Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

(N/as: Contiene un pequeño spoiler de la movie HP7)

Perdóname.

Harry caminó por los pasillos decorados con esferas, había acebos en las puertas y árboles de navidad en todos los rincones. Gente iba y venía vestidos con sus túnicas color lima.

Llegó a la sala de espera del cuarto piso esperaba encontrar a Sirius; se había levantado temprano aunque hubiese preferido seguir en su cama abrazando la cálida figura de su amiga, respirando el aroma de su piel, enredando sus dedos entre sus rizos. Disfrutando de sus murmullos que le habían arrancado una sincera sonrisa porque…

—¿Harry?

Se giró topándose con la figura de su padrino, el cual tenía sombras cafés bajos sus ojos grises. Al parecer no había logrado dormir, quizás algo más había sucedido.

—¿Hubo más ataques?

—No, no… —denegó rápidamente—sólo me sorprende verte aquí a esta hora, creí que estarías con Hermione, ¿no me digas que ya empezaron los problemas?

—No —comentó pasando su mano por su cabello húmedo—, es otra cosa —Aclaró su garganta cambiando de posición incomodo—, además quería saber ¿cómo esta Nymphadora?

—Despertó por unos minutos, reconoció a Remus, pero volvió a perder el sentido —Caminó con su ahijado, llevándolo al quinto piso del lugar donde se encontraba el salón de té—, los sanadores dicen que estará bien, sólo que por ahora es mejor dejarla descansar.

Harry se sentó sin saber qué decir, invadió por sentimientos contrastantes y angustiosos, de cualquier forma pasaría a verla antes de irse.

—¿Has sabido algo de Ron? —preguntó, después de pedir dos cafés.

—No, de seguro esta en la Madriguera o con Fred y George —mencionó abatido Harry, observando su reflejo distorsionado en el líquido humeante de su taza.

—Hablare con él.

—No, yo hablare con él después —aseveró, dejando salir por sus labios entreabiertos el aire contenido.

—Como quieras —Entrecerró sus ojos notando el gesto ansioso de su ahijado—, ¿qué pasa? Suéltalo Harry.

—Bueno… yo —titubeó carraspeando— necesito un consejo.

—¿Un consejo? —murmuró con una sonrisa enigmática cubriendo sus labios, se pasó una mano por su cara haciendo a un lado los mechones negros que caían insistentemente sobre sus ojos plateados.

—Es que… no he comprando aún el obsequio de Hermione y creo que debo regalarle algo más que un libro ahora que… estamos juntos —comentó sintiendo unas gotas de sudor surcar su sien.

—Ya veo, sabía que tarde o temprano volverías por mis sabios consejos. —Una sonrisa ladina recorrió sus labios carnosos.

*º*º*º

Ronald escuchaba a lo lejos una voz cantarina que pronunciaba una y otra vez su nombre, sacándolo del mundo de los sueños, apenas fue consiente de sí cuando una aguda punzada atravesó su cabeza haciéndolo quejarse ruidosamente, parpadeó un par de veces tratando de acostumbrarse a la luz, se colocó una mano delante de sus ojos.

—Toma esto… —Le acercó una taza, logrando que él arrugara su nariz, al percibir el aroma.

Sus tripas se retorcieron, tenía un horrible sabor en su boca. Dejó que su mirada se deslizara por su figura, jamás le había visto algo tan femenino, como aquel camisón lila, abrió los ojos como si no creyera que se trataba de la Lunática; los cabellos rubios enredados enmarcaban su rostro aniñado y sus ojos saltones resaltaban con brillo peculiar. Por un momento casi creyó ver a un ángel.

—¿Luna?

—Mi papá dice que te hará sentir mejor.

Ron sacudió su cabeza, después de unos segundos en los que se había quedado emboba viéndola. Apenado por su acción se reincorporó alejando sus pupilas de ella, concentrándose en el lugar donde se encontraba, no entendía cómo es que había terminado en la casa de la chica. En realidad su mente estaba hecha un caos, recuerdos vagos iban y venían.

Frunció su ceño, se sentía horriblemente mal, era victima de la peor cruda de su vida.

—¿Cómo llegue aquí?

—Toma esto, te aclarara la mente —Cerró los ojos con fuerza y bebió el liquido verde que resbalaba con demasiada lentitud su garganta para su gusto, creía que en cualquier momento se levantaría a devolver lo que sea que haya sido esa sustancia—. Recuéstate, en unos minutos estarás bien. Tengo que preparar el desayuno.

Él la vio desaparecer por una puerta, no entendía nada. Dejó caer su cabeza en el respaldo del sillón. Poco a poco todo fue volviendo y con ello, el dolor que palpitaba con crueldad en su interior. Apretó con fuerza sus puños hasta que sus manos se le entumieron.

*º*º*º

Hermione se removió, sentía un poco de frío palpó con su mano el lugar donde debería estar su novio, pero sólo encontró el colchón helado. Abrió sus ojos de golpe buscando a Harry, al no verlo se extrañó.

No había sido un sueño ella de verdad había dormido con él, pero ¿en dónde estaba? Se incorporó quedando sentada, en el lugar aún se podía respirar la loción de su amigo.

—¿Harry?

Aventó las mantas, sintiendo como su cuerpo resentía el cambió de temperatura. Se abrazó a sí misma frotando sus brazos en lo que alcanzaba su bata. Se puso sus pantuflas para salir a buscarlo, cuando se encontró con una nota en su mesa de noche.

Buenos días, hermosa.

Me puedo imaginar el gesto que tienes en este momento.

Hermione se percató que tenía el ceño fruncido, sonrió ligeramente pero eso no le quitaba el enojo, ella quería despertar con él, más le valía tener una muy, muy buena explicación.

Se que te estás preguntando por qué me fui y no te avise, es sólo que estabas durmiendo tan tranquilamente y yo tenía algo que hacer…

—¿Qué tenía que hacer?

y si es importante.

—¿Y qué es más importante?

Te lo contare más tarde.

—¡Harry! —La molestia que por un segundo había sentido se transformó en inquietud—Esperó que no haya ido en busca de los prófugos. —Regresó su vista a la última frase del pergamino.

Te quiero.

Su corazón revoloteó emocionado, respiró profundamente varias veces tratando de controlar la alegría desbordante que le brindaba saber que él la quería, sus labios se curvaron involuntariamente y la sonrisa que la había acompañado desde ayer en la tarde volvió, alejando así la bruma de la preocupación.

