Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Dolorosas confesiones.

Hermione terminaba de empacar sus cosas, pasaría navidad en casa de sus padres y regresaría al mundo mágico para pasar año nuevo en la Madriguera, pero si quería que eso ocurriera debía enfrentarse a su amiga: Ginevra Weasley.

Sí, por fin había llegado el día en que terminaría con los secretos que guardaba tan celosamente su corazón y nuevamente podría ver a la cara a su amiga, sin sentirse mal. Era probable que las cosas entre ellas jamás volvieran a ser las mismas, pero no podía seguir ocultándole la verdad, debía correr el riesgo.

La situación había llegado hasta su tope. Amaba a Harry Potter y era una realidad cruel, porque sabía que con eso lastimaría a personas queridas, pero ya lo había ocultado y eso no la había llevado más que a sentirse horrible, decir la verdad la liberaría.

El sol comenzaba a colarse por las cortinas, ella debía estar aún dormida pero había sido una de esas tantas noches que Harry le había robado el sueño y había razones suficientes para que fuese así más después de un beso de esa clase y de confesar sus sentimientos. Entonces lo que menos podía hacer era acostarse y esperar a estar en brazos de Morfeo.

Cada vez que cerraba sus ojos recreaba los labios de Harry, la forma en que él había respondido a su arranque de amor, había sido dulce al inicio e intenso al final. Mordió su labio inferior recordando su sabor.

Jamás se creyó capaz de hacer una locura como esa, siempre lo había imaginado y descartado al final… pero no se arrepentía de por fin haberle confesado su amor.

Cerró su maleta y la redujo para que cupiera en su bolsa de mano.

—Harry… —susurró con una sonrisa boba en sus labios, se llevó las manos a su pecho sintiendo como su corazón se agitaba.

En su interior aún burbujeaban todas esas sensaciones que él le había hecho vivir con esa noche fantástica, pero no todo era color rosa, aún no sabía qué tanto afectaría su vida aquella difícil confesión, aunque él le había dado a entender que no perdería su amistad por un beso, pero esto era diferente y aún estaba de por medio los hermanos Weasley.

—Al mal paso darle prisa, ¿no? —Todo rastro de felicidad se esfumó de su ser—. ¡Que Merlín me ayude!

Tomó la esfera navideña que Harry le había obsequiado días antes, la agitó mirándola fijamente, sonrió con ternura y la guardó dentro de su abrigo. Salió de su cuarto procurando cerrar la puerta con sumó cuidado, no quería despertar a nadie, sabía que debía volver para despedirse de ellos, aunque una parte de ella temía hacerlo. No sabía aún cuál sería la reacción de su amor, pero ella nunca había sido cobarde y no empezaría a serlo ahora.

Avanzó sigilosamente por el pasillo, hasta llegar a la habitación de Harry, se recargó en la puerta. —Te amo —murmuró acariciando la madera, quería entrar y despertarlo como tantas veces había soñado con un beso y recibir en respuesta una cálida sonrisa.

Se despegó con dificultad, quería creer que él seguiría siendo el mismo con ella, que comprendería su sentir… y ahí estaba nuevamente la esperanza inundando su ser, que era tan difícil de ignorar, era demasiado fuerte.

«Si él pudiera corresponderme, eso sería todo lo que pediría en esta vida. Si él me diera la oportunidad, yo sería tan feliz. Tal vez, después de todo, pueda pensar en esa posibilidad, él no me rechazó… ha correspondido los besos y la ultima vez fue…».

Sintió como las rodillas flaqueaban, se detuvo sintiéndose una tonta por reaccionar así con sólo recordar y si eso lo provocaba un beso no quería pensar en lo que sería hacer el amor con él, eso sería demasiado para ella… sus mejillas se tornaron rojas.

«Hermione, ¡por Merlín, contrólate!»

Se auto regañó abochornada. No era la primera vez que pensaba en él de esa manera, después de todo era humana… y de vez en cuando imagina lo que sería entregarse a él por amor, tocar el cielo con él.

Se recargó en la pared totalmente acalorada, no pudo evitar que a su mente volviera la imagen de Harry en toalla. Un suspiró salió de su boca, podía recordar cada gota que recorría su piel, torturándola…

Sí oficialmente Hermione Granger, la señorita correcta y decente… Come-libros, estaba dejando que su mente se elevara pensando cosas no santas.

—Hermione ya… contrólate —se dijo a sí misma, agitó su mano frente a su rostro, obteniendo un poco de brisa.

«¡Por los Fundadores! ¡Lo amo, lo amo, lo amo! Soy un caso perdido.»

Cabeceó negativamente, quería gritarlo a los cuatro vientos… quería volver sobre sus pasos e irrumpir en la habitación, besarlo sin parar y pedirle que la hiciera suya.

—Ya regresa, antes tienes que ver a Ginny.

Ante eso cualquier calentura se apagaba. Tomó una gran bocanada de aire y bajó la escalinata topándose con Sirius y por su aspecto le quedaba claro que no había dormido nada. Enarcó su ceja significativamente, probablemente había pasado la noche con su amiga, aquella que había enseñado a bailar a Harry, pero no sabía lo alejada que estaba de la realidad.

—Buenos días.

Sirius había llegado molido a la mansión, la búsqueda de los prófugos había sido exhaustiva y a pesar de que todo su escuadrón de aurores había participado, los resultados habían sido desalentadores. No habían logrado encontrarlos, ni mucho menos obtener una pista de dónde podían estar.

