Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
¤°.¸¸.·´¯»«´¯·.¸¸ o .¸¸.·´¯»«´¯·.¸¸.°¤
THE PERFECT GENTLEMAN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.
*º*º*º
Navidad, dulce navidad.
Hermione ingresó a su casa con una alegría que no podía ocultar, se quitó el abrigo y avanzó por el pequeño hall, sus pies parecían no tocar el suelo duro quizás se debía a que seguía sumida en la nube de amor, o mejor dicho que seguía en Harrylandia.
—Ya llegue.
—En la cocina, pequeña. —Se escuchó la voz de su madre rebotando en las paredes.
—Ahora voy —anunció avanzando hacia el baño de la planta baja. Abrió las llaves dejando correr el agua, mientras sus ojos se concentraban en escudriñaban su reflejo en el espejo.
Tenia una luz peculiar en la mirada y su expresión era de alegría absoluta, ni siquiera se podía reconocer y todo se debía a Harry.
El calor que aún no había abandonado del todo su cuerpo la hizo estremecerse, al recordar los apasionados besos que habían compartido, las manos de él recorriendo su figura provocándole un sin fin de sensaciones, despertando en ella un oscuro deseo.
Se echó agua en el rostro tratando de refrescarse y así regresar al mundo real, porque el recordar sólo le estaba provocando ciertas fantasías que no ayudaban. Tardó un poco más en el servicio y después de que hubiese hecho varias respiraciones profundas y de que concentrara su mente en otra cosa, logró llegar a la cocina.
—Hola, llegue —anunció quedándose en la entrada, observando como su madre preparaba una pasta.
—¿Cómo te fue? —preguntó Jane, aún concentrada en su quehacer.
—Es complicado de explicar, Nymphadora se encuentra en el hospital, pero estará bien.
Su madre se detuvo y clavó sus pupilas en su hija, demostrando en su expresión un deje de preocupación.
—¿Estamos en peligro? ¿Volverás a arriesgar tu vida?
Las preguntas la pillaron por sorpresa y tardó un par de segundos en reponerse.
—No, todo esta bien, el Ministerio ya se esta encargando de todo.
—¿Por qué siento que no me estás diciendo todo?
—Mamá, todo esta bien —zanjó, brindándole una sonrisa conciliadora—, ¿quieres un par de manos extra?
Jane le dedicó una profunda mirada, esperando que Hermione agregara algo más, pero bien sabía que era inútil, no obtendría más información de su hija, cuando se lo proponía podía ser tan tozuda como nadie.
—No estaría mal, pero es mejor que te arregles, quedan pocas horas antes de que lleguen los demás, deje tu vestido sobre la cama —informó regresando a su labor—. Por cierto, ¿Harry llegó contigo?
—No, él aún tenía cosas que hacer.
—Espero que llegue a tiempo.
—Sé que lo hará —confirmó, sin darse cuenta su expresión se había vuelto ensoñadora y sus labios mostraban una sonrisa boba.
—Es un buen chico, al parecer te quiere mucho… incluso pensaría que esta enamorado de ti —Sus labios se estiraron en una sonrisa bonachona—, si no es porque tú me has dicho que estaba enamorado de Ginny, en verdad lo apostaría.
—¿Qué…? ¿Por qué dices eso? —balbuceó nerviosa, retirándose un rizo del rostro para ver mejor a su madre.
—No me hagas caso, figuraciones mías —acotó restándole importancia—, anda ve a cambiarte, no creo que tarde en llegar tu otro amigo…
*º*º*º
Ginny no daba crédito a lo que había sucedido, caminaba de un lado al otro de la calle con pasos furiosos. No pensaba irse hasta que saliera ese maldito hurón del Callejón Knockturn.
—No tiene caso que sigamos aquí, él pudo ya haberse ido —dijo Luna, mirando con preocupación a su amiga. Estaba comenzando a hacerse tarde, no podían seguir ahí, el clima estaba enfriando rápidamente, casi estaba segura que comenzaba a sentir sus labios cambiar a un tono morado.
—Claro que no, ese maldito hurón de cuarta debe salir por aquí.
—Basta Ginny, lo mejor es que se lo digamos a tus padres —expuso, tomándola del brazo alejándola de aquel lugar.
—No —Se detuvo en seco, lanzándole una dura mirada a su amiga—, esto lo voy a solucionar yo… —Miró a su alrededor, notando que las calles ya no eran tan transcurridas—. Tienes razón ya es tarde, se supone que debería estar ayudando a mi madre.
—Ginny tienes que decírselo, en poco tiempo volveremos a Hogwarts y vas a necesitar de una varita.
—Lo sé, ya pensare en algo y… ¡por Merlín, que ese rubio desabrido pagara por esto! —sentenció furiosa.
Luna negó con su cabeza, nada bueno podría resultar de esto. Le echó una última mirada al Callejón antes de seguir a su amiga.
*º*º*º
Harry después de abandonar la mansión de los Black, había regresado a St. Mungo con la esperanza de encontrar ahí a su padrino, pero al no hacerlo se dirigió directamente a su despacho en el Ministerio.
En cuanto sus pies tocaron el pasillo que lo llevaba a la oficina, supo que él estaba ahí, el inconfundible aroma a tabaco lo delataba. Dejó a un lado los modales y entró a la habitación, a su padrino no le importaría de cualquier forma.
Sirius se encontraba mirando por el ventanal con la mente perdida en algún lugar distante, ni siquiera se había percatado de su presencia.
Harry aclaró su garganta, logrando obtener por fin la atención de su padrino. —¿Tan mal te fue? —cuestionó al ver su expresión austera.
Black le dio una última calada a su cigarro que brillo con una luz anaranjada, antes de aplastarlo contra el cenicero y posar sus profundas pupilas en su ahijado, entreabrió sus labios permitiendo que el humo acumulado escapase.
—¿Y a ti? —Le devolvió la pregunta, desconcertándolo momentáneamente.
—Eh… —Se pasó sus dedos por sus mechones azabache, en un gesto de nerviosismo— después te cuento —zanjó con las mejillas ligeramente teñidas de rojo—. Mejor dime, ¿cómo te fue con Kingsley?
Entrecerró sus ojos conocedor, ignorando la pregunta de su ahijado, una sonrisa lobuna se extendió por sus labios.
—Vaya —silbó divertido—, ¿quién diría que te irá tan bien? Supongo que seguiste mis consejos sobre cómo entrar en calor…
Potter desvió su mirada abochornado, imágenes fugaces sobre su encuentro amoroso llenaron su mente, colocándolo en una posición incomoda. Black comenzó a reírse, logrando que Harry lo mirara con reproche.
—Si fuera tú, no hubiera vuelto, seguiría en el Bosque con ella… dándonos calor mutuo.
Harry se llevó una mano a su frente y negó con su cabeza. Sabía que no llegaría ningún lado en esa conversación. —Sirius…
—Esta bien… eres un mojigato, no puedo creer que seas hijo de Cornamenta.
—¿Qué fue lo qué te dijo Kingsley? —soltó, ignorando todo lo demás.
El hombre ensanchó su sonrisa, mientras se retiraba los mechones que caían sobre sus ojos echándolos a un lado.
—Aún no hemos terminado, quiero los detalles —embromó haciendo que Harry entornara sus ojos con el rostro tan rojo como una esfera navideña—. Bueno… Kingsley, te quiere fuera. No quiere que te metas en este asunto.
—¿Qué? Pero…
—Harry déjalo en nuestras manos. ¿Acaso no confías en que podré resolverlo?
—Puedo ser de ayuda —expresó dejando caer sus manos sobre el escritorio, mirando con impotencia a su padrino—, esos siguen sueltos y…
—Y tú tienes en unas cuantas horas una fiesta con los padres de tu novia —Le cortó propinándole una severa mirada—, pero si lo que quieres es quedarte y dar caza a esos… esta bien, yo no tengo ningún problema en que lo hagas, sólo te digo que tendrás que decírselo a Hermione.
*º*º*º
En la Madriguera, Ron observaba como su lechuza se perdía en la distancia, la angustia que antes se había instalado en su pecho fue disipándose. Tal vez no toda su vida apestaba, aún tenía la esperanza de salvar su amistad con la pequeña rubia.
—Todo saldrá bien, sólo ya no hagas idioteces. No siempre voy a estar para salvarte el pellejo —exclamó Charlie, pasando su brazo por los hombros de su hermano, en tanto su mano libre alborotaba los mechones rojos.
Ronald se zafó de su agarre y le lanzó una mirada poco amistosa a su hermano, provocándole una gran sonrisa, acompañada de una sonora carcajada.
—Es mejor que bajemos antes de que mi madre crea que estamos realizando algún boicot.
—Dudo que piense eso, ese es el trabajo de los gemelos.
—No siempre, no olvides que eres el que más se ha metido en líos, cada año de Hogwarts estuviste en medio del ojo del huracán.
—Eso fue porque…
—Lo sé.
Charlie se fue dejándolo solo, Ron regresó sus pupilas hacia el lugar donde minutos antes la lechuza se perdiera. El anochecer conjugado con la nevada hacia difícil ver la luz que provenía de la casa de Lovegood.
—Quizás no se encuentran, ni siquiera le pregunte dónde pasarían la navidad —Se quedó callado ahondando más en su miseria—. Soy un idiota.
*º*º*º
Hermione se miró al espejo calificando su aspecto. Si no fuera porque su madre le había comprado ese vestido, no lo estaría usando. Desvió su vista de su reflejo hacia el reloj, su frente se pobló de un par de arrugas al ver la hora, eran las 8:15 de la noche y Harry aún no había aparecido.
«¿Y si pasó algo? ¿Tal vez otro ataque?».
Sus dientes atraparon su labio inferior nerviosamente, no eso no podía ser. Agitó su cabeza negando.
—No, debo calmarme. Si hubiese pasado algo ya estaría enterada. —Tomó su chaqueta a juego con su atuendo y se decidió a bajar.