—Quizás fue a hablar con Ron o… con Ginny —¡Ay! De nuevo estaba imaginándose cosas—. No es momento para hacerme historias, debo confiar en él. Es mejor que vaya a St. Mungo, ahora eso es lo importante.

Sacudió su cabeza mientras caminaba hacia el baño, debía mantener su mente lejos de la inseguridad y su corazón del monstruo de los celos.

*º*º*º

En el Callejón Diagon, Sirius observaba recargado en la puerta de un local como su ahijado escogía el regalo para Hermione, sólo necesitaba parpadear un momento para pensar que se encontraba con James, aunque su amigo era más osado en cuanto a las mujeres de lo que era su hijo, a Harry le faltaba un mundo por conocer.

Tenía que admitir que Harry no era su amigo, había muchas cosas en las que no sé parecían, en un principio pensó que tenía la misma debilidad que James por las pelirrojas, pero al parecer estaba equivocado, finalmente quién le había robado el corazón había sido la castaña.

Harry extendió unos galones, tomó la pequeña caja con una sonrisa boba en sus labios, al imaginarse como se vería su novia usándolo.

—¿Listo?

—Si, ¿crees qué le guste? —preguntó abriendo la puerta sintiendo el golpe de la brisa decembrina.

—Le gustara —acotó guiñándole un ojo—, ¿ya sabes a dónde la llevaras?

—Si —espetó pensando en el lugar.

—Sólo no olvides que esta noche es navidad y deben volver al mundo muggle con los padres de Hermione —recordó su padrino, sonriéndole cómplice.

—Y con Krum —soltó entre dientes.

—¿Qué? —Enarcó ostensiblemente su ceja, sin comprender el cambio en el semblante de Harry, así como en su actitud.

—Es que Hermione invitó a Viktor Krum a pasar la navidad con ella, eso fue antes de que nosotros…

Sirius no pudo evitar reírse, más al notar la molestia grabada en la cara de su ahijado.

—Ahora entiendo porque quieres pasar con ella la mañana —Se detuvo colocando su mano sobre el hombro del chico —, Harry sólo recuerda que ella esta contigo, trata de hacer que esta noche la pase bien con su familia, con Krum y contigo.

Potter resopló poco convencido, torciendo su gesto. No le hacia nada de ilusión, pero asintió, después de todo Sirius tenía razón.

—No pensé que fueras a decirme eso.

—Sólo te dije lo que te diría Lunático.

Una sonrisa se asomó en los labios de Harry. —Lo sabía, tú no harías lo que me aconsejaste.

—No, de hecho trataría de deshacerme de Krum o mejor me la robaría y la traería de regreso hasta después de navidad —expuso descaradamente, retomando su camino.

Harry negó con su cabeza, caminando detrás de él.

*º*º*º

Después de un rato, en el que Ron estuvo recuperándose, apareció nuevamente Luna.

—El desayuno esta listo.

Ron abrió sus ojos, notando que la chica que lo despertara hacia rato en camisón, había desaparecido dejando sólo a su amiga excéntrica, con su clásica forma de vestir. No pudo evitar preguntarse si lo que había visto antes sólo había sido una alucinación, producto de tanto alcohol en su sistema.

—Eh… ¿dónde esta el baño? —preguntó levantándose, tomando sus zapatos que estaban acomodados a un lado del sillón.

—Por allá, a la izquierda —explicó manteniendo su sonrisa.

Asintió con un torpe cabeceo, dirigiéndose al lugar desapareciendo por un par de minutos, regresó sobre sus pasos guiándose por el aroma de comida, llegando a la cocina circular con dibujos de flores e insectos por doquier.

—Siéntate, te estaba esperando.

—G-gracias. —Miró alrededor, esperaba encontrar a Xenophilius Lovegood.

—Mi papá no esta, salió hace rato —informó, colocando una jarra de jugo de calabaza.

Ron respiró aliviado, no deseaba ver a su padre y menos después de haber pasado la noche ahí ebrio. Observó su plato había huevos con tocino y un par de tostadas en otro. Al menos era un desayuno normal, pero no estaba seguro de que su estómago estuviese listo para recibir comida.

—Luna, siento lo de ayer… —Se encogió de hombros en un gesto avergonzado, ni siquiera podía mirarla a los ojos, había recordado la escena del Callejón y sus jugos gástricos expuestos— creo que es mejor que me vaya.

—¿No te quedaras a desayunar conmigo? —preguntó mirándolo fijamente, logrando que se incomodara y volviera a su asiento—. Neville me ayudó a traerte, supongo que no lo recuerdas estabas prácticamente inconsciente. —Bebió un poco de jugo, esperando que él dijera algo.

—¿Cuándo me encontraste estabas con Neville?

«Claro debí haberlo imaginado, después de todo esos dos tienen algo.»

—No, él nos encontró cuando intentaba traerte aquí, trate de llevarte a tu casa pero no quisiste, intente mandarle una lechuza a Harry pero…—Notó como tensaba su mano alrededor del cubierto— dijiste que era un traidor.

Ron se puso rígido de pies a cabeza, era difícil hablar de su amigo en ese momento.

—Ronald… ayer balbuceaste unas cosas, se que ellos están juntos ahora, pero no creo que por eso sean traidores.

—Tú no sabes nada —respondió brusco.

Lo miró en silencio, pero no se dejó amedrentar, alcanzó su mano tomándola con ternura.

—Los sadpaths pronto se irán, estarás bien.

Ron la miró sin poder creerlo, pero no retiró su mano. Sabía que estaba en deuda con ella, los últimos días él sólo le había hecho pasar malos ratos.

—Luna, lo que me pasa no tiene que ver con criaturas in… —pausó lo menos que quería era seguir equivocándose con ella— es más complicado.

—Lo sé, pero el que no entiende eres tú. Ellos son tus amigos, no tus enemigos; deberías estar alegre por ellos y si de verdad amaras a Hermione, la dejarías ir y disfrutarías de verla feliz, porque sabes que Harry es una buena persona.

Él se quedó pasmado por unos segundos, su ceño se llenó de arrugas evidenciando su enojo. —No es así de sencillo, esta mi hermana de por medio también… —La mesa tembló cuando dejó caer su puño, algunas gotas de los vasos de jugo salpicaron el mantel, manchándolo.

—Yo no dije que fuera sencillo, pero no puedes estar así. No tienes que destruir tu vida y alejar a tus amigos, no seas egoísta trata de ver más allá de ti —repuso sin levantar siquiera su tono de voz, sus cejas rubias estaban ligeramente enarcadas resaltando sus ojos celestes que lo miraban fijamente.