Había ido a la mitad de la madrugada a revisar que su ahijado estuviera con vida, para después volver a las calles, y ahora estaba ahí para tomar una ducha, cambiarse y quizás comer algo. No quería preocupar a Harry, pero no podría ocultarle lo que había pasado por siempre, aunque había logrado retrasar la publicación de la noticia en El Profeta.

—¿No deberías estar dormida?

—Eh… ya no tenía sueño —comentó sin darle importancia, podía percibir qué algo le pasaba. No estaba sonriendo, al contrario su rostro tenía un rictus de preocupación—, ¿estás bien?

Él curvó la comisura izquierda de su boca, por un momento había olvidado lo perspicaz que podía ser esa chica, por lo cual buscó recomponer su expresión. —Sólo estoy cansado, tuve una larga noche.

—Ah.

—¿Ya desayunaste? —preguntó queriendo desviar la atención de la chica. Sabía que no le había creído.

—No, pero…

—Ven, vamos a la cocina y me cuentas cómo estuvo el Baile.

Hermione hundió sus hombros y se resignó a seguir al hombre. Al escuchar su pregunta sabía que comenzaría una de esas pláticas en las que ella terminaría abochornada por sus preguntas y totalmente sonrojada.

—Smeagol, me podrías dar una taza de café cargado. —Miró a Hermione, enarcando su ceja interrogante, hasta ese momento no la había escuchado pronunciar palabra.

—Eh… un jugo de calabaza estaría bien, gracias.

Sirius le hizo una señal para que tomara asiento.

—¿Y bien?

—El Baile estuvo bien —contestó escuetamente, aunque no pudo esconder la sonrisa que se forma en sus labios, que no pasó desapercibida para él.

—¿Sólo bien? —inquirió mirándola analítico.

—Bueno… sí, me la pase bien. —Odiaba que él la mirara de esa forma.

—Estoy tentado a utilizar veritaserum —Al ver como Mione fruncía su ceño agregó:— yo pensé que tendrías más que contar que sólo eso, después de todo se que querías ir con Harry… así que no creo que sólo te haya ido bien a secas.

Sí ahí estaba ese momento embarazoso del que había querido escapar, sintió como la sangre se había aglomerado en su rostro.

«Debí suponer que él ya lo sabía… no se le puede engañar, por eso me hizo todas esas preguntas cuando salí del cuarto de Harry, aquel día.»

—¿Lo sabías? ¿Desde cuándo? —preguntó concentrando sus ojos en el vaso con jugo que el elfo había colocado en la mesa.

—Créeme que lo supiste ocultar bien, no tiene mucho que me di cuenta… pero no te preocupes no se lo he dicho a Harry —explicó bebiendo un largo trago del liquido, agradecía que no estuviera tan caliente o en este momento lo estaría escupiendo, arruinando su interrogatorio

Hermione jugaba con sus dedos debajo de la mesa, respiró hondo deteniendo su gesto nervioso, enfrentó la mirada de plata liquida. —Él… ya lo sabe —Notó como la sorpresa bañaba el rostro de Sirius, pero no se detuvo—, se… se lo confesé anoche —concluyó sintiendo una liberación, por fin una persona más con la que se había sincerado. Aunque eso no evitó que su sonrojo creciera.

—Ya veo —murmuró con una mueca pícara que logró que Hermione desviara su vista—. ¿Y qué pasó? ¿Qué fue lo qué te dijo? ¿Ya son novios?

Hermione se atragantó con el jugo al escuchar eso. —No —Se detuvo tosiendo un par de veces, ese hombre si que la hacia sudar—, yo no me quede a escuchar su respuesta —lo dijo tan rápido que a Black le costó comprender sus palabras.

—¿Por qué hiciste eso?

—Porque estaba muy nerviosa, yo… no sabía cómo decírselo y al final cuando lo hice tuve miedo de su reacción —confesó en un susurro, observándolo medio cohibida.

Black la miró con cierta ternura, brindándole una sonrisa comprensiva. —Entiendo, supongo que es lógico tu temor, pero quizás debiste esperar para saber que tenía él tenía que decirte.

Ella se encogió, clavando su vista en la madera de la mesa. —Sí, pero… tengo miedo de que él se aleje de mi, que me rechace. Después de todo aún esta Ginny, ella nos vio juntos en el Baile y se molestó, me pidió que la dejara a solas con Harry y no sé lo que ocurrió…

—Hermione —llamó deteniendo su parloteo—, si Harry tuviera intenciones de volver con ella, ya lo hubiera hecho.

Sus palabras hicieron que la esperanza en su interior creciera, aunque eso no borraba del todo sus dudas y mucho menos el sentimiento de culpa. —Pero no sé, yo hice mal en no confesarle a Ginny lo que sentía por Harry, pero… habían pasado tantas cosas, que no encontraba el momento prudente.

—Es que nunca lo encontrarías, yo sé que es un tema escabroso, que no hay sutiliza que haga que Ginny lo tome de mejor forma pero tienes que decírselo, si es tu amiga sabrá comprenderlo.

Se removió incomoda en su asiento, mirando con pesar al hombre y dejó salir un profundo suspiro. —Espero que después de que se lo diga siga siéndolo.

—Quizás le cueste aceptarlo, pero al final valorara su amistad, es una buena chica lo entenderá. —Trató de brindarle confianza, aunque también sabía lo rencorosas que podían ser las mujeres, pero esperaba que no fuera el caso.

Hermione sintió una opresión terrible en su pecho, eso no iba a ser sencillo.

—Sirius, ¿crees qué…Harry, él…? —Dejó su frase inconclusa, sentía nuevamente como su rostro se encendía por la vergüenza.

—¿Si a él le interesas? —pronunció por ella adivinando su pregunta. Hermione agitó la cabeza sacudiendo sus rizos castaños.

