontraban en medio de un lio.
—No voy a entrar ahí —advirtió, al notar que Luna deseaba que entrara al baño de damas—, yo puedo lavarme solo.
—Pues no parece, tropezaste al menos cuatro veces en el recorrido y te tambaleas ligeramente, creo que una criatura se apoderó de ti, tal vez entró por tu oreja, ¿si quieres puedo revisar? —dijo conocedora, sonriendo al imaginar al pequeño ser dentro del pelirrojo.
—Ay Luna, no comiences con eso —suplicó, entornando sus ojos, mareándose un poco. Escucharla hablar de esos seres lo hacia sentirse incomodo—. En serio no voy a entrar ahí de ninguna manera.
—Entonces entraremos al de los hombres —indicó sin problema, avanzando hacia la puerta.
—¿Estás loca? De ninguna manera entraras ahí, mejor vamos al de… las mujeres.
Luna sonrió complacida, notando como el rubor se esparcía en las mejillas de Ronald, más cuando varias chicas les lanzaron una mirada significativa, pensando que estaban ahí por otros menesteres.
Ella como siempre no prestó atención a aquellas personas. En tanto Ron clavaba su atención en el suelo, no se atrevía a levantar la mirada; cuando el agua tocó su herida, jaló su mano, dejando salir un gemido de dolor.
—Calma, sólo falta un poco —murmuró tranquilizadora, con sus suaves dedos, sacó el vidrio logrando que un nuevo borbotón de sangre fluyera junto con el agua. Ron tensó su mandíbula, aguantando el dolor, aunque ya estaba pálido sólo de ver la sangre. Odiaba la sangre, más desde la guerra, había terminado asqueado y afectado por todo lo que vivió.
Ella lavó suavemente la herida, estudiándola con cuidado, después lanzó un hechizo que curó la profundidad de la herida dejando un ligero rasguño en su palma, del cual aún salía un poco de sangre pero con el vendaje quedaría resuelto.
Ron se olvidó de lo demás al notar el esmero que le podía la Luna a su herida; unos mechones rubios caían gráciles por su rostro, no necesitaba acercarse más a ella para notar que el aroma frutal se desprendía de ella. Viéndola así era innegable que era linda a su manera, siguió su recorrido notando su extraño collar, su piel blanca y cremosa, seguramente era tan suave como sus manos.
Bajó la mirada aún más, percatándose que el vestido de Luna estaba salpicado de su sangre, no era una gran mancha pero arruinaba su atuendo y qué decir de su chalina —la cual había usado como vendaje provisional—, se encontraba fatalmente teñida de rojo.
—Listo, estarás bien —murmuró, depositó un suave beso en su herida.
Ron se descolocó ante aquel cariñoso gesto, el calor volvió a sus mejillas. No pudo evitar enojarse consigo mismo, ella se estaba comportando muy bien y él no había hecho más que ser un reverendo imbécil, se había pasado la noche celoso de sus amigos y bebiendo sin medida, sin ponerle atención a ella. No estaba siendo justo.
—¿Te duele? ¿Si quieres podemos cantar una canción para que te sientas mejor? Yo se una que cantan las sirenas que están en el lago —propuso amable, intentando animarlo.
Ron no pudo evitar que sus labios formaran una sonrisa. —No me duele, pero… gracias —dijo con embarazo, pasando una mano por sus cabellos rojos, desordenándolos, hasta que llegó a su cuello sobándolo un poco—. Eh…
—Es mejor que salgamos —acotó, brindándole una sonrisa.
Weasley dejó caer sus hombros, observando como ella danzaba hacia la puerta, cuando recordó que no le había dicho de las manchas. —Luna, espera —enunció, la tomó de la mano, sintiendo su calidez—, mi sangre manchó tu vestido.
Luna miró su ropa, tocando las manchas. Sacó su varita y con un fácil hechizo lo limpió. —No pasó nada, vamos.
Ronald giró la cabeza, notando la estola manchada, en un rápido movimiento la tomó, guardándola en su chaqueta. La limpiaría y se la devolvería intacta, se prometió sonriendo a medias, mientras la suave mano de su amiga lo llevaba de regresó al salón.
*º*º*º
Ginevra llena de sentimientos encontrados seguía parada en el mismo lugar que la había dejado Harry, rompiéndole sus ilusiones. Ahí estaba ella luciendo un vestido espectacular y él ni siquiera se había dado cuenta, estaba segura que aún estando en prendas menores, él la hubiese tratado con la misma indiferencia.