Ron crispó su mandíbula, se levantó golpeando ligeramente la mesa, logrando que el vaso se volcara y el jugo cayera sobre el regazo de Luna. Sin decir más salió de la extraña casa, dejándola sin apetito y con una mesa que limpiar.

*º*º*º

Hermione arribó a la sala de espera de , sus ojos vagaron por el lugar y las personas que se encontraban ahí, sonrió con timidez a algunas que la miraban. Siguió su camino al no ver a Harry, hasta el cuarto de Tonks; había preguntado dónde se encontraba antes de subir a la cuarta planta.

Pronto se encontraba frente a la puerta, tocó suavemente antes de entrar.

—Hermione, pasa —comentó Remus, haciéndole una señal.

—¿Cómo se encuentra? —preguntó deteniéndose al lado de la mesa de noche, había comprado un pequeño arreglo de flores para la mujer.

—Mejor, estará bien —comentó en su voz se notaba la alegría y el alivio.

—Me alegro, ¿han sabido algo más sobre los prófugos? —inquirió con interés. La idea de que Harry estuviese por ahí buscándolos, no había dejado de rondarla y el no verlo ahí, acrecentaba su preocupación.

—No aún, pero hay aurores trabajando.

—¿Por eso Sirius no esta aquí?

—No, estaba aquí pero salió con Harry —No quiso agregar más. El chico lo había puesto al tanto de lo que iban a hacer y no deseaba ser indiscreto—, escuche que están juntos ahora.

—Sí —respondió con las mejillas sonrosadas. En ese momento la puerta del cuarto se abrió dando paso a Sirius y Harry, los cuales callaron al verla.

—Buenos días Hermione ¿qué tal tu noche? —preguntó Sirius con aquella sonrisa que ella tanto detestaba, de inmediato buscó la mirada de su novio, esperaba que no le hubiese contado todo lo que había pasado entre ellos.

Harry le sonrió abiertamente, lo que causó que Hermione le lanzara una mirada reprobatoria.

—No le dije nada, ya sabes como es… —le susurró cuando llegó a su lado, provocándole un agradable cosquilleo.

Black los miró sonriente, como si no hubiese tenido su edad y supiera de las cosas.

—Harry recuerda dónde están, este no es momento para decirle cosas sucias a tu novia.

Tanto Harry como Hermione se apenaron al escuchar las palabras de Sirius, sus rostros se cubrieron de un rojo que desafiaba el color de la sangre. Ni siquiera se atrevían a verse entre si.

—Canuto, déjalos —pidió Remus.

—Eres un aguafiestas, Lunático —Observó su reloj notando la hora, se le había hecho ligeramente tarde, ya debería de estar en el Ministerio—. Tengo que ver a Kingsley —anunció justo al tiempo que aparecían varias cabezas rojas, Arthur, Bill y Molly.

—Nos enteramos por El Profeta lo que sucedió —comentó Arthur, después de estrechar su manos.

—¿Cómo está?

—Bien, se recuperara.

—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Bill a los hombres.

—Harry, hijo que bueno verte —saludó Molly abrazándolo maternalmente, mientras que a Hermione apenas y la saludó, al parecer Ginny ya le había contado lo que había sucedido entre ellas. No pudo evitar entristecerse, trató de disimularlo manteniendo su sonrisa, no sin cierto esfuerzo.

Potter también había notado la actitud fría de la matriarca de los Weasley hacia Hermione, nuevamente le estaba haciendo lo que en cuarto año, cuando le había mandado un huevo pequeño para la pascua o cuando la había saludado de forma cortante hasta que le había explicado que no eran novios, pero ahora la cosa es que si lo era.

Tomó la mano de Hermione y la apartó unos pasos del grupo.

—¿Estás bien?

—Sí —afirmó tratando de sonar normal—, ¿estuviste aquí desde temprano?

—Algo así, ven vamos.

—¿A dónde? —preguntó extrañada.

—Espera y verás.

*º*º*º

Ron entró a su hogar por la puerta de la cocina, en cuanto había salido de la casa de la rubia se había arrepentido de lo que le había dicho. No debería haberse desquitado con ella y menos cuando únicamente había tratado de ayudarlo.

Avanzó por el lugar extrañado de no escuchar alboroto, esperaba encontrar a su madre y sus cuñadas preparando el menú para la cena. Al llegar a la sala se topó con Fleur platicando amenamente con Audrey.

—Hola —saludó sin mucho entusiasmo y sin darles tiempo de decir alguna palabra subió las escaleras, topándose con Ginny, la cual salía de su cuarto.

No necesitó más que verla por un segundo para saber que ella también la estaba pasando mal, sin pensarlo mucho la abrazó. La pelirroja tardó en responderle, pero finalmente se aferró a él, dejando salir unas lágrimas.

—Ron… apestas —le dijo hipando, después de unos minutos. Se separó de él, aún con los ojos llorosos.

—¿Dónde están todos? —Prefirió preguntar eso, no sabía cómo abordar con ella el tema de Harry y Hermione.

—¿No lo sabes?

—¿Saber qué? —respondió intrigado.

—¿Dónde has estado? —cuestionó intrigada— Hubo un ataque en Lincolnshire, al parecer unos mortifagos escaparon de Azkaban, varios aurores salieron heridos entre ellos Tonks.

Ronald estaba consternado, la noticia lo había tomado por sorpresa.

—Y… supongo que ellos ya están saliendo ¿no? —inquirió con voz baja, limpiándose con rabia sus mejillas.

—Eso creo.

Ginevra se abrazó a sí misma tratando de reconfortarse. —Es que no lo puedo creer, pensé que Harry me seguía queriendo.

—Yo también lo creí.

—Ella estuvo aquí, habló conmigo y me confesó que estaba enamorada de él —soltó resentida.

—Él me dijo lo mismo.

Sus miradas se encontraron ambas llenas de tristeza, no había más que decir. Los dos sufrían del mismo mal, el cual no tenía cura más que el tiempo.

*º*º*º

Harry se apareció junto con Hermione en aquel lugar que le traía tantos recuerdos, previamente había ido con Sirius para arreglar los detalles. Observó a su novia, a la cual tenía sujeta por la cintura, había pasado tantas cosas en ese paraíso con ella, quizás desde entonces había comenzado a sentir más que amistad por ella. Aunque debía reconocer que en los momentos difíciles el recuerdo de la pelirroja lo había acompañado, pero quién había estado a su lado, arriesgando su vida había sido Hermione.