—Mmm creo que debes hablar con él.

Hermione había concentrado su atención en él, ansiosa de su respuesta con el corazón latiéndole frenéticamente, no le pasó desapercibido el vivaz brillo que se había adueñado de sus ojos cansados, ni aquella sonrisa de complacencia que había en su rostro.

Eso sólo terminó de alimentar más su gusanito de esperanza, mordió su labio inferior, un poco más animada.

*º*º*º

Tiempo después se encontraba frente a la puerta de la Madriguera, los nervios bullían en su interior, sus manos sudaban y por más que se decía que en el segundo siguiente tocaría, no lo hacia. Tomar la decisión de hablar con Ginny había sido difícil pero llevarlo a cabo lo era aún más, su amistad estaba pendiendo de un hilo.

Finalmente levantó su mano, llenó sus pulmones de aire… tocó suavemente, tensándose en espera de que algún Weasley abriera. Ahora ya no creía que había sido tan buena idea desayunar, su estómago estaba totalmente revuelto.

—Hermione, querida, pasa, pasa —invitó Molly Weasley, para después abrazarla con entusiasmo.

—Hola, ¿cómo está? —preguntó cortésmente, después de que la mujer se separa.

—Bien, me alegra que estés aquí, ¿cómo está Harry? —cuestionó alegre.

—Él esta bien.

—Me entere que fuiste con él al Baile, salieron en El Profeta… aunque me gustaría que hubiese ido con mi Ginny.

Hermione abrió sus ojos de par en par, incomoda por el comentario. Esa mañana ni siquiera se había molestado en leer el periódico, pero debía haberse imaginado que algo así sucedería.

—Te quedaras a desayunar querida, pronto bajara Ginny.

—De hecho vengo a verla, ¿puedo pasar a su cuarto?

—Sí, claro.

Intercambió unas cuantas palabras más con la mujer, antes de dirigirse a la habitación de su amiga, al llegar estaba echa un manojo de nervios, pero su mirada demostraba su determinación. Tomó una bocanada de aire tratando de controlar el frío temor que se alojaba en la boca de su estómago e iba creciendo conforme pasaban los segundos y justo cuando estaba decidida a tocar, la puerta se abrió.

*º*º*º

Esa mañana para Ginevra había sido una de las peores, en cuanto sus parpados se deslizaron dejando ver sus pupilas soñolientas, todos los recuerdos le llegaron de golpe junto con el dolor, la desolación y el coraje de la traición.

Cerró con fuerza sus ojos reprimiendo las ganas de soltarse a llorar, como lo había hecho durante la noche, desahogándose. ¿Qué había hecho mal? ¿Por qué Harry se alejaba cada vez más de ella? ¿Por qué no podían retomar su relación?

Esas y mil preguntas más asaltaban con crueldad su mente, y lo peor era que no encontraba las respuestas. Ella seguía esperando que todo eso fuera una pesadilla, pero no lo era y la angustia se adueñaba de su pobre corazón sin darle tregua.

La imagen de Harry bailando con Hermione seguía repitiéndose en su mente, como una película descompuesta, clavando más la espina del engaño en su alma.

Independientemente de que él fuera el amor de su vida, era su amigo así como lo era ella y esperaba mucho más de ellos, la posibilidad de que le estuvieran haciendo esa trastada le dolía infinitamente. Sus puños se cerraron sobre las mantas, no toleraba el saber que su amiga podía estar enamorada de él y mucho menos que él le respondiera.

Y no pudo resistir más unas lagrimas furiosas humedecieron sus mejillas, mientras Hermione disfrutaba de la que debía haber sido su noche, ella se estaba desquebrajando en pedazos. Agarró su almohada escondiendo el rostro en ésta y gritó con todas sus fuerzas. Se quedó ahí llorando inconsolablemente, hasta que escuchó el grito de su madre, pidiéndole que bajara a desayunar y aunque no tenía apetito sabía que debía ir, no quería preocupar a sus padres.

Se limpió el rostro y se encaminó al baño quizás una ducha despejara su mente permitiéndole ver con objetividad la situación y así poder tomar las decisiones necesarias para solucionar aquel dilema, pero lo que no esperaba era que detrás de su puerta se encontrara ella, la que ahora se estaba convirtiendo en su rival.

Su rostro en un primer momento denotó sorpresa pero ésta desapareció dejando sólo una mirada dura, sus labios se tensaron formando una línea de recelo.

—¿Qué haces aquí? —Su voz sonó increíblemente glacial.

A Hermione le dolió ver la forma en que su amiga la recibía, lo que antes hubiese sido un abrazo y una gran sonrisa ahora se había vuelto un borroso recuerdo. Su corazón se oprimió, causándole dolor, pero ella era la gran culpable por no haber sido sincera, debía comprender la reacción de Ginny, era lógica, pero no por eso menos dolorosa.

Abrió su boca un par de veces, pero las palabras parecían atorarse en su garganta negándose a salir.

—Hermione. —Presionó mirándola con recelo.

Ya no había marcha atrás, era el momento de saldar cuentas con su amiga. —Ginny tenemos que hablar, ¿puedo entrar?

De mala gana se hizo un lado, permitiéndole el acceso a su cuarto. —¿Qué vas a decirme? —inquirió severa, después de cerrar la puerta.

Tragó con dificultad, Ginny no le estaba haciendo fácil las cosas. —Discúlpame por no haberte dicho que iría con Harry al Baile, pero fue demasiado repentino…

Los ojos de Ginny se entrecerraron peligrosamente, ella no quería esa disculpa, quería la verdad. —Te voy a hacer una pregunta y quiero que seas sincera. ¿Estás enamorada de Harry?