«Debo confiar en él, prometió que llegaría y así será.» Con un ánimo renovado llegó al final de la escalinata.
—Te ves hermosa, pequeña —halagó su padre, tomándola de las manos para darle una vuelta.
—Basta papá, no es para tanto —musito apenada.
—Te pareces tanto a tu madre cuando la conocí —soltó con una sonrisa melancólica.
—No te esta contando nuevamente esa historia, ¿o si? —interrumpió Jane, esbozando una gran sonrisa.
—Eso estaba intentando —alegó, observando como su mamá depositaba un beso en la mejilla de su padre.
—Te ves hermosa —mencionó su madre, brindándole una mirada de aprobación.
—Gracias, ¿quieres qué lleve eso a la mesa? —cuestionó, señalando el plato que llevaba en las manos.
—Sí, por favor, aún tengo que ir por otro…
Hermione lo dejó en su lugar, observando que todo estuviera bien. En esos momentos no pudo evitar evocar el recuerdo de las fiestas en la Madriguera, el ambiente siempre había sido cálido, alegre y hogareño. ¿Podría volver a estar en aquel lugar alguna vez?
El dolor que permanecía en su corazón como una espina se agudizó, no sabía cómo, pero tenían que encontrar la forma de arreglar las cosas con los hermanos Weasley. Jamás se perdonaría que por ella se hubiese rotó la gran amistad entre Harry y Ron, por no decir que ella también había salido raspada, puesto que Ron tampoco le dirigía la palabra. No podía creer que fuese así como se acabaría el Trío de oro.
—Hermione, hija ven aquí…
Respiró y sonrió como si nada sucediera, pero su fachada podía caer en cualquier momento, justo ahora estaba limpiando discretamente unas traicioneras gotas salinas que habían escapado de sus ojos; ni siquiera llegó a la sala cuando se detuvo en seco al ver la imponente figura del búlgaro, vestido totalmente de negro, ahora los rastros de niño habían quedado atrás, dejando a un hombre que si no era el más guapo sin duda era atractivo, con su estatura y su cuerpo atlético.
—Viktor…
Krum olvidó por un momento la presencia de los Granger, al ver entrar a la habitación a su querida Hermione. Su mirada se volvió más profunda conforme recorrió a amiga deleitándose con ese vestido negro que se apegaba a su delicada figura y terminaba ligeramente arriba de sus rodillas.
El tiempo no pasaba en vano y pensando en eso, sonrió de forma encantadora.
*º*º*º
Ginevra salió de la chimenea de su casa sacudiéndose el polvo del hollín. De inmediato varios pares de ojos se concentraron en ella.
—¿Dónde te habías metido? —preguntó su madre, mirándola con reproche.
—Sólo fui a pasar un rato con Luna.
Al escuchar el nombre, Ronald casi se ahogó con un bocadillo. «¿Será qué ella vio lo qué le mande a Luna?».
—Tranquilo Ron, hay para todos —acotó Bill, dándole unas palmadas en su espalda—. Mamá, déjala, los Lovegood son buenas personas —intervino caminando hacia su hermanita, abrazándola animosamente levantándola un par de centímetros del suelo.
—¡Billy, bájame! —pidió mirando con una sonrisa a su hermano.
—Es mi turno de saludar a la enana —interpeló Charlie, apenas estaban tocando sus pies el suelo cuanto ya se encontraba en brazos de su otro hermano.
—Charlie, pero tú… pensé que no estarías con nosotros —profirió con la emoción desbordando en su voz, abrazando con fuerza a su hermano.
—¿Y perderme una navidad con la familia después de todo lo que hemos pasado? No, preferiría que un dragón bola de fuego chino me arrancara la cabeza.
—¡Charlie Weasley! —La voz de su madre resonó en la habitación, atrayendo varias miradas.
—Fue una broma —aclaró ante las burlas y risas de los gemelos.
—Que manera de bromear, yo no quiero que bromees con tu vida —regañó mirándolo severamente con las manos en su cintura.
Después de aquello, Ginny se dedicó a saludar al resto de su familia y cuando se dirigía hacia las escaleras Ron la alcanzó.
—Espera.
—¿Qué pasa?
—Estuviste con Luna y… —Ni siquiera sabía cómo preguntárselo, desvió su mirada tratando de encontrar las palabras.
—Sí y me dijo lo que hiciste, no se cómo pudiste —repuso cruzándose de brazos—, si fuera por mi ya lo sabrían mis papás, pero agradece que ella me pidió que no lo hiciera —Ronald alzó su mirada, claramente sorprendido por la acción de la Luna, aunque eso sólo aumentó su remordimiento—. No sé cómo le vas a hacer, pero tienes que pedirle una disculpa. —Con eso Ginny lo dejó, subiendo la escalera.
Ron se dejó caer en uno de los escalones, llevándose las manos a la cabeza apesumbrado.
*º*º*º
Harry sintió como si una baldosa de cemento le hubiese caído encima, ese sin duda había sido un golpe bajo. Entrecerró los ojos, moliendo sus dientes con fuerza, tratando de ocultar su frustración.
Black rodeó su escritorio, colocándose al lado del chico, posando su mano en su hombro.
—Harry no te equivoques, esos momentos jamás los vas a poder recuperar, no le falles… no ahora que están juntos. Bien sabes que si te quedas, sólo lograras arruinarle la noche y a más tardar en un par de horas ella estaría aquí.
*º*º*º
Esas habían sido las palabras que lo habían hecho regresar a Grimmauld place, no estaba conforme, pero aceptó que su padrino tenía razón. Terminó de echar unas cosas dentro de su mochila, la redujo, guardándola dentro del bolsillo de su pantalón.
—¿Estás listo? —cuestionó Sirius, desde el marco de la puerta.
—Sí —respondió acomodándose sus lentes.
—Ponte esto en tus contusiones —Le aventó un pequeño frasco—, no querrás dar una mala impresión a tu familia política y menos si va estar tu competencia.
Harry lo atrapó mirándolo con confusión, finalmente en sus labios se escurrió una sonrisa sincera.
—Ve y demuestra que eres digno hijo de James, patéale el trasero a ese jugador, demuéstrale que Hermione es tu chica.
—Gracias —Sirius se acercó a él y compartieron un abrazo paternal—. No te apresures en volver, pórtate mal.
Después de unos minutos se separaron, Harry salió de la habitación deteniéndose a medio pasillo al oír la voz de su padrino.
—Sólo recuerda cerrar con llave el cuarto de Hermione y no olvides colocar un hechizo para que no los escuchen.
La sonrisa en su rostro se agrando, hay cosas que jamás iban a cambiar y Sirius era de esos.
—Dale mis buenos deseos a Yannell —Caminó unos pasos antes de atreverse a decir—, y Sirius, no olvides que es un hospital.
Sí, Harry también sabía cómo jugar su juego.
*º*º*º
Hermione contuvo el aliento por un momento, la mirada tan intensa que le estaba dirigiendo su amigo le había provocado un escalofrío.
—Verrte hermosa… —halagó Krum, en cuanto los dejaron solos.
—G-gracias.
—Echarrte de menos, pensar que nunca volver a verte —agregó antes de tomar su mano entre las suyas y besar su dorso como en los viejos tiempos.
—Viktor… exageras, de verdad he querido ir a ver tus partidos es sólo que he estado muy ocupada —musitó con una sonrisa contenida, aunque no pudo evitar sonrojarse ante el gesto.
—Lo sé, mencionarrlo en las carrtas. —Sin que ella se lo esperara, Viktor tensó sus manos alrededor de su cintura atrayéndola hacia él. Hermione tardó unos segundos en reaccionar, sus manos chocaron contra el pecho de él.
Antes estar en sus brazos siempre la había hecho sentirse protegida y no es que ahora no sucediera eso, era sólo que se sentía extraña, como si no perteneciera ahí y quizás eso se debía a que su cuerpo sólo quería ser sostenido por los brazos de su novio.
Aún así respondió al abrazo de su antiguo amor, como lo haría con cualquier amigo que ves después de mucho tiempo. Escondió su rostro en su pecho aspirando su loción, siempre olía riquísimo, era un punto que le había gustado de él.
Estuvieron así por un par de minutos, cuando finalmente ella se retiró poniendo distancia entre sus cuerpos, si permitía que se alargará más podía llegar a malinterpretarse y no quería eso.
—Ven vamos a la sala, estarás más cómodo que parado aquí en el hall —Le tomó la mano guiándolo a la acogedora habitación frente a la chimenea—, ¿quieres algo de tomar?
—No, estarr bien… sentarrte conmigo —Dejó que ella tomara asiento, para después hacerlo él—, contarme cómo estar tu Baile, lamento no poder asistir.
—El Baile… pues… —El golpeteo de su corazón se disparó hasta volverse una taquicardia. Su mirada se perdió en lo que había vivido esa noche al lado de Harry, su sistema se inundó de una cálida sensación y se olvido de todo a su alrededor.
Viktor enarcó sus ceja, mirándola con aire de análisis, justo cuando estaba por preguntar, un sonido estridente retumbó en la construcción trayendo de regresó a Hermione.
—Lo siento, debo ir a abrir la puerta. —Se levantó apresurada, dejándolo ligeramente confundido.
*º*º*º
Luna no se había decidido a abrir la pequeña caja que había traído una de las lechuzas de los Weasley, sabía por una nota que el obsequio provenía de Ronald y también que no se lo estaba mandando sólo porque era navidad sino porque era su forma de disculparse.
Sentada sobre su cama observando los dibujos de su techo, jugueteó con la caja entre sus manos. Una alegre sonrisa afloró en sus labios, suspiró suavemente pensando en el pelirrojo.
Finalmente con una incipiente emoción chispeando en su estómago, soltó el listón que unía a la tapa con el resto de la caja, lo destapó topándose con una pequeña cajita musical en colores claros con un diseño de flores, al abrirla una pequeña bailarina dio vueltas en su eje al son de una melodía alegre.