—Harry —pronunció con cierta desesperación, pues él le había pedido que mantuviera sus ojos cerrados. Sonrió al ver su gesto impaciente, unió sus labios en un suave beso que la silenció.

Hermione respondió gustosa, dejándose llevar por aquel vals tan perfecto que compartían sus labios cada vez que se unían. Aferró sus manos a los hombros de él, deseando que profundizara de una buena vez su beso, entreabrió su boca dejándolo pasar sintiendo una arrebatadora sensación de placer que hizo que sus rodillas temblaran, esta era la clase de cosas que nunca se cansaría de sentir.

Después de unos intensos minutos lograron separarse, ambos agitados.

—Ya puedes abrir los ojos.

En cuanto deslizó sus parpados, reconoció el lugar, no pudo ocultar su expresión de sorpresa que se transformó después en melancolía.

—El Bosque de Dean… —pronunció sin aliento, un nudo se instaló en su garganta al recordar todo lo que habían pasado los dos en aquel lugar. Parpadeó un par de veces tratando de contener el llanto, eran demasiados sentimientos encontrados.

—Si —afirmó, notando como el semblante antes alegre de su novia se desencajaba—. Recordé que dijiste que habías venido con tus padres y que deberíamos quedarnos aquí y envejecer.

—¿Lo recordaste? —preguntó enternecida con un hilo de lágrimas.

—Sí —Limpió las gotas salinas con sus pulgares—. Vamos, ahora saciaras tu curiosidad, sabrás porque salí desde temprano —La nieve crujía bajo sus pasos, al fin llegaron a un improvisado campamento, una gruesa manta cubría el helado suelo, había unos cuantos cojines adornándola.

Hermione ladeó su rostro buscando la mirada de Harry. —Esto…

—Quería que pasáramos un rato solos, esta noche estaremos con tu familia y Viktor, después volveremos y tendremos que enfrentar a Ron y Ginny, además de lo que esta pasando con los prófugos de Azkaban. Así que pensé en este lugar, después de recordar tus palabras y aquí estamos.

Hermione se sentía superada por sus sentimientos, nunca se imaginó que él podría estar planeando todo eso. Caminó con él hasta la manta, sentándose entre los cojines, afortunadamente no estaba nevando.

—Sirius me dijo de un hechizo para mantenernos calientes —comentó sonriéndole exasperado al evocar los comentarios de su padrino, sobre otras maneras de mantener la temperatura de sus cuerpos. Tomó su varita colocando el hechizo sobre ellos.

Buscó la bolsa que contenía lo que había comprado aconsejado por su querido padrino. Sacó la botella de vino colocándola junto a ellos, además de dos copas y algunos bocadillos.

—¿No es muy temprano para beber? —preguntó con las cejas ligeramente fruncidas.

—Espero que hayas desayunado —destapó la botella, derramando un poco del contenido sobre la manta y su pantalón. Hermione acercó las copas dejando que él las llenara, no muy convencida de beber, pero después de todo era una ocasión especial.

Harry había estado dándole vueltas a lo que le diría, pero al llegar ahí y estar con ella, su mente le había jugando una mala pasada pues no recordaba su discurso con exactitud, así que improvisaría.

Tragó saliva, sintiendo los nervios cosquillear la base de su estómago. Tomó un respiró y entrelazó sus manos, disfrutando de la calidez proveniente de su amiga.

—Hermione perdóname…

Ella parpadeó confundida al escucharlo pronunciar aquello que la había tomado por sorpresa.

—Harry… —Él negó con su cabeza, impidiéndole seguir.

—Escúchame es importante —pidió serio—. Siempre te vi como una amiga nada más, jamás sospeche en todos estos años que en tu corazón fuese creciendo un amor más allá de la amistad por mi, perdóname porque no imagine la verdad, porque se que sufriste cuando yo te hablaba de otras chicas y que pesar de que te estaba haciendo daño me aconsejabas, haciendo un lado tu propio dolor. Perdóname, porque el tiempo que estuvimos solos en este lugar, yo sólo hablaba de Ginny... pero quiero sepas que sabré compensarte por cada lágrima que derramaste por mi.

El corazón de Hermione pareció detenerse por el lapso de un latido para después comenzar a latir frenéticamente. Las ganas de llorar volvieron a asecharla, su visión se volvió borrosa debido a las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos.

—Sabemos que estamos juntos ahora, pero quizás te hubiese gustado que te lo preguntara —pausó tomando una bocanada de aire—, así que Hermione… ¿quieres… ser mi novia?

Una gran sonrisa apareció en el rostro de Hermione, iluminándolo por completo y aunque estaba feliz, no pudo evitar que algunas gotas cristalinas humedecieran sus mejillas. Era mejor que en sus sueños, no cabía duda de que la realidad superaba a la ficción.

—Sí. —Deseaba aventar la copa y abrazarlo, pero tuvo que contenerse y conformarse con dejar que sus copas se unieran en un leve toque.

Harry alzó su mano, acariciando con suavidad las mejillas de su amiga, limpiando a su paso las gotas salinas. Sin pensarlo mucho se acercó y besó una lágrima, dejando que sus labios se humedecieran.

—Te quiero —pronunció en susurro arrullador cerca del oído de Hermione, que finalmente hizo caso a sus instintos y se aferró a él, echando sus brazos alrededor del cuello de su amigo.

*º*º*º

Ron se sentía impotente bajo el chorro de agua, el ver a su hermana así, lo enfurecía. Alzó su rostro dejando que las gotas acariciaran su rostro, por más que trataba de alejar de su mente el recuerdo de su pelea con sus amigos, no podía y tampoco le era sencillo lidiar con ese dolor que lo arañaba por dentro.

Terminó de ducharse, se colocó una toalla en la cadera y salió del cuarto de baño. Esperaba que ninguna de sus cuñadas se les ocurriera pasar por ahí en ese momento, o se vería envuelto en una penosa situación, pero no había tenido cabeza para escoger una muda de ropa, mucho menos cuando la mayoría se encontraba aún en su cuarto en Grimmauld place.

Afortunadamente no pasó nada, llegó a su cuarto sin problemas. Buscó que ponerse y se cambió lentamente mirando por la ventana la blanca colina, recordó la casa de los Lovegood, una punzada de molestia lo recorrió, sabía que debía pedirle una disculpa.