Aquello fue como un balde de agua fría para Hermione, su rostro palideció; esperaba ser ella quien tocara ese tema, pero por lo visto Ginevra ya se había dado cuenta y lo que estaba por decirle marcaría sus vidas.

—Estoy enamorada de él.

Ginny tensó su mandíbula, sentía como sus órganos habían sido remplazados por un horrible vació. Cerró sus ojos esperando que lo sentía desapareciera, pero en su cabeza la voz de Hermione retumba una y otra vez, torturándola.

—Déjame explicarte.

La pelirroja le cortó con una sola mirada. —¿Desde cuándo…?

—Desde hace mucho tiempo.

«Desde siempre.»

Ginevra negó con su cabeza, sonriendo con amargura. —Eso quiere decir que llevas años enamorada de él y no me lo habías dicho —soltó aún tratando de asimilarlo, estaba echa un caos, miles de recuerdos de Harry y Hermione juntos venían a su mente y con estos las dudas, los celos… el dolor.

—Yo nunca quise ocultártelo, no es mi intención hacerte daño.

Ginny bufó con ironía. —Se nota.

—De verdad, yo quería decírtelo… pero siempre ocurrían cosas que me impedían hacerlo, las batallas…

—Eso no te justifica, creí que éramos amigas ¡Por Merlín, confíe en ti!

—Entiendo tu enojo y lo siento de verdad —pronunció con toda sinceridad, con las gotas salinas desbordando de sus ojos.

Un silencio incomodo se instaló en el cuarto, sus miradas se encontraron. La tensión podía cortarse con un cuchillo.

El daño ya estaba hecho.

—¿Él lo sabe?

Hermione se enjuagó sus lagrimas y asintió con un simple cabeceó. —Se lo dije ayer.

La pequeña Weasley miró el techo del cuarto, como pidiéndole ayuda a Merlín o a quién fuera capaz de hacerla olvidar, esto era demasiado para ella.

—Esperas que él te corresponda —chilló herida, su mirada era fría.

—Gin...

—Lo supe desde ayer, tus ojos lo decían todo.

—Perdóname, nunca fue mi intención herirte…

—¿Y si la de quitármelo? —Su tono fue mordaz.

—Por favor, no seas injusta —suplicó, se sentía muy mal.

La forma en que Ginny la estaba tratando la estaba lastimando y quizás se lo merecía por haber callado tanto tiempo, pero no era una mala persona, lo único que había hecho era haberse enamorado de su mejor amigo. Sólo se había equivocado al no decírselo, pero no era perfecta, todo el mundo cometía errores, ¿no? ¿Es qué acaso era el suyo imperdonable?

—No, tú eres la injusta… sabes cuán enamorada estoy de él y sin embargo me estas haciendo esto, sabías que quería regresar con él, que quería ir con él al Baile… —gritoneo exaltada.

—Ginny, te juro que yo no quería hacerte daño. Tampoco es mi intención quitártelo como tú dices. finalmente la decisión es de Harry y créeme que yo no lo voy a hacer escoger —aclaró con el alma expuesta—. Siempre respete su relación y si él decide volver contigo, sabré hacerme un lado, pero jamás dejare de ser su amiga.

El silenció volvió a caer sobre ella, Hermione podía sentir como el corazón le zumbaba en los oídos, era mucha la presión del momento.

—Eres tan falsa, no se cómo no me di cuenta antes, me deje llevar por tu fachada, pero eres la peor amiga.

—Es mejor que me vaya, discúlpame de verdad. —Con eso salió de la habitación, no iba a permitir que las cosas se salieran de control y aquella platica terminara en una discusión llena de horribles palabras, eso no era necesario.

*º*º*º

Harry se removió en su cama, aún adormilado. No quería despertar, pero finalmente se vio obligado a hacerlo, se comenzó a estirar entre bostezos y todo vino a su mente con claridad.

No había sido un sueño había pasado la mejor noche de su vida, bueno hasta ahora porque estaba seguro que a partir de ese día vendrían mejores, pero esa siempre sería especial… porque había sido la primera vez que había escuchado un te amo de Hermione.

Sus labios no pudieron evitar curvarse en una sonrisa bonachona, aún recordaba su sabor, su textura… la forma en que se acoplaban.

¡Por Merlín, esa mujer lo tenía vuelto loco! Y si eso hacia sólo con un beso, no quería ni imaginar lo que sería estar con ella.

Basta, debía controlarse o terminaría con una penosa situación entre las piernas como en la que se había visto envuelto hacia unos días con solo mirar sus piernas. Era mejor dejar de pensar en eso y levantarse.

Ese día tenía muchas cosas que hacer. Tomó sus lentes de su mesa de noche, aventó las mantas. Se terminó de estirar cuando su estómago gruñó en demanda de comida. Observó el reloj marcaban casi las once de la mañana, se metería a bañar e iría a ver a Hermione.

Si tenía suerte aún estaría dormida y así la podría despertar.

Sabía que tenía una plática pendiente con Ron, esperaba que lo tomara de la mejor forma, aunque lo conocía y sabía que con el carácter que se cargaba su amigo, tendría que armarse de paciencia sino quería que su conversación se volviese una batalla verbal.

Poco después salió de la ducha con la toalla amarrada a la cadera y otra con la que se secaba su cabello, agarró al azar su ropa aventándola sobre la cama.

—Esto no va a ser sencillo —exhaló aún pensando en su amigo—, pero tengo que decírselo. Después de todo él aún siente algo por Hermione pero ella me ama a mí, todo este tiempo fui yo…

Estaba maravillado con la verdad.