Un grupo de sensaciones se aglomeró en su interior, causándole un nudo en su garganta. Sus ojos se anidaron de lágrimas contenidas, era el más dulce regalo que le había hecho un chico, detrás de él estaban las hermosas flores que Neville le había obsequiaba con cariño.
No supo cuánto tiempo se quedó escuchando la suave melodía, observando a la pequeña figura de la bailarina danzar, pero sólo la cerró cuando su padre la llamó para la cena.
*º*º*º
En la casa de los Granger, la conversación había dado un giro inesperado.
—Que joven tan apuesto, Hermione —reconoció su tía Lauren, prima segunda de su padre. Hermione sintió sus mejillas enrojecer, ni siquiera se atrevía a mirar a Viktor, esto era demasiado bochornoso.
—Excelente vino —mencionó Helén, amiga de su madre de varios años atrás, con la cuál trabajaba en el consultorio dental. Se encontraba acompañada de su marido Robert, un cirujano que se desempeñaba en el hospital local.
—De hecho estás probando una cosecha especial traída por Viktor desde Bulgaria —informó el hombre, palmeando la espalda del hosco.
—Me alegro de que por fin hayas encontrado un novio —comentó su abuela por parte de su madre.
Hermione entrecerró sus ojos al escuchar eso y deseó que su abuela no hubiese dicho nada, aunque al parecer la única que no se estaba divirtiendo con estas presentaciones y cortas conversaciones era ella, porque el jugador parecía encantado y se desenvolvía con una familiaridad que le sorprendió, en un principió pensó que aborrecería esas reuniones pues él no era el más sociable, pero había olvidado que estaba acostumbrado a las fiestas sociales.
Sin mencionar que claro era su familia a la que estaba tratando, si Harry estuviera ahí seguro estaría diciéndole que estaba tratando de ganarse a sus familiares, por no mencionar que estaría echando humo por las orejas.
«¿Dónde estás Harry?».
Se obligó a sonreírle a la mujer, la saludó como era debido y después se giró hacia el jugador. —Viktor, te presento a mi abuela —pausó, buscando en su mente las palabras que diría, pues no quería herir susceptibilidades—. Abuela, te presento a Viktor Krum, un gran amigo.
—¿Amigo? ¿Ahora se les dice así? Estás relaciones de ahora no las entiendo, en mis años no se les decía así.
—Abuela… —pidió apenada, con las mejillas arreboladas.
—Ser un placer conocerrla, he oído hablar mucho de usted, sin duda una grran mujer. —Tomó su mano, besándola suavemente, sin borrar aquella sonrisa arrebatadora de su rostro.
—¡Oh, es encantador…!
Hermione ladeó su rostro para evitar que su abuela, observara su gesto forzado. Fue entonces que se percató de la presencia de su novio. Sí, efectivamente quería que la tierra se abriera en dos y se la tragara.
—Harry… —Su nombre apenas respiró fuera de sus labios y aunque no lo había dicho en alto, fue suficiente para atraer la atención de su familia.
—Buenas noches —exclamó, una nota peligrosa resaltó en el registro de su voz, sus pupilas estaban cubiertas por un velo de oscuridad que no disfrazaba del todo lo que estaba sintiendo; había llegado justo a tiempo para presenciar como su familia política caía ante la crianza antigua y aristocrática del jugador internacional.
Tuvo que controlar el monstruo de los celos que amenazaba con succionar su racionalidad, he ignorar que el muy maldito tenía una de sus manos puestas en la cintura de su novia.
—¿Quién es ese joven?
—Es…
—Soy Harry Potter, señora… —informó acercándose a la anciana, colocándose al lado de Hermione, entrelazando su mano con la de ella— el novio de su nieta —añadió mirando a su amiga, depositando un beso en los nudillos de la mano que sostenía.
Y a pesar de que creyó que cuando divulgaran aquella noticia se sentiría intimidado por los padres de Hermione, en ese momento no se sentía más que orgulloso de tenerla por novia, su pecho se hinchó de satisfacción
Listo, lo había dicho.
Lo hecho, hecho estaba y a pesar de que por un momento el silencio gobernó en el lugar, los murmullos en respuesta no se hicieron esperar, aunque para los tórtolos no existían más que ellos dos y sus miradas que se gritaban lo mucho que se querían.
—Bueno… esto es… ¡menuda noticia nos has dado, hija! —enunció su padre, rompiendo con aquel ambiente que se había desatado en su hogar—. Ahora, ¿por qué no pasamos a la mesa?, por favor.
—Hijita, tener pretendientes no es malo, pero sí tener una relación con ambos al mismo tiempo. No sé puede tener dos novios —reprendió su abuela.
—Abuela, no es así. —Se apresuró a explicar.
—No, definitivamente Jane esto no es como en mis tiempos —añadió, caminando al lado de su hija, la cual apenas pudo lanzarle una mirada de interrogación a Mione.
—Tendré una plática con ustedes dos después —señaló John, mirándolos con seriedad, aunque Hermione notó una sonrisa escondida en sus labios—. Vayamos a cenar, antes de que la comida se enfríe.
Harry podía sentir su pulso latiendo con fuerza en su cuello. No sabía de dónde había sacado el valor para hacer aquello, una suave gota de sudor recorrió su sien, pero esperaba que le alcanzara para hacer algo más. Se giró ligeramente clavando su mirada en el jugador internacional.
—Viktor —saludó ofreciéndole su mano libre.
—Harry. —Tomó su mano, infringiendo un poco más de fuerza de lo que podía pasar por educado en su agarre.
Él no se dejó amedrentar y respondió de la misma forma. Sus ojos se achicaron peligrosamente detrás de sus gafas. Hermione pasó su mirada de uno a otro, tratando de descifrar lo qué estaba pasando, pero afortunadamente no tuvo que intervenir gracias a la aparición de su madre.
—¿Qué hacen aún ahí? —inquirió su madre, rompiendo el duelo de miradas entre los magos—. Ven, Viktor —pidió alejándolo de la pareja.
Finalmente, Hermione dejó escapar el aire de sus pulmones en un suspiro en cuanto cruzaron el arco del salón, ladeó su rostro buscando la mirada de su novio. Su ceño se frunció ligeramente en un gesto de reprobación.
—¿Qué fue eso?
Harry dejó caer ligeramente sus hombros, le sonrió nervioso mientras pasaba su mano por su nuca.
—Pensé que querías que se los dijéramos…
Ella lo fulminó con su mirada por un momento, pero su molestia sólo le duró un par de segundos. Al menos sabía que estaba bien y que había cumplido su promesa, lo demás no importaba.
—Gran entrada.
—Dudo que tu familia piense lo mismo, debiste advertirme.
—Lo hice, te lo dije antes de irme —justificó con una sonrisita—, por un momento pensé que no llegarías, ¿pasó algo?
—Nada, sabías que llegaría, aunque Krum preferiría que me hubiera extinto en la última batalla.
—¡Claro que no! ¡Eso es horrible!
—¿No viste como me miró?, por poco creí que me rompería la mano —espetó resintiendo aquel apretón, sus dedos se sentían ligeramente adoloridos.
—Harry, él sólo es un amigo —refirió con tono cansino, aunque no podía ocultar la chispa de satisfacción que sentía al saber que su amigo la celaba de aquella forma.
—Al que no le importó que dijeran que era tu novio, ¿no notaste su expresión de gusto? ¡Por Merlín Hermione, lo estaba disfrutando! Si no llegó capaz de que se te hubiese declarado en ese instante y con la aprobación de tus padres —Se detuvo notando como Hermione apretaba sus labios tratando de contener su risa—. Es verdad, ¿acaso no viste como me vio tu abuela?
Mione dejó escapar aquel sonido burbujeante de su garganta, logrando que Harry enarcará su ceja confundido, pero pronto todo pasó a segundo plano, nada importaba. Hermione se veía realmente radiante, enfundada en aquel vestido que si no hubiese sido porque se encontraban en su casa, ya estaría arrinconándola en la pared más cercana para poder besarla, acariciarla y concluir lo que había iniciado esa mañana.
Agitó su cabeza avergonzado consigo mismo, no se suponía que debería estar pensando en eso.
—Celoso.
—Estás hermosa. —Las palabras escaparon de su boca sin que se diera cuenta, logrando que su amiga se quedara en silencio.
Hermione contuvo su aliento al escucharlo, no sólo porque la había halagado sino porque su corazón palpitaba tan rápido que creyó que estallaría dentro de su pecho. Todo esto de su relación había sido tan repentino, que creía que en cualquier momento despertaría.
Harry se inclinó ligeramente estaba a punto de alcanzar los pétalos que formaban los labios de su novia, ella cerró instintivamente sus ojos esperando el ansiado contacto, aunque las mariposas en su estómago ya aleteaban felices.
—Hmmm. —Tosió John, interrumpiendo el mágico momento.
Harry se echó hacia atrás, la sangre se le había ido al rostro, ella abochornada evitó mirar el gesto que sabía que tenía su padre.
—Los estamos esperando.
—Ya vamos. —Logró murmurar, aún sin superar que su padre la interrumpiera en tan intimo momento con Harry, ni siquiera quería imaginarse cuánto había escuchado.
—Después de ustedes.
A la pareja no le quedó más que caminar delante de John, entrando al comedor, donde nuevamente atrajeron la atención de la familia. Y por si fuera poco parecía que los señores Granger se estaban burlando de ellos, ya que dejaron sentarse a Hermione entre él y Krum. ¿Acaso no notaban qué lo único que quería Harry era que Krum estuviera lo más lejos posible de su novia? Y parecía estar dispuesto a utilizar el juego de cubiertos y cucharas si fuera necesario.
Después de un breve discurso por parte de la abuela, pudieron comenzar la cena. Y aunque Harry esperaba que después de soltar la bomba, todo estuviera en calma, sabía que era mucho pedir. Toda acción tenía una consecuencia y por supuesto una repercusión. Lamentablemente para él, esta no era la excepción.