—Maldición…

A su mente llegaron los momentos que había pasado con ella, había olvidado que aún tenía su chalina aún manchada de sangre en el bolsillo de su traje, debía devolvérsela, pero el problema era que no quería ir a Grimmauld place a recogerla.

Descargó su puño en el alfeizar, el vidrio se sacudió violentamente en respuesta.

—¿Qué pasa? ¿Acaso quieres destruir la ventana?

Ron ladeó su rostro buscando a su interlocutor, encontrándose con su hermano Charlie en la entrada de la habitación. Ni siquiera se había dado cuenta de que había abierto la puerta y eso que tenía un peculiar rechinido, una sonrisa se extendió por sus labios.

—Pensé que te quedarías en la reserva de Dragones.

El pelirrojo avanzó hacia él, saludándolo con una abrazó fraternal.

—Al final encontré quien me cubriera —explicó con soltura, mirándolo con un matiz perspicaz—, ¿me dirás qué estabas haciendo?

—Nada… sólo mataba un insecto. —Sabía que eso había sonado muy estúpido, pero no tenía cabeza para crear una mentira más elaborada.

—¿Y dónde esta Harry? —preguntó después de un prolongado silencio.

Ron dejó caer sus hombros, poniendo mala cara. —No lo sé.

Charlie frunció su ceño, era claro que algo había pasado entre los amigos, quizás a eso se debía el mal humor de su hermanito.

—¿Y Hermione?

—No quiero hablar de ella —contestó brusco.

Su hermano silbó al darse cuenta que algo grueso estaba sucediendo. —Vamos a Las Tres escobas, necesito un buen trago.

—Pero…

—¿O quieres quedarte a destruir tu cuarto?

—No.

Tomó su chamarra y salió de su cuarto seguido del cuidador de dragones.

*º*º*º

En el Bosque de Dean, la pareja reía amenamente habían estado recordando algunas cosas de su vida en el Colegio y fuera de él también.

—Tu cocina de hongos era horrible…

—Oye —se quejó golpeando su hombro—, lo sé. Al menos tu comiste más que Ron y no te quejaste tanto como él.

—Eso es porque no quería herir tus sentimientos, además tenía otros problemas de los cuales preocuparme.

Se quedaron en silencio pensando en aquellos días difíciles, pero habían sido esas grandes pruebas las que los habían unido más. Hermione dejó su copa un lado y abrazó a Harry trayéndolo de regreso de su repentina tristeza, repartió besos a lo largo de su mandíbula causándole un agradable cosquilleo en su piel.

Él aferro su mano a la espalda de la chica, buscó sus labios rozando en el camino con su nariz la piel de su mejilla.

—Harry…

Él no le dio tiempo de continuar, acarició sus labios con suaves roces, mientras Hermione pasaba sus brazos por el cuello de él, dejando que sus dedos juguetearan con los mechones azabache de su nuca, sonrió dentro del ósculo provocando que Harry se alejara ligeramente para mirarla interrogante.

—¿Qué?

—Sólo recordé las veces que te corte el cabello.

Era increíble la forma en que la vida le había cambiado, hacía unos meses se encontraban en el mismo lugar y ni siquiera se le hubiese ocurrido pensar que alguna vez volvería como su novia, estaba tan agradecida con Merlín por permitirle sobrevivir a la guerra y confesarle su amor a su mejor amigo.

Sus labios aprisionaron los de él, presionándolos gradualmente, el beso tenía un ritmo lento y torturante a la vez, con cada segundo que pasaba iba despertando la pasión de ambos. Harry subió una de sus manos hasta llegar a la mejilla de su novia, la acunó acercándola aún más, para poder por invadir su boca con mayor facilidad.

Hermione casi sin ser consiente entreabrió su boca permitiéndole a Harry que la explorara a su gusto, provocándole suaves estremecimientos cuando sus lenguas se encontraban. Sucumbiendo ante el despliegue de sensaciones placenteras en su interior, dejó que su novio la recostara sobre la manta, aunque su pasión se terminó cuando ella se separó abruptamente al sentir algo debajo de su espalda, notando el disgusto en el rostro de su novio.

—Espera —pronunció con su voz entrecortada—, las chocolatinas ─agregó sacando la caja de su espalda—. Creo que las hemos desecho…

—Seguirán sabiendo bien —minimizó buscando retomar su encuentro amoroso. La miró desde su posición, apoyado en sus codos para no aplastarla, se veía tan hermosa con las mejillas enrojecidas, su corazón palpitó con mayor fuerza contra su pecho y todo lo demás dejó de importarle, el mundo se había detenido para él.

—Harry, gracias… por traerme aquí, preparar esto…

Él en respuesta se inclinó y la besó encarecidamente, dejando que sus cuerpos se conectaran, sus piernas estaban ahora enredadas, sus caderas se rozaban, provocando las mismas reacciones apasionadas en los dos, sus corazones parecían latir al mismo ritmo.

—Te amo… —pronunció Hermione, cuando sus labios se separaron unos milímetros.

Harry sonrió tontamente, embargado por una dicha que nunca antes había sentido, reclamó nuevamente sus labios, repartiendo un sin número de pequeños roces, sintiendo como una sed por ella crecía con sorprendente velocidad en su interior, fue entonces que empezó a besarla realmente, necesitaba sentirla suya, con el paso de los segundos su ósculo se volvió imperceptiblemente más exigente.

Hermione respondió gustosa, dejó que sus manos recorrieran la ancha espalda de su novio cubierta por su suéter, el calor se estaba adueñando de su cuerpo, extinguiendo cualquier signo de racionalidad. Se sentía una masa gelatinosa bajo el cuerpo de él, nunca antes había experimentado algo así, pero vamos ella no tenía tanta experiencia, así que simplemente se estaba dejando llevar como lo haría cualquier chica enamorada que se encuentra en brazos de su amor.

Harry abandonó su boca, besando tiernamente la línea de su rostro, disfrutando de escucharla suspirar contra su oído, tiró suavemente de su bufanda apartándola de su cuello e hundió su cara en él, aspirando con suavidad su perfume.

Hermione dejó salir un suspiró ahogado se removió bajo él, aumentando la fricción entre sus cuerpos, aferró sus manos a los hombros de él al sentir como mordisqueaba el lóbulo de su oreja.