«¿Qué nos pasó? ¿En qué momento él dejó de mirarme con amor? —Su corazón latió dolorosamente y era un dolor que lamentablemente no podía curarse con un hechizo o una poción—. ¿Dónde quedaron nuestros planes? ¡No quiero que me deje! ¿Por qué… por qué lo deje alejarse?».
El aliento se le había ido, mirando aquella figura alejarse cada vez más de ella en busca de la que había considerado su amiga, no lo hubiese creído si no hubiera visto con sus propios ojos, había percibido en la mirada de Hermione algo que ella conocía muy bien: amor.
«No, esto no puede ser cierto porque… porque eso sería mi perdición, eso quiere decir que de verdad lo perdí. ¿Cómo voy a competir contra lo que ellos tienen? Se conocen tan bien… son tan íntimos. Hay cosas que Harry jamás me ha contado, pero que si ha compartido con ella. ¿Por qué no se quedó con mi hermano? Todo esto no estaría pasando si ella hubiese dicho que sí, pero ahora lo entiendo todo… jugó con Ron, pero al que siempre quiso fue a Harry. ¡Por Cirse!».
—¿Por qué tan sola Weasley? —inquirió una voz detrás de ella. Ginevra entrecerró sus ojos sabía perfectamente de quién se trataba y era lo último que le faltaba. Se giró, topándose con aquella mirada fría tan conocida.
—Eso no te importa.
—¡Uh, alguien la hizo enojar!, ¿no te parece, Blaise?
Zabinni recorrió con su mirada la figura de la pelirroja envestida en aquel vestido negro que se pegaba a su cuerpo en los lugares adecuados. Elevó su comisura izquierda en una sonrisa de lado. —Sí, al parecer San Potter prefirió irse tras otra.
—Pero no te pongas triste, nosotros podemos atenderte. Blaise puede rebajarse a bailar contigo —masculló con aquel aire arrogante, sin duda divirtiéndose al poder molestarla, más al notar como el rostro de Ginevra se volvía rojo de coraje, como en los viejos tiempos—, pero ten cuidado, negro, te podría lanzar un Mocomurciélago o pegarte algun virius de pobres.
—Idiotas —insultó, si podría haberles lanzado hasta una maldición en ese momento, sólo para desquitar todo ese tumulto de sentimientos que la atravesaban. El problema era que había dejado su varita en su bolso y atreverse a abofetearlos seguro sería anti producente, ellos ya no eran aquellos flacuchos, le sacaban varios centímetros.
—Weasley tranquila, ponerte así no te beneficia… aunque hoy no te ves tan sosa, hasta podía creer que te ves aceptable, pero quizás sólo sea el efecto de los tragos, ¿o tu qué crees?
—Y tú te sigues viendo tan desagradable e insípido como siempre —respondió, tratando de alejarse de ellos.
Draco contrajo su ceño. —Weasley estas tan idiotizada por Potty que no puedes ver más allá de él, tu estándar de deseable esta por los suelos, es por eso que no sabes apreciar lo que esta frente a ti.
Ginny dejó salir una carcajada sin ánimo. —¿Quieres decir qué crees que eres guapo? Malfoy porque algunas niñas anden tras de ti, no quiere decir que seas atractivo… sólo quiere decir que les interesa tu dinero y tu apellido —pausó, realizando una exclamación ahogada—. ¡Oh, perdón! Eso era antes de que se dieran cuenta del ser despreciable que siempre has sido, al menos en eso tu amigo se salva —dijo mordaz y certera, dejando a Draco con un gesto de furia—. Por lo menos yo traje pareja al Baile, ¿y ustedes?… bueno respeto sus preferencias, hacen buena pareja.
—Weasley —pronunció Zabinni, acercándose a ella temerario.
*º*º*º
La pareja se encontraba en un carruaje, Yan miraba por la ventana como la nieve caía con regularidad, parecían pequeños algodones. Sirius pasó su brazo por los hombros de la chica, logrando acercarla a su cuerpo, permitiéndole que se recargara en su pecho.
—Hoy es el Baile de Harry, ¿no?
—Sí, no sabes la sonrisa que tenía cuando salió con Hermione, pasó mucho tiempo antes de que él volviera a sonreír así, estaba entusiasmado. La compañía de Hermione le ha hecho mucho bien.