—Fui un idiota, incluso creí que podía ser Krum… —Dejó salir una risotada y se terminó de vestir, se echó loción, algo de gomina en su cabello y salió disparado hacia la habitación de su amiga.

Respiró a fondo tratando de controlar el cosquilleo en la base de su estómago, tocó suavemente pero no obtuvo respuesta.

«Quizás siga dormida, después de todo llegamos muy tarde.»

—Hermione. —Abrió la puerta, asomando su cabeza en espera de encontrarla aún en su cama pero no era así, terminó de entrar escaneando el lugar, todo estaba tan ordenado, tan silencioso.

Su sonrisa se desvaneció, decepcionado por no encontrarla, aunque eso no le impidió acercarse a la cama de la chica. Todo su cuarto olía a manzana y vainilla, le encantaba su perfume. Acarició la almohada pensando en ella, finalmente se dispuso a salir encontrándose en el pasillo a Sirius, quien lo miró divertido.

—Eh… yo —Se sobó su nuca nervioso, con un suave sonrojo coloreaba sus mejillas. Ahora entendía como se había sentido su amiga hace días. El brillo en la mirada de su padrino lo decía todo—, quería ver a Hermione pero ella no está.

—Salió temprano, supongo que tenía cosas que hacer. Recuerda hoy se va con sus padres…

—Lo olvide.

«¡Maldición! Tengo que verla antes de que se vaya

—Dijo que volvía para despedirse, pero sino es así, vuelve en un par de días…

—Yo no puedo esperar tanto —soltó sin pensarlo.

—¿Y por qué no? —cuestionó curioso, aunque ya podía imaginarse por dónde iba aquello. Curvó su ceja, era tan fácil poner a Harry en apuros.

—Porque… necesito hablar algo con ella —barbotó totalmente rojo.

—Ah ya veo, ¿y qué tal el Baile?

—Podemos hablar de esto en otro lugar —mencionó abochornado. La verdad era que no quería que Ron los escuchara por error.

—Cambiar de lugar, no evitara que me cuentes, Harry —advirtió con una media sonrisa.

*º*º*º

En Hogsmeade, Hermione caminaba por las calles, no sé le había ocurrido otro lugar al cual ir. No podía volver a la mansión en ese estado, ni irse a su casa.

Se sentó en una banca observando a lo lejos un par de niños cantando villancicos. Las lágrimas aún brotaban de sus ojos, estaba buscando un pañuelo para limpiarse cuando unos dedos rozaron su mejilla, logrando que respingara asustada, de inmediato su mirada buscó a la persona dueña de esa mano, topándose con Oliver Wood.

—Lo siento, no quería asustarte —manifestó ofreciéndole un pañuelo de papel. Hermione no dudo en tomarlo, lo último que le faltaba era que él la viera en estado.

—Gracias —repuso cuando su rostro estuvo libre de humedad, aunque su nariz estaba roja y seguramente sus ojos estarían hinchados. Apretó el papel entre sus manos sin saber qué decir.

—Hace frío aquí, ¿por que no vamos a tomar algo? —propuso sonriéndole cálidamente—. Vengo con unos amigos —Al ver la duda reflejada en su pupilas, supo que debía decir algo más—. No sé que te este pasando, pero creo que te hará bien distraerte y pasar un buen rato.

—Yo no sé… no creo ser una buena compañía en este momento —comentó afligida.

—Anda, no voy a dejar que te quedes aquí y menos para llorar —insistió tomando su mano entre las suyas, logrando que Hermione se sonrojara.

—Es que no sé, me veo fatal y…

—Nada que un pequeño hechizo no arregle, además tú eres muy linda de cualquier manera…

El rubor se extendió por todo su cara. —Esta bien —aceptó, observando como el rostro del chico se iluminaba con una sonrisa.

*º*º*º

Sirius aclaró su garganta recordándole a su ahijado que se encontraba ahí, esperando que él decidiera hablar. Después todo no tenía todo el día, pero no quería demostrarle a Harry que estaba preocupado, no cuando por fin parecía recuperar su ánimo, incluso podía decir que en su mirada había un destello que él no desconocía, había visto muchas veces a James en la misma situación.

Muchos recuerdos y sentimientos se removieron dentro de él.

Potter terminó su bocado, tomó su jugo. Sabía que su padrino se estaba desesperando y lo estaba disfrutando.

—Harry.

—El Baile es lo de menos.

—¿Qué? Pero…

—Lleve a Hermione a otro lugar —Curvó sus labios misteriosamente—, fue lo mejor que pude hacer, alejarnos de ese Baile y de la gente.

—Ahora entiendo.

—Ginny estaba en el Baile fue con Davies, se enojó al verme con Hermione. —Ahí estaba otra cosa que no había pensado, en su ex novia, ella también saldría dañada. Sintió una punzada en el estómago, aún podía recordarla llorando pidiéndole explicaciones.

—Sólo está celosa, ella sigue interesada en ti, pero ¿y tú? —Concentró sus pupilas en él, analizándolo, aunque era más claro que el agua.

—Hasta hace poco creía que sí, pero ya no… me di cuenta que las cosas han cambiado, o más bien por fin vi…

—Por fin notaste que tienes sentimientos por Hermione que no tienen nada que ver con amistad y fraternidad —concluyó por él, mirándolo con elocuencia dejándolo sin palabras y con los ojos abiertos de par en par.

—¿Tú lo sabías?

—Así es.

Harry pasó su mano por sus desordenados cabellos. —Pues sí… creo… que me gusta.

Sirius elevó su ceja. —¿Sólo eso? —soltó con incredulidad.