Hacia mucho tiempo que se había percatado de que no sólo estaba enamorada de él, sino que deseaba estar con él de forma intima, pero esto que estaba sintiendo era tan desconcertante, no era tonta como para no darse cuenta que era deseo lo que estaba sintiendo, podía sentir el calor acumulándose bajo vientre, expandiéndose en forma de ondas por todo su cuerpo haciéndola anhelar más de él.

La excitación de Harry aumentó al sentir a su amiga tan entusiasmada, correspondiendo a sus caricias. Alejó los rizos que obstaculizaban su placentera labor y besó con fervor la piel de su cuello, haciéndola gemir de placer, obligándola a echar su cabeza hacia atrás permitiéndole un mejor acceso.

Potter no esperó y se deleitó con cada centímetro expuesto, instintivamente sus manos buscaron el cierre del suéter de su amiga, se alzó un poco permitiendo que su mano se colara entre sus cuerpos y así agilizar la acción. De inmediato sus pupilas se posaron en el hipnotizante movimiento de sus pechos, subían y bajaban al ritmo de su respiración. Su blusa a pesar de no estar pegada a su cuerpo, enmarcaba deliciosamente su figura.

Hermione sintió un escalofrió al sentir la fría brisa acariciar su cuerpo, abrió sus ojos primero deleitándose con el hermoso paisaje, para después toparse con las pupilas esmeralda de su novio que brillaban con una intensidad detrás de sus gafas. Nunca le había visto mirarla de esa forma, su cuerpo se sacudió en respuesta.

—Harry… —pronunció suplicante.

—Te quiero Hermione Granger.

Se reposicionó sobre el cuerpo de su amiga y volvió a sus labios enrojecidos, besándola con una vehemencia que la dejó sin aliento, saboreó por un largo rato cada rincón de su boca, Hermione tembló bajo él en respuesta, su cuerpo le hormigueaba como nunca antes, y en ese momento lo único que deseaba era que él la hiciera suya.

Poco después los labios de Harry se deslizaban por el cuello de Hermione repartiendo besos húmedos en su escote acercándose peligrosamente al inició de sus pechos, una sus manos se entretenía acariciando la pierna aún cubierta por su mezclilla, mientras la otra se deslizaba juguetonamente por el costado femenino, acariciando las costillas, tocándolas como se tratara de las cuerdas de un instrumento musical…

*º*º*º

Ginny había ido a ver a Luna en busca de desahogarse, las cuatro paredes de su cuarto habían acabado con sus nervios, necesitaba con urgencia distraerse.

Después de que Luna la escuchara atentamente y cuando estaba a punto de aconsejarla, su charla había sido interrumpida por el padre de su excéntrica amiga. Finalmente él las había llevado al Callejón Diagon para que pasaran un rato. Ginevra esbozó una sonrisa, sólo a su amiga se le ocurría ir a comer un helado en lugar de una bebida caliente.

—¿Qué crees qué deba hacer?

Luna saboreó su helado de fresa antes de hablar, posó sus pupilas saltonas en su amiga mirándola con compresión.

—Si te ayuda llorar, hazlo —comentó notando como las lágrimas cosquillaban los ojos de su amiga—, pero Ginny, no busques hacerte más daño.

—Entonces, ¿crees qué no debo luchar por él?

—No he dicho eso, lo mejor es que hables con él. Así sabrás cuáles son tus posibilidades, pero tienes que hacerte a la idea de que tal vez Harry, no vuelva a estar contigo.

Ginny soltó un exclamación ahogada, agitó su cabeza negando. No, no podía concebir esa posibilidad, su corazón se negaba a aceptar que él ya no la amara. Luna la abrazó ofreciéndole un hombro para deshogarse.

*º*º*º

Charlie después de escuchar a su pequeño hermano, comprendió la situación y el por qué de aquel malhumor.

—No quiero saber de ellos por eso.

—Ron entiendo lo que te pasa, pero Harry es más que un amigo para la familia. Dudo que él hiciera esto para herirte a ti o a mi hermana —comentó tranquilo, bebiendo un sorbo de su cerveza.

Ronald gruñó en respuesta, dejando salir un bufido iracundo.

—Dale tiempo, sólo piensa que son tus amigos —aconsejó, dándole una palmada en el hombro.

—Yo en verdad la quería —agregó cabizbajo.

—Lo sé, eras demasiado obvio.

Ron alzó su rostro, sólo para mirar a su hermano con aquella expresión de mofa.

—Vamos, anímate —Observó que no le había dado ni un trago a su bebida—. ¿Acaso también le perdiste el gusto a la cerveza o quieres algo más fuerte?

Las tripas del pelirrojo se retorcieron al ver su tarro. —No quiero beber, eso es todo —espetó encorvándose ligeramente.

Charlie curvó su ceja, reconocía ese gesto en su hermanito.

—La mayoría se pondría unas buenas borracheras en tu caso.

—Si llegó ahogado en alcohol, mi madre no se cansaría de regañarme toda la noche.

El cuidador de Dragones chasqueó su lengua, incrédulo, su hermano era pésimo para mentir.

—Escúpelo Ron, ¿no me digas qué no se te antoja?

Él volvió a mirar su tarro, la espuma desbordaba el cristal, su boca se hizo agua pero su estómago se encogió, recordándole su anterior malestar.

—No.

—Mmm ya te emborrachaste y estas asqueado.

Ronald peló sus ojos ligeramente sorprendido, ¿acaso tenía en el rostro escrito qué había empezado el día con la peor resaca de su vida?

Charlie comenzó a reír en respuesta. —Vaya, vaya… y yo que te creía más santurrón.

—¿Santurrón? —preguntó torciendo su gesto, tensando sus hombros.

—Tranquilo… así que has estado bebiendo.

—Un par de botellas solamente… aunque realmente no ayuda a olvidar nada, simplemente te vuelve un bruto —reveló, recordando como sus experiencias y cómo había tratado a la pequeña rubia.

—Ahora entiendo porqué tienes esa raspada en la cara.

—Ayer estuve aquí, al salir me resbale con la nieve.

—¿Cómo llegaste a la casa?

—No llegue…

Charlie casi escupe su cerveza. —¿Te quedaste en la calle? Si algún conocido de nuestros padres te vio estas muerto.

—Me quede en la casa de Luna.

—¿Luna? ¿La chica loca que vive por nuestra casa? —inquirió sorprendido.

—No esta tan loca.

—¿Tienes algo qué ver con ella?

—No —Se apresuró a contestar, aunque su rostro se tornó rojo—, dije que me quede en su casa, no con ella.