—Potter, ¿verdad? —preguntó el buen tío Mark, esposo de Lauren. Un hombre de compostura rolliza, cabello castaño relamido hacia atrás.
Harry asintió tragando con dificultad un pedazo de pavo, tomó un poco de agua mirando con cierta precaución a la mujer.
—¿Estudias en la misma escuela que Hermione?
—No exactamente, yo estoy en… otra carrera —dijo apretando con más fuerza de la debida su tenedor, logrando que se deformara parcialmente.
—¿Qué clase de carrera? —preguntó Helén, interesada.
Él miró primero a los padres de Hermione, los cuales intercambiaron miradas, dándole a entender que no sabían nada.
—Es criminología —intervino Hermione, salvándole el pellejo.
Todos sus familiares se quedaron pensativos ante la respuesta que ella había dado tan veloz, por sus mentes pasó el hecho de seguir preguntando sobre eso, pero no sucedió, en cambio enfocaron su atención en el otro invitado.
—¿Y tú?
—Poderr llamarme, Viktor —accedió mirando con amabilidad al tío de su amiga—. Yo serr jugadorr de Quidditch —anunció con orgullo dejando a los presentes con un gran signo de interrogación plasmado sobre sus rostros.
—Es un deporte —añadió Potter con una mueca.
—Es antiguo, pero esta teniendo un nuevo auge —corroboró Hermione, codeando ligeramente a Viktor para que les siguiera la corriente.
—¿Se práctica mucho en Bulgaria? —indagó con curiosidad Robert.
—Sí —afirmó mirando a su amiga con una sonrisa cómplice encrespada en la esquina de su boca.
—Espero que te paguen por eso o te verás en serios problemas económicos —bromeó.
—Tener buena solvencia económica.
—Es bueno saberlo jovencito, un hombre siempre debe aportar el gasto al hogar —espetó la abuela—. Hermione sin duda es buen muchacho, deberías tomarlo en cuenta.
La susodicha se atragantó con la comida, no daba crédito a las palabras que había dicho su abuelita. ¡Ella no era una interesada, podía valerse por si misma!
—Respira —sugirió Harry, después de ofrecerle un vaso de agua, aunque eso no le impidió lanzarle una mirada hostil al búlgaro.
—¿Estarr bien? —preguntó preocupado, tomando su mano. Ignorando las molestias que su actitud pudiera provocarle a Harry.
Hermione cabeceó un par de veces afirmando, miró a Krum con agradecimiento aún con sus ojos ligeramente llorosos.
—Toma un poco más de agua y procura terminar de comer antes de hablar —aconsejó su padre.
—¿Cuánto tiempo llevan saliendo? —curioseó su tía. Harry sintió que sus pálidas mejillas adquirían color— Es decir, Hermione nunca había traído a ninguna reunión familiar a un novio.
Ella frunció y desfrunció su ceño, rodó sus ojos sin poder evitarlo. Estaba tratando de entender la fascinación que su familia tenía con su relación, casi podía decir que la veían como si se tratase de algo inverosímil.
Sin duda se estaba volviendo el tema de interés para el resto de la noche. Tenía que lograr pararlo, pues no estaba dispuesta a que cotillearan a costa de ellos.
Viktor esperó con interés que Harry respondiera, sus ojos brillaron agudos, mientras su gesto antes impasible se tornaba ansioso, no daba lugar a que se pensara que no estaba más que interesado en esa respuesta.
Potter tragó en seco, sintiendo un repentino peso en su estómago, giró ligeramente su rostro buscando los hermosos ojos de su novia, al encontrarlas sintió aquella calidez que le dio el valor para responder, si no exactamente la verdad al menos algo que fuera aceptable para los presentes.
—Llevamos mucho tiempo conociéndonos, pero fue recientemente que descubrí lo que sentía por ella verdaderamente y lo único que puedo decir es que espero poder hacerla feliz.
Hermione no podía explicar el aumento de la felicidad que se precipitó a través de su ser, su corazón latía presuroso rebosante de alegría. Por un momento las personas que los rodeaban se desdibujaron y lo único que cruzó por su mente fue la impulsiva y loca idea de lanzarse a los brazos de su novio y comérselo a besos.
En el rostro de Viktor desapareció toda nota de alegría, dejando sólo su gesto adusto. Algunos murmullos y suspiros por parte de las mujeres llenaron la habitación.
—Eso fue muy dulce Harry, ¿están pensando en casarse en un futuro próximo?
La pregunta sacó de su burbuja de amor a los tortolitos, ambos se quedaron tiesos sobre sus sillas, sus rostros estaban ardiendo.
—No… es decir… eh… no lo hemos hablo aún, ambos estamos estudiando, por lo cual no es posible que sea pronto —calló abruptamente, cerrando sus ojos. Si por ella fuera… ni siquiera se atrevió a mirarlo, esto era demasiado vergonzoso.
—¿Estás embarazada?
—¡No, claro que no! —Su voz se alzó por sobre el cuchicheo, tenía el rostro tan colorado que parecía que estuviese afiebrada o hubiese estado mucho tiempo expuesta bajo los rayos del sol.
—Fue una broma —agregó su tío, burlándose de los chicos, aunque para nada le hizo gracia a Viktor y mucho menos a sus padres a los cuales casi les da algo de la impresión.
—¿Y por qué no invitaste a sus padres, Hermione? Hubiese sido agradable conocerlos.
Por si Harry no había tenido suficiente de ese interrogatorio y de aquel subibaja emocional, ahora sucedía esto. Su corazón se detuvo por el lapso de un segundo para después latir dolorosamente dentro de su caja torácica, cada fibra de su ser lo resintió.
A su lado ella quedó paralizada, casi era como si hubieran usado en ella el maleficio inmovilizador: petrificus totalus. La conversación siguió su curso, pero poco le importó lo que decían, su mirada se clavó en sus padres en busca de su ayuda y sin pensarlo su mano voló por debajo de la mesa a la de Harry, entrelazándolas, demostrándole que estaba con él.
—Ciertamente hay que saber de dónde provienen estos jovencitos… es importarte conocer a la familia antes de comprometerse —expuso su abuela.
—Mamá creo que este no es momento para esa clase de preguntas —intervino la señora Granger.
—Tonterías, sólo estamos conociéndolos.
—Mi familia se encuentra ahora en Rumania —repuso Viktor, tratando de ponerle fin a la pequeña discusión entre madre e hija.
—Que interesante, ¿y los tuyos Harry?
—¿Quieren parar todo este interrogatorio? Basta ya… —confrontó Hermione, desatando la feroz leona Gryffindor que dormía en su interior. Sus ojos brillaron con severidad al pasar por los miembros de su familia. De verdad detestaba hablarles de esa forma y más porque era inapropiado, pero no iba a permitir que siguieran con aquello y mucho menos si afectaba a Harry.
Era tonto como un simple gesto lo hiciera sentirse mejor, se aferró a la mano de su amiga, disfrutando de su calidez. No pudo evitar enarcar sus cejas al ver la forma tan audaz en que enfrentó a su familia, pero él no deseaba que la cena terminara en conflicto, después de todo sólo querían saber con quién se estaba relacionando Hermione.
—Hermione, tranquila son sólo unas preguntas —amonestó su tía, mirándola con severidad— y no hay nada de malo en que queramos conocer con quién sales, no es como si fuera un prófugo o alguien que quiere ocultar su pasado, ¿o si?
Una palabra más y probablemente Hermione se abalanzaría sobre ella, la lengua le cosquillaba con palabras que no serían admitidas en el vocabulario de una jovencita bien educada, pero que importaba, se estaban metiendo con su Harry. Se estaba preparando para interpelar, pero la voz de Harry se lo impidió. Se giró mirándolo consternada.
—Mis padres están muertos y mi padrino no pudo asistir porque tenía que atender otros asuntos —indicó con cierta nostalgia en su voz.
Después de aquella pregunta la cena transcurrió en calma con una plática más amena que nada tenía que ver con los pretendientes de Hermione, lo cual sin duda aligeró el ambiente y la tranquilizó.
*º*º*º
En la Madriguera, la celebración se había llevado como siempre en un gran ambiente familiar y ameno, las risas no faltaron debido a las bromas y chistes de los gemelos. Finalmente sentados en la gran sala, bebiendo tazas de chocolate caliente y galletas, se encontraban platicando, fue en ese momento que Molly no pudo dejar de evocar el recuerdo del hijo que le faltaba.
—Harry debería estar con nosotros… quién sabe si este cenando bien o dónde se encuentre.
—Si hacen falta esos chicos —comentó Arthur, pensando también en Hermione.
Ginny al igual que Ron no pudieron ocultar del todo sus reacciones y mucho menos los rastros de dolor que atravesaron sus expresiones.
—Seguro extrañas mucho a Harry —señaló el señor Weasley mirando al menor de sus hijos varones, el cual torció su gesto en una extraña mueca.
—Tal vez deberíamos mandarle una lechuza —murmuró la matriarca.
—Mamá ya es algo tarde —intervino Charlie tratando de ayudar a sus dos hermanos—, ya mañana podrás hacerlo.
Ginny prefirió concentrarse en la bebé que tenía entre sus brazos, se trataba de Victorie, no deseaba pensar más en la feliz pareja, sentía que la cabeza la explotaría al igual que su corazón, aunque no pudo evitar que una punzada de dolor estremeciera su cuerpo, de seguro ellos se encontraban celebrando juntos, sus ojos se llenaron de nuevas lagrimas, que no llegaron a escapar de ellos.
*º*º*º
Finalmente después de un rato más de convivio, villancicos, anécdotas y juegos, la casa se fue quedado vacía y Harry se encontraba junto con Hermione en el despacho de John.
Potter a pesar de saber que no tenía por qué temer siendo un mago, se sentía intimidado por el padre muggle de su amiga. Su estómago se sentía pesado en parte por toda la comida que había ingerido o quizás se debía a aquel vino búlgaro que Viktor había traído, tal vez contenía alguna poción para conquistar a los padres de Hermione, incluso a ella.