—No… siento muchas cosas que no sentía por Ginny, se que quiero estar con ella.

Sirius sonrió para sus adentros, sabía lo que Harry trataba de decirle, era lógico que aún les costara expresarlo. Esperaba que llegado el momento pudiera decírselo a ella que era la indicada. Una sonrisa satisfecha se extendió en su cara.

—Tendrás que hablar con Ginny o tendrás problemas —aconsejó con la voz de la experiencia.

—Lo sé —exhaló removiéndose incomodo en la silla, hundiendo sus hombros con pesar—, también tengo que hablar con Ron.

—Harry, él lo comprenderá.

—No lo sé, él aún siente algo por ella —añadió con un rictus de preocupación.

—Sí, pero Ron tuvo el tiempo para conquistarla y no fue…

—Porque él creía que ella estaba enamorada de otro y resulta que ese otro soy yo, ¿cómo crees qué tome eso?

—Eres su amigo, sobrevivieron a una guerra juntos… esto también lo van superar.

—Mmm no estoy seguro, porque ahora se trata de la mujer que él quiere y yo también quiero.

—No son rivales por el amor de Hermione, porque ella ya escogió.

La mente de Harry viajó al momento en que ella le estaba confesando su amor. Tenía razón, él era muy afortunado por eso y aunque Ron era su mejor amigo, no quería creer que tendría que alejarse de Hermione por su amistad con Ron, una punzada lo atravesó.

«No quiero tener que elegir entre lo que siento por Hermione o mi amistad con Ron. Si ese fuese el caso prefería mantener a los dos, sin arriesgarme a perder a alguno.» Pensó agobiado.

*º*º*º

Hermione de inmediato sintió el cambio de temperatura al entrar en Las Tres escobas, estaba un poco cohibida, desde la puerta había notado a los amigos de Oliver, haciéndole señales a él para que fuera a su mesa.

Oliver sonrió, miró de hito a la chica, notando lo tensa que estaba. Le tomó la mano tratando de brindarle confianza, así inició el recorrido hacia la mesa. Hermione caminaba rígidamente un paso detrás de él.

—Chicos, les quiero presentar a alguien —La acercó colocándola enfrente de él—, ella es Hermione Granger.

—No lo puedo creer, "la heroína del mundo mágico" —comentó una rubia, sonriéndole.

—Ella es Wilda Griffiths.

—¡Que escondida la tenías! —comentó un chico corpulento, de mirada risueña.

—Él es David Wilde.

—Es un placer conocerte. —Tomó su mano estrechándola con un poco de fuerza, para el gusto de Hermione.

—Ah ya te recordé, tú fuiste la bella dama que se atravesó anoche en nuestra plática —comentó Benjy Williams, un chico de cabellos dorados y nariz graciosa.

Hermione frunció su ceño sin comprender, la verdad es que no recordaba haberlo visto.

—Él te vio cuando te dirigías al balcón cuando Cormac te interceptó —explicó Wood, señalándole la silla a su lado.

—Oh —exhaló tratando de hacer memoria.

—Sí me permites halagarte, lucias muy hermosa con ese vestido rojo… cautivaste a mi amigo.

La sangre se le fue al rostro, no esperaba esa clase de comentarios, la había dejado enmudecida.

Oliver le lanzó una mirada asesina, mientras sonría exasperado. —No le hagas caso, le gusta bromear.

—Di lo que quieras pero así fue —recalcó molestándolo.

—Y nótese que eso no es fácil, es la primera chica que trae a nuestras reuniones —añadió pícara Wilda.

Oliver entornó sus ojos. —Eso no es verdad —reprochó mirándolos abochornado.

—Si lo dices por Alice, ella no cuenta porque resulto que te rechazó por tener otra clase de preferencias —acentuó David, riendo por lo bajo causando el sonrojo en el moreno—, ¿o no Wilda?

—A mi no me metas en eso, yo tengo novio, iré por la ronda de cervezas, este lugar esta a reventar y Rosmerta no se da abasto —anunció la compartiendo la risa con su amigo.

Hermione notó la vergüenza en el chico y aunque esa era una de las conversaciones más extrañas en las que se había visto envuelta, al menos no estaba en los zapatos de Oliver.

—Yo no lo sabía, además era sólo una amiga.

—Sí, bueno... —Benjy rodó sus ojos, dándole un último trago a su cerveza de mantequilla.

—¿Y te gusta el Quidditch? —inquirió David.

—Pues… un poco, siempre apoye a Gryffindor en el colegio y fui a la Copa Mundial de Quidditch, además de que he leído Quidditch a Través de los Tiempos. Se que su equipo se fundó en *1163, que recientemente cambiaron el color marrón oscuro de su uniforme a azul y que su rival histórico son las Arpías de Holyhead.

El chico la miró como si no fuera de ese mundo. —Pues para no ser fanática del Quidditch, me sorprendes —silbó David, con una mueca—. Eso explica porque no te vi en los palcos durante el partido que tuvimos contra los Teutons Wizards.

—Deberías ir a vernos en la próxima Liga, aquí nuestro jugador estrella lo apreciaría estoy seguro… claro que esperemos que no tenga otro accidente con la bludger, la última vez pasó dos meses en St. Mungo, nos dio un gran susto —informó sobreactuando.

—¿Qué fue lo qué te pasó? —Separó la vista de los jugadores, para concentrarse en los ojos castaños del chico. Sin pasar por alto su seriedad, al parecer el tema no le era nada agradable.

—La bludger me golpeó un brazo, perdí el equilibrio y caí de la escoba —resumió llano, sin querer profundizar en el tema.