—Tranquilo, no la he visto en un tiempo aunque si bien recuerdo no es fea, fuiste con ella al Baile ¿no?

—Sí, pero eso fue porque los gemelos me comprometieron —explicó, antes de que su hermano siguiera sacando deducciones equivocadas.

Él no tenía nada que ver con Luna, no al menos de esa forma. Las palabras de Lavender volvieron a su mente como una fecha certera, logrando incomodarlo.

"Mmmm mi querido Won-Won… estas consciente de que te gusta Luna ¿verdad?".

«No a mi ella no me gusta»

Pensó de inmediato, aunque no pudo evitar que su mente evocara a la rubia esa mañana, despertándolo envestida en aquel suave camisón que si se ponía a pensar en otro momento menos turbado, lo hubiese puesto en serios problemas.

—Ron, Ron… —Charlie lo sacó de su viaje, al sacudirlo de esa forma salvaje, incluso había logrado que le doliera el cuello, debía recordarle que no estaba tratando con sus bestias—¿qué te pasó?

—Nada, sólo recordaba algo.

—¿De la loca?

—No le digas así… —aseveró mirándolo ceñudo— y sí, es que hace rato no la trate bien, ella sólo quería ayudarme.

—¿Y te sientes mal?

—Un poco —aceptó, sobándose su nuca pesaroso.

—Pues pídele una disculpa y ya.

Que fácil era para su hermano decirle eso, pero ya le gustaría verlo en sus zapatos.

—¿Qué?

—No sé cómo hacerlo. —A veces odiaba no ser como sus hermanos.

Bill siempre había sabido como hablar con las mujeres, Charlie era el valiente y trabaja con dragones, lo cual era impresionante, él que podía conseguir a cualquier chica, de Percy no había mucho que decir, nunca le había pedido un consejo, ni había hablado con él sobre mujeres, pero algo debía saber hacer para haber conseguido esposa y novias en Hogwarts. Fred y George eran tan relajados y graciosos que no les costaba relacionarse con las chicas y él aunque era famoso por la batalla, no quería decir que fuese un experto en tratar a las chicas que se le acercaban de vez en cuando.

La prueba de que era un desastre en eso, estaba en que no había sabido cómo invitar a Fleur al Baile en cuarto, ni tampoco a Hermione, su relación con Lavender había fracasado y lo que había iniciado con Hermione se había ido al caño antes de comenzar. Y con Luna pues… sólo la había hecho pasar malos ratos.

Charlie se carcajeó en serio al escucharlo decir eso, era tan cómico.

—Ron, Ron… —canturreó divertido— sólo ve y díselo.

—Creo que eso no será suficiente —espetó pesaroso.

—¿Crees qué no te disculpe?

—No, si lo hará y por eso me sentiré como un escreguto… —dijo, hundiéndose en su asiento.

Charlie estudió a su hermanito, notando con agrado lo que le pasaba. Dejó que en sus labios se escurriera una sonrisa bonachona.

—Deja todo en mis manos…

Ron alzó sus cejas, contrayendo su expresión. No le gustaba cuando cualquiera de sus hermanos decía eso, porque nada bueno podía resultar.

*º*º*º

Harry había perdido su suéter en algún punto y poco faltaba para que perdiera su playera, pero poco le importaba, porque las manos de Hermione se habían encargado de brindarle calor con sus caricias, el fuego estaba creciendo en su estómago y se repartía por su cuerpo corriendo por sus venas como si fuera la sangre misma, para ese momento no podía negar lo excitado que estaba.

Ella ahora se encontraba encima de él, besándolo con gran pasión como había deseado hacerlo tantas veces, Harry siguiendo sus instintos dejó que sus manos pasearan por la espalda de ella para después perderse en la curva de su trasero, logrando que Hermione gimiera contra su boca, estaba por tocarla con mayor seguridad cuando un montículo de nieve proveniente de las ramas del árbol bajo el cual se encontraban, les cayera de lleno enfriándolos al instante.

-¡Ah! —gritó Hermione levantándose de un sólo movimiento sacudiéndose la nieve de la espalda.

Harry se quedó acostado, respirando agitado mirando los malabares de su novia, dejó caer su cabeza hacia atrás y cerró por un momento sus ojos, sentía el cuerpo en llamas, en el peor momento la naturaleza había decidido interrumpirlos y quizás en el mejor, porque si hubiesen seguido no estaba seguro de haber podido apartarse de ella.

Su entrepierna punzó recordándole lo prendido que estaba, resopló frustrado. Se colocó sus lentes y se incorporó sacudiéndose los algodones blancos.

—Debí haber puesto una casa de campaña —resopló semimolesto y a la vez apenado, esperaba que Hermione no se percatara de su estado, aunque probablemente ya lo había notado cuando había estado sobre él o cuando él dejándose llevar por la pasión había rozado sus caderas.

—Creo que sí —murmuró abochornada, se mordió el labio inferior al pensar en lo que segundos antes habían estado haciendo.

—Es mejor que nos vayamos, pronto nevara y no queremos estar aquí cuando suceda. —Alzó el suéter de su amiga, entregándoselo.

Hermione asintió ligeramente decepcionada por partir, recogieron todo en un agradable silencio.

—¿Nos vamos? —preguntó Harry ofreciéndole su mano.

—Sí. —Entrelazó sus dedos sintiendo nuevamente esa descarga de energía y antes de que fuese consiente de lo que hacia, lo jaló hacia ella en busca de un último beso, se besaron sin prisas, disfrutando el uno del otro.

—¡Por Merlín, Hermione! —Jadeante hundió su rostro en el hueco de su cuello, ahora cubierto por la gruesa bufanda. Él, quien apenas se estaba recuperando de su anterior encuentro, sentía como su excitación nuevamente revivía, esto era sumamente vergonzoso—. Vámonos.

Desaparecieron después de un ¡plin!, aparecieron en Grimmauld place después de unos segundos. Hermione se separó de Harry, observando el reloj que se encontraba encima de la chimenea, era tarde y ella debía ir a recibir a Viktor.

—Mis padres deben estar preguntándose dónde estoy.

—Lo sé —comentó pesaroso, no quería separarse de ella y menos para que ella se fuera a los brazos de otro—, te alcanzo después.

—Pero… pensé que nos iríamos juntos —musitó enarcando sus cejas.

—Quiero hablar con Sirius antes, para saber lo que le dijo Kingsley —explicó serio, acomodando un rizo castaño detrás de su oreja.