Esta bien… esta bien, tal vez sólo era que estaba un poco celoso y en ese momento nervioso por la conversación con su suegro.
Hermione se encontraba más tranquila, conocía a sus padres y sabía que siempre la habían apoyado en sus decisiones, confiaban en su buen criterio y sobre todo sólo querían verla feliz, aunque eso no quitaba aquellas cosquillas nerviosas en su panza. Miró de soslayo a su novio notando aquel gesto que por mucho tiempo dominó su rostro, tenía su boca tensa de preocupación y su entrecejo fruncido.
Y a pesar de que sólo estaban alejados por medio metro sentía que era demasiado, pero cuando menos lo pensó sintió la mano de Harry en su rodilla desnuda causándole un agradable escalofrío, colocó su mano sobre la de él, a manera de apoyo.
John limpió su garganta pasando su mirada de su hija a Harry, afortunadamente desde su posición no era capaz de ver dónde se encontraba la mano de su yerno o sería un mal comienzo.
—Chicos, vaya que nos sorprendieron con la noticia…
—Señor… —intentó hablar Harry, pero el hombre lo detuvo con un gesto.
—Después del exhaustivo interrogatorio que te hicieron en la cena, se que cuidaras bien de Hermione —Los dos chicos respiraron al fin con normalidad—, sólo hay un detalle —añadió logrando que los dos se irguieran en las sillas nuevamente, alarmados—. El que compartan casa, no quiere decir que pueden ehhm…—Repentinamente las palabras no deseaban salir de su boca, tal vez porque a nadie le gustaba pensar que su hija podía estar iniciando su vida sexual— empezar a… —Tosió ladeando ligeramente su mirada de los dos chicos que lo miraban confundidos— intimidar.
Potter se quedó tieso como una estatua al entender el mensaje de tras de aquellas palabras, la amenaza silenciosa. "No te acuestes con mi hija o te puede ir muy mal". Las imágenes de Hermione y él durmiendo juntos, así como las del Bosque de Dean circularon por su mente, logrando turbarlo, la sangre viajó con velocidad hacia su rostro concentrándose en sus mejillas.
—Papá… ¡por Merlín! —exclamó avergonzada con su rostro teñido de una luz color cereza.
—Hermione, ¿me dejas a solas con Harry? —pidió acallándola.
—¿Por qué no puedo quedarme? —arremetió apresurada.
—Esta bien —asintió, separando sus manos para que ella pudiera levantarse cómodamente.
Ella clavó su mirada en los ojos esmeralda detrás de las gafas, buscando una señal que le diera un poco de tranquilidad.
—Hija nada le pasara a Harry, te prometo que después de nuestra conversación seguirás teniendo novio, mi intención no es alejarte de él y mucho menos cuando es el primero que nos presentas, tu madre me mataría si lo hiciera y la verdad no quiero dormir en el sofá es muy incomodo.
Los rasgos faciales de Hermione cambiaron a un aspecto más relajado y aunque una sincera sonrisa nació en sus labios, no podía dejar de sentirse inquieta al dejar a su novio solo.
—Ve a dormir —pidió su padre.
Hermione asintió a regañadientes. Se acercó a él y besó con cariño su mejilla, se giró hacia su novio con la ansiedad resaltando en sus pupilas, sabía que no podría despedirse de él con un beso largo y profundo como le hubiese gustado, se tuvo que conformar con unir sus labios apenas en un suave roce.
Harry la siguió con la mirada hasta que la puerta se cerró, podía sentir los ojos agudos de John sobre él, por un momento creyó estar de nuevo frente a los miembros del Wizengamot, claro que ahora lo que estaba en juego no era su estancia en Hogwarts si no su relación amorosa. Se permitió respirar lentamente aunque su presión arterial se había elevado a niveles desconocidos o eso creía él.
—Harry, sólo quiero hacerte una pregunta —Se detuvo logrando ponerle los nervios de punta al chico. Harry tragó en seco esperando poder tragarse aquella densa sensación y no pudo evitar pensar que su padrino si se encontrara en esa misma sensación estaría de lo más relajado, divirtiéndose con el asunto… tal vez tenía razón y si le faltaba experiencia con las relaciones interpersonales, de ahora en adelante pondría más atención a sus consejos, aunque no a todos—, quizás me falle un poco la memoria, pero tuviste una relación con Ginny Weasley, ¿no?
Potter se quedó de piedra con la mención de su ex novia, cada segundo que pasaba sabía que contaba para la opinión de John. Su boca se había secado con una velocidad sorprendente, ¿dónde estaba un buen trago de whiskey de fuego cuando lo necesitaba. Limpió su garganta con un suave carraspeó que se podía confundir con una ligera tos.
—Sí, pero de eso fue hace un tiempo ya. —Las palabras apenas y lograron abandonar su boca. Tal vez había sonado demasiado brusco, de inmediato lamentó haberlo dicho de esa forma, casi pareciera que estaba a la defensiva y no era así.
John contrajo su gesto logrando inquietarlo más. —Entonces debo entender qué superaste tus sentimientos por ella y que ustedes no retomaran más esa relación —Harry estaba a punto de hablar, pero el hombre lo detuvo con un ademán de su mano—. No es que yo quiera meterme en tu vida, pero dado que mi hija esta de por medio entenderás mi proceder.
—No tengo pensado retomar esa relación —contestó con sinceridad.
El hombre apretó sus labios, mirándolo con aires de análisis deduciendo si decía o no la verdad. Finalmente después de un largó silencio en el que sólo se escuchaba el crepitar del fuego de la chimenea y el viento invernal golpeando los cristales, el hombre cabeceó asintiendo.
—Ya veo —Una sonrisa lenta y distendida se asomó en sus labios—, sólo esperen unas cuantas navidades antes de darnos otra noticia así.
Caminó hasta él y le ofreció su mano, Harry no dudo en tomarla y fue levantado para recibir un abrazo del hombre.
—Gracias por hacer sonreír a mi pequeña de nuevo, sigue haciéndola feliz.
*º*º*º
Hermione se había quedado afuera de la puerta, esperando escuchar la conversación, no importaba que eso rompiera con las normas de educación, ahora era cuando deseaba haber traído consigo aquel fabuloso invento de los gemelos, las orejas extensibles.
Al correr de los segundos y no percibir sonido alguno, decidió que lo mejor sería ir a su cuarto porque si abrían la puerta y la encontraban en aquella posición sería muy vergonzoso. Con el corazón hecho un puño subió las escaleras, caminó el pasillo de los cuartos tronándose los dedos por los nervios, se detuvo al ver a Viktor recargado en la pared esperando por ella.
Krum recompuso su postura al verla, una alegría cubrió sus facciones al saber que se encontraba sola. La escrutó deliberadamente pasando su mirada lentamente por su figura, aumentando la presión sobre los ya de por si alterados nervios de Hermione.
—Pensé que ya estarías descansando, ¿necesitas algo? —preguntó recobrando su movilidad.
—No, sólo estar esperrándote.
—Ah, bueno ya estoy aquí.
—Quería agrradecerte la invitación, tu familia ser agrradable.
—Ni lo digas —intervino rodando sus ojos, una tibia sonrisa afloró en sus labios—, disculpa aquel interrogatorio en el que te viste envuelto —agregó apenada.
—No imporrtarrme —comentó hundiendo ligeramente sus hombros.
—En serio pensé que te estarías arrepintiendo de haber aceptado venir, tal vez pudiste tener una mejor celebración.
—Pero jamás una mejor compañía. —Tomó la mano de Hermione, acariciándola.
Separó la vista de él, era tan fuerte su mirada que sus ojos refulgían con una intensidad que lograba descolocarla, evidentemente ya no eran aquellos que se habían conocido en el Torneo, los que habían tenido una corta relación, ambos habían crecido y madurado, pero ella tenía en claro que lo que había sentido en el pasado por él había sido sólo un enamoramiento, del que únicamente quedaban buenos recuerdos, pero al aparecer Viktor no lo veía de la misma forma.
—Sorrprrenderme saber que tú y Harry estarr juntos, yo pensar que él estaba con la chica Weasley.
Recuperó discretamente su mano y regresó su vista a él notando la desilusión grabada en su expresión.
—Eso fue hace un tiempo y si no te lo dije es porque todo esto me ha tomado por sorpresa, ha sido tan repentino… y soy feliz, Viktor.
—Lo sé —murmuró con tono dolido—, verrte rradiante, herrmosa.
—Es tarde, mañana podremos seguir platicando.
Krum asintió, sacando una caja de su abrigo evidentemente reducida, tomó la mano de Hermione y se la colocó en la palma.
—Ser tu obsequio de navidad, esperro sea de tu agrado —expresó con una media sonrisa que no alcanzaba a iluminar sus ojos.
—Viktor… no era necesario.
—Serrlo, aceptarrlo por favor.
—Gracias —pronunció conmovida, se acercó a él y lo abrazó tiernamente colocándose de puntillas para alcanzarlo mejor. Depositó un beso en su mejilla cubierta por la incipiente barba del hosco.
La retuvo en sus brazos un poco más de lo que pasaría por correcto, pero es que no podía evitarlo, sentir su cuerpo acurrucándose contra el suyo como en los viejos tiempos, le causaba un embate de emociones contradictorias, más porque sabía que la había perdido tal vez para siempre.
Finalmente el abrazo tan íntimo se rompió, Viktor no tuvo otra opción que dejarla escapar de la celda de sus brazos.
—Buenas noches, descansa —profirió en un suave murmullo, entrando a su cuarto. Invadida por una oleada de emociones mezcladas, dejó el regalo sobre su tocador mirándolo con cierta melancolía, acarició la brillante envoltura roja aún pensando en el pasado.
Inhaló profundamente, escuchó como los pasos de Viktor se alejaban dirigiéndose al final del pasillo. Prendió la lámpara que alumbró tenuemente la habitación, observó el reloj que yacía en su mesa de noche, apenas habían pasado diez minutos desde que había dejado a Harry con su padre y le parecía una eternidad.