Hermione frunció su frente imaginándose el accidente, eso le recordó la caída de Harry en tercero durante su partido contra Hufflepuff. Sintió un horrible escalofrío recorrerla, a veces ese juego resultaba muy peligroso. Y ahí estaba otra vez pensando en él, dejó salir un suspiró involuntario.

Wilda regresó con las cervezas colocándolas sobre la mesa. —¿De qué hablan?

—De Quididtch y del último accidente de Oliver.

—Ah, ¿aquel dónde casi pierde la memoria? —indagó sentándose y destapando una botella.

Oliver tomó una botella, abriéndola para Hermione. —Toma.

—Gracias —La tomó con cuidado, notando lo fría que estaba—. ¿Perdiste la memoria?

—No, sólo no recuerdo unas cosas.

Ella lo miró perturbada, ¿cómo podía decirlo con esa tranquilidad? Si ella no recordara parte de su pasado sin duda se alteraría.

—Sí, pero eso no le impide jugar, aunque el sanador lo mandó a descansar un buen tiempo pero él no lo hizo.

—Pasó muchos partidos en la banca, hasta que convenció al entrenador y al capitán de que se encontraba bien —agregó Benjí con una sonrisa cómplice, pues él también había abogado por él.

—Pero te hemos dejado muda… no te preocupes, él ya está bien.

—¿Por qué mejor no brindamos? —propuso Oliver, queriendo alejar la atención de ellos. Ya habían contado mucho de su vida.

—Sí, claro… esta intentando que no te contemos de otros de sus momentos bochornosos —bromeó David, lanzándole una mirada divertida.

Hermione sonrió en respuesta.

—Y no lo harán. —Atajó Wood, brindándoles una mirada de advertencia silenciosa, claro acompañada de una patada por debajo de la mesa a Benjy.

—Auch… bueno esta bien, tranquilo.

—Ya la invitaste al concierto que dará *Celestina Warbeck y The Weird Sisters para recaudar fondos para el Hospital St. Mungo.

—No aún no, pero gracias por arruinarlo —comentó con una mueca—, pensaba enviarte una lechuza al inicio del año para invitarte, pensé que no te vería antes, pero me alegro de haberlo hecho —comentó a su oído, causándole un cosquilleo.

—Hey tortolitos, es malo secretearse. —Les recordó Benjy, mirándolos con falsa reprobación.

Hermione sintió que sus mejillas ardían un poco por el gesto del jugador y otro tanto por la cercanía de Oliver, la había sorprendido de sobremanera con su invitación.

*º*º*º

En el Ministerio, Yannel se dejaba caer en su silla, estaba exhausta y lo peor era que aún no tenían pista de los prófugos. Al menos había respirando con alivio, al saber que el Baile había transcurrido con normalidad y que Harry se encontraba a salvo.

Apenas había logrado dormir un poco, pero ciertamente no se encontraba con gran ánimo, se llevó a la boca su gran taza de café humeante. Al ver entrar a Sirius se tensó ligeramente.

—Hola.

—No esperaba encontrarte aquí —exclamó, acercándose al escritorio sin separar su vista de ella, notando las bolsas bajo sus ojos al parecer tampoco había descansado mucho.

—Lo sé, pero no podía sólo irme a descansar con todo lo que está pasando.

Black elevó la comisura izquierda de su boca. —Tengo que ir a Azkaban a una revisión.

—Sí, yo iré a patrullar junto con otros aurores, espero encontrar algo —mencionó incorporándose, avanzando hacia él—. ¿Le dijiste a Harry?

—No.

—Tienes que decírselo, tiene derecho a saberlo, la información saldrá a luz y será como una bomba para él.

—¡Maldita sea, ya lo sé! —Se sentía presionado por todos, sabía que lo tenía que hacer pero no ese día cuando Harry estaba disfrutando de su vida normal relativamente. No, cuando tenía que hablar con Ron y Hermione, no quería que él relegara su vida por atender esto.

Yannel se quedó a un paso de él, mirándolo con aprensión. No sabía cómo acercarse cuando estaba en ese estado, así que optó por huir y dejarlo que se tranquilizara.

—Te veo después —Caminó tan rápido como sus dos piernas le permitieron a la salida, cuando sintió un jalón en su brazo que la obligó a girarse. Alzó sus ojos encontrándose con la figura del auror—. ¿Qué pasa?

Sirius la estrechó contra su cuerpo, dejando que su cabeza descansara en el hueco de su cuello. —Yo… no quería hablarte así, pero no quiero complicarle las cosas. Es difícil para él todo esto, sólo es un adolescente.

—Lo sé, creo entender como te sientes, pero si no se lo dices estará con la guardia baja y eso representaría una amenaza para él.

—Se lo diré esta noche —pronunció dificultosamente, le molestaba profundamente el no poder hacer nada más por su ahijado.

Yan le devolvió el abrazo, sonriendo contra su hombro. —Es lo mejor, tiene que estar prevenido.

—Espero encontrar a esos malditos… antes de que cualquier cosa pase —confesó colocando sus esperanzas en ello.

—Yo también. —Se separó, acariciándole el rostro.

Black acercó su cara a la de ella con una sola intención, esperaba que ella ser alejara como en ocasiones anteriores, pero no lo hizo, así que se permitió acariciarla rozando labios con los suyos en un sencillo beso. Tampoco quería presionarla con algo más intenso y profundo cuando apenas estaba recobrando su confianza.

—Cuídate —dijo al separarse.

—Tú también, no hagas nada imprudente, ¿entiendes? —profirió, apenas dibujando el esbozo de una sonrisa.