—Pero llegaras ¿verdad? —indagó temerosa, buscando un poco de seguridad en él. No quería pensar que él se fuese a quedar solo para ir a darle caza a esos prófugos.

—Sí —afirmó besando su nariz—, no te pienso dejar sola para que Krum trate de conquistarte y se gane a tu familia.

Hermione entornó sus ojos, aunque no evitó que en sus labios apareciera una sonrisa.

—Exagerado…

—Tengo motivos —acotó con seriedad.

—Y ninguno es valido —interpelo cruzándose de brazos.

—Pues yo creo que Viktor…

—Te quiero a ti —interrumpió, utilizando su tono de sabelotodo.

—Sí y él te quiere a ti —manifestó, dejando ver en su registro de voz un deje de celos.

—Eso no es cierto, eso fue hace mucho.

Harry enarcó su ceja incrédulo. —Le sigues gustando, casi estoy seguro de eso.

—Casi, además no sé por qué hablamos de esto, ¿acaso no confías en mi?

Potter dejó caer ligeramente sus hombros, no iba a poder contra Hermione y menos si la hacia enojar. —En ti sí, pero no estoy seguro de confiar en él —Observó como su amiga apretaba sus labios estaba a punto de soltarle algo que no le iba a gustar, así que era mejor evitarlo—. Nos vemos en unas horas. —Besó su frente cariñosamente, antes de separarse de ella y dirigirse hacia un extremo de la casa, necesitaba con urgencia un baño.

—Por cierto, Harry —habló, logrando detenerlo y que se girara a mirarla—, no sólo estarán mis padres.

Él frunció su ceño confundido, ¿qué había tratado de decirle con eso? Antes de que pudiera preguntarle, ella ya había desaparecido.

*º*º*º

Las dos chicas seguían caminando por el nevado Callejón, Ginny se encontraba más calmada, pero ahora era Luna, quién estaba actuando extraño, extraño fuera de lo normal en ella.

—Luna has estado muy callada, te pasó algo ¿tiene qué ver con alguna criatura nueva? —bromeó, era muy extraño que su amiga no hubiera estado parloteando sobre algún nuevo descubrimiento o una criatura.

—Ronald pasó la noche en mi casa —comentó frente a un grupo de gnomos que cantaban villancicos.

Ginevra parpadeó confundida. —¿Perdón?… creo que no te oí bien.

—Tu hermano estuvo en mi casa.

Abrió su boca en una perfecta "o", la había tomado por sorpresa la confesión de su amiga, aunque aún no entendía que había hecho su hermano en casa de los Lovegood.

—¿Cómo llegó ahí? —Fue la primera pregunta que salió de su boca—. ¿Te dijo o hizo algo? —asumió por la actitud de la chica.

Luna negó con su cabeza, su expresión se bañó de tristeza. —Lo encontré anoche estaba muy confundido, olía mucho a alcohol y tenía sadpaths volando a su alrededor. Trate de llevarlo con Harry pero se negó, finalmente Neville me ayudó a llevarlo a mi casa y se quedó dormido en el sillón.

—No lo puedo creer, ¡Ay Luna! Discúlpalo esta así por todo lo que esta pasando. Si mi mamá se entera que esta tomando se molestara mucho. Gracias por ayudarlo —manifestó, aunque aún no entendía por qué tenía esa cara—. ¿Pasó algo más?

—Esta mañana él se enojo conmigo y se fue de la casa gruñendo. Ni siquiera se comió lo que le prepare.

—Es un tonto, cabeza dura, no le hagas caso… es peor que un troll —Siguieron caminando hacia otra tienda de regalos, pues a Ginny le faltaba comprar los regalos de sus pequeñas sobrinas, justo cuando estaban por cruzar la calle un carruaje se los impidió—. ¡Fíjese, que casi nos atropella! —soltó molesta al cochero, que ni siquiera se inmuto.

—Sabía que conocía esa voz chillona, a la única que le puede pertenecer es a esta pobretona —escupió Draco, descendiendo con toda su elegancia, manteniendo su expresión de desdén en su rostro, segundos después Blaise se unió a él.

—Vámonos de aquí Luna, porque de repente comenzó a apestar —insultó Ginny, mirándolo con el mismo desprecio que él a ella.

—Si apesta es por tu hedor, pobretona —masculló entre dientes.

Los ojos de Ginny brillaron peligrosos, Draco no supo lo que pasó hasta que sintió un ardor en su mejilla. ¡Lo había cacheteado, esa se había atrevido a tocarlo! Blaise comenzó a carcajearse a su lado, mientras que Luna sonreía abiertamente.

—Vámonos Luna. —Se giró con una sonrisa triunfante en sus labios, aunque su mano le dolía después de tal golpe, estaba segura que ese hurón tendría su mano marcada por un tiempo.

Malfoy rabioso por tal humillación, la detuvo jaloneándola de la muñeca, obligándola a deshacer sus pasos, sus rostros quedaron frente a frente distanciados apenas por unos centímetros.

—Nunca te atrevas a volver a tocarme.

Ginny entrecerró sus ojos al sentir que él ejercía más fuerza en su agarre, realmente la estaba lastimando.

—¡Suéltame, maldito hurón! —Con su mano libre trató de sacar su varita.

—¿Buscabas esto? —Le mostró su varita divertido.

Sus ojos se extendieron el doble de su tamaño, no era posible. Ese maldito le había quitado su varita y ni siquiera se había dado cuenta de cómo y cuándo había sucedido.

—Déjala… —pronunció Luna, apuntándole.

—Draco, no vale la pena —intervino Blaise, notando varios pares de ojos mirándolos.

Malfoy la soltó aventándola ligeramente. —Nos volveremos a ver Weaslette. —Aunque no alzó la voz ni cambió su tono, lanzaba una advertencia silenciosa. Jugueteó con la varita de la chica entre sus dedos mostrándole una sonrisa torcida, antes de guardarla dentro de su túnica e internarse en el Callejón Knockturn

—Adiós Weasley —pronunció burlón Blaise, haciéndole una reverencia mientras se reía.

—¡Dame mi varita! —gruñó Ginny, observando con horror como él desaparecía—. Iré tras de él.

—No creo que sea bueno entrar ahí. —La detuvo Luna.

—Pero tiene mi varita…

—Sí, pero vas desarmada —le recordó, logrando que la pelirroja hiciera un mohín de enojo en medio de la calle—. ¡Merlín! ¡Me las pagara, lo juro!

*º*º*º

Continuará…