Se llevó una mano a la boca mordisqueando ligeramente la uña de su dedo pulgar.
—¿Qué estará pasando? —resopló llena de incertidumbre, deambuló por su habitación recreando toda clase de escenarios sobre lo que podía estar sucediendo, estaba por bajar a averiguarlo cuando escuchó un toquido en su puerta, de inmediato corrió hasta ella abriéndola de golpe encontrándose con la figura de su padre.
—Se supone que deberías estar ya dormida —regañó, mirándola con una sonrisa cómplice.
—¿Cómo iba a hacerlo?
—Tranquila, todo esta bien. Mañana podrás hablar con Harry, ahora a la cama señorita y nada de visitas nocturnas.
—Papá… —espetó sonrojada.
—Descansa, pequeña. —Besó su frente y cerró la puerta, dejando a Hermione aún más intranquila.
—Esto no es justo… ¡Merlín!
Miró suplicante al techó, esperando que el Gran mago hiciera algo por su situación, pero evidentemente tenía que tomar el asunto en sus manos. Harry debía seguir en la planta baja pues no lo había escuchado pasar, entreabrió la puerta lo más silenciosa que pudo, asomó su mirada escaneando el pasillo al ver una figura acercarse entre las sobras, supuso que se trataba de su novio, abrió la puerta por completo pidiéndole con un gestó que ingresara a la habitación.
Potter dudo por un momento, miró de soslayó el lugar pues no quería ser descubierto infraganti entrando en la habitación y mucho menos después de la conversación con John.
Finalmente se decidió por entrar, Hermione cerró la puerta lanzando un par de hechizos que les darían un poco de privacidad. Harry la miró ligeramente sorprendido —no esperaba que ella lo quisiera en su cuarto y mucho menos con sus padres a unos metros de distancia—, aunque sus ojos adquirieron un chisporroteo de buen humor al verla romper las reglas.
Hermione no esperó más y se lanzó a los brazos de su novio, el cual trastabilló unos pasos, aunque eso no le impidió cerrar sus brazos alrededor de la estrecha cintura.
—Siento todo esto, la cena no fue… —habló tan rápido que Harry apenas y logró captar algunas frases— y mis padres… Merlín todo fue un caos, yo no quería que…
Harry la separó ligeramente, negando con su cabeza. —Estuvo bien.
—Eso lo dices porque no quieres hacerme sentir mal —resopló alejándose de él y abrazándose a sí misma, apenas dedicándole una mirada condescendiente.
—No es así —denegó con una sonrisa flotando en sus labios.
—¿Me dirás qué te dijo mi papá?
—No, él no quería que te enteraras así que no te lo diré —repuso notando el mohín de molestia que su novia realizó.
—Pero, ¿por qué? —replicó realizando aspavientos con sus manos.
—Déjalo así…
—Mmm si no me dices usaré Legilimancia. —Molestó sin de verdad tener la intención de hacerlo.
—Entonces cerrare mi mente.
—No eres muy bueno en eso —expresó con ceja alzada, finalmente después de unos segundos hundió ligeramente sus hombros—. ¿No me lo dirás cierto? —Cambió de posición, dejando que su peso recayera en su pie izquierdo—, pero ¿estamos bien?
—Estamos bien —acotó retirando un rizo que había escapado del moño de Hermione.
Ella lo miró detenidamente decidiendo si debía creer o no. Finalmente asintió, sintiendo que el alma le regresaba al cuerpo aunque no pasó lo mismo con la calma, observó como Harry tenía la cara ligeramente ladeada hacia el tocador, no cabía duda de que se encontraba mirando el regalo.
—Es de Viktor… —respondió a la pregunta que aún no había formulado pero circulaba por su cabeza.
Harry dejó salir un sonido ligeramente parecido a un gruñido apartó la vista del obsequió, recordando que él también llevaba el suyo muy cerca del corazón.
—Odio estos zapatos —murmuró Hermione, caminando hacia su cama, sentándose. Él la siguió con la mirada curvando ligeramente sus labios, le echó una mirada rápida al cuarto. Notando los estantes llenos de libros, el decorado era sencillo pero sin duda femenino y sobre la mesa de noche yacía una foto de ellos junto con Ron en Hogwarts.
Un pequeño dolor recorrió su pecho al recordar a su amigo, ni siquiera le había podido desear: una feliz navidad, cómo habían cambiado las cosas en un par de días, si no le hubiera confesado lo que sentía por Hermione quizás estaría con él en la Madriguera; pero ahí mirando a su mejor amiga, no podía más que sentirse dichoso por estar con ella, tal vez era un poco egoísta por querer a Hermione para a él y eso lo hiciera un mal amigo por no pensar en Ron, pero él no había pedido que las cosas se dieran de esa forma, si tan sólo Ron entendiera que se querían todo sería distinto.
Sacudió su cabeza tratando de alejar aquellos pensamientos abrumantes, aunque no podía hacer lo mismo con aquel sentimiento de desazón, pero lo que si podía hacer era disfrutar de aquel momento con su novia.
Anduvo unos pasos hacia ella, hincándose para poder ayudarla con la correa de sus zapatos. Hermione se replegó dejando que él terminara lo que ella estaba haciendo, un suave hormigueo la recorrió al sentir los dedos de Harry acariciar su piel. Incluso los cabellos de su nuca se le erizaron, más después de sentir los labios de él besando su rodilla y subiendo lentamente por su pierna, obligándola ha recostarse por completó en el colchón. Tragó saliva, la mirada verde atrapó la de ella, hechizándola dejando inmovilizada, aunque su corazón latía desbocado desde que el momento en el que él había entrado en la habitación.
Observó como los ojos de él se perdían en su cuerpo, casi era como si la estuviera acariciando íntimamente, un jadeó repentino escapó de sus labios al sentir las yemas de los dedos de Harry pasar por la piel descubierta de su muslo, trató de reprimir un escalofrío pero fue en vano, él había dejado un camino de fuego por su pierna.
Un chorro de calidez corrió a través de ella y tuvo que aferrarse a la manta que cubría la cama en busca de soporte.
Potter se incorporó sin romper el contacto con los ojos castaños, se inclinó sobre ella dejando que sus manos reposaran a cada lado del cuerpo de ella. Descendió lentamente apenas dejando que sus labios entraran en contacto, suspirando al mismo tiempo que ella al sentir aquella sensación electrizante. El corazón le latió contra las costillas con la fuerza de aquel sentimiento que sólo ella podía despertar en él.
Hermione levantó ligeramente su rostro, atrapando la boca de su amigo. Buscando un contacto más profundo, que él no le negó, la dejó pasar disfrutando del roce de sus lenguas, en pocos segundos el beso se había vuelto más exigente, acelerando sus respiraciones… haciéndolos olvidar por un momento dónde se encontraban.
Subió sus manos por la espalda de él llegando hasta su nuca donde enredó sus dedos en los mechones azabache, instintivamente buscó sentir el cuerpo de Harry, pero los separaba una pequeña brecha debido a la posición de él.
Potter se separó jadeante, acariciando sus labios en cortos roces. Finalmente se echó a un lado de ella en la cama, giró su rostro notando como ella terminaba de subir a la cama quedándose cerca de él, sus cabezas estaban alineadas a la misma altura. Harry detuvo su mirada en la sombra rosada que cubría parte del tabique y las mejillas de su novia y no pudo evitar alegrarse al ser el causante de eso y más al ver sus labios ligeramente hinchados por sus besos.
—Eres hermosa.
—Es el vestido, siempre me dices eso cuando usó esta clase de ropa glamurosa...
—Eres tú. —Le cortó paseando sus dedos por su rostro, se dirigió hacia su cabello retirando la peineta que detenía su moño, dejando caer los rizos desordenadamente por su rostro.
Hermione sentía que el aire jamás terminaría de llenar sus pulmones, ahí con sus cuerpos apenas rozándose, sintiendo aquel profundo estremecimiento en su pecho supo que no habría mejor lugar que estar ahí con él. La verdad es que ni siquiera podía quitar sus ojos de los labios de Harry.
—Te quiero —susurró como si alguien pudiese escucharlos.
—Yo también —respondió moviéndose cada vez más cerca de ella, haciéndola sentir cada vez más mareada.
Hermione contuvo el aliento al notar como Harry separaba los labios, cerró los ojos ansiando el contacto, sus labios cayeron sobre los de ella provocándole un sinfín de sensaciones que se arremolinaron en su interior, arrancándole un ligero gemido, sus manos se aferraron a la ropa de él con fuerza.
Harry dejó que sus manos descansaran en la espalda de su novia, Hermione se pegó contra él, enredando sus piernas, incluso con ese ligero contacto, a través de las capas de tela que los separaban, sintió un golpe de excitación.
La besó profundamente reclamando como suya cada parte de aquella dulce boca, sus movimientos eran como un vals que pareciera que llevaran años practicando, el calor despertó dentro de él viajando por debajo de su piel regándose por todo su cuerpo.
Se separaron al cabo de unos minutos los dos estaban jadeando, nariz con nariz, sus miradas se encontraron compartiendo en una platica silenciosa sus sentimientos. Hermione soltó por fin el suéter de Harry. Subió su mano hacia su torso sintiendo su corazón palpitar imposiblemente rápido tanto o más que el suyo.
Harry abandonó la cintura de la chica para deslizar sus dedos por su clavícula, deteniéndose en aquel punto donde podía sentir el pulso, hundió su rostro en el cuello, inhalando su suave perfume mientras mordisqueaba aquella zona acarrándole suspiros ahogados y ella no pudo más que cerrar los ojos y echar su cabeza hacia atrás permitiéndole un mejor acceso.
Hermione se recargó sobre su espalda, dejando que Harry se posara sobre ella aún devorando esa parte de su cuerpo, ella respiró dificultosamente, sintiendo escalofríos levantarse en su piel.
Potter dejó que su mano se deslizara suavemente por la pierna de ella, llevándose la tela del vestido a su paso, sintió como se aferraba a él pegando sus caderas, provocando en ambos reacciones apasionadas.