*º*º*º

Ronald se encontraba con las manos en la cabeza quejándose del horrible dolor que lo embargaba. Apenas un síntoma de su clara resaca, ni siquiera estar bajo el chorro del agua lo había ayudado.

Se terminó de vestir refunfuñando, salió de su cuarto notando el silencio que embargaba la mansión y la verdad no creía ser el primero en levantarse, con una mano en el estómago y otra en la cabeza caminó por el pasillo a la habitación de Harry.

Al llegar entró sin preocuparse por tocar. —Harry… —Abrió sus ojos sorprendido de encontrar su cama ya hecha. Salió de ahí y bajó las escaleras, buscando alguna señal de que alguien estuviera, topándose con su amigo en la sala, acostado en un sillón observando las llamas danzar en la chimenea.

—Harry —lo llamó sacándolo de sus cavilaciones.

—Hola Ron —saludó, había estado pensando en cómo decirle a su amigo lo que sentía, incluso tenía ya las palabras que usaría aunque de cualquier forma la noticia para Ron seria como un Cruciatus. Se sentó y jaló aire con su boca con la intención de hablar pero al ver la cara de su amigo se detuvo—, ¿qué te pasa?

—Necesito una poción para quitarme este maldito dolor de cabeza —mencionó quejumbroso—, hay mucha luz.

—Creo que hay en la cocina, pídesela a Smeagol —sugirió, enarcando su ceja al darse cuenta de lo que podía estar pasándole—. ¿Ron estás crudo?

El pelirrojo se dejó caer en el sillón, entrecerrando sus ojos. —Creo que ayer me excedí con el alcohol.

—Entonces lo que necesitas es una poción para la resaca, de las que usa Sirius.

—Iré por ella. —Se levantó con pesar.

Potter se echó nuevamente en el sillón, observó su reloj notando la hora. «¿Dónde estás Hermione? ¿Te habrás ido sin despedirte? No, tú no eres así.»

Weasley volvió con una sonrisa bailando en sus labios. —Esa poción hace milagros, en serio, hermano—Se sentó nuevamente. Ahora si podía pensar con claridad y lo primero que quería hacer era saber ¿dónde se había metido anoche con Hermione?—. Harry siento lo que dije ayer, estaba actuando como un troll —balbuceó logrado que su amigo se incorporara, acomodándose sus lentes mirándolo con aire de confusión—. No debí ponerme así, después de todo tú y Hermione sólo son amigos, me lo has demostrado muchas veces… es sólo que… estoy celoso —divulgó con una mueca, sin atreverse a alzar la mirada del suelo.

Potter se mantuvo en silencio, con la mandíbula tensa. No le sorprendía lo que Ron le estaba diciendo aunque no dejaba de hacerlo sentir mal y sobre todo incómodo, por lo que estaba a punto de confesarle.

Ron se removió en su asiento y alzó su mirada. —Creo que sigo… enamorado de ella.

Harry tragó en seco, su corazón se estrujo. Por unos minutos el silencio reinó en el lugar, Ronald clavó sus ojos en él, en un estado de exasperación en espera de que le dijera algo.

Él exhaló frotando sus manos con nerviosismo, finalmente armado de valor, enfrentó las pupilas azules. —Ron… no se cómo pasó, pero yo también estoy interesado en ella. —Su voz sonó tan fluida como si decírselo le quitara un gran peso de encima.

El rostro del otro se desencajó. —¿E-estás de broma?

—No.

Ronald se puso rojo de furia, se incorporó con un movimiento brusco y en dos zancadas ya se encontraba frente a Harry. —¡Lo sabía! ¡¿Cómo te atreviste?! ¡Por eso la invitaste al Baile! ¿Desde cuándo? —gruñó entre dientes.

Potter se levantó irguiéndose por completo aunque Ron le sacaba unos centímetros, mantuvo su expresión en lo que cabía serena aunque su mirada era severa. —Recién lo acabo de descubrir y no fue por eso que la invite al Baile.

A pesar de sus palabras Ron estaba ciego de rabia, tenía los puños crispados como si en cualquier segundo fuera agredir a su mejor amigo.

—¡No puedo creerlo! ¿Cómo pudiste…? Tú sabías lo que yo sentía por ella, ¿y dónde queda el gran amor que decías tenerle a mi hermana? —barbotó fuera de sí, manoteando sin parar.

—Ron lo siento, pero no es algo que haya planeado para hacerte daño a ti o a Ginny. Tú sabias cómo me sentía desde hace tiempo… ¡y hace mucho que no estoy con ella! —remató, empezando a levantar la voz al igual que él.

Ese fue el detonante para que Ron le soltara un golpe en la mandíbula que lo hizo trastabillar. Harry se llevó la mano al labio de donde escurría un hilo de sangre, se la limpió con la manga del abrigo sin despegar su mirada de su amigo.

En ese momento el sonido de la puerta de la entrada llenó el silencio de la mansión, pero lo que llamó la atención de los dos, fue la suave risa de Hermione, intercambiaron miradas confundidas y de pronto apareció su amiga al lado de Oliver Wood.

*º*º*º

Continuara…

*º*º*º

*Celestina Warbeck es una bruja cantante que grabo recientemente El himno de su equipo, "Repeled esas bludgers, chicos, y pasad esa quaffle hacia aquí", para recaudar fondos para el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.

*1163: Fundación del equipo. En los 90, el equipo cambió el color de su uniforme, planteando un debate de cuál sería la nueva opción. Se llevó a comentar incluso de un uniforme camaleónico, pero a juzgar por Quidditch a Través de los Tiempos, el color final fue azul marino.

*El Puddlemere United y las Arpías de Holyhead son dos rivales históricos.

Fuente: eldiccionario . org