—Claro, pues es su amiga… casi como su hermana —mencionó, ante ese comentario Sirius dejó salir una pequeña risa.
—Créeme que la forma en que Harry la mira, no tiene nada que ver con algo fraternal —comentó socarrón.
—No entiendo… ¿Harry y Hermione están saliendo? ¿No era su novia, Ginevra Weasley? —preguntó curiosa.
—Fue su novia, pero creo que en este tiempo que ha estado solo empezó a darse cuenta de cosas que antes pasaban desapercibidas para él. Digamos que estar alejado de Ginny le permitió ver más allá, notando a Hermione y no precisamente como su amiga. Quizás aún sienta algo por Ginny, pero él tiene que decidir qué es lo que va a hacer, lo que sí, es que ambas chicas están enamoradas de él.
—Oh, eso no creo que vaya a ser algo fácil, ojala tome la decisión adecuada.
—Yo también espero eso.
—Y no lo aconsejes, porque seguro terminara siendo abofeteado por las dos —amenazó, moviéndose un poco para ver a los ojos al hombre.
*º*º*º
Ron sentado en la mesa observaba como Luna bailaba con Neville, después de todo si él no iba a bailar con ella, no era justo que se quedara sentada a su lado sin hacer nada, pero al verla ahí con sus movimientos extraños no pudo evitar que una sonrisa sincera se apropiara de sus labios. Desvió su mirada en busca de sus amigos, pero no parecían estar en la pista… siguió su recorrido cuando su visión fue tapada, al llegar Luna frente a él.
—¿Estás seguro qué no quieres bailar? —pronunció sonriente.
—Luna no creo…
—Por favor. —Lo interrumpió, mirándolo a través de sus pestañas con esas hermosas pupilas y esa expresión suplicante, que nuevamente hicieron que él experimentara un raro movimiento en su interior.
—No, no me mires así. Además yo no soy bueno en eso.
—Anda —musitó, jalándolo.
—No, Luna —repuso determinante.
Sí, él había dicho que no, pero entonces qué hacia en medio de la pista bailando con ella, danzando de aquella manera. No entendía ni siquiera lo que estaba haciendo, sólo seguía los movimientos que le estaba marcando, quizás era el alcohol.
Ni siquiera le había dado tiempo de volver a buscar a Hermione o a Harry y no porque no lo quisiera, pero no podía hacer las dos cosas, definitivamente habían sido muchos tragos. No estaba al borde de estar borracho, pero sus movimientos no eran muy coordinados.
*º*º*º
Ginevra se alejó un paso de Zabinni, aún manteniendo esa mirada retadora. No se iba dejar amedrentar por ese par, no los creía capaces de hacer alguna bajeza —al menos no enfrente de tanta gente—, pero por si acaso siempre podía gritar, estaba segura que las personas que los rodeaban lo notarían, pero lo último que quería era protagonizar un escándalo, no quería problemas en su casa… y estar castigada el resto de las vacaciones.
—Ginny, aquí estas.
Llegó inesperadamente Davies, sonriéndole, aunque ese gesto se desdibujó al ver a los dos ex Slytherins.
—Sí, estaba a punto de ir a buscarte, vámonos aquí apesta a muertos —manifestó arrugando su nariz, mirando por última vez al par notando su tensión.
Al fin lejos de ellos pudo respirar con tranquilidad, dejando que sus tormentos la volvieran a invadir. Lo único malo es que no podía irse a su casa a llorar, tenía un compromiso con el chico y no quería echarle a perder la noche. Por otra parte no deseaba dejar el salón, sin volver a ver a Harry y Hermione, quería cerciorarse de si sus peores temores eran realidad.
—¿Cómo es qué terminaste al lado de esos? —cuestionó mirándola con extrañeza.
—Fue una desagradable casualidad, aunque no lo creas —respondió desganada.
—Te creo nadie estaría con ellos por propia voluntad, pero vamos sonríe —musitó, tomando su mano, guiándola hacia la pista—. Es hora de un baile.
*º*º*º
No muy lejos de ahí, Harry buscaba a su pareja por todo el lugar. El problema había sido que al llegar al balcón, no había encontrado ni rastro de Cormac, ni a Oliver… y mucho menos a Hermione. Había ido a los sanitarios para ver si ahí se encontraba, detuvo a una chica pidiéndole que entrara y le dijera si estaba ahí, pero nada.