Harry se quedó quieto tratando de controlar la oleada de deseo que corría como fuego por sus venas, concentrándose en la parte sur de su cuerpo, robándole su racionalidad, pero al escuchar como ella pronunciaba su nombre de una forma que lograba erizarle la piel regresó a sus labios, besándola en serio, como si no tuviese suficiente de ella, dejó que sus cuerpos se conectaran completamente, como si se tratase de dos piezas puzzle.
Succionó el labio superior de Hermione, delineando con su suave lengua el lugar adolorido y como si no hubieran tenido suficiente, se entregaron en un beso que con el correr de los segundos se volvió hambriento, lo cual sólo logró aumentar su deseo. Harry dejó que su mano recorriera la extensión de su pierna llegando sin ser consciente hasta la ropa interior de su amiga, acariciándola. Ella tembló bajó su tacto rompiendo ligeramente el encuentro.
Abrió sus ojos, su rostro se había tornado del color de la sangre, Harry se quedó quieto mirando con las cejas ligeramente curvadas a su novia, segundos después se percató del por qué de su reacción, apenado retiró su mano.
—Lo siento —murmuró desviando su mirada, se había dejado llevar por sus deseos sin pensar. Trató de incorporarse pero ella lo retuvo en aquella posición, él buscó sus ojos tratando de entender.
—Es sólo que yo… bueno… nadie —calló al notar que sus palabras no tenían hilaridad, mordisqueó sus labios en un gesto nervioso, ni siquiera podía mirarlo.
Potter no necesitaba de su explicación, sabía lo que había ocurrido y de verdad lo enternecía su forma de actuar. Depositó un beso en su frente y frotó su nariz contra la de ella de forma cariñosa.
—Lo sé.
Hermione no encontró más que comprensión en su mirada, acunó el rostro de Harry entre sus manos y lo besó suavemente. Él sonrió, manteniendo sus manos quietas en el costado de su novia.
Estuvieron un largo tiempo así, simplemente disfrutando de estar juntos. Hermione le brindó unas tímidas caricias que conjugadas con el roce de sus cuerpos y la unión de sus labios, hicieron que el deseo ardiera nuevamente en lo más profundo de su ser, esto se estaba volviendo una tortura que no deseaba que terminara.
Ella se sentía en un sueño del cual no quería despertar, estar así con él había despertado aquella sensación oscura que yacía en ella desde su encuentro en el Bosque de Dean, separó sus labios permitiéndose tomar un poco de aliento, recorrió su mandíbula depositando besos de mariposa hasta que hundió su rostro en el hueco del cuello, besó con suavidad su manzana de Adán provocando que a Harry se le tensara el cuerpo, dejó escapar un suave gemido mientras sus manos acariciaban la espalda cubierta aún por aquella tela sedosa, ansiaba tanto el contacto con su piel…
—Hermione… —Su voz enronquecida no daba a lugar a pensar que no estaba disfrutando de las atenciones de su novia, subió su mano hasta el cuello hundiendo sus dedos en aquel sedoso cabello.
Ella regresó por aquel recorrido, los labios de Harry se posaron sobre los suyos, cubriéndolos y separándolos dejando que sus lenguas se reencontraran en nuevos movimientos que les quitó el aliento a ambos.
Los besos y las caricias la hicieron vibrar y nada más tenía sentido, excepto la sensación de su cuerpo sólido presionando contra la de ella.
La habitación se llenó con sus respiraciones cadenciosas y aquellos sonidos de placer que de vez en cuando escapaban de sus bocas, Harry disfruto del golpecillo sensual de su lengua contra él, sus manos exploraron el costado de su amiga, acariciando las costillas sobre la tela, la presión en su pantalón aumentó con la fricción de sus cuerpos.
Estaba por alcanzar la suave curva de sus pechos, cuando la alarma en su cabeza se encendió, detuvo sus manos y giró con ella en la cama. Rompió el contacto sin aspavientos, con el aliento entrecortado, se alejó intentando que el oxigeno llegara nuevamente a sus neuronas, haciendo que su sangre volviera a donde debía.
Se levantó caminando hacia la ventana próxima, corrió el seguro y alzó el cristal dejando que la ventisca helada se colara hacia la habitación, aspiró el aire con brusquedad, esperando que el calor abandonara al menos parcialmente su cuerpo, lo suficiente cómo para poder girarse y darle la cara a su novia sin sentirse un volcán a punto de la erupción.
Granger parpadeó confundida, se incorporó ligeramente apoyándose en sus brazos, dirigió su mirada hacia él, tratando de entender lo qué había pasado, su respiración aún fuera de ritmo le impedía hablar, pero no más que el nudo que le atenazó la garganta al darse cuenta de lo que había sucedido.
La acción de Harry fue como un balde de agua helada que terminó por extinguir todas aquellas sensaciones maravillosas que corrían por su cuerpo, su corazón se estrujó por el rechazó real que había sufrido, un ramalazo de dolor la atravesó miró la espalda de novio con los ojos escociéndole.
—¿Harry?
Él se tomó su tiempo antes de girarse, topándose con aquellos ojos acuosos, su corazón se llenó de zozobra, un retorcijón de culpabilidad lo recorrió.
Hermione parpadeó copiosamente en un vano intento por contener las lágrimas, sin dudarlo Harry se acercó a ella limpiando con sus pulgares las gotas que delineaban las mejillas antes sonrojadas, provocándole un ligero espasmo.
—¿Hice algo mal? —Él hizo un gran esfuerzo por entender lo que había dicho quedándose en silencio, frunciendo su ceño— Tú… ¿no quieres estar conmigo? ¿Es porqué aún amas a Ginny? —La sombra de la duda velaba sus facciones.
Él la miró perturbado más al escuchar el nombre de su ex novia a la cual ni siquiera había recordado, su expresión se suavizó conforme comprendió lo que sucedía. No podía creer que su novia siendo tan inteligente no se percatara de lo que de verdad había ocurrido.
Hermione se atrevió a mirarlo directamente, notando como sus ojos verdes brillaban como si se trataran de dos piedras preciosas, frunció su ceño al notar la sonrisa que brotó en los labios enrojecidos. La sensación de confusión aumentó el vació en su estómago, era como si él se estuviese burlando cruelmente de sus sentimientos.
Potter dejó salir el aire que habían acumulado sus pulmones, en un intento por calmarse, cerró sus ojos y volvió a abrir inmediatamente, dirigiendo su mirada hacia la de ella, observando un deje de nerviosismo acompañado con aquel gesto de preocupación que él conocía bien, se veía tan vulnerable y a la vez tan hermosa.
—¡Por Gryffindor! ¿Qué voy a hacer contigo? —La tomó entre sus brazos, pero Hermione se quedó tiesa tratando de comprender—. Tontita. —Besó la coronilla de sus cabellos alborotados.
—¿Harry?
—El que te debe una disculpa soy yo, no debí ser tan brusco, pero es que si no me alejaba de ti…—Tragó fuertemente, dejando la vergüenza a un lado— mi autocontrol no es tan bueno.
Hermione sentía que el rostro le ardía por la vergüenza, ella creando toda una clase de historias tontas, cuando lo que en verdad había sucedió había sido otra cosa completamente.
Harry besó la sien de Hermione, las cosas evidentemente habían tomado un curso muy distinto al que él tenía pensado.
—Si tu padre entrara en este momento, sería más peligroso que un mortifago —bromeó tratando de aligerar la situación. Ella rió suavemente, recargando su cabeza en el hombro de su novio.
—Totalmente distinto a lo que sería Sirius, ¿no?
—Bueno… Sirius sólo buscaría avergonzarnos, tu padre querría matarme por aprovecharme de su pequeña.
—¿Y qué cuándo es su pequeña la que quiere aprovecharse de su novio? —balbuceó con arrojo, jugueteando nerviosamente con sus dedos.
Harry dejó escapar una sonrisa sedosa, le arrebató su mano suavemente, llevándosela hasta la boca besando la parte superior con encanto, cepillándola con su aliento, rozó cada uno de sus nudillos logrando que Hermione suspirara profundamente tratando de controlar el torrente de sensaciones que la atravesó, dejándola temblorosa.
—Y a mi me gustaría que lo hicieras —pronunció con la voz ligeramente afectada, el velo del deseo aún cubría sus orbes, haciéndolas resplandecer con un brillo peligroso.
Hermione ahogó un jadeo, enterrándolo en lo profundo de su garganta, conteniendo las ganas de echársele encima y hacer el amor con él.
—Mejor no tentemos nuestra suerte —musitó, rompiendo su conexión. Llenó sus pulmones con aquel aire helado que aún entraba por la ventana, obligándose a pensar en otras cosa.
Entonces con el latido precipitado de su corazón golpeando la pequeña caja que traía en el bolsillo de su camisa, recordó que aún tenía el regalo de la chica. Ella lo vio maniobrar desprendiéndose del suéter que llevaba, curvó sus cejas siguiendo atentamente sus movimientos, intrigada.
—Espera… —Por fin sacó la caja, notando su estado, estaba ligeramente aplastada eso debía haber ocurrido cuando estaban… trató de ocultarla de la mirada perspicaz de su amiga, pero fue muy tarde.
—¿Es para mi?
—Sí, pero se daño la caja… es mejor que te lo de después —comentó acongojado, con la cara fosforescente por la pena.
—No, lo que importa es lo que esta dentro. —Antes de Harry pudiera detenerla, ella ya lo tenía entre sus manos. Abrió con cuidado la caja, la emoción burbujeaba en su interior. Retiró la capa y el papel, sus ojos se abrieron al doble al ver una cadena con un elaborado corazón de plata, con pequeños cristales.
Potter observó a detalle la reacción de su novia, preocupado y nervioso, preguntándose si había hecho la elección correcta, pero al ver la dulce sonrisa que cubrió los labios rosados, iluminando su rostro comprendió que sí lo había hecho.
—Harry esto es… es hermoso —acotó con los ojos brillándole de alegría, le echó los brazos encima rodeando su cuello, él la abrazó después de unos segundos, hundiendo su nariz en los rizos rebeldes respirando su suave aroma—. Gracias.
—Feliz navidad, Herms…
*º*º*º
Draco entró a su cuarto después de una larga cena "familiar", lo que antes hubiese sido una gran fiesta ahora se había reducido a sólo eso, ninguna familia que gozara de una buena reputación quería ser relacionada con ellos.
Excepto los compañeros de destino de su padre que habían logrado escapar de los barrotes de Azkaban, entre ellos los Nott y los Parkinson.
Se aflojó su corbata y desabotonó los primeros botones de su camisa, logrando que el aire fluyera con mayor facilidad a sus pulmones, a veces se sentía tan asfixiado en aquel ambiente. Se quitó la túnica aventándolo descuidadamente a los pies de su cama, la varita de Ginevra cayó al suelo alfombrado provocando un sonido sordo.
Él se giró parcialmente, levantando su rubia ceja, fijando sus pupilas de acero en el objeto, una exquisita sonrisa torcida adornó sus labios. La recogió pensando en las rabietas y maldiciones que debía estar soltando la pelirroja, se acostó en su cama jugueteando con ésta, pasándole entre sus dedos.
—Fantaseando con la Weasley… —ironizó Blaise, irrumpiendo en su habitación, secundado por Nott.
—Imbécil —repuso Draco, sus pupilas se transformaron en dos puñales listos para atravesar a su amigo.
—¿Por qué estamos hablando de esa? —indagó Theodore pasando su mirada de uno a otro.
—Porque aquí tu amigo tuvo un encuentro del tercer tipo con esa —Nott curvó su ceja, lanzándole una mirada de incredulidad a su amigo—, donde ella lo cacheteó y en el jaleo él le quitó su varita.
—¿Sabes los problemas qué podría acarrear tu chistecito?
Draco resopló entornando sus ojos, torció su gesto, mirando con fastidió a sus amigos.
—Ella no dirá nada, si lo hubiera hecho… hace horas que hubiera llegado manada de Weslettes.
—Y ahora resulta que sabes como piensa —atacó mezquino Blaise, acercándose a la ventana para prender un cigarro que sacó de un estuche de plata.
Draco en respuesta alzó su dedo corazón. —¿Celoso, negro?
—¿De qué? ¿De qué te cacheteó y te insultó? —escupió tratando de esconder los celos que lo recorrían.
—Por Slytherin, todos sabemos de tu amor por esa… ahora no me vengas con que te es indiferente, no quiero recordarte lo repugnante que era escucharte susurrar su nombre por las noches…
Theodore no pudo evitar carcajearse, incluso se dobló ligeramente abrazando su estómago. Draco quería permanecer con aquella mueca de asco pero sus labios lo traicionaron tensándose en una sonrisa que no ocultaba del todo la diversión que sentía, poco después secundo a Theo en las risas llenando la habitación, mientras Blaise los maldecía malhumorado.
—Idiotas… como si yo fuese el único que lo hacía, si él que estaba traumado con ser mejor que Potty eras tú, y no me digas que no fantaseabas con la idea de tener a su noviecita en tu cama, porque todos sabemos que ella jamás se fijaría en el hurón —añadió dejando salir un risa sarcástica que exasperó al Malfoy, el cual se levantó de golpe acercándose peligrosamente a su amigo.
—Hey basta, no quiero seguir escuchando sus suciedades —masculló Theo, colocándose entre los dos.
—Al menos yo tengo más oportunidades que tú —agregó Blaise con una mueca maligna—, ella no me detesta por haber sido un mortifago…
—Estúpido —Rabió tensando los músculos de su mandíbula—, en cualquier momento puedo demostrarte lo contrario, ella ni siquiera te voltea a ver, de nada sirvió que estuvieras en el Club del viejo Sluggy, jamás conseguiste siquiera un beso de ella.
—Eso no lo sabes…
—¡Quieren dejar de decir idioteces! —acalló Nott, mirando con dureza a ambos—, dense cuenta que se están peleando por la pobretona.
Tanto Blaise como Draco relajaron sus cuerpos, el primero se giró regresando a su cómoda posición en su cama.
—Como sea… por mi puedes quedártela.
Zabinni bufó incrédulo, aunque no pudo evitar que una sonrisa ladina cubriera sus labios.
Theodore se llevó su mano a su frente, cansado de ser su mediador. —De verdad que no entiendo su repentino interés por esa, pensé que seguías con tu relación casual con Pansy —señaló mirando a Malfoy, para después fijar sus pupilas zafiro en Blaise—, y tú con tus típicas relaciones furtivas.
—Yo no tengo nada con Pansy —manifestó con aburrimiento.
—Pues no parecía lo mismo, la semana pasada seguías con ella.
—Es cosa del pasado —chasqueó su lengua, volviendo a juguetear con la varita.
—¿Y qué hay con Astoria? —preguntó mirándolo con aire de análisis—, pensé que te interesaba.
Malfoy detuvo su juego posando sus pupilas plateadas en su amigo, como si estuviera meditando cómo contestar aquella pregunta, que si se tratara de otra chica hubiese sido contestado con una sola palabra.
*º*º*º
Hermione estornudo en repetidas ocasiones, logrando que su abrazo se rompiera. Harry la miró detenidamente, la preocupación marcando sus facciones, develando lo que estaba pasando por su mente. Él tendría parte de culpa si se resfriaba, primero por llevarla al Bosque de Dean, donde le había caído el montículo de nieve y ahora por tener la ventana abierta.
De inmediato se incorporó y corrió a cerrar la ventana, colocando el seguro y corriendo las cortinas.
—Creo que me enfermare —murmuró limpiando su nariz con un pañuelo desechable.
—Espero que no, tal vez deberías ponerte algo más caliente —comentó mirando sus piernas desnudas. Tragó saliva con dificultad y desvió la mirada. Podía sentir como sus dedos le cosquilleaban pidiendo el tacto de aquella cremosa piel.
«Merlín, ¿por qué me pones estás pruebas?».
—Sí, lo haré.
—Debo irme, es tarde y es mejor que ambos descansemos —musitó incorporándose, seguido por Hermione, caminaron tomados de la mano hasta la puerta.
—No se si pueda dormir —confesó mirando sus manos.
—Yo también te echare de menos —Frotó su nariz contra el oído de ella, causándole una sensación electrizante que le puso la piel de gallina. Sus manos serpentearon su cintura estrechándola suavemente. Hermione rodeó su cuello, uniendo sus frentes—, es mejor tenerte así que con tacones —comentó refiriéndose a su estatura y los centímetros que crecía.
Hermione sonrió suavemente, perdiéndose en aquellos ojos verdes detrás de los lentes, sus alientos se combinaron esperando el ansiado contacto de sus bocas, fue Harry quién después de unos eternos segundos, selló sus labios, disfrutando de la sensación asombrosa que acompañaba sus besos. Aprisionó el labio inferior de su novia, disfrutando de grosor y su textura, chupándolos lentamente. Ella se aferró a él evitando caer derretida al suelo, sentía las rodillas débiles, movió sus labios siguiendo los movimientos dictados por su novio.
Sin duda con aquel ósculo se terminaban de decir lo que no se habían dicho con aún con palabras, el cual removía más sensaciones que ni aquellos besos candentes que habían compartido en la cama.
El broche de sus bocas se rompió lentamente, dejándolos más que satisfechos.
—Si me sigues besando así no me iré en toda la noche.
Hermione rió bajito, con los ojos brillándole de felicidad, trató de acomodar los mechones rebeldes de su novio, antes de que saliera de la habitación.
—¿Dónde es la habitación en la que me quedare? —preguntó sintiendo como ella se tensaba entre sus brazos. Contrajo su ceño extrañado—, ¿qué?
—Compartirás la habitación con Viktor —habló tan rápido que Harry apenas logró captar el hilo del enunciado, quedándose con la boca ligeramente abierta—. No tendrás que compartir la cama con él, hay dos… y lo siento mucho.
El rostro de Harry se bañó con una extraña conjunción de sentimientos que Hermione no logró descifrar.
—¿Estás enojado?
—No, claro que no.
—Se que debí decírtelo antes, pero con todo que sucedió se me pasó.
—Esta bien —dijo aún ligeramente turbado por la noticia.
—Esto fue todo un caos —mencionó afligida.
—Un poco, pero hasta ahorita nos la hemos arreglado bien, ¿no? —indicó acariciando su barbilla.
Hermione le sonrió enternecida, suspiró suavemente y asintió finalmente.
—Buenas noches. —Se acercó y rozó sus labios en un beso sencillo. Abrió la puerta asomando su mirada al oscuro corredor, ella le indicó con una seña hacia donde debía caminar y él finalmente abandonó la calidez de aquella habitación, para dirigirse a un lugar que no sabía si se convertiría en el campo de un batalla.
Se armó de paciencia, por si las dudas.
«Hermione esta conmigo, no tengo razón para molestarme con Krum.»
Se repetía una y otra vez, aunque al recordar las miradas que Viktor le había lanzado a su novia o la forma en que la tenía sujeta cuando llegó, no lo ayudaba al contrarío hacia que la sangre le hirviera.
Ingresó a la habitación en penumbras, esforzó su vista para no tropezar con algún mueble, su oído se agudizo, esperaba escuchar al jugador roncar, pero sólo se oía su acompasada respiración. De cualquier forma logró llegar a la cama, buscó en el bolsillo de su pantalón su varita y la maleta que llevaba la agrando sin poner mucho cuidado en el ruido que hacía.
Se cambió con movimientos mecánicos, abrió las mantas de la cama y se recostó, se llevó una mano al rostro para retirar sus lentes.
—Así que tú y Her- io- ne. —La voz profunda resonó en los oídos del Harry, los cuales ya se habían acostumbrado al silencio.
*º*º*º
Continuará…