—Soy un idiota… ¿dónde estás Hermione? —expresó, chocando su puño contra la pared, asustando a unos cuantos que se encontraban en ese pasillo, para tener un poco de intimidad. A él poco le importaba lo que estuvieran haciendo tenía mayores problemas. Sus hombros se desplomaron, desanimado dejó escapar una maldición.
«No puede estar pasándome esto. ¿Qué hice?, ¿y si ya se fue a la casa? No, debe seguir aquí… quizás volvió a la mesa, si no Lavender debe saber dónde esta.»
Atravesó lo más rápido que pudo la pista por la orilla llegando a la mesa, donde estaba solamente Seamus.
—Harry, ¿quieres algo de tomar? —ofreció, sirviéndole whiskey.
Él se dejó caer en la silla, aflojándose el moño de su corbatín, bebiéndose de golpe el trago.
—Creo que necesitas más, no te ves bien —masculló Finnigan, frunciendo el ceño al ver la forma en que bebía—. Lo bueno que Hermione te dio un descanso, aunque ten cuidado Wood parece ser un buen bailarín.
—¿Qué? —inquirió brusco, mirando a donde señalaba su amigo, encontrando a una risueña castaña bailando acompasadamente con el jugador. De inmediato su mirada se endureció y la chispa de celos lo recorrió.
«Yo preocupado por ella y ella bailando con Oliver… divirtiéndose.»
—Y mira a Ginny bailando con ese Davies —indicó la mirada de Harry se desvió de la divertida pareja para posarse en su ex novia y su pareja. «Así que con él viniste.»
Y a pesar de verla con ese chico, no sintió la misma furia que lo atormentaba al saber a Hermione en brazos de otro.
No, no, no eso si estaba muy mal, era un golpe de realidad. Se quedó en shock con la cabeza dándole vueltas, recuerdos con su amiga iban y venían, desde que la había conocido, ella había estado para él, ayudándolo incondicionalmente, incluso arriesgando su vida. En cada momento difícil, ella había estado ahí, a su lado, en las buenas y en las malas. ¿Cómo no se había dado cuenta?
—¿Qué tienes Harry? —cuestionó al ver como su amigo perdía color, incluso su expresión era de malestar—. De seguro para Ginny él no significa nada. —Trató de animarlo, pensando que su estado se debía a ella.
—¿Qué pasa? —indagó Lav, la cual volvía de una platica informativa con las gemelas Patil. Miró a Harry con aquel semblante de desazón.
Finnigan le murmuró algo al oído, que poco le importó a Harry, en ese momento él estaba teniendo toda una revelación, dándose cuenta de lo que sentía.
—Harry no deberías dejar a Hermione tanto tiempo con Oliver, tú eres su pareja —aconsejó Lavender—. Ten, tomate esto y ve por ella.
—No, yo sólo le he arruinado el Baile —manifestó con pesimismo—, además ella parece divertirse con él.
—¿Qué? —chilló incrédula, colocando sus manos en su cintura y mirándolo con reproche—. ¡Harry Potter, eres un tonto! Ella estaba tan ilusionada por venir contigo, así que lo último que merece es que tú estés aquí sin hacer nada. ¡Anda, ve por ella!
Él la miró con sus ojos como platos, jamás Lavender le había hablado así. Lo hizo levantarse de un jalón, le acomodó el corbatín, el saco y lo lanzó hacia la multitud.
—Lav creo que lo dejaste pasmado —mencionó en un tartamudeo Seamus, mirándola de reojo con cierto reparo.
—¡Hombres, no entienden nada! —bufó, mirando al chico ir por su amiga.
Potter se acomodó sus lentes, mientras caminaba hacia la pareja con paso dudoso. «¿Ella estaba ilusionada por venir conmigo? ¡Por Merlín! Sí yo hubiese sabido eso y ahora qué hago, lo he arruinado todo.»
Se pasó la mano por sus mechones, como si tratara de arreglarlos, el corazón le palpitaba tan fuerte con cada paso que daba para llegar a ella, las manos comenzaron a sudarle y la ansiedad crecía dentro de él. Tomó una bocanada de aire y tocó el hombro de Wood, logrando que él se detuviera. —¿Puedo?
—Claro, después de todo es tu pareja —musitó y sonrió soltando a la chica, a pesar de notar que ella apretaba su mano como si no quisiera soltarlo—. Fue un placer Hermione, espero seguir en contacto —susurró sólo para que ella lo escuchara.
Ese acercamiento sólo logró que Harry se encelara más, tomó a su amiga por la cintura y la pegó a su cuerpo sorprendiéndola, dejándola casi sin aliento. Estaba tan cerca de él que sólo necesitaba un empujoncito y se perdería en sus labios.
«¡Por Merlín! No, esto no puede ser, pero entonce... ¿por qué vino a buscarme? Si él ya hubiera vuelto con Ginny estaría con ella, ¿no?».
Podía sentir el aliento de Harry golpeando su rostro, pero él ni siquiera la había mirado seguía con la mirada fija en el jugador, con la mandíbula tensa.
«¿Qué esta pasando? ¿Vendrá para contarme que arregló todo con Ginny?… pero no lo veo feliz.»
—Harry —murmuró suavemente.
Él giró su rostro para mirarla, tenía ese gesto de interrogación que él conocía a la perfección, nuevamente se permitió respirar logrando que sus músculos se destensaran, por fin ella estaba nuevamente en sus brazos.
«¿Y ahora qué le digo? ¿Y si ella esta molesta? ¿Y si prefería quedarse con él?».
Tragó en seco, mirando sus ojos chocolate, parecía que su brillo hubiese desaparecido, su delineador se había corrido ligeramente dejando una mancha oscura. ¿Acaso había llorado? Se sintió molesto consigo mismo por haber permitido eso.
—Tu maquillaje —pronunció, deslizando su mano por la tersa piel, logrando que ella deslizara sus parpados.
Hermione sentía que la piel le quemaba, dejó salir un suspiro. No quería abrir los ojos y darse cuenta que él no era para ella, que jamás lo sería, que él sólo era su amigo y nada más.
«Quizás sólo estaba preocupado por mi, quizás sólo esta esperando el momento para darme la noticia.»
—Hermione mírame, discúlpame por haberte arruinado la noche —suplicó encarecidamente, besando la frente de su amiga.
Los ojos de Hermione se dilataron con asombro, abrió y cerró su boca buscando algo que decir.
—Creo que finalmente no fui la mejor pareja que pudiste escoger… es mejor que me vaya y te deje disfrutar el resto de la noche.
Ella negó con su cabeza, dejando que sus ojos reflejaran todos sus sentimientos. Sentía como si su corazón estuviese dentro de su cabeza. Latiendo rápidamente contra su tímpano. —No, Harry… si tú te vas, yo me voy contigo, yo vine contigo.
—Sí y mira lo que hice, deje que Ginny te hablara de esa forma, que Cormac te molestara. Seguro con Oliver estarías mejor, yo no debí decirle que eras mi pareja… al menos con él te estabas divirtiendo.
—Harry escúchame —Tomó su cara entre sus manos—. Yo no hubiese venido al Baile de no ser por ti, porque… porque… yo quería venir contigo —confesó. Listo, lo había dicho, ¿sería tan malo si en ese mismo instante le confesara su amor? La misma noche que él se había arreglado con Ginevra.
Los ojos de Harry se abrieron con asombro, su corazón estaba latiendo tan rápido como el aleteó de la snitch, una agradable sensación había explotado en la base de su estómago.
«Era verdad lo que dijo Lavender… ella quería venir conmigo.»
Una sonrisa estúpida apareció en su rostro, si oficialmente Harry Potter se había olvidado de resto del mundo.
—Harry si tú… bueno, quieres estar con Ginny… yo —balbuceó, no terminó de decir aquella doliente frase cuando ya tenía un dedo de Harry sobre sus labios.
—Schhh, mi pareja eres tú —aclaró y se atrevió a acariciar su mejilla.
Hermione no podía contener la alegría que la había recorrido en ese momento, se abrazó a él escondiendo su rostro en su torso.
Potter la estrechó tiernamente. «Debe haber una forma para recompensar lo que hice… sus lágrimas.»
De repente sintió un escalofrío peculiar en su nuca, apenas giró su rostro se topó con Ginny y su expresión de reclamo, el brillo acusador refulgía en sus ojos.
Si algo podía hacer era llevarse a su amiga de ahí y no exponerla a un nuevo enfrentamiento con su ex novia. —¿Confías en mí?
Hermione levantó su rostro, arrugando un poco su frente. —Siempre, pero ¿por qué lo preguntas?
—Cierra los ojos —pidió con una sola idea en la mente.
*º*º*º*
Continuará